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lunes, 19 de julio de 2021

El Desertor: Cuando el revisionismo germano se vuelve risible

 


Ya les he hablado de lo complicado que es para los alemanes retratar de manera objetiva su rol en la Segunda Guerra Mundial. Eso es evidente en su último esfuerzo, el telefilme “El Desertor” que, hecho en pandemia, ha sido comprado este verano en MHz Choice que lo ha presentado en cuatro episodios en formato de miniserie

En 1951, la editorial alemana Hoffman und Campe se rehusó a publicar un manuscrito escrito por un joven periodista, veterano de la Kriegsmarine y del Partido Nazi (habiendo ingresado a ambos en 1944 a los 18 años), considerando el contenido como “extremadamente peligroso”. En cambio, publicó otro manuscrito que pondría a Siegrfried Lenz en camino a ser uno de los mayores exponentes de las letras alemanas de los ’50.

En el 2014, tras la muerte del muy famoso y laureado Lenz, se encontraron entre sus papeles las páginas de esta primera obra. Bajo el título de Der Uberlaufer (el Desertor) fue publicada en el 2016. En una semana había escalado al primer puesto de las más vendidas. Es el tipo de novela que atrae a jóvenes generaciones alemanas con un protagonista entre rebelde e ingenuo que es atrapado por fuerzas políticas que ni comparte ni entiende. Se ha comparado a Walter Proska con el Holden Caulfied de J.D. Salinger en su rebeldía.  No he leído el libro, he tenido la poca fortuna de ver la serie. Me dicen que no se parecen, ojalá.



Walter Proska (Jannis Niewohner), es un soldado veinteañero de la Wehrmacht. En 1944, en su último permiso que ha pasado en la granja familiar en Pomerania, se rehúsa a oír los ruegos de su hermana y cuñado para que deserte. Walter no es ni nazi ni cree en victorias finales, pero no quiere abandonar a sus camaradas. Así se embarca en un tren de ganado que cruza Polonia, para reunirse con su batallón.



 En una estación, una joven polaca (Malgorzata Mikolajczak) se les acerca a Walter y al maquinista pidiendo que le permitan viajar. A pesar de que el maquinista se niega, argumentando que las polacas son todas peligrosas partisanas, Walter la sube a su vagón vacío. Ahí tienen un intercambio muy cargado de tensión sexual. De pronto el tren se detiene y suben militares a la caza de partisanos. Wanda huye. Walter nota que ha dejado una botella atrás que supuestamente cargaba las cenizas de su hermano.



Walter arroja la botella a un lago provocando una explosión. Toda la charla y el viaje eran una excusa para que la partisana colocase una bomba.  No importa porque los rieles están minados y el tren vuela en pedazos. Aunque ileso, Walter ya no tiene medios de transporte. Nunca más verá a sus camaradas. Debe incorporarse a una desastrada escuadrilla de caza partisanos dirigida por el desaliñado y cruel Sargento Rehaulf (Rainer Brock de Das Boot). Aquí comienza un atropellado relato, que los críticos han comparado con el “Äpocalypse Now” de Coppola. Walter ya no sabe quién es su enemigo, si los polacos o Rehaulf que es tan brutal con los partisanos como con sus subalternos.


Walter hace amistad con Wolfgang, un joven comunista que quiere desertar. Walter no quiere, hay un leitmotiv en la serie de que lo peor que puede hacer un hombre es desertar. En su guerra anti partisana, Walter es testigo de la ejecución sumaria de un sacerdote polaco. Es la única ocasión en que vemos una “atrocidad” germana y el único atisbo del calvario del pueblo polaco, y ese es el mayor defecto de la serie, su ausencia de datos históricos.

Un día, Walter se encuentra cara a cara en campo abierto con la partisana Wanda. A pesar de estar ambos armados, hacen lo inconcebible. Se quitan la ropa y se dan un buen revolcón al fresco. Vuelan las mariposas, cantan los pajaritos, brincan los unicornios. Después ambos se visten y calabazas, calabazas cada uno pa’ su casa. Pero Walter se promete matar a algún partisano para compensar su interludio sexual, con tan mala suerte, que acaba matando al hermano de Wanda.





Walter es tomado prisionero y maltratado por los rusos (ninguna mención de como los alemanes se comportaron en territorio soviético). Malherido, Walter no sobrevivirá el viaje a Siberia, pero hay ángeles que lo protegen. Lo encuentra Wolfgang que ahora trabaja para los soviéticos, y convence a sus superiores de que Walter es buen material para construir otro comunista.



Walter es atendido por médicos, se le pone un uniforme y se integra al victorioso Ejército Rojo. Como es buen soldado, sus superiores le toman estima. En su marcha hacia el oeste, Walter y sus camaradas llegan a su granja. A Walter no se le ocurre nada mejor que dispararle al primero que ve salir de ella; es su cuñado. ¡Que manía de matar cuñados! Tan atontado queda el desertor que es incapaz de detener la deportación de su hermana.

Continúan avanzado los soviéticos, y Walter llega a Varsovia. Una noche, en una fiesta, Walter se reencuentra con Wanda que canta para los rusos. Pasan la noche juntos, pero la ex partisana le dice a Walter que él ha escogido el bando equivocado y que deben huir. Es Wolfgang quien impide una nueva deserción de parte de Walter.



Walter llega a Berlín. La guerra acaba y él se integra a la vida civil formando parte de un grupo de alemanes comunistas que pretenden fundar un nuevo tipo de sociedad. En Berlín, Walter conoce a la secretaria Hilde Roth (Leonie Benesh de Babylon Berlin y The Crown) que se interesa por él, pero el desertor no olvida a Wanda. Sus amigos le prometen buscarla.

Ponen a Walter a cargo de una oficina que da permisos para que la gente que lo desee pueda viajar al sector británico de Berlín. Este servicio es una trampa. Los soviéticos quieren hacer justicia y es una buena manera de investigar el pasado nazi de los solicitantes. Le dicen a Walter que esperan que un diez por ciento de las solicitudes sean rechazadas debido a faltas cometidas (por el solicitante) durante el Tercer Reich.

A Walter no le parece. Dice que no son jueces para condenar a nadie. Que si lo hacen serán iguales que los nazis, que para que todos “sean felices” nadie debe ser castigado. Como la ridícula serie no nos muestra “atrocidades nazis”, ni nos explica por qué los rusos están enojados con ellos, habría que creer en lo que dice Walter. Solo que un día aparece Rehaulf en la oficina exigiendo un pase. Aquí tenemos un verdadero criminal de guerra. Alguien que merece castigo. Walter lo deja libre, así demuestra su superioridad moral.



Su ex sargento no se muestra ni agradecido ni contrito. Acusa a Walter de ser tan malo como el, de ser peor, ya que el desertor ha traicionado a su patria. A mí me da risa. ¿Traicionar a un régimen totalitario es malo? Pero Walter se lo cree. El carga con la culpa de la muerte de sus cuñados. El equiparar su torpeza con la deliberada bestialidad de Rehaulf, disminuye los crímenes de los nazis.

Wolfgang descubre que su ex sargento se les ha ido de las manos. En vez de castigar a Walter lo convence de entregar a Rehaulf a cambio de Wanda que ha sido encontrada. Por supuesto, Walter no titubea, pero cuando Hilde le cuenta que todo lo de Wanda es mentira que ni siquiera la han buscado, el desertor monta en colera.

Tras una pataleta pública en la que anuncia su propósito de liberar al reo, sale a la prisión a rescatar al sargento. Wolfgang llega, los rusos matan a Rehaulf y Walter se va a su casa tan tranquilo. No lo arrestan gracias a Hilde que por ayudarlo también se ha conseguido pasaje al Gulag. Se le aparece a Walter que va camino a su piso. Le trae una mochila y lo convence de huir con ella.




Nuevamente Walter es rescatado por fuerzas exteriores, y sigue siendo un tonto que no aprende de sus errores. La pareja logra huir al sector británico. Pasan diez años. Hilde y Walter están casados, tienen dos hijos y viven en Hamburgo. No se sabe en que se gana la vida el desertor, pero poseen su propia casa y han invitado a los vecinos a celebrar su prosperidad simbolizada por un televisor.



Se ponen a ver un programa de variedades. El anunciante recuerda tiempos pasados y como la música crea puentes entre antiguos enemigos. Este preámbulo es para presentar una cantante polaca. Tanto Hilde como la vecina se molestan por el discurso televisivo, ya que ellas no quieren recordar el pasado. Walter está en otra. Ha reconocido a la cantante: es Wanda.



Entonces, Walter hace lo increíble, sale corriendo de la casa y a pesar de las suplicas de Hilde, se sube al carro y parte como loco nadie sabe con qué rumbo. Y de esa manera desconcertante acaba una miniserie que no tiene pies ni cabeza.

Aparentemente el tema de la historia es el poder del amor. ¿Qué amor? No sabemos si es compartido porque vemos muy poco a Wanda y desconocemos su punto de vista. En el caso de Walter es una cuestión hormonal, y el modo en que huye dejando atrás familia, visitas y televisor demuestra que no ha madurado ni emocional ni intelectualmente. Se entiende que quiera ver a Wanda otra vez si tanto le gustó el par de polvos que compartieron, pero el Walter adolescente, no puede ser el padre de familia de treinta años. Algo tiene que haber aprendido.



Ese final que obviamente fie escrito para la serie (tiene lugar en 1955, y el libro fue escrito el ’50) quiere, en cinco minutos, reflejar lo vacía y materialista que se ha vuelto la vida de Walter. ¿Vacía respecto a qué?  ¿Era mejor cuando andaba de soldado zaparrastroso matando partisanos y siendo testigo de masacres de inocentes?  Debido a que el romance con Wanda es tan improbable que trasciende la fantasía de Romeo y Julieta en el Tercer Reich, no podemos sentir empatía ni por Walter ni por sus sueños truncos en los que la polaca no pasa de ser una imagen idealizada.

Se supone que cuando Hilde dice que no quiere recordar el pasado es una representación del síndrome de avestruz de la Alemania de la postguerra, ¿pero acaso Walter no ha hecho lo mismo? ¿Cuándo dice que nadie deber ser juzgado ni castigado, no está barriendo el pasado bajo la alfombra? En realidad, lo mejor de Walter fue su juventud y es eso lo que quiere recuperar. Que existan eternamente días soleados, un Walter joven y sano, y Wandas desnudas esperándolo en el prado. Walter es un eterno adolescente. Por eso tanto libro como serie han sido tan apreciados entre la juventud germana.



Peco de cínica, pero no me sorprende. No puedo tener peor opinión de los jóvenes alemanes y de sus fechorías recientes que van desde las Fiestas COVID en plena pandemia, hasta andar apaleando judíos y lapidando sinagogas con la excusa de apoyar a los palestinos de Gaza, pero también esta ese desagradable DejaVu.  Entre las maravillas que me brinda Tubi hay unos excelentes documentales de la Segunda Guerra Mundial y del nazismo que se alejan de la progresía PC de los de la BBC.

El primero se llama “Berlín 1945” y es un amplio y descriptivo retrato del último año de la capital del Tercer Reich basado estrictamente en fuentes primarias: diarios y cartas de berlineses, entre ellos muchos jóvenes desde quinceañeras violadas por los rusos hasta soldados de la edad del Walter Proska que narran el horror de este último frente de batalla, la muerte de los camaradas y una latente desilusión con el régimen al que sirven.

Sin embargo, las mayores citas vienen del diario de Brigitte, una vendedora de tiendas que parece ser un ente privilegiado en comparación a lo que les ocurre a sus vecinos. Siempre tiene comida, su casa no es bombardeada, no es violada, su novio regresa de la guerra y se casan. Debido a eso conserva un humor caustico, se refiere con sarcasmo a la ocupación rusa y a la caída de un régimen en el que no ha dejado de creer.

Muy amiga del cine, a fines de ese año va a ver un documental hecho por los rusos sobre la caída de Berlín. Se irrita ante la insensibilidad del invasor que presenta hechos muy cercanos para poder ser todavía digeridos por el público germano. Eso es como un eco de Hilde, la esposa de “El Desertor” que una década después de esos hechos dice petulantemente que no quiere recordar el pasado. En realidad, los alemanes nunca lo han recordado totalmente.



Volviendo a Brigitte, un día se le acaba la suerte. Se descubre que es miembro del Partido Nazi y se la hace comparecer ante una oficina “desnazificadora”. Vuelve a caer parada. Les cae en gracia los jóvenes comunista que la “desnazifican” en un periquete y la enrolan en sus clubes comunistas. lo que sorprende a Brigitte es que tanto los panfleto como las charlas a las que debe asistir pregonan lo mismo que los nazis. Han cambiado las siglas algunas palabras, ahora son los fascistas, los burgueses, los capitalistas a los que hay que perseguir, pero es la misma ideología

Tan parecido es todo que Brigitte comenta en su diario que muchos chicos que ella conoció que eran líderes de las juventudes hitlerianas ahora se han vuelto líderes de asociaciones comunistas. No debería sorprendernos, “Los Hijos del Tercer Reich” y “Landgrerich” nos mostraron que en la otra Alemania tampoco se podía hacer justicia porque los nazis seguían al mando.

En” El Desertor”, Walter hace algo parecido al exigir que no haya juicios ni castigos “porque eso nos hará iguales a los nazis”. Está usando un argumento debilísimo que al final es una súplica de que se mantenga el status quo. Walter es singularmente tonto, pareciera que nunca supo la perversidad que definía al régimen al que servía. No era único y en otro excelente documental francés sobre los SS tuve la respuesta.



En una hora, los franceses se las arreglan para demostrarnos el poder, la dinámica y el propósito del grupo más elitista más poderoso y letal de la Alemania Nazi. Cuando Himmler crea a la SS, divide a sus miembros en dos grupos. El primero está compuesto por adultos profesionales, eruditos, leales al nazismo, pero no cegados por fanatismos. Ellos serán los ideólogos, los encargados de crear leyes, de preparar estrategias de propaganda, de conducir los programas de adoctrinamiento.

Por otro lado, para los guardias de los campos de concentración y otros organismos represores se reclutaba jovencitos de menos de 21 años, con apenas el diploma de secundaria, ingenuos, hormonales, ansiosos de pasarla bien como Walter. A ellos se les enseñaba a matar al “bastardo interior” que llevaban dentro. Este “bastardo” era un eufemismo para la compasión.

Según los nazis, el cristianismo con sus ideas de solidaridad y compasión era una treta judía para infiltrar y destruir a la raza aria, de ahí que todas sus enseñanza deberían ser erradicadas. En el caso de Walter sabemos, por su edad que ha sido adoctrinado por las Hitlerjugend y, sin embargo, se escandaliza ante la barbarie de Rehaulf. La ironía es que la única vez que actúa movido por compasión es para salvar a Rehaulf.



Aparte de las trama inconsistente, “El Desertor” no sufre de fallas graves. Se ha creado una atmosfera de época, a pesar de haber sido filmada en pandemia, gracias a que la filmación tiene lugar en bosques, interiores y una Berlín creada con CGI. Vestuario y actuaciones, como siempre, en las series de época alemanas es impecable. Siempre es un placer ver a Leonie Benesch, Jannis Niewohner es mucho más agradable que cuando hizo de Maximilien en “Borgoña” y Rainer Bock me ha dado una sorpresa por lo alejado que esta su Rehaulf del noble y justo Comandante Gluck de “Das Boot”.

En Estados Unidos, MHz la está ofreciendo con subtítulos en inglés. Lo que me ha sorprendido es lo rápido que la ha comprado Europa Europa que la estará pasando ahora en julio y agosto en America del Sur.

 

 

lunes, 9 de julio de 2018

Borgoña: Juego de Tronos a la Alemana



Ni el TVGuide ni ninguna publicación relacionada con la programación televisiva,   anunciaron que Starz estaba ofreciendo “Maximilian”con subtítulos en inglés, este verano. Como Maximiliano es el personaje menos interesante, me referiré a la serie como “Borgoña” que es el nombre que le han dado para ofrecerla en español. En resumen, trata  del matrimonio entre Maximiliano de Habsburgo y Maria de Borgoña, unión que cambiaría la historia europea, cuando su hijo Felipe, el Hermoso se convirtiera en el padre de Carlos el Emperador. Sin ser la octava maravilla del mundo, es el tipo de serie  que necesitamos los troneros y los Tudormaniacos.

Primero fue Michael Hirst con sus Tudores, luego Neil Jordan con sus Borgias. Y entonces llegaron HBO, Weiss&Benioff,  y la saga de Ser George R.R. Martin. De pronto todos querían cuentos de intrigas palaciegas, bastardos reales, y  princesas obligadas a casarse. Vino” Reign”, vinieron los Vikingos, “Wolf Hall”, Reinas y Princesas Blancas, Versalles, hasta la Reina Victoria fue desempolvada y se le inventaron nuevos detalles para hacerla atractiva al público que clamaba por relatos históricos.

No solo la moda alcanzaba al mundo angloparlante. En España hubo una “ Isabel,” y luego “Carlos,  Emperador”. En Turquía, “El Sultán” nos presentó a Solimán y su corte. En Rusia hicieron “Velikaia”, sobre la juventud de Catalina, la Grande , y ahora HBO pretende contar la historia de la Emperatriz en su ocaso.  Los alemanes no se han quedado atrás. El 2013 tuvieron “Carlomagno”,  y el año pasado en una producción austrohúngara, llevaron a la pantalla “Maria Theresia”sobre mi emperatriz favorita. Tristemente, estas series no son fáciles de conseguir, por eso casi di un brinco cuando accidentalmente descubrí que Starz estaba dando “Borgoña”, que creo que ya ha sido vista en España.

“Borgoña” nos traslada a  Europa en el siglo XV. La historia comienza en 1477, y para los que nos hemos acostumbrado a las visiones comparativas de sucesos históricos, déjenme darles una idea de lo que estaba ocurriendo. En Florencia reina Lorenzo el Magnifico: en Roma, Cesar Borgia acaba de cumplir un año; en Castilla, Isabel y Fernando celebran su séptimo aniversario de bodas; La Guerra de las Rosas dividió Inglaterra, pero Eduardo y su Reina Blanca ya se apoderaron del trono.

Ahora lo que no sabemos. Los Turcos Otomanos, no contentos con zamparse el Imperio Bizantino, ahora han llegado hasta el Kosovo. El Sacro Imperio Germánico no es lo que fuera en días de Carlomagno. Reina Federico de los Habsburgo (Tobias Moretti), un hombre muy sagaz pero (como no se cansa de decirlo su hijo)  muy timorato. Federico tiene problemas con Martias Corvino (Mark Zak), rey de Hungría,  quien es el único baluarte en Europa contra la horda turca, pero que a cambio se ha quedado con grandes pedazos del imperio.

A Federico se le ocurre darle a Matías,  cuarentón y que ya ha enterrado a dos esposas, su hija Cunegunda (Constanza) de doce años. Por suerte Martias quien le asegura a Federico que sus voivodas (entre ellos un tal Vlad Tepes) mantienen a los turcos a raya empalándolos, no desea aceptar los términos del emperador, y prefiere casarse con Beatriz de Nápoles. Te salvaste,  Cunegunda.

El otro problema del Emperador, uno que comparte con el rey Luis de Francia (Jean Hughes Langlade), es el tremendo auge del Ducado de Borgoña. Los que saben de Juana de Arco, recordarán que los borgoñones eran los malos del cuento, aliados de los ingleses ellos le entregaron a la Doncella de Orleans. Bien, ha pasado el tiempo y bajo el reinado de Carlos, el Temerario,  Borgoña se ha vuelto un reino gigantesco, que va desde la frontera suiza hasta el Mar del Norte, y abarca, la actual Borgoña, el Franco Condado, todo el Noreste de Francia y los Países Bajos. Carlos no solo es millonario en tierra, también en fortuna. Lo que hoy es Bélgica es una bullente sociedad de comerciantes, fabricantes y mercaderes. Su única hija Maria (Christa Theret) es apodada “María, la Rica”. Pero la suerte se voltea.

Carlos va a la guerra con Francia. En un esfuerzo por anexar Alsacia, la Nochebuena de 1776, Carlos muere en batalla en Nancy. Maria,  de diecinueve años,  queda sola en su reino, rodeada de buitres, con el único apoyo de su aya Johanna van Hallewyn (Miriam Fussenegger), y de su querida madrastra, Margarita de York (Alix Poisson). ¡Pero si a esta la conocemos!  Es la cuñis de la Reina Blanca, la tía de Lizzie y Maggie. Entonces también conocimos a Maria, vimos su triste muerte que arruinó las posibilidades de Margarita de casarse con Jasper Tudor, romance producto de esa febril imaginación de Doña Pippa Gregory.
Johanna, María y Margarita
Joanne Whalley como Margarita de York en The White Princess (Starz)

La pobre Maria llama a reunión de consejo, tranquiliza a sus ministros, no va a despedir a nadie, pero planea  gobernar sin marido. Ejem, Nena, este es el Siglo XV. Eso no se puede.  El más descontento es un individuo llamado Egmont (Fritz Karl), que ahora es Duque de Güeldres, porque mató al padre para quedarse con el titulo. Individuo poco recomendable, pero María y madrastra le dejan claro que, en las inmortales palabras de Kiko,  “¡No me simpatizas!”
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A otro que no le parece que Borgoña no tenga príncipe consorte es al Emperador que planea casar a la duquesa con su único hijo, Maximiliano (Jannis Niewhonner). A Maxi no le parece, porque  “soy rebelde, cuando no sigo a los demás…” única razón,  para despreciar a la mujer más guapa y más adinerada de Europa.

Maxi,  a sus 18 años,  es insoportable porque abarca todos los clichés de nenes mimados y mal educados de la creación. Le grita a su padre que es un perezoso, que le teme hasta moverse del sillón. Para probar que su hijo no miente, sin moverse del sillón, Federico le hace un gesto a un cortesano que abofetea al príncipe. ¡Qué gran empleo ese!

Maxi tiene amores con Rosina (Lily Epply), dama de su hermana, pero como ella le dice , ella puede andar con quien quiera, en cambio él tiene que verla en secreto. A veces, Maxi se pone una armadura azul (¿también se la regaló el Matarreyes? ) y vence a algún incauto. Pero como le dice Polhein (Stefan Pohl), su chambelán (que parece tener la misma edad que Maxi) el príncipe heredero tiene mucho hocico, pero no hace nada útil.

Otro descontento es el Rey de Francia que quiere casar a Maria con su hijo Carlos (Max Baisette de Malglaive), una especie de Robalito, de seis años y escasos sesos que, para caerle bien a la novia, se cubre con el casco arrancado al cadáver del Temerario. Ah también conocemos a este Carlos, un poco más viejo, más gordo, fue ese rey francés que invadió Italia y fue burlado por “Los Borgia”.

Hijo estupido. Carlitos VIII
Carlos, más viejo, recibe un beso de Lucre Borgia (Showtime)

Para evitar que le hagan sombra a su nene, Luis envía sicarios a despachar a Maximiliano. El Emperador le ordena a su hijo no salir de palacio, ya que han puesto precio a su cabeza. Maxi, tozudo como burro, se escapa de noche en compañía de Polhein y ayudados por un pobre mozo de cuadras (y de paso le pisan la cola a un gato. Este Maxi no puede caerme menos simpático).
Polhein y Maximiliano

Los jóvenes se internan en un bosque que parece albergue de Caminantes Blancos. Yo creí que irían en busca del burdel de LIttlefinger, a que les leyera la suerte la bruja del bosque, o a rendir pleitesía al Rey de la Noche. Nada,  se sientan ahí en una cueva hacer tertulia. Llegan unos bandidos que creen son húngaros y los atacan. Maxi deja a Pohlein por muerto y se lanza al Danubio.

Llega todo mojado a su castillo donde el Emperador lo regaña en frente de la corte, se acusan mutuamente, Maxi recibe bofetada, pero el peor castigo se lo lleva el pobre palafrenero que lo ayudó. Es desterrado y sus bienes con confiscados. Bienes incluyen zapatos y ropa interior, con solo la camiseta, y más encima un cepo, el pobre hombre descalzo debe abandonar el reino.

El emperador presenta a Maxi con el mercader Fugger (Martin Wuttke). Este le dice al díscolo príncipe que ya se les acaba la lana cuyo monopolio está en manos de los hilanderos flamencos,  vasallos de Borgoña. Si los borgoñones no les venden lana, pronto no habrá con que vestirse en el Sacro Imperio. 
Fugger

Maxi se encoge de hombros y sin preocuparle como se vista su gente, o adonde irá el pobre descalzo desterrado, se va a acusar a Rosina de haberlo traicionado avisado a sus asesinos. Luego se va a acusar a Polhein  (que a propósito se llama Wolfgang, pero le dicen Wolf)de lo mismo. ¡Que inútil!  Entretanto, Federico manda a Fugger a Borgoña a pedir la mano de Maria.

Dos cosas. Me doy cuenta de que la importancia de los telares belgas viene de lejos y llegó hasta el siglo pasado. Por algo mi abuelo cruzó el charco para hacer fortuna como intermediario entre las textilerías belgas y las estancias bovinas de la Patagonia.

Lo otro, el Fugger, que todo el mundo desprecia como mercachifle, fue el fundador de una dinastía de banqueros. Hoy sus descendientes portan el título de Príncipes Fugger von Babenhausen.En días del Emperador Carlos, los Fugger trasladaron sus negocios a España donde les cambiaron el nombre por Fúcar, y hasta el siglo XIX se decía de algún millonario,  “Rico como un Fúcar”.

Louis XI y su mujer Carlota de Saboya (Sylvie Testaud), tendrán facha de verduleros, pero no son tontos. Luis manda a su hombre de confianza Philippe de Commines (Nicolas Wanczyki) a Flandes a socavar el reinado de Maria y evitar su matrimonio con Maximiliano. Es una lástima que Commines, el Maquiavelo galo y primer historiador francés, no sea el héroe de esta historia porque fue un personaje fascinante. Una especie de Meñique, el gran fixer de la corte de Luis XI.
Fugger y Philippe de Commines

Commines es un experto en interceptar cuervos, en abrir cartas lacradas para lacrarlas luego de leerlas. Lo sabe todo,  sobre todo a quien hay que sobornar. Llega a Gante y convence  al concejo de burgueses que ellos son el pulmón de Borgoña y no deben dejarse manipular por una mocosa. La Ley Sálica de los francos exige que ninguna mujer reine a menos que esté casada.

Los flamencos visitan a Maria le recuerdan la Ley Sálica y le exigen que les firme El Gran Privilegio que les permitirá mandar a ellos y mandarla a ella. Maria los despide. No quiere casarse con el principito francés, porque culpa  a Luis de la muerte de Carlos, el padre de ella. Pero menos quiere casarse con Maxi . Maria cree que los austriacos son unos puercos hediondos, que comen carne cruda y teme que Maxi exija sus derechos conyugales a cada rato. “Yo soy delicada” le dice a su madrastra. Yeeh, Maria, al fin una princesa que no vive en celo.

Egmont se le aparece a María. Le dice que tiene 300 hombres, una señal de ella y decapitarán a los burgueses levantiscos. “¿Que pediréis a cambio? “pregunta recelosa la Duquesa. Egmont dice que se contenta con una sonrisa de ella. Maria monta en cólera, le ordena en el mejor tono de Daenerys,  que se largue y no vuelva presentarse ante ella. Egmont se va rumiando y no para hasta llegar a la casa de Commines quien justo preguntaba si el Duque era sobornable. 

Ya apropiadamente sobornado, Egmont lidera a los burgueses en un asalto al Palacio. Interrumpen justo cuando María se entrevista con Fugger. Uno le clava la espada al pobre Obispo Hugonet (André Penvern) que se desploma en una silla (parece que solo lo pinchó porque se queda ahí con cara apesadumbrada durante toda la escena).

Los amotinados acusan a la Duquesa de traidora por andar en entrevistas secretas con sus enemigos y la obligan a firmar “El Gran Privilegio”. La aterrorizada Maria ruega a su aya Johanna que vaya a Austria y se entreviste con Maxi. Si certifica que es presentable, se casara con él. Johanna parte. Me imagino que Commines ya se habrá enterado de su empresa, mas puesto que él y Johanna eran primos.

Johanna llega sin problemas a la corte imperial (que mas parece establo). Olfatea a Maxi bien olfateado, descubre que se baña, que es guapetón y que comparte con Maria una afición a los autores clásicos. Maxi observa el camafeo con el retrato de la Duquesa (que aún para nuestros estándares era bonita), escucha a Johanna cantar loas sobre las virtudes de Maria y le escribe a su futura una carta muy filosófica aunque poco romántica. En ella le dice que la gente comete actos que siente errados no por maldad sino por evitar males mayores. Quiere que así perciba su matrimonio. A Maria la impresiona gratamente la carta. Se considera comprometida. Maxi pone en marcha su comitiva hacia Flandes en busca de su nueva esposa.
Egmont manoseando a la Duquesa

Solo que mientras la comitiva germánica avanza a paso de tortuga y Maxi sigue haciendo tonterías (se cae en un pantano, se enferma) su novia tiene que atender a los refugiados picardos, aguantar ofensas de los burgueses y manotazos del acosador Egmont quien le declara su amor. Maria termina degollándolo cuando el simpático intenta violarla. El verdadero Egmont murió en batalla, pero esto sirve para una escena tipo “Downton Abbey” donde Maria, su madrastra  y  Johanna deben arrastrar el cadáver por los pasillos hasta la torre y luego arrojarlo al canal.

Esto han sido los tres primeros episodios de una miniserie de seis partes. Tiene sus virtudes a  pesar de ser muy cliché, y de que sus personajes también lo son. Sabemos mucho de Maria, pero Maxi es totalmente acartonado,  un cruce entre el Fernando de Rodolfo Sancho  y el Rey Arturo de “Las Aventuras del Joven Merlín”. 

El mérito de “Borgoña” es que nos presenta un episodio histórico para muchos  desconocido. Las licencias no son graves. Maria si estuvo presionada para casarse, tuvo problemas para gobernar, su matrimonio de conveniencia devino en romance que acabó con su trágica muerte de la cual fuimos testigos en “La Princesa Blanca”.

Los actores, bueno es difícil encontrar conocidos en obras europeas continentales.   Christa Theret ha hecho bastante cine y televisión. Yo tuve el placer de verla como protagonista en una adaptación de El Matrimonio de Chiffon de Gyp, parte de ese excelente ciclo de dramatizados que hizo la televisión francesa llamado “El Siglo de Maupassant”.
Le Mariage de Chiffon (Tv-5)

Apenas vi a Margarita reconocí a Alix Poisson , la pobre calumniada Charlotte de “The Collection”. Egmont me sonaba también conocido, pero mas joven. Me costó reconocer  en Fritz al Conde Andrassy de la versión italiana de “Sissi, Emperatriz” (2009). A Tobias Moretti lo recuerdo como Ferdinand Marian en “El Judío Suss”.
The Collection (Amazon)
Sissi, Imperatrice (RAI)





















Jud Suss Film Ohne Gewissen

Se nota la influencia de “Juego de Tronos” y no solo en los desnudos que al ser “Borgoña” alemana son frontales (femeninos y masculinos), pero también en el uso de la iluminación, o ausencia de ella y en el shabby chic de las cortes. El castillo del Emperador parece Harrenhaal, Viena parece Villa Topo, Gante se ve un poquito mejor. Además de la estética tronera, hay mucho que admirar en este intento por contar una historia con cierto esmero, y atención a pequeños detalles que otras series con mas renombre, olvidan. Se las recomiendo.