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lunes, 11 de noviembre de 2024

Los Tudor, Los Bellamy y Los Poldark: La televisión inglesa de los 70

 


Los Forsyte y los Churchill habían dejado un gusto en suelo británico y en otros lados por las sagas familiares, aun más si eran reales. Fue así que a comienzos de Los 70, nacía la Tudormania en la televisión inglesa. La eclipsaría el interés por unos aristocráticos eduardianos que habitaban en Eaton Place y, a mediados de la década, el Cornualles georgiano sería el espacio para las hazañas del Capitán Poldark y de sus desavenencias con su familia antigua y su empeño en construir una nueva.

Como Nació la Tudormania

Desde el cine mudo que Enrique Octavo, sus esposas y descendientes han sido tema para muchos libretos. Enrique VIII entró en mi vida  en la piel de Robert Shaw, cuya jocosidad contrastaba con la severidad de Santo Thomas Moro en A Man for All Seasons. En 1970, esa imagen del rey gordo (mi hermanito hacia estupendas imitaciones de sus carcajadas) fue reemplazada por el exagerado histrionismo de Sir Richard Burton en Ana de los Mil Días.

Yo comencé a ver esta cinta en el Rialto, a comienzos de diciembre de 1970, pero fui interrumpida cuando se presentó mi primera regla. Como en ese entonces una primera menstruación era tratada como enfermedad, me llevaron a casa casi en camilla. Me tomó casi medio año poder ver la cinta, ahora en el Teatro Rex. La anécdota es para ilustrar el hecho de que ver cine en casa a veces nos evita incomodidades o interrupciones bochornosas.

Al parecer los ejecutivos de la BBC pensaban parecido puesto que ese año debutaba en las pantallas inglesas, The Six Wives of Henry the Eight, en el espacio de los domingos que hoy asociamos con Masterpiece Theatre. Aunque ya han pasado los años por ella, esta producción dividida en seis episodiosuno para cada esposa-fue un mega éxito en ambos lados del Atlántico. Prueba de ello es que Keith Mitchell, quien daba vida al monarca femicida, ganó un BAFTA y un Emmy por su interpretación de Enrique VIII.



Motivada por ese éxito, al año siguiente la BBC decidió dramatizar la vida de Isabel I, la más famosa de Los Tudor. Glenda Jackson ya tenía el privilegio de ser la Grande Dame del cine y teatro británicos. Era una sorpresa ver que una luminaria de esa categoría apareciera en la pantalla chica, pero la serie la ameritaba . Hasta hoy es imponente, a pesar de las restricciones de escenografía.

El argumento sigue a Elizabeth en su etapa de Cenicienta en las cortes de sus hermanos , a través de su impresionante reinado y hasta asistimos a su fallecimiento. Como en Becoming Elizabeth, Elizabeth R. nos revela los amores de la princesa con el Almirante Seymour y vemos su conflicto interno con los cambios de religión que se suceden en Gran Bretaña y, a nivel personal,  con diversos hombres que buscan controlarla.



Elizabeth R. fue presentada en los Estados Unidos en 1972, abriendo el espacio dominical que mi generación conocería como el Masterpiece Theatre presentado por Alistair Cook. La serie fue un exitazo siendo el primer programa inglés en ganar un Emmy como la mejor serie del año. Aparte de sus BAFTAS, Dame Glenda recibió dos Emmys. Como ocurriese con Bette Davis en el pasado, Glenda Jackson se convirtió en el rostro de la Reina Virgen. En 1971, repitió papel junto a Vanessa Redgrave en Mary,  Queen of Scots, el mejor retrato que se ha hecho de María Estuardo en el cine.



Sin llegar al Masterpiece Theatre, la BBC continuó en 1972 con su exploración del Universo Tudor con The Shadow of the Tower que describía la llegada de Henry Tudor al trono y los sucesos que conocimos gracias a The White Princess. Acaba justamente con la boda de Catalina de Aragón y el Príncipe de Gales. No alcanzó el éxito de sus predecesoras, pero se apuntó su sitial en el origen de la Tudormania. Sin esas series, Michael Hirst no hubiese abrazado la causa Tudor que iniciaría la Tudormania en otro siglo. Shadow of the Tower sería un punto suspensivo en este fenómeno, puesto que a los Tudor los reemplazaría la veleidosa preferencia popular con otra familia, Los Bellamy de Eaton Place.



Los Hijos de Eduardo

Históricamente,  este membrete corresponde a los príncipes de la Casa de York que fueron ejecutados por su tío jorobado en la Torre de Londres. En Los Setenta,  podría referirse a la fascinación con La Era Eduardiana. Aunque se manifestaba en vestuario y sobre todo en esos peinados Belle Epoque que usaba la princesa Ana, también hizo su aparición en la televisión británica que nos trajo una manera de aprender historia social británica más entretenida que en un salón de clases.

La Era Eduardiana (Edwardian Era) se refiere al breve reinado (1901-1910) de Eduardo VII. El pobre gordito se pasó la vida a la espera que su madre muriese y usando el título de Príncipe de Gales. Aun así, tuvo una tremenda influencia a nivel político y cultural  antes de reinar, gracias a su grupo de amigos,  The Marlborough House Set.  Todos ellos, más el Príncipe,  tendrían espacio en la ficción televisiva.

La serie que abrió el ciclo continuaría aun después del fallecimiento del rey, cubriendo los quehaceres de Los Bellamy, sus hijos, y criados a través del Gran Guerra y de los Locos 20, llegando hasta 1929 , o sea superando la cronología de su hijastra Downton Abbey. En otra entrada ya comenté los parecidos y diferencias entre ambos shows, así que no me detendré en Eaton Place, pero sigamos con los eduardianos.



El éxito inesperado de Upstairs, Downstairs invitó a una nueva temporada, algo que no había ocurrido nunca en la televisión británica con un drama de época. Los astutos productores de la BBC decidieron aprovechar la buena racha creando más programas situados a comienzos del Siglo XX. En 1972, llegaba The Edwardians, una antología que en dos temporadas dedicó episodios a dramatizar vida y hechos de gente importante de ese entonces como los inventores del Rolls Royce, escritores, sufragistas, el mismísimo Rey Eduardo y una de sus amantes más famosas, la Duquesa de Warwick.

Un actor poco conocido llamado Tony Hopkins dio vida al político David Lloyd George en esa antología . Ese mismo año, el futuro Sir Anthony encarnaría a Pierre en una adaptación de La guerra y la paz y haría su debut en la televisión estadounidense en la miniserie QBVII. El resto es historia.



Siempre hubo rumores de que el harem de grandes damas de Eduardo, El Acariciador (como lo apodó Henry James) incluyó a la madre de Winston Churchill, pero ningún historiador ha podido probar que Jennie Jerome, la primera Princesa del Dólar, fuese amante del rey. Lo que si se sabe es que esta neoyorquina no solo se casó con el hijo del Duque de Marlborough,  fue también parte importante del círculo real, The Marlborough Set.

Consciente de esto, Thames, una productora que servía a la ITV,  contrató a Lee Remick para que diera vida a la americanita que conquistó a la Corte de St. James en Jennie, Lady Randolph Churchill. Este fue otro exitazo de la televisión británica que cruzó el charco y encantó al público americano en 1974, un año antes que Upstairs Downstairs cerrara sus puertas tras cinco temporadas. Ese año, cuando llegué a Nueva York, todos estaban viendo o UD o Jennie. En casa solo teníamos un mini televisor en blanco y negro (sin control remoto) que en días de semana quedaba en manos de mi madre. Como ni ella ni yo hablábamos inglés,  nos la pasábamos viendo telenovelas en español. Yo descubriría la belleza del period piece británico a fines de la década, pero nunca pude interesarla en la era de Eduardo, ni siquiera en Downton Abbey.

Jennie…fue un éxito total, recibiendo Lee un BAFTA y un Globo de Oro como Mejor Actriz. Recientemente vi la serie en Acorn Tv, pero creo que ya no la tienen. Está en YT en inglés. Aunque escenográficamente se ve añeja, la filmación en Blenheim Palace y el excelente elenco ayudan a hacerla inmortal. Junto a Lee Remick, vemos rostros que serán parte de esta era dorada de la televisión inglesa. Ronald Pickup da vida a su esposo, Lord Randolph Churchill;  Jeremy Brett es su amante, el Conde Kinsky; Christopher Cazenove interpreta a George Cornwallis-West, el “más joven”  segundo esposo de Jennie y Dame Sian Phillips a Mrs. Patrick Campbell, la mejor actriz de ese tiempo, y la mujer por la cual George abandona a su esposa.

                                       Los Amores de Jennie...

                                Lord Randolph Churchill

                                  Conde Kinsky


George Cornwallis-West


Ese mismo 1974, Dame Sian tenía su propio show dando vida a la famosa sufragista Emmeline Pankhurst en Shoulder to Shoulder. La serie que en USA se vio a través del ahora reconocido espacio dominical Masterpiece Theatre, narraba la lucha de Mrs. Pankhurst y sus hijas por obtener el voto femenino durante la Era Eduardiana (lo consiguieron después de la Gran Guerra).



Un año después de Jennie, llegó la esperada serie Edward the Seventh, sobre el monarca que dio su nombre a una era. La estoy siguiendo en YT y no me impresiona ni el rey interpretado por Timothy West ni su reina ni su ristra de amantes, con la excepción de la presencia luminosa de Francesca Annis como Lillie Langtry. Lillie, que fue otra gran actriz de la Belle Epoque, ameritaría su propia miniserie en 1977 también protagonizada por la Annis.



Acabada Upstairs Downstairs y el productor John Hawkesworth ya tenía más aventuras de la Era Eduardiana. En 1976 debutaba The Duchess of Duke Street la historia de una cocinera y hotelera que debía su fama al rey Eduardo VII que fue su patrocinador y amante. Por dos temporadas veíamos a Luisa Trotter navegar por la primera década del Siglo XX, la Gran Guerra y los Años 20, siguiendo la misma trayectoria de Upstairs Downstairs.

El fin de la década cerró este ciclo Eduardiano, dejándolo en manos del cine donde el dúo Ivory-Merchant se encargarían de hacerlo famoso con sus adaptaciones de las novelas de E. M. Foster. Sin ellos, y sin la televisión de Los 70,  nunca hubiéramos tenido Downton Abbey.

Rumores de Guerras Pasadas

En 1979 recibí mi propio televisor a colores como regalo de graduación y comencé a seguir el Masterpiece Theatre. Recuerdo de ese año, la triste Testament of Youth de la que ya le he hablado. Curiosamente, aunque entre 1974 y 1979 se cumplían cincuenta años del inicio y final de la primera Guerra Mundial, solo las memorias de Vera Brittain merecieron una dramatización. Se prefirió intercalar el conflicto en otras series del periodo como un incidente histórico más. Así la vivieron los Bellamy en Upstairs Downstairs, La Duquesa de Duke Street y la joven Christina, quien pierde a su marido aviador, en la serie Flambards (1979).

Vale recordar que en 1974, la BBC presentó la espectacular Fall of Eagles, una docuserie que, en un mosaico de viñetas, nos mostraba los factores que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial. 



Diferente era el caso de la Segunda Guerra Mundial. Aunque Los 80 seria su gran década, ya la televisión inglesa había comentado a tratar ese conflicto desde 1970 en que debutaba en sus pantallas A Family at War. La serie giraba en torno a la vida diaria de Los Ashton, una familia de clase media baja de Liverpool durante los años 1938 y 1945. La descripción de la vida antes y durante la Segunda Guerra Mundial es muy lograda, sobre todo en como el conflicto afecta la vida de los Ashton y sus hijos. Es una historia bastante realista, para la época, con un retrato fiel de las desigualdades sociales, del desempleo, de la situación de la mujer y del clima político.

David, el hijo mayor, es un fracasado padre de familia que finalmente encuentra empleo y su nicho en La Real Fuerza Aérea. Philip es el estudiante de Oxford, veterano de la Guerra Civil Española que, por supuesto es comunista. Margaret, la hija mayor, es maestra, pero cree en casarse y tener hijos. La guerra y el creerse viuda, cambian las ideas de Margaret sobre el amor y los derechos de la mujer.



Aunque es infinitamente superior a World on Fire, esta seriedisponible hoy en Acorn y Tubi se siente deslucida y arcaica. Granada no gastó mucho en ella. Por ejemplo, las escenas de la guerra en Tobruk fueron filmadas en una playa de Formby,  cerca de Liverpool. El elenco era desconocido y lo seguiría siendo aun después de tres temporadas. Se entiende que los humildes Ashton fuesen eclipsados por los glamorosos Bellamys.



Yo intenté verla en 1974 cuando la pasó la PBS, pero la barrera del idioma me impidió seguir A Family at War. Diferente sería el caso de World at War, un magnífico documental de 1973, que mi padre (dueño del televisor los fines de semana) nos impuso con gran alegría de mi parte. Mi pasión por la Segunda Guerra Mundial,  que inicié a temprana edad, él la explicaba jocosamente a los amigos como “esta niñita nos salió muy bélica”

Hasta el día de hoy considero este documental de Thames como la mejor crónica del conflicto. Desde la narrativa vocalizada por el impecable acento de Sir Laurence Oliver hasta el hecho de que siendo de 1973 se podía entrevistar a muchos participantes como generales de la Werhmacht, resistentes franceses y sobrevivientes del Blitz de Londres. Hasta la música me encantó, siendo la primera vez que escuchaba canciones típicas de esa guerra como “We’ll meet again”, “Bless ‘em All” hasta el “Boum” de Charles Trenet.



Un motivo por el cual A Family at War no fue bienvenida es que en 1970 el ánimo británico era más bien pacifista, más que nada porque la Guerra de Vietnam seguía en curso. Fue solo a fines de la década que comenzaría un interés por la Segunda Guerra Mundial y que era un presagio de Tenko, Fortunes of War y otras celebres series bélicas de Los 80.

En 1977 debutaba Secret Army, un interesante retrato de una Bélgica Ocupada donde un tabernero crea una red de resistencia, mientras trata de poner en orden su vida privada. Esta popular serie tuvo la novedad de intentar dar un rostro humano al invasor. Dos años más tarde, Anthony Andrews todavía no el gran galán de los 80 protagonizaba Danger UXB sobre otro tema novedoso: el desmontaje de bombas sin explotar durante el Blitz.



Viajes a Tiempos Lejanos y Futuros

El éxito de tantos period pieces hacía que la BBC invirtiera en los dramas de época y no necesariamente los que tenían lugar en Inglaterra. En 1972,  decidieron dedicarse a otra familia, una más musical. Yo vi The Strauss Family en Telemundo, en español y en 1981, pero no la sentí prehistórica. Me encantó conocer la historia del Rey del Vals, de su conflictiva familia y de sus muchos amores.



La BBC y el Masterpiece llevarían a su audiencia a un viaje más dentro del pasado cuando, en 1975 se decidió adaptar la saga de Winston Graham sobre un oficial del ejército continental que al final de la Guerra de Independencia Americana, retorna a su terruño en Cornualles para encontrarlo todo cambiado y para mal. Poldark tendría dos temporadas para reorganizar su mundo y formar su propia familia en una Inglaterra dieciochesca y en la costa córnica donde parecía vivirse en otro mundo.



Sin menospreciar la magnífica adaptación del 2015 o las actuaciones de Aidan Turner como el Capitán Poldark y de Eleanor Tomlison como su Demelza,  la de 1975 se erige sobre méritos propios.  Como doy más detalles en otra entrada, me limito a decir que en solo dos temporadas este ejemplo de ficción histórica conquistó no solo al Reino Unido. La Poldarkmanía atrapó a muchos países, principalmente a España donde aumentó gracias a visitas promocionales de sus estrellas, Robin Ellis y Angharad Rees.



Envalentonados con el éxito, los de la BBC se atrevieron a viajar más lejos en el pasado adaptando las novelas históricas de Robert Graves. Ni Roma ni Domina, ni menos esa payasada Those About to Die, le llegan ni a la chancla a Yo Claudio. Fue una serie innovadora y para la época muy osada y cruda. Nos ruborizábamos al ver desnudos y descripciones de comportamientos semi aberrantes como los incestos de Calígula y la ninfomanía de Mesalina.

Hoy pueden verla con subtítulos en Acorn. Si se siente antigua por sus espacios cerrados y su ausencia de exteriores, pero sus diálogos y actuaciones son insuperables. Imagínense nada más una serie que goza de las actuaciones de Sir Derek Jacoby como Claudio, de Dame Sian Philips como su abuela Livia, de Sir John Hurt como Calígula y de Sir Patrick Stewart como El Prefecto Seyano.



El interés en el pasado no borraba la fascinación de dramas futuristas. A través de la década seguían los viajes por el tiempo del Dr. Who y otros intentos de emular la ciencia ficción estadounidense. En 1970 iniciaba y acababa UFO , una distopia en la que los alienígenos andaban secuestrando humanos para crear una nueva raza hibrida.

Ed Bishop era Straker, un oficial de SHADOS, una organización de máxima tecnología encargada de impedir una invasión de estos extraterrestres, pero también de aprender sus métodos y objetivos. Suena más interesante en papel que en pantalla. Cuprosamente,  esta breve serie llegó a Chile ese mismo año, en una época cuando los programas extranjeros se demoraban casi dos en llegar a nuestras pantallas.



Mas suerte corrió Space 1999 que en 1975 trajo a la pantalla al matrimonio de la vida real compuesto por Barbara Bain y Martin Landau quienes se habían hecho famosos en Misión Imposible. Esta saga cuenta  que a finales del siglo XX se ha establecido una base espacial en la luna que también se ha convertido en basurero de desechos nucleares terrícolas. Un día esos desechos explotan desorbitando a la luna, la base y sus 300 empleados.

De pronto la luna se sale de la galaxia, atraviesa un agujero negro y parte como un nuevo Enterprise a encontrar algún otro planeta donde aterrizar. Eso los lleva a encontrarse con diferentes sociedades alienígenas. Creada por Los Anderson, los mismos de las Supermarionetas, este fue su primer intento de trabajar con actores de carne y hueso. Duró dos temporadas, a mi padre le gustaba. A mí me aburría, considerándola inferior a Viaje a las Estrellas.



El Prosaico Presente

No todo en la BBC era pasado o futuro. En los últimos años que pasé en Chile (1972-1974) alcancé a ver las ultimas series inglesas que no eran customers y que tuvieron algún éxito. Todas tenían algo en común, mucho glamur, muchos viajes por espacios del jet set y algún misterio que resolver. Era la fórmula del momento.

Jasón King era un novelista famoso (tipo Ian Fleming). En busca de inspiración, viajaba a sitios donde, detrás de alguna belleza, nuestro mujeriego héroe encontraba algún misterioso crimen que podría aparecer en la próxima entrega de Mark Kane, el protagonista de sus novelas. Aunque la serie era entretenida, Peter Wyngard era el prototipo de belleza masculina de ese entonces: cabello largo, barba y bigotes frondosos, casi no se le veían las facciones, era una ensalada de pelos. Ni a madre ni a mí, que seguíamos a Jason King por inercia, nos parecía atractivo.



Mucho mejores eran The Persuaders o Dos Tipos en Apuros que llegó a Chile el ’73. Imagínense una serie que tiene lugar en la Costa Azul, con escenarios y personajes del Jet Set,  y protagonizada por Tony Curtis y Sir Roger Moore. Danny Wilde (Curtis) era un neoyorquino del Bronx que había hecho varias fortunas, con métodos no muy limpios y las había perdido.  Lord Brett Sinclair era un aristócrata inglés, ex oficial y ex piloto de Fórmula Uno.



Ambos se encontraban en medio de una trifulca en un bar de Montecarlo, justo cuando llegaba la policía  que  los arrestaba. Al juez se le ocurría un castigo ejemplar para estos privilegiados: “persuadir” a villanos de la zona de no cometer más crímenes. De esa manera, el dúo se encontraba con todo tipo de maleantes, muchos de ellos gente importante y no muy dada a dejarse persuadir de abandonar sus lucrativos negocios.



A pesar de lo interesante de la trama, la serie no tuvo más que una temporada. Se dice (lo dijo Dame Joan Collins en su autobiografía) que Curtis y Moore se llevaban de la patada, otros dicen a que a Sir Roger le interesó más ser James Bond que Lord Sinclair. Y ese fue el fin del cuento.

Tres temporadas tuvo Los Protectores (hoy puede verse por Tubi) , la historia de una agencia de detectives internacionales que operan desde tres capitales europeas: Harry (Robert Vaughn) desde Londres; La Condesa (Nyree Down Porter) desde Roma,  y Paul Buchet (Tony Anholt) desde Paris. La veíamos porque a mí me gustaba Vaughn desde El Agente de Cipol y mi hermano por el tema “Avenues and Alleyways”), pero yo no soportaba a la ex Irene de La Saga de los Forsyte.



De Buen Humor

Los 70 impactaron en la televisión mundial experimentando diferentes géneros.  Por ejemplo, les fue bien con las comedias. En 1973 llegó a TVN en Chile El Show de Marty Feldman, volviéndonos fanáticos de este excéntrico comediante y a su más excéntrico humor. De ahí nos volveríamos adictos a todos sus filmes bajo la dirección de Mel Brooks (Young Frankenstein, El hermano más listo de Sherlock Holmes) y sentimos su temprana muerte.

No recuerdo si Are You Being Served?  fue tan exitosa en USA como en Inglaterra y no conozco a nadie en Chile que la haya visto. Muy diferente fue el caso de la excelente Fawlty Towers (1975),  la obra maestra de John Cleese como el temperamental dueño de un hotel en el campo inglés y sus muchos problemas con clientes y empleados. Fawlty Towers, que duraría décadas,  encantó a los estadounidenses y tuvo mucha suerte en otros países.



Un caso curioso ocurrió en España donde no les agradó que el torpe camarero, Manuel,  fuese español. Se arregló traduciéndolo como Carlo, el italiano. En la versión en catalán, es portugués, pero vuelve a ser español en el País Vasco.



Los 70 se caracterizaron por ser la última década en experimentar con diversos géneros y por imponer glamur aun en historias que tenían lugar en el prosaico presente. Los 80 traerían otros cambios al producto inglés sobre todo en las adaptaciones literarias ya que una de ellas iba a provocar una anglofilia al otro lado del Atlántico no vista desde la Beatlemanía.

 

lunes, 28 de octubre de 2024

Los 60: La Era de Oro de la televisión británica

 


Recordar es vivir, pero a veces el recuerdo es doloroso si le compara con el panorama vigente. Uno de esos recuerdos dolorosos es la excelencia de la televisión del pasado , sobre todo la británica y ver que hoy en día la corrección política y la inclusividad forzada ha afectado tanto los guiones como el ensemble de actores en las series de la BBC.

Los Pioneros de la Televisión

Érase una vez que “ televisión” se pronunciaba con acento británico. No nos olvidemos que la inventó el escoses James Baird y que su primera transmisión televisiva masiva fue en 1929. La transmisión tuvo lugar en los  estudios de la BBC que, desde 1922,  se había convertido en la voz radial del imperio británico. Para fines de Los 30, ya muchos hogares ingleses tenían acceso a programas televisivos. ¿Cuáles eran esos programas?



Pues casi todos eran en vivo, había mucho de  “hágalo usted mismo”,  clases de costura, reparación de autos, además de variedades musicales y noticieros. La Segunda Guerra Mundial cerró los estudios televisivos que reabrirían al final del conflicto. La programación era parecida la de la preguerra, pero en 1950 se transmitió la primera adaptación de Mujercitas, iniciando una corriente de dramatizar clásicos literarios que ha sido la característica de las series inglesas.

Sin embargo, no era solo de la BBC que vivía el público inglés. En 1955 se rompía el monopolio con la compañía ITV que producía sus propios programas. Le salió al paso una rival, la ITC . Originalmente iba ser una filial de la iTv , pero se desarrolló como creadora y distribuidora de un tipo de programa en boga en USA, la serie dramática. Sus primeros intentos se abocaron a dramas históricas con Los Bucaneros y Las Aventuras de Robin Hood.

La ITC también trabajaba producciones estadounidenses como Furia que vimos de pequeños y que giraban en torno un hermoso alazán,  propiedad de un joven Peter Graves antes de convertirse en el Mr. Phelps de Misión Imposible. Para darle más guerra a la BBC, la ITV,  crea una especie de telenovela haciendo historia con el debut de Coronation Street (1960), una soap opera británica que tiene el récord de ser el seriado más antiguo del mundo.



En 1960 inicia la primera ola de la tv inglesa que cruzaba océanos y mares y vino a acompañar la Beatlemanía y la primera invasión cultural británica que transformó el universo de la música pop, de la moda,  y de la televisión. Ese año, la ITV sacó al aire El Teatro de Edgard Wallace, otra manifestación de un tipo de unitarios parecidos a los hechos en USA , pero dedicado nada más que a la obra de este novelista de misterio.

El Canal 4 de Valparaíso repuso esta antología a comienzos de Los 70 y mi padre, que gustaba de las novelas de Wallace,  se volvió adicto. De ahí él me dijo dos cosas que siempre he asociado con el producto británico, bueno hasta esta década :”tienen pocos actores, pero son excelentes” y “sus historias son menos superficiales y más complejas que las de los yanquis”. Para entonces yo ya sabía de la verdad de esas aseveraciones puesto que desde la primera semana en que tuve televisión (mayo 1968) habíamos descubierto lo que mi hermano llamaría , un poco irónico, “excelentes series inglesas”. 



El Embrujo de La Señora Peel

Hay veces que doy la impresión en mis remembranzas que fuimos muy consentidos de niños. Aunque si lo tuvimos todo, vale recordar que no tuvimos tele sino hasta yo estar cerca de mi noveno cumpleaños, y mi hermano tener seis años. Lo otro es que, a diferencia de los niños de hoy, teníamos reglas y se cumplían.

Una de esas era que, en días escolares, a las ocho de la noche debíamos estar en cama y con luz apagada. Lo que no había sido una incomodidad se volvió tal al llegar el televisor a nuestras vidas. Los mejores, los más titilantes shows (El Agente de Cipol, Los Invasores) eran a las 9pm. Nos estuvieron vedados hasta las vacaciones de invierno (en julio, y la tele llegó el primero de mayo). El único que se nos permitía era Los Vengadores, en el horario adulto de los viernes.



Una suerte de que nos llegara la televisión en 1968, es que nos perdimos la primera etapa de esta serie icónica. En sus inicios, John Steed (Patrick McKnee) era un subordinado de una agencia de servicios de inteligencia y a partir de 1964 tenia como ayudante a Honor Blackman.  Cathy Gale era una heroína “moderna”(mi madre la llamaría “amachada”), enfundada en un traje de sirena de cuero, dando golpes de karate a lo Jackie Chan.



Eventualmente, Honor Blackman se convirtió en Chica Bond dejando su puesto vacante. Ahí se contrató a una novata llamada Diana Rigg. Aunque tenía poca experiencia de actriz, la futura Reina de Espinos, sabía darse a valer y pronto cambió la imagen de la protagonista y con eso la imagen de la televisión británica.

Diana no quería llenar los zapatos de su antecesora y detestaba el cuero. Los productores dieron carta blanca a John Bates para que diseñase ropa más moderna y sexy para la nueva protagonista. Yendo más allá contrataron a Pierre Cardin para que crease todo un vestuario personal para Emma Peel. El couturier también se encargó de diseñar trajes de corte Savile Row para Patrick McKnee. De pronto, Steed se convirtió en el prototipo del caballero ingles con un buen sastre, sombrero hongo y paraguas.



En una época en que la imagen del hombre británico era melenuda con ropas estrafalarias, John Steed representaba ese dejo de elegancia que siempre se ha asociado con las clases altas del Reino Unido. Lo acompañó el guion con un pasado distinguido, buena familia, educación elite y honrosa carrera en la Real Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial. El ver que Steed conducía un Rolls Royce era la última pista de que trabajar para el gobierno no pagaba mal.



La relación entre Steed y Mrs. Peel era también un gran atractivo de la serie. La Señora Peel (nadie la llamaba Emma) era un espectáculo ambulante de glamour con ajustados pantalones de crimplane dando golpes de karate en una escena y luciendo minivestidos, trajes sastre o imponiendo moda como los Palazzo para la noche, en otra. Tan icónico era su modo de vestir que las tiendas vendían “vestidos Emma Peel”. Aparte de ser ducha en artes marciales, La Señora Peel, era consumada esgrimista y amazona. Daba la impresión de que no había aprendido estos deportes por obligación como su antecesora sino como parte de la educación de una mujer de buena familia.



Mrs. Peel era una dama y también tenía un pasado distinguido. Era viuda de un explorador perdido en las junglas amazónicas lo que le daba un aura trágico-romántica, pero también permiso para que la soñáramos convirtiéndose en Mrs. John Steed. Los guionistas jugaban con una tensión sexual evidente a pesar de que nunca intercambiaron ni un beso. La serie seguía el modelo de James Bond, diálogos ingeniosos y protagonistas irrompibles, glamorosos y flemáticos.

Para desviarse del monótono cuento del espionaje de la Guerra Fría, los guiones comenzaron a explorar otros géneros. Hubo episodios que giraban en torno a científicos locos que creaban robots asesinos (los cibernautas) o Mrs. Peel quedaba atrapada en mansiones embrujadas con cuartos de tortura secretos. Esta novedad hacia más llamativa la serie y capturaba fans en todo el mundo,  llegando a venderse en 91 países.



El problemay Diana Rigg hablaría francamente sobre estola estrella del show ganaba menos que los camarógrafos. Después de infructuosas disputas sobre aumento de salario, Dame Diana abandonó la serie. La partida de Mrs. Peel fue explicada por la resurrección de Peter Peel quien emergió de la tumba para llevarse a su esposa.



El reemplazo, Tara King (Linda Thorson) nunca supo encontrar su espacio. Esta especie de sex kitten carecía de glamur y su actitud de karateca boba solo ayudaba a recordar la diferencia de edad con Steed. Los Vengadores no sobrevivió a la partida de La Señora Peel y cerró sus puertas en 1970, quedando engarzada en la cultura popular como una serie icónica de Los Sesenta.  TV Guide la colocó en el vigésimo puesto de sus 100 series de culto. El soso filme de1997 no pudo ni capturar el glamur del original ni eclipsarlo.




El Santo VS El Barón

Los Vengadores puede ser la serie más recordada de la televisión británica sesentera, pero no fue la única exitosa. En términos de glamur, su rival fue El Santo. Sir Roger Moore había iniciado una prometedora carrera en Hollywood con filmes como El Milagro y Diane. Invirtió el dinero ganado en comprar los derechos de la franquicia de Leslie Charteris sobre Simon Templar, alias el Santo. Las novelas ya habían sido adaptadas al cine y a la radio. Ahora solo faltaba la televisión.



En 1961, el futuro James Bond se acercó a la ITC con su proyecto. Él fue el productor principal, hasta la ropa del personaje salió de su guardarropa. Fue una buena inversión, por siete temporadas, el delincuente justiciero creado por Charteris navegó por las capitales europeas (sin salir de Inglaterra) convirtiendo la serie en una favorita en ambos lados del Atlántico.

Como en Los Vengadores, el ingrediente máximo era el glamur. Simon Templar (a diferencia de como lo retrató Val Kilmer en el filme del 1997) era la quintaesencia de lo que hoy se conoce como posh, sus modales y manera de hablar lo delataban como de buena cuna a pesar de que sus actividades diarias no fuesen ejemplares. Yo he visto a l Santo en dos países e idiomas distintos y aunque siempre sentí aprecio por Sir Roger,  nunca fui devota de este personaje. Por suerte no todos compartían mi sentir y hasta hoy El Santo es una serie de culto.



La ITC quiso volver a jugar esa carta adaptando la serie de novelas de John Creasey sobre un ladrón de joyas reformados que ahora, bajo la identidad de un anticuario, colabora con una agencia de inteligencia británica. Cambiaron un poco la trama. En vez de ser un ladrón inglés, Steve Forrest encarnaba a un tejano, ex “Monument Man”, que ahora recorría el mundo en busca de obras de arte y de situaciones peligrosas que únicamente él podría resolver.

Curiosamente, yo nunca vi The Baron en Chile. Vine a verla en castellano cuando Telemundo la pasó en horario nocturno a comienzos de Los 80. La serie no me atrapó, Steve Forrest no era rival para Sir Roger Moore, ni en Los 60 ni en Los 80. Eso explica que El Barón solo tuvo una temporada en las pantallas inglesas.



Otros Agentes Secretos

Aparte del glamur, estas series habían dejado un esquema de protagonistas encargados de salvar el mundo. El mismo año en que Mrs. Peel se marchaba del brazo de su resucitado marido, la ITC presentaba The Champions, o Los invencibles de Némesis como se llamó en español. Esta serie,  sumamente original, giraba en torno a un trio de agentes de Némesis, una central de inteligencia, filial de la ONU y domiciliada en Ginebra.

Los agentes eran el piloto Craig Stirling (Stuart Damon al que fans de General Hospital conocerían más tarde como el Dr.  Alan Quatermain); el decodificador Richard Barrett (William Gaunt), y la científica Sharon McCready (Alexandra Bastedo). En una misión, estos agentes caían en el Tíbet donde eran rescatados por una civilización perdida que les otorgaba poderes sobrenaturales como fuerza y sentidos mayores que los de otros humanos, más la capacidad de ver el futuro y de comunicarse telepáticamente. Así empoderados, los agentes podían luchar contra todo tipo de villanos cuyas pillerías amenazasen al mundo.

La serie tuvo dos temporadas,  treinta capítulos en total cerrando en 1969. En casa, la vimos completa en 1970. Era un espectáculo familia. Mientras mi madre y yo babeábamos por Stuart Damon (entonces no sabíamos que era judío) , mi padre y hermano admiraban a la Bastedo. Todavía me parece extraño que haya durado tan poco una serie que capturó la imaginación popular.



Tanto que en el 2021 Don Memo del Toro habló de resucitarla. En el 2021 se convirtió en un proyecto para Ben Stiller con Cate Blanchett en el rol de la Dra. Mcready. Por suerte fue olvidado. Blanchett es una gran actriz, pero carece de la juventud y looks de La Bastedo, considerada uno de los rostros más bellos del cine británico.

En Los 60, la televisión inglesa estaba en un periodo de experimentación constante, y eso se aplicaba al género de espionaje con la fascinante The Prisoner. Como El Santo,  el Prisionero fue producto de su visionaria estrella. Patrick McGooghan escribió, dirigió y produjo esta combinación de fantasía y espionaje, además de protagonizarla. El protagonista, sin nombre y  conocido solo por un número, es un agente del servicio secreto británico que un día despierta inexplicablemente en un castillo medieval. Cuando logra salir de esa fortaleza,  se haya prisionero en una pintoresca villa de pescadores donde todos son muy felices hasta el momento en que intentan abandonar el pueblo, ahí son eliminados instantáneamente.



Por los próximos quince episodios 6 intenta descubrir quienes manejan el pueblo, a la vez que trata de escapar. La angustia y claustrofobia del argumento contrastan con la belleza del paraje gales donde la serie fue filmada. The Prisoner recuerda a El Castillo de Kafka y,  como esa novela,  tuvo innumerables fans. McGooghan se había comprometido con la iTC de hacer unos sesenta episodios. Se cansó y cortó la serie en el episodio 16, sin darle una conclusión adecuada. El fandom rugió de ira. Años más adelante, McGooghan diría que tuvo que esconderse,  temeroso de que lo fuesen a linchar.



Había que hacer algo para apaciguar a ese público enardecido. A partir de 1969 se comenzaron a publicar nuevas aventuras de Número 6 en formato de libros y tira cómicas. Se le ha homenajeado de diversas maneras: un tema de Iron Maiden, un comercial de Renault, y hasta un episodio de los Simpson en la que el mismo McGooghan prestó su voz. En este siglo, se han hecho juegos de rol y de consola basados en la serie.

Desde el 2012, que se celebra un “Festival de El Prisionero” en Inglaterra y en el 2009 la AMC creó una desafortunada versión con Jim Caviezel que no fue a ninguna parte. Mas suerte han tenido  libros y documentales sobre el significado en la cultura popular del Prisionero. Por otro lado, hace una década que Christopher Nolan y Sir Ridley Scott se pelean el derecho de llevar al cine las aventuras del Número 6

No se Olvidaron de los Peques

Los experimentos de la televisión inglesa no iban todos dirigidos a los adultos. Para el público menudo llegaron las creaciones de Gerry y Silvia Anderson. Este matrimonio formo su propia compañía para crear un tipo de títeres conocidos como Supermariothon, en castizo “super marionetas”, que junto con efectos especiales y maquetas formaban parte de historias  de ciencia ficción como Stingray, una especie de Viaje al Fondo del Mar con muñequitos en vez de actores.  También Capitán Escarlata, una distopia donde el héroe del título debía luchar contra los Mystertons una raza de marcianos que quería dominar la tierra.



El más famoso de esos programas era Los Thunderbirds (Guardianes del Espacio en el mundo hispanoparlante). Esta era la historia del industrialista Jeff Tracy que,  junto a sus hijos,  forma el grupo Rescate, una organización dedicada a salvar a la humanidad. Aunque a mí me parecían risibles esas marionetas, a mi hermanito le encantaban esos programas con sus visiones futuristas y coleccionaba los libros y muñequitos de la franquicia.



Un Doctor Misterioso

La ciencia ficción no estaba relegada a los más pequeños de la familia. En 1963, conocimos una maquina del tiempo llamada Tardis. En blanco y negro y con efectos especiales de papel mache y rocas de cartón, hacia su entrada un viejito medio ermitaño en la escena londinense.



Barbara e Ian son maestros en Coal Hill, una escuela secundaria de Londres. Ambos están preocupados por su alumna, la huraña, pero superdotada Susan. Sabiendo que es huérfana y que vive con el abuelo, deciden visitarlo, pero Susan insiste que su abuelo no gusta de los extraños. Barbara la sigue y la ve desaparecer en un deposito. La próxima vez, Ian acompaña a Barbara. Entran en el depósito y se encuentran con una cabina telefónica para llamar a la policía que normalmente estaría en la vía pública.

Aparece el abuelo. Los maestros escuchan la voz de Susan desde la cabina, irrumpen en ella y encuentran el interior de una nave espacial. El anciano se presenta como Dr. Misterio (Dr. Who), él y su nieta vienen de otro planeta. Los maestros han descubierto su secreto y no se los puede dejar ir.  Hace despegar la nave. Viajan en el tiempo hasta encontrarse en la prehistoria. En los próximos episodios logran salir de ese poco acogedor espacio y viajar al futuro donde se enfrentan con la misteriosa civilización de Los Dalek.



Ahí la dejamos de ver. No solo era aburrida, los Dalek parecían aspiradoras robots, los cavernícolas andaban como envueltos en abrigos de pieles. Nuestros ojos, acostumbrados a series más sofisticadas de ciencia ficción (Viaje a las Estrellas, Perdidos en el Espacio, El Túnel del Tiempo) y más entretenidas,  nos la hicieron prescindible. Sin embargo, conozco fans que han sido Whovians desde esa era rupestre.



La Policía Londinense

Hoy día,  la televisión inglesa se especializa en dramas policiales y misterios detectivescos. Los 60 no fueron una excepción. En su afán de imitar las series americanas que daban rostro humano a los representantes de la ley, la tv serializó un filme de los 50, Gideon de Scotland Yard. John Gregson, otro de los rostros de la Rank que encontraría nicho en la TV, encarnaba al Inspector Gideon, un hombre de familia, pero también un excelente policía. Aunque yo no era dada ese tipo de drama, me volví adicta esta serie que el canal 4 de Valparaíso repuso los miércoles de 1971. Tal vez por el ayudante de Gideon, David Keen (Reginald Jessup), que por algo era apodado “Gorgeous”.



A fines de esa década llegó otra de mis favoritas que TVN puso en pantalla en 1973. Randall and Hopkirk (Deceased) giraba en torno a una firma de detectives en Londres contemporáneo. La novedad es que Hopkirks había muerto, aparentemente en un accidente. En realidad, lo habían asesinado y su espíritu había regresado a la tierra enfrentar a su asesino. Entretanto asistía a su ex socio en sus casos y vigilaba a su viuda a quien temía también quisiesen asesinar.

La diferencia de personalidades entre el ordenado espectro y su desorganizado y bohemio socio,  más el hecho de que solo Randall podía ver al fantasma provocaban situaciones jocosas que alivianaban la tensión de los casos investigados. Aunque hoy esta premisa ha sido usada para muchas series (Recuerdo la argentina Casado con un fantasma de Los 90), entonces era sumamente original en una trama de misterio. Tanto así que ahora me entero de que hicieron otra versión de Mi socio es un fantasma (como se llamó en castellano) que,  a juzgar por lo poco que sabemos de ella, no debe haber sido muy buena.



Otra contribución de la BBC de entonces fueron los programas humorísticos. Desde 1955 que Benny Hill andaba de canal en canal haciendo reír, tarea que cumpliría hasta su muerte en 1985 y en 1969, los ingleses, y pronto el mundo,  conocerían a los grandes comediantes de Monty Python que llegarían en su primer envoltorio, Flying Circus.

Sin embargo, la gran contribución a la televisión universal de la BBC serian sus adaptaciones literarias que, de humildes programas semanales, pasarían al terreno épico, comenzando en 1967 con la extraordinaria Forsyte Saga de la que haré una entrada separada

 

 

 

 

martes, 8 de octubre de 2024

La Bella Cazadora: Diana de Poitiers en la ficción

 



Gracias a series como Reign y The Serpent Queen, el nombre “Diana de Poitiers” es conocido por los Gatos Seriéfilos. Se sabe que fue muy influyente en la Francia del siglo XVI, que fue amante del rey Enrique II, que les hizo la vida a cuadritos a Catalina de Médicis, y que se conservaba joven y bella a punta de tragar oro derretido (WTF?). Ahora llega de Francia La Favorita del Rey (The King’s Favorite y en francés simplemente Diane de Poitiers), a complementar eso mitos, porque, como dice el robot al inicio de la serie, realmente no sabemos nada de Diana.

Me pareció un recurso un poco rebuscado el presentar a un robot como guía de turismo de un museo que inicia la historia de Diana de Poitiers quien fue modelo de tantos grandes pintores de su época, además de ser mecenas de arquitectos. Es una manera de explicar su relevancia en el presente, pero nuevamente caemos en ficciones. ¿Diana hechicera? ¿Diana amiga de la causa protestante?  Es por eso que hay que repasar lo que si sabemos de ella,  y como se ha creado un mito que cada libro, cada filme, cada serie, busca opacar con nuevas fábulas sobre una mujer que a lo mejor no fue tan fabulosa.

La Infancia de una Cougar

Comencemos con el mundo de fechas y hechos. Diana nace en 1500, en el Castillo de Saint Vallier, cuyo dueño, Juan de Poitiers, señor de Saint- Vallier y Vizconde d’Estoile era padre de la recién nacida. Los Saint- Vallier eran cercanos a la realeza, y siendo una niña, Diana fue enviada como paje a la corte de Ana de Beaujeau, hermana del rey Carlos VIII y que en su ausencia servía de (muy apta) regente.

                                     Chateau de Saint-Vallier

Esta costumbre de enviar niñas a servir a grandes damas―lo vimos con Ana Bolena── era el equivalente renacentista de enviarlas a un internado suizo. Las niñas aprendían a ser independientes, a desenvolverse entre gente principal y a recibir una educación casi similar a la de los varones. Fue así que, desde una tierna edad, Diana de Poitiers, estudia idiomas, filosofía y hasta arquitectura que, junto con la cacería, se convertirá en su hobby favorito.

La grandeza de Diana le llega con el matrimonio. A los quince años es casada con Luis de Brezé, Gran Senescal de Normandía. No solo es el marido rico y dueño de importantes propiedades como el castillo de Anet, el Senescal es también de sangre real. Su madre es hija bastarda del ey Carlos VI (el de Juana de Arco) y de su amante Agnes Sorel. Gracias a este matrimonio, la adolescente Diana será cercana a la Familia Real. Para empezar, es nombrada dama de la reina Claudia, la esposa de Francisco I.



En 1524, el Vizconde d’ Estoiles, padre de Diana se ve involucrado en un complot para matar al rey. Solo la intervención de su poderoso yerno libra al Vizconde del cadalso. Pasará sus días en prisión perpetua, pero con ciertas comodidades. En la serie La Favorita del Rey se insinúa que Francisco I (muy cerdicola él) exige que la joven Diana se le entregue para evitar la decapitación del padre. ¿Será?

La Dama de la Corte

El caso es que Diana no pierde su espacio en la corte de la cual solo se retira para dar a luz a dos hijas: Luisa en 1518 y Francisca en 1521.  Tras la muerte de la reina Claudia, Diana pasa al servicio de la madre del rey, Luisa de Saboya. Es ahí que conoce a Ana de Pisseleu quien más tarde, recibirá el título de Duquesa de Etampes cuando se convierta en la amante oficial de Francisco I. Ciertamente que antes de esa elevación, Ana envidiaba ya a Diana, más hermosa, talentosa e importante que ella.

                             Virginie Ledoyen como Ana de Pisseleu

En 1524, Francisco sufre bochornosa derrota ante las tropas imperiales en La Batalla de Pavía y es llevado prisionero a España. No soporta estar preso y hace un trato con Carlos V. Acepta casarse con la hermana del emperador, Leonor, Reina Viuda de Portugal, y en su lugar dejará como rehenes a sus hijos pequeños Francisco y Enrique. ¿No les dije que era un cerdo?

Francisco acompaña a los principitos hasta la frontera española. En Bidasoa se despide el mal padre. El pequeño Enrique llora de miedo. Se le acerca una dama del cortejo paterno, lo consuela y lo besa. Se trata de Diana de Poitiers. Es ahí que inicia la historia de amor.

A pesar de servir en una corte licenciosa, de su gran belleza, y de estar casada con un hombre que le llevaba casi cuarenta años de más, La Senescala de Normandía es considerada mujer virtuosa, piadosa y discreta. Al parecer si amaba a su marido, puesto que mucho lo llora cuando el fallece en 1531. Desde entonces vestirá de medio luto, de blanco y negro.

                    Liduvine Sagnier como Diana en The Serpent Queen

Diana también pasa a ser una de las mujeres más ricas de Francia, pero el sistema legal patriarcal de entonces exige que, sin importar la edad o rango de una heredera, esta debe tener un “tutor”. Diana impresiona tanto al rey con su pericia como administradora que Francisco obvia la ley y la deja a cargo de sus propiedades. Así Diana dividirá su tiempo entre la Corte y el Castillo de Anet que hace reconstruir.

                            Castillo de Anet

En la serie francesa nos muestran a Diana viajando a la Corte para suplicar del rey que le permita hacerse cargo de sus propiedades. Esto coincide con el retorno del Delfín y de su hermano, ahora ya adolescentes, y la llegada de la nueva reina. Carlos V, que ha acompañado a la hermana, intenta reclutar a La Senescala como espía. La muy patriota Diana se niega, tal como tampoco le interesa hacer amistad con la nueva reina.  En realidad, Diana fue dama de Leonor y así mantuvo, hasta la muerte de Francisco, un espacio importante en la Corte.

¿Fue Diana una Roba-Cunas?

Hora es de hablar del gran momento de Diana de Poitiers y los sucesos que la llevaron hasta allá. Hora es de hablar de Enrique II, el peldaño a la gloria, de la relación de la Senescala con el rey, de su relación con Catalina de Médicis, y sus posturas religiosas. Para eso pondré a frente a  frente la ficción con la realidad, contada por contemporáneos de Diana como Brantome y por biógrafos modernos.



Diana de Poitiers pasó a la historia como una mujer de gran poder en un mundo donde sus congéneres no lo poseían. Para los mandamases de la revolución francesa fue un símbolo de la oligarquía. Por eso la turba de Sans-Culottes saqueó su tumba y hasta le robó su cabellera. A mediados del Siglo XIX, se descubrió y publicó la correspondencia de La Senescala de Normandía. Esto despertaría el interés de los novelistas.

Tanto Dumas con Las dos Dianas y Víctor Hugo con El rey se divierte (que serviría de base para la ópera “Rigoletto”) dramatizan el personaje de Diana de Poitiers. El autor de Los Miserables crea el mito de que Diana compró con su virtud la vida de su padre y en Las Dos Dianas, Dumas comparte lo que creyó Brantome de que Dianita, Duquesa de Castro, no era hija de Felipa Ducci sino de su tocaya.

Francamente, la literatura no ha sabido explorar bien el perfil de esta fascinante mujer y la falsa moral de la Era Woke la ve como una cougar, peor aún como una abusadora de menores, una adúltera y una mala persona. Por suerte, los franceses no tienen esos reparos presentistas (todavía) y Josee Dayan los evita en La Favorita del Rey.

                  Ponen a Enrique como un niño  en The Serpent Queen
                                 Y como un hombre en La Favorita del Rey

Es cierto que Diana tuvo amores con el hermano del Delfín cuando Enrique tenía quince años, pero él ya estaba casado con Catalina de Médicis. Para su época, él era un adulto. Un año después de iniciar sus amores con La Senescala, Enrique engendró una hija con una joven italiana. Realmente no podemos pensar en él cómo un niño abusado.

Sin embargo, en la Temporada 2 de The Serpent Queen, Catalina (Samantha Morton) le enrostra a Diana (Ludivine Sagnier) el haber “violado” a un niño. Para hacerlo todo más grotesco, su rival argumenta que ella fue violada esa misma edad. ¿De qué habla? ¿Qué inventan? Y caigo que, si Enrique es un niño abusado por una cougar pedófila, ella también lo fue por su pedófilo y anciano marido. Realmente no tienen limites estos wokes.



En diferentes videos que pretenden “ilustrarnos” sobre vida y milagros de La Poitiers, usan el término “grooming” (que en mi época quería decir “asearse”) para indicar que, desde ese besito en el Bidasoa, ella planeaba acostarse con un nene de siete años. ¡Por favor! En otros hablan del “Odioso” marido de Diana. Odioso porque era mayor. ¡En una le han inventado hasta que era jorobado!

No hay crónica contemporánea que no hable de la devoción conyugal de Diana, aun haciendo hincapié en la tremenda diferencia de edades de la pareja. El solo hecho de ella llevar luto por el resto de su vida, es muy significativo. No creo que estuviese enamorada, pero que había respeto, cariño y se llevaban bien, era evidente.

A pesar de haber vivido en cortes licenciosas, nunca se supo de indiscreciones de la Senescala, ni antes ni después de enviudar. En cambio, Enrique le fue infiel a ella y a Catalina en varias ocasiones, teniendo hijos bastardos con al menos tres mujeres. Una de ellas, la escocesa Janet Fleming, era la madre de una de las damas de María Estuardo. En Reign, se ha hecho que sea la hija Mary Fleming (o Kenna en la serie)  quien se de sus revolcones con el rey.

                 El Rey usa corona hasta en la alcoba. Enrique y Kenna en Reign

Diana Según Lana Turner

Es por esos mitos y falacias que es necesario revisar lo que la ficción histórica, sobre todo la audiovisual, ha hecho con Diana de Poitiers y como ha afectado su imagen en el imaginario popular. En el cine hay pocas apariciones de la Senescala. Diana Quick en un filme-fracaso Nostradamus de1997 y, por supuesto, la imagen que todo cinéfilo recuerda, Lana Turner en Diane (1956).



Christopher Isherwood, como muchos escritores, se había instalado en Hollywood en la MGM cuando le encargaron una historia inacabada de John Erskine sobre la famosa cougar. Mas tarde, el autor de Cabaret, renegaría de la película, diciendo que La Turner se había encargado de desmadrarle el libreto, haciendo cambios que la beneficiasen a ella. Por ejemplo, sabido es que rechazó tener a Edmond Purdom de galán, prefiriendo al joven, y entonces desconocido, Sir Roger Moore.

Lana se ve guapetona, aunque no se entiende por qué anda de luto puesto que su marido está vivo. Diana está casada con el Conde de Bezet (en realidad era el Conde de Maulevrier), no parece haber mucha diferencia de edad y se llevan bien. El Conde comete el error de apoyar al Condestable de Borbón en una conspiración en contra de Francisco Primero (en la vida real, eso hizo el padre de Diana). Arrestado y casi condenado su marido, Diana viaja a la corte a suplicar que no la dejen viuda.

Pedro Armendáriz interpreta pasablemente a Francisco I que, aunque se interesa en Diana, le avisa que su marido va a ser ejecutado. Entonces ella pierde los estribos y acusa a Francisco de ser un mal rey, de hambrear al pueblo y que, por ese motivo, su esposo se ha levantado contra su señor. Quedé estupefacta, la conspiración de Borbón no fue por esos motivos y Diana de Poitiers no era dada a discursos revolucionarios.



El rey le ofrece un cambalache:  la vida del conde por un revolcón con la condesa. La astuta Diana acepta, pero le recuerda a Francisco que el deshonor recaerá sobre él. El rey la deja en paz. Sin embargo, se esparce el rumor de que Diana compró la vida de su esposo con su cuerpo. Cuando el marido se entera, la repudia. Diana no tiene donde ir y el rey acude en su ayuda ofreciéndole “instruir” a su hijo segundo en sus deberes de cortesano para que no haga mal papel cuando se case con Catalina de Médicis.

Lana tenía 35 años cuando hizo este filme, la misma edad de Diana cuando inició su romance con Enrique. El futuro James Bond se ve más joven que su coestrella, pero no parece un niño abusado. Diana y su discípulo se enamoran, pero ella le recuerda que su deber es casarse y tener hijos.

Llega Catalina de Médicis, magníficamente interpretada por Marisa Pavan. Catalina le ofrece a Diana su amistad y esta última le dice a Enrique que sería incapaz de traicionar a su nueva amiga. Enrique pierde la paciencia y grita “¡Soy un príncipe! ¡Los príncipes ordenan no obedecen!”. Con eso Diana pierde todos sus reparos. Catalina se entera y le toma fastidio a su rival que cada vez adquiere más poder sobre Enrique que pronto se convierte en rey. El resto del filme sigue el patrón establecido para relatar ese episodio histórico. Solo me resta mencionar dos aspectos.



La conversación entre Diana y el príncipe, que define su relación, es espiada por Catalina desde un agujero en la pared. En La Favorita del Rey, es Diana quien hace que la princesa la espíe mientras hace el amor con Enrique para que aprenda trucos que puedan complacer al marido en la cama.

Aunque no se menciona a Nostradamus, vemos que Catalina, de Italia, ha traído a un poderoso alquimista llamado Ruggero Ruggeri (Sir Cedric Hardwicke). Este personaje existió y tuvo su gran apogeo en Francia donde adquirió reputación de brujo. Mantuvo una carrera de apotecario, aun después de muerta su protectora y cliente, y siguió metido en conspiraciones políticas hasta la minoría de Luis XIII. Interesante que en The Serpent Queen hayan preferido resucitarlo a él y no a Nostradamus.

Diana y María Estuardo

Nostradamus, en cambio, tiene un importante rol en Reign que ―con todas sus locochonas fantasías― es el mejor retrato de Catalina de Médicis en la ficción audiovisual. En Reign han superado el miedo a la cougar. Diana (Anna Walton) y Enrique se ven de la misma edad. Enrique, que por alguna razón anda con corona para todos lados, ha tenido otras mujeres, pero con Diana ha tenido un hijo varón, Bash. Según cuenta Catalina a María Estuardo, Diana y Enrique fueron amantes antes de ella llegar a Francia.

                                 Diana y Bash





Diana parece tener poder en la corte puesto que viene a recibir a María, aunque después no las vemos interactuar mucho. En La Reina Serpiente donde la Reina de los Escoceses es una caricatura―como casi todos los personajes― Diana y ella se llevan bien en su alianza de católicas contra protestantes. En La Favorita del Rey también Diana recibe a la futura esposa del Delfín y se hacen compinches.

                            Enrique y Diana reciben a Maria  Estuardo en Reign

                    La Reina de los Escoceses en La Favorita del Rey

Tal como solo en The Serpent Queen se recuerda que Diana y Catalina son primas, no se menciona casi en ninguna parte que una de las hijas de la Senescala era cuñada de María de Guisa, la madre de La Estuardo. Únicamente en La Favorita del Rey se mencionan a Luisa y Francisca, pero no que ambas hicieron estupendos matrimonios. Es gracias a ellas que la sangre de Diana de Poitiers perdura en familias aristocráticas como la de los Duques de Alba y casas reales como la de Bélgica.

                   Rey Felipe de Bélgica  y su familia, descendientes directos de Diana

En La Favorita…Francisco I (muy bien retratado por Samuel Labarthe) le pide a Diana que sea la “tutora” de su deprimido y deprimente hijo (Hugo Becker, absolutamente exquisito) recordando que La Senescal ha sido una excelente madre (léase ha casado bien a sus hijas). En esa misma serie vemos a Diana agonizante dictarle a Ambroise Paré (¿el mejor medico de Europa iba a ser su secretario?) instrucciones para su entierro diciéndole que no llame a sus hijas porque están distanciadas. Falso.

Las hijas de Diana estuvieron presentes durante su enfermedad y ellas recibieron órdenes para construir el monumento sobre la tumba de su madre. No solo Diana las ayudó a hacer excelentes matrimonios, también incorporó a su hija Luisa, Duquesa de Bouillon, al sequito de Catalina de Médicis. Y hablando de la muerte de Diana, esta fue muy simple. La Senescala, que cabalgaba diariamente, se cayó de su montura y se quebró una pierna. Las fracturas en la Tercera Edad suelen ser graves. Diana nunca se recuperó, no volvió a caminar y falleció poco después de su caída. Tenía 66 años.

                                Tumba de Diana de Poitiers en Anet

Así es como describen su final en La Favorita del Rey. Al final de la Segunda Temporada de The Serpent Queen, Diana todavía está viva, pero en Reign, es la propia Catalina quien la estrangula al descubrir que su rival provocó la muerte de sus gemelas. Aunque Catalina quedó imposibilitada de tener más hijos después de un casi fatal parto múltiple, su hija Juana nació muerta y la pequeña Victoria moriría poco después de nacida. Nunca hubo sospechas de asesinato, pero Reign es una fantasía histórica y lo de las niñas es casi tan fantástico como que Diana fuese en su infancia “pagana”.

La Religión de La Senescala

No nos riamos mucho del paganismo de Diana, porque un gran tema en La Favorita del Rey es la evolución religiosa de La Senescala, su interés en lo oculto y sus problemas con la Santa Inquisición. Todo este enredo ha sido provocado por la leyenda urbana―con visos de verdad― de que Diana consumía oro derretido para verse siempre joven y que fue este metal lo que la envenenó.



Se creía en el siglo XVI que ingerir oro derretido llevaba a la eterna juventud y mortalidad. Tanto The Serpent Queen como La Favorita del Rey nos muestran a Diana bebiendo regularmente oro derretido. Si bien es cierto que un examen de ADN comprobó que había restos de oro en el cuerpo de La Senescala, retratos de Diana en su vejez no la muestran eternamente joven.

                                   Diana en su edad madura

En la serie francesa, ella se lo compra a Nostradamus (Gerard Depardieu) que eventualmente se niega a venderle el elixir, temeroso de que su clienta se esté intoxicando. En la misma serie, Ana de Pisseleu (Virginie Ledoyne), cuya rivalidad es más importante en la trama que la de Diana con Catalina, acusa a la primera ante el inquisidor de ser bruja, de hacer hechizos para verse joven y guapa, y de simpatizar con la causa protestante.

En la serie vemos que Diana rechaza la oferta de su patrona, Margarita de Navarra (Jeanne Balibar), de acercarse a círculos protestantes y aunque no delata a su criada hugonote, no es amiga de la nueva fe. La vemos provocar la ruina y la ejecución de un incauto comerciante en pieles que se atreve a expresar su filiación reformista e increpar a la favorita delante de Enrique. Al verlo arder en la hoguera, Diana se muestra contrita, pero tanto en serie como en la vida real fue un bastión del catolicismo como corresponde a quien emparentó con los de Guisa a través del matrimonio de su hija menor.

Eso sí que no creo que haya llegado a los desvaríos de la Serpent Queen donde la caricaturesca Diana degüella a un osado protestante enfrente de la corte. Por eso es que es un absurdo que sea Ana de Pisseleu quien la acuse ante un inquisidor de ser protestante. Sobre todo, porque en la vida real, fue la Duquesa de Etampes la de las simpatías hugonotes y la cercana a Margarita de Navarra, la hermana de su rey -amante.

                   La Duquesa de Etampes y su rey-amante

Hechizos de Belleza

Otra acusación que Ana eleva en contra de su rival es la de brujería y como prueba argumenta que Diana mantiene su lozanía gracias a la magia. La serie juega con esté elemento fantástico. Nos muestra a Diana interesada en la arquitectura. Su arquitecto le dice que él pertenece a un cabal con lazos esotéricos que vienen desde el Templo de Salomón (la masonería). Diana le comisiona para que le construya una cámara secreta en el castillo de Anet donde ella puede ocultarse a leer libros prohibidos sobre alquimia y astrología.

 En The Serpent Queen también Diana es retratada como una devoradora del vil metal, pero no sabemos si ese era el secreto de belleza de la Senescala. Que consumía oro es cierto, pero también hacia otras cosas y no muy mágicas. Desde su infancia que Diana de Poitiers era asidua a la cacería, diariamente cabalgaba y también practicaba la natación. A diferencia de las fodongas damas de la corte, hacia ejercicio lo que explicaría su figura perfecta.

 En la serie la vemos que, para cabalgar, usaba una máscara que protegía su piel de los rayos solares, del polvo y del viento que agrieta la piel. Los “baños de luna” que la Duquesa de Etampes considera hechicería, son simples baños de agua helada recogida al amanecer. Como sabemos las mujeres, el agua fría afirma los tejidos y fortalece el busto erguido.



Antes de cerrar este retrato de Diana de Poitiers, hablemos de sus intérpretes. ¿Cuál era más parecida? Lana Turner si se asemeja a los retratos. La pobre Ludivine Sagnier fue tan caricaturizada que más parece Bette Midler que La Senescala. ¡Y en Reign y La Favorita del Rey se olvidaron que Diana era rubia! Ha habido quejas de que Isabelle Adjani a sus setenta años no puede interpretar a Diana los 35. Adjani no consume oro, pero si Botox, lo que la hace verse más joven y sigue conservando esa belleza extraordinaria, el único reparo son sus largos cabellos castaños.



Contenido Violento y Gory: La horrible muerte en una justa del rey Enrique, su larga agonía con una inmensa astilla enterrada en un ojo, la quema en la hoguera de un hugonote, son muestras de violencia extrema en esta serie.

Contenido Sexual y Desnudos: El sexo es importantísimo en toda la historia de Diana de Poitiers, pero no hay nada gráfico. Solo en una ocasión vemos las nalgas de La Senescala y como está de espaldas no podemos certificar que sean de La Adjani.



Factor Feminista: A pesar de que hoy se desprecia a la mujer que sube gracias a los hombres, Diana es un ejemplo de cómo una mujer noble de esa época podía superar el rol de la mera amante. Si Diana logró convencer a Francisco I que le permitiese hacerse cargo sus propiedades no fue gracias a sus artes amatorias, sino con sus dotes de administradora. En cambio, Ana de Pisseleu, que según la historia era bastante tonta, lo perdió todo.

Factor Diversidad: Aquí está lo único risible y reprochable de la serie. Han inventado un falso y ridículo complot de Ana para que su cómplice el Conde de Krevennes arroje acido vitriólico en el rostro de su rival. Es risible que le compren el ácido a Nostradamus. ¿Es la única farmacia de Paris?  Más ridículo es que se pasan años y muchas oportunidades de desfigurar a Diana, sin hacer nada.



Muerto Francisco, el nuevo rey descubre los nefastos planes de la ex favorita y la castiga duramente. Exilio de la corte, regreso de las joyas regaladas por el difunto rey + el título de duquesa. Todo eso pasa a manos de La Senescala aunado a otro título, Duquesa de Valentinois,  y como yapa el hermoso Castillo de Chenonceau. Cuando Catalina expulsó a su rival de la Corte, le quitó las joyas y el castillo (lo reemplazó con el más modesto Castillo de Chaumont), pero no los títulos.

La verdadera historia es que Pisseleu inventó que El Delfín conspiraba en contra del padre. Francisco y su hijo intercambiaron palabras fuertes y Enrique abandonó la corte solo regresando cuando su padre agonizaba. Es por eso que el nuevo rey se venga de ella apenas sube al trono. ¿Qué tiene esto que ver con diversidad?  Pues que el Conde Krevennes es interpretado por el rapero afro-francés Joystarr. ¿Desde cuándo los nobles bretones eran de piel de ébano? Que triste que tan bella serie, que vence en elenco y escenografía a The Serpent Queen, también deba caer en las garras de la inclusividad forzada.

                            Un conde breton con aire africano

Para quieran ver La Favorita del Rey, en USA está disponible en PBS Amazon y en otros países en la plataforma Walter Presents. Diane puede comprarse en Apple tv y The Serpent Queen puede verse en todo el mundo a través de Starz. Ohh, Amazon tiene disponible la primera temporada gratis.