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lunes, 4 de diciembre de 2017

¿Por qué Peter Townsend tuvo menos suerte que Tom Branson?: The Crown


A pesar de que la segunda temporada nos muestra a la Princesa Margarita con un nuevo amor, los fans de “The Crown” todavía la ven como una víctima de instituciones caducas y de una hermana egoísta. Una princesa que fue obligada a renunciar al hombre que amaba y que nunca se recobró de esa tragedia. No se preocupen, yo también crecí con esa imagen y por eso me gustan las historias en que las princesas encuentran la felicidad con plebeyos y hasta con choferes como Lady Sybil en “Downton Abbey”. ¿Pero cuánto de realidad hay en la interpretación de “The Crown” del romance Townsend-Windsor?

Estamos viviendo “Meghan Days” en los que el hoi polloi milenario lanza diatribas en las redes contra el clasismo de la Familia Real Británica que no nos quieren hacer princesa a la Markle y que discriminan en contra de la plebe. Me temo que no saben que las muchas dinastías que han ocupado el trono de San Eduardo han venido casándose y haciendo princesas de plebeyas, desde los días de La Reina Blanca. Peter Townsend no fue rechazado y exiliado por no ser duque ni príncipe, ni por ser parte del servicio doméstico de la familia. Ni siquiera por llevarle dieciséis años a la novia.

Desde niña que me acostumbré a que las revistas de corazón y otras publicaciones femeninas, describieran a Margarita como “la princesa de ojos tristes”.  Yo no entendía por qué estaba triste si tenía un marido tan guapachoso, pero tanto mi mamá como sus amigas me explicaron que el atractivo Lord Snowdon era un “premio de consuelo” Que Margarita seguía enamorada de un gallardo aviador y que “no la dejaron casarse. ¡Pobrecita!”

Con los años y con cada escándalo de Margaret-Rose (que era más mete patas que el cuñado) aprendí a excusarla, siempre recordando que, a diferencia de su egoísta tío, ella se había rendido a la evidencia de que las princesas no se casan con divorciados. Ósea, miren hoy a la Reina de España y digan si entienden eso, pero en los 50s, las reglas sociales y de la realeza eran muy diferentes a las de hoy y eran estrictamente observadas.

Sin embargo, como toda leyenda, esta combina lo verdadero con lo falso y nuevos documentos históricos lo evidencian. Todo historiador sabe que su futuro depende de reinterpretaciones de hechos históricos, muchas de ellas avaladas por documentos que no solo se hallan en ruinas arqueológicas, sino en bóvedas de archivos nacionales. La suerte llega cuando el veto sobre tales archivos expira y pueden verdades ocultas salir a la luz. En el 2004, tras el fallecimiento de la Princesa Margarita, se abrió el Archivo Nacional y se hicieron públicos papeles relacionados con su trágico primer romance. Entre esos papeles hay cartas de Anthony Eden y una de la princesa dirigida al Primer Ministro que cambian por completo la versión oficial.

No solo la Reina Isabel apoyó la decisión de su hermana de casarse con Peter Townsend. Además, combinó esfuerzos con Anthony Eden (por una vez el memo hizo algo bueno) para despejar el camino de los enamorados. No entiendo entonces esa necesidad que ha tenido Peter Morgan de falsear una realidad ya en si dramática, a favor de convertir a Isabel en la Hermana Mala del cuento y a Lord Avon en un cortesano retorcido e hipócrita.


Lo curioso para mí, que crecí viendo fotografías de Margarita en la crónica rosa, es que, a quince años de su muerte, nadie parezca saber nada sobre ella y eso que Internet está lleno de datos sobre la princesa. Claro, siempre me olvido de que para los Millenials si la info no se la dan en tres palabras, con ocho fotos, y por una red social de confianza, no se enteran de nada.

Más de la mitad de mis entradas son guiadas por opiniones que encuentro en diferentes redes sociales. En este caso me han aturdido las opiniones de los Crownies (léase fans de “The Crown”) sobre este romance. Algunos expresan la idea de que un matrimonio entre Margarita y Townsend era desaconsejable debido a que el novio era mayor que la novia. Otros están seguros de que la Familia Real se opuso a la unión por ser Peter un plebeyo, o aun peor, por estar al servicio de los Windsor lo que lo convertía en una especie de Tom Branson, el irlandés que pasó de chofer a yermo del Conde de Grantham en “Downton Abbey”.

Vamos por partes, la idea de que la desigualdad de edad puede ser un impedimento para un matrimonio armonioso es un trend del siglo XXI. En los 50s, cuando las chicas no iban a la universidad ni tenían carreras, se esperaba que se casaran jóvenes y comenzasen desde temprano a formar una familia. Lo ideal era que se casaran con hombres al menos una década mayor que ellas, que poseyeran ya estabilidad económica aunada a madurez, experiencia en lo mundano y paciencia para guiar a sus jóvenes conyugues.

El que Peter Townsend fuese plebeyo y “siervo” de la Familia Real nunca jugó en su contra. A diferencia de las cortes europeas, la británica era mucho mas democrática. Sus reyes se habían venido casando con la nobleza local e incluso plebeyas desde los días de “La Reina Blanca”, Elizabeth Woodville. De las cinco esposas de Enrique VIII solo dos eran princesas.  Ana Bolena podría ser hija de un millonario, pero era plebeya total.

Reinas plebeyas: Elizabeth Woodville y Ana Bolena

A las hermanas de Enrique VIII las obligaron a ser reinas consortes de Francia y Escocia, pero apenas enviudaron, ambas se buscaron guapetones locales para maridos. Maria se casó, con gran ira de su hermano, con el Duque de Suffolk y Margarita incurrió en la ira del Kirk escoces al desposar al alocado Lord Angus. Años mas tarde, la nieta de Margarita seria Reina de Francia por un breve tiempo. Pero al ser coronada Reina de los Escoceses, Maria Estuardo buscó maridos autóctonos, casándose primero con Lord Darnley y cuando éste fue asesinado, se casó con el Conde de Bothwell.
Los felices Suffolk

Los infelices Darnley

Incluso el pueblo podía decidir si prefería sangre azul o no. A la muerte de Carlos II, el reino cayó en manos de su hermano Jacobo II y de la reina consorte, la Princesa Maria de Módena. El pueblo rechazó a esta pareja y toda su noble estirpe, prefiriendo como reinas a las hijas que Jacobo había tenido con la plebeya, pero protestante, Anne Hyde.

Fueron los Hannover los que impusieron ideas germanas de superioridad sanguínea y dinástica de las consortes reales. Fueron los Jorges los que inventaron esas actas matrimoniales que le harían zancadillas a Margarita. Por culpa de esas actas y de esas ideas de que solo la sangre azul merecía reinar es que se impidió a Jorge III casarse con Lady Sarah Lennox a pesar de ésta descender directamente de Carlos II, y más tarde anuló el  matrimonio del Príncipe Rgente con Maria Fitzherbert por ser ella católica y porque el enlace se hizo sin permiso del rey.
El Principe Regente y María Fitzherbert

Por suerte, la voluntariosa Victoria cambió esas reglas bobas. Como vimos en la serie que lleva su nombre, ella le dio un titulo nobiliario a la esposa de “Tío Sussex”, uno de los afectados por la peculiar Acta de Matrimonios Reales de 1772. Victoria fue más allá, permitió que su hija Luisa se casara con el Marqués de Lorne y no con un príncipe heredero. Cuando su hija favorita Beatriz, pidió permiso para casarse con Leopoldo de Battenberg (un príncipe menor, sin reino, sin dinero, y producto de un matrimonio morganático) la reina se lo otorgó.
La Reina Vicky recibe al Tio Sussex y a su esposa en el Palacio de Buckingham

También Victoria otorgó permiso para que su nieta Alejandra desposara al Duque de Fife y cuando el primogénito de su heredero, Alberto Víctor, quiso casarse con una princesa de Francia, con mucho pedigrí, pero católica, la reina le buscó una esposa más adecuada. Su elección recayó en la protestante, aunque también producto de uniones desiguales, Maria de Teck. Cuando Alberto falleció, Maria fue “heredada” por el hermano del difunto, el futuro Jorge V.

De los cinco hijos de Jorge y Maria, solo uno se casaría con una princesa, el Duque de Kent que se casó con Marina de Grecia. La única hija de los reyes, la Princesa Maria se casó con Lord Harewood (primo de Tommy Lascelles). Su hermano, el Duque de Gloucester, se casó con la hija del Duque de Buccleuch, y su otro hermano “Bertie”, se casó con la hija del Conde de Strathmore.

Lo curioso es que estos acercamientos entre la realeza y sus vasallos, hacía a los miembros de la aristocracia británica más esnobs y exigentes en lo que se refería al matrimonio de las hijas: o se casaban con nobles o con millonarios que ayudaran a reparar sus ruinosos castillos. Lo vemos en Lady Mary en “Downton Abbey”.  Aunque moderna en muchos aspectos, es enfática cuando le dice a Tom Branson, su cuñado y ex chofer, “No voy a casarme con un inferior”.  Enamoradísima del primo Matthew, cuando supo que él podría no llegar a heredar la Abadía, lo mandó a volar. Ella no estaba para casarse con un abogadito de Manchester.

Mary si aceptó casarse con el tosco e inescrupuloso Sir Richard Carlisle, pero porque era un magnate del mundo periodístico. Y sin embargo le parecía mal que su hermana Edith anduviera con el dueño de una revista. Aunque atraída por el socialista Charles Blake, se interesó más en el al saber que algún día heredaría tierras y titulo de un tío lejano. Y aunque lo negara, las dudas que Mary tenía de casarse con Henry Talbot—muy bien nacido, pero sin título ni fortuna—surgían de ser él nada más que un “mecánico glorificado”.

 Eso quedó claro cuando los celos de May estallaron al enterarse que su hermana Edith, la madre soltera, la inútil de la familia, había enganchado a un marqués. Esa mentalidad de Mary era la misma mentalidad de la aristocracia, de los ministros, y parlamentarios en los Años 50. Peter Townsend no era uno de ellos. Tommy Lascelles (que si era “uno de ellos”) lo notó enseguida y sus esfuerzos por impedir la boda fueron porque siempre consideró a Townsend como un advenedizo.

Peter Townsend podría ser un advenedizo, pero no era un Tom Branson. Sus orígenes eran más que respetables. Provenía de una familia militar reconocida por sus servicios em la India (el nació en Rangún, entonces parte del Raj Británico). Había hecho carrera en la aviación y se cubrió de gloria durante la Batalla de Inglaterra, convirtiéndose en un héroe nacional. En otra era se le hubiese nombrado caballero, regalado un castillo y otorgado la mano de la hija de su soberano. En el tacaño siglo XX, las cosas eran diferentes y el Capitán Townsend fue “premiado” con el título de “Royal Equerry”.

Hay varias traducciones de la palabra “Equerry”. Una es “caballerizo” pero no creo que el Capitán Townsend se haya ocupado de los caballos reales. Otro termino es” escudero’ y el que está en uso contemporáneo es “edecán”. Eso último es lo que, en teoría, era Townsend para Jorge VI. Sin embargo, cuando lo conocemos, Peter está ayudando a vestir a su amo, igualito que un Mr. Bates cualquiera.  Digamos que era más escudero que edecán porque yo he conocido edecanes de presidentes y no andan vistiendo a sus patrones.

En 1950, Peter Townsend subió de rango pasando a ser ayudante del Master of the Household. Ósea antes era Mr. Bates, ahora pasó a ser Barrow, el underbutler de Mr. Carson, porque por muy rimbombante que sea el título, el Maestre de la Casa Real es simplemente un mayordomo enaltecido, Es quien se encarga de rellenar despensas y cavas, quien decide qué papel de baño hay que comprar, y quien dirige a todo el servicio doméstico en palacio.
Peter Townsend en sus días de edecán junto a la Familia Real

Tras el fallecimiento del rey, Margarita suplicó a su madre que le encontrara trabajo a Peter. La Reina Viuda lo nombró su Comptroller (una mezcla de contador y tesorero). Así Peter siguió siendo parte del servicio de los Windsor, ¿pero fue esa otra razón parta impedir su matrimonio con la princesa Margarita?

Primero tenemos que ver si alguna vez hubo un precedente en la realeza de matrimonio entre la clase trabajadora y la principesca. En el Siglo XVI, el rey Eric de Suecia contrajo una unión morganática con una sirvienta. En la Francia Barroca, El Rey Sol desposó en secreto a la Viuda Scarron, nana de sus hijos. Ni secreta ni morganática fue la unión del Zar Pedro el Grande con Marta, una lavandera lituana a la que conoció cuando fregaba los pisos del Príncipe Menshikov (dicen las malas lenguas que también le daba sus frieguitas al patrón). Tras la muerte de Pedro, Marta reinó en su lugar y su hija Yelizaveta fue emperatriz también. Pero cuando se trata de reyes pueden hacer lo que les plazca. ¿Alguna vez una princesa se casó con un criado?
Luis XIV y Madame de Maintenon

Maria Luisa de Austria, viuda de Napoleón Bonaparte, y duquesa reinante de Parma se casó primero con su caballerizo, el Conde von Niepperg. All quedar viuda se casó con su chambelán el Conde Bombelles. La Reina regente de España, Maria Cristina de Borbón-Sicilia, quedó embarazada de un tal Sargento Muñoz, que era su guardaespaldas. Tuvo que casarse con él en secreto y luego convertirlo en Duque de Riansares.

Sin embargo, la cosa no era tan fácil en Inglaterra y memos con princesas doncellas. Aunque Victoria fue tolerante y permitió que su hija Luisa se casara con Lord Lorne, lo hizo cuando ya la chica andaba para vestir santos. En su juventud, Luisa se había enamorado del tutor de su hermano, el Reverendo Duckworth, pero su reina y madre le prohibió casarse con el juzgándolo demasiado plebeyo y, además, parte de su servicio. Hipócrita como siempre la gordita, porque recordemos que fue Victoria la que protagonizó ese escandaloso romance con su criado escoses John Brown, del que se dice fue su segundo marido.

Aunque más de algún cortesano vio con recelo los orígenes plebeyos de Peter Townsend, lo que “The Crown” ha obviado es que la Familia Real si lo quería mucho y que hubo un precedente en el que una joven princesa pudo casarse con un hombre sin título, renunciando a todo por amor, y esto ocurrió casi treinta años antes de la crisis Townsend.

La Princesa Patricia de Connaught, casi fue reina de España en vez de su prima Victoria Eugenia. Como nieta de la Reina Victoria, Patricia tuvo como pretendientes a príncipes de Rusia, Portugal y Alemania, pero prefirió casarse con Alexander Ramsey que, aunque hijo de un conde, no tenía más patrimonio que su sueldo de marino y su rango naval de comandante era su único título. La Princesa renunció a serlo, y pasó a ser simplemente Lady Patricia. Curiosamente, siguió estando en la línea de sucesión y la Familia Real siguió invitándola a ocasiones de gala o solicitándole que los representara en eventos oficiales. La gran diferencia es que Alexander Ramsey, medio plebeyo y pobretón, no era divorciado.
Boda de la Princesa Patricia y el Comandante Ramsey

No hay manera de obviarlo, la gran falla del Capitán Townsend estaba en su estatus marital. Cuanto mas leo sobre la Inglaterra de entonces descubro cuan traumática fue la Abdicación, para el pueblo, para la aristocracia y para la clase dirigente. Parece absurdo , pero en el esfuerzo por salvar la monarquía, se cayó en una psicosis, una verdadera fobia en contra del divorcio. Incluso se prohibió que la Familia Real emplease divorciados. Se tuvo que hacer una excepción cuando Peter consiguió su divorcio, y solo por él ser la parte atropellada.

En mis próximas entradas espero describir los hechos tal como sucedieron, las peligrosas libertades que ‘The Crown” se ha tomado con esta crisis y quedará la pregunta. ¿Qué realmente impidió a Margarita casarse con el hombre que amaba?


miércoles, 22 de noviembre de 2017

The Crown: Abajo de las escaleras del palacio de Buckingham


En mi anterior entrada sobre “The Crown”, dejé claro que la veo como la única sucesora de “Downton Abbey”.  Si la serie icónica de Lord Julien Fellowes describe la relación entre amos y criados de una mansión ancestral, en las primeras décadas del Siglo XX, ” The Crown” sigue líneas parecidas. En vez de la Abadía de Downton, tenemos el Palacio de Buckingham, la historia tiene lugar a fines de los 40s y 50s (en vez del parámetro 1911-1925 de DA). En esta ocasión, los patrones son la familia real británica y los criados son ministros, secretarios y osados caballerizos que se toman libertades con reinas y princesas.

Los Ministros-Mayordomos
Comenzamos con Sir Winston Churchill. John Lithgow se ganó un merecido Emmy por su interpretación del legendario líder británico, pero a mí me dejó fría. Yo amo a Sir Winston, pero desde el 2002 que cine y televisión se han empeñado a sacar, año por medio, algún retrato de Churchill sea como protagonista o secundario. Si hasta el difunto Rod Taylor lo interpretó en “Inglorious Basterds”.  No he visto todavía a Gary Oldman en ese papel en “The Darkest Hour”, pero para mí el mejor seguirá siendo Albert Finney en “The Gathering Storm”.

En “The Crown” han tratado de darle mayor preponderancia (como si se pudiera) al personaje, incluso contándonos cuentos falsos como el de la secretaria atropellada que nunca existió o verdaderos como el del retrato que no le gustó ni a Churchill ni a su señora. ¿A quién se le ocurre contratar a Stannis Baratheon para pintar un cuadro?





Tal como se magnificó, por propósitos dramáticos, el pánico provocado por la capa de smog del ’52, se ha ampliado el miedo que Isabel le tenía a su primer ministro. “Lilibet” y Sir Winston se conocían de toda la vida, había ahí una relación más parecida a la de Lady Mary y Carson que la timidez e inseguridad que la reina demuestra hacia el primer ministro en los primeros episodios de “The Crown”.

Todo el respeto y admiración que siento por Churchill equiparan al desprecio y fastidio que siento por Lord Avon, su sucesor. Jeremy Northam,  que últimamente solo puede interpretar personajes históricos (Tomas Moro, Carlos II, Bertrand Russell), ha conseguido humanizar a Anthony Eden, un ministro que ha pasado a la historia como uno de los peores en el reinado de Isabel II.

Ahora, cada vez que leo un libro de historia sea sobre la segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española o los conflictos de Israel, me encuentro con las siniestras zarpas de Eden tras algún desaguisado. Es increíble que alguien que se supone era parte del bando de “Los Buenos” se las arregle para siempre estar en la acera del frente, ósea en contra de mis posturas políticas e ideológicas.

Es una ironía que la historia determine que la mayor metida de patas de Edén fue su pobre actuación durante la Crisis del Canal de Suez. Por una vez,  él ministro tuvo una excusa. Tal como nos muestra “The Crown”, en esa época Eden era víctima de médicos chambones que lo convirtieron en  adicto a las anfetaminas. En ese estado no se puede manejar ninguna crisis. Sin embargo, la serie si le tiene un poco de tirria a Lord Avon. Lo vemos por primera vez cuando llega,  todo solapado,  a pedirle al Rey Jorge que le aserruche el piso a Churchill (¡que más encima es su tío político!) El rey que no era tonto lo mandó a freír monos a Acapulco.




Lord Avon y su "tío"Churchill

Vemos que Eden es parte de la camarilla anti- Felipe y la serie perpetúa un mito histórico de que fue Lord Avon quien conspiró con su soberana para impedir la boda de la Princesa Margarita y Peter Townsend. Me acabo de enterar que crecí con una falsa concepción del affaire Townsend. Como la mayoría de las frikis de la realeza de mi época, yo tenía esta visión de Margarita como una víctima de reglas protocolarias caducas. Siempre disculpé todas sus excentricidades, desde sus subidas de peso hasta el drogarse en compañía de Mick Jagger,  como resultado de esa campaña de poderes ancestrales que la separaron del hombre que amaba.

Desde el 2004 que se sabe oficialmente que en vísperas del rompimiento definitivo Margaret-Townsend, Eden y su soberana se sentaron a redactar un documento que, aparte de hacer a Margarita feliz junto a su coronel de ensueño (en la aviación de otros países el grado de Group Captain que ostentaba Townsend es equivalente a  coronel de aviación),  destruiría para siempre esa anacrónica acta que impedía matrimonios como el que deseaba la hermana de la reina.

Aunque voy a hablar de este asuntillo en otra entrada, lo cierto es que “The Crown” se va por lo mítico y lo melodramático, mostrándonos a una reina de corazón duro que antepone el deber antes que la felicidad de su única hermana. Mas encima nos hacen creer que obra tan inhumanamente por consejo de su mefistofélico tío (que abdicó para casarse con divorciada) y de un odioso ministro (divorciado y recasado). La idea es que al terminar la temporada nos quedemos con un retrato de una reina aislada, desligada de la realidad, abandonada por el marido, repudiada por la hermana, más sola que Angelique Boyer al final de “Teresa”.

El pobre Eden queda como decimos en chileno “como chaleco de mono” (todo ca---do) en este episodio romántico-político, pero también la idea es mostrarnos como la drogadicción destruye la capacidad de un hombre para tomar decisiones. En el caso de un hijo de vecinos es triste, en el caso de un hombre público es una catástrofe.

Los secretarios-lacayos
Me costó reconocer sin peluca, y debajo de esos bigotazos, a Pip Torrens, el perverso, pero entretenido,  Duque de Cassel de “Versalles”, ahora convertido en Sir Alan “Tommy” Lascelles. Pip lo interpreta con la severidad que caracterizó a Tommy, pero sin su fantástico sentido del humor. 

En la serie, Pip es un aguafiestas. Es el encargado de decirle al Duque que deberá siempre cederle el paso a su esposa y caminar a la sombra de ella. Es quien conspira con la Reina Madre para que Felipe no arruine La Ceremonia de Coronación.

Es Lascelles quien empaca a Peter Townsend a Bruselas.  De hecho, lo ponen como Gran Inquisidor avisandole a Townsend que se va sin poder siquiera despedirse de la novia y todo "¡Porque yo soy Malooo! ¡Muahaha! En suma, es uno de los “villanos” convencidos de que impedir el matrimonio de Margarita es salvar el Imperio.

Ciertamente, Lascelles se oponía a ese matrimonio, pero es comprensible viniendo de un hombre que dedicó su vida a servir a la monarquía y cuyo momento más amargo fue la abdicación de su patrón, Eduardo VII. Para Lascelles (y para muchos británicos) la abdicación fue una muestra de debilidad, de egoísmo, y de irresponsabilidad. 

Con razón Tommy no era amigo de tener al divorciado Townsend en una familia que veía como propia. Sin embargo, como el affaire Townsend ha sido exagerado y falsificado en “The Crown”,  no debemos quedarnos con una imagen tan negativa y recomiendo la lectura de los Diarios de Sir Alan Lascelles: King's Counsellor: Abdication and War , The Diaries of Tommy Lascelles.

Por último, tenemos el caso de Martin Charteris, el secretario predilecto de los Windsor-Mountbatten. Interpretado por Harry Hadden-Paton. Harry ,  quien también apareció este año en” Versalles” como el repelente Gastón de Foix, es mas recordado como el humilde Bertie Pelham,  el que saca a Lady Edith Crawley de la Abadía de Downton, para convertirla en marquesa. “The Crown”, por una vez, hace un retrato verídico de quien pasó a ser Sir Martin y finalizo su vida como Lord Charteris (los privilegios de servir bien a un monarca).

Charteris, nieto y hermano de condes, era ya teniente coronel cuando lo agregaron al servicio de la recién casada princesa. A pesar de su bagaje aristocrático y militar, Charteris tenía muy buen humor, era alegre y poco convencional, lo que lo hacia un compañero idóneo para la joven pareja. Su momento clave, tal como lo demuestra la serie, es cuando recibe noticias de la muerte del rey en Kenia y debe transmitirlas al Duque de Edimburgo que a su vez debe dárselas a su esposa. También es histórico que el fue quien se sentó con su nueva reina para decidir qué nombre portaría junto con su corona.

Por otro lado,  es cierto que al retirarse Sir Alan Lascelles, la primera opción de Isabel para cubrir el puesto de secretario privado de la soberana fue Charteris. La Familia Real sentía mucho cariño por Martin y la reina particularmente se sentía cómoda en su presencia, por lo que es posible que se haya saltado un poco el protocolo y haya puesto su presión para tenerlo cerca. 

Pero el pobre Charteris no contaba con el poder de Tommy Lascelles y todo por cortar un arbolito. Aquí tuvimos un equivalente a las envidias y luchas de poder entre lacayos que tanto abundaban en  "Downton Abbey". Sobre todo cuando el  acusete de Aldeane va a "soplarle"a Sir Alan que los Charteris se han apoderado de la casa de Tommy. Hasta la Reina recibió un coscorrón verbal por parte de su airado secretario.

Charteris sirvió a la reina hasta 1977. Tras su retiro recibió un título nobiliario,  Barón Charteris de Amisfield, y fue nombrado director de su alma mater, Eton (Harry Hadden-Paton es un Old Etonian tambien), la escuela más elitista del Reino Unido. Ósea éste le ganó al señor Mosley de “Downton Abbey”, que de lacayo pasó a ser profesor. En su vejez, ya retirado, se convirtió en un viejito muy entretenido. Descubrió un talento tardío para la escultura, y se hizo conocido en la escena de las discotecas londinenses. También era un poco suelto de lengua cuando le tocaba ser entrevistado.


La Reina y Sir Martin

Aunque siempre declaró que “se había enamorado de la reina” a primera vista y que Isabel era la mejor patrona del mundo, no fue tan caritativo con otros miembros de la Familia Real. Según él, la Princesa Margarita era un” hada mala”, el Príncipe Carlos, un llorón, y la Reina Madre era un poquito como un avestruz (¡!!) ¿Querría decir que no enfrentaba la realidad o que parecía un avestruz? La respuesta Lord Martin se la llevó a la tumba en 1999. Digamos que en el mundo del servicio de la Abadía de Downton, podría haberse asemejado a Spratt, el mayordomo de la Condesa Viuda, que acabó escribiendo una columna de chismes para la revista de Lady Edith.

He dejado para otra ocasión a los más notorios “palafreneros” de  la Familia Windsor: Lord Porchester y Peter Townsend debido a que sus historias solo terminarán en la segunda temporada. Así que esperaré un par de semanas antes de trabajar con ambos y con todas las calumnias y falsos mitos que se han tejido alrededor de su servicio en la Familia Real Británica. Hasta entonces.