Santuario fue escrita en 1929, el año del crack de Wall
Street que provocaría un colapso económico mundial. La cultura collegiate
desapareció a medida que los afortunados que todavía podían ir a la universidad
se radicalizaban y no solo volcándose a la izquierda como el personaje de Barbra
Streisand en The Way We Were. Ese no sería el único viraje cultural que
afectaría a los adolescentes. estadounidenses.
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Hijos de la Depresión
En la Depresión, donde
suicidios y muertes por inanición eran sucesos diarios, los jóvenes de ambos sexos
abandonaban sus estudios para buscar empleo y al no encontrarlos se sumaban a
la nueva cultura “hobo” (mendigos) que cruzaban el país en busca de trabajos o simplemente
para sobrevivir vistiendo harapos ,aprendiendo y defendiéndose de los hobos
veteranos y metiéndose en vagones de ganado para viajar gratis.
Puesto que la vagancia era un crimen, muchos
de esta generación (que incluía niñas que se disfrazaban de hombres para evitar
violaciones) acababan en la cárcel, golpeados e incluso asesinados por pueblerinos
airados. Henry Ford, desde su lujosa residencia, podía proclamar que los jóvenes
nómadas estaban adquiriendo una excelente educación en lo que significa el
mundo real. La realidad era que se trataba de una experiencia traumática y que
dejaría secuelas psíquicas y físicas en los que la vivieron.
Joven trepandose a un tren (sin pagar)
Aun así, en la
década de Los 30, especialmente en la segunda administración de Franklin Delano
Roosevelt, la economía mejoró, la juventud americana tuvo un respiro y una
oportunidad de vivir con normalidad. Eso no quiere decir que ya entonces se viviese
ese periodo intermedio entre infancia y madurez como una etapa real. Asi lo describe el historiador William
Manchester: “The teenage subculture did not exist.”
Eso no quita que
los adolescentes(edades entre 13 y 19) no tuviesen ya una cultura favorita con
actividades privilegiadas. La radio, en esa era pre-television, era un tótem de
los hogares que podían comprar un aparato. La costumbre era que toda la familia
se sentase alrededor de la radio a escuchar determinados programas.
La programación
se dividía entre dramatizados para los más pequeños como Anita, la Huerfanita,
The Shadow y Dick Tracy, y las soap operas que tenían protagonistas
adultas como el Romance de Helen Trent que giraba en torno a una viuda treintañera.
Los jóvenes podían escuchar música popular en radio shows como La Hora
Ginger Ale o el concurso busca talentos del Mayor Bowes (Major Bowes
Amateur Hour) donde se presentarían― entonces desconocidos― Frank
Sinatra y Maria Callas.
Los Walton se reunen a escuchar la radio.
Swing, Cine y
Fuentes de Soda
Fue a mediados de
Los 30 que surgiría una música que causaría alarma entre los mayores, porque sería
el público juvenil quien la abrazaría. La historia comienza en El Palomar, un
salón de baile de los Ángeles donde una noche de 1935, una oscura orquesta
liderada por un judío de Brooklyn llamado Benny Goodman presentaría al mundo el
novedoso sonido del swing.
Esta música, una
derivación del jazz afroamericano de Los 20, fue atacada por padres y maestros.
El ataque fue iniciado por un psiquiatra que en el New York Times observó
que el swing era hipnótico y que su tempo acelerado alteraba los sentidos “y
derribaba convenciones”.
Se entendía que
hablaba de como el swing era afrodisiaco, sobre todo porque motivaba bailes
como el audaz jitterbug. Aun así esa será la música de la última manada de La Gran
Generaciony pronto los jóvenes se reunían
a escucharla y a bailarla en sitios como el Palomar y el Hollywood Palladium en
Los Ángeles, el Roseland y el Savoy en Nueva York, y el Glen Island Casino en
Long Island donde tocarían las mejores representantes del swing como Glenn
Miller, Tommy Dorsey y Artie Shaw.
Después del baile,
el cine era el pasatiempo predilecto de los adolescentes. Una entrada costaba
solo cinco centavos y las salas de cine estaban atestadas. Tanto Manchester
como Dooley aventuran que el americano de todas las edades iba al cine tres
veces por semana, eso incluía a los jóvenes. Era una experiencia compartida, un
sitio para reunirse con los amigos y para tener una primera cita romántica,
Es un ritual que
conocemos por visiones nostálgicas de crecer en la Depresión como Los Waltons y la novela de Grace Metalious Peyton
Place. Allí vemos que a Los Hermanos Walton, en las Apalaches de Los 30,no
les importa caminar hasta un pueblo cercano para ver una película. Allison
McKenzie, la protagonista de Peyton Place, todos los sábados ,en ese pueblito
de la Nueva Inglaterra va con su amiga Selena Cross al teatro del pueblo para
luego ir a otro sitio predilecto de los jóvenes de entonces , la droguería o
farmacia donde consumen Coca Colas y sándwiches de tomate, lechuga y tocino
(BLTs).
Un detalle de los
espacios para una clientela adolescente eran las fuentes de soda que lanzaban
jets de agua efervescente. Esos locales (que aun en Chile hoy se conocen como
“fuentes de soda”) abarcaban farmacias, tiendas de departamento y heladerías. Reemplazaban
al bar o taberna para jóvenes que todavía no tenían edad para beber alcohol. Además
estos establecimientos proveían entretenimiento para sus jóvenes clientes como
rocolas para escuchar su música de swing y juegos de salón mecánicos conocidos
como pinballs y (en Chile) flippers.
Los medios y la
publicidad estaban descubriendo un nuevo grupo de cliente, los teenagers
y cines y droguerías eran espacios donde estos jóvenes―los con dinero―podían
consumirFueron los adolescentes los que
popularizaron los refrescos en botella, postres helados como la Banana Split,
las malteadas y las hamburguesas.
Mickey Rooney y Judy Garland saboreando malteadas.
Se comenzó a
vender ropa para esa clientela. Lo que en los Años 20 era conocido como
vestuario para “College Girls” ahora pasó a ser para “High School Girls” que tambiénincluía ropa para varones. Las ventas subían
para el famoso “prom” el baile de graduación . Ya ningún chico quería pasar la
vergüenza de Bill Baxter de tener que robarse el frac del padre. Ahora las
tiendas ofrecían smokings/tuxedos para jóvenes junto a sofisticados vestidos
para sus acompañantes.
Las Actrices
como Modelos
Las jóvenes de
fines de los 30 estaban muy pendientes de la moda y pedían prestadas las
revistas de las madres. Ya para esa década publicaciones femeninas como Ladies’s
Home Journal presentaban artículos para adolescentes con consejos,
advertencias y recetas de belleza. Sin embargo, las jovencitas preferían
revistas de cine porque por primera vez estaban apareciendo estrellas juveniles,
a pesar de que algunas solo servían para cantar en musicales como Deanna Durbin
y Judy Garland, en su etapa adolescente.
Bajo el nombre de
Dawn O’Day, Dawn Paris había sido estrella infantil Aunque no del calibre de
Shirley Temple, era lo suficientemente conocida como dar vida a una de las
adolescentes literarias favoritas. En 1937 a los 19 años, Dawn interpretó a Ana
de las Tejas Verdes desde su llegada a la granja de Los Willard hasta su etapa universitaria.
Tanta fama le acarreó el filme que la actriz se cambió el nombre. La ahora Anne
Shirley se volvería un rostro conocido en películas de todo tipo, sobre todo en
las que encarnaba jovencitas.
En el mismo año de
Anne of Green Gables, la todavía Dawn O’Day había hecho roles
menores en dos de esas fabulas que alertaban a la juventud ( o a sus padres) de
los peligros que asechaban a las chicas púberes. En School for Girls, se
describía un reformatorio femenino y Finishing School era la típica saga
de una chica inocente (Frances Drake) que mal aconsejada por una compañera
(Ginger Rogers) se pega una de esas escapadas prohibidas (tropo inmortal de la
ficción juvenil) que acaba en un embarazo indeseado.
En los próximos años
de esa década, Anne Shirley tendría
roles protagónicos en todo tipo de filmes incluyendo una adolescente en el
Viejo Oeste en M’liss adaptación de un cuento de Brett Hart. En 1937,
cuando Anne de 19 años acababa de casarse con el actor John Payne, recibió una
nominación al Oscar por su interpretación de otra famosa adolescente, Lollie la
hija de la vulgar Stella Dallas (Barbara Stanwyck).
Al año siguiente
y alternando con protagónicos en Noirs, Anne protagonizó Girl’s School que tenía
lugar en un internado de lujo y traía personajes que convertirían a ese tipo de
filme en un subgénero juvenil, como la rebelde, la pobre niña rica, la becada
sin recursos, etc.Enfocarse en el
alumnado de un internado permitía revisar las vivencias y gustos de las
colegialas, aunque a veces el mensaje era oblicuo.
Ya mencioné Finishing
Schol donde la solución de la embarazada protagonista es el matrimonio. Mas
compleja fue Girls Dormitory para la que Hollywood importó de Francia a
la seductora Simone Simon. En su breve carrera en America, la francesa dio vida
a una alumna de un internado suizo que acaba enamorándose y enamorando al
director. Nuevamente, un filme soluciona los problemas de la adolescencia con
una promesa de matrimonio, en este caso con un hombre mayor y en una posición
de autoridad, lo que hoy sería considerado una aberración.
No todos los
filmes de internados tenían a las escolares como víctimas. Otra estrella
juvenil de Los 30 fue Bonita Granville que a los trece años fue nominada a un
Oscar por interpretar a una alumna cuentera y maliciosa que con sus calumnias
destruye a su internado y a sus maestras en These Three. Aunque Bonita
hizo historia con ese rol, su popularidad con el público juvenil se debió a un
rol más inocente y apropiado para su edad
Edward Stratemeyer
ya había conseguido un fandom de lectores jóvenes gracias a su serie de The
Hardy Boys (Los Chicos Hardy) cuando publico la primera entrega de otra
exitosa serie, que escribiría en colaboración con su hija Harriet, Como The Hardy Boys, Nancy Drew era una
adolescente que en su tiempo libre se dedicaba a resolver misterios que la
policía no podía solucionar.
Tanto éxito tuvieron
esas novelitas que las llevaron al cine. El rol principal recayó en Bonita
Granville. Aunque eran filmes ‘b” eran muy populares porque su protagonista era
un tipo de modelo para chicas que soñaban con ser detectives y así adquirir el respeto
de los adultos y de sus congéneres.
La Llegada de
Andy Hardy
Todos los
“windies” sabemos que Anne Rutherford dio vida a Carreen la hermana menor de
Scarlett O’Hara en la versión fílmica de GWTW. Pocos saben que la estrellita
canadiense se hizo reconocible para toda una generación de jóvenes como la
novia de Andy Hardy, interpretado por el primer Teen Idol de Hollywood en la serie de Andy Hardy.
En 1939, Mickey
Rooney era el actor mejor pagado de Hollywood y el histrión favorito de los Estados
Unidos. Aunque el país había sucumbido al encanto de actores menudos como
Shirley Temple, era la primera vez que se admiraba tanto a alguien en esa fase
intermedia que ahora se conocía como “adolescencia”.
Como muchos Teen Ídolos,
Niniann Joseph Yule Jr, había comenzado como estrella infantil. La leyenda
cuenta que ya de bebé fue integrado por sus padres al acto de vaudeville de
ellos. Criado por una madre divorciada, el ahora Mickey Rooney se integró al
cine silente y traspasó al hablado. Le llegó la pubertad alternando entre loa secundaria
y los estudios de Hollywood.
Cosechó buenas críticas
al interpretar a Puck en la versión hollywoodense de El sueño de una noche
de verano (1935). Demostró ser un excelente actor junto a Spencer Tracy en Boy’s
Town (Forjadores de Hombres) y en 1940 fue nominado a un Oscar como Mejor
Actor por Babes in Broadway, uno de los muchos musicales que protagonizaría
junto a su entrañable amiga, y otra estrella juvenil, Judy Garland.
Sin embargo el
trampolín a la fama de el diminuto actor (aun adulto no superó el 1,55 de estatura)
fue una serie de películas― 16 en total-―filmadas entre 1937 y
1958 que giraban en torno a un típico adolescente del Medio Oeste llamado Andy
Hardy. En 1937, la Metro Goldwyn Mayer
había adquirido los derechos sobre Skidding una pieza teatral de Aurania
Rouverolque había cosechado un éxito
respetable en Broadway.
Ahora llegaría al
público cinéfilo rebautizada como A Family Affair. . El rol principal
del Juez Joseph Hardy y sus problemas en el pueblo ficticio de Carvel recayó en
el reconocido histrión Lionel Barrymore, pero sería su hijo menor, interpretado
por Mickey Rooney quien devoraría la pantalla .
Louis B. Mayer se
dio cuenta que tenía una minita de oro en las manos y comenzó a filmar una película
por año que tuviese a Andy Hardy como protagonista. Andy tenía dos obsesiones ,
los automóviles y las chicas. Eso no lo hacía diferente de otros americanitos
de su edad. A pesar de que su novia oficial era Polly (Anne Rutheford), cada
filme traía a Andy enamorado de otra vampiresa núbil, pero siempre volviendo a
lo conocido.
Esta serie de
romances permitía a la Metro presentar actrices nuevas que luego serian
estrellas desde Lana Turner hasta Esther Williams. Entremedio , la vida de Andy
era un escaparate del angst adolescente , de falsas ideas de la masculinidad
que eran destruidas por los sabios consejos del Juez Hardy que, aunque chapado
a la antigua, sabia entender a su hijo menor.
Andy con Anne, Judy y Lana
Los Hardy y
las Tentaciones Californianas
A pesar de que
puedan aparecer anticuadas estas visiones tipo Norman Rockwell de la perfecta
familiaamericana, hay ciertos detalles
que nunca pasan de moda y que reaparecerán en la cultura adolescente del resto
del siglo. Donde más evidentes son esos detalles es en la segunda entrega, You’re
Only Young Once (1938), quepuede
haber sido considerada atrevida en Los 30, pero hoy aun resuena en la realidad.
La trama trae a los Hardy de vacaciones en la isla
Catalina, en la costa californiana. Marion, la hermana mayor de Andy inicia un
romance “playero” con un salvavidas. Lo que se convertirá en un cliché del cine
de adolescentes aquí adquiere tintes oscuros cuando Marion descubre que Troy es
casado, y aun así la chica escandaliza a su familia anunciando que seguirá en
amores con el adúltero.
Entretanto, Andy
ha conocido una fauna desconocida en su pueblo: la chica “liberada”. Geraldine
“Jerry” es independiente, tiene poder comprador y una visión de la vida más sofisticada que la de Polly, a pesar de
ser de la misma edad. Sucede que la madre de Polly, es una eterna divorciada y
para poder vivir su vida le otorga a su hija libertad y dinero para gozarla.
El Juez Hardy
considera que Jerry, que fuma, bebe licor y cree que se puede ir más allá de
besos, es una mala influencia para su hijo.
Decide enfrentarla en ese terreno juvenil que es la droguería. Jerry lo deja
boquiabierto con una actitud muy reconocible hoy en nuestra era del
“consentimiento”. Lo acusa de invadir su espacio, confunde su preocupación de
padre con artimañas de “viejo verde” que quiere seducirla y el pobre juez debe
huir avergonzado.
Andy continua su
romance y es invitado por Jerry a una fiesta en un sitio alejado y solitario.
El filme revierte el cliché del Casanova que inventa una fiesta para seducir a
la ingenua. El ingenuo Andy descubre que Jerry tiene proyectada una reunión
solo para dos y que planea que pasen la noche juntos.
El virtuoso Andy
prefiere volver a pie por un sendero oscuro y desconocido. Esta es la prueba de
fuego y Andy está listo para regresar a los brazos de Polly. Marion se da
cuenta que Bill no planea divorciarse y también termina su romance. Con esto
Los Hardy pueden volver a su mundo donde los problemas abundan, pero son menos
perversos
Un Prototipo
de Adolescente
Esta franquicia seria
por más de una década un muestrario de los hobbies, música y vestuario que los
espectadores adolescentes podían copiar. Andy lucia esos trajes con inmensas
solapas y pantalones amplios con dobladillo ancho y expuesto. Ya saben, el tipo
de vestuario que David Bowie impondrá a comienzos de los 80s.
En cuanto a las
chicas, el calzado standard eran los Oxford o saddle shoes acompañados
de soquetes (bobby sox) enroscados en los tobillos. A fines de los 30 se
pusieron de moda las faldas estilo campesinas europeas (Dirdnls) y los
sets de jersey y sweater de lana muy fina (cachemira).
Estos conjuntos,
casi siempre en tonos pastel ,se usaban con collares de perlas cultivadas y
volverían a ponerse de moda entre las jóvenes preppies en los 80s. La
Segunda Guerra Mundial cambiaria estas modas, pero eso es tema para la próxima
semana.
Jean Kent modelando un twinset
Nota final, Andy
Hardy se volvería una franquicia y su interprete seguiría dándole vida hasta
1958. Hoy nos puede parecer un poco anticuado, pero sin Andy no existirían Richie
Cunningham, Alec Beaton ,y en su relación con su padre, la creación de Mickey
Rooney recuerda a Dan Humphrey de Gossip Girl.
BIBLIOGRAFIA
Dooley, Roger. From
Scarface to Scarlett: American Fims in the 1930s
Handy, Bruce. Hollywood
High:A Totally Epic Way Opinionated History of Teen Movies
Manchester, William. The
Glory and the Dream: A Narrative History of United States, 1932-1972
Rollin, Lucy. Twentieth
Century Teen Culture by Decades
Schrum, Kerry. Some
Wore BobbySox: The Emergence of the Teenage Girl’s Culture (1925-1945)
En este verano
tan triste, tal vez el más duro de mi vida, encontré un consuelo en un sitio
inesperado, en los reruns de una serie que hizo historia en la
televisión estadounidense y marcó un periodo de mi vida. Si ustedes han oído
que se trata de una serie moralista, insulsa y anticuada, espero que lo que van
a leer cambie esa impresión.
Hace unas semanas
comentaba con la Gatita Estelwen lo fácil que es señalar las fallas de la
sociedad/cultura estadounidense, pero lo difícil que es reconocer sus muchas
virtudes. Un motivo es que en este momento histórico esas virtudes o han
desaparecido o están bajo ataque del radicalismo. “The Waltons” es una lección de
cómo esas virtudes se vivieron en un punto crítico de la historia
norteamericana.
De La Montaña
Spencer a La Montaña Walton
“The Waltons” es
creación del escritor, guionista y productor Earl Hamner Jr. y está basada en las
vivencias de su familia durante la Gran Depresión. Como su alter ego, John-Boy
Walton (Richard Thomas), Hamner se crió en una familia numerosa y extendida,
con abuelos paternos en la misma casa, en la Montaña Walton, situada en las Blue
Mountains, parte de la Cordillera de las Apalaches, en la Virginia Occidental.
Dos John-Boys: Earl Hamner y Richard Thomas
Como Hamner, John-Boy
fue el primero de su familia en ir a la universidad, desde joven manifestó
inquietudes literarias llegando a publicar el periódico local. La serie que inició
en el otoño de 1972 duró nueve temporadas. A pesar de que Thomas y otros
actores abandonaron la serie, esta continuó hasta 1981. Llegó a cubrir desde
1934 hasta la posguerra y vimos a Los Walton crecer, casarse y formar sus
propias familias.
La popularidad de
la serie es tal que ha provocado la filmación de varios filmes y especiales.
Sus reposiciones siguen teniendo gran sintonía. Cuando yo volví a USA, el 2016, la ofrecía el canal Visión Tv. En mi
nuevo sistema la encontré en INSP, un canal cristiano de Las Carolinas que se
especializa en westerns. Pero “The Waltons” no es una serie del Viejo Oeste, es
un ejemplo—el primero—de la ola de nostalgia que afectaría a la
televisión estadounidense en los 70.
Hamner había
conseguido reconocimiento en los 50 y 60 escribiendo guiones para televisión,
especialmente para la icónica serie “The Twilight Zone”. Simultáneamente había
publicado varias novelas, una de las cuales Spencer’s Mountain fue
llevada la pantalla grande en 1963.
A pesar de que la
historia tiene lugar en Wyoming, tanto la Familia Spencer encabezada por John
(Henry Fonda) y Olivia (Maureen O’Hara), como sus vivencias, están basadas en lo
vivido por los Hamner. El mundo de montañeses rústicos es descrito a través de
los ojos de Clay-Boy (James Mc Arthur), el primogénito, un muchacho cuyo mayor sueño
es ir a la universidad.
Tras el filme,
Hammer se dedicó a escribir guiones de series con temas familiares como “Gentle
Ben” y “Nanny y el Profesor”, además de escribir, en 1968, el libreto de una
versión de Heidi, que sería filmada con Jennifer Edwards, Maximilian Schell y Dame Jean Simmons.
Fue en 1971, y ya con reputación de escritor de historias infantiles, que Hamner
presentaba la propuesta a Warner Brothers para un especial navideño.
“The Homecoming”,
aunque filmada en Wyoming, tiene lugar en las montañas de Virginia y gira en
torno de Los Walton, una familia numerosa que lucha por sobrevivir la Depresión.
La acción inicia en diciembre de 1932, cuando la familia en pleno espera el
regreso de John Walton, el padre. Hay una ventisca y se teme que John no
llegue. Le toca al hijo mayor, el adolescente John -Boy (Richard Thomas) salir
en su búsqueda.
Es una historia
tan simple, pero tan genuinamente cálida. Yo la recuerdo con mucho cariño
porque la televisión chilena la pasó exactamente un año más tarde, en 1972, el último
Año Nuevo que celebramos en Chile y que celebramos en familia. Aunque mis
padres estaban separados, mi papá vino a pasar las fiestas con nosotros y vimos
“The Homecoming” (no recuerdo su nombre en castellano) juntos.
Recuerdo que Mi
Ma me contó que Patricia Neal, quien interpretaba a Olivia Walton, era una gran
actriz cuya carrera había sido truncada debido a un infarto que la había dejado
invalida; recuerdo que a todos nos simpatizó Richard Thomas con su rol del
devoto John-Boy; y que me encantó (fue siempre mi Walton favorita) Kami Cotler
como Elizabeth, la benjamina de la familia.
John Boy y Elizabeth
El Desafío de
Los Waltons
Lo que no sabía es
que, para diciembre de 1972, Patricia Neal había ganado un Globo de Oro por su
interpretación de Olivia, pero que no era parte de la serie que ya estaba la
mitad de su primera temporada. Efectivamente, en septiembre de 1972, “The Waltons” había debutado oficialmente en
la televisión estadounidense.
Aunque habían
conservado todo su elenco juvenil (incluyendo a Richard Thomas) y a Ellen
Corbyn como la Abuela Esther, ahora los padres eran interpretados por Ralph
Waite y Michael Learned, y el abuelo era Will Geer, una vez parte de la Lista
Negra de Hollywood por sus simpatías comunistas.
“The Waltons” fue
un gesto audaz de la CBS y tal vez un desafío en contra de la purga de series
rurales y familiares como “Los Beverly Ricos” y “Green Acres”. Estados Unidos
en 1972 era una nación dividida y no solo por la Guerra de Vietnam que no
terminaba de acabarse. Había una radicalización en todos los aspectos.
Ese fue el año
del escándalo de Watergate, de revueltas, atentados, protestas y lo que hoy no
se sabe o no quiere recordarse. A comienzos de los 70s, los hombres armados se
movían en grupos y el país estaba a merced de terroristas locales como The
Weathermen, Los Panteras Negras, El Ejército de Liberación Negro (que a
comienzos del '72 mató a dos policías en un desfile en Nueva York) y El Ejército
de Liberación Simbiones que en 1974 secuestraria a la heredera Patty Hearst.
Aun los habitantes
“pacíficos” de la Unión Americana presenciaban y esperaban una revolución
social y cultural que se manifestaba en el cine y la televisión. A pesar de que
la última todavía estaba sujeta a muchos tabúes, intentaba crearse una imagen
diferente, diversa, un poco cínica. Para la llegada de “The Waltons”, dos de
las series con más ratings en Estados Unidos era la controversial “All in the Family”
y “The Mary Tyler Moore Show” con su heroína feminista, independiente y sexualmente
liberada.
Junto con “Los
Walton” salían al aire shows audaces como “Maude”, cuya heroína sería la
primera en abortar en primetime, series realistas como “Emergency” y period
pieces cínicos o crudamente violentos como “M.A.S.H” y “Kung Fu”. Los pobres
Walton eran las gallinas en baile de cucarachas. Mas encima los colocaron en pésimo
horario, los jueves por la noche, teniendo como rival a “Patrulla Juvenil”, una
de las series más trendy (y políticamente correcta) del momento.
Nadie estaba
preparado para que “The Waltons” fuera un éxito, que alcanzase al final de su
primera temporada un respetable rating de 20 puntos, y que llegara a los 28 al término
de la segunda convirtiéndose en el segundo show más visto de la nación. Nadie hubiese
predicho en 1972 que esta serie acumularía 13 Emmys y dos Globos de Oro, que
duraría nueve temporadas y que se convertiría en parte de la memoria colectiva
de Estados Unidos.
Es difícil
explicar el éxito de “The Waltons” incluso en una era nostálgica como lo fueron
los 70. Se intentaron hacer otros shows parecidos situados en la Depresión como
“Paper Moon” y “The Holvack Family” con Glenn Ford. Ninguno duró más de una
temporada. El único programa que puede calificarse como seguidor del modelo de
“Los Waltons” es “La Casita en la Pradera” que inició cuando la serie de la ABC
estaba en su tercera temporada (1974).
Me temo que yo no
fui fan de “The Waltons”. Primero por razones técnicas. Cuando llegamos a USA
solo había en casa un televisor pequeño, blanco y negro, y lo manejaba mi papá.
Al año, mi madre compró uno grande y a colores, pero ese lo manejaba ella y
como no sabía inglés, se concentraba
solo en los canales en español. Aun así, “The Waltons” era mencionada por mis
condiscípulos de la Escuela de las Naciones Unidas (U.N.I.S), pero siempre con
sorna.
Los “Unisites”se sentían
muy sofisticados, así que este era un programa para burlarse, sobre todo de esa
cultura “hick” (termino despectivo para los campesinos). Se burlaban de la
moral de la familia, de su religiosidad. Sobre todo, de la costumbre “waltoniana”
de bendecir la mesa la hora de las comidas o la de que cada noche los hermanos
se daban las buenas noches a voz en grito desde dormitorio a dormitorio.
Costumbre que Earl Hamner juraba era el modo en que su familia daba fin al día.
Las cosas
cambiaron cuando en mi tercer año de secundaria comenzamos a asistir a Ezra
Academy. Ahí sí que “The Waltons” (y La Casita en la Pradera) era uno de los
favoritos, a pesar de que se trataba de un show cristiano. Aun así, no pude
convencer a nadie de mi familia de verla. Solo podía seguirla en casa de mi
hermana. En el verano de 1979, y con un año de atraso, recibí como regalo de
graduación, un pequeño televisor a colores. Lo primero que hice fue anotar los
jueves que era la noche de “Los Waltons”. Así pude seguir las últimas
temporadas.
Lo curioso es
que, a comienzos de los 90, se redescubrieron los méritos de la serie y eso
gracias a que, a más de una década de su cancelación, el fandom seguía
exigiendo reposiciones. De esa manera pude
ver las primeras temporadas. Y lo que no vi (como el episodio en que John Boy
presencia la caída del Hindenburg) lo estoy viendo ahora.
El final de “The Waltons”
en 1981 no significó el olvidó para la que era la familia estadounidense
emblemática. La seguirían siete filmes, tres en el ’82, lo que ha llevado a hablar de la “décima
temporada de Los Waltons”. Estos telefilmes han tenido altas audiencias, se han
escrito libros sobre “The Waltons”, existen fan clubs y reuniones anuales de gente
que sigue amando la serie, sus personajes y las lecciones que nos enseñaron. Los Walton son tambien una franquicia, con muñequitos de los personajes y replicas de juguete de la casa de Los Walton.
El Secreto
Tras el Éxito de Los Walton
Es asombroso que
una serie que acabó hace cuarenta años siga vigente en su repetición (no solo
en USA, dos canales británicos la siguen repitiendo), que sus fans sigan siendo
leales a esta familia ficticia y que incluso tenga nuevos y más jóvenes adherentes
de una generación supuestamente cínica y que repudia todos los valores “waltonianos”.
Un factor es la
continuidad. “The Waltons” fue una de esas primeras series en seguir un formato
similar a las soap operas, en las que podíamos ver el trayecto semi
cotidiano de una familia, en la que los ancianos morían, los niños se
convertían en adultos y formaban sus propias familias. Eso permitía al
televidente sentirse parte del proceso de la historia e integrar a Los Waltons
a su espacio doméstico.
“The Waltons” y “La
Casita en la Pradera” están basadas en las vivencias de personajes de carne y
hueso que nacieron en la pobreza, pero lograron cumplir sus sueños de
convertirse en novelistas. La historia de John-Boy (como la de su creador) es
una historia de éxito, el cumplimiento del “sueño americano”.
John Boy y Laura Ingalls Wilder
Mas allá del American
Dream individual, Los Waltons representan lo mejor de los Estados Unidos.
El que la serie tuviese tanto arrastre en un momento en que el país sufría de
crisis sociales y económicas, y cuando los valores americanos eran pisoteados y
despreciados, no es un accidente.
Ver “The Waltons”
era revivir otra crisis histórica que la nación había vivido y sobrevivido. Ver
que, en medio de una depresión económica, Los Walton se adherían a reglas de
conducta y se apoyaban en códigos valóricos era una reafirmación de lo que hoy
los políticos de derecha llaman “lo que hace a América grande”.Lamentablemente hoy esos valores pueden ser
tergiversados por miedo, ignorancia, y la desesperación de verlos amenazados.
Por último, “los
Waltons” son una representación de lo que los sociólogos llaman ‘familismo”,
básicamente se refiere a la noción de que la prioridad es siempre la familia o
clan, que existe en los miembros de ese núcleo un sentido de lealtad y
protección hacia los otros miembros a la par de una fuerte identificación con
la historia familiar. Hoy se cree que, en tiempos de crisis, el familismo
reemplaza la idea de que el gobierno debe hacerse cargo de la gente, y el
bienestar de muchos queda en manos de sus parientes. Eso ocurrió durante la
Depresión sobre todo con familias en zonas rurales aisladas.
En 1972, ya
existía una conciencia en muchos estadounidenses de que la familia nuclear iba
camino a extinguirse. Ver la importancia del núcleo familiar en The Waltons,
recordaba la importancia de apoyarse en los de la misma sangre.
Los Waltons no solo eran familia numerosa (John
Boy tenía tres hermanos y tres hermanas) además en la Casa Walton vivían los
abuelos paternos; más tarde Ben (Eric Scott) traería a su esposa Cindy (Leslie
Winston); y cuando Mary Ellen (Judy Norton-Taylor) enviudó, ella y su hijo volvieron al hogar Walton. Además
Los Walton poseían (como todos los sureños) una abundancia de primos y otros
parientes que se dejaban caer de visita y siempre dejaban algún tipo de lección
como la anciana Martha-Corinne, cronista de la Familia Walton, por cuyo retrato
la legendaria actriz Beulah Bondi recibiría un Emmy.
Es triste saber
que lo que era admirable en los cínicos y progresistas 70, hoy sea despreciado
y rechazado en el cínico y progresista siglo XXI. Los valores domésticos y morales
de Los Waltons van asociados hoy con fuerzas retrogradas como religión
organizada, el Partido Republicano y los seguidores de Donald Trump. Sin embargo,
“The Waltons” sigue atrayendo fans.
¿Una Serie Oscurantista?
Una pregunta que
se hacen tanto observadores sociales como críticos de programas de televisión y
fans es porque es imposible hacer una nueva versión de esta serie. Creo que la
respuesta más adecuada es que aun como drama de época, la esencia de la serie
seria incomprensible para un gran segmento de la audiencia. Sin embargo, eso no
quiere decir que “The Waltons” fuese un programa anticuado y carente de valor.
Para su época era bastante progresista y mirándola en retrospectiva sufría de
muchos presentismos obligatorios de la televisión de su tiempo.
Los anti-Waltons
consideran que “The Waltons” es una serie retrograda que perpetua valores oscurantistas.
¿Cuáles serían esos valores?
Ausencia de
diversidad sexual:
Hoy diversidad tiene solo dos significados,
inclusión de personajes de piel oscura y de miembros de orientaciones sexuales
diversas. Estos últimos no están presentes en “The Waltons” pero tampoco lo estaban
en general en la televisión Anglo, donde el primer personaje importante
abiertamente homosexual aparecerá recién en 1975, Billy Crystal en “Soap”.
Jody (B. Crystal) con el vestido de su mamá
Un problema para
los Millenials y los Z (víctimas de un fenómeno social que busca mantenerlos en
la ignorancia) es que creen que un bebé debe pararse y caminar antes de gatear.
Por eso les es difícil aceptar un mundo donde la gente no tenía los derechos ni
las libertades que ellos han gozado, ni que conseguir esas libertades y
derechos fue una lucha tan ardua que no dejó la posibilidad de exigir lo que
hoy exigen las minorías.
En resumen, en un
mundo donde recién se comienza a hablar de sexo en la realidad y en la
pantalla, donde recién se contempla la posibilidad de que las relaciones
sexuales fuera del matrimonio no sean pecado, no se puede todavía educar a las
personas sobre otras orientaciones o estilos de vida sexuales. Que un programa
familiar retrasase con naturalidad, sin emitir juicios mórales, temas como las
relaciones premaritales, las madres solteras, el amor físico de pareja y el
acoso sexual era progresista en 1972.
John-Boy tuvo
amores con dos madres solteras, incluso asistiendo al parto de una de ellas interpretada por la entonces desconocida Sissy Spacek.
Mary Ellen embarazada atiende a una madre soltera que pierde la razón cuando su
hija muere. Erin Walton (Mary Beth McDonough) es acosada sexualmente por los
parroquianos de un café donde trabaja y años más tarde debe defenderse de la
agresión de un pintor desequilibrado y un novio borracho. Incluso hay un
episodio titulado “The Violated” (La violada) donde Los Waltons deben auxiliar
a la víctima de un ultraje.
Sissy Spacek en Los Waltons
En las últimas
temporadas, Elizabeth de 16 años contempla la posibilidad de perder su
virginidad con su novio, y Jim-Bob Walton (David W. Harper) es acusado por su
novia de haberla embarazado. Todo eso demostraba la evolución de la mentalidad
de la serie y exploraba como se vivían esas experiencias en los 30 y 40.
El despertar sexual de Elizabeth
Por último, me acabo
de enterar que Will Geer el actor que interpreto al Abuelo Walton, era
homosexual y que tuvo una relación de pareja con el reconocido activista de los
derechos gays Harry May. Como Will había salido del closet y sus compañeros de
trabajo conocían su orientación, podemos decir que si había diversidad sexual
en “The Waltons”.
Ausencia de Diversidad
Etnica
En “Los Waltons”
no hay asiáticos, ni árabes, ni hindúes. El único latino es un pretendiente que
le sale a Mary Ellen casi en las últimas temporadas, un soldado chicano que
conoce en California. Tampoco hay irlandeses, ni italianos y eso que la madre
de Earl Hamner era italiana.
Los nativos
tuvieron una presencia vigorosa en el episodio “The Warrior” cuando un cherokee
de 101 años viene a exigir que John derribe su establo ya que debajo hay un
cementerio indio. John se niega, pero cuando el anciano muere, le regala un
trozo de la montaña al nieto para enterrarlo y convertirlo así en otro
cementerio indio.
Hoy que los
judíos están en todos los medios de comunicación parecerá mentira decir que una
vez fueran considerados peligroso para los ratings.Los actores judíos eran de bajo perfil en lo
que se refería a su vinculación con el mundo hebreo. Tuve que esperar a “La casita
en la pradera” para saber que Michael Landon era “de nostris” como decía La
Lozana Andaluza.
El único programa
con protagonista judía había sido “The Goldberg” (no confundir con el show
contemporáneo que comparte el mismo nombre) que había saltado de la radio a la
pantalla chica, pero que había sido cancelado en 1957. Para 1972, la aparición
de personajes judíos invitados en una serie era tan vaga que incluso se velaban
sus orígenes. Recuerdo que eso pasó con Milton Berle en “Valle de Pasiones”. Incluso en 1972, junto con los Waltons salio al aire "Bridget Loves Bernie" una serie sobre un matrimonio mixto....apenas duro una temporada.
Por eso fue un
shock que, en la primera temporada, “The Waltons” presentasen a una familia
abiertamente definida como judía. Mas interesante aun como un reflejo de la
realidad televisiva, esta familia de refugiados alemanes que llegaba a la Montaña
Walton ocultaba su origen para poder asimilarse mejor, llegando incluso a
privar a su hijo de su obligatorio Bar Mitzvah. Les tocaba a Los Walton
convencerlos de salir del closet, aceptarse y conseguir que la comunidad los
aceptara.
Bar Mitzvah en La Momtaña Walton
Después de este
shock cultural, los judíos siguieron apareciendo en el espacio de “Los Walton”
culminando en el personaje de Toni (Lisa Harrison), novia y eventual esposa de
Jason Walton (Jon Wolmsley). Fue ahí que vimos un toque de antisemitismo,
curiosamente dentro de la misma familia. Ben rechazaba firmemente a su futura
cuñada, no porque tuviera nada en contra de los judíos, sino que no le agradaba
que Jasón trajera a la familia alguien que no fuera cristiana.
Jason y Tony
Hoy y entonces,
diversidad específicamente se refiere a los afroamericanos. “The Waltons” los
tuvo regularmente en la pantalla lo que ha provocado muchas críticas de un
retrato falso a la sociedad sureña infamosa por su racismo ya que el show
muestra una visión armónica de las relaciones interraciales, al menos en La
Montaña Walton. Earl Hamner Jr. creció en Schuyler, un pueblo virginiano
totalmente segregado en los 30. Pero para acallar las críticas surgieron voces
de gente que recordaba sus experiencias en comunidades aisladas como la de Los
Walton donde había pocas familias negras lo que permitía más interacción social
en términos de igualdad entre ambas comunidades.
Un toque
revolucionario de la serie fue enfocarse en un solo personaje habitual negro, y
hacerla mujer y autovalente. Verdie aparece por primera vez como una costurera
viuda que vive cerca de Los Walton. Aunque es nieta de esclavos, Verdie ha
conseguido que una de sus hijas vaya a la universidad. Su mayor vergüenza es
ser analfabeta, problema que soluciona John Boy. Toda la historia de Verdie es
un ejemplo de autosuperación.
Lynn Hamilton retrató a Verdie con gran
dignidad y humanidad. Su relación con Los Walton siempre es en planos de
igualdad, aunque la extrema cortesía con la que Olivia (después de sufrir una
permanente chambona), le pide a Verdie “un secreto de tu gente para alisar el cabello”
me pareció exagerada y el ‘tu gente” hoy es inexplicablemente sería considerado
racista.
Otra exageración
fue el episodio “The Illusion” en el cual Esther, hija de Verdie, tras
graduarse busca empleo en una fábrica local. Cuando se lo niegan (por ser
negra) se manda un discurso tan intenso sobre el racismo que recibe el puesto
como recompensa. En el Sur de los 40, ese acto más le conseguiría una visita
del KluKlux Clan antes que un empleo.
Mas realista fue
que Verdie termine adoptando a Josh, un niño negro que Los Waltons han prohijado
porque entonces estaba prohibido que los blancos adoptasen criaturas de color;
o descubrir que Harley (Hal Williams que dio vida al segundo marido de Verdie)
es víctima de la justicia racista del hombre blanco o que su hijo Jody (Charles
R. Penland), tras regresar de servir en el frente de batalla, sea expulsado de
un bar solo por su color de piel.
Sexismo:
Otra acusación
que recayó sobre “The Waltons” es que era sexista puesto que las chicas Walton
siempre estaban a cargo del quehacer doméstico y que sus hermanos gozaban de más
libertad. Eso no es cierto. Hay una división de labores, pero no es arbitraria
ni obligatoria. Olivia Walton cocina y limpia, pero si tiene que ayudar a su marido
en el aserradero no tiene problemas para hacerlo. Cuando Olivia se ausenta
ordena a sus hijos ayudar a Erin con las labores domesticas.
Tanto Olivia como su suegra Esther dominan a
sus esposos que siempre hacen lo que ellas quieren. John Boy será el hermano
mayor, el consejero y paño de lágrimas tanto de hermanos como hermanas, pero
nunca abusa de su poder. Podemos decir entonces que las chicas Walton no estaban
sometidas por ningún tipo de patriarcado.
Erin y May Ellen
cocinan y saben llevar una casa, pero también aprenden a conducir automóviles y
una exigencia de sus padres es que acaben la secundaria, eso en una época y un
espacio geográfico donde las campesinas casi ni sabían escribir. Mary Ellen, al
salir de la secundaria, postula a una escuela de enfermería. Se casa con un médico
y se convierte en su asistente. Cuando cree que su marido ha muerto entra a la
facultad de medicina y se convierte en doctora. Será la tercera de Los Walton en
tener estudios profesionales.
Mary Ellen esposa
Mary Ellen madre
Mary Ellen enfermera
Olivia y John se
oponen al matrimonio de Erín porque ella solo tiene dieciséis años y porque no
ha acabado la secundaria. El novio no espera y al graduarse, Erín no sabe qué
hacer con su vida. Es ahí cuando John hace un comentario que hoy consideraríamos
sexista: “es tan guapa que no tendrá problemas en encontrar su camino”. Sin embargo, el ser guapa no ayuda a Erín
quien abandona su empleo de telefonista para irse de camarera a un antro donde
es acosada por los clientes. Finalmente encuentra su camino en una academia de
secretariado.
Erin se gradúa
Ser guapa no es una carrera
Erin camarera
Erin secretaria
A pesar de que “The
Waltons” es una serie que ensalza a la familia y el amor de pareja, cree en una
relación igualitaria entre marido y mujer. Es el espíritu pionero que
representa la anciana prima Martha-Corinne quien recuerda que la primera casa
en La Montaña Walton, la construyeron (y a mano) ella y su marido antes de la Guerra
de Secesión. Erin y su novio también planean construir una casa juntos. Olivia
y John son conscientes de que una familia se arma entre dos y dividen su
responsabilidad con sus hijos por igual.
Las chicas Walton
esperan tener un matrimonio como el de sus padres, por eso dejan pasar novios
aparentemente perfectos, a sabiendas que no son los indicados. En los 70, el
divorcio todavía seguía siendo un tema delicado en la televisión y ni se
pensaba en tener una protagonista divorciada, pero la serie nos muestra casos
en los que una mujer puede y debe separase. Así vimos casos de abandono, de
violencia familiar y en el caso de Esther y de la cuñada de Mary Ellen, la
necesidad de la mujer de vivir su vida.
Olivia relató en
un par de ocasiones que cuando estaba recién casada, regresó a casa de sus padres
tras serias peleas con el marido. La primera pelea de Mary Ellen y Curtis acaba
con ella en casa de sus padres. Esos problemas son solucionables, pero casi al
final de la serie, Mary Ellen descubre que el marido que cree que pereció en el
ataque a Pearl Harbor está vivo.
Mary Ellen creyó a su marido muerto en Pearl Harbor
El que volvió ni se parecia a Curtis
Curtis quedó tan
malherido que ha preferido ocultarse de su familia. Mary Ellen se da cuenta que
este hombre amargado por heridas que le impiden ser padre y cumplir con sus
deberes conyugales, no es con quien se
casó. Tras sopesar sus prioridades, Mary Ellen se divorcia de Curtis y se casa
con otro señor.
De todas las
Walton la más memorable y luchadora por sus derechos era Olivia Walton. A
través de varias temporadas, y a pesar de que Michael Learned optó por ausentarse
de la serie en busca de otros desafíos actorales, su personaje de la matriarca
de esta familia de las Apalaches se convirtió en uno de los más queridos por el
público.
Los escritores no
parecían quererla mucho ya que la sometían a todo tipo de enfermedades. Vimos a
Olivia sobrevivir depresión, menopausia, polio y tuberculosis. Eso no le quitó
vigor para dar voz a sus opiniones en debates con su marido e hijos, debates
que a veces acababan con ella triunfante. En otros casos Olivia cambiaba de
opinión, pero nunca de manera sumisa.
Olivia se contagió de polio
Olivia era una encarnación
de la madre naturaleza. La serie nos cuenta que ha parido nueve hijos y
enterrado a dos (uno de ellos, el gemelo de Jim-Bob). En la segunda temporada,
Olivia pierde un bebé y el médico le aconseja no volver a embarazarse. Eso la
deprime y la vemos encariñarse primero con un bebé abandonado, luego con un huerfanito
negro y por supuesto es la primera en encargarse de los nietos cuando estos
comienzan a llegar.
Eso no significa
que Olivia sea nada más que madre. Por sobre todo es mujer, una que sostiene
una intensa relación romántica y física con su marido. Como le explica a la
recién casada Mary Ellen, su modo de advertirle a su familión que quiere un rato
de privacidad con su marido es colocar un geranio en macetero en el porche. Esa
es señal para que sus parientes se vayan de paseo. Este detalle era bastante risqué
para una serie de televisión dirigida la familia.
Aun peor, Olivia
seguía siendo atractiva para otros hombres. Lo descubría cuando decidía
estudiar arte y era objeto de galanteos por parte de un compañero menor que
ella. Galanteos que no molestaban del todo a la Matriarca Walton.
A lo largo de la
serie vimos que, aunque Olivia parecía se ser la esposa, madre y ama de casa
perfecta, el personaje sufría episodios de depresión y frustración, tenía
estallidos de furia y momentos en que se sentía descontenta con la monotonía de
su vida. Lo interesante era como enfrentaba esas crisis y las solucionaba con
cambios que iban desde cortarse el cabello (a pesar de las protestas del marido)
hasta comprarse una bicicleta.
La horrible permanente de Olivia
Tampoco era
reacia a buscar otras ocupaciones. Olivia no dejaba que fueran los hombres de
su familia los que la informaran. Ella leía el periódico y buscaba información en
la biblioteca local. En las primeras temporadas, Olivia decidía seguir su sueño
juvenil de estudiar arte; se integró al coro de la iglesia; y con sus hijos ya
mayores, Olivia Walton se convirtió en maestra sustituta para luego quedarse de
planta en ese empleo.
Presencia
desmesurada de la religión
Una de las más
fuertes quejas de los anti-Waltons es que el show es “sermoneador”; moralista
en exceso, y que eso se debe a la constante presencia del elemento religioso. Sería
un retrato falso si al hablar de la cultura montañesa virginiana no se
mencionase la religión. Sobre todo, en la Era de la Depresión cuando los
estadounidenses (Los que no abrazaron ideologías totalitarias) se volcaron en
la religión como un modo de sobrevivir la crisis.
Los Walton son
devotos bautistas. Una ironía es que en su mundo no hay espacio para otra
religión ni siquiera otra variación del protestantismo. Cuando la Abuela Walton
se molesta con el pastor de su iglesia, lo amenaza con ir al templo metodista.
Cuando Erín descubre que el Pastor Fordwick (John Ritter) no va a casarla
porque sus padres lo prohíben, busca ayuda con un pastor metodista.
Algo que es obvio
en la serie es que Olivia y su suegra son las más religiosas en la familia (o
las con fe más ferviente) y quienes imponen sus ideas sobre los demás. El
Abuelo Walton se ríe de muchas de las devociones de su esposa, pero, como en
todo, la obedece. De Los Walton, Ben es el menos religioso y el más atraído por
las tentaciones del mundo, lo que provoca muchos dolores de cabeza a su madre.
Pero el gran disidente religioso de la familia es John Walton.
Los Walton saliendo de su igkesia
El patriarca
Walton es el único que se queda en casa cuando su familia va a misa. Alguna vez
pisará la iglesia para darle el gusto a Olivia o cuando ocurre una crisis como
cuando Elizabeth queda invalida, pero no es hombre de templo. Olivia contará
que las peores peleas conyugales fueron provocadas por esa renuencia de su
esposo a cumplir con sus deberes de cristiano.
John no era hombre de iglesia
No es que John
sea ateo, lo que pasa es que no cree en religiones organizadas. Tras expulsar a
un alaraco pastor cuyos sermones asustan a sus hijos, John le dirá su esposa
que él no necesita ni de predicadores gritones ni que lo zambullan en el rio
(así es el bautizo de los bautistas) para creer en D-s.
El predicador gritón
Es ahí que Olivia
se da por vencida y tras un “eres un buen hombre, John Walton” decide que su
esposo sirve al Señor de manera diferente a la de ella. Una ironía es que, en
la vida real, Ralph Waite, quien encarnaba a John, era un pastor presbiteriano.
La muerte de su hija mató su fe y lo empujó al alcoholismo. Fueron “The Waltons”
los que ayudaron a resucitar su fe, retomó su ministerio para casar a Jon
Wolmsley (Jasón) y a su novia Lisa Harrison.
Nacionalismo Sureño
Ciertas virtudes
que todavía me resultan atractivas en “The Waltons” pueden motivar rechazo en
esta excéntrica sociedad moderna. Uno es la solidaridad comunitaria. Cada vez
que un vecino necesita de ayuda ahí están Los Walton para brindársela. Cada vez
que ellos enfrentan una crisis, sus vecinos vienen en su auxilio.
Lindos también
son los buenos modales que Olivia y John inculcan a sus hijos. La cortesía que
extienden a los extraños, a los más humildes y sobre todo a los más viejos. Hay
un tremendo respeto por la Tercera Edad, sea como custodia de información histórica
(la Prima Martha-Corinne) o como dispensadora de arte (Maude Gormsley que a sus
70 años se convierte en cotizada pintora). Cuando Martha-Corinne siente que se
acerca su final se esmera en poner en papel todo lo que sabe de su familia y
ese es el legado que le deja a John-Boy. Es que los ancianos son los historiadores
de su comunidad.
Sin embargo,
hablar de historia en El Sur es peliagudo porque historia aun hoy en el Tercer
Milenio significa Guerra de Secesión. Hoy se siente que El Sur ha glorificado
una guerra fratricida, que sigue apegado a los valores que provocaron el conflicto,
y que no hay arrepentimiento. Eso también era cierto en los 70 y en los 30. Por
lo tanto, la única falsedad que veo en “The Waltons” es la ausencia de ese nacionalismo
Rebelde.
Aun así, la
Guerra de Secesión no es mencionada más que in passim. Martha Corinne
recuerda que su esposo perdió un brazo en batalla, pero no elogia ni condena a
la Confederación que lo llevó a quedar manco. Nunca vemos la bandera
confederada y a lo más cantan canciones antiguas (hoy consideradas como
racistas) como “Carry Me Back To Old Virginia”. Si se habla de guerra en “The
Waltons” es siempre la primera conflagración mundial en la cual peleó John y
donde murió su hermano Ben.
Culto a las Armas
Hablando de
guerras, una acusación que recae sobre la cultura sureña es que rinde culto a
las armas de fuego. Es cierto que los que más protestan en contra de legislaciones
que controlan la posesión de armas vienen de esa región. En la cultura sureña,
los rifles de caza son joyas familiares que son heredadas de padres a hijos.
Pues los Walton
no eran ajenos a esa tradición. Como todos los habitantes de regiones aisladas,
John Walton poseía escopetas y en un par de ocasiones lo vimos empuñarlas para
defender a su familia. Sin embargo, el mayor uso de las armas era para traer
comida su mesa.
Muchos se han
burlado de que “The Waltons” presente una visión de la Depresión donde una
familia humilde siempre tenga comida en la mesa. Earl Hamner dijo que eso era cierto
precisamente por el espacio geográfico donde vivía su gente. Las verduras las cultivaban
las mujeres de la familia en su huerta. Las frutas de los árboles cercanos
servían para hacer mermeladas y conservas, había un rio donde pescar y el
bosque era rico en aves y liebres para cazar.
Aun así,” The Waltons”
creada para una sociedad marcada por la Guerra de Vietnam y bastante pacifista,
no elogiaba ni la violencia ni el uso de armas. Cuando John y su padre llevan a
John Boy de cacería, el joven tiene tanto respeto por la vida que es incapaz de
dispararle a un pavo silvestre. Solo cuando ve a un oso atacando a su padre es que
el muchacho puede disparar un arma.
El pacifismo en
la serie va más allá de cazar aves, Olivia es una ardiente pacifista que ve con
horror que se aproxima otra guerra y que sus hijos serán carne de cañón. Cuando
USA entra en guerra Ben se enlista lleno de entusiasmo; Jim-Bob patalea porque
quiere tener edad para pelear; el sereno John-Boy como corresponsal de guerra
no le teme al peligro.
El único con
dudas es Jasón. El más religioso de Los Waltons siente que matar al prójimo va
en contra de sus principios. Eventualmente recapacita y se enrola en el ejército,
pero por un rato demuestra que no todos los sureños eran seres violentos
sedientos de sangre.
Jason en Europa
Por muchos años,
“The Waltons” fue acusada de falsear la imagen de la sociedad durante la
Depresión. Por el contrario, al apegarse a su verdad (Y a pesar de los
presentismos obligatorios) Earl Hamner ofreció una versión alternativa, pero
genuina. No todos sucumbieron a la crisis, muchos sobrevivieron gracias a una
combinación de factores en los que fe y solidaridad fueron el gran apoyo de las
familias.
Un retrato
totalmente opuesto lo hemos encontrado en este siglo en la genial “Mad Men”. El
protagonista, el ambicioso y oportunista Don Draper, oculta un pasado en el
cual él fue Dick Whitman, un niño criado en una granja de Illinois durante la Depresión.
Los Whitman son el polo opuesto de Los Walton. Archibald, el padre de Dick es
un borracho golpeador, lo tuvo con una prostituta y se lo ha encajado a su
esposa que, aunque buena mujer no puede con este marido zafio e inútil.
Casi una parodia
de “Los Waltons” es el flashback de Don en el que recuerda a un vagabundo (hobo)
que llega a su granja. Los Walton le hubieran dado enseguida comida y techo, y
Abigail está dispuesta a pasarle dinero, pero su marido exige que el invitado trabaje.
Cuando éste acaba su labor, Archie se niega a pagarle, rechazando así los
valores de solidaridad, honestidad y caridad que pregonaba la serie de Earl
Hamner Jr.
Me ha sorprendido
descubrir que “The Waltons” aunque fue vista en algunos países latinoamericanos
(Colombia, Venezuela, México y la Argentina) nunca fue muy popular en nuestro hemisferio
sur. Diferente fue el caso de Europa donde aún ahora “The Waltons” es
apreciada. Recientemente se hizo una versión de DVD de la serie completa solicitada
por el público alemán y en el Reino Unido se siguen ofreciendo “The Waltons” en
canales del recuerdo. ¿Por qué no gustó
en Sudamérica? ¿Sera que los valores de Los Waltons no encajan con nuestros
valores latinos?