miércoles, 30 de septiembre de 2026

“¿De Las Tres Zorras, Quien es mi Madre?” Lace y el tropo de la busca-madre . (Miniseries del ayer)

 


Después de hablar del Último Descapotable, toca pasar a una vertiente diferente: la hija que busca a la made que la abandonó. Ese es el tema, entre otros,  del superventas Lace de Dame Shirley Conran, The Sisters of Alameda Street de Lorena Hughes, y la miniserie turca Cartas desde el pasado que puede ver por Netflix.

Cuando vi esta última me atrajo la presencia del tropo y la idea de una hija buscando a su madre en un grupo de mujeres. Pensé que se parecía a Lace, pero noté que me equivocaba. A la que se parece es a la novela de mi Beta. ¿La habrá leído Rana Denizer, la escritora (la misma que escribió El Club)? Debido a que “betee” The Sisters... sé que la autora quería trabajar con una variante de Lace, una miniserie que provocó mucho revuelo en Los 80, casi tanto como la novela  de Conran cuyas escenas y tramas sexuales llegaban a ser escabrosas.

Ni “Cartas” ni “Las Hermanas” son escabrosas, tampoco lo es la adaptación de Lace que como The Last Convertible va al grano con la interrogante. Comenzamos la serie con las tres posibles madres de Lili yendo a una reunión en una suite de hotel neoyorquino y a Lili (Phoebe Cates) que aparece vestida de blanco y les espeta “Which one of you bitches is my mother?”



Las Candidatas a ser “La Bitch”

El el libro toda esta mis-n-scene es precedida por un semi prologo donde Lili, de 13 años, es sometida a un aborto en un sitio cochambroso. Es la manera de Conran de mostrarnos el sufrimiento de Lili y el motivo de su odio hacia la madre que no la protegió. Tal como Ron en The Last Convertible culpa a quien cree su padre biológico por su terrible experiencia en Vietnam y por su posible incesto,  Lili culpa a una madre desobligada por todos los horrores que ha vivido,

La diferencia es que George Virdon alcanza a contarle a su ahijado la verdad. Lili no se entera de los detalles que precedieron a su concepción o que siguieron a su nacimiento. Estos le llegan al lector y al espectador gracias a los flashbacks de las tres (cuatro en el libro) posibles  madres de Lili.



Las candidatas a ser “la perra” son Maxine (Arielle Dombasle),una condesa francesa; Judy (Bess Armstrong) la reconocida periodista y editora de la famosa revista “Lace”;  y la filántropa Lady Pagan Swann (Brooke Adams). En la miniserie,  Lili ha tenido encontronazos con las tres en el pasado: seduciendo al hijo de Maxine (que podría ser su hermano, esta historia roza el incesto varias veces), rivalizando en amores con Pagan por el exótico príncipe Abdullah y con Judy por motivos profesionales.

Estas mujeres, que fueron intimas amigas en un internado suizo, ignoran que Lili ha empleado su dinero para contratar detectives que busquen a su madre y que dieron con Hortense (Dame Angela Lansbury), la tía de la condesa, que estaba a cargo de la manutención de la bebita. Algo que ocurrió hasta que la pequeña Lili desapareció en la Revuelta Húngara del ‘56 en el libro (o en la Alemania del Este en la serie). Eso ha permitido a Lili centrar su investigación en cuatro mujeres en el libro y tres en la serie.



En el libro que tiene lugar a fines de los 40, dos adolescentes inglesas Jennifer “Pagan”  Trelawney y Kate, son amigas desde que estudiaron juntas en Londres. Ahora están en La Hirondelle un internado para señoritas donde se les une una francesa gordita, obsesionada con hacer dieta. En un paseo conocen a Judy Jordan, una chica americana que trabaja de camarera en un hotel para pagarse sus estudios. Esas son (en el libro) las posibles madres de Lili.

En la miniserie, además de cambiar la cronología, y situar el nacimiento de Lili a a inicios de Los 60, hacen desaparecer a Kate considerándola muy aburrida. Judy es una americanita adinerada que sueña con ser escritora, y que estudia en el mismo internado. Aunque la novela  vive conjeturando quien es la posible madre de la actriz, hay una abundancia de flashbacks por parte de las candidatas que recuerdan sus esfuerzos por ser felices, sus malos amores, matrimonios, adicciones y carreras.

                              Las tres futuras "zorras"

Los flashbacks aquí son tan importantes como  en The Last Convertible, Cartas desde el pasado y The Sisters of Alameda Street. La diferencia es que tanto en Lace como Las Hermanas y la miniserie turca, es solo el lector el que conoce la tragedia que lleva a una mujer a abandonar a su hija. En Lace, la pequeña Lili ha sabido  que su madre vela por ella, que la gente con quienes vives son sus cuidadores y que algún día se reunirá con quien les dio la vida.

Cuando mueren los cuidadores de Lili y ella queda en la miseria, condenada a un infierno de abusos, es cuando se amarga. Decide vengarse, no solo de su madre, sino de las cómplices de esta que fraguaron el juego de que todas son “Lucinda Lace”, la supuesta progenitora de un bebé que nunca les es real. Esa es la diferencia de Lili con Elif de Cartas.. y Malena de The Sisters…



El Viaje de Malena

Malena, una estudiante de enfermería en el Ecuador de 1962, ve su apacible vida interrumpida cuando su padre intempestivamente se suicida. Revisando los papeles del muerto, Malena se lleva una sorpresa, una carta escrita por su madre biológica. La desconocida solo le da a la hija abandonada tres pistas: el pueblo andino de san Isidro, una dirección en la Calle Alameda y que su nombre inicia con “A”.

Armada con estos datos, Malena llega a la Calle Alameda, la antigua mansión de la Familia Platas, dueños de la joyería del pueblo. Su primer encuentro es con Ana Platas, la actual dueña de casa. Casada, madre de dos hijos, esposa tradicional,  justo espera a Lili, la díscola hija de una amiga que es enviada a ese pueblo a curarse de un mal amor.

Ana confunde a Malena con Lili. Malena confunde a Ana con su verdadera madre, pero a la hora de la cena Malena-Lili conoce a Amanda, hermana de Ana, viuda elegante, guapa y poco convencional. Cuando Malena intenta organizar sus pensamientos aparece Alejandra, otra hermana, vestida de pantalones, sin maquillaje, Alejandra es silenciosa, distante, solo sabemos que es quien diseña las joyas de la orfebrería familiar, pero por ser mujer no puede quedarse con el crédito de su obra.




Malena ahora está en una situación espinosa, debe decidir cuál es la mejor candidata para haberle dado la vida mientras intenta cumplir con su rol de Lili y evitar ser descubierta. (Para colmo, se entera que hubo una cuarta hermana, la hoy difunta Abigail). A medida que la novela avanza, a partir del capítulo 7, entran los recuerdos de las hermanas que alternarán con la investigación de Malena (ayudada por un diario semi quemado de Abigail) y la vida que lleva en San Isidro, la gente que conoce e incluso su romance con un hombre comprometido.


De esta manera, tenemos varias tramas que agilizan la novela, proveen nuevos misterios y hacen que el lector se involucre tanto con Malena como con Las Hermanas Plata. La maestría de la autora está en no enredarnos aunque a ratos nos frustremos, como Malena, al cerrarse la posibilidad de encontrar a su madre.

Los Alumnos de la Maestra Fatma

Eso es lo que no supo equilibrar la escritora y directora de Cartas desde el pasado. A pesar del prestigio de Rana Dinazer esta trama le ha salido tan descuidada e incomprensible que hasta en Turquía la han criticado.

Elif una chica de 20 años de la que sabemos muy poco (y seguimos sin saber) aparte de que le gusta la música y toca la guitarra, ha crecido casi sin preguntas sobre el pasado de sus padres. Ha aceptado el cuento del padre ausente, feliz de ser criada por Fatma, una maestra retirada y que paulatinamente va perdiendo la memoria. Esa es la única tragedia que afecta la vida  de Elif que, como Malena, no se imagina la crisis que se avecina.

                Fatma en la casa de reposo

Luego que su madre es internada, Elif intenta ordenar su papeleo y se encuentra con una serie de cartas que nunca fueron enviadas y, como Malena, encuentra una abierta, escrita por su madre biológica. Así descubre que su verdadera madre es una antigua estudiante de Fatma. Ahí la historia se desordena.



Vamos conociendo a los miembros del “Club Literario” de Fatma,  estudiantes de una escuela elite de Estambul. Ellos son la bella y millonaria Seda , que todos desean, pero que está involucrada en un misterioso romance que solo se sabe es con un hombre prohibido; Mert, el equivalente al capitán del equipo de futbol en los Teen Drama americanos, el casanova arrogante, la estrella del equipo de basquetbol que sueña con una beca deportiva para una universidad Ivy League.

El mejor amigo de Mert es Murat, un chico noble y generoso del que todos se aprovechan por ser muy rico. Murat ama secretamente a la odiosa Zuhal, una alumna becada llena de amargura y rencor social que la convierte en un puercoespín. Zuhal tiene amores con Mert, pero se rumora que es amante de Levent, empleado de la cafetería y que les vende drogas a los chicos.

La última de este grupo es la patética gordita Banu de la que se burla todo el mundo incluyendo  Zuhal y Mert. Banu está enamorada de Mert. Algo que no entendemos sino hasta que los flashbacks, casi al final, nos dicen que el año anterior a los hechos Mert fue bondadoso con ella. La pregunta es por qué no nos mostraron eso al comienzo. Es que como si los videos se hubiesen mezclado y perdido el orden, lo mismo ocurre con la trama.



Al comienzo, Elif se pone a buscar a los miembros del Club Literario con la excusa de entregarles las cartas. Fue una tarea que les asignó Fatma, cartas que escribieron a sí mismos con la idea de recibirlas veinte años más tarde y ver cuánto han cambiado. Lo interesante es que no vemos es momento, ya que paralelo a la búsqueda de Elif, comenzamos a conocer a los personajes en el presente:

Zuhal es representante de una marca de cosméticos y es la influencer de moda. La antigua escuela elite que tanto la despreció ahora le rinde homenaje, en un evento organizado por un poderoso empresario que también es fundamentalista islámico. Zuhal conoce a la esposa de este empresario: una mujer muy guapa, pero vestida de manera discreta y con velo en la cabeza. A Zuhal le cuesta reconocer en esta esbelta dama a Banu, la gordita. Mas le sorprende ver que Murat es el chofer de Banu desde que su padre perdió su fortuna y fue a la cárcel.

                          Zuhal

Elif entrega la carta a la hermana de Seda que al leerla descubre que el amante secreto de su hermana era su propio marido . Esto destruye su matrimonio. Elif le entrega la carta a Murat casi accidentalmente cuando él viene a visitar a su antigua maestra en el hospital. A Elif no se le ocurre―aunque hacen buenas migas―interrogarlo o incorporarlo a su investigación.

Elif también da con una agenda de su madre adoptiva donde Fatma guardaba sus preocupaciones, problemas y sospechas sobre sus alumnos. De ahí, Elif saca pistas falsas que la llevan a hacer creer que su madre es Zuhal y es a partir del cuarto episodio que deja de investigar y la trama se cifra en flashbacks de recuerdos de otros personajes. Elif pierde protagonismo sin razón aparente. En cambio, tenemos larga escenas de Mert y Banu.

                      Las cartas traen malos recuerdos

Después que una lesión destruyera sus sueños y objetivos, Mert ha acabado en Alemania como entrenador de un equipo de basquetbol femenino. El y Banu siguen en contacto y se insinúa un romance luego de un reencuentro entre ambos en Estambul. Esto sería romántico si no se sintiera inexplicable.

                                 Mert y Banu 20 años mas tarde

¿Como puede Banu haber perdonado la crueldad de Mert que, cuando se negó a ayudarlo en una manera ilegal de conseguí la anhelada beca, la arrojó a la piscina?  Banu leyó la carta secreta de Mert que era una lista de las chicas de su curso en las que les asignaba ventajas y desventajas de acuerdo a belleza y posibilidades sexuales. A Banu, Mert le profetizaba una vida de virginidad ya que era una “gordiflona” poco atractiva. ¿¿Que hace que Banu ahora lo reciba con cariño y el la haya aceptado. Es porque la ve bella y delgada? ¿Como volvieron a encontrarse en las redes sociales? Nunca lo sabremos.



Aviso que voy a poner spoilers si todavía alguien quiere ver esta serie que inicia tan bien y cae en disparates, se salte esta sección: 

SPOILERS

La Madre de Elif

Para el segundo episodio yo sabía que B. era la madre de Elif. Cuando le dice a Zuhal que no puede tener hijos yo pensé que o era una mentira o que había quedado estéril después del parto. Lo que no sabía era quien era el padre y eso me permitió seguir con la historia. En el penúltimo capítulo, descubrimos quien embarazó a B. Y estamos tragándonos la sorpresa cuando llega la otra, el padre no quiere saber nada de Elif y eso que la conoce y le cae bien.

               Murat y Elif antes de saber que son padre e hija

La sorpresa llega a un clímax cuando B., a diferencia de las telenovelas, a diferencia de los ejemplos incluyendo a Lace, rechaza por segunda vez a su hija. Lo terrible es que en el penúltimo capítulo, B. asume su maternidad y manda aviso a Elif de que le revelará su verdad, pero cuando descubre que Mert la ama y quiere iniciar una vida con ella, la ex gordita prefiere esta opción antes que someterse al escarnio público de ser madre soltera de una jovencita. ¡Que asco! Y lo extraordinario es que la guionista está muy pancha con ese final, aunque críticos y público no.

Elif ha sido citada a un restaurante para conocer a B. y está presente Zuhal (que finge ser la madre biológica de la chica) .A medida que avanza la noche y B. se muestra más silenciosa e indiferente, la dolida y humillada Elif toma una decisión y hace un brindis. Por su verdadera madre, la maestra que la crio … y Colorín Colorado.



Muchos encontraran que este final recuerda al de The Last Convertible (libro) donde Ron Jr. tras enterarse que es hijo del narcisista Russ, lo hace a un lado y acepta que Dal quien lo crio, es su verdadero padre. La diferencia es que Ron Jr. sabe toda la verdad de las circunstancias que llevaron a su procreación, el dilema de su madre, la decisión de muchos de cómo darle una vida mejor a un bebé nonato. Con esa información, Ron Jr. alcanza la paz, supera sus miedos, es capaz de planificar su vida. Nada de eso ocurre con la pobre Elif.

Parte de la rabia que el espectador siente por los padres de Elif es el modo en que se la concibió. Murat era el mejor amigo de Banu. Aun después de su noche de pasión, la seguía defendiendo y queriendo. Eso era resultado de que nunca supo ni del sexo que compartieron ni de la hija que engendraron.

                     Seda les dio extasis con el licor a Murat y a Banu

La serie nos cuenta que ambos estaban bebidos y drogados cuando acabaron en la cama. Al día siguiente, Murat no recordaba nada. Banu recordaba todo. Para confirmárnoslo, la serie nos lleva al presente al primer encuentro sexual de Banu y Mert. Banu solo ha tenido sexo una vez, la memoria es tan horrible que le viene un ataque histórico e interrumpe el acto. Nos queda claro que para Banu la concepción de su hija fue tan traumática que equivale a una violación. En eso, Cartas desde el pasado se asemeja a los otros ejemplos de los que les he hablado.

                    Una noche de copas destruyó la vida de Banu

FIN DEL SPOILER.

La Hija como Producto de Violación

Ese es un tema que tienen en común Lace y otras obras que siguen su diseño, la violencia sexual. The Sisters of Alameda Street se cifra en la importancia de los lazos familiares y Lace en la amistad femenina, pero latente en ambas esta la represión sexual de la mujer y la violencia que se cierne sobre ellas. Dame Shirley fue una mujer fascinante que plasmó sus vivencias en su novela más famosa,  desde su estadía en un internado suizo hasta su labor como editora, novelista y filántropa, sin dejar de mencionar sus tres matrimonios. Sin embargo nada en su pasado explica su fascinación con el sexo kinky ni la constante presencia de la violencia sexual en su trama.

Yo diría que el zeitgeist de los 70 y 80 fue esa aproximación a un nuevo erotismo. Junto con la liberación sexual, vino el miedo a los resultados del sexo. El principal era el embarazo, el segundo la violencia de género que tiñe la experiencia sexual. Se sabe que Dame Shirley junto con Judith Krantz y Jackie Collins “fundaron” el Bonkbuster, un tipo de novela rosa llena de sexo no necesariamente gratificante. En eso difería del bodice ripper, el romance histórico tan en boga que glorificaba el ultraje sexual.



Ya he hablado de eso en otras entradas sobre la moda del héroe violador tanto en la literatura como en la pantalla de esa época. El ejemplo más notorio la romantización de Luke-Laura, la Power Couple de la soap opera General Hospital cuya historia de amor había iniciado con una violación. Aunque el Bonkbuster no trata exclusivamente de violencia sexual, el sexo es visto como peligroso, como una forma de control y se destruye la idea de que siempre sea placentero. Eso recuerdo de haber hojeado la obra de Judith Krantz y Jackie Collins, a las que mi madre era adicta y yo despreciaba.

En Lace nos encontramos con ese mismo escenario. En la novela, Kate es asaltada sexualmente por la madre alcohólica de Pagan; la misma Pagan es violada por el chofer del internado, y Lili es producto de una violación y es abusada por un adulto a los 13 años lo que la lleva a un aborto y luego a buscar empleo en la industria porno donde cada filme es una experiencia de sexo forzado.



The Sisters of Alameda Street, escrita ya fuera de esa época donde el erotismo no necesariamente era romántico y sublime, no sufre de esa obsesión. Aun así, más de un lector timorato (a juzgar por los comentarios de Amazon) se escandaliza ante una trama que menciona esposos impotentes, adulterio, una hermana tiene amores con un curita y otra es victima de un ultraje sexual.

Mi Beta Lorena, me alertó recientemente de la existencia de otra obra inspirada en Lace. Se trata de la miniserie (18 episodios) Pacto de Silencio, hecha en México que puede verse en Netflix. Ahí está la historia de cuatro adolescentes que hacen amistad en el mismo internado. Las cuatro son activas sexualmente (a una la violan) y una queda embarazada. A punta de chantajes, consiguen que la directora del internado las encubra y dejan a la recién nacida en la puerta de una iglesia.

La directora la rescata y la da a criar a una mujer que le inculca la pequeña odio por la madre que la abandono. Años más tarde, Brenda (Camila Valero, la bisnieta de Doña Silvia Pinal), convertida en poderosa influencer se infiltra en la vida de las cuatro mujeres con la intención de destruirlas. No se las recomiendo porque es melodramática y mediocre. Un ejemplo de la diferencia de trabajar con un tropo como lo ha hecho Lorena Hughes en The Sisters of Alameda Street a plagiar de mala manera como Pacto de Silencio a no saber utilizarlo como Cartas desde el pasado.



A propósito, acabo de enterarme que Rana Denizer copió, hasta el título, su miniserie de una miniserie rusa donde una chica, tras leer cartas de su difunta madre, parte a Moscú a descubrir quien entre un trio de amigos, es su padre. Esta serie (Cartas del Pasado) está en YT y en castellano.



Una última palabra sobre “Lace”. No sé si ha sido traducida al castellano y no recomiendo el libro, puede ofender muchas sensibilidades modernas. En cambio la serie (Tres Destinos en España) si puede encontrarse completa en YouTube. Merece ser vista porque, como fue presentada en televisión abierta ,es bastante moderada, a ninguna la violan ni siquiera a Lili.

Fue tanto el éxito de la miniserie que se le hizo una segunda parte, donde ya no pudo evitarse el tema de la violación para explicar el nacimiento de la niña, aunque su madre creía que era hija de su novio. También esta versión puede encontrarse en YouTube, como ejemplo de cómo el sexo y el sensacionalismo vendían en Los 70 aun en la discreta cultura televisiva.



 



martes, 22 de septiembre de 2026

The Last Convertible y una variación del Síndrome Filumena Marturano (Miniseries del Ayer)



Después de hablar del Síndrome Filumena Marturano, caí que no era el mismo caso de Elif, protagonista de la miniserie turca Cartas del Pasado. En vez de madre o padre que buscase encontrarla, ella estaba en búsqueda de los suyos y debía descubrirlos en un grupo de los ex alumnos de su madre adoptiva. Esta interesante premisa no ha sido utilizada en telenovelas, pero si en literatura incluyendo una de mis novelas favoritas, The Last Convertible de Anton Myrer

No vi Cartas del Pasado por ser un drama de época, puesto que 2003 será nostalgia para muchos, para mí es apenas hace un rato. No la vi por ser serié de adolescentes, aunque es interesante ver que los chicos turcos pueden ser tan egoístas y bobitos como los de USA y del resto de Occidente. La vi porque su premisa es una interrogante y una investigación que provoca un flashback nostálgico. Eso se parece a la trama de El ultimo descapotable.

Anton Myrer y sus Novelas

Comencemos en orden cronológico. The Last Convertible fue la quinta novela de Anton Myrer quien había comenzado su carrera con novelas que ilustraban sus experiencias en el Pacifico durante la Segunda Guerra Mundial: The Wide Shore y The Big War que fue llevada al cine en 1958, bajo el nombre de In Love and War, con Tab Hunter, Bradford Dillmann y Robert Wagner como un sargento y dos soldados que comparten un último permiso de diversas maneras para luego encontrarse en el campo de batalla.



Myrer seguiría estas primeras y exitosas novelas con cuatro otras más antes de su muerte en 1985. La más famosa es Once an Eagle(1968), la historia y rivalidad entre dos oficiales, uno decente y responsable, y otro ambicioso y manipulador. La novela recorre sus carreras y vidas personales desde la Gran Guerra hasta el inicio de la Guerra de Vietnam.

Once an Eagle, protagonizada por Bradford Dillman y Sam Elliot, fue convertida en miniserie por la ABC en 1976, cuando ya QBVIII y Roots habían iniciado el reinado de las miniseries. Yo todavía subordinada a lo que veían mis padres en una casa de un solo televisor, tuve que contentarme sacando la novela de la biblioteca pública. Hay una versión en YT y creo que Amazon la vende en DVD.

Al año siguiente, salía al mercado la penúltima novela de Anton Myrer, The Last Convertible que en un par de semanas lideraba la lista de los más vendidos. Ni corta ni perezosa, la NBC compró los derechos y comenzó a filmarla. Para entonces yo ya tenía mi mini televisor (a colores) y fue la primera serie que pude seguir.



Hoy esa miniserie de tres capítulos no puede encontrarse en ninguna plataforma de streaming. No es sorprendente puesto que otras miniseries de esa época como Captains and Kings y la versión de Jane Seymour de East of Eden también están desaparecidas. Por suerte el libro puede hallarse en inglés en Amazon y en castellano en diferentes lugares: Casa del Libro y Abebooks en España, Mercado Libre en América Latina y hasta en Buscalibro en Chile. Lo recomiendo.

La Saga de Los Fusileros

En resumen, es la historia de Los Fusileros, cinco estudiantes novatos de Harvard que se conocen en el otoño de 1940. La historia narrada en primera persona por uno de ellos, relata sus vidas y aventuras en la guerra y la paz, sus amores y una amistad que a veces se convierte en rivalidad. El narrador, George Virdone es el “forastero” en una época que solo una elite podía ir a Harvard. Es pobre, está en Harvard gracias a una beca y, para él, este mundo privilegiado de chicos ricos y sus juegos y juguetes es un cuento de hadas.

Uno de los máximos juguetes es “La Emperatriz”, un Packard ’38, que llega a Harvard como montura de Jean de Barres, un aristócrata refugiado de la Francia Ocupada. El auto es la adoración de Los Fusileros y pasará por varias manos hasta ser heredado por George, que al comienzo de la novela, es un catedrático en su ex alma mater y vive en el campus con su esposa y sus hijas.

La Emperatriz es casi un eufemismo para el personaje de Chris, la novia de uno de los Fusileros, pero que a medida que recorremos la vida del grupo vemos que se convierte en la madre del hijo de uno, la esposa de otro y el amor idealizado de George. Los críticos simplistas han visto a Geoge como la conciencia del grupo. Releyendo la novela, a cuarenta años desde mi última lectura, noto que George es el eje del relato. No solo por ser el narrador sino también que es quien más evoluciona debido a su sensibilidad que le hace vivir con mayor intensidad sus experiencias.



Yo tuve la suerte de ver la miniserie antes de conocer el libro. Eso me hizo evitar comparaciones iniciales que me impidiesen gozar de una estupenda producción de tres episodios (seis horas). Hay tremendos cambios entre ambas narrativas, pero yo las acepté como obras separadas. Lo que si es que ver la serie me ayudó a dotar de rostros a los personajes y nunca he visto un elenco más adecuado.

Cuando la vi por primera vez me encontré con conocidos y desconocidos. Deborah Raffin estaba exquisita como Chris y me hizo perdonarle el fiasco de su rol de January Wayne en Once is Not Enough. Perry King que se había pasado la década intentando conquistar un espacio en Hollywood desde películas de terror como La Posesión de Joe Delaney, Blaxploitation sagas como Mandingo y nostalgia de los 50 (Lords of Flatbush),  era ahora la encarnación del carismático e irresponsable Russ Currier quien logra su sueño de ser escritor a costa de destrozar la vida de sus amigos.



Aunque Michael Nouri había aparecido ya en el imaginario popular norteamericano gracias a The Inmigrants, yo solo vería esa adaptación de la novela de Howard Fast un año más tarde junto con su excelente caracterización de Lucky Luciano en The Gangster Chronicles. Faltaban tres años para que se hiciese famoso para toda una generación de late Baby Boomers como el patrón/interés romántico de Jennifer Beals en Flashdance. No puedo imaginarme a nadie mejor para dar vida al trágicamente glamoroso Jean-Jean.

Aparte de Perry, el único rostro conocido para los televidentes era el de Bruce Boxleitner que ya había sido un poco estrella en su rol de Luke McCahan en The Macahans. The Last Convertible sería un puente entre esa serie y protagónicos más serios en el cine en el clásico de ciencia ficción Tron, y miniseries como Bare Essence y Al Este del Eden, trampolines para sus roles más icónicos en The Scarecrow and Mrs. King y la franquicia Babylon 5.



Entonces no sabía que Edward Albert quien daba vida a Ron Dalrymple era hijo de Eddie Albert y la sublime Margo, aunque en el libro se describe a Dal como oscuro de piel y mi hermano le encontró cara de latino. John Shea se haría más conocido con otros roles que siguieron a su interpretación del apocado irlandés Terry Gilligan hasta llegar al padre de Blair Waldorf en Gossip Girl.

Las actrices, aparte de Raffin, no me resultaban conocidas. A Kim Darby la había visto crecer en media docena de telefilmes, no sabía entonces que Sharon Gless, quien da vida a la vampiresa Kay Madden, ya había causado impresión en The Inmigrants. Solo la separaría del rol de Kay cuando la viese encarnar a la policía alcohólica de Cagney and Lacey. En cuanto a Stacey Nelkin, quien hizo el papel de la osada Sheila, hermana de Terry, nadie me contó entonces que había sido “noviecita” de Woody Allen y la inspiración del rol de Mariel Hemingway en Manhattan.



La Gran Generación

The Last Convertible es una novela nostálgica, un intento de capturar un mundo perdido y una juventud inocente mancillada por la guerra. Años más tarde, cuando leí The Glory and the Dream de William Manchester me encontré con esa misma nostalgia, ahora en un texto de historia. Me hizo notar que el historiador también era un miembro de esa Great Generation y que también recordaba con cariño melancólico ese último año de universidad antes de integrarse a filas.

El ultimo descapotable se asemeja a Retorno a Brideshead y es que ambas son novelas sobre universitarios. En Brideshead los protagonistas son alumnos de Oxford y en la novela de Myrer la institución es Havard. Aunque se trata de un grupo de chicos también es un eco de las alumnas de Vassar en The Circle de Mary McCarthy.



Si he hablado tanto del libro es porque me irrita que no merezca ni una entrada en la Wikipedia donde si hay entrada para Myrer y para dos de sus novelas incluso para las adaptaciones a la pantalla. De The Last Convertible no hay ni entrada para libro ni para miniserie, peor aún hasta hace poco podía verse la última en la plataforma MUBI y comprar el DVD en Amazon. Hoy solo puede adquirirse en tiendas especializadas en antigüedades y filmes o series que no se encuentran en el mercado.

Por esa razón voy a comenzar con la adaptación que se parece y se aleja del texto original. Mencionaba la importancia de Harvard en la trama. Conscientes de eso, la reunión de ex alumnos juega un rol más importante que en el libro donde es un mero evento que precede al momento en que George es enfrentado por su ahijado con la pregunta “ Who is my real father?” Pregunta que revierte el síndrome Filumena Marturano y hermana a El ultimo descapotable con otras obras de hijos que buscan a los autores de sus vidas como Lace y Cartas del pasado.



“Quien es mi Verdadero Padre?”

Aun así, hay diferencias. En la serie, no sabemos en qué momento del presente estamos. Si sabemos contar deducimos que si Ron Dalrymple Jr. nació en 1942, tendrá 32 o 33 años en el presente (el libro nos dice que el “presente” es 1977) Interpretado por un juvenil Shawn Stevens, Ron (hora llamado “Robbie”) parece tener veinte años, ciertamente no luce como veterano de Vietnam.

Durante una conversación “entre hombres” en el garaje y con la Emperatriz de testigo, Robbie anuncia querer casarse con Peggy y pregunta si el Profesor Virdon no tiene reparos en tenerlo de yerno . Noticia que encanta a George, pero no tanto la pregunta que sigue. Muy incómodo y turbado, Robbie sale con un “¿Quien es mi verdadero padre?’ Superada la sorpresa inicial, George con calma invita a su ahijado a asistir a la reunión de ex alumnos de Harvard y promete darle una respuesta al final de esta.

Acto seguido, George deja al ahijado perplejo y se marcha en un largo paseo en la Emperatriz que sirve para un flashback de casi seis horas en la que recuerda los quehaceres de Los Fusileros en Harvard , en la guerra y en el amor. Es un viaje por cuatro décadas que por tres noches nos recrea la mayor parte de lo que ocurre en el libro. Para la segunda noche ya sabemos quién es el padre de Robbie, pero hemos invertido emocionalmente tanto en los personajes que nos interesa saber sus destinos más que la preocupación de un chico, que lo tiene todo, por saber quién es el padre que lo procreó y abandonó.

La serie presenta cambios que en su momento encontré necesarios. El personaje de Terry se ha expandido y es más interesante que el de Dal. Supongo que le vieron más futuro a John O’Shea. Se implica más específicamente que Nancy tiene tendencias lésbicas, algo que en el libro es narrado muy levemente por su mismo esposo-narrador y Russ es menos egoísta y narcisista.



Me pasé la serie deseando que George recibiese una recompensa por ser un amigo tan fiel y aguantar tanto a una esposa que no lo hace feliz incluso lo culpa por la muerte de un hijo. Tal como Ron Jr. espera que al final de la reunión sepa la verdad de sus orígenes, yo puse mis esperanzas en que en esa fiesta Chris descubra que George es el hombre de su vida o que él tome la decisión de dejar a Nancy e irse a París en busca de Sheila Gilligan, otra víctima de Russ a la que el Profesor Virdon ha salvado. Tal vez por eso el final es lo que más me desconcertó y hoy me da ira.

Después de una jornada agotadora de seguir impidiendo que Los Fusileros se vayan a los puños, George se toma un merecido whisky cuando aparece Robbie con su plañidera pregunta. George muestra una actitud displicente y un poco aburrido le responde con otra interrogante retorica  ¿Qué diferencia hace saber quién es su padre biológico?

Estoy segura que para Robbie si hay una diferencia, pero George agrega que el verdadero padre del chico es Dal puesto que lo ha criado. Y sigue a esta verdad de Perogrullo, una reflexión tardía “yo no soy tu padre”. Con eso George queda muy ancho y Robbie se marcha en silencio.



Unos días después de ver la miniserie y todavía subyugada (no recuerdo que me haya molestado el final)por ella, me fui a la biblioteca pública y saqué el libro. Fue una sorpresa ver que el inicio era diferente. El intercambio entre George y Ron Jr. es de todo menos cordial. Ron no quiere pedir la mano de Peg, exige saber quién es su padre biológico. Peor aún, cree que George es un viejo cochino que ha alcahueteado una relación incestuosa bajo su techo.

Esto se debe a que Ron que dice haberse enterado (“no importa como”) de que Dal no es su padre, y al enfrentar a su madre esta cobardemente lo envía con el padrino. Ron suma dos más dos y voila. El Profesor Verdón es su desobligado progenitor. George suspira pensando que otra vez Chris delega su responsabilidad en él. Leyendo la novela nuevamente, me doy cuenta que Chis, más que una fuerza catalizadora, es casi una villana que transforma la vida de muchas personas de manera negativa.

Aparentemente, George se siente culpable de haber convencido a su ahijado de ir a pelear en Vietnam lo que lo ha convertido en un veterano amargado y cínico, no precisamente el tipo de yerno que un padre desea para su hija. George decide contarle la verdad, pero a su manera. Esto lleva a horas de recuerdos nostálgicos del catedrático que se remontan a su propia historia familiar y a su encuentro con chicos mágicos en un mundo mágico al que logra entrar gracias a esa amistad sin percatarse que esta tiene un precio.



Cuando la Nobleza y El Deber Son Trampas

A diferencia de Dan Humphrey de Gossip Girl que también es el chico pobre que es integrado al mundo de los bellos y ricos, George no juzga, no condena no busca castigar a los privilegiados egoístas que componen a Los Fusileros. Su relato que lleva a la guerra y sus experiencias en el teatro europeo, sus intentos de llevar una vida normal aun marcado por su experiencia de veterano está teñida de nostalgia cariñosa. Algo que hace eco del texto de William Manchester que en su The Glory and the Dream ofrece ese mismo homenaje a La Gran Generación, al mundo de la Depresión que formó a sus miembros y a sus sueños de posguerra de crear un mundo mejor.

Sin embargo es George el mejor exponente de esa generación porque cree en esos valores judeocristianos de gente criada en zonas rurales marcada por la pobreza, pero también por el afán de llevar vidas dignas y morales. Ese es el Talón de Aquiles de George y lo hace diferente al chico rico bohemio que juega a ser intelectual como Russ, o el ambicioso empresario que será Dal.  Sous valores serian considerados hoi polloi por Jean Jean y despreciados por Terri, miembro de una segunda generación de irlandeses, que repudia una elite que desestima a los inmigrantes.

Cuando le leí la novela a mi madre, ella determinó que George era “un calzonazos” y que no se parecía al de la serie. Releyendo el libro hoy noto que los valores de Geoge, su sentido del deber, su lealtad a sus amigos,  son los que le impiden luchar por su felicidad. Me recuerda a los héroes de Edith Wharton como Ethan Fromme o Newland Archer de The Age of Innocence y es cierto que la serie intenta borrar esa aura de mártir.



En el libro, George es el narrador, pero también alude a cartas que recibió durante la guerra de sus amigos. Eso nos permite conocer otras perspectivas. Ahí descubrimos que George ya en el ejercito descubre por carta de Dal que Chris lo ha “atrapado” y más tarde recibe un ‘mea culpa” de ella en la que usa como excusa el bienestar de su hijo. En realidad es orgullo, puesto que nunca intentó contactar al verdadero padre. Es por eso que Ron no la exonera cuando a la mitad del libro recibe la respuesta a su gran interrogante.

Sin embargo, sabemos por Geoge que él nunca pudo pedirle matrimonio a Chris, su gran amor, ni para sacar de un atolladero, porque su primer deber estaba con Nancy que también podría estar embarazada. En cuanto al matrimonio de Chris, los motivos no serían puros, pero al final de la novela ella afirma ser feliz junto a Dal con quien ha tenido más hijos. También en algún momento de su reminiscencia, George recuerda que Dal le reveló que sabía que no era el padre de Ron Jr.



En la serie, es Chris quien viene a despedir a George cuando él parte a la guerra y le anuncia de manera despreocupada que se ha casado con Dal. Esto provoca una pataleta de parte de George que se queja de que pudo haberse casado con él. “Pero nunca me lo pediste” dice Chis asombrada. Y queda la sensación de que al menos una vez (algo que no ocurre en el libro) George confiesa su amor y contempla la posibilidad de ser feliz junto a la mujer que ama.



Sin embargo, la miniserie recorta un episodio importante, el affaire de George con una viuda italiana durante la guerra, un episodio casi de premio de consuelo para hacernos saber que al menos una vez en su vida George conoció la pasión que le negará su esposa. En la serie, George permanece físicamente fiel a Nancy (y a Chris). Volviendo al frustrante final de la miniserie basta decir que está muy alejado del del libro , el cual se parece más al de la miniserie turca Cartas del Pasado.

No sigo para no seguir dando spoilers, no sé cuándo ni donde encontraré la miniserie. No pierdo las esperanzas, puesto si me tomó tres años encontrar una copia de Al Este del Eden (1981), estoy segura que The Last Convertible reaparecerá en algún sitio. Entretanto les recomiendo calurosamente  que lean el libro.

La historia ha sido comparada en términos de nostalgia a The Way We Were (Nuestros Años Felices) donde también hay un romance que comienza en una universidad Ivy League, pero en esa amistad del pasado y una reunión de antiguos compañeros universitarios recuerda a The Big Chill (El Rencuentro) Si les han gustado esos relatos entonces les encantará la novela de Anton Myrers, pero si quieren mas historias de hijos busca-padres entonces espérense que próximamente les hablare de Lace , miniserie y novela.

 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

La Colorina y el Síndrome Filumena Marturano (Telenovelas del Ayer)

 


¿Han visto la serie turca Cartas del pasado? Yo la vi porque quería saber si los adolescentes turcos eran tan complicaditos como los de Occidente. Aparte de confirmarlo, la serie de Netflix me hizo pensar en la importancia de la identidad de un joven, o chica en este caso, que no sabe quiénes son sus padres, y debe descubrirlos entre varios candidatos. Eso me llevó al reverso, un padre que debe adivinar cuál es su hijo.  Ese tropo ha sido muy usado en las telenovelas, principalmente en la famosa Colorina que a propósito está completa en YT. El tropo nació en un drama italiano de la posguerra del que probablemente nunca han oído hablar.

(NOTA: No he acabado con mi exploración nostálgica de la cultura adolescente, pero es hora de tomarnos un descanso y volver al mundo de la televisión)

De Nápoles a México

Apenas salida de una guerra mundial que la dejó bombardeada y hambrienta, Nápoles sería el escenario de la dramaturgia de Eduardo Da Filippo. Así nacería Filumena Marturano (1946) que años más tarde sería un éxito de la dupla Sofia Loren-Marcello Mastroianni en el cine. En ambas versiones Doménico Sorrentino es un comerciante napolitano que por más de veinte años ha tenido a Filumena Marturano de querida a pesar de ser casado. Acabado de enviudar, Doménico quiere casarse con una mujer mucho más joven que él. Enfurecida al ver la ingratitud de su amante, Filumena finge estar moribunda y así obliga a Doménico a casarse con ella.




Cuando descubre el engaño, el comerciante monta en colera creyendo que su amante quiere su dinero. Filumena le explica que solo quiere un apellido para los tres hijos que ha tenido a espaldas de Doménico. Agrega que uno de ellos es hijo de Doménico. Le entra la duda al hombre que decide conocer e investigar a los muchachos para descubrir cuál es su vástago.

Al cabo de unos meses, el confundido Doménico no ha descubierto quien lleva su sangre, pero les ha tomado cariño a los muchachos. Finalmente admite que Filumena es el amor de su vida, y adopta a los tres hijos sin preocuparse ya cuál es su hijo. Esta comedia encantó al público ,se tradujo a varios idiomas y se ha representado en los escenarios de todo el mundo. Mayor fama alcanzó cuando Vittorio de Sica dirigió a la pareja artística más celebre de Italia en un filme de 1964, apropiadamente llamado Matrimonio a la italiana, que ganó varios premios.




Entretanto en México, Julio Bracho, gran director del Cine de Oro mexicano, intentaba recuperar su carrera con un filme cuyo mayor gancho era la presencia de la célebre Libertad Lamarque. Rostros Olvidados (1952) narraba la historia de tres hermanas, hijas del industrial Roberto Casahondo (Julián Soler). Marta (Martha Roth), Claudia ( la colombiana Alicia Caro, esposa de Jorge Martínez de Hoyos) y la pequeña Julieta (Annabel Gutiérrez) ven con preocupación el romance de su padre viudo con la famosa cantante Rosario Velzquez (Doña Liber). Aunque Marta y Julieta comprenden que su padre tiene derecho a rehacer su vida, Claudia siente que la presencia de la cantante es una afrenta a su difunta madre.



Las Hermanas Casahondo ignoran que años atrás, Roberto y Rosario fueron amantes y tuvieron una hija que supuestamente murió en un accidente ferroviario. Lo cierto es que vive y es una del trio. Por razones que el libretista no se molesta en explicar, Roberto se niega a revelarle a su amante el nombre de su hija, aun cuando planean casarse.

Rosario se embarca en una investigación tipo Filumena Marturano . En vez de sospechar que quien lleva su sangre es la menor puesto que se supone nació cuando la esposa de Roberto estaba por morir, a Rosario se le antoja que su hija es Marta. Esta anda en amores con un médico casado y en una variación de la trama del Abanico de Lady Windermere, Rosario hace creer a Roberto que es ella la amante del adúltero.




Antes, le confiesa a Marta que es su verdadera madre. Roberto y Rosario truenan, Marta acepta―sin pruebas―que la cantante debe ser su madre por lo grande de su sacrificio. Por capricho del libretista, todos acaban en Acapulco donde las chicas se van a un paseo nocturno en lancha. Solo dos regresan. Cuando Rosario gimotea abrazada a Roberto que la muerta era su hija, este le responde “Marta no era tu hija”. Bueno entonces ¿quién? Ponen FIN y nos quedamos sin saber. Pésimo tratamiento del tropo.



Siempre en México, el libretista argentino Carlos Lozano Dana decidió introducir este elemento dentro del nuevo género imperante en la televisión, la telenovela. En 1969, Amparito Rivelles se estaba haciendo famosa con sus dramas maternales, así es que Tele Sistemas Mexicano había decidido invertir en ella para un drama internacional. Así llamo yo a un tipo de teleserie que tiene lugar fuera de México y con personajes europeos. A pesar de su popularidad, este tipo de producción, que se expandió por toda América Latina, no duró más de veinte años.

Sin Palabras tenía lugar en dos ciudades: Paris y Nueva York con un breve interludio en Auschwitz donde Chantal, la protagonista (Doña Amparito), pasa su viudez y purga su crimen de resistirse al invasor nazi. Entretanto, su hijo ha sido rescatado por su fiel criada Elisa, y un antiguo enamorado de Chantal, Adrián Duval (Jorge Barreiro)

Veinte años más tarde, Chantal, ahora una famosa actriz, se reencuentra con Adrián , ahora un millonario empresario, en la Gran Manzana y le exige que le devuelva al hijo. Ah, pero que lástima, cuando Adrián rescató a Elisa (luego de un bombardeo aliado) la encontró amnésica y con tres niños de la misma edad a su cargo.  Chantal tiene la ardua tarea de examinar a tres adolescentes y ver si alguno le recuerda a ella o a su difunto marido. Aquí por lo menos llegamos a conocer la identidad del hijo perdido.



Antes de morir, Elisa recobra la memoria y, en entrevista secreta con Chantal ,le revela el nombre del niño. En aras de la justicia, Chantal que va a casarse con Adrián y convertirse en madrastra de los tres muchachos, finge que Elisa no le ha alcanzado a contar la verdad. Eso no le importa, dice la actriz, ya que le permite querer a sus tres hijastros como si los hubiese parido.

Una variación más jocosa la encontramos en el cine de 1968 cuando Mervin Frank escribió un libreto para la estrella italiana Gina Lollobrigida. En Buona Sera Mrs Campbell, Lollobrigida es Carla Campbell, la mujer más rica y poderosa del pueblo de San Fiorino. Ha hecho creer a todos que es la viuda del Capitan Campbell, un aviador y héroe de guerra que nunca existió.

Lo cierto es que durante la guerra, Carla tuvo amores con tres aviadores, un sargento y dos oficiales y que no sabe quién es el padre de Gia (Janet Magolin) su hija. Entretanto, y por separado, ha hecho creer a sus amantes que cada uno es el padre de Gia. Los tres le mandan dinero que es la base de la fortuna de Mrs. Campbell. El lio es cuando los tres llegan a San Fiorino, con motivo de una reunión de su escuadrón, y exigiendo conocer a su hija.



El Tropo Favorito de Moya Grau

En Chile no hemos tenido mejor escritor de telenovelas y radionovelas que Arturo Moya Grau. Yo crecí escuchando su versión de La Gata de Ines Rodena, Esmeralda, la hija del rio. A los 10 años me vi encantada El Rosario de Plata y a los once Padre Gallo en la televisión. Un año más tarde vi una telenovela mexicana llamada Rosario, con María Rivas ignorando que era escrita por mi compatriota que se había ido a trabajar al país azteca.

En México, Don Arturo se encargó de escribir varias telenovelas que, en esa época, duraban menos de tres meses. Rosario fue la más popular tanto que Amparo Rivelles la interpretó en el cine. Moya Grau, como todos los grandes libretistas, era conocedor de teatro y literatura y se le ocurrió trasladar el tropo Filumena Marturano a una telenovela.



En 1970 debutaba Magdalena protagonizada por Magda Guzma y Claudio Obregón. Si la pareja protagónica les parece sin lustre, la trama tampoco era muy apasionante. Magdalena es la hija del mayordomo que se lía con el hijo del patrón. Un embarazo tiene lugar, la dueña de la casa pretende quitarle el hijo a Magdalena. Esta huye cargando con los hijos del vecino. Años más tarde reaparece on un trío de críos y a ver si los parientes ricos adivinan cual es el que lleva su sangre.

Esta historia―más encima en blanco y negro―la pasó Univisión en los 80 en un horario matinal donde nadie seguía las telenovelas. Aparte de lo ridícula que se veía Magda Guzman interpretando a una adolescente, nuestra mayor sorpresa fue reconocer el argumento. Se trataba de la famosa “Colorina”.

La telenovela chilena se tomó unas largas vacaciones entre 1971 y 1977. Fue durante el gobierno militar donde levantó cabeza nuevamente y quien la resucitó fue Arturo Moya Grau con una serie de telenovelas de gran éxito y que combinaban misterios y dramas familiares. Casi todas renacieron en Televisa como JJ Juez, María Jose, La Madrastra (Vivir un Poco)y La Colorina. Estas telenovelas afianzaron la fama de Moya Grau, pero con Colorina también adquirió un aura de transgresor.

El libretista rescribió la sosa Magdalena, conservó el detalle de Filomena Marturano, pero cambió a la protagonista. Luciana, interpretada por Liliana Ross, era una cabaretera que accidentalmente entraba en contacto con los adinerados Almazan. Ana María (Paz Irarrazaval), la orgullosa matriarca, andaba preocupada porque su hijo no le podía dar un heredero puesto que su esposa estaba desahuciada. Ana María propiciaba encuentros entre Colorina y Gustavo Adolfo (Patricio Achurra) y cuando la cabaretera quedaba encinta, planeaba pagarle para que le cediera el hijo.



Colorina cambia de opinión y huye con el heredero junto con los hijos de El Langosta (A. Moya Grau), su vecino y amigo. Vuelve a la vida de los Almazan años más tarde convertida en una respetable matrona y dueña de una tienda de modas. Esta serie tuvo tanto éxito en Chile que Valentín Pimstein, el productor judío chileno que en los 70s había producido una ristra de mega telenovelas mexicanas (Rina, Viviana y Los ricos también lloran) convenció a Televisa de comprar los derechos.

Antes de hablar de los hijos de Colorina, me detendré un poco en el equipo de filmación que fue de primera. Valentin Pimstein era el productor ejecutivo, seguido por Luis de Llano cuya asistente era una jovencita de 22 años llamada Angelli Nesma. Para los roles principales, Pimstein se trajo a Enrique Álvarez Félix con el que había triunfado en Rina y a Lucia Méndez con la que también había alcanzado mucho éxito con Viviana.

De director se eligió al griego Dimitrios Sarras que ya había demostrado su maestría con la iluminación y el uso del claroscuro.  Colorina era una telenovela oscura en todos sus aspectos. La primera parte transcurre en antros, después del crepúsculo, llenos de humo y música de jazz. Fernanda (Lucia Méndez) llega de noche a la mansión Almazán esperando que Iván (José Alonso) le pague sus servicios y se va de noche llevándose a su hijo.



La mayor oscuridad fue en el personaje de Lucia que nos quedaba claro era prostituta. Nunca se había tenido como protagonista una mujer de tan turbio pasado y aunque La Méndez había interpretado chicas seducidas y deshonradas, siempre era ingenua y bien portada. Fue audaz ponerla en ese rol tal como “envejecerla” para ser la madre de un trio de veinteañeros.

El trabajo de Colorina escandalizó y capturó  la imaginación popular.  Se llegó al punto en que la madre del presidente José López Portillo, exigió que se la subiera de horario. Algo que enojó al público por lo que se obligó de nuevo a reponerla en su horario habitual demostrando el poder de la audiencia, pero también su madurez



El look de Lucia (escogido y diseñado por ella misma) ayudaba a crear la imagen de mujerzuela con mucha tela brillante,  maquillaje exagerado, joyería falsa y aunque el cabello de La Méndez era de ese color natural, daba la impresión de teñido. En un periodo en el que Colorina y su bebé se ocultan en la casa de Polidoro (Luis Bayardo), ella se disfraza estilando el peinado del momento, la docena de trencitas que había puesto de moda entonces Bo Derek en 10 de Blake Edwards.





Por supuesto que el vestuario de cabaretera y las trencitas han desaparecido para cuando Fernanda retorna a la Ciudad de México. Ahora luce guapa, elegante, pero sobria. En suma,  una dama capaz de ponerse de tú a tú con Ana María Almazan, la “suegra” que reclama a su nieto, pero también con el pobre Poli, el humilde obrero que quiere a sus hijos de regreso, y hasta con Mirta (María Sorté) la madre que abandonó a esos niños.



La identidad del hijo biológico de Colorina se convirtió en un interrogante para todos los seguidores. El Licenciado Jacobo Zabludowsky (Alav-ha-Shalom) cerraba sus 24 horas de noticias nocturnas con la pregunta “¿Quién es el hijo de Colorina?”. Moya Grau había escrito un libreto donde los chicos creían ser trillizos, pero en pantalla no se parecían físicamente. La producción decidió vestirlos iguales como nenes victorianos y solo sirvió para que mi padre (seguidor fiel de la novela) los apodase “Los Tres Ositos”.



Para interpretarlos se buscó jóvenes galanes como Guillermo Capetillo, recién salido de la triunfadora Los ricos también lloran, Jose Antonio Edwards era Armando y Jose Elías Moreno daba vida a Danilo. El público favorecía a José Miguel por ser interpretado por el ídolo de las adolescentes telenoveleras, yo le iba a Edwards porque era el que más se parecía a sus padres.



Debido a que Colorina está completa (y videos de buena calidad) en YouTube, no les voy a dar un spoiler, pero algo que provoca risa y sorpresa es que en estos cuentos los candidatos al “Hijo X” nunca se parecen a sus progenitores. En la última adaptación de Colorina, Salomé, la pareja protagonista estaba compuesta por la “güera” mexicana Edith González y por el “güero” brasileño Guy Ecker. Pues les pusieron de hijos a Ernesto D’Alessio, Luis María Torres y Rafael Amaya.



Verlos en foto y ya sabes que no pueden pasar por trillizos (si hasta en el alto diferían) ni por hijos de esos padres. Algo de lo que se mofó el villano (Sebastián Ligarde) cuando supo la verdadera identidad del hijo (Amaya antes de ser El Señor de los Cielos) el único rubio de ojos claros de la familia.



La Colorina fue un exitazo que Juan Osorio solo supo imitar con Salomé. Acabo de enterarme que simultáneamente a la Colorina de Lucia Méndez se filmó una versión en Perú, con tanto éxito que se filmó una secuela. Nada sé de ellas, espero algún Gato Seriéfilos peruano me ilustre. Si oí de Apasionada, la versión argentina de 1985.

Uno se imaginaria que el éxito de Colorina crearía un cliché de hijos perdidos y padres confundidos con muchos candidatos, pero solo he encontrado que en 1982 se utilizó ese recurso en Quiéreme Siempre donde Ana María (Jaqueline Andere), creyéndose al borde de la muerte, le entrega a su hija a su prima (Nubia Martí) que a su vez se la regala a Alberto (J.L. Galiardo), el padre de la niña, que la adopta junto a su esposa ( Úrsula Prats).

Pasada su enfermedad, Ana María va en busca de la niña pero descubre que Alberto y su mujer se marcharon al extranjero. Quince años más tarde, Ana María, ahora casada con un famoso pianista (Héctor Gómez), se reencuentra con su ex y reclama el retorno de la niña. El problema es que ante el mundo, Alberto y su esposa son padres de un set de mellizas (Vicky y Gaby Ruffo) y vamos a ver como Ana María descubre a su hija.



La novela era muy entretenida, tal vez porque Las Ruffo tenían roles importantes, lo que la hacían una telenovela juvenil. También porque casi a la mitad, las chicas se enteran de que una de ellas es hija de la amante del padre. Como en Colorina, la identidad de la hija perdida es la más inesperada.



El tropo se perdió por muchos años antes de recobrarse en Chile, en Televisión Nacional en el 2000. TVN quería tener otro éxito exótico como lo había logrado con Iorana. Se les ocurrió enfocarse en la comunidad gitana de Chile. Con una premisa extraída de La visita de la vieja dama de Friederich Durrenmatt y un recuerdo a Colorina, partía Romané en el otoño del 2000. Recordemos.

Jovanka Antich (Claudia Di Girolamo) vuelve al balneario de Mejillones después de 25 años de ausencia. La razón oficial es asistir a la boda de su padre,  el patriarca Melquiades (Héctor Noguera) y presentarle a sus tres hijas adoptivas: María Salomé (Francisca Imboden), María Magdalena (Amparo Noguera) y María Jacobé (Antonia Zegers). El verdadero motivo es vengarse de la familia Dominguez North que la corrió del pueblo, después que Rafael Dominguez (Francisco Melo) la sedujese y embarazase.

El volver a Mejillones resucita los malos recuerdos de Jovanka. El pueblo está en graves problemas económicos y Victoria North (Marés González), la matriarca, ya no tiene tanta influencia. Es en estado de cosas que Jovanka hace una propuesta al pueblo. Desde un balcón ofrece una fortuna en oro a quien mate a su seductor, Rafael Dominguez.




Ese sería el tema central de la telenovela, pero se le agregan las vivencias de pueblerinos y su relación con el pueblo Roma. Los prejuicios de los gajes (no gitanos) en contra de los gitanos es otro tema y más importante y escandaloso para la televisión chilena fue el romance entre Jovanka y el Padre Juan (Francisco Reyes), párroco del pueblo.



Este romance alarmó a la Iglesia Católica y hubo un llamado a TVN que a su vez llamó la atención de la producción de Vicente Sabatini para que le bajaran el tono a una relación que era el mayor gancho de la telenovela. Debido a eso no se enfatizó mucho en la duda de quien era la hija biológica de Jovanka y Rafael. El tema surgió solo cuando María Salomé se puso en amores con Sebastián Dominguez (Ricardo Fernández), el único hijo de quien podía ser el verdadero padre de la muchacha. Por suerte para los tortolos, no había nada de incestuoso en su romance.

No he visto más que clips de Gitanas, la versión de azteca de Romané, pero conozco los cambios: Jovanka (Dolores Heredia) y el Padre Juan (Saul Lisazo) se quedan juntos y el protagonismo recae en María Salomé. Normal siendo interpretada por Ana de la Reguera, entonces la mejor actriz joven de México. Debido a esa importancia en la trama, el que sea o no hija de Rafael Dominguez pasa a segundo plano, concentrándose más en sus amores, matrimonio con quien podría ser su hermano, y con quien tiene un hijo.



Gitanas es el último ejemplo en las telenovelas del síndrome Filomena Marturano aunque Salvador Mejias, gran rescatista de clichés telenoveleros, lo introdujo al final de Fuego en la sangre. A Adela Noriega le han robado una hija recién nacida. Tiempo más tarde le muestran en un orfanato a tres bebitas. Sin poder identificar a la que lleva su sangre, Sofía adopta al trio.



Casi al final,  le preguntan si ha identificado a su hija biológica. Con voz displicente, Sofia responde que siempre lo ha sabido,  “una madre siempre sabe”. Para la armonía familiar no necesita reconocerla públicamente, las tes serán sus hijas.  Con eso simplifica la angustia y esfuerzo que han puesto otros padres de ficción al intentar descubrir quienes son sus hijos.

Pero qué ocurre cuando la interrogante viene del vástago con preguntas como “¿quién es mi padre?”. Esa es la pregunta de parte de Ron a su padrino que inicia El ultimo descapotable de Anton Myrer o “¿Cuál de ustedes, perras, es mi madre?” de Lace de Dame Shirley Conran o con investigaciones detectivescas como la de Elif en la miniserie turca Cartas del Pasado o incluso infiltrándose dentro de una familia para descubrir cuál de las Hermanas Plata le dio la vida como hace Malena en The Sisters of Alameda Street de mi Beta Lorena Hughes . Ese tema nos ocupará en las próximas entradas.