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lunes, 11 de enero de 2021

Un Intruso en el Palacio: The Crown 4x5

 


Este ha sido el peor capítulo de la temporada. Mas allá de las usuales mentiras oportunistas de Morgan, aquí se llega a una irracionalidad que desafía toda lógica y acaba ofendiendo a las verdaderas y muchas víctimas de las desastrosas medidas económicas de Margaret Thatcher. Ni hablar de como la sutil misoginia morganiana hace que los espectadores babeen de gusto ante una posible atentado contra la privacidad femenina. Como dijeron la Reina y Felipe, otra sería la historia si Michael Fagan hubiese entrado al cuarto del Príncipe Consorte.

En el verano de 1982, cuando el Cono Sur tenía los ojos puestos en Las Malvinas, los fans de la realeza de USA nos asombrábamos por la facilidad con la que un tal Michael Fagan había podido entrar hasta la recamara real donde dormía Su Soberana. Unos días después de la noticia, está ya era motivo de chistes y de admiración por la sangre fría de Isabel quien había manejado todo el asunto de manera competente y valiente.

Aun así, persistían la duda y preocupación de todo monarquista por la falta de seguridad que rodeaba a La Reina. Sobre todo, cuando el asesinato de Lord Mountbatten, había demostrado que La Familia Real era blanco de terroristas. Otra de las cosas que “The Crown” ha obviado mostrar es que un año antes apenas unas semanas previas a la Boda Real Isabel fue atacada mientras pasaba revista a sus tropas. Un mocoso le disparó siete salvas nada más que “para ser famoso y recordado”.



 Aunque Fagan hasta hoy asegura que nunca pretendió agredir a su reina por la que siente adoración su aparición en el cuarto de Isabel fue mucho más dramática. Cuando la Reina despertó se encontró ante un hombre descalzo, borracho, que sostenía en la mano un cenicero de cristal roto chorreando sangre. Desde ese día, Michael Fagan ha dado no sé cuántas versiones de los hechos.

Como tiene más vidas que un gato, en el 2020 sobrevivió un infarto y el Covid (y alcanzó a ver “The Crown”) ha vuelto a ser entrevistado.  Encontró la serie muy simpática, pero recalcó lo que es invariable en sus declaraciones. Si entró al Palacio de Buckingham fue para conocer a su reina, no por motivos políticos ni desesperación, y el intercambio con Isabel no duró más de 10 minutos.

Como explicaría a los periodistas la madre del intruso, su hijo estaba obsesionado, pero en buena onda, con Isabel II. En el verano de 1982, la mitad del Reino Unido estaba obsesionada con la Princesa de Gales, pero a ninguno de ellos (por suerte) se le ocurrió metérsele en el cuarto. Por otro lado, la otra mitad sufría de gravísimos problemas económicos y a ninguno se le ocurrió allanar la casa de ningún político.  El que Morgan coloque a Fagan en este último grupo, ya le resta credibilidad al relato.

La verdad es que Fagan, un pintor de brocha gorda desempleado, estaba un poco deprimido porque su mujer lo había abandonado. La esposa de Fagan, que eventualmente regresaría con él, se había marchado cansada de un esposo que se la pasaba o en la cárcel o en el manicomio. Es que todo indica que Fagan no era el valeroso justiciero social que viene a advertirle a su reina que una usurpadora está destruyendo su reino y pretende quitarle el trono como en el cuento de hadas que confeccionó Morgan.



Lo cierto es que el audaz y chistoso Fagan tenía problemas mentales agravados por uso de drogas y alcohol. El mismo declaró que creía que todo el incidente se debía a la influencia de hongos alucinógenos que había ingerido previamente a sus intrusiones en casa ajena y que probablemente provocaban su desempleo y problemas maritales. Basta ver la diferencia entre sus declaraciones en su primera entrevista (The Guardian, 1982) y la última ( The Sun, 2020) para ver el desequilibrio de entonces.

La razón por la cual el pintor entró al palacio, tal como la declaró en el tribunal, es porque estaba enamorado de Isabel y porque “no sabía yo quien era y pensé que ella me lo diría”.  Después admitió lo de los hongos, y según Scotland Yard cuando fue arrestado Fagan (que se les presentó como “el hijo de Rudolf Hess”), confesó haber entrado al cuarto de su “enamorada” con la intención de cortarse las venas.

 No era la primera vez que Fagan había entrado en Buckingham. Durante su audiencia, Fagan que alternaba su estado de ánimo desde el coquetear on chicas en la galería con estallidos de llanto, soltó muchos datos que agravaron su falta. Uno de ellos es que era su segunda intrusión en la casa de la Reina. La primera vez ocurrió semanas antes. Entró por una ventana abierta y se encontró con una camarera que huyó despavorida.

Esperando que pronto viniesen guardias a desalojarlo, Fagan aprovechó de pasearse por la residencia. Según su propia confesión admiró la colección de sellos del Rey Jorge VI, los regalos que la Princesa Diana había recibido por motivito del nacimiento de Guillermo, se bebió una botella de vino que el Príncipe Carlos tenía en su reserva en su escritorio. También se comió unos bocadillos de queso que encontró en un bufete y ¡se sentó en los tronos!.

¡Lo más descarado es que sintiendo el llamado de la naturaleza, y al no poder encontrar un baño, se orinó en los platitos de comida de los Corgi! Lo extraordinario es que nadie notó ni la orina ni la ausencia del vino y los guardias no le creyeron a la camarera que había avistado al stalker.



En la serie, Isabel y Felipe son informados del robo del vino. La Reina no le da importancia y pide que lo mantengan en secreto porque todo lo que va a conseguir es que Scotland Yard invada su privacidad. Un tema de la serie es que Isabel quiere mantenerse alejada del pueblo, ocupada en mantener su vida personal a aparte del resto del mundo. Si nos detenemos a pensar que Diana también quería privacidad y que su muerte fue provocada por paparazis tan intrusos como Fagan, uno se da cuenta de la importancia de salvaguardar la intimidad de las personas públicas.

Yo no creo que Isabel hubiese tomado tan a la ligera un allanamiento de morada. No en vista del ataque del año anterior y eso que no sabía un secreto recién revelado en este siglo. En un tour por Nueva Zelandia en 1981, un adolescente le disparó con un rifle a la suficiente distancia para no hacerle daño. Además, todavía estaba reciente la memoria del asesinato de Lord Mountbatten. Debido a que “Fagan” es un apellido irlandés, Scotland Yard inicialmente lo creyó un terrorista de la ERI.

El episodio no fue ni jocoso, como lo percibimos en su tiempo, ni tuvo las connotaciones políticas que le impuso Morgan. En su reciente entrevista, Fagan ha cambiado un poco sus declaraciones iniciales: nunca consumió alucinógenos, ni planeaba suicidarse en frente de su reina, pero es enfático en el tema Thatcher. La Dama de Hierro nunca jugó un rol en su aventura.



En la serie Fagan (interpretado por Tom Brooke) es un patético desempleado, víctima de la economía tatcheriana. Su esposa lo ha dejado por otro, le impide ver a sus hijos y cada vez que Fagan intenta surgir, encontrar empleo, llevar una vida normal, choca con la insensible burocracia. Finalmente, un burócrata burlón le recomienda ir a quejarse con la mandamás, la única por encima de Thatcher, Su Majestad Isabel II.

El desolado Fagan, en su segunda entrada al palacio, rompe una claraboya lo que explica que llegue sangrando ante la Reina. Totalmente ridículo, una razón por la cual, Fagan no pudo ser acusado de allanamiento de morada, es porque no rompió nada, ni un cerrojo, ni un vidrio. Él dice hoy que el cenicero roto era para cortar las redes anti-palomas que le impedirían su salida por el tejado. También Fagan ha declarado que entró en el cuarto de su soberana por accidente, creyéndolo vacío. En cambio, el Fagan de la serie viene determinado a despertar a La Reina y obligarla a oírlo.

En la vida real y en la serie, Isabel se despertó y preguntó “¿qué hace aquí?”. Fagan recuerda que, en un momento, ella le dijo “creo que está en el cuarto equivocado”. Isabel inmediatamente tocó el timbre y nadie acudió, usó el teléfono, no le respondieron. Entonces, según Fagan, ella le dijo que ya volvía y salió” sus piececitos corrían” y regresó con un guardia (en otras versiones es una mucama) que se llevó a Fagan a una despensa cercana donde le sirvió un wiski y le dio un cigarrillo mientras esperaban a Scotland Yard.

En la serie, Isabel hace sonar el timbre y nadie acude. Entonces toma el teléfono y Fagan se lo quita de las manos. Aunque no es un ademan brusco ya parece amenazador, por lo que Isabel, muy juiciosa, se sienta a escuchar el Cuento del Desempleado, de cómo su reino ha caído bajo el influjo de un gran visir cruel y opresor, que pretende quitarle su trono. El relato de las Mil y una Noche acaba cuando interrumpen la mucama y el guardia. Antes de irse, Isabel estira su blanca mano para estrechar la de su fiel súbdito.



¿Por qué otros fieles súbditos no tuvieron la misma brillante idea de meterse en las recamaras de todos los miembros de la Familia Real? El capítulo acaba con La Bruja Mala de Whitehall amenazando con convertir el palacio en una fortaleza. Ja Jajá. En el 2019, un desamparado se anduvo paseando por los jardines de Buckingham por cuatro horas antes de ser descubierto y desalojado.

Lo que Fagan sigue recalcando es lo fácil que era entrar a ese mundo que Morgan goza en representar como impenetrable. Durante su segunda incursión, Fagan cuenta que se encontró con una camarera que ni le prestó atención y eso que él andaba descalzo. Tres sistemas de alarma sonaron y nadie les hizo caso pensando que se habían echado a perder.

La guinda del pastel de la poca verdad de la serie es que al final, no solo Isabel no puede convencer a Thatcher de cambiar sus medidas económicas. Más encima, al pobre Fagan lo encierran en el manicomio ¡y todo por molestar a la Reina! ¡Que poca!



Vamos por partes. Nunca se le acusó de allanamiento porque eso era castigado solo si la persona allanada lo denunciaba. Isabel nunca lo hizo. Se le absolvió del robo de vino, pero en sus declaraciones Fagan confesó haberse robado un auto hacía unas semanas. Fue por ese delito que se le consignó a una institución mental en donde permaneció solo tres meses. Desde entonces ha estado en la cárcel varias veces, por robo, asalto y venta de drogas.

Otra interrogante es porque el Fagan de la serie iría a hablar con La Reina. ¿No le sería más conveniente ir a molestar a la Dama de Hierro?  Algo que la serie nos ha contado es que Isabel no tiene poder político, no puede entrometerse en asuntos de estado. A lo más puede hacer como lo hace, aconsejar a la Primera Ministro que educadamente le dice dónde meterse su consejo.

Por eso este episodio es ilógico y ofensivo. Miles de víctimas de las medidas tatcherianas pudieron irrumpir en el palacio, beberse todo el vino, dejar sorda a la reina con sus cuitas y nada hubiese cambiado porque Margaret Thatcher representa al mundo moderno y demócrata. Ella fue elegida por el pueblo, no impuesta por la despreciada realeza. Si mañana decapitan a Carlos, exilian a Isabel a Las Hébridas y el país tiene esa democracia que tanto anhelan Morgan y Netflix, se seguirán eligiendo Primeros Ministros que tomen malas decisiones. Son las trampas de la democracia.

 

viernes, 1 de enero de 2021

¿Mala Madre=Mala Gobernante?: The Crown 4x04

 


Este capítulo me pareció malo, mejor dicho, mal escrito, Falsedades, enredos cronológicos, situaciones imposibles y falta de datos lo hicieron sentir fragmentado, tanto en el relato histórico como en el desempeño de estos personajes en su entorno “ficticio”.

Misoginia y Maternidad

La moraleja es que, si se es mala madre, no se es buen gobernante. La Reina es juzgada por no conocer a sus hijos, por no haberlos bañado de pequeños, y por haber sido consentidora de uno solo. Margaret Thatcher es juzgada por ser tan devota de su hijo predilecto que no solo es negligente con su hija, sino que toma decisiones que afectan al Reino Unido al calor de una crisis personal.

 Una Maggie joven con sus mellizos

En este momento histórico/histérico en que vivimos el gobierno de La Baronesa Thatcher es considerado tan nocivo como el del Fuhrer. Démosle unos 30 años y verán que los historiadores cambian de opinión. Pero Morgan necesita convencer a un público que ni nacía en la Era Tatcheriana, las jovencitas mituteras y los progres diversos que componen la Nueva Ola de Crownies Pandémicos. Por eso les cuenta que Margaret odiaba a las mujeres, despreciaba a su madre, no confiaba en su hija, etc..

Y, sin embargo, el borrico nos muestra a Thatcher perdiendo los estribos, llorando delante de la Reina, típica madrecita, todo porque su predilecto se ha perdido. La muestra embarcando al país en una guerra motivada por el miedo que pasó cuando creyó a su hijo perdido, Se supone que despreciaba a su madre por haber sido solo un ama de casa, y luego la vemos cocinándole a políticos. Antes la vimos desempacando la maleta del marido y planchando. ¿La Primera Ministro de Gran Bretaña?  ¿En qué cabeza cabe? Y, sin embargo, es un secreto a voces que le gustaba cocinar para miembros de su gabinete.

                                    Los sufridos Thatchers

El problema con La Thatcher (y esto va más allá de “The Crown”) es que era mujer, era conservadora, era una mujer conservadora y no se sabe cómo retratar a esta avis raris. Paralela a sus medidas catastróficas para la economía, se la muestra llorando y haciendo declaraciones públicas como “Antes que todo, soy madre”. A lo mejor despreciaba a las mujeres, incluyendo a su hija y a su madre, pero ella fue víctima del sexismo de su propio partido.

En realidad, la serie quiere poner a dos mujeres representando lo que más odia la izquierda británica, El Partido Conservador y La Corona. Para eso les propinan golpes bajos acusándolas de ser malas madres (sobre todo con sus hijas). Esos golpes son manifestaciones del mismo patriarcado que tanto condenan.

Con eso espero sacarme de encima el enojoso tema de Lady Thatcher. Por respeto a mis amigos argentinos, no hablaré de La Guerra de Las Malvinas, limitándome a señalar lo obvio. Los primeros conflictos en las Falklands ocurrieron dos meses después que Mark Thatcher ya había sido encontrado. Otra vez, Morgan se ríe alevosamente de los muy jóvenes que no recuerdan (yo hasta tengo un diario de ese periodo) una historia tan cercana que puede calificarse más de Current Events que dé pasado remoto.

Ahora, lo que me gustó de este episodio…

Thatcher Llorando: No es tanto por ver a la Dama de Hierro convertirse en Mater Dolorosa en el saloncito de la Reina. Después de todo, Thatcher muchas veces lloró en público, y en la dicotomía Margaret-Elisabeth, Morgan ha tomado el partido de la Primer Ministro, a ratos haciéndola superior a la Soberana. En esa onda, vemos que Margaret puede llorar.



 Lo que me gustó fue lo rápido que Isabel se hace cargo de la situación. Calma los temores de Thatcher. Otros Primeros Ministros han vencido su testosterona y se han desmoronado ante la monarca. Me gustó rápido que le alcanza un Kleenex y un whisky y pone toda su atención a las cuitas de su Primer Ministro. Qué lástima que no demuestra el mismo humor, paciencia y desvelo con sus hijos!

Felipe e Isabel

Aunque no me gusta Olivia Colman como Isabel, me encantan sus escenas con Tobias Menzies. Concuerdo con la Gatita Genezaret de que son la única pareja con química en la serie y que capturan lo que uno espera de un matrimonio que lleva (en ese entonces) más de treinta años sobreviviendo crisis tras crisis.



A pesar de lo que opine la sorprendida Isabel, los padres tienen favoritos. Eso no significa que odien a los otros o no les importe sus destino. Es solo que se sienten más cómodos, menos presionados por su rol de padres con algunos hijos. Puede que haya algo de opuestos que se atraen y los padres se lleven mejor con las hijas y viceversa. En el caso de Margaret Thatcher, a pesar de que Mark es obviamente un bribón privilegiado, la Primer Ministro admira en el que es un “hombre” y por ende “fuerte”, menos emocional que una mujer. Ese no es el caso de Su Soberana y pasamos al…

El Almuerzo con Andrés

El almuerzo con el hoy Duque de York tiene lugar en esa exploración de Su Majestad para saber cuál de sus hijos es el predilecto y ocurre luego de los desastrosos encuentros de Isabel con Ana y Eduardo. Desde el instante en que el príncipe hace una aparatosa entrada en el palaciodespués de aterrizar su helicóptero en el jardín y la Reina lo recibe con besos y mimos que sabemos que es su favorito. No porque sea el mejor, el más guapo o el más cariñoso. Es porque ella se siente cómoda con él. He ahí el secreto del favoritismo de los padres.



Andrés no la hace sentirse culpable o incompetente. No se queja del almuerzo, comparte con la madre la predilección al salmón, pero que no se crea que el favoritismo nace de gustos similares. Al contrario, muchas madres prefieren a los hijos varones porque no son sus espejos, sus experiencias les son más interesantes y por eso las ven como exóticas. Andrés se da cuenta y por eso le tiene la confianza de contarle sobre el soft porn que está filmando su nueva amiguita (Nota: Koo Stark no entraría en la vida del Duque de York sino hasta el ’84).



A pesar de sí misma, Isabel se siente a sus anchas con un hijo que no la hace sentirse desacertada como madre y que la hace reír. Yo recuerdo que esa era la respuesta de mi madre cuando la acusaban (no yo) de su predilección por mi hermano: “no viene con malas cara y críticas, y me hace reír”. Estoy segura de que, de todos sus hijos, Andrés es el único que ha hecho reír a su madre.



La regañiza a Carlos

La última visita es a Highgrove donde el heredero al trono está ocupado jardineando y hablando puerilidades, mientras su joven y muy embarazada esposa languidece encerrada en su torre. Ahí es donde Su Majestad pierde los estribos y Carlitos se va por retada. A pesar de las afirmaciones porfiadas de Diana, sabido es que tanto Isabel como Felipe muchas veces aconsejaron/regañaron a su primogénito por el mal manejo de su matrimonio. Le exigieron acabase su relación con Camilla, pero Carlos había perdido el poco cariño que le tenía a Diana y no hubo manera de convencerlo de acercarse más a ella.



Lo que no me gustó

La Discusión de Carol y La Primer Ministro.

En mi familia era factor aceptado que yo era la favorita de mi padre tal como mi hermano lo era de mi madre. A mí nunca se me ocurrió echárselo en cara a mi madre (me hubiera cortado la nariz con un cuchillo) ni a mi hermano. De hecho, ese favoritismo nos unió más concientes que era un arma usada por mi madre para manipularnos y separarnos. Por eso se me hizo tan extraño, que Carol, una mujer hecha y derecha de 29 años, estalle en un discurso acusatorio.  Lo hace justo cuando su madre está preparándose para recibir invitados, solo para poner en boca de Margaret su desprecio por el género femenino.

Carol Thatcher, hoy en día es una reconocida periodista, escritora y documentalista. Ciertamente es más respetable y exitosa que su hermano, el mimado Mark.  Es quien mantiene el culto a su madre (incluso en el 2007 fue a Las Malvinas a hacer un documental sobre la guerra titulado “Mommy’s War”) de quien está muy orgullosa.

                           Carol y su anciana madre

Al recordar su infancia, Carol se refiere a su madre como “supermujer”. Una que siempre quería combinar sus labores tanto domesticas como profesionales descollando, en ambas. También recuerda que Margaret empapeló el cuarto de sus hijos y que le enseñó a Carol a conducir. Carol jamás ha hablado mal de su madre y la idea de que el favoritismo de Mark la haya afectado ha surgido de unos comentarios de parte de ex secretarios de la Primer Ministro. También Lady Thatcher se quejó alguna vez públicamente de que su carrera la había privado de pasar más tiempo con sus hijos.

“The Crown” nos muestra a Carol sirviendo la mesa como una glorificada criada. La verdad es que, a los 22 años, Carol se marchó a Australia donde obtuvo empleo en la televisión. Retornó a Inglaterra en 1979 cuando su madre fue nombrada Primer Ministro, pero no para ser sirvienta de Margaret. Por el contrario, en 1982, Carol trabajaba en la BBC, contribuía al Daily Telegraph y estaba escribiendo su primer libro. No creo que estuviese para pataletas u reclamos solo porque Morgan ve un paralelo entre la Reina y su Primer Ministra en sus complicados roles maternales.



Otro paralelo fue cuando Margaret recuerda con amor a su padre como el artífice tanto de su carrera como de su personalidad. Algo que también nos recuerda la importancia de Jorge VI en la creación de Isabel II. Otra similitud es cuando Margaret acusa a su madre de haber sido una simple ama casa a pesar de los intentos de su esposo de ” educarla”. Eso nos refiere a las quejas de Carlos de cómo no ha podido ampliar la mente de Diana y subirla su nivel intelectual. Mas allá de la torpeza y la soberbia de sus palabras, nos llega nuevamente ese sutil conjetura de que Diana era una mujer intelectualmente limitada.



“Hemos Perdido a Nuestros Hijos” por parte de la Reina.

Me pareció prematura y absurda esa percepción de que los hijos ya no tienen remedio. El que Isabel se diera por vencida como madre me sonó muy perezosa. Con la excepción de Andrés, que hoy esta con el agua hasta el cuello, no veo a nadie perdido. A pesar de los esfuerzos de “The Crown”,  Carlos ha sobrevivido a una docena de escándalos y hasta al Covid-19.



Él y su Duquesa son, para muchos, un ejemplo de un gran amor que derribó barreras y aunque no es rey,  ahora que su padre se ha retirado del servicio activo y su madre ha reducido sus apariciones públicas, es el rostro (junto con los Cambridge) público de la Corona y lleva las riendas de la familia. Su relación con Wills y Duchess Kate es excelente. No tanto con Harry, pero eso es culpa de Meghan no del Príncipe de Gales.

 Carlos en dias cuando Meghn era parte de su familia

Eduardo está muy bien casado, al igual que las hijas de Andrés. En cuanto a Ana, tras sobrevivir divorcio y escándalo, ha encontrado la estabilidad con su segundo marido, tiene hijos que la llenan de orgullo y es el miembro de la realeza más respetado por el pueblo. Pero Morgan insiste en hacernos creer que es otra víctima de su madre

Picnic con Ana

Que irritante ese picnic que La Reina tiene con su única hija. La imprevista llegada de la Soberana es mal recibida por Ana quien obviamente tiene cosas más importantes que hacer que ayudar a su madre entender que ella no es su favorita. Al menos, por una vez oímos que la reina ya es abuela, aunque es obvio que su relación con Ana no es cercana. Para colmo, Isabel, que en la serie es bien desubicada, viene portando malas noticias. Ana y su amante serán separados. ¡Como para invitarte otra vez, Chabelita!

Por aquel entonces Ana sostuvo un apasionado affaire con su guardaespaldas, el policía Peter Cross. Como suele ocurrir en estos casos, se descuidaron y pronto Scotland Yard conocía el doble adulterio (tanto Cross como Ana eran casados). Se lo hicieron saber al Duque de Edimburgo, que fue quien manejó todo este asunto y cuya mayor preocupación no fue censurar ni regañar sino proteger a su hija favorita. Cross no iba divorciarse, su comportamiento había sido muy poco profesional y la misma policía quería evitar un escándalo.

  Ana y su padre de quien siempre fue la preferida.

Un mes después de iniciado el affaire, Cross tuvo un traslado que (contado por él y amigos) destrozó tanto al Sargento como a Ana. Ambos estaban seguros de estar enamorados. Que Isabel haya sido quien le avisará a su hija que su romance acababa me parece muy poco creíble.  Es más que posible que haya sido Felipe.  Además de nuevo un enredo cronológico. Se supone que estamos en enero del 81, se menciona que Ana tiene “hijos”, en realidad estaba embarazada de Zara.



Mas importante, el Sargento Cross dejó de trabajar con Ana en septiembre de 1980. La ironía es que, en enero del 81, Ana en el cuarto es de embarazo,  contactó a Cross y reiniciaron su amores. Esto coincidió con la renuncia de Cross al cuerpo policial lo que les dio más libertad para un romance que duraría dos años. Conocemos los detalles porque fue el mismo Peter Cross quien vendió su historia al mejor postor en 1984

La Princesa Encerrada en su Torre

Y por fin llegamos a lo peor, Diana. La vemos casi catatónica, con tremenda panza, echada todo el día, encerrada en su cuarto viendo programas infantiles en la televisión. La última vez que vimos a Diana fue resplandeciente en su boda. ¿Qué pasó que ahora está tan de capa caída? Hubiese sido bueno que nos mostrasen un poco de lo ocurrido en estos cinco meses para explicar esta situación.

Carlos le cuenta a su madre que a Diana no le gusta el campo. La astuta Isabel nota que a Diana lo que le molesta es vivir tan cerca de su rival. Carlos excusa su “amistad” con Camilla conque su esposa no le interesa nada de lo que hace, ni su jardinería ni leer los libros de Sir Laurens van der Post (gran escritor y mentor de Carlos).



Volvamos a la realidad. Carlos y Diana tuvieron una luna de miel infernal. Diana cuenta que su marido durante el crucero por el Mediterráneo no le prestaba atención, que efectivamente se había traído media docena de libros de Sir Laurens con la esperanza de que su joven esposa los leyese y compartiese su opinión con él. Cuando Diana se rehusó a hacerlo, él se dedicó a la [pintura. Diana recordaría su luna de miel como una experiencia agotadora, más encima marcada por la presencia de Camilla.

Carlos, con poco tino y falta de caballerosidad, telefoneó a su ex o no tan ex desde el barco, Diana descubrió que su marido ocultaba una foto de Mrs. Parker Bowles en su agenda y que usaba unas mancuernillas con las letras “C&C” grabadas. Diana no aguantó más, lo recriminó. El muy fresco le respondió “Son un regalo de una amiga. ¿Qué hay de malo en eso?” Aparentemente, Diana si lo veía mal porque en sus propias palabras, le armó una pataleta.

Carlos no estaba acostumbrado a ese comportamiento en sus mujeres y menos a las crisis de vomito de su esposa. Según Diana, aunado a la presencia de Camilla en la psiquis de Carlos le era infernal la falta de privacidad del viaje. Además, estaban las exigencias de Carlos de que compartiese intereses que la aburrían y se sentía ignorada por su esposo. Mas que la infidelidad el gran problema de ese matrimonio fue que Diana siempre se sintió ninguneada por Carlos, que nunca sintió que le importaba ni la apoyaba. Eso es lo que los fans de Diana llaman haber sido ‘un monstruo” con la Princesa.

   Diana y Carlos en su luna de miel

De regreso a Inglaterra, Diana confiesa que intentó cortarse las venas.  Carlos se vio obligado a confesarle a su madre que su mujer sufría de un trastorno alimenticio. Llamaron psiquiatras. Diana los detestó a todos, ella quería controlar su tratamiento. Se quejaba de que le querían meter Valium a toda costa. La Princesa siempre se opuso a medicamentos que creía eran la manera de La Familia Real de manipularla.

Diana ha dicho que los Windsor la consideraban problemática por su bulimia. En realidad, le tenían miedo por sus manías suicidas. Diana habló de cinco intentos de quitarse la vida, hay quienes dicen que fueron más, cual más aparatoso.

La vida de Diana se hizo más conflictiva cuando descubrió su embarazo en octubre. Las crisis bulímicas se combinaban con las náuseas matinales. Ese famoso viaje a Gales fue dantesco para Diana que (de acuerdo con las grabaciones) parecía hacerlo todo mal aparte de sentirse muy mal. Se esmeró en hacer ese discurso en galés que, se queja La Princesa, no ameritó ningún elogio ni del marido ni de nadie. Curioso, porque en una entrevista, Diana dijo que Carlos estaba muy contento con el discurso y la había felicitado.

             Diana en Gales

Pero volvamos a la serie, al invierno de 1981. Mientras medio mundo busca a Mark Thatcher, y Las Falklands todavía no se han convertido en un sitio geográfico que importe a los ingleses, la Princesa Diana ya ha anunciado al mundo su estado de buena esperanza. A pesar de que todos estamos excitados ante la idea de un bebé real, Diana recordara una década más tarde que fue una época triste.

Debilitada por la bulimia que se ha convertido en un secreto a voces ella misma cuenta de veces que se levanta de la mesa en cenas oficiales para ir a vomitar, Diana solo quiere descansar y que la dejen en paz, pero ella dirá más tarde que era imposible, que le exigían hacer presentaciones públicas y que nadie en su entorno entendía sus malestares “porque nadie nunca los había sufrido”.

Tal vez nadie en La Familia Real había sufrido de trastornos alimenticios, pero si conocían las náuseas matinales que, durante el tour de Canadá, a fines de los 50, paralizaron a Isabel II. Como no se había todavía anunciado su embarazo, lo tuvieron que adjudicar a un virus estomacal. Durante sus últimos embarazos-ambos de alto riesgo-la soberana detuvo su actividad en el sexto mes para descansar y cuidarse.

Por otro lado, desde los días de confinamiento, en la Corte Tudor, hasta el puritanismo victoriano que gobernó el trato de los embarazos tanto de reinas como de mujeres de clase media, la preñez era una etapa que se ocultaba bajo un lenguaje de eufemismos y ropajes voluminosos. Hay pocas fotos de la reina Isabel en estado interesante, solo una de Margarita y dos de Ana.

                        Ana embarazada

Fue una desgracia para Diana quedar encinta en una época en que la prensa le había encontrado el lado glamoroso al embarazo de figuras públicas. Aún más en el caso de Diana que se había convertido en la favorita del público y de la prensa.

¿Como reaccionó Diana a tanta presión en una etapa en que las mujeres son tan vulnerables? Pues con más maneras de hacerse daño, incluyendo el más teatral intento de suicidio de los cinco (o más) que se conocen. Todo comenzó con una discusión con Carlos. Harto del llanto de su mujer, Carlos le dijo que no iba a permitirle manipularlo y se marchó a cabalgar. Diana, en su cuarto mes de gestación, entonces se lanzó escalera abajo hasta caer a los pies de Su Majestad Británica.



Diana casi con placer cuenta lo horrorizada que estaba Isabel ante este espectáculo. En sus cintas acabará este episodio diciendo que a pesar de tener moretones en el vientre “sabia” que él bebé estaba bien. ¿Como sabia? ¿Es clarividente o médico?  Lo que Diana olvida mencionar es que su suegra inmediatamente la hizo atender por el ginecólogo de la Familia Real Sir George Douglas Pinsker quien determinó que el feo no había sufrido daños.

Es hora de meter en este cuento a un individuo bastante inconveniente, pero omnipresente en La TrageDiana. Me refiero a su último mayordomo, Paul Burrell, quien ha dado catedra en como lucrar a costa de una patrona difunta.

Entre sus memorias de la Princesa de Gales, Burrel recuerda haberla encontrado a mitad de una escalera del Palacio de Buckingham “fingiendo” una caída durante su primer embarazo. Borrell insiste en que era una “caída falsa” puesto que su amita sería incapaz de dañar a su bebito. Burrell es un mentiroso profesional, es un milagro que no sea convicto de perjurio, pero que gana con esta historia? ¿Acaso limpiar la imagen de Diana como alguien que se caía “de mentiritas”?

                                   Diana y su mayordomo

Qué lástima Paul porque la caída de Diana fue real. Hubo testigos, entre ellos la Reina, hubo un parte médico, y la princesa exhibió lesiones. ¿O acaso, el mayordomo (entonces un lacayo más) fue testigo de otro intento de suicidio por parte de Diana?  ¿Esta vez fingido?  Morgan no se pronuncia sobre estos intentos de suicidio.

En cambio, nos la muestra encerrada, en cama, aislada, en camisón todo el día rehusándose a recibir a Su Reina-suegra. ¿Pero dónde estaba, en realidad Diana, en su quinto mes de embarazo?  Pues en Eleuthera, en Las Bahamas, provocando un escándalo mayúsculo cuando los paparazis la descubrieron en bikini y panzona. 



Como ven, la vida de Diana de Gales era rica en incidentes que “The Crown” pretende obviar obligándonos a sentir lástima por una blanquita privilegiada que se puede pasar su preñez echada y viendo tele. Really? ¿En el 2021 somos tan brutos para caer en ese cuento?

Ultima palabra. Todos hasta los enemigos de Carlos concuerdan que durante las discusiones conyugales era Diana quien las iniciaba, la que gritaba, la que usaba palabrotas (en frente de los niños y en más de una ocasión enfrente de La Reina). Carlos o bajaba la voz o la ignoraba. Y si le creemos a Diana, el gran pecado de Carlos, más allá del adulterio, fue IGNORARLA. Así que, mostrándolo, agrediéndola verbalmente o golpeando la puerta de la pobrecita victima creada por Morgan, es un reflejo probablemente de lo que Don Peter hacía/hace con sus mujeres.

 

 

lunes, 21 de diciembre de 2020

En Balmoral, Haz como los Balmorianos: The Crown 4x2

 


“The Balmoral Test”, como el episodio anterior, fue una serie de altos y bajos. Mas altos que bajos, excelente interactuación Thatcher-Windsor, más algunas escenas inventadas que bien pudieron ocurrir.

En Familia con Los Windsor

Concuerdo con nuestra Gatita Honoraria, Norah Frías que los primeros capítulos son una carnicería, escena tras escena de cacería o pesca. Estos Windsor (en realidad toda la aristocracia británica, no se olviden de la cacería de pobres zorros) viven matando animales, ni siquiera para comerselos, sino para colgarlos en las paredes.

El título de la serie se refiere a al ardid que inventó la Reina Victoria como una manera de determinar si algún conocido merecía ser parte de su círculo social. Obviamente, en los casos de la Reina Madre, de Wallis Simpson y Felipe (ni hablar de Kate y Meghan) la interrogante era si merecían ser parte de la familia.





En el mismo episodio tenemos a dos mujeres ser sometidas al complejo set de reglas de etiqueta que forman parte del examen. Diana aprueba con la nota más alta, la Primera Ministra saca un “0”. Pero lo importante (y eso deberíamos saberlo los que agonizábamos cada vez que nos colgaban en un examen) es que la prueba es inservible e irrelevante.



 Thatcher vuelve a Londres y cambia la política británica, deshaciéndose de los miembros de su gabinete que son los que inventan estupideces como el Test Balmoral, porque todo lo que se hace en la Familia Real se imita en la aristocracia. Los Downties, los amantes de Brideshead Revisited y de las novelas de Nancy Mitford, sabemos que estos juegos mamertos (y yo que fui a una escuela inglesa tuve que aprender a jugar todos esas boberías como charadas, y Sardinas) son parte de esos aburridos fines de semana en las country houses, donde además de jugar y matar animales, lo más interesante es el corridor creeping (las folladas a medianoche y siempre con parejas ajenas).



 Por eso sonó tan falso cuando Camilla se negó a ir a Balmoral. En la vida real, los Parker-Bowles eran parte importante del círculo del Príncipe de Gales, habían pasado el test y eran a menudo invitados a Balmoral. Lo que, si es ciertoy mucho humilló a Diana enterarse fue que tanto Kanga como Camilla (las dos maitresses du roi) dieron el visto bueno a la chica Spencer y, como todos, apresuraron al Príncipe de Gales a pedir su mano.

Por otro lado, el leitmotiv del cuento, el ciervo herido, nunca existió. Es una metáfora repetitiva de Morgan que no quiere a los animales sino no sería tan sádico de mostrárnoslos sufriendo o despedazados. Yo me preguntaba si el pobre Bambi era una metáfora para Diana o de Margaret Thatcher, pero finalmente Carlos dijo que era él que se sentía como el ciervo.

El Verdadero Cortejo de Lady Di

A propósito, tampoco Felipe obligó a su hijo a pedir la mano de Diana, inmediatamente después de Balmoral. Lo hizo cuando Carlos ya llevaba seis meses viéndose en público con Lady Di. Felipe le escribió una carta diciéndole que estaba arruinando la reputación de la chica así que la dejaba o se casaba con ella. Carlos no quería soltar a Diana, así que le propuso matrimonio.





Este capítulo tiene lugar en septiembre del 80. Diana y Carlos han tenido su primera cita en Cowes. En el yate real, Diana ha conocido al Duque de Edimburgo. La historia de que Felipe y su futura nuera se fueron a cazar al codiciado ciervo es ficticia, pero es lindísima. Casi tanto como Thatcher recitando “No Enemies” de Charles Mackay (me encantó como lo pronunció “macai” no como aquí que decimos “makei”).  Tiene razón esta mega señora. Si vas a hacer un trabajo con ahínco, vas a cosechar enemigos, contrarios, gente que te critica. Eso no significa que estés equivocado o haciéndolo mal.


También me gustó mucho la segunda cita de Carlos y Diana. Efectivamente fueron a oír un Réquiem de Verdi en el Royal Albert Hall chaperoneados por Lady Fermoy (Georgie Hall de “Call the Midwife”), abuela materna de Lady Di. Diana era una amante de la música de todos los tipos y creo que debe haber gozado de la velada y que ya estaba enamoradísima del Príncipe.



Aunque me gustó el recuento de la visita de Diana a Balmoral, no es del todo fidedigno. No era la primera visita de Diana Spencer a la residencia real escocesa y ya conocía casi todos los presentes. Ese recibimiento casi militar de su abuela tampoco es histórico. Lady Di se vino a quedar con su hermana Lady Jane Fellowes y su cuñado John. Este era secretario de la Reina por lo que se les había asignado una residencia dentro de la propiedad.



Diana tuvo más independencia en esa visita, a pesar de que Carlos (que según palabras de la Princesa estaba “obsesionado” con ella) la llamaba diariamente para integrarla a los planes diarios de su familia, Tal como en la serie, Diana destacaba por su simpatía y sencillez. El único tropiezo fue cuando los paparazzi descubrieron a la pareja pasando por un bosque y Diana tuvo que huir. Aunque usaría un pañuelo para cubrir su cabeza en las próximas excursiones al aire libre, ya la noticia se había regado y a su regreso a Londres debería Diana enfrentar el cerco implacable de la prensa.

Cosas que Me han Dejado Incomoda.

¿Según la serie, la Princesa Margarita es bipolar? Porque no se entiende que sea frívola, esnob y maleducada con su tocaya Thatcher, para, en unos episodios más adelante, sea la voz de la razón, la única que se oponga a la boda de Carlos y la que arme escandalo al saber que sus primas están encerradas en un manicomio. ¿Como puede ser en un momento tan fanática de protocolos, y reglas que protegen a la monarquía, y al otro abogar por los más atropellados por esas reglas?



Su Majestad nunca ha sido una Twiggy, y su mamá engordó en su vejez, ¿pero tienen que mostrárnoslas chalchetudas y barrigonas?




No aguanto los ojos de Emma Corrin, son tan inexpresivos que la hacen verse más marioneta que Josh O’Connor que ya parece Petrushka. A ratos se ven duros, fríos como los de Samantha Morton. Uno de los mayores atributos de Diana, antes de casarse, era su mirada límpida, llena de humor y deseo de agradar, ya luego la tristeza opacó sus ojos, y al final tenía una mirada torva.

Algo que muchos parecen no entender es que, aunque en realidad Margaret Thatcher odiaba ir a Balmoral no era por sentirse menospreciada. Se necesitaba más que Los Windsor en famille para conseguir rebajar a la Dama de Hierro. El problema es que, para una trabajólica como La Thatcher, era inconcebible perder un tiempo precioso en charadas y en perseguir ciervos por las Highlands.



Pareciera que Morgan en su implacable ataque frontal a la monarquía esté perdiendo imaginación y repita recursos dramáticos. En el capítulo anterior es la carta-consejo que recuerda la carta que la Reina recibe de su abuela a la muerte de su padre, y a los consejos del Duque de Windsor al Príncipe de Gales. También la muerte súbita cuya noticia recibe alguien que esta disgustado con la persona fallecida (Felipe y Cecilia, el Duque de Windsor y su madre, Carlos y Lord Mountbatten).

Otro momento de Deja Vu para mí fue la cacería final del pobre ciervo herido. Me recordó el primer episodio de la serie cuando el Rey Jorge despierta a Felipe y se lo lleva a cazar patos en Wolferton Splash. La diferencia es que el rey aprovecha de explicarle al Duque de Edimburgo lo que significa casarse con un futuro monarca, lo que le espera, lo que se espera de un consorte real, “ella es tu trabajo”. ¿Qué hubiese pasado si Felipe en vez de preguntarle a Lady Di sobre cuanto cobraba por limpiar baños, le hubiese explicado las trampas y peligros de unirse a La Familia Real? ¿Lo hubiese escuchado ella?

jueves, 10 de diciembre de 2020

Cuando Carlitos conoció a Lady Di: The Crown 4x1

 


Se me hizo tan difícil comenzar a verla. Los clips me mostraban escenas paródicas de eventos y momentos que conocía tan bien, yo, la Diana friki por excelencia, que sentía vergüenza ajena. Entiendo que el propósito de Peter Morgan este año es asestarle la estocada mortal a la realeza, dejar tan mal al futuro rey que la monarquía misma se sienta sin futuro. ¿Lo logrará?

Diana era un Árbol Loco

Este primer episodio no fue tan malo como esperaba. De hecho, hubo cosas que me gustaron, aun cuando son inventos, como ese primer encuentro con Diana disfrazada de árbol (Mad Tree). Estuvo muy bonito y romántico. Sobre todo, si se piensa en que Diana tenía 16 años y Carlos 29. Pero hablaré de eso más adelante.

Lo otro que me gustó es la serie de montajes de la Familia Real (incluyendo a Lord Mountbatten) asesinando algún animalito antes del atentado. Me conmovió que Dickie devuelva al mar una langosta con huevitos y que lo haga con sus nietos, como enseñándoles a los niños a respetar la vida justo cuando la de ellos es irrespetada.



Como todo en esta serie, las interpretaciones son ambiguas. ¿De qué lado está Peter Morgan?  ¿Del ERI o de las familias de las víctimas? Nunca oímos a la Familia Real manifestarse sobre ese punto. En la vida real, unos meses más tarde la Princesa Margarita estuvo en Chicago, y al hablar con la Alcaldesa Jane Byrne, se refirió a los irlandeses como “cerdos”.

La llamada de pésame de Margaret Thatcher fue tan rimbombante que pensé que la Reina le iba colgar diciéndole que no se entrometiese en asuntos familiares, pero lo que la futura Baronesa le recuerda es que simultaneo al atentado que cobró la vida del Tío Dickie, su nieto y su consuegra, hubo otro atentado en el que murieron 18 policías británicos.



 Lo sucedido va más allá de una tragedia familiar. Yo he sido pan-celta toda la vida y mi deseo es ver una Irlanda unida, pero condeno el terrorismo como una manera (ya probada como inútil) de conseguir ese propósito.  Sobre todo, cuando se cobra la vida de un anciano octogenario y su nieto de catorce años.

Lo que no me gustó

El Bajo Perfil de Ana

Siguen opacando a la Princesa Real. Muestran al marido, pero no nos cuentan quién es, cómo lo conoció, ni nos muestran la boda (ni el precioso vestido). Únicamente que está casada y no es feliz. En 1979, Ana inició su infamoso romance con su guardaespaldas Peter Cross.  Ni siquiera nos han dicho que ya hizo abuelos a Isabel y a Felipe.



Tampoco nos presentan las competencias que ganó, ni su participación en las Olimpiadas de Montreal, la primera vez que un miembro de una familia real lo hacía. En cambio, nos la ofrecen asustada y con dudas de fracasar en su próxima competencia. ¡Como le gusta a Morgan exhibir a los Windsor como fracasados disfuncionales!



Los Celos de Felipe

Mostrárnoslo borracho, en el peor humor de bully, lleno de rencor contra su hijo por haberle quitado el afecto de Tío Dickie es otra manera de arrastrar por el lodo a la familia. Es cierto que Lord Mountbatten fue padre y abuelo para Carlos, pero también fue una figura paterna para Felipe y solo dejó de serlo cuando vio a su sobrino bien encaminado y a Carlitos a la deriva sin alguien que le sirviese de guía.



Nunca había oído que Felipe se sintiese desairado porque Mountbatten quisiese que fuese Carlos quien leyera su elogio funerario. Un momento tan conmovedor y tiene que meter Morgan sus neurosis y rencores personales, porque sabido es que un motivo de su divorcio es que les tenía celos a sus hijos y acusó a su esposa de darles a ellos más comida que a él (WTF?) Oye Morgan, no todos son tan patanes o malos padres como tú.

La Ausencia de Amanda Knatchbull

Cuanto más me interno en el laberinto construido por las pesadillas de Peter Morgan y la cacofonía de voces clamando por relatar “la verdadera historia de los Príncipes de Gales” me sorprende que se pueda obviar una importante pieza de ajedrez como lo fue Lady Amanda Knatchbull. Me asombraría que ningún historiador o biógrafo que se haya interesado en Carlos y Diana no haya buscado la opinión de Mrs. Charles Ellingworth, aunque Amanda lo haya despedido cortésmente porque su dignidad, respeto por su familia y por la institución de La Corona sellan sus labios.

                             Lady Amanda de pequeña

Pero yo le suplicaría que escribiese su versión y la hiciese sellar en los Archivos Reales con órdenes de abrirse tras su muerte, porque solo ella y Carlos conocen los detalles de una relación que si hubiese llegado al altar hubiese cambiado la vida de Diana, tal vez mejorado la del Príncipe, y ciertamente le habrían evitado muchos dolores de cabeza a la Reina Isabel. Aun así, Amanda fue, sin quererlo, una manzana de la discordia, la última página de ese duelo que desde la Abdicación existía entre la Reina Madre y Dickie Mountbatten.

Tal como Mountbatten había orquestado el matrimonio de La Reina y su sobrino, ahora quería ver coronada a su nieta Amanda. Consciente de este deseo de quien veía como su padre-abuelo, Carlos desde 1974 se había acercado a quien consideraba la más bonita de sus primas, Amanda de 16 años. Aunque Lady Patricia, su madrina y madre de la cortejada, le había aconsejado al Príncipe que esperase a que Amanda saliese de la escuela, Carlos, siempre impetuoso, se había acercado a su prima con la que llegaría tener una amistad muy íntima basada en confianza y respeto mutuos. Exactamente lo que no existía entre Carlos y Diana.

                            Lord Mountbatten en el Caribe, con su nieta y Carlos

No quiero repetir lo que ya he dicho en otra entrada. El viaje a la India en el que en un momento se planeó que Amanda acompañara al Príncipe; la compra de la mansión Chevigny donde Charles planeaba vivir con Amanda una vez casados; la propuesta de matrimonio hecha poco después del asesinato de Lord Mountbatten, etc..

Lo importante es que después que su prima le dio la bota, Carlos quedó al garete. Tan desorientado que rápidamente se enredó con la bochinchera Anna Wallace ¡a la que le propuso matrimonio dos veces! Por suerte, ella lo rechazó dos veces, aunque siguieron un romance loco que acabó en marzo de ese año, cuando en el cumpleaños de la Queen Mom, Carlos abandonó a Anna para bailar toda la noche con Camilla. En un despliegue del famoso mal genio que le había ameritado el mote de “látigo”, Anna le aulló a Carlos que no quería verlo nunca más.




Esto es interesante, porque Carlos anunció al mundo en 1996 que hacía diez años que era amante de Camilla. Su biógrafa Penny Juror asegura que los hoy Duques de Cornualles reiniciaron su romance en 1978, tras el nacimiento de la hija de Camilla, y el incidente Wallace demuestra que para marzo del 80 la pareja ya había vuelto a las andadas.

En el primer episodio, vemos una cena familiar en palacio. Están todo, menos Carlos, y la conversación parece el chismoseo de la cocina de Downton Abbey. Todos repasan la lista de amantes/novias del ausente e incluyen las que no existieron (nunca hubo una Christabel Borgia) o las que todavía no llegan (Anna Wallace). De pronto dirigen su irritación contra el pobre Mountbatten, muy calladito, ocupado con su sopa, acusándolo de haber convertido a Carlitos en un Casanova. Él se hace el de las chacras y todo se olvida cuando mencionan a Lady Sarah Spencer, a quien la familia en pleno parece aprobar.



A ver, entonces estamos en 1977. Carlos y Amanda, ahora en la universidad, siguen pasando tiempo juntos. Hay fotos de ambos en las Bahamas junto a Dickie Mountbatten. Su Señoría no puede estar más contento cuando su nieto adoptivo le escribe alabando a Amanda “cariñosa y leal” …y dotada de “un glorioso sentido del humor”.

Según se rumora, Felipe no está descontento con tener otra Mountbatten en la familia, pero callan porque saben que la mayor enemiga de esa unión será la Reina Madre que sigue viendo a los Battenberg como advenedizos y peor aún, alemanes. Carlos adora a su abuela y ella tiene una gran influencia sobre el Príncipe.

Sin embargo, la Reina Madre no es tonta y tiene más “pajaritos” que Varys para informarla. De acuerdo con Buckingham Babylon de Peter Feardon, la madre de la reina ha confiado en su dama y amiga, Lady Fermoy, quien ha postulado a dos de sus nietas como futuras consortes. Es por eso por lo que en la serie todos los parientes de Carlos parecen encantados con el prospecto que Lady Sarah Spencer (“Johnny’s Girl”) sea parte de la familia.



Es obvio que nadie (quizás ni Lady Fermoy) saben que Sarah es lo que entonces se conocía como “promiscua”; anoréxica y alcohólica. Todo lo que importa es que es de pedigrí aristocrático, descendiente de Carlos II, y no es una Battenberg.

Diana Obsesionada, Traumatizada y Manipuladora

La serie entonces salta a ese primer encuentro tan de novela rosa. No me malinterpreten, me encantó, pero precisamente porque lo he visto en una docena de filmes, leído en docena de novelas sentimentales e incluso yo misma he escrito escenas parecidas. La colegiala, todavía no presentada en sociedad, tiene ese encuentro imprevisto con un hombre maduro importante del que se enamora a primera vista.



Sarah le explica a Carlos que el encuentro no ha sido accidental, que Diana “estaba obsesionada” con conocer al Heredero de la Corona. Ahí revela algo interesante. Peter Morgan parece estar del lado de Diana. No es así. Él está del lado de todo lo que desprestigie a la monarquía. Y lo que hace al final de la escena es retratar a Diana como manipuladora. Alguien que lo ha orquestado todo, esa aparición impromptu  sin preocuparle que Carlos pretenda a su hermana

El segundo encuentro entre ambos también es un poco ficticio. De regreso de Badminton, Carlos se encuentra con Diana que se le cruza ante el carro y lo saluda. ¿Qué hace Lady Di ahí?  Es casi un descampado donde han instalado un tiovivo. ¿Trabaja en esa feria? ¿Va a comprar el pan? ¿Anda de stalker? ¿O acaso vende flores a la vera del camino?  Para Carlos es un hada que le tae palabras de consuelo por el fallecimiento de tío Dickie



Otra escena, que jamás sucedió es la de Charles llamando a Sarah, a punto ella de casarse, para pedir detalles sobre su hermanita. Esto después de un extraño encuentro (que nunca tuvo lugar) en la carretera. Me gusta esta escena porque Carlos es un villano total. Solo le falta atusarse el bigote.

Hay cincuenta personas a las que el príncipe puede consultar sobre hábitos y vida de Lady Diana Spencer. Llamar a la ex es solo para refregarle en la cara lo que desperdició y ahora será de su hermanita. Sarah cae en la trampa, llena de celos le cuenta que Diana coquetea con los padres de los alumnos, que la tiene limpiando su inodoro, y que siempre se ha creído destinada a un destino grandioso por eso en casa la apodan “Duquesa”.



Para Carlos la llamada es un éxito. saber a Diana considerada atractiva por otros hombres lo enorgullece, nota que es Cenicienta maltratada por sus hermanas mayores, eso lo hace sentirse protector y lo de “Duquesa” presagia que Diana puede llegar a ser reina.  Es triste que no haya ocurrido tal escena, porque si Carlos hubiese sido más protector, se hubiese sentido más orgulloso de su mujer, otro gallo cantaría. Diana sufría de muchos trastornos, traía un bagaje de traumas infantiles y, en sus propias palabras, era muy inmadura. Pero Carlos también tuvo mucha culpa en el fracaso de su matrimonio.

Después de la visión de Morgan, vale la de la Princesa misma contada en esos casetes que grabó en 1992 y que han servido de base para el documental “Diana: In Her Own Words”.  Puesto que sus dos abuelas eran damas de la Reina Madre, los Niños Spencer hacían visitas anuales a la Residencia Real de Sandringham. Diana recuerda que odiaba esas visitas porque siempre los hacían ver el mismo filme “Chitty Chitty Bang Bang” de Disney. Debido a la diferencia de edad, Diana nunca conoció a Carlos, en cambio jugaba con Andrés y Eduardo.


     Lady Diana Spencer en su infancia

Su primer encuentro fue en 1977, cuando Sarah llevó a Carlos a pasar uno de esos famosos country house weekends en Althorp, la residencia de los Spencer. Se vieron por primera vez en una cacería. Siendo Diana una colegiala no tena mucho que aportar al Huésped Real, pero ocurrió algo especial. Después de la cena, Carlos le pidió a la más pequeña de las Spencer que le diera un tour por la galería pictórica de la mansión.

Años más tarde, en una entrevista a la BBC, Carlos recordaría que Diana lo impresionó por ser “una chica alegre y llena de vida”. En cambio, Diana lo recordaría como un hombre “triste”. Puesto que Carlos andaba de romance con Sarah parece contradictorio que se viese “triste” y puede ser una apreciación típica de la imaginación soñadora de Diana. Sarah no hacía feliz al Príncipe, solo Diana podía hacerlo.

Esto coincide con lo dicho por Tina Brown en The Diana Chronicles que, en una excursión de esquí en los Alpes, Diana les anunció a sus amigas que algún día se casaría con Carlos (¡!!) porque “es el único hombre en Inglaterra que no puede divorciarse de mi”.  Aquí entra en juego el trauma infantil de Diana provocado por el divorcio de sus padres. La madre de Diana, al irse con otro hombre, perdió custodia de sus hijos. Diana siempre vio esos hechos como un abandono por parte de su madre. Cuando su padre se casó con una mujer que Diana detestaba, la futura princesa de nuevo se sintió abandonada.

 Lady Di leyendo las novelas de su "abuelastra"Barbara Cartland.

Una obsesión de Diana era que no se repitiese en ella la historia de sus padres. Mas allá de sentirse poco importante o inadecuada, estaba el terror de ser rechazada por su marido. Diana nunca quiso un divorcio. Ella misma dice en sus grabaciones que quería una separación amigable, que Carlos se fuese con “su dama” (Camilla), y la dejase a ella con el título de Princesa de Gales y con la custodia de Guillermo. Diana quería encargarse personalmente de la educación del heredero al trono. La ironía es que ella misma precipitó ese divorcio.

Después de ese fin de semana y del aparatoso rompimiento de Carlos y Sarah, Diana no tuvo más oportunidades de ver a su futuro marido. Sin embargo, tanto Sarah como Diana fueron invitadas al trigésimo cumpleaños del Príncipe Carlos “¿Por qué Diana?” preguntó Sarah. La respuesta es que las abuelas conspiradoras ya estaban intentando poner a Lady Di en el camino del Príncipe.


Lady Di en la epoca de su primer encuentro con el Príncipe Carlos

La Versión de la Princesa

Es posible que ellas estuviesen también detrás de la invitación de Diana al fin de semana en la mansión de los De Plass. Según Diana, Philip de Plass la llamó y le pidió que viniera “para alegrar al Príncipe”. Aparentemente Carlos andaba triste en esos días. Diana cuenta que estando a solas, él le habló de lo doloroso que había sido para él la pérdida de “su amigo Mountbatten” y el rompimiento “con su novia”. Dos aseveraciones que se prestan a ser interpretadas. ¿Por “novia” Carlos se refería a Anna Wallace o a la Prima Amanda?

Pregunto, porque Diana nunca pudo pasar a Amanda y cuando la nieta de Mountbatten se casó en 1987, Diana se rehusó a acompañar a su marido. ¿Sería porque pensaba que ver a Amanda le recordaría Carlos la posibilidad de haberse casado con una mujer “más adecuada” (léase más centrada, paciente, menos conflictiva)?

Lo de “su amigo Mountbatten” también me descolocó es imposible que Diana no supiese que Dickie era tío abuelo de Carlos y la figura paterna más importante en la vida del Príncipe de Gales. Ese es un punto en contra de las grabaciones. Primero que dan un visión subjetiva.

  Lady Di en 1980, cuando comenzó a salir con el Príncipe de Gales

Segundo, que no es una entrevista formal. El propósito principal de las cintas era que el instructor de Diana, Peter Settelen, lo consideraba un buen ejercicio para que la Princesa mejorase su expresión vocal pública. Tercero, Diana recuerda de manera descuidada sucesos que ocurrieron hace una década y que ella percibe a través de un cristal opacado por rencor, tristeza y humillación. Por tal razón, ella se contradice contantemente y se refiere a su marido y todo lo relacionado con el de manera tan displicente.

La reacción de Carlos (según Dian) a sus muestras de simpatía también fue estrambótica. Aparéntemente,  el futuro rey se abalanzó sobre la adolescente y comenzó a besarla con pasión. Gesto que, en vez de agradar a Diana, la hizo sentirse incomoda. En sus propias palabras, ella nunca había tenido novio ni enamorado formal o informal (se estaba guardando para ese hombre importante que había idealizado en su mente) y no sabía cómo manejar las cosas. El hecho es que juiciosamente se rehusó a acompañarlo a su residencia de Buckingham Palace.

Sin embargo, aceptó ir al yate privado de la Familia Real para la Semana de Cowes (agosto 1980) porque habría otras personas. Diana fue muy juiciosa en sus encuentros con el príncipe antes del compromiso, 13 según su memoria (el resto fueron charlas telefónicas). Siempre se encontraban en sitios públicos o donde habían otros presente. Nunca hicieron nada que pusiese en peligro su reputación.



Contrasta este comportamiento maduro y discreto con las decisiones impulsivas, torpes e insensatas que tomaría una década más tarde. Asombra ver lo cuidadosa que era la futura princesa que en sus propias palabras ya estaba enamoradísima. Claramente quería evitar los errores de su hermana y de otras “novias” de Carlitos. Tampoco es que fuese calculadora.  Simplemente es como nos educaban a las “niñas bien” de entonces (La Princesa era dos años menor que Servidora). Diana tenía muy claro su objetivo en la vida, casarse con el hombre soñado y, en ese momento, ese individuo se llamaba Charlie Windsor.

Suena extraño cuando amigos, e incluso parientes definen a Lady Di como “una mujer determinada”. Choca esa imagen con la que ella se construyó de “la virgen sacrificada” y “el corderito rumbo al matadero”. Inclusive en el punto en que Diana se sintió atrapada, superada, incapaz de hallar soluciones a sus problemas, fue perfectamente capaz de tomar decisiones, aunque fuesen las peores. Algo para tener en mente cuando se observa este mamarracho que ha construido Peter Morgan. Diana Spencer era un ser fascinante, muy compleja, no esté espantapájaros que Emma Corrin insiste en interpretar y que es nada más que la última carta de los anti monarquistas.