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jueves, 18 de julio de 2019

Drama de Época Español: La Fórmula del Juego de Tronos



Más allá de memorias históricas, España se puede enorgullecer de un rico y vetusto pasado que pocas veces se retrata en pantalla. En medio de su experimentación con variadas fórmulas, el period piece ibero no fue ajeno a la influencia de la serie-fenómeno de esta década: “Juego de Tronos”. En vez de dragones, se prefirió apostar a intrigas cortesanas de la historia española. Algunas resultaron obras de arte, otras se quedaron en la estacada.

Moros, Hunos y Cristianos
No fue la saga de HBO la que impulsó por primera vez el interés de la televisión ibérica por lo más recóndito de su historia. En mi recorrido ya he mencionado todas las series que giran alrededor de la Guerra de la Independencia (¿por qué ninguna sobre las Guerras Carlistas?) y a fines de los 70, satisfaciendo ese gusto por unitarios, surgió “El juglar y la reina” una serie de dramatizados sobre la España medieval.

En los 90 hubo dos experimentos muy curiosos. Uno fue la coproducción con la RAI llamada “Réquiem por Granada” que yo creí era algo sobre Federico, pero resultó ser la historia de Boabdil. Mas interesante les quedó el cuento en “Isabel”.

El otro experimentoesta vez una producción franco-españolafue la adaptación de Le revoltes des nonnes (La revuelta de las monjas) de Regine Desforges que se convirtió en la miniserie “La hija de los lobos” (1991). Yo la vi a trompicones, estando ya en Chile y más que nada porque reconocí a mi querida Marisa Berenson.

En la Galia del Siglo VI, una familia de hunos es diezmada por los lobos. Solo sobrevive Vanda (Laure Marsac) que es criada por los lobos con quien establece un extraño vinculo. Vanda es rescatada por Romulfo y su frágil hermano Albino (Edouard Hastings) y llevada al Convento de la Santa Cruz en Poitiers.  La fundadora del convento, Santa Radegunda (Berenson) adopta a Vanda que crece entre monjas sin desear ser una de ellas. Pasan todos los clichés de películas medievales: hay pestes, hay guerras, hay matanzas de judíos, a Vanda la acusan de bruja, etc. Albino estudia medicina con el judío Moisés y se enamora de Vanda.

Cuando Radegunda muere, las monjas se rebelan negándose a aceptar una abadesa impuesta por un hombre (San Gregorio de Tours y este fue un hecho histórico). Finalmente, Vanda y Albino se declaran su amor y se van con Moisés a España. Ese fue el único nexo con España de toda la serie que de todos modos tuvo la gracia de mostrarnos como se vivía en el reino de los francos (cuatro siglos antes de Rollo y Gisela) en la Edad de las Tinieblas.

De Viriato a Alfonso el Sabio
Como ya les he contado, la primera década del Tercer Milenio fue dedicada, en España, a la memoria histórica ósea al Siglo XX. “Águila Roja” sería el primer intento (mal hecho) de viajar al pasado y ver como se podía ser un héroe de comic en el Siglo XVII. Seria en la Tercera Temporada que Antena 3, rival de RTVE, decidió intrincarse por senderos históricos aun no hollados por pies de camarógrafos. Así nació “Hispania: La Leyenda”.

En Bambú, una productora que apenas llevaba cuatro años de fundada, se les ocurrió construir una serie alrededor de Viriato, el mítico líder lusitano que al vencer a los romanos creó un proto héroe español. Solo Antena 3 (que comenzó negándose) aceptó el proyecto. La sorpresa es que tuvo un rating bastante alto. Los motivos fueron los siguientes. Nadie sabía nada de Viriato (Roberto Enríquez) así que el público feliz creía que aprendía historia mirando la pantalla.

Pronto los espectadores se enteraron de que no era así cuando comenzaron a surgir críticas por el poco rigor histórico que afectaba a la serie. La producción apuntaba a un catedrático al que supuestamente pagaban para que asesorara a los guionistas. El pobre hombre admitió públicamente que en un relato de ficción no había mucho espacio para la realidad.
Otra causa de la popularidad de la serie era que los parlamentos de los alzados, y que eran el presentismo mismo, sonaban mitad panfleto anarquista mitad discurso del PSOE, y que Viriato y sus compañeros parecían guerrilleros modernos. No es culpa de ellos, ya en su día Alfonso Sastre comparó a Viriato con El Che Guevara.

A mí, aparte de lo anacrónica y poco histórica que eraa muchos les daba risa que los lusitanos se llamaran “Héctor” y “Darío” me irritaba “Hispania” porque sufría de la misma falla de “Spartacus: Blood and Sand” (a la que imitaba desvergonzadamente). Los romanos, sin excepción de sexo ni clase, eran deleznables. Así no se puede ver algo de manera objetiva.

Ya para la tercera temporada el público se estaba cansando y prefirió irse a ver “The Walking Dead” obligando a clausurar la producción. Pero en Bambú no escarmentaban. El 2012 sacaban un spinoff llamado “Imperium”. Querían usar al villano Galba de” Hispania” y crear una nueva “Roma”. Sus ambiciones no cuajaron y esta espantosa secuela acabó al sexto capitulo.

Ese mismo año, Boomerang que pronto daría una sorpresa con “El tiempo entre costuras” lanza a la pantalla (y realmente fue un impacto por lo mala) “Toledo Cruce de Destinos”. No es una coincidencia que aparezca tras el debut de “Juego de Tronos” y el de” Isabel”.  Es momento de ver como se juega a la intriga en una corte española. Escogieron la de Alfonso X en Toledo y trataron de crear una corte como la de los Baratheon con un magistrado tipo Ned Stark, Rodrigo Pérez de Ayala (Eduardo Farelo) con hija boba e hijo rebelde que se enamoraba de quien no debía (una mora)

Había príncipes a lo Joffrey y a lo Rhaegar ósea megas irresponsables. Mas irresponsables fueron los guionistas que se pasaban la historia por la ingle. Alfonso (Juan Diego) parecía Churchill, más preocupado de ocultar un infarto que de ser “Sabio”. Había estado casado antes, sus nueve hijos se redujeron a dos que alternaban edades y derechos de primogenitura. Y el mayor pecado de Alfonso era … ¡el adulterio! Really? ¿En el siglo XIII? Esto ya no era Cruce de Destinos sino Cruce de Desatinos. 

Pero el mayor error como siempre fueron los anacronismos, comenzando por falsas tolerancias y estereotipados e irreales judíos y musulmanes. Martin (Maxi Iglesias) hijo del Magistrado se enamora de Fátima (Paula Rego) su compañera de aula. ¿Ósea de cuando una doncella musulmana iba a clases en una escuela cristiana en el siglo XIII?  

Espérense que Abraham (Alex Angulo) andaba comiendo en casa de Rodrigo sin importarle los jamones que había en la mesa y las licencias históricas llegaban al punto de decir que la Orden del Temple ya era extinta. ¿Como y a quienes quemaría Felipe el Bello cincuenta años más tarde?

Luego intentaron inventarse un misterio a El nombre de la rosa. Unos insolubles asesinatos en una Escuela de Traductores que señalaban como sospechosos a (¡oh, sorpresa!) a los judíos. Por suerte este enredo solo duró una temporada. Lástima, más merecía Alfonso el Sabio que este cuento que más se parecía a “Águila Roja” y a las” Aventuras del Joven Merlín” que a” Juego de Tronos” o a “Los Tudor”.

Juego de Tronos a la española
Las que si se parecía a estas series iba salir a la luz pública en septiembre del 2012. Creada por Diagonal Tv, la misma de “Amar en Tiempos Revueltos” y “La Señora”,” Isabel” vino a llenar un espacio necesario y a cambiar la percepción de la ficción histórica televisiva. No es que Isabel la Católica no hubiese sido un personaje más de ese género, pero ahora ya no era un apéndice del cuento de Colon y las Indias, ahora era la protagonista de su propia historia.

No es que antes no hubiera historias que tratasen los problemas de la monarquía. Ya vimos el descalabrado retrato de Alfonso El Sabio en “Toledo”, la descripción del rufianesco Felipe IV en “Águila Roja”, y en “La Princesa de Éboli” (2010) vimos un Felipe II bulímico, celoso de una Belén Rueda que solo estaba ahí para quitarse la ropa.

En “Isabel” teníamos un retrato honesto y objetivo de quien la historia santifica a la par de demonizarla. Michelle Jenner me sorprendió, Rodolfo Sancho me quitó todos los prejuicios que tuve contra él anteriormente, la serie me enamoró. Ya he escrito mucho sobre ella, incluso sobre lo que me disgustó, léase lo que hicieron con La Beltraneja. Sin embargo, sigo pensando que fue un acierto genial. Que esas tres temporadas acabaron de convencerme de que en España se puede hacer ficción histórica de categoría.

Debo decir, y esto no es en denuesto de “Isabel”, que esta serie le debe bastante a “Juego de Tronos”, sobre todo en la primera temporada donde Isabel es Reina Mendiga, mitad Sansa, mitad Daenerys, donde Enrique de Castilla pasa a ser Renly, donde se siente la importancia del juego de ajedrez que los reyes practican con piezas humanas. Ya en otras temporadas seguíamos viendo como el juego se ampliaba, la relación de Isabel con sus manos de la Reina, con sus Caminantes Blancos (los moros) y no tendría dragones, pero sus hijos causaban más entuertos que Viserion, Drogón y Rhaegal juntos.

A Isabel la siguió la estupenda “Carlos, Rey y Emperador”. Estupenda porque expandió el Juego de Teonos por Europa, porque lleno el espacio dejado por “Los Tudor” porque nos habló de diferentes reinos, hasta nos fuimos con Hernán Cortes a la Nueva España, pero lamentablemente como ya he dicho en otros posts, en esta gran serie la metida de pata se debió a la pobreza histriónica de algunos actores.

En los últimos años, la serie histórica ha cundido en la televisión española, pero los intentos de darle un rostro autóctono han fracasado. Se involucraron con la BBC para hacer una miniserie sobre Isabel I y Maria Estuardo: “Reinas”. Doblada al inglés, mal actuada, con errores históricos…digamos que “Reign” era mejor.

“Al Final del Camino” quiso desligarse del esquema de “Juego de Tronos” enfocándose en el hoi polloi que construyó la Catedral de Santiago de Compostela. Ósea, querían hacer su propia “Catedral del Mar”. Mejor les hubiera ido si se hubieran enfocado en los juegos de tronos de Alfonso VI y de su hija Urraca de León, un personaje fascinante.

Al parecer el Juego de Tronos se queda en manos de productores anglosajones o alemanes (“Maximilien” fue un buen ejemplo).  Eso si Michelle Jenner dejó la puerta abierta para que otras actrices hiciesen de Isabel la católica. Ahí tuvimos a Alicia Borrachero enlatada en su armadura en “The Spanish Princesss” y Aitana Sánchez Gijón también ciñó corona en “Conquistadores” la miniserie de Movistar que pretendía en ocho capítulos, narrar la epopeya de la Conquista de las Indias.

Movistar es incorregible y el año pasado ya sacó otra parodia de drama de época. Se trata de “La Peste” un cuento de prostitutas y protestantes que batallan inquisidores y la bubónica en la Sevilla del Siglo XVI. Por lo que he visto es un veritable “Lecho de Pulgas” no solo porque los personajes parecen fugitivos de Flea Bottom sino por las pulgas que portan inocentes ratas.  Y esta nueva temporada se enfocan en el hampa sevillana y su mafia “La Garduña”.  Es que el juego de tronos también se practica en las bajas esferas

Yo creo que la televisión española ya ha quedado curada de espantos con eso de jugar a los tronos con piezas sacadas de la verdadera historia peninsular. Por ahora prefiere concentrarse en los period pieces más simples tipo “la Otra Mirada” o el longevo “Secreto de Puerto Viejo”. También creo que en días de Pedro Sánchez no habrá nada parecido a “Isabel”, pero si alguna vez   se llega cambiar de gobierno, les contaría que hay muchos recovecos de la historia española, mucha intriga cortesana que merecen ser convertidos en programa de televisión.

Mis Juegos de Tronos Favoritos
Mi querido Gatito George nos preguntaba por qué no se hace nada sobre El Cid. Pues porque como personaje histórico, Rodrigo Diaz de Vivar, es muy aburrido. En cambio, el del romance, el legendario, ese si merece serie con todos esos mitos que han perpetuado el arte, la literatura clásica y hasta Hollywood: el duelo con el suegro, la Jura de Santa Gadea, los Infantes de Carrión.

Ahí tenemos luchas fratricidas, muchos reyes, muchos juegos de tronos. De Doña Urraca de León se decía que tenía amores con su hermano Alfonso. Ahí tenemos a Cersei. El Cid no peleaba con dragones, pero si con leones que todavía los había en la España del Siglo XII.

Pero si realmente queremos corte, intriga, y reyes que se tambalean en sus tronos o se aferran a ellos., Hace rato que Carlos Hechizado necesita de una reivindicación. Me encantaría conocer su saga, la de sus esposas, su madre, su corte, etc.


Pero el mejor de los juegos de tronos se dio en el Siglo XIX y duró más de cincuenta años. Imagínense una serie que cubra desde la muerte de Fernando VII hasta la Restauración Alfonsina. Ver los escándalos de Isabel II, las Guerras Carlistas, la Primera República y hasta el reinado de don Amadeo que ni castellano sabía. Y si se teme que no haya guionista capaz de dar la talla, agárrense el Ruedo Ibérico de Valle Inclán o los Episodios Nacionales de Galdós. Con esas bases literarias no pueden quedar mal.

¿Y ustedes, qué periodo de la historia de España quieren ver en formato de miniserie?

lunes, 8 de octubre de 2018

Carlos, Rey Emperador: De tal abuela, tal nieto



“Carlos, Rey Emperador”  no es “ Isabel”,  no esperes encontrar en ella lo que encontraste en la serie anterior, aunque si lo encontrarás. ¿Suena a contradicción? Es que la vida de este rey fue todo una contradicción como lo fue su época. Prepárate a entrar en un mundo que es un caleidoscopio de colores, de vestuarios, de nombres históricos,  de villanos y santos. ¿ Qué se puede decir de un relato que salta de la Inglaterra Tudor al México de Cortes?  En donde Francisco I(Alfonso Bassave) juega a los tronos entre lascivia y mendacidad, donde San Francisco de Borja (Víctor Clavijo)ama en silencio a una emperatriz, donde las reinas se embarazan de sus hijastros,  y los emperadores preñan a sus abuelastras.

Interpretado por un excelente Álvaro Cervantes, Carlos aparece primero como un adolescente desgarbado y desorientado, que habla español con fuerte acento alemán y que llega a Castilla a enfrentarse a una corte intrigante y a un país hostil. Lo peor será un encuentro con una madre demente (Laia Marull)cuyo desamor ha marcado su psiquis hasta el punto de que el joven rey teme casarse para no tener un matrimonio como el de sus padres.

Puede que la situación de Carlitos nos recuerde a su abuelita llegada a Segovia dejando atrás una madre orate en Arévalo. La diferencia es que la enfermedad mental unió más a las Isabeles, y la futura reina católica no tenía poder alguno. Carlos tiene todo el Power. El no es Sansa, él es Daenerys y como tal aplasta levantamientos como el de los Comuneros. ¿No es magnífico que una Pacheco sea la lideresa de esos guerrilleros? Pasan los siglos y Los Pacheco siguen picaneando a Los Trastámara-Austria.

En su rol de tirano, Carlos dispone matrimonios a diestra y siniestra principalmente el de su hermana Leonor (Marina Salas) a la que ha separado de su verdadero amor, Federico del Palatinado, para casarla con su tío político el anciano rey de Portugal, Manuel,  el Afortunado (Joan Crosas). Leonor encuentra un poco de felicidad en amores con su hijastro, el futuro rey Juan III (Tamar Novas). Al morir Manuel, Juan hace una oferta formal a Carlos por la mano de Leonor a la que ha embarazado. Pero el rey-emperador ya contempla usar a su hermana como cuerda para amarrar al vejete traidor del Condestable de Borbón (Alberto San Juan).

Aunque tal matrimonio no se lleva a cabo, Leonor dejará en Portugal a su única hija a la que solo podrá recuperar en su vejez. Para mayor oprobio, Carlos casa a su hermanita menor, Catalina (Guiomar Puertas) , con el hombre que ama Leonor. A esta le tiene reservado  un futuro más negro, casándola con su archienemigo, Francisco de Francia, quien cubrirá  a Leonor de humillaciones e indiferencia.

Es admirable que los hermanos de Carlos le tengan tanta lealtad a un tirano que dispone de sus vidas, y la de sus hijos como si fueran marionetas o como si fuera el Tommy Shelby de “Peaky Blinders”. También es admirable del actor que no nos haga odiarlo por esas arbitrariedades. Sobre todo porque él no practica lo que predica. Carlos que llega mozalbete  a Castilla, ya dejó una hija bastarda en Flandes, y a poco de asentarse en su reino,  tiene entre las sabanas a nada menos que a Germana de Foix (Natalie Poza), la viuda de su abuelo.

A pesar de que llegué a  shipear a ese par a rabiar ( a mí me encantan las parejas disparejas) no tenían ninguna oportunidad de ser felices, y eso que tuvieron una hija, Isabel. Yo no tenía ni idea.¡ Las cosas que me vengo a enterar gracias a “Carlos”!

Sin embargo, Carlos casará a su amante-abuela con otro señor y más encima la pondrá de casamentera para que le haga propaganda y reciba a su mujer. Es que a pesar de sus remilgos, Carlos ha de casarse y termina haciéndolo con Isabel de Portugal (Blanca Suarez). Aquí sí que tenemos romance.


Carlos enloquecerá de amor por la primita y le será fiel , en eso es mejor marido que el Abuelito Fer, lo que se traduce en muchos embarazos. Si juzgamos por el retrato que pintó de ella El Tiziano, la Reina-Emperatriz era bellísima. Blanca Suarez no desmerece el papel demostrándonos que Isabel además de guapa, era inteligente, capaz y gentil. La vemos ser una buena regente en ausencia del marido, apoyar los esfuerzos de Fray Bartolomé de las Casas(Oscar Rabadán) por ayudar a los nativos americanos, y hasta provocar la declaración de amor de un santo.

Víctor Clavijo  que tan bien me cayera en “La Señora”, es un San Francisco de Borja adorable. Caballerizo de la reina, se convierte en su más devoto siervo, compañero y consejero y quien la apoya en momentos difícilesel emperador solo viene a hacerle hijoscomo cuando muere el pequeño Fernando.

En la vida real,  San Francisco estaba casado precisamente con una dama de Isabel, pero siempre le tuvo un gran cariño a su reina. Tras verla en el ataúd hizo voto de ingresar a una orden religiosa si enviudadaba. Doña Leonor convenientemente estiró la pata, y tras despedirse de sus ocho hijos, el bisnieto del Papa Borgia ingresó a la Compañía de Jesús. De ahí saldría para la tumba y para luego ser encumbrado en los altares.

Isabel era mujer frágil, anémica, sufría de tercianas y un mal parto se la llevó. Enloquecido de dolor, Carlos decide no casarse nunca más. Aun así, sigue casando hermanas y después hijos. A una hermana la casa con un rey de Dinamarca y no vuelve a verla, a otra la manda a Portugal, a Leonor la tiene como pelota de Castilla a Portugal de Portugal a Castilla, de Castilla a Francia.

A la leal María (Laia Costa)  la manda a Hungría donde pierde un esposo en el campo de batalla y pierde un país. Se aparece en Castilla con los turcos pisándole los talones. ¿Y qué hace Carlos? Ni pasado el luto y ya la quiere hacer reina de Escocia. Si Maria hubiese aceptado ella seria la madre de Maria Estuardo y otro gallo cantaría, pero la reina viuda de Hungría se negó a contraer nupcias de nuevo.

En cambio sí acepta ser regente de los Países Bajos. Una tarea ingrata que cien veces intenta abandonar, pero Carlos, no es tonto, sabe que puede confiar en esa hermana y en su juicio. Carlos usa a sus hermanos como si fueran esponjas de cocina para limpiar todo lo que ve sucio. Su trato del pobre Fernando  alterna humillaciones con desconfianzas y acusaciones, la mayoría falsas. Que los hermanos de Carlos le hayan sido tan leales asombra sobre todo cuando miramos a las cortes de hoy en día donde reina la deslealtad.

Hablando de cortes, Carlos tiene un mapa más grande que el de sus abuelos para esparcir a sus novias reales. Los Reyes Católicos estaban construyendo un reino. Carlos es soberano de un imperio que llega a otras costas y otros continente. A ratos me marea porque de ver a Hernán Cortés peleando con la Malinche pasamos a  Londres donde vemos descrita de manera condensada la tragedia de Catalina de Aragón (Melida Molina) traicionada por su marido, por su hermano, por un Wolsey que parece un tonel forrado en paño carmesí (¿dónde quedaron el esbelto Gorrión Pryce y mi Sam Neill?)

Carlos visita a su tía en Londres, después a tía Margarita (Mónica López) en  los Países Bajos. La conmovedora viuda del Príncipe Juan en “Isabel” y  la comprensiva cuñada de Juana la Loca en  “La Corona Partida” ahora rige lo que  es Holanda y Bélgica, en una corte famosa por su erudición (ahí se educó Ana Bolena) que luego heredará su sobrina Maria.  Margarita además le hace a la política y junto a Luisa de Saboya traen paz que sus alborotados parientes insisten en quebrar.

Luisa de Saboya, hermosamente interpretada por  Susy Sánchez, es quien nos guía por los recovecos de la corte francesa donde manda su hijo Francisco I. En “Los Tudors” y “Wolf Hall” Francisco era un traicionero y manilargo truhan. Aquí es más o menos lo mismo, lo vemos cambiar de amante y esposa, ser mecenas de Leonardo,  y complotar y traicionar a granel.

El pobre Carlos ya no sabe quién es su peor enemigo: ¿El rey francés, el turco o los hombres que ha enviado a conquistar unas Indias que no lo son?  Finalmente reconoce que no se la puede con el imperio, se lo deja a Fernando, (Eric Balbas) su hermano antes que agobiar a su inexperto hijo con responsabilidades imposibles de cumplir.

Lo mejor de “Carlos” es que no solo nos quedamos con esa imagen de un rey cansado, harto de su empleo, jubilándose al monasterio de Yuste a seguir sufriendo de una gota que le impide caminar (aun así siguió consumiendo alimentos a los que era adicto como el arenque y las anchoas, ricos en sodio). No, también vemos la juventud de su hijo, el otro gran rey de ese siglo.

A Felipe II (Marcel Borras)lo hemos conocido como un gran villano en todas esas sagas isabelinas. Hace una década,  lo pusieron como un memo manejado por el secretario, y obsesionado con Belén Rueda en “La Princesa de Éboli”.  Digamos que Felipe era eso y mucho más. Lo vemos atrevido cantándole las cuarenta al padre, y delante de los cortesanos, cuando el emperador lo conmina a abandonar a su amante,  Isabel Osorio.

Como le recuerda Felipe a su padre el desciende de una larga dinastía de hombres ojialegres y adúlteros. Lo de Isabel durará hasta el tercer matrimonio de Felipe , esta vez con Isabel de Valois (que para nada se parecía a la Leeza de “Reign”), pero eso no alcanzamos a verlo. Si conocemos ese primer matrimonio obligado de Felipe con su prima Maria Manuela de Portugal (Itxaso Arana), a la que ni en el lecho de muerte podrá tratar sino con frio respeto.

 Luego, Felipe se convierte en Rey de Inglaterra cuando se casa con su tía Maria Tudor. Los Tudormaniacos estamos de placem. Sin llegar al panegírico que Michael Hirst hiciera de nuestra Lady Mary, “Carlos” trata con respeto, objetividad y veracidad, sin caer en caricaturas, a la pobre Bloody Mary (Angela Cremonte)y a su relación con su esposo.

Felipe, indirectamente, provocará preocupaciones a su padre sobre la sucesión. Oficialmente, el heredero es su único hijo varón Carlos (Marc Abella), pero este chiquillo es una bestia, loco, enfermizo y maleducado. Se atreve a acusar al abuelo de cobarde y es altanero con Francisco de Borja.

Tanto el santo como el emperador no pueden evitar compararlo con el noble y comedido Don Juan de Austria (Marcel Villaespesa), el hijo ilegitimo de Carlos. La idea de legitimar al bastardo y hacerlo rey rondó la cabeza del emperador y también la de muchos hasta que Felipe II solucionó el asunto casándose dos veces más procreando una tracalada de hijas y finalmente al futuro Felipe III. Pero eso no ocurrirá en esta serie que acaba con la muerte de Carlos en 1548.

En comparación con “Isabel”, la saga de  un nieto le gana en fastuosidad, escenografía y vestuario. Es realmente dinámica en ese saltar de reino en reino, continente a continente. A muchos les mareará tanto cambio y confieso que a mi me interesaba mas el juego de tonos europeo que la visión de la Conquista. Hay una sola cosa que afea a “Carlos, Rey Emperador”,  la desigualdad actoral.

 En “Isabel”, todos desplegaron unas dotes histriónicas soberbias. A mí me ganó Rodolfo Sancho, al que hasta entonces había despreciado como actor. No ocurre lo mismo en “Carlos”. No tengo quejas de Álvaro Cervantes, ni de Blanca Suarez que se ve mejor actriz que en “Las Chicas del Cable”, pero el rey francés que anda dando saltitos como bailarín de ballet y el pobre Eric Balba. Amo a Fernando, ¡ pero que actor tan infame! Cada vez que abre la boca parece un nene declamando una poesía el día del cumpleaños del director de su escuela.

Aun así, esos son bemoles superables, en cambio perderse esta serie de lujo es pecado para los amantes del genero histórico, del period piece y para todo Tudormaniaco que se respete. Ahora tienen la oportunidad , los de la unión americana, de verla por UnivisionNow.


domingo, 30 de septiembre de 2018

La Corona Partida: Las Aventuras de Juana La Loca



Tres temporadas de “Isabel” dejaron al fandom hambriento,  golpeando la mesa,  y exigiendo otro platillo. RTVE se embarcó entonces en un fastuoso proyecto para narrar la historia del nieto de Isabel el Emperador Carlos V. ¿Pero que se hacía con el periodo en que Carlitos era demasiado pequeño para subirse al trono? La solución salomónica fue un feature film de dos horas que cubria el des-reinado de Juana de Castilla. Así fue como “La Corona Partida”, con el mismo reparto de “Isabel”,  se estrenó en los cines y con muy buena crítica.

Hay algo de fascinante en la historia de locos. Me encanta verlos luchando contra el sistema médico como en “Girl Interrupted”; o convertidos en  brillantes psicópatas como en las muchas aventuras de Hannibal Lecter,  o poseídos por ángeles  como la hermana Monica-Joan de “Call the Midwife”.  El caso de Juana de Castilla no es tan fascinante, se trata de una loca que irrita o a lo más inspira lástima.

Su historia nos sirve para ser testigos de lo mal que se trataba al paciente mental en tiempos antiguos y como el ni siquiera ser rey te protegía (recordemos “The Madness of King George”). A Juana la historia y la literatura han tratado de encontrarle el lado amable. En el Siglo XIX, Manuel  Tamayo y Baus la describe en su Locura de Amor, como una mujer romántica y pasional a quien destruye la obsesión que tiene por el marido  En 1918, Galdós llega más lejos y la eleva a los altares en Santa Juana de Castilla.

Los historiadores siguen debatiendo sobre el origen y causa de su enfermedad hasta llegar a  decir que no había tal locura sino que todo fue un complot machista basado en que Juana, como muchos en su tiempo, mostraba escepticismo hacia la religión católica. Se dice que de pequeña ya se negaba a  confesarse. Sea esto una rebeldía infantil o señal de un problema mental, el hecho es que en la España de entonces se quemaba por menos. Isabel castigaba los arrebatos anticlericales de su hija con castigos inquisitoriales (tales como suspenderla del techo) que mucho habrían de agravar cualquier mal que sufriera la princesa.

Ya de adulta, vimos sus primeras locuras en “Isabel”. “La Corona Partida” nos demuestra que el tiempo no ha mejorado el desequilibrio de la reina (Irene Escolar). Sin embargo está claro que su marido(Raúl Merida) es un cerdo, algo que ella se rehúsa aceptar, ciega de pasión que  va vinculada al placer sexual que experimenta en sus relaciones maritales. Pues, Felipillo será su peor enemigo.

 Ese nene petulante no va dejar que una orate le quite sus privilegios. La pobre Juana termina en una mazmorra de la que es rescatada por su suegro Maximiliano (José Coronado) que ha envejecido un poco desde que lo conociéramos en “Borgoña”, pero también se ha vuelto más sabio.

Max tilda a su hijo de insensato por tratar así a una reina, saca a Juana de su confinamiento, pero cualquier mejoría de la reina de Castilla es temporal. La locura de  Juana regresa con sañas con la muerte de su marido.

La película nos hace creer que Felipe murió de una indigestión provocada por tomar agua helada tras hacer ejercicio extenuante, algo muy posible. Los  historiadores hablan de una tifoidea fulminante, pero paras Juanita su amado esposo fue envenenado. La vemos arrastrando el  féretro del marido hasta España para que lo entierren en Granada. Obviamente, esta señora no puede reinar.

¿Entonces que nos queda como espectadores?  Tenemos que pasarnos al Team Fernando, porque ese no va a cejar hasta volver a hacerse del trono. Ya sabemos que los problemas  entre reinos se solucionaban de dos maneras en ese entonces: o en el campo de batalla o en el  tálamo nupcial.

¡Fernando se casa! Si señores, Fernando (Rodolfo Sancho) a los 50 y pico de años se casa con una adolescente que es su sobrina nieta. Mas importante aún,  Germana de Foix (Silvia Alonso) es sobrina del Rey Luis XII de Francia. Ahora, Fernando tiene  el apoyo de todo un reino, para recuperar lo que cree es suyo.

Fernando no está solo. Sigue contando con el equipo que le dejó su Isabel. Ahí están Cisneros (Eusebio Poncela), Cabrera (Jordi Díaz) y el fiel Chacón (Ramón Madaula). Aunque es un poco exagerado pensar que los tres mosqueteros de Castilla seguirían  siendo los fixers de su rey, da una sensación de continuidad verlos velar por la Corona.

En realidad, Cabrera que ya estaba viejito, se retiró tras las muerte de Isabel y falleció a los 81 años, en esa época,  edad prodigiosa. Gonzalo Chacón falleció cuatro años antes que Cabrera y tres tras la muerte de soberana. El que si pintó mucho en la historia post-isabelina fue el Cardenal quien finalmente tuvo que tomar las riendas del reno y servir de corregente durante la infancia de Carlos, el vástago mayor de Juana.

“¿Hasta dónde estáis dispuesto a llegar?” le preguntan al Rey Católico. Fernando está dispuesto a llegar más allá de donde sea necesario en su empeño por recobrar Castilla. El primer paso es un heredero que empuje a Juana a un rincón. Como Germana no le hace ascos a los juegos de alcoba, se la pasan brincando en el lecho nupcial. El hijo llega. Es varón, se llamará Juan, no vivirá más de una hora. Fernando estaba destinado a ser padre y abuelo de emperadores, pero por la línea femenina.

Desesperado, el Rey de Aragón quiere otro hijo y como el cuerpo no le da comienza a meterse cuanto yerbajo y bebedizo de bruja que prometa hacerlo fértil y viril. El resultado es que termina reventado , semi envenenado. Triste destino para un rey tan importante.

Juana lo sobrevivirá por muchas décadas. Como la mayoría de los dementes vivirá mucho y sufrirá mucho. Su destino es ser prisionera en Tordesillas, prisionera del marido, del padre y finalmente de su hijo, pero para eso tendremos que ver “ Carlos, Rey Emperador”. La continuación de la saga de la corona española ya esta a la vuelta de la esquina a Usa y precisamente por el mismo servicio que les ha traído las tres temporadas de” Isabel y “La Corona Partida”:  UnivisionNow.

lunes, 3 de septiembre de 2018

El Ocaso de una Reina: Tercera Temporada de Isabel



Y llegamos al final y nos duele despedirnos de Michelle Jenner a la que me es imposible imaginarla sin  las tocas de Isabel. En trece capítulos veremos a la reina morir cada día un poquito, con las desgracias que asolarán a su familia, con las traiciones,  incluso las de Colon. La veremos darse el gusto de insultar a un Pacheco por última vez y de despedirse de su Gran Capitán, y cuando  esté enterrada, sentiremos lástima por Fernando.

Isabel tiene su España única y unida, pero las cosas no salen como lo desea a pesar de tener fieles servidores tales como Chacón y Cabrera que siguen al pie del cañón. Se les agregará el Cardenal Cisneros (Eusebio Poncela), el ultimo hombre honrado de España, un personaje importantísimo en la historia,  pero al que hay que comprender dentro de su época, porque a ratos parece fanático.

Lo bueno es que Cisneros no anda olfateado conversos. Se dedica a algo más práctico, la reforma de una iglesia pecadora y hedonista. Se va a inspeccionar monasterios y le echan los perros, porque ningún monje quiere perder la buena vida que lleva.

Tampoco se puede exigir mucho a frailes cuando el Papa es un facineroso que vive rompiendo mandamientos. A mí no me gustó Rodrigo Borja (Jorge Bosch) en la temporada anterior donde andaba como el cardenal de “Águila Roja,” metido en la cama con dos mozas. Ahora ya estará un poco mas respetable en el Vaticano y junto a él veremos a Cesare. ¡Pero ay , estos no son “Los Borgia”! ¡Cómo extraño a Jeremy Irons y a mi François!

Esta etapa en la crónica isabelina corresponde a la invasión francesa de Italia, pero esta no será nuestra única parada esta última temporada. Iremos a la corte francesa en el Castillo de Amboise. Carlos VIII de Francia, al que vimos niño en “Borgoña” y viejo en “Los Borgia”,  ahora estará ahí todo  contrahecho en la piel de Héctor Carvallo y podremos ver a su consorte la gran Ana, ultima Duquesa de Bretaña (Marta Belmonte).

Veremos a Colon clavar su espada en la isla de Guanahani, y volver cargado de nativos y papagayos. El imperio ultramarino comienza a despuntarse a pesar de que Colón regresa de cada expedición cada vez más inflado, más payaso, más lleno de cuentos. Y ya hay gente en España haciendo negocio con los pobres indios.

Isabel y Fernando arreglan uniones dinásticas para sus cinco hijos. Unen el destino de España al de los Habsburgo y envían dos hijas a Portugal y una a Inglaterra, pero los herederos van muriendo uno tras otro,  rompiendo el corazón de la reina.  Es que si ella fue fuerte precisamente por poder elegir a su pareja,  no puede imponerles matrimonios a sus hijos.

Una escena en la que los Reyes Católicos reúnen a toda su prole, incluyendo las más pequeñas de sus hijas,  y les asignan parejas, es casi risible. Si  uno no se quiere reír, dan ganas de llorar. Ahí está la clave de las desdichas familiares de Isabel.

Finalmente España quedará en las manos de la princesa más frágil, Juana (Irene Escolar) a la que la historia llamara ”La Loca”. Irene Escolar va a ser la sombra de Michelle Jenner esta temporada en un rol trágico de una mujer que pierde la cordura por los celos, por un amor desmedido, o tal vez porque heredó el mal de la abuela que, como recordaremos,  no andaba muy bien de la cabeza.

Raúl Mérida será la causa de su pasión. Felipe, el Hermoso es un verdadero diablo encarnado, manipulador,  abusivo,  y un furúnculo en el trasero de Fernando. El mayor problema de Juana es que es muy arrebatada y en cada uno de sus arrebatos ataca a alguien. O araña a la cuñada, o agrede a su hijito, o les lanza chorrera de insultos y babas al rostro a los padres que de milagro no andan a castañazos con ella porque es muy malcriada.

La Gatita Maricarmen dice que Fernando e Isabel son Los Pimpinela medievales y sí que van a darse de gritos otra vez, pero un atentado en Cataluña (¿dónde más sino? ) casi manda a Fernando al Patio de los Callados. Este percance hace recapacitar a Chabela de cuanto lo ama y le da carta blanca para que vaya a ayudar a los Borgia a defenderse de la invasiones galas.


 Para eso manda la mejor espada del reino, a Gonzalo de Córdoba. El pobre caerá en desgracia por ser quien es, un hombre valiente y decente en un mundo indecente.

 Tudormaniacos, veremos a Catalina llegar a tierras inglesas. Natalia Rodríguez es encantadorame recuerda a Vanessa Kirby, pero más dulce en un rol que siempre hemos visto en su madurez. Me pregunto si Charlotte “Myranda” Hope  logrará eclipsar a una española cuando le toque interpretar a esa princesa castellana en “The Constant Princess”. También veremos a Catalina en su triste viudez y su incipiente relación con su cuñadito Enrique.

A final, Isabel se apaga lentamente con tiempo de despedirse de su Gran Capitán y de darse el gusto de quitarle el villorrio de Villena a Diego Pacheco. En realidad, los Pacheco perdieron Villena en 1476, cuando tomaron el partido de la Beltraneja. Diego Pacheco fue leal siervo de la corona y hasta perdió un brazo en la reconquista de Granada. Pero lo importante es ver que Isabel no ha olvidado las humillaciones y traiciones de Juan Pacheco y nunca confiará en sus descendientes. Total badass!



Finalmente nos quedamos con Fernando, un Fernando derrotado, atontado ante la pérdida de su compañera y gran colaboradora. Se ve obligado a ceder la corona y el cetro a una hija demente y a un yerno al que tilda de traidor. Tremenda escena y tremenda actuación de Rodolfo Sancho cuando se marcha bajo la nieve,  como un mendigo en pastorela navideña,  después de jurar lealtad a la nueva reina de Castilla.

Pero tranquilos, que Isabel muera no significa que dejemos de ver a su familia. Ya pronto podrán ver completa la película “La Corona Partida” que narra las desventuras de Juana.  ¿Dónde?  Pues en el mismo sitio donde pueden ahora ver las tres temporadas completas de “Isabel”, en UnivisionNow.

jueves, 30 de agosto de 2018

Las Consecuencias del Edicto de Isabel: Criptojudios y Sefarditas



Ver la expulsión de los judíos de España fuera de su contexto histórico es absurdo y distorsionante. No se puede comparar con la persecución nazi, pero tampoco pueden negarse las dimensiones de una tragedia humana que crea otro problema para esa España que busca la homogeneidad. La expulsión  agravará el problema converso y seguirá dificultando la percepción de los judíos por parte del mundo ibero aun en nuestros días. Paradójicamente, la gran contribución de esta expulsión será la formación de una cultura sefardita que todavía  conserva fuertes lazos con la española.

La serie “Isabel” ha tratado de ser imparcial con el problema judío. Mi única queja ha sido en el retrato de personajes individuales. Aun así, la serie ha mostrado  como frailes exaltados azuzaban la ignorancia de la plebe,  como la reina era reacia a imponer el Santo Oficio,  y como intentó dilatar su llegada.

Dominíco exaltado


Y tenemos esa escena en que Fernando admite que no hay duda de la lealtad de la comunidad judía hacía la corona, como Isabel se lamenta ante la pedida de caudales judíos que tantas veces los han sacado de apuros, y también la de tan buenos recaudadores de impuestos ((ahora tendrán que poner cristianos a hacerlo y a recibir pedradas). No hay tutia, el edicto llega.

El Edicto de la Alhambra o  de Expulsión de 1492 es clarísimo: «acordamos de mandar salir todos los judíos y judías de nuestros reinos y que jamás tornen ni vuelvan a ellos ni alguno de ellos». Noten el  lenguaje incluyente , no vaya ser que alguna judía por ahí crea que se puede quedar. Los judíos  tendrán un plazo de cuatro meses para convertirse al catolicismo, de lo contrario deberán abandonar territorio español so pena de ser ejecutados y de serles confiscados sus bienes. Los desterrados deberán costearse su viaje. No podrán sacar de España ni caballos, ni armas, ni joyas, ni ningún metal precioso incluyendo monedas. Deberán vender todos sus bienes y cambiar el oro recibido por letras de cambio.

Como se imaginarán el pánico cunde. Vender propiedades en tan poco tiempo invita a robos y estafas. Está el miedo de viajar y la pregunta de dónde ir. Se decreta en las comunidades que toda chica soltera,  mayor de doce años,   debe casarse, para al menos contar con un protector. La serie nos muestra a los judíos vagando por los caminos como gitanos, con gente apedreándolos. Ya parece “La Lista de Schindler” Los Reyes han amenazado con cárcel y confiscación de bienes a quien oculte a un judío.

Salir de España no es fácil. Los capitanes de barco a veces se niegan, aun tras ser pagados, a transportar a los expulsados. Otros, ya en alta mar, suben la tarifa. En tierra también hay problemas. En la frontera portuguesa se han apostado unos seudo agentes de aduana que cobran “peaje” a los refugiados. En Italia, muchos banqueros se negarán a redimir las letras de cambio. En Marruecos será lo peor. Los moros no creen que los judíos hayan llegado sin oro o joyas. Violarán a las mujeres, venderán a los niños como esclavos,  y a los hombres abrirán en canal para ver si se han tragado objetos de valor.

Muchos judíos volverán a España, sobre todo después que los expulsen en Portugal en 1497, prefiriendo el bautismo. Eso dificulta las cifras. También se cree que unos veinte mil murieron asesinados, de cansancio,  o enfermedad en el camino. Tampoco me sorprendería que hubiera algún que otro suicidio.

Sobre cifras hay debates constantes. Yo creía ese un capítulo cerrado a fines del milenio anterior. En esta investigación que he hecho en estos días me he encontrado con unas números arbitrarios y estrambóticos. Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos cuenta que poco después de haber llegado a su destino el Rabino Meir le escribía a su suegro Abraham Senior contándole que los Reyes Católicos habían perdido 35.000 hogares judíos. Por hogar se entiende familia y familia abarca mínimo tres o cuatro personas. Ahí tenemos 150.000 que es más o menos lo que creían los hispanistas de fines del Siglo XX. Pero llega Joseph Pérez a decir que la cifra oscila entre 150.000 y 50.000 (¡!) Esa es una diferencia demasiado amplia para poder confiar en ella.

Una de las historiadoras de planta de “ Isabel”, Ángeles Irisarri dijo que Julio Valdeon argumentaba que solo 20.000 judíos abandonaron España. Curioso, porque en este artículo de La Vanguardia dicen que el Profesor Valdeon era de los que creían que cien mil judíos habían optado por marcharse. No he leído a Julio Valdeon. Como el caballero ya falleció no le puedo consultar.

 En otros sitios (sobre todos los juedeofobos) se juega con esa cifra sin dar pruebas o fuentes que la acrediten. O como en ABC buscan historiadores prehistóricos y que en su día  fueron considerados antijudíos como William Thomas Walsh. También  hay periodistas (o quienes pretenden serlo) que lanzan cualquier pavada seguros que los leen tontos de capirote que nunca van a ir a investigar si lo dicho es cierto.

No pueden ser 20.000 los que se fueron porque es una cifra espurria. En mi barrio de Kew Garden (no en el condado de Queens ni en la Ciudad de Nueva York donde en total vive un millón de judíos ) hay más de 20.000. Si tan pequeño grupo hubiese abandonado España, nadie se hubiera dado cuenta. Si hubieran sido veinte mil, la Reina Isabel no hubiese estado tan alarmada puesto que su verdadera intención no era la expulsión sino una conversión masiva que, obviamente,  no se dio.

La ausencia de 20.000 judíos hubiese dejado 180.000 nuevos cristianos en suelo ibero. Eso indicaría que más de la mitad de la población española autóctona tendría raíces judías. Los cristianos viejos hubiesen sido una minoría rápidamente absorbida por la población mayoritariamente semita.

Si se sabe que dos mil judíos cruzaron la frontera navarras, 20.000 familias ( (“83 mil ánimas”  según Bernáldez)  se establecieron en Portugal y que el Papa Borgia dio refugio a unos nueve mil  judíos expulsados de España en Roma, nos vamos saliendo de esa cifra inventada por Ángeles Irisarri y falsamente adjudicada a Don Julio. Acabo de hacer un Google con los search terms  “Julio Valdeon” y ”20.000 judíos” y no me ha salido nada. En cambio en la Wikipedia y muchos otros sitios afirman que él creía que 100.000 habían abandonado España.
Segunda diaspora

Por último, si  un paupérrimo grupo de 20.000 hubiese sido la única pérdida demográfica española, entonces no se explicaría la floreciente cultura sefardita que,  hasta que el Holocausto la sesgó,  reinó suprema en las comunidades judías de los Balcanes, El Imperio Otomano, los Países Bajos y hasta en Inglaterra.

Pero veamos primero que ocurre en la España sin judíos. A pesar de sus esfuerzos por convencerlos los Reyes Católicos pierden a su físico Lorenzo Badoz y a Don Isaac Abravanel, pero si consiguen que Abraham Senior y su familia se conviertan en cristianos nuevos y en parte del nuevo problema que enfrentará España en los siglos a vivir. Isabel nunca pensó que perdería tantos súbditos, pero la fuente de zozobras que heredarían sus descendientes surgiría de esta minoría conversa que ella tanto luchó por crea. Nadie se imaginaba que, como el monstruo de Frankenstein,  se escaparía de las manos de la autoridad, sufriría injusta persecución y provocaría miedos primitivos.

Son las dos grandes consecuencias del Edicto de Expulsión: la creación del colectivo converso que tendrá una cultura propia (sobre todo en caso de criptojudios) y la del colectivo sefardita que por siglos ha preservado un folclore, una cocina, un recuerdo de Sefarad, la patria perdida. Cuanto más leo, más investigo, más evoco pequeños detalles que vi en mi infancia en mi madre y sus parientes, más me convenzo de que ambos colectivos estuvieron desde el principio intrínsicamente unidos.




Hay que hacer un distingo entre los términos “converso” y “criptojudio”. El primero se refiere a personas,  que ya bautizadas,  solo buscan asimilarse a la sociedad española, practicar su nueva religión,  y vivir en paz. Los criptojudios, en cambio, practicaban el judaísmo de manera clandestina. 
Fue en contra de ellos que actuó la inquisición puesto que se les veía como enemigos del estado.

El criptojudio es  traidor a la iglesia y  al pueblo español. Lamentablemente, el Santo Oficio verá en  todo converso  un posible criptojudio. La más inocente señal de seguir practicando el judaísmo bastará para el arresto, tortura y posible ejecución del acusado. La Inquisición incluso les seguirá hasta el Nuevo Mundo donde se darán juicios famosos como los de La Familia Carvajal en México.
Diana Bracho como Mariana de Carvajal en El Santo Oficio de Arturo Ripstein

De envenenadores de pozos, y propagadores de plagas, los judíos pasan a ser terroristas, embarcados en planes para invadir España, casi siempre con ayuda de poderes enemigos del Imperio. De ahí surgen documentos falsos como una supuesta carta escrita por los judíos de Constantinopla a los conversos españoles. Una falsificación que parece tener la misma malsana intención que Los Protocolos de los Sabios de Sion.

Un detalle interesante es que,   hasta finales del Siglo XVI,  se mantendrá el contacto entre los exiliados y amigos y parientes que permanecieron en la Península. A pesar de que la misma corona hará uso de esos contactos para relaciones comerciales, también se los verá como una manera de judaizar y de complotar contra el reino.

Ironía es que cuando misiones de religiosos lleguen al África del Norte a practicar la obra de caridad de redimir a cautivos de los musulmanes, se hospedarán en casas de judíos sefarditas quienes también les servirán de intérpretes y guiarán en el mundo islámico. Tan útiles resultaron estas conexiones  que para el Siglo XVII, 500 judíos se habían instalado sin problemas en el presidio de Oran, en manos españolas, y hasta tenían sinagoga. En 1680, la reina regente Mariana de Neoburgo los hizo expulsar, pero de una manera mucho más organizada y humana que como habían sido expulsados en siglos anteriores de Europa.

El Siglo XVI será el siglo de las herejías, la mayor el luteranismo. La Inquisición tendrá sus manos llenas ahora tratando de extirpar ideas herejes que muchas veces estarán vinculadas a conversos y nietos de conversos. Esa es una diferencia con otros países europeos donde el bautismo borra toda sospecha de los descendientes del converso. En España, por lo contrario se perpetuará esa desconfianza  por siglos lo que convertirá al problema converso en  un asunto genético y hereditario.


A pesar de que el linaje de cristianos nuevos dará a España  místicos de la calidad de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz y literatos del nivel de Fray Luis de León y Mateo Alemán, tener antepasados conversos será un estigma. Se dice que San Juan ingresó a la Orden Carmelita sin dar su apellido, puesto que sus abuelos Gonzalo y Elvira Yepes habían sido acusados de judaizantes. A Fray Luis de León lo arrestó la Inquisición por  privilegiar textos hebreos, y andar traduciendo la Biblia sin permiso,  lo que le acarreó sospecha de judaizar.

Más complejo fue el caso del humanista Juan Luis Vives, cuyos padres fueron a la hoguera por mantener una sinagoga clandestina en el sótano. Vives halló refugio en Inglaterra y acabó en  el servicio de Catalina de Aragón y como tutor de nuestra querida Lady Mary. Cometió el humanista gran torpeza al intentar mediar entre Enrique y Catalina, y terminó cayéndoles gordos a ambos.

No todos los conversos merecían desconfianza y menos sus descendientes.  Pero los Estatutos de Limpieza de Sangre impedirán el acceso a órdenes religiosas y militares, conventos, universidades  y otras instituciones a quienes no puedan probar que son cristianos viejos, ósea que no tengan ni  antepasados moros o judíos. En la América Colonial también hay que probar que no se tiene sangre indígena o africana. Resulta obvio que estas ordenanzas se basan en un linaje racial no en fe religiosa.

 A pesar de que la Inquisición impedía el acceso a cargos públicos a hijos y nietos de sus condenados, con el pago de una multa se podía evadir tal prohibición. Los Estatutos eran más implacables en un tipo de discriminación social que intentaba acabar con la competencia que presentaban los conversos provenientes de un mundo urbano más instruido y sofisticado que los cristianos viejos venidos de zonas rurales. Es por eso por lo que Sancho Panza se siente orgulloso de su humilde linaje e ignorancia que lo acreditan como cristiano viejo.

Ser de “sangre limpia” era fundamental para ingresar al ejercito e incluso para emigrar a América. La cantidad de conversos que llegaron a nuestras tierras demuestra que se podían burlar los estatutos. Sin embargo en otros casos, un simple rumor de que alguien era de origen converso o alguna acusación anónima podían condenar a alguien, aun cuando fuera inocente.

La primera protesta conta estas leyes injustas vino del cardenal Francisco de Mendoza y Bobadilla, nieto de Andrés Cabrera. Cuando a su sobrino, el Conde de Chinchón,  le cerraron el paso para entrar una orden militar, el airado cardenal escribió un mamotreto que le envió al rey Felipe II. En este legajo,  que hoy puede encontrarse publicado bajo el nombre de El Tizón de la Nobleza,  Mendoza reprueba estos estatutos demostrando que más de la mitad de la aristocracia española desciende de judíos (comenzando por sus parientes,  Los Pacheco).

A mediados del Siglo XVII, España entra en crisis, el oro de las Américas se está acabando, la expulsión de los moriscos ha significado una grave pérdida de ingresos y mano de obra. El Conde Duque de Olivares, ministro del Rey Felipe IV,  comienza  a relajar algunos de los estatutos e incluso planea abrirles las fronteras a los judíos. Esto causa revuelo en la Iglesia y en los antisemitas que ven que los judíos están muy arraigados en países enemigos del Imperio como Holanda, Francia , el Imperio Otomano y pronto, Inglaterra. Ese gran antisemita Quevedo zahiere al Conde-Duque con sus satíricos dardos, el rey se doblega ante su confesor,  y los planes de regreso de los judíos quedan truncos.

En el Siglo XVIII,  políticos e intelectuales como el Padre Feijoo, Jovellanos y el Conde de Floridablanca abogarán en vano por la abolición de los estatutos. Una paradoja es que había españoles que vivían sospechando de tataranietos de conversos, pero cuando el converso austriaco Antón Raphael Mengs fue nombrado pintor de la corte nadie dijo ni pio. Para entonces ya no había casi comunicación entre conversos y judíos en el extranjero. Aun así, la Inquisición seguía quemando  supuestos criptojudios en una extraña renacimiento de su campaña anti conversos. Si a alguien le interesa el tema recomiendo “Los Fantasmas de Goya” con Javier Bardem y Natalie Portman



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Los Estatutos de Limpieza (tal como El Santo Oficio) tendrán que esperar al Siglo XIX, a la Primera República y a la Constitución de 1869 para ser erradicados definitivamente. Lo curioso es que no se abolió el Edicto de Expulsión (este se mantuvo vigente hasta 1968). El diputado Emilio Castelar  será  responsable por estas medidas. Aunque siempre había atacado el materialismo judío y su exclusivismo, un encuentro con un matrimonio sefardita en Florencia lo había conmovido y lo convertiría en,  tal vez,  el primer filosemita español.

Médico de Castelar es Ángel Pulido, que llegará a ser senador, pero saltará a la fama como el creador del Filosefardismo. Antes de hablar de ese movimiento hay que ver quienes son estos sefarditas que capturan la imaginación de españoles ilustrados y liberales en una nación donde todavía  “judío” es un insulto a pesar de que el español medio jamás ha visto a alguien que remotamente tenga ascendencia hebrea.

En cuatro siglos, las comunidades judías desterradas han prosperado  bajo el Islam o bajo gobernantes luteranos. incluso en Francia, a pesar de que los Borbones siguen poniéndoles trabas, por lo que desde Nostradamus hasta Montaigne, cuya madre venia de una familia judía huida de Aragón, prefieren pasar por buenos cristianos.  

En el exilio,  la comunidad sefardita tendrá grandes rabinos como Josué Caro, cabalistas como Moisés Cordovero, herejes como Sabbtai Zvi y escépticos como el gran filósofo Benito Spinoza. Tanto gustaron los monarca extranjeros de los sefarditas que otorgaron títulos de nobleza quienes tan bien les servían. Ese fue el caso de José Nasi, convertido por el Sultán en Duque de Naxos, Conde de Andros y Señor de Tiberiades.

Otro fue el Barón de Aguilar, favorito de la emperatriz Maria Teresa,  que recibió un título aun siendo judío practicante y la convenció de no expulsar a sus correligionarios de Austria. En España se enteraron de la existencia de este señor. descubrieron  que se llamaba Diego López Pereira y que nació en Portugal. Buscaron extraditarlo. El Barón huyó  Inglaterra donde la comunidad sefardita se había establecido desde que Oliver Cromwell les abrió las puertas.

Allá De Aguilar habrá oído hablar de Sir Salomón de Medina, el primer judío en ser nombrado caballero. Título que recibió del rey Guillermo III por sus servicios al haber financiado  las campañas del Duque del Marlborough a quien acompañó hasta el campo de batalla. Con esos antecedentes, poca sorpresa queda cuando en el siglo XIX, la Reina Victoria eleve a su Primer Ministro favorito, Benjamín Disraeli a Conde de Beaconsfield. No todos los sefarditas ingleses llegarán a la fama gracias a la política o las finanzas. Daniel Mendoza (tatarabuelo de Peter Sellers) se convertirá , gracias sus puños, en el primer campeón de boxeo de la historia.

¿Pero qué tenían en común Disraeli (cuyo padre se había convertido a la fe anglicana) , Daniel Mendoza, Sabbtai Zvi y Spinoza? Es algo que va más allá de religión y nacionalidad. Es esa cultura que el pueblo desterrado conservó, esa lengua, esos dichos, esas canciones y poemas, esas recetas de cocina y ese sueño de volver a España. Un sueño tan ilusorio que deriva en el dicho sefardita Un Kastiyo en Sefarad, ósea “un castillo en el aire”.   Ya lo dijo Castelar, hablando de los sefarditas,  en un artículo sobre El Caso Dreyfuss. “en el destierro de cuatro siglos aun vuelve los ojos con amor a las tierras donde el sol se pone y habla la lengua de sus perseguidores”.

Sefarad es el nombre que los primeros habitantes hebreros dieron a Hispania. Los exiliados por los Reyes Católicos se autodenominarían sefarditas o sefardíes. Conservarían su cultura como conservarían por siglos las llaves de su antiguos hogares abandonados en suelo español. Todo parte de esa quimera llamada Un Kastiyo en Sefarad.

Una que fue presa de esa quimera fue mi bisabuela, Fiorella Della Pena-Giglio (nee Ventura) que en años de la Segunda República,  cansada de esperar la nacionalidad prometida por Primo de Rivera,  se fue a España a buscar su Kastiyo en Sefarad y salió despavorida tras el estallido de la Guerra Civil. Pero crió a mi madre dentro de esa cultura que nunca abandonó. También le legó un odio a los comunistas y un respeto por el Caudillo que los había metido en cintura. Una ironía es que yo heredé los tres y solo recién estoy desmitificando un poco tanta fábula, porque si de algo nos preciamos los sefarditas es de ser buenos inventores y narradores de cuentos.

Pero antes del Caudillo y leyes filo sefarditas tenemos que ver en qué momento España y los judíos volvieron a encontrarse. Fue en Marruecos, en la primera parte de ese conflicto que duraría más de medio siglo. En 1859, recién  desembarcadas tropas españolas en Ceuta comienzan a encontrar un grupo de gente extraña que los recibe con alegría y en una lengua que suena a español arcaico ( el ladino o judezmo). Sobre este encuentro escribirán Pedro Antonio de Alaron (que no gustaba de los judíos ) con mucho desprecio en Diario de un testigo de la Guerra de África y Benito Pérez Galdós,  (filosefardita, quizás el más grande) con mucho humor en su Episodio Nacional,  Aita Tettauen.

Pero el Filosefardismo no nace en Marruecos sino en Los Balcanes cuando el Dr. Ángel Pulido oye a una pareja hablando en ladino en un crucero por el Danubio. Descubre que se trata de Los Bejarano, judíos sefarditas de Bucarest. Después oirá a un mercader en  Belgrado presentarse como “soy un español del Oriente”. Impresionado por esta capacidad de un pueblo de seguir vinculado a un pasado español. 

Pulido luchara por obtener ayuda y reconocimiento para los sefarditas primero en la preservación del idioma judeo-español y luego abogando por el retorno de los judíos a España. Y ahí le cayeron encima, porque los prejuicios de los cristianos viejos seguían muy vivos.

El Profesor Girón,  uno de los mayores críticos de Pulido y su movimiento,  alertó públicamente que traer  los judíos de regreso llevaría a una proliferación de esa raza y pasaría como en la días del Faraón bíblico. No sé si creería que los sefarditas traerían las 7 Plagas con ellos o que. Aun más fuerte fue que Pulido esgrimió los estatutos caducados acusando a Pulido de ser de la ralea conversa y pretender judaizar. Es que el problema del converso nunca se acaba.

A fines del Siglo XIX y comienzos del XX, Los judíos  reaparecen en la literatura en castellano, muy bien representados en las novelas de Galdós, Blasco Ibáñez y Concha Espina. No así en las letras barojianas. Pero ese cascarrabias de Don Pio era tan anticlerical que acusaba a los judíos de ser los precursores del Cristianismo (¡!). Más allá de caricaturas barojianas está el triste ejemplo de la obra de la Condesa de Pardo Bazán. En Una Cristiana y una Prueba (una novela publicada en dos partes),   Doña Emilia describe la “prueba” que tiene que pasar su protagonista, un buena cristiana que descubre que se ha casado con un converso.

Es increíble que La Condesa, que defendió  a Dreyfuss y apoyó el Filosefardismo de Pulido (y de su amante Galdós) escriba en 1890 usando los mismos estereotipos que existieron en días de Isabel y Fernando. Para huir de su padre casquivano, Carmiña se casa con un tío que,  por parte de madre,  desciende de cristianos nuevos y descubre que medio milenio no ha borrado los defectos de una “raza deicida”.  El marido le sale avaro, codicioso, lujurioso, y más encima feo y con nariz ganchuda. Carmiña le tiene asco. Solo cuando el monstruo se contagia de lepra comienza a quererle porque ve en velar al enfermo una prueba que el Cielo le impone.

En su pieza teatral El Becerro de Metal, Doña Emilia va más lejos en la historia de unos millonarios sefarditas que se instalan em España para vengar a sus antepasados con su poder financiero.  A diferencia de Larra, Bécquer y Espronceda que perpetuaban estereotipos antisemitas,  pero en escenarios medievales, La Pardo Bazán habla de un escenario contemporáneo, advierte que el peligro converso todavía existe y que traer  a los sefarditas de regreso es un error.

Llevo seis páginas y me he alejado mucho de “Isabel”,  pero es que ese fue el legado del Edicto, una profunda desconfianza por el judío  acoplada con una admiración por la cultura sefardita. La desconfianza aflora cada vez que un judío haga algo que moleste. La amortización de Mendizábal en el Siglo XIX fue adjudicada por los Carlistas a su origen converso. A Antonio Maura, a comienzos del Siglo XX, le gritaron Chueta (apelativo despectivo para los conversos de Las Baleares) en la cara y cierto caballero cada vez que esbozó algo que los tradicionalistas considerarían pro-judío se le recordó que su apellido era de origen converso (la familia acusada de matar al Santo Niño de la Guardia) se apellidaba Franco).

Hablar de los sefarditas y la Guerra Civil y el Franquismo me daría para siete páginas más. Vale solo decir que hubo un Filosefardismo de derechas que no prosperó; que la relación del franquismo con el mundo sefardí fue esquizofrénica; que efectivamente hubo banqueros judíos marroquíes que financiaron a Franco,  y que él salvo judíos del Holocausto (bendito sea por eso). Pero  hasta el día de su muerte, El Caudillo vociferó en contra de la conspiración judeo-masónica  y en los 50,  bajo el seudónimo de Jakim Boor,  escribió artículos dando por cierto el caso del Santo Niño de la Guardia.


Para ser sinceros, los sefarditas para los españoles somos bonitos de lejos. Aun así se han hecho un par de intentos para reincorporarlos a España. El primero fue durante la era del General Primo de Rivera. En un esfuerzo Panhispanista por dar la ciudadanía a todo descendiente de españoles, se creó una ley a la que se acogieron cuatro mil sefarditas. Hasta hoy ni he conocido ni he sabido de ninguno al que se le diera la nacionalidad. Mi bisabuela que llenó papeles en Italia en 1929,  y que incluso vivió en España en los 30, nunca la obtuvo.

Ni la misma Republica aceleró el proceso temiendo recibir capitalistas y banqueros hambreadores del pueblo. Lo judíos que salvó Franco pudieron entrar a España solo como una parada, se esperaba que rápidamente transitaran hacia otros países Y vaya que hubo protestas, sobre todo por parte de La Falange y otros sectores tradicionalistas cuandolos judíos  cruzaban la frontera. Muchos judíos acabaron en campos de detención y trabajos forzados en Miranda del Ebro, y en listas que se pretendía entregar a la Gestapo.

.Hace cuatro años el gobierno de Mariano Rajoy emitió la Ley de Nacionalidad Española que específicamente se enfoca en los sefarditas. En Israel casi colapsó la embajada española con peticiones.

Un año más tarde y con más de mil peticiones por procesar solo tres personas habían alcanzado la nacionalidad, una de ellas una abuelitas parisina de 90 años. Pero en mayo de este año, ya seis mil sefarditas eran españoles  nuevos y se ha estirado el plazo para las aplicaciones hasta 1919.

No sé qué decir, por un lado me alegro, por otro tengo miedo.  Mientras haya sefardíes habrá esa utopía del Kastiyo en Sefarad, pero también si se hacen notar habrá un resurgimiento de ese peligroso  recelo que nos mostró “Isabel.