martes, 22 de septiembre de 2026

The Last Convertible y una variación del Síndrome Filumena Marturano (Miniseries del Ayer)



Después de hablar del Síndrome Filumena Marturano, caí que no era el mismo caso de Elif, protagonista de la miniserie turca Cartas del Pasado. En vez de madre o padre que buscase encontrarla, ella estaba en búsqueda de los suyos y debía descubrirlos en un grupo de los ex alumnos de su madre adoptiva. Esta interesante premisa no ha sido utilizada en telenovelas, pero si en literatura incluyendo una de mis novelas favoritas, The Last Convertible de Anton Myrer

No vi Cartas del Pasado por ser un drama de época, puesto que 2003 será nostalgia para muchos, para mí es apenas hace un rato. No la vi por ser serié de adolescentes, aunque es interesante ver que los chicos turcos pueden ser tan egoístas y bobitos como los de USA y del resto de Occidente. La vi porque su premisa es una interrogante y una investigación que provoca un flashback nostálgico. Eso se parece a la trama de El ultimo descapotable.

Anton Myrer y sus Novelas

Comencemos en orden cronológico. The Last Convertible fue la quinta novela de Anton Myrer quien había comenzado su carrera con novelas que ilustraban sus experiencias en el Pacifico durante la Segunda Guerra Mundial: The Wide Shore y The Big War que fue llevada al cine en 1958, bajo el nombre de In Love and War, con Tab Hunter, Bradford Dillmann y Robert Wagner como un sargento y dos soldados que comparten un último permiso de diversas maneras para luego encontrarse en el campo de batalla.



Myrer seguiría estas primeras y exitosas novelas con cuatro otras más antes de su muerte en 1985. La más famosa es Once an Eagle(1968), la historia y rivalidad entre dos oficiales, uno decente y responsable, y otro ambicioso y manipulador. La novela recorre sus carreras y vidas personales desde la Gran Guerra hasta el inicio de la Guerra de Vietnam.

Once an Eagle, protagonizada por Bradford Dillman y Sam Elliot, fue convertida en miniserie por la ABC en 1976, cuando ya QBVIII y Roots habían iniciado el reinado de las miniseries. Yo todavía subordinada a lo que veían mis padres en una casa de un solo televisor, tuve que contentarme sacando la novela de la biblioteca pública. Hay una versión en YT y creo que Amazon la vende en DVD.

Al año siguiente, salía al mercado la penúltima novela de Anton Myrer, The Last Convertible que en un par de semanas lideraba la lista de los más vendidos. Ni corta ni perezosa, la NBC compró los derechos y comenzó a filmarla. Para entonces yo ya tenía mi mini televisor (a colores) y fue la primera serie que pude seguir.



Hoy esa miniserie de tres capítulos no puede encontrarse en ninguna plataforma de streaming. No es sorprendente puesto que otras miniseries de esa época como Captains and Kings y la versión de Jane Seymour de East of Eden también están desaparecidas. Por suerte el libro puede hallarse en inglés en Amazon y en castellano en diferentes lugares: Casa del Libro y Abebooks en España, Mercado Libre en América Latina y hasta en Buscalibro en Chile. Lo recomiendo.

La Saga de Los Fusileros

En resumen, es la historia de Los Fusileros, cinco estudiantes novatos de Harvard que se conocen en el otoño de 1940. La historia narrada en primera persona por uno de ellos, relata sus vidas y aventuras en la guerra y la paz, sus amores y una amistad que a veces se convierte en rivalidad. El narrador, George Virdone es el “forastero” en una época que solo una elite podía ir a Harvard. Es pobre, está en Harvard gracias a una beca y, para él, este mundo privilegiado de chicos ricos y sus juegos y juguetes es un cuento de hadas.

Uno de los máximos juguetes es “La Emperatriz”, un Packard ’38, que llega a Harvard como montura de Jean de Barres, un aristócrata refugiado de la Francia Ocupada. El auto es la adoración de Los Fusileros y pasará por varias manos hasta ser heredado por George, que al comienzo de la novela, es un catedrático en su ex alma mater y vive en el campus con su esposa y sus hijas.

La Emperatriz es casi un eufemismo para el personaje de Chris, la novia de uno de los Fusileros, pero que a medida que recorremos la vida del grupo vemos que se convierte en la madre del hijo de uno, la esposa de otro y el amor idealizado de George. Los críticos simplistas han visto a Geoge como la conciencia del grupo. Releyendo la novela, a cuarenta años desde mi última lectura, noto que George es el eje del relato. No solo por ser el narrador sino también que es quien más evoluciona debido a su sensibilidad que le hace vivir con mayor intensidad sus experiencias.



Yo tuve la suerte de ver la miniserie antes de conocer el libro. Eso me hizo evitar comparaciones iniciales que me impidiesen gozar de una estupenda producción de tres episodios (seis horas). Hay tremendos cambios entre ambas narrativas, pero yo las acepté como obras separadas. Lo que si es que ver la serie me ayudó a dotar de rostros a los personajes y nunca he visto un elenco más adecuado.

Cuando la vi por primera vez me encontré con conocidos y desconocidos. Deborah Raffin estaba exquisita como Chris y me hizo perdonarle el fiasco de su rol de January Wayne en Once is Not Enough. Perry King que se había pasado la década intentando conquistar un espacio en Hollywood desde películas de terror como La Posesión de Joe Delaney, Blaxploitation sagas como Mandingo y nostalgia de los 50 (Lords of Flatbush),  era ahora la encarnación del carismático e irresponsable Russ Currier quien logra su sueño de ser escritor a costa de destrozar la vida de sus amigos.



Aunque Michael Nouri había aparecido ya en el imaginario popular norteamericano gracias a The Inmigrants, yo solo vería esa adaptación de la novela de Howard Fast un año más tarde junto con su excelente caracterización de Lucky Luciano en The Gangster Chronicles. Faltaban tres años para que se hiciese famoso para toda una generación de late Baby Boomers como el patrón/interés romántico de Jennifer Beals en Flashdance. No puedo imaginarme a nadie mejor para dar vida al trágicamente glamoroso Jean-Jean.

Aparte de Perry, el único rostro conocido para los televidentes era el de Bruce Boxleitner que ya había sido un poco estrella en su rol de Luke McCahan en The Macahans. The Last Convertible sería un puente entre esa serie y protagónicos más serios en el cine en el clásico de ciencia ficción Tron, y miniseries como Bare Essence y Al Este del Eden, trampolines para sus roles más icónicos en The Scarecrow and Mrs. King y la franquicia Babylon 5.



Entonces no sabía que Edward Albert quien daba vida a Ron Dalrymple era hijo de Eddie Albert y la sublime Margo, aunque en el libro se describe a Dal como oscuro de piel y mi hermano le encontró cara de latino. John Shea se haría más conocido con otros roles que siguieron a su interpretación del apocado irlandés Terry Gilligan hasta llegar al padre de Blair Waldorf en Gossip Girl.

Las actrices, aparte de Raffin, no me resultaban conocidas. A Kim Darby la había visto crecer en media docena de telefilmes, no sabía entonces que Sharon Gless, quien da vida a la vampiresa Kay Madden, ya había causado impresión en The Inmigrants. Solo la separaría del rol de Kay cuando la viese encarnar a la policía alcohólica de Cagney and Lacey. En cuanto a Stacey Nelkin, quien hizo el papel de la osada Sheila, hermana de Terry, nadie me contó entonces que había sido “noviecita” de Woody Allen y la inspiración del rol de Mariel Hemingway en Manhattan.



La Gran Generación

The Last Convertible es una novela nostálgica, un intento de capturar un mundo perdido y una juventud inocente mancillada por la guerra. Años más tarde, cuando leí The Glory and the Dream de William Manchester me encontré con esa misma nostalgia, ahora en un texto de historia. Me hizo notar que el historiador también era un miembro de esa Great Generation y que también recordaba con cariño melancólico ese último año de universidad antes de integrarse a filas.

El ultimo descapotable se asemeja a Retorno a Brideshead y es que ambas son novelas sobre universitarios. En Brideshead los protagonistas son alumnos de Oxford y en la novela de Myrer la institución es Havard. Aunque se trata de un grupo de chicos también es un eco de las alumnas de Vassar en The Circle de Mary McCarthy.



Si he hablado tanto del libro es porque me irrita que no merezca ni una entrada en la Wikipedia donde si hay entrada para Myrer y para dos de sus novelas incluso para las adaptaciones a la pantalla. De The Last Convertible no hay ni entrada para libro ni para miniserie, peor aún hasta hace poco podía verse la última en la plataforma MUBI y comprar el DVD en Amazon. Hoy solo puede adquirirse en tiendas especializadas en antigüedades y filmes o series que no se encuentran en el mercado.

Por esa razón voy a comenzar con la adaptación que se parece y se aleja del texto original. Mencionaba la importancia de Harvard en la trama. Conscientes de eso, la reunión de ex alumnos juega un rol más importante que en el libro donde es un mero evento que precede al momento en que George es enfrentado por su ahijado con la pregunta “ Who is my real father?” Pregunta que revierte el síndrome Filumena Marturano y hermana a El ultimo descapotable con otras obras de hijos que buscan a los autores de sus vidas como Lace y Cartas del pasado.



“Quien es mi Verdadero Padre?”

Aun así, hay diferencias. En la serie, no sabemos en qué momento del presente estamos. Si sabemos contar deducimos que si Ron Dalrymple Jr. nació en 1942, tendrá 32 o 33 años en el presente (el libro nos dice que el “presente” es 1977) Interpretado por un juvenil Shawn Stevens, Ron (hora llamado “Robbie”) parece tener veinte años, ciertamente no luce como veterano de Vietnam.

Durante una conversación “entre hombres” en el garaje y con la Emperatriz de testigo, Robbie anuncia querer casarse con Peggy y pregunta si el Profesor Virdon no tiene reparos en tenerlo de yerno . Noticia que encanta a George, pero no tanto la pregunta que sigue. Muy incómodo y turbado, Robbie sale con un “¿Quien es mi verdadero padre?’ Superada la sorpresa inicial, George con calma invita a su ahijado a asistir a la reunión de ex alumnos de Harvard y promete darle una respuesta al final de esta.

Acto seguido, George deja al ahijado perplejo y se marcha en un largo paseo en la Emperatriz que sirve para un flashback de casi seis horas en la que recuerda los quehaceres de Los Fusileros en Harvard , en la guerra y en el amor. Es un viaje por cuatro décadas que por tres noches nos recrea la mayor parte de lo que ocurre en el libro. Para la segunda noche ya sabemos quién es el padre de Robbie, pero hemos invertido emocionalmente tanto en los personajes que nos interesa saber sus destinos más que la preocupación de un chico, que lo tiene todo, por saber quién es el padre que lo procreó y abandonó.

La serie presenta cambios que en su momento encontré necesarios. El personaje de Terry se ha expandido y es más interesante que el de Dal. Supongo que le vieron más futuro a John O’Shea. Se implica más específicamente que Nancy tiene tendencias lésbicas, algo que en el libro es narrado muy levemente por su mismo esposo-narrador y Russ es menos egoísta y narcisista.



Me pasé la serie deseando que George recibiese una recompensa por ser un amigo tan fiel y aguantar tanto a una esposa que no lo hace feliz incluso lo culpa por la muerte de un hijo. Tal como Ron Jr. espera que al final de la reunión sepa la verdad de sus orígenes, yo puse mis esperanzas en que en esa fiesta Chris descubra que George es el hombre de su vida o que él tome la decisión de dejar a Nancy e irse a París en busca de Sheila Gilligan, otra víctima de Russ a la que el Profesor Virdon ha salvado. Tal vez por eso el final es lo que más me desconcertó y hoy me da ira.

Después de una jornada agotadora de seguir impidiendo que Los Fusileros se vayan a los puños, George se toma un merecido whisky cuando aparece Robbie con su plañidera pregunta. George muestra una actitud displicente y un poco aburrido le responde con otra interrogante retorica  ¿Qué diferencia hace saber quién es su padre biológico?

Estoy segura que para Robbie si hay una diferencia, pero George agrega que el verdadero padre del chico es Dal puesto que lo ha criado. Y sigue a esta verdad de Perogrullo, una reflexión tardía “yo no soy tu padre”. Con eso George queda muy ancho y Robbie se marcha en silencio.



Unos días después de ver la miniserie y todavía subyugada (no recuerdo que me haya molestado el final)por ella, me fui a la biblioteca pública y saqué el libro. Fue una sorpresa ver que el inicio era diferente. El intercambio entre George y Ron Jr. es de todo menos cordial. Ron no quiere pedir la mano de Peg, exige saber quién es su padre biológico. Peor aún, cree que George es un viejo cochino que ha alcahueteado una relación incestuosa bajo su techo.

Esto se debe a que Ron que dice haberse enterado (“no importa como”) de que Dal no es su padre, y al enfrentar a su madre esta cobardemente lo envía con el padrino. Ron suma dos más dos y voila. El Profesor Verdón es su desobligado progenitor. George suspira pensando que otra vez Chris delega su responsabilidad en él. Leyendo la novela nuevamente, me doy cuenta que Chis, más que una fuerza catalizadora, es casi una villana que transforma la vida de muchas personas de manera negativa.

Aparentemente, George se siente culpable de haber convencido a su ahijado de ir a pelear en Vietnam lo que lo ha convertido en un veterano amargado y cínico, no precisamente el tipo de yerno que un padre desea para su hija. George decide contarle la verdad, pero a su manera. Esto lleva a horas de recuerdos nostálgicos del catedrático que se remontan a su propia historia familiar y a su encuentro con chicos mágicos en un mundo mágico al que logra entrar gracias a esa amistad sin percatarse que esta tiene un precio.



Cuando la Nobleza y El Deber Son Trampas

A diferencia de Dan Humphrey de Gossip Girl que también es el chico pobre que es integrado al mundo de los bellos y ricos, George no juzga, no condena no busca castigar a los privilegiados egoístas que componen a Los Fusileros. Su relato que lleva a la guerra y sus experiencias en el teatro europeo, sus intentos de llevar una vida normal aun marcado por su experiencia de veterano está teñida de nostalgia cariñosa. Algo que hace eco del texto de William Manchester que en su The Glory and the Dream ofrece ese mismo homenaje a La Gran Generación, al mundo de la Depresión que formó a sus miembros y a sus sueños de posguerra de crear un mundo mejor.

Sin embargo es George el mejor exponente de esa generación porque cree en esos valores judeocristianos de gente criada en zonas rurales marcada por la pobreza, pero también por el afán de llevar vidas dignas y morales. Ese es el Talón de Aquiles de George y lo hace diferente al chico rico bohemio que juega a ser intelectual como Russ, o el ambicioso empresario que será Dal.  Sous valores serian considerados hoi polloi por Jean Jean y despreciados por Terri, miembro de una segunda generación de irlandeses, que repudia una elite que desestima a los inmigrantes.

Cuando le leí la novela a mi madre, ella determinó que George era “unos calzonazos” y que no se parecía al de la serie. Releyendo el libro hoy noto que los valores de Geoge, su sentido del deber, su lealtad a sus amigos,  son los que le impiden luchar por su felicidad. Me recuerda a los héroes de Edith Wharton como Ethan Fromme o Newland Archer de The Age of Innocence y es cierto que la serie intenta borrar esa aura de mártir.



En el libro, George es el narrador, pero también alude a cartas que recibió durante la guerra de sus amigos. Eso nos permite conocer otras perspectivas. Ahí descubrimos que George ya en el ejercito descubre por carta de Dal que Chris lo ha “atrapado” y más tarde recibe un ‘mea culpa” de ella en la que usa como excusa el bienestar de su hijo. En realidad es orgullo, puesto que nunca intentó contactar al verdadero padre. Es por eso que Ron no la exonera cuando a la mitad del libro recibe la respuesta a su gran interrogante.

Sin embargo, sabemos por Geoge que él nunca pudo pedirle matrimonio a Chris, su gran amor, ni para sacar de un atolladero, porque su primer deber estaba con Nancy que también podría estar embarazada. En cuanto al matrimonio de Chris, los motivos no serían puros, pero al final de la novela ella afirma ser feliz junto a Dal con quien ha tenido más hijos. También en algún momento de su reminiscencia, George recuerda que Dal le reveló que sabía que no era el padre de Ron Jr.



En la serie, es Chris quien viene a despedir a George cuando él parte a la guerra y le anuncia de manera despreocupada que se ha casado con Dal. Esto provoca una pataleta de parte de George que se queja de que pudo haberse casado con él. “Pero nunca me lo pediste” dice Chis asombrada. Y queda la sensación de que al menos una vez (algo que no ocurre en el libro) George confiesa su amor y contempla la posibilidad de ser feliz junto a la mujer que ama.



Sin embargo, la miniserie recorta un episodio importante, el affaire de George con una viuda italiana durante la guerra, un episodio casi de premio de consuelo para hacernos saber que al menos una vez en su vida George conoció la pasión que le negará su esposa. En la serie, George permanece físicamente fiel a Nancy (y a Chris). Volviendo al frustrante final de la miniserie basta decir que está muy alejado del del libro , el cual se parece más al de la miniserie turca Cartas del Pasado.

No sigo para no seguir dando spoilers, no sé cuándo ni donde encontraré la miniserie. No pierdo las esperanzas, puesto si me tomó tres años encontrar una copia de Al Este del Eden (1981), estoy segura que The Last Convertible reaparecerá en algún sitio. Entretanto les recomiendo calurosamente  que lean el libro.

La historia ha sido comparada en términos de nostalgia a The Way We Were (Nuestros Años Felices) donde también hay un romance que comienza en una universidad Ivy League, pero en esa amistad del pasado y una reunión de antiguos compañeros universitarios recuerda a The Big Chill (El Rencuentro) Si les han gustado esos relatos entonces les encantará la novela de Anton Myrers, pero si quieren mas historias de hijos busca-padres entonces espérense que próximamente les hablare de Lace , miniserie y novela.

 

 

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