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jueves, 4 de julio de 2024

De Entebbe a Beirut: La Edad de Oro de la Piratería Aérea en la Ficción

 


La entrada anterior fue un preámbulo para explicar el contexto de uno los secuestros aéreos más famosos de los anales de la piratería aérea y que,  a diferencia de 9/11,  tuvo un final feliz. Me refiero al secuestro de un avión de Air France en mayo de1976 y su desvío a Uganda donde fue rescatado por comandos israelíes. Este famoso “Rescate de Entebbe” ha propiciado una media docena de filmes y documentales creando una imagen de la piratería aérea en la cultura popular.

Cuando Israel dijo “Basta”

Estos fueron los hechos:  en julio de 1976, un avión de Air France despegó de Tel Aviv , con una carga de 248 pasajeros y doce tripulantes, con rumbo a Paris. En una parada en Atenas abordaron el avión cuatro secuestradores: dos palestinos y una pareja de comunistas alemanes, Wilfred Bose y Brigitte Kuhlmann (apodada “Halima”). Ya despegado el avión, los terroristas exigieron al piloto cambiar la ruta y aterrizar en Libia.

En Bengasi,  el avión se aprovisionó de combustible y permitió el desembarco de Patricia Martell,  una judía inglesa que estaba embarazada. Aunque Gadafi recibió con besos y abrazos a los terroristas, temía represalias de Israel y USA así que el viaje continuó hasta un sitio donde no existían esos temores: la Uganda del sanguinario caníbal Idi Amin Dada. (Clip de Yaphet Kotto interpretando a Amin)



En el Aeropuerto de Entebbe, cuatro otros terroristas se unieron al grupo,  más un centenar de soldados ugandeses enviados por el dictador. Los secuestradores separaron a los ciudadanos israelíes de otros pasajeros quienes, junto con la tripulación,  fueron puestos en libertad. El capitán del avión se negó a abandonar a los pasajeros israelíes y su tripulación lo secundó.

Los piratas aéreos exigieron la liberación de presos palestinos y árabes,  encarcelados tanto en Israel como en otros países. A la par de las negociaciones,  que no parecían ir a ningún lado, el gobierno de Ytzhak Rabin dio luz verde al General Shomron para preparar una operación de rescate. El proyecto parecía imposible, los rescatistas deberían volar a otro continente, manejarse en un territorio desconocido en un país hostil. Sin embargo, lo lograron y con un mínimo de víctimas.



Apoyados por el gobierno keniata, una semana después del secuestro,  el grupo de comandos liderado por el Brigadier Yonatan Netanyahu (si , de-esos-Netanyahu)  cruzó la frontera entre Kenia y Uganda y llegó a Entebbe al amparo de la noche. Con la excepción de tres pasajeros que murieron durante el tiroteo,  se rescataron 102 rehenes, más los tripulantes. La víctima más triste fue Dora Bloch , una anciana que,  al atragantarse con un hueso de pollo unos días antes,  había tenido que ser llevada al hospital y fue asesinada por la policía ugandesa.



En la incursión de Entebbe murieron soldados ugandeses y terroristas incluyendo a la pareja alemana. En el otro bando solo tres rehenes (más Yoni Netanyahu) perdieron la vida. Los comandos, portando los cadáveres,  dejaron Entebbe y regresaron a Israel sanos y salvos donde fueron recibidos como héroes.

No solo en Israel. Mientras la ONU chillaba sobre la desvergüenza israelí de meterse en territorio ajeno y Kissinger mascullaba en contra de los israelíes usando armas americanas para la escaramuza, el cine y la televisión buscaba capturar la maniobra épica para mostrarla en pantallas de todos los tamaños.



Entebbe en la Pantalla

Antes de la navidad de 1976,  la ABC sacaba Victoria en Entebbe al aire y un año más tarde la NBC ofrecía Raid on Entebbe. No sé cuál era más mala, a pesar de que la última ganaría un Globo de Oro. “Victoria” está completa en inglés, y doblada al español en YT.



Aunque ambas tenían un elenco de figuras famosísimas cometieron el mismo error: se desligaron de las pautas dejadas por Aeropuerto. No se concentraron ni en los rehenes, ni en la tripulación,  ni en los terroristas, con la excepción de Wilfred Bose que fue interpretado por actores taquilleros alemanes como Helmuth Berger y Horst Bucholz .

Tampoco se preocuparon por los comandos. Al menos en la primera,  Yoni Netanyahu era interpretado por Richard Dreyfuss, entonces muy en la mira gracias a Spielberg. En “Raid” el rol recayó en Stephen Macht, tan desconocido entonces como hoy. Más les importó el General Shomron que ni fue parte de la incursión.  Ambos filmes decidieron enfocarse en lo menos importante, el aspecto político. Sir Anthony Hopkins y Sir Peter Finch dieron vida a Ytzhak Rabin.

Lo importante no era el contenido sino la galería de estrellas. En Victoria en Entebbe hasta se trajeron a Kirk Douglas y Dame Elizabeth Taylor para que interpretasen a los compungidos padres de Linda Blair, una rehén. Helen Hayes creyó que se iba a ganar otro premio así que en “Victoria” se montó al avión haciendo el papel de una rehén que murió durante el rescate. En “Raid” la gloria del viejo Hollywood, Sylvia Sidney encarnó a la mártir Dora Bloch.



¡Qué diferencia con Operación Thunderbolt que nos llevaron a ver en nuestra escuela!. Creo que nuestros maestros querían ir a ver la versión israelí de los hechos y descubrieron que les salía más barato si la convertían en excursión escolar. A pesar de llevar yo cuatro años en Nueva York, era mi segunda vez en pisar un cine y me pasé la peli babeando por Assaf Dayan que interpretaba a Muki Betser  (no sé porque le pusieron Shucki en el filme) , mano derecha de Netanyahu. El papel de Yoni lo hizo el célebre musico sefardita Yehoram Gaón. Operation Thnderbolt con subtítulos en inglés está en YT.


 No sé si será necrofilia o nostalgia...
pero como pude olvidarme....
de lo lindo que eras, Assi Dayan Alav-ha-shalom


El valor del filme de Golam-Globus es que se enfoca en dos tramas, una que muestra el entrenamiento del comando y la relación entre los soldados,  y la otra que se dedica exclusivamente a los rehenes. Una vez que ocurre la batida, sabemos exactamente quienes mueren y quienes viven. Conocemos a Dora Bloch,  al viejito de bigote que sobrevivió Auschwitz, a los estudiantes,  y a la directora de cine Nurit Aviv (Gila Almagor).

Interesante el intercambio entre Nurit y su compañero de asiento, un médico alemán, al que ella trata con desprecio. La relación cambia cuando el medico es llamado para atender a Patricia Martell que finge estar a punto de sufrir un aborto espontaneo. El médico sabe que finge, pero igual insiste en la liberación de la mujer que oculta su ciudadanía israelí con un pasaporte británico. (Este incidente trató de ser copiado en Vuelo 601 con nefastos resultados).


              

   El cuento de la embarazada en Vuelo 601

“¿No les hemos hecho [los alemanes] ya bastante daño a esta gente?”, le pregunta el doctor a la temible Halima (Sybil Danning) . Aunque el líder de la operación es Bose (Klaus Kinski) se hace hincapié en la crueldad de “Halima” y su antisemitismo. Cuando ve el numero tatuado en el brazo del sobreviviente de Auschwitz, se dirige a él en el alemán y a gritos,  ( “Schnell! Schnell!”) recordándole lo que quiere olvidar.



La brutalidad de Halima es algo que todos los sobrevivientes corroboraron. Era tal su antisemitismo que, aunque los piratas habían prometido liberar a todo el que no fuese israelí, ella obligó a quedarse a unos judíos ortodoxos canadienses ya que los oyó rezar en hebreo.

Esta imagen de Brigitte Kuhlmann se convirtió en casi un lugar común para describir a las guerrilleras palestinas. Era casi como una visión kiplingnesca de la mujer islámica como más cruel que el hombre. Así retrata Rosamund Pike a Halima en la última e innecesaria versión del Rescate de Entebbe en este siglo.

7 días en Entebbe fue dirigida por el brasileño José Padilla (director de Narcos) y es casi un panegírico de Wilfred Bose (Daniel Bruhl). Brigitte es la gruñona, la cruel, la que toma barbitúricos. Bose es el idealista, el humanista, el que se horroriza ante la segregación de los israelíes de otros pasajeros comparándolos con métodos nazis. Al final se rehúsa a matar a los rehenes y cae heroicamente bajo las balas de los comandos israelíes.



Si bien es cierto que, de acuerdo a los sobrevivientes, Bose era el más amigable de los secuestradores, la película no nos cuenta que en la vida real era un comunista fanático que ya había puesto bombas matando gente inocente. Para colmo,  le inventan que rescata a una anciana sobreviviente de Auschwitz y la envía con los pasajeros “arios” que han sido liberados. Tal personaje nunca abordó el avión.

Para aumentar lo ridículo del filme,  a Padilla se le ocurrió incluir escenas de bailes y música a cargo de la reconocida compañía de ballet de “Bathsheva”. Esto le dio un toque Bollywood, totalmente incongruente, a una película cuya única aportación al género es intentar blanquear al secuestrador. Hasta hoy era el único caso en que se espera sintamos lástima por los piratas aéreos. Ahora se le agrega Vuelo 601.


El Coraje de Una Sobrecargo

En la producción de Netflix,  además de intentar hacer un panegírico de los piratas aéreos, se ha buscado dar rol de heroína a una azafata que poco se parece a la verdadera y que al final,  es un caos hecha mujer dentro de un filme ya caótico. Si se quiere convertir a una sobrecargo en la Juana de Arco de los secuestros aéreos, ahí está Uli Derickson cuya odisea fue retratada por Lindsay Wagner en un telefilme llamado The Taking of Flight 847: The Uli Derickson Story (1987).

Como la película se apega bastante a los hechos reales, este es un recuento de lo sucedido dentro y fuera de pantalla. Ulrike “Uli” Patzelt nació en una familia de Sudeten en la antigua Checoeslovaquia. Acabada la guerra, como le ocurrió a muchos volkdeutsche, Los Patzelt fueron expulsados de su tierra debiendo instalarse en la Alemania del Este. Tal vez estos sucesos traumáticos ayudaron a templar el carácter de la futura aeromoza.

Eventualmente,  Uli viajó a Occidente, se instaló en Usa, entró a trabajar a la TWA y se casó con un piloto . El filme comienza en 1985,  con Uli   que se prepara para un viaje . Su marido le regala un collar, pero está preocupado porque el vuelo cubre muchas ciudades europeas vulnerables a secuestros. A diferencia de Edi en Vuelo 601, Uli parece tener una vida familiar perfecta, con marido, hijo y gato. Su esposo la apoya y su madre se hace cargo de su hijo mientras trabaja.

                                   La verdadera Uli Derickson

El vuelo fatídico era entre el El Cairo y San Diego, con paradas en varias capitales europeas. Tal como ocurrió con el secuestro de Entebbe, los terroristas subieron en Atenas,  aprovechándose de la falta de chequeos de seguridad de la capital griega.  La auxiliar de vuelo descubrió que eran víctimas de un secuestro cuando un terrorista llamado Saiid le dio una patada en el pecho,  estando ya el avión en el aire.

Los secuestradores estaban tan desbordados y confundidos como los del Vuelo 601. El mayor problema era el idioma. Un compañero que era angloparlante se retrasó, perdió el vuelo y fue arrestado por la policía griega. Por suerte, “Castro” el otro secuestrador (más tarde se descubriría que él y Said eran chiitas y miembros de Hezbolla) hablaba alemán. Eso convertiría a Uli, la otra germanoparlante en el vuelo, en el principal vinculo de comunicación con los terroristas.

Estábamos en la época de la Primera Guerra del Líbano, y el mayor odio de los piratas aéreos iba dirigido los aliados de las falanges cristianas libanesas, o sea los estadounidenses (Marines) y los israelíes. El avión fue desviado a Beirut, donde hicieron sus demandas, la liberación de presos de Kuwait que habían volado la embajada estadounidense en ese país, más de 70 chiitas en cárceles israelíes, el retiro de tropas extranjeras del Líbano y condena internacional a Israel.



Fue Uli quien convenció a Castro de dejar libres a las mujeres y los niños en Beirut argumentando que así el avión estaría más liviano. Las autoridades libanesas exigieron que el avión con los demás rehenes se marchase. Fueron a Argelia donde cargaron más gasolina. Los argelinos aprovechadores exigieron pago, los secuestradores no tenían dinero y fue Uli quien prestó su tarjeta de crédito para costear el combustible.

Tanto telefilme como declaraciones de la vida real coinciden en que los aeropiratas estaban desorientados e históricos y eso los hacia más violentos. Golpeaban sin piedad a pasajeros y miembros de la tripulación, solo mostraban cierto respeto por Uli. En el filme Saidi es una especie de Hulk, pero Castro está notoriamente traumatizado por lo ocurrido en el Líbano. Su única compasión la reserva para una pasajera embarazada.

Su mayor odio es por los americanos, sobre todo cuando descubre que varios pasajeros son empleados del gobierno estadounidense. A quien peor tratan es a Robert Stethem, un joven buzo de la marina useña. En su retorno de Argelia a Beirut, Castro lo golpea bárbaramente, y lo mata de un tiro,  lanzándolo por la escotilla.  Aunque anteriormente en otro secuestro, un piloto fue baleado al creer el pirata aéreo que pretendía escapar, esta fue la primera vez que se ejecutaba un prisionero (Vuelo 601 parodia este suceso).  El hecho añadió más terror al viaje e hizo más importante la labor de Uli.



En Beirut se unieron más terroristas al grupo, por lo que hubo un amago de organización. Los israelíes iban a ceder en las propuestas así que se liberaron a casi todos los rehenes incluyendo a la valiente Uli. Solo quedaron en cárceles chiitas, 49 secuestrados con apellidos judíos (Uli había tomado la precaución de esconder los pasaportes para que no se supiera quienes eran israelíes) que serían liberados en conjunción con los chiitas que liberaría Israel, unas semanas más tarde.

La importancia de este filme fue recalcar el rol de la aeromoza en una situación límite como lo es un secuestro. Es algo que se quiso hacer en Vuelo 601 una intención que fracasó totalmente y que acabó ofendiendo a las verdadera “cabineras” de ese vuelo.

Otro detalle que, si hermana los secuestros de Uli Derickson y el colombiano es mostrar a una pareja de secuestradores confundidos, al borde de la histeria,  y como esto los hace peligrosos. En el caso del vuelo de la TWA, el que Ali perdiese el vuelo privando a sus compañeros de un intérprete y el que no les permitiesen desembarcar en el Líbano descompaginó sus planes y los enloqueció.

Más o menos lo mismo que ocurre con los futbolistas paraguayos en la producción de Netflix que se hacen pasar por revolucionarios, pero en realidad son vulgares delincuentes que comienzan a perder el Norte cuando ven que no les van a dar el dinero que desean y que ningún país quiere darles asilo. De eso hablaremos la próxima semana.

El Glamur de Ser Aeromoza

Antes quería comentar el rol de la sobrecargo en esta ficción. Contrasta la diferencia entre valientes aeromozas ficticias como Jacqueline Bisset en Aeropuerto y reales como Uli Derickson,  con las bufonescas y patéticas “cabineras” de Vuelo 601.  El contraste es más fuerte puesto que en la vida real se ha hablado de la presencia de ánimo y coraje—fundamentales para el bienestar de los pasajeros secuestrados— de Edilma y Maria Eugenia.

En cambio, la miniserie nos las muestra como un par de histéricas (violenta en el caso de Edi) que motivadas por su propia baja autoestima se vuelven cómplices de los secuestradores quienes no hacen más que maltratarlas física y verbalmente. Una explicación es que ambas están descontentas con su trabajo y con sus jefes.

Hace unos días comentaba con alguien en YT que Vuelo 601 perdió la oportunidad de enseñarnos como era la vida de una auxiliar de vuelo en esa época. En su reemplazo nos brindan un retrato tan incoherente y contradictorio como todo en ese libreto de pacotilla.

Por un lado, nos muestran que una línea aérea local tiene exigencias a nivel de gran aerolínea. Vemos como la supervisora Manchola humilla a las aeromozas que no cumplen con el peso indicado y las llama “gordas”. Con Barbara es peor:  “esa cara de india no se la quita nadie”. No contratan casadas ni con hijos. Sin embargo, aun sabiendo que Edi es madre de familia, Manchola no la despide sino cuando su subalterna le rebasa la paciencia con su irresponsabilidad y excusas inexcusables.



Todo da la impresión de que es un empleo con muchas exigencias por lo que debe ser muy exclusivo. Barbara se lo resume a la “nuevona” contándole que Julio Iglesias le hizo requiebros amorosos “pero yo este uniforme no me lo quito por cualquiera”. Y agrega que ese uniforme da poder,  que pone a los hombres de rodillas. Pero al rato vemos a Bárbara mendigándole amor a un piloto casado (Cameo de Rafael Novoa). Es una relación degradante que carece del glamour y romanticismo del romance Dean Martin-Jacqueline Bisett en Aeropuerto.





Esa es la contradicción, el que la serie pretenda desenmascarar la profesión de azafata. Ulises le dice a Barbara que no es más que “una chacha” (una sirvienta); una azafata se lamenta con Pirateque de que “nos pagan una miseria”. Y hay mucha queja de que tienen que aguantar abusos de sus pasajeros y siempre con una sonrisa.

Hay muchos empleos importantes y bien pagados (el mío de bibliotecaria de referencia, por ejemplo) que exigen eterna sonrisa y calma en medio de las peores crisis. Cuando Trippe creó las reglas para ser la aeromoza perfecta de Panam, se incluyeron esas cláusulas: serenidad y sonrisa eterna. La serie colombiana ha tratado de copiar el modelo de las empleadas de Juan Trippe (hasta el caminar con la manito en el aire) sin reparar en dos cosas .




Trabajar para Panam,  Lufthansa o Air France era un trabajo distinguido, abierto para “niñas bien” que no querían ir a la universidad.  Aparte de ofrecer glamur y aventuras, el empleo exigía que las chicas no solo fuesen guapas y distinguidas sino también expertas en una cantidad de artes desde primeros auxilios hasta la coctelería, desde la diplomacia (la eterna sonrisa) hasta el dominio de varios idiomas. Para ser auxiliar de vuelo había que ir a escuelas especiales que ni Bárbara ni Edi han pisado en su vida, ni parecen ellas poseer las virtudes de una verdadera sobrecargo de entonces o de hoy. Obviamente, porque en una aerolínea local las exigencias eran mucho menores.

En entrevistas posteriores al secuestro, la misma Edi ha agradecido a SAM que la empleó,  aun a sabiendas que era madre soltera de cinco críos. Es que Edilma Pérez, quien se había casado a los catorce años, era divorciada y carecía de estudios superiores. Una ironía es que el pirata Eusebio Borja había cursado estudios de medicina, por lo que era más preparado que ella.

Nuevamente Netflix mete la pezuña en la realidad,  para crear una sarta de falsedades que insulta a las mujeres que vivieron el verdadero secuestro y a la profesión de azafata. Vamos a ver que otras torpezas, mentiras y desvergüenzas nos ofrece esta serie anárquica, patrañera y vejatoria.

lunes, 1 de julio de 2024

Rehenes y Desastres Aéreos: Antes de ver Vuelo 601 en Netflix

 




Es verano, hace calor y no hay mucho que ver en la tele. Desde mayo que traigo la espinita de haber visto otra bazofia de Netflix. Se trata de una coproducción colombiana que, en inglés,  se llama The Hijacking of Flight 601y que,  para simplificar,  llamaré Vuelo 601.Antes de yo despedazarla por su mala estética, su contenido falso y sus problemas técnicos, quiero crearles un poco de contexto para que vean a que subgénero pertenece , que lugares comunes definen el género, y como este ejemplo de mediocridad cabe en la ficción de la piratería aérea.

Aunque los secuestros han acompañado a los aviones desde los primeros días de las aerolíneas comerciales, se conoce como La Era Dorada de la Piratería Aérea a un espacio entre 1961 y 1974 que corresponde a la famosa orden de  “¡Esto es un secuestro! ¡Nos vamos pa’Cuba!”.  Paralelamente, existe otro tipo de piratería que inicia en 1967 y continua hasta hoy: la efectuada por el terrorismo islámico.

¡Hay una bomba en el avión!

Sin embargo,  el primer filme en tocar el tema, no lo hizo desde una postura política. Me refiero a la primera de la franquicia “Aeropuerto” (1970).  Inspirado en el superventas de Arthur Hailey, este filme inauguró el género de dissaster movie y  es la quintaesencia de filmes sobre locos armados que secuestran aviones.



El elenco es de primera y está encabezado por Burt Lancaster, Dean Martin, Jacqueline Bisset y Jean Seberg. Estupenda banda sonora de Alfred Newman y un vestuario increíble,  cortesía de la legendaria Edith Head quien diseñó los glamoroso uniformes de las aeromozas y de Tanya Livingston (Seberg) la encargada de relaciones públicas del Aeropuerto Lincoln.

En una noche de ventisca, Mel Bakersfield (Lancaster) el director del Lincoln (cerca de Chicago)  se enfrenta a varios problemas. En el frente domestico su esposa (Dana Wynter) le pone un ultimátum,  o viene con ella a una cena o se divorcian. Mel también recibe malas noticias personales en su lugar de empleo: su amiga y amor platónico, Tanya Livingston,  planea irse de Chicago.

En el frente laboral, hay una protesta publica de los vecinos que se quejan de la contaminación acústica del aeropuerto,  y al día siguiente comenzará una causa legal en contra del sitio. Un avión se ha quedado atrapado en el hielo en la pista de la aerolínea Transglobal. Para colmo, tienen que habérselas, Mel y Tania, con Mrs. Ada Quonsett (Helen Hayes), una adorable viejecita que resulta ser una polizón profesional que hace rato viaja gratis en aviones de esa compañía.



La hábil viejita se les escabulle y vuelve a subirse gratis en un avión de la Transglobal que va rumbo a Roma. Ahí les llega a Mel y a Tania la guinda del pastel. Se ha aparecido en el aeropuerto una mujer llamada Inés Guerrero (Maureen Stapleton) que asegura que en el vuelo de Roma va su esposo O. Guerrero (Van Heflin) quien carga una bomba. Guerrero, tan desbordado por deudas , necesidad y desesperanza como los futbolistas de Vuelo 601, planea volar el avión y sus pasajeros para que su esposa pueda cobrar el seguro de vida.

Quien comanda ese avión es el Capitán Vernon Demerest (Dean Martin),  cuñado de Mel. Ambos hombres se detestan, sobre todo porque Mel no perdona que el piloto le sea infiel a su hermana. La última conquista de Vernon es la azafata inglesa Gwen Meighen (Bisset) que antes del vuelo le anuncia que van a ser padres.

Desde tierra contactan al Capitán Demerest quien recluta a Gwen y a Mrs. Quonsett (que justamente está sentada al lado del terrorista)para ver cómo pueden arrebatarle el maletín con la bomba a Guerrero.  Se crea un desbarajuste, Guerrero hace estallar la bomba quedando malheridos Gwen y él. El avión tiene un tremendo boquete, y Vernon debe intentar retornar a Chicago, pero hay un problema:  la pista está ocupada por el avión que quedó atrapado en el hielo….No sigo, pero vean este filme que está en Netflix y es la madre de los filmes de desastres, pero también de los secuestros aéreos a pesar de que Guerrero no intenta apoderarse de la nave.



Con varias nominaciones al Oscar y uno bien merecido para Miss Hayes—una leyenda del teatro estadounidense— Aeropuerto fue la séptima película más taquillera de 1970 y tuvo mucho arrastre en el resto del mundo. Recuerdo que en Chile,  donde la vi en el teatro Olimpo de Viña del Mar, había colas para comprar entradas.



El filme introdujo algunos tropes sobre filmes de piratería aérea como dividir la acción entre lo que ocurre en tierra y en el aire; enfocarse en los pasajeros y distinguirlos entre sí, muchas veces por razones de su vulnerabilidad debido a enfermedad o embarazo.  También ver la colaboración de la tripulación y pasajeros para desbaratar los planes de los secuestradores.

Vuelo 601 incorpora algunos de estos lugares comunes y agrega otros como el romance en tierra (Mel-Tanya; Pirateque-Manchola) y el tema de que los futbolistas-metidos-a-terroristas están motivados por hambre, pobreza y desesperación que son los motivos para Guerrero volar un avión lleno de mujeres, niños, ancianos y hasta monjitas.

                       ¿Cuál es la pareja más romántica? ¿Tanya y Mel? o
                                  ¿Pirateque y Manchola?

Aunque se abstuvo de tocar el tema político, Hailey escribió su novela en el zenit de la piratería aérea, que desde Los 60 estaría teñida de connotaciones políticas. El más inofensivo era uno netamente americano, el secuestrador exigía un viaje a Cuba.

¡P’a Cuba me voy!

Las desigualdades sociales crearon en América Latina una generación de jóvenes que veían en la extrema izquierda una única salida al hambre y la indigencia. El triunfo de la Revolución Cuba en 1959 los hacia imaginarse que bajo Fidel Castro se vivía en un paraíso socialista. De ahí el afán de muchos latinoamericanos por desviar un vuelo que los llevase a La Habana. Una ironía es que parecían desconocer que miles de cubanos pugnaban por huir de ese régimen “paradisiaco”.

En mi infancia,  yo sabía que esos viajes eran ilegales, que no se puede obligar a una tripulación ni a los pasajeros a ir donde no quieren so pena de acribillarlos a tiros o de volarlos con bombas. En 1970,  durante uno de esos secuestros,  que tuvo lugar en un vuelo de la línea aérea chilena LAN, la sobrecargo Scarlet Burgos quedó gravemente herida al ser atrapada en un fuego cruzado entre secuestradores y la policía.

Ahí se me quitaron las ganas de ser hostess de vuelo,  que también las tuve en mi día impulsada por la glorificación en cine y revistas del trabajo de las azafatas . Una imagen glamorosa nacida del modelo creado por Juan Trippe para su línea aérea Panam en donde las aeromozas deberían ser hermosas, elegantes e instruidas. Si quieren saber más vean la serie limitada Panam que pueden encontrar en Amazon Prime, ROKU y en Tubi.



Si llamé inofensiva a la piratería aérea cuyo destino era Cuba, es porque esos viajes en general se desbarataban antes de aterrizar o acababan pacíficamente con el secuestrador en La Habana y avión , tripulación y pasajeros retornando a sus puntos de destino. Sin embargo, nada evita el terror y tensión vividos bajo la amenaza de armas y muerte si no se cumplen los pedidos de individuos que califican como criminales y potenciales asesinos.



Los Piratas Islámicos

Los viajes forzados a Cuba nunca llegaron a experimentar la zozobra y la violencia de una piratería aérea que también tuvo sus inicios en Los 60 y no ha dejado de existir. Es cuando los secuestradores pertenecen al mundo árabe/islámico. Aunque a partir de la creación de la OLP (Organización de Liberación de Palestina) el terrorismo palestino se hizo famoso e infamoso como secuestrador de aviones, no solo los palestinos han tenido esa triste fama. El vuelo secuestrado de Lufthansa en 1985 fue efectuado por miembros de Hezbolla y Al-Qaeda se haría celebre por el ataque a las Torres Gemelas en el 11/9 del 2001.

Sin entrar en grandes detalles, el primer avión secuestrado por militantes palestinos fue un vuelo de El-Al en octubre de 1968 desde Roma a Tel Aviv. Hasta hoy es el segundo secuestro más largo de la historia (94 días) y hasta la fecha el único vuelo de la línea aérea israelí que acabó con un cumplimiento de todas las exigencias de los piratas aéreos: liberación de 16 prisioneros en cárceles israelíes a cambio de doce rehenes israelíes y la tripulación (los pasajeros de otras nacionalidades habían sido liberados casi en seguida en Argelia).

Un año más tarde,  un vuelo de la TWA que seguía la misma ruta fue secuestrado por otro comando palestino quien creía que Ytzhak Rabin (entonces embajador israelí en Washington) iba a bordo. Ya en pleno vuelo se dieron cuenta de su error.  Un poco abochornados,  desviaron el avión a Damasco. Ahí desembarcaron a todo el mundo y tras endilgarles el consabido discurso de “Israel es malo , mata niños palestinos; USA es malo porque los ayuda; y TWA sirve intereses estadounidenses” volaron la mitad del avión.

En eso llegó la policía siria y los tomó presos a todos. Ahí comenzó el circo, el gobierno sirio soltó a los pasajeros que no eran israelíes. Para soltar a estos últimos exigió la liberación de cien prisioneros sirios. Israel solicitó la ayuda de sus ( entonces) enemigos los egipcios. Estos exigieron también la liberación de soldados egipcios tomados prisioneros durante la Guerra de Los 6 Días. Al final,  Israel cedió en todo y los rehenes fueron liberados a fines de ese año.

Envalentonados,  los piratas palestinos decidieron intentar algo más audaz. En un solo día de 1971secuestraron cuatro aviones, de diferentes líneas aéreas y en diferentes ciudades europeas. Acto seguido, llevaron a los aviones y secuestrados a Dawson Field, una antigua base británica en Jordania.  Todo esto sin autorización del gobierno jordano.



Iban a a ser cinco aviones, pero los secuestradores fracasaron al intentar capturar un vuelo de El-Al en Londres. Entre un agente aéreo—profesión nueva nacida de estos secuestros— y los mismos pasajeros sometieron a los secuestradores. Aunque estos viajaban con pasaportes latinoamericanos se trataba de la palestina Leila Khaled y el sandinista Patrick Arguello que murió en el tiroteo consiguiente.

Al día siguiente, en represalia, otro comando palestino secuestró un avión de BOAC. A pesar de la ira  de Richard Nixon y del Rey Hussein, que estaba ya harto de los palestinos, se actuó como siempre . Para salvar a los secuestrados se cedió en todas las peticiones de los secuestradores. Hasta Leila Khaled fue liberada.



En mayo de 1972, cuatro palestinos irrumpieron en un vuelo de SABENA, la línea belga, que iba rumbo a Tel Aviv. Aterrizaron en el hoy Aeropuerto Ben Gurion y mientras el capitán parloteaba con los piratas, un comando israelí penetró en el avión matando a tres secuestradores. En el enfrentamiento,  también murieron tres rehenes y un comando (un tal Bibi Netanyahu) recibió un balazo en el hombro. Lo trascendental de este episodio es que se rescató a los rehenes sin hacer tratos con los terroristas y el avión salió ileso. Ahora se sabía que Israel no tranzaría con los piratas aéreos.



Con sangre en el ojo, el terrorismo palestino preparó su venganza. Esta vez no sería en el aire. En septiembre de 1972, durante las Olimpiadas de Múnich,  el grupo palestino Septiembre Negro secuestró y masacró a 22 atletas israelíes.

Los Rehenes de Die Hard

Ante de seguir con la historia de la piratería aérea en ficción y realidad, quería mencionar un filme que, aunque, no ocurra dentro de una nave,  es clave para entender este contexto de rehenes, terroristas y como el mundo exterior puede influir en su desarrollo. Me da la impresión de que los guionistas de Vuelo 601 echaron mano a este filme para crear su disparatada trama:  Me refiero a Die Hard (1988)



No es únicamente uno de los mejores filmes de acción de todos los tiempos, no solo fue la plataforma que catapultó a la fama a Bruce Willis y Alan Rickman (QEPD).  Es también un retrato bastante verídico de los conflictos y dilemas que afectan a personas en la situación límite de un secuestro masivo.

En vez de en un avión,  la acción está situada en Los Angeles en un rascacielos propiedad de la corporación Nakatomi. Ahí trabaja Holly (Bonnie Bedelia) quien recibe la visita de su ex marido, el policía neoyorquino John McClane (Willis) que viene en busca de una reconciliación. Es Navidad, el edificio entero está de fiesta, la seguridad se relaja y permite la entrada del maleante alemán Hans Gruber (Rickman) que viene con un escuadrón muy bien armado que toma de rehén a todo el edificio. Accidentalmente, McClane queda atrapado en un pasadizo y se convierte en la única esperanza de los secuestrados.

Como Borja y Solano López en Vuelo 601, Gruber y su grupo exigen una cantidad exorbitante y la libertad de presos políticos a cambio de las vidas de un grupo de rehenes entre los que se encuentran el director de la compañía (James Shigeta) y la esposa de McClane. La ironía es que tanto los futbolistas de Vuelo 601 como Gruber son vulgares maleantes que se escudan tras el membrete de revolucionarios para parecer más resueltos y comprometidos. Lo que quieren es distraer a las autoridades mientras asaltan la bóveda donde está oculta la fortuna de la compañía.




Otros detalles que hermanan la miniserie de Netflix con el filme de Bruce Willis, es lo poco que ayudan en el mundo exterior, principalmente las autoridades que obstaculizan los esfuerzos de McClane por detener a los secuestradores y que no ven más allá de sus narices. Ni hablar de la inclusión de un cuasi villano en la forma del periodista Richard Thornburg.

Este personaje,  que en Vuelo 601 tiene su equivalente en el oportunista “Flaco” Marulanda, es típico del periodismo moderno. Alguien que,  por perseguir una noticia,  deja atrás rasgos humanitarios y escrúpulos. Después de amenazar a la criada de Holly  con llamar a la “Migra” (la pobre es una indocumentada latina),  se mete en la casa,  pone en las pantallas de la nación el rostro de los hijos pequeños de Los McClane,  e informa a Hans de que su rehén más valiosa es la mujer de su Némesis.



Es una lástima que Vuelo 601 no supiese crear una obra con la congruencia e intensidad de Die Hard. Pero no sería la única cinta/serie que influyese en su ensalada de datos inconexos e ilógicos que poco corresponden a la realidad del secuestro, al contexto histórico y a la personalidad de los actores del hecho.

¿Cuál ha sido tu película de secuestros aéreos o de desastre dentro de un avión que te haya gustado más?