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martes, 4 de febrero de 2020

Ana la Postergada: Lo que no vimos en la Tercera Temporada de “The Crown”



En la Tercera Temporada de “The Crown” conocemos a los hijos mayores de la princesa Isabel, pero tanto amigos de la historia como fans de la realeza británica están descontentos con el retrato de la Princesa Ana a la que la serie nos muestra como raisonneur u objeto sexual, sin darle la importancia merecida. Peter Morgan ha situado la acción de la última temporada entre los años 1964-1977. Durante esos años, Anne fue soltera cotizada, novia de ensueño, equitadora olímpica, esposa y madre,  y protagonista de un sonado intento de secuestro. ¿Por qué “The Crown” no nos cuenta estos hechos?

La Más Difícil de la Familia
Siempre se ha hablado de la Princesa Ana como la más “difícil” de La Familia Real. Sir Cecil Beaton, en sus diarios, confesaría que lo más agotador de fotografiar a los Windsor-Mountbatten era lidiar on la pequeña Ana que nunca obedecía órdenes. Ana ha sido acusada de muchas cosas, principalmente de rebelde, de hosca y de llevarse muy mal con la prensa. Lo cierto es que es la más dedicada y trabajadora de los hijos de la Reina Isabel. Es franca, independiente y ama su privacidad. Con eso se entiende que ni anda con zalamerías ni le gustan las entrevistas.
Carlos besando a su hermanita. Fotografía de Sir Cecil Beaton
Ana en sus "años dificiles"(fotografía de Sir Cecil Beaton)

Sabido es que es la niña de los ojos de su padre, pero su relación con Carlos ha sido compleja desde su infancia. La esposa de Michael Adeane contaba que vacacionando en Balmoral fue al bosque en busca de hongos comestibles. Se le ocurrió dárselos a los principitos, Carlos y Ana, para que se los regalaran a su madre. Inmediatamente comenzó una discusión entre los hermanos que acabó con bolsa y hongos en el suelo.

Enfurecida, Anita agarró un látigo y azotó a Carlitos que lloraba a gritos. Atraída por el ruido, llegó Isabel que solucionó todo dándoles una cachetada a cada uno de sus hijos y enviándolos a buscar una escoba para limpiar los hongos. Este cuento muestra la fragilidad de Carlos en contraste con una hermana más impaciente y agresiva. A diferencia de Carlos, Ana nunca sintió que se la trataba con negligencia. Las pullas del padre le hacían coquillas y desarrolló un estilo de conversación acentuada por un humor caustico heredado del Duque de Edimburgo.
Ana y Carlos com su Tía Margarita

En otro sitio relaté esta anécdota como también que Margarita, que entonces servía de algo, se ocupó de la educación básica de su sobrina, vigiló sus deberes, la integró a las Girl Guides, y trajo amiguitas de su edad a jugar con Ana.. El resultado de esta etapa preadolescente es que la princesa creció libre de complejos y de las dudas que atormentaron a su hermano mayor.
La Reina Isabel y la Princesa Margarita con Ana.

Cuando llegó el momento de ir a la escuela, Felipe eligió el internado de Benenden para su hija, pero Ana le dejó claro que no pensaba ir a la universidad. Su sueño era ser una gran equitadora y el Príncipe Consorte decidió ayudarla contratándole los mejores maestros.

Ana se graduó de la secundaria en 1968, pero ya antes los shiperos del corazón la estaban emparejando. A pesar de que, hasta los 18 años, no se le permitió tener citas, solo salir en grupo, la prensa ya hablaba de su cercanía con los Príncipes Hanover, hijos de su tía Sophie, y de las muchas visitas que el heredero al trono sueco hacia a Inglaterra. Por años yo creí que se casaría con Carlos Gustavo. Me alegro de que no lo hiciera, porque él es un mal marido.

A “Good Sport”
A los 18 años, Ana comienza a representar a sus padres y a salir en fotografías de la prensa del corazón. Nunca ha sido bonita, los genes germanos del duque de Edimburgo son más evidentes en su hija que en los hermanos de la princesa. Pero a los 18 años Ana posee una hermosa cabellera, una estupenda figura y se viste de acuerdo con la moda, pero con un estilo propio.

A pesar de sus desplantes es considerada entretenida, deportista, sin melindres ni sensibilidades femeninas. Es lo que los ingleses llaman “a good sport”, alguien que amaba los caballos, hablar de deportes y reírse un rato. Ana prefiere la compañía de hombres que compartan su amor por la equitación y que pertenezcan a la casta militar.

Sin embargo, muchos de los ‘noviazgos” que hoy le adjudican son falsos. Por ejemplo, se dice que su primer novio fue Gerald Ward. En 1968, Mr. Ward, padrino del Príncipe Harry, ya está casado. En cuanto a Sandy Harper solo fue un gran amigo de Ana. Hijo de un criador de ponis, Sandy es el compañero de juego de la princesa. Van a bailar, a comer, a ver carreras. En una ocasión, ambos se dedican a volar a balazos limpio los faroles de la calle. La amistad dura hasta la boda de Sandy en 1971.
Ana y Sandy Harper

Entretanto, a Ana se le ha visto con otros galanes: el Conde Caithnes, el futuro Lord Halifax, Brian Alexander y el Barón Cameron al que ella describe como simpático, pero “húmedo” (“wet” en slang británico significa “aburrido”). El que no es para nada aburrido es Richard Meade, campeón olímpico de equitación. Cuando se les ve demasiado junto, la Reina Isabel interviene. No es bueno para la reputación de Ana ser vista con un plebeyo que le lleva doce años. Isabel prohíbe esa relación y Ana obedece. No es tan rebelde como parece.
Ana y Richard Meade

Sin embargo, el próximo galán es más peligroso y nadie impone prohibiciones. ¿Será porque Andrew Parker Bowles es hijo de amigos de la Queen Mom? ¿O porque como católico no tiene posibilidades de entrar a “la firma”?
Ana y Andrew 

Yo recuerdo fotos, el romance fue público. Pero la prensa era más discreta entonces. Morgan nos ha dado una visión de Ana como una descarada que se acuesta con Andrew para pasar el rato y divertirse un poco. Y así se lo lanza en la cara su familia.

Eso es otra invención. No hay manera de saber si Ana tuvo intimidad con el Mayor Parker Bowles, pero ciertamente no lo anunciaría con ese desparpajo. Ninguna hija de familia lo hubiese hecho en esa época. Sally Badell Smith en su biografía del Príncipe Carlos considera que la relación Ana-Andrew fue breve y sin esperanzas, por lo que no cree que haya sido física.

Tina Brown, periodista de Vanity Fair, discrepa. Según lo que vio y oyó como periodista, Ana si estuvo muy enamorada de Andrew Parker Bowles. Una lástima, porque más allá de la religión, él era un hombre sin escrúpulos y si sedujo a una jovencita inexperta, más encima hija de su soberana, entonces era un canalla.
Diosa Ecuestre
Lo bueno es que, en 1971, Ana está demasiado ocupada para andar llorando por los rincones por un individuo tan poco recomendable. En ese año, y montando el caballo Doublet, regalo de la reina, Ana participa y gana la Medalla de Oro del Campeonato Europeo de Equitación. Es un caso inaudito. Nunca un miembro de la familia real ha alcanzado distinción en los deportes. La BBC nombra a Ana “Figura Deportiva del Año”.
Ana y Doublet

Ahora acapara portadas no por rebelde o por los pretendientes, sino por sus propios méritos. Las chicas la admiran y le copian el vestuario. Comienza a sentar tendencias y a acaparar portadas.  Parker-Bowles es el pasado. 

En los próximos años, Ana seguirá entrenando y compitiendo. En 1975 volverá a ganar medallas en el Campeonato Europeo, estas veces dos de platas.Con tan buena reputación, Ana es incluida en el equipo británico para participar en las Olimpiadas de Montreal en 1976. Es la primera vez que un miembro de la Familia Real participa en ese tipo de eventos. 
Ana y Goodwill en las Olimpiadas de Montreal

Para mucha gente lo principal de Ana ha sido su labor deportiva. nunca la ha abandonado y su mejor logro ha sido criar a su hija Zara para reemplazarla. En el 2006 Zara Phillips (hoy Tyndall) ganó el Campeonato Europeo de Equitación y fue nombrada Personalidad Deportiva del Año por la BBC. Pero Zara ha llegado más lejos que su madre, ganando la Medalla de Plata en las Olimpiadas de Londres.

Ana ajustando la medalla olímpica a su hija.

1972 es un año curioso. La prensa que tiene un olfato especial para esas cosas siente que, aunque a la princesa no se la ve con ningún pretendiente en especial, anda enamorada y esta vez va en serio. A cada rato los periodistas van a importunar al Palacio de Buckingham a preguntar si ya se anuncia un compromiso. A cada rato se les despide con cajas destempladas.

Finalmente, en mayo de 1973, se termina el misterio. La Reina y el Duque anuncian oficialmente la boda de su única hija con el Capitán Mark Phillips. Aunque Ana y Mark se conocen desde 1968, y el corresponde al perfil de hombre (militar equitador) que gusta a Ana, no se les ha visto juntos en público. ¿Como lo han conseguido?

Pues con gran astucia, Ana y Mark han evadido a los paparazis con un método bastante ingenioso. Se han encontrado siempre en lugares privados y las salidas del publico había sido una clase de sagacidad. A menudo, a la princesa se la veía paseando en su autito al que le ha enganchado una especie de casa rodante para transportar caballos. Solo que, en los últimos años, Ana la usa para transportar al novio. La prensa chasqueada nunca la perdonará.
La Boda del Año
Hubo muchas conjeturas de como Mark, totalmente plebeyo, se incorporaría la Familia Real. Un chistoso miembro del parlamento preguntó si se le daría al oficial un título nobiliario, como lo hicieran con Tony Armstrong-Jones y si acaso (aludiendo a como el padre de Mark hiciera su fortuna) se le nombraría “Lord Salchicha de Puerco”.

A todas estas muestras de desprecio Ana y Mark respondieron con gran dignidad. Se negaron a recibir títulos, rechazaron el derecho de sus hijos a llevarlos y costó mucho para que el Capitán Phillips aceptase entrar al servicio de su Soberana-Suegra.

La boda tuvo lugar el 25 de noviembre de 1973. y fue todo un espectáculo no visto desde la boda de Margarita. Una lástima que no la transmitieran en Chile en directo, aunque los noticieros la cubrieron en abundancia. Por eso puedo decir que fue preciosa. 

El vestido confeccionado por la firma de Susan Small era en estilo Tudor bordado con perlas. La novia lucia peinado edwardiano y la tiara de su bisabuela. Se veía realmente linda, y en la escala de novias reales solo es superada por su madre. Se veía más espectacular que Diana.

Un detalle interesante fue que a diferencia de la reina Isabel, Ana no tuvo damas de honor, solo su primita de 12 años, Lady Sarah Armstrong-Jones (quien ocho años más tarde sería dama de honor de Lady Diana) y un pajecito, su hermano Eduardo. El pastel de bodas estaba coronado con la figurita de una amazona en homenaje a la profesión de la novia.

Otra novedad fue que, en el registro civil del enlace, Ana firmó como “Anne Windsor-Mountbatten” siendo esta la primera vez que un miembro de la Familia Real firmaba con el polémico apellido. Perdón que me detenga en tanto detalle, pero me parece injusto que esta boda, que capturó la imaginación del pueblo británico ese año, haya sido menospreciada por “The Crown”.

El Secuestro de una Princesa
Aun así, hay otro episodio que el público encuentra que fue más injusto dejar fuera y ocurrió a menos de un año de la boda. Es la ocasión en que Ana como princesa de cuento tuvo un encontronazo con un dragón armado y ocurrió en marzo de 1974.

Regresando de un evento de caridad, el auto de la princesa fue interceptado por un Ford del cual descendió un demente llamado Ian Bell que se puso a dispararle al auto de la princesa. Jim Beaton, guardaespaldas de Ana, descendió del vehículo e intentó desarmar al asaltante, pero su revolver se trabó. Bell aprovecho de balear a Beaton en el pecho y también hirió al chofer, Alexander Callender.

Bell se acercó al auto y le comunicó a Ana que planeaba raptarla y pedir rescate por ella. Enseguida le ordenó que se bajara a lo que la princesa respondió con un Not Bloody Likely! (¡en buen chileno “¡ni ca…!”) Bell entonces amenazó con rematar a los heridos. Ante lo cual, Ana y su dama Rowena Brassey descendieron del vehículo.
Asi es como el Ford de Bell interceptó el auto de la princesa.

En eso llegó a la escena Brian McConnell, un paparazzi que andaba la zaga de la comitiva, e intentó desarmar a Bell siendo herido en la trifulca. Justo pasó Ron Russell, un boxeador retirado que derribó al secuestrador de un golpe en la cabeza y alcanzó a alejar a la princesa del lugar de los hechos. Atraídos por los tiros, llegaron dos policías. Aunque Bell hirió a uno, el otro consiguió desarmar al secuestrador.

 [Nota aparte: Aparentemente, Mark Philips viajaba con su esposa, pero la mayoría de los recuentos no lo incluyen. No sabemos qué rol jugó durante el intento de rapto. Sin embargo, esta editorial del Daily News habla de que escudó a su mujer del asalto. ¿Por qué hoy no se menciona la participación del Capitán Phillips en ninguno de esas remembranzas?
Algo que desmiente la teoría del “escudo” es que en un documental que pretendía recrear los hechos vemos que Ana está al lado de la puerta y su marido esta hecho un sándwich entre ella y Rowena. No hay modo en que pudiese proteger a Ana. En una entrevista dada una década después del intento de secuestro, Mark recordaría lo asustado que estaba y el shock que le produjo lo ocurrido. Uno no esperaría esas palabras de parte de un militar. ¿Es posible que se haya acobardado ante Bell y su revolver y su mujer haya sido la que tuvo que actuar heroicamente?]


Recreación del intento de secuestro

Ian Bell fue (y permanece) recluido en un hospital mental. Lo demás héroes inesperados recibieron medallas y hasta el día de hoy se admira el valor y presencia de ánimo de Ana que se convirtió en una heroína para muchos británicos aun los antimonárquicos. De ahí que se dice que es “el único hombre de la familia” y “Ana debería ser nuestra reina”. Una lástima que Peter Morgan en su misoginia y odio por la Familia Real, no se sintiese obligado a contarnos un evento tan importante en el momento histórico de la Inglaterra que el tan pobremente describe en su serie.
Ana visita a James Beaton en el hospital

La Princesa y el Guardaespaldas
A pesar de que Ana se merece todo, fue infeliz en su primer matrimonio y eso que desde el comienzo fue ella quien implantó reglas. En la primera entrevista dada después de su compromiso, Ana había prometido coserle los botones al marido, pero en otra ocasión Mark confesó que sería ella quien llevaría los pantalones en la familia.

En un Cosmopolitan de 1975 leí la siguiente anécdota. En una fiesta, Sir Peter Ustinov comentó a la princesa que aún no conocía a Mark. Ana se metió dos dedos en a boca y lanzó un largo silbido. Al segundo llego su marido trotando desde el otro lado del salón.

Mas allá del bochorno de ser convocado con chiflidos como un perro, Mark nunca se sintió a gusto dentro de la Familia Real. A pesar de ser un oficial y caballero, de provenir de una sólida familia militar (aunque su padre hizo fortuna como director de una fábrica de cecinas), y de haber ido a buenas escuelas, Mark nunca fue aceptado por sus parientes políticos. El Príncipe Carlos lo apodó Fog (bruma) por denso y aburrido.

Aun así, estuvieron juntos por más de una década y en 1977 Ana le dio su primer nieto a la reina Isabel. Otro detalle que a Morgan se le escapó. Aunque aquí acaba la parte de Ana que corresponde a la cronología de los Windsor abarcada en la Tercera Temporada de “The Crown”, me parece justo seguir con Ana hasta nuestros días, porque es obvio que a Morgan no le interesa como personaje.

El Capitán Phillips comenzó a pasar más tiempo lejos de su familia. En Nueva Zelanda inició un affaire con una maestra de escuela con quien tuvo una hija (aunque esta historia no se hizo pública sino hasta los 90).  Sola en casa, ocupada criando hijos y manejando su hacienda de Gatcombe Park, Ana también tuvo un romance con su guardaespaldas, el sargento Peter Cross.
Ana y Peter Cross

Aunque Ana nunca lo ha reconocido, hay bastante material y testimonios para asegurar que tal affaire existió.  Cuando Scotland Yard, que provee los guaruras de la Familia Real, se enteró (alguien vio al sargento y a la princesa besándose) retiró a Cross del servicio. Aun así, Ana y él siguieron viéndose.

Según la esposa de Crosse, y otra dama que compartió casa con el mujeriego sargento, Ana lo llamaba casi a diario y dejaba mensajes de parte de “Mrs. Wallis”. Lo más grave fue que la princesa llamó a Cross el día del nacimiento de Zara para anunciarle que ella había tenido una hija. El hecho de que fuese el primero a quien llamaba para dar la noticia ha creado el rumor de que Zara no es hija de Mark Phillips.

En 1984, Cross en un acto muy poco caballeroso, vendió a News of the World—por una suma millonaria— su versión de los hechos. Dijo que si no había hablado antes era para no afectar su matrimonio, pero ahora que se había divorciado… ¡Yaaa! Confesó haber tenido trato sexual con Ana en un chalet en Sussex que le había prestado un amigo, en la biblioteca de la casa de Ana, ¡y hasta en un camerino de una piscina!

Sin embargo, la imagen que emerge del relato es la de un romance domestico a la antigua. Lo que más hacían era compartir un café en la cocina o pasarse horas abrazados en el sofá viendo tele. Es obvio que Ana necesitaba compañía masculina, no sexo.  Pero la prensa, que nunca la ha perdonado, la hizo picadillos.

Aprovechando que Ana nunca ha dejado de ser amiga de Andrew Parker Bowles se les volvió a relacionar como pareja. También se dijo que Ana había tenido amores con su compadre, el actor Anthony Andrews. Si los tuvo. … ¡Suertuda ella porque estaba guapísimo!
Ana y Anthony Andrews

Ana sobrevivió a toda esa campaña de calumnias con la gran entereza que ha tenido siempre. La necesitaría para el próximo escándalo. En 1989 se hicieron públicas unas cartas que se le había robado a la princesa.

Eran cartas de amor (Ohhh esos tiempos antes del email) escritas por el comandante Timothy Laurence, uno de los asistentes de la Reina Isabel. Aparte de muestras de devoción y promesas de amor eterno, las cartas no contenían nada pecaminoso. Eran solo la revelación de que Ana tenía un amante con el que había iniciado una relación hacía unos meses

En 1992, finalmente Ana y Mark se divorciaron. Ocho meses más tarde, la princesa y su marinero se casaron en Escocia. Esto fue debido a que la iglesia presbiteriana escocesa permite el matrimonio de divorciados y Ana quería boda religiosa. A la boda asistieron los padres, la abuela y el hermano menor de la novia. Zara Phillips fue dama de honor de su madre.

A pesar de que la prensa vive divorciándolos. Timothy y Ana van a cumplir 38 años de casados. El continuó con su carrera naval, alcanzando el grado de vicealmirante. En el 2011, la reina lo nombró caballero por sus servicios en la marina, no por ser su yerno.
Ana y el Almirante Sir Timothy Laurence

Ana y su marido viven en departamentos reales en el palacio de St. James, aunque ella conserva y mantiene la propiedad de Gatcombe Park que es su fuente de ingresos. Aparte de un yate, los Laurence no tienen lujos. Hace años que Ana, aun con su título de Princess Royale, y con todo el trabajo que desempeña para la corona, no recibe dinero del fisco. Todo se lo paga con lo que obtiene de las granjas de Gatcombe Park, y de los campeonatos de equitación y ferias que arriendan parte de la propiedad.

A pesar de que fue víctima de un intento de secuestro, Ana se niega a tener guardaespaldas y solo los acepta en ocasiones en que debe representar a su madre en algún evento público. Es un ejemplo de cómo un miembro de la realeza puede vivir sin gastar la plata de los contribuyentes. A ver si Meghan aprende de “ese ejemplo”.

Como ven Ana, aunque ha dado que hablar, también ha contribuido a La Firma de manera positiva. Lástima que Peter Morgan no lo vea así



jueves, 16 de enero de 2020

La verdadera historia de Carlos y Camilla Shand: The Crown 3x07 y 3x09



Ahora nos toca hablar de Camilla Shand, de la verdadera, no del invento de Peter Morgan. ¿Estaba enamorada de Carlos al comienzo de su relación? ¿O solo fue un interludio en medio de su gran pasión por Andrew Parker-Bowles? ¿La obligaron a casarse? Sabemos que los presentó Lucía Santa Cruz, ¿pero quien era Camilla Shand antes y después de conocer al Príncipe de Gales?

Uno de los errores de “The Crown” es decir que Camilla fue despreciada por no ser princesa. Lady Di no era princesa. En los 70 no había muchas princesas casaderas, en Europa, que no fuesen católicas. Se sabía que el matrimonio de Carlos no sería unión dinástica. Solo se le pedía que se casara con una chica de buena familia, buenos modales y linaje aristocrático. Camilla entraba en todos esos parámetros.

El Pedigrí de Camilla
Su padre, el Mayor Shand, era de clase media acomodada, pero su madre Rosalind Cubbit (Debutante del Año en 1939) era hija del Barón Ashbourne. La madre de Rosalind, Sonia Keppel era hija de Mrs. Keppel, la y última y más célebres de las maitresses royales de Eduardo VI. El padre de Sonia, el Honorable George Keppel, era hijo del Conde de Albermarele, cuya familia descendía tanto del gran Cromwell como de Carlos II, lo que hace a Camilla una Estuardo.
Sonia Cubbit y su hija Rosalind

Camilla creció en un hogar adinerado-su padre se había dedicado al negocio de los vinos- tranquilo, rodeada de mascotas y caballos, y dedicada a sus hobbies, la lectura y la equitación. Fue a escuelas de niñas de renombre como Queen’s Gates, en Kensington, de la cual saldría a los 16 años para ir a un internado de señoritas en Suiza donde acabaría su educación.
Camilla de pequeña

A los 18 años, Camilla pasaría seis meses en Francia estudiando el idioma y la literatura del país. Para los estándares de su clase social y época, Camilla Shand era una chica educada y preparada para la gran meta de las mujeres de la alta sociedad: un buen matrimonio. El próximo paso de los Shand era presentar en sociedad a su hija y presentarle a ella buenos partidos.  Para eso ofrecieron una gran fiesta, en la que Camilla lucía un vestido de chiffon negro. En esa fiesta la futura Duquesa de Cornualles conocería a dos hombres importantes en su vida.
Camilla y su madre en su debut

El primero fue Kevin Burke. Recién graduado de Eton, hijo de Sir Aubrey Burke, el diseñador de aviones, Kevin de 19 años es importante en este cuento porque sería con quien Camilla perdería su virginidad.  El otro hombre seria Andrew Parker-Bowles con quien ella perdería mucho más.

Me detengo un momento para describir las fuentes de información que estoy usando. Por supuesto siempre comienzo por un clásico Príncipe de Gales publicada por Jonathan Dimbleby en 1994. Sigo con la biografía de Sally Bedell Smith, Prince Charles: Passions and Paradoxes of an Improbable Life (2017), pero tambien estoy leyendo The Windsor Knot: Charles, Camilla and the Legacy of Diana de Christopher Wilson (2003). Wilson es otro de esos flojonazos que viven de la investigación ajena. Se basa en las columnas del legendario chismógrafo, Nigel Dempster, quien fue quien entrevistó a los amigos y “hombres “de nuestra Duquesa de C.

Volviendo a nuestro cuento, la relación Shand-Burke duró poco. Aparte de iniciar a Camilla en la actividad sexual hay un par de comentarios de Burke que son importantes para definir la carrera futura de la debutante. El primero es que Kevin (entrevistado en los Noventas) la recordaba como muy simpática, alegre, pero no particularmente guapa. En otro sitio donde notaban los impedimentos para que Camilla Shand fuese Princesa de Gales se decía que era “poco fotogénica”. Ahí se evidencia la superficialidad de los tiempos modernos que privilegian lo físico aun a la hora de elegirle esposa al heredero del trono británico.

Si no iba a haber princesa de cuentos, al menos se esperaba que la consorte real fuera glamorosa y espectacular (como lo fue Diana). Quien solicitaba eso era la prensa. Vale recordar que es la prensa la que decide estas cosas, se las mete en la cabeza sus lectores y se la presenta a La Corona como “es lo que pide el pueblo”. Algo extraordinario, es que la prensa tuvo muy poco interés en Camilla en el año en que fue compañera de Carlos (1972-1973). Mas preocupaba la Princesa Ana que se casaría en 1973, suceso ignorado por “The Crown” y del que hablaremos en otro momento.

Mirando las fotos de la época, Camilla se ve desastrada, despeinada. Se sabe que es desordenada. En su libro Charles & Camilla: Portrait of a Love Affair Gyles Brandeth entrevistó a Virginia Carrington, compañera de cuarto de Camilla quien relató que su amiga les tenía terror a los colgadores de ropa, todo lo tiraba en el suelo y tampoco limpiaba el baño: “Les tenía aversión a los fluidos de limpieza. Tendrías que ver como dejaba el baño después de usarlo”.

Suzanna de Vries, en su libro Royal Marriages, describe una anecdota sobre lo desastrada que era Camilla, aun despues de ser amante  Estando en casa de su abuela Lady Ashbourne, y a la espera del Príncipe de Gales, a Camilla se le rompió el zipper de sus jeans. Rapidamente, y ante el pasmo de su abuela, se plantó un alfiler de gancho para sujetarse los pantalones.

Siete Años de Humillación
Pero volvamos a la Camilla de 1966. Como la mayoría de las debutantes, su vida estaba planeada en espera a que llegase a ella su futuro marido. En lo que eso sucedía algunas trabajaban, otras estudiaban, pero en los liberales 60, lo prioridad era independizarse de los padres. Así Camilla Shand, a los 19 años, se fue a vivir en un piso de Belgravia, con dos amigas de igual pedigrí. Todo pagado por los padres. Para ser más independiente, Camilla se consiguió empleo de recepcionista en la afamada firma de decoradores de Sybil Colefax&John Fowler, de la cual sería despedida por no llegar a la hora.

Es que Camilla se la pasaba en fiestas y dormía hasta tarde. Kevin Burke era cosa del pasado. Ahora Camilla tenía un nuevo acompañante, Rupert Hembro, de una importante familia de banqueros. Aun para la época, era un poco escandaloso que Camilla fuese tan abierta on el hecho de que ella y Rupert eran amantes. Eso no importó mucho, puesto que, en un baile en Escocia, Camilla se reencontró con Andrew Parker-Bowles, y Rupert pasó a segundo plano.
Camilla y Rupert

Parker-Bowles tenía 27 años, era capitán de dragones y había sido ayudante del Gobernador de Nueva Zelandia. Todo esto lo hacía más glamoroso que la mayoría de los jóvenes que formaban el circulo de Camila. Además, tenía reputación de mujeriego y se le conocía como “el mejor amante de Londres”. Esa aura de peligro cautivó a Camilla tanto como las famosas dotes amatorias de su nuevo amante. Ni siquiera le importó a la chica que, en la primera etapa del romance, Andrew siguiese viéndose con su otra novia Lady Carolyn Percy, hija del Conde de Northumberland.

Siete años duraría la relación Andrew-Camilla. Siete años de humillación, de saberse constantemente traicionada. Camilla se había enamorado locamente del Capitán Parker-Bowles y no podía acabar con él. incluso intentó volver con Rupert Hambro, pero fue en vano. Ni siquiera que Andrew la engañase con sus amigas o que iniciase un romance público con la princesa Ana, la hacían olvidarlo. Sobre todo, porque Parker-Bowles constantemente volvía buscarla.

Esta relación era la comidilla de Londres. Camilla se ponía en evidencia, interrogaba a cada mujer que conocía si andaba en amores con su novio. Harta de tanta pregunta, Lady Carolyn le respondió “cuando me canse de él, te lo devuelvo”. Una noche, Camilla vio el auto de su novio estacionado enfrente de la casa de su nueva conquista. Incapaz de contenerse, la futura Duquesa de Cornualles, escribió un insultante mensaje con su lápiz labial en la ventana del vehículo para, acto seguido, reventarle los neumáticos.

Cuando Lucia Santa Cruz decidió presentarle a su amiga-vecina al Príncipe de Gales, no andaba de casamentera. Solo quería que Camilla recobrase su autoestima. Tal vez, un affaire con alguien tan importante como el futuro rey de Gran Bretaña, alejase a Andrew.

Esposa Pesa más que Amante
Carlos y Camilla simpatizaron inmediatamente. Aprovechando la ausencia del ahora Mayor Parker-Bowles, quien estaba de servicio en Irlanda y Chipre, el heredero al trono y su nueva amiguita pasaban mucho tiempo juntos. Camilla tenía una personalidad extrovertida y alegre, un sentido del humor extraordinario y sabía escuchar. Carlos se sentía importante al lado de esta mujer tan vivaz y—algo que Camilla había aprendido con Andrew— tan experta en la alcoba.

“The Crown” y muchas biografías lacrimógenas nos han querido vender el cuento de la historia de amor del siglo. No niego que exista amor hoy entre los Duques de Cornualles, pero dudo mucho que ese sentimiento estuviese presente en la primera etapa de su relación. Lo que existía en Carlos era una tremenda dependencia sexual y emocional, pero, aunque Camilla le tuviera cariño, eso no era suficiente para liberarla de la dependencia sexual y emocional que la ataba a Parker-Bowles.

Algo que sorprende a muchos es que Camilla no deseaba ser reina. Su rol de “amante real” le parecía estupendo ya que la acercaba a su ídolo, Mrs. Keppel. Tanto Kevin Burke, como compañeras de escuela de Camilla, han comentado sobre la obsesión de ella de ser como su bisabuela. Ese era el rol que le asignaba a Carlos, ser su rey-amante. Pero para marido, Camilla solo tenía un candidato y ese era Andrew.
Mrs. Alice Keppel

Para ser francos, Carlos tampoco quería casarse con ella. No era tan tonto como nos lo muestran en la tele. Aunque Camilla pasase a ser parte de su vida, no reunía las condiciones que La Corona exigía de la futura reina. Mas allá de pedigrí, belleza o falta de virginidad, el problema más grave de Camilla es que tenía un pasado, peor aún tenía un presente bochornoso del cual ella no quería desprenderse.

Por eso es por lo que toda esa pataleta de Carlos en “The Crown”, gritándole a la reina Isabel que no permitirá que le hagan lo que, a su tío y a su tía, es ridícula y nunca tuvo lugar. Nadie obligó a Carlos a irse de maniobras al Caribe. No hubo nada de extraño en su asignación a un puesto en el extranjero.
Se dice que antes de embarcarse, el príncipe rompió con Camilla por lo que ella no tuvo que solicitar su permiso para casarse. Eso sí, le escribió dándole la noticia. Carlos tomó muy mal lo de la boda, le escribió a Camilla suplicándole que no se casara, pero no le ofreció matrimonio.

Toda esa faramalla que inventó Morgan sobre una conspiración en contra de Carlos y Camilla es mentira. Nunca hubo un complot fraguado entre Lord Mountbatten y la Queen Mom, por la sencilla razón de que se detestaban y no iban a planear nada en conjunto. La Reina Madre no convocó a los padres de Camilla y los de Andrew, ni los hizo pararse ante ella como el staff de Downton Abbey ni les ladró ordenes como un Mr. Carson cualquiera.

¿Por qué la reina viuda iba a ofender así a sus amigos los Parker-Bowles? ¿Por qué iba a exigirles que casaran a sus hijos cuando tanto los Shand como los padres de Andrew deseaban ese matrimonio?  Esa escena es casi tan grotesca e improbable como que la reina Isabel y su madre avergonzasen a Ana obligándola a contar detalles de su vida íntima delante de su padre y tío. A propósito, el romance de Ana y Parker-Bowles fue totalmente público. No fue ninguna sorpresa para la familia, pero ya hablaremos de eso en su momento.

Fue entonces que Andrew regresó de su tour militar y, por supuesto, volvió a buscar a su novia. Ningún principito le iba a quitar una mujer. Esto acabó con la paciencia del Mayor Shand que estaba harto de ver lo bajo que había caído su hija.  Junto con el padre de Andrew, que también quería que su hijo sentara cabeza, fue al Times, en marzo de 1973. Ahí ambos anunciaron el compromiso de Camilla y su galán y solicitaron que la noticia se publicase.

El Mayor Parker-Bowles fue el primer sorprendido con el anuncio, pero no podía hacer nada. Retractarse lo pondría en posición de que la Familia Shand lo llevase a tribunal. Romper un compromiso era todavía causal de demanda y arruinaría la carrera de Andrew. Se encogió de hombros y aceptó casarse.Camilla se convirtió en Mrs. Andrew Parker-Bowles un 4 de julio. 

Fue una ceremonia católica muy lujosa. La novia lucía un precioso vestido de verano diseñado por Beverllee Sassoon. En “The Crown” se ve a Emerald Fennell con cara cariacontecida. En las fotos reales, Camilla se ve muy contenta Se la llamó la boda del año con 800 invitados entre los que se contaban la Reina Isabel, su madre y su hermana. Hasta la Princesa Ana estuvo ahí. El único ausente, por razones de buen gusto, fue Carlos.

Solo volvería hacer acto de presencia en la vida de su ex, cuando fuera padrino de Tom, el primogénito de los Parker Bowles. Para entonces Camilla tenía claro que su marido nunca le seria fiel ni nunca la respetaría. De acuerdo con declaraciones tanto del Príncipe Carlos como de su duquesa, ellos comenzaron su affaire en 1979 tras el nacimiento de Laura, segunda y última hija de los Parker Bowles.
Los Parker-Bowles y sus hijos

Hay historiadores y chismógrafos que dicen que esos amores datan de antes, de 1976. Lo cierto es que para entonces ya había otras mujeres en la vida del príncipe de Gales. Según las estadísticas, entre la boda de Camilla y la boda de Carlos con Diana, ¡él tuvo 25 mujeres! Algunas fueron aventuras pasajeras, otras relaciones clandestinas prohibidas (léase con mujeres casadas), pero también hubo varias que pudieron haber sido Princesas de Gales. En mi próxima entrada dedicada a “The Crown”, hablaré de las novias de Carlitos.