Watergate, la
renuncia de Richard Nixon y la conciencia de que el país estaba dividido entre
los sobrevivientes de Vietnam (muchos malheridos física y emocionalmente) y los
que los habían repudiado, había credo una especie de psicosis en el pueblo
americano incluso en los más jóvenes. La solución fue escapar culturalmente a
un tiempo pasado.
La nostalgia es
un tema que ya desarrollé en otra entrada de este blog. Ahí dije que ya en Los 30 el cine de
Hollywood había encontrado un refugio para los afligidos por la gran Depresión
enviándolos a una década (La Belle Epoque/The Gilded Age) donde la economía
estadounidense vivía en una expansión cultural, política y económica.
En Los 70 donde
de nuevo hubo recesión, donde un presidente tuvo que renunciar y donde pocas familias
de clase media no fueron afectadas por La Guerra de Vietnam, fuese con un
pariente muerto o regresado en condiciones calamitosas, había que encontrar un
escape y eso fue en La Nostalgia no solo de tiempos mejores sino también lo
contrario.
Del Padrino a
La Casita en la Pradera
En 1972, el Oscar
se lo disputaban dos películas situadas en un pasado cercano. Cabaret y El
Padrino cubrían, una el Berlín en vísperas del nazismo y la otra Nueva York
en la posguerra. Un detalle fascinante de ambas fue que, por primera vez, había
una atención al detalle en términos de decorado y vestuario. La misma atención
que se utilizó para Los Walton que apareció ese otoño de 1972 en las pantallas
de los hogares estadounidenses. Un año más tarde era el segundo programa más
visto en el país.
Conscientes del
poder de mostrar familias del pasado estadounidense, las televisoras aprovecharon
de crear series familiares de época. En septiembre de 1974, cada canal se
esmeraba en presentar opciones. Yo acababa de llegar a USA y recuerdo haber
visto el TV Guide listaba todas las series nuevas. La que más me interesó fue
la menos exitosa.
Hoy nadie
recuerda Sons and Daughters, la historia de una pareja de estudiantes de
secundaria en 1955. Nunca pude verla porque había solo un televisor
en casa (y en blanco y negro) y pertenecía a mis padres. Como la serie no les interesó,
no pude verla, y no está en ninguna parte. Me devora la curiosidad por saber
que provocó su falta de audiencia. (NOTA: Algunos episodios estan en YouTube)
Lo que si
recuerdo es el furor que causó la serie (entonces) infantil The Little House of the Prairie. A mí nunca me interesó y eso que mi
profesor de ESL quería toda costa que leyese los libros de Laura Ingalls en los
que se basaba la serie. En 1979, cuando me regalaron una tele (en colores) como
presente atrasado de graduación, le hinqué el diente y me encantó, pero si los fans
de la serie recuerdan, es la temporada en que Laura y Nellie crecen y comienzan
a tener problemas de adolescentes incluyendo el amor.
Lo que si recuerdo
fue la influencia que tuvo el vestuario de Las Ingalls en la moda. Se
resucitaron el boho y los estilos campesinos que habían impuesto los hippies.
Solo que ahora ya no primaban los chillones colores y estampados psicodélicos,
dándosele una preferencia a telas como calicó y gingham usadas en el Lejano
Oeste.
El Fonz y Días
Felices
Con tanto bombo y
platillo que recibió la saga de Los Ingalls, casi nadie se fijó en otra serie
de época que más podía calificarse como ‘retro” puesto que tenía lugar en Los
50. Le tomó un año a Happy Days volverse una de las series más vistas de
Estados Unidos. Hasta generó spinoffs como Laverne y Shirley, y años más
tarde, Joannie Loves Chachi que impulsó la carrera de Teen Idol de Scott
Baio.
Happy Days fue inspirada por algunos filmes de Los
50 como The Wild One cuya influencia se sentía en vestuario y
actitud del famoso Fonz, pero también en otras urgencias nostálgicas de Los 70
s, tales como la prosperidad y
tranquilidad de Los 50. Otra película cincuentera fue la aclamada y galardonada
The Last Picture Show que en 1971 describía las vidas de adolescentes
tejanos a comienzo de Los 50. El haber sido filmada en blanco y negro tal vez
no hizo de este filme de Peter Bogdanovich una influencia cultural como lo
seria , dos años más tarde, el hoy filme de culto American Graffitti.
Producida por
Francis Ford Coppola, era el segundo trabajo de director de un semi desconocido
llamado George Lucas, American Graffiti describía los sucesos de una noche
veraniega que vivian un grupo de jóvenes de Modesto (California). La acción era
en 1962 y más que nostalgia era un “retro”
que retrataba los recuerdos juveniles de Lucas quien también escribió el guion.
El elenco estaba compuesto por entonces semi desconocidos como Richard
Dreyfuss, Paul Le Mat, Mackenzie Phillips y en un rol menor, Harrison Ford.
Él coestelar lo
llevaba Ron Howard, quien había sido actor infantil en Hollywood y había sido
el pequeño Opie en el Show de Andy Griffith. Un año después de
American Grafitti cuando la ABC quiso crear una serie “nostálgica” situada
entre el mundo de The Last Picture Show y el de American Graffitti,
Ron Howard iba a protagonizar Happy Days.
La acción tiene lugar
en una pequeña ciudad del Medio Oeste a fines de Los 50 y gira en torno a
Richie Cunningham y sus amigos de secundaria. Richie es hijo de una familia
acomodada, es un chico bueno pero típicamente obsesionado con ser popular con
las chicas. Vamos que es un Andy Hardy de una década mas moderna.
El primer año de Happy
Days no fue muy atractivo, los tiempos no estaban para Andy Hardy. La serie
fue salvada por un judío neoyorquino llamado Henry Winkler. Winkler acababa de
rodar The Lords of Flatbush junto al desconocido Sylvester Stallone, y
estrellas de televisión como Perry King y Susan Blakely. The Lords, no
fue una gran película, solo otro ejemplo del cine de nostalgia puesto que tenía
lugar en la Brooklyn de Los 50.
Eso bastó para
que los productores de Días Felices lo integraran como contraparte de Richie
Cunningham. Arthur “Fonzie” Fonzarelli, era un huérfano de origen italiano que
se vestía como Brando en El Salvaje y vivía una existencia semi nómada
acompañado de su motocicleta e innumerables novias.
Desde el primer
instante, El Fonz, se convirtió en un favorito de los adolescentes, ya que complementaba
maravillosamente a Richie y sus amigos. Era un personaje que, a pesar de su
origen italiano, fascinaba a chicos de todas las clases y origen étnico.
Nuestro amor por El Fonz nos permitió integrarnos más fácilmente al choque
cultural de ingresar a una nueva escuela, nueva religión y nueva cultura. Descubrimos
que los judíos ortodoxos también eran Fonziefans (el hecho de que Henry Winkler
fuese abiertamente judío ayudaba). Aparte que aunque católico (casi se murio cuando accidentalmente beso a una monja) El Fonz odiaba la discriminación.
Otro factor que hacía
a Fonz tan adorable es que nunca fue un estereotipo ni personaje negativo. A
veces sus conocimientos del mundo de la vida lo hacían sacar a Richie y sus
amigos de problemas que a los que llevaba su inexperiencia adolescente. Por
otro lado, la vida hogareña de RIchie hacía que Fonzie desease tener un núcleo
familiar. Un momento muy conmovedor fue cuando Richie cayó en coma y Fonz tuvo un dialogo con D-s.
Su relación con
los padres de su amigo era maravillosa, puesto que Mr. y Mrs. C ., como el Fonz
los llamaba, veían a través de la máscara de semi delincuente del motociclista.
Eventualmente, Fonzie se fue a vivir con Los Cunningham , lo que hizo más
interesante la dinámica de los protagonistas.
Happy Days tuvo nueve temporadas. Richie se graduaba
de la secundaria, hacia el servicio militar e iba a la universidad. La serie
terminaba con Richie casado y trabajando como periodista en 1962. Entremedio,
la pasión por Los 50 siguió
aflorando en la pantalla chica y la grande también.
Los 50 en el
Cine
El ejemplo mayor
es Grease que debutaba en el cine en 1978, pero ya antes había otros
filmes que rememoraba esa era mágica. Richard Thomas que, gracias a su
interpretación de John-Boy en Los Waltons, se estaba convirtiendo en Teen
Idol de una América nostálgica, retrató en un telefilme September 30, 1955
el impacto que la muerte de James Dean tenía en un chico de una zona rural de
America.
Si en un éxito
musical de 1972, “Miss American Pie” , se menciona “el día en que la música
murió” el recuerdo de Buddy Holly y sus
compañeros estaba presente en la era de nostalgia. A pesar de que el musical Grease
incluía una copia de “La Bamba” de Ritchie Valens , el filme lo quitó. Como
compensación, ese mismo año Gary Bussey protagonizó The Buddy Holly Story.
Un filme que no abrazó
la visión idealizada la América de McCarthy y la Guerra Fria fue la Oda a
Billy Joel (1976). Hoy más recordada por su tema musical, la película
convirtió a Robby Benson en estrella, haciéndonos olvidar que fue uno de los
primeros filmes en hablar de homosexualidad entre adolescentes y de cómo los
prejuicios de la década y la estrechez de mente de las pequeñas poblaciones empujaban
al protagonista al suicidio.
Grease cerró el ciclo de nostalgia de Los 50 de
la década setentera, pero no fue la única fuente de nostalgia. Si los jóvenes oían
de sus padres lo que era bailar el rock, también escuchaban a sus abuelos contarles
sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial y de paso mostrarles cómo se bailaba
un jitterbug. De la nostalgia por Los 40
hablaré, si D-s quiere, la próxima vez.
BIBLIOGRAFIA
Brooks, Marla. The
American Family on Television: A Chronology of 121 Shows 1948-2004
Handy, Bruce. Hollywood
High: A Totally Epic, Way Opinionated Story of Teen Movies.
Miller, Donald C. Coming
of Age in Popular Culture: Teenagers, Adolescence and the Art of Growing Up
Palladino, Grace. Teenagers:
An American History
Rollin, Lucy. Twentieth
Century Teen Culture by Decades



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