Los 70 comenzaron
con esperanzas de tiempos mejores pero también con nuevos temores. La Guerra Fria
parecía haberse acabado, pero Vietnam seguiría hasta 1975. Con el fin del
reclutamiento forzado en 1973, parecía acabarse el prospecto de ir a morir en Indochina,
pero las muertes entre adolescentes y sus ídolos seguía aumentando por el uso
de drogas. Y un escándalo político acabó con la poca confianza que los jóvenes
tenían en el gobierno.
Política
Exterior/Caos Interior
Las conferencias
de paz en Paris se veían provechosas a comienzos de Los 70 y en 1972, el ejército
estadounidense se retiró de Vietnam. La guerra acabaría oficialmente en 1975
con el abandono de la embajada y ultimas tropas en Saigón, pero ya no morían
chicos americanos en el conflicto ni temían ser enviados a Asia a morir o a
volver inválidos a su país.
En 1973, se dio
termino al servicio militar obligatorio y al reclutamiento. Los jóvenes no solo
se sentían liberados de un gran miedo. Al haber protestado contra la guerra,
sentían que tenían una responsabilidad y un poder político que no podían desperdiciar.
El rebaje de la edad de votación en 1971, de 21 a 18 años, reforzó este poder.
Para su relección
(una victoria impresionante), Richard
Nixon estaba en su mejor etapa . Sus genuinos esfuerzos por acabar con La
Guerra de Vietnam, su objetivo de acabar con la carrera armamentista que lo
llevaron a visitas improcedentes a Moscú y Beijing que presagiaban el fin de La
Guerra Fria, lo hacían un adorado de los estadounidenses pacifistas.
Entonces cayó la bomba.
Bob Woodward y Carl Epstein, un par de reporteros del Washington Post,
expusieron en una serie de artículos como los republicanos habían intervenido
con micrófonos los cuarteles del Partido Demócrata en Washington. Todo comenzó
cuando el FBI iniciase una investigación debido a denuncias de documentos
robados de la sede del partido.
Esto llevaría una
indagación más compleja que destaparía conspiraciones para hacer desaparecer
evidencia que incriminaba a altos personeros del gobierno. Extorsiones, amenazas
y otros delitos se iban acumulando. .Los reportajes de Woodward-Bernstein
cristalizaron en un libro All the President’s Men en junio 1974, pero
para entonces el país entero apuntaba con dedo acusador a Richard Nixon y a su
administración. En agosto 1974, el presidente dimitía su cargo.
Como si estos
sucesos no fuesen suficientes para poner en shock a la nación, la economía se
vino abajo debido a factores externos. La OPEC , en castigo por el apoyo de Occidente
a Israel, elevó los precios del petróleo y disminuyó la entrega del
combustible. En E.E.U.U, la carencia y carestía de la gasolina provocó
larguísimas filas en las gasolineras y fue un duro golpe al bolsillo del
americano y a la economía del país.
Modas Eclécticas
de La Era Nixon
A comienzos de la
década, si de algo se podía preciar el país era de su moda, variada, colorida e inclusiva en su aprecio a lo
étnico. Daba la impresión de que una chica podía tratar su guardarropa como se
trataba todo en una sociedad en calma y llena de posibilidades.
Jacqueline Susann
nunca escribió para adolescentes, pero su novela de 1973, Once is not Enough
(Una vez no basta) es un reflejo de las modas y maneras de pensar de los
jóvenes de entonces y vale mencionarla. Tal vez porque fue la novela favorita
de mi primera etapa de adolescente y tuvo una tremenda influencia en como yo no
caí en los errores de la protagonista. No que ni siquiera tuviéramos un punto
de referencia en común.
La trama se
centra en January Wayne, una Hollywood Baby, obsesionada con su padre un famoso
productor de cine. January se la ha pasado en un internado soñando con el día en
que pueda compartir la vida de Mike. Solo que apenas graduada de secundaria
sufre un accidente que la deja en coma por años.
Kirk Douglas (Mike) y Deborah Raffin (January) en la adaptación de Una vez no basta
Cuando retorna a
la vida real tiene veintiún años, pero ha perdido su juventud y es tan ingenua
e inexperta como si todavía tuviera 17 años. Al caer en medio del mundo de los
ricos y famosos, January vive una pesadilla rodeada de gente manipuladora que
busca aprovecharse de ella.
Tiene una amiga (creo
que todos la tuvimos) que busca iniciarla en los secretos de alcoba que debe
saber y emplear toda mujer moderna. La
pobre January pierde su virginidad de manera desastrosa con un playboy que solo
busca su dinero, y acaba en una relación disfuncional con un hombre mayor que
la abandona cuando más lo necesita. Incluso su primer cigarrillo y su primera
borrachera son ecos de lo que una quinceañera viviría con esas experiencias.
La muerte del
padre sumerge a January en una crisis que la lleva a una noche de drogas y sexo
grupal, tras la cual desaparece. Tanto la policía como el lector creen que se suicidó.
Eso de crear un destino incierto para la heroína asemejaba la tragedia de
January a la de la diarista de Go Ask Alice un bestseller sobre una
jovencita y su caída en las drogas que causó sensación y polémica en 1971.
Una vez no
basta sigue siendo un documento
histórico en su reflejo del mundo neoyorquino a comienzos de Los 70. Desde el
jet set , el periodismo tipo Cosmopolitan
, el teatro y hasta el crimen, el libro está lleno de datos que me prepararon
para vivir en Nueva York con alusiones a sitios de interés, restaurantes e
incluso productos de comida. Así yo ya tenía ganas de beber 7-up antes de
llegar, pero uno de los mayores méritos es su exposición del eclecticismo del
vestuario de 1970.
En el primer
capítulo, January viene a Nueva York, casi recién salida de la clínica suiza
donde ha estado internada. Carga un mínimo equipaje de prendas adquiridas a
último minuto en Zurich puesto que su antiguo vestuario corresponde al de 1968.
Al llegar al Aeropuerto Kennedy le pregunta a su padre qué visten las chicas de
Los 70s. Ha notado en el avión diferentes largos de falda y se asombra al ver
pasar a una muchacha disfrazada de nativa. Mike, su padre le explica que no se
trata de una actriz ni un disfraz.
Para el tercer capítulo,
y después de recorrer las boutiques de la Quinta Avenida, January sigue confundida. La dependienta de Bergdorf’s
le dice que la mini esta Out y la midi es lo In, pero en la calle se encuentra
con micro minis y maxis ( las describe como “faldas largas de abuelita”). Para un viajero del tiempo como ella es una
revolución, hoy nos parecería lo más normal. Pero para la jovencita promedio que
no vivía cerca de las tiendas de Manhattan o no tenía el dinero para seguir
todas las tendencias, los dictados de la moda setentera presentaban desafíos y
al mismo tiempo oportunidades para expresarse a través de su guardarropa.
Lo que January compró
en Zurich fue un traje-pantalón que ,aunque le faltaba unas décadas para
convertirse en “Power Suit”, ya se había convertido en tenida “formal”. Los fabricados
en ante/gamuza/suede estaban en boga a comienzo de Los 70 sobre todo los
con motivos navajos o de otras etnias nativas. Las chaquetas eran un poco más entalladas
y se puso de moda veraniega unisex las “safari” en algodón, lino, drill o
popelina, con muchos bolsillos y diferentes cinturones.
Los pantalones
tuvieron una evolución total en los primeros cuatro años de la década. De muy
ajustados y acampanados por dejado de la rodilla. En 1973 se ampliaron en
imitación de los pantalones de Los 30 y 40 haciéndose un poco bolsas de la
cintura al tobillo. Venían en lana escocesa para el invierno. ¡Yo
llegué con uno horrible a Nueva York en junio! (era invierno en Chile).El
estilo bell bottom o “pata de elefante” como lo llamábamos en Chile continúo
por varios años exagerándose hasta el punto que cubría o sobrepasaba el zapato
y era horrible con tacones que desgarraban los dobladillos.
Otra aportación
de Mary Quant fueron los horribles hot pants. Estos shorts, más cortos
que los formales, se pusieron de moda en 1971 dejando de ser una prenda para
deportes o picnics y convirtiéndose en parte del guardarropa. Incluso, en satén
o terciopelo, eran atuendo para la noche. La muy tímida podía usarlos con una
falda abotonada adelante que la dejaba lo suficientemente abierta para admirar
los pantaloncillos.
He hablado en
otro sitio de la guerra entre mini, midi y maxi. La midi la ganó en la Era de Nostalgia (1974-1980) y la
minifalda no retornó sino hasta 1981. Había una discrepancia entre que usar con
la midi. En general se preferían las botas de charol o gamuza y acordonadas por
delante. Sin embargo, en 1970 ,Yves St. Laurent en su obsesión con revivir Los
40, impulsó un retorno a los utilísimos zapatos de plataforma.
Aunque esos
tacones chinos serian motivo de burla―se decía que una chica que quería
suicidarse solo necesitaba saltar de sus plataformas―se podían usar con todo
tipo de ropa y venían en todos los estilos: alpargatas, sandalias, botas y los
zuecos que los hippies habían impulsado. Las suelas se hacían o de madera o
corcho. Yo tuve de ambos y eran geniales para usar con pantalones acampanados.
Tantos estilos
diferentes permitían que las chicas que tenían una madre modista o sabían coser
se creasen ropa adaptada su personalidad, pero aun yendo de compras se podía
encontrar en tiendas de departamentos de malls ropa a la moda y barata. El
polyester se volvió un material de moda favorito de los chicos incluso para los
trajes de varones que, copiando la moda y artistas afroamericanos, los usaban
en colores pastel o de neón.
El problema es
que era un tejido casi tan ajustado a la piel que a la vista moderna se ve casi
ridículo. “A punto de estallar” dijeron mis alumnos de Los 80s cuando les puse
un filme de quince años antes. Agréguenle que en blusas femeninas, en una época
en que el feminismo declaró la guerra a los sujetadores, provocaron más de un
bochorno.
BIBLIOGRAFIA
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