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lunes, 15 de julio de 2019

Chicas Pansexuales, Mancebas de Clérigo, Damas Enfermeras y Hasta Ava Gardner: Memoria Histórica Televisiva



“Cuéntame cómo pasó” dejó la puerta abierta para otras visiones de cómo se vivía en tiempos de Franco. Curiosamente, no hubo serie que tocase directamente la Guerra Civil, pero si la posguerra e incluso la Segunda República. Hasta hay por ahí algo que se intentó hacer y fue coartado por la censura.

Mujeres en Tiempos Revueltos
Un tiempo después que El Dr. Ernesto Medalla me había enganchado con “Cuéntame cómo pasó” y estando sola, prendí la tele y puse RTVE. Me encontré con una serie muy curiosa que tenía lugar en el Madrid de la Segunda Guerra Mundial. Llamé enseguida a Ernesto para contarle. No recuerdo exactamente sus palabras, pero su desprecio líquido rezumó del auricular. Aparentemente “Amar en tiempos revueltos” era lo contrario de “Cuéntame” en términos de calidad y objetividad. Igual, me ganó la curiosidad y me puse a verla.

Esa era la primera temporada y aunque me la tragué a la mitad, años después, RTVE la repuso y pude verla entera. Mas que subjetiva, su problema es que estaba plagada de lugares comunes y la trama era ultra previsible. Por ejemplo, Antonio el protagonista (Rodolfo Sancho) era muy sufrido y parecía representar a todos los vencidos del Bando Republicano.

La historia comenzaba con Antonio, el niño pobre enamorado de la rica Andrea (Ana Turpin). La familia de Andrea se opone a esos amores desiguales, ella se busca un novio aristócrata. Antonio se va la guerra. Ahí muere el novio de Andrea. Antonio y Andrea se casan, tienen un hijo y sobreviven. Ok, aquí se acaba la suerte. El matrimonio de ambos es nulo porque no se casaron por la iglesia, el hijo muere.

Antonio es encarcelado, pero sale gracias al sacrificio de Andrea quien acepta casarse con el aristocrático Mario, hermano del difunto novio. No hay tal sacrificio. Mario (Cristóbal Suarez) es guapísimo y muy noble. Andrea se siente enamorada, pero su incapacidad de tener más hijos la hace extrañar al pequeño Liberto (¡qué nombre tan fuchi!).

Entretanto el padre de Librto se pone a trabajar con una estraperlista. La policía los vigila, pero no les pasa nada. Antonio auxilia a un antiguo brigadista que ahora es agente aliado (luego se revelará que trabaja para los rusos), tampoco le pasa nada. Es una visión casi hollywoodense de los peligros de vivir en un país semi neutral, pero con vínculos con el Eje.

Pues Antonio y Andrea descubren que su hijo vive. Mario, que es un santo, adopta al niño. ¿Cómo le pagan Andrea y Antonio? Pues montándole cornamenta de reno lapón. ¡Mario se vuelve maaalooo! Amenaza con quitarles al crio, pero es locura momentánea. Noble hasta el final, el abogado Mario empaca a los adúlteros y a Liberto y los envía más allá del Pirineo.  Mas tarde en la cuarta temporada nos enteramos que Andrea cometió el error de regresar y fue ejecutada.



“Amar” está (al comienzo) basada en una serie catalana llamada “Temps de Silens’ pero carece del compromiso político de esta y no porque retrate a al franquismo con benevolencia, sino porque no sabe hacerlo con seriedad. Le falta la franqueza y humanidad de “Cuéntame” que a ratos también se ponía partisana, pero que era clara en un hecho. Se podía ser apolítico en la España de Franco, pero tarde o temprano, la política te golpeaba la puerta.

Aun así “Amar” ha tenido seguidores fieles que no se despegan de la tele y eso ha conseguido que siga hasta hoy, aunque con nombre diferente y en diferente canal. La serie ha cubierto los cambios sociohistóricos de España desde el 1936 hasta el 1976.

 Toda la acción ocurre en un barrio madrileño, en la Plaza de Los Frutos y el punto en común ha sido el bar “El Asturiano” propiedad de Pelayo (José Antonio Sayagués) y su hijo Marcelino (Manuel Baqueiro). Este último, que en la primera temporada fue camarada de armas de Antonio (y ni sé porque nunca lo pusieron preso) y hasta repartía volantes clandestinos, se ha “despolitizado” con el pasar de los años, más preocupado de problemas personales que de acabar con la dictadura.
Pelayo y su familia

Gracias a esa tibieza política es que “Amar” ha gustado tanto. Sigue las pautas de una soap opera estadounidense, presenta una variedad de personajes, ropa preciosa y la historia española no pasa sino de ser una anécdota. De ese modo ya llevaba siete temporadas cuando los recortes presupuestarios que Rajoy impuso a TVE comenzaron a amenazar su futuro. Milagrosamente fue la cadena rival, Antena 3,  quien acudió en su auxilio. La compró, le cambió el nombre a “Amar es para siempre” y ahí está muy sana llegando ya a la Transición.

A veces a los productores de “Amar en Tiempos Revueltos” les remordía la conciencia de que su telenovela (la dan de lunes a viernes) se concentrara más en el “Amar” que en los “Tiempos Revueltos” Por eso a ratos, sacaba unos especiales más crudos y violentos. El primero, “Flores para Belle”, parecía hecho por Tarentino drogado.  

“Flores para Belle’ era una cursilería y una chulería, un cuento de agentes devotos a la ‘causa” que se visten de alemanes para impedir que los Nazis se lleven un cargamento de wolframio a Berlín. Aparte de hablar del interés alemán por el wolframio español, un tema hasta hace poco desconocido, el cuento solo sirve para mostrarnos a Andrea y a Marcelino como agentes de la Resistencia española (¿WTF?).

“¿Quien mató a Hipólito Roldan?” fue mucho más interesante y mejor hecha y sirvió para mostrar la cruel justicia de los Falangistas aun en contra de uno de ellos. Pero en “Alta Traición” volvimos a los despropósitos. Paloma (Ana Otero)un personaje recurrentetras enviudar deja Inglaterra con su hijo y regresa a España. Ahí se encuentra con una trama hitchcockiana. Primero le roban el bolso con dinero y documentos, luego al detenerse en el camino, le raptan el hijo.

Lo peor es que nadie parece recordar que ella  tenía un niño consigo, la policía cree que está alucinando y Paloma queda a merced de un total extraño llamado Patrick (Gines García Millán) que es el único que (sospechosamente) recuerda al niño. ¿Qué hace Paloma?  Se encama con este desconocido. ¿Querrá agradecerle? ¿No se aguantará la calentura? Que el sexo fuera más importante que su miedo ante esta situación tan rara, y la preocupación por el hijo perdido, me dejaron claro que esta serie era imprevisible e inverosímil.

El ultimo especial giró en torno al retorno de dos personajes icónicos de la serie:  Ana Rivas (Marina San José, hija de Ana Belén y Víctor Manuel) y Teresa García (Carlota Olcina), su cuñada y amante. El romance Ana-Teresa sigue siendo considerado uno de los mejores ejemplos de amor lésbico en la televisión española. Sin embargo, esta historia pudo haber ocurrido en cualquier país (donde no existiera el divorcio) en esa época.

Importante en la trama a partir de la cuarta temporada son los Almacenes Rivas establecidos en un costado de la Plaza de los Frutos. Los manejan Ramon Rivas (Manuel Bandera) y su madrastra Encarnación (Cristina de Inza). Las cosas cambian cuando llega Ana, la única hija de Ramon, y la heredera de toda su fortuna. Ana ha estado estudiando y preparándose para ocupar su puesto en el negocio familiar.

Aunque ingenua y romántica, Ana tiene claro que ser mujer no le impide ser empresaria. Mientras su madre Marta (Cara Sanchis) se emociona porque Doña Carmen Polo visitará su bazar de caridad, Ana quiere saber cómo se sienten sus empleados. Para eso se hace pasar por una dependienta más. Así hace amistad con Manuelita (lItzar Miranda) la mujer de Marcelino, y con Teresa, recién llegada la capital.

En esos días anda un asesino en serie asustando al barrio. Se aparece Héctor, Perea (Javier Collado), un inspector de policía a hacer pesquisas en los almacenes. Ana y Teresa le hacen ojitos y él no sabe por cual decidirse. Héctor es chapado a la antigua y pro-Régimen (peleó por el bando nacional y llama al conflicto “La Cruzada”).
Ana y Héctor

Ana se encama con Héctor, Teresa se entera. Teresa y Manolita se enteran de que su amiga Ana es en realidad su patrona. Ana se entera que Encarnación es su verdadera madre, ya que tuvo amores con su hijastro. ¡Ayy ahora si se viven Tiempos Revueltos!

Las cosas se aclaran, a pesar de que las amigas intercambian fogoso beso que las deja muy confusas. Teresa lo arregla acostándose con Héctor y casándose con él. Ana se hace novia de Alfonso (Alex García), el hermano de Teresa. Sus padres mueren en un crucero. Ana es ahora dueña de los almacenes (no recuerdo que pasó con Encarnación). Teresa espera un bebé. Alfonso, un aspirante a boxeador, se casa con la millonaria, pero es un patán que no soporta la superioridad de su mujer en todo. La humilla, la golpea, hasta la viola.
Ana y Alfonso

Teresa pierde él bebe. Alfonso muere en un accidente, pero ha dejado embarazada a su mujer. Ya es imposible para las cuñadas negar que se gustan, que su amistad es amor y deseo físico. ¿Pero y Héctor? ¿Y el bebé? Ana se pone a beber, se acuesta con un gigolo, fuma como carretonera. Finalmente, hasta Héctor se da cuenta de lo que pasa y noblemente permite que Teresa se marche con Ana y él bebé, Alejandro, a vivir su amor en Santander.

El ultimo especial “La muerte a la escena” trae a la pareja de regreso a Madrid justo cuando Héctor cree renovar su vida junto a Asunción (Nadia de Santiago). Teresa decide darle un regalo, un certificado de defunción falso que la acredita como muerta. Antes sus tumbas, Ana y Teresa se despiden de Héctor quien ahora es libre para casarse de nuevo. Pero esperen que esta fábula tiene moraleja.

 En “Amar es para siempre” la resurrección de los tiempos revueltos en Antena 3 vemos a Asún y Héctor casados, con un hijo, y al frente de una agencia de detectives. Para la segunda temporada, Héctor lee en un periódico que Ana que vivía en la Argentina, ha muerto en un incendio en un hotel de Lisboa junto a su hijo. Teresa, malherida, es llevada un hospital y ahí da su nombre de soltera (o peor de casada). ¡Qué horror, Héctor va a ser acusado de bigamia!

Asún se entera que Héctor le hizo lo que Rochester a jane Eyre, Ayyy. Con justa razón el auditorio gay puso el grito en el cielo. ¿Qué tipo de final era ese para tan linda historia de amor?  Ahora todo se trataba de Héctor y su estatus (hasta el final, Héctor ocultó la orientación sexual de su mujer). Es que esta historia se parecía mucho a la del triángulo de la primera temporada y ahí Andrea moría ejecutada por guerrillera. Conclusión, el adulterio no paga,  menos si ocurre en tiempos revueltos.
Andrea y su puño en alto antes de morir

Entre el Cura y el Marqués
Con “Cuéntame” y” Amar en tiempos revueltos” se dio por bien servida la crónica de vida y sociedad franquista. La Memoria Histórica decidió aplicar el revisionismo  al final de la monarquía. Así nació “La Señora “una belleza de historia que por tres temporadas me tuvo enganchadísima con una historia que lo tenía todo.

Me recordó un poco a “Los Gozos y las Sombras “solo que aquí la acción ocurre en Asturias, pero también es un mundo rural pre Guerra Civil (La acción tiene lugar en los Años 20) y equilibra un retrato/denuncia social con un triángulo romántico tan poderoso y emotivo como el de la trilogía de Torrente Ballester. Antes de ser Sira Quiroga, Adriana Ugarte ya nos había regalado otra interpretación intensa, la de Victoria Márquez, niña bien de provincia. 

Hija de un poderoso hombre de negocios y dueño de minas y astilleros, Victoria es como la princesita de la comarca. Aun así, hace amistad con Ángel, hijo de un pescador. Una amistad que degenera en amor a medida que crecen. Pero Victoria se debe a su clase y se marcha a un internado y Ángel se debe a una promesa del párroco a su madre que le conseguirá un cupo en el seminario. En una época en que la única movilidad social de un campesino estaba en ejercito o iglesia, esta oportunidad no puede ser desperdiciada.

El cuento del cura enamorado (que también aparece en la literatura en Pepita Jiménez, y La Regenta, entre otros) se había vuelto un trope en la ficción de la Memoria Histórica. Ya tuvimos a Eugenio en “Cuéntame que pasó” y al Padrecito Ángel en la primera temporada de “Amar en Tiempos Revueltos”. Ahora se trajeron a Rodolfo Sancho que se estaba convirtiendo en el gran galán de las series de RTVE para interpretar a Ángel.

La primera temporada comienza con Victoria regresando del internado. Se ha convertido en  una chica despampanante y al paso de Ángel le saldrán otros rivales como el oficial Hugo de Viana (Raúl Peña). Ángel, que está a punto de ordenarse, descubre que ama a Victoria, pero ella tiene otro pretendiente que pesa más que los otros, el Marqués de Castro (Roberto Enríquez).

Gonzalo López, Marqués de Castro, es un hombre enigmático de cuyos orígenes nadie sabe y que porta un título gracias a que en España el casarse con una noble hace al marido aristócrata inmediatamente. Gonzalo es un as para los negocios lo que lo lleva a asociarse con Ricardo Márquez, padre de Victoria. Pero cuando este no sigue sus planes, lo mata.

Cuando Gonzalo descubre que su cuñada es la culpable de la muerte de su hijo y de su esposa, la empuja al suicidio. Cuando Pablo, hermano de Victoria, se hace cargo de las empresas de su difunto padre, Gonzalo convence a Victoria que vete al hermano y se haga cargo de los negocios ella. Solo que Victoria es una mujer inteligente, justa y enérgica. Se hace cargo de todo, pero el bienestar de sus mineros y obreros es lo primero.

Victoria y Ángel siguen de romance. Gonzalo usa al hermano anarquista del seminarista para chantajearlo y obligarlo a ordenarse sacerdote. Igual, Ángel y Victoria se dan su rico revolcón. Un incendio casi cobra la vida de la madre de Ángel. Este,  lleno de remordimientos creyendo que ha sido un castigo divino, no se presenta en la iglesia para interrumpir la boda de Gonzalo y Victoria.

La segunda temporada iba camino de ser una sarta de cliché con Victoria rehusándose a ser mujer de Gonzalo, con este encerrándola y portadose peor que El Celoso Extremeño, cuando El Marqués muy listo cambia de tácticas. Arriesga su vida por su mujer, compensa a los mineros, hasta saca a Ángel de la cárcel. Llena de agradecimiento, Victoria le da su noche de amor y varias noches mas.

Aun así, un año después Victoria decide huir con Ángel, pero un mareo le impide reunirse con el cura quien mata a un asesino que le ha mandado Gonzalo y ayudado por su verdadero padre (El Párroco Don Enrique) huye de España. La Tercera y última temporada fue la mejor.

 Tras cinco años de ausencia, Ángel, convertido en legado papal regresa al pueblo. Se encuentra que La Señora Marquesa de Castro, tiene una hija, Aurorita.  Gonzalo es el único mamerto que cree que la niña es hija del cura y no la quiere.

Pasan muchas cosas, pero la más importante es la revelación de la verdadera identidad del marqués de Castro. Resulta que era un gañan, un mozo de taberna que mató al patrón y robó su identidad. Ahora la viuda del asesinado aparece y chantajea a Gonzalo. Victoria descubre la verdad. Apiadada del padre de su hija, le confiesa que nunca lo engañó. Aurora es hija del Marqués.

Gonzalo huye ayudado por Victoria. Pero La Señora es gravemente herida en un derrumbe de la mina y muere en brazos de Ángel que ya colgaba los hábitos por ella. ¡Qué final tan triste! Peor aún, la “viuda” del Marqués quería quedarse on la fortuna y con Aurora. ¡Ay que horror!

“La Señora” fue una serie como D-s manda, bien hecha, bien actuada. Gonzalo era un villanazo, pero caía bien, se le admiraba…a ratos. Lo bueno es que la serie era histórica. Los abusos patronales, el cacicazgo, el auge del anarquismo, la dictadura de Primo de Rivera, la Guerra de África y los movimientos sindicales eran temas constantes, pero como trasfondo. El personaje de Encarna, una obrera que llega a ser cuñada de Victoria, era la gran representante de las ideas revolucionarias, tan revolucionaria que da asilo al asesino del padre de su hijo y hasta se acuesta con él.

La Republica Censurada
Se habló mucho de que habría una secuela de “La Señora”.  Y eso se creyó seria “14 de abril: La República” pero, aunque se incorporaron personajes antiguos como Hugo de Viana, ahora convertido en el ejemplo del militar antirrepublicano, la odiosa de Encarna y el pesado de Ventura, la serie sigue por otros caminos. Eso a pesar de que su primer capítulo gira entorno a la exhumación del cadáver de “Ramiro Villaseca” ósea de Gonzalo.
Los protagonistas de la censurada República

Yo me harté de ver la serie y la dejé, pero ahora me entero de que en algún momento Ángel, quien está criando a Aurora, llega a Madrid en busca de Gonzalo. Hay un encuentro entre los tres hombres que amaron a Victoria: Gonzalo, Ángel y Hugo. El ex Marqués muere a manos de este último. Antes se entera de que provocó la muerte de Victoria y que Aurora crecerá creyéndose hija de Ángel.

Pero “La República” se ha hecho famosa por otro motivo. La segunda parte aun después de anunciada nunca vio la luz. No sorprendió a muchos puesto que sus ratings eran  bajos para un programa nocturno. Ahora, han salido diciendo que el gobierno de Rajoy impidió su salida al aire, que fue censurada. Con ese rotulo de serie proscrita, la Segunda Temporada de “La República” debutaba por fin en noviembre del 2018 y ¡oh sorpresa! nunca superó los 8 puntos de rating. ¿Tal vez fue censurada por mala?

Ava Gardner a la española
Entretanto Movistar se ha puesto a hacer series propias y entre ellas un par de dramas de época que discutiré en otro post. La que tiene cupo aquí es la estrambótica “Arde Madrid”. La premisa era genial, la vida de Ava Gardner (y amigos) en el tiempo en que la diva vivió en Madrid (1961). Además, decidieron enfocarla desde un punto de vista totalmente diferente, del de la criada de la actriz que es una infiltrada de los servicios de inteligencia franquista.
Ava Gardner cuando vivia en España

Ni Debbie Mazar se parece a Ava ni Rebeca Lutu se parece a Marisol

La idea de ver el shock cultural que tiene lugar cuando una solterona católica y reprimida es expuesta a un estilo de vida desinhibido como el que llevaba Ava era tremendamente novedoso pero la producción cometió varios gafes. Primero el convertirla en comedia, hay que tener mucha experiencia y juicio para convertir un tiempo revuelto en algo cómico y aquí no los tuvieron. Como es de solo media hora cada capítulo quedaba a nivel de sitcom, incapaz de ofrecer una visión histórica ni de esa España ni de la vida de Ava Gardner que no pasaba de ser una caricatura



¿Luego a quien se le ocurre que en la misma serie donde sé afea a una guapa como Inma Cuesta se traigan a una fea como Debbie Mazar para encarnar a una de las mujeres más bellas del cine? Para colmo, grabaron la serie en blanco y negro. ¿En qué cabeza cabe? Si la idea era mostrar lujo, belleza, excesos, todo en contraste con la realidad gris y cotidiana del mundo exterior.  Además, devienen en ese discurso que pasa por feminismo de que el mayor logro de una mujer (y parafraseo a los productores) es no ser “sexualmente analfabeta”.
Inma Cuesta haciendo de fea y Debbie Mazar haciendo de guapa

 Por suerte, esta serie solo pueden verla los subscritores de Movistar, aunque la publicidad te la vende como si fuera material de Emmy. La serie ya se ha ganado tres premios, pero si le regalaban galardones a “Águila Roja”… yo ya desconfío mucho de los premios españoles. Curiosamente, ha sido en mayo recién que han anunciado que no habrá segunda temporada “Paco León (actor y productor) ha dicho que serie “los ha desgastado” a él y a su socia Ana R. Costa.

Cuando Me Too se Convierte en la Nueva Memoria Histórica
Aun recuperándose de la censura, RTVE volvió a la carga con otra serie de época. Esta vez se eligió un área histórica neutral: 1913-1916, pero el enfoque también debería ser revolucionario: los derechos de la mujer. No es coincidencia que” Seis Hermanas” debute en el 2015, el año en que nace el movimiento MeToo.

La historia es muy original. Tras la muerte de un poderoso empresario, sus hijas se dan cuenta que, debido a leyes y prejuicios de la época, no podrán manejar los negocios del padre. Como solución, ocultan la muerte de su progenitor, fingen que se ha ido de viaje y así se hacen cargo de los negocios. Las seis hermanas corresponden a diferentes tipos de mujer y cada una es dotada de una personalidad definida.  Tenemos a la aristócrata adultera; a la ambiciosa que se debate entre dos hombres;  la empresaria nata; la artista que quiere cantar en público; la maestra con conciencia social que descubre que es gay; y la niña mimada.

TVE intentó algo novel, lanzar “Seis Hermanas “en primetime. Fracaso total, el futbol se la comió. Hubo que bajarla a la sobremesa donde fue vencida por otro producto de época, “El Secreto de Puente Viejo”. Aunque “Seis Hermanas” tenía un precioso vestuario, sus intenciones de ser la “Downton Abbey” española quedaron truncas. Las pobres actuaciones y los diálogos miserables no permitieron nunca que los personajes fueran multidimensionales o transmitieran emociones que atraparan al público. Después de dos temporadas, cerró sin haber alcanzado cifras de dos dígitos.

RTVE no escarmentó. Querían aprovechar el auge del Me Too. Querían aprovechar el agitamiento social provocado por el crimen de la Manada. Pero en vez de hacer una serie moderna que tocase temas de actualidad, tuvieron la idea peregrina de trasladar conflictos presentes a un espacio de provincia de los Años 20. 

No voy a comentar más de lo que hice en mis reseñas de la Primera Temporada de “La Otra Mirada”. La obsesión por el presentismo los llevó a pasarse por la cola las leyes de la época y arruinar a personajes históricos como Maria de Maeztu y su obra. Como dijo una fan en ese tiempo las mujeres tenían problemas, “pero no como los muestra la serie”.

La gran ironía es que “La Otra Mirada” que nunca superó el 10% de audiencia ameritó una segunda etapa. A pesar de que esta vez se intentó hacerle un poco de propaganda y comenzó con un 10% de audiencia, al sexto capitulo ha bajado al 8%. Ni el regreso de una Angela embarazada (tal vez para compensar el aborto intencional de Flavia) ha evitado la fuga de espectadores. Ahora que ha acabado salen diciendo que era “una serie al servicio público”. WTF? El único servicio público que puede tener un drama de época es ayudar a maestros de historia.

Es que la serie ha fracasado en todos los frentes donde ha intentado batirse: en el cuento de misterio, en los amores lésbicos de Angela y Paula y en un feminismo que no cuadra porque es anacrónico. Triste, porque fue una época de batallas e intentos de superación de la mujer española que merecían ser recordados.
Ni en mi época se permitia a una maestra , por muy casada, lucir panza de embarazada

Muy diferentes han sido los enfoques de esa era en otras productoras. Por ejemplo, Bambú quien ya traía éxitos de época como “Gran Hotel” y “Velvet” (que discutiremos con la formula del espacio claustrofóbico) le apostó a una serie en los Locos 20, con mujeres protagonistas, con vestuarios esplendorosos y con mucho romance. Solo, y he aquí la novedad, “Tiempos de Guerra” trataba todo esto en un marco, ni siquiera trasfondo, totalmente masculino, la experiencia bélica.

Es cierto que este homenaje a las “Damas Enfermeras” fue un culebrón total, muy parecido al “The Crimson Field” de la BBC, lleno de clichés y situaciones inverosímiles: las rivales oportunamente mueren al final; Julia ha luchado tanto para ir a buscar a su hombre al África y acaba enamorándose de otro, etc.
Julia fue a Africa por Andrés y lo dejó por Fidel. 

Lo bueno de “Tiempos de Guerra”que sigue cosechando un público internacional vía Netflix,es que cumple con los tres  requisitos necesarios de la buena ficción histórica: personajes ficticios redondos y queribles (sobre todo aquí en el personaje de Magdalena);  lección de historia hasta ahora desconocida para el espectador (todos corrimos a la Wikipedia a ver qué era eso de la Guerra del Rif); y  el rescate personajes históricos humanizándolos, aquí eso ocurrió con la Reina Victoria Eugenia y con el maravilloso retrato que Alicia Borrachero hizo de La Duquesa de la Victoria.

Y yo creo que con eso se cierra el tiempo de la Memoria Histórica. En cambio, otros momentos de la historia peninsular si han sido recordados y con mucha gloria y eso veremos la próxima semana.

ADDENDUM: Yo creo que el problema de la memoria histórica y su revisionismo es que cae en maniqueísmos y revisionismo partisano. Ni hablar de la abundancia de personajes unidimensionales. La salvación seria usar una base literaria fuerte que es lo que ha funcionado en el pasado. Por ejemplo, adaptar una trilogía como la que inicia con Los Cipreses Creen en Dios de Jacinto Gironella. Ya oigo alaridos de “libro fascista” pero no lo es. Es menos tremendista que Madrid: de corte a checa de Agustín de Fox y menos maniqueo que La enfermera de Brunete. Además, cubre los últimos años de la Republica, la Guerra Civil y la posguerra y tiene lugar en Cataluña.

Por otro lado, también se puede apelar a libros de historia. Ya que tanto gusta el rufián de Paul Preston, se podría dramatizar su Doves of Spain (Palomas de Guerra) : cuatro biografías de mujeres involucradas en la Guerra Civil, dos de cada bando, y dos de ellas extranjeras.


Otro proyecto que sueño con ver en pantalla, pero creo que mejor quedaría en manos extranjeras es Hotel Florida de Amanda Vaill. La historia de tres parejas que se pasaron la Guerra de España en el Hotel Florida en Madrid: Arturo Barea y quien sería su esposa, llse Kulcsar; Robert Capa y Gerda Taro; y Ernest  Hemingway y Martha Gellhorn. Ciertamente estaría mucho mejor que la hedionda película de la HBO “Hemingway and Gellhorn”.


lunes, 7 de enero de 2019

Drama de Época 2018: Lo Malo, Lo Feo y Lo Ofensivo



Por triste que parezca, Lo Mejor debe ser seguido por Lo Peor. El 2018 no escatimó en malos y amargos momentos en lo que se refiere a actuaciones, adaptaciones y guines de dramas de época. Algunas eran barbaridades anunciadas, precedidas por novelas incomodas como The Alienist, La Catedral del Mar y The Little Drummer Girl, pero otras series comenzaron muy bien y acabaron en desastres.

Peor serie:” La Otra Mirada”.

Este intento de combinar un escenario de época con sensibilidades modernas y (peor aún) oportunistas recreaciones de tragedias del Siglo XXI en un marco de la Sevilla de 1920, les quedó a RTVE en un producto ofensivamente petardista.


 Todos los amigos del period piece nos sentimos estafados con una visión tan falsa del mundo andaluz de la ‘época y con personajes femeninos que parecían trompeteras del “Me Too”. Eso en un tiempo en que las mujeres, incluso las promotoras del feminismo no hubiesen osado pensar, actuar o expresar disparates como los que ofreció la trama. El hecho de que ni en España tuvo éxito es ya muy significativo. Y aun as'i la han renovado.

Peor Personaje Femenino Charlie de “The Little Drummer Girl”.

No culpo a John Le Crre, que es socialista y anti sionista. Aparte que ha dicho que basó el personaje en su hermana, otra ingenua en lo que se refiere a política. En el pésimo filme de los 80, la gran Diane Keaton interpretó a Charlie como una bobita lanza-mensajes panfletarios, pero había algo genuinamente lastimero en ella.

 Florence Pugh convirtió al personaje en una mocosa insoportable, malcriada y con cara de malas pulgas. Sus discursos hedían a egolatría y arrogancia. Nunca pareció realmente ser simpatizante de ninguna causa. Además de ser una mentirosa compulsiva, resultó no ser buena actriz. No puedo creer que en la Mossad estuvieran tan necesitados como para contratarla.

Peor Personaje Masculino Príncipe Alberto de “Victoria”

Por segundo año consecutivo Albert (Tom Hughes) gana un premio por Odioso del Año. ¿Qué puedo decir si ya en el primer episodio de la segunda temporada le dijo “estúpida” a su mujer?  Su confabulación con los ministros y sus intentos por reprimir el poco poder de Vicky los excuso como compresibles en un hombre de su época, y que como príncipe se veía ninguneado, pero su crueldad es inexplicable.

Sus esfuerzos por separar a Victoria de gente que ella amaba como la Baronesa Lehzen o la ahijadita negra fueron casi tan insensibles como su falta de interés por la pobre Irlanda muriendo de la inanición. Victoria lo apoyó cuando él supo la verdad de sus orígenes, y sin embargo,  Alberto se puso del lado de la suegra en contra de su esposa. ¿Dónde se ha visto? Y esa obsesión con recordar una familia feliz que, como le señaló su hermano, nunca existió, trocaba los esfuerzos de Alberto por crear la perfecta familia alemana en patéticos y risibles.

Peor Actriz:  Maya Hawke de “Little Women”.

Yo sé que el concepto de belleza es relativo, pero de todas las actrices que han interpretado a Jo March, Maya es la memos agraciada. Noten que hablar de “gracia” no se refiere ni a sus curvas ni a sus facciones sino a la verdadera belleza. La hija de Uma Thurman carece de carisma y no irradia simpatía como su madre.

Lo que no es culpa de la actriz es que, en esta pésima adaptación, la hayan traído vestida de payasa-pordiosera. Sin embargo, yo creo que una buena actriz hubiese superado todas esas fallas y logrado proyectar algo positivo con un personaje tan enjundioso como el alter-ego de Louisa May Alcott. Esta Jo parecía militar en partidos que el personaje nunca apoyo, y terminó sonando panfletista.

Peor Actor: Alexander Ludwig de “Vikings”

A mí nunca me molestó el intérprete de Bjorn. Tal vez porque nunca tuvo mucho que hacer, o cuando lo tuvo (vengar la muerte del padre, su viaje al Magreb) no lo hizo mal, pero a medida que la serie se deteriora y vamos perdiendo personajes o porque mueren o porque aburren, la poca pericia actoral de Ludwig comienza a notarse.  

Donde más se percibió fue en su encuentro con Papi Rollo y con su "hermano" Magnus, pero ha ido en crescendo, sobre todo en el modo en que sus parlamentos se desparraman en tono átono, o el modo en que ataca a la gente al dirigirse a ella pinchándolos con su frente que cada vez está más hinchada lo que ha hecho a mi hermano apodarlo “El Delfín”.

La diferencia es que sos peces son simpáticos o inteligentes. En cambio, el pobre Bjorn se ha convertido en un ente estólido, una especie de bisonte siempre embistiendo al mundo, y eso no lo puede remediar el actor. ¿Y qué onda con que se acueste con todas?  Ni que fuera tan bonito.

Peor Pareja: Charlie y Becker de “The Little Drummer Girl”

 Es increíble imaginarse a un hombre tan lindo como Alex Skarsgard careciendo de química con una compañera, pero así ocurrió en esta deplorable adaptación de la novela de Le Carré. Desde las comedias de Rock Hudson-Doris Day que se ha considerado erótico tener a la pareja protagónica siempre de la greña, pero una esperaría que ese cliché se superase rápidamente en una historia que no es comedia romántica.

Sin embargo, a través de los seis capítulos vimos a una Pugh hinchando los carillos con furia mal contenida y quejándose cada vez que abría la boca. No se vio muy sexy, en cuanto a Alex, el personaje de Becker era demasiado enigmático. Tomó mucho tiempo descubrir su pasado, lo que hizo que muchos telespectadores cambiaran de canal antes de tal revelación.


Peor Final: “The Terror”

Fue una decisión caprichosa de parte del equipo de “The Terror” la de no seguir el libro en lo que respecta a Silna, apodada por los ingleses “La Dama Silencio”, la protagonista femenina del cuento. La obra se enfocó en los marinos y sus oficiales, por lo que no hubo mayor critica de que Silna, la niña esquimal sin lengua del libro pasara a ser un personaje secundario incluso terciario. Sin embargo, al llegar al final, los guionistas entraron en pánico al descubrir que el desdibujarla impedía un final coherente.

¿Cómo explicar muchas cosas que el Capitán Crozier, en la crónica de Dan Simmons, sabe gracias a las visitas astrales de Silna?  Borrar la historia de amor entre ambos obligó a los escritores a borrar las cualidades paranormales de Crozier. El resultado fue ese final tan extraño y lleno de dudas. (¿cómo es que Hickey sabía que el monstruoso Tuunbaq requería de una ofenda de lenguas?)

 Si tildé de caprichosos a los motivos para no seguir la trama original es que la productora (Y tenían que mandar una mujer delante para decir burradas) expresó que su deseo era dar mayor agencia a la Dama Silencio, que ahora era muy parlanchina. Veamos en que consiste esta agencia.

En el libro, Silna es una joven Inuit que, al ser asesinado su padre, se convierte en la guardiana del Tuunbaq, un monstruoso oso polar. Al entrar en contacto con los miembros de la Expedición Franklin, Silna reconoce en Crozier al hombre que los dioses le tienen predestinado de pareja y que compartirá su misión chamánica.

A pesar de que Silna es genuinamente mudasacrificó su lengua para poder mantener contacto con el oso en visitas astrales si se comunica con su futuro marido, al que rescata al final (y no de esa situación tan rebuscada en que lo encuentra en la serie. En el libro, el capitán no pierde ninguna mano). Es ella quien enseña a Crozier a sobrevivir en la tundra, y ambos conforman una familia que vive entre el poblado esquimal y los yermos helados donde habitan los espíritus. De esa manera se convierten en chamanes y protectores de los inuit. En el libro ella no protege al Tuunback. Ella lo controla.

 En la serie, Silna es un personaje enigmático, al que los marineros temencreen que es bruja o desean. Eventualmente amputa la mano de Crozier y lo rescata, pero su propia gente la repudia por haber dejado morir al Tuunbaq y es desterrada a los hielos a morir de inanición.  ¿A eso lo llaman agencia? En el libro su poder chamánico nunca es cuestionado por los Inuit ya que, al revés de la serie, Silna no le teme a su deber solo busca un compañero que la ayude.

Lo que pasa es que la producción cayó en un humor tipo “Club de Toby’ y decidió que ho había espacio para romance en este cuento de machos. Además, de acuerdo a su sensibilidad moderna, les pareció repugnante que Jared Harris (que se ve casi sesentón) tuviera amores con una veinteañera. En eso están dando la razón a los lectores de Simmons que odian con ferocidad la inclusión del romance. Incluso en las threads en Reddit algunos exigen que no se hable de “shippings” y acusan a los que ven connotaciones románticas en la amistad Goodsir-Silna de “ser muy jóvenes”. Reitero, fuimos invadidos por el Club de Toby y eso afeó el final de una magnifica serie.

Peor Traición de Personaje: Philippe de Orleans de “Versalles”

Entiendo que se odie a Madame de Maintenon, un personaje que confunde a historiadores y que en nuestra época representa lo más deleznable, una fanática religiosa. Es comprensible que la coloquen en el rol de villana como lo ha hecho “Versalles”, pero lo hecho con Philippe es inexplicable.

El año pasado, el Duque de Orleans ganó en mis ternas de héroe y de pareja (o trio) romántica, pero en la tercera temporada los nuevos escritores, al parecer, no sabían cómo era el personaje encarnado por Alexander Vlahos. No solo lo hicieron renunciar a su condición homosexual y repudiar a su gran amor el Chevalier de Lorraine, además lo desligaron de su mujer, y amiga, Lieselotte.

Nos lo tuvieron por casi toda la temporada convertido en detective investigando el misterio del Hombre de la Máscara de Hierro. Muy interesante, pero parecía historia aparte. Era como si el mundo de Versalles no tocará a Philippe, tan obsesionado con un secreto cuya resolución fue anticlimática.

Para colmo, Philippe que no estaba interesado en la lucha entre Maintenon y su Duquesa que acabó con la separación de la ultima de su hijo, ni sabía que tenía una hija de su primer matrimonio. Y diez minutos después que se la presentaban ya le estaba cayendo a golpes a la niña. La excusa es que el Duque estaba traumatizado por sus experiencias en el campo de batalla. Primero que ese aspecto de la psiquis del príncipe fue muy mal explorado. Segundo, en la Era MeToo esa excusa ya no vale.

Y luego al final (un final grotesco donde no se entiende nada) Philippe anuncia a su mujer y a Chevalier que ha vuelto a ser el mismo. “Soy solo Philippe”. Y todos contentos. ¿Que nos toman por tontos a los “versallescos”?
Peor Vestuario:  The Little Drummer Girl

Este galardón va más allá de las anacrónicas minifaldas. El vestuario que luce Charlie (Florence Pugh) es chillón, fuera de época y francamente feo. La tienen o con mini o con maxi, estilos que ya no se usaban en el ’79, pero incluso con una midi, la hechura no parece de entonces.

Por otro lado, el director Pak Chan Wook se ha ufanado en que ha vestido a Charlie de colores vibrantes. Efectivamente cuando no lleva medio cuerpo enfundado de negro anda con maxis amarillo pollito o verde lima o con buzos azul prusiano. Esas tenidas son un puño en el ojo, pero no eran colores de fin de los 70 cuando la onda disco, se fusionaba con la country y la retro, y el énfasis era en negro, blanco o tonos pasteles.

Para ser justa, decidí seguir el primer paso obligado de los encargados del vestuario. Hice un Google con los términos “fashion” y “1979”. El resultado no muestra ni minis ni maxis, con la excepción de páginas específicamente rotuladas “fashion 1970-1979”. ¿Sera que los investigadores enviados fueron tan perezoso o ignorantes que eligieron cualquier estilo entre esos años?  Porque ese vestuario recuerda el de a fines de los 60 o comienzos de los 70.

Mi incomodidad no es la de una fashion-purist sino la de una persona que teme que, si algo tan simple de cotejar como la moda es ya tergiversado, entonces la visión histórica del argumento (léase conflicto árabe-israelí) será igualmente tergiversada.

¿Cuál fue el peor drama de época del 2018 y por qué?