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jueves, 5 de abril de 2018

La Casa que Fundó Mary Boleyn: La evolución de los genes Bolena (IV)



Ya vimos que el karma persiguió a los únicos descendientes de los Bolena.  Vimos como una sobrina-nieta de Ana Bolena conseguía convertirse en Condesa de Northumberland, el titulo negado a su tía. Vimos a la nieta de Maria devolverle la mano a Ana, robándole el marido a La Reina Virgen. Y vimos como la sangre Bolena seguía derramándose en el cadalso. Pero la herencia Bolena produciría muchas figuras más prodigiosas de la historia del Reino Unido. Sería imposible mencionarlos a todos. Así que elegí a los mas celebres de cada periodo.

Bolenas entre Estuardos.
En 1601, con el fallecimiento de la Reina Virgen, moría la estirpe de Ana Bolena. El trono de Inglaterra era ocupado por un pariente lejano de los Tudor. Aunque el Rey Jaime I uniría las coronas de Escocia e Inglaterra (y Gales), era un Estuardo. Una nueva dinastía se cernía sobre el Reino Unido. Sin embargo, los bisnietos de Maria Bolena seguían encontrando su espacio en esa corte del nuevo rey. Ese fue el caso de su nieto el Conde de Essex, muy amigo de Enrique, el nuevo Príncipe de Gales. Sin embargo, Enrique murió joven y al trono ascendió su hermano Carlos I.

Carlos desposó a una princesa francesa, Enriqueta Maria. Entre las damas de la reina se contó a Lucy Hay, Condesa de Carlisle. Lucy era una hija de Dorotea Devereux, la que consiguió ser Condesa de Northumberland. Lucy era considerada la más guapa de la corte, pero también la más descocada. Sus amoríos eran tantos que fue celebrada en muchos poemas de su época.
Lucy Hay por van Dyck

Lucy también tenia alma de conspiradora y fungió como doble agente en las intrigas que le costarían la cabeza a su rey. En días de Cromwell, la oportunista condesa jugó a ser religiosa y se interesó en la fe presbiteriana, pero apenas supo que el rey Carlos II avanzaba había Londres se puso a cartearse con su nuevo soberano lo que le ameritó una temporadita en la Torre de Londres. Pero la fama de Lucy quedaría inmortalizada en la literatura.

En su juventud,  fue la amante del mas notorio casanova de la corte,  el Duque de Buckingham. Cuando éste la abandono, la celosa Lucy le robó un collar de diamantes. Resulta que las joyas eran un regalo de otro de los amores secretos del Duque, la Reina Ana de Austria y se las había obsequiado el Rey Luis. El siniestro Cardenal de Richelieu se enteró del descuido de la reina y mandó a Luis XIII que le exigiera a su esposa que lucese los diamantes en público. La asustada reina envió mensaje a Buckingham para que se las devolviera.

Yo creo que los lectores ya saben como sigue esta historia. Efectivamente, Alejandro Dumas se basó en Lucy Hay (en la que se combinaban la falta de escrúpulos del abuelo Enrique VIII y del Abuelo Tomás Bolena) para crear a Milady de Winter.
lana Turner como Lady de Winter

Tras la ejecución de Carlos I, Inglaterra fue sumida en revoluciones y guerras civiles. Los Bolena seguían cayendo de pie. Incluso el Conde Warwick, hijo de Penélope Rich, llegó a ser yerno del Protector Cromwell. No tuvieron hijos, pero si los tuvo su prima Lady Anne St John. Hasta ahora hemos hablado de los descendientes de Leticia Knollys, pero también los hay de su hermana Isabel Knollys, casada con Lord Leighton, gobernador de las Islas del Canal. Lady St. John fue nieta de Isabel.  Una de sus hijas, también llamada Anne se casó con el primer Conde de Rochester y fue madre del celebre e infame Johnny Wilmot, Lord Rochester.
Francesca Annis como la Condesa de Rochester y Johnny Depp como su hijo.

Rochester es reconocido hoy día por su excelente poesía satírica, por su amistad con el Rey Carlos II y por su libertinaje. Si quieren saber más de él deben ver “El Libertino” excelente y olvidado trabajo de Johnny Depp.

Bolenas Dieciochescos
El Siglo de Las Luces se caracterizó por ser el fin de los Estuardo y por la implantación de los Hanover en el trono británico. Los descendientes de los Bolena ahora portaban imponentes nobles en la aristocracia inglesa como el Conde De Sándwich, inventor del famoso emparedado, pero los genes Bolena iban a ser las bases de uno de los más celebérrimos y tumultuosos matrimonios del siglo.

Para ver como George Duque de Devonshire descendía de Maria Bolena (vía Leticia Knollys,) tenemos que volver al siglo anterior. Lady Frances Devereux, hija del desafortunado Conde de Essex, se casó con el Duque de Somerset, bisnieto de los Seymour que dieron una reina a Inglaterra, y descendiente directo de Maria Tudor y Charles Brandon.
Lady Frances Seymour por van Dyck

 Una de las hijas de Frances, Jane Seymour se casó con el Vizconde de Dunvergan. Su bisnieto, el Conde de Burlington, se casó con Lady Dorothy Saville, hija del Marqués de Halifax. Y aquí tenemos un ejemplo de la consanguinidad de los Bolena. El Marqués era hijo de otra Dorothy Saville que a su vez era nieta de Dorotea, la Condesa de Northumberland, hija de Lettice Knollys. Pero el Marqués, a su vez, se casó con Lady Mary Finch (ahí también hubo un escándalo) nieta de Penélope Rich.

Entonces tenemos a dos descendientes de Maria Bolena unidos ante el altar. Lady Dorothy Burlington, además de ser dama de la Reina Carolina, y patrona de artistas como Haendel y David Garrick, tuvo una hija, Charlotte, que se casó con el Duke de Devonshire. 

Los Duques fueron padres de William Cavendish, quinto Duke Devonshire. Cuando William fue en 1774 a pedir la mano de Lady Georgiana a Lord Spencer padre de la chica, era el soltero más cotizado del momento, pero ‘él y georgiana tenían algo en común. Lord Spencer era bisnieto del Conde de Sunderland y de Lady Dorothy Saville, por lo tanto, también descendía de la condesa de Northumberland, bisnieta de Maria Bolena.
Los Duques de Devonshire

La Duquesa Georgiana fue la mujer mas celebre de su época, por su influencia política, belleza, elegancia y triste y escandalosa vida que Kiera Knightley tan bien retratara en el filme “La Duquesa”. La sangre Bolena seguía predisponiendo a sus descendientes a la desdicha, al menos en el ámbito romántico.

Antes de pasar al siglo XIX, quisiera hablar un momento de Enrique Knollys hijo mayor de Catalina Carey. En vida de su madre fue un discreto miembro del parlamento, pero la rebelde sangre Bolena bullía en sus venas Pronto se dedicó a una actividad muy lucrativa en la era isabelina: la piratería. Su hija Leticia se casó con William, Lord Paget, otro que le gustaba las aventuras marinas y que se la pasó perdiendo barcos entre Virginia y Bermuda.  Su hijo se casó con su prima Isabel Rich, nieta de la desdichada Penélope. Su nieto fue Gobernador de Menorca cuya hija fue la antepasada de Charles Darwin. Como ven, no todos los Bolena son de dar escándalos.

Bolenas Victorianos
De Henry Knollys procederían los Paget, y del gobernador de Menorca vendría Henry Paget el primer Marques de Anglesey, el héroe de las Guerras napoleónicas. Aunque Lord Anglesey era muy controlado en el campo de batalla, no se podía decir lo mismo en su vida personal. Sus amores con la cuñada del Duque de Wellington le costaron ser dado de baja.  Tras perder una pierna en Waterloo, Henry se divorció de la madre de sus ocho hijos. SE casó con su amante. La pareja procreó cinco hijos más. Entre ellos a un señor que en la vida real no tuvo más importancia  que tener catorce hijos, pero que gracias a Daisy Goodwin ha pasado a ser un icono LGTB victoriano. Me refiero a Lord Alfred Paget.
Lord Alfred Paget y su supuesto gran amor Edward Drummond


Goodwin no solo le inventó una romántica historia de amor  homosexual a Lord Alfred. Hizo otro tanto con Otra Bolena, Harriet, Condesa de Sutherland, nieta de la desdichada Duquesa Georgiana. Aunque Lady Harriet si fue dama y amiga de Victoria, no tuvo esa apasionada relación con el cuñado de su patrona, Ernest de Hanover.
Harriet Sutherland y su supuesto gran amor Ernst de Hanover

A quien la serie “Victoria” no tuvo que inventarle un romance desdichado fue a Lord Melbourne cuya esposa, Lady Caroline Lamb existió en la realidad y también abandono a su marido e hijos para huir con el “loco, malo y peligroso” Lord Byron. Lady Caroline, anoréxica y andrógina, era hija de una hermana de Lady Georgiana, por lo tanto, era una Spencer Bolena.
Dame Sarah Miles como Lady Caroline Lamb

Pero los Bolenas victorianos no se contentaban con pasearse por la corte de Victoria. Ya hablamos de Charles Darwin. ¿Creerían si les digo que el gran poeta victoriano Algernon Swinburne descendía de los Bolena? ¿O que Lord Czrdigan que dirigió la Carga de la Caballería Ligera en Balaklava era un Bolena? ¿O que Lady Ottoline Morrel, mecenas eduardiana y fundadora del Grupo Bloomsbury, era Bolena debido a los Duques de Portland descendientes de la alocada Leticia Knollys?
Sir Trevor Howard como Lord Cardigan

Bolenas del Siglo XX
En tiempos recientes, el Reino Unido ha tenido mucho que agradecer a los descendientes de Maria Bolena, por sus diversas contribuciones. ¿Sabían que el hombre más grande que vio Inglaterra en el Siglo XX llevaba sangre Bolena?  Efectivamente, Winston Churchill tenía como apellido completo Spencer-Churchill. Ya vimos que los Spencer y sus primos los Sunderland son descendientes de Leticia Knollys, ¿pero cómo llegaron estos advenedizos a involucrarse con la Casa de Marlborough, la más aristocrática de Cran Bretaña?
John Lithgow como Churchill en The Crown

Vale recordar que el Famoso “Mambrú”, el Duque de Marlborough tuvo muchas hijas, pero un solo varón que murió sin descendencia. En premio a la inmensa contribución de Marlborough, se le otorgó el titulo a su hija mayor Henrietta. Al morir sus hijos sin descendencia, el titulo pasó a su hermana Anne, Condesa de Sunderland, quien a su vez se lo traspasó a su segundo hijo Charles, de quien descienden todos los Duques de Marlborough y los hijos segundos como Lord Randolph Churchill, padre de Sir Winston.
Robert Shaw como Lord Randolph y Simon Ward como su hijo en Young Winston

Curiosamente no solo Sir Winston heredó la astucia Bolena. También su rival político, Lord Halifax quien a través de su bisabuelo Lord Fortescue descendía de los Bolena escoses (los Marqueses de Lothian y los Duques de Buccleuch).

Otros descendientes de Maria Bolena, servirían a la actual Reina Isabel de diferentes maneras. Por ejemplo, el querido Porchey, Tanto él como su abuelo, el célebre arqueólogo, descendían de los Percy, Condes de Northumberland, y por lo tanto de Lady Dorothy Percy, hija de Lettice Knollys.

Y ha llegado el momento de examinar como es que Tommy Lascelles desciende de los Bolena. Por supuesto que hay momentos en los que exhibe la inescrupulosidad e implacabilidad del tataratararaabuelo Sir Thomas, ¿pero ¿quién hubo entremedio? Pues tenemos que hacer memoria y remontarnos al pobre Lord Essex, el último Bolena en ser decapitado. 

Su nieta, Lettice Shirley, se trasladó a Irlanda en donde ya vivía su abuela Frances Walsingham, viuda de Essex, y ahora casada con el Conde de Clanricarde. Lettice se casó con uno de sus “primastros” Clanricardes y pasó a ser antepasada de todos los vástagos de esa familia, incluyendo a Lady Elizabeth Joanna de Burgh que en 1845 se casaría con el Conde de Harewood y seria la abuela de Sir Alan Lascelles.

Bolenas en el Trono
Ahora viene la gran sorpresa. Hemos hablado de la ambición Bolena y como consiguió que Ana pusiera en el trono a su hija Isabel, pero Maria Bolena también tendría una descendiente que sería reina consorte y, a través de ella, una hija que hasta hoy es soberana de la Gran Bretaña.

Prepárense a oír otro de esos escándalos generados por esa herencia Bolena.  Como recordarán, los Duques de Devonshire eran representantes del gen Bolena. En el siglo XVIII,  una Cavendish se casó con el Duque de Portland. Entre sus hijos se cuenta un tal Lord Charles Bentinck. Lord Charles hizo un matrimonio escandaloso con una joven que era sabido, era hija de una cortesana. Tal vez para matizar este matrimonio tan desigual, la nueva Lady Bentinck juraba que era hija del Príncipe de Gales.

No le sirvió mucho el parentesco. Pronto Lord Charles se aburrió de su esposa y se fugó robándose a lady Anne Abdy, esposa de su mejor amigo. Eventualmente, gracias a varios divorcios, Lady Anne pasó a ser Lady Bentinck. Su hijo Charles, temeroso del estigma de sus alocados padres, decidió entrar al clero.
Los Condes de Strathmore, abuelos de Isabel II

El Reverendo Bentinck se convirtió en uno de esos pilares de la era victoriana y crió a su hija Nina Cecilia Cavendish-Bentinck en la moral mas estricta. Eso es lo que Nina Cecilia aportó a su matrimonio con Lord Strathmore, y lo que su hija Elizabeth-Angela Bowes-Lyon llevaría junto a su dote al Palacio de Buckingham. Ahora se entiende porque la Queen Mom y Sir Alan eran tan buenos conspirando juntos.

Acabo de caer que la Reina y la Princesa Margarita son las Hermanas Bolena modernas, aunque su rivalidad no esté basada en ningún rey obeso. Podemos excusar las locuras de Margarita adjudicándolas a las leyes de la herencia. Un poco de sangre de Bolena  predispone a una vida de desenfrenos.

Más famosas que las Hermanas Bolena
Y ya que estamos en el Siglo XX, tenemos que hablar de otras hermanas que también darían que hablar y no precisamente por intrigas cortesanas. La famosa Familia Percy , descendientes directos, de Dorotea Devereux, evolucionarían hacia otros títulos nobiliarios, como los Barones Beverly, los Condes de Abursham y Lord Reddesdale. Algernon Freeman-Mitford, primer Barón Reddesdale, fue un famoso diplomático en la corte del recientemente abierto Japón, célebre por sus colecciones de arte y manuscritos orientales, pero mas conocido por ser el abuelo de las Hermanas Mitford.

La mayor de ellas, Nancy, tuvo una larga carrera literaria de la cual son mas conocidas sus deliciosas novelas The Pursuit of Love y Love on a Cold Climate, en las cuales veladamente retrató a su excéntrica familia. Su hermana Diana, en 1936, en casa de Goebbels y en presencia del Fuhrer se casó con Sir Oswald “Tom”Mosley, jefe de los Camisas Negros británicos.
Diana y Unity haciendo el saludo Nazi

Si Diana era Nazi, su hermana Unity la superaba. Idolatraba a Hitler desde la escuela. Se fue a Alemania con la excusa de aprender el idioma, pero se puso a perseguir al Fuhrer con la persistencia de una fangirl cualquiera. Su tenacidad ganó a Adolf que la integró a su circulo privado. No se sabe hasta donde llegaron en su relación, pero la presencia de “la Valquiria” como la apodaban,  provocó uno de los muchos intentos de suicidio de Eva Braun.
Lesley Anne Down como Unity Mitford

Unity estaba empeñada en evitar que Alemania fuera a la guerra con Gran Bretaña. El día que eso ocurrió, intentó volarse los sesos. Sobrevivió, pero con una bala enterrada en el cerebro. No podía caminar, tenia problemas para hablar y razonar y estaba incontinente. Aun así, vivió ocho años más, hasta que una meningitis provocada por la misma bala, la mató.

Unity había compartido su cuarto con su hermana menor Jessica. Si las paredes de la Valquiria estaban cubiertas de suásticas, las de “Decca” , como la llamaban en familia, estaban adornadas con hoces y martillos. A los 19 años, Decca se fugó con su primo Esmond Rommilly para unirse a las Brigadas Internacionales. Los padres de ambos tuvieron que ir a España buscarlos y a casarlos. Acabado el conflicto, Decca y su marido regresaron a Inglaterra. Esmond murió peleando en la Real Fuerza Aérea Canadiense. Su viuda y su hija se trasladaron a Estados Unidos.
Decca y Esmond en Miami

Ahí Decca llevaría una vida totalmente opuesta sus hermanas. Se casó con el abogado judío Robert Treuhaft. Ambos fueron pilares del partido comunista durante la Era McCarthy y militantes de la campaña por los Derechos Civiles.

Con esas hermanas tan extremistas, ¿qué le quedaba la pequeña Deborah, la menor de la tribu?  Pues Debo soñó siempre con ser duquesa. Abandonó esos sueños al enamorarse de un hijo menor sin prospectos como lo era Lord Andrew Cavendish. Sin embargo, cuando el hermano mayor de Andrew murió durante la Segunda Guerra Mundial, Debo se convirtió en la Duquesa de Devonshire.

La Sangre Bolena se Convierte en Sangre Real
Tener en el trono a otra Isabel con genes Bolena parecería como el triunfo máximo del olvidado clan. Pero la rueda kármica seguía rodando. Esta generación de Windsor-Mountbatten es la más bolenica de la historia y todo gracias a estas dos damas escandalosas.

Sarah Ferguson siempre fue un poco despreciada por su simple apellido, pero por parte de su abuela paterna estaba emparentada con los Spencer (por el Duque de Bedford) y los Buccleuch (que por los Montagu y Burdenell descendían también de Lettice Knollys).

El caso de la Princesa Diana es mas interesante. No solo descendía de Lettice Knollys gracias a ser una Spencer, sino que también descendía de Georgiana de Devonshire gracias a Eliza Grey. Efectivamente, la bebé de la que tiene que separarse la Duquesa en la escena mas triste del filme fue antepasada de la difunta Princesa de Gales.

¿Y los Bolena del Siglo XXI?
En este momento hay más de un millón de personas, solo en el Reino Unido, que pueden ufanarse de tener a Maria Bolena en el árbol familiar. No todos son famosos, no todos son nobles, no todos hacen carrera en la política o en servicios a la Corona y no todas las descendientes de Mary Boleyn sueñan con atrapar a un rey.

Por eso he querido cerrar este amago de ensayo genealógico con una dama que por su belleza y talento ha buscado la fama en donde se encuentra hoy en día, en las pasarelas y enfrente de las cámaras: Lady Clara Paget, muy querida en este blog por su interpretación de Anne Bonny en “Black Sails”.

Creo que el viejo zorro de Sir Thomas Bolena hubiera estado orgulloso de esta heredera. Pero el más orgulloso hubiera sido su bisnieto Enrique Knollys, al ver a su descendiente directa, Lady Clara convertida en una bucanera como él.

FE DE ERRATAS: La descendiente de Eliza Gray hija de la Duquesa de Devonshire no era la Princesa Diana, sino su concuñada, Sarah Fergusson.

jueves, 1 de marzo de 2018

Nazis en el Palacio: The Crown y las Enigmáticas Hermanas del Duque de Edimburgo



Hace unas semanas,  el comediante John Oliver le comentaba a Stephen Colbert que sería aconsejable que Meghan Markle viera “The Crown” antes de casarse para saber lo que le esperaba junto a una familia disfuncional y emocionalmente estancada. Aunque hay que pensarlo bien antes de casarse dentro de la realeza, la aristocracia, o incluso unirse a una familia política o militar, no creo que los Windsor sean más disfuncionales que los Markle, y ciertamente, “The Crown”, con sus ambigüedades y ficciones fantásticas no es buena guía para ninguna novia real. La segunda temporada ha sido un ensayo en la falsedad y exageración. El mejor ejemplo es el capítulo “Paterfamilias” donde lo único verdadero era que dos hermanas del Duque de Edimburgo fueron miembros del Partido Nazi.

Cuatro Princesas a la Deriva

Felipe de Grecia tuvo cuatro hermanas mayores, mucho mayores que él: Margarita, Teodora, Cecilia y Sofía. Entre 1930 y 1931, coincidiendo con la reclusión de su madre en un sanatorio suizo, las cuatro hermanas se casaron. Sofia, la más pequeña, se casó en diciembre de 1930 con el príncipe Christoph de Hesse. Su hermana Cecilia se casó en febrero del año siguiente, con el Príncipe Donato de Hesse, primo de Cristoph. En abril de 1931, Margarita, la mayor se casó con su primo Gottfried su Hohenlohe y cuatro meses más tarde, Teodora, la última hermana soltera, se casaba con Bertoldo, Margrave de Baden.

¿No les parece extraño, que cuatro hermanas, de edades entre 26 y 16 años, se comprometan y casen en tan breve espacio de tiempo? Uno conoce mujeres que se pasan la vida buscando a la pareja ideal y estas niñas las encontraron en menos de doce meses. Es cierto que los novios eran todos primos de sus novias y se conocían de antes, pero yo tengo otra explicación. Ante la debacle familiar, las hermanas de Felipe optaron por rápidamente formar sus propias familias. 

La decisión de las princesas de casarse con alemanes puede haber sido una manera de poder vivir cerca una de la otra. A pesar de que Cecilia murió antes de cumplir una década de casada, y Sofía enviudó durante la guerra, ni ellas ni sus hermanas evidenciaron nunca haberse arrepentido de su elección.

Entretanto, Felipe había seguido sus estudios en un colegio inglés (Cheam donde también estudiaría el Príncipe Carlos) y mal vivido con los Mountbatten, aunque también alternaba con viajes a Alemania para las bodas de las hermanas e incluso una estadía en Bucarest como invitado de la familia real rumana. Algo que me acabo de enterar es que el Duque de Edimburgo fue muy amigo del recientemente fallecido Rey Miguel de Rumania.
Felipe y su primo, Miguel de Rumania

Hay mucho que no se sabe todavía de la familia del Duque ni de sus hermanas. Aparte de cartas familiares, casi no hay documentación sobre la vida de las princesas antes de contraer matrimonio. Se sabe que las dos mayores fueron educadas en Grecia por institutrices y que el énfasis de su currículo fueron idiomas, de las pequeñas se sabe menos.  Podemos imaginarnos que el vínculo en común entre ellas fueron guerras, revoluciones y exilio con la consabida pobreza que acompaña al último.

Las hermanas en París, después de su exilio

 En sus memorias no publicadas, Sofia recuerda que su casa de Saint Cloud en Paris siempre era visitada por cobradores y que el servicio domestico era abigarrado y escaso. De hecho, las princesas menores y Felipe no tuvieron institutriz, solo nanas.

Como toda madre de la época, la Princesa Alicia quería ver a sus hijas bien casadas y se llevó a las mayores a Londres, a aprovechar la Season que era cuando las aristócratas inglesas pescaban marido. Pero, aunque Edwinna Mountbatten se encargó de vestir a las princesas, que eran bonitas de acuerdo de los cánones de la época, y que Alicia las exhibía en fiesta en fiesta desde la de los Vanderbilt hasta las ofrecidas por sus primos los Duques de York (futuros reyes y suegros de Felipe), la pobreza de Margarita y Teodora les arruinó cualquier plan de casarse con ingleses. Si eso hubiera ocurrido otro gallo cantaría.

Margarita, la Arrepentida
Margarita, de soltera, pintura de Philip de Lazlo

Margarita, la mayor, fue la primera en conseguir novio. En 1928 inició una relación seria con Franz Ferdinand von Isembourg, pero el novio era católico y la princesa se negó a cambiar de religión. En 1931, Margarita se casó con Gottfried zu Hohenloe. La Familia Zu Hohenlohe ya hacía rato que apoyaba al Partido Nacional Socialista.

Gottfried se había inscrito en 1931, el año de su matrimonio. Su padre, Ernesto, consiguió su tarjeta en 1933, y su esposa la princesa Sandra (otra nieta de la Reina Victoria) sería la más atrasada, convirtiéndose en flamante miembro en 1937. Jugando a ser abogado del diablo, podría decir que tener tarjeta del partido no te convierte en monstruo. Ozkar Schindler la tuvo siempre y le fue instrumental para rescatar a los judíos de su lista.
Margarita y Gotfried

Antes de la llegada de los Nazis al poder, Gottfried era más conocido como playboy, habiendo estado en 1928 comprometido con Gloria Morgan Vanderbilt (la mamá de la diseñadora). Durante el famoso juicio por la custodia de la Pequeña Gloria, los amoríos escandalosos de la señora Vanderbilt y su prometido habían sido sacados al sol (también se aireó la noticia de que Gloria madre había tenido amores lésbicos con Nada Torby, Marquesa de Milford Haven, y cuñada de Dickie Mountbatten. Todo queda en familia).

En un acto muy valiente, Margarita se fue al juicio a declarar y no solo dejó bien parados a Gloria y Gottfried, también despejó (por el momento) las dudas sobre la sexualidad de su tía Nada. Gottfried se recuperó pronto puesto que, en diciembre de 1931, el mismo mes en que Sofia se convertía en Princesa de Hesse, se comprometió con Margarita, casándose con ella cuatro meses más tarde. Tuvieron cinco hijos.
El día de su boda

En 1938, Gottfried que era oficial de la Wehrmacht fue parte del estado mayor nazi en Viena tras el Anchluss. Durante la guerra, peleó en el frente ruso y fue mal herido en Charkovo. Como muchos oficiales alemanes que habían visto acción en el Frente Oriental, Gottfried se desilusionó del Nazismo y en su convalecencia tuvo un acercamiento a los círculos de conspiradores que planeaban matar al Fuhrer. Aunque fue expulsado del ejército, nunca fue arrestado y salió mejor parado que otros aristócratas involucrados en el atentado del 24 de julio de 1944.

Dolla, la Sensata
Margarita y Teodora

Seguía a Margarita, Teodora “Dolla”, con la que, en 1933, Felipe viviría un tiempo. Fue la última en casarse, a pesar de que hizo un brillante matrimonio con su primo lejano, Bertoldo de Baden. Aunque  he encontrado páginas que acusan a Bertoldo de ser Nazi y de haber corrido a Kurt Hahn de su escuela de Salem, esas aseveraciones son totalmente falsas.
Dolla el día de su boda


No solo fue Bertoldo un entusiasta colaborador de Hahn, el Margrave intentó evitar tanto el despido del director como la infiltración Nazi a la escuela. En sus memorias, Paradise of Fools, la Princesa Tatiana von Metternich recuerda que Bertoldo pidió una entrevista con Hitler para suplicarle que dejase a Hahn como director de Salem. Adolf tuvo una de sus acostumbradas crisis de ira histérica y acusó a Bertoldo de estar protegiendo a su Hofjude (“judío de la corte” un término arcaico para referirse a judíos prominentes que eran protegidos por nobles). “¿Cuándo ustedes los aristócratas van a deshacerse de sus Hofjude?”, fueron las palabras exactas. 
Bettoldo de Baden y su familia en 1935

Tal vez si Bertoldo hubiese sido miembro del partido, Hitler lo hubiese tratado con más cortesía     El hecho es que el Margrave de Baden, luego que Kurth Hahn fuera liberado, sería quien ayudó al maestro a emigrar. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Bertoldo sirvió en las fuerzas armadas como hizo todo alemán en edad de empuñar armas. En1940, durante La Batalla de Francia, Bertoldo fue gravemente herido y casi pierde una pierna. Dado de baja por invalidez, el Margrave regresó a Baden y se mantuvo, y mantuvo alejada a su familia, de la política y de los Nazis por el transcurso de la guerra.

A pesar de que Teodora siempre fue más unida a su tía Luisa (que luego seria Reina de Suecia), fue quien mas visitó a su madre, aun después que su abuela, Victoria Mountbatten, solicitara que le prohibieran las visitas a Alicia en el sanatorio, puesto que la descomponían. Fue Dolla quien llevaría a Felipe a Gordonstoun.

Las Princesas Nazis
Y ahora llega el momento de hablar de las hermanas menores, Cecilia y Sofía. Es un poco incomodo, porque por más que le dé vueltas, la verdad es que ambas fueron Nazis, siendo Sofia la más militante. La enfermedad de la princesa Alicia parece haber sido el detonante para que las muchachas buscasen su propia manera de sobrevivir, casándose con primos y estableciéndose en Alemania.
Cecilia, recién casada

Cecilia fue quien tuvo más prospectos. De pequeña, su madre soñó en casarla con su cuñado Cristopher (al parecer el matrimonio entre tío y sobrina no era mal mirado en la Familia Real Griega).  Christopher terminó casándose con una millonaria neoyorquina. Años después, cuando Cecilia había celebrado su debut en la sociedad londinense, su tía Luisa de Suecia intentó casarla con el príncipe heredero de Dinamarca.  Vale imaginarse como hubiera estado eso.

El Fin de una Familia

El caso es que, en junio de 1930, Cecilia y su hermana Sofia se comprometieron con los Príncipes de Hesse. Dos meses después de la boda de Sofia, su hermana Cecilia de 19 años se casaba con el Príncipe Donato de Hesse, primo de su cuñado. Tuvieron tres hijos y en 1937, Don y Cecilia se unieron al Partido Nazi. Los supersticiosos dirían que lo que les ocurriría luego fue un castigo divino.

En noviembre de 1937, la embarazada Cecilia, su esposo y sus hijos mayores subieron a un avión rumbo a Londres. Cecilia les tenía pavor a los viajes aéreos y solía vestirse de luto cada vez que emprendía uno de ellos El motivo del viaje era asistir al matrimonio del hermano de Don con Margaret Campbell Geddes. Los hijos de Cecilia iban a ser pajes en la boda del tío.  Con ellos también viajaba la Duquesa Eleonora de Hesse, madre de Don.

Nunca se han conocido los detalles del accidente. Pudo ser una falla de motor o el intento de aterrizar del piloto en medio de la bruma. Se cree que a Cecilia se le adelantó el parto lo que podría explicar el aterrizaje forzoso. El hecho es que el avión chocó con la torre de una fábrica belga. El avión ardió en llamas antes de caer en Ostende. Nadie sobrevivió. En eso “The Crown” no miente. Entre los restos se encontró el cadáver del bebé recién nacido de Cecilia. Los Hesse habían dejado a su hijita menor Johanna, de dos años, en Alemania. Fue la única sobreviviente.

 Dos años después de la tragedia, Johanna murió de meningitis. No quedó nadie de ese matrimonio. A pesar del grandioso funeral (que vimos en la serie) la memoria de Don, su mujer e hijos solo permaneció en la memoria de sus parientes. Irónicamente, hay que agradecerle a Morgan resucitar a Cecilia (interpretada por Leonie Bensche), lástima que le tuvo que agregar tantas barbaridades a un cuento que ya es trágico en sí mismo.

Sophie’s Choice
Sofía el día de su boda. Contaba con solo 16 años

Muy diferente a la de su desdichada hermana, fue la trayectoria de Sofia. Por haber sido (antes de que Felipe naciera cuando ella contaba siete años) la más pequeña,  se la apodó “Tiny” (pequeñita).  La ironía es que,” la Tía Tiny “(como la recuerda el Príncipe Carlos) llegó a ser la más alta de sus hermanas. Como sabemos,  se casó con su primo Christoph que le llevaba trece años. Conocido en su familia como “Cri”,  el novio, tras una juventud de playboy,  había conseguido empleo en una compañía de seguros, pero todavía no había encontrado su nicho.

Un año más tarde, la vida de los recién casados cambió el día en que Hermann Göring les hizo una visita. Göring representaba el “lado refinado” del nazismo. Héroe-aviador de la Gran Guerra, viudo de una condesa sueca que le había legado su inmensa fortuna, e hijo de un diplomático, no solo tenía el roce social para codearse de los aristócratas. Además, había convencido a Hitler de que para llegar al poder había que contar con el apoyo de la antigua realeza y de la elite nobiliaria.

La visita resultó un éxito y Cri y su esposa adolescente se unieron al partido. De hecho, toda la familia abrazo el nuevo movimiento. La suegra de Sofia, Margarita de Prusia (hermana del Kaiser), invitó al Fuhrer a tomar té con ella y ondeó la suástica desde la torre de su castillo en Kronberg. Cri llegó aún más lejos cuando se enlistó en las SS. Dentro de la organización fue subiendo como espuma, llegando al grado de coronel.

Además, fue nombrado jefe de la reserva aérea de la LUftwaffe, y director en el Ministerio de Aviación. Pero también Cri estuvo a cargo de otras actividades, más nefastas. Como parte de los servicios de inteligencia de Göring, estuvo encargado de instalar micrófonos en la suite de los Duques de Windsor cuando estos visitaron Alemania y también de espiar las conversaciones privadas del Duce.

En 1935, Göring invitó al joven príncipe y a Sofia su boda con la actriz Emmy Sonnemann. Ahí Sofia conocería a Hitler En una memoria, aun no publicada, que Sofia escribiera poco antes de morir, admite, que, aunque ella y Cri se desilusionaron eventualmente con el nazismo, tuvo la mejor impresión del dictador de Alemania. Tanta era su devoción por el Fuhrer, que a su primer hijo varón le puso Carlos Adolfo.
Hitler junto a Emmy Goring. Al frente con sombrero está sentada Tiny.

Para la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, ya la pareja estaba menos entusiasta. Cuando Reinhardt Heydrich jefe de la SS fue asesinado en Praga en 1942, Cri le dijo a su madre que estaba contento de saber que un hombre tan cruel había muerto. Un año más tarde, Cri moriría en un accidente de aviación.

Sofia y sus hijos se fueron a pasar el final de la guerra con su cuñada Margaret en el Castillo de Wolfsgarten. La Princesa Tatiana von Metternich cuenta en sus memorias muchas anécdotas referentes a esos días y a Sofia. Fue por entonces y a través de su hermana Theodora, que Sofia conoció a otro primo Jorge de Hanover. Aunque Jorge tenía solo 21 años (uno menos que la novia) decidieron casarse. Jorge en un gesto protocolario le escribió al Rey Jorge IV solicitándole la venia para la boda. Era una formalidad y una cortesía que no fue bien vista por el servicio diplomático, la Foreign Office.
Sofía y Jorge de Hanover

Tras comunicarse con los encargados de relaciones exteriores, cierta persona (adivinen quién) se encargó de convencer a Su Majestad que dar la aprobación a más uniones de nazis era desaconsejable (Uff,  ya hasta oigo la voz de Pip Torrens). El rey escribió una misiva oficial a los novios diciendo que le era imposible darles su aprobación puesto que sus países estaban en guerra. Primero hacía un año que Alemania se había rendido y segundo, no se trataba de un matrimonio entre ingleses y alemanes, pero así de retorcida es la diplomacia.

Aun sin permiso, Sofia se casó (Felipe fue casi clandestinamente a la boda). Como nos ha contado “The Crown”, ninguna de las hermanas del Duque de Edimburgo pudo asistir a la boda real. Lo aceptaron como un sacrificio por la felicidad del hermano, pero les dolió puesto que otras personas que también habían estado en el bando enemigo fueran invitadas como la Reina de Rumania y la Duquesa de Aosta. Acabo de enterarme por la biografía de Hugo Vickers Alice, Princess Andrew of Greece, que la Duquesa (de soltera Princesa Irene de Grecia) pudo viajar a Londres solo gracias a la intervención de Tommy Lascelles. ¿Cuál sería la razón por la que Sir Alan se involucró por una vez a favor del fascismo? Como diría El Bardo, Thereby hangs a tale.

La Redención de Tiny
 Aunque no la invitaron ni a ella ni a sus hermanas a la boda de Felipe, en 1948, Sofia realizó una visita fugaz y extra oficial a Gran Bretaña para conocer a la cuñada. Isabel y Sofía se cayeron muy bien. Tanto que, en 1954, Isabel fue madrina de Federica la hija menor de Tiny. Con eso se acabaron los problemas con la familia alemana de Felipe. Todas las hermanas del Duque fueron invitadas, junto a sus familias, a la Coronación de la cuñada. En 1964, Sofía se volvió a convertir en comadre de la reina, al ser elegida madrina del recién nacido Eduardo.
Tiny y su comadre, Isabel

Con el tiempo, otras conexiones Nazis resultaron más embarazosas para los Windsor, como el pasado del Tío Eduardo, o las simpatías fascistas del Duque de Kent, todavía no investigadas totalmente. El matrimonio del Príncipe Miguel de Kent en 1978 con la hija de un general de la SS también causó su revuelo y opacó las actividades de Sofía. Probablemente, su ‘redención” tuvo lugar en octubre 1994, en Israel. Tiny acompañó a su hermano a la ceremonia en Jerusalén donde su madre, Alicia de Battenberg, Princesa de Grecia fue homejeada por Yad Vashem, con su inclusión en la Avenida de los Justos, por haber salvado judíos griegos.
Felipe y Sofía en Yad Vashem.

He tratado de no emitir juicios sobre Sofia y su familia política. No sé qué hubiera hecho yo en su lugar, me refiero de haber sido aria en la Alemania de Hitler. Pero su madre, una mujer que sufrió tanto, no tuvo miedo de arriesgar su vida ofreciendo refugio a los que más lo necesitaron. Incluso antes de volver a Grecia, en su residencia en Alemania, la Princesa Alicia demostró desprecio por el régimen nazi e hizo amistad con disidentes, pero de esta mujer prodigiosa y poco comprendida (incluso la serie la caricaturiza) hablaremos en otra ocasión.



jueves, 15 de febrero de 2018

En San Valentín, los Momentos más Románticos del Drama de Epoca del 2017



Aunque este San Valentín me encontró de vuelta de los asuntos del corazón (Malena no tiene Amo. ¡Malena es un Elfo Libre!), eso no quiere decir que sea insensible al romanticismo en la ficción sobre todo en la histórica donde las emociones se viven más divinamente. Estos fueron los momentos más apasionados que presencié en las pantallas de mi LD y de mi laptop.

Despedida de Ecbert y Judith (Vikings)


“Vikingos” es la serie menos romántica de la ficción histórica. Le ganó hasta a “Los Tudors” en cinismo sentimental. Los hijos de Ragnar cambian de mujeres a cada rato, Lagertha es una mantis que mata a quien comparta su cama (ahora mató a la embarazada Astrid) y el único romance de la historia, el de Helga y Floki, acabó con un pisotón de elefante de Michael Hirst.

Resalta entonces la evidencia de que la única que ha conocido amor en este cuento, es la sajona Judith. Primero con el monje Athelstane, padre de su hijo, luego con su suegro Ecbert. Judith perdió una oreja al ser juzgada por su puritana sociedad. Sin embargo, todos sus hombres están muertos y ella sigue bien viva y poderosa. Yo creo que, a su manera, Judith amó a su marido, adoró a Athelstane, y quiso sinceramente a Ecbert, por eso la despedida de ella y su suegro rezumó romanticismo.

Ecbert seria chueco, pero era muy valiente. Decidió sacrificarse en un último encuentro con los hijos de Ragnar, pero antes puso a salvo a su familia. Una movida que incluyó a su nuera Judith. Ambos comparten un último, aunque público, momento en el patio del castillo. Antes de subir al carromato, Judith besa a su suegro y le agradece haberla amado. Fue un instante muy bonito y muy red hot.

El beso final (My Mother and Other Strangers)

La BBC también es capaz de cometer errores. Cortó de un tajo la excelente “Home Fires” para reemplazarla con otra historia de Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial y metió la pata hasta el ombligo. My Mother and Other Stranger,” nunca tuvo rating, nunca tuvo fans, nunca tuvo mucha lógica. Aparte de ofender a los irlandeses, esta historia de una base de aviadores estadounidenses en Irlanda del Norte tuvo una heroína payasa y tonta.

Sin embargo, Rose Coyne demostró tener un poco de cerebro y buen gusto al enamorarse del honorable Mayor Ronald Dreyfuss, aunque esto afectase su matrimonio. A pesar de llevar mas de quince años de matrimonio y residencia en Irlanda, Rose todavía actuaba como la inglesa que era, mirando a los aldeanos de arriba para abajo. Por eso fue muy agradable saberla confundida y avergonzada.


Desde ese primer encuentro en el lago en que Ron le recita La Dama de Shallot de Tennyson, que Rose cae redonda y todo lo que hace después para bien o para mal, será en torno al oficial. Sus celos de Tilly, la necesidad de separar a Ron de su propia hermana, y sobre todo la ceguera y sordera de Rose a los problemas de su marido y al mucho amor que este le tiene, nacen de una sola razón, su lucha interna. Ya en el penúltimo capítulo, después de cometer cien pavadas, Rose desesperada besa al oficial en su cocina y descubre que él también la quiere.


 Sin embargo, Tilly que sabe que Ron tiene una esposa escondida en un manicomio, intenta separarlos. Mala idea. Cuando Ron vuelve de los Estados Unidos, donde su loca del ático ha sobrevido a un último intento de suicidio, Rose se le declara de palabra. Por una vez conmueve. “Solo me preguntaba por qué ya no me quiere si yo tanto lo amo”.  Prima el sentido común. Rose se marcha a su casa y el caballeroso Dreyfuss se guarda sus sentimientos en el bolsillo.

Ya en casa, Rose se enfrenta a una cantidad de problemas y mini tragedias que por una vez la tienen sin cuidado. Todo es irreal. Como dice su hija “¡esto parece una farsa francesa con personas que salen de los armarios!” Rose decide salir de su armario. En medio de la lluvia, y en las tinieblas nocturnas,  se pega una carrera a lo Forrest Gump que solo acaba cuando se encuentra con el jeep de Dreyfuss.



A pesar de que hay un ultimo intento de ambos de portarse con honor, se dan cuenta que meter honor en lo que ellos sienten es morbo total. Se funden en un mega beso que recuerda a las películas de los 40s y nos recuerda en los días de desnudos gratuitos y parejas sudadas y bufantes, lo sexy que puede ser un beso.

Espérame en el cielo (Reign)

Yo creo que todos los fans de “Reign” vivimos desde el primer episodio con ese miedo del final del cuento y con la esperanza que una serie que jugaba de manera tan estrafalaria con la historia también hiciese malabares con la suerte de Maria Estuardo.

Sin embargo, la temporada final nos mostró que la historia real siempre prevalece. Pudimos ver a Maria en amores con Lord Gideon, pero al final el diplomático gravitó hacia la corte isabelina dejándole el camino libre a Henry Darnley quien en la vida real y en la pantalla, desposaría a la Reina de los Escoceses. 

Para la boda, Maria estaba clarísima respecto a las intenciones mercenarias de su marido y de que el primo era un vil gusano traidor. Pero, como dicen los mexicanos, por haberse comido la torta antes del recreo, la reina tuvo que casarse antes que se le notara el embarazo.

La serie tomó un derrotero histórico, y (por ende) trágico, con Mary enamorada de Lord Bothwell y éste teniendo que desembarazarla del marido vía el asesinato. Se esperaban al menos tres o cuatro episodios más antes de la muerte de la reina. Ahí habría tiempo de desarrollar la relación Bothwell-Maria, pero esa costumbre lapidaria de las productoras de quitar fondos obligó a la serie a cerrar puertas antes de tiempo. De pronto se saltaron casi tres décadas y nos encontramos en vísperas de la ejecución.

Fueron tristísimos esos últimos momentos, en los que Maria pone sus esperanzas en la intervención de su hijo Jacobo. Pero el Rey de Escocia sucumbe a la ambición de reinar sobre una Gran Bretaña unida, ambición que antepone a la vida de su madre. Vemos a Mary con rostro desolado, con el cabello semi canoso sujeto en severo chongo, y vestida de negro (en la vida real la Reina de los Escoceses se vistió de rojo, el color de los mártires). La reina se hinca en el cadalso, se persigna y pone su cabeza en la piedra, el verdugo levanta el hacha y…

¡Mary despierta en el cielo! Nada de cabezas chorreando sangre, ni de pelucas, ni de perritos escondidos bajo el vestido. Mary despierta desnuda en una cama (Ohhh como quiero ir a ese cielo) y a su lado…Francisco.

Y ahí me doy cuenta de que, aunque no sea histórico, ese sería el final canónico de una serie que siempre dejó claro que el gran amor de la reina fue su primer marido, el Rey de Francia. Mary pestañea asombrada y luego se da cuenta que ya no habrá más sufrimientos ni separaciones. Final perfecto y super romántico.

El desfile privado (The Collection)

“La Colección” fue un drama oscuro, poblado por personajes enmascarados de secretos, demasiado complejos para calificar como románticos. Solo una persona, la semi protagonista, Nina era lo suficientemente joven para enamorarse o provocar sentimientos que podrían calificarse como sentimentales. Algo evidente en esta escena que para mi tuvo todas las connotaciones que debe tener un romance.


Nina es una adolescente que trabaja en el taller de Maison Sabine. Paul Sabine decide convertirla en modelo. Pero Nina, la colegiala inexperta, tiene que superar su miedo a los zapatos de tacón alto. Sin tacones, Nina no puede desfilar. Le toca a Claude Sabine enseñarle a caminar como maniquí. La escena tiene lugar en la buhardilla donde vive Claude.

 Como el personaje de Tom Riley va cambiando de ropa, suponemos que tiene lugar a lo largo de varios días. Todo el proceso va acompañado de una apropiada banda sonora que abarca valses de Strauss, la Habanera de Carmen y temas de los cantautores del momento como Jean Sablón y Charles Trenet. Es una apropiada combinación de lo clásico y lo moderno que refleja el espíritu del New Look.

Durante las lecciones Nina luce diversos modelos de Maison Sabine, desde el mas sencillo (su bata de costurera) hasta un vestido de baile. Primero camina sola, con Claude guiándola desde lo alto de las escaleras. Luego desfilan ambos portando pesos sobre la cabeza para afirmar la figura. Después es Nina la que está en lo alto, como demostrando la evolución de su relación que culmina en un vals compartido. Las connotaciones eróticas de sus movimientos son innegables, pero como todo en la serie está llevado a confundir al público.

A esas alturas tenemos cierta información sobre Claude y Nina. Sabemos que Claude es el verdadero diseñador de Maison Sabine, no su hermano Paul. Sabemos que es homosexual. Lo sabe Nina. A pesar de verse inocente, sabemos que ella tiene un hijo al que se ha visto obligada a dar en adopción. Es solo capítulos mas adelante donde esta escena se nos aclara cuando la misma Nina confesará a su madre el secreto que ella y Claude comparten. Es ahí donde deseamos retroceder y revisar esta escena para notar todas las claves escondidas en cada gesto.

Ese viaje a Kenia (The Crown)

Si algo se puede decir de “The Crown” es que ha sido la tumba de la reputación de mi pobrecito Duque de Edimburgo. Con tanta infame calumnia, Peter Morgan se ha encargado de denigrarlo sin llegar ni a entenderlo ni a entender los logros ni la verdadera tragedia de Philip Mountbatten. Es por eso por lo que valoro tanto el episodio titulado “Hyde Park Corner” donde por última vez se pintó al Príncipe Consorte de manera positiva. Se lo mostró tal cual es: un gran metepatas; un poco iconoclasta en su rechazo a correcciones políticas del ayer y del hoy; pero un individuo simpático, alegre y muy enamorado de la mujer.

Desde el comienzo que hemos visto que muchos (y eso que la serie se guardó las verdaderas conspiraciones palaciegas capitaneadas por mi adorable Sir Alan Lascelles) se opusieron, y por diversas y peregrinas razones, al matrimonio de la princesa Isabel. Aun así, hemos visto a Isabel ser tremendamente feliz junto a su marido. Pasamos al galope esa maravillosa estadía en Malta que fue una prolongación de su luna de miel, y seguimos a los Esposos Mountbatten a ese mágico viaje a Kenia, que ninguno sabe, será la ultima vez (al menos en esa sombría visión Morgan del matrimonio real) en que podrán vivir feliz y despreocupadamente su amor.

Tenemos a una Claire Foy espectacular, bellísima en preciosos trajes incluso en pantalones (nunca más la veremos usarlos) junto a un Matt Smith que por última vez sonríe y se ve sexy y simpático incluso cuando ofende a reyes masái o mete las manos en la comida. Se ven como lo que eran, jóvenes y enamorados, y los nativos que los sirven también caen bajo el embrujo del amor de una pareja tan carismática.


Lo fantástico del viaje es que Morgan erotiza de manera romántica sin caer en vulgaridades a Los Mountbatten. No solo volvemos a verle la cola al príncipe sino también esta esa imagen de Isabel vestida con la camisa del marido (y obvio que no tiene calzones puestos) sacándole fotos a las nalgas de Felipe. Esa estadía en el Treetop Hotel (hotel que literalmente queda en la copa de un árbol) esta teñida con la palabra ‘Sexo”.

Aun así, se nota que la relación trasciende lo sexual y cae en lo romántico como esa escena fantástica en que Felipe enfrenta a un embravecido elefante para proteger a su esposa-futura reina. Ósea ahí tenemos al Matarreyes en el Foso del Oso. Ni hablar de Felipe consolando a la reina por la muerte del padre.

Incluso es romántica esa ultima conversación, en el avión que los lleva de regreso a Londres. Es de madrugada. Isabel y su marido están ahí en piyama, acurrucados, cuchicheando sobre el futuro que los aguarda. No se esperaban que la corona les llegara tan rápido, temen a los cambios que afectarán su relación. El primero es que ya no contarán con Martin Charteris. Ahora les toca apoyarse en Tommy Lascelles a quien Felipe describe como un hombre que” se quedó pegado en La Tierra que el Tiempo Olvidó”.


Efectivamente, la entrada de Sir Alan cargando las ropas de luto de su soberana es el parteaguas que (según la serie) destruye el romance idílico entre Isabel y su consorte. Es Tommy quien ataja a Felipe antes de bajar del avión. Que no se le ocurra adelantarse o caminar a la par de la esposa. “La Corona tiene precedencia”.  Isabel vuelve su cara asustada a mirar al marido. Ese es el fin de su luna de miel. Y ese es el fin de lo romántico, lo sentimental y lo tierno en “The Crown”.

Y Colorín Colorado. A ver si este año nos trae tantas escenas románticas en una época en que lo romántico va perdiendo piso.