martes, 24 de octubre de 2017

Una Colección de Marquesas: Tiempos de Guerra y el arquetipo de la enfermera de combate


Seguimos comentando “Tiempos de Guerra”,  la nueva serie histórica de Antena 3. En una entrada anterior, me referí a una fórmula que Bambú emplea como esquema para su serie histórica y en este esquema entran en juego lugares comunes y arquetipos. Las tres protagonistas corresponden a modelos ya empleados en otras producciones que giran en torno a enfermeras de combate.

La llegada de las “damas enfermeras” de “Tiempos de Guerra” a Melilla origina un comentario despectivo por parte de Verónica (Alicia Rubio), enfermera veterana. “Son una colección de marquesas”. Sus palabras reflejan un desprecio por la clase social e inexperiencia de las principiantes. A su vez esa frase expresa antiguos estereotipos a los que la ficción histórica echa mano cada vez que tiene que describir un grupo de novatas obligadas por las circunstancias a atender soldados heridos.

Dos miembros de la "colección de marquesas"

La enfermera de combate es un tópico de la ficción bélica e histórica y tenemos ejemplos reconocidos. Incluso hoy en día, ya son parte del universo fantástico, con Talisa de “Juego de Tronos” y Claire Randall de “Outlander”. Casi no hay novela o filme sobre algún conflicto bélico que no haya ameritado la aparición de la enfermera, aunque esta no sea una profesional y cumpla con su trabajo casi a regañadientes, como Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó.


En Scarlett y en su cuñada Melanie Hamilton, encontramos varios lugares comunes que irán formando parte del retrato de la enfermera de combate en la ficción. Mujer de clase alta, acostumbrada a que la sirvan y que de pronto, en aras del deber, está expuesta a trabajos indecentes y a espectáculos indecorosos y repugnantes.
Scarlett y Melly en el hospital de Atlanta

También, recordando la única labor de hospital que le resultaba agradable a Scarlett, está la imagen de la enfermera como vampiresa, que coquetea con los pacientes para elevarles la moral y, de paso, también coquetea con los médicos, tal vez por la misma razón. En el Hall de la Fama de las enfermeras de batalla las tenemos representadas desde la sublime Catherine Berkeley de Adiós a las armas de Hemingway, hasta la caricaturesca zorra Margaret Hooligan apodada “Labios Calientes” de “M.A.S.H”.

Ambos personajes personifican una realidad. En las memorias escritas por enfermeras en Vietnam hay dos puntos recurrentes: ordenes de usar perfume y maquillaje para cuando atiendan a pacientes en proceso de recuperación; y el acoso sexual por parte de las tropas que creían que las enfermeras estaban ahí para atenderlos en todos los aspectos. A pesar de que “Tiempos de Guerra” no tiene lugar ni en La Guerra de Secesión, ni en La Gran Guerra, ni en Corea ni en Vietnam (como las mencionadas) abarca estas imágenes de mujeres refinadas que desean servir a la patria en tiempos difíciles, pero cuyo servicio se les dificulta al tener que conjugarlo con atender heridos y asistir en operaciones cuando hay médicos, camilleros y soldados guapos por doquier.


Recordemos a Kate Beckinsdale en “Pearl Harbor”. Evelyn era una profesional cuya vocación de curar no le impedía ser el elemento más bonito de un triángulo amoroso y que acababa hasta embarazada. Aunque la literatura quisiera darnos enfermeras dedicadas y sacrificadas como la Vera Brittain que emerge de su autobiografía Testament of Youth, al final son más comúnmente “niñas bien” que no dan pie en bola como la Bryoni Tallis en Atonement. Digamos que las enfermeras de “Tiempos de Guerra” están a mitad de camino entre esos dos ejemplos.
Bryoni, Vera y Evelyn.

Por ejemplo, Julia Ballester (Amaia Salamanca) ha usado el servicio médico como excusa para venir a África a averiguar el paradero de su hermano y de su prometido. Es por eso por lo que no ha desarrollado un sentido del deber. A cada rato abandona su puesto. Y cuando no está involucrada en asuntos personales, se va a meditar a la orilla del mar o a suspirar por los rincones. Encontrar a su hermano Pedro, solo añade más caos a su vida.

¡Julia, que te necesitan en el quirófano!

Pronto descubrimos que Julia es impulsiva e irreflexiva. Le dicen que no se vaya meter al zoco a contratar maleantes para ayudar al hermano a desertar. Y ahí va rubia, bonita,  refinada. Termina golpeada y robada, por suerte no la violan.
No es por culpar a la víctima, pero...¡Mujer, en qué cabeza cabe!

A Julia se le ocurre disfrazar al hermano de cadáver y escamotearlo del hospital. Para eso se roba una ambulancia. Pero…Oh, ¡Cielos! Julia no sabe conducir. Debe ayudarla el camillero Larbi (Daniel Lundh), uno de los pocos sensatos en este cuento.  Todo acaba con Larbi (que tiene que mantener a su familia) despedido y a Julia, por un rato, le quitan el uniforme. Conclusión, Julia es egoísta y arrastra a los demás en su locura.

 Sin embargo, ese rasgo del personaje de Amaia Salamanca sirve para demostrar la camaradería de las enfermeras. Desinteresadamente, Magdalena y Pilar ayudan a Julia en todas sus locuras. En suma, Julia corresponde a los siguientes estereotipos asociados con enfermeras de combate: la mujer que viene en busca de un hombre, la rebelde a la que hay que ayudar en sus disparatadas empresas, y el eje que da unidad al trio de amigas. Agreguémosle, la peor característica de Julia. Después de doblarle el brazo al mundo para llegar a África y de dar vuelta las piedras en busca de su Andrés (Alex Gadea), ahora le hace ojitos al doctor Fidel (Alex García) que está más que comprometido con Susana Márquez (Silvia Alonso), la hija del Jefe de Sanidad.  ¿Y qué va a pasar ahora que Andrés fue liberado de esa prisión donde lo tenían los rifeños?
Julia abraza a Andrés, pero los ojos los tiene en Fidel.

 Los líos amorosos de Julia ni se acercan a los de sus compinches. Comencemos con Pilar de Soraluce (Verónica Sánchez), la viuda, la diestra, la circunspecta, la que hace las cosas de acuerdo con el manual. En realidad, es una mujer marcada por la soledad, lleva su esposo dos años de difunto, y ella no encuentra propósito ni paz. La guerra le ofrece una salida, la posibilidad de hacer algo útil y de dejar el pasado atrás. Pilar es tan eficiente que La Duquesa de la Victoria (Alicia Borrachero) la coloca de enfermera jefa, a la par con Verónica que lleva tiempo en África, y que es una profesional.


El lio se arma cuando descubrimos que el pasado del que huye Pilar abarca más que un marido atropellado por un tranvía. En Melilla, Pilar se encuentra con Luís (Cristóbal Suarez), el médico militar que hace ocho años la dejó vestida y alborotada en la puerta de la iglesia. A pesar de que ambos se quieren, a pesar de que Pilar ahora sabe que fue su familia quien los separó, Luis está casado y espera un hijo.  El problema mayor es que Pilar en vez de hacer lo cuerdo, ósea volverse a España, insiste en quedarse y esto no va a tener buen fin.
Donde hubo fuego..se juega con fuego ¿Verdad, Pilar?

Médico casado-enfermera guapa es otro cliché del drama médico-bélico. Incluso en los pacatos 40s se tenía conciencia, y especialmente en la mente de las esposas que los médicos militares dejaban atrás, que ellos estarían expuestos a muchas tentaciones principalmente por parte de quienes los asistirían en el quirófano. En 1948, Hollywood delinearía esta situación en “Homecoming” uno de los muchos filmes protagonizados por Lana Turner y Clark Gable. El Rey interpretaba a un médico que volvía a casa solo para relatarle a su esposa (Anna Baxter) que en Francia había caído bajo el embrujo de una enfermerita (Turner) que había tenido la decencia de dejarse matar por los alemanes para que el doctor pudiera regresar con su mujer legal.

El romance enfermera-medico es un trope tan archiconocido que incluso en Outlander cuando Claire se reúne con su marido después de años de servicio militar que los ha separado, él le pregunta si le ha sido infiel.  Parte de la hipocresía de “Hot Lips” en “M.A.S.H”es que, aunque quiere parecer formal y competente (puesto que como Pilar es jefa de enfermeras),  mantenga un affaire clandestino con el muy casado Mayor Frank Burns.
Margaret y Frank en la versión televisiva de "M.A.S.H"

En un momento, Hollywood cansado del lugar común decidió castigar a estas enfermeras tan ladinas. En “5 puertasal infierno”, escrita, producida y dirigida por James Clavell mucho antes de convertirse en autor de bestseller, Dolores Michaels interpreta a Athena,  chica estadounidense de buena familia que se ha unido a un contingente de enfermeras que bajo la bandera de la ONU sirven en la Primera Guerra de Indochina. A pesar de sus escrúpulos, Athena se enamora del médico casado de turno. Clavell entonces hace que un grupo de guerrilleros asalte el hospital de campaña. El medico muere y Athena es violada por el líder de la guerrilla. Ese fue el escarmiento al estereotipo.



Aun así, el cliché regresó en uno de los mejores dramas médico-bélicos de la televisión, “China Beach”. Allí tuvimos chicas rebeldes (la prostituta KC),  chicas que buscaban al hermano perdido (Cherry, la auxiliar de la Cruz Roja) y enfermeras prudentes y seguidoras de su deber como Colleen Mc Murphy, la protagonista. Como Pilar, McMurphy ha llegado a Vietnam con un sentido de misión, pero también para alejarse un poco del provincialismo de su Kansas natal. Valiente, compasiva y excelente enfermera pronto se acarrea el respeto de toda la base de China Beach, un cruce entre hospital y sitio de recreación para soldados convalecientes. Incluso consigue el reconocimiento del Dr. Richards su superior y, por supuesto, casado.


En su primera noche en China Beach, tras una serie de shocks culturales y de sobrevivir juntos el ataque de un guerrillero, Mc Murphy y el medico casi terminan en la cama. Desde ese momento se crea una carga de tensión sexual que no llega a consumarse nunca entre ellos, a pesar de que devendrá en amor. A través de cuatro temporadas vemos a la Teniente McMurphy tener romances con varios hombres incluyendo a dos casados: el piloto Natch (que como Luis hasta tiene mujer embarazada) y el doctor Bernard,  un montagnard que tiene una esposa vietnamita demente (a lo Jane Eyre) escondida en un closet. Entremedio, la mujer del Doctor Richards le manda los papeles de divorcio y él inicia un affaire con una corresponsal de guerra.

 En la última temporada, a punto de regresar a Kansas, McMurphy descubre que realmente ama a Richards. Se comprometen, pero en vísperas de la boda, el médico recibe noticia de que su ex mujer acaba de morir y debe regresar a California a cuidar de sus hijos. No volverán a encontrarse hasta veinte años más tarde ( y ya casados con otros) en una reunión del ex personal de China Beach en Washington, en el último episodio. Es ahí donde la nueva Sra. Richards hace la pregunta del millón a su marido “¿Con cuantas de las mujeres presentes no te acóstate?”
Dana Delaney y Robert Picardo como McMurphy y su doctor.

A pesar de echar mano de ese recurso tan trillado, “China Beach” supo equilibrarlo dándole a Mc Murphy casi tantas dimensiones emocionales como las aventuras que vivió en Vietnam. Eso es lo que desearía para “Tiempos de Guerra”, que las damas enfermeras vivieran más sucesos personales y laborales que no tuvieran que ver con lo romántico. Que conociésemos mejor a las protagonistas desligándolas de esos triángulos amorosos que no parecen llevar a ninguna parte agradable. Y sin embargo es la tercera protagonista quien presenta más variedad tanto en lo personal como en el amor.

Al comienzo miramos un poco en menos a Magdalena (Anna Moliner),  personaje menor, quien parece ser el relleno cómico, la compinche y confidente de compañeras más guapas e interesantes que ella. Curiosamente, y ese es un logro de la serie, el estereotipo se trastoca y es Magdalena el personaje con más vida interior de “Tiempos de Guerra” y el que mejor conocemos. No es una rubia etérea y enigmática como Julia ni una Pilar que quiere vendernos esa fachada de mujer conservadora, sin sangre en las venas,  que vive para su trabajo.Magdalena es carne y hueso;  es la atolondrada que se tropieza con la gente en la calle y abre la boca de más. Sin embargo, es la custodia de los secretos de sus amigas.
Magdalena es quien consuela a Julia. 

Para Julia, para Pilar e incluso para Susana Márquez que se ha criado con ella, Magdalena es una chica simpática, buena persona que ha tenido la suerte de ser millonaria y de comprometerse con un buen partido. Parece haber cierta conciencia en su círculo de que Magdalena es un poco tonta           (" siempre has sido tan inocente” le dice la madre de Susana) y no tan atractiva como sus compañeras. La misma Magdalena lo sabe y al despedirse de Daniel, le pide que no la olvide ni se enamore de otra, aunque sea más bonita que ella.
El último beso de Daniel. 

¿Es Magdalena poco atractiva? Lo que se pasa es que se sale del molde en lo que respecta (aun hoy) a méritos para atraer un hombre. Magdalena es de buen diente, es una gourmand y le gusta su traguito. A Marruecos ha traído en su equipaje de vestidos elegantes,  una petaca de coñac que mucho ha ayudado a fortalecer el trio de damas enfermeras y hasta calma los sueños eróticos de la virginal Magdalena. Es además la reina del blablá. Se expresa de manera incoherente y atropellada y de igual manera transita por el mundo chocando con todo.

A diferencia de Julia que viene en busca de parientes y de Pilar que busca alejarse del pasado, Magdalena ha venido como si se embarcara en un crucero. Viene a cumplir un poquito con labor patriótica y a tener un par de experiencias exóticas antes de casarse. Se supone que será la primera en dejar Marruecos, que en Madrid la espera una boda, pero irónicamente es la única de la serie que está echando el ancla en África.
Magdalena descubre que Larbi es musulmán

De todo el grupo es la única interesada en el país y en sus habitantes. Demuestra curiosidad por la religión musulmana, intenta aprender el idioma, se va a revisar los productos que ofrece el zoco, amadrina a un huerfanito moro y hace amistad con el enfermero marroquí Larbi. Es Larbi quien hace sentir a Magdalena lo que el novio no ha conseguido. Y es porque él admira lo que  el mundo Occidental reprobaría; la gula de Magdalena que sabe apreciar los mazapanes de la madre del camillero; su interés por el país y sus costumbres; su franqueza y su misma inocencia. Cuando Larbi la sabe comprometida, dice que Daniel es un hombre afortunado. ¿Lo sabrá Daniel?
¡Qué ricos se ven esos mazapanes!

Magdalena es una desviación del tópico de la enfermera militar en la ficción. Ni siquiera en “China Beach” se atrevieron a tener romances entre blancos y nativos. El amor de Larbi y Magdalena es totalmente prohibido, los separan clase, raza y religión. No sé si se dieron casos en la Guerra de Marruecos de amores entre española y marroquíes. Si los hubo entre españolas y moros (y hablo de amor, no de violaciones) en la Guerra Civil, y las autoridades del Bando Nacional se opusieron vehementemente a ellos.


Magdalena pone el toque novedoso en una serie que ha intentado retratar cánones establecidos por la ficción medica-bélica e imponerlos en un setting histórico virgen. A pesar de que “Tiempos de Guerra” no tiene mal rating, todavía no sabremos si ha dado la talla y se convertirá en serie o no pasará de breve dramatizado. Ese será el momento de ver que méritos la han hecho sobresalir o la han hundido. Hasta entonces, comprendo y apruebo el uso de clichés asociados con su género, pero aconsejo expandirlos y refinarlos con detalles nuevos como el personaje de Magdalena.

miércoles, 18 de octubre de 2017

La Guerra del Rif. Trasfondo histórico de Tiempos de Guerra


Se la llama La Guerra del Rif, La Guerra de África, La Segunda Guerra de Marruecos y La Campaña Africana. Se dice que fue un levantamiento de tribus rifeñas en contra del poder colonial español. Lo cierto es que involucró a Francia también y fue una pugna para mantener el protectorado europeo en el reino de Marruecos. Se dice que comenzó en 1911, otros afirman que ya llevaban dos años de escaramuzas. Lo cierto es que el momento cumbre fue el Desastre de Annual y ese es el punto histórico que los libretistas de “Tiempos de Guerra” han escogido para desembarcar en Melilla a Julia, Magdalena y Pilar, capitaneadas por la formidable Duquesa de la Victoria.


 Una idea fantástica ha sido elegir La Guerra de África como trasfondo de esta historia. Esta sangrienta y olvidada conflagración no es divisiva como La Guerra Civil, por lo tanto, resulta terreno seguro para poder transitar sin abrir heridas políticas. Es el consenso en España, cuando se recuerda el Conflicto del Rif, es que fue una barbaridad, una carnicería totalmente innecesaria.

Precisamente por tratarse de una pugna tan exótica, tenemos que ver primero de que se trató, porque les advierto llevamos cuatro capítulos, y todavía nadie nos explica de que se trata esta guerra que provoca tanto muerto y herido. El único detalle ha sido la negativa de Julia (en el episodio debut) de aceptar que su hermano y prometido hayan muerto  “por una buena causa”. Para nadie en España ni entonces ni ahora, La Guerra del Rif fue una buena causa. Simplemente se trató de un último acto en contra de pueblos nativos, o de etnias dentro de colonias, que vivían bajo poderes europeos.

La han llamado “La Campaña Africana”, pero los españoles han guerreado en el Norte de África desde que Cervantes sufriera cautiverio en Argel, y desde que a San Ramon Nonato los moros le pusieran un candado en la boca para que parara de predicar. Para el Siglo XVII, se había hecho del poder en Marruecos una dinastía conocida como la de los alauíes quienes lograron expulsar a los europeos de su territorio. La excepción fue España que siempre mantuvo control del borde costero donde se encuentran las ciudades de Ceuta y Melilla. Esa región es conocida como el Rif. Serian sus tribus de bereberes orgullosos, la mayoría montañeses, quienes se opondrían a la presencia extranjera.

Para el siglo XIX, Marruecos era un sultanato libre, que había mantenido su independencia ante las presiones otomanas. La belleza de sus ciudades y riqueza de su suelo la hacía atractiva a las potencias europeas. Ya en días de Luis-Felipe, Francia fue a meter la nariz por allá. España se contentaba con sus posiciones en la costa, pero los rifeños se la pasaban asaltando sus ciudades. En 1859, el gobierno español envió ingenieros a fortificar Ceuta. Los rifeños los mataron provocando tal furor en la península que hubo que enviar una expedición punitiva que a ratos alcanzó el fervor de cruzada. Esa Primera Guerra de Marruecos duró cuatro meses y provocó una cantidad de expresiones artísticas incluyendo la Aita Tettauen de Galdós y Un Diario de un testigo de la Guerra de África de Pedro Antonio de Alarcón.

Mientras Francia se imponía en el resto del país, España seguía con problemas en el Rif. La Guerra de Marruecos había sido declarada en contra del sultanato, pero nuevas escaramuzas bereberes movieron a España a luchar directamente con las tribus rifeñas entre 1893 y 1894. Esta guerra de Maragallo se llamó así por un gobernador imprudente que se puso a construir fuertes cerca de la tumba de un santón local. 6000 rifeños bajaron de los montes a degollar infieles. Pero los españoles tenían armamento moderno. Enviaron acorazados y reflectores eléctricos. Mas encima, el Sultán Hassan I tomó partido por los iberos y los rifeños tuvieron que bajar las armas y volver al monte. Con cada una de estas contiendas, España iba adquiriendo más territorio en el Magreb.

En 1909 se alborotan nuevamente las cabilas del Rif. Esta vez por la actividad de compañías extranjeras que explotaban las minas de hierro y estaño de la región. Aunque operaban con capital francés, quien daba la cara era la Compañía de Minas Españolas del Rif. Los rifeños atacaron a un capataz y a sus hombres, matando a cuatro de ellos. Otra vez, España mandaría un ejército a África, pero esta vez el pueblo español no acogió con buenos ojos esta campaña. Hubo protestas, sobre todo en Cataluña, que devendrían en la Semana Trágica de Barcelona.

Despedida de un soldado rumbo a Marruecos

A pesar de que los españoles repudiaban el conflicto, para el rey Alfonso XIII la presencia ibérica en África era fundamental. Tras el desastre del 98, España había perdido sus posesiones en el Caribe, Asia y en el Pacifico. Su única oportunidad de recobrar un imperio en ultramar era en el Magreb. A partir de 1911, el ejército español inició una agresiva campaña de pacificación en la zona del Rif, campaña que duraría hasta fines de La Gran Guerra. En 1920, Francia y España se repartieron Marruecos, quedando cada uno dueño de una sección del país (con la ciudad de Tánger convertida en zona internacional) que pasarían a conocerse como El Protectorado Frances y El Protectorado Español.


La hipocresía residía en hacer creer que esto no era una estratagema colonialista. En teoría, el país seguía regido por el Sultán Yizef, pero tanto el ejercito como la caja fuerte marroquíes eran manejados por “los protectores”. La corrupción estaba muy extendida entre administradores y altos mandos del ejército que se la pasaban del burdel a la mesa de juego. La tropa era un hato de soldados pobres, casi analfabetos, desmoralizados por estar lejos de su hogar, desnutridos y expuestos a enfermedades. Una enfermedad bienvenida era la sífilis, fácil de contraer cuando la prostitución estaba en auge y descontrolada en el protectorado. Un soldado sifilítico era dado de baja y retornado a su país. Este sería el ejercito que se batiría contra soldados vigorosos, que conocían el terreno, que tenían una causa por la que luchar y que serían liderados por el mítico Abd El-Krim.

Abd El-Krim en la Portada de Time Magazine (1925)

Este cadí (juez musulmán) pertenecía al poderoso clan de los Beni Urriaguel. Además de su formación legal, Abd El-Krim había tenido contacto con el poder colonial español e incluso con la misma España. Hablaba castellano perfectamente, había estudiado en Salamanca, había sido editor de la sección árabe de El Telegrama de Ceuta y había tomado parte en la burocracia colonial como maestro, traductor y escribiente. Esas experiencias lo hicieron un perito en la administración del protectorado, la debilidad de sus soldados y la corrupción vigente.

“Tiempos de Guerra” inicia con una batalla que los libros de historia conocerán como “El Desastre de Annual”. Ahí conocemos a los oficiales Pedro Ballester y Andrés Pereda. Los vemos pelear sin esperanza y más encima traicionados por su jefe, el vil comandante Silva un ejemplo del oficial corrupto del ejército español colonial. Como vemos em esas escenas, Annual era un campamento militar al que un ejército de 3,000 rifeños atacó obligando a las tropas europea a replegarse hasta la costa. Se dice que, de los 20.000 soldados españoles, 8.000 perecieron en una contienda en que militares profesionales fueron vencidos por nativos irregulares cuyo poder residía en su líder, un estratega nato, cuyas tácticas guerrilleras serían más adelantes copiadas por Mao, Ho-Chi-Min y el Che Guevara.
Cadáveres encontrados tras el desastre de Annual

Cuando las enfermeras de la Cruz Roja desembarcan en Melilla, esta es una plaza sitiada. Si Abd El-Krim no la atacó fue por temor a que la población cosmopolita hiciese un llamado a otros países europeos a sumarse a la guerra. Tanto los civiles como militares están en un estado de pánico que aumenta con el desabastecimiento y la desconfianza por la población autóctona. Lo vemos en el desprecio con que Susana, hija del comandante de la plaza, se expresa de Larbi, el enfermero árabe. Lo cierto es que la población marroquí no estaba con los rifeños quienes siempre habían sido una etnia separada. Incluso su religión, que todavía conservaba resabios paganos, era mirada con recelo por los imanes ortodoxos. Tanta era esa diferencia, que apenas declarada la independencia de Marruecos, en 1956, las tribus rifeñas volvieron a alzarse esta vez en contra del Sultán Mohamed V.

La escasez tanto de soldados como de municiones y alimentos se debía al caos provocado por una administración endeble y deshonesta.  Muchos de los víveres eran robados por los mismos militares y luego aparecían en el mercado negro. Ya en España el conflicto era mirado con indiferencia por las clases pudientes y con mucho resquemor por los estratos humildes que sabían que serían sus hijos la próxima carne de cañón. Por algo se llamó a la Guerra del Rif, “la guerra de los pobres”. Un toque novedoso de “Tiempos de Guerra” es mostrarnos oficiales “señoritos “como Andrés y Pedro.


La serie, a diferencia de otros ejemplos de ficción histórica española, no se apoya en ideología sino en un conflicto de clases donde los oprimidos (en este caso el soldado raso) no tienen voz. A pesar de que la tropa de Pedro sabe que el comandante Silva miente y el alférez dice la verdad, no esperan que se les tome en cuenta ni que crean en sus declaraciones. Aun así, se amotinan y rápidamente son reprimidos con la amenaza de cortes marciales y paredones. Ya vimos como Pedro fue condenado a muerte y su ejecución solo consiguió ser frenada por la Duquesa de la Victoria y la mismísima Reina de España.
Pedro casi es fusilado

Tiene que salvarlo la Reina Victoria-Eugenia

En España, había conciencia de ese abandono. El desaliento fue explotado primero por elementos subversivos de derecha que devendrían en la dictadura de Miguel Primo de Rivera (que había sido oficial condecorado en La Guerra de Maragallo) y luego por eventos republicanos que llevarían a la derogación de la monarquía, apenas acabado el conflicto.

Por ahora estamos en 1921, en “Tiempos de Guerra”. Todavía le quedan cuatro años a la Guerra de Marruecos. Durante ese tiempo, Abd El-Krim establece una república independiente y llega hasta los confines del protectorado. El error del líder será ese, atacar a los franceses en un territorio donde los jeques no reconocen la autoridad del comandante rifeño. Los franceses también envían tropas comandadas por el héroe de la Gran Guerra, Henri Pétain. Se comienzan a utilizar armas químicas para eliminar al enemigo.

 Finalmente, un contingente de tropas francesas y españolas desembarcan en Alhucemas y acaban con La Guerra del Rif.  Abd El-Krim se rinde a los franceses. Estos lo toman prisionero, y le dan un trato honorable, negándose a las peticiones de extradición de España. En 1947, el líder rifeño huirá a Egipto. Morirá Abd El-Krim en Cairo en 1963, alcanzando a ver la independencia del Magreb.

Ya les he hablado de las repercusiones políticas que La Guerra del Rif tendrá en España, pero también surgen otros factores en el mismo protectorado que afectarán a un ejército colonial que en la próxima década invadirá la Península. El primero es la aparición de una nueva clase de oficiales, los llamados “generales africanistas” menos corruptos, más determinados, mejores estrategas, con una visión más amplia (ergo brutal) de como detener este conflicto que a cada rato vuelve a desatarse.




Por otro lado, se privilegia a los batallones o tercios formados por soldados nativos. Esos conformarían el núcleo del Cuerpo del Ejército Marroquí, los famosos “moros” de La Guerra Civil. La casta africanista de generales jóvenes, unidos por un esprit de corps forjado en La Guerra del Rif, y por un desprecio total por la clase política ibera, serán los alzados del 19 de julio de 1936.

 La lista de generales africanistas incluye a todo el alto mando del Bando Nacional: Generales Yagüe, Sanjurjo, Mola, Varela, Queipo de Llano, también el coronel Juan Luis Beigbeder, quien estaría a cargo del Protectorado de Marruecos durante la Guerra Civil, y por supuesto Francisco Franco, el general más joven del ejército español. Otros nombres que sonarán a fines de los 30s y durante la Era Franquista serán Alfredo Kinedelan fundador de la aviación militar española, Agustín Muñoz Grandes quien comandará la División Azul y José Millán Astray (quien perdería un brazo y un ojo en el Rif) fundador, junto con Franco, de La Legión.
El Caudillo en su etapa marrroquí

Precisamente La Legión Español es otro producto del conflicto rifeño. Es fundada como una imitación de La Legión Extranjera Francesa, un cuerpo de militares que se sienten orgullosos de pertenecer al mismo. Con moral más alta que el soldado colonial con mayor sentido de dignidad y propósito, el legionario sería un arma letal en la última etapa de la Guerra del Rif, desempeñando importante rol en el Desembarco de Alhucemas que acabaría con la campaña africana.

¿Veremos todo esto en “Tiempos de Guerra “? Eso lo sabremos si seguimos esta serie que por ahora nos enseña una historia que no se imparte en las aulas.


lunes, 9 de octubre de 2017

Damas Enfermeras, Rifeños Rebeldes y una Duquesa: Primeras Impresiones de Tiempos de Guerra


Siempre he dicho que la fórmula para confeccionar una buena serie no radica en ser totalmente original, sino en elegir lugares comunes y trasladarlos a un escenario novedoso. Eso lo cumple cabalmente el nuevo drama histórico de Antena 3, “Tiempos de Guerra”. Añádanle buenos actores (monísimos todos), el vestuario deslumbrante de la década de los 20s, un conflicto semi desconocido que por viejo y olvidado no invita a partidismos panfletarios, un buen uso de los arquetipos que rodean el siempre fascinante retrato de la enfermera militar, y tenemos una serie de lujo. Se me olvidaba, es super romántica.

Bendito Antena 3, que aun sin estrenar por su señal internacional, nos permite ver “Tiempos de Guerra” aquí en el ordenador. En este septiembre agotador y caótico que me ha tocado vivir (y sin olvidar que para los judíos es época de arrepentimiento mientras esperamos el juicio divino), con mi madre en el hospital,  mi padre en un limbo, y yo con una gripe que terminó por destrozar mis maltratados pulmones, tuve el placer de ver esta serie histórica que no tiene nada que envidiarle a los de la BBC. En su elegancia y sobriedad me recordó las grandes adaptaciones literarias de RTVE en los 70s y 80s.

 En esta primera entrada voy a contarles un poco de la trama de este cuento de tres” niñas bien” que se van de enfermeras a Marruecos y que enfrentan los mismos líos laborales y románticos del personal de “The Crimson Field” o de las nenas del Vietnam de “China Beach”. Ósea se la pasan metiendo las patas en el amor y en el trabajo y metiendo en líos a otros cuando anteponen lo personal a las reglas.

Las llamaban "damas enfermeras" 
“Tiempos de Guerra” ha tenido muy buena acogida entre el público amante de los period pieces y que desde “Velvet” tiene que consolarse con las ya archi conocidas dosis de “Bandolera” o los mil secretos del Puente Viejo. “Tiempos” es de Bambú, la misma productora de “Velvet” y de “Gran Hotel”. De la última se han traído a Amaia Salamanca que ahora será Julia Ballester, la semi protagonista, la única “enfermera” que no ha recibido instrucción médica y que se ha acoplado al destacamento de la Cruz Roja porque necesita ir a África a saber que fue del novio y del hermano.


 De “Velvet” se han traído también al gran José Sacristán para dar vida al coronel Vicente Márquez, jefe de Sanidad Militar de Melilla que ya tiene bastantes problemas con un futuro yerno que, además de insubordinado, no quiere poner fecha para la boda; con una población civil y militar desmoralizada y aterrorizada; con un exceso de heridos y un desabastecimiento de soldados y pertrechos. A tanta cuita debe agregarle ahora un destacamento de enfermeritas novatas sacadas de lo más granado de la sociedad madrileña y capitaneadas por la formidable Duquesa de la Victoria (Alicia Borrachero).
¡Pobre Coronel! Como si no tuviera suficientes problemas

A Alicia Borrachero no la he visto nunca en sus roles icónicos de “Periodistas” y “Hospital Central”, pero del ámbito del drama histórico la conozco por hacer papeles “exóticos” sea en el Al-Andaluz (“Isabel”), el Imperio Otomano (“The Promise”) o en Narnia (“El Príncipe Caspian”). Es un alivio verla hacer de española en ese rol tan complejo de Carmen Angoloti, Duquesa de la Victoria.

También veo muchas caras conocidas de los “çustomers” españoles. Otro rostro de “Velvet”es Alex García al que mejor  recuerdo como el boxeador Alfonso de “Amar en Tiempos Revueltos”. Verónica Sánchez ha crecido bastante desde “Las 13 Rosas”.  Otro sobreviviente de los “tiempos revueltos “es Cristóbal Suarez. Apenas entró en escena, ahí altote y guapote, yo (después del “Slurp” obligatorio), grité “¡pero si es Mario!”  Cristóbal es un Benjamin Button, en vez de envejecer, rejuvenece.

La serie, que en España se transmite en noche de miércoles, comenzó hace tres semanas. Aunque “Tiempos de Guerra” hace más hincapié en los aspectos médicos (y románticos) del conflicto, se escogió comenzar con escenas en un campo de batalla, precisamente con el Desastre de Annual, el momento crítico, de la Guerra del Rif. En la primera escena vemos a los soldados españoles defendiéndose de las tropas rifeñas. El comandante Silva (Vicente Romero) quiere rendirse, pero el teniente Andrés Pradera (Alex Gadea. Ay mi Tristán de Puente Viejo) se lo impide. Andrés alcanza a susurrarle a Pedro (Marcel Borrás), su camarada y futuro cuñado, que le diga a Julia que lo olvide. Pedro parece que no podrá dar el mensaje, porque un moro lo está degollando y Andrés desaparece en una explosión.
El desastre de Annual

Corte a Madrid, a Julia que toca el piano. Llega la madre. Julia quiere irse al África a buscar a Pedro y a Andrés. Su madre es amiga de la Duquesa de la Victoria que ha formado un equipo de enfermeras y planea llevarlas hasta Melilla. Julia y su madre se van al Pardo a una Garden Party para hablar con la Duquesa. Pasan unos siete minutos de vestidos tras vestidos. Es que estas mujeres cada vez que se quitan el uniforme se ponen cada modelito que la fiesta parece una pasarela. Es colección de temporada Primavera 1921.
¡Mi sombrero es mas grande que el tuyo!

La Duquesa le dice a Julia que para ser enfermera hay que estudiar.  La insta a tomar un curso de, un mes, en La Cruz Roja. Luego la presenta con dos “graduadas” Pilar (Verónica Sánchez) y Magdalena (Anna Moliner). De solo verlas, reconocí a personajes típicos de esas películas de Marisol y Pili y Mili que yo tanto gocé en mi infancia. Hasta se les puede poner membretes. Pilar es “la empollona”,  la mejor alumna, la que sigue el manual, seria y viuda desde que un tranvía la dejó sin marido hace dos años. Magdalena es “la patosa”, que sin andar tumbando bandejas, es metepatas, alegre y muy, pero muy ingenua. No lo parece porque es coquetona, aunque está ultra comprometida con Daniel de Zumárraga (hijo) que ahí está sacándola a bailar.
La Empollona y La Patosa

Llega un general que le comunica a la Duquesa que Su Majestad, La Reina desea verlas a ella y a las enfermeras. Por alguna razón, Julia se une a la comitiva.  Cuca Escribano, alta,  rubia (pero sin acento inglés) interpreta a Victoria Eugenia de Battenberg, Reina de las Españas. Con mucha cortesía y firmeza, les dice a Doña Carmen y sus enfermeras, que las quiere en Melilla en unos días. La Duquesa le dice que es imposible, estas chicas no están preparadas. La Reina, muy fina, se la lleva a un rincón y le dice “Esto es guerra, ¡Carmen!” ósea en África se necesita de enfermeras y se van porque así la reina lo dispone.
¿ Reina o Duquesa? ¿Quien manda más?

Lo próximo es la Duquesa en el salón comedor de un tren en compañía de La Empollona y de La Patosa. Es chistoso porque son diez las enfermeras, pero de nombre y cara solo conocemos a estas dos.  Se aparece Julia con maleta. La Duquesa la ataja. No puede ir de excursión con las otras, porque no ha tomado ni una clase de enfermería. Además, no tiene ganas de cargar con una mujer que va a estar más ocupada en buscar parientes que en atender pacientes.

Julia insiste y la Duquesa se da cuenta que ésta es más porfiada que ella y le pasa un librito del tamaño de un Catecismo de Primera Comunión. Es un manual de anatomía y primeros auxilios que las otras enfermeras ya se conocen al dedillo. Me parece que se va a necesitar de más textos de instrucción. Porque estas niñas de anatomía masculina saben nada y si habrán visto un par de… en su vida solo las criadillas del toro en el ruedo o en el plato y arrebozadas.

Crash Course de Primeros Auxilios

Del tren se trepan a un barco y en cinco minutos en los que Magdalena, La Patosa no alcanza ni a vomitar, ni Julia a terminar de leer su manual, desembarcan en Melilla (o Tenerife haciendo de Melilla) Alla tienen su primer encuentro con “Pacos” (franco tiradores). Obvio que aquí se viven tiempos revueltos. El tiroteo le da una excusa al médico militar Fidel Calderón (Alex García) de hacer su entrada triunfal salvando a Julia de no sé qué. Excusa para Fidel de poder abrazarla bien fuerte hasta que la Señorita Ballester le recuerda que de donde ella viene,  los hombres no se arriman tanto a las mujeres de bien.
¡No se me arrime tanto, caballero!

La Duquesa entretanto se entrevista con el comandante de la plaza, y que resulta ser el padre de la mejor amiga de Magdalena. Al pobre Márquez no le causa mucho chiste tener a estas enfermeras entrometidas por ahí, pero les dice que intentará “acoplarlas” a algún hospital de Melilla; Esto encoleriza a Doña Carmen que ha venido a Marruecos a regentar su propio hospital porque eso es lo que quiere la reina, y lo que la reina quiere se hace. Márquez las manda una escuela abandonada. Ahí estas señoritas que en su vida han empuñado un plumero, tienen que limpiar el sitio, despejarlo de muebles y medio habilitarlo para que parezca  un hospital.

Ya tienen el hospital medio armado, cuando una noche se presenta Fidel con una veintena de heridos. Vienen de Annual y no hay espacio en otros hospitales. Este es el primer encuentro de las enfermeras con miembros amputados, huesos rotos, carne quemada y sangre por doquier. Se paralizan, se desvanecen, vomitan, pero aun así atienden a todo el mundo. Doña Carmen está que arde, asegura que ha sido una travesura de Márquez mandarle esos pacientes nada más para fastidiarla. Resulta que el comandante  ni idea tenía.

Todo es culpa de Fidel que es médico medio maverick,  muy díscolo y con más ganas de experimentar con la medicina que el mismísimo Dr. Mengele. Márquez decide escarmentarlo, hay que dar ejemplo porque Fidel es novio de su hija. Lo empaca a Madrid. A Susana Márquez (Silvia Alonso) no le parece. Amenaza con irse con Fidel. Parece que viajar sin chaperona en esos tiempos, era cosa escandalosa. Doña Carmen arregla todo contratando a Fidel como médico jefe de su hospital.
Larbi, huerfanito y Magdalena

Y así se va desarrollando la historia y miren que solo van tres capítulos y harto ocurre. Magdalena se la va a pasar haciéndole ojitos a Larbi (Daniel Lundh) , el enfermero marroquí, y va a amadrinar a un huerfanito moro. Pilar se verá sacudida de su comfort zone cuando se tropiece con Luis (Cristóbal Suarez) , el medico que hace ocho años la plantó en el altar. Luis trae explicaciones, Pilar y él reconocen que aún se aman, pero no van a ninguna parte porque el doctor está casado con Raquel (Nuria Herrero), la hija del tabernero. Raquel está como de seis meses y como no se chupa el dedo, le advierte a Pilar. No ha conseguido atrapar un hombre de clase superior para perderlo justo cuando van a ser padres.

La que provoca los mayores líos es Julia. Tal como lo temía la Duquesa, se la pasa más buscando a sus hombres que cambiando vendas. Entre los heridos de Annual está el Alférez Pedro Ballester, hermano de Julia. Viene muy mal y agobiado por la culpa de haber perdido de vista a Andrés.  Aparece en el hospital, el comandante Silva, el superior de Andrés y Pedro, el que quería rendirse. Trae cuento chino de que los rifeños le dejaron malherido. Miente diciendo que no hay más sobrevivientes. Lo cierto es que sobornó a un guardia para huir dejando atrás a sus soldados, entre ellos a  Andrés.

Pedro que sabe que Silva es un cobarde traidor, intenta matarlo. Lo quieren fusilar. Sus compañeros corroboran la cobardía del comandante. Los ponen presos a todos. Julia tendrá que hacer circo, maroma y teatro para poder salvar al hermano. Y como es un poco egoísta, en sus empeños arrastrará a Magdalena, a Larbi, y hasta el mismísimo Fidel.

Ese es el comienzo de esta historia muy colorida, muy vibrante, muy hermosa desde un punto de vista estético. Paisaje y modas son espectaculares. Y eso que ha sido filmada mitad en Gran Canaria, mitad en el patio trasero de la productora.

 Hay quejas de que es muy cliché, que los personajes son un poco estereotipados, y de que tanto lio amoroso ya recuerda a “Anatomía de Grey”. Ya lo dije, el cliché deja de serlo si se le desarrolla en espacios y escenarios nuevos. Eso también se aplica a todas las reglas que gobiernan las representaciones de personal médico en zona de combate. Y si se les encuentra semejanza con personajes de una serie como “Anatomía”, muy distante en términos culturales, cronológicos y geográficos, entonces se está cumpliendo con el propósito de renovar la formula.

En mi próximo blog hablare sobre estos clichés,  que van más allá de “Grey’s Anatomy”,  de las causas y el desarrollo de la Guerra del Rif, el factor más novedoso de "Tiempos de Guerra” y del mejor personaje, La Duquesa de la Victoria que existió en la vida real y que fue tan o más imponente que como la representa la serie.