martes, 26 de agosto de 2025

María Antonieta: Primera y Segunda Temporada

 


La primera temporada me dio urticaria y le hice la cruz, pero necesitando algo que llenase mi espacio de series de los martes, me puse a ver la segunda etapa. Aunque no carente de falsedades históricas, es menos sexualizada y menos estrambótica que los primeros episodios. Incluso me hizo retroceder y descubrir que a partir del quinto episodio, la serie se vuelve coherente y digestible. Marie Antoinette puede verse en EStados Unidos via PBS Amazon y en América Latina por Disney+

De Delfina a Reina

Los primeros episodios daban grima con una creación de escenarios imposibles. ¿Cómo Luis XV (¡qué repugnante estuvo James Purefoy en ese papel!), por mucho que le gustasen las muchachitas,  iba a poner en peligro su alianza con Austria abusando de la esposa de su nieto? ¿Como en Austria iban a mandar a Francia una princesa impúber? ¿Como María Antonieta no iba a saber lo que era menstruar e iba a manchar las escaleras de Versalles con la sangre de su primera regla? ¿Acaso no usaba calzones? ¿Y cómo la famosa enemistad entre la Delfina y Madame Du Barry aquí la convierten en una relación con ribetes lésbicos?

                          Luis XV y Du Barry, par de cochinos

Con esa presentación,  yo me alejé de la serie anglo-francesa (combinación de la BBC y de Banijay), pero por falta de material de esparcimiento, se me ocurrió entrar en el episodio 6, justamente el que describe la provechosa visita del Emperador Jose, hermano de la reina. A mí siempre me ha caído bien este emperador liberal y sesudo y siento mucha lastima por la trágica vida personal que le tocó.



Jonas Bloquet lo interpreta magistralmente, opacando a Danny Huston en la versión de Sofia Coppola. El modo en que enfrenta los problemas conyugales de los monarcas y las intrigas cortesanas es sabio y divertido a la vez. Al final del episodio, los reyes están camino de escribirle a la cigüeña. Al final de la temporada ya tienen dos hijos, uno de ellos el anhelado Delfín.

Antes de esto, hemos tenido varios altibajos emocionales de nuestra heroína. Finalmente le cayó el veinte que primo Chartres no era su aliado incondicional, sino un hombre obsesionado con hacerla su amante. El Duque de Chartres, envidioso y libidinoso,  inspira un poco de lastima, pero el libreto escogió una manera simplista de explicar la traición del futuro Philippe-Egalitė.



En la vida real, el Duque siempre sintió envidia de su primo. Luis XVI y su consorte le tenían tirria por intrigante y sinvergüenza. Lo que pasa es que por alguna razón la producción decidió prescindir del Conde de Artois, hermano del rey concentrándose solo en el man-child de Provenza. Artois (futuro Carlos X) si se llevó bien con Toinette, desde la llegada de la austriaca a Francia. Tanto que se les imputaron los amores que en la serie achacan a Chartres y a la reina.

Hablando del Conde de Provence, me divierte este niñato con ínfulas de rey que no sabe ni como preñar a su mujer. Me ha gustado más su retrato en Careme donde, quien se ha autonombrado Luis XVIII (que lo seria después del exilio de Napoleón) aparece como un hombre taciturno, desilusionado con la vida, pero dotado de la suficiente sabiduría para saber lo importante que es la buena mesa y el talento de Careme para llenarla.

               Provence con exceso de rouge en las mejillas

Quien me inspira lastima, aunque es amargada e intrigante, es su mujer María Josefina de Saboya. Debe haber sido casi imposible vivir con un marido que le expresaba el desprecio hasta con la mirada. Por suerte, la italiana se consiguió una amiga y compañera de cama en su lectora Madame de Grebillon que aparece en el episodio final de la primera temporada.



Lamballe vs Polignac

Otra razón por la cual me alejé de esta serie fue la caricaturización de María Teresa de Saboya-Carignano, Princesa de Lamballe, personaje histórico que siempre ha capturado mi imaginación. Después que Anita Louise y Mary Nighy me la habían presentado de manera atractiva y grata, la pobre Jasmine Blackborow ha sido convertida en un ser insignificante con su ridícula virtud y con el estigma de hacernos creer que estaba enamorada de su real patrona. Eso me resultó una ofensa a una mujer que es considerada casi mártir.



Pues la serie a partir del episodio siete nos muestra que la villana de este cuento es Yolanda de Polastron, personaje muy diferente al interpretado por Rose Byrne en la versión Coppola. No he podido encontrar antecedentes familiares que la hagan parienta del Conde de Maurepas ni históricos que la describan como espía del ministro. Lo que si es cierto es que era ambiciosa y oportunista. Se aprovechaba del cariño de la reina para conseguir puestos para su familia, honores para ellacomo el recibir el título de Duquesa de Polignac—y amasar una fortuna propia.

                      Toinette cambia de amiga

Obvio que esta preferencia de María Antonieta por la alegre y audaz Duquesa postergó a la seria y piadosa Lamballe, lo que puede haber hecho mella en un espíritu sensible y frágil como el de la Princesa. Por eso aplaudimos cuando Lamballe ya no aguanta más y se marcha de la Corte, pero regresa cuando recibe noticia de la muerte de la Emperatriz María Teresa para consolar a su amiga. Es un momento enternecedor cuando María Antonieta la abraza. Ahí se siente la devoción de Lamballe, una devoción que la llevará a la muerte.



La serie además es importante porque nos trae temas históricos como el perpetuo dilema de si la ruina económica de Francia (mayor factor para la Revolución) fue provocada por la ayuda de la nación gala a la independencia de los Estados Unidos. También conocemos personajes que la historia ha olvidado.

Me dio un poco de lata que pasaran tan rápido por encima de Rose Bertin, la primera gran modista de la historia y ni una mención de Madame Vigee-Lebrun. De hecho el retrato que Toinette envía a su moribunda madre no corresponde al suyo pero si es un cuadro de Yolanda de Polastron que Vigee-Lebrun pintó.



Es interesante que pongan que Anton Mesmer mesmerizó a Lamballe y que la Princesa aconsejó a su reina que se pusiese en manos del genial germano. En realidad, Lamballe utilizó los servicios de un discípulo de Mesmer llamado Charles D’Eslon que había sido médico de cabecera del Conde de Artois.

No hay constancia de que Toinette haya sido mesmerizada, pero como toda la Francia importante, ella tenía conciencia del magnetismo animal y su influencia. La Reina le ofreció a Mesmer un sueldo y pensión, pero el científico se negó a aceptarlos ya que, a cambio, debía dejarse vigilar por colegas.

Así llegamos a 1783 en la Segunda Parte. La serie le baja el tono al sexo y a las escapadas de la reina. María Antonieta se ha vuelto una mujer seria, dedicada a ayudar a su pueblo en un invierno crudísimo, uno de los peores de la historia, pero su ayuda no es suficiente.

            Los soldados protegen a su reina y a Lamballe de una turba de mendigos

Luis, Toinette y Fersen: Un Triángulo Trágico

Esta segunda temporada nos permite conocer un Luis XVI que es la persona más decente de la Corte. Ya no lo asaltan las dudas de antaño, pero su tarea ,a la que le dedica casi todo el día, es titánica e imposible. El tesoro de la nación ya les llegó a las manos malgastado por los excesos del abuelo; los cofres han quedado vacíos por el esfuerzo de mantener una guerra con Inglaterra y de apoyar la independencia de los Estados Unidos.

Los americanos no están muy apurados en pagar la deuda y Luis necesita desesperadamente de un mago de las finanzas que saque al reino del atolladero. En cambio, la siempre entrometida Yolanda le encaja a su amiguito Calonne.

Históricamente se sabe que Calonne era cercano a la Duquesa de Polignac, pero no fue más inepto que otros ministros de finanza. La nación estaba empobrecida, el mal clima había acabado con las cosechas. Había hambre en la ciudad y en el campo, encima de eso se vino el escándalo por el famoso collar.

Vemos a Luis en su faceta de padre y esposo, labores que desempeña bien. Lo vemos atender al viejo e invalido Conde de Maurepas y hasta sofocar sus hormonas cuando está cerca de Polignac. Nos es difícil comprender porque María Antonieta no lo ama cuando es tan bueno. La reina sigue enamorada del Conde Fersen, al que no ha visto en años y al que le escribe cartas con tinta invisible que nunca envía.



Cuando las cartas desaparecen, Toinette sospecha de Yolanda y es que la reina está cobrando conciencia de que su mejor amiga es también su enemiga. Esto ocurre a raíz del mal parto de Toinette cuando Polignac no está su lado. Nosotros (y Lamballe) sabemos que Polignac la abandonó consciente que su soberana estaba mal, más preocupada de meterle a Calonne por los ojos al rey. Aun ignorando esto María Antonieta sabe que sus enemigos están muy cerca, en la corte.

Una Corte de Enemigos

Es cierto. El Cardenal de Rohan, mujeriego y libidinoso, será motivo de la destrucción de María Antonieta. En el palacio se ha introducido una alimaña que se unirá al repulsivo prelado. Jeanne de La Motta Valois era efectivamente una condesa, pero también ratera y estafadora. Una criminal ambiciosa muy alejada de la  interpretada por Hilary Swank en La intriga del collar. Cuando Jeanne se une a Rohan están claveteando juntos el ataúd de sus soberanos y de la monarquía francesa.



Otro enemigo es Chartres, que nunca le ha perdonado a la esposa de su primo su rechazo, Ahora vive semi exiliado bajo prohibición de acercarse a Versalles. Su palacio es lugar de reunión para intelectuales con ideas revolucionarias como Beaumarchais que como nos mostrase Franklin era un maestro del espionaje, pero también de la propaganda política. Su pieza de teatro Las Bodas de Fígaro seria instrumental para sembrar la idea de que los poderosos pueden ser derrotados por sus propios sirvientes.

Una aclaración. Vemos a Chartres, que, siempre fue mujeriego, cohabitando con la Condesa de Genlis. Efectivamente, Felicite era una escritora de ideas progresistas. Tuvo un affaire con su empleador, cuando fue gobernanta de los hijos del Duque de Chartres, Incluso tuvieron una hija, Pamela, pero para 1783, época en que inicia la Segunda Temporada, estaban ya separados.



1783, como vemos, fue una época difícil para María Antonieta quien estaba a mediados de su cuarto embarazo. Aparte de sus hijos mayores que vimos nacer en la Primera Temporada, Toinette había perdido un bebe en 1781. La serie no miente al describir el mal fin de este cuarto embarazo, aunque no fue culpa de Polignac.



Ese es el argumento, aparte de eso la serie no tiene mucho que ofrecer. Carece de vestuario esplendoroso, de hermosos paisajes y de buena cinematografía. En todo es inferior a la visión de Sofia Coppola de María Antonieta. A lo mejor la Toinette de Kirnst Dunst era menos mezquina, frívola, tonta que la de la vida real, pero caía mejor.

Contenido Violento o Gory: Increíble que un país que iba a presenciar el primer régimen sangriento de la historia moderna, parezca tan tranquilo. Hay muchos gritos, pero no vemos peleas. se oyen rumores de guerras lejanas, y una turba de mendigos acosa a María Antonieta cuando va a socorrerlos. ¿Lo más violento? El cierre de Las Bodas de Fígaro por la policía y un derechazo que el rey le propina a su hermano por andar calumniando a su mujer.


                      Los Reyes se disponen a ver Las Bodas de Figaro

Contenido Sexual y Desnudos: La primera temporada fue una orgia constante. A pesar de escenas grotescas como Toinette ensuciando las escaleras con sangre menstrual o bañándose con Dubarry o Luis XV (pobre Purefoy que papel tan degradante) manoseando a la mujer del nieto, casi no recuerdo desnudos. La segunda temporada le baja el tono a lo sexual, a pesar del adulterio de la reina y del romance lésbico (un detalle histórico) de la Condesa de Provenza con Marguerite de Grebillon.

Quien me ha incomodado es Fersen. No soy puritana ni pertenezco al gremio de los historiadores revisionistas que insisten en creer que la reina y el conde sueco solo sostuvieron una amistad platónica. Es que el actor no me entra. Prefiero pensar en Axel Fersen con el rostro de Tyrone Power o Jamie Dornan.

                                   Elijan a su Fersen preferido


Factor Feminista: Como buena obra woke nos cuentan constantemente como la pobrecita Toinette es víctima de reglas patriarcales que la sofocan. Me resulta difícil tenerle lástima a una shopaholica que ejerce su poder consumista a diestra y siniestra. Como en  la mayoría de estas series, las mujeres son víctimas de su propia inutilidad y quienes realmente fueron poderosas como la Emperatriz Maria Teresa, son vistas como las villanas del cuento por obligar a su hija a casarse con el rey de Francia, un destino que todas las nobles envidiaban.

Para evidenciar la debilidad de estas mujeres veamos como acabaron en la vida real. Toinette sufrió escarnio público, prisión, y finalmente perdió la cabeza literalmente. Lamballe fue despedazada por una turba luego que se negó a repudiar a sus soberanos. 

      Los muchos rostros de María Teresa de Lamballe




Polignac es vista como la gran perra manipuladora, pero trabaja para otros hombres, sus parientes y sus amantes. Consiguió huir de la guillotina, pero sucumbió a un cáncer uterino.


                              Polignac por Vigee-Lebrun

Parecería que Jeanne de La Motte es muy poderosa, pero terminó en el cadalso, azotada y marcada con un hierro candente. Escapó a Inglaterra donde recibió una muerte macabra al ser arrojada desde una ventana de hotel.

                      Muy condesa, pero una zorra delincuente

Las grandes sobrevivientes fueron las tías del rey. Victoire y Elizabeth lograron escapar del Terror y morir de viejas en el extranjero donde encontraron refugio con parientes que tuvieron que soportarlas. Llevaron vidas vacías y sus muertes no fueron recordadas.

María Giuseppina también sobrevivió al Terror. Acabó sus días viviendo en Alemania en compañía de su amante y del alcohol. La vimos en Careme, pero no vimos la subida al trono de Provenza quien volvió a Paris a reinar, pero no se molestó en llevarse a su odiada mujer consigo. Quien fungió como primera dama del reino, fue su sobrina, la pequeña “Mousseline” convertida en Duquesa de Angulema.

                        Los Delfines y Los Provenza en familia

En una velada del Duque de Chartres, Cagliostro predice que o su anfitrión o el Conde de Provenza reinarán después de Luis XVI. Sabemos que fue Provenza. En cuanto a Felipe Igualdad, ser un traidor a su estirpe y jugar a ser revolucionario le valió de poco. Fue guillotinado. Su esposa (que no aparece en la serie) logró huir. Felicite también huyó perdiendo toda su fortuna. Rebotó de corte en corte, a través de Europa, para regresar a Francia donde obtuvo pequeñas pensiones por parte de Napoleón y de su antiguo pupilo, Luis-Felipe, una vez que él reinó Francia.

Sin embargo, Madame de Genlis nos llega envuelta en brumas del tiempo por otro motivo. Era escritora fecunda y en vida publicó varios libros infantiles, dirigidos principalmente para niñas. Llenos de moralismos pero también de ideas liberales, hoy nos parecerán anticuados, pero en su día fueron traducidos a varios idiomas ya que su obra es mencionada por Balzac y Tolstoi y como escritora influyó en autoras inglesas de su época como Jane Austen. Lástima que la serie haga más hincapié en su faceta de amante que de literata. En resumen, Marie Antoinette no es una serie feminista.



Factor Diversidad: Es un gusto que incluyan en la trama a Chevalier de Saint- George, que fue importante en la corte de Luis XVI, amistó con la reina y era negro e hijo de esclavos, pero aparte de su interprete (Yoli Fuller) l no hay actores de color en la serie. Todos son europeos y caucásicos.



jueves, 21 de agosto de 2025

Las Mujeres de Dept Q: ¿Un error de Scott Frank?

 


Encontré, en línea,  una copia de The Keeper of Lost Causes, la primera novela de la serie Departamento Q . Leyéndola me di cuenta de que aunque el libreto de Scott Frank es muchísimo más complejo y atrapante, el mayor error ha sido la reconstrucción de personajes femeninos, muchos de los cuales no existen en la novela o son totalmente diferentes.

Para que me comprendan les daré una breve descripción de cómo es cada personaje femenino de la novela (que aparezca en al menos los primeros tres episodios de la serie de Netflix). No quiero “spoilear”  mucho aunque este tipo de análisis es solo para quienes han visto la serie entera o al menos más de la mitad. Comienzo desde los secundarios

Marianne, secretaria de Merritt Lingard: En el libro Merete Lynnggard tuvo dos secretarias: Marianne y Sos Norben que no aparece en la serie. Marianne fue despedida  cuando se inmiscuyó demasiado en la vida privada de su jefa. En la serie, Marianne aparece una sola vez,  cuando va a la oficina de Carl. Altanera e impertinente, no se parece a la del libro donde nada indica que sea negra. Bueno, es Netflix y el colour blindness es necesario.

Vigga/Victoria: ex esposa de Carl Morck (en el libro siguen casados). Vigga es desaprensiva, vive de amante en amante, siempre ideando proyectos imposibles para los que necesita el respaldo económico de su marido.

Dra. Fiona Wallace, psiquiatra de William: No existe en el libro. Jussi Adler-Olsen tiene a Ulle (William) en un sanatorio caro, pero el director es un viejito que nunca intenta hacerle frente a Carl.

Helle/Clare, criada de Los Lynnggard: En el libro tiene como 35 años, casada con hijos. nunca fue muy importante en la vida de los Lynnggard ni ellos para ella. Carl la conoce accidentalmente cuando visita la antigua casa de los Lynnggard y el nuevo dueño le dice que ahora Helle trabaja para él.

Rose, miembro del Departamento Q: No sale sino hasta la segunda novela de la serie.

Moira Jacobson, jefa de Carl: En el libro es Marcus Jacobsen y ya eso lo dice todo.

Merete Lynnggard/Merritt Lingard: Miembro del Parlamento danés, hija de familia adinerada amada por los paparazzi por su belleza, elegancia y misterio. Nadie sabe si tiene un amante o si es lesbiana. Debe moverse en un mundo de hombres, pero no es agresiva como la fiscal de Departamento Q. Cuando la secuestran, pide misericordia (en muchos países ese es el título. Incluso el primer título en inglés fue Mercy).

Mona Ibsen/Rachel Irving, psiquiatra de Carl.: Mona es la femme fatale del típico Noir. Solo la conocemos desde la perspectiva de Morck que, desde que la ve en un pasillo, se obsesiona con ella. Ibsen es la psicóloga de la comisaria. Su oficina está en el edificio, para las sesiones o baja a ver al paciente en su sótano o el detective sube a verla. No tenemos descripción de su espacio ni de su vestuario ni de su personalidad ya que todo lo que ve Carl Morck de ella son sus curvas y eso que es cincuentona (mayor que el).

Es Morck quien solicita que sea su terapeuta a pesar de que ella también está a cargo de analizar a Hardy. De ahí nace su necesidad de hacer que Carl reconozca su sentimiento de culpa. Hasta lo hace llorar, pero lo que nos queda claro es que la Dra. Ibsen es muy controlada y profesional. Sabe parar a Morck cuando este comienza con sus avances diciéndole que se busque otra víctima y mostrándole su alianza matrimonial.

Lobas Ambiciosas

Como verán, las mujeres del libro están muy alejadas de las de la adaptación televisiva. Extraño porque recordamos como Scott Frank humanizó a las mujeres en Gambito de Dama y como confeccionó un pueblo de maravillosas guerreras en Godless. Pero algo le falló aquí.

 Si los personajes masculinos , con excepción de Akram, son o patéticos o antipáticos, las mujeres dan asco, sobre todo las que están en posiciones de poder. Parecen carecer de  virtudes femeninas como sagacidad, sexto sentido, diplomacia, y serenidad que ayudan a una mujer a sobresalir en el mundo masculino.

                         Merrit enjaulada, donde debe estar

Me refiero a cualidades femeninas, ya que el descaro, la agresividad, falta de escrúpulos y brusquedad que permite a los hombres vencerse entre ellos, les quedan mal a estas féminas y no saben utilizarlas. Quieren ser lobas solitarias, olvidándose que las hembras siempre son parte de la manada y aun como alfas, su prioridad es cuidar de sus compañeros.

Esa es precisamente la falla de Moira (Kate “Lisa Arryn” Dickey). Scott Frank ha dotado a Jacobsen, el superior de Carl Morck (Matthew Goode), de ovarios. El cambio ha hecho al personaje más antipático. Las quejas, exigencias e injusticias de la comisaria se vuelven doblemente negativas por venir de unas faldas, siendo además Moira muy consciente de que es la primera mujer en ese cargo. Eso la lleva a ser servil con sus superiores, y poco compresiva con Carl, Akram e incluso con Rose.

                 
                                            Moira en el libro es "Marcus"

Moira tiene poca visión y mucho miedo de dar un paso equivocado, sin embargo es la campeona de la corrección política. Aun así es lo suficientemente astuta para incautar los recursos destinados para Q y calladita enviarlos a su propio departamento. En eso tiene algo en común con otra dizque hembra fuerte.

En pos de pistas que indiquen el paradero de Merritt, Carl y Akram llegan a un elegante sanatorio para enfermos mentales donde está recluido William, el hermano de la fiscal. Los atiende la atildada Dra. Fiona Wallace, una cuarentona que los trata con gran condescendencia y, para demostrar su desprecio, comienza a maquillarse delante de ellos. Esa es una antigua treta de las mujeres para seducir y a la vez establecer su superioridad sobre los hombres. Acto seguido, se marcha,  dejándolos con las palabras en la boca.

                        La codiciosa Fiona Wallace no existe en el libro

Poco después, el Departamento Q descubre que William ha heredado la fortuna de su madre y que la psiquiatraahora su guardiana legalhace uso de ella para pagarse sus lujos. Q en masa se presenta, la desenmascara y se llevan a William. La psiquiatra pierde toda su autoridad y queda convertida en una delincuente cualquiera. Como Moira, ha pecado de codiciosa y abusado de su poder.

No podemos quejarnos mucho del desprecio que la serie tiene por las profesionales ambiciosas cuando la misma víctima es una insoportable mujer de carrera. En el libro, Merritt es una política arrogante y dura, pero en la serie la han convertido en una fiscal arrogante, imprudente y odiosa.

                             Merrit es mas odiosa que en el libro

Chloe Pirrie (To Walk Invisible, The Crown) está maravillosa, en ese rol. Hay momentos em que se la percibe más como villana que como mártir y alegra verla enjaulada ya que en el mundo real solo hacia daño en sus roles de hermana, patrona y hasta amante.

Me incomoda el poco sutil esfuerzo de la trama de hacernos sentir que Merritt y Carl son iguales. Si bien es cierto que son ambos prepotentes antisociales, hay más humanidad en el policía que en la fiscal quien se ha pasado la vida atropellándolo todo y a todos en su empeño de cumplir con sus objetivos.

                   Merrit y Carl no son iguales

Rachel Necesita de un Psiquiatra

He dejado para el final el peor ejemplo de fémina empoderada que nos presenta la serie y cuya existencia es aparentemente culpa de Scott Frank solito ya que no se asemeja en nada a la Mona Ibsen de los libros. Como suele ocurrir en la policía cuando uno de los suyos ha enfrentado una situación traumática, se le ha ordenado a Carl someterse a una terapia psiquiátrica. Así lo vemos llegar a regañadientes a la consulta de la Dra. Sonnerberg.

La psiquiatra se hace esperar y sucede lo normal cuando uno está donde no quiere estar, Morck pierde la paciencia y se marcha. Acaba de sonar la campanilla de elevador, cuando surge de la consulta una Kelly McDonald con cara contrita. La Dra. Sonnerberg se ha lastimado una cadera, la Dra. Irving es solo una suplente y no parece estar deseosa en atender a Carl.

Tuve que ver el episodio dos veces para entender que su atraso es a propósito.  Deduzco esto porque no ofrece disculpas ni motivo de su tardanza. Carl, quien ha estado sujetando la puerta del elevador con el pie (gesto ultra sexy de macho alfa), la sigue desganado, un poco irritado.  Irving no parece tampoco muy buena terapeuta, no sabe enfocarse, le hace preguntas que más lo frustran y reacciona ante esa frustración con la propia, poniéndose a comer ya que el paciente no coopera. Ni que fuera lacaniana. Carl da por terminada la consulta y ambos parecen dispuestos a descontinuar la terapia.



Solo que Carl retorna, ante la sorpresa de ella, quien ahora se ha puesto una alianza matrimonial. La terapia de Irving está enfocada en un solo propósito: obligar al paciente a aceptar que necesita ayuda. Para eso lo bombardea con preguntas sobre que lo hizo regresar.

Carl ofrece un par de respuestas que obviamente no son ciertas y acaba con un “te vi bonita y quise verte de nuevo”. En el contexto del interrogatorio es obvio, incluso para el lego, que esas palabras son tan inocuas como las dichas anteriormente por el paciente, pero Irving empeñada en demostrarnos que es pésima psicóloga, decide tomarlas en serio y retuerce la boca viéndose no muy “bonita”.

En eso, Morck nota la alianza matrimonial y la menciona, provocando más agitación de parte de Irving quien realmente actúa como si Morck la estuviese acosando sexualmente. Curiosamente, algunas mujeres reseñadoras y algún que otro bobo que se bebió un galón del Kool Aid woke si lo ven así demostrando el daño que estas falsas alertas han hecho a las relaciones heterosexuales.



Es Morck quien intenta arreglar las cosas, pero solo las empeora. Irving hace pucheros y esta segunda sesión acaba en desastre. Carl no se presenta de nuevo en la consulta. Tras ver el ataque de pánico por televisión, Rachel busca a su paciente. Va a la comisaria e intenta retomar su rol de psiquiatra.

                                 Rachel intenta un acercamiento con su paciente

Para establecer un clima de confianza, le cuenta que es soltera, que plantó a un hombre en el altar al descubrir que ya estaba casado. ¿Entonces por qué se puso el anillo? Como no lo explica cabe especular que tenía miedo. No de Carl que en la primera entrevista ni la miró, sino de ella misma. En plática con Rose, Rachel admite haber tenido una relación con un abogado que la presentó con Merritt. No puede aportar nada solo que Merritt era altiva como lo son los abogados, como lo era el acompañante de Irving. Va dejando la impresión que lleva varias relaciones fracasadas y de ahí su miedo a hombres inestables aunque sean sus pacientes.

En la tercera sesión, paciente y psiquiatra están más relajados y Carl habla de su relación con Jasper. Para Rachel es una sorpresa saber que el detective tiene un hijastro. Todo va bien, pero la Dra. Irving de nuevo hace lo imprevisto, cuando Carl llega a la cuarta sesión se encuentra con …”La Dra. Sonnenberg”. Carl expresa vocalmente su frustración y dice sentirse “abandonado”.

                      Para luego abandonarlo sin despedidas ni explicaciones

Sonnenberg está de acuerdo. La sorprende que Irving no se haya despedido. Hay protocolos para transferir a un paciente a otro psiquiatra. Es necesario para no romper el lazo de confianza que se establece entre terapeuta y paciente. Como sea, Irving sigue pareciendo pésima profesional y dotada de personalidad errática.

Carl no encuentra más remedio que ir a casa de Irving y la audiencia femenina chilla “¡Stalker!”. Sorprendentemente, Rachel no se asusta, más parece incomoda, tal vez porque está hecha unas fachas, toda desaliñada. Él dice que ha venido por la sesión prometida. Ella le sirve un té y procede a narrarle su horrible juventud, sus trastornos alimenticios…¡Guau! Que gran psiquiatra. Es la peor que he visto desde Uzu Aduba en In Trearment.

En resumen, Scott Frank se esmera en mostrarnos que como profesionales, las mujeres del mundo de Mark son unas buenas plastas. Wallace es una estafadora, Irving es errática y poco profesional, Merritt Lingard era una fiscal más interesada en su surgimiento que en la gente que atropellaba o ponía en peligro.

Moira es la peor de todas, es incluso injusta con otras mujeres. Cuando Carl le dice que Rose “no es tan tonta como parece”, Moira pone el grito en el cielo ya que no es políticamente correcto referirse al cociente intelectual de una mujer, pero es ella quien cree (y actúa según ese criterio) que Rose es inepta y, como siempre, se equivoca.



¿Qué pasó con Vigga?

Si Scott Frank destruye a la mujer profesional, intenta salvar un personaje que, en los libros, es negativo. Me refiero a Victoria, la ex esposa de Carl Morck. En los libros Vigga (ese es el nombre que le dio Adler-Olsen) abandonó marido e hijo para irse con diferentes parejas y ahora aparece de improviso para pedirle dinero al detective.

En la serie la tienen convertida en otra fémina sermoneadora a pesar de que, para seguir su carrera de sobrecargo, abandonó al marido encajándole al hijastro. La serie aumenta los problemas domésticos de Carl y, en el tercer episodio, cae en un truco telenovelero del malentendido. Tras descubrir que Jasper no va a la escuela, pero se queda en casa follando con la novia, Carl le deja un mensaje de voz a su ex diciéndole que tal vez Jasper no debería vivir con él.

Después de este intercambio, Carl y Jasper hacen un trato y firman una tregua, pero Victoria llama a su hijo y le dice que Carl no quiere nada con él. Para mayor confirmación le envía el mensaje de voz.  Ignorando que se trata de un mensaje antiguo, Jasper se altera y se va a vivir a casa de su abuela. Victoria aparece en casa de su ex para avisarle y para endilgarle un sermón de que es un mal padre ya que no comparte con Jasper los detalles de su trabajo policiaco o algo parecido, como si ella tuviese derecho a opinar.

                           Victoria, otra mujer inventada

Las que se Salvaron

Yo tildaría la serie de totalmente misógina si no fuese por dos personajes. Claire,  interpretada por la infaltable Shirley Henderson, era el ama de llaves de Merritt, pero su trabajo principal consistía en cuidar a William. Luego de perder un hijo y ver fracasar su matrimonio, Claire dedicó una década a cuidar, conocer y establecer una relación con el muchacho a pesar de la hostilidad de una celosa Merritt.



En su investigación, Morck descubre que Claire es la única persona que ha seguido visitando al hermano de Merritt en la clínica psiquiátrica. Cuando William huye de ese sitio busca refugio en el invernadero de Claire.

Muchos espectadores y críticos quieren crear un paralelo entre Merritt y Carl. Puede que ambos sean erizos amargados y sarcásticos, pero Merritt no es una buena persona, es incapaz de querer a nadie. Aun su preocupación por William deriva de un sentimiento de culpa.

                          Clare es la unica que se preocupa de William

Morck, en cambio, está lleno de afectos (por Hardy, por Jasper) que no puede expresar y reconoce ese dilema en Claire. Cuando rescata a William de la ambiciosa Wallace, se lo lleva a Claire. La escena en que William y su nana se abrazan es refrescante en una serie de gente hostil e incapaz de relacionarse con los demás.

Me he quedado con el mejor personaje femenino de la serie y uno que si existe en los libros aunque creo que la Rose de Scott Frank es más humana y sensible que la que haya creado Adler-Olsen. Rose es una misfit total, tal vez más que Carl y Akram. Sufre de déficit atencional, de TOC, en resumen está en el Espectro. Una vez fue parte del equipo de Morck, hasta que accidentalmente atropelló a un peatón. La culpa la empujó al suicido y a “episodios” que combate con medicamentos recetados.

Desde entonces la han convertido en una especie de recepcionista glorificada. Será Carl quien la saque de ese puesto y ponga a trabajar todo el talento de investigadora de Rose quien a pesar de ser un poco atolondrada y de sacar la tarjeta de sexo a relucir a cada rato (”¿acaso es porque soy mujer?”) evidencia que el sexto sentido  femenino existe y es fundamental para una buena investigación.



Agreguémosle que Rose posee una gran compasión . Su caridad permite que Akram llegue al Departamento Q . Incluso Rose intenta explicarle a la psiquiatra porque Carl es tan rudo y antisocial con un “se siente responsable” y cuando la inepta Rachel pregunta “¿de qué?”, Rose responde suavemente “de todo”.

Es mi impresión de que el Noir nórdico, y no solo el de Adler-Olsen, no es proclive al romance o al retrato de mujeres centradas o con rasgos positivos, lo que es legítimo y no necesariamente implica misoginia. Sin embargo, al tratar de modificar esa característica en aras de la paridad  Scott Frank ha acabado con un retablo siniestro de  personajes femeninos.

Espero que en la segunda temporada, mejore ese detalle y ciertamente espero que la Dra. Irving deje de ser un personaje tan patético. Me aterra pensar que pueda ser la pareja de Carl. ¡Pobrecito! Aparte de que es inapropiado tener amores con un psiquiatra, ella necesita tanta o más terapia que nuestro protagonista.

 

lunes, 18 de agosto de 2025

Las Jaulas que Nos Creamos: Dept. Q (Netflix)

 


Al final del primer episodio de Dept. Q, encontré una especie de leitmotiv: los espacios cerrados como jaulas que sirven para ocultar víctimas de secuestro por años, pero también son sitios para que se cree un equipo de rescate para la víctima. Eso hace que esta serie de Netflix se asemeje más a Las Azules que a Slow Horses con la cual se la ha comparado. Por otro lado, hay jaulas invisibles en las que se encierran los personajes para defenderse del mundo y que acaban siendo su prisión.

Fieras Enjauladas

Si no me creen, aun antes de comenzar, puedo indicar que si a Carl Morck (Matthew Goode) su jefa enjaula en un sótano para mantenerlo alejado de los demás policías, él se ha creado una coraza para protegerse del mundo exterior y que al final le impide comunicarse con este. En ese sentido se parece a Merritt Lingard, la victima de secuestro que lleva cuatro años enjaulada en una cámara descompresora. No me ha sorprendido que el titulo original en danés se traduzca como La mujer en la jaula. En español también el titulo La mujer que arañaba las paredes crea una impresión de encierro.



Sin embargo, antes de su secuestro, Merritt se había confeccionado una celda interior que encerraba sus secretos del pasado, su angustia del presente y sus constantes remordimientos. Mas encima, vivía en una casa en un páramo donde tenía escondido a su hermano que era la encarnación de su culpa. Eventualmente su pasado vino a enjaularla en una prisión real como castigo, ya que sus secuestradores la veían como una alimaña dañina.

Los Q encontraron a William enjaulado en un elegante manicomio, pero el pobre chico ya vivía en una prisión, privado del habla y de la facultad para escribir. En su lecho de hospital, Hardy, está enjaulado por su paraplejia. Carl lo saca de esa jaula demostrándole que mentalmente puede ser libre y útil.

Jasper se queja que su padrastro se aísla de él, pero el chico también se construye una mazmorra en su cuarto, incluso ocultando su rostro con una máscara. Otros personajes están enjaulados por sus complejos, sus prejuicios y sus miedos. Quizás por eso, la gran queja que he oído de una serie  es lo odioso de los personajes.



Departamento Q vs Slow Horses

Me aburre y hasta fastidia la comparación constante entre estas dos series. Es cierto que ambas se basan en exitosas series de novelas, que están pobladas por personajes desubicados, con problemas mentales y que son despreciados por su gremio. Ahí paran las similitudes.

La serie de Jussi Adler-Olssen pertenece al género policial, en cambio las novelas de Mick Herron se mueven en el mundo del espionaje. Físicamente, Carl Morck es mucho más atractivo que Jackson Lamb, pero el personaje de Sir Gary Oldman no tiene trabas mentales y es, a pesar de su lengua sarcástica, devoto del bienestar de sus “protegidos”. Tampoco podemos comparar a Morck con el idealista e ingenuo River Cartwright que es el héroe (Lamb es el antihéroe) de Slow Horses.

                        Jackson Lamb vs Carl Morck

Mas importante  es que al final de la Temporada 1 de los Caballos Lentos  yo ya tenía mis personajes favoritos: la dulce y devota Catherine, el romántico dúo compuesto por Min y Louisa, y por supuesto, River. Los demás me hacían reír y me caían bien. Tenía claro que los Buenos eran los de Slough House, no los siniestros burócratas de MI5.

En cambio, llevaba veinte o más minutos de ver el primer episodio de Dept. Q y estaba llegando a una conclusión: no había personaje querible ni con quien me identificase y solo la estaba viendo por Matthew Goode. Pensaba si podría aguantar siete capítulos más (después de todo no me interesan los misterios policiales a menos que sean históricos) cuando ocurrió el milagro.  Apareció un personaje que me interesó (y no por que posea la galanura de MG) y en los últimos diez minutos la trama dio una voltereta que me la hizo super interesante.

La Tragedia de Ser Carl Morck

La acción tiene lugar en Edimburgo, y el primer episodio consiste en viñetas semi corales que nos presentan a los personajes. Comenzamos con el detective Morck y su compañeroy tal vez su único amigo Hardy (Jamie Sives, mi queridísimo Ser Jory Cassel), paseando por las calles de Edimburgo cuando se encuentran con una patrulla policial ante la puerta abierta de una casa.

                              El ultimo paseo de Carl y Hardy

Contraviniendo el manual que indica como deben comportarse en una escena de crimen, los policías se entrometen y encuentran un cadáver con un cuchillo incrustado en el cráneo y un patrullero novato llamado Anderson custodiándolo. Morck se complace en humillar a Anderson, señalándole todos los errores que ha cometido. En medio de eso, emerge de la cocina un sospechoso cubierto con un pasamontaña que les dispara al trio.

Corte a los créditos y para cuando regresamos han pasado cuatro meses. El pobre Anderson murió en la balacera, Hardy está paralizado en un lecho de hospital. Morck recibió una herida en la cara que cubre con barba más espesa (lo que hace a MG triple slurp), pero lo que no salta a la vista es que está triple traumatizado.

Aun así la policía le ordena que se someta a una terapia a manos de una psicóloga que…errrr…es el único personaje que me complica en Departamento Q y eso que lo interpreta mi querida Kelly McDonald. Hablaré más de ella cuando me toque repasar el feminismo en la serie.



Morck intenta reincorporarse a la fuerza policiaca donde nadie está contento de verlo. Da la impresión que la tragediade la que lo culpanes la última gota de un vaso que él ha llenado con su sarcasmo y soberbia. Visitar a Hardy en el hospital es poca ayuda. El único amigo de Morck es presa de pensamientos suicidas y no está para escuchar cuitas ajenas.

Morck quisiera ocuparse de la investigación de su caso y descubrir la identidad de su atacante, pero esto ha quedado en manos de un trio de ineptos que comparten el mismo mal gusto en peinado y  no son muy ocurrentes. Para colmo, el detective tiene problemas personales.



Divorciado, ha quedado con la custodia de un hijastro adolescente, un arreglo que disgusta a ambos. El chico es típico Z inútil que se la pasa escuchando música estridente con audífonos y una máscara, tipo Darth Vadar, tras la cual se oculta del mundo. Cuando ya Jasper no sabe cómo irritar a su padrastro y a Martín (a quien Morck renta un cuarto en su casa) aporta un nuevo cambio, saltarse días de escuela y pasárselos en casa encamado con una compañerita.

                      Jasper en la puerta de su jaula

Un Baño-Oficina: Ni que fuera Betty La Fea

Morck no sabe qué hacer con Jasper y su jefa (Karen “Lisa Arryn” Dickie) no sabe qué hacer con Morck. La solución la traen sus superiores. Se ha descubierto que su comisaria tiene un récord de casos no resueltos. Quieren instalar un departamentoellos pondrán el dineropara que trabajen en esos cold cases y así satisfacer a la quejosa prensa.

Moira se pasa de lista, crea el Departamento Q, y pone a Carl Morck a cargo. El solito con su propia oficina en el subterráneo donde una vez estuvieron los baños compartidos. Todavía hay orinales adosados a la pared. Ni a Betty, La Fea le dieron una covacha tan hedionda.



Esto me ha recordado a Las Azules cuando les instalaron su oficina en el sótano. De nuevo tenemos una comisaría que no sabe qué hacer con un/unas indeseables, pero que no puede quitarse el bulto de encima. Para eso sirven estas jaulas para escondrijos de los elementos incomodos.

                  La guarida del Departamento Q

Como ocurriera con Las Azules, Morck y su equipo (del que hablaré en un segundo) limpian, arreglan, humanizan el subterráneo, y emprenden desde ahí una campaña para resolver su primer cold case. Eso, sin ayuda, de los de arriba donde Moira ha revertido los fondos que la ciudad le ha dado para el Departamento Q a sus Caballeros del Valle que ahora gozan de computadores nuevos.

No todo el mundo es oportunista y ratero en la superficie. Ahí tenemos a Rose (Leah Byrne), la recepcionista, quien una vez fuera policía, pero ha sido degradada ya que, como Carl, también está un poco cucú. Aunque a ratos es exasperante, y su peinado es mitad Bozo, el Payaso y Larry, el de los Tres Chiflados, me cae bien. Es gordita, le gustan los pastelillos y tiene buen corazón e intuición.

Intuye que Akram (Alexei Manvelov), un tímido refugiado sirio que ha venido en busca de empleo,  puede ser útil en el precinto y lo envía donde Moira. Justo ese día Carl anda berreando porque necesita alguien que archive y organice el centenar de cajas de casos no resueltos. Moira le manda a Akram Salim.



Resulta que el refugiado fue detective en su país antes que la situación política lo empujase a huir con su familia. Morck nota que es avispado, organizado y muy intuitivo, así que lo convierte en su asistente en la investigación. Akram es cortes, compasivo y quiere hacer las cosas según el manual, algo difícil con Morck, Sin embargo, Akram es bueno para saltarse las reglas y literalmente se salta vallas. El mejor momento es cuando visita una casa abandonada y se enfrenta a una banda de delincuentes-ocupa a los que reduce solo con las manos.

Será Akram quien, satisfaga a Moira consiguiendo un caso cerrado: la desaparición hace cuatro años de la fiscal Merritt Lingard. Con eso Moira convoca a una conferencia de prensa y coloca a un Carl ,sin ninguna preparación, a cargo de esta. Todo va bien hasta que un periodista se le ocurre cambiar el tema e interrogar a Carl sobre su caso que ha dejado un muerto, un invalido y un traumatizado policía.

                       Ni una corbata puede esconder el trauma de Carl Morck

Morck se descompone, sufre un ataque de pánico y huye de la conferencia. Nuevamente es Akram quien acude en su ayuda. A pesar de que para todos los presentes y hasta quienes lo vieron por televisión, es obvio que el detective no está bien, Morck sigue con la investigación y logra componer un equipo confiable compuesto por Akram, Rose y Hardy que, desde su cama de hospital y vía laptop, contribuye a resolver el misterio de Merritt Lingard.

                          Hardy desde su jaula-cama de hospital

¿Dónde está Merritt?

Después de haber leído el libro de Jussi Adler Olsen (en ingles se llama The Keeper of Lost Causes; en castellano es La mujer que arañaba las paredes) en la que han basado la serie, es evidente  que Scott Frank ha cambiado bastante el argumento.  Es interesante como ha navegado/conservado los saltos cronológicos del original. El primer episodio es una presentación de los dramatis personae, pero hay un personaje con el que Morck y su equipo nunca se entrecruzan.

Nos pasamos el tiempo esperando que este personaje y su historia paralela se unan a la línea argumental. Esto solo ocurre al final cuando descubrimos que la mujer que hemos visto es la misma del caso que Akram ha escogido para que debute el flamante Departamento Q. Todo lo que hemos visto de Merritt son flashbacks que llevan a su misteriosa desaparición de un ferry camino a la isla de Mohr que la fiscal, y su hermano, William, tomaron de regreso al hogar paterno.

Gracias a los flashbacks descubrimos que Merritt era una planta espinosa, brillante pero arrogante, audaz pero imprudente. Acababa de arruinar un caso importante y conseguido la indeseada libertad de un millonario que había asesinado a su esposa. Sin embargo, no fue el presente lo que precipitó el secuestro de la mujer. Eso es lo que descubrirá el Departamento Q.

                      Merrit amonestada por su superior

A pesar de los esfuerzos de Frank por mejorar, agilizar y hacer más interesante la trama, Departamento Q ofrece muy poco para atraparme y confieso haberla visto solo por Matthew G. Quizás sea porque no soy connoisseur del género, tal vez porque su énfasis en lo wokesobre todo el aura semi feminista me cohíben, pero la serie no me es atractiva.

Recalco  que los personajes, con la excepción de Akram y Rose (y tal vez Clare ),son detestables, llegando al punto que le tengo lastima a Morck por estar rodeado de tarados insensibles. Las actuaciones son desiguales. Solo Matthew está magnifico. Deja atrás esa aura de niño bonito que cultivó desde sus días de Brideshead Revisited y ofrece la mejor actuación de su vida (aparte de su Bob Evans en The Offer)




Matthew como Bob Evans

  Mathew en Dept. Q y en Discovery of Witches. Noten el cambio

Estéticamente la serie no brinda mucho. Es difícil recordar que está situada en la Edimburgo de María Estuardo y de Robert Louis Stevenson, a pesar de que hay escenas en zonas antiguas. Como todo lo de Netflix, es deprimentemente oscura y los personajes además de antipáticos están empeñados en verse feos y desaliñados. Sobrevive Mathew G. por qué ...aceptémoslo, es Matthew Goode.



Contenido Violento o Gory: Se supondría que un Noir debe tener su buena cuota de violencia, pero por primera vez veo como el wokismo trata el tema. La violencia es casi toda verbal, se describen hechos violentos (El asalto que dejó a William impedido de sus facultades; el ataque que mató a Anderson y dejó malheridos a Hardy y Morck, etc.). La tortura que sufre Merritt en su bóveda es física, pero más afecta su psiquis que su cuerpo.



Por supuesto que eso va cambiando al final. Tenemos gore galore cuando a la mujer enjaulada se le infecta un molar y sus captores le proporcionan un alicate para que se lo extirpe por si sola. El episodio final ve asesinatos, balaceras, etc. Antes, Akram tortura a un maleante en una escena casi cómica y Carl golpea a un gánster que amenazó a Jasper.

Sin embargo, hay en toda la serie un terror a la violencia. Las reacciones bruscas de Morck, que pueden catalogarse de impulsivas o inusitadas, alteran a quienes lo rodean, tal como ciertas palabras son vistas con tanto miedo como si quien las usa apuntara con un arma.

El caso más patético y desagradable es cuando Akram se encuentra con la pandilla de ocupas que inmediatamente se le enfrentan, sin haber agresión por parte del policía. Una incluso grita que el sirio no está armado. Ella lo sabe porque su padre era patrullero. Akram rápidamente demuestra que no necesita de armas para dominar a bullies cobardes.



¿Qué consigue con eso? Que él ocupa al que controló lo demande y Jacobson le endilgue un sermón a la persona más serena de la serie. Dos factores emergen de este encuentro. El primero es el casi racista recordatorio de Moira de que en Europa no se hacen las cosas como en el Medio Oriente. El otro, la evidencia de la nulidad de un departamento de detectives que no portan armas, ni siquiera un taser.

Ya bastante ridículo es que, en Londres,  los Bobbies ,deban defenderse de manifestantes y terroristas con un misero bastoncito, pero ¿dónde se ha visto que detectives en un espacio peligroso no tengan con que defenderse?  Más encima reciben regaños de sus superiores por usar ciertas palabras o darle un empujoncito a un periodista que invade su espacio. ¿Qué es esto? ¿Un internado de señoritas?



Contenido Sexual y Desnudos: Casi 0, lo normal en una serie donde amor y ternura son los grandes ausentes. Martin y Carl se impresionan ante la actividad sexual de Jasper. En un flashback vemos que Merritt tuvo una relación pasajera con un periodista y el actor que lo interpreta muestra nalgas. Luego los vemos desnudos de perfil, pero no son escenas eróticas. Como tampoco lo es la de Moira secuestrada, masturbándose ante la mirada de su secuestradora.

Factor Diversidad: Para ser una serie británica, no hay mucha diversidad. La ex asistente de Merritt es de origen africano; Martin y el personal médico que atiende a Hardy parecen venir del subcontinente indio.

El mayor exponente de un mundo “exótico” es Akram Selim que irónicamente es interpretado por un actor ruso de origen kurdo. Como saben, Akram es un personaje canon aunque en el libro se llama Assad. En la serie es mayor que en el libro y más misterioso, pero conserva tres características, su humanidad que a ratos choca con el cinismo de Morck; los enigmas de su pasado; y una cualidad que me recuerda a un arquetipo dieciochesco.



A ratos pareciera que viésemos la vileza y absurdísimo de nuestro Occidente a través de los sorprendidos ojos de Akram quién representa un sentido común y una compasión perdida por nuestro mundo. En ese sentido nos lo acerca a los protagonistas de Les Lettres Persiennes de Montesquieu y Las Cartas Marruecas de Jose Cadalso

Un poco extraño que en una serie de Netflix haya poca diversidad sexual. Apenas un policía gay que Rose conoce en la Isla Mohr. Por otro lado tenemos minusválidos y gente en el Espectro por doquier. Como también tenemos un pésimo retrato de las psiquiatras modernas, pero de eso que es parte del pésimo retrato que Scott Frank ha confeccionado de la “mujer empoderada”  hablaré, D-s mediante, en mi próxima entrada