¿Pueden creer que, después del cuarto episodio de
la temporada 2 de 1923, tuve una pesadilla tan fea que me desperté de
madrugada y ya no pude conciliar el sueño? Es que todavía mi cabeza hervía de
imágenes desagradables. No es solo la
exagerada violencia del episodio, sino la certeza de que una temporada que
comenzara tan bien había sido arruinada por un melodrama disparatado; una
brutalidad estridente y gratuita y, lo peor, que esta se ensañaba con los
personajes femeninos.
No es que Taylor
Sheridan sea un novato en lo del maltrato de mujeres en su ficción. Vale
recordar esa imagen de la ensangrentada Beth, tras salir victoriosa de su última
pelea, en el final de Yellowstone. Ese parece ser el mensaje de
Sheridan, para sobrevivir en un mundo hostil la hembra debe ser tan o más
violenta que el macho.
Mujeres en
Peligro/Mujeres Violentas
Lo vimos en 1883,
con una selección darwiniana de los personajes. La sobrina de James Dutton
muere, su madre se suicida, vemos morir más mujeres (a algunas las conocemos
por nombre)que varones: ahogadas, mordidas por víboras, a manos de los indios.
Solo Margaret y Elsa han sobrevivido. Si en el primer episodio de la saga Dutton,
Elsa es golpeada y casi violada por un borracho, para el penúltimo ya sabe
disparar y vengar a sus muertos, pero… La tesis de Sheridan se pierde cuando luego
de una larga y peligrosa agonía, Elsa muere debido a una flecha envenenada.
La primera
entrega de 1923 también estuvo salpicada de mujeres en peligro, mujeres víctimas
de actos violentos fuesen estos perpetrados por hombres, otras mujeres, incluso
fieras. Comenzamos en África con una pobre turista que, por salir a orinar al
fresco, es devorada por un león, acabamos con el millonario Whitfield obligando
a una pareja de prostitutas a intercambiar golpes para satisfacer sus gustos
sadomasoquistas.
Entremedio
tenemos el cuento de Teonna que introduce otro factor, la violencia entre
mujeres. A pesar de que la Hermana Mary es golpeada por Padre Renaud, es
también el principal verdugo de sus pupilas. Su consuelo es decirles que lo que
les hace es para prepararlas para una vida de violencia masculina. Podemos detectar
en sus palabras que ha sido víctima de esa violencia y que su brutalidad nace
de ese trauma.
Hubiese sido interesante explorar ese ángulo, pero las series de Taylor Sheridan no gustan de profundizar en las psiquis de sus personajes. Los malos, son malos y deben ser destruidos. Así de simple, así lo entiende Teonna. Antes de huir del internado, mata a Mary y a la monja lesbiana. En el camino, mata a dos sacerdotes que han sido enviados tras de ella y ahuyenta con rugidos a un lobo. Se ha convertido en una fiera, y la tesis de la serie es que solo así puede sobrevivir.
En el primer
episodio de la nueva temporada vemos esa violencia. Incluso hay una nueva
fuente de fiereza, las mismas fieras. El frio y la nieve atraen a un puma al
rancho, Jacob lo deja vivir solo para que amenace a Elizabeth y sea Cara quien
lo mate. Comenzamos con esa tesis, los hombres cometen errores que pagan sus
mujeres, pero ellas solas tienen que defenderse.
Inicialmente, los
espectadores fueron quienes se quejaron de tanta brutalidad, pero no notaron
que fuesen las mujeres el mayor blanco de esta. Quizás porque comenzamos con
una violación masculina y con el asesinato de un niño indio. Aun así la mayor
queja fue ver que Whitfield ha conservado a sus esclavas sexuales. Mientras que
Mindy goza del privilegio de bañarse con el millonario, a su compañera la tienen
desnuda y encadenada en el sótano. Solo se la despierta para que venga a ser
parte de estos tríos de S&M que gustan al millonario.
Una Condesa
Indocumentada
El segundo
episodio se divide en dos partes del país. La más importante ocurre en Ellis
Island donde desembarca Alexandra Dutton con solo el equipaje y ni un vestigio
de identificación. Aparentemente en ese entonces se podía comprar pasajes en
barco sin presentar documentos. ¡Guau! Ahora aun en Expedia se necesita
presentar identificación aunque sea la tarjeta de crédito para pagar los
boletos de avión.
Pues nuestra
determinada aristócrata no trae nada, ni siquiera una visa de entrada, ni un
pasaporte, ni hablar de certificado de matrimonio. Cuando la interroga el
primer funcionario, Alex no sabe ni su apellido. Dice llamarse Sussex, hasta el
funcionario sabe que ese es el sitio de donde viene su familia. Antes de
recordar su apellido de casada, la condesa actúa como si fuera Meghan que
también ha olvidado que su apellido es Windsor-Mountbatten.
Todo esto hace
que las autoridades la vean con desconfianza y el traten en consecuencia. Lo
primero es que es sometida a varios exámenes médicos y al descubrir su embarazo
la hagan pensar que no la van a aceptar en el país. Al menos eso le dice una compañera.
Luego se encuentra con Collins, una irlandesa que es precisamente lo que acusan
a Mrs. Dutton. Collins le dice que puede comprar su boleto de entrada con
favores sexuales. Es ahí que Alexandra recuerda su condición de condesa.
Abofetea a la atrevida con la mano y con palabras al funcionario que la
entrevista.
Triste y
desagradable fue esta etapa en la vida de Alex. Acepto que sirva para demostrar
su calibre y su determinación de encontrar a su marido. Quizás lo que le pasa
es un recuerdo de lo que pasaron muchos inmigrantes, pero vale recordar que de
cada diez estadounidenses, más de la mitad pasaron por Ellis Island u otros
puertos de entrada sin vivir una ordalía como la de Alex.
También es
importante recordar que su tragedia se debe a un simple hecho, no trae
documentos de identificación. Así no se puede ni entrar a un país ni salir. Recordemos
cuando en Gossip Girl, la recién casada Blair Waldorf, huyendo de su
principesco marido, intenta ir a Santo Domingo en búsqueda de un divorcio
express. Aunque todos en el aeropuerto la reconocen como la nueva princesa de Mónaco,
el no portar pasaporte impide su viaje. ¿Por qué el caso de Alex debía ser
diferente?
¿Saben a cuántos exámenes médicos tuve que
someterme antes de venir a USA en 2016? ¿Cuántas vacunas tuve que aceptar? ¿Por
qué iba a ser distinto un siglo antes?¿ Por qué Estados Unidos iba a querer importar
enfermedades extranjeras? ¿Recuerdan como entró el COVID a este país?
Sin embargo, los reseñadores
han magnificado este episodio imponiéndole notas de violencia que no existen.
Es chocante leer una entrevista a Julia Schlaepfer en The Hollywood Repórter refiriéndose al examen médico de
Alex como “asalto sexual”. Comprendo que para la condesa haya sido inesperado y
degradante. El que desconociera el procedimiento me lleva a pensar que era
virgen cuando conoció a Spencer porque todas las mujeres adultas pasamos por
esa experiencia desde que iniciamos nuestra actividad sexual.
Concuerdo en que
es un procedimiento invasivo y humillante, pero nos han enseñado que es
necesario. Aparte de cierta brusquedad (muy propia de ginecólogo) el medico se comportó
apropiadamente, incluso había una enfermera presente.
¿Entonces qué quieren decirnos reseñas como la del Daily Mail y otras que he visto en YouTube que siguen esa
idea de que Mrs. Dutton fue ultrajada? ¿Que un examen ginecológico
es un ataque sexual al que no deberíamos someternos? Se los compro, pero díganlos
con todas estas palabras sino están poniendo en peligro la vida de las
espectadoras atemorizándolas con ir al médico anualmente.
Elizabeth
Anti-Vaxxer
En realidad, hay
en la serie un leitmotiff de como el establishment medico trata a
las mujeres. Lástima que usen un muy mal ejemplo. La pobre Elizabeth no ha alzado
cabeza desde la temporada pasada en que sobrevivió al ataque de Creighton a su
familia política y luego perdió al hijo que esperaba. En esta temporada
comienza siendo amenazada por un puma y rescatada por Cara, pero en el segundo
episodio la muerde un lobo.
Como explica Cara, un lobo no ataca a menos que
esté hambriento (y este se había zampado medio gallinero) o esté
rabioso. Elizabeth tiene mala suerte, pero no tanta puesto que el médico y su enfermera
se arriesgan a viajar, en carruaje y en vísperas de tormenta de nieve, al
rancho a administrarle la vacuna.
Elizabeth les
tiene más miedo a las agujas que a la hidrofobia y dice que prefiere a
arriesgarse. Ante tamaña sandez los presentes pierden la paciencia, la sujetan
y le clavan la primera de quince vacunas en la panza. Admito que el tratamiento
es excesivo y doloroso. Hoy, por suerte,
se ha reducido a cinco vacunas, pero en mi infancia la cura daba casi tanto
miedo como la enfermedad
En Occidente se
han olvidado de lo que significaba contraer hidrofobia. En la India todavía es
casi una epidemia. Cuando llegué a Chile el ’96 me sorprendió saber que
era considerada todavía una plaga activa. Eso ha llevado a más conciencia de
vacunar a las mascotas y ya casi está erradicada. Solo viene de murciélagos a
los que no se les puede administrar tratamiento.
Antes de que Louis
Pasteur desarrollase una vacuna (1885) que ayudaría a salvar a víctimas, la
rabia era una pesadilla. No solo es letal y dolorosa, además destruye el
espíritu de la persona. Afecta el cerebro, el paciente sufre de alucinaciones,
tiene delirios paranoicos, muere de sed pero no aguanta el agua. Enloquecido,
ataca a mordiscos a las personas cercanas transmitiéndoles su mal. De la
hidrofobia surge la leyenda del hombre-lobo.
Tan horrible era la
enfermedad que quien la sufría optaba por suicidarse o su misma familia lo
mataba. Es lo que le dice Cara a Elizabeth que tendrá que hacer si no se deja
inocular. No es que no me parezca horrible la mala pata de la rubia, pero me
sorprende que en una época donde todavía moría un centenar de personas en USA
por hidrofobia que Elizabeth desconociese los resultados de rechazar la vacuna.
Aun así, Sheridan
no le impone la misma ordalía que a Alex. La esposa de Spencer logra llegar
desde el puerto a la Grand Central Station de New York cargando equipaje y
cierta cantidad de dinero, pero en un baño de la estación es asaltada, robada
de todo lo de valor y salvajemente golpeada. Aun así, la Condesa de Sussex
logra llegar hasta el tren cuando este parte de la estación. Al no poder
detenerlo, se pega un salto olímpico hasta la góndola del vehículo.
No hay tiempo de
decir “¡qué badass es Alex!” porque es una travesía infernal. Viaja en una cabina
de segunda con el retrete casi pegado al camarote y en compañía de una madre
proletaria que le endilga un discurso sobre como la inglesa se merece lo que le
ocurre por ser “privilegiada”. ¿En serio?
Alexandra tiene
hambre y para pagarse un plato de estofado recalentado y un mendrugo de pan
duro, debe ser camarera. Atrae la atención positiva de una pareja de ingleses
acomodados y la negativa de un gringo desvergonzado que, en palabras de la
Condesa: “Me violó con las manos”. Harta, Mrs. Dutton le cae a golpes
con una cafetera llena de líquido hirviendo.
La encierran en
una jaula para entregarla a la policía en la próxima estación. El guardia amenaza
con encerrarla en un manicomio donde le practicarán una lobotomía. Ya
vimos en Boardwalk Empire y The Knick como trataban a mujeres “histéricas” en ese entonces. Por suerte, la
pareja inglesa ha sido testigo de la agresión, testifican que Alex es la víctima
y la policía arresta a su asaltante.
Alex ha quedado
libre justo a tiempo de detener a la madre irlandesa que se ha robado su
equipaje, y las propinas que recibió la condesa como camarera. ¡Sheridan
debe tenerles particular rabia a las irlandesas! Primero la Hermana Mary; luego
Collins, la prostituta de Ellis Island; y ahora esta ratera que se dio el lujo
de darle un sermón moral a una aristócrata inglesa.
Alex pierde otro tren en Chicago, las nevadas impiden su viaje, pero es rescatada por los ingleses. Parece que sus problemas han acabado. Ni tanto. ¡Ay Taylor!
En Montana, a Whitfield se le muere su gimp. Muy práctico el inglés, ordena a
Creighton que arroje el cadáver por una quebrada y a la otra integrante de su
trio sexual que se busque una acompañante. Ocasión para darnos una clase en la
que educan a la nueva para no distinguir dolor del placer y viceversa. Como que
Sheridan sigue buscando inspiración en el burdel de Meñique.
¿Odiaríamos menos a Whitfield si no fuera alumno
del Marqués de Sade? ¿Sería la serie menos tremebunda si le extirpáramos
irlandesas villanas y lobos de dos y cuatro patas? ¿Hubiésemos deseado que
el viaje de Alex fuese más como el de Claudette Colbert en Sucedió una noche
y menos como las peripecias de la Gaviota en Europa buscando al padre de su
hijo?
Hay críticos como
Michael Win Johnson que admiran el que Sheridan adopte la perspectiva femenina.
No se da cuenta que si el creador de Yellowstone se enfoca en Elsa, Teonna o
Alexandra es para martirizarlas. Sin embargo, el mismo Wim Johnson notaba en la
temporada pasada como Sheridan usa sin sensibilidad alguna el embarazo en su
argumento.
El crítico compara la muerte del bebé de Mónica en Yellowstone con el aborto
espontaneo de Elizabeth de 1923. las preñeces de ambas son solamente
recursos que cuando ya han perdido importancia argumental se acaban de manera
absurdamente sencilla. Un ejemplo es que nunca supimos que provocó que Elizabeth
perdiese su hijo.
Lo cierto es que
los comentaristas en YouTube y otras redes sociales, ni hablar de los críticos,
han rugido contra esa modalidad de Sheridan de crear ríos de violencia gratuita en los que se ahogan principalmente las
mujeres. ¿Qué quiere demostrar? ¿Qué denuncia? ¿Cuál es su tesis? ¿Que el
mundo es tan misógino que solo volviéndose bestias salvajes, las mujeres pueden
sobrevivir? Es un nihilismo digno de un incel y espero no siente moda.