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martes, 18 de noviembre de 2025

Cuando la Codicia Rompe el Saco: El robo de Brinks-Mast y The Gold (PBS y Paramount +)



Cada vez que leo algún artículo sobre el decaimiento del producto Netflix y sobre sus posibles motivos encuentro la repuesta en una comparación con series como Slow Horses, Blood of My Blood o esta estupenda serie británica. Usando un caso de un espectacular robo que sacudió a Inglaterra en los 80, The Gold nos muestra no solo el despliegue policial por encontrar a los ladrones sino también como el elemento criminal va descubriendo los peligros de robarse tres toneladas de lingotes de oro.

Con mínimos cambios (y advertidos) la serie narra los sucesos ocurridos en 1983, cuando una pandilla de ladrones intentó robar un botín de pesetas españolas en un hangar, cercano a Heathrow.  Surgió un problema con la combinación de la caja fuerte, pero los ladrones descubrieron que había una fortuna escondida que no presentaba dificultades para ser sustraída. Se trataba de una valiosísima carga de oro puro que iba camino a Hong Kong y dio la casualidad de que lo habían dejado ahí y sin resguardo por una noche.

Tras el robo masivo, mientras el reino veía consternado lo fácil que era hurtar tamaña fortuna, los ladrones enfrentaban el problema de como vender su tesoro. Para eso debieron salir de la órbita del hampa y recurrir a gente de la alta sociedad. Esto llevaría a un traslado del oro a bancos extranjeros y a traslado de los criminales. A algunos de los cuales la policía echó el guante enseguida y otros  huyeron al continente. De eso se trata esta historia.



En las primeras escenas vemos como una banda de ladrones de poca monta planean robar una fuerte cantidad encerrada en una gigantesca caja fuerte situada en una bodega de la compañía aseguradora Brink. Los lidera Micky McAvoy (Adam Nagaitis  de Chernóbil y The Terror) El problema surge cuando al aterrorizado guardia―el único que conoce la combinación― le viene un bloqueo mental y no la recuerda. A punto de literalmente quemarlo vivo, McAvoy hace otro descubrimiento: el edificio alberga una riqueza mayor.

Boyce y su Equipo

Efectuado el robo y avisadas las autoridades, se presenta un dúo de detectives compuesto por Nikki Jennings(Charlotte Spencer de Sanditon y The Living and the Dead) y Tony Brightwell  (Emun Elliott el Moray de The Paradise). Sin embargo, el robo es demasiado importante para la policía local. Se llama a Brian Boyce (Hugh Bonneville de Downton Abbey), un legendario individuo , veterano de la  insurrección de Chipre,  y que estuvo a cargo de investigaciones durante el conflicto con Irlanda. Un poco por ambición, otro por deseo de trabajar con Boyce, la detective Jennings arrastra a su timorato compañero a convencer a Boyce de  que los haga parte de su equipo.



Sucede que la pareja ha visto discrepancias en el relato de los hechos por parte de Anthony Black (Josef Astlin el Pyp de GOT), quien custodiaba la puerta de entrada de la bodega. Boyce permite, estando él presente, que los policías interroguen a Black.

Es una escena deliciosa. Entre Nikki y sorprendentemente Boyce, descubren, solo por su conocimiento del hampa de donde viene Black, que es cuñado de uno de los ladrones. Sin decir una palabra, solo con su expresión facial ,el guardia se ha delatado. Pronto ya la policía arresta a McAvoy, y Boyce, tras exigir un entrenamiento físico (casi pierden al ladrón por ser este mejor corredor) acepta trabajar con la dupla Jennings-Robinson.



Los Peligros de Robar Oro

Antes de su arresto, McAvoy ha contactado a dos delincuentes (Interpretados por los guapérrimos Tom Cullen y Jack Lowden) quienes, a pesar de sus honestas fachadas, tienen prontuario más largo que la guía de teléfonos.  John Palmer (Cullen) es un comerciante de oro, Kenneth Noye (Jack Lowden) ha hecho fortuna con un negocio de transporte, pero en realidad ambos trafican con propiedad robada. Ahora Noye se dedicará a sacarle el sello a los lingotes robados para luego derretirlos y que Palmer los venda en sus joyerías.

                              Palmer y su señora en Tenerife

 Hay un contraste entre el humilde piso del ratero McAvoy, la casa de Palmer y la mansión de Noye, situada en un elegante vecindario en las afueras de Londres. Hay un contraste entre las abnegadas cónyuges cockneys de Mc Avoy y Palmer con la despampanante Mrs. Noyce que se pasea a caballo por su propiedad como si fuese la Princesa Ana.

                            McAvoy y una de sus muchas mujeres

A medida que Noye trabaja en los lingotes en un hangar especial que tiene en su propiedad, se da cuenta de que es un trabajo que lo supera y necesita de la ayuda de alguien más importante, de alguien que se mueva en el mundo del poder. Usando como puente a Gordon Perry  (Sean Harris, me costó reconocer al Micheletto de Los Borgia) llega hasta Edwin Cooper (Dominic Cooper), un abogado de la alta sociedad.



Un Villano de la Clase Alta

Antes de continuar el laberintico camino que recorren paralelamente los policías y los “villanos” (así se llaman los bandidos entre ellos), debo describir esta historia como una fábula social que retrata tanto el sistema de castas del Reino Unido como su movilidad social .

A pesar de que Cooper vive en una mansión más grande que la de Noye, le debe todo al suegro que se lo recuerda cada rato. En su afán de independizarse, Cooper ya ha incursionado en el delito y no teme involucrarse con criminales si la paga es grande.

                           

McAvoy es un “villano” común y rupestre, Noye es un bandido de alta escuela, pero a pesar de su casona, sigue faltándole el roce social.  Esto es evidente cuando él y Perry van a almorzar con Cooper en el club del abogado. Gordon lleva puesta una gabardina. Es lo que entendió por la orden de su anfitrión de “¡Ven de chaqueta!” y el traje de Noye está todo arrugado,  denotando su baja calidad. Cooper los sorprende al revelar que él también es de baja estofa. Ha necesitado casarse con tres mujeres ricas para poder llegar hasta donde está.


                  Noye con sus simbolos de estatus, sus perros y su mansión 

El mundo de The Gold es un ensayo de revelaciones del pasado de los personajes que determina sus acciones futuras. Durante el interrogatorio de McAvoy, este reconoce a Niki. “Eres la hija de Bill Jennings. ¿Qué diría tu padre de ver a su nena convertida en polizonte?” Después, Boyce le explica (casi se disculpa) a la detective  que una vez arrestó a Papa Jennings. La misma Nikki le revelará a su partner que el ser hija de un poderoso gánster la empujó a buscar amparo en lo legal y legítimo.



Extraordinariamente, eso no la hace diferente de los “Villanos”. Ellos también quieren ser legítimos, alejarse de la sombra de parientes malandrines y vivir con la seguridad de los de “arriba”. Diferente es la meta de Cooper quien quiere cambiar “el sistema”, pasarle por encima con un bulldozer. Solo que,  como su esposa le escupe en la cara,  el sistema está siempre dispuesto a aplastar a quienes lo desafían.

Otro tema importante de la serie es el cuerpo policial que a ratos presenta tantos problemas como los “villanos”. La razón por la cual Boyce no quería incluir miembros de la fuerza policiaca es que la mitad está recibiendo coimas de parte del bajo mundo y la otra le debe más lealtad a la masonería que a la ley. El tema de la influencia masónica sobre la policía inglesa de la segunda mitad del Siglo XX ya ha sido tratado en series como El Inspector Gently y Dalgliesh.

Lo curioso es que los bandidos en su escalamiento social también entran en esa sociedad tan secreta. Vemos a Noye acompañar a su contacto en la policía a una asamblea masónica. A eso se refiere Boyce cuando dice que Noye “está protegido”.



Aparte de una muy interesante trama que muestra a la sociedad británica en el primer periodo del thatcherismo, todavía imbuida de privilegios de clase y recuerdos de un imperio perdido, la serie está llena de otras virtudes. A medida que villanos y policías se persiguen por diferentes espacios del globo terráqueo, la cinematografía se hace más espectacular.

La atmosfera de época también está bien reconstruida, más allá de la obvia ausencia de la tecnología a la que estamos acostumbrados. La música, tal  como el vestuario femenino con pantalones que se hacían bolsa en la cintura, minis resucitadas, blusas de seda con hombreras,  y vestidos de ensueño de Laura Ashley, nos recuerdan una de las décadas más culturalmente abigarradas y creativas de fines de siglo XX.




Con todas estas alabanzas más que recomiendo esta serie que me temo sea un último ejemplo de la grandeza que una vez caracterizó a la televisión británica. Una lástima que, como todo lo bueno, no esté disponible en una plataforma con mayor distribución. PBS ha comprado las dos temporadas para presentarlas en Estados Unidos. En el resto del globo terráqueo, incluyendo los países hispanoparlantes, se la puede encontrar en Paramount+



Contenido Violento o Gory: Muy poco. A lo más, el que McAvoy amenaza con quemar vivo al guardia que no recuerda la combinación de la bóveda.

Contenido Sexual y Desnudos: Cero.

Factor Feminista: Después de ver la burrada de The New Force,  el personaje de Charlotte Spencer  pasa a ser un monumento a la mujer policía. No necesita ser la experta criminóloga, ni ser hija de representante de la ley. Al contrario. Nikki Jennings viene del mundo del hampa, es hija de un gánster,  y ha superado ese estigma y el machismo del sistema policiaco para avanzar en su carrera e incluso impresionar al mismísimo Boyce.




Factor Diversidad
: A pesar de que se ven actores de color de vez en cuando, el elenco principal es totalmente blanco. Bueno Emun Elliott es mitad persa. Tenemos a Sienna, la corredora de propiedades india que luego se convierte en amante de Cooper . Y hay un episodio en el que la dupla Jennings-Brightwater viaja a Sierra Leona.





martes, 11 de noviembre de 2025

Cuando las Suecas se Volvieron Policías: The New Force (Netflix)

 


Me hizo mucha gracia que Netflix tuviera que vender una serie aludiendo al producto, de Apple tv  Las Azules.  The New Force muestra lo difícil que fue para las suecas ser las primeras mujeres en entrar al cuerpo del país. Ahí paran las similitudes. Aparte de las diferencias cronológicas y culturales, este producto es inferior en casi todo a la serie de Bárbara Mori.

Tres Chicas de Azul

Comenzamos con una de estas azules o “policía con faldas” . Su nombre es Carin y es interpretada por Josefin Asplund, la Astrid de Vikingos. Aquí es una chica muy modosita que está cenando con su novio y unos amigos. ¿El tema de mesa? El que haya egresado de la academia de policía y sea una de las primeras azules de Estocolmo.

Los comentarios van desde que la policía es infame por su mal salario hasta el que Carin debe pensar en que se empleará una vez que la aburra ser representante de la ley. Carin tiene suerte ya que es apoyada por Arne, un estudiante de economía que también la ayuda a entrenar en el arte del jiujitsu.

                                   Hasta en el baile entran llaves de jujitsu

Cuando no pasa la noche con Arne, Carin comparte piso con Sivi e Ingrid, dos compañeras de academia y que, como ella, han sido asignadas al peligroso barrio de Klara.  El que vivan juntas crea un grado de intimidad entre las tres novatas.

Un Pésimo Dia de Trabajo

El primer día de trabajo es el típico en estas series: un desastre total. Es obvio por el chismorreo entre policías que las nuevas no son bien recibidas y eso que su superior inmediata es hembra. Al final del día es un milagro que el trio no renuncie.

Las han enviado a patrullar, cada una asignada a un policía veterano. La pareja de Ingrid no le dirige la palabra en toda la jornada. El compañero de Sivi parece más simpático. Entre los dos arrestan a un borracho. Cuando la novata pregunta si no deberían registrarlo, su pareja se encoge de hombros. Descubrimos que esa comisaria solo tiene un vehículo, ¡por lo que Sivi y su colega deben llevar al borracho en taxi!



Al llegar a la comisaria, el detenido despierta y saca unas contraplumas. Sivi rápidamente lo desarma obteniendo la admiración de Charlie, el más guapo de los detectives. Entonces el compañero de Sivi le grita que él le ordenó que revisara al borracho y ella no lo hizo. Sivi recibe una reprimenda de su superiora que no quiere escuchar la versión de la nueva.

El peor día lo tiene Carin. Aunque tiene un compañero más o menos decente, es obvio que no está contento de tenerla en su flanco. Ambos son testigos de cómo una mujer con ropa desordenada huye de un auto tras robarle su cartera al chofer. El policía le explica a su ingenua pareja que se trata de una prostituta que ha robado a su cliente. El hombre no quiere presentar cargos. Posiblemente por ser casado deduce el policía , así que él y Carin van en persecución de la ratera que responde al nombre de “Mónica”.

La encuentran en un callejón. Carin comete el error de solicitar ser ella la del arresto y su compañero comete el error de dejarla a cargo. La policía se acerca a Mónica y ve que la prostituta se siente mal. Se distrae y Mónica aprovecha de aventarla al suelo y huir.



Carin, La Tonta

Esa noche, Carin descubre algo terrible. Ha perdido su flamante chapa. Parte de la base que Mónica se la ha robado y en un acto de gran imbecilidad, va―vestida de civil―a los bajos fondos en busca de la prostituta. La encuentra, la sigue y la ve entrar en un edificio usando como contraseña algo como “soy una chica de Jack”. La policía usa la misma estratagema le dice al de la puerta que viene a una “entrevista de trabajo” con Jack y logra entrar.

Adentro vemos que es un antro con camareras topless, clientes borrachos y libidinosos y una bailarina exótica encuerada en el escenario. Carin está en el bar tratando de ver donde está Mónica cuando se le acerca el propio Jack. Quiere saber si realmente lo conoce o si quiere trabajar para él.

Carin alcanza a divisar a Mónica que ha dejado a un cliente descontento. La pobre prostituta está sufriendo una hemorragia. Lo menos que quiere es ver una policía cerca. Le grita que no tiene su chapa. Aparece Jack. Quiere saber lo que pasa. Carin le aplica una llave de jiujitsu y sale huyendo.



A la mañana siguiente, descubre que la chapa se le cayó en la calle y que fue su compañero quien la recogió. El problema no acaba ahí. Poco después llaman a la pareja porque han encontrado un cadáver florando en el rio. Se trata de Mónica. Aunque la policía archiva el caso como suicidio, por las marcas en el rostro de la prostituta, Carin sabe que fue un asesinato.

De ahí ,y obviamente sin permiso, Carin se embarca en una pesquisa personal que acaba en una redada del burdel/cabaret de Jack y el arresto y pérdida de confianza del único contacto que la policía ha hecho en ese antro. Conclusión: Carin es tonta.

Miss Suecia sin Cerebro

La guapa Sivi hace buenas migas con el guapo Oscar al que confía sus ambiciones de llegar a ser, una anomalía en esa época, una mujer detective. Oscar se ofrece a ayudarla, pero el compañero de Sivi le dice que lo hace solo por ser ella bonita. Cuando Sivi descubre que en la comisaria la apodan “Miss Suecia” decide demostrar que es más que una candidata a reina de belleza.



Es ella quien le da a Oscar la pista para que hagan una batida en el cabaret de Jack, adjudicándose todo el crédito por la chambona investigación de su compañera de cuarto. Por supuesto que toma poco tiempo para que Oscar descubra la mentira. Sivi pierde la confianza y respeto del único policía que se lo ha brindado. Conclusión: Sivi es una tonta.

Ingrid en Problemas

Ingrid, en cambio, enfrenta un problema diferente. Descubre que el comisario gusta torturar prisioneros e incluso abusar sexualmente de las arrestadas. Cuando Ingrid intenta informar a sus superiores, se tropieza con ese muro de silencio y complicidad que acompaña estas denuncias en este tipo de serie.



El Comisario tiene mucho poder y sostiene una competencia con el otro jefe que es el único en el plantel que apoya a las policías con faldas. Lástima que sea un corrupto y que está en el bolsillo de Jack, el Padrote. Ingrid no es tonta, pero al intentar cumplir con su deber ha pisado callos y se ha hecho visible de una manera negativa.

Si hice hincapié en la poca sesera de las policías es porque estoy harta de ver protagonistas bobas. Ya para eso me pasé cuarenta años viendo telenovelas y ahí encontré heroínas más inteligentes que muchas de estas hembras empoderadas que las producciones progres nos ofrecen hoy en día.

El Subgénero de las Policías Novatas

Este cuento de la primera falda que cargó chapa y como sus colegas más estaban interesados en meterle mano debajo de dicha falda, ya ha sido tratado en series como Las Azules, la británica WPC56 y la rusa Neófita. Ya podemos hablar de un subgénero, por lo tanto se espera que no se apoye en clichés. 

                      Para ser policia bella hay que ver burros y estrellas

Masha, la protagonista de Neófita era ingenua como corresponde a la virginal hija de una familia acomodada de Leningrado, pero era abogado y criminóloga recién egresada. Más experta en teoría que en la práctica, pero versada de conocimientos nuevos para los policías machistas con los que debía trabajar. ( En castellano y en ruso la serie se titula La Estudiante Ejemplar .)Lo importante es que sus métodos eran apreciados por la jefa de la comisaria que apoyaba en lo que podía a la novata. En eso difiere con The New Force donde tener jefa hembra es más desventaja que respaldo.

En Las Azules, hubo momentos en que hubiese ahorcado al menos a cuatro de las patrulleras, pero en general, no eran tontas. La Mori será muy desempantane, pero su personaje era una ex universitaria obsesionada con novelas de detectives que la ayudaban a investigar el caso del Estrangulador de Tlalpan. Su hermana, por pesada que fuera, era una reportera con conexiones.



A pesar de (o gracias a) su Asperger, Angeles era brillante. La más bobita del grupo era Gabina, porque aunque hija y hermana de policías, también era niña de su casa, incapaz de reconocer la maldad del mundo. Muy diferente de la Annie Taylor de la tercera Temporada de WPC56, que apoyada por la experiencia de su padre, un detective retirado, desde el primer día enseñaba en su machista comisaria que con ella no se jugaba.

Annie tuvo que llegar a salvar esa serie inglesa, puesto que las primeras temporadas, esa comisaria de pueblo ingles de los 50 se rio a costillas de la novata Gina Dawson quien, como las policías suecas, caía en las trampas de ser mujer. En la primera temporada, cometía el error de enamorarse de su jefe casado. Aunque él pedía su traslado, y su relación no pasaba de lo platónico, la oficial Dawson quedaba marcada para siempre entre sus colegas.



En la segunda temporada, casi por desesperación, Gina perdía su virginidad con un sospechoso y terminaba matándolo. Con eso mató la serie y aunque la deportaron a otra comisaria y la reemplazaron por una oficial más seria, WPC56 permaneció como ejemplo de que pocas mujeres pueden sobrevivir a  la carrera policial.

Es que Gina, María de Las Azules, y hasta Masha de Neófita piensan con los ovarios y no la cabeza. Las policías suecas tampoco pueden huirle a su condición femenina. Ingrid es tímida y sumisa, como corresponde a una mujer que oculta su judaísmo del mundo. Lo que dice mucho de la sociedad sueca de entonces y de hoy.



Sivi es tan manipuladora que se vende a Oscar como una víctima de las acechanzas masculinas y luego cuestiona sus motivos para ayudarla.  Aun así, acaba con el detective en la cama sin preocuparse si es casado. ¡Ayayay! Tanto descaro me hace meditar sobre si Gretita Thurnberg debe algo de la desvergonzada manipulación de su imagen al hecho de ser sueca.

En cuanto a Carin, no tengo ni para empezar ni terminar. Es tan tonta y atolondrada que vive metiéndose en líos y poniendo en peligro a otros. A la mitad de la serie, Carin está siendo chantajeada por Jack. Eso lo dice todo de la supuesta heroína de este relato.



El no poder identificarme con los personajes, el no poder admirarlos o temerles, me hace indiferente a sus circunstancias. También encuentro que para ser una serie de solo seis episodios se siente lenta lo que la hace aburrida. Se nota que se ha gastado poco por lo que tanto vestuario como cinematografía son ralos y ramplones. Ni hablar de la anacrónica banda sonora.

En suma, tanto The New Force como House of Guinness me hace sentir que los dramas de época de Netflix son…bueno, que podrían haberse ahorrado hacerlos. Una lástima puesto que Gattocito Miroslav me dice que esa plataforma tiene el monopolio de los period pieces ya que puede costearlos, pues el producto se siente barato y tosco, peor aún, sosísimo.

Contenido Violento y Gory: Redadas, brutalidad policiaca, mucha violencia verbal.

Contenido Sexual y Desnudos: Un par de escenas de sexo. Desnudos en el bar/burdel de Jack.

Factor Feminista: Francamente, un espectáculo absurdo de victimización, sin explorar contexto o hacer notar las flaquezas de las “víctimas”, no puede ser catalogado de feminista. Lo único interesante que aprendí es que la razón por la cual la policía de Estocolmo contrató mujeres es que pagaban tan poco que ningún hombre quería el empleo. Así que no es como en WPO56 donde se contrata a Gina para trabajar con víctimas de violación o niños; o Neófita donde se contrata a Masha por su excelente currículo o que la creación de un escuadrón femenino mexicano sea una movida política como con Las Azules.



Factor Diversidad: Es una serie muy “blanca” como lo era Suecia en los 50, apenas vemos que Ingrid es judía y debe ocultarlo. Al final en una clínica de abortos disfrazada de peluquería, aparece una actriz de color.

jueves, 23 de octubre de 2025

¿Tiene esta serie semejanza con los tiempos actuales? The Breslau Murders (Disney II)

 


En uno de los pocos ejemplos de publicidad que ha merecido esta serie, encontré una entrevista con el director, Leszek Dawid quien la ha vendido como un relato que presenta parecidos con el presente. Los tiene, pero como  buen Noir no es factualmente histórica, y aunque sus esfuerzos por explotar todas las gamas de la “diversidad” la pueden hacer actual, también la hace complicada y confusa.

En su nota para MSN, Anna Magdalena Lubowska ha dicho que la trama ofrece paralelos con tiempos actuales. El director Leszek Dawid ha comentado que “una vez más (los polacos) somos sacudidos por eventos históricos y amenazas similares”. Lubowska y el director se refieren a las constantes provocaciones de Rusia quien, recientemente, ha hecho volar drones sobre territorio polaco. Los paralelos son referencias a septiembre 1939 cuando el país eslavo fue invadido―casi simultáneamente― por tropas germanas y soviéticas que se dividieron el territorio entre ambos.

                            Soldados soviéticos y germanos  compartiendo la partición de Polonia

En 1936, año en que tiene lugar esta historia, Polonia llevaba tiempo sintiéndose amenazada por los dos regímenes totalitarios más amenazantes de Europa. Hitler había dejado claro en su libro Mi Lucha que su objetivo era apoderase de Polonia para ampliar su Reich. Los nazis no escondían  su desprecio por el pueblo eslavo y sus deseos de aniquilarlo.

Todo esto es histórico y hace más impactante que Alemania, en un esfuerzo de parecer una nación afable y amiga de la ley, haya invitado a la delegación olímpica polaca a entrenar en Breslau. Sin embargo hay un problema. Polonia es la nación amenazada, pero la acción no tiene lugar en Polonia. Los personajes, con la excepción de los atletas, son alemanes. Incluso Podolsky, aunque hijo de un carnicero, es nacido y criado en Breslau.



Según Agata Kulesza, que interpreta a Frau Holz, la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un trauma para los polacos y a ella le resultó difícil meterse en la piel de una alemana nazi. Es lo que ha hecho que algunos polacos se sientan incomodos al ver a nazis de uniforme hablando en polaco. Me sorprende ese lapsus, ya que en Guerreras teníamos personajes alemanes hablando alemán.

                                           Agata K. como Gerda Holz

Este detalle explica  lo problemas del libreto con la verisimilitud de la historia, su desconocimiento de la geopolítica de la región y su pasado histórico. Solo se puede culpar a Disney que,  ya hace rato, demuestra su inoperancia en la fabricación de series de época.

Breslau: Entre Germanos y Eslavos.

Hace ochenta años, que Breslau pasó a llamarse Wroclaw y a ser parte de Polonia. No siempre fue así. Originalmente, la región de Silesia fue parte de la esfera eslava, perteneciendo alternativamente al reino de Bohemia y al de Polonia.  En el Siglo XIII, empujados por las invasiones mongolas, llegaron los primeros inmigrantes alemanes. Para el siglo XVIII, Silesia era parte del reino de Austria, pero María Teresa la perdió en sus guerras con Prusia. Silesia y sus ciudades, incluyendo Breslavia, pasaron a ser parte del imperio de Federico el Grande. Consecuentemente, la zona se germanizό y se convirtió ,después de la unificación alemana, en parte del imperio de los Hohenzollern.



El fin de la Primera Guerra Mundial vio nacer la republica de Polonia, pero Silesia no le fue otorgada. El tratado de Versalles dividió la provincia en dos. La Baja Silesia, con capital Breslau, pasó a ser parte de la Alemania de Weimar. La alta Silesia permaneció como zona independiente hasta que, en 1937 (un año después de los Juegos Olímpicos), un plebiscito permitió que la provincia entera se uniese al Tercer Reich. Esta es una indicación del apego de la población alemana silesiana al régimen hitleriano.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Polonia anexό Silesia a su territorio, pero muchos silesianos―entre ellos el escritor de Krol―no se sienten polacos y hay un fuerte movimiento separatista.

Las Olimpiadas de 1936

Me ha sorprendido un poco la idea de usar las Olimpiadas del ‘36 como trasfondo para la persecución de un asesino en serie. No es que esa olimpiada no haya aparecido antes en el cine, Desde que el famoso  detective chino  se fuera a investigar robos de joyas en Charlie Chan at the Olympics (1937) hasta el documental Triumph: Jesse Owens and the Berlin Olympics, sin olvidar el extraordinario documental de Leni Riefenstahl , Olympia (1938) que ese evento ha sido expuesto en las pantallas. Lo diferente es que aquí la acción no tiene lugar en Berlín, la sede de los juegos, sino en Breslau.

              Este es Jesse Owens en Los Asesinatos de Breslavia. El verdadero era más  flaco

Antes que todo deberíamos hablar de por qué motivo estas olimpiadas fueron tan significativas. Como parte del castigo de Alemania, al acabar la Primera Guerra Mundial, se prohibieron competencias deportivas internacionales en suelo germano. Para 1931, los adelantos científicos, intelectuales y sociales de la República de Weimar levantaron el castigo a la nación alemana y se decidió que los juegos de 1936, tanto de invierno como de verano, se celebrarían en Alemania.

El problema fue que con el ascenso de Hitler al poder la imagen de Alemania como una sociedad progresista y liberal se desvaneció. Los campos de concentración para disidentes, la creación de un estado policiaco, las purgas y la persecución sistemática de los judíos y otras minorías, llevaron a varios deportistas y organizaciones deportivas a hablar de buscar otra sede o boicotear las olimpiadas. España, por ejemplo decidió celebrar sus propios eventos bajo el título de la “Olimpiada Popular” que tendría lugar en Barcelona ese verano del ‘36.

Para Hitler y su gente esto era un golpe tremendo ya que planeaban unas olimpiadas que demostrarían la superioridad física de la raza aria.  Cuando el Conde Baillet-Latour, presidente del Comité Olímpico vio los carteles antisemitas y los letreros en las tiendas judías que prohibían a los arios a comprar ahí, le dijo al Fuhrer que eso era inadmisible. De ahí que veamos en The Breslau Murders como se limpian escaparates y se retiran afiches en contra de los judíos. Aunque con eso no limpiaba las mentes de los breslavianos de una judeofobia que el Reich llevaba tres años inculcándoles.

                      Limpiando letreros antisemitas de los escaparates

Hubo otras formas en que la Alemania Nazi siguió llevando al cabo su programa de expulsar a los judíos de la vida civil teutona. Uno de ellos fue purgar el equipo olímpico de atletas judíos. No pudieron hacer eso con los equipos extranjeros aunque algunos países, como Italia, no mandaron judíos “para no ofender al Fuhrer”. En otros casos, los mismos deportistas eligieron no ir como un modo de protesta. Aun así muchos judíos ganaron medallas como el boxeador francés, Victor Perez,  y el campeón olímpico de esquí Bronislaw Czech. Ambos morirían en Auschwitz.

Fantasilandia Nazi

Donde la serie se cae como fruta podrida, es en su descripción de la sociedad alemana de 1936. Hay tantos errores que tal vez se entienda que Podolsky no comprenda lo que está pasando en su país y en su ciudad, pero le resta verosimilitud al relato.

Me sorprendió descubrir que Los asesinatos de Breslavia está inspirada en Muerte en Breslau del autor polaco Marek Krajeswki. Como no la he leído no puedo hablar de plagio, pero por reseñas y sinopsis veo que se han aprovechado algunos aspectos tanto en la creación de Franz Podolsky como en la recreación sociohistórica de Breslau .



En ambos Noirs breslavianos observamos una ciudad de provincia en la que se sienten las pisadas de un totalitarismo que va a cambiar las reglas del juego. Hay dos estratos sociales: una aristocracia añeja, caduca, depravada y hedonista. Por otro lado tenemos un lumpen compuesto por criminales, prostitutas, igualmente corruptos y degradados.

                  Las zorras de la "alta" amigas de Lena

Entre estos dos mundos se equilibra el investigador que  se siente como  “los de abajo”, pero que está atado a los de arriba. En el caso de Eberhard Mock de Krajewski por su mentor el Barón von der Malten. En el caso de Podolsky, por su matrimonio con una aristócrata vienesa.

El problema es que la trama es convincente en la novela de Krajewski porque tiene lugar en el primer año de los nazis en el poder. Todavía hay posibilidades de vivir como se vivía antes, todavía las garras del poder no lo han atrapado todo, todavía hay asombro en muchos cuando se tropiezan con ejemplos de cómo un régimen político puede cambiar su existencia.

En cambio The Breslau Murders usa de telón de fondo a los Juegos Olímpicos de 1936. Tanto ha cambiado Alemania que hay amenaza de que se boicotearan los juegos. Hay conciencia en el mundo civilizado que el Tercer Reich es un estado que reprime las libertades individuales, que inhibe la libertad de expresión, que ha prohibido sindicatos y huelgas y que persigue, encarcela y mata a quienes se le oponen. Por eso es que resulta absurdo que Lena y sus amigos vivan con tanta libertad y que Podolsky se niegue a entender los peligros que corren su gente, él ,y la gente que él pone en peligro. ¿Será embotamiento de borracho o acaso,  al intentar fusionarlo con el protagonista de la novela de Krajewski, la IA les falló?



Eberhard es un policía sin mucho amor por las reglas, que usa métodos a veces poco éticos, que bebe de más y gusta pasársela en prostíbulos. Ahí paran las similitudes con Podolsky.  Eberhard es un escalador social que busca estar siempre arriba y controlar su ambiente. No le molestan los nazis mientras no se metan con él y su único miedo es que el descubrir su pasado en la masonería pueda afectar sus posibilidades de acenso.

Tal vez esas diferencias sean las que expliquen la contradicción de Podolsky, su arrogancia estúpida, su desprecio por los métodos de la Gestapo cuando él los utiliza constantemente y a lo mejor, siendo Eberhard antisemita, eso explicaría el menosprecio que Podolsky exhibe hacia los judíos que se le cruzan por el camino. Incluso el Dr. Kracauer es nada más un instrumento y no duda en ponerlo en peligro.



Siguiendo con la incongruencia de la sociedad nazi de Breslau, examinemos a la misma SS. Aparte de Holz―el personaje mejor perfilado del argumento― no tenemos ningún subalterno que destaque en nada. Es como si no hubiese evolucionado Disney de los días de Hogan’s Heroes. Los Caballeros de Negro aquí siguen siendo estereotipos risibles: el forense mediocre; el ayudante robótico, el ex proxeneta y asesino que ahora quiere hacer una fortuna robándole a los judíos de manera legal (“¡Hitler es un genio!”).

Creo que ya deberíamos tener la madurez necesaria para saber que el Tercer Reich no estaba manejado por clichés cómicos. Los había ignorantes, oportunistas, y ex criminales, pero si toda la cúpula nazi hubiese sido una manga de rufianes ignaros y estólidos, no hubiesen conquistado Europa.

Otro toque interesante es el entusiasmo de las clases humildes por las políticas del Fuhrer que queda en evidencia cuando Los Podolsky comen con la cuñada de Franz y el sobrino. Es una comida desagradable donde Lena intenta saltarse  las rencillas familiares y las diferencias sociales compartiendo con el joven su amor por la poesía. Todo para que Franz, celoso, la degrade exponiéndola como tan impúdica y tosca como él.



Antes del show del pepino (ecos de Jennifer Jasón Leigh en Fast Times at Ridgemont High), la cuñada ha expresado su agradecimiento y admiración por Hitler, un hombre de clase humilde, que entiende a los pobres. Este panegírico irrita a Los Podolsky, no porque sean opositores al régimen, sino porque es un agregado más a una cena incomoda y soporífera.



Sin embargo, es importante entender el espíritu de la época y la aceptación de gente que, al no ser judíos ni de izquierda, celebraron las políticas nazistas. Basta ver en Babylon Berlin la miseria en que vivían los obreros y sus familias―ejemplarizado por el piso ruinoso de Charlotte Ritter―para ver lo que el gobierno nazi hizo por esa gente.



Durante del Tercer Reich, se construyeron edificios para las clases trabajadoras, con apartamentos más amplios, más limpios, dotados de baños. Todo un lujo. Aunque se acabaron los sindicatos y el derecho a huelga, la inmensa masa de desempleados consiguió trabajo , más o menos digno. El gobierno instituyó varias agencias para aliviar las necesidades de los más pobres. No es de sorprender entonces que el pueblo recibiese con alborozo a HItler y cerrase los ojos a la represión que exigía el vivir un poco mejor.

Medicina en el Tercer Reich

La aparición del forense mediocre que reemplaza al Dr. Kracauer, podría haber sido un momento para explicar que en la Alemania Nazi, las ciencias, incluyendo la medicina, habían sido depuradas de elementos judíos. Eso incluía la psicología de Freud (tan admirado por Inga Eissmann) tal como las teorías del criminólogo Cesare Lombroso.

Sin embargo, esta fue la gran época de la medicina forense alemana. Para los médicos nazis―totalmente carentes de ética―todo cadáver, fuese de un comunista fusilado, un judío gaseado o un niño ario con problemas mentales, servía para experimentos. Se les despezaba en honor a la medicina nazi que buscaba respuestas para el comportamiento criminal del muerto tal como motivos para explicar sus políticas étnicas o evitar la procreación de seres inferiores. Un verdadero forense de la SS hubiese querido llevarse el cuerpo de Blumenstein para examinarlo.



Lo que la serie nos enseña fue un tema ya explorado en  otros shows como Charite,  World on Fire y hasta en El Cisne Dorado. Ese miedo que existía en el Tercer Reich hacia las enfermedades fuese las ulceras de Himmler o una alguna tara familiar que pudiese ser heredada, era real y terrible.



 Debido a eso, Los Holz han ocultado la patología de su único vástago. Lo de Jurgen solo lo conocen sus padres y su psiquiatra, la freudiana Inga Eissmann.  Lena también necesita terapia, y su narco dependencia ya no pasa del “uso social de drogas”  Podolsky se define como borracho, ¡Qué bonita familia! ¿Así quieren encargar un hijo?

                                                Jurgen Holz

Polacos y Gays: La anti diversidad de los nazis

Tratándose de una serie polaca debería haber más énfasis en la animosidad que había entre Polonia y Alemania. Apenas tenemos una visita del embajador a Breslau para amenazar con boicotear las olimpiadas. Vemos a la delegación olímpica metiendo bulla en las calles de la ciudad y arrastrando a Franz, ya borracho, a su francachela que está salpicada de insultos hacia los alemanes y los nazis.

                                La delegación olímpica polaca

Nos preguntamos si Podolsky sobrio  los hubiese seguido y hubiese cometido el faux pax de ponerse el blazer del equipo. Ni hablar de vomitarle las botas a Himmler. Para el espectador lego, esto es solo una manifestación de gente basta e ingrata con el buen recibimiento que se les ha dado , por hipócrita que este sea.

                      Himmler vino a Breslau a ver a Podolsky vomitar

Hubiera sido interesante que se hablase de los planes de Hitler para Polonia expresados en Mein Kampf. Estos abarcaban su deseo de apoderarse de la nación polaca incrustada en el rumbo que el Tercer Reich se había trazado para su Lebensbraum, la ampliación de la nación aria hacia el Este. Con eso se entendería el odio polaco y el desprecio teutón.

Tenemos el conflicto eterno en Silesia entre germanos y eslavos, pero esta serie de tramas aglomeradas no llega a explicar bien como ese conflicto ha adquirido tonos dramáticos en el Tercer Reich. Cuando Ágata Holz expresa su desprecio por la inferioridad racial de Franz Podolsky asume el espectador lego que se trata del descrédito que merece un policía tan desprolijo y poco amigo del reglamento no de un racismo que se ha vuelto política de estado.

Nunca se llega a entender que las políticas raciales del nazismo contemplaban un triple genocidio: judíos, gitanos y eslavos y que casi se llevó a cabo. De ahí mi indignación cuando se mal usa el término “genocidio” para definir la tragedia de Gaza.



Sabemos que en el paraíso hitleriano no había cabida ni para el multiculturalismo ni para la pluralidad y en eso entraba en juego una lucha en contra de las libertades sexuales de la república de Weimar desde transgéneros que circulaban públicamente en drag hasta revistas y cine pornográfico que era considerado artístico. De eso hablé en mi reseña del documental ElDorado.

Los nazis no se tragaron el adjetivo “artístico”. En l famosa quema de libros del 33, junto a los tratados de Freud y la poesía de Heinrich Heine, ardieron libros y revistas consideradas “pornográficas” por los nazis. Los transgéneros que en el previo gobierno se habían inscrito en las comisarías para poder salir a la calle, vistiéndose de acuerdo al sexo que creían pertenecer, se encontraron ahora en una peligrosa lista negra.

                             Destrucción de revistas de caballeros

Barens no miente cuando le dice a Podolsky que acabará junto a “comunistas y sodomitas” en un campo de concentración. Para 1936, Buchenwald, Dachau y otros campos cuyos nombres vivirán en la infamia, tenían como prisioneros a disidentes (muchos de ellos judíos) ,criminales comunes y los que caían bajo la Ley de Vagancia, léase un lumpen de mendigos, homeless, alcohólicos, drogadictos y lo que se conocía como “desviados sexuales”.

Desde la subida de Hitler al poder que la vibrante diversidad sexual alemana cesó de existir. No solo los gays eran arrestados, sus espacios como bares, restaurantes y cafés también fueron clausurados. por eso es que resulta absurdo que en Breslau exista un café donde todavía frecuentan homosexuales en busca de pareja.

Aunque no habría tanta persecución de lesbianas como de homosexuales y trans en el Tercer Reich, desde 1936, el campo de detención de Moringen comenzó a recibir a lesbianas muy notorias bajo el cargo de ser “antisociales”. Ahí es donde Holz espera mandar a la psiquiatra de su hijo. Ya Inga llama la atención por vestirse de varón.



La serie nos deja en claro quiénes son los enemigos del Reich: comunistas, homosexuales, polacos/eslavos y, por sobre todo, judíos. De estos últimos hablaré la próxima semana.