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jueves, 5 de noviembre de 2020

“¿También Sos... Nazi? “: Romeo y Julieta en el Tercer Reich

 


En el blog anterior señalé como Viviana Rivero, por razones muy suyas, corrompió el tema del romance entre judíos y nazis. Eso no quita que, en ficción como en vida real, este trope haya provocado historias conmovedoras. Algo que aprendí con “Un secreto bien guardado” es que la propuesta sigue muy de moda, tanto en inglés como castellano, y tiene unas normas que Viviana Rivero atropelló sin saber utilizarlas. Si te gustó “Secreto” aquí encontrarás otras historias similares mejor contadas. Si no te gustó, ve como el tema puede funcionar si cae en manos peritas.

Fantasías de Colegiala Judía

Tras unos días de admirar arrobada la cuerpada de su dios teutón, Amalia la protagonista de “Un secreto bien guardado”, se atreve tímidamente a preguntarle a Martin: “¿También sos... nazi?”  La respuesta afirmativa no acalla sus alborotadas hormonas. No hay que culparla, tras la guerra millares de mujeres de países ocupados sufrieron humillaciones públicas y muerte social por haber sostenido amoríos con el invasor.



¿Fueron todos esos invasores nazis convencidos? ¿Qué pasa cuando la pregunta ya tiene respuesta y quien está en el dilema es una judía a quien la decisión puede costarle la vida? ¿Cómo un buen alemán, expuesto a propaganda que retrata a los judíos como bestias infrahumanas,  puede llegar a amar a una de esas bestias?  ¿Como ocurrió en la vida real y como lo trata a ficción?

Cuando enseñaba, a mediados de los 80, en un colegio de señoritas judías, unas alumnas se me acercaron con una invitación. Habían creado un mini taller literario y, sabiendo que yo también jugaba a ser escritora, querían mi opinión. ¿Estaría yo dispuesta a escuchar la lectura de sus cuentos y a compartir algo escrito por mí? Acepté entusiasmada, pero cuando llegó el momento de escoger mi lectura, me acobardé.

Nunca he sido buena escribiendo cuentos, así que decidí llevar el prólogo de la novela en la que trabajaba en ese entonces. Su contenido me preocupaba. Se trataba de una meditación del protagonista, un oficial de la Wehrmacht involucrado en el fracasado complot de von Stauffenberg. Esperando a que la Gestapo viniera a arrestarlo, rumiaba sobre los motivos que lo habían llevado hasta ahí incluyendo su amor por una judía.

Llegado el día de la reunión y ya en el comedor vacío de la escuela, estaba yo muy incómoda con mi cuadernito enfrente mío. ¿Cómo recibirían este cuento unas niñas cuyos abuelos y hasta padres habían sobrevivido el exterminio nazi? Decidí dejar que ellas leyesen lo suyo primero. Comenzó B. de catorce años. De familia poco religiosa, había sido enviada a ese colegio por motivos de disciplina. Era la más literaria del grupo y su especialidad era el terror, quería ser una Stephen King con faldas.

El cuento era sobre las aventuras de un nazi furibundo que, tras su muerte, en una emboscada partisana, recibe una oportunidad de redimir sus pecados convirtiéndose en un fantasma que ayuda a los judíos incluyendo a una jovencita de la que se enamora. No alcanzaba yo a cerrar mi boca abierta de asombro cuando ya se paraba S., mi alumna favorita. De familia mixta como la mía, había venido a esa escuela buscando ser más religiosa.

Su cuento giraba en torno a Hannah, encerrada en el Ghetto de Varsovia cuyo único entretenimiento es una brecha en un muro, demasiado pequeña para huir, pero lo suficientemente grande como para ver el mundo exterior. Un día, Hannah encuentra una bolsa de papel y dentro un pan. Desde ese instante todos los días Hanna encontrará comida. Fascinada por esta ayuda imprevista, espiaba para saber quién es su benefactor. Para su sorpresa resultaba ser un oficial alemán (un oficial, nunca se trata de un soldado raso. Somos muy esnobs las judías) con quien entablaba amistad que devenía en romance.

Acabado el cuento, tuve que compartir con ellas mis dudas y me respondieron riéndose: “¡Miriam, todas las chicas judías que queremos escribir comenzamos con este tipo de cuento!” Tenían razón. Es un tema que se basa en múltiples fantasías femeninas: una relación prohibida donde el amor triunfa; una ilusión en la que hasta los nazis se rinden ante el amor; y un escape a una pesadilla. La idea de que en momentos de crisis no hay que perder la esperanza de que la humanidad supere a la bestialidad.

Suena tan bonito ¿no? Pero si se hace con descuido se acaba en lo que Hannah Arendt llamaba “la banalización del mal” o o que en su Holocaust Representations, Berel King denominó “una deshonestidad inmoral”. Eso es lo que ha cometido Viviana Rivero, pero no es la única. Si combinamos la ignorancia sobre lo que realmente representó el nazismo con imágenes idealizadas y saneadas de los campos de concentración y de los nazis, es explicable este tipo de “novela rosa del holocausto”.

El Holocausto en Wattpad

En Dapim, una revista dedicada a estudios sobre la Shoah, Stephanie Benzaquen-Gautier escribió, en el 2018, un ensayo (“Romancing the Camp”) sobre cómo se manifiesta este fenómeno en Wattpad. Este es un sitio web donde escritores amateur y profesionales pueden colgar sus obras literarias sean cuentos, novelas, ensayos, fanfiction o poesía. Según el artículo, había en ese momento más de mil cuentos/novelas en el sitio, en las cuales Romeo llevaba una suástica en la manga y Julieta una estrella en el pecho.

Me fui a revisar el sitio y encontré que hay 178 romances en español de este tipo y escritos por jovencitas apellidadas Arancibia, Zamora y Sánchez. Las historias son penosas no sé si más por la ignorancia histórica o por el estilo que denota la juventud e inexperiencia de las autoras (muy parecido al mío en mi adolescencia). Lo triste es que están tan llenas de buenas intenciones.

En La sombra de mis recuerdos, la autora (Isabela Serrano) la dedica “a todas las víctimas del Holocausto cuyas historias no fueron contadas”. En uno de los mejores ejemplos, Amor entre guerras de mi compatriota Fran Arancibia, el prólogo nos cuenta que la heroína no es una judía “sumisa”. Ayyy hija, ya con esa alusión a un estereotipo creado por nuestros enemigos jodiste tu buena intención.



La mayoría de las historias caen en puerilidades pedestres. En otras vemos un cierto tremendismo que me recuerda a ese feo capítulo de la ficción del Holocausto donde se le usó  para cintas francamente pornográficas. Aun así, me conmueve que niñas españolas y latinas escriban sobre el tema de manera positiva y también que todavía haya jovencitas que dediquen su tiempo a romances históricos (mi género favorito).

Los títulos lo dicen todo: En el corazón de un alemán; El nazi me ha mirado, ect. Aunque mi favorito es La chica bajo la farola donde el protagonista es Harry Styles. No es que la autora se imagine a su protagonista con la cara del cantante: el oficial alemán ES y SE LLAMA Harry Styles. Es el shipeo llevado a su máxima expresión.



No es mi intención burlarme de una experimentación sana. Agradezco se interesen en un tema tan complejo y cercano a mí.  Lo que me asombra que se haya publicado algo como Un secreto bien guardado en editoriales, cuando es obvio que pertenece a un sitio como Wattpad donde se esperan y perdonan errores nacidos de la inexperiencia de escritores principiantes.

Sin embargo, a pesar de la impericia de las autoras no encuentro en sus relatos resabios de los dos errores que más afean la novela de Viviana Rivero. Estas heroínas judías luchan en contra de sentimientos que las avergüenzan y todos estos protagonistas son nazis de nombre solamente, que repudian las leyes que les impiden amar.



De hecho, no encuentro nada parecido en la larga historia del Romeo y Julieta en el País de los Nazis a Un Secreto Bien Guardado, un ejemplo tan mortificante y espinoso que trivializa las historias contadas y no contadas de víctimas y sobrevivientes judíos o no. Recordemos que, ampliando el panorama, el trope también abarca amores de invasores alemanes y mujeres de los países invadidos y eso nos lleva al inicio del RYJEETR (Romeo y Julieta en el Tercer Reich).

El Caballeroso Soldado Alemán

Según mi investigación los primeros atisbos de estas relaciones prohibidas se dieron en la Francia Ocupada. Si Vercors no hubiese sido un patriótico resistente no se hubiese quitado de encima el estigma de simpatizante nazi debido a su novela El silencio del mar. Esta es la historia de una joven francesa que reacciona con un mutismo feroz a la presencia del invasor en su casa, incluso cuando el sentimiento se transforma en algo más.



Casi simultáneamente a la publicación de la novela corta de Vercors, Irene Nemirovski concebía su Suite Francesa. Aunque no hay evidencia de que Vercors y Nemirovski se hayan conocido y Le Silence de la Mer fue publicado un poco antes de que la escritora fuese deportada a Auschwitz, ambas historias contienen elementos similares: un oficial alemán refinado y musico que es hospedado de mala gana por una mujer que vive con un pariente mayor (tío en El Silencio, suegra en Suite Francesa).



Las diferencia es que en la novela de Nemirovsky, Lucile rompe el silencio y entabla un romance con Bruno. Pero tanto Bruno como von Ebrennac, el protagonista de El silencio del mar, son ingenuos que creen que pueden sustraerse a la criminalidad del régimen que representan. Al final von Ebrennac pide su traslado al Frente Oriental, en cambio Bruno cede su auto para que Lucile se marche a Paris a sabiendas que ella está ayudando a un resistente.





Tomaría más de una década atreverse con el tema nuevamente y no sería en Occidente. Fue en 1959, y detrás de la Cortina de Hierro, donde se filmó la coproducción de Alemania del Este y Bulgaria “Sterne” (Estrellas). 



Walter, un oficial de la Wehrmacht, irresponsable, y vividor, está feliz de haber conseguido un empleo de oficinista en Bulgaria, lejos de los campos de batalla. Cerca de donde trabaja hay un campo de tránsito para judíos griegos (posiblemente macedonios).

Un día, Walter conoce a Ruth una prisionera que le suplica le consiga un médico para una compañera que tiene un embarazo difícil. Apiadado, el hombre lo hace, aunque no es gran ayuda, puesto que los judíos incluyendo a Ruth son enviados a Auschwitz, pero (aquí entra ese factor obligatorio de este tipo de narrativa) el alemán ha evolucionado. Aunque sabe que no puede salvar a la mujer que ama, se une a los resistentes búlgaros para luchar contra el régimen que se la arrebató.



“Estrellas” fue una gota de agua en una barrica de vino. A pesar de ser premiada en el Festival de Cannes, es hoy casi olvidada, como lo fueron esos amores prohibidos por muchos años. Yo me encontré con ellos en el mundo inesperado de la telenovela.

En 1969, Don Ernesto Alonso produjo para Telesistemas Mexicanos la antecesora de Televisa “Sin Palabras”, otro de los famosos melodramas donde Amparito Rivelles se la pasa buscando un hijo perdido. Escrita por Carlos Lozano Dana, que dos años antes ya hubiese tenido otro éxito con “Lagrimas Amargas”, la historia vuelve a reunir a la Señora Rivelles y a Carlos Bracho, ahora como los Duhamel, un matrimonio involucrado con la Resistencia Francesa.

Los alemanes matan a Pierre (Bracho) y arrestan a su esposa Chantal, propiciando la obligatoria separación entre madre e hijo que caracterizó las actuaciones de Amparo Rivelles en la televisión mexicana. Chantal es enviada a un campo de concentración donde hace amistad con unos judíos interpretados por Maria Rubio y Javier Ruan (¿no sabían que hombres y mujeres eran separados?) y se granjean la antipatía de una Kapo (Ester Zavaleta).


                       Los resistentes Duhamel

Lo más prodigioso es que Chantal consigue llegar hasta Christian von Nacht, el comandante del campo. Von Nacht, interpretado por Gregorio Casals (con peluca rubia), en vez de hacerla ejecutar, se enamora de ella y comienza a recibirla a menudo. Vale decir que otro detalle incongruente es que Chantal conserva su cabellera y sus ropas de calle, un poco harapientas, pero que contrastan con las fotografías que conocemos de prisioneras calvas y con uniforme a rayas.

Von Nacht le revela a Chantal que es nazi por oportunismo, porque ayuda a mantener su estatus de aristócrata, pero que es un muy buen nazi ya que fue gobernador militar de Bruselas e impuso la ejecución de rehenes para controlar a la resistencia. Contrasta con este cruel cinismo, el hecho de que el comandante sea un hombre refinado, erudito y de buen gusto lo que recuerda al Bruno de Suite Française. Estos factores devienen en largos intercambios entre comandante y prisionera salpicados de los diálogos inconcebibles, pero maravillosos de Lozano Dana,.

En algún momento, von Nacht se ablanda y pretende ayudar a los prisioneros, pero la guerra se acaba, Chantal es liberada. Una vez de regreso en París recibe un mensaje del abogado de von Nacht. Al saberlo enjuiciado, Chantal decide testificar a su favor, pero él se niega a aceptar su ayuda. En su última entrevista, Christian le dice a Chantal que quiere ser castigado como un modo de alertar a la nueva Alemania de los crímenes cometidos por la vieja Alemania que el ve representada por su joven abogado. Ni Burt Lancaster en “El Juicio de Nuremberg”.

Basado en Hechos Reales

Me pregunto si Lozano Dana habría conocido la historia de Helena Citronova y si se inspiró en ella. Citronova solo vino a relatar su historia para un documental de la BBC en el 2005, pero su caso es lo más cercano a lo que aparece en “Sin Palabras”.



Helena Citronova, una judía eslovaca, de 22 años, llegó a Auschwitz en 1942. En semanas vio que el sitio era un infierno y que sus compañeras enloquecían o recurrían al suicidio como única salida. Decidió arriesgarse en una movida que era castigada con la muerte si descubierta.

Se puso el uniforme de una presa que trabajaba en “Canadá”, el sitio más privilegiado de Auschwitz (los otros eran la cocina y la orquesta). Canadá era el edificio donde se guardaba el equipaje de los prisioneros. Los que trabajaban ahí se encargaban de dividirlo, de ver lo más valioso y e incluso de revisar forros de abrigos y bolsos para ver si escondían joyas y objetos de valor. Esas fotos que hemos visto de pilas de lentes y zapatitos de niños corresponden a Canadá.

La mala suerte de Helena hizo que una de las guardias la reconociera. Le hizo saber que al final de su día seria castigada. CItronova sabía que eso significaba la muerte. En eso llegó un soldado alemán, se trataba del cabo primero Franz Wusch, conocido por su crueldad. Les contó a las empleadas que era su cumpleaños y quería saber si alguna sabia cantar para que le regalase una canción. Todas estaban paralizadas de terror, pero Citronova que ya no tenía mucho que perder, se atrevió. Al acabar estaba llorando.



El aplaudió y le pidió por favor le cantase otra canción. La cortesía del “Bitte”, palabra nunca usada con las prisioneras, sorprendió a Citronova que cantó una canción alemana. Solo al final se atrevió a mirar a Franz y vio una mirada llena de amabilidad. Tiempo después sabría que él acababa de enamorarse de ella. Wusch exigió que Elena permaneciese trabajando en Canadá, así le salvó la vida.

Desde ese momento iniciaron una amistad prohibida, clandestina que devino en amor. Cuando Rozinska hermana de Helena llegó a Auschwitz, Wusch (por petición de Citronova), la rescató de la cámara de gases. Por casi tres años, las protegió y esa es la razón por la cual sobrevivieron.

                                      Las Hermanas Citronova

 En sus declaraciones, Helena precisaba que ella luchó contra se sentimiento que supo superar el odio y que sus romance, aunque intenso, siempre fue casto. En su novela Auschwitz Syndrome, Ellie Midwood narra esta historia iniciándola a media res en el juicio de Franz en el que su mayor testigo de defensa es su esposa Helena. A pesar de que hay gente empeñada en ver esa relación como un resultado del Síndrome de Estocolmo y que el acusado es un asesino oportunista que se ha casado con su víctima para salvarse de la horca, la autora nos demuestra que ese amor si era verdadero.



Como la novela es vendida como “basada en hechos reales” muchos shiperos de Elena-Franz creen que se casaron en la vida real. Lo cierto es que el final de la guerra los separó y tomó un cuarto de siglo para que volvieran a encontrarse. En 1972, Franz Wusch fue llevado a juicio por sus compatriotas. Fue entonces que Las Hermanas Citronova testificaron a favor de él. En el banquillo, Wusch admitió que su amor por Elena lo había hecho mejor persona. Eso supera por lejos al insulso romance entre judía calentona y nazi imberbe de “Un secreto bien guardado”.

Si Citronova encontró a su Romeo nazi en el infierno de Auschwitz, Edith Hahn lo halló en el Múnich del Tercer Reich. En The Nazi Officcer Wife, Edith recuerda como su cómoda vida en Austria y sus estudios de leyes fueron interrumpidos por el Anchluss. Los nazis envían a Edith a trabajar a una granja en Alemania.



La joven logra huir y con papeles falsos que le consigue una amiga se pone a trabajar como enfermera en un hospital de la Cruz Roja. Ahí conocer a Werner Vetter, nazi convencido y racista, pero que se enamora de tal manera de Edith que, abandona sus ideales y a su esposa para casarse con la judía y seguir protegiéndola de un régimen que busca exterminarla.

                                             Werner Vetter

Los Vetter tienen una hija, Angelika. Werner es llamado a filas y se convierte en oficial (de ahí el título del libro). Al final de la guerra, Werner es hecho prisionero de los rusos. Edith comienza a trabajar para los Aliados y consigue la liberación de su marido, pero el intenso romance de guerra se desbarata. Warner vuelve con su primera esposa. Edith y Angelica se mudan a Londres. Edith vuelve a casarse. Cuando enviuda, emigra a Israel y ahí escribe su prodigiosa historia.

                                   Edith y Angelica

El libro es un éxito, pero incomoda. Se hace un documental sobre el en el 2003. En el 2011 se prepara una versión fílmica que contará con las actuaciones de Eva Green y de Thomas Kretschman en los roles principales, pero nunca se lleva a cabo. El tema está bien en un libro o un documental, pero un filme tiene más alcance, es más recordable y se teme que estas historias sean nocivas.

Por un lado, hay una censura moral en contra de este tipo de romances, por otro se teme a la perpetuación de un prejuicio muy en boga en la posguerra de que las judías que habían sobrevivido a los campos habían sido prostitutas de los nazis. Por último, se temía que mostrar el lado humano de los nazis disminuyese su crueldad colectiva y por ende la tragedia del Holocausto.

Por eso en los 80, la gran era de dramatizados sobre el Holocausto, las imágenes de judías y guardias nazis en campos de concentración serán de víctimas sumisas y cohibidas acosadas por monstruos brutales y poderosos. Así lo vimos en “Schindler’s List” (1993) y en “Sophie’s Choice” (1983).




Objetos Sexuales

 En la historia que abrió esa era dorada, “Holocausto” (1978). Meryl Streep interpreta a una alemana aria casada con un judío (James Woods) que es llevado a Buchenwald, cortesía de Müller, un nazi enamorado de Inga. Para salvar al marido, Inga debe acostarse con Müller. Esa era la visión de los nazis, abusadores de mujeres aun de las arias a las que convertían en objetos sexuales.



El consenso era que cualquier tipo de relación entre nazis y judía acababa mal y no podía estar basada en amor sino en Síndrome de Estocolmo como lo mostrara un día la infamosa y semi pornográfica “El portero de noche” (1974). En esa historia, Lucia (Charlotte Rampling), una dama de sociedad reconoce a un portero que le abre la puerta de un hotel de lujo. Se trata de Max Asolfer (Sir Dirk Bogarde) el oficial nazi que la violó y torturó en un campo de concentración. Lucia busca a su verdugo e inician un affaire sadomasoquista que acaba con la muerte de ambos.



Menos escabrosa era “Judith” (1966) basada en un cuento de Lawrence Durrell (el Larry de “The Durrels in Corfú”). Interpretada por Sophia Loren, Judith es una maestra judeo-alemana a la que la llegada del Tercer Reich solo trae desgracias. Su esposo ario la abandona llevándose a su hijo; sus padres son asesinados; ella es deportada a un campo de concentración donde es forzada a prostituirse.



Todo esto lo sabemos por boca de otros porque el filme inicia con Judith emigrando ilegalmente a Palestina en 1947. No es sionista, solo quiere un lugar donde vivir en paz y fundar su propia “república independiente de Judith”. Pero los nacientes servicios de espionaje israelí la necesitan para identificar a un general alemán que está adiestrando al ejército sirio. Se trata del ex marido de Judith.  Ella acepta, pero su agenda es propia. Quiere vengarse del marido y recuperar a su hijo.



El Caso del Buen Alemán

En la imaginación popular quedaba entonces inscrita que la relación nazi-judía, aparte de reprobable, tenía mal fin. ¿Pero qué pasaba con hombres que no aceptaban la ideología hitleriana?  ¿Eran tan nocivos como los nazis de corazón? Pues tampoco la ficción les reservaba finales que no fuesen trágicos. Eso lo vimos en una de las primeras epopeyas del Holocausto “El viaje de los malditos” (1976).

Malcolm McDowell interpreta a Max un camarero del malhadado St. Louis. No es nazi lo que es peligroso en un barco alemán donde la Gestapo ha infiltrado en la tripulación el equivalente a los comisarios soviéticos, vigilantes que deben evitar que los marinos se olviden que su cargo de refugiados judíos son enemigos del Reich.  De hecho, cuando un marinero se enfrenta al vigilante, acaba siendo arrojado al mar.

Max es más cuidadoso, pero su código moral le impide colaborar con los nazis lo que lo convierte en el hombre de confianza del recto Capitán Schroeder (Max von Sydow). Max es motivado también por el amor que nace entre él y Anna Rosen (Lynn Frederick), una pasajera judía. Cuando el filme llega a su momento más negro y ningún país de Occidente (incluyendo los de America Latina) acepta a los refugiados, Anna y Max hacen el amor y se unen en un pacto suicida. La moraleja es que aun con un buen alemán un romance de ese tipo debía acabar en tragedia.





Lo extraño es que en la vida real hay evidencias de que eso no era necesariamente cierto., Un ejemplo es Heinz Drossel. Hijo de antinazis, el joven abogado siempre se negó a tener tarjeta del Partido, prefiriendo servir en la Wehrmacht. Usando sus privilegios de oficial, Drossel comenzó ayudando a escapar a prisioneros rusos. En 1942, de permiso en Berlín, rescató a Marianne Hirschfeld que intentaba suicidarse como muchos judíos alemanes aterrados ante las deportaciones a Polonia que había comenzado en Alemania.

                              Heinz y sus padres antes de la llegada de Hitler al poder
                                              Heinz y Marianne

Desde entonces, Drossell aprovechó sus permisos para seguir rescatando judíos y mantener contacto con Marianne.  Después de la guerra, Drosell y Marianne se casaron. Hoy él tiene su arbolito en la Avenida de los Justos de Jerusalén, Pero lo que funcionó en la vida real no funcionaba en la ficción. Se temía a la relación de una judía con un representante del mundo nazi. Tenía que ser algo muy potente para poder ser aceptado y celebrado y ese fue el caso de El verano de mi soldado alemán de Bette Green.



Escrita en 1973 por una autora judía, precedió el nacimiento de los estudios del Holocausto y su efecto multimedia de fines de los 70. Tal vez por eso fue apreciada, a pesar de que Publisher Weekly describió el esfuerzo literario de Green como “valiente”. A pesar de que Greene escribiría una secuela “Morning is a Long Time Coming, y The Summer of My German Soldier se convertiría en 1978 en un filme para televisión, ese libro sigue siendo uno de los más prohibidos en las bibliotecas de USA debido al racismo de algunos personajes. Aunque es secreto a voces que la razón real es que representa lo peor de la sociedad estadounidense. Su personaje más altruista es un supuesto nazi.

Este relato sobre prejuicios en el Sur de Los 40 tiene como protagonista a la desdeñada Patty Bergen que a sus doce años ya sabe que su pueblo de Arkansas la desprecia por ser judía y sus padres la desprecian no sabe por qué, pero que ese desprecio se manifiesta en insultos y golpes por parte de su padre. Patty solo encuentra consuelo en otros aislados como ella: Ruth, su criada negra, y Anton, un joven alemán que ha huido de un campo de prisioneros cercano.



La historia acaba en tragedia. Antón es abatido por las balas del FBI, por haber ayudado al enemigo, Patty es enjuiciada y enviada un reformatorio. A pesar de que Antón es noble, desprendido y totalmente antinazi, la moraleja sigue siendo la misma. No se pueden mezclar agua y aceite. En realidad, hasta hoy, ese tipo de romance tiene mal fin. Por eso es por lo que el final de JoJo Rabbit es esperanzador, pero también por eso es por lo que “Un secreto bien guardado” es tan descabellada.

Salvando al Esposo Judío

¿Qué pasaba cuando se revertían los géneros?  ¿Había más esperanzas en el romance cuando era la chica la perteneciente al mundo ario?  En “La Ladrona de Libros” (2013) vimos un incipiente romance entre LIesel, la protagonista, y el chico judío que sus padres adoptivos ocultan en su hogar. Lo importante es que (al revés de JoJo Rabbit) Liesel no es nazi, sus padres eran comunistas, ella ha transgredido las órdenes del Fuhrer al rescatar libros de las hogueras nazis, puede convertirse en rescatista.



Meryl Streep se hizo famosa al interpretar a la devota esposa aria de un judío en “Holocausto”. Una mujer sencilla, sin estudios, que arriesga su visa para ayudar a su familia política y a su esposo. Inspirada por la homilía antinazi del Pastor Martin Nuemoller, Inga hasta sigue a su marido a los campos. Aunque Karl muere en Auschwitz. Inga y su hijo sobreviven Terezin.

                                 Boda de Inga y Karl

Esa evolución de Inga que no existe en “Un secreto Bien Guardado” también aparece en una de mis novelas favoritas La Casa de Christina de Ben Haas que perdí en Chile y he podido recuperar acá. A pesar de que fue escrita hace 40 años, es buenísima. Christa es una joven aristócrata en la Austria pre-Anchluss. Hay tres hombres interesados en ella: el novelista estadounidense Lan Condón; su vecino Robert que es nazi; y el millonario judío Joseph Steiner. En el espacio de nueve años, Christa se casará con Lan, será amante (por obligación) de Robert y se embarazará de Joseph.



No quiero contarles más porque es una gran novela, búsquenla y léanla. Está en Amazon en español y a bajo precio si la compran usada. Para los propósitos de esta nota, solo les cuento que Christa rechaza a Joseph cuando él es poderoso y pretende comprar su amor. Es durante la guerra, cuando debe ocultarlo y protegerlo, que se enamora de él. Y es que las mayores salvadoras de los judíos alemanes fueron sus esposas arias.



En “Forbidden” (1983), Jaqueline Bisset daba vida a la Condesa Nina von Halder. Se trataba de la historia real de una estudiante de veterinaria, antinazi y rescatista alemana, que se pasó la guerra ocultando a su amante, el novelista judío, Fritz Friedlander (Jürgen Prichnow), incluso teniendo un hijo con él. Ambos sobrevivieron la guerra y pudieron casarse.



Aunque el romance principal es ficticio, “Rossenstrasse” (2003) documenta la única protesta en suelo alemán en contra de la deportación de los judíos. En febrero de 1943, los esposos judíos de gente aria fueron arrestados y encerrados en un edificio de la Calle de las Rosas de Berlín. Por una semana, y a pesar del frio invernal, las esposas protestaron el arresto e inminente deportación de sus maridos. Al final de la semana, ellos fueron liberados.



El filme cuenta la historia de la Baronesa Lena von Essenbach, una pianista que es repudiada por su familia por haberse casado con el violinista judío Fabian Fischer. Después del arresto de Fabian, Lena se une a un grupo de mujeres (llegaron a ser mil pidiendo la libertad de 1,800 hombres) de diferentes edades, clases sociales y circunstancias, unidas por un propósito común.

En las protestas, Lena se hace cargo de la pequeña Ruth cuya madre también ha sido arrestada. La diferencia es que el padre ario de Ruth no levanta un dedo para ayudar ni a su mujer ni su hija. Lena y Fabian adoptan a Ruth. Años más tarde, Ruth (viuda de un judío) se opone al romance de su hija Hannah con un latino que no es judío. Solo cuando Hannah viaja Berlín a entrevistarse on Lena comprende el miedo de su madre de que en su hija se repita la historia de la abuela.

Se Exige Final Infeliz

El infame Código Hays insistía en que si había un romance entre blancos y gente de diferentes razas debía acabar en tragedia con uno de los participantes pagando con su vida su delito. Parecía que en el trope “Romeo y Julieta en el Tercer Reich “debería ocurrir lo mismo, e incluso relatos de la vida real no decían lo contrario.

En 1994, el cineasta alemán Ulf von Mechow produjo “La Judía y el Capitán”, un documental que lamentablemente es difícil de conseguir (está en Amazon Prime) y que no tuvo gran exposición en Estados Unidos donde fue presentada en el Festival de Cine de San Francisco en 1996. Subtitulada “Los Amantes de Minsk” se basa en entrevistas con Ilse Stein, una adolescente judía que fue enviada, junto a su familia, desde Alemania hasta el ghetto de Minsk, en Bielorrusia, en 1941. Su llegada coincidió con una “Liquidación” (léase exterminio) de gran parte de la población judía del ghetto. Necesitado de personal, su nuevo comandante Willy Schultz contrató a Ilse como secretaria.



Lo que hubiera podido ser un asunto sórdido, como lo ha relación Amón Goeth-Helen Hirsch en “La Lista de Schindler”,  se convirtió en un intenso romance a pesar de ser Schultz casado, a pesar de ser mucho mayor que Ilse que contaba solo 17 años, y a pesar de que la ideología nazi no permitía esos sentimientos hacia judíos. El romance sobrevive en fotografías de la pareja encontradas en los archivos de la KGB. Destaca una, tomada por Schultz, que nos muestra una Ilse cómoda y serena, como si no estuviese en un ghetto.



En la próxima liquidación, Schultz escondió a Ilse y a otra docena de judíos en un galpón para salvarlos. La actitud humanitaria del comandante no pasó desapercibida a ante sus superiores. Consciente de eso, Schulz elaboró un audaz plan de escape en el que, fingiendo llevar a 25 judíos (entre ellos Ilse y sus hermanas) en una expedición en busca de leña, se internó en un bosque donde liberó a los prisioneros, la mayoría de los cuales se unió a grupos resistentes locales. Schulz e Ilse continuaron hacia Moscú, un viaje de seis mees que Ilse consideraría los mejores de su vida, pero la llegada a territorio soviético no fue grata.

A pesar de que Schutz había sido condenado a muerte in absentia por los nazis, los rusos encerraron al oficial en un campo de “reeducación “en el cual murió de un ataque cardiaco (eufemismo estalinista para muerte bajo efectos de tortura) en 1944. La embarazada Ilse fue enviada a Siberia donde enfermó. Su hijito murió cuando tenía tres meses.

Ella confiesa en las entrevistas que dio en el documental que esa época fue peor que sus años en el ghetto. Eventualmente, Ilse se integró a la sociedad rusa, se casó y tuvo hijos, pero por sus palabras se deduce que su matrimonio con Arkady Joblenko fue por razones prácticas, y que el amor de su vida fue Willy Schultz.



Este romance (que me ha conmovido cien veces más que el superficial amorío de Amalia y Martin) fue muy admirado en la rusia del glasnost. El año pasado, Ellie Midwood (la del Auschwitz Syndrome) lo usó para su novela No Woman’s Land., pero de Midwood hablaremos en el próximo blog cuando lleguemos al Siglo XXI. Lo que sí creo es que el romance del ghetto de Minsk era conocido por Lauro Muñiz cuando escribió “Acuarela Do Brasil” (2000).



En esta miniserie, Daniela Escobar bajó diez kilos para interpretar a Bella Landau, judía rumana que es salvada de los campos de exterminio por el oficial alemán Axel Bauer. Axel deserta del ejército (tal como lo hizo Willy Schulz) y junto a Bella huyen a Brasil. Es 1943, Getulio Vargas ha declarado la guerra al Eje, Bella es admitida, Axel no. Nunca llegué a ver completa la serie, pero aparentemente Axel muere y Bella se queda en Brasil con otro amor.

Voy a detenerme aquí para no hacer más pesada esta lista. Para la próxima entrega hablaremos de cómo ha tratado el tema el Siglo XXI, de cómo se ha acoplado el trope al revisionismo histórico de las relaciones entre ocupantes alemanes y mujeres de los países ocupados, y como en estos últimos años, un par de filmes han intentado romper ese tabú de que nazis y judías si pueden tener un futuro juntos. ¡Hasta la próxima!

 

jueves, 4 de julio de 2019

El Drama de Época Español: La fórmula de las glorias literarias (1968-1982)



Lo más chocante de “Alta Mar”, la miniserie española que Netflix estrenó hace algunas semanas, no son sus muchas fallas argumentales y técnicas, sino el repudio que ha sufrido por parte de críticos y blogueros. Me recordó el silencio mediático que acompañó el debut de “La Otra Mirada”.  Ambas son period pieces. Ambas representan una fórmula que está siguiendo al género desde “Gran Hotel”. Según los expertos la formula ya ha caducado. ¿Será? ¿O es que el drama de época español, que antaño gozara de merecidísima fama, solo descuella si está apoyado en bases literarias?

“Alta Mar” es la tercera producción ibera de Netflix y la segunda de época. Sin embargo, ya se habla de que es “el primer tropiezo” de Netflix. ¿La razón? Se ha abusado de un estilo que gobierna ahora el drama de época español. Se busca construir un argumento alrededor de historias corales sea en una tienda de modas (“Velvet”), o el “Gran Hotel”, o la central telefónica de “Las Chicas del Cable”.  Ahora en este cuento de misterios y asesinatos en un trasatlántico, no parecen lucirse y da la impresión de que la formula se ha vuelto claustrofóbica.

Diferentes son los cuentos de barrios o pueblos chicos donde el pasar de los años y la salida y entrada de personajes crean un ambiente más dinámico. Esos han sido los casos de “Cuéntame cómo pasó” “Amar en tiempos revueltos” y “El secreto de Puente Viejo” Pero soy de otra opinión.  Como fanática del period piece y como criticona profesional yo diría que lo mejor de época (hecho en lo que va del siglo en suelo español) es o una buena ficción histórica como lo fue la insuperable “Isabel”, o una historia cuya trama ya venga de libro como fue el caso de “El tiempo entre costuras” que al final superó a la novela de Maria Dueñas.

Mi visión subjetiva es que la ficción histórica española sufre de varios problemas: la preponderancia de una memoria histórica o (histérica) que impide revisar los hechos de manera objetiva; falta de ambientación y atmosfera de época; presentismo, anacronismos y poca complejidad tanto en la historia como en los personajes. Incluso puede pasar como en la adaptación de La catedral del mar de Idelfonso Falcones que dejó todo que desear puesto que el material original era panfletario y mediocre.

No pretendo ser una experta en el género de época o de su sitial en la televisión española, pero debido a que mi amor por la ficción histórica televisiva nació de grandes series ibéricas, y porque vi como el tema evolucionaba a través de seis décadas, me permito compartir con ustedes mis impresiones.

Los Pioneros
No sé cuándo comenzaron los dramas de época en la televisión de España. He oído de una serie del ‘66 llamada “Diego de Acevedo” sobre las guerras napoleónicas, pero la primera que vi y amé fue una serie titulada simplemente “Cuentos y Leyendas”. Se hizo entre 1968 y 1969 y llegó a Chile el ‘71. Se trataba de un programa que serializaba grandes historias de la literatura universal.

Gracias a estos seriados que duraban cinco capítulos (de lunes a viernes) conocí escritores como Henry James y O’ Henry, lloré con la Eugenia Grandet de Balzac y vi la mejor versión de Los Miserables con Pepe Calvo como Jean Valjean. Aunque me dicen que esta versión no era de “Cuentos y Leyendas” sino del programa “Novela” o Telenovela “que a comienzos de los 70 adaptaba grandes novelas. A propósito, toda la miniserie está en YouTube y con ese comienzo tan característico con la suite de Romeo y Julieta de Prokofieff.

Lo mejor de estas series es que me motivaba (en una era pre-Wikipedia, Internet y ordenadores) a ir a un Manual de la Literatura Universal que tenía mi padre en su biblioteca. Así descubrí que Fernán Caballero, quien había escrito Elia, era una señora llamada Cecilia Bohl de Faber.

“Cuentos y Leyendas” era presentada por el Canal Nacional, pero el 4 de Valparaíso comenzó a dar una noche de la semana, el “Teatro de Siempre” ahí me di el placer de ver en escena obras que antes solo había leído como Un marido ideal de Oscar Wilde y El Rey Lear de Shakespeare. Otras obras me empujaron a la biblioteca nuevamente.

El Tío Vania me tuvo leyendo a Chejov; El Pato Salvaje me tuvo zampándome el grueso volumen de las Obras Completas de Ibsen (Edición Aguilar); y una obrita llamada Gerona me abrió la puerta a la apetitosa experiencia de conocer la literatura galdosiana. Hasta había actores que se hacían conocidos como Maria Massip que se especializaba en lo ruso y tanto era Elena en El Tío Vania como la Maslova en la Resurrección de León Tolstoi.
Maria Massip en El Tio Vania

María Massip en Resurrección

La última que vi de estas series fue en 1973, El Niño de la Bola con Maribel Martin como Soledad. Lo que no sé es a qué serie perteneció el Rocambole, basado en el folletín de Ponson du Terrail que protagonizó precisamente el marido de Maribel Martin, Julián Mateos.

Todas estas series tenían un bajo presupuesto para nuestros estándares modernos. Eran en blanco y negro, filmadas en interiores, sin efectos especiales, pero las actuaciones eran ejemplares y gracias a los vestuarios comencé a distinguir la diferencia de las modas decimonónicas por década. Así entendí que la Leonora de Don Álvaro o la fuerza del sino no podía vestirse como la Nora de Casa de muñecas.
Don Alvaro o la fuerza del sino

Las Noches de “El Quinto Jinete”
Mi viaje a USA cortó mi aprendizaje en modas y literatura, aunque mi pasión por los clásicos no mermó. En mis primeros años en Nueva York no tuve cercanía con ningún producto español descontando uno que otro comercial de Varón Dandy o Remy Martin. Pero en el otoño de1976, Telemundo comenzó a transmitir los viernes por la noche una serie llamada “El quinto Jinete”. 

Se trataba de una seriado en que cada unitario (eran catorce) estaba basado en algún famoso cuento de terror. A propósito, hay quien dice que son solo trece, pero se olvidan de una estupenda adaptación de El Estudiante de Salamanca de Espronceda.

La mayoría de los cuentos los conocía yo por la antología Narraciones Terroríficas que todavía conserva mi padre en su casa y que nos leía de pequeños. Era un placer ver esos cuentos en pantalla a todo color, con cinematografía espectacular sobre todo en exteriores.

Dirigidos con mucho primor por José Antonio Paramo, los cuentos tenían además la peculiaridad de sus ambientaciones. Por ejemplo “La Mujer del Sueño” de Wilkie Collins era trasladada al Viejo Oeste americano; “El Misterio” de Leonid Andreiev se situaba en la España pre Guerra Civil y “La Renta Espectral” de Henry James tenía lugar en el Londres de Los Años 20.
Eusebio Poncela en "La renta espectral"

A veces el traslado de época crea un enfoque diferente que renovaba el cuento. “El Demonio”, un cuento menor de Maupassant adquiere dimensiones sociopolíticas al trasladarse a la Francia de la posguerra. La Rapet, que en el cuento es una simple campesina, ahora se ve como una mujer de edad mediana, coquetona y ambiciosa que representa toda la codicia, corrupción y deshumanización que es el legado de la Ocupación Alemana. Por si nos queda duda, la radio que es el trasfondo de la primera parte, nos informa sobre el fusilamiento de colaboracionistas y los crímenes del Dr. Petiot.

Por otro lado, cambiar de época el relato de Merimee “Loki”ahora llamado “el Aullido”ayuda a crear una atmosfera aún más terrorífica. ¿Qué importa que el protagonista sea un español de la Transición si al hogar que regresa queda en la lejana y mística Galicia con sus tradiciones de meigas y lobisones? Les dejo como ejemplo la primera escena para que vean cómo se siente ya espeluznante el cuento y como el ambiente era favorecido por la cortina de la serie con su música retumbante.

El Drama de Época en La Transición
Lamentablente se trató de una serie limitada, pero a fines de los 70 ocurrió un evento que me permitiría asistir a nuevos enfoques iberos del period piece. En 1977 se restauraron las relaciones diplomáticas entre México y España. El tratado fue sellado no solo con una visita del presidente de México a la corte madrileña sino también la de los Reyes a México, primera ocasión en que un monarca español ponía pie en el Nuevo Mundo. Este reinicio de relaciones tuvo su repercusión en el área cultural y no solo en el hecho de que Carlos Fuentes fuese nombrado embajador en España.

Incluso la cultura popular salió beneficiada. Televisa envió a Silvia Pinal a hacer varios programas en la televisión íbera y varios actores españoles como JL Galiardo y Victoria Vera, entre otros, siguieron el sendero hasta San Ángel y sus telenovelas.

 En 1997, Amparito Rivelles buscó por última vez un hijo perdido en “Pasiones Encendidas” y volvió a la patria de la cual se había exiliado, rompiendo el corazón de telenoveleros como mi padre que la había seguido fielmente. Reapareció en RTVE con una resurrección de su acento castizo. “¡Qué andaluza se ha puesto!” comentó mi padre.


Amparo Rivelles y Alberto Closas en Rosas de Otoño

Madame Rivelles se volvería un rostro reconocible en el drama de época de la Transición fuera en Rosas de Otoño de Jacinto Benavente o en la incomparable adaptación de Los gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester. El period piece ibero siguió siendo inspirado por la literatura universal. “El Teatro de Siempre” continuó presentándonos obras de Pirandello, Wilde y Bernard Shaw, ahora con fastuosos vestuarios y a todo color. En el caso de obras españolas como Fuenteovejuna y El Alcalde de Zalamea (1975 con Paco y Teresa Rabal) se iba más lejos filmando en exteriores y escapándose de las limitaciones de un escenario.
Paco Rabal como El Alcalde de Zalamea

Por otro lado, la adaptación de novelas adquirió tintes cinematográficos comenzando con un desentierro de las Novelas Valencianas de Vicente Blasco Ibáñez. Y así pudimos conocer La Barraca con Álvaro de Luna y una jovencísima Victoria Abril, y a Victoria Vera como la Neleta de Cañas y Barro. Ambas filmadas en escenarios naturales de Valencia, donde el paisaje pasaba a ser un actor más.

En términos de unitarios se conservaba la misma diversidad y el primor de las puestas de escena. En el programa “Libros” se vieron adaptaciones tanto de los cuentos de Bocaccio como del Martin Fierro, de El Libro del Buen Amor como de la Niebla de Unamuno. Pero también se hicieron fastuosas producciones de otras obras como de la ya mencionada Los Gozos y las Sombras, de Los Pasos de Ulloa de la Condesa de Pardo y Bazán y la mejor, la que yo considero todavía insuperada, Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós.

Entre Galdós y Torrente Ballester
Una suerte que “FyJ” esté completa en YouTube (aunque el audio no es perfecto) para que hoy se pueda apreciar lo que se hacía en España en 1980 (y que no se ha vuelto a hacer). La recreación del Madrid decimonónicosiempre personaje importante en la obra galdosianala banda sonora, melancólica y alegre a la vez, creación de Antón García Abril y sobre todo las actuaciones hacen de este un clásico imperdible.

¿Qué se puede decir de una miniserie que cuenta con las actuaciones de Francisco Rabal, Fernando Fernán Gómez, Mary Carrillo?  Es todo el elenco el que lleva el peso de la historia de dos mujeres (una historia de casadas fue el subtítulo de Galdós) de clases y temperamentos diferentes que cometen el error de enamorarse del mismo hombre y de buscar desesperadamente un hijo que las una más a él. Todo esto con un trasfondo de revoluciones Guerras Carlistas,  Reinado de Amadeo I, Primera República y Restauración Alfonsina.

Yo conocía a Maribel Martin por haberla visto como Isabel la Católica en “La Espada Negra” y como Viv en “La Profesión de la Señora Warren”. Aquí es una Jacinta intensa, una mujer que casa con su primo y enfrenta su esterilidad empeñándose en encontrar y adoptar al supuesto hijo que su marido ha tenido con otra, aunque esto la lleve a incursionar en los bajos fondos madrileños.

Ana Belén a la que conocía como cantante, esposa de Víctor Manuel e icono del Destape, me asombró. Primero por su belleza enfundada en ese vestuario de ensueño que delinea la evolución de Fortunata de chula de pueblo, a pupila de un convento-reformatorio, a esposa de un hombre de clase media, pero que nunca puede huir del imán que es para ella su primer amante, Juanito Santa Cruz. 
Segundo con su vigor actoral que me hizo querer y entender a Fortunata, a la que odiaba en el libro.

Aunque reitero que FyJ no ha sido superada, el próximo esfuerzo de RTVE les llegó a los talones.  Se trata de la adaptación de Los gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester. Charo López quien enseñara escote y colmillos como la Sdenka de “La Familia Vourdalak” en “El Quinto Jinete”, quien protagonizase Maribel y la extraña familia en “teatro de Siempre” y quien retratase (tal cual la describe Galdós) a la prostituta y madre soltera Mauricia, La Dura en “Fortunata y Jacinta iba a convertirse en la reina no oficial del drama de época de la Transición.

Así se la sentía cuando fue elegida para interpretar a Clara Aldán la heroína-víctima de este cuento de conflictos entre el pasado y el presente de una aldea gallega en vísperas de la Guerra Civil.

Cuando el psicólogo Carlos Deza (Eusebio Poncela), a mediados de los Treinta, abandona Viena, donde ha sido discípulo de Freud, para regresar a la tierra de sus ancestros no se espera encontrar tantas sorpresas. La primera es descubrir que la antigua nobleza de la cual desciende ha caído en desgracia y más que venida menos se ha vuelto una caricatura de sí misma.

 Los parientes del Dr. Deza son la matriarca Mariana (Amparo Rivelles) que, aunque conserva su caserón y cierto poder, es despreciada por los aldeanos por haber tenido un hijo sin casarse. En cambio, Los Aldán, primos de Carlos presentan otra imagen de decaimiento.
Charo López y Amparo Rivelles en "Los gozos y las sombras"

Juan (Santiago Ramos) un excomunista sigue su carrera de agitador social empujado por un secreto resentimiento de que el ser hijo ilegitimo de un conde no le permite ser aceptado por la clase de su padre. Su hermana Inés (Isabel Mestres) es una beata que vive en un mundo propio y sueña con entrar a un convento. 

Clara, la menor e irónicamente la única legitima, por lo tanto, la única heredera del título del padre es también la única de la familia que ha aceptado su realidad. Lucha por salir adelante como cualquier mujer de pueblo a pesar de que la persigue un injusto estigma de ser una desvergonzada.

Carlos Larrañaga, hermano de Amparo Rivelles en la vida real, es un villano muy interesante. Cayetano Salgado es hijo de un pescador que ha surgido en la vida hasta convertirse en un industrial millonario y dueño de los astilleros y fábrica de conservas que dan empleo a muchos aldeanos. El poder económico le otorga a Cayetano un aura de señor feudal que hasta solicita “derechos de pernada”. El conflicto entre Cayetano y los nobles”” churruchaos”, ahora aliados con les pescadores, adquiere otro cariz cuando el cacique se enamora de Clara quien ama sin esperanzas a su primo Carlos. Esto escalará hasta llegar a un final violento y agridulce.

 Esta galardonada producción, que llegó a recibir dos premios ACE, cerró con broche de oro la era de las grandes adaptaciones literarias de La Transición. Sin embargo, queda la pregunta ¿No había dramas de época españoles que no tuvieran libros como base?  Curiosamente una de las series más populares de los 70 seria también uno de los primeros period pieces originales de la televisión española. Me refiero a “Curro Jiménez”.

Los Años de Curro Jiménez
Esta serie del emblemático bandolero andaluz puede calificarse de histórica al tener lugar en la Andalucía de los primeros años del Siglo XIX, de continuar a través de La Guerra de la Independencia y acabar en los años de la Restauración Fernandina. El protagonista está inspirado en un personaje real, un bandido apodado “El Barquero de Cantillana” cuyo verdadero nombre era Andrés Francisco López Jiménez. Como Curro, El Barquero se había “hecho al monte” tras matar al novio de la mujer que amaba, y a sus cómplices.

El único problema es que El Barquero operó en la Andalucía del tiempo de las primera Guerra Carlista, siendo abatido en 1844 por la recién organizada Guardia Civil. No hay modo de que anduviese peleando contra los franceses. Además, no era tan generoso ni justiciero como el personaje de Sancho Gracia. Lo que nos lleva a pensar que Curro Jiménez era una amalgama entre El Barquero y José Maria “El Tempranillo”, el epitome del bandido generoso.
La omnipresente Charo López tampoco se perdió de estar junto a Curro Jiménez

El caso es que Curro Jiménez, y su Merry Band of Men, El Algarrobo (Álvaro de Luna), El Estudiante (José Sancho), El Fraile (Francisco Algora) y El Gitano (Eduardo Garcia)  se convirtieron en los favoritos de la teleaudiencia de fines de los 70. A pesar de que en su momento tuvo sus detractores o gente que se burlaba del intento de crear un western a la española. No caían en cuenta de que lo que veían era totalmente castizo.

 Cuando la Cadena SIN la pasó entre 1978 y 1979, yo (aparte de enamorarme perdidamente del delincuente) me fui a la Biblioteca Central de Nueva York y del sótano hice que me subieran los dos tomos de El Bandolerismo: estudio social y memorias históricas de Julián Zugasti que me devoré en tres sesiones.Me di cuenta, antes que lo historiadores de la televisión, de que la serie era una denuncia social al caciquismo y un himno a la libertad, temas impensados en la televisión del Franquismo. Las revistas políticas podían hacer befa del bandolero llamándolo” una especie de Adolfo Suarez” pero “Curro Jiménez” realmente representó a la televisión de la Transición.

Tras tres temporadas, “Curro Jiménez” cerró las puertas, aunque hubo una película ese mismo año y se intentó recuperar la fama con una secuela “El regreso de Curro Jiménez” en 1995. Pero los tiempos habían cambiado y no tuvo suerte.

Sin embargo, sin Curro Jiménez no tendríamos” Bandolera” ni “Águila Roja”. Parecía que la televisión española por primera vez encontraba una fórmula para hacer dramas de época sin tener que inspirarse en la literatura. El problema es que, en las próximas décadas, las fórmulas se han ido abusando hasta el punto de la mediocridad.

Si D-s quiere, eso veremos en mis próximas entradas que exploraran el drama de época ibero desde los 80 hasta nuestros días. ¿Habían visto u oido de hablar e algunas de las series que repasé?