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martes, 1 de noviembre de 2022

Cuando la Guerra Fría se Congeló: Decadencia de las miniseries de espionaje

 


Estoy intentando ver Kleo, la nueva serie alemana en Netflix. Todo lo que saco en claro es que la mediocridad que afecta al género de espionaje anglo se le ha contagiado al producto europeo. Lástima,  porque desde Los Sesenta que cine, televisión, y literatura,  fascinaron con sus relatos de agentes secretos y traidores vendepatrias.

Kleo no tiene pies ni cabeza. Supuestamente narra los esfuerzos de una espía de la Stasi por descubrir, a fines de la Guerra Fría, quien la traicionó. La protagonista quiere ser Villanelle, pero le faltan el  talento y la belleza de Jodie Comer más la estrambótica, pero simpática personalidad de la sicaria rusa de Killing Eve. Su único vínculo en común es que son psicópatas. En Kleo el humor es forzado, los personajes repelen, y todos son feos. Típico producto que ofrece Netflix.



Tengo entendido que, con sus problemas económicos , Netflix está obligada a comprar solo lo barato. Lo que se traduce en raspar el fondo del barril del mercado de series extranjeras. Aun así,  asombra la chabacanería y mediocridad de una serie que tiene mucho de prometedor comenzando por ser parte de un universo que siempre generaba éxito y dividendos.

El género  comenzó precisamente durante la cúspide la Guerra Fría (1949-1989) en su momento más crepuscular, Los Sesenta. En las librerías se aglomeraban las obras de John Le Carre, Len Deighton, a las que más adelante se les uniría el estadounidense Tom Clancy. Incluso autores que no eran parte del género jugarían a serlo como Leon Uris (Topaz) y Graham Green (Nuestro Hombre en la Habana).  Al lado de esos agentes lecarrianos, cínicos amargados con gabardinas raídas,  arriesgando sus vidas en callejones del Berlín Oriental, tendríamos al epitome del espía sofisticado con el Comandante Bond conocedor de mujeres y de martinis.

La popularidad del género se hizo universal al ser llevada la literatura a la pantalla en filmes hoy clásicos. Una ristra de actores-caballeros se harían famosos dando vida a ases del espionaje. Sir Alec Guinness fue Nuestro hombre en La Habana, Sir Michael Caine interpretaría un espía delincuente y proletario en La Trilogía de Harry Palmer,  y Sir Richard Burton sería el espía que vino del frio. En cuanto a James Bond sus primero interpretes fueron Sir Sean Connery y Sir Roger Moore.



Si he hablado más del modelo británico es porque fue el mejor y más exitoso. Y es precisamente donde se han notado recientemente las mayores falencias. Si los estadounidenses en este siglo han perpetuado en la televisión el modelo cliché (Panam); o fabricado una crónica histórica apoyada de un revisionismo respetuoso (The Company)  o crearon un fenómeno con su historia de una familia de agentes rusos infiltrados en la suburbios de Los Ochenta (The Americans); los británicos le van al mea colpa indebido, a la exoneración del enemigo,  y a una traición motivada por mezquinas envidias de sus aliados.

No me molesta verles el rostro humano a los espías rusos. He derramado mis lagrimitas en el cine con Bridge of Spies y The Courier. Lo que me revienta los ovarios es el “quizás nos equivocamos de aliados” o ”es que los americanos eran tan paranoicos”.  Las series inglesas poyan estos argumentos con falacias y exageraciones, cuando el solo decir que sería bueno aliarse a la órbita soviética de donde tantos querían huir,  demuestra ya poco criterio.



En cuanto a la “paranoia” gringa, sabido es que hubo infiltración soviética en las altas esferas británicas (hasta en el Palacio de Buckingham como nos lo mostró The Crown) desde los días de Reilly, el As de Espías. La sola existencia de Los 5 de Cambridge (que eran más de cinco) demuestra lo vulnerable y descuidado  que fue el Servicio Secreto Británico con su información y la seguridad de su reino.

Fueron precisamente los 5 de Cambridge los que abrieron esta era de faux revisionismo que ha afeado  al buen thriller de espionaje británico.  A pesar de que la BBC había creado excelentes adaptaciones de le Carre con Sir Alec Guinness como George Smiley, no había entrado todavía en la etapa en que La Guerra Fría fuese un pasado ni siquiera nostálgico. Seria en el 2003 que se lanzó con una dramatización de los cinco espías más famosos de la historia del Reino Unido.



A pesar de que me fascinan los Cinco de Cambridge,  sobre todo Kim Philby,  y que lo interpretaba uno de mis favoritos Toby Stephens, la serie me dejó fría. No supo explicar las razones para que cuatro miembros de una elite privilegiada aceptasen traicionar a su patria. El comunismo de los cuatro nunca se sintió patente. Tampoco el daño que causaron a su país. Ni siquiera nos quedó claro quién era el ‘quinto, a pesar de que Guy Liddell y John Caincross aparecen en los cuatro episodios.

Mas encima tenía unos anacronismos dignos de The Beauty Queen of Jerusalém como judíos siendo perseguidos y encarcelados en Viena ..¡en 1934! En general se sentía como un “blanqueamiento” de personas tan soberbias que creían hacerle un bien a Inglaterra siendo topos de los soviéticos sin percatarse del daño que provocaban. En suma, se trató de una idealización de vendepatrias descritos como “idealistas”.

                           Los verdaderos 5 de Cambridge

Esta actitud de “los americanos son malos, nosotros somos bobos, quizás los rusos sean buenos” reapareció en la irritante “The Hour” en el 2011, pero tomó vuelo en media docena de dramas de espionaje en los Cincuenta y Sesenta que nos han brindado la BBC y la ITV en los últimos cuatro año. ¿Es coincidencia que en un Reino Unido woke y radicalizado del post-Brexit se creen estas patrañas que,  aparte de colmadas de falencias históricas,  son aburridas y mal hechas? Yo entiendo que un país denuncie a su sistemas de inteligencia y que acepte responsabilidad por los actos nefastos de sus agencias gubernamentales, pero como todo en la Era de la Cancelación,  la visión del mundo del espionaje durante La Guerra Fía es totalmente maniquea.

TRAITORS

La nefasta transformación del género llegó en el 2019 con Traitors que puede verse en esa plataforma de basura que es Netflix. Emma Appleton es Fiona “Feef” Symmonds, una zorra de clase alta que descubre con pavor que la guerra ha acabado. Eso significa que su amante, Peter, un oficial americano, volverá con su esposa y ella deberá volver a su casona ancestral a vivir el tedio de ser una aristócrata rural y más encima empobrecida.



Para evitarlo Feef se consigue un empleo de archivista/secretaria en Whitehall. Esto atrae el interés de Rowe ( Michael Stulhbag de Fargo, Boardwalk Empire), el jefe de Peter quien recluta a Feef para investigar la posible presencia de un agente soviético en las altas esferas. Para eso la convence de cambiarse a la oficina dirigida por Priscilla Garrick (Keeley Hawes en una caracterización de solterona feúcha y reprimida) .



Rowe también recluta a Jackson, un chofer afroamericano harto del racismo que ha vivido en el ejército. Rowe está interesado en Hugh Fenton (Luke Treadway el Dr. Frankenstein de Penny Dreadful) un novato miembro del parlamento y empuja a Feef a seducirlo. Estos cuatro personajes se pasean por una serie tan inverosímil que insulta nuestra inteligencia. Los americanos son puercos o dementes como Rowe; los ingleses son ineptos y retorcidos (por favor, todo el episodio sobre el Mandato de Palestina es una sarta de mentiras) y los rusos, pobrecitos ellos que deben luchar contra imperialismos colonialistas y democracias corruptas.



Desde el primer instante,  sabemos que Rowe es el villano, que aparte de proteger los intereses de su país, protege los propios. Recién acabada la guerra, ya presiente la menaza de un nuevo enemigo que no atacará de frente prefiriendo la infiltración como medio de supremacía. Hay que luchar contra los rusos usando sus propias armas. Para los cercanos a Rowe,  este sufre de delirios paranoicos con los que intenta evitar el cierre de su oficina (la OSS) ahora que ya no hay conflicto y no se necesitan  agentes.

Al parecer la locura de Rowe y su fiebre antirrusa,  datan de un incidente en Bucarest tras la ocupación soviética. Un error del agente provocó una masacre de sus colaboradores. Para convencer a Feef le cuenta horrores de los rusos incluyendo la estela de violaciones masivas cometidas a su paso hasta Berlín, y durante su estadía en esa ciudad.

Yo tuve que apretar el botón de “pausa”. Es cierto que Rowe está un poco deschavetado y que es implacable en lo que concierne a conseguir sus objetivos, pero.. a) La OSS se convirtió en la CIA precisamente con conciencia de que la Unión Soviética era un enemigo cuyos movimientos debían ser vigilados; b) había topos soviéticos en casi todos los ministerios británicos y c) la violación masiva perpetrada por el Ejército Rojo es un factor histórico comprobado en base de testimonios de testigos,  victimas e incluso de los mismos rusos (recordemos el tristísimo poema de Solzhenitsin “La noche prusiana”)

A Feef le importa poco si Rowe miente o es un demente. No tiene ideales ni posturas políticas, solo quiere alejarse de su familia y vivir una gran aventura. En eso contrasta con su “objetivo”. Fenton es idealista hasta el punto de que no ve las realidades. También está un poquito loco ya que sostiene pláticas imaginarias con un camarada que murió en el Desierto de Libia.

Tan ingenuo y despegado de la realidad es Fenton que, aunque se confiesa inveterado socialista,   no excluye la posibilidad de hacerse comunista algún día. Su afán de crear una nueva Inglaterra con un estado benefactor lo hace ciego a las órdenes de sus superiores del Partido Laborista. Es incapaz de comprender que Gran Bretaña está en bancarrota y que la única manera de poder establecer ese estado soñado es con dinero yanqui.


Fenton teme que su país quede endeudado por años. No se da cuenta que ya tienen una deuda tremenda con USA. Que Roosevelt arriesgó su prestigio y su gobierno (y acortó su vida) convenciendo a una nación y congreso aislacionistas de pasar el Lend Lease Bill que proveyó al Reino Unido de material bélico.  Cuando Jarvis le dice a Rowe  “Uds (los americanos) nos están salvando” se supone que es una ironía, es una realidad y negarla es ingratitud.

A medida que Feef descubre que el espionaje no es una aventura glamorosa y que se ve presionada a cometer actos desagradables, comienza a abanderarse no solo con la Unión Jack sino también con el gobierno de Attlee. Cuando el superior de Rowe cuenta que los ministerios británicos están llenos de topos (ciertísimo, el mismo Jarvis comunica sus sospechas a un agente de MI5 llamado Kim Philby, el traidor más grande de la historia británica) Feef reacciona inconsecuentemente defendiendo las políticas sociales de la administración laborista.

Ya da risa cuando creyéndose astuta dice que la razón por la cual Estados Unidos pretende obligar al Reino Unido a acabar con su imperio colonial es porque este es  más poderoso con sus colonias. La decisión de acabar con el colonialismo británico no apareció de la nada en 1945. Churchill y Roosevelt incluyeron esa cláusula en La Carta del Atlántico (1941). El Primer Ministro Británico exigió entonces que Estados Unidos también diese la independencia a Las Filipinas.



Segundo, Feef se nos revela como una imperialista de la vieja escuela puesto que la gran mayoría del imperio quería ser independiente. Tercero, ¿qué poder representaban las colonias británicas si en menos de un mes Japón se tragó todas las del Sur de Asia, llegando hasta la frontera de la India?  y si no fuera por los americanos los japoneses se hubiesen apoderado de Australia.

Además de estúpida, irresponsable y frívola, Feef se hace más antipática por culpa de su interprete. Emma Appleton es pésima actriz. mueve la cabeza como si tuviera Parkinson, sus ojos saltones siempre están a punto de salirse de sus orbitas y en momentos de crisis solo sabe poner expresión entre aterrada o estreñida.



Lo que hace Traitors es imponer un esquema de cómo se tratará el drama de la Guerra Fría de ahora en adelante. Primera regla,  presentar a la CIA y sus equivalentes como al servicio de los americanos “millonarios quienes eligen quien debe ser el Presidente de USA”. ¿En serio? ¿Ellos eligieron a Obama, Clinton y Jimmy Carter? Segunda regla, los agentes de MI5 o son ineficientes o son más cerdos que los americanos. Tercera regla, el agente/protagonista permitirá que su vida personal guie sus pasos, desobedecerá a sus superiores,  y dejará estelas de cadáveres tras de sí o generará más problemas a sus colaboradores que a sus enemigos.  El verdadero enemigo de la felicidad de los individuos de países angloparlantes parecieran ser los servicios secretos.

SUMMER OF ROCKETS

En el mismo 2019, la televisión británica volvió a la carga con otro cuento de espionaje en la alta sociedad. Summer of Rockets es un proyecto de Stephen Poliakoff por lo tanto es más liviano y satírico que Traitors. Además, se supone que es un proyecto personal puesto que cubre una anécdota sacada de la vida familiar del autor.

Estamos en el verano de 1956, un verano londinense que se caracterizó por dos sucesos: un cohete estadounidense que nadie sabía dónde iba a aterrizar,  y el que fuese el último año en el cual las jovencitas de la alta sociedad fueron presentada a su Reina. Estos dos sucesos van a jugar parte importante en la vida de Hannah Petrukhin, una adolescente judía que está aterrorizada ante la posibilidad de que el cohete vagabundo aterrice sobre su cabeza. Mas terror le inspira la presentación en la Corte Isabelina y todo lo que conlleva ser una debutante.



Si Poliakoff hubiese cifrado su cuento en Hannah (Lily Sacofsky la Esther de Sanditon) le hubiese quedado que ni pintado por Rubens, pero como mentalmente es tan desorganizado como Servidora,  prefirió hacer un pastiche de espionaje,  conspiraciones neofascistas,  misterios familiares, etc.. El resultado es que confunde y aburre al espectador.



Se alza el telón en las famosas carreras de Ascot.  Samuel Petrukhin (Toby Stephens) de frac y chistera viene arrastrando a su familia y a su socio afroamericano también de chistera (ya parecen cocheros)  que arrastran cestas de picnic. Quieren entrar al Palco Real, les impiden el paso. Petrukhin insiste en que están invitados…. Nunca sabemos si los dejaron pasar o no, puesto que los vemos un poco más tarde despatarrados en el pasto comiendo sándwiches. Las pobres mujeres con sombrerazos (típicos de Ascot) y vestidos con falsos almidonados como era la moda,  no vienen equipadas para un picnic campestre y se ven incomodas.



Entonces el pequeño Sasha (un adorable Toby Woolf)  practica uno de los muchos actos de desaparición que hará a lo largo de la serie. Todos corren buscando a Sasha que es recuperado por Mrs. Katherine Shaw (una Keely Hawes exquisita) , una gran dama de sociedad. Katherine los presenta con su esposo que resulta ser Richard Shaw (Linus Roach), miembro del parlamento y celebre héroe de guerra.



Los Shaw simpatizan con Los Petrukhin y los incorporan a su círculo social. Esto le viene bien a Samuel que tiene una obsesión, ser parte de la elite. Hijo de un refugiado de la Rusia estalinista, Petrukhin ha hecho una fortuna moderada gracias a la creación de aparatos para gente con problemas auditivos.  Entre sus clientes se cuenta Winston Churchill y ahora la tía Mary (Dame Claire Bloom) , parienta de los Shaw.



La última invención de Petrukhin es un localizador de personas, lo que en los 80 llamábamos beepers. Esto lo hace muy atractivo a la gente que conoce en casa de los Shaw. Todo parece ir de acuerdo con los planes de Samuel, un buen hombre, pero tan esnob y pomposo que no repara en el daño que su arribismo está provocando en sus hijos. Embute al inocente Sasha en una de esas horripilante escuelas tipo Gordonstoun, donde el pequeño sufre tanto como el Rey Carlos III.

A Hannah la embarca en un curso de etiqueta, presentaciones, bailes y humillaciones constantes sin reparar que es una chica poco sociable que vive con la nariz metida en libros y periódicos y que le interesa más lo que ocurre en el mundo que aprender a hacer reverencias. Tanto Hannah como Sasha encuentran refugio en la cariñosa Kathleen que oculta un secreto. Hace cinco años de la misteriosa desaparición de su único hijo.



Todo esto ya sería suficiente para trabajar un buen argumento, pero Poliakoff no resiste la tentación de introducir el tema del espionaje. En la vida de Samuel aparecen unos extraños duendes, se dicen agentes de MI5 y lo reclutan para espiar a los Shaw y a sus amistades. A cambio le ofrecen un jugoso contrato con la Real Fuerza Aérea que está interesada en su localizador. Si se rehúsa, arruinarán su negocio que ya está bastante abollado.

Como Samuel no es espía,  y es bastante torpe, pronto lo descubre Lord Wallingdon ( Timothy Spall) , un asiduo visitante a las reuniones de los Shaw. Wallingdon le revela a Petrukhin que los agentes que lo han contactado trabajan en realidad para la Unión Soviética. Petrukhin no sabe a quién creerle: Sasha huye de la escuela, Hannah huye de la casa, Petrukhin se está enamorando de Katherine,  y su vida está en peligro.



Ya al final,  le tomé el gusto a la serie. Me caían bien Sasha y Katherine, pero el cuento de los espías a la par de inverosímil era aburrido. La tesis de Summer of Rockets es que en el Reino Unido operaba un círculo de aristócratas resentidos cuyo nacionalismo fascista era más peligroso que el comunismo. Sin negar lo peligroso de uno tampoco se puede creer que los del otro bando eran los buenos. Summer of Rockets fue muy poco apreciada por crítica y público en Inglaterra. Curiosamente ningún streaming importante ni canal estadounidense la compró. Yo ahora he podido verla gracias al Canal Roku. En Sudamerica la pasó Film&Arts.

SPYCITY

En el 2020, esta fascinación con la Guerra Fría nos trajo la insoportable SpyCity  (AMC)cuyo mayor defecto es su protagonista. Dominique Cooper es feo, trabaja mal y desde que interpretará a Ian Fleming que se cree James Bond. Ahora interpreta un personaje que se parece al Comandante Bond. El Capitán Fielding Scott es un reconocido agente de MI5 que ha caído en desgracia. Hace un par de años mató en un baño de Berlín a otro agente llamado Haldane. Nadie le cree que lo hizo en defensa propia. Su prestigio y apoyo de algunos de sus superiores le ha evitado un juicio deshonroso, pero lo tienen relegado a un trabajo de oficina.

Manfred Ziegler, un famoso científico de la Alemania del Este, quiere huir a Occidente con su esposa e hija, pero exige que su rescate sea dirigido por su amigo de la infancia, Fielding Scott. Fielding sale del cuarto de escobas y es enviado a Berlín. La defección de Ziegler es tan importante que el operativo involucra a la CIA, y a los servicios de inteligencia franceses que envían a Severine Bloch a representarlos. Madame Bloch ha sido amante de Scott y vuelve a serlo. Eso me arruinó de la serie, porque la actriz es fea, trabaja mal, anda mal vestida, el personaje es antipatiquísimo y no se entiende por qué Scott sigue con ella ya que tienen tanta química como un cocodrilo con un dinosaurio.



En Berlín, Fielding comete una serie de burradas que acaba con una masacre de la Familia Ziegler. Scott vuelve a caer en desgracia y comienza a operar sin seguir órdenes. Fielding acumula tareas, debe descubrir quien delató la defección de los ZIegler, quien estuvo detrás de la muerte de Haldane, debe encontrar al torturador nazi que mató al esposo de Severine y hasta combatir una chantajista en su oficina.

Los esfuerzos de Scott son una sarta de metedura de patas que deja una estela de cadáveres tras de él (cuatro de ellos mujeres incluyendo una nenita).  Lo extraordinario es que, a cada rato, alguien le da pistas al torpe Fielding de que se avecina una división total de Berlín que devendrá en el famoso Muro y él no le hace caso. La escena final de Fielding intentado pasar las barricadas soviéticas en un vano intento por rescatar a dos de sus ayudantes (mujeres, por supuesto)  nos deja claro que la serie aparte de misógina le hace un flaco favor a Mi5 y a sus agentes.

La CIA aporta dos agentes al cuento: uno es un ex camarada de batalla de Scott. Es gay lo que lo hace vulnerable a chantajes y acaba recibiendo una bala dirigida a Fielding. Su jefe es un inútil inofensivo al que Scott erróneamente cree ser un “topo” de la KGB. Los rusos son vistos como entes peligrosos, pero corruptos. En cambio, la Stasi es un equivalente moderno de la Gestapo y no sorprende que contraten a criminales de guerra salidos de esa organización.



IPCRESS FILE

Mucho más equilibrada les quedo a los de la ITV su adaptación del Ipcress File de la que ya he escrito una reseña. La recomendé y la sigo recomendando porque es lo mejorcito de esta extraña cosecha de espías que ya no saben para que bando deben trabajar Eso no quita que tenga sus bemoles. Lo mejor de la serie sin duda es el Mayor Dolby,  el personaje de Tom Hollander que no solo se beneficia de tan buen actor, sino que además presenta más matices que los que le diera Len Deighton.

Como en el libro y en el filme original, Dolby termina traicionando a sus superiores y a su país, pero ahora tiene un motivo fuerte: el amor. Todo lo hace para proteger a una científica rusa (Interpretada por la gran actriz checa Anna Geislerova) de la que se ha enamorado. Resulta que la buena pieza rusa es una equivalente femenino a “los agentes Romeo”. Por suerte los leales asistentes de Hollander descubren la trampa y rescatan al jefe.



Si esta fue la mejor subtrama intercalada, la peor fue la del agente de color de la CIA. Aparte que la CIA no contrataba afroamericanos en los 60 (ni judíos) resulta extraño ver a un miembro de una raza oprimida siendo tan leal a una agencia de la raza dominante ocupada en experimentos de lavado de cerebro y otras lindezas. Pero espérense tantito.  Paul Maddox es además parte de un subgrupo dentro de la Compañía que ya huele a fascismo. Lo hace motivado por el odio que siente hacia JFK (WTF?). Incomprensible con todo lo que Kennedy hizo por los Derechos Civiles.

Lo que pasa es que Paul está lleno de rencor por el abandono que el presidente hizo del comando que desembarcó en Bahía de Cochinos. A ver, paren un poquito. Lo que sé es que en ese desembarco en Cuba solo participaron exiliados cubanos, y Maddox no lo es. Lo cierto es que si hubo un mínimo de estadounidenses. Dos fueron fusilados en Pinar del Rio por las fuerzas castristas, y cuatro aviadores murieron durante el mínimo enfrentamiento aéreo. Aun así, seria menos descabellado que el personaje fuera cubano, por muy inclusivo que sea Paul.



El Drama de Espionaje en la Televisión Continental

No hay partidarismo de mi parte que motive esta nota. Solo sorpresa de que la televisión inglesa sea tan antiamericana, después de todo lo que este país ha hecho por ello y que si algo se puede decir de la población estadounidense es que,  en general,  es anglófila.

Por otro lado, me incomoda que en el esfuerzo de denigrar los servicios de inteligencia occidentales se blanqueen los defectos soviéticos o las atrocidades estalinistas. Algo que denota irresponsabilidad histórica. Como ejemplo podemos ver como el drama de la Guerra fría es puesto en escena en otras naciones.

En la excelente Shadowlines, vemos los manejos retorcidos de americanos y soviéticos en a Helsinki de Los Cincuenta. Sin embargo, la agencia finesa que protagoniza este relato no es muy diferente a ellos. Su excusa es que ellos no están usando a Finlandia como lo hacen CIA y KGB sino defendiéndola,  incluso de peligros interiores como un auge de neofascistas y un presidente impresentable.



Lo mismo en Gloria donde no se sabe quiénes son peores,  si el represivo y colonialista gobierno de Oliveira Salazar, si los estadounidenses que lo apoyan,  o si los soviéticos que buscan destruirlo. El protagonista, un producto de la elite portuguesa, ha sido reclutado como ‘topo”  para infiltrar RARET, la radio estadounidense que transmite propaganda a la Alemania del Este.

Joao nos cae mal, vive utilizando gente , sobre todo mujeres, muchas de las cuales pierden la vida o quedan deshonradas por su culpa. En eso se parece a Fielding Scott.  Vemos que los agentes rusos son tan torturadores como los lusitanos. En cambio, los americanos son más decentes. No importa mucho porque al final descubrimos que Joao trabaja para su beneficio y es motivado por algo sublime: el amor. Como el personaje de Tom Hollander en Ipcress File su traición se basa en lealtad a la mujer que ama. La diferencia es que el Mayor Dalby traiciona a su reina y Joao a los soviéticos.



Ni en Gloria ni en Shadowlines tenemos esa llantina incesante de sus equivalentes británicas, con quejas sobre superiores estrechos de mente y aliados que humillan con su apoyo. No hay un “los americanos son malos porque les tenemos envidia” y “quizás los rusos no sean tan malos después de todo” que resulta tan insoportable. No encontramos una equivalente en ninguna serie continental sobre la Guerra Fría ni siquiera en las alemanas.

Si bien las muchas Deutschland, El Mismo Cielo y Weisensee nos muestran como el capitalismo y el consumismo afectan negativamente a la Alemania Federal ( y a la del Este una vez se unan), no expresan un odio por los servicios de inteligencia useños como las tienen los ingleses. En Weisensee que es después de todo una soap opera aparece una visión idealizada del agente de la CIA.

En 1980, Robert, un joven estadounidense decide ayudar a Julia, una chica del Berlín Oriental,  a cruzar El Muro. El plan fracasa y ambos son arrestados. Robert es torturado por la Stasi. La embajada logra rescatarlo, pero debe abandonar suelo alemán sin enterare de lo que puede haber sucedido con Julia.

                                       Robert en manos de la Stasi
 Años más tarde, Robert descubre que Julia, tras salir de prisión, fue asesinada por Falk Kupfer, el mismo mandamás de la Stasi que lo torturó. Tras la unificación de Alemania, Robert regresa a Berlín convertido en un flamante agente de la CIA quien puede darse el lujo de chantajear a Folk que está tratando de ocultar su pasado criminal.

                              Robert agente de la CIA

La CIA también tiene representación positiva en la excelente serie húngara A Besugo. No solo sus agentes han reclutado a Adele Horvath, la estrella de Las Juventudes Comunistas. Gracias a ella llegan al disidente líder estudiantil Szava Szolt. Cuando la policía húngara se dispone a arrestarlo, Szava decide irse a America bajo el amparo de la CIA que además le ha ofrecido una operación que le salvará la vida.

                                  Szava vence a Adele en el debate.

Lástima que sea en países que fueron víctimas del comunismo,  de agentes de la KGB y de sistemas represivos locales,  los que den una imagen (no benévola que es imposible), pero menos negativa de los servicios de inteligencia americanos que la que aparece en las versiones occidentales y principalmente las hechas en suelo británico.

El tema del espionaje en la Guerra Fría reaparecerá este otoño y en el 2023. HBO esta filmando en Rumania MasterSpy, la historia de la defección del mejor agente de Ceaucescu . Entretanto el mismo canal premium nos traje desde la semana pasada, García, la nueva producción española (de MAX) que nos cuenta las aventuras de un agente secreto perfecto creado en los laboratorios franquistas en plena Guerra Fría que es descongelado en el Siglo 21. Veremos como tratan el tema y si caen en los mimos errores del producto británico.

 

jueves, 16 de mayo de 2019

Malena en Forest Hills y la TV Primaveral (2019)



¡Hola! Hora de sacar de la portada de este blog el rótulo de “Malena Homeless”. Primero porque, aunque las vueltas de la vida pueden cambiarlo todo, ya tengo casa. Segundo, porque si compartí con ustedes mi noche oscura llena de terrores (¡oh, Melisandre requiescat in lux!), también tengo que compartir cuando se prendió la luz y, por último, porque es un ejercicio para la memoria recordar cada ladrillo amarillo que esta Dorothy ha recorrido antes de llegar a Oz. Pero como este blog es un confesionario de adictos a las series, también les contaré que ha estado la Gata Seriefila viendo este tiempo.

Pues antes de dejar el departamento, entregar mi servicio Spectrum, y embalar mi tele de dos mil canales, terminé de ver la tercera temporada de “True Detective”, sin duda la mejor y las más diferente a las anteriores. Aquí no hubo crímenes asquerosos, ni villanos psicópatas, ni detectives medio locos, a pesar de que el protagonista, que comienza la historia como un veterano de Vietnam cargado de traumas, la acaba luchando contra el Alzheimer.

Si vieron a Mahershala Ali en “The Green Book” todavía puede impresionarlos más en el rol del detective Wayne Hays que, aun marcado por sus experiencias en las junglas de Indochina, en 1980 se obsesiona con solucionar el crimen de dos hermanitos. Si alguien se pregunta como un actor que recientemente ha aparecido en la escena puede ganarse dos Oscares en menos de cinco años, después de verlo como Hays, un hombre que gracias a su investigación crea una familia y forja una amistad para luego casi perder ambas por su obsesión, se preguntarán como alguien podría negarle a Mahershala un Emmy por este trabajo.


En la Posada del Ancla
Volviendo a mi saga, el 28 de marzo, una semana antes de que acabase el caos en mi casa, y creyendo que mi hermano se reuniría conmigo en un par de días, partí con un equipaje de dos maletas, dos bolsones y mi notebook al Anchor Inn en Bayside. Un tip para quien venga a Nueva York, no desee gastar mucho y busque un lugar tranquilo carca de todo, Bayside queda a mitad de camino entre Manhattan y las playas de Long Island. El transporte público está al alcance de la mano. El Anchor Inn es tranquilo y seguro, a pesar de que está a un par de cuadras de Bell Boulevard, una arteria comercial llena de tiendas y restaurantes de todos los tipos.

Por menos de cien dólares (si viajan solos o en pareja, un cuarto doble les cuesta unos $30 más) los huéspedes reciben un cuarto grandemás grande que los de los hoteles de custro estrellas y en Queens no hay de cincocon un decorado muy bonito,  tipo shabby chic, un baño privado con ducha, todo muy limpio, desayuno gratis, televisión, estacionamiento gratis y bajo techo, y la mejor señal de wifi que he tenido desde que llegué a USA.

La diferencia está en que el Anchor es una inn (posada) entonces no tiene piscina (aunque si un bien equipado gimnasio), ni salas de conferencias, ni salón de baile, ni cafetería, ni restaurante, ni te traen la comida a la pieza, pero a mis ojos, era un lugar muy completo. Sobre todo, tenía lo que yo necesitaba tranquilidad y gente amable y cariñosa a mi alrededor.

Entre las referencias sobre la posada encontré un comentario despectivo de que el sitio es una parada para homeless. Es cierto que las primeras dos semanas, conocí gente que estaba a mitad de camino, o buscando casa, o esperando les tuvieran lista la suya, o a la espera (la mayoría eran adultos mayores) de ser admitidos en asilos o lo que se llama aquí “assisted living facilities” que son departamentitos dentro de comunidades para gente de la tercera edad. Todos compartieron su historia conmigo, todos me dejaron contar la mía, y todos me dieron buenos y sabios consejos.

Nuestro punto de encuentro era el desayuno que servían en una sala común. Me dicen “en el Best Western te dan fruta; ¡en el Adria te dan todo tipo de zumos, en el Hotel de Point te sirven huevos con tocino!” Bleeeh! Este desayuno tipo continental era abundante y sabroso. Tenían muffins de arándanos, dos tipos de pan (bollos y bagels), una tostadora eléctrica, mantequilla, queso crema y dos tipos de mermelada. También había yogures variados, tres tipos de cereal, más avena que te preparabas con leche caliente. Es cierto que solo servían jugo de naranja Tropicana (mi úlcera me prohíbe los cítricos), pero a cambio, tenían una máquina que servia té, chocolate y hasta café descafeinado y… ¡oh maravilla! una waflera. ¡Gatos seriefilos, Malena aprendió a hacer wafles!

Yo pronto me hice un régimen diario. Levantarme temprano, desayunar en compañía, trabajar un poquito (en el cuarto había una mesa grande y cómoda para instalar un laptop e incluso mi teclado).  A la hora de la limpieza, me iba al lobby a leer. Aunque en el Anchor tenía cable (una gracia que no tienen muchos hoteles de 4 estrellas es que tenía canales satelitales) vi poca tele. Lo que si vi fue “Mrs. Wilson”. ¡Que fiasco!  Pobre Iain Glen, fue lo único decente de esa historia.

Me he dado cuenta de que las series de la BBC, con su empeño en ser políticamente correctas, están haciendo los argumentos densos y tortuosos no por lo que sucede, sino por el modo en que las protagonistas actúan y reaccionan: Me ha ocurrido con tres series inglesas este mes: “Mrs. Wilson”; “Traitors” y “Gentleman Jack”.  Ni hablar de “Killing Eve” que solo la veo por Villanelle que, como es psicópata, arrasa con todas las sensibilidades modernas.
Reunion de Señoras Wilson en el funeral del poligamo

La pobre Ruth Wilson interpretó a su abuela de manera tan enigmática que nunca pude sentir lástima ni cariño por un ama de casa que,  tras perder a su adorado marido,  descubre que es solo una más en la larga lista de “Señoras Wilson” Nunca llegué a saber si Alec Wilson (“Ser Jora” Glenn) tenía tantas familias porque eso ayudaba a su labor de espionaje, o por que precisamente el ser espía le daba carta blanca para coleccionar esposas. Una serie que no voy a recomendar.

Así se fue pasando marzo y entramos en abril. Mi hermana me sacó a comer en la primera semana, y mi hermano se daba vueltas, y yo incluso, el primero de abril, me fui al departamento para ayudarlo y vi que estaba muy atrasado, y que no iba a poder con todo. Mas encima el cuarto de almacenaje (y es grande) se colmó, no cabía un alfiler.

Ahí mi hermano tomó una decisión inesperada, le pagó a un chico, que trabajaba en el edificio, cien dólares (+2 bicicletas estacionarias, un aparato de aire acondicionado, y todas sus pesas) para que lo ayudará a sacar los muebles que quedaban (incluso mi cama gigante) y los dejará en el basural. Yo alcancé a regalar a una vecina mi cómoda gigante colonial. Haciendo cuentas creo que con lo que se abandonó y lo que regalamos, si lo hubiéramos podido vender, se hubiera podido costear otro galpón (son $400 mensuales) y un camión de mudanzas. En fin, eran sus cosas y él decidió sobre ellas.
Mi comoda colonial, más alta que yo

Cuando se fue, estaba tan cansado que ni vació el refrigerador. Adentro quedaron una botella de tequila añejo que alguien le trajo de México y una botella nueva de champaña. Llegó muy cansado y gruñón al hotel y como se trajo sus dos computadoras se quedó con mi mesita. Yo termine escribiendo sobre una tablita en la cama. No le podía decir nada, porque él necesita las compu para trabajar. Además, venia todo adolorido porque en su ultimo traslado de muebles, le cayó un librero de caoba justo en la cara así que parecía que había estado boxeando. Para colmo, en abril, falleció nuestro rabino E. Rosenblat (alav-ha-shalom) que fue como un padre para JC, así que mi hermano estaba muy apesadumbrado.

Días de Stranger Things
Para distraerlo lo convencí de que viéramos “Stranger Things” en mi laptop. Yo había visto el primer capítulo y casi me mató de susto. Así en nuestra estadía en el Anchor Inn nos vimos entera la primera temporada y los primeros capítulos de la segunda. En términos de argumento y efectos especiales es soberbia. Tal como se ha dicho, es todo un homenaje a Stephen King y a Steven Spielberg. Tiene una buena atmosfera ochentera (no tan buena como “True Detective”). Se me hacen reconocibles las alusiones culturales, aunque a ratos salgan con algún vocablo moderno que todavía no se había inventado, pero se entiende que haya que usarlo para atraer al público juvenil.

Mi problemay recuerden que Malena es character oriented—son los personajes. Con los adultos no tengo reparos. Me encanta David Harbour como el Sheriff Hopper, me cae muy bien el profe de ciencias y a diferencia de sus hijos, si aprecio a Karen Wheeler (Cara Buono). Joyce no se si me cae bien porque es un buen personaje o porque la interpreta Winona Ryder. Pero los niños…
Joyce lista para "The Shining"

Con la excepción de Eleven (Millie Bobbie Brown) los mocosos esos son insoportables. Nunca me ocurrió con los niños de las pelis de Spielberg ni los de S. King, pero aquí me reventaban.  Nancy (Natalia Dyar) es una odiosa, a ratos me cae mejor Steve (Joe Keery) que ella, y su hermanito Mike (Finn Wolfhard) es un histérico gritón. Dustin (Gaten Matarazzo) es tolerable, pero cuando está con sus amiguitos…. ¡Que niños tan odiosos y egoístas! Aparte que su comportamiento con El, que tiene escrito “victima” en toda su anatomía, es machista y bordea en el bullying.
La pobre El y El Club de Toby

 Las injusticias de los niños con El eran la contraparte de lo injustos que eran Mike y Nancy con su madre que merecía un premio como mujer dedicada a sus hijos y tolerante de todas sus chifladuras. Si mi Ma se hubiese enterado de que, a esa edad en vez de irme a estudiar, me fui a una orgia, como hizo Nancy, me hubiera molido a palos. Karen trataba de comprender y Nancy le caía a rugidos. Mike tuvo escondida en el sótano a una niña, que él y sus amigos juzgaron peligrosa y poco confiable, y ni una disculpa dio a su madre cuando se supo la verdad.
Karen consolando a Mike

Cuando pienso en los Goonies o los niños de “It” que tenían padres terribles, me molesta que la serie trate de mostrarnos que está bien que los Wheeler sean tan ingratos, mucho mas que los hijos de Joyce con un padre ausente y una mamá que todos ven como la loca del pueblo. En Usa existe una gran preocupación por sus adolescentes criminales, asesinos en serie, e inadaptados socialmente. Sin embargo, en su ficción muestran como normal y positivo que los chicos sean rebeldes, desobedientes, insolentes e ingratos aun cuando sus padres intentan darles todo como ocurre con los Wheeler.
Hasta Steve me caía mejor que Nancy

De todos modos, recomiendo esta serie porque es imperdible como fantasía retro, como una buena historia de terror en la tradición de grandes escritores y cineastas como los ya mencionados. Agreguémosle una excelente banda sonora y actuaciones impecables.

El placer de compartir la serie no borraba que mi hermano y yo estábamos a punto de irnos de las greñas. No había compartido cuarto con él desde 1972 así que la cohabitación era muy tensa. Mas encima todo lo que me gustaba del hotel a él le parecía mal, incluso el baño. Era un baño pequeño con ducha, pero la ducha tenia cabeza grande, el agua era transparente. Mi placer mayor fue poder lavarme la cabeza sin tener tierra cayéndome junto con el agua (como ocurría en nuestro antiguo departamento).

En Busca del Departamento Perfecto
Otra cosa que nos tenia con los nervios de punta era que se acercaba la mitad de abril y no encontrábamos casa. Voy a tratar de abreviar esa odisea. Primero, para quien busca vivienda, hay que tener cuidado con las fotos de los deptos. que encontramos en anuncios online Siempre mienten. También cuidado con las medidas, suelen ser menos que lo que la descripción indica. Finalmente encontramos un piso inmenso, inmenso, 1,500 pies cuadrados, en un buen barrio, a media cuadra de Metropolitan Avenue. Estaba perfecto, volvimos al día siguiente a medir las paredes y la puerta estaba cerrada. ¡Desde adentro una voz femenina nos dijo que el departamento ya estaba arrendado!

La experiencia mas triste fue el primero de abril. Conocimos un chico al que solo llamaré D., un niño judío de una de las muchas provincias de la desmembrada Unión Soviética. Nos había mostrado algunos pisos, pero la mayoría nos ponía en contacto con la famosa “board” (comité) que, como los jueces de Hades, decidían quien podía vivir o no en sus edificios.

Debido a que mi hermano no tiene contrato de trabajo nuestra presencia era non grata para muchas boards. Entonces a D. se le ocurrió que otro amigo de alguna otra oscura república (Uzbekistán) podría rentarnos su apartamento a espaldas de su comité. Sonaba ilegal, pero estábamos muy desesperados.

El primero de abril nos encontramos en el lobby del edificio con D. y su amigo que nuestro guía insistía en recordarnos era un “hermano judío”. Ya eso olía mal. El amigo uzbekito era muy extraño, casi mudo. Desde el comienzo insistió en que debía marcharse. Nunca nos preguntó nada. ¿Hey Dude vamos a vivir en tu propiedad y no tienes curiosidad por saber quiénes somos?

La cosa se puso más bizarra aún. Nuestro supuesto casero no saludó a nadie ni en el elevador, ni en el pasillo. Ni siquiera al super. Era como si no conociera nadie. El depto. No estaba mal, aunque mi cuarto ocupado, por un camarote y una cunita, era muy pequeño y solo había un baño. Lo extraño es que el uzbeko no parecía conocer la casa, encontró un paquete en la puerta y lo corrió con el pie sin siquiera mirarlo. Había juguetes en el piso del living. casi los pisó y aunque en todas las puertas había mezuzot (unas cajitas que contienen versículos de la Torá y que los judíos ortodoxos clavan en los umbrales), el uzbekita (y anda a saber si era de Uzbekistán) nunca los besó. Estaba claro que no era su casa.

Nosotros no quisimos decir nada ahí. Pero ya en e;l hotel, llamamos a D. y exigimos ver una copia del carné de conducir de Robert (¿y que ruso se llama Robert?) y una copia del documento de compra del piso. Ni tengo que contarles que nunca los recibimos. Me imagino que como el Dia de los Inocentes en Gringolandia cae en abril primero (April’s Fools) esta fue la idea de D. de una inocentada.

Fue en esa semana que caímos en manos de un joven corredor de propiedades muy hip que nos llevó a un departamento ultra trendy donde tenían hasta peluquería de mascotas, pero los departamentos eran del porte de una mascota…pequeñita. Ya para entonces yo descubrí que existen sitios donde puedes encontrar reviews de edificios donde los habitantes, y los que huyeron de ahí, te cuentan la firme sobre ese espacio. Así me enteré de que hay ratas en el Bruselas que a mi hermano enloqueció por la vista. En un piso once siempre habrá vista, pero imagínate como bajas esas escaleras si falla el elevador. Y con roedores atropellandote...¡Peor!

Gracias a esas recomendaciones descubrí que Lefrak City es considerado el Cuartel de las Cucarachas de Queens y que Queens Woods es la parada obligatoria para los recién egresados de manicomios. No es broma, aquí la municipalidad se encarga de encontrarles casa a los ex pacientes de instituciones psiquiátricas y terminan ahí en ese edificio tan lindo en Corona.

Ronica al rescate
Otra preocupación es que nuestra estadía en el Anchor Inn llegaba a su fin el 15. Habíamos hecho reservaciones en el Best Western Gold Coast, un poco más caro, pero mas prestigioso. Solo que mirando las fotos del cuarto noté que se veía mucho más pequeño, no tenía mesas, ¿dónde iba a poner sus ordenadores mi hermano?

Para entonces yo había comenzado una especie de amistad con la maravillosa y formidable, Ronica D.  la camarera. Cuando le conté sobre mis reparos, inmediatamente se puso en campaña. Ahí entró en juego, Rashid, el conserje mágico. A pesar de que Booking decía que no había cuartos, ellos nos encontraron uno y al mismo precio, pero cuando yo comenté que sabia de la existencia de un par de suites en el hotel, rápidamente nos habilitaron una y por cincuenta dólares menos que el precio normal.

Las suites del Anchor Inn son un secreto muy guardado. Incluso los huéspedes normales no saben que existen.  Están en un anexo contiguo al hotel, para llegar ahí no se puede utilizar el elevador, o se entra por la calle o se baja por una escalera muy empinada interrumpida a mitad de camino por una tinaja porque se llueve y desde abril que aquí no para de llover. La suite está al nivel de la calle por lo que mantuvimos la ventana cerrada todo el tiempo. A mí no me importó porque tenía aire acondicionado y calefacción con termostato. Incluso había ambos por separado en el baño.  ¡Que lujo!

Los que recuerdan mi dormitorio en Recreo, la mayor parte de la suite era del porte de esa pieza tamaño de potrero. La mitad estaba ocupada por un mullido sofá y muchas mesitas. Con ellas le instalamos un escritorio para las computadoras de mi hermano y hasta para su gabinete de archivos.
 El resto estaba ocupado por las dos camas, un velador gigante y el mueble de la tele. luego venia un espacio largo y vacío con dos espejos, yo escamoteé una de las mesas y me hice un escritorio en ese sitio.

Al final había un closet gigante. Por primera vez desde que dejé Chile pude colgar mi ropa. El baño era parecido al de arriba solo que tenía tina y una maravillosa barra de hierro que me recordó a la de mi clase de ballet de mi infancia. Prestaba el mismo servicio, permitirme flexionar las rodillas y llegar hasta el suelo, ahora para lavarme los piecitos.

 Pero lo mejor era una kitchenette con horno normal y microondas, platos eléctricos y un refrigerador más grande que el de arriba. También había una mesita y dos sillas. Gracias a Ronica, el hada guyanesa, conseguí sartén y una olla. Tal vez no kosher le pesaj, pero me permitieron celebrar Passover con huevos duros, fritos y revueltos. Con servicio de plástico y varias cajas de matzah pudimos intentar tener una pascua judía aun sin tener casa. Complementamos nuestras comidas de huevo, matzah y queso crema con lechuga y fruta.

Para mayor milagro, mi hermano le comentó nuestro problema a uno de los abogados con los que trabaja. Él nos recomendó un corredor que en tres días nos encontró un depto. Este, en Forest Hills,  de donde les escribo. Lo tomamos con todas las de la ley. Aquí no hubo board sino un señor que es dueño de todo el edificio Solo que la operación nos dejó con los bolsillos planchados. Mas encima el piso no iba estar listo sino hasta el primero de mayo. Nuevamente Rashid se hizo cargo extendiéndonos nuestra estadía (en el mismo sitio y precio) por cinco días más.

Fue entonces que, por primera vez, desde el 2012, me sentí un poco en calma. Había preocupación e incertidumbre, pero dormir (y eso que mi hermano y yo roncamos) en un cuarto donde nadie podía entrar a sacarnos, en una cama que no necesitaba de escaleras, tener un escritorio para mi sola, no tenía precio.  Fue ahí que pude escribirles las primeras reseñas de “Juego de Tronos”, que veía a cachitos por YT.

Killing Eve
Le di la tele a mi hermano. El veía noticias dos veces al día y lunes y martes seguía “The Voice”, pero un domingo aprovechando que teníamos AMC quiso ver si todavía seguía “The Walking Dead”. Se había terminado.  En cambio, nos encontramos con la segunda temporada de “Killing Eve”. Se las voy a recomendar, aunque Eve se me hace insoportable con esa bipolaridad psicótica que se manifiesta en su locura por las compras y en su casi inhumana insensibilidad y cinismo con los que traiciona a todo el mundo: Carolíne, Kenny, y, sobre todo, el pobre Niko. A medida que la serie avanza, Eve pierde contacto con la realidad, con su humanidad, con el bien y el mal, con la verdad y la mentira.

En cambio, Villanelle ha sido una sorpresa este año. A diferencia de Eve, ella, en su demente estilo, intenta ayudar a los demás: ahorcando a su nuevo amigo un huerfanito que ha quedado destrozado físicamente por un accidente; liberando a una anciana senil cuyo hijo la tenía secuestrada, asesinando a un holandés que le era infiel a su esposa y, lo mejor, convenciendo a una colega de Niko que él no es feliz con Eve y merece una mujer que lo ame. Ese encuentro con Niko fue genial. Sonó cruel, pero el profesor de matemáticas tiene que aceptar que su mujer no lo quiere.

Los dos primeros episodios de esta temporada son imperdibles porque vemos a Villanelle en su aspecto mas vulnerable; debiendo huir de un hospital a lo Umma Thurman en “Kill Bill”; vagar por la campiña inglesa sin dinero y con una herida infectada en el abdomen; hasta ser secuestrada por un maniático sexual. Y lo peor, ella tan fashionista se ve obligada a vestirse en andrajos. Solo por eso recomiendo ver esta temporada.

Los últimos días de abril nos enfrentaron a varias realidades. La primera es que habíamos firmado contrato y pagado más de $8,000 (+ $220 por garaje) por un departamento que solo habíamos visto una vez y que estaba lleno de muebles y maletas ajenas. Agregándole los $4000 de estadía en hotel, no teníamos un peso (yo en ese momento tenia $500 que hoy se han reducido a $200) y…” ¡No teníamos muebles!

La solución fue irnos a Long Island, a una mueblería llamada Raymour&Flanigan donde, en el pasado, mi hermano había tenido una línea de crédito. Nuevo milagro, como mi hermano había sido muy buen cliente (léase comprado mucho, pagado mucho y a tiempo) nos dieron un abundante crédito que nos permitió comprar algunos muebles, lámparas, y hasta almohadas. Nos trataron súper bien y eso que llegamos empapados por la lluvia, se quedaron casi tres horas atendiendonos  incluso hasta después de cerrada la tienda a las 10pm, y hasta nos dieron agua … ¡Y con marca de la tienda!

Así fue como el miércoles, primero de mayo, por fin recibimos las llaves y nos fuimos a la casa vacía. Fue un poco desalentador el primer vistazo. En Darrah Garden donde vivíamos antes, mi hermano tenía un garaje (y por $20 menos) techado y cerrado y aquí es una especie de estacionamiento totalmente a la intemperie. Eso significa que en invierno va a quedar tapado de nieve. 

El apartamento a pesar de estar recién pintado y con el parqué encerado (ni sé por qué tanto atado con el parqué, por ley hay que poner alfombras para no molestar a los vecinos) no se veía acogedor. Tal vez fue porque los antiguos dueños no nos dejaron ni una silla y se llevaron el aire acondicionado. Hasta se llevaron las persianas. La primera semana tuve que vestirme y desvestirme en el baño y tapar las ventanas con bolsones y peluches para defenderme de las miradas de los vecinos.

En el baño descubrí que se habían llevado lo que más me había gustado de la casa, las duchas de teléfono y nos encontramos con otra modernidad, los inodoros sin estanque. No les veo mucha utilidad aparte que cuesta harto tirar la cadena. Las tapas del estanque sirven para colocar cosas. Pero no importa mi hermano me prometió que iba a poner una ducha de teléfono en mi baño y ya vi en Walmart un mueblecito de menos de $15 para guardar servilletas, papel de baño y toallas, porque tengo un vanitorio, pero está atravesado por tubería así que ahí solo guardo productos de limpieza.

Lo bueno del piso son los closets, todos son walk-in, con mucho espacio incluso para cajoneras, y la cocina con tantas alacenas que yo, que no llegó al segundo estante, puedo colocarlo todo al alcance de la mano. También tiene muchos mesones, aunque mi hermano, que instaló su oficina en el antiguo comedor que colinda con la cocina, ya me quitó dos. Snif, snif.


Ese mismo miércoles y temprano, llegaron de la mueblería e instalaron los muebles incluyendo mi nueva cama.  También vino el hombre del gas para instalar la cocina. Volví a tener horno y aunque solo me ha servido para calentar comida, hacer sándwiches de queso caliente y tostadas (la tostadora estaba enterrada en el fondo del galpón) es divino poder volver a cocinar.
Sábanas nuevas de Bed, Bath and Beyond

El jueves 2 de mayo nos instalamos definitivamente y ese día vinieron de Spectrum a instalar cable e Internet. Volví a tener todos mis canales y + un paquete de canales latinos (tengo de Perú, Ecuador, Colombia hasta de Cuba), volví a tener la RAI y el canal francés. Lo mejor es que el nuevo sistema nos permite ver Netflix en la pantalla grande. Nunca más la oscuridad y pantalla limitada del laptop. Bueno nunca más es mucho tiempo, pero esperamos que Tata D-s nos ayude a seguir así.
Hablando de Netflix esto es lo que he visto en estos días:

TRAITORS:  Se ha vuelto una obsesión en el cine y la televisión el tema de los espías rusos (¿por qué será?) hoy y ayer. La Guerra Fría está en el cine en “Red Joan” y en la BBC con la todavía sin estrenar “Summer of Rockets” y en abril , Netflix presentó “Traitors”.

La historia comienza en Londres en 1945 y gira en torno a Fiona “Feef” Symonds (Emma Appleton) una “niña bien” con country house (un poco dilapidada) y padre en el Parlamento. Feef ha estado entrenando con las fuerzas especiales pata ser agente en la Europa Ocupada, pero la única guerra que conoce es en la cama con Peter (Matt Lauria), un oficial americano con esposa e hijos en los United.

La guerra se acaba, Peter debe volver a su país con su familia. Feef insiste en irse con él, adora América, adora a Peter, pero lo más bien que se quiere bañar desnuda con un amigo de su hermano, el escandalizado abogado Hugh Fenton (Luke Treadway, el Dr. Frankenstein de “Penny Dreadful”). El mundo de Feef está cambiando. No solo se le va el amante, Hugh, un devoto socialista, vence al hermano de Feef en las elecciones locales. Mas atroz le parece a Feef que los Torys sean vencidos y que Winston Churchill deba dejar el gobierno en manos del socialista Clement Attleee.

La salvación de Feef llega al entrar a trabajar al ministerio de relaciones exteriores (Foreign Office) y de ser reclutada por Rowe (Michael Sthulbarg de “Bordwalk Empire" y “The Shape of Water”) un americano que está creando, casi como un esfuerzo personal, un servicio de espionaje para una nueva guerra. Como Rowe le explica a Feef, la guerra no ha acabado, Solo han cambiado de enemigo. El necesita saber si entre los colegas de Feef puede haber un agente ruso. También la anima a cultivar la amistad (y el sexo) con Hugh.

¿Parece interesante no?  y sin embargo es (y este es un consenso con los recappers) aburridísima, aun con asesinatos y violencia con doquier. El problema es que los personajes son tediosos, pesados, antipáticos. A ratos intenta ser “The Little Drummer Girl” y cae en el mismo error de esa serie, nadie te simpatiza. Yo creo que, para ser un relato de espionaje, los personajes no son inteligentes. Rowe es brillante pero obviamente está desequilibrada, Feef es tonta de capirote y Hugh demasiado ingenuo para ser político. Definitivamente no la recomiendo.

LAS ESCALOFRIANTES AVENTURAS DE SABRINA: Me había prometido no verla más, pero es un imán, es muy entretenida y les he tomado cariño a los personajes. A pesar de que advierto, es una serie para gente de criterio formado.  Aguirre-Sacasa sigue con esa manía de escandalizar y ofender: desde tratar de convertir a Sabrina en una émula de Cristo (hay una escena en el primer cap. que la muestra naciendo en un pesebre) hasta que el demonio más feo que acosa a la brujita se llama …Asmodeo. A ver si las fuerzas ocultas no le dan al nicaragüense una leccioncita uno de estos días.

Tras acabar la primera temporada vendiendo su alma al Señor Oscuro, Sabrina decide cambiar su vida, abandonar su escuela, no ver mas a sus amigos y dedicarse totalmente a sus estudios en La Academia de las Artes Invisibles. Sabrina también ha cambiado de carácter, está mas agresiva y gritona y lo demuestra en su primer día de clases que coincide con la candidatura de Nick Scratch al puesto de Prefecto. A pesar de que es un puesto solo para varones, Sabrina insiste en ser candidata.

Galantemente, Nick la apoya, pero es el único. Hasta Tía Zelda no se ve entusiasmada con esta Sabrina rompe-tradiciones, el novio de Ambrose se revela como un gay machista que se opone a votar por Sabrina. También Ambrose está en contra de la candidatura de su prima.

Ambrose le dice a Sabrina que ella no merece ese puesto ya que desprecia las tradiciones y las reglas de la escuela que un prefecto debe cumplir y mantener. Sabrina, petulantemente, le dice que ella ha venido a destruir lo viejo y cambiarlo todo. Suena típico discurso del feminismo radical de hoy. Sin embargo, hay fuerzas ocultas empeñadas en impedir el acenso de la brujita.

Tres demonios se le aparecen en determinadas ocasiones, justo antes de las tres pruebas de competencia que Brina debe superar, y la asustan impidiéndole prepararse. Aun así, Sabrina las supera gracias a la ayuda de Prudence y sus Hermanas, luego gracias a la Tía Hilda que es la única preocupada con el cambio de Sabrina y la única en pararle el carro cuando la sobrina se le encabrita

Sabrina le confiesa a su tía que se ha visto obligada a alejar a la gente que quiere (léase amigos humanos) porque no quiere dañarlos cuando el Diablo se ponga a exigirle hacer maldades. Ese es el miedo de Sabrina, por eso está de tan mal humor y tan apurada en cambiar cosas que ve erradas. Debe hacerlo antes de volverse mala.

En su último desafío es ayudada por Nick. Ambos conjuran a los tres reyes demoniacos, pero no llegan a saber su propósito puesto que son desterrados por el Padre Blackwood. El Sumo Sacerdote está tan indignado que acaba con la competencia nombrando a Ambrose, Top Boy. Mejor, Sabrina puede destruir la Iglesia de la Noche desde fuera. Nunca hubiera sido un buen prefecto y esto nos lleva a una pregunta ¿puede una mujer a aspirar al puesto de un hombre si no está preparada para este? ¿Puede una mujer sin estudios de medicina reemplazar a un médico solo porque no hay doctoras en su hospital? Y eso es lo que vemos en el caso de Susie.

La pequeña transgénero quiere ser parte del equipo de basquetbol de la escuela, pero en Baxter High no hay equipo femenino. Susie intenta ser parte del equipo de chicos y ya se imaginarán el bullying al que es sometida. Bufando, Susie irrumpe en la oficina de Miss Wardwell. La pobre Lilith está teniendo dificultades para conseguir el respeto que merece como nueva directora, pero no lo va a obtener si desde ya las alumnas pueden invadir su oficina como si fueran toros en San Fermín.

Wardwell va a hablar con el entrenador quien le explica que el mayor problema de Susie no es su vagina, sino que es enana (como yo también lo soy, puedo usar esa palabra) y no sabe jugar basquetbol.  WTF? Impertérrita, Lilith dice que en SU ESCUELA no permitirá actitudes sexistas. Susie es incorporada al team y está a punto de pasar tamaña vergüenza cuando aparece Sabrina ex machina y consigue que su amiguita haga más canastas que Michael Jordan en su vida

Pues qué bien, ¿no? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Sabrina siempre va a tener que apuntalar a Susie? ¿Como Susie no se sorprendió de sus milagrosas e inesperadas cualidades? En cambio, su inexplicable triunfo la orientó a salir del closet trans y a anunciar que es chico y se llama “Theo” Muy bien, pero en teoría ahora al definirse como varón, Susie no tiene impedimentos para estar en el equipo.

¿De que sirvió su esfuerzo? ¿Como ayuda en eso a chicas que si tienen aptitudes para el deporte y quieran tener su propio equipo? Por eso me gusta este programa porque te impone interrogantes y te hace meditar en cosas reales poniéndote ejemplos mágicos.

Eso es lo que he visto en Netflix. En la televisión normal estoy siguiendo “The Spanish Princess” de la que pronto espero escribir una reseña, pero abandoné “Chernóbil”. Mas allá del desastre y de la tragedia humana, no me gusta una historia que comienza con un suicidio para llevarnos en flashback a las circunstancias que llevan al Ingeniero nuclear Valery Legasov a quitarse la vida. Saber de antemano que un personaje (mas si lo interpreta Jared Harris) se va a morir de tan fea forma te quita las ganas de invertir emocionalmente en un relato de por si amargo y sombrío.


A veces los spoilers te ayudan a no perder tiempo con determinadas series. El saber del final agridulce del matrimonio de” las Annes” (Lister y Walker) fue un factor que me hizo dejar de ver “Gentleman Jack” Aunque en realidad fue que no me simpatizó la protagonista (Suranne Jones) y no por su condición de lesbiana. Anne Lister (apodada “Fred” por sus amantes y “El Caballero Jack” por el vulgo). fue toda una rareza del Yorkshire de comienzos del Siglo XIX. Latifundista independiente, viajera infatigable (falleció en las estepas rusas) y hasta alpinista, Lister documentó su vida, incluyendo sus affaires con varias mujeres, en diarios que escribió en un código mitad griego y mitad algebra.

Son esos diarios (hoy descifrados) los que proporcionan las bases de este cuento de una mujer que es mitad Capitán Poldark (intenta restaurar la mansión familiar, proteger sus minas de carbón y luchar contra los Rawson, tan implacables y corruptos como los Warleggen) y el Señor Darcy (anda en busca de esposa solo que esta debe ser rica). La candidata perfecta la encuentra Lister en su tocaya, la melancólica y frágil Anne Walker (Sophie Rundle, la Adah de “Peaky Blinders”).


La historia está bien contada, es dinámica, bien actuada y tiene un vestuario fenomenal. Lister no anda de pantalones, como la original prefiere un vestuario negro y severo, pero elegante. Aunque usa sombrero de copa se permite sus coqueterías. Al matrimonio de una de sus examantes, luce un tocado de plumas (a la última moda de 1832) que da la impresión de que se plantó un gallo negro en su cabeza.

Mi problema con la serie es que no soporté que Lister fuese tan arrogante, egoísta y pragmática con una mentalidad de propietario y llena de privilegios de clase. Trata bien a sus criados, empleados e inquilinos mientras le sirvan. De lo contrario, les da puerta. Aquí no entran las compasiones ni lealtades de un Poldark. Las mujeres en el libro de Lister son u objetos sexuales, o sirvientas u obstáculos como su hermana Marian (Gemma “Yara” Whelan).

Lo desagradable es que la serie toma el partido de Lister y coloca a Marian, que para mis ojos es una mujer mucho más reformista, compasiva y sensata que la mayoría de su época, como un personaje ridículo. Cuando Marian comenta con amistades lo contenta que está que en Inglaterra ahora puedan votar todos los hombres, su hermana burlona le dice que el voto la excluye a ella y por eso no lo alaba.

Marian le recuerda que antes el hoi polloi masculino no podía votar, pero eso a Lister la tiene sin cuidado. A ella no le importa que sus criados y criadas no puedan votar. Lo importante es que ella carece de ese derecho. Sin ser una mala persona, Lister nunca fue ni revolucionaria ni reformista, solo quería vivir a su manera y si le creemos a la serie lo consiguió, pero eso no la hace mejor que su hermana.
La criada está preñada.¿ La despedirá Lister?

Uff ya llevo diez páginas, mejor la corto aquí. Díganme si han visto algunas de estas series, si les han gustado y el porqué. Y si no les han gustado, también cuéntenme.

En cuanto a mi saga personal. Seguimos trayendo cosas del galpón de a poco. Nada hasta ahora parece haberse perdido ni roto con la excepción de la cubierta de una de las luces traseras del auto de mi hermano (doscientos dólares en repararla y por suerte no fue el foco que eso hubiera sido mas de $1,000) que por andar cargando muebles bajo la lluvia, se resbaló, casi se parte un dedo y dejó caer la mesa del comedor de mi madre sobre el foco. Pero ya tenemos comedor. (Por razones de espacio, la tenemos cerrada, pero tiene una hoja que le permite expandirse hasta acomodar seis comensales).

También Don Anselmoel super,  un señor peruano muy super gente nos instaló las persianas, los aparatos de aire acondicionado y en mi baño, una barra de protección ¡y la ducha flexible!




Yo creo que ahí vamos a tener que pararle al asunto de las compras. Eso significa no reemplazar los estantes de libros que se rompieron al desarmarlos. Eso significa que mis libros seguirán en sus cajitas, pero tiempo al tiempo. Nomás recen para que a mi hermano le terminen de pagar los $40,000 que todavía le deben y que haya salud. Por primera vez, en años, me siento serena. Espero que eso se traduzca en notas interesantes para seguir con este debate continuo sobre la calidad de nuestra televisión.