Agosto es un mes
difícil para los Gatos Seriefilos. Todos se van de vacaciones y los servicios
de cable y streaming se conforman con reposiciones o mediocridades. Este año, decidí enfrentarme al aburrimiento armándome
de series ya vistas, pero que merecían una segunda mirada, y algún que otro filón
de oro escondido, como siempre
proveniente del continente europeo. Esto es lo que vi y recomiendo.
Mi primera
sorpresa me la llevé con la abundancia de material encontrado. Cuando acabé de
hacer mi lista, noté que no solo tenía tres
horas diarias de TV cubiertas. Además,
me encontraba ante la posibilidad de volver a ver, incluso conocer por primera
vez, series inglesas de una época en que ‘”Production- Made-in-England” era
sinónimo de calidad. Otro descubrimiento fueron formulas del period drama
que agregar a los esquemas que repasamos el año pasado y ver cómo han decaído y
como han evolucionado algunos subgéneros.
De esa manera me
he encontrado dedicando cada día de la semana a determinados subgéneros.
Comencemos por el…
LUNES
Finalmente me
puse las pilas y estoy viendo las tres temporadas finales de Un VIllage Française. Después de haber gozado cuatro temporadas de la
mejor serie francesa de este siglo (que disfruté en Chile vía TVCinque y Europa
Europa y hoy puede verse en USA en MHz Choice) , no me atrevía a terminarla.
Como es mi costumbre, me había leído
todos los spoilers y era consciente de que el final iba ser muy triste y desesperanzador.
Efectivamente, ha sido durísimo ver a Marie ahorcada. Odié a
Marchetti por ser su verdugo, pero lloré cuando le llegó la hora de ser
ejecutado y como su Rita, para evitarle la ignominia del paredón, le suministró veneno. Más lloré cuando Rita
fue ultimada por balas árabes durante la Guerra de Independencia de Israel.
Tampoco me gustó
el cambio de los personajes. ¿Como el bonachón de Beriot iba a quemar vivo a Kurt?
¿Como el héroe de la Resistencia, Anselme, iba a convertirse en el borracho del
pueblo? La visión de la posguerra es descarnada: luchas de poder entre
gaullistas y comunistas; ajustes de cuentas que a veces obedecen a venganzas
personales; y la injusticia de una
justicia mal llevada donde incluso los liberadores apoyan el mercado negro,
violan a las liberadas, hacen negocios con los colabos y amparan a
criminales de guerra.
Hay grandeza en
esa sinceridad, y un mensaje pacifista.
Después de una guerra ya no hay buenos ni malos, solo sobrevivientes. Esa visión tan honesta
solo la encuentro en la fantástica Bohema. Aunque
apenas hace unos meses que la vi en Tubi, me toca revisarla nuevamente. Revisarla
y gozarla, por algo mi reseña es una de las más leídas de Las Confesiones de
una Gata Seriefila. Sobre todo, porque ya la está ofreciendo, desde agosto, el Eurochannel en América Latina.
Bohema tiene esa cualidad conmovedora y cínica la vez de enfrentarse a un pasado inconveniente, de detallar las purgas, a veces desmesuradas, y la incapacidad de los purgados de reconocer la inmensidad de sus actos. Vemos como pagan justos por pecadores, como otros se la arreglan para seguir colaborando ahora con nuevos regímenes, y como la liberación del yugo nazi solo significa cambiar de ocupantes colonizadores.
Otra serie que también
reviso los lunes es la italiana El Comisario De Luca que nos muestra al poliziotto como
un elemento semi autónomo de la policía fascista que, sin embargo, al llegar La
Liberación cae en desgracia, bajo el estigma de haber servido al enemigo. El camino
de De Luca lo lleva a tener que explicar su comportamiento a cada rato. Eso a
pesar de los verdaderos fascistas siguen manejando, desde las sombras, el
destino de Italia.
Se trata de un trio
de series de países tan diversos que debaten el mismo dilema moral y cuya
moraleja es “no hay términos medios” o parafraseando al Dante: el peor lugar del infierno es el que aguarda a
quienes no supieron elegir un bando en momentos de crisis. Aunque las tres comparten
una necesidad de perdonar a quienes inconscientemente se convirtieron en
esbirros de regímenes genocidas, no llega a la llorona irresponsabilidad de
querer eximir de culpas y ver como victimas a quienes realmente fueron
criminales de guerra que parece ser la tesis de las desagradables El Desertor y Nuestros Años Milagrosos. Ni hablar de las extravagancias
histéricas de Shadowplay. La única serie alemana que se le acerca en
términos de la honestidad de un Rubble Film es Tannbach
MARTES
El segundo día de
la semana se lo he dejado a un entretenimiento más light o quizás no. Me
refiero al drama médico de época. Estoy viendo The Royal una comedia
médica que tiene el mérito de haber durado ocho temporadas (dos más que Downton
Abbey) entre el 2003 y el 2010 y que puede verse gratis por Freevie. La
historia tiene lugar en el ficticio hospital de St. Aidan’s en la zona rural de
Yorkshire. St. Aidan’s fue fundado en el siglo XIX por la familia Middleditch
que dejó dos requisitos: que el hospital se mantuviese solo de la caridad
privada y que un miembro de la familia siempre estuviese a cargo.
Ahora a mediados
de los Sesenta, este rol ha caído en manos de T.J. Middleditch un afable solterón,
muy bueno en eso de recaudar donativos, pero los tiempos han cambiado. MIddleditch
a veces se siente superado por la falta de recursos y personal médico, lo que
lo deja en las manos de Ken, pillo profesional y rey del nepotismo. Ken está a
cargo de las reparaciones y logísticas del hospital y sabe conseguir de todo,
aunque sea de manera ilegal y el producto no sea de buena calidad. Además, ha
colocado a miembros de su innumerable familia en puestos en St. Aidan’s o
recurre a ellos si necesita algo.
Para colmo, las
autoridades médicas no ven con buenos ojos el manejo del dispensario y buscan
cerrarlo. Antes infiltran al siniestro Mr. Harper para que investigue el
desorden que pasa por management. El humor de la novela se cifra en el
conflicto Ken-Harper y las intromisiones de este último. El pathos lo proporciona
los casos médicos, los romances del personal, y las vidas privadas de los pacientes y sus médicos.
Sorprende el buen
equilibrio entre lo serio y lo jocoso, y lo mucho que se puede hacer con poco.
Gran uso del paisaje, espacios interiores reducidos, muchas veces se usa el mismo
vestuario de temporada y el magnífico soundtrack está compuesto del hit parade
de fines de Los Sesenta. El resultado es más optimo que en otras series de
mayor presupuesto.
Estoy viendo
también London Hospital (o Casualty 1906) basada en crónicas
reales del hospital más antiguo de Londres. Abrimos en 1906 en lo que pasaría
por ER. Es un East End más duro que el
que vemos en Call the Midwife con obreros suicidas, amas de casa
muriendo a causa de abortos mal hechos, judíos anarquistas apaleados por la
policía, y niños por doquier, niños con difteria, niños raquíticos, niños mordidos
por ratas. El mayor problema son las infecciones en una época donde todavía no
existían los antibióticos. El mayor logro: los rayos X a pesar de que la
radiación ya le ha costado los dedos al radiólogo pionero Mr. Ernest Wilson (un personaje real).
Para menos
patetismo, aunque también emotiva me voy a la campiña escocesa con el Dr.
Finlay (Tubi). Recién retornado de
la Segunda Guerra Mundial, Henry Finley descubre que su novia se ha enredado
con un soldado yanqui, que su jefe el Dr. Cameron piensa retirarse dejándole la
práctica, pero que deberá compartirla con el imberbe y odioso Dr. Neil. Aunque
Finlay y su nuevo colega llegan a un término medio de tolerancia, la inexperiencia de Neil acoplada a su actitud
de que lo nuevo es lo mejor, provocará muchos
conflictos en un espacio que todavía no se recupera de las pérdidas de la
guerra.
MIERCOLES
He dedicado la
mitad de la semana a un género que ha decaído horriblemente. Por más de medio
siglo los ingleses fueron maestros en la ficción de espionaje en la Guerra Fría,
tanto en libros como cine y televisión. Pero desde hace unos cinco años, las
series de espionaje británicas (las únicas que cuentan) dejan tanto que desear
que es penoso verlas. Ese es el caso de Traitors (Netflix), SpyCity
(AMC+ o Sundance Now) y Summer of
Rockets (Roku) que estoy siguiendo los miércoles. El tema amerita una nota más
larga que prometo ( D-s mediante) para un par de semanas más.
JUEVES
Me he prometido
por principio y solidaridad con el pueblo ruso, y seamos sinceros, porque son exce-len-tes, no privarme de las
series rusas. Pero por principio y solidaridad con el pueblo ucraniano, no haré
reseñas individuales. Tubi ha traído este verano la primera temporada de Iván
el Terrible. Ahora tienen una trilogía informal de la historia renacentista
rusa con Sophia, El Terrible y las dos temporada de Godunov. Sophia
es un poco aburrida, pero el blanqueamiento de Iván, uno de los ‘Monstruos” de
la historia europea, es fascinante y la
serie muy bien filmada y actuada.
Parece que
aprendieron de las críticas que le llovieron a Godunov que la antecedió.
Lo malo es que me he quedado con ganas de saber más de la historia de Rusia por
lo que me puse a ver Godunov. Realmente tiene problemas graves de
producción y no el menor el desorden de las pistas de sonido. Los diálogos no
concuerdan con los subtítulos ni con los movimientos de labios de los actores. Tengo
que concentrarme en los subtítulos y no mirar la cara de los personajes. Espero
que este problema no haya afeado la segunda temporada.
Lo extraordinario
de estas sagas históricas es como entroncan con “la historia occidental”. En
este año en que el Renacimiento se hace presente en el period piece con Leonardo,
The Serpent Queen y Becoming Elizabeth resulta fascinante saber que Iván ya había
establecido contacto con la corte del Reyecito Eduardo VI y que había aprendido
inglés para comunicarse con los enviados británicos. En Godunov en
cambio vemos a la corte moscovita en tratos con su equivalente isabelina.
VIERNES
El día dedicado a
los misterios históricos. Espérense una nota sobre ellos. Estoy viendo de nuevo
las dos temporadas de Vienna Blood, y las últimas temporadas de Miss Phryne Fischer, pero también estoy siguiendo una serie
policial WPC 56 (en Freevie) que dramatiza la trayectoria de la primera
mujer policía en un pueblo cercano a Birmingham a fines de Los Cincuenta. Lo
interesante no es ver como Gina Dawson lucha contra prejuicios machistas. Eso
lo hemos visto en otras series. Lo fascinante en este caso, es que tras dos
temporadas intentando ser parte del equipo, la policía debe pedir su traslado. La
han vencido sus propias fragilidades femeninas y ya no tiene cabida en su sitio
de trabajo. Es tan original que estoy pensando hacerle una nota aparte.
SABADO
Lo he dedicado a mi
pasión, la Segunda Guerra Mundial. Estoy viendo por quinta vez El tiempo entre costuras, enfocándome más en Rosalinda Fox que, en Sira Quiroga. Estoy viendo por segunda
vez Madame K y saboreando cada escena como si fueran viñetas,
los vestidos, el decorado, la música, la belleza de las actrices, los diálogos,
todo es un homenaje a la elegancia en
esta serie estoniana .Tanto que a ratos me olvido de que se trata de un
prostíbulo y que son prostitutas. Cuanto más la veo más añoro que Walter Presents
nos traiga la segunda temporada.
Pero la
culminación de mis sábados es una excelente serie bielorrusa del 2015. Aun
siendo una friki de la historia del Tercer Reich y el Holocausto se me había
escapado el nombre de Wilhelm Kube (Kraube en la serie). Kube/Kraube era el
Gauleiter (Gobernador) de la Bielorrusia ocupada. Kube y Reinhard Heydrich son
los únicos jerarcas nazis que murieron en atentados de la resistencia.
Un enigmático personaje este Kube que, en su
momento, llegó a representar un bochorno
para sus colegas en la alta esfera de nazistas y la SS encabezada por el
siniestro Himmler. Kube, además de
mujeriego y semi alcohólico, sentía un especial vínculo con sus “subditos” puesto
que creía que fomentar el nacionalismo bielorruso los haría más dóciles a los
designios nazis y rechazaba las ejecuciones de rehenes que creía solo
predisponían a los habitantes locales a odiar a los alemanes y a ayudar a las guerrillas.
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Para colmo, Kube, aunque ferviente antisemita, consideraba
que matar a los judos era desperdiciar una útil mano de obra esclava, y deseaba
eximir del exterminio a los judíos alemanes (muchos de los cuales habían acabado
en el ghetto de Minsk que estaba en territorio bajo jurisdicción del Gauleiter)
Sobre todo buscaba proteger a los que habían peleado en el bando alemán durante
la Gran Guerra. Como dijo Himmler al enterarse de la muerte de Kube: “Fue una
bendición”. El Gauleiter de no haber muerto hubiese acabado en un campo de
concentración.
Otro detalle misterioso
del caso es que Kube había sobrevivido a varios atentados. La vigilancia
alrededor de su casa y su familia estaba más que reforzada. Sin embargo, murió
a causa de una bomba que su criada, una bielorrusa llamada Yelena Mazanik puso
bajo la cama. Muchos, entre ellos la viuda de Kube, sospecharon que
se trataba de un contubernio entre las SS y los partisanos.
Y en la serie
Hunting the
Gauleiter/ Cazando al Gauleiter se las arregla para definir esa contradictoria personalidad (muy buena actuación
de Uve Jelliken) y aunque a veces caiga en la caricatura también se expresa su
dimensionalidad que supera al acartonado retrato de los alemanes como cerdos
villanos irredimibles. A pesar de que la serie es ambigua en la participación
nazi en el atentado, deja clara la mala relación entre Kraube y su subalterno
el aristocrático von Gottberg, jefe de
las SS.
La serie ha echado
mano de un recurso dramático, el triángulo amoroso. Así se convierte el hecho
histórico en trasfondo de la conspiración fraguada por la partisana Maria Ossipova
y Mazanik (ahora llamada Galina Pomazan) y que acaba con ambas recibiendo
medallas de la Unión Soviética por la ejecución de un líder fascista cuando la
realidad es que el atentado se basó en intereses personales.
La serie es un
placer para los sentidos. Hasta la banda sonora es emotiva e intensa. La
dirección puede ser un poco torpe en los espacios urbanos, pero descuella en su
retrato del paisaje bielorruso. Las actuaciones son desiguales, pero destacan
en talento y belleza las protagonistas. Maria Arkhipova parece una Leticia Calderón
joven, y Anastasya Zavorotnyuk es una Hedy
Lamarr con ojos oscuros.
El libreto logra
sacar lo mejor de esos personajes. Contrasta Maria, abogado, mujer instruida y ferviente
comunista, cuyo fanatismo choca con sus
celos de mujer enamorada con la generosidad ingenua de Galina, una simple
camarera, que se ve orillada, por
defender al hombre que ama, a cometer lo que para ella es un crimen.
La mayoría de los
personajes están bien desarrollados. Los partisanos pueden ser despiadados
fanáticos y los colaboracionistas, gente
simple que solo quiere sobrevivir. Los judíos superan su rol de víctimas
buenistas, y Kraube nos permite un
atisbo de la mentalidad nazi detrás del uniforme y el manual propagandístico. Si
me he detenido tanto en esta serie no es solo porque la amerita sino porque
además está en YouTube con subtítulos en inglés y en castellano.
DOMINGO
El último día de
la semana lo he dedicado a historias que tienen lugar en el Renacimiento.
Acabada Becoming Elizabeth y en la espera de The Serpent Queen,
me ha llegado Leonardo, la serie de la RAI sobre una ficticia acusación
de asesinato que le cayó encima al Maestro Da Vinci.
Aunque haré una
reseña, ha sido tremenda decepción y una tarea titánica verla. ¡Qué mal hecha
está! Tan mal hecha que me he puesto a ver Queens, otro intento de mostrarnos
la rivalidad entre María Estuardo y su prima Chabelita. A pesar de que siguen
con ese juego de inventarnos encuentros nunca habidos entre esas reinas, y a
pesar de que las actuaciones dejan mucho que desear, es más presentable que Leonardo.
Si hablamos de
malos actores, donde se les puede apreciar más es en la magnífica—excepto
en talento actoral—Carlos , Rey Emperador. Aunque no está completa, RTVE tiene clips
de un cuarto de hora, cada uno contiene
lo mejor de cada episodio. ¡Qué gran historia,
que gran rey! El drama además nos permite asomarnos a la disoluta corte
francesa con ese Francisco I que se la pasaba en la cama, y el desorden de los
Tudor en Inglaterra, con un emotivo retrato de la pobre Bloody Mary.
Para
contrarrestar, estoy viendo un docudrama
en PBS sobre Los Bolena, ya les hablaré más de ese, pero también para
contrarrestar las toxinas de Leonardo, me enfilé a lo mejor que se haya hecho
en este siglo sobre el siglo XV, me refiero a Los Borgia, magna opus de Neil Jordan.
No sé qué es lo
que más resalta en este trabajo tan primoroso que siento que incluso supera a
Los Tudor de Michael Hirst que ya es mucho decir. ¿Es el impresionante
elenco? ¿La fastuosidad de vestuario y decorado? ¿la inmensidad psicológica de sus personajes?
Es todo eso y más, y me impulsa a escribir sobre esta serie y como supera a
otras historias sobre las turbulencias del Renacimiento, pero en tres palabras
lo mejor de Los Borgia: una cuidadosa atmosfera de época que abarca todo
desde el idioma hasta la manera de pensar de los personajes; la humanidad de
estos que nos inspira a quererlos a pesar de ellos mismos y la expansión del Juego
de Tronos del Papado que nos permite conocer a personajes fuera de Roma como
Savoranola, Caterina Sforza y Carlos VIII de Francia.
Así es como
sobrevivo mis días, mis achaques, mis
crisis domésticas y conflictos existenciales. Desde que tengo uso de razón que
amo los cuentos de hadas y el streaming sigue proporcionándomelos. Son mi
mecanismo de sobrevivencia y me imagino que, para venir a leerme, deben tener también
importancia para ustedes. Cuéntenme cuales de estas series han visto, cuales
les gustaría ver. Y mejor aún, compartan
conmigo que cuentos de hadas los han entretenido este verano.