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martes, 1 de octubre de 2024

Patrulleras del ’71: Women in Blue (Las Azules) en Apple TV

 


Con cierto recelo me acerqué a esta producción de Apple, hecha en México, esperando otro bochorno como Vuelo 601. Pero la trayectoria de las pioneras de la policía femenina mexicana, aparte de traernos la siempre bienvenida presencia de Bárbara Mori, sabe acercarse al tema con una onda de telenovela combinada con un potente misterio policial.

Mujeres contra El Encuerador

Estamos en 1971, en la delegación de Tlalpan (México D.F.)  anda suelto un asesino serial de mujeres apodado “El Encuerador” ya que suele desnudar a sus víctimas después de asesinarlas. Pasamos a Los Pinos donde el presidente Luis Echeverría discute con su asesor de propaganda, Emilio Escobedo (Christian Tappan), sobre la mala prensa que está recibiendo la policía capitalina. No solo los agentes tienen fama de corruptos y brutales ( hace tres años de La Masacre de Tlatelolco), además ahora son vistos como incompetentes.

A la primera dama— o “compañera “como se hacía llamar María Ester Zuno— se le ocurre una idea. Integrar a las mujeres a la fuerza policiaca. Escobedo se va a un programa de Tele sistemas mexicanos (todavía no existía Televisa) y anuncia públicamente la formación de un escuadrón femenino. Cuando el locutor aventura si no es peligroso enviar mujeres en contra de un asesino de las de su sexo, Escobedo responde que se les proveerá de armas.

                   La "compañera" Maria  Ester Zuno

Lo primero es encontrar a alguien que adiestre y comande este escuadrón. Escobedo lo haya en un guardia de seguridad de un bar. Aunque ahora el ex capitán Octavio Romandía (Miguel Rodarte) se dedique a proteger a las ficheras de los borrachos, él fue un excelente policía expulsado de la fuerza por insubordinación. Romandía acepta un cargo que sus colegas han rechazado. Solo pone una exigencia. “cuando se acabe este teatrito” él podrá reintegrarse a la policía.



Entretanto, cuatro mujeres han respondido al llamado del nuevo escuadrón. Gabina Contreras (Amorita Rasgado) es hija de un comandante condecorado, tiene dos hermanos policías y uno detective. Lo lleva en la sangre, pero para su padre y hermanos su lugar es en la cocina, ayudando a su madre.

Diferente es el caso de Ángeles (Ximena Sariñana). Trabaja en el departamento de criminología de la policía, es una experta en huellas dactilares, pero su condición de mujer aunada a un Asperger (entonces desconocido) la hacen introvertida e incapaz de levantar la voz a su favor. Así ni se asciende ni se consigue un aumento de sueldo. Para Ángeles, ser mujer policía es un modo de conseguir el dinero que necesitan ella y su abuela (¡que viejita está Paloma Woolrich!) para comprar una nueva cocina.

Quien no tiene necesidad de dinero es María Elena (simplemente María) Camacho de La Torre. Barbara Mori nos crea un nuevo personaje con esta ama de casa de clase media acomodada, casada con un prestigioso y trabajólico arquitecto (Leonardo Sbaraglia). El objetivo de María es ser la esposa y madre perfecta, aunque eso signifique sofocar todo sueño propio incluyendo el infantil de ser detective.



Las cosas cambian cuando María, en el cumpleaños de su esposo, descubre que Alejandro le es infiel. El mundo de María se le viene al suelo. Esa noche paga la fianza de su hermana Valentina (Natalia Téllez), la feminista, la activista, la rebelde de la familia, que ha sido arrestada por protestar la pereza policial en el caso del Encuerador de Tlalpan.

Es a Valentina a quien María le confiesa la infidelidad de su marido. Valentina le aconseja dejar de ser “predecible” para Alejandro. Debe demostrarle que puede vivir sin él. Las Hermanas Camacho se unen entonces al nuevo proyecto: Valentina para cambiar a la institución policial desde dentro y María para demostrarle al marido que no es “predecible”.



Armadas con…silbatos

La segunda mitad del primer episodio es dedicada al adiestramiento de las chicas. No se gasta mucho tiempo en los clichés acostumbrados y no hay excesos tipo G.I. Jane.  Al final, María ha descubierto que sabe disparar, se atreve a lanzarse por paracaídas y ha convencido a Alejandro que la deje trabajar a ella también.



En cambio Gabina tiene que enfrentarse a su familia, primero su hermano, el detective Gerardo, viene a buscarla. Cuando intenta llevársela por la fuerza, Gabina se niega y sus compañeras la apoyan. El Comandante Herrera, su padre, es harina de otro costal. Su ira ante el desplante de su hija se manifiesta en aplicarle la Ley del Hielo.

                            Gerardo no se puede llevar a su hermana

Llega el gran día de la graduación, las cuatro amigas se gradúan y son encargadas de patrullar juntas el área de un parque. Tienen un uniforme muy sexy , azul con micro minis y botas de charol, pero ante su sorpresa, y contraviniendo lo dicho en televisión por Emilio Escobedo, no reciben armas con que defenderse. Únicamente un monedero para llamar a la policía “de verdad” si presencian un crimen y un silbato para alertar si hay un criminal amenazándolas. Su “patrulla” es el transporte público.




El primer día es humillante. En el bus, un niño las confunde con aeromozas, en el parque las tratan como guías de turismo, y se la pasan buscando un perrito perdido.  Es Bárbara quien encuentra a Austin, pero también encuentra otro cadáver. A la policía no les hace ni pizca de gracia que sean “Las Azules” las que hayan visto el cadáver.



Tanto Emilio Escobedo, como los detectives son presionados para encontrar al asesino. Arrestan a un jardinero que sufre de retraso mental. Bárbara ve como lo acribillan a preguntas y golpes que el pobre hombre no entiende. Un detective le encarga que acompañe a la hermana de la víctima a la morgue a reconocer el cadáver. Después de darle un aventón a la hermana hasta su casa, María se entera que la víctima fue vista subiéndose a un Cadillac la noche de su asesinato y que no era su costumbre andar con desconocidos.

Es obvio que el del Cadillac era el asesino y que el jardinero no era capaz de costearse un carro tan caro. Sin embargo, Romandía se niega a escuchar a María. Le reprocha haber interrogado a alguien sin permiso y le dice que el caso está cerrado ya. El broche final se lo da el suicidio del pobre jardinero. Aun así, María se niega a abandonar su investigación, convence a sus colegas de secundarla y cuando El Encuerador vuelve a atacar, hasta los policías deberán apoyarse en la evidencia encontrada por Las Azules.

Las Verdaderas “Azules”

Generalmente, suelo presentar las falsedades históricas como debilidades de la trama. Aquí no es el caso y es momento de mostrar los motivos para cambiar un poco la historia. Las primeras mexicanas en entrar al cuerpo policial lo hicieron en Los 30, en días de Plutarco Elías Calles, pero fue tal el clamor público que el cuerpo se disolvió. Lo resucitaron a fines de Los 60 o en 1971, difieren las versiones.



El hecho es que fue una cortina de humo para desviar la opinión del pueblo mexicano de los errores del gobierno de Echeverría. Hacia muy poco de La Masacre de Tlatelolco y no se olvidaba que el actual presidente había sido ministro del gabinete de Diaz Ordaz. La reincorporación de la mujer a la policía no se debió al Encuerador de Tlalpan, puesto que tal individuo no existió.

La ironía, y a eso apunta la historia creada por Fernando Rovzar y Pablo Aramendi, es que, en el 2020, si hubo un asesino de mujeres suelto por Tlalpan y quien lo atrapó fue una agente encubierta. No miento al decir que México tiene uno de los más altos índices de femicidio en América Latina (3,000 al año) y esto no es de ahora. Que hubiese un asesino en serie en la segunda década del siglo XXI y que la única en atraparlo sea una policía,  demuestra la urgencia e importancia de incorporar mujeres a las fuerzas de la ley hoy tal como lo fue en 1971.

La discriminación en contra del ingreso de la mujer a las fuerzas policiacas es un tropo que sirve de argumento a muchos filmes y series como la inglesa WPC56 donde una joven provinciana, en 1956,  intenta servir en la comisaría local con desafortunados resultados,  o la encantadora Neófita que sigue a la protagonista,  una brillante criminóloga en su primer encuentro con el duro mundo policial de la Rusia post-stalinista . La diferencia es que en Women in Blue son cuatro las postulantes y cada una tiene una personalidad diferente.



La Rica, La Feminista, la Hija de Policía y La Asperger

María no es un personaje totalmente simpático. Cuando usa su astucia femenina, aunada a un olfato natural detectivesco, resulta interesante, pero cuando trata de parecer persona fuerte y firme cae pesada, mete la pata y acaba volviéndose insoportable. En otros momentos peca de ingenua y pone su sonrisa plástica de muñeca de loza que invita al pescozón.

Su hermana alterna entre lo deprimente y repelente. Creo que no es accidental que Valentina tenga los peores aspectos de una feminazi, incluyendo su hipocresía. Es descontrolada, ilógica, ataca siempre a la más débil sea su hermana, cuyos puntos débiles conoces o la frágil Ángeles de quien critica su piedad. Para colmo esta odia-hombres, anda de ofrecida, persiguiendo a su ex, el periodista Lucas, al que ya cansó. Nunca sabemos si es que realmente ama a Lucas, al que usa descaradamente, o no soporta verlo feliz al lado de otra.

                 Valentina agrede a Angeles

Gabina es el caso más triste. Ha sido la consentida de su familia siempre y cuando cumplía las reglas. Su padre no le dirige la palabra desde el momento en que descubre que su hija quiere ser policía. Cuando al tonto de Emilio Escobedo se le ocurre sacar de portada de revista al Comandante Herrera y a su hija, el padre debe cumplir con la orden, pero abofetea a Gabina y luego la corre de su casa. La pobre chica acaba viviendo con Valentina quien le enseña a vestirse de hippie y la lleva a bares a go-go. El mayor descubrimiento de Gabina es que los hombres de su familia no son infalibles y que en su arrogancia, pueden atropellar la ley.

              El Comandante cachetea a su hija

He dejado para el final a mi favorita, Ángeles. Yo conocía a Ximena Sariñana por Niñas Mal. No sabía que además era cantante. Es ella quien interpreta el tema de la serie, una adaptación de “You Don’t Own Me” de Lesley Gore. Otra cosa que no sabía es que ha sido diagnosticada con Asperger.



Ese conocimiento del síndrome la ayuda a crear una visión realista, pero cercana, de Ángeles que habita un mundo que desconoce la existencia del autismo y si la supiera la discriminaría más que por ser mujer. Para las compañeras de Ángeles, ella es rara por que evita el contacto visual; se acurruca aterrorizada cuando le levantan la voz; y vomita cifras y datos a cada instante como si fuera una maquina dispensadora de refrescos.

Tampoco reparan en que es un genio, experta en huellas dactilares, pero la aceptan como parte del grupo. Eso permite a Ángeles evolucionar. No como Gabina, yendo al antro y poniéndose ropa hippie, sino como persona. Es en la policía donde Ángeles aprende lo que es ser “una buena amiga” y se abre a la posibilidad de un romance (con uno de los hermanos de Gabina).

                                  Angeles y su abuelita

Clasismo y Machismo

Para quien tema que la serie hace mucho énfasis en el machismo y la misoginia del cuerpo policial, esa misma discriminación la sufre Romandía a quien lo aguardan en la comisaria pullas y provocaciones por cómo fue expulsado de la policía y como regresó. Cuando decide saltarse la jerarquía del Comandante Contreras para solicitar de Escobedo una oficina para La Azules, son los hijos de Contreras—policías todos— quienes le darán una paliza a Romandía para recordarle “quien manda aquí”.

                                    

Gerardo, el más arrogante de los hermanos de Gabina, también sufre humillaciones como cuando se ve obligado a informar a Escobedo que arrestaron al falso Encuerador o cuando debe soltar a sospechoso solo por ser este hijo de un poderoso juez. El mundo de la Azules está dividido por géneros, clases sociales y jerarquías y así no hay justicia que valga.

La serie está dotada de tres virtudes que ayudan a superar sus bemoles. La primera es combinar un rito de pasaje con la caza de un asesino serial. La segunda es que este relato, sin caer en sentimentalismos y melodramas, sigue un esquema de telenovela al que los latinos estamos acostumbrados. Por último, presenta una buena atmosfera de época insertando personajes reales como Echeverría, la primera dama, y hasta al legendario periodista Don Jacobo Zabludovsky (alav-ha-shalom).

México en 1971 está muy presente en mi recuerdo de las telenovelas. Es adonde llega de Nápoles, Angelica María en Muchacha Italiana Viene a Casarse; es la urbe donde Ofelia Medina, en Lucia Sombras, busca cura para su ceguera; es donde Doña Silvia Derbez pone una estética en El amor tiene cara de mujer. Es esa misma fórmula, de varias mujeres unidas por un trabajo en común, al que pertenecen Las Azules, solo que es más peligroso ser policía que ser peluqueras.

                               Muchachas Italianas llegan al DF en 1971

Contenido Violento y Gory: Las imágenes de las víctimas del Encuerador ya nos introducen a un mundo violento donde las mujeres son las principales víctimas, desde la bofetada que el Comandante Contreras le planta a su hija hasta un sospechoso que agrede a María dentro de su coche rompiéndole los vidrios. Pero también vemos los métodos de la policía contra hombres, desde conseguir una confesión a punta de tortura hasta la paliza que le imponen a Romandía.

Una apoteosis de violencia ocurre al final del Capítulo 6, cuando Los Contreras torturan inocentes; un frustrado Escobedo descubre que su presidente aprueba esos métodos gansteriles; y él mismo agarra a patadas a un transeúnte que lo insulta. Hasta el atildado Alejandro le planta una madriza a su amigo y abogado por amenazar a María y el clímax es cuando Valentina llega un departamento violentado y se encuentra a Lucas malherido.

Contenido Sexual y Desnudos: Las víctimas son mostradas en paños menores, pero no hay desnudos en la serie. Tenemos una escena de sexo (nada gráfico) en el asiento trasero de un Volkswagen.

Factor Feminista: Vemos un mundo de mujeres sometidas  a esposos,  padres y hermanos. Vemos un mundo de discriminación de género a nivel laboral. No hay ascenso, Las Azules son tratadas con hostilidad a menos que sirvan café o respondan el teléfono.  A las primeras mujeres policías las tenían para la limpieza. No vemos mujeres profesionales. Pero también lo contrastamos con la hipocresía, el egoísmo y necesidad de controlarlo todo de Valentina, la feminista en residencia.



Sobre la necesidad de Valentina de vocalizar su frustración a gritos y en discursos airados e incoherente, lo opuesto es la timidez de la mujer en general, de la clase que sea que solo pueden expresarse sobre temas domésticos o frívolos. Una lástima que hayan caricaturizado a la “Compañera” María Ester puesto que fue una primera dama muy activa en obras sociales que beneficiaron a sus congéneres.

Sin embargo, no hay exageración en la sumisión de la mujer mexicana. Ximena Sariñana dijo algo muy interesante, que a las mujeres se nos impide ser “distintas”.  Si nos fijamos en la mujer de esa época, la indiferencia, incapacidad de expresar emociones y silencios de la Asperger, eran imitadas por las “normales”.



Era como si una sociedad patriarcal exigiese de su población femenina un completo control sobre sus emociones, una represión exagerada de su verdadero sentir, desconfianza de su entorno que le impidiese acercarse en otras mujeres y crear un grupo de apoyo. Había una necesidad de verse invisible o, a lo más, decorativa. Un ejemplo es que Ángeles no puede mirar de frente, pero el Comandante Herrera se enfurece cuando Gabina levanta la mirada. “¡No me mires a los ojos si yo no te lo pido!” le ruge.



Factor Diversidad: Es agradable ver una serie mexicana en donde los actores no estén teñidos de rubio.  Y si alguien se queja de que la única de ojos claros es María, porque es de “la alta”, recordemos que Bárbara es nacida en Uruguay, hija de madre libanesa y con abuelos japoneses. No se puede ser más diversa

El que Ángeles sea “especial” en una época en que no se conocían las variantes del autismo, sirve para mostrar como los Asperger tenían que lidiar con un mundo que no comprendía lo mismo que ellos tampoco sabían definir e identificar En el caso del pobre retrasado, inculpado por un crimen que no cometió, vemos como las enfermedades mentales eran consideradas indicadores de criminalidad en vez de tratarlas como circunstancias atenuantes