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martes, 13 de septiembre de 2022

Que Vi, Reví y Revisé en Agosto

 


Agosto es un mes difícil para los Gatos Seriefilos. Todos se van de vacaciones y los servicios de cable y streaming se conforman con reposiciones o mediocridades. Este año,  decidí enfrentarme al aburrimiento armándome de series ya vistas, pero que merecían una segunda mirada, y algún que otro filón de oro escondido,  como siempre proveniente del continente europeo. Esto es lo que vi y recomiendo.

Mi primera sorpresa me la llevé con la abundancia de material encontrado. Cuando acabé de hacer mi lista,  noté que no solo tenía tres horas diarias de TV cubiertas.  Además, me encontraba ante la posibilidad de volver a ver, incluso conocer por primera vez, series inglesas de una época en que ‘”Production- Made-in-England” era sinónimo de calidad. Otro descubrimiento fueron formulas del period drama que agregar a los esquemas que repasamos el año pasado y ver cómo han decaído y como han evolucionado algunos subgéneros.

De esa manera me he encontrado dedicando cada día de la semana a determinados subgéneros. Comencemos por el…

LUNES

Finalmente me puse las pilas y estoy viendo las tres temporadas finales de Un VIllage Française. Después de haber gozado cuatro temporadas de la mejor serie francesa de este siglo (que disfruté en Chile vía TVCinque y Europa Europa y hoy puede verse en USA en MHz Choice) , no me atrevía a terminarla. Como es mi costumbre,  me había leído todos los spoilers y era consciente de que el final iba ser muy triste y desesperanzador.



Efectivamente,  ha sido durísimo ver a Marie ahorcada. Odié a Marchetti por ser su verdugo, pero lloré cuando le llegó la hora de ser ejecutado y como su Rita, para evitarle la ignominia del paredón,  le suministró veneno. Más lloré cuando Rita fue ultimada por balas árabes durante la Guerra de Independencia de Israel.




Tampoco me gustó el cambio de los personajes. ¿Como el bonachón de Beriot iba a quemar vivo a Kurt? ¿Como el héroe de la Resistencia, Anselme, iba a convertirse en el borracho del pueblo? La visión de la posguerra es descarnada: luchas de poder entre gaullistas y comunistas; ajustes de cuentas que a veces obedecen a venganzas personales;  y la injusticia de una justicia mal llevada donde incluso los liberadores apoyan el mercado negro, violan a las liberadas, hacen negocios con los colabos y amparan a criminales de guerra.

Hay grandeza en esa sinceridad, y un mensaje pacifista.  Después de una guerra ya no hay buenos ni malos,  solo sobrevivientes. Esa visión tan honesta solo la encuentro en la fantástica Bohema.  Aunque apenas hace unos meses que la vi en Tubi, me toca revisarla nuevamente. Revisarla y gozarla, por algo mi reseña es una de las más leídas de Las Confesiones de una Gata Seriefila. Sobre todo, porque ya la está ofreciendo,  desde agosto,  el Eurochannel en América Latina.



Bohema tiene esa cualidad conmovedora y cínica la vez de enfrentarse a un pasado inconveniente,  de detallar las purgas,  a veces desmesuradas,  y la incapacidad de los purgados de reconocer la inmensidad de sus actos. Vemos como pagan justos por pecadores, como otros se la arreglan para seguir colaborando ahora con nuevos regímenes,  y como la liberación del yugo nazi solo significa cambiar de ocupantes colonizadores.

Otra serie que también reviso los lunes es la italiana El Comisario De Luca que nos muestra al poliziotto como un elemento semi autónomo de la policía fascista que, sin embargo, al llegar La Liberación cae en desgracia, bajo el estigma de haber servido al enemigo. El camino de De Luca lo lleva a tener que explicar su comportamiento a cada rato. Eso a pesar de los verdaderos fascistas siguen manejando, desde las sombras, el destino de Italia.

Se trata de un trio de series de países tan diversos que debaten el mismo dilema moral y cuya moraleja es “no hay términos medios” o parafraseando al Dante:  el peor lugar del infierno es el que aguarda a quienes no supieron elegir un bando en momentos de crisis. Aunque las tres comparten una necesidad de perdonar a quienes inconscientemente se convirtieron en esbirros de regímenes genocidas, no llega a la llorona irresponsabilidad de querer eximir de culpas y ver como victimas a quienes realmente fueron criminales de guerra que parece ser la tesis de las desagradables El Desertor y Nuestros Años Milagrosos. Ni hablar de las extravagancias histéricas de Shadowplay. La única serie alemana que se le acerca en términos de la honestidad de un Rubble Film es Tannbach

MARTES

El segundo día de la semana se lo he dejado a un entretenimiento más light o quizás no. Me refiero al drama médico de época. Estoy viendo The Royal una comedia médica que tiene el mérito de haber durado ocho temporadas (dos más que Downton Abbey) entre el 2003 y el 2010 y que puede verse gratis por Freevie. La historia tiene lugar en el ficticio hospital de St. Aidan’s en la zona rural de Yorkshire. St. Aidan’s fue fundado en el siglo XIX por la familia Middleditch que dejó dos requisitos: que el hospital se mantuviese solo de la caridad privada y que un miembro de la familia siempre estuviese a cargo.



Ahora a mediados de los Sesenta, este rol ha caído en manos de T.J. Middleditch un afable solterón, muy bueno en eso de recaudar donativos, pero los tiempos han cambiado. MIddleditch a veces se siente superado por la falta de recursos y personal médico, lo que lo deja en las manos de Ken, pillo profesional y rey del nepotismo. Ken está a cargo de las reparaciones y logísticas del hospital y sabe conseguir de todo, aunque sea de manera ilegal y el producto no sea de buena calidad. Además, ha colocado a miembros de su innumerable familia en puestos en St. Aidan’s o recurre a ellos si necesita algo.

Para colmo, las autoridades médicas no ven con buenos ojos el manejo del dispensario y buscan cerrarlo. Antes infiltran al siniestro Mr. Harper para que investigue el desorden que pasa por management. El humor de la novela se cifra en el conflicto Ken-Harper y las intromisiones de este último. El pathos lo proporciona los casos médicos, los romances del personal,  y las vidas privadas de los pacientes y sus médicos.



Sorprende el buen equilibrio entre lo serio y lo jocoso, y lo mucho que se puede hacer con poco. Gran uso del paisaje, espacios interiores reducidos, muchas veces se usa el mismo vestuario de temporada y el magnífico soundtrack está compuesto del hit parade de fines de Los Sesenta. El resultado es más optimo que en otras series de mayor presupuesto.

Estoy viendo también London Hospital (o Casualty 1906) basada en crónicas reales del hospital más antiguo de Londres. Abrimos en 1906 en lo que pasaría por ER.  Es un East End más duro que el que vemos en Call the Midwife con obreros suicidas, amas de casa muriendo a causa de abortos mal hechos, judíos anarquistas apaleados por la policía, y niños por doquier, niños con difteria, niños raquíticos, niños mordidos por ratas. El mayor problema son las infecciones en una época donde todavía no existían los antibióticos. El mayor logro: los rayos X a pesar de que la radiación ya le ha costado los dedos al radiólogo pionero Mr. Ernest Wilson  (un personaje real).



Para menos patetismo, aunque también emotiva me voy a la campiña escocesa con el Dr. Finlay (Tubi).  Recién retornado de la Segunda Guerra Mundial, Henry Finley descubre que su novia se ha enredado con un soldado yanqui, que su jefe el Dr. Cameron piensa retirarse dejándole la práctica, pero que deberá compartirla con el imberbe y odioso Dr. Neil. Aunque Finlay y su nuevo colega llegan a un término medio de tolerancia,  la inexperiencia de Neil acoplada a su actitud de que lo nuevo es lo mejor,  provocará muchos conflictos en un espacio que todavía no se recupera de las pérdidas de la guerra.


MIERCOLES

He dedicado la mitad de la semana a un género que ha decaído horriblemente. Por más de medio siglo los ingleses fueron maestros en la ficción de espionaje en la Guerra Fría, tanto en libros como cine y televisión. Pero desde hace unos cinco años, las series de espionaje británicas (las únicas que cuentan) dejan tanto que desear que es penoso verlas. Ese es el caso de Traitors (Netflix), SpyCity (AMC+ o Sundance Now)  y Summer of Rockets (Roku) que estoy siguiendo los miércoles. El tema amerita una nota más larga que prometo ( D-s mediante) para un par de semanas más.

JUEVES

Me he prometido por principio y solidaridad con el pueblo ruso, y seamos sinceros,  porque son exce-len-tes, no privarme de las series rusas. Pero por principio y solidaridad con el pueblo ucraniano, no haré reseñas individuales. Tubi ha traído este verano la primera temporada de Iván el Terrible. Ahora tienen una trilogía informal de la historia renacentista rusa con Sophia, El Terrible y las dos temporada de Godunov. Sophia es un poco aburrida, pero el blanqueamiento de Iván, uno de los ‘Monstruos” de la historia europea,  es fascinante y la serie muy bien filmada y actuada.



Parece que aprendieron de las críticas que le llovieron a Godunov que la antecedió. Lo malo es que me he quedado con ganas de saber más de la historia de Rusia por lo que me puse a ver Godunov. Realmente tiene problemas graves de producción y no el menor el desorden de las pistas de sonido. Los diálogos no concuerdan con los subtítulos ni con los movimientos de labios de los actores. Tengo que concentrarme en los subtítulos y no mirar la cara de los personajes. Espero que este problema no haya afeado la segunda temporada.



Lo extraordinario de estas sagas históricas es como entroncan con “la historia occidental”. En este año en que el Renacimiento se hace presente en el period piece con Leonardo, The Serpent Queen y Becoming Elizabeth resulta fascinante saber que Iván ya había establecido contacto con la corte del Reyecito Eduardo VI y que había aprendido inglés para comunicarse con los enviados británicos. En Godunov en cambio vemos a la corte moscovita en tratos con su equivalente isabelina.

VIERNES

El día dedicado a los misterios históricos. Espérense una nota sobre ellos. Estoy viendo de nuevo las dos temporadas de Vienna Blood, y las últimas temporadas de Miss Phryne Fischer,  pero también estoy siguiendo una serie policial WPC 56 (en Freevie) que dramatiza la trayectoria de la primera mujer policía en un pueblo cercano a Birmingham a fines de Los Cincuenta. Lo interesante no es ver como Gina Dawson lucha contra prejuicios machistas. Eso lo hemos visto en otras series. Lo fascinante en este caso, es que tras dos temporadas intentando ser parte del equipo, la policía debe pedir su traslado. La han vencido sus propias fragilidades femeninas y ya no tiene cabida en su sitio de trabajo. Es tan original que estoy pensando hacerle una nota aparte.



SABADO

Lo he dedicado a mi pasión, la Segunda Guerra Mundial. Estoy viendo por quinta vez El tiempo entre costuras, enfocándome más en Rosalinda Fox que, en Sira Quiroga. Estoy viendo por segunda vez Madame K y saboreando cada escena como si fueran viñetas, los vestidos, el decorado, la música, la belleza de las actrices, los diálogos,  todo es un homenaje a la elegancia en esta serie estoniana .Tanto que a ratos me olvido de que se trata de un prostíbulo y que son prostitutas. Cuanto más la veo más añoro que Walter Presents nos traiga la segunda temporada.

Pero la culminación de mis sábados es una excelente serie bielorrusa del 2015. Aun siendo una friki de la historia del Tercer Reich y el Holocausto se me había escapado el nombre de Wilhelm Kube (Kraube en la serie). Kube/Kraube era el Gauleiter (Gobernador) de la Bielorrusia ocupada. Kube y Reinhard Heydrich son los únicos jerarcas nazis que murieron en atentados de la resistencia.

                                   El verdadero Wilhelm Kube

 Un enigmático personaje este Kube que, en su momento,  llegó a representar un bochorno para sus colegas en la alta esfera de nazistas y la SS encabezada por el siniestro Himmler. Kube,  además de mujeriego y semi alcohólico, sentía un especial vínculo con sus “subditos” puesto que creía que fomentar el nacionalismo bielorruso los haría más dóciles a los designios nazis y rechazaba las ejecuciones de rehenes que creía solo predisponían a los habitantes locales a odiar a los alemanes y a ayudar a las guerrillas.



Para colmo,  Kube, aunque ferviente antisemita, consideraba que matar a los judos era desperdiciar una útil mano de obra esclava, y deseaba eximir del exterminio a los judíos alemanes (muchos de los cuales habían acabado en el ghetto de Minsk que estaba en territorio bajo jurisdicción del Gauleiter) Sobre todo buscaba proteger a los que habían peleado en el bando alemán durante la Gran Guerra. Como dijo Himmler al enterarse de la muerte de Kube: “Fue una bendición”. El Gauleiter de no haber muerto hubiese acabado en un campo de concentración.




Otro detalle misterioso del caso es que Kube había sobrevivido a varios atentados. La vigilancia alrededor de su casa y su familia estaba más que reforzada. Sin embargo, murió a causa de una bomba que su criada, una bielorrusa llamada Yelena Mazanik puso bajo la cama.  Muchos,  entre ellos la viuda de Kube, sospecharon que se trataba de un contubernio entre las SS y los partisanos.

                                        Yelena Mazianik en la vida real...
                            Y en la serie

Hunting the Gauleiter/ Cazando al Gauleiter se las arregla para definir esa contradictoria personalidad (muy buena actuación de Uve Jelliken) y aunque a veces caiga en la caricatura también se expresa su dimensionalidad que supera al acartonado retrato de los alemanes como cerdos villanos irredimibles. A pesar de que la serie es ambigua en la participación nazi en el atentado, deja clara la mala relación entre Kraube y su subalterno el aristocrático von Gottberg,  jefe de las SS.



La serie ha echado mano de un recurso dramático, el triángulo amoroso. Así se convierte el hecho histórico en trasfondo de la conspiración fraguada por la partisana Maria Ossipova y Mazanik (ahora llamada Galina Pomazan) y que acaba con ambas recibiendo medallas de la Unión Soviética por la ejecución de un líder fascista cuando la realidad es que el atentado se basó en intereses personales.



La serie es un placer para los sentidos. Hasta la banda sonora es emotiva e intensa. La dirección puede ser un poco torpe en los espacios urbanos, pero descuella en su retrato del paisaje bielorruso. Las actuaciones son desiguales, pero destacan en talento y belleza las protagonistas. Maria Arkhipova parece una Leticia Calderón joven,  y Anastasya Zavorotnyuk es una Hedy Lamarr con ojos oscuros.



El libreto logra sacar lo mejor de esos personajes. Contrasta Maria,  abogado, mujer instruida y ferviente comunista,  cuyo fanatismo choca con sus celos de mujer enamorada con la generosidad ingenua de Galina, una simple camarera, que se ve orillada,  por defender al hombre que ama,  a  cometer lo que para ella es un crimen.



La mayoría de los personajes están bien desarrollados. Los partisanos pueden ser despiadados fanáticos y los colaboracionistas,  gente simple que solo quiere sobrevivir. Los judíos superan su rol de víctimas buenistas,  y Kraube nos permite un atisbo de la mentalidad nazi detrás del uniforme y el manual propagandístico. Si me he detenido tanto en esta serie no es solo porque la amerita sino porque además está en YouTube con subtítulos en inglés y en castellano.

DOMINGO

El último día de la semana lo he dedicado a historias que tienen lugar en el Renacimiento. Acabada Becoming Elizabeth y en la espera de The Serpent Queen, me ha llegado Leonardo, la serie de la RAI sobre una ficticia acusación de asesinato que le cayó encima al Maestro Da Vinci.



Aunque haré una reseña, ha sido tremenda decepción y una tarea titánica verla. ¡Qué mal hecha está! Tan mal hecha que me he puesto a ver Queens, otro intento de mostrarnos la rivalidad entre María Estuardo y su prima Chabelita. A pesar de que siguen con ese juego de inventarnos encuentros nunca habidos entre esas reinas, y a pesar de que las actuaciones dejan mucho que desear, es más presentable que Leonardo.



Si hablamos de malos actores, donde se les puede apreciar más es en la magníficaexcepto en talento actoralCarlos , Rey Emperador. Aunque no está completa, RTVE tiene clips de un cuarto de hora,  cada uno contiene lo mejor de cada episodio. ¡Qué gran historia,  que gran rey! El drama además nos permite asomarnos a la disoluta corte francesa con ese Francisco I que se la pasaba en la cama, y el desorden de los Tudor en Inglaterra, con un emotivo retrato de la pobre Bloody Mary.







Para contrarrestar,  estoy viendo un docudrama en PBS sobre Los Bolena, ya les hablaré más de ese, pero también para contrarrestar las toxinas de Leonardo, me enfilé a lo mejor que se haya hecho en este siglo sobre el siglo XV, me refiero a Los Borgia, magna opus de Neil Jordan.

No sé qué es lo que más resalta en este trabajo tan primoroso que siento que incluso supera a Los Tudor de Michael Hirst que ya es mucho decir. ¿Es el impresionante elenco? ¿La fastuosidad de vestuario y decorado?  ¿la inmensidad psicológica de sus personajes? Es todo eso y más, y me impulsa a escribir sobre esta serie y como supera a otras historias sobre las turbulencias del Renacimiento, pero en tres palabras lo mejor de Los Borgia: una cuidadosa atmosfera de época que abarca todo desde el idioma hasta la manera de pensar de los personajes; la humanidad de estos que nos inspira a quererlos a pesar de ellos mismos y la expansión del Juego de Tronos del Papado que nos permite conocer a personajes fuera de Roma como Savoranola, Caterina Sforza y Carlos VIII de Francia.



Así es como sobrevivo mis días, mis achaques,  mis crisis domésticas y conflictos existenciales. Desde que tengo uso de razón que amo los cuentos de hadas y el streaming sigue proporcionándomelos. Son mi mecanismo de sobrevivencia y me imagino que, para venir a leerme, deben tener también importancia para ustedes. Cuéntenme cuales de estas series han visto, cuales les gustaría ver.  Y mejor aún, compartan conmigo que cuentos de hadas los han entretenido este verano.