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jueves, 21 de mayo de 2026

Estudiantes de La Era Camelot (Teen Culture IX)



 



En 1961, los Estados Unidos elegia al presidente más joven de su historia. Tanto John Fitzgerald Kennedy como su primera dama representaban juventud y un ímpetu que los adolescentes no podían sino admirar. Jackie bautizaría la administración de su esposo como “Camelot” presentando la idea de que era vivir en un cuento de hadas donde reinaban la belleza y la justicia. Ese momento que acabó en Dallas, el otoño de 1963, afectó la vida, gustos y cultura de los teenagers de entonces

Jack y Jackie

John Kennedy, conocido aun por su pueblo como Jack o JFK, tenía 43 años cuando país lo eligió. Su mujer, once años menor que él, dejaba atrás las imágenes de matronas maternales impuestas por otras primeras damas como Mamie Eisenhower y Eleanor Roosevelt.

JFK era un príncipe perfecto para su reino de Camelot. Aunque hijo de una familia riquísima, no olvidaba que era nieto de inmigrantes y que su padre había hecho fortuna en contra de los prejuicios que perseguían a los irlandeses y los católicos. Eso lo acercaba a grupos étnicos todavía despreciados por el país. JFK abrazó la causa de los Derechos Civiles y en lo personal tenía amigos y cercanos muy diversos (incluyendo al Rat Pack de Sinatra).

                                                 Jack y Frankie

La publicidad de la Casa Blanca vendía a su nuevo presidente como un hombre joven, atlético y atractivo para las mujeres, sin olvidar su aura de veterano de guerra. Los chicos gustaban de todos esos aspectos y más de una chica dejaría por un rato a Elvis para enamorarse de Jack.

Su esposa era también lo que hoy llamaríamos una influencer. De familia principal, Jacqueline Bouvier era de ascendencia gala. Criada en los mejores colegios, tenía un título en literatura francesa y sus estudios universitarios los hizo en USA y Francia. Hablaba cuatro idiomas, era excelente amazona y su espíritu independiente la había hecho rechazar las obligaciones de su clase (aunque fue Debutante del Año) como casarse y ser ama de casa.

Tras graduarse, Jackie se fue con su hermana de viaje por Europa y a su regreso encontró trabajo como periodista y fotógrafa, labores que desempeñó hasta que se casó en 1953 con el aspirante a senador John F. Kennedy. Fue un matrimonio por amor y no por obligación social. Jackie representaba lo mejor de dos mundos y era un buen modelo para las jóvenes que soñaban con el matrimonio tal como las que querían estudiar una carrera.



La mayor influencia de Jackie era en la moda. Mujer elegantísima, creó alrededor de sí misma (con ayuda del diseñador Oleg Cassinni) un estilo sofisticado, pero moderno no visto en otra primera dama anteriormente. Las jovencitas adoptaron ese estilo como lo muestran estas fotos de Seventeen, al igual que los peinados “bouffant” y sombreros pillbox (caja de píldoras) de Jackie. Adjunto foto de Patty Duke en su rol doble del Patty Duke Show como ejemplo de imitación del coiffure de Jackie.






                 Modas juveniles en la Era de Jackie

Chicas Viajeras

Un distintivo de la administración Kennedy fue la importancia de la Primera Dama como embajadora acompañando a su esposo en sus viajes y adquiriendo tal popularidad que Jack diría de su viaje a Francia “soy el hombre que acompañó a Jackie a Paris”. Cada viaje, y cada guardarropa que lo complementaba, recibía prensa en las revistas de mujeres. Las chicas soñaban con ser viajeras y el cine las satisfacía.

                                   Los Kennedy con el Geberal De Gaulle en París 

Así Gidget, ahora interpretada por Deborah Weston, fue primero a Hawaii y luego a Roma (1963)d onde tuvo amores con un hombre casado (¡!!) hasta que se acordó de Moondoggie.



En 1961, Sandra Dee aceptaba un secundario en una comedia romántica de Rock Hudson y Gina Llollobrigida. En  Come September, Sandra era una universitaria en un viaje de estudios que la lleva a Italia donde conoce a otro estudiante americano interpretado por quien era su marido en la vida real,  Bobby Darin.

Sandra no era el único Teen Idol en viajar. Suzanne Pleshette, en su segundo filme, iba a tener su Aventura en Roma (1962) con el ídolo de jovencitas, Troy Donahue, con quien se casaría en la vida real.





Connie France, que ya se perfilaba como actriz y cantante, seguiría su Where the Boys Are con Follow the Boys, donde su personaje de Bonnie tiene aventuras en la Riviera Francesa en lo que busca a su esposo que está en la Marina Estadounidense.

Las adolescentes de hoy prefieren ser eternamente jóvenes. A comienzos de Los 60, las chicas de clase media soñaban con ser adultas refinadas, sofisticadas y consideradas. Eso lo vemos en el programa juvenil más visto de la Era Kennedy; El Show de Patty Duke.

En esta primera sitcom con una protagonista adolescente, Patty, quien acababa de ser la actriz más joven en ganar un Oscar por La Maestra Milagrosa, interpretaba dos roles: Patty y su prima Kathy. Aunque eran idénticas físicamente, Patty era la típica teenager llena de amigos, popular con los chicos, loca por el baile. Su prima, en cambio había sido criada en Europa. Su padre, un corresponsal extranjero, la había incluido en sus viajes y Kathy no solo era excelente alumna (“un genio” según Patty) además hablaba idiomas, entendía de arte y música clásica y sabia comportarse como toda una dama



Sydney Sheldon, antes de convertirse en autor de superventas, escribió los guiones de esta serie usando como base de su comicidad el choque cultural. Kathy se sabía comportar en un mundo adulto, pero como era ingenua y aquejada por todas las inseguridades que afligen en la pubertad, sufría al no entender o no tener cabida en el mundo de Patty. Era un poco como Lindsay Lohan en Mean Girls.

En el tema de entrada se mencionaba que Kathy había viajado desde Zanzíbar hasta Berkley Square (Londres).  Los amigos de Patty percibían a Kathy como más cosmopolita que ellos y le tenían un poco de recelo. Un pretendiente incluso le decía a Kathy que seguro que en Europa la cortejaban hombres “mayores” más interesantes. He ahí un tropo de los filmes de chicas viajeras, lo fácil que es que caigan en las redes de europeos más hábiles en el arte del cortejo que un ingenuo americanito.


En el aspecto del vestuario, El Show de Patty Duke puso de moda el jumper dress que en Chile se llamaria simplemente 'jumper". El atuendo consistia en ponerse un vestido liso y tubular sobre una blusa o un sweater delgado y acompañarlo con un ascot o un corbatin imitando el uniforme escolar.





Feminismo y Las Cantantes de Color

No todas las adolescentes estaban pendientes de las modas y o de ser sofisticada como Jackie . Las había ya interesadas en su futuro. A comienzos de los 60, muchas jovencitas contemplaban carreras universitarias, o se veían llevando vidas independientes y como parte de la fuerza laboral. Un libro de a principios de Los 60 seria fundamental para enseñarles a las jóvenes que una mujer podía tener carrera y una vida glamorosa sin necesidad de atarse a un hombre.

 Helen Gurley Brown había practicado lo que predicaba en su libro. Nacida, en 1935 se graduó a fines de la Segunda Guerra Mundial en Negocios en la Universidad de Woodbury. Un título que le servía solo para ser secretaria en grandes empresas.  Como nos mostró Mad Men, todas las secretarias de la Stirling-Cooper eran universitarias, pero solo podían trabajar bajo órdenes de publicistas varones.

                                        Las secretarias de Mad Men

Helen Gurley trabajó para varias compañías que representaban talentos artísticos y modelos como la famosa William Morris. Cuando trabajaba para la prestigiosa FBC, uno de sus jefes notó que la secre podía escribir y la ascendió a redactora de publicidad. Exacto, Peggy Olsen de Mad Men está inspirada en La Brown.




Tal como Peggy en Los 60, Helen vivió su vida e hizo carrera en el mundo de la publicidad, Eso no significó no tener una vida amorosa (y en tiempos pre-Píldora) contar con varios compañeros sexuales. En 1959, cuando ya se acercaba a los cuarenta años, Helen se casó con David Brown, productor de Hollywood. Fue a comienzos de Los 60, cuando Helen Gurley Brown era una de las redactoras (o redactor) mejor pagadas en la industria, que al marido se le ocurrió que se podía mercadear la historia de éxito de su mujer.

                              Helen Gurley y su esposo

Así nació Sex and the Single Girl (Sexo para la joven soltera) que la editorial quería llamar Sex for the Single Girl. Helen se negó a un título que hacía parecer al libro como un manual de educación sexual. La autora hizo mucho hincapié que su libro no era un mensaje para el libertinaje e incluso incluyó un capítulo sobe anticonceptivos que la editorial sacó de la primera edición.



El libro se vendió como pan caliente y más de una adolescente leyéndolo soñó con seguir los pasos de Helen Gurley Brown y tenerlo todo, incluyendo una vida sexual sin avergonzarse por ello. Se hizo un filme sobre el libro con Natalie Wood y Tony Curtis que poco se parecía al libro. A Helen Guerly Brown ya no le importaría ese detalle. En 1966 se convirtió en la redactora en jefe de Cosmopolitan transformando esa revista en un manual para chicas liberadas de las décadas siguientes.

La otra cara de la moneda era el feminismo duro. Un año después de la publicación del libro de Helen Gurley Brown, Betty Friedan señalaba como en la tierra de la libertad la mujer no era libre.  El manifestó de Friedan, titulado The Feminine Mystique,  exigía no solo el derecho de la mujer a estudiar y tener carreras, pero además rechazaba totalmente el concepto de la maternidad, del matrimonio y el ser ama de casa como opciones.



Friedan hasta atacaba el libro de Gurley Brown por objetivizar a la mujer y recalcar su identidad sexual. En la miniserie de HBO, vimos un encuentro ficticio de Bettycon Julia Child en la que la primera acusa a la gran chef de encerrar a las mujeres en la cocina. Lo cierto es que los personajes femeninos de cine y televisión, aun las más jovencitas ya articulaban ideas feministas.

Una manifestación, entonces no reconocida, de la liberación de la mujer fue la creación en el mundo de la música de grupos femeninos conformados por chicas de color. La música de la Era de Camelota pesar de que Elvis seguía moviendo caderas y rockeandoera del tipo conocido más tarde como Bubble Gum Rock (rock de chicle) . Sus máximos exponentes eran chicos blancos como el canadiense Paul Anka, el judío Neil Sedaka y el cantante de origen polaco, Bobby Vinton.



En cuanto a cantantes mujeres también se lucían las étnicas. Concetta Franconero había salido de su Brooklyn natal y, bajo el nombre de Connie Francis, saltó a la fama cantando en inglés, italiano y hasta español. Su sello distintivo fue “Where the Boys Are” del filme que ya hemos mencionado. En el Sur, Brenda Lee, con su voz rasposa, entonaba temas folclóricos como “Saltando el palo de la escoba” y “Jambalaya” para coronar los Hit Parades.



Aunque surgían grupos de cantantes negros, todavía existía una fuerte barrera racial que les impedía sobresalir. El caso de las cantantes era diferente. Curiosamente el ser mujeres y cantar en conjunto las hacia más “presentables” Fue así que los Hits Parades comenzaron a ser liderados por singles de grupos como The Chiffons, The Ronettes, The Shirelles y por supuesto las famosísimas The Supremes con su vocalista, Diana Ross.




Chicos de Vacaciones

A pesar de los vientos feministas que corrían en el país, la juventud seguía viviendo de contenidos irreales y enfocados en el consumismo. Si no todos los chicos podían irse a Europa, se comenzaron en USA a crear balnearios enfocados hacia una clientela juvenil y el cine los promocionó comenzando por la más famosa  de este tipo de cinta: Where the Boys Are

Glendon Swarthout, autor de novelas del Viejo Oeste, escribió este libro (originalmente titulado Unholy Spring) que en 1960 era un superventas y cuyos derechos fueron adquiridos por la Metro Goldwyn Mayer. Originalmente querían a Jane Fonda o a Natalie Wood para la protagonista, pero se decidieron por Dolores Hart, muy bonita y que ya había destacado junto a Elvis en King Creole.



Dolores interpreta a Merrit, estudiante de una universidad en el Medio Oeste que escandaliza a maestros y alumnos con sus adelantados puntos de vista sobre las relaciones premaritales. Para cuando Merrit y sus amigas emprenden un viaje en las vacaciones de primavera a Fort Lauderdale (Florida) todas tienen planeado encontrar el romance perfecto y posiblemente perder sus virginidades.

Las amigas son la romántica Melanie (Yvette Mimieux) que sueña con un gran amor y está dispuesta a todo por conseguirlo; Tuggles (Paula Prentiss) es la anticuada que quiere esperar al matrimonio y convertirse en una “fábrica de bebes”, su problema es que es muy alta. Por último, tenemos a Angie (Connie Francis) que, como Gidget, está más interesada en los deportes que en los chicos.

Aunque todas consiguen pretendientes, sus romances no tienen buen final. Luego que Merrit es cortejada por Ryder Smith (George Hamilton) playboy y heredero de millonarios, descubre que no está preparada para el amor físico. Angie se involucra con un musico de jazz y Tuggles encuentra el romance perfecto, pero con muchos baches.



El peor caso es el de Melanie que se enreda con un estudiante de Yale que la desflora, pero luego la ignora. Cuando la rubia va en busca de él, su seductor se la “presta” a un amigo y Melanie acaba siendo violada por varios estudiantes. Esto la lleva a intentar suicidarse. Sus amigas se dan cuenta de los peligros de buscar el amor. Tres décadas más tarde, Camille Paglia hablaría de lo relevante del film en su exposición de los peligros que corrían las jovencitas que idealizaban el amor, de los prejuicios en contra de quien se saltaba los tabúes y de la prevalencia de la violación en una cita.

En 1960 ,no había conciencia del mensaje del filme solo de su éxito en taquilla y de la necesidad de hacer más filmes parecidos que atrajesen a los jóvenes y que sirviesen de promoción turística. Así tuvimos Palm Spring Weekend con Troy Donahue y una nueva actriz juvenil llamada Stefanie Powers. Hasta Elvis quiso entrar en esa nueva corriente con Clambake que promocionaba  las playas de Florida y colocaba como estrella a Shelley Fabares.



Los Ochenteros, hasta tuvimos un revival con Phoebe Cates en Shag (1988), donde una chica a punto de casarse es secuestrada por sus amigas para un último fin de semana de soltería en Myrtle Beach (S.C.). Como la acción time lugar en 1963, es obvio el homenaje a Where the Boys Are.



¡Ahí viene la Playa!

Sin embargo el escenario favorito de estas ondas “playeras” era California. Gidget había dejado un gustito por el surf y las playas de Malibu. Se hizo un documental sobre el surf y algunos filmes olvidables. El verdadero clímax de la Beach Culture inició con siete filmes parecidos y disparejos a la vez, que tuvieron como protagonista a una Mouseketera de Disney llamada Annette Funicello.



Como Connie Francis, Anette era de una belleza mediterránea, más alta, menos rellena y no sabía cantar, pero igual era llamativa. Su compañero en casi toda la franquicia era uno de esos cantantes que habían surgido mientras Elvis estaba en Alemania. De origen italiano como Annette (su verdadero apellido era “Avallone”), Frankie había llegado al sitio más alto del Hit Parade con su “Venus” y había hecho una carrera respetable en el cine sirviendo de soporte a grandes como John Wayne en El Alamo.

Beach Party (1963) iba a ser un modelo para las otras películas que la siguieron con una trama inocua y alejada de la realidad con los ingredientes que buscaban lo jóvenes, playa, música y romance. El sexo en esos filmes debía ser sugerido nunca definido. Eso tranquilizaba a los de Disney a los que les preocupaba que se enlodara la imagen de Annette, tal como medio siglo más tarde ocurriría con otra Mouseketera llamada Miley Cyrus.



La novedad de cada película era algún elemento foráneo que interrumpía la jarana perpetua de chicos en vacaciones. En la primera era Robert Cummings dando vida a un antropólogo que investigaba la cultura juvenil. En otras eran elementos de terror incluso de ciencia ficción. Un detalle era la inclusión en el elenco de alguna gloria del pasado desde el astro de cine silente Búster Keston hasta el primer teen idol, Mickey Rooney.

La franquicia además servía de escaparate de nuevos artistas como Stevie Wonder que a sus catorce años era presentado como “Little Stevie Wonder” y al igual que prometedores comediantes como Don Rickles y Paul Lynde. Como bono, repetidas veces aparecieron estrellas del género de terror como Vincent Price y Boris Karloff.



Frankie Avalon fue quien más fama obtuvo de estos filmes, convirtiéndose en un gran galán de jovencitas. En The Patty Dyke Show cuando Kathy sueña con el galán perfecto este es Frankie Avalon que hizo una aparición especial en ese programa que entonces hacia fue en la nación.



El vínculo de Frankie con la cultura adolescente de ese entonces quedó revalidado en el filme de Vaselina cuando otra vez es una figura de ensueño, en este caso un ángel protector de adolescentes que viene a aconsejar a Frenchie a que regrese a la escuela y se olvide de sus sueños de ser estilista.



Obvio que la venta de discos de Frankie Avalon aumentó gracias a sus Beach Movies, pero fue otro conjunto musical quien se inició con música “playera” para convertirse en un fenómeno musical de los 60 que rivalizaría con los de la Invasión Britanica de la cual les hablaré en nuestra próxima entrada. Mientras tanto, mírenlos en un primer video. No se los imaginaban a Los Beach Boys en esa onda de cabellos cortos y tan decentitos ¿verdad?



Mis Tres Hijos

Con tanto filme playero, había poco tiempo para los adolescentes en la televisión de ese entonces. Ya hemos hablado del Show de Patty Duke como gran referente de la teen culture de comienzo de Los 60 y también de la moda. Este show no superó su tercera temporada. Patty se volcaría roles adultos en Hollywood en filmes como Yo Natalie y El valle de las muñecas.

El mejor show para adolescentes de comienzos de Los 60 y uno de los mejores de todos los tiempos fue My Three Sons.  Comenzó en la ABC en 1960 en blanco y negro. En 1969 se trasladó a CBS a todo color y duró hasta 1972 .Difería de otros shows familiares en que tenía lugar en una casa sin hombres, más o menos como el Rancho Ponderosa de La Familia Cartwright en Bonanza.



Steve Dougls, un ingeniero aeronáutico viudo vivía con tres hijos, el universitario Mike, el adolescente Rob y el pequeño Chip de 7 años. Seis años antes ,después de la muerte de Louise Doughas, “Bub” ,el padre de la difunta se había hecho cargo de la familia y de los quehaceres de la casa. Cada episodio, de media hora de duración giraba en torno a problemas escolares, dramas típicos de las edades de los chicos y romances. En esta última área, entraba Steve que siempre se estaba tropezando con damas que querían atraparlo.

A comienzos de mi adolescencia era uno de los programas favoritos por su comicidad, pero también por la simpatía de sus personajes. Me gustó volver a ver a Tim Considine (Mike) a quien conociese de niño en el segmento del Show de Mickey Mouse “Los Chicos Hardy”. Me sorprendió saber que Fred McMurray, quien daba vida a Steve Douglas, había sido galán de Hollywood. Antes de ver Mis Tres Hijos, yo lo conocía por filmes de Walt Disney como The Shaggy Dog y Bon Voyage.

La serie sufrió más evoluciones que un cambio de color en pantalla. El actor que interpretaba a Bub falleció y fue reemplazado en su versión de housekeeper por el Tio Charley. Tim Considine dejó la serie y para continuar el formato de un trio de hijos, Los Douglas adoptaron a Ernie un huerfanito de la calle (menos peligroso que el Ryan de The O.C.).



El gran cambio fue cuando Rob, ya en la universidad, se casó con Katie y la trajo a vivir en su casa destruyendo el aura masculina del hogar. Un año más tarde, Katie dio a luz a trillizos. Aunque Rob y su tribu se fueron vivir en una casa cercana, la presencia femenina no escaseó. En 1970, Steve finalmente encontró a su media naranja , la maestra de Ernie, quien al convertirse en Señora Douglas incorporó a su hija a la dinámica viril de la casa Douglas.

                             Rob, Katie y Los Trillizos

Mo vayan a pensar que por ser solo varones , Mis Tres Hijos era una versión de Machos de Los 60. Por el contrario, viéndola ahora me sorprende la ausencia de sexismo. Desde el primer episodio, Steve inculca a sus hijos, aun al pequeño Chip, de lo importante que es tratar bien a las mujeres (por algo los chicos Douglas son tan cotizados).

Cualquier resabio de machismo o de roles de genero tradicionales desaparece con la persona de Baub que se pasea alrededor de la casa con un mandil que perteneció a su difunta hija (con volantes) y que hace acto de presencia cuando los vendedores preguntan por “la señora de la casa”. Mas de dos décadas antes del Tony Micelli de Quien manda a Quien, Baub no consideraba que las tareas domésticas lo hacían afeminado.




Tampoco las Señoras Douglas, Katie y Barbara,  la segunda esposa de Steve ,se sintieron obligadas a hacerse cargo del trabajo doméstico y Steve y sus hijos no dejaron de ayudar en tareas como secar platos u otras que no hubiésemos visto jamás hacer en Father Knows Best o el marido de Donna Reed.




Mis Tres Hijos
fue un ejemplo de cómo las comediasfamiliares iban a sufrir cambios en una de las épocas más diversas del Siglo XX.

BIBLIOGRAFIA

Brooks, Marla. The American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004

Handy, Bruce. Hollywood High: A Totally Epic, Way Opinionated Story of Teen Movies.

Manchester, William. The Glory and the Dream: A Narrative History of United States, 1932-1972

Miller, Donald C. Coming of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up

Palladino, Grace. Teenagers: An American History

Rollin, Lucy. Twentieth Century Teen Culture by Decades

 

 

jueves, 19 de mayo de 2022

Diversidad y Feminismo en Julia: ¿Cuan Woke era la Gran Chef? (II)

 


Al ser una producción de la HBO, Julia debía, por fuerza,  adherirse a las reglas de la Era Woke. Me interesaba ver como las manejaría Daniel Goldfarb quien ha estado involucrado en la popular serie The Marvelous Mrs. Maisel. Aunque ahí el mal uso de la diversidad tiene como mayor culpable a Amy Sherman Palladino,  en Julia Goldfarb es quien lleva la batuta y la lleva mal. En lo que se refiere a rumores tales como la homofobia de los Child o el supuesto lesbianismo de la chef, Danielito vuelve a hacer de las suyas respondiendo dudas con mentirijillas dignas de Weiss&Benioff.

¿Fue Julia Injusta y Racista con Alice?

Comenzaremos con el tema de la diversidad racial. Tal como era Cambridge en ese entonces, la serie es inmaculadamente blanca, con la excepción/inserción del personaje de Alice Neman, graduada de Oberlin, franco parlante, y que, como Julia Child, ¡ha estado en Paree!

Alice es el gran apoyo de Julia en la WGBH. Ella representa un arquetipo de estos dramas culinarios, el personaje que impulsa a la cocinera mágica a crear y termina convirtiendo la gastronomía en una religión de la cual la chef es la gran sacerdotisa. El problema, y ya se han elevado críticas, es que Alice es una mujer afroamericana y no lo parece. 



Su condición femenina la hace objetivo de machismo accidental e intencional, algo que entienden Julia y sus seguidoras, pero su color pasa desapercibido.  Lo cual es irreal en el Estados Unidos, de comienzos de los 60, enfrascado en la batalla de los Derechos Civiles.





Sin embargo, en el quinto episodio (el peor de la serie) ocurre algo inaudito en esta Era Woke, de Black Lives Matter y ataques contra la “Fragilidad Blanca”.  The French Chef ha recibido un alza de presupuesto y Alice una mínima promoción que le otorga un poco de poder. Su primer paso es contratar ayudantes profesionales que reemplacen a señoras de buena voluntad como Avis y Dorothy. Recordemos que, en el mismo episodio, Dorothy abandona el plató y Mrs. De Soto, que detesta las mollejas, se las encaja a la productora para que las lave. Alice tiene sobrada razón para buscar auxiliares más responsable, pero Avis resiente la medida y va a quejarse con Julia.

                    Avis le hace asco a las mollejas

Esta se aparece en la oficina de Alice y,  con la sutileza de un mastodonte,  le lanza un regaño que hace llorar a Miss Naman, recordándole quien es la puta ama ahí y como la productora se está tomando atribuciones que no le pertenecen. Solo faltó que le gritara “¡Ya negra atrevida, vuélvete a tu fogón!”. Que Julia (cuyo corazón era de mantequilla) acabe consolando a su productora, y en un gesto de “Gran Salvadora Blanca” le otorgue a Alice el puesto que otros le niegan,  no borra esa imperdonable escena. Es extraño que Alice Burton, en su recap de Vulture note el racismo de un carnicero que atiende a las blancas ante que, a Alice, pero no repara en este intercambio Child vs Naman.

              El carnicero atiende a las blancas e ignora a Alice

Julia en el País de los Gays

En el cuarto episodio, promoviendo su libro y programa en San Francisco, Julia se encuentra con su gran amigo y colega, el famoso James Beard. Se van de parranda y acaban en un bar gay donde Julia, un poco incomoda, conoce a Coco Van, un transformista que la idolatra hasta el punto de imitarla. La noche acaba con Julia, bastante achispada, en el escenario cantando a dúo con Coco.

                           ¿Cuál es la verdadera Julia Child?

Se ha hablado mucho de si tal suceso ocurrió o pudo ocurrir. Julia Child era un producto de su época, sabia de la existencia de los homosexuales, pero no era un tema que le interesase discutir ni en público ni en privado. Aunque consciente de que Beard era gay nunca lo reconoció ante el chef. 

Debido a eso, es casi imposible que la hubiese llevado a ese tipo de bar, no por ser un sitio impúdico, sino porque (algo que pocos saben o recuerdan)  la actividad homosexual en Los 60 estaba legalmente prohibida tanto en USA como en el resto del mundo. Estos bares clandestinos eran solo conocidos por sus clientes exclusivos y se tenía mucho cuidado sobre quienes sabían de su existencia y de qué tipo de gente venía a ellos.

Hablando de la heterosexualidad de la cocinera,  su tamaño, aspecto masculino y el haber perdido su virginidad después de los treinta años, hizo que los prejuicios de su época especulasen sobre su orientación sexual. Vale decir que las acusaciones de lesbianismo (y entonces eran acusaciones difamatorias)  siempre vinieron de sus contrarios homófobos. La serie, sin embargo, saca a relucir un suceso inventado.

                            La problemática Iris

En una reunión en Smith con ex condiscípulas, Julia se encuentra con una compañera la que le cuesta identificar. A solas, Iris admite ser lesbiana y agradece a Julia haberla ayudado a salir del closet. Julia está estupefacta y aún más cuando la amiga le recuerda una noche en su adolescencia y que estando borrachas,  se lanzaron al rio desnudas. Como Julia ha bloqueado totalmente la experiencia, y como Iris es muy imprecisa sobre lo que pasó, no sabemos exactamente cuál fue la participación de la chef en este despertar sexual de su ex compañera.

En esta época en que todos parecen (menos Servidora) haber tenido alguna experiencia homosexual, no veo esta invención intercalada como difamación. Por el contrario, creo que este episodio fue embutido para borrar la imagen de Los Child como “homófobos” que han adquirido gracias a entrevistas con amigos y libros y documentales.



 Lo cierto es que si bien (como casi todos los de su generación) el matrimonio no consideraba la homosexualidad un tema de conversación prioritario, el gran cambio ocurrió a mediados de los 80. Tras perder un amigo cercano debido al flagelo del SIDA, Julia Child se embarcó en una militancia que buscaba soluciones, cura y dar información sobre el HIV. En esa militancia abogaba también por los derechos de la Comunidad Gay.

El Club de La Misandria

He dejado para el final este tema puesto que es complicado asociar a vida de Julia con un feminismo militante, y la serie no nos ayuda. Por un lado, tenemos esa “Confederación de Mujeres” que intenta proteger a Julia, pero que a ratos se ve como una combinación de autoayuda con una adoración condicional de un ídolo que todas creen de su propiedad. Esta competencia lleva a la “red de estrógeno” a ser rivales entre ellas, y (¡horror!) ver a Paul como un rival que hay que sacar del camino.



Vemos a Avis gruñirle a Paul en cada encuentro, a Alice ponerle caras,  y hasta Judith se indigna al saber que tendrá que pasarse las vacaciones en la cocina con el marido de su amiga. En realidad, fueron Julia y Paul quienes efectuaron los experimentos para hornear pan. Judith no tuvo nada que ver. Irónicamente, ella escribió un libro de cocina The Book of Bread ydoble ironíalo escribió con su esposo (¡!!)

                         Paul y Judith intentan hornear baguettes

Por décadas he oído a machistas decir que “las amigas de una novia/esposa solo sirven para separar parejas”. Esta serie no desmiente ese prejuicio. Es una suerte que estos eventos no ocurrieron en la vida real porque no creo que ni un matrimonio tan bien avenido como el de Los Child hubiese soportado esos celos negativos.

                       A Judith no le gustó la idea de cocinar con Paul

Para ser francos, Julia no está dirigida ni a un público feminista ni a un público joven. No hay nada en ella para atraer a Millenials y Zetas. Entonces hay que aceptar que su público somos nosotros, los que crecimos con Julia Child en pantalla de viejos televisores, los que aprendimos a cocinar con ella, los que nos reímos de ella y con ella, y al final aprendimos a admirarla. En ese marco, reconozcamos que el argumento tiene pantanos de mentiras y absurdos. Evitemos caer en ellos.

¿Fue Julia Child un Obstáculo para el Movimiento Feminista?

No podría terminar de hablar sobre el ángulo feminista de Julia sin meterme en el penúltimo episodio.  Disculpen los spoilers. En este capítulo titulado “Foie Gras”, Julia viaja a Nueva York como invitada de honor de una cena de gala en el Waldorf Astoria para honrar a los achievers de la PBS

Antes la chef tiene un cena en Lutece con Judith y Blanche Knopf. Este es el primer round de la cocinera con un tipo de mujer de carrera, ejecutiva/empresaria,  que no la ve con buenos ojos.  Blanche,  molesta con la lentitud del libro de Julia y con el tiempo que Judith le dedica, aprovecha de humillar a su clienta dándole cocotazos donde más le duele: su cocina, su comida, su exuberante personalidad. Como si el bullying judío no fuese suficiente, llega el chef André y medio en broma, medio en serio suplica a Julia que no estimule a las mujeres a ser maestras de cocina ya que les quitarán el empleo a los hombres, además, la mujer francesa nunca llegará a ser chef.

                         Tenso almuerzo en Lutece

Blache compara el foie gras con el higado picado que su madre preparaba para Pesaj

Con esto en mente, en la gala, Julia hace un discurso en el que afirma no cocinar para los maestros de la Haute Cuisine, sino para amas de casa. Su meta es liberarlas llevándolas a un viaje de conocimiento que expandirá sus horizontes. Aunque todos aplauden, a Julia le llega un baldazo de agua de parte de nada menos que Betty Friedan. Aunque este es otro encuentro inventado, sabido es que esa ola de feminismo,  semi fundada por Friedan y sus cómplices,  odiaban la cocina viéndola como parte de la esclavitud a la que se sometía las mujeres.



Eso es lo que expresa la autora de The Feminine Mystique , quien con la famosa estridencia Friedan (Oy cuando las judías nos ponemos histéricas ...)  acusa a Julia de sabotear al movimiento feminista encarcelando a las mujeres en sus propias cocinas. Aunque tanto Paul como Russ defienden a la chef,  Julia, al borde de las lágrimas,  se refugia en el lobby donde es consolada por el mismísimo Mr. Rogers.

        Russ Morash defiende a Julia
             Y Mr. Rogers la consuela

No hay un récord histórico de que este encuentro haya tenido lugar, pero sabemos que Friedan detestaba tres cosas: lo burgués, el glamur (de ahí su eterna rivalidad con Gloria Steinen) y cosas de chicas (“girlish thngs”) .  Julia Child representaba las tres cosas. En otras palabra lo que hoy llamarían “privilegio de mujer blanca”; una actitud frívola hacia la opresión que sufrían las mujeres que carecían de padres millonarios, maridos comprensivos y redes de apoyo..

           Friedan al borde del ataque de nervios

En la miopía propia del faux feminismo, mujeres como Betty Friedan no tuvieron la visión para ver el alcance de la contribución de Julia Child. Una contribución francamente feminista. Aunque este artículo de Sadie Stein para Jezebel lo explica muy bien, hay cosas que quedaron en el tintero y merecen ser estresadas:

A)    Gracias a Julia Child, muchos (incluso las que odiamos el trabajo doméstico) encontramos terapia y empoderamiento en nuestros fogones. Hoy en día, pocas mujeres cocinan por obligación o porque deben alimentar a sus familias. Hoy cocinamos para amigos o para nosotras mísmas. Es una manera de   crear nuestro propio “arte” como quería la gran chef.

B)    Friedan,  ocupada en escuchar su propia voz estruendosa,  no repara que, para ser 1963, Julia Child es una pionera en la creación de programas femeninos, enfocados desde una óptica femenina y que generan empleo para otras mujeres, incluso de color como Alice . Algo que me gustó mucho fue cuando Russ se conecta con una documentalista sureña, la mujer (que es afroamericana) admite admirar a Julia y preparar sus platillos. Ese fue otro logro del Master Chef, superar las vallas de color que dividían al país e interesar a todas las mujeres (y a algunos hombres) en aprender a hacer estos platillos complicados, pero sabrosos. Además, tal como dice la chef, cocinar es una experiencia que nos adentra en otras culturas…



C)     Mrs. Child también inauguró caminos para nuevas profesiones en las que descollarían las mujeres desde abrir sus propios restaurantes hasta hacer carrera de nutricionistas; desde el catering hasta los programas de televisión, los libro de cocina, lo blogs como el de Amy Addams en Julie y Julia. Por sobre todo demostró que la gastronomía también es una arena donde pueden luchar las mujeres. Sin Julia Child no existirían Nigella, ni Padma, ni Martha Stewart, ni muchas otras famosas chefs.



D)      Betty Friedan siempre entró en conflicto con Gloria Steinen acusándola de ser una feminista “glamorosa”. Hizo declaraciones de haber sido apantallada por Gloria porque la Steinen era más guapa y lucia mejor en las portadas. ¿Entonces porque no reparó en que Julia, grande, torpe y cincuentona, era totalmente lo opuesto a las sexy y curvilíneas estrellas de televisión de la época?  Otro tabú que Julia Child destruyó fue ese. Su show abrió a puerta a programas presentados por mujeres mayores y que no representaban los cánones de belleza imperantes. Julia lo dice en su primera reunión con los ejecutivos de la WGBH: “sé cómo luzco. Me miro al espejo todas las mañanas”, pero agrega “la ventaja de lucir como yo es que desde temprana edad aprendí a no aceptar un ‘no’ como respuesta”.

 




Recuerdo haber visto desde mi ventana pasar a Betty Friedan. Ella tenía una amiga que vivía en Parkway VIllage,  la comunidad donde yo crecí. Un día mi hermano me dijo “esa es Betty Friedan”. Yo la miré,  avejentada, feúcha, mal arreglada y arrastrando las patas,  y le dije a mi gata Reyna que estaba fisgoneando como yo  “no quiero ser como ella”.  Es cierto, en cambio sí me hubiese gustado ser como Julia Child.

                                       Betty Friedan en su vejez

¿Antes de esta serie, habías oído hablar de Julia Child? ¿Cuál ha sido tu programa favorito de esta gran chef? ¿Qué aprendiste a cocinar con ella? Yo hasta hoy día hago un muy buen Boeuf Bourgognon (sin tocino) y un tarta de peras que descubrí en su show.