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lunes, 25 de enero de 2021

Diana, Reina de Oz: The Crown 4x6

 


La Premisa de “Terra Nullius” es casi refrescantemente cercana a la realidad. En 1982, Los Príncipes de Gales viajaron a Australia.  Diana se ganó el cariño de un pueblo e incurrió en los celos irracionales de su marido. Ana y su cuñada se llevaban pésimo, pero ese aquelarre de brujas envidiosas de la joven y bella Cenicienta sigue siendo un cuento de hadas de Hans Christian Morgan. Como tampoco me creo que la Reina Isabel fuese una suegra infernal.

En 1982, Australia, bajó su primer ministro Bob Hawke, se preparaba para recibir a la comitiva real capitaneada por los Príncipes de Gales. Aunque el episodio exagera la importancia del viaje y el republicanismo del Primer Ministro, lo cierto es que era una prueba de fuego para una jovencita inexperta como lo era Diana.

                       Richard Roxburgh como Bob Hawke

La Reina tenía sus preocupaciones (puesto que ya conocía la bulimia y las manías suicidas de su nuera). Preocupaciones que se desvanecieron cuando, tras un inicio un poco incomodo, Diana se ganó los corazones de los australianos y alejó cualquier resquemor de que tuvieran que rendir tributo a una dinastía extranjera. Lamentablemente, el enamoramiento de los hijos de Oz con la Princesa no abarcó a su marido. Carlos siempre inseguro, le agarró envidia a su mujer culpándola de quitarle cámara.

En sus grabaciones, Diana tiene un raro momento en que comprende a su marido “cualquier hombre orgulloso se hubiese sentido mal en esa situación”, pero, y con razón, se queja de que Carlos fue injusto en sus criticas de un comportamiento que lo honraban tanto a él como a La Corona. En Nueva Zelandia, Diana no pudo más y sucumbió a la bulimia. Sin embargo, en los anales de su reinado, este viaje fue su gran triunfo. El primer paso para convertirse en La Reina de Corazones fue ser Reina de Oz.

          Los Gales y Los Hawke en Canberra

Aunque es más que posible que ya para estas alturas Isabel II encontrase paz y consejo en las mujeres de su familia, “The Crown” las presenta como un aquelarre de mujeres envidiosas que conspiran en contra de la princesa del cuento. Solo Margaret expresa alguna compasión hacia Diana. Irónico porque, al final, Margaret se volvió peor enemiga de su sobrina política que todas sus otras parientas juntas.

¿Qué hubiera ocurrido si Diana se hubiese adaptado como hizo Felipe y tal como espera La Reina Madre? Es que esto va más allá de adulterio (¿me van a decir que una nena joven y guapísima no se las iba a poder con una mujer avejentada, usada y más encima casada?) El problema es que Diana tenía problemas.



 La gente se cohíbe cuando debe describir los problemas de la Princesa como mentales, emocionales o psicológicos. Lo siento. Si vomitas lo que comes, si te tratas de suicidar una vez al mes, y si en medio de una discusión marital, agarras un cortaplumas y te haces cortes en el pecho, no estás en tus cabales. Necesitas ayuda médica, medicamentos, terapia de apoyo y la Familia Windsor no tenía la preparación para asistirla y menos Carlos que tampoco era muy estable emocionalmente.

La serie nos muestra que Carlos, su hermana y su madre están celosos de la popularidad de Diana. Jamás he oído que se acuse a Isabel de envidiar a su nuera, pero Ana si tenía un problema con su cuñada. Desde antes del matrimonio, Ana consideró a Diana como “una niña tonta” y que no estaba a la altura de lo que debía ser una Princesa de Gales. Pero también debe haber habido un elemento de celos. Ana se quejaba de la adoración que su cuñada generaba en el pueblo, algo que ella nunca consiguió.

Es que, para ser francos, la personalidad de puercoespín de la Princesa Real nunca la hizo una favorita de la prensa. No tiene nada que ver con belleza física (ahora todos la quieren) sino con su actitud rebelde y malcriada. Diana era toda ternura y simpatía. Era imposible no quererla.



Eso me lleva a una gran queja que tengo con Emma Corrin. Es cierto que Diana era irascible e impaciente, peto no creo que anduviese todo el día con cara larga o haciendo muecas como nos la muestra la serie. Y su peor lado (cuando despidió criados, expulsó a los amigos de Carlos de su vida y hasta exilió al perro del marido) no afloraría sino hasta después del nacimiento de Harry.

Hora es de hablar del famoso Magical Mystery Tour por Australia, y de sus mitos, algunos inventados por Morgan, otros por la prensa que endiosó a la Princesa de Gales, pero también la usó, manipuló su imagen, lucró a costa de ella y finalmente la mató.



Bebé a Bordo

El primer mito, y que molestó incluso a la Princesa, es que ella insistiese en llevar a su hijo a Australia. Primero que es un absurdo total cargar con una criatura de menos de un año, y que está en medio de su dentición, al otro lado del mundo en un viaje complejo donde no se sabe quién lo va a cuidar. Segundo, Diana le contó a Andrew Morton él lo incluyó en su biografía oficial que ella nunca quiso exponer a William,, que era consciente de que ella iba cumplir con sus deberes oficiales y no iba a tener tiempo de atenderlo: “Estaba dispuesta a dejarlo, aunque no me iba ser fácil”.

La razón por la cual se decidió romper un precedente y cargar con él bebé fue por consejo de un ex primer ministro australiano, Malcolm Fraser, quien consideró que añadiría humanidad y simpatía a la joven pareja. Por eso se tomaron medidas. Al principito no lo iban a arrastrar al errático tour de sus padres. Él iba a tener una experiencia australiana en un pueblito ovejero (lo que allá se llama una “sheep station”) llamado Woomargama que quedaba entre Sídney y Melbourne.

El niño y su nana, Barbara Barnes, que viajaba con Los Príncipes de Gales, fueron alojados en la propiedad de Los Darling. Estos amigos del famoso Mike Parker, secretario del Duque de Edimburgo, ya habían sido anfitriones del Presidente Reagan y la Primera Dama en su viaje a Australia.

                Los Príncipes y Wills en Nueva Zelandia

Diana puso algunas exigencias (sobre la seguridad de William) que se cumplieron por lo que el bienestar del niño no jugó un rol en el estado emocional de la Princesa. Toda esa sorpresa cuando le arrebatan al bebé en el aeropuerto’, su histérica insistencia en interrumpir el tour para visitar él bebé, esa entrada impulsiva y corriendo a la casa de los Darling son licencias melodramáticas que, más que mostrarnos a una madre angustiada, retratan a Diana como histérica y descontrolada.



Es casi igual de absurda que ese interrogatorio pedante y humillante al que Diana somete al pobre Edward Adeane cuyo único resultado es hacer creer que ella no quiere separarse de su hijo porque es bonito y no llora. Lo chistoso es que el bebé se larga a llorar justamente al final del discurso. ¿Tendrán grabado el llanto o será que los alaridos de la Corrin alarmaron a la criatura? Sabido es que gatitos y bebés se contagian del ánimo alterado de quienes están cerca de ellos. Lo que hace pensar sobre como los bochinches de los padres habrán afectado la psiquis de William y Harry.



Morgan vs Australia

El pueblo australiano se ha sumado a larga lista de descontentos con la Cuarta Temporada de The Crown”.  Según The Guardian la representación del tour en “The Crown” ha dejado descontentos a los habitantes de Oz. El primer ultraje ha sido en contra del ex primer ministro Bob Hawke quien nunca comparó a la Reina Isabel con una cerda, y aunque republicano, tenía otras preocupaciones como las de reducir el nivel de pobreza de su pueblo antes que salirse de la Commonwealth.

Si bien es cierto que la presencia de Diana creó más sentimiento monárquico entre los australianos, nadie estaba predispuesto en contra de la Visita Real. Nunca hubo protestas en Canberra ni en ningún otro sitio de la isla-continente. Tampoco la audiencia se burló cuando Carlos se cayó durante el match de polo. Por el contrario, lo aplaudieron al verlo continuar el juego. A la que le están haciendo “buuh”es a la serie porque, para colmo, muchas escenas de Australia las grabaron en España.

Un dato curioso es que el público australiano, y principalmente el gremio periodístico, no esperaba mucho de Diana. Gracias al Daily Mirror su bulimia era conocida por todo el mundo. Muchos creían que no iba a aguantar el arduo recorrido sobre todo en ese clima inclemente que caracteriza los veranos Down Under. Lo cierto es que el calor casi la mató. El Príncipe Carlos dio explicaciones públicas de que su mujer y él sufrían de jetlag para explicar sus caras rojas y su cansancio. Sin embargo, poco a poco, se acostumbraron al clima y todo comenzó a funcionar.



ES hora de hablar de la infame representación de ‘the Crown” del ascenso a Uluru. Diana nunca la llamó “Ayers Dock” y si no pudo escalarla fue porque llevaba un vestido abierto en el frente y el viento le alzaba las faldas obligándola a enseñar lo que las princesas no deben mostrar. No fue porque fuera “frágil y patética” como en la serie la describe Carlos a Camilla.

             La verdadera razón para la incomodidad de Diana en Uluru

Solo en una ocasión Diana perdió los estribos. Fue en Sídney cuando la multitud se le abalanzó encima arrinconándola. Ahí la Princesa se echó a llorar. Leí en la Paula en 1968, y me lo confirmaron gente que estuvo ceca de ella, que ocurrió algo parecido con Isabel II en Valparaíso. Los porteños rompieron el cerco de Carabineros y le cayeron encima a Su Majestad. Alarmada, Isabel no lloró como su nuera, sino que se taimó y se puso de muy mal humor. Se entiende, es una experiencia que asusta casi ser arrollada por un tumulto.

        

Sin embargo, el tour fue un triunfo gracias a la simpatía y sencillez de Diana que se metió a los australianos en el bolsillo.  Una lástima que sus esfuerzos solo consiguieron envidia de parte de su marido. Eso arruinó lo que pudo ser una verdadera luna de miel.  A su llegada a Nueva Zelanda, la pareja se llevaba mal y Diana estaba exhausta. Mas encima, el recibimiento en el país de los kiwis no fue muy agradable. Ahí si hubo protestas, les lanzaron huevos al automóvil donde viajaban y el infamoso activista maorí Te Ringa Mangu Mihaka les mostró las nalgas. No es de sorprender que, con tanta presión, Diana recayese en sus ataques de bulimia.

              La serie hace parecer que la danza maorí provocó la bulimia de Diana

Una Audiencia con la Suegra

Sin embargo, es la última escena del episodio la más irritante porque es imposible que haya sucedido. Una Diana alteradísima irrumpe en el saloncito de la suegra, acusa no solo a Carlos de resentir sus logros, sino también a La Familia Real en pleno. La Reina se pone a la defensiva y Dina remacha su faux pas abrazándola y llamándola “mamá”. Isabel cuenta este suceso a su horrorizado aquelarre que ponen caras de asco. ¡Por favorrrr!

1.       Diana, tal como hoy lo hacen la Condesa de Wessex (esposa del Príncipe Eduardo) y Duchess Kate, llamaba a Isabel y a Felipe “Mamá” y Papá”. No se entiende la sorpresa de la Reina cuando su nuera lo hace.

2.       La Reina está acostumbrado a que la abracen y no solo sus íntimos. Michelle Obama, deportistas y hasta políticos, la han abrazado. Aunque su costumbre es saludar de besos a íntimos, no es como que un abrazo la desarme.




3.       Diana estaba acostumbrada, en los primeros cinco años de casada, a ir frecuentemente a visitar a su soberana y a pedirle consejo. Siempre salía más tranquila de esas reuniones y en una ocasión le conto a la biógrafa Íngrid Seward “tengo la mejor suegra del mundo”.

4.       A diferencia de lo que nos muestra “The Crown”, La Pareja Real no llegó de Nueva Zelanda a Londres en medio de lluvia y dándose codazos. Para descansar, se pasaron unos días en Las Bermudas y estuvieron muy cariñosos. Las fotos no mienten. Pasado el viaje, Carlos superó sus inseguridades por un rato y comenzaron días felices para los Príncipes de Gales. Recordemos que menos de un año más tarde, encargaron a Harry, y que Diana recordaría esta etapa como las feliz de su matrimonio.

               Y esto pasó despues del tour australiano, Carlos y Diana en Eleuthera

viernes, 1 de enero de 2021

¿Mala Madre=Mala Gobernante?: The Crown 4x04

 


Este capítulo me pareció malo, mejor dicho, mal escrito, Falsedades, enredos cronológicos, situaciones imposibles y falta de datos lo hicieron sentir fragmentado, tanto en el relato histórico como en el desempeño de estos personajes en su entorno “ficticio”.

Misoginia y Maternidad

La moraleja es que, si se es mala madre, no se es buen gobernante. La Reina es juzgada por no conocer a sus hijos, por no haberlos bañado de pequeños, y por haber sido consentidora de uno solo. Margaret Thatcher es juzgada por ser tan devota de su hijo predilecto que no solo es negligente con su hija, sino que toma decisiones que afectan al Reino Unido al calor de una crisis personal.

 Una Maggie joven con sus mellizos

En este momento histórico/histérico en que vivimos el gobierno de La Baronesa Thatcher es considerado tan nocivo como el del Fuhrer. Démosle unos 30 años y verán que los historiadores cambian de opinión. Pero Morgan necesita convencer a un público que ni nacía en la Era Tatcheriana, las jovencitas mituteras y los progres diversos que componen la Nueva Ola de Crownies Pandémicos. Por eso les cuenta que Margaret odiaba a las mujeres, despreciaba a su madre, no confiaba en su hija, etc..

Y, sin embargo, el borrico nos muestra a Thatcher perdiendo los estribos, llorando delante de la Reina, típica madrecita, todo porque su predilecto se ha perdido. La muestra embarcando al país en una guerra motivada por el miedo que pasó cuando creyó a su hijo perdido, Se supone que despreciaba a su madre por haber sido solo un ama de casa, y luego la vemos cocinándole a políticos. Antes la vimos desempacando la maleta del marido y planchando. ¿La Primera Ministro de Gran Bretaña?  ¿En qué cabeza cabe? Y, sin embargo, es un secreto a voces que le gustaba cocinar para miembros de su gabinete.

                                    Los sufridos Thatchers

El problema con La Thatcher (y esto va más allá de “The Crown”) es que era mujer, era conservadora, era una mujer conservadora y no se sabe cómo retratar a esta avis raris. Paralela a sus medidas catastróficas para la economía, se la muestra llorando y haciendo declaraciones públicas como “Antes que todo, soy madre”. A lo mejor despreciaba a las mujeres, incluyendo a su hija y a su madre, pero ella fue víctima del sexismo de su propio partido.

En realidad, la serie quiere poner a dos mujeres representando lo que más odia la izquierda británica, El Partido Conservador y La Corona. Para eso les propinan golpes bajos acusándolas de ser malas madres (sobre todo con sus hijas). Esos golpes son manifestaciones del mismo patriarcado que tanto condenan.

Con eso espero sacarme de encima el enojoso tema de Lady Thatcher. Por respeto a mis amigos argentinos, no hablaré de La Guerra de Las Malvinas, limitándome a señalar lo obvio. Los primeros conflictos en las Falklands ocurrieron dos meses después que Mark Thatcher ya había sido encontrado. Otra vez, Morgan se ríe alevosamente de los muy jóvenes que no recuerdan (yo hasta tengo un diario de ese periodo) una historia tan cercana que puede calificarse más de Current Events que dé pasado remoto.

Ahora, lo que me gustó de este episodio…

Thatcher Llorando: No es tanto por ver a la Dama de Hierro convertirse en Mater Dolorosa en el saloncito de la Reina. Después de todo, Thatcher muchas veces lloró en público, y en la dicotomía Margaret-Elisabeth, Morgan ha tomado el partido de la Primer Ministro, a ratos haciéndola superior a la Soberana. En esa onda, vemos que Margaret puede llorar.



 Lo que me gustó fue lo rápido que Isabel se hace cargo de la situación. Calma los temores de Thatcher. Otros Primeros Ministros han vencido su testosterona y se han desmoronado ante la monarca. Me gustó rápido que le alcanza un Kleenex y un whisky y pone toda su atención a las cuitas de su Primer Ministro. Qué lástima que no demuestra el mismo humor, paciencia y desvelo con sus hijos!

Felipe e Isabel

Aunque no me gusta Olivia Colman como Isabel, me encantan sus escenas con Tobias Menzies. Concuerdo con la Gatita Genezaret de que son la única pareja con química en la serie y que capturan lo que uno espera de un matrimonio que lleva (en ese entonces) más de treinta años sobreviviendo crisis tras crisis.



A pesar de lo que opine la sorprendida Isabel, los padres tienen favoritos. Eso no significa que odien a los otros o no les importe sus destino. Es solo que se sienten más cómodos, menos presionados por su rol de padres con algunos hijos. Puede que haya algo de opuestos que se atraen y los padres se lleven mejor con las hijas y viceversa. En el caso de Margaret Thatcher, a pesar de que Mark es obviamente un bribón privilegiado, la Primer Ministro admira en el que es un “hombre” y por ende “fuerte”, menos emocional que una mujer. Ese no es el caso de Su Soberana y pasamos al…

El Almuerzo con Andrés

El almuerzo con el hoy Duque de York tiene lugar en esa exploración de Su Majestad para saber cuál de sus hijos es el predilecto y ocurre luego de los desastrosos encuentros de Isabel con Ana y Eduardo. Desde el instante en que el príncipe hace una aparatosa entrada en el palaciodespués de aterrizar su helicóptero en el jardín y la Reina lo recibe con besos y mimos que sabemos que es su favorito. No porque sea el mejor, el más guapo o el más cariñoso. Es porque ella se siente cómoda con él. He ahí el secreto del favoritismo de los padres.



Andrés no la hace sentirse culpable o incompetente. No se queja del almuerzo, comparte con la madre la predilección al salmón, pero que no se crea que el favoritismo nace de gustos similares. Al contrario, muchas madres prefieren a los hijos varones porque no son sus espejos, sus experiencias les son más interesantes y por eso las ven como exóticas. Andrés se da cuenta y por eso le tiene la confianza de contarle sobre el soft porn que está filmando su nueva amiguita (Nota: Koo Stark no entraría en la vida del Duque de York sino hasta el ’84).



A pesar de sí misma, Isabel se siente a sus anchas con un hijo que no la hace sentirse desacertada como madre y que la hace reír. Yo recuerdo que esa era la respuesta de mi madre cuando la acusaban (no yo) de su predilección por mi hermano: “no viene con malas cara y críticas, y me hace reír”. Estoy segura de que, de todos sus hijos, Andrés es el único que ha hecho reír a su madre.



La regañiza a Carlos

La última visita es a Highgrove donde el heredero al trono está ocupado jardineando y hablando puerilidades, mientras su joven y muy embarazada esposa languidece encerrada en su torre. Ahí es donde Su Majestad pierde los estribos y Carlitos se va por retada. A pesar de las afirmaciones porfiadas de Diana, sabido es que tanto Isabel como Felipe muchas veces aconsejaron/regañaron a su primogénito por el mal manejo de su matrimonio. Le exigieron acabase su relación con Camilla, pero Carlos había perdido el poco cariño que le tenía a Diana y no hubo manera de convencerlo de acercarse más a ella.



Lo que no me gustó

La Discusión de Carol y La Primer Ministro.

En mi familia era factor aceptado que yo era la favorita de mi padre tal como mi hermano lo era de mi madre. A mí nunca se me ocurrió echárselo en cara a mi madre (me hubiera cortado la nariz con un cuchillo) ni a mi hermano. De hecho, ese favoritismo nos unió más concientes que era un arma usada por mi madre para manipularnos y separarnos. Por eso se me hizo tan extraño, que Carol, una mujer hecha y derecha de 29 años, estalle en un discurso acusatorio.  Lo hace justo cuando su madre está preparándose para recibir invitados, solo para poner en boca de Margaret su desprecio por el género femenino.

Carol Thatcher, hoy en día es una reconocida periodista, escritora y documentalista. Ciertamente es más respetable y exitosa que su hermano, el mimado Mark.  Es quien mantiene el culto a su madre (incluso en el 2007 fue a Las Malvinas a hacer un documental sobre la guerra titulado “Mommy’s War”) de quien está muy orgullosa.

                           Carol y su anciana madre

Al recordar su infancia, Carol se refiere a su madre como “supermujer”. Una que siempre quería combinar sus labores tanto domesticas como profesionales descollando, en ambas. También recuerda que Margaret empapeló el cuarto de sus hijos y que le enseñó a Carol a conducir. Carol jamás ha hablado mal de su madre y la idea de que el favoritismo de Mark la haya afectado ha surgido de unos comentarios de parte de ex secretarios de la Primer Ministro. También Lady Thatcher se quejó alguna vez públicamente de que su carrera la había privado de pasar más tiempo con sus hijos.

“The Crown” nos muestra a Carol sirviendo la mesa como una glorificada criada. La verdad es que, a los 22 años, Carol se marchó a Australia donde obtuvo empleo en la televisión. Retornó a Inglaterra en 1979 cuando su madre fue nombrada Primer Ministro, pero no para ser sirvienta de Margaret. Por el contrario, en 1982, Carol trabajaba en la BBC, contribuía al Daily Telegraph y estaba escribiendo su primer libro. No creo que estuviese para pataletas u reclamos solo porque Morgan ve un paralelo entre la Reina y su Primer Ministra en sus complicados roles maternales.



Otro paralelo fue cuando Margaret recuerda con amor a su padre como el artífice tanto de su carrera como de su personalidad. Algo que también nos recuerda la importancia de Jorge VI en la creación de Isabel II. Otra similitud es cuando Margaret acusa a su madre de haber sido una simple ama casa a pesar de los intentos de su esposo de ” educarla”. Eso nos refiere a las quejas de Carlos de cómo no ha podido ampliar la mente de Diana y subirla su nivel intelectual. Mas allá de la torpeza y la soberbia de sus palabras, nos llega nuevamente ese sutil conjetura de que Diana era una mujer intelectualmente limitada.



“Hemos Perdido a Nuestros Hijos” por parte de la Reina.

Me pareció prematura y absurda esa percepción de que los hijos ya no tienen remedio. El que Isabel se diera por vencida como madre me sonó muy perezosa. Con la excepción de Andrés, que hoy esta con el agua hasta el cuello, no veo a nadie perdido. A pesar de los esfuerzos de “The Crown”,  Carlos ha sobrevivido a una docena de escándalos y hasta al Covid-19.



Él y su Duquesa son, para muchos, un ejemplo de un gran amor que derribó barreras y aunque no es rey,  ahora que su padre se ha retirado del servicio activo y su madre ha reducido sus apariciones públicas, es el rostro (junto con los Cambridge) público de la Corona y lleva las riendas de la familia. Su relación con Wills y Duchess Kate es excelente. No tanto con Harry, pero eso es culpa de Meghan no del Príncipe de Gales.

 Carlos en dias cuando Meghn era parte de su familia

Eduardo está muy bien casado, al igual que las hijas de Andrés. En cuanto a Ana, tras sobrevivir divorcio y escándalo, ha encontrado la estabilidad con su segundo marido, tiene hijos que la llenan de orgullo y es el miembro de la realeza más respetado por el pueblo. Pero Morgan insiste en hacernos creer que es otra víctima de su madre

Picnic con Ana

Que irritante ese picnic que La Reina tiene con su única hija. La imprevista llegada de la Soberana es mal recibida por Ana quien obviamente tiene cosas más importantes que hacer que ayudar a su madre entender que ella no es su favorita. Al menos, por una vez oímos que la reina ya es abuela, aunque es obvio que su relación con Ana no es cercana. Para colmo, Isabel, que en la serie es bien desubicada, viene portando malas noticias. Ana y su amante serán separados. ¡Como para invitarte otra vez, Chabelita!

Por aquel entonces Ana sostuvo un apasionado affaire con su guardaespaldas, el policía Peter Cross. Como suele ocurrir en estos casos, se descuidaron y pronto Scotland Yard conocía el doble adulterio (tanto Cross como Ana eran casados). Se lo hicieron saber al Duque de Edimburgo, que fue quien manejó todo este asunto y cuya mayor preocupación no fue censurar ni regañar sino proteger a su hija favorita. Cross no iba divorciarse, su comportamiento había sido muy poco profesional y la misma policía quería evitar un escándalo.

  Ana y su padre de quien siempre fue la preferida.

Un mes después de iniciado el affaire, Cross tuvo un traslado que (contado por él y amigos) destrozó tanto al Sargento como a Ana. Ambos estaban seguros de estar enamorados. Que Isabel haya sido quien le avisará a su hija que su romance acababa me parece muy poco creíble.  Es más que posible que haya sido Felipe.  Además de nuevo un enredo cronológico. Se supone que estamos en enero del 81, se menciona que Ana tiene “hijos”, en realidad estaba embarazada de Zara.



Mas importante, el Sargento Cross dejó de trabajar con Ana en septiembre de 1980. La ironía es que, en enero del 81, Ana en el cuarto es de embarazo,  contactó a Cross y reiniciaron su amores. Esto coincidió con la renuncia de Cross al cuerpo policial lo que les dio más libertad para un romance que duraría dos años. Conocemos los detalles porque fue el mismo Peter Cross quien vendió su historia al mejor postor en 1984

La Princesa Encerrada en su Torre

Y por fin llegamos a lo peor, Diana. La vemos casi catatónica, con tremenda panza, echada todo el día, encerrada en su cuarto viendo programas infantiles en la televisión. La última vez que vimos a Diana fue resplandeciente en su boda. ¿Qué pasó que ahora está tan de capa caída? Hubiese sido bueno que nos mostrasen un poco de lo ocurrido en estos cinco meses para explicar esta situación.

Carlos le cuenta a su madre que a Diana no le gusta el campo. La astuta Isabel nota que a Diana lo que le molesta es vivir tan cerca de su rival. Carlos excusa su “amistad” con Camilla conque su esposa no le interesa nada de lo que hace, ni su jardinería ni leer los libros de Sir Laurens van der Post (gran escritor y mentor de Carlos).



Volvamos a la realidad. Carlos y Diana tuvieron una luna de miel infernal. Diana cuenta que su marido durante el crucero por el Mediterráneo no le prestaba atención, que efectivamente se había traído media docena de libros de Sir Laurens con la esperanza de que su joven esposa los leyese y compartiese su opinión con él. Cuando Diana se rehusó a hacerlo, él se dedicó a la [pintura. Diana recordaría su luna de miel como una experiencia agotadora, más encima marcada por la presencia de Camilla.

Carlos, con poco tino y falta de caballerosidad, telefoneó a su ex o no tan ex desde el barco, Diana descubrió que su marido ocultaba una foto de Mrs. Parker Bowles en su agenda y que usaba unas mancuernillas con las letras “C&C” grabadas. Diana no aguantó más, lo recriminó. El muy fresco le respondió “Son un regalo de una amiga. ¿Qué hay de malo en eso?” Aparentemente, Diana si lo veía mal porque en sus propias palabras, le armó una pataleta.

Carlos no estaba acostumbrado a ese comportamiento en sus mujeres y menos a las crisis de vomito de su esposa. Según Diana, aunado a la presencia de Camilla en la psiquis de Carlos le era infernal la falta de privacidad del viaje. Además, estaban las exigencias de Carlos de que compartiese intereses que la aburrían y se sentía ignorada por su esposo. Mas que la infidelidad el gran problema de ese matrimonio fue que Diana siempre se sintió ninguneada por Carlos, que nunca sintió que le importaba ni la apoyaba. Eso es lo que los fans de Diana llaman haber sido ‘un monstruo” con la Princesa.

   Diana y Carlos en su luna de miel

De regreso a Inglaterra, Diana confiesa que intentó cortarse las venas.  Carlos se vio obligado a confesarle a su madre que su mujer sufría de un trastorno alimenticio. Llamaron psiquiatras. Diana los detestó a todos, ella quería controlar su tratamiento. Se quejaba de que le querían meter Valium a toda costa. La Princesa siempre se opuso a medicamentos que creía eran la manera de La Familia Real de manipularla.

Diana ha dicho que los Windsor la consideraban problemática por su bulimia. En realidad, le tenían miedo por sus manías suicidas. Diana habló de cinco intentos de quitarse la vida, hay quienes dicen que fueron más, cual más aparatoso.

La vida de Diana se hizo más conflictiva cuando descubrió su embarazo en octubre. Las crisis bulímicas se combinaban con las náuseas matinales. Ese famoso viaje a Gales fue dantesco para Diana que (de acuerdo con las grabaciones) parecía hacerlo todo mal aparte de sentirse muy mal. Se esmeró en hacer ese discurso en galés que, se queja La Princesa, no ameritó ningún elogio ni del marido ni de nadie. Curioso, porque en una entrevista, Diana dijo que Carlos estaba muy contento con el discurso y la había felicitado.

             Diana en Gales

Pero volvamos a la serie, al invierno de 1981. Mientras medio mundo busca a Mark Thatcher, y Las Falklands todavía no se han convertido en un sitio geográfico que importe a los ingleses, la Princesa Diana ya ha anunciado al mundo su estado de buena esperanza. A pesar de que todos estamos excitados ante la idea de un bebé real, Diana recordara una década más tarde que fue una época triste.

Debilitada por la bulimia que se ha convertido en un secreto a voces ella misma cuenta de veces que se levanta de la mesa en cenas oficiales para ir a vomitar, Diana solo quiere descansar y que la dejen en paz, pero ella dirá más tarde que era imposible, que le exigían hacer presentaciones públicas y que nadie en su entorno entendía sus malestares “porque nadie nunca los había sufrido”.

Tal vez nadie en La Familia Real había sufrido de trastornos alimenticios, pero si conocían las náuseas matinales que, durante el tour de Canadá, a fines de los 50, paralizaron a Isabel II. Como no se había todavía anunciado su embarazo, lo tuvieron que adjudicar a un virus estomacal. Durante sus últimos embarazos-ambos de alto riesgo-la soberana detuvo su actividad en el sexto mes para descansar y cuidarse.

Por otro lado, desde los días de confinamiento, en la Corte Tudor, hasta el puritanismo victoriano que gobernó el trato de los embarazos tanto de reinas como de mujeres de clase media, la preñez era una etapa que se ocultaba bajo un lenguaje de eufemismos y ropajes voluminosos. Hay pocas fotos de la reina Isabel en estado interesante, solo una de Margarita y dos de Ana.

                        Ana embarazada

Fue una desgracia para Diana quedar encinta en una época en que la prensa le había encontrado el lado glamoroso al embarazo de figuras públicas. Aún más en el caso de Diana que se había convertido en la favorita del público y de la prensa.

¿Como reaccionó Diana a tanta presión en una etapa en que las mujeres son tan vulnerables? Pues con más maneras de hacerse daño, incluyendo el más teatral intento de suicidio de los cinco (o más) que se conocen. Todo comenzó con una discusión con Carlos. Harto del llanto de su mujer, Carlos le dijo que no iba a permitirle manipularlo y se marchó a cabalgar. Diana, en su cuarto mes de gestación, entonces se lanzó escalera abajo hasta caer a los pies de Su Majestad Británica.



Diana casi con placer cuenta lo horrorizada que estaba Isabel ante este espectáculo. En sus cintas acabará este episodio diciendo que a pesar de tener moretones en el vientre “sabia” que él bebé estaba bien. ¿Como sabia? ¿Es clarividente o médico?  Lo que Diana olvida mencionar es que su suegra inmediatamente la hizo atender por el ginecólogo de la Familia Real Sir George Douglas Pinsker quien determinó que el feo no había sufrido daños.

Es hora de meter en este cuento a un individuo bastante inconveniente, pero omnipresente en La TrageDiana. Me refiero a su último mayordomo, Paul Burrell, quien ha dado catedra en como lucrar a costa de una patrona difunta.

Entre sus memorias de la Princesa de Gales, Burrel recuerda haberla encontrado a mitad de una escalera del Palacio de Buckingham “fingiendo” una caída durante su primer embarazo. Borrell insiste en que era una “caída falsa” puesto que su amita sería incapaz de dañar a su bebito. Burrell es un mentiroso profesional, es un milagro que no sea convicto de perjurio, pero que gana con esta historia? ¿Acaso limpiar la imagen de Diana como alguien que se caía “de mentiritas”?

                                   Diana y su mayordomo

Qué lástima Paul porque la caída de Diana fue real. Hubo testigos, entre ellos la Reina, hubo un parte médico, y la princesa exhibió lesiones. ¿O acaso, el mayordomo (entonces un lacayo más) fue testigo de otro intento de suicidio por parte de Diana?  ¿Esta vez fingido?  Morgan no se pronuncia sobre estos intentos de suicidio.

En cambio, nos la muestra encerrada, en cama, aislada, en camisón todo el día rehusándose a recibir a Su Reina-suegra. ¿Pero dónde estaba, en realidad Diana, en su quinto mes de embarazo?  Pues en Eleuthera, en Las Bahamas, provocando un escándalo mayúsculo cuando los paparazis la descubrieron en bikini y panzona. 



Como ven, la vida de Diana de Gales era rica en incidentes que “The Crown” pretende obviar obligándonos a sentir lástima por una blanquita privilegiada que se puede pasar su preñez echada y viendo tele. Really? ¿En el 2021 somos tan brutos para caer en ese cuento?

Ultima palabra. Todos hasta los enemigos de Carlos concuerdan que durante las discusiones conyugales era Diana quien las iniciaba, la que gritaba, la que usaba palabrotas (en frente de los niños y en más de una ocasión enfrente de La Reina). Carlos o bajaba la voz o la ignoraba. Y si le creemos a Diana, el gran pecado de Carlos, más allá del adulterio, fue IGNORARLA. Así que, mostrándolo, agrediéndola verbalmente o golpeando la puerta de la pobrecita victima creada por Morgan, es un reflejo probablemente de lo que Don Peter hacía/hace con sus mujeres.

 

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

Cuando Carlitos conoció a Lady Di: The Crown 4x1

 


Se me hizo tan difícil comenzar a verla. Los clips me mostraban escenas paródicas de eventos y momentos que conocía tan bien, yo, la Diana friki por excelencia, que sentía vergüenza ajena. Entiendo que el propósito de Peter Morgan este año es asestarle la estocada mortal a la realeza, dejar tan mal al futuro rey que la monarquía misma se sienta sin futuro. ¿Lo logrará?

Diana era un Árbol Loco

Este primer episodio no fue tan malo como esperaba. De hecho, hubo cosas que me gustaron, aun cuando son inventos, como ese primer encuentro con Diana disfrazada de árbol (Mad Tree). Estuvo muy bonito y romántico. Sobre todo, si se piensa en que Diana tenía 16 años y Carlos 29. Pero hablaré de eso más adelante.

Lo otro que me gustó es la serie de montajes de la Familia Real (incluyendo a Lord Mountbatten) asesinando algún animalito antes del atentado. Me conmovió que Dickie devuelva al mar una langosta con huevitos y que lo haga con sus nietos, como enseñándoles a los niños a respetar la vida justo cuando la de ellos es irrespetada.



Como todo en esta serie, las interpretaciones son ambiguas. ¿De qué lado está Peter Morgan?  ¿Del ERI o de las familias de las víctimas? Nunca oímos a la Familia Real manifestarse sobre ese punto. En la vida real, unos meses más tarde la Princesa Margarita estuvo en Chicago, y al hablar con la Alcaldesa Jane Byrne, se refirió a los irlandeses como “cerdos”.

La llamada de pésame de Margaret Thatcher fue tan rimbombante que pensé que la Reina le iba colgar diciéndole que no se entrometiese en asuntos familiares, pero lo que la futura Baronesa le recuerda es que simultaneo al atentado que cobró la vida del Tío Dickie, su nieto y su consuegra, hubo otro atentado en el que murieron 18 policías británicos.



 Lo sucedido va más allá de una tragedia familiar. Yo he sido pan-celta toda la vida y mi deseo es ver una Irlanda unida, pero condeno el terrorismo como una manera (ya probada como inútil) de conseguir ese propósito.  Sobre todo, cuando se cobra la vida de un anciano octogenario y su nieto de catorce años.

Lo que no me gustó

El Bajo Perfil de Ana

Siguen opacando a la Princesa Real. Muestran al marido, pero no nos cuentan quién es, cómo lo conoció, ni nos muestran la boda (ni el precioso vestido). Únicamente que está casada y no es feliz. En 1979, Ana inició su infamoso romance con su guardaespaldas Peter Cross.  Ni siquiera nos han dicho que ya hizo abuelos a Isabel y a Felipe.



Tampoco nos presentan las competencias que ganó, ni su participación en las Olimpiadas de Montreal, la primera vez que un miembro de una familia real lo hacía. En cambio, nos la ofrecen asustada y con dudas de fracasar en su próxima competencia. ¡Como le gusta a Morgan exhibir a los Windsor como fracasados disfuncionales!



Los Celos de Felipe

Mostrárnoslo borracho, en el peor humor de bully, lleno de rencor contra su hijo por haberle quitado el afecto de Tío Dickie es otra manera de arrastrar por el lodo a la familia. Es cierto que Lord Mountbatten fue padre y abuelo para Carlos, pero también fue una figura paterna para Felipe y solo dejó de serlo cuando vio a su sobrino bien encaminado y a Carlitos a la deriva sin alguien que le sirviese de guía.



Nunca había oído que Felipe se sintiese desairado porque Mountbatten quisiese que fuese Carlos quien leyera su elogio funerario. Un momento tan conmovedor y tiene que meter Morgan sus neurosis y rencores personales, porque sabido es que un motivo de su divorcio es que les tenía celos a sus hijos y acusó a su esposa de darles a ellos más comida que a él (WTF?) Oye Morgan, no todos son tan patanes o malos padres como tú.

La Ausencia de Amanda Knatchbull

Cuanto más me interno en el laberinto construido por las pesadillas de Peter Morgan y la cacofonía de voces clamando por relatar “la verdadera historia de los Príncipes de Gales” me sorprende que se pueda obviar una importante pieza de ajedrez como lo fue Lady Amanda Knatchbull. Me asombraría que ningún historiador o biógrafo que se haya interesado en Carlos y Diana no haya buscado la opinión de Mrs. Charles Ellingworth, aunque Amanda lo haya despedido cortésmente porque su dignidad, respeto por su familia y por la institución de La Corona sellan sus labios.

                             Lady Amanda de pequeña

Pero yo le suplicaría que escribiese su versión y la hiciese sellar en los Archivos Reales con órdenes de abrirse tras su muerte, porque solo ella y Carlos conocen los detalles de una relación que si hubiese llegado al altar hubiese cambiado la vida de Diana, tal vez mejorado la del Príncipe, y ciertamente le habrían evitado muchos dolores de cabeza a la Reina Isabel. Aun así, Amanda fue, sin quererlo, una manzana de la discordia, la última página de ese duelo que desde la Abdicación existía entre la Reina Madre y Dickie Mountbatten.

Tal como Mountbatten había orquestado el matrimonio de La Reina y su sobrino, ahora quería ver coronada a su nieta Amanda. Consciente de este deseo de quien veía como su padre-abuelo, Carlos desde 1974 se había acercado a quien consideraba la más bonita de sus primas, Amanda de 16 años. Aunque Lady Patricia, su madrina y madre de la cortejada, le había aconsejado al Príncipe que esperase a que Amanda saliese de la escuela, Carlos, siempre impetuoso, se había acercado a su prima con la que llegaría tener una amistad muy íntima basada en confianza y respeto mutuos. Exactamente lo que no existía entre Carlos y Diana.

                            Lord Mountbatten en el Caribe, con su nieta y Carlos

No quiero repetir lo que ya he dicho en otra entrada. El viaje a la India en el que en un momento se planeó que Amanda acompañara al Príncipe; la compra de la mansión Chevigny donde Charles planeaba vivir con Amanda una vez casados; la propuesta de matrimonio hecha poco después del asesinato de Lord Mountbatten, etc..

Lo importante es que después que su prima le dio la bota, Carlos quedó al garete. Tan desorientado que rápidamente se enredó con la bochinchera Anna Wallace ¡a la que le propuso matrimonio dos veces! Por suerte, ella lo rechazó dos veces, aunque siguieron un romance loco que acabó en marzo de ese año, cuando en el cumpleaños de la Queen Mom, Carlos abandonó a Anna para bailar toda la noche con Camilla. En un despliegue del famoso mal genio que le había ameritado el mote de “látigo”, Anna le aulló a Carlos que no quería verlo nunca más.




Esto es interesante, porque Carlos anunció al mundo en 1996 que hacía diez años que era amante de Camilla. Su biógrafa Penny Juror asegura que los hoy Duques de Cornualles reiniciaron su romance en 1978, tras el nacimiento de la hija de Camilla, y el incidente Wallace demuestra que para marzo del 80 la pareja ya había vuelto a las andadas.

En el primer episodio, vemos una cena familiar en palacio. Están todo, menos Carlos, y la conversación parece el chismoseo de la cocina de Downton Abbey. Todos repasan la lista de amantes/novias del ausente e incluyen las que no existieron (nunca hubo una Christabel Borgia) o las que todavía no llegan (Anna Wallace). De pronto dirigen su irritación contra el pobre Mountbatten, muy calladito, ocupado con su sopa, acusándolo de haber convertido a Carlitos en un Casanova. Él se hace el de las chacras y todo se olvida cuando mencionan a Lady Sarah Spencer, a quien la familia en pleno parece aprobar.



A ver, entonces estamos en 1977. Carlos y Amanda, ahora en la universidad, siguen pasando tiempo juntos. Hay fotos de ambos en las Bahamas junto a Dickie Mountbatten. Su Señoría no puede estar más contento cuando su nieto adoptivo le escribe alabando a Amanda “cariñosa y leal” …y dotada de “un glorioso sentido del humor”.

Según se rumora, Felipe no está descontento con tener otra Mountbatten en la familia, pero callan porque saben que la mayor enemiga de esa unión será la Reina Madre que sigue viendo a los Battenberg como advenedizos y peor aún, alemanes. Carlos adora a su abuela y ella tiene una gran influencia sobre el Príncipe.

Sin embargo, la Reina Madre no es tonta y tiene más “pajaritos” que Varys para informarla. De acuerdo con Buckingham Babylon de Peter Feardon, la madre de la reina ha confiado en su dama y amiga, Lady Fermoy, quien ha postulado a dos de sus nietas como futuras consortes. Es por eso por lo que en la serie todos los parientes de Carlos parecen encantados con el prospecto que Lady Sarah Spencer (“Johnny’s Girl”) sea parte de la familia.



Es obvio que nadie (quizás ni Lady Fermoy) saben que Sarah es lo que entonces se conocía como “promiscua”; anoréxica y alcohólica. Todo lo que importa es que es de pedigrí aristocrático, descendiente de Carlos II, y no es una Battenberg.

Diana Obsesionada, Traumatizada y Manipuladora

La serie entonces salta a ese primer encuentro tan de novela rosa. No me malinterpreten, me encantó, pero precisamente porque lo he visto en una docena de filmes, leído en docena de novelas sentimentales e incluso yo misma he escrito escenas parecidas. La colegiala, todavía no presentada en sociedad, tiene ese encuentro imprevisto con un hombre maduro importante del que se enamora a primera vista.



Sarah le explica a Carlos que el encuentro no ha sido accidental, que Diana “estaba obsesionada” con conocer al Heredero de la Corona. Ahí revela algo interesante. Peter Morgan parece estar del lado de Diana. No es así. Él está del lado de todo lo que desprestigie a la monarquía. Y lo que hace al final de la escena es retratar a Diana como manipuladora. Alguien que lo ha orquestado todo, esa aparición impromptu  sin preocuparle que Carlos pretenda a su hermana

El segundo encuentro entre ambos también es un poco ficticio. De regreso de Badminton, Carlos se encuentra con Diana que se le cruza ante el carro y lo saluda. ¿Qué hace Lady Di ahí?  Es casi un descampado donde han instalado un tiovivo. ¿Trabaja en esa feria? ¿Va a comprar el pan? ¿Anda de stalker? ¿O acaso vende flores a la vera del camino?  Para Carlos es un hada que le tae palabras de consuelo por el fallecimiento de tío Dickie



Otra escena, que jamás sucedió es la de Charles llamando a Sarah, a punto ella de casarse, para pedir detalles sobre su hermanita. Esto después de un extraño encuentro (que nunca tuvo lugar) en la carretera. Me gusta esta escena porque Carlos es un villano total. Solo le falta atusarse el bigote.

Hay cincuenta personas a las que el príncipe puede consultar sobre hábitos y vida de Lady Diana Spencer. Llamar a la ex es solo para refregarle en la cara lo que desperdició y ahora será de su hermanita. Sarah cae en la trampa, llena de celos le cuenta que Diana coquetea con los padres de los alumnos, que la tiene limpiando su inodoro, y que siempre se ha creído destinada a un destino grandioso por eso en casa la apodan “Duquesa”.



Para Carlos la llamada es un éxito. saber a Diana considerada atractiva por otros hombres lo enorgullece, nota que es Cenicienta maltratada por sus hermanas mayores, eso lo hace sentirse protector y lo de “Duquesa” presagia que Diana puede llegar a ser reina.  Es triste que no haya ocurrido tal escena, porque si Carlos hubiese sido más protector, se hubiese sentido más orgulloso de su mujer, otro gallo cantaría. Diana sufría de muchos trastornos, traía un bagaje de traumas infantiles y, en sus propias palabras, era muy inmadura. Pero Carlos también tuvo mucha culpa en el fracaso de su matrimonio.

Después de la visión de Morgan, vale la de la Princesa misma contada en esos casetes que grabó en 1992 y que han servido de base para el documental “Diana: In Her Own Words”.  Puesto que sus dos abuelas eran damas de la Reina Madre, los Niños Spencer hacían visitas anuales a la Residencia Real de Sandringham. Diana recuerda que odiaba esas visitas porque siempre los hacían ver el mismo filme “Chitty Chitty Bang Bang” de Disney. Debido a la diferencia de edad, Diana nunca conoció a Carlos, en cambio jugaba con Andrés y Eduardo.


     Lady Diana Spencer en su infancia

Su primer encuentro fue en 1977, cuando Sarah llevó a Carlos a pasar uno de esos famosos country house weekends en Althorp, la residencia de los Spencer. Se vieron por primera vez en una cacería. Siendo Diana una colegiala no tena mucho que aportar al Huésped Real, pero ocurrió algo especial. Después de la cena, Carlos le pidió a la más pequeña de las Spencer que le diera un tour por la galería pictórica de la mansión.

Años más tarde, en una entrevista a la BBC, Carlos recordaría que Diana lo impresionó por ser “una chica alegre y llena de vida”. En cambio, Diana lo recordaría como un hombre “triste”. Puesto que Carlos andaba de romance con Sarah parece contradictorio que se viese “triste” y puede ser una apreciación típica de la imaginación soñadora de Diana. Sarah no hacía feliz al Príncipe, solo Diana podía hacerlo.

Esto coincide con lo dicho por Tina Brown en The Diana Chronicles que, en una excursión de esquí en los Alpes, Diana les anunció a sus amigas que algún día se casaría con Carlos (¡!!) porque “es el único hombre en Inglaterra que no puede divorciarse de mi”.  Aquí entra en juego el trauma infantil de Diana provocado por el divorcio de sus padres. La madre de Diana, al irse con otro hombre, perdió custodia de sus hijos. Diana siempre vio esos hechos como un abandono por parte de su madre. Cuando su padre se casó con una mujer que Diana detestaba, la futura princesa de nuevo se sintió abandonada.

 Lady Di leyendo las novelas de su "abuelastra"Barbara Cartland.

Una obsesión de Diana era que no se repitiese en ella la historia de sus padres. Mas allá de sentirse poco importante o inadecuada, estaba el terror de ser rechazada por su marido. Diana nunca quiso un divorcio. Ella misma dice en sus grabaciones que quería una separación amigable, que Carlos se fuese con “su dama” (Camilla), y la dejase a ella con el título de Princesa de Gales y con la custodia de Guillermo. Diana quería encargarse personalmente de la educación del heredero al trono. La ironía es que ella misma precipitó ese divorcio.

Después de ese fin de semana y del aparatoso rompimiento de Carlos y Sarah, Diana no tuvo más oportunidades de ver a su futuro marido. Sin embargo, tanto Sarah como Diana fueron invitadas al trigésimo cumpleaños del Príncipe Carlos “¿Por qué Diana?” preguntó Sarah. La respuesta es que las abuelas conspiradoras ya estaban intentando poner a Lady Di en el camino del Príncipe.


Lady Di en la epoca de su primer encuentro con el Príncipe Carlos

La Versión de la Princesa

Es posible que ellas estuviesen también detrás de la invitación de Diana al fin de semana en la mansión de los De Plass. Según Diana, Philip de Plass la llamó y le pidió que viniera “para alegrar al Príncipe”. Aparentemente Carlos andaba triste en esos días. Diana cuenta que estando a solas, él le habló de lo doloroso que había sido para él la pérdida de “su amigo Mountbatten” y el rompimiento “con su novia”. Dos aseveraciones que se prestan a ser interpretadas. ¿Por “novia” Carlos se refería a Anna Wallace o a la Prima Amanda?

Pregunto, porque Diana nunca pudo pasar a Amanda y cuando la nieta de Mountbatten se casó en 1987, Diana se rehusó a acompañar a su marido. ¿Sería porque pensaba que ver a Amanda le recordaría Carlos la posibilidad de haberse casado con una mujer “más adecuada” (léase más centrada, paciente, menos conflictiva)?

Lo de “su amigo Mountbatten” también me descolocó es imposible que Diana no supiese que Dickie era tío abuelo de Carlos y la figura paterna más importante en la vida del Príncipe de Gales. Ese es un punto en contra de las grabaciones. Primero que dan un visión subjetiva.

  Lady Di en 1980, cuando comenzó a salir con el Príncipe de Gales

Segundo, que no es una entrevista formal. El propósito principal de las cintas era que el instructor de Diana, Peter Settelen, lo consideraba un buen ejercicio para que la Princesa mejorase su expresión vocal pública. Tercero, Diana recuerda de manera descuidada sucesos que ocurrieron hace una década y que ella percibe a través de un cristal opacado por rencor, tristeza y humillación. Por tal razón, ella se contradice contantemente y se refiere a su marido y todo lo relacionado con el de manera tan displicente.

La reacción de Carlos (según Dian) a sus muestras de simpatía también fue estrambótica. Aparéntemente,  el futuro rey se abalanzó sobre la adolescente y comenzó a besarla con pasión. Gesto que, en vez de agradar a Diana, la hizo sentirse incomoda. En sus propias palabras, ella nunca había tenido novio ni enamorado formal o informal (se estaba guardando para ese hombre importante que había idealizado en su mente) y no sabía cómo manejar las cosas. El hecho es que juiciosamente se rehusó a acompañarlo a su residencia de Buckingham Palace.

Sin embargo, aceptó ir al yate privado de la Familia Real para la Semana de Cowes (agosto 1980) porque habría otras personas. Diana fue muy juiciosa en sus encuentros con el príncipe antes del compromiso, 13 según su memoria (el resto fueron charlas telefónicas). Siempre se encontraban en sitios públicos o donde habían otros presente. Nunca hicieron nada que pusiese en peligro su reputación.



Contrasta este comportamiento maduro y discreto con las decisiones impulsivas, torpes e insensatas que tomaría una década más tarde. Asombra ver lo cuidadosa que era la futura princesa que en sus propias palabras ya estaba enamoradísima. Claramente quería evitar los errores de su hermana y de otras “novias” de Carlitos. Tampoco es que fuese calculadora.  Simplemente es como nos educaban a las “niñas bien” de entonces (La Princesa era dos años menor que Servidora). Diana tenía muy claro su objetivo en la vida, casarse con el hombre soñado y, en ese momento, ese individuo se llamaba Charlie Windsor.

Suena extraño cuando amigos, e incluso parientes definen a Lady Di como “una mujer determinada”. Choca esa imagen con la que ella se construyó de “la virgen sacrificada” y “el corderito rumbo al matadero”. Inclusive en el punto en que Diana se sintió atrapada, superada, incapaz de hallar soluciones a sus problemas, fue perfectamente capaz de tomar decisiones, aunque fuesen las peores. Algo para tener en mente cuando se observa este mamarracho que ha construido Peter Morgan. Diana Spencer era un ser fascinante, muy compleja, no esté espantapájaros que Emma Corrin insiste en interpretar y que es nada más que la última carta de los anti monarquistas.