Después de tres
meses de bodrios (solo “The Terror” se salvó) doy fin a la cosecha de nuevas series de época—y
alguna que otra contemporánea—con la desilusionante nueva versión de Mujercitas. Aunque me queda de consuelo
la soberbia versión fílmica de1994, también me queda la amargura de sentir que
todavía, y aun teniendo bastante espacio y tiempo, no
saben honrar la obra de Louisa May Alcott. ¿Será porque LMA es todavía un
enigma aun para sus biógrafos? Tanto mito se ha tejido sobre ella, su vida, sus
ideas, que su obra, que expande mucho mas que las historias de las
Hermanas March, todavía no ha sido analizada ni interpretada como se debe.
Tenía ocho años
cuando mi madre me regaló mi primera copia de “Mujercitas”. Tapa roja, letra
pequeña, Edición Billiken. Recuerdo a las maestras de
segundo grado (preparatoria en Chile) sorprendidas de que leyera un libro tan
complejo cuando mis compañeros todavía
estaban luchando con sus primeras letras. A mí no me parecía complejo, sino
fascinante. Ya quería meterme entre las páginas e ir a patinar en lagos helados
de Massachussets con Las March.
Hoy Mujercitas es uno de los pocos clásicos infantiles que no ha caído bajo el ataque
de la progresía y de movimientos feministas, precisamente por la universalidad
de su texto y su intemporalidad . Para su tiempo, la autora fue feminista, una
adelantada, y poseedora de una crianza
tan sui generis que puede llamársela
subversiva. Aun así, su obra también refleja la importancia de la
familia, de la relación armónica entre padres e hijos, y la necesidad de ser
siempre honestos con nosotros mismos. Las March son humanas, con fallas, con
momentos de debilidad y mezquindad, a los
que se sobreponen gracias a los valores inculcados por sus padres.
Para quien no
conozca la historia, Mujercitas son las
Hermanas March, Meg, Jo, Beth y Amy. Con edades entre los doce y los dieciséis años,
las niñas viven en la ciudad de Concord, Massachussets, en los años de la
Guerra de Secesión (1861-1865). El padre, el Reverendo March, está en el campo de batalla donde ejerce como capellán.
La familia se mantiene unida gracias a los esfuerzos de la madre “Marmee”. Sin embargo,
las hijas mayores deben trabajar para
mantener el hogar. Solo la pequeña Amy asiste a la escuela.
Aunque Alcott se
esmera en dedicarles capítulos a cada hermana, está claro que la protagonista
es la rebelde Jo. El libro trata de su amor por el teatro y los libros, sus
sueños de ser escritora, su falta de interés en vanidades femeninas, sus pocas
aptitudes para las labores domesticas y su tremenda franqueza que muchas veces
la mete en líos. Es Jo la que se atreve a hacer amistad con su vecino Theodore
“Laurie” Laurence que se convierte en una especie de hermano de Las March, a
pesar de que su abuelo es millonario.
El clímax de la
novela ocurre con la llegada de un telegrama que anuncia que el Reverendo March
ha caído enfermo y está en un hospital en Washington. Marmee debe viajar y deja
a las niñas solas. En su ausencia, Beth
contrae una escarlatina que la pone al borde de la muerte. Por suerte, tras
mucha angustia, Beth supera su enfermedad , sus padres regresan al hogar y Meg
se aprovecha del pánico para comprometerse con John Brooks, el preceptor de
Laurie.
Alcott escribió
esta novela, que no era la primera de su obra, a regañadientes. La escribió solo
porque se la había solicitado Thomas
Niles, su editor, quien a cambio, le prometió
publicar unos ensayos de Bronson Alcott, padre de la escritora. Fue la primera
vez que Louisa May escribía algo para niños y estaba complicada con eso ya que
confesaría no saber nada de niñas, no haber tenido amigas en la infancia. Lo
único que se le ocurrió fue describir su vida y la de sus hermanas con breves
cambios.
El libro fue un éxito. Tanto así que Alcott se vio en un año obligada a publicar una secuela titulada Good Wives que en castellano ha ameritado el título de Aquellas mujercitas o Las mujercitas se casan. Yo recibí para las Navidades del 67 un libro de la Colección Robin Hood titulado Señoritas.
El libro fue un éxito. Tanto así que Alcott se vio en un año obligada a publicar una secuela titulada Good Wives que en castellano ha ameritado el título de Aquellas mujercitas o Las mujercitas se casan. Yo recibí para las Navidades del 67 un libro de la Colección Robin Hood titulado Señoritas.
A pesar de que el
titulo original se traduce como “Buenas Esposas”, y esta segunda parte comienza
con la boda de Meg, le toma a la autora casi doscientas paginas encontrarles
marido a Jo y a Amy (Beth muere soltera, a los 22 años). El éxito de las dos
novelas convirtió a Louisa May Alcott en autora reconocida, perseguida por el público, y muy bien pagada.
Las Hermanas
March tenían tantas fans que Louisa May debería escribirles dos secuelas más, Hombrecitos y Los
Muchachos de Jo que describen los esfuerzos de Jo por sacar adelante, junto a su marido el Profesor Baher, una
escuela experimental para niños. Ahí también estudiarán los hijos de Meg y los
de Jo, y hay mención de la hija de Amy. El ultimo libro describe las aventuras
de estos chicos en su madurez.
Louisa May Alcott
nunca más volvería a escribir literatura que no estuviera dirigida a a jóvenes
o a niños. Aunque escribió muchas
novelas, ninguna ha alcanzado el éxito de
Little Women y su secuela (ahora suelen publicarlas juntas) que ha sido
traducida a todos los idiomas posibles. Ha ameritado siete versiones fílmicas, (puse un enlace a una en castellano)dos series de anime japonés, operas, musicales de Broadway y piezas teatrales.
Todos tenemos una versión favorita, la mía es
la dirigida por Gilligan Anderson en 1994. Sin embargo, estaba esperando la
versión de la BBC porque un formato de miseria da mas espacio. Lamentablemente,
a Heidi Thomas solo le dieron tres horas
y en su opción por incluir más, dejó fuera algunas escenas claves.
Muchos Mujercitas
frikis se han quejado de la ausencia de ciertos episodios, del elenco, y de que
la serie es “aburrida”. Algo de lo que
no se puede acusar a la obra de Alcott
es de ser aburrida. Sin embargo, es cierto, la miniserie es horrorosa con una
banda sonora estridente, un vestuario payaso (el sombrero de Jo parece un balde
de playa), y los actores, aparte de
inferiores a los de 1994, son bastante feítos. Yo admiro el talento de Umma
Thurman, pero no la consideró una belleza y su hija, Maya Hawks, se parece
bastante a la mamá, pero solo en lo físico. Su Jo no se puede comparar ni a la
de Winona Ryder, ni a la de Katherine Hepburn. Hasta June Allyson fue una Jo March mejor.
![]() |
¿Cuál es tu Jo favorita? |
Heidi ha tratado
de explicar los vacíos en su trama arguyendo que tuvo que quitar todo “Lo religioso”
porque ofendería. Ósea, la que dice esto es la magnífica guionista de” Call the
Midwife”, la historia de monjas-parteras. ¿Ahí si no ofende la religión? ¿En un marco decimonónico que cuenta la historia
de las hijas de un pastor si ofende? No
se entiende, pero sinceramente no me molesta. Lo que si me molesta es que han
reemplazado la importancia de la fe con un patriotismo desubicado.
A cada rato
hablan de la guerra, de lo importante
que es su bando, de cómo desearía Jo ser soldado. Incluso, una escena famosa en
que Jo vende su cabello para pagar el pasaje de su madre a Washington es
convertida en propaganda patriótica. El peluquero, un afroamericano, solo
acepta darle los 25 dólares que Jo pide al saber que es para ayudar a un capellán
militar. WTF?
Louisa May Alcott
fue la única en su familia que sirvió en esa guerra civil. Como enfermera vio muerte y dolor, pero también corrupción en los
hospitales del Norte. Aunque abolicionista
como toda su familia, no cayó nunca en las trampas de “mi bando es mejor” y
para cuando escribe Mujercitas(1868)
trata la guerra como algo que ocurre lejos de su hogar y que solo sirve para
llevarse al padre.
Erin Donnelly en Refinery29 ha dicho que Heidi Thomas ha usado el tiempo
extra para desarrollar mejor los personajes.
Como si Alcott no lo hubiera hecho ya. Donnelly pasa a mencionar los cambios
que ha hecho Thomas con cada personaje y obviamente no ha leído los libros
puesto que todos “esos cambios” estaban en el original.
Entiendo que
hayan eliminado capítulos superfluos como los del Club Pickwick, pero no
entiendo porque eliminaron la pieza teatral, la primera visita de Jo a Laurie y
mi capitulo favorito “Experimentos” donde Marmee se bota en huelga, se va de paseo y deja a su tribu encargada
de la casa, con resultados tragicómicos. La inclusión de este episodio podría
cerrarle la boca a criticas que se quejan de que “Marmee” es irreal. He descubierto
que esas críticas son un tipo de mujer (típica de estos tiempos) que quiere licencia
“para ser mala madre”. Las afortunadas que realmente han tenido una Marmee en
sus vidas, no se quejan, como tampoco nos quejamos las que tuvimos anti-Marmee
como madres.
Otro cambio
inexplicable ha sido poner de cabeza el orden cronológico que Alcott diseñó
precisamente para recalcar el desarrollo de sus personajes. Si Alcott hace que
retiren a Amy de la escuela al comienzo de la novela, es para explicar que estando ociosa, a la chica se le va a ocurrir algo tan
infantil como quemar el manuscrito de Jo. A partir del baile de Sallie Moffat,
Meg cambia, se vuelve mas seria y mas
receptiva a las galanterías de John Brooke.
¿Pero qué hace
Thomas? Pues pone estos dos episodios
como teniendo lugar durante la ausencia de Marmee. ¿Estando todas preocupadas
por la salud del padre, se va a ir Meg de vacaciones a casa de los Gardiner? A
Amy la retiran de la escuela por decisión de Marmee. En la serie es Jo, una
chica de dieciséis años que decide sin consultar a nadie. Totalmente absurdo, innecesario
e inexplicable.
La serie incluso
bordea en lo misógino. Tiene a Jo diciendo a cada rato que es un varón o que
quiere ser varón, pero en vez de mostrárnosla disfrazada de Hugo en la obra
de teatro que ha escrito, la hacen decir estupideces como, después de la
partida de la madre, “si fuéramos chicos no estariamos lloriqueando y temblando“. No solo es ofensivo ( recuerda al “Bloody Woman ”de
Brienne de Tarth) decir que un hombre es mejor que una mujer porque no llora,
además contradice todas las ideas de Louisa May Alcott de cómo debería ser el
hombre ideal: sensible, vulnerable, capaz de compartir su intimidad con una
mujer.
En cuanto a Beth,
la han puesto como una perezosa, inútil, hipocondriaca y más encima cobarde. Y
no, no es que nos la muestren como tal. Es descrita así por su madre. En esta
versión infame se ha cometido el peor asesinato de carácter desde que
Weiss&Benioff destruyeran al Matarreyes de Martin. ¿Qué han hecho con mi Marmee?
Aquí se ha vuelto una gritona, puritana,
iracunda y que parece solo amar a Jo. La grandeza del libro es mostrarnos como Marmee
se relaciona con cada una de sus hijas y las ayuda a ser mejores personas.
El modo en que la
Marmee de Thomas trata a Beth es ignominioso. Vemos a Beth tendida en un sofá
con su gatito en brazos. Su madre la recrimina por permitir que una
migraña la debilite. Le espeta un “todas
las mujeres sufrimos de dolores de cabeza”. ¿ Que? a) no todas las mujeres sufren de migrañas; b) Las que sufrimos de dolores de cabeza es a
causa de una razón medica que debe ser atendida; c)Marmee jamás le hablaría así
a las más delicada de sus hijas. Aparte que Beth siempre estaba tan ocupada que
es la primera y única vez (antes de su
escarlatina) que la vemos descansando.
Todas las
Mujercitas fans tenemos una hermana predilecta. Aunque las quiero a las cuatro
, Beth es mi favorita y de quien más he aprendido. Por eso me duele que la
pongan como la mas sosa y la mas inútil. Eso lo vemos en el episodio con Mr. Laurence.
Efectivamente,
Beth sufre de una timidez crónica que es
su gran defecto. Aunque admira al viejo señor (episodio del mercado) no
se atreve a acercársele ni a él ni a su casa, a pesar de que hay un piano a su
disposición. Es cierto que su familia quiere que vaya porque saben que es
importante para la niña tener acceso a la música, pero en la serie, Marmee se
lo impone como un castigo y obligación (por un momento pensé que quería “öfrecersela”a
Mr. Laurence. Es que esta Maermee no parece Marmee).
En el libro, es Mr.
Laurence quien ayuda a Beth a perder su timidez, porque en el libro la niña si
se atreve a acompañar a su madre, pero no quiere ni ir sola ni tocar el piano
ajeno. La amistad de Mr. Laurence y Beth es uno de los episodios mas bonitos
del libro. Las zapatillas que ella le borda, el regalo del piano y, como Beth se atreve a ir sola a agradecer y
termina besando al pobre señor que todavía llora su difunta nietecita. De todas
las March , Beth es la que mejor se lleva con el abuelo de Laurie.
Pero en la serie,
nos muestran a Marmee exasperada ante la timidez de su hija llegando incluso a
recriminarla por eso y otras cosas. Le recuerda a Beth que ya han tenido
bastante consideraciones con ella, que le permitieron dejar la escuela y que
esperan que ayude con el trabajo domestico porque no la pueden tener de
holgazana haciendo nada. Todo da la impresión
de que Beth es un lastre para su
madre.
En el libro, se
ha retirado a Beth de la escuela por su timidez, pero ni Los March , ni la
autora (Alcott tuvo una magnifica pero muy poco tradicional educación) creen en
las escuelas públicas ni en la educación formal. Por algo Jo y su marido fundarán
un internado experimental. Por algo nos muestran la inutilidad de la escuela de
Amy. En el libro, Beth toma lecciones con su padre. Cuando el Reverendo March
parte a la guerra, Beth continua sus lecciones sola y de manera muy responsable.
Realmente uno se
pregunta qué libro leyó Heidi Thomas. A
pesar de esa timidez patológica, de esa ansiedad ante cualquier encuentro
social con extraños, Beth es el típico ángel doméstico. Es la única de la familia
a la que le encantan las labores del hogar, que incluso tiene tiempo para atender
la huerta, sus gatitos y reparar muñecas abandonadas. Ama tanto la música que
por cansada que esté, alegra a su familia con su piano y sus canciones. Es tan
triste que aparte, de todas sus fallas estéticas,
sus actuaciones discordantes y su feo soundtrack, esta pobre adaptación de un
clásico atropelle a personajes que han servido de modelos para mujeres de todas
las generaciones.
Me parece
monstruoso que se tome a Marmee, a quien Alcott da bastante espacio para
mostrar su humanidad, y se la convierta en una mujer impaciente, malhumorada, gritona
y más encima con cara larga. Esas miradas asesinas que les lanza a Brooke y Laurie
cuando estos hacen el favor de traer a Meg de un baile, me parecieron tan improcedentes. En el libro
es Marmee quien más anima a sus hijas a hacer amistad con Laurie, hasta el punto
de que se corre el chisme de que lo desea de yerno.
Sabido es que, Louisa
May Alcott modeló a Los March en su propia familia. Aunque el Pastor March es
un retrato idealizado, basado en lo que
la autora hubiera deseado fuera su padre, y que carece de las grandes fallas de Bronson
Alcott (irresponsabilidad, sarcasmo, etc.), Marmee es muy parecida a la heroica Abigail
May, madre de las Alcott. Sabido es que Jo tiene mucho de su creadora, pero
muchos ignoran que en cada hermana, Louisa impuso rasgos de su personalidad y las
hizo vivir eventos de su propia biografía.
Como Meg, Louisa
luchó (hasta que sus novelas comenzaron a venderse bien) con el deseo de tener
una vida mejor, de poder darse lujos, de
complacer sus pequeñas vanidades. Como Beth, Alcott llevó una vida
activa, pero plagada de dolores y momentos de debilidad física provocados por
un envenenamiento con mercurio, posible lupus, y también posible adicción al
láudano. Y aunque en la novela la bocaza de Jo le cuesta un viaje a Europa, en
la vida real, y tal como Amy, Jo hizo un
tour por el continente europeo donde tuvo su romance y posiblemente su primera (y
única) escapada sexual.
Es cierto
que al estar dirigiéndose a un público
juvenil Alcott tenia las manos atadas. Tal como ocurre hoy en día con autores
del género YA (Young Adults o jóvenes
adultos) estaba obligada a dar lecciones de moral y abstenerse de muchos temas.
Ella misma dijo que estaba harta de escribir “paparruchadas moralistas para los
chicos “, pero eso no quita que su obra no expusiera sus ideas de sufragista, abolicionista,
y reformadora social.
Ni siquiera era
una mujer religiosa. Su familia era unitaria, una corriente protestante muy
liberal y poco dogmática. Louisa se crió
en una comuna trascendentalita. En su
familia se leía el Pilgrim’s Progress
como obra necesaria para la autoeducación y reforma, no como búsqueda
espiritual. Lo más cercano a una vida religiosa formal fue cuando una Louisa veinteañera hizo amistad con el Ministro Parker, pero no fue mujer de iglesias ni de rezos.
Si Heidi Thomas pretendía
modernizar el cuento, debió ir a la biografía de la escritora y ahí encontrar
puntos que resaltar. Se lo hubiéramos agradecido porque alrededor de Louisa May
se han tejido leyendas, mitos, rumores y chismes. Me gustaría un día de estos, trabajar esas “paparruchadas”, apoyándome en
datos biográficos y en la misma obra de Alcott, que no se reduce al Cuarteto
March, para ver de donde salieron los rumores
de lesbianismo, conocer a los verdaderos amores de la autora de Little Women, sus ideas sobre el matrimonio
y la independencia femenina, y su lado frívolo que también lo tenía.