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lunes, 5 de enero de 2026

Lo Mejor, Lo Peor del 2025: Drama de Época y Fantasía

 


 Desde que tengo uso de razón que amo los cuentos: contarlos y oírlos. El streaming es una continuación de esa pasión ya que lleva al plano audiovisual relatos de reyes y princesas, de hadas, brujas y monstruos. Lamentablemente, este 2025 nos abandona con un legado de mediocridad vergonzosa ya que afecta a todas las plataformas y difícil ha sido escoger lo mejor por su escasez y lo peor por su abundancia.

DRAMA DE EPOCA

Lo Mejor

Llámese histórico, costumbrista o simplemente “de época”, mi género favorito ha caído en desgracia total. Cada vez se hacen menos period pieces y cada vez son peores. Esta primavera pasada tuvimos la oportunidad de gozar de una última gloria y lo más sorprendente es que la ofreció la despreciable Netflix. No tengo mucho que agregar a mi reseña de Il Gatopardo, solo recomendarla por su excelencia en términos de estética, vestuario, música y actuaciones.



No se puede menospreciar una serie que está casi bordeando la superioridad del filme de Visconti, en donde se sigue la centenaria tradición de que en el cine y televisión italianos todoshasta los feos se ven lindos y donde los cambios al argumento de la novela de Lampedusa (léase la magnificación del personaje de Concietta) son para mejor.

Lo Peor

Me parecía que lo peor del streaming caía entre House of Guinness y A Thousand Blows, pero esas manifestaciones del deschavetado Steven Knight han quedado chicas ante el horror de King and Conqueror. Tan horrible es esta reinvención de la Conquista Normanda que ni Amazon, que la trajo hace un par de meses, se molestó en publicitarla.



¿Qué se puede decir de una serie limitada en la que solo el 15% de lo que enseñan ocurrió en realidad? ¿En la que hasta buenos actores aparentaban necesitar lecciones de arte dramático? ¿En la que el vestuario casi no se veía debido a la oscuridad que hacía parecer las escenas como si fuese un filme blanco y negro o peor un negativo de foto? ¿En la que la estética era tan horripilante que lo único bonito era el Matarreyes?



Mas o menos lo que me ocurrió con  otra serie que hasta su nombre apestaba. Amazon pasó sin publicidad, casi clandestinamente., The Narrow Road to the Deep North. La excusa de esta adaptación de la controversial novela de Richard Flanagan es que no es historia. Ya el libro viene con mala fama,  y la falla estuvo en el elenco, sobre todo las mujeres del protagonista. Al menos nos mostró a Jacob Elordi exquisito en look 1940s. Solo por eso han nominado al vasco-australiano a un Emmy como Mejor Actor en un Drama Televisivo.



SERIES FANTASTICAS

La Mejor

Blood of My Blood dejó de ser una precuela de Outlander para (en mi opinión) superarla. Este fabuloso vistazo a un viaje en el tiempo de los padres de Claire Beauchamp-Randall-Frazer tuvo todos los ingredientes para un buen platillo escoses: buenos actores, soberbia atmosfera de época, toque sobrenatural sutil que nunca nos hizo olvidar que se trataba de un relato de aventuras que hubiese encantado a Robert Louis Stevenson. Agréguenle un par de romances sublimes y heroínas realmente empoderadas dentro de sus situaciones límites, y ahora solo nos queda esperar a la próxima temporada. Los que no la hayan visto búsquenla en Starz.





Lo Peor:

Definitivamente y sin pensarlo mucho doy ese premio a  Talamasca:The Secret Order de AMC. No soy amiga de Anne Rice. De joven leí el primero de los libros del Vampiro Lestat y me aburrí horrores. Bostecé casi tanto como con la adaptación a la pantalla, a pesar de la colección de guapérrimos (Tom Cruise, Brad Pitt, Antonio Banderas) que componían el elenco principal.



Hace poco intenté ver la adaptación de The Mayfair Wilches, no llegué ni al segundo capítulo. Aparte que los ojos de la Daddario me ponen nerviosa, parece vampira más que bruja. Sin embargo, estos problemas entre mi Samsung Tv y mi Spectrum Wifi me han obligado a refugiarme en el servicio de cable común y por suerte (o no), encontré que en el servicio On Demand de AMC podía ver Talamasca: The Secret Order.



Reitero, no soy fan de la Rice y pensé que esta sería una adaptación de otra de sus novelas. Al parecer se trata de un original hecho-para-televisión aunque Madame Rice esté a cargo del libreto y otros detalles. O sea es culpable de la peor serie de fantasía  del año.

El primer error es su falta de originalidad. ¿ Cuántas veces tenemos que escuchar el cuento de un humano que descubre que sus poderes sobrenaturales están ligados a razones de herencia mágicas? ¿Cuántas veces dichos poderes atraen el interés de oscuras organizaciones? ¿Cuántas veces tenemos que ver como dichos individuos luchan en contra de su destino para ser arrastrados por la curiosidad de conocer secretos familiares?  ¿Cuántas veces tendremos que seguir la búsqueda del protagonista de algún objeto mágico (en este caso un libro) que encierra poderes arcanos por lo tanto atrae el interés de muchos?

No tengo problemas con clichés sin vienen combinados con toques novedosos. Aquí lo más original lo venimos a descubrir en el último episodio de la temporada, el resto del tiempo nos enfrentamos a una serie de tropos reconocibles y a un protagonista insufrible.



Al tal Nicholas Denton  yo lo vi en el único capitulo que pude tragar sin atragantarme de la olvidable precuela de Las relaciones peligrosas que es uno de los muchos fracasos de Starz. Aquí es Guy Anatole, un brillante abogado recién egresado que oculta, tras un impresionante currículo, la facultad de leer mentes. Tal vez eso lo haya hecho retraído, tal vez el que es adoptado, tal vez el saber que su madre murió de una sobredosis de drogas. El caso es que en un par de episodios, Guy descubre que su madre no era drogadicta, que está viva y que él ha atraído la atención de la secreta, pero poderosa, Talamasca, una organización enfocada en sucesos paranormales.

Lástima que la búsqueda de la madre pasa a tercer plano, superada por los intentos de Guy de recuperar un libro perdido que Talamanca desea recobrar y que parece ser buscado y deseado también por vampiros, brujas y…no, zombis, no, ya que solo existen en la tele, como le explica Helen (Elizabeth McGovern con un look platinado que la hace parecer Daenerys en la Tercera Edad).



El problema de Guy es que es errático. Un día rechaza trabajar con Talamasca, al otro acepta buscar el libro, el siguiente no hace caso a las indicaciones de Helen. Finalmente se da de baja (sin avisarles)  de Talamasca y se alía con un vampiro que también busca el famoso libro. Como es igual de terco y desobediente con el vampiro termina echándoselo de enemigo. Entonces va donde Helen y le exige que lo saque del apuro. Ya se parece a la Tamar de Teherán.

Es casi imposible enfocarse en los puntos mejores de la serie (y son pocos) con este protagonista arrogante, tonto,  maleducado y profundamente ingrato. Arruina toda la historia y ya uno solo desea que se lo zampen los vampiros. Lo dicho, la peor serie sobrenatural del 2025.


Series Contemporáneas

Como ya saben no soy muy amiga de lo moderno, así que no puedo opinar. No he visto ni The Pitt, ni Adolescence, ni siquiera un episodio de The White Lotus u otras series del momento o que dieron que hablar a través de este 2025 que se va.

A lo más vi Departamento Q, la más reciente adaptación del Noir escandinavo. No voy a agregar más a mi reseña sino que trasladar la novela de Jussi Adler Olsen a la Escocia del 2024 fue una decisión desafortunada. Para los fans del libro solo basta decirles que del original únicamente sobreviven los nombres propios.



Me hizo gracia que un gancho que Netflix utilizase para publicitar a Q fuese compararla con Slow Horses. Hay millas de distancias entre ambas y lo sentí al ver la quinta temporada de la serie de Apple. A estas alturas ya uno esperaría que la adaptación de las novelas de Mick Heron fuese decayendo. ¡Qué esperanza! Cada temporada se siente mejor como un buen vino añejo.

En esta Quinta Temporada tenemos un grupo de terroristas libios (no de Isis como en el libro) que planean poner en jaque a Londres siguiendo pasos de un manual de MI5 de como desestabilizar una sociedad. Los únicos que lo notan son el enigmático encapuchado que se ha integrado al establo de “Caballos lentos” de la Casa del Pantano, y el abuelo Cartwright, ahora encerrado en un asilo de ancianos.



Vemos al vanidoso Roddy caer en una trampa “melosa” (honey trap) que es cuando un espía es seducido por una agente enemiga. La única que se da cuenta que Roddy está en peligro es Shirley que se vuelve una Casandra a la que nadie cree. Finalmente convence a Standish y ambas mujeres usan su sentido común para persuadir a Jackson Lamb de hacer algo.



Lo fascinante  es que son las mujeres (agreguémosle a la ambiciosa Diana Taverner) las que llevan la batuta. Es en esta temporada en que descubrimos el motivo por el cual River Cartwright nunca será un buen espía,  y un secreto del pasado de Lamb que explica porque es el alcohólico sardónico (y pestilente) del presente.

Y ahora les toca a ustedes ¿Qué fue lo mejor y lo peor que vieron en este 2025?

 


jueves, 21 de agosto de 2025

Las Mujeres de Dept Q: ¿Un error de Scott Frank?

 


Encontré, en línea,  una copia de The Keeper of Lost Causes, la primera novela de la serie Departamento Q . Leyéndola me di cuenta de que aunque el libreto de Scott Frank es muchísimo más complejo y atrapante, el mayor error ha sido la reconstrucción de personajes femeninos, muchos de los cuales no existen en la novela o son totalmente diferentes.

Para que me comprendan les daré una breve descripción de cómo es cada personaje femenino de la novela (que aparezca en al menos los primeros tres episodios de la serie de Netflix). No quiero “spoilear”  mucho aunque este tipo de análisis es solo para quienes han visto la serie entera o al menos más de la mitad. Comienzo desde los secundarios

Marianne, secretaria de Merritt Lingard: En el libro Merete Lynnggard tuvo dos secretarias: Marianne y Sos Norben que no aparece en la serie. Marianne fue despedida  cuando se inmiscuyó demasiado en la vida privada de su jefa. En la serie, Marianne aparece una sola vez,  cuando va a la oficina de Carl. Altanera e impertinente, no se parece a la del libro donde nada indica que sea negra. Bueno, es Netflix y el colour blindness es necesario.

Vigga/Victoria: ex esposa de Carl Morck (en el libro siguen casados). Vigga es desaprensiva, vive de amante en amante, siempre ideando proyectos imposibles para los que necesita el respaldo económico de su marido.

Dra. Fiona Wallace, psiquiatra de William: No existe en el libro. Jussi Adler-Olsen tiene a Ulle (William) en un sanatorio caro, pero el director es un viejito que nunca intenta hacerle frente a Carl.

Helle/Clare, criada de Los Lynnggard: En el libro tiene como 35 años, casada con hijos. nunca fue muy importante en la vida de los Lynnggard ni ellos para ella. Carl la conoce accidentalmente cuando visita la antigua casa de los Lynnggard y el nuevo dueño le dice que ahora Helle trabaja para él.

Rose, miembro del Departamento Q: No sale sino hasta la segunda novela de la serie.

Moira Jacobson, jefa de Carl: En el libro es Marcus Jacobsen y ya eso lo dice todo.

Merete Lynnggard/Merritt Lingard: Miembro del Parlamento danés, hija de familia adinerada amada por los paparazzi por su belleza, elegancia y misterio. Nadie sabe si tiene un amante o si es lesbiana. Debe moverse en un mundo de hombres, pero no es agresiva como la fiscal de Departamento Q. Cuando la secuestran, pide misericordia (en muchos países ese es el título. Incluso el primer título en inglés fue Mercy).

Mona Ibsen/Rachel Irving, psiquiatra de Carl.: Mona es la femme fatale del típico Noir. Solo la conocemos desde la perspectiva de Morck que, desde que la ve en un pasillo, se obsesiona con ella. Ibsen es la psicóloga de la comisaria. Su oficina está en el edificio, para las sesiones o baja a ver al paciente en su sótano o el detective sube a verla. No tenemos descripción de su espacio ni de su vestuario ni de su personalidad ya que todo lo que ve Carl Morck de ella son sus curvas y eso que es cincuentona (mayor que el).

Es Morck quien solicita que sea su terapeuta a pesar de que ella también está a cargo de analizar a Hardy. De ahí nace su necesidad de hacer que Carl reconozca su sentimiento de culpa. Hasta lo hace llorar, pero lo que nos queda claro es que la Dra. Ibsen es muy controlada y profesional. Sabe parar a Morck cuando este comienza con sus avances diciéndole que se busque otra víctima y mostrándole su alianza matrimonial.

Lobas Ambiciosas

Como verán, las mujeres del libro están muy alejadas de las de la adaptación televisiva. Extraño porque recordamos como Scott Frank humanizó a las mujeres en Gambito de Dama y como confeccionó un pueblo de maravillosas guerreras en Godless. Pero algo le falló aquí.

 Si los personajes masculinos , con excepción de Akram, son o patéticos o antipáticos, las mujeres dan asco, sobre todo las que están en posiciones de poder. Parecen carecer de  virtudes femeninas como sagacidad, sexto sentido, diplomacia, y serenidad que ayudan a una mujer a sobresalir en el mundo masculino.

                         Merrit enjaulada, donde debe estar

Me refiero a cualidades femeninas, ya que el descaro, la agresividad, falta de escrúpulos y brusquedad que permite a los hombres vencerse entre ellos, les quedan mal a estas féminas y no saben utilizarlas. Quieren ser lobas solitarias, olvidándose que las hembras siempre son parte de la manada y aun como alfas, su prioridad es cuidar de sus compañeros.

Esa es precisamente la falla de Moira (Kate “Lisa Arryn” Dickey). Scott Frank ha dotado a Jacobsen, el superior de Carl Morck (Matthew Goode), de ovarios. El cambio ha hecho al personaje más antipático. Las quejas, exigencias e injusticias de la comisaria se vuelven doblemente negativas por venir de unas faldas, siendo además Moira muy consciente de que es la primera mujer en ese cargo. Eso la lleva a ser servil con sus superiores, y poco compresiva con Carl, Akram e incluso con Rose.

                 
                                            Moira en el libro es "Marcus"

Moira tiene poca visión y mucho miedo de dar un paso equivocado, sin embargo es la campeona de la corrección política. Aun así es lo suficientemente astuta para incautar los recursos destinados para Q y calladita enviarlos a su propio departamento. En eso tiene algo en común con otra dizque hembra fuerte.

En pos de pistas que indiquen el paradero de Merritt, Carl y Akram llegan a un elegante sanatorio para enfermos mentales donde está recluido William, el hermano de la fiscal. Los atiende la atildada Dra. Fiona Wallace, una cuarentona que los trata con gran condescendencia y, para demostrar su desprecio, comienza a maquillarse delante de ellos. Esa es una antigua treta de las mujeres para seducir y a la vez establecer su superioridad sobre los hombres. Acto seguido, se marcha,  dejándolos con las palabras en la boca.

                        La codiciosa Fiona Wallace no existe en el libro

Poco después, el Departamento Q descubre que William ha heredado la fortuna de su madre y que la psiquiatraahora su guardiana legalhace uso de ella para pagarse sus lujos. Q en masa se presenta, la desenmascara y se llevan a William. La psiquiatra pierde toda su autoridad y queda convertida en una delincuente cualquiera. Como Moira, ha pecado de codiciosa y abusado de su poder.

No podemos quejarnos mucho del desprecio que la serie tiene por las profesionales ambiciosas cuando la misma víctima es una insoportable mujer de carrera. En el libro, Merritt es una política arrogante y dura, pero en la serie la han convertido en una fiscal arrogante, imprudente y odiosa.

                             Merrit es mas odiosa que en el libro

Chloe Pirrie (To Walk Invisible, The Crown) está maravillosa, en ese rol. Hay momentos em que se la percibe más como villana que como mártir y alegra verla enjaulada ya que en el mundo real solo hacia daño en sus roles de hermana, patrona y hasta amante.

Me incomoda el poco sutil esfuerzo de la trama de hacernos sentir que Merritt y Carl son iguales. Si bien es cierto que son ambos prepotentes antisociales, hay más humanidad en el policía que en la fiscal quien se ha pasado la vida atropellándolo todo y a todos en su empeño de cumplir con sus objetivos.

                   Merrit y Carl no son iguales

Rachel Necesita de un Psiquiatra

He dejado para el final el peor ejemplo de fémina empoderada que nos presenta la serie y cuya existencia es aparentemente culpa de Scott Frank solito ya que no se asemeja en nada a la Mona Ibsen de los libros. Como suele ocurrir en la policía cuando uno de los suyos ha enfrentado una situación traumática, se le ha ordenado a Carl someterse a una terapia psiquiátrica. Así lo vemos llegar a regañadientes a la consulta de la Dra. Sonnerberg.

La psiquiatra se hace esperar y sucede lo normal cuando uno está donde no quiere estar, Morck pierde la paciencia y se marcha. Acaba de sonar la campanilla de elevador, cuando surge de la consulta una Kelly McDonald con cara contrita. La Dra. Sonnerberg se ha lastimado una cadera, la Dra. Irving es solo una suplente y no parece estar deseosa en atender a Carl.

Tuve que ver el episodio dos veces para entender que su atraso es a propósito.  Deduzco esto porque no ofrece disculpas ni motivo de su tardanza. Carl, quien ha estado sujetando la puerta del elevador con el pie (gesto ultra sexy de macho alfa), la sigue desganado, un poco irritado.  Irving no parece tampoco muy buena terapeuta, no sabe enfocarse, le hace preguntas que más lo frustran y reacciona ante esa frustración con la propia, poniéndose a comer ya que el paciente no coopera. Ni que fuera lacaniana. Carl da por terminada la consulta y ambos parecen dispuestos a descontinuar la terapia.



Solo que Carl retorna, ante la sorpresa de ella, quien ahora se ha puesto una alianza matrimonial. La terapia de Irving está enfocada en un solo propósito: obligar al paciente a aceptar que necesita ayuda. Para eso lo bombardea con preguntas sobre que lo hizo regresar.

Carl ofrece un par de respuestas que obviamente no son ciertas y acaba con un “te vi bonita y quise verte de nuevo”. En el contexto del interrogatorio es obvio, incluso para el lego, que esas palabras son tan inocuas como las dichas anteriormente por el paciente, pero Irving empeñada en demostrarnos que es pésima psicóloga, decide tomarlas en serio y retuerce la boca viéndose no muy “bonita”.

En eso, Morck nota la alianza matrimonial y la menciona, provocando más agitación de parte de Irving quien realmente actúa como si Morck la estuviese acosando sexualmente. Curiosamente, algunas mujeres reseñadoras y algún que otro bobo que se bebió un galón del Kool Aid woke si lo ven así demostrando el daño que estas falsas alertas han hecho a las relaciones heterosexuales.



Es Morck quien intenta arreglar las cosas, pero solo las empeora. Irving hace pucheros y esta segunda sesión acaba en desastre. Carl no se presenta de nuevo en la consulta. Tras ver el ataque de pánico por televisión, Rachel busca a su paciente. Va a la comisaria e intenta retomar su rol de psiquiatra.

                                 Rachel intenta un acercamiento con su paciente

Para establecer un clima de confianza, le cuenta que es soltera, que plantó a un hombre en el altar al descubrir que ya estaba casado. ¿Entonces por qué se puso el anillo? Como no lo explica cabe especular que tenía miedo. No de Carl que en la primera entrevista ni la miró, sino de ella misma. En plática con Rose, Rachel admite haber tenido una relación con un abogado que la presentó con Merritt. No puede aportar nada solo que Merritt era altiva como lo son los abogados, como lo era el acompañante de Irving. Va dejando la impresión que lleva varias relaciones fracasadas y de ahí su miedo a hombres inestables aunque sean sus pacientes.

En la tercera sesión, paciente y psiquiatra están más relajados y Carl habla de su relación con Jasper. Para Rachel es una sorpresa saber que el detective tiene un hijastro. Todo va bien, pero la Dra. Irving de nuevo hace lo imprevisto, cuando Carl llega a la cuarta sesión se encuentra con …”La Dra. Sonnenberg”. Carl expresa vocalmente su frustración y dice sentirse “abandonado”.

                      Para luego abandonarlo sin despedidas ni explicaciones

Sonnenberg está de acuerdo. La sorprende que Irving no se haya despedido. Hay protocolos para transferir a un paciente a otro psiquiatra. Es necesario para no romper el lazo de confianza que se establece entre terapeuta y paciente. Como sea, Irving sigue pareciendo pésima profesional y dotada de personalidad errática.

Carl no encuentra más remedio que ir a casa de Irving y la audiencia femenina chilla “¡Stalker!”. Sorprendentemente, Rachel no se asusta, más parece incomoda, tal vez porque está hecha unas fachas, toda desaliñada. Él dice que ha venido por la sesión prometida. Ella le sirve un té y procede a narrarle su horrible juventud, sus trastornos alimenticios…¡Guau! Que gran psiquiatra. Es la peor que he visto desde Uzu Aduba en In Trearment.

En resumen, Scott Frank se esmera en mostrarnos que como profesionales, las mujeres del mundo de Mark son unas buenas plastas. Wallace es una estafadora, Irving es errática y poco profesional, Merritt Lingard era una fiscal más interesada en su surgimiento que en la gente que atropellaba o ponía en peligro.

Moira es la peor de todas, es incluso injusta con otras mujeres. Cuando Carl le dice que Rose “no es tan tonta como parece”, Moira pone el grito en el cielo ya que no es políticamente correcto referirse al cociente intelectual de una mujer, pero es ella quien cree (y actúa según ese criterio) que Rose es inepta y, como siempre, se equivoca.



¿Qué pasó con Vigga?

Si Scott Frank destruye a la mujer profesional, intenta salvar un personaje que, en los libros, es negativo. Me refiero a Victoria, la ex esposa de Carl Morck. En los libros Vigga (ese es el nombre que le dio Adler-Olsen) abandonó marido e hijo para irse con diferentes parejas y ahora aparece de improviso para pedirle dinero al detective.

En la serie la tienen convertida en otra fémina sermoneadora a pesar de que, para seguir su carrera de sobrecargo, abandonó al marido encajándole al hijastro. La serie aumenta los problemas domésticos de Carl y, en el tercer episodio, cae en un truco telenovelero del malentendido. Tras descubrir que Jasper no va a la escuela, pero se queda en casa follando con la novia, Carl le deja un mensaje de voz a su ex diciéndole que tal vez Jasper no debería vivir con él.

Después de este intercambio, Carl y Jasper hacen un trato y firman una tregua, pero Victoria llama a su hijo y le dice que Carl no quiere nada con él. Para mayor confirmación le envía el mensaje de voz.  Ignorando que se trata de un mensaje antiguo, Jasper se altera y se va a vivir a casa de su abuela. Victoria aparece en casa de su ex para avisarle y para endilgarle un sermón de que es un mal padre ya que no comparte con Jasper los detalles de su trabajo policiaco o algo parecido, como si ella tuviese derecho a opinar.

                           Victoria, otra mujer inventada

Las que se Salvaron

Yo tildaría la serie de totalmente misógina si no fuese por dos personajes. Claire,  interpretada por la infaltable Shirley Henderson, era el ama de llaves de Merritt, pero su trabajo principal consistía en cuidar a William. Luego de perder un hijo y ver fracasar su matrimonio, Claire dedicó una década a cuidar, conocer y establecer una relación con el muchacho a pesar de la hostilidad de una celosa Merritt.



En su investigación, Morck descubre que Claire es la única persona que ha seguido visitando al hermano de Merritt en la clínica psiquiátrica. Cuando William huye de ese sitio busca refugio en el invernadero de Claire.

Muchos espectadores y críticos quieren crear un paralelo entre Merritt y Carl. Puede que ambos sean erizos amargados y sarcásticos, pero Merritt no es una buena persona, es incapaz de querer a nadie. Aun su preocupación por William deriva de un sentimiento de culpa.

                          Clare es la unica que se preocupa de William

Morck, en cambio, está lleno de afectos (por Hardy, por Jasper) que no puede expresar y reconoce ese dilema en Claire. Cuando rescata a William de la ambiciosa Wallace, se lo lleva a Claire. La escena en que William y su nana se abrazan es refrescante en una serie de gente hostil e incapaz de relacionarse con los demás.

Me he quedado con el mejor personaje femenino de la serie y uno que si existe en los libros aunque creo que la Rose de Scott Frank es más humana y sensible que la que haya creado Adler-Olsen. Rose es una misfit total, tal vez más que Carl y Akram. Sufre de déficit atencional, de TOC, en resumen está en el Espectro. Una vez fue parte del equipo de Morck, hasta que accidentalmente atropelló a un peatón. La culpa la empujó al suicido y a “episodios” que combate con medicamentos recetados.

Desde entonces la han convertido en una especie de recepcionista glorificada. Será Carl quien la saque de ese puesto y ponga a trabajar todo el talento de investigadora de Rose quien a pesar de ser un poco atolondrada y de sacar la tarjeta de sexo a relucir a cada rato (”¿acaso es porque soy mujer?”) evidencia que el sexto sentido  femenino existe y es fundamental para una buena investigación.



Agreguémosle que Rose posee una gran compasión . Su caridad permite que Akram llegue al Departamento Q . Incluso Rose intenta explicarle a la psiquiatra porque Carl es tan rudo y antisocial con un “se siente responsable” y cuando la inepta Rachel pregunta “¿de qué?”, Rose responde suavemente “de todo”.

Es mi impresión de que el Noir nórdico, y no solo el de Adler-Olsen, no es proclive al romance o al retrato de mujeres centradas o con rasgos positivos, lo que es legítimo y no necesariamente implica misoginia. Sin embargo, al tratar de modificar esa característica en aras de la paridad  Scott Frank ha acabado con un retablo siniestro de  personajes femeninos.

Espero que en la segunda temporada, mejore ese detalle y ciertamente espero que la Dra. Irving deje de ser un personaje tan patético. Me aterra pensar que pueda ser la pareja de Carl. ¡Pobrecito! Aparte de que es inapropiado tener amores con un psiquiatra, ella necesita tanta o más terapia que nuestro protagonista.

 

lunes, 18 de agosto de 2025

Las Jaulas que Nos Creamos: Dept. Q (Netflix)

 


Al final del primer episodio de Dept. Q, encontré una especie de leitmotiv: los espacios cerrados como jaulas que sirven para ocultar víctimas de secuestro por años, pero también son sitios para que se cree un equipo de rescate para la víctima. Eso hace que esta serie de Netflix se asemeje más a Las Azules que a Slow Horses con la cual se la ha comparado. Por otro lado, hay jaulas invisibles en las que se encierran los personajes para defenderse del mundo y que acaban siendo su prisión.

Fieras Enjauladas

Si no me creen, aun antes de comenzar, puedo indicar que si a Carl Morck (Matthew Goode) su jefa enjaula en un sótano para mantenerlo alejado de los demás policías, él se ha creado una coraza para protegerse del mundo exterior y que al final le impide comunicarse con este. En ese sentido se parece a Merritt Lingard, la victima de secuestro que lleva cuatro años enjaulada en una cámara descompresora. No me ha sorprendido que el titulo original en danés se traduzca como La mujer en la jaula. En español también el titulo La mujer que arañaba las paredes crea una impresión de encierro.



Sin embargo, antes de su secuestro, Merritt se había confeccionado una celda interior que encerraba sus secretos del pasado, su angustia del presente y sus constantes remordimientos. Mas encima, vivía en una casa en un páramo donde tenía escondido a su hermano que era la encarnación de su culpa. Eventualmente su pasado vino a enjaularla en una prisión real como castigo, ya que sus secuestradores la veían como una alimaña dañina.

Los Q encontraron a William enjaulado en un elegante manicomio, pero el pobre chico ya vivía en una prisión, privado del habla y de la facultad para escribir. En su lecho de hospital, Hardy, está enjaulado por su paraplejia. Carl lo saca de esa jaula demostrándole que mentalmente puede ser libre y útil.

Jasper se queja que su padrastro se aísla de él, pero el chico también se construye una mazmorra en su cuarto, incluso ocultando su rostro con una máscara. Otros personajes están enjaulados por sus complejos, sus prejuicios y sus miedos. Quizás por eso, la gran queja que he oído de una serie  es lo odioso de los personajes.



Departamento Q vs Slow Horses

Me aburre y hasta fastidia la comparación constante entre estas dos series. Es cierto que ambas se basan en exitosas series de novelas, que están pobladas por personajes desubicados, con problemas mentales y que son despreciados por su gremio. Ahí paran las similitudes.

La serie de Jussi Adler-Olssen pertenece al género policial, en cambio las novelas de Mick Herron se mueven en el mundo del espionaje. Físicamente, Carl Morck es mucho más atractivo que Jackson Lamb, pero el personaje de Sir Gary Oldman no tiene trabas mentales y es, a pesar de su lengua sarcástica, devoto del bienestar de sus “protegidos”. Tampoco podemos comparar a Morck con el idealista e ingenuo River Cartwright que es el héroe (Lamb es el antihéroe) de Slow Horses.

                        Jackson Lamb vs Carl Morck

Mas importante  es que al final de la Temporada 1 de los Caballos Lentos  yo ya tenía mis personajes favoritos: la dulce y devota Catherine, el romántico dúo compuesto por Min y Louisa, y por supuesto, River. Los demás me hacían reír y me caían bien. Tenía claro que los Buenos eran los de Slough House, no los siniestros burócratas de MI5.

En cambio, llevaba veinte o más minutos de ver el primer episodio de Dept. Q y estaba llegando a una conclusión: no había personaje querible ni con quien me identificase y solo la estaba viendo por Matthew Goode. Pensaba si podría aguantar siete capítulos más (después de todo no me interesan los misterios policiales a menos que sean históricos) cuando ocurrió el milagro.  Apareció un personaje que me interesó (y no por que posea la galanura de MG) y en los últimos diez minutos la trama dio una voltereta que me la hizo super interesante.

La Tragedia de Ser Carl Morck

La acción tiene lugar en Edimburgo, y el primer episodio consiste en viñetas semi corales que nos presentan a los personajes. Comenzamos con el detective Morck y su compañeroy tal vez su único amigo Hardy (Jamie Sives, mi queridísimo Ser Jory Cassel), paseando por las calles de Edimburgo cuando se encuentran con una patrulla policial ante la puerta abierta de una casa.

                              El ultimo paseo de Carl y Hardy

Contraviniendo el manual que indica como deben comportarse en una escena de crimen, los policías se entrometen y encuentran un cadáver con un cuchillo incrustado en el cráneo y un patrullero novato llamado Anderson custodiándolo. Morck se complace en humillar a Anderson, señalándole todos los errores que ha cometido. En medio de eso, emerge de la cocina un sospechoso cubierto con un pasamontaña que les dispara al trio.

Corte a los créditos y para cuando regresamos han pasado cuatro meses. El pobre Anderson murió en la balacera, Hardy está paralizado en un lecho de hospital. Morck recibió una herida en la cara que cubre con barba más espesa (lo que hace a MG triple slurp), pero lo que no salta a la vista es que está triple traumatizado.

Aun así la policía le ordena que se someta a una terapia a manos de una psicóloga que…errrr…es el único personaje que me complica en Departamento Q y eso que lo interpreta mi querida Kelly McDonald. Hablaré más de ella cuando me toque repasar el feminismo en la serie.



Morck intenta reincorporarse a la fuerza policiaca donde nadie está contento de verlo. Da la impresión que la tragediade la que lo culpanes la última gota de un vaso que él ha llenado con su sarcasmo y soberbia. Visitar a Hardy en el hospital es poca ayuda. El único amigo de Morck es presa de pensamientos suicidas y no está para escuchar cuitas ajenas.

Morck quisiera ocuparse de la investigación de su caso y descubrir la identidad de su atacante, pero esto ha quedado en manos de un trio de ineptos que comparten el mismo mal gusto en peinado y  no son muy ocurrentes. Para colmo, el detective tiene problemas personales.



Divorciado, ha quedado con la custodia de un hijastro adolescente, un arreglo que disgusta a ambos. El chico es típico Z inútil que se la pasa escuchando música estridente con audífonos y una máscara, tipo Darth Vadar, tras la cual se oculta del mundo. Cuando ya Jasper no sabe cómo irritar a su padrastro y a Martín (a quien Morck renta un cuarto en su casa) aporta un nuevo cambio, saltarse días de escuela y pasárselos en casa encamado con una compañerita.

                      Jasper en la puerta de su jaula

Un Baño-Oficina: Ni que fuera Betty La Fea

Morck no sabe qué hacer con Jasper y su jefa (Karen “Lisa Arryn” Dickie) no sabe qué hacer con Morck. La solución la traen sus superiores. Se ha descubierto que su comisaria tiene un récord de casos no resueltos. Quieren instalar un departamentoellos pondrán el dineropara que trabajen en esos cold cases y así satisfacer a la quejosa prensa.

Moira se pasa de lista, crea el Departamento Q, y pone a Carl Morck a cargo. El solito con su propia oficina en el subterráneo donde una vez estuvieron los baños compartidos. Todavía hay orinales adosados a la pared. Ni a Betty, La Fea le dieron una covacha tan hedionda.



Esto me ha recordado a Las Azules cuando les instalaron su oficina en el sótano. De nuevo tenemos una comisaría que no sabe qué hacer con un/unas indeseables, pero que no puede quitarse el bulto de encima. Para eso sirven estas jaulas para escondrijos de los elementos incomodos.

                  La guarida del Departamento Q

Como ocurriera con Las Azules, Morck y su equipo (del que hablaré en un segundo) limpian, arreglan, humanizan el subterráneo, y emprenden desde ahí una campaña para resolver su primer cold case. Eso, sin ayuda, de los de arriba donde Moira ha revertido los fondos que la ciudad le ha dado para el Departamento Q a sus Caballeros del Valle que ahora gozan de computadores nuevos.

No todo el mundo es oportunista y ratero en la superficie. Ahí tenemos a Rose (Leah Byrne), la recepcionista, quien una vez fuera policía, pero ha sido degradada ya que, como Carl, también está un poco cucú. Aunque a ratos es exasperante, y su peinado es mitad Bozo, el Payaso y Larry, el de los Tres Chiflados, me cae bien. Es gordita, le gustan los pastelillos y tiene buen corazón e intuición.

Intuye que Akram (Alexei Manvelov), un tímido refugiado sirio que ha venido en busca de empleo,  puede ser útil en el precinto y lo envía donde Moira. Justo ese día Carl anda berreando porque necesita alguien que archive y organice el centenar de cajas de casos no resueltos. Moira le manda a Akram Salim.



Resulta que el refugiado fue detective en su país antes que la situación política lo empujase a huir con su familia. Morck nota que es avispado, organizado y muy intuitivo, así que lo convierte en su asistente en la investigación. Akram es cortes, compasivo y quiere hacer las cosas según el manual, algo difícil con Morck, Sin embargo, Akram es bueno para saltarse las reglas y literalmente se salta vallas. El mejor momento es cuando visita una casa abandonada y se enfrenta a una banda de delincuentes-ocupa a los que reduce solo con las manos.

Será Akram quien, satisfaga a Moira consiguiendo un caso cerrado: la desaparición hace cuatro años de la fiscal Merritt Lingard. Con eso Moira convoca a una conferencia de prensa y coloca a un Carl ,sin ninguna preparación, a cargo de esta. Todo va bien hasta que un periodista se le ocurre cambiar el tema e interrogar a Carl sobre su caso que ha dejado un muerto, un invalido y un traumatizado policía.

                       Ni una corbata puede esconder el trauma de Carl Morck

Morck se descompone, sufre un ataque de pánico y huye de la conferencia. Nuevamente es Akram quien acude en su ayuda. A pesar de que para todos los presentes y hasta quienes lo vieron por televisión, es obvio que el detective no está bien, Morck sigue con la investigación y logra componer un equipo confiable compuesto por Akram, Rose y Hardy que, desde su cama de hospital y vía laptop, contribuye a resolver el misterio de Merritt Lingard.

                          Hardy desde su jaula-cama de hospital

¿Dónde está Merritt?

Después de haber leído el libro de Jussi Adler Olsen (en ingles se llama The Keeper of Lost Causes; en castellano es La mujer que arañaba las paredes) en la que han basado la serie, es evidente  que Scott Frank ha cambiado bastante el argumento.  Es interesante como ha navegado/conservado los saltos cronológicos del original. El primer episodio es una presentación de los dramatis personae, pero hay un personaje con el que Morck y su equipo nunca se entrecruzan.

Nos pasamos el tiempo esperando que este personaje y su historia paralela se unan a la línea argumental. Esto solo ocurre al final cuando descubrimos que la mujer que hemos visto es la misma del caso que Akram ha escogido para que debute el flamante Departamento Q. Todo lo que hemos visto de Merritt son flashbacks que llevan a su misteriosa desaparición de un ferry camino a la isla de Mohr que la fiscal, y su hermano, William, tomaron de regreso al hogar paterno.

Gracias a los flashbacks descubrimos que Merritt era una planta espinosa, brillante pero arrogante, audaz pero imprudente. Acababa de arruinar un caso importante y conseguido la indeseada libertad de un millonario que había asesinado a su esposa. Sin embargo, no fue el presente lo que precipitó el secuestro de la mujer. Eso es lo que descubrirá el Departamento Q.

                      Merrit amonestada por su superior

A pesar de los esfuerzos de Frank por mejorar, agilizar y hacer más interesante la trama, Departamento Q ofrece muy poco para atraparme y confieso haberla visto solo por Matthew G. Quizás sea porque no soy connoisseur del género, tal vez porque su énfasis en lo wokesobre todo el aura semi feminista me cohíben, pero la serie no me es atractiva.

Recalco  que los personajes, con la excepción de Akram y Rose (y tal vez Clare ),son detestables, llegando al punto que le tengo lastima a Morck por estar rodeado de tarados insensibles. Las actuaciones son desiguales. Solo Matthew está magnifico. Deja atrás esa aura de niño bonito que cultivó desde sus días de Brideshead Revisited y ofrece la mejor actuación de su vida (aparte de su Bob Evans en The Offer)




Matthew como Bob Evans

  Mathew en Dept. Q y en Discovery of Witches. Noten el cambio

Estéticamente la serie no brinda mucho. Es difícil recordar que está situada en la Edimburgo de María Estuardo y de Robert Louis Stevenson, a pesar de que hay escenas en zonas antiguas. Como todo lo de Netflix, es deprimentemente oscura y los personajes además de antipáticos están empeñados en verse feos y desaliñados. Sobrevive Mathew G. por qué ...aceptémoslo, es Matthew Goode.



Contenido Violento o Gory: Se supondría que un Noir debe tener su buena cuota de violencia, pero por primera vez veo como el wokismo trata el tema. La violencia es casi toda verbal, se describen hechos violentos (El asalto que dejó a William impedido de sus facultades; el ataque que mató a Anderson y dejó malheridos a Hardy y Morck, etc.). La tortura que sufre Merritt en su bóveda es física, pero más afecta su psiquis que su cuerpo.



Por supuesto que eso va cambiando al final. Tenemos gore galore cuando a la mujer enjaulada se le infecta un molar y sus captores le proporcionan un alicate para que se lo extirpe por si sola. El episodio final ve asesinatos, balaceras, etc. Antes, Akram tortura a un maleante en una escena casi cómica y Carl golpea a un gánster que amenazó a Jasper.

Sin embargo, hay en toda la serie un terror a la violencia. Las reacciones bruscas de Morck, que pueden catalogarse de impulsivas o inusitadas, alteran a quienes lo rodean, tal como ciertas palabras son vistas con tanto miedo como si quien las usa apuntara con un arma.

El caso más patético y desagradable es cuando Akram se encuentra con la pandilla de ocupas que inmediatamente se le enfrentan, sin haber agresión por parte del policía. Una incluso grita que el sirio no está armado. Ella lo sabe porque su padre era patrullero. Akram rápidamente demuestra que no necesita de armas para dominar a bullies cobardes.



¿Qué consigue con eso? Que él ocupa al que controló lo demande y Jacobson le endilgue un sermón a la persona más serena de la serie. Dos factores emergen de este encuentro. El primero es el casi racista recordatorio de Moira de que en Europa no se hacen las cosas como en el Medio Oriente. El otro, la evidencia de la nulidad de un departamento de detectives que no portan armas, ni siquiera un taser.

Ya bastante ridículo es que, en Londres,  los Bobbies ,deban defenderse de manifestantes y terroristas con un misero bastoncito, pero ¿dónde se ha visto que detectives en un espacio peligroso no tengan con que defenderse?  Más encima reciben regaños de sus superiores por usar ciertas palabras o darle un empujoncito a un periodista que invade su espacio. ¿Qué es esto? ¿Un internado de señoritas?



Contenido Sexual y Desnudos: Casi 0, lo normal en una serie donde amor y ternura son los grandes ausentes. Martin y Carl se impresionan ante la actividad sexual de Jasper. En un flashback vemos que Merritt tuvo una relación pasajera con un periodista y el actor que lo interpreta muestra nalgas. Luego los vemos desnudos de perfil, pero no son escenas eróticas. Como tampoco lo es la de Moira secuestrada, masturbándose ante la mirada de su secuestradora.

Factor Diversidad: Para ser una serie británica, no hay mucha diversidad. La ex asistente de Merritt es de origen africano; Martin y el personal médico que atiende a Hardy parecen venir del subcontinente indio.

El mayor exponente de un mundo “exótico” es Akram Selim que irónicamente es interpretado por un actor ruso de origen kurdo. Como saben, Akram es un personaje canon aunque en el libro se llama Assad. En la serie es mayor que en el libro y más misterioso, pero conserva tres características, su humanidad que a ratos choca con el cinismo de Morck; los enigmas de su pasado; y una cualidad que me recuerda a un arquetipo dieciochesco.



A ratos pareciera que viésemos la vileza y absurdísimo de nuestro Occidente a través de los sorprendidos ojos de Akram quién representa un sentido común y una compasión perdida por nuestro mundo. En ese sentido nos lo acerca a los protagonistas de Les Lettres Persiennes de Montesquieu y Las Cartas Marruecas de Jose Cadalso

Un poco extraño que en una serie de Netflix haya poca diversidad sexual. Apenas un policía gay que Rose conoce en la Isla Mohr. Por otro lado tenemos minusválidos y gente en el Espectro por doquier. Como también tenemos un pésimo retrato de las psiquiatras modernas, pero de eso que es parte del pésimo retrato que Scott Frank ha confeccionado de la “mujer empoderada”  hablaré, D-s mediante, en mi próxima entrada