martes, 4 de febrero de 2020

Ana la Postergada: Lo que no vimos en la Tercera Temporada de “The Crown”



En la Tercera Temporada de “The Crown” conocemos a los hijos mayores de la princesa Isabel, pero tanto amigos de la historia como fans de la realeza británica están descontentos con el retrato de la Princesa Ana a la que la serie nos muestra como raisonneur u objeto sexual, sin darle la importancia merecida. Peter Morgan ha situado la acción de la última temporada entre los años 1964-1977. Durante esos años, Anne fue soltera cotizada, novia de ensueño, equitadora olímpica, esposa y madre,  y protagonista de un sonado intento de secuestro. ¿Por qué “The Crown” no nos cuenta estos hechos?

La Más Difícil de la Familia
Siempre se ha hablado de la Princesa Ana como la más “difícil” de La Familia Real. Sir Cecil Beaton, en sus diarios, confesaría que lo más agotador de fotografiar a los Windsor-Mountbatten era lidiar on la pequeña Ana que nunca obedecía órdenes. Ana ha sido acusada de muchas cosas, principalmente de rebelde, de hosca y de llevarse muy mal con la prensa. Lo cierto es que es la más dedicada y trabajadora de los hijos de la Reina Isabel. Es franca, independiente y ama su privacidad. Con eso se entiende que ni anda con zalamerías ni le gustan las entrevistas.
Carlos besando a su hermanita. Fotografía de Sir Cecil Beaton
Ana en sus "años dificiles"(fotografía de Sir Cecil Beaton)

Sabido es que es la niña de los ojos de su padre, pero su relación con Carlos ha sido compleja desde su infancia. La esposa de Michael Adeane contaba que vacacionando en Balmoral fue al bosque en busca de hongos comestibles. Se le ocurrió dárselos a los principitos, Carlos y Ana, para que se los regalaran a su madre. Inmediatamente comenzó una discusión entre los hermanos que acabó con bolsa y hongos en el suelo.

Enfurecida, Anita agarró un látigo y azotó a Carlitos que lloraba a gritos. Atraída por el ruido, llegó Isabel que solucionó todo dándoles una cachetada a cada uno de sus hijos y enviándolos a buscar una escoba para limpiar los hongos. Este cuento muestra la fragilidad de Carlos en contraste con una hermana más impaciente y agresiva. A diferencia de Carlos, Ana nunca sintió que se la trataba con negligencia. Las pullas del padre le hacían coquillas y desarrolló un estilo de conversación acentuada por un humor caustico heredado del Duque de Edimburgo.
Ana y Carlos com su Tía Margarita

En otro sitio relaté esta anécdota como también que Margarita, que entonces servía de algo, se ocupó de la educación básica de su sobrina, vigiló sus deberes, la integró a las Girl Guides, y trajo amiguitas de su edad a jugar con Ana.. El resultado de esta etapa preadolescente es que la princesa creció libre de complejos y de las dudas que atormentaron a su hermano mayor.
La Reina Isabel y la Princesa Margarita con Ana.

Cuando llegó el momento de ir a la escuela, Felipe eligió el internado de Benenden para su hija, pero Ana le dejó claro que no pensaba ir a la universidad. Su sueño era ser una gran equitadora y el Príncipe Consorte decidió ayudarla contratándole los mejores maestros.

Ana se graduó de la secundaria en 1968, pero ya antes los shiperos del corazón la estaban emparejando. A pesar de que, hasta los 18 años, no se le permitió tener citas, solo salir en grupo, la prensa ya hablaba de su cercanía con los Príncipes Hanover, hijos de su tía Sophie, y de las muchas visitas que el heredero al trono sueco hacia a Inglaterra. Por años yo creí que se casaría con Carlos Gustavo. Me alegro de que no lo hiciera, porque él es un mal marido.

A “Good Sport”
A los 18 años, Ana comienza a representar a sus padres y a salir en fotografías de la prensa del corazón. Nunca ha sido bonita, los genes germanos del duque de Edimburgo son más evidentes en su hija que en los hermanos de la princesa. Pero a los 18 años Ana posee una hermosa cabellera, una estupenda figura y se viste de acuerdo con la moda, pero con un estilo propio.

A pesar de sus desplantes es considerada entretenida, deportista, sin melindres ni sensibilidades femeninas. Es lo que los ingleses llaman “a good sport”, alguien que amaba los caballos, hablar de deportes y reírse un rato. Ana prefiere la compañía de hombres que compartan su amor por la equitación y que pertenezcan a la casta militar.

Sin embargo, muchos de los ‘noviazgos” que hoy le adjudican son falsos. Por ejemplo, se dice que su primer novio fue Gerald Ward. En 1968, Mr. Ward, padrino del Príncipe Harry, ya está casado. En cuanto a Sandy Harper solo fue un gran amigo de Ana. Hijo de un criador de ponis, Sandy es el compañero de juego de la princesa. Van a bailar, a comer, a ver carreras. En una ocasión, ambos se dedican a volar a balazos limpio los faroles de la calle. La amistad dura hasta la boda de Sandy en 1971.
Ana y Sandy Harper

Entretanto, a Ana se le ha visto con otros galanes: el Conde Caithnes, el futuro Lord Halifax, Brian Alexander y el Barón Cameron al que ella describe como simpático, pero “húmedo” (“wet” en slang británico significa “aburrido”). El que no es para nada aburrido es Richard Meade, campeón olímpico de equitación. Cuando se les ve demasiado junto, la Reina Isabel interviene. No es bueno para la reputación de Ana ser vista con un plebeyo que le lleva doce años. Isabel prohíbe esa relación y Ana obedece. No es tan rebelde como parece.
Ana y Richard Meade

Sin embargo, el próximo galán es más peligroso y nadie impone prohibiciones. ¿Será porque Andrew Parker Bowles es hijo de amigos de la Queen Mom? ¿O porque como católico no tiene posibilidades de entrar a “la firma”?
Ana y Andrew 

Yo recuerdo fotos, el romance fue público. Pero la prensa era más discreta entonces. Morgan nos ha dado una visión de Ana como una descarada que se acuesta con Andrew para pasar el rato y divertirse un poco. Y así se lo lanza en la cara su familia.

Eso es otra invención. No hay manera de saber si Ana tuvo intimidad con el Mayor Parker Bowles, pero ciertamente no lo anunciaría con ese desparpajo. Ninguna hija de familia lo hubiese hecho en esa época. Sally Badell Smith en su biografía del Príncipe Carlos considera que la relación Ana-Andrew fue breve y sin esperanzas, por lo que no cree que haya sido física.

Tina Brown, periodista de Vanity Fair, discrepa. Según lo que vio y oyó como periodista, Ana si estuvo muy enamorada de Andrew Parker Bowles. Una lástima, porque más allá de la religión, él era un hombre sin escrúpulos y si sedujo a una jovencita inexperta, más encima hija de su soberana, entonces era un canalla.
Diosa Ecuestre
Lo bueno es que, en 1971, Ana está demasiado ocupada para andar llorando por los rincones por un individuo tan poco recomendable. En ese año, y montando el caballo Doublet, regalo de la reina, Ana participa y gana la Medalla de Oro del Campeonato Europeo de Equitación. Es un caso inaudito. Nunca un miembro de la familia real ha alcanzado distinción en los deportes. La BBC nombra a Ana “Figura Deportiva del Año”.
Ana y Doublet

Ahora acapara portadas no por rebelde o por los pretendientes, sino por sus propios méritos. Las chicas la admiran y le copian el vestuario. Comienza a sentar tendencias y a acaparar portadas.  Parker-Bowles es el pasado. 

En los próximos años, Ana seguirá entrenando y compitiendo. En 1975 volverá a ganar medallas en el Campeonato Europeo, estas veces dos de platas.Con tan buena reputación, Ana es incluida en el equipo británico para participar en las Olimpiadas de Montreal en 1976. Es la primera vez que un miembro de la Familia Real participa en ese tipo de eventos. 
Ana y Goodwill en las Olimpiadas de Montreal

Para mucha gente lo principal de Ana ha sido su labor deportiva. nunca la ha abandonado y su mejor logro ha sido criar a su hija Zara para reemplazarla. En el 2006 Zara Phillips (hoy Tyndall) ganó el Campeonato Europeo de Equitación y fue nombrada Personalidad Deportiva del Año por la BBC. Pero Zara ha llegado más lejos que su madre, ganando la Medalla de Plata en las Olimpiadas de Londres.

Ana ajustando la medalla olímpica a su hija.

1972 es un año curioso. La prensa que tiene un olfato especial para esas cosas siente que, aunque a la princesa no se la ve con ningún pretendiente en especial, anda enamorada y esta vez va en serio. A cada rato los periodistas van a importunar al Palacio de Buckingham a preguntar si ya se anuncia un compromiso. A cada rato se les despide con cajas destempladas.

Finalmente, en mayo de 1973, se termina el misterio. La Reina y el Duque anuncian oficialmente la boda de su única hija con el Capitán Mark Phillips. Aunque Ana y Mark se conocen desde 1968, y el corresponde al perfil de hombre (militar equitador) que gusta a Ana, no se les ha visto juntos en público. ¿Como lo han conseguido?

Pues con gran astucia, Ana y Mark han evadido a los paparazis con un método bastante ingenioso. Se han encontrado siempre en lugares privados y las salidas del publico había sido una clase de sagacidad. A menudo, a la princesa se la veía paseando en su autito al que le ha enganchado una especie de casa rodante para transportar caballos. Solo que, en los últimos años, Ana la usa para transportar al novio. La prensa chasqueada nunca la perdonará.
La Boda del Año
Hubo muchas conjeturas de como Mark, totalmente plebeyo, se incorporaría la Familia Real. Un chistoso miembro del parlamento preguntó si se le daría al oficial un título nobiliario, como lo hicieran con Tony Armstrong-Jones y si acaso (aludiendo a como el padre de Mark hiciera su fortuna) se le nombraría “Lord Salchicha de Puerco”.

A todas estas muestras de desprecio Ana y Mark respondieron con gran dignidad. Se negaron a recibir títulos, rechazaron el derecho de sus hijos a llevarlos y costó mucho para que el Capitán Phillips aceptase entrar al servicio de su Soberana-Suegra.

La boda tuvo lugar el 25 de noviembre de 1973. y fue todo un espectáculo no visto desde la boda de Margarita. Una lástima que no la transmitieran en Chile en directo, aunque los noticieros la cubrieron en abundancia. Por eso puedo decir que fue preciosa. 

El vestido confeccionado por la firma de Susan Small era en estilo Tudor bordado con perlas. La novia lucia peinado edwardiano y la tiara de su bisabuela. Se veía realmente linda, y en la escala de novias reales solo es superada por su madre. Se veía más espectacular que Diana.

Un detalle interesante fue que a diferencia de la reina Isabel, Ana no tuvo damas de honor, solo su primita de 12 años, Lady Sarah Armstrong-Jones (quien ocho años más tarde sería dama de honor de Lady Diana) y un pajecito, su hermano Eduardo. El pastel de bodas estaba coronado con la figurita de una amazona en homenaje a la profesión de la novia.

Otra novedad fue que, en el registro civil del enlace, Ana firmó como “Anne Windsor-Mountbatten” siendo esta la primera vez que un miembro de la Familia Real firmaba con el polémico apellido. Perdón que me detenga en tanto detalle, pero me parece injusto que esta boda, que capturó la imaginación del pueblo británico ese año, haya sido menospreciada por “The Crown”.

El Secuestro de una Princesa
Aun así, hay otro episodio que el público encuentra que fue más injusto dejar fuera y ocurrió a menos de un año de la boda. Es la ocasión en que Ana como princesa de cuento tuvo un encontronazo con un dragón armado y ocurrió en marzo de 1974.

Regresando de un evento de caridad, el auto de la princesa fue interceptado por un Ford del cual descendió un demente llamado Ian Bell que se puso a dispararle al auto de la princesa. Jim Beaton, guardaespaldas de Ana, descendió del vehículo e intentó desarmar al asaltante, pero su revolver se trabó. Bell aprovecho de balear a Beaton en el pecho y también hirió al chofer, Alexander Callender.

Bell se acercó al auto y le comunicó a Ana que planeaba raptarla y pedir rescate por ella. Enseguida le ordenó que se bajara a lo que la princesa respondió con un Not Bloody Likely! (¡en buen chileno “¡ni ca…!”) Bell entonces amenazó con rematar a los heridos. Ante lo cual, Ana y su dama Rowena Brassey descendieron del vehículo.
Asi es como el Ford de Bell interceptó el auto de la princesa.

En eso llegó a la escena Brian McConnell, un paparazzi que andaba la zaga de la comitiva, e intentó desarmar a Bell siendo herido en la trifulca. Justo pasó Ron Russell, un boxeador retirado que derribó al secuestrador de un golpe en la cabeza y alcanzó a alejar a la princesa del lugar de los hechos. Atraídos por los tiros, llegaron dos policías. Aunque Bell hirió a uno, el otro consiguió desarmar al secuestrador.

 [Nota aparte: Aparentemente, Mark Philips viajaba con su esposa, pero la mayoría de los recuentos no lo incluyen. No sabemos qué rol jugó durante el intento de rapto. Sin embargo, esta editorial del Daily News habla de que escudó a su mujer del asalto. ¿Por qué hoy no se menciona la participación del Capitán Phillips en ninguno de esas remembranzas?
Algo que desmiente la teoría del “escudo” es que en un documental que pretendía recrear los hechos vemos que Ana está al lado de la puerta y su marido esta hecho un sándwich entre ella y Rowena. No hay modo en que pudiese proteger a Ana. En una entrevista dada una década después del intento de secuestro, Mark recordaría lo asustado que estaba y el shock que le produjo lo ocurrido. Uno no esperaría esas palabras de parte de un militar. ¿Es posible que se haya acobardado ante Bell y su revolver y su mujer haya sido la que tuvo que actuar heroicamente?]


Recreación del intento de secuestro

Ian Bell fue (y permanece) recluido en un hospital mental. Lo demás héroes inesperados recibieron medallas y hasta el día de hoy se admira el valor y presencia de ánimo de Ana que se convirtió en una heroína para muchos británicos aun los antimonárquicos. De ahí que se dice que es “el único hombre de la familia” y “Ana debería ser nuestra reina”. Una lástima que Peter Morgan en su misoginia y odio por la Familia Real, no se sintiese obligado a contarnos un evento tan importante en el momento histórico de la Inglaterra que el tan pobremente describe en su serie.
Ana visita a James Beaton en el hospital

La Princesa y el Guardaespaldas
A pesar de que Ana se merece todo, fue infeliz en su primer matrimonio y eso que desde el comienzo fue ella quien implantó reglas. En la primera entrevista dada después de su compromiso, Ana había prometido coserle los botones al marido, pero en otra ocasión Mark confesó que sería ella quien llevaría los pantalones en la familia.

En un Cosmopolitan de 1975 leí la siguiente anécdota. En una fiesta, Sir Peter Ustinov comentó a la princesa que aún no conocía a Mark. Ana se metió dos dedos en a boca y lanzó un largo silbido. Al segundo llego su marido trotando desde el otro lado del salón.

Mas allá del bochorno de ser convocado con chiflidos como un perro, Mark nunca se sintió a gusto dentro de la Familia Real. A pesar de ser un oficial y caballero, de provenir de una sólida familia militar (aunque su padre hizo fortuna como director de una fábrica de cecinas), y de haber ido a buenas escuelas, Mark nunca fue aceptado por sus parientes políticos. El Príncipe Carlos lo apodó Fog (bruma) por denso y aburrido.

Aun así, estuvieron juntos por más de una década y en 1977 Ana le dio su primer nieto a la reina Isabel. Otro detalle que a Morgan se le escapó. Aunque aquí acaba la parte de Ana que corresponde a la cronología de los Windsor abarcada en la Tercera Temporada de “The Crown”, me parece justo seguir con Ana hasta nuestros días, porque es obvio que a Morgan no le interesa como personaje.

El Capitán Phillips comenzó a pasar más tiempo lejos de su familia. En Nueva Zelanda inició un affaire con una maestra de escuela con quien tuvo una hija (aunque esta historia no se hizo pública sino hasta los 90).  Sola en casa, ocupada criando hijos y manejando su hacienda de Gatcombe Park, Ana también tuvo un romance con su guardaespaldas, el sargento Peter Cross.
Ana y Peter Cross

Aunque Ana nunca lo ha reconocido, hay bastante material y testimonios para asegurar que tal affaire existió.  Cuando Scotland Yard, que provee los guaruras de la Familia Real, se enteró (alguien vio al sargento y a la princesa besándose) retiró a Cross del servicio. Aun así, Ana y él siguieron viéndose.

Según la esposa de Crosse, y otra dama que compartió casa con el mujeriego sargento, Ana lo llamaba casi a diario y dejaba mensajes de parte de “Mrs. Wallis”. Lo más grave fue que la princesa llamó a Cross el día del nacimiento de Zara para anunciarle que ella había tenido una hija. El hecho de que fuese el primero a quien llamaba para dar la noticia ha creado el rumor de que Zara no es hija de Mark Phillips.

En 1984, Cross en un acto muy poco caballeroso, vendió a News of the Worldpor una suma millonaria su versión de los hechos. Dijo que si no había hablado antes era para no afectar su matrimonio, pero ahora que se había divorciado… ¡Yaaa! Confesó haber tenido trato sexual con Ana en un chalet en Sussex que le había prestado un amigo, en la biblioteca de la casa de Ana, ¡y hasta en un camerino de una piscina!

Sin embargo, la imagen que emerge del relato es la de un romance domestico a la antigua. Lo que más hacían era compartir un café en la cocina o pasarse horas abrazados en el sofá viendo tele. Es obvio que Ana necesitaba compañía masculina, no sexo.  Pero la prensa, que nunca la ha perdonado, la hizo picadillos.

Aprovechando que Ana nunca ha dejado de ser amiga de Andrew Parker Bowles se les volvió a relacionar como pareja. También se dijo que Ana había tenido amores con su compadre, el actor Anthony Andrews. Si los tuvo. … ¡Suertuda ella porque estaba guapísimo!
Ana y Anthony Andrews

Ana sobrevivió a toda esa campaña de calumnias con la gran entereza que ha tenido siempre. La necesitaría para el próximo escándalo. En 1989 se hicieron públicas unas cartas que se le había robado a la princesa.

Eran cartas de amor (Ohhh esos tiempos antes del email) escritas por el comandante Timothy Laurence, uno de los asistentes de la Reina Isabel. Aparte de muestras de devoción y promesas de amor eterno, las cartas no contenían nada pecaminoso. Eran solo la revelación de que Ana tenía un amante con el que había iniciado una relación hacía unos meses

En 1992, finalmente Ana y Mark se divorciaron. Ocho meses más tarde, la princesa y su marinero se casaron en Escocia. Esto fue debido a que la iglesia presbiteriana escocesa permite el matrimonio de divorciados y Ana quería boda religiosa. A la boda asistieron los padres, la abuela y el hermano menor de la novia. Zara Phillips fue dama de honor de su madre.

A pesar de que la prensa vive divorciándolos. Timothy y Ana van a cumplir 38 años de casados. El continuó con su carrera naval, alcanzando el grado de vicealmirante. En el 2011, la reina lo nombró caballero por sus servicios en la marina, no por ser su yerno.
Ana y el Almirante Sir Timothy Laurence

Ana y su marido viven en departamentos reales en el palacio de St. James, aunque ella conserva y mantiene la propiedad de Gatcombe Park que es su fuente de ingresos. Aparte de un yate, los Laurence no tienen lujos. Hace años que Ana, aun con su título de Princess Royale, y con todo el trabajo que desempeña para la corona, no recibe dinero del fisco. Todo se lo paga con lo que obtiene de las granjas de Gatcombe Park, y de los campeonatos de equitación y ferias que arriendan parte de la propiedad.

A pesar de que fue víctima de un intento de secuestro, Ana se niega a tener guardaespaldas y solo los acepta en ocasiones en que debe representar a su madre en algún evento público. Es un ejemplo de cómo un miembro de la realeza puede vivir sin gastar la plata de los contribuyentes. A ver si Meghan aprende de “ese ejemplo”.

Como ven Ana, aunque ha dado que hablar, también ha contribuido a La Firma de manera positiva. Lástima que Peter Morgan no lo vea así



jueves, 23 de enero de 2020

Las Novias de Carlitos: Lo que la Tercera Temporada de The Crown Olvidó



La Tercera Temporada de “The Crown” deja a Camilla casada y al Príncipe de Gales con el corazón destrozado, pero eso ocurrió en 1973 y la temporada acaba en el ’77. ¿Tenemos que pensar que Carlos lloraría hasta su boda con Lady Diana Spencer? Medios de comunicación, biografías, y entrevistas con los participantes nos dicen lo contrario. Carlos se consoló rápidamente de su desengaño amoroso. Aun antes del sexto aniversario de matrimonio de los Parker-Bowles, ya estaba encamado con Camilla. Pero antes y después, su mayor esfuerzo sería encontrar una esposa digna del trono británico y de paso,…divertirse. Vamos a ver como conjugó diversión con devoción.


Es más, o menos un consenso entre los biógrafos que entre el rompimiento con Camilla y su boda con Lady Diana, Carlos tendría “algo” romántico-pasional con 25 mujeres. Algunos “algo” serian breves aventuras como la noche de amor que se rumora pasó con Barbra Streisando, otros affaires fueron más largos, pero también sin futuro.
Con Barbra Streisand

Las Escandalosas
Ese sería el caso del romance que Carlos tuvo con Susan George, actriz que había alcanzado la fama con filmes como “Twinky” y “Straw Dogs”. Se sabe que tuvieron un affaire a fines de los 70, pero Susan siempre ha sido muy discreta y no ha dado detalles.
Con Susan George

Otro romance famoso fue con Fiona Watson, que sería muy hija de Lord Manton, pero cuando llenó 11 páginas de Penthouse con su destapada anatomía pasó a tener tantas oportunidades de ser Princesa de Gales como las que tuvo la hija del carnicero local que Carlos “se sirvió” en un sofá en casa de su compañero de polo, Luis Basualdo.
Fiona Watson

Sabrina Guinness seria la heredera de una fortuna cervecera, pero su reputación de ex de Micky Jagger, Bowie y Jack Nicholson, no la hacían muy cotizada por Los Windsor. Cuando Carlos la llevó de visita a Balmoral sus padres la recibieron con sonrisas congeladas, pullas, y la reina la hizo levantarse de una silla porque “ahí se sentaba la Reina Victoria.”
Con Sabrina Guinness


Las Casadas
Aparte de todas estas fulanitas, tenemos también un listado separado de los amores innombrables, ósea las casadas. El príncipe sería muy Defensor de la Fe, pero practicaba el adulterio con el mismo vigor que el polo. De esta lista la más conocida es Camilla. La sigue otra famosa y trágica dama, Lady Dale Tryon. Apodada “Kanga” por el príncipe, esta australiana rubia y pechugona llegó a Londres a conquistar fortuna. Conquistó un marido con un título y a un príncipe.

Con Lady Kanga

Años más tarde, cuando estaba en una silla de ruedas, medio loca, arruinada y roída por el cáncer, Lady Kanga reveló a la prensa detalles de sus amores con Carlos quien cada vez que estaba estresado se dejaba caer en la casa de campo de los Tryon donde se desahogaba con la anfitriona. Kanga, de quien Carlos diría “es la única mujer que me ha comprendido” murió de septicemia antes de cumplir los 50 años.
Lady Kanga antes de su muerte.

Ahora, y en peligro de que se me acuse de difamar, quiero comentar la relación de Carlos y una señora a quien la prensa de 1975 unió en artículos y fotografías, pero hoy pretende ignorar por completo. Me refiero a la intensa amistad de Carlos y su prima Elizabeth de Yugoslavia.  En 1975, se les fotografió juntos asistiendo a varios eventos y la lengua de la prensa del corazón estuvo muy activa con conjeturas.
Con la Princesa Elizabeth de Yugoslavia

Aun así, no había esperanza de matrimonio.  Isabel Karadordevic tenía sangre real, su madre era princesa de Grecia (prima del Duque de Edimburgo), su padre, el Príncipe Pablo, había sido regente de Yugoslavia, pero la apartaban de Carlitos doce años, su parentesco, un torrido romance con Sir Richard Burton en el '74, y lo peor. Aunque separada, Elizabeth seguía casada con su (segundo) esposo y ya tenía tres hijos. ¿Será por eso por lo que ya nadie la incluye en las listas de conquistas del heredero? Solo quedan estas fotos.

Las Fabricaciones Mediáticas
Es interesante que algo que en su día se dio como un romance consumado, hoy haya desaparecido en las brumas del tiempo junto a otras más improbables “novias” de Carlos. Algunas de las cuales ni llegaron a conocer al futuro marido. Me refiero al extraordinario caso de la princesa Astrid de Luxemburgo. Hija del Gran Duque Jean y de la Princesa Josephine-Charlotte de Bélgica, Astrid era guapísima, de sangre azul, seis años menor que Carlos y ya tenía un título de enfermera universitaria aparte de haber hecho una especialidad en enfermedades tropicales en el Congo.

Su primer problema es que era católica. Como nunca se la vio con el príncipe Carlos (yo creo que ni se conocían) nunca se supo que opinaba de conversiones, bodas y tronos. Fue la prensa del corazón y las revistas especializadas en la realeza las que debatían las muchas posibilidades de que Astrid pasase a ser Princesa de Gales.

El acabose fue cuando el Daily Express, el periódico más bochinchero de Reino Unido anunció con bombos y platillos la boda real entre la princesa y Carlos. No solo no hubo boda. Ni siquiera hubo desmentido. Es que todo era tan WTF, pero los shiperos monárquicos somos una peña de porfiados. Con el tiempo se corrió un rumor de que el Papa Pablo Vi había prohibido tal unión (triple WTF?). Por suerte, tanta fábula no afectó la reputación de Astrid que contrajo un feliz matrimonio con otro Carlos, el Archiduque Carl-Christian de Austria, y siguen felizmente casados.

No sería la única loca invención mediática respecto del tema. En 1972, leí en la revista Ritmo que Grace Kelly había anunciado al mundo que su hija Carolina, de catorce años: “Va a ser reina de Inglaterra”. Me quedé de una pieza. ¿Ósea, chao Lucia? ¿Hola Carola?  La revista añadía que la Queen Mom indignada había jurado que su nieto no se casaría con “la hija de una actriz”.

En ese entonces la opinión de la Reina Madre me valía madre. Carolina se veía bonita. Los Príncipes de Mónaco la mandaron a estudiar en Inglaterra. A Carolina le gustaba la equitación como la Princesa Ana. Aun así, nunca se la vio ni cerca de Buckingham Palace.

A medida que pasaban los años su belleza aumentó y los rumores también. Para 1975, Carolina era la It Girl de la realeza europea. ¿Qué más podían pedir los ingleses para reina? El único impedimento es que Carlos ya estaba metido entre Janes y Davinas y no parecía interesado en conocer a la princesa monegasca.

Por fin, en 1977, el Príncipe de Gales se dignó a conocer a quien ya los medios consideraban su prometida. Fue en Paris en primavera, ¿todo perfecto…o no? Carolina era una Wild Party Girl y estaba un poco bebida. Encontró al futuro rey “viejo y aburrido”. Carlos la consideró irritante y muy pintarrajeada. Mas tarde diría que “la prensa nos estuvo casando por años. Bastó una noche para divorciarnos”. Un año mas tarde Carolina se casaría con un viejo aburrido y plebeyo.



Al Príncipe le Llega su Waterloo
Por fin legamos a los “prospectos reales”. Y hubo varias. Menos de un año después de Camilla, Carlos comenzó a verse en fotografías acompañado de Lady Jane Wellesley. Descendiente directa del gran Wellington, hija de un duque (que además era grande de España), parecía destinada a reinar. Sin ser una belleza, sus largos cabellos y su porte majestuoso la hacían una favorita del público.



Caroline-Jane había estudiado historia como Lucía Santa Cruz, pero no poseía ni la diplomacia de mi compatriota ni sabia escuchar como Camilla. Jane tenía opiniones y las expresaba con vehemencia. Era antimonárquica, hoy es tan republicana que no le gusta que la llamen “Lady”. Si Camilla representaba un arquetipo de la rebeldía Sesentera, The Wild Party Girl, Jane era la otra moneda, The Radical Chic.

Jane tampoco creía en el matrimonio. Tenía muchas metas, incluso laborales. Por entonces trabajaba en una galería de arte y vivía sola. Su actitud anti matrimonial la ha seguido hasta hoy puesto que nunca se ha casado.

A pesar de sus muchos amores (uno con un colega que si tenía pareja) no le impedían practicar lo que entonces se conocía como “amor libre”. El Príncipe de Gales pasó muchas noches con ella en la casita de Lady Jane en Chelsea, mientras su guardaespaldas dormía en el auto afuera. En una ocasión la señora de la limpieza lo encontró paseándose por la casa en el albornoz de Lady Jane (y nada debajo).

Carlos quería una esposa. Jane quería trabajar para la BBC. A pesar de que pasó el Año Viejo de 1974 en Sandringham junto a los Windsor y que más de 100 mil personas se acercaron para ver a quien creían iba a ser reina, Jane tomó una decisión y aceptó un empleo con la BBC. Con la prensa, Jane se las arregló magníficamente. Se les plantó brazos en jarra y les dijo “¿De veras creen que quiero ser reina? Yo ya tengo un título”.



Jane llegó a ser una gran ejecutiva, publicó un libro Wellington: A Voyage Through My Family, y es dueña de su propia productora. No se casó ni tuvo hijos, pero si muchos amores. El ultimo ha sido con Anthony Holden, uno de los biógrafos más duros del Príncipe de Gales.

Entre Davina y Amanda
Este Waterloo le demostró a Carlos que Tío Dickie tenía razón. Había que conocer mujeres para saber lo que se buscaba en una esposa. Era un secreto a voces que Mountbatten quería que Carlos, quien siempre lo llamo el abuelo que nunca tuve”, llegase a ser su nieto de verdad.

En 1974, un poco antes de su ruptura con Lady Jane, el Príncipe de Gales había pasado revista a sus primitas. India Hicks era una nena de seis años. Eso dejaba en la palestra a su hermana Edwinna de 17, su prima Joanna Knatchbull, y Amanda, la hermanita de esta, de 16 años. Fue Amanda la elegida.
Lady Amanda Knatchbull

El príncipe le escribió a Lady Brabourne, su madrina y madre, de Amanda solicitando su opinión sobre un futuro enlace. Lady Patricia fue cautelosa. Le recordó al ahijado que Amanda era una colegiala, pero dejó abierta la posibilidad de una relación futura. En lo que Amandita crecía, Carlos volvió a enamorarse…

La conoció en 1975, en una fiesta dada por la mismísima Lady Jane. A pesar de no ser aristócrata (era nieta de Lord McGowan) Davina Sheffield se movía en los mismos círculos que el Príncipe de Gales. Yo odiaba a Davina Sheffield, pero tenía que admitir que era despampanante y con clase.

Rubia, ojos claros, figura perfecta, aire de Olivia Newton- John, era para portada de revista. Además, era tan señorita. Carlos quedó flechado con ella apenas la vio. La invitó a cenar, pero ella se negó porque estaba de novia con James Bearde, el as de las lanchas a motor. Carlos insistió, Davina rompió con Bearde y comenzó otra historia de amor que a Peter Morgan no le interesó mostrarnos.

Aparte de hermosa y discreta, Davina era un ángel. Si hasta había ido a rescatar a huerfanitos de guerra a Vietnam. Todos la amaban, menos el despechado Bearde quien a fue a la prensa y “likeó” todo sobre sus revolcones con la pobre ex.
Davina con bebés viertnamitas.

Si esto se hubiera sabido antes (aquí es donde se necesitaba a un Cromwell o a un Tommy Lascelles), se hubiera acallado con amenazas y sobornos, pero el escándalo fue mayúsculo. La relación no sobrevivió al bochorno, y otra vez, Carlos quedó destrozado.

Es posible que lo haya ayudado a buscar consuelo en Camilla, pero él debía pensar en La Corona y el futuro. Las Camillas, las Kangas servían para escuchar, pero no para reinar. Anna Wallace, la millonaria escocesa apodada el “látigo” (whiplash) podría ser fabulosa en la cama, pero el príncipe quería una madre para sus hijos. Además, Anna tenía una lista de amantes tan larga que la princesa Ana la apodó “The Wallace Collection”. Carlos se dio el gusto de dejarla plantada en el octogenario cumpleaños de la Queen Mum y la escocesa nunca más le devolvió el saludo.
Anna Wallace

Era hora de volver a Amanda, ahora estudiando en la Universidad de Kent. Nadie sabe exactamente cómo sucedieron las cosas y la “novia” nunca ha hecho declaraciones, pero el Príncipe de Gales entregó toda su correspondencia sobre el tema a Jonathan Dimbleby. Así sabemos que en 1978 se estaba preparando un gran tour de Carlos por la India. Este tour estaba planeado para 1980.

Lord Mountbatten quería acompañar a Carlos y llevaría a Amanda que entonces tendría 22 años. El Duque de Edimburgo se opuso al plan de su tío. No quería que la presencia de Dickie, quien había sido el último Virrey de la India, opacase a su hijo. Lord Brabourne, padre de Amanda, también se opuso. Le parecía que la presencia de su hija desataría una campaña de prensa que podría afectar el incipiente romance.

Sin embargo, todo da a entender que el matrimonio era más que una posibilidad. Carlos incluso estuvo en planes de comprar una mansión para vivir con Amanda después de casados. Pero en 1979 ocurrió el horrible atentado que cobró las vidas de Lord Mountbatten, de la abuela y hermano de Amanda y dejó a su padre malherido. Pasado el luto, y después del tour indio, Carlos invitó a Amanda a pasar unas vacaciones con él en el Caribe.

Fue en las Bahamas donde formalmente le pidió matrimonio a su prima, y Amanda lo rechazó. Por las fotos vemos que la estaban pasando bien, pero la tragedia familiar había marcado a Amanda y la había hecho entender lo importante que era llevar una vida normal, lejos de atentados y peligros.

Amanda Knatchbull eventualmente sacó un certificado de visitadora social (también tiene un título en mandarín de la Universidad de Beijing) y dedicó su vida a trabajar con los más vulnerables, ósea niños y ancianos. Su trabajo solo ha sido interrumpido para casarse, en 1987, con el escritor católico Charles Ellingworth con quien tiene tres hijos.

Amanda tuvo suerte y escogió el camino indicado, pero en 1980, Carlos volvía a foja 0. Sería una de sus muchas exnovias quien vendría en su ayuda.

Lady “Cupido” Spencer
En 1978, la prensa que a cada rato ligaba al heredero del trono con alguna encopetada aristócrata añadió a la lista a Lady Sarah hija del Conde Spencer. Las familias eran amigas, los Spencer pasaban mucho tiempo en círculos reales. Sarah tenía un pedigrí admirable, descendiendo no solo de los Spencer Churchill sino también de Carlos II.

Su problema era a) era de todo menos virgen b) sufría de anorexia c) era una alcohólica en receso y d) como se iba a descubrir, tenía una bocaza. Sarah había sido expulsada de su colegio por beber vodka en clase. El gusto por el alcohol no se le acabó y cuando su romance con el futuro Duque de Westminster terminó, Sarah dejó de comer.

Aun así, se veía guapa, pelirroja y alegre cuando se reencontró con el príncipe Carlos en Ascot en 1977. Carlos la había conocido niña, ahora lo impactó su agudo ingenio, y su audacia. Lo que siempre él ha buscado en las mujeres. Sarah, en cambio, vio en él una posibilidad de hacer algo con su vida.

Su primer acto constructivo fue asumir su enfermedad y buscar ayuda en una clínica donde tratasen desórdenes alimenticios. La misma a la que acudiría su hermana años más tarde. Para el otoño, Carlos y ella eran inseparables. Sarah lo llevó a Althorp para presentarlo con su familia, incluyendo a su hermana Diana de solo 16 años.

En febrero de 1978, la feliz pareja se fue a esquiar a Suiza. Una noche en que, por alguna razón, Sarah cenaba sola se le acercaron dos periodistas ingleses James Whittaker y Nigel Nelson. Lo normal es que Sarah hubiese dicho que no daba entrevistas o incluso que se hubiese marchado, pero no se sabe si porque estaba enojada con Carlos, si había bebido, o si fue presa de esos violentos cambios de ánimo que afectan a los anoréxicos, pero dio una entrevista…la peor…

Muy parlanchina, Lady Sarah, habló de sus examantes, de su anorexia, de su alcoholismo. Contó que estaba haciendo un álbum de recortes con toda la prensa que había surgido de su romance: “para mostrárselo a mis nietos”. ¡Epa! Sus nietos no serían de la realeza puesto que como dijo muy enfática la pelirroja ¡no me casaría con Carlos ni si fuese el rey de Inglaterra, ni el barrendero!”.
Con Lady Sarah en Suiza

A la mañana siguiente, Lady Sarah al recordar lo hecho, entró en pánico. Se lo contó a Carlos como si fuera una broma. Él no le vio la gracia al asunto. “Has hecho algo muy estúpido” fueron las palabras con las que terminó el compromiso.

Para Carlos este rompimiento marcó el fin de su búsqueda. Se centró en affaires con amantes expertas como Susan George y Anna Wallace, y cifró sus esperanzas de una familia en su prima Amanda. En 1979, Lady Sarah se casó con su primo Neil McCorquodale con el que ha tenido tres hijos.

En cuanto a Carlos, después que Amanda le dio calabazas, estaba bastante alicaído. Tenía 31 años y el cuento de buscar novia no lo llevaba ninguna parte. En el verano de 1980 aceptó pasar un fin de semana en la country house de Philippe de Pass en Sussex. Una mañana, mientras jugaba polo, notó que otra invitada lo observaba. La reconoció como la hermana de su ex. Así entró Lady Diana a alborotar a los Windsor.

¿Como tomó las cosas Lady Sara? Pues a la prensa le puso su mejor sonrisa. “He sido Cupido” dijo en una entrevista a The Guardian, pero entre sus allegados hay un consenso.  Sarah jamás perdonó a su hermana. Testigos han dicho que mientras ayudaba a Diana a ponerse el vestido de novia le gruñía “Debí haber sido yo. ¡Todo esto debió sucederme a mí!”.
La Princesa y La Despechada

Y ahora que hemos visto a los especímenes principales de la fauna de mujeres del Príncipe de Gales, vienen dos preguntas. ¿Cuál de todas hubiese sido la mejor Princesa de Gales? ¿Y Cuál hubiese hecho más feliz a Carlos? Aunque no lo parezca son dos trabajos diferentes.