Nos gusta creer
que la música disco fue inventada por la Fiebre de Travolta. Es cierto que el
filme fue un excelente vehículo de propaganda para ese tipo de baile. Es cierto
que fue instrumental en la creación de Studio 54, la glamorosa discoteca del
Alto Manhattan. Pero el sonido y el baile que asociamos con la palabra “disco”
nacieron mucho antes. Tal como otra corriente musical muy en boga en los 70, el
country.
La Era de Soul
Train
Se dice que el
disco fue parte de la subcultura gay. Parte
de eso es verdad y su mejor ejemplo son
los Village People. La realidad es que la música disco es una combinación de
sonidos afroamericanos como soul, rythm and blues y funk. Sino hubiese ya existido
una afición por ese tipo de baile, Saturday Night Fever no hubiese
debutado en el ’77.
Se dice que la
Era Disco nació con el “Hustle” Yo digo que antecede a ese baile, basta ver esta presentación de Lou Rawl sen Soul
Train, en 1973. Los bailarines del trasfondo ya hacen movimientos que
podemos asociar con el Hustle.
Soul Train fue la gran plataforma de la música y el
baile de la Era Disco. Nació como una respuesta a programas blancos (como Bandstand
) en un canal local de Chicago. Fue la creación de su animador, Don Cornelius, quien lo sindicaría en varios canales de la
nación. En 1975, lo encontramos en WPIX (canal 11) en Nueva York.
Todos los sábados
en la mañana se podían ver y oír a máximos exponentes del pop afroamericano
cantando para que bailaran sus hermanos de raza. Como los músicos negros
lideraban Billboard en los 70s, la audiencia era de todos los colores que
gozaban de la música, aprendían nuevos pasos de baile y copiaban modas.
Ya para entonces
los músicos afroamericanos eran árbitros de la moda. Antes que Travolta, ya
habían resucitado trajes de tres piezas blancos o en colores vibrantes como salmón
o lavanda. Los combinaban con camisas estampadas y los zapatos con tacón de
plataforma para varones. Todo acompañado de muchas cadenas y lentes de aviador
con marcos de color.
Soul Train duraría hasta este siglo, trascendiendo
la muerte de Don Cornelius (1995), su
legendario presentador. Yo me aventuraría a decir que Soul Train ayudó a
promover la música y el baile de los 70. Un baile que volvía a involucrar una
pareja, y a tener contacto entre bailarines aunque fuese asirse de las manos.
El baile disco se
manifestó bajo diferentes nombres: El Continental; El Watergate (¡en
serio!) y el vulgarísimo Bump que te dejaba las caderas magulladas. Al final
todo baile disco cayó bajo el nombre genérico de ”The Hustle” Aunque el Hustle latino
fue inventado por jóvenes newyoricans a comienzos de los 70 ,se asoció el
baile con el tema de 1975 de Van McCoy. Ahí notamos que se trata de una
variación moderna de los bailes de salón del pasado. Así lo vemos en Fiebre
de sábado… donde leo que se inventó otra variante, el “Tango-Hustle”.
Aunque la música
disco tuvo principalmente un sonido afroamericano con conjuntos como Kool and
the Gang y solistas como Gloria Gaynor y Paty Labelle con su risque “Lady
Marmalade”, también tuvo voces blancas, como los Bee Gees, KC and the Sunshine
Band e incluso voces europeas como la alemana Boney M. con su “Rasputín:” y los
suecos Abba. Una ironía es que “La Reina del Disco”, Donna Summer, encontró la
fama en Hamburgo antes de cruzar el Atlántico.
A pesar de su
tumultuoso éxito, el sonido Disco estuvo bajo ataque constante. Los fans del
rock se indignaban ante la popularidad de una música que consideraban sin alma
y “sin raíces”. Por otro lado, se asociaba el disco con delincuentes, gays y
gente de color o de baja extracción.
El Sonido de
Nashville
Anteriormente, mencioné
el renacimiento de la música folclórica americana con la canción protesta. La
música country ha existido desde antes de George Washington, pero en los 70 y
80 adquirió una popularidad que trascendió el nicho del Sur y del Gran Ole Opry,
incluso del “Nashville Sound”.
La cultura Country, trascendiendo la música, se convirtió en parte del zeitgeist, primero por un presidente sureño Jimmy Carter y luego por un retorno a un conservadurismo que abrazaba todo lo que fuese americanismo. Mas o menos lo pisoteado durante las rebeliones de Los 60.
En resumidas cuentas, si la canción-protesta viraba hacia políticas revolucionarias de izquierda, el auge de la música country era un elogio a valores tradicionales estadounidenses, vamos era de derechas. Por eso la guerra anti-disco tenía por un lado a rockeros punk, y una New Wave revolucionaria y en la otra acera iban cowboys y hillbillies que se bajaban del caballo para hacer bailes de línea y square dancing que se remontaban al bazar de Atlanta donde Scarlett O’Hara se atrevió a abandonar el luto para ser la reina del cotillón en la pista de baile.
La pregunta es si
los teenagers quisieron participar en esta competencia. La respuesta es afirmativa.
Para chicos que vivían pendientes del prom y otros bailes escolares o que
querían impresionar en su primera cita ,el disco era la oportunidad para andar moviendo
el dedito en el aire como Travolta y hacer contorsiones arriesgadas o
simplemente tener la oportunidad de bailar más juntito a la pareja.
La música country
era otro cuento, aunque su modo de bailar era tan elaborado como el Hustle, había
algo anticuado en el sonido y las letras. Para el adolescente que era presa de
la nostalgia trend de la época esto no presentaba problemas. Era diferente para
el chico urbano de California o del noreste de USA que gustaba de lo novedoso y
diverso. A pesar de que John Denver cantaba “I’m a Country Boy”, era difícil para
el adolescente promedio y citadino acercarse a algo que olía adulto y viejo.
Sin embargo la
música country si supo llegarles. Fuese gracias a una fusión disco-country como
las “Southern Nights” de Glenn Campbell
o baladas románticas como el “Blue Bayou” de Linda Rondstad que ya era una
cantante pop establecida.
La realidad es
que los astros del género country eran mayores de treinta años. Los casos de
Loretta Lynn y Kenny Rogers , los doyenne de la música country son más graves,
puesto que hablamos de la generación de los padres de los adolescentes
sesenteros y ni toda la ola de nostalgia los haría escuchar música de abuelitos.
El escenario cambió gracias a estrellas jóvenes como la hermana de Loretta,
Crystal Gayle, que con su exitazo “Don’t it Make My Brown Eyes Blue” trajo una
onda juvenil al country.
Por otro lado,
cuando se cansaban de bailar, muchas chicas escuchaban las letras de “Jolene” y
”Here You Come Again” que aunque escritas e interpretadas por una matrona como
Dolly Parton eran comprensibles para quienes estaban ya viviendo romances
complicados.
Las letras
también atraían el interés de los varones, sobre todo si había un cuento detrás
de ellas. Por ejemplo “Mamma, Don’t Let
Your Babies Grow Up to Be Cowboy” de Wayne Jennings, o el relato fabuloso de
Charlie Daniels “The Devil Went Down to Georgia” con su fantástico duelo de
violines. El violín y la guitarra acústica eran instrumentos primordiales de la
música country.
El Auge de la
Cultura Country y Los Años de Carter
Georgia estaba en
la mente de los estadounidenses en 1976, el gran año del auge country. La razón
tenía nombre y apellido, Jimmy Carter. Después de una abrumadora victoria,
Carter había devuelto a los demócratas a la Casa Blanca. El ex gobernador de
Georgia era más sureño que el tejano Lyndon Johnson y parecía representar
valores tradicionales a la vez que traía su historia de pobreza y de cómo había
hecho su fortuna cultivando cacahuates. Todo eso capturaba la imaginación
estadounidense, incluyendo la de los más jóvenes y principalmente los del Sur.
El tema estaba en
el cine. De la espeluznante Deliverance (1972) se había pasado a Nashville (1975), la vision de Robert Altmann del negocio de la musica country que amerito un Oscar para la mejor cancion, "I'm Easy" interpretada por Keith Carradine. Por otro lado la
tercera versión del clásico hollywoodense A Star is Born (1975),puso en el rol del marido alcoholico de Barbra
Streisand a Kris Krisofersson , una estrella country de la vida real que
protagonizaría también otra épica sureña Convoy.
Otros éxitos de
taquilla incluyeron la franquicia Smokey and the Bear que sería una
inspiración para la célebre serie de televisión
The Dukes of Hazzard y el cowboy por antonomasia, Clint Eastwood,
aceptó convertirse en camionero y cargar
con un orangután vivaracho en la comedia
Any Wich Way But Loose que inspiraría otra serie de televisión B.J.
and the Bear donde el oso era un chimpancé y BJ era un ex prisionero del Hanoi
Hilton ahora convertido en camionero. Esta serie aporto otro Teen Idol para mi
colección: Greg Evigan.
La televisión decidió
aprovechar esta moda y poner a Georgia como escenario de varias comedias de situación.
En 1977, la ABC lanzó Carter Country que usando la premisa de Al
calor de la noche, giraba en torno de
un policía neoyorkino afroamericano educado, que no se dejaba atropellar y que decidía
ir a investigar a un pueblo sureño.
Aunque la serie pretendía satirizar el racismo sureño(incluyendo al Klan) no le
hizo gracia ni a los del Sur ni a los del Norte. En realidad no era cómica así
que nadie la extrañó cuando la cortaron en la segunda temporada.
Un poco más
popular fueron The Misadventures of Sheriff Lobo, con Claude Akins como
un sheriff de un pueblo de Georgia que a ratos es más delincuente que los que
persigue. En la segunda temporada―ahora llamada simplemente “Lobo”― el
sheriff y sus ayudantes son trasladados a Atlanta. No le sirvió de mucho y la
CBS la cortó en 1981.
Los Duques de
Georgia y El Villano de Dallas
La única serie
georgiana que tuvo éxito entre el público adolescente fue The Dukes of Hazzard
que combinaba humor y acción con sus personajes que ,aunque campesinos y un
poco delincuentes, eran guapos, valientes y estaban en contra de enemigos
mayores. Tom Wopat y John Schneider eran los primos Duke. Tanto Luke, el ex Marine y boxeador, como Bo (Schneider), el ex corredor de autos, estaban bajo libertad
condicionada debido a contrabando de licor, y con ordenes de no salir del
estado de Geogia.
Lo que exasperaba
a los primos es que los que los habían apresado eran el corrupto político Boss Hogg yRoscoe Coltrane, su sheriff-achichincle. En revancha, se dedicaban a luchar contra
la dupla deshonesta y defender a los más débiles. Como no tenían permiso de
cargar armas, portaban arcos, flechas y cargas de dinamita. Su empresa los tenía
siempre metidos en tremendas carreras de autos y acrobacias de su vehículo-mascota
El General Lee, un Dodger Chrysler. A veces eran auxiliados por su prima Daisy
Duke (Catherine Bach), camarera en el bar local y su tío Jesse .
La serie se
volvió la más popular de Estados Unidos, llegando a ocupar el segundo lugar de
la más vista por la nación, solo superada por otra serie “sureña”, Dallas. Los chicos, sobre todo John Schneider fueron
Teen Idols por las siete temporadas que los Duke condujeron al General Lee en
sus misiones justicieras. Catherine Bach, gracias a sus mini shorts, se volvió un
símbolo sexual.
La serie también tenía
una misión sutil , cambiar la imagen negativa del Sur. Los Duke con sus flechas
y dinamita limpiaban la imagen de los moonshiners
(fabricantes y contrabandistas de licor), demostrando que la corrupción del Sur
provenía de clases altas y no de la gente más simple. Era una visión de la
cultura sureña mucho más simpática y atractiva que la presentada por otras
series, a pesar de que también era espejo de conceptos como el mito de la Causa
Perdida, por algo su auto se llamaba “General Lee” y el jeep de Daisy obedecía
al nombre de “Dixie”.
La ABC tuvo una
idea estupenda, hacer un maridaje entre dos series “sureñas” poniendo back-to-back a Los Dukes
de Hazzard y Dallas los jueves por la noche. La combinación fue
explosiva. Dallas traspasó su rol de soap opera nocturna para
convertirse en un fenómeno , la más vista en América. Ayudó a crear una visión
interesante de Texas con una familia ganadera los Ewing y el villano J.R. Ewing
el magnate petrolero, que hacía negocios globales desde sus oficinas en Dallas.
Con el tiempo,
J.R. se convertiría en el personaje favorito de la serie. A pesar de sus
perrerías, implantó un interés que dura
hasta hoy en los millonarios, sus negocios turbios y el modo en que ejercen su
poder. A mí nunca me gustó Dallas, lo más cercano a una adolescente en
esa serie , Lucy Ewing (Charlene Tilton), era un poco calzón suelto para identificarme
con ella. En cuanto a J.R. nunca pude despegarlo del Mayor Nelson, el “amo” de Mi
Bella Genio. Eso no quita que fuese un modelo, fantasía e ídolo hasta de
adolescentes.
La Moda
Vaquera
Algo que influyó
en la cultura popular fue el vestuario de J.R. Desde sus bufandas de seda hasta
sus botas eran admiradas por un público masculino que asociaba el guardarropa
del antihéroe con una imagen de hombre exitoso y poderoso. Sin duda que la prenda
más famosa del atuendo del petrolero era su sombrero, o sombreros, ya que
poseía una colección. El Stetson se convirtió en lo más copiado del look J.R. y
mi hermano, en la universidad, usaba uno
para cubrir su kippah.
Al hablar de la
ropa de J.R. nos lleva a la influencia country o “Cow Girl” en el vestuario de
las jóvenes de los 70. Yo diría que ese look entre el Prairie Boho (Boho
de la pradera) de Las Ingalls y el look retro de soleras y jardineras de los
40, fue el favorito de las jovencitas setenteras.
Se usaban telas
decimonónicas como el cuadrillé (gingham), el calicó y sobre todo la
mezclilla que ya no era solo para pantalones sino también para faldas y
vestidos.
Laura Webber
Spencer fue muy parcial a ese look “pionero” con blusas de mangas abullonadas
(yo tuve dos) y vestidos estampados muy estilo Country.
Parte del look de
las vaqueras eran las aplicaciones de tela sobre las faldas de denim y los
volantes en las faldas fueran de mezclilla o tela. Para ocasiones más formales
se cosían bandas de encaje al borde de las faldas creando una impresión de
enagua.
El ultimo
complemento del vestuario de una cowgirl eran los botines de media caña con su
cómodo tacón ancho, hechos en cuero o ante. Yo tuve un par de gamuza beige con
aplicaciones de cuero del mismo tono.
El look country, cómodo y llamativo continúo a
través de los 80 y hasta hoy, Servidora, incluye un par de faldas de mezclilla
en su guardarropa de anciana. En los 80s firmas como Gunnar Sachs, Jessica
Mclintock y hasta Laura Ashley siguieron con ofertas de esa moda que combinaba
la simpleza campesina y el romanticismo de las pioneras del Far West.
BIBLIOGRAFIA
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