Extraje el título
de las palabras de Heather Morris la autora de la novela. Son su respuesta a
las muchas críticas—la mayoría injustas—que han caído sobre su superventas. Antes de hablar de la serie, aprovecharé de
corregir los motivos que han provocado indigna mala prensa en contra del libro,
la serie, la autora y el protagonista de The Tattooist of Auschwitz.
¿Cuándo se Sobrepasa
la Licencia Dramática?
Hace unos días
Gato Rafa me hizo una pregunta muy válida. ¿Puede el Centro de Investigaciones
del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau ejercer censura sobre el contenido de
una novela? Según mi criterio si puede.
El Centro que es
parte del museo no fue creado como un instrumento de censura sino como un
centro de recopilación de toda información concerniente al campo de
concentración/de exterminio (era ambos) más grande de la maquinaria nazi. La
intención de crear esta biblioteca, por llamarla así, que tanto abarcaba
documentos oficiales como memorias de sobrevivientes, era evitar errores que
diesen pie a los Negacionistas para poner en duda la veracidad del Holocausto.
A partir de este
siglo , el Centro ha elevado críticas sobre obras de ficción que, aunque
dramaticen hechos ocurridos con personajes ficticios o reales también incluyan sucesos
que nunca ocurrieron en Auschwitz. Algunas de las criticas las han recibido el
libro El niño del piyama a rayas y la serie de Amazon Hunters. El caso de “El Tatuador” es más complejo, puesto
que sus protagonistas son personas de la vida real. Aun así, me parece que el Centro,
al atacar la novela de Heather Morris ha hilado muy fino.
Aunque no se
valga la comparación, quería contrastar la falta de veracidad de Vuelo 61 con la de la novela de Heather Morris. Hago
hincapié en el término “”novela” puesto que la misma escritora ha colocado un disclaimer
en su relato del Holocausto basado en las experiencias de un sobreviviente. Con
esto digo que, aunque se trate de horrores y milagros vividos en Auschwitz por Ludwig
“Lale” Sokolov (cuyo verdadero apellido era Eisenberg) , habrá licencias
poéticas en la narrativa.
El problema de
historicidad de Vuelo 601 es que más de la mitad de sus personajes no
existen y que los sucesos reales están distorsionados hasta el punto de la
difamación. En cambio, si existieron Lale Sokolov, su esposa Gita Furman, y “Cilka” Klein tal como existieron sus verdugos
Stefan Baretski, Johann Schwarzhuber y el Dr. Horst Schumann. Hay documentos
encontrados en Alemania, Eslovaquia y Australia que atestiguan su realidad, así
como hay amigos y parientes que prueban que no fueron personajes de ficción.
El problema es
que debido a que la investigación de Morris no fue minuciosa y que la memoria
de un anciano de 90 años le puede jugar malas pasadas, el libro presenta errores en cifras, en
nombres o el que la ruta que toma el tren que lleva a Lale a Auschwitz siga la actual
y no la de 1942. Aun así, el 95 % del libro es real (según la autora) y se siente
así. Esta es la génesis de la novela.
Todo comienza a
fines del Siglo XX en Melbourne, Australia.
La trabajadora social Heather Morris ha estado tomando cursos de redacción
literaria y asistido a talleres para escritores. Quiere escribir una memoria,
pero no sabe de quien. Un amigo le cuenta que tiene un amigo cuyo padre
sobrevivió Auschwitz. Mrs. Morris contacta a Ludwig “Lale “ Sokolov y comienza a
visitarlo en el departamento donde el anciano vive solo desde que enviudó.
“Esta es una Historia
de Amor”
Desde el comienzo,
Lale le advierte.” Esta es una historia
de amor”. Fue en el infierno del Lager donde el joven eslovaco conoció a
Gisela “Gita “Furman, el amor de su vida.
Heather sabe poco del Holocausto y queda muy impresionada ante las
reminiscencias de Lale quien sobrevivió Auschwitz gracias a su destreza para
tatuar números en los brazos de los prisioneros. Números que los identificaban
y deshumanizaban puesto que remplazaban sus nombres propios.
Por tres años,
Heather Morris condujo estas entrevistas, proceso que acabó con la muerte de
Lale en el 2006. A Mrs. Morris le pareció que el material merecía un filme y lo
convirtió en un guion que nunca fue aceptado. Convencida de que era una
historia que merecía ser oída, decidió rescribirla en formato de novela. Su
libro, que fue publicado en el 2018,
pronto alcanzaba el primer lugar de la Lista del New York Times. Fue un bestseller en más de la docena de
idiomas a los que fue traducido (400.000 volúmenes vendidos nada más que en Inglaterra).
Ha recibido elogios de la crítica y sin embargo ha sido objeto de controversia.
Memoria vs la Memoria de Lale
El ataque vino
desde Memoria, la revista del Centro de Investigaciones del Museo y
Memorial de Auschwitz. En siete páginas, Wanda Witek-Malicka señaló
que Morris había cometido errores históricos que restaban veracidad al relato.
Voy a listar los errores más importantes:
a)
El número
que Lale tatuó en el brazo de Gita corresponde a gente que llegó en 1943, ella
había llegado un año antes. En su declaración a la USC Shoah Foundation en 1996, Gita dijo que
su número era 45 62. Este error puede deberse a una transcripción errada de Morris
o a la memoria frágil de un anciano de más de 90 años.
b)
Estando
Gita enferma de gravedad, Lale se las ingenia para conseguirle “penicilina”. La
penicilina no era usada comercialmente en esa época. A lo mejor, Morris intentó darle un nombre al término “medicamento”.
En su declaración , Gita habló de Prontocil, un antecesor de los antibióticos
modernos y la autora incluye este dato en su ‘fe de erratas”.
c)
Lale
habla de los experimentos del Dr. Mengele para esterilizar judíos y como este
médico fue quien castró a León, amigo y aprendiz del tatuador. Lo cierto es que
Josef Mengele llegó a Auschwitz recién en 1944 y su área de experimentación
eran gemelos y enanos. Quien esterilizaba era el Dr. Horst Schumann, pero no es
como que al llegar a Auschwitz a los prisioneros los presentasen formalmente a
sus verdugos. Quizá, por años, Lale creyó que era Mengele al que conoció por
ser este el médico más infame— pero celebre—de Auschwitz.
d)
Heather
Morris siguió su bestseller con otro libro llamado Cilka’s Journey. En
el relata la tragedia de Cecilia “Cilka” Stein, una joven eslovaca que fue
obligada por el Lagerfuhrer Johann Schwarzhuber a ser su amante. Cilka
aparece tanto en el libro como en la adaptación puesto que Gita solicita su
ayuda para salvar a Lale. A su llegada al campo, Cilka fue “seleccionada” por
el oficial para ser violada sistemáticamente por este individuo.
En el libro, aparte del punto
de vista del protagonista, solo tenemos otro, el de Cilka. Por eso sabemos que
las violaciones ocurrían en secreto. Esta
historia también ha sido puesta en duda, sin mediar bases para el escepticismo
. Solo ese puritanismo hipócrita que ha permeado la historia del Holocausto donde,
por pudor, vergüenza o machismo, se han ocultado los abusos sexuales que sufrieron
las judías a manos de sus captores.
e)
Obra falsedad
de la que han acusado al texto es de “la amistad” entre Lale y el guardia Stefan
Baretski. Nunca fue amistad. Es cierto que Baretski , en un par de ocasiones, ayudó a Lale y a Gita, pero era un individuo
tan volátil que no se podía confiar en él. Tanto daba con una mano como dañaba
con la otra. Libro como serie lo describen como un antisocial, bebedor, solitario,
desorientado, pero muy cruel. Baretski fue condenado y encarcelado después del Juicio
de los Guardias de Auschwitz en 1963. No hay evidencia que haya contactado a
Lale para pedirle referencias de conducta. ¿Como iba a saber que Lale se había
cambiado de nombre? Esa añadidura de la serie es producto del guion.
En el libro, Lale no se despidió de Baretski. Esa
declaración de “has sido como un hermano
para mí”, aparte de insólita, nunca sucedió. Únicamente sirve para añadir
confusión en el espectador sobre las razones por las cuales Lale se siente
culpable. Existieron otros guardias más
humanos que el handler del tatuador, cuya única excusa era ser despreciado por
los otros guardias y sus superiores por ser un volksdeustche rumano que
hablaba mal el alemán.
Quienes critican el libro de
Morris argumentan que era imposible que se desarrollaran relaciones entre guardias
y prisioneros, fuesen románticas,
amistosas o laborales. ¿Nunca oyeron del romance entre Helena Citronova y el guardia SS, Franz Wunsch, que hasta ha dado para una ópera? ¿No leyeron
a Primo Levi contándonos del guardia que quería hablar italiano? ¿No conocen el nombre de Victor Pestek, amigo de la infancia de Baretski, que acabó de guardia en Auschwitz y huyó junto
a Siegfried Lederer del campo en 1944? Betz, que, por amor a una chica judía,
regresó para rescatarla, fue arrestado, torturado y fusilado.
Ni hablar del respeto que Mengele
sentía por Alma Rosen, la directora de
la orquesta femenina de Auschwitz, o su relación casi cordial con la Dra.
Gisela Perl y con su asistente, el
medico húngaro Miklos Nyiszli. En Auschwitz se daban los horrores más monstruosos,
pero también los vínculos más extraños. Era un sitio tan caótico que
excepciones a la regla llegaban a ocurrir siendo un gesto de humanidad de parte
de los poderosos la proverbial aguja perdida en un pajar.
f)
Leí
un comentario en IMDB donde alguien se quejaba que no creía en la solidaridad
que permea la serie, sobre todo entre las amigas de Gita. Le sorprendía que
compartiesen comida cuando los testimonios del hambre que afligía a los
prisioneros nos los muestran deshumanizados hasta el punto de matarse por
un cacho de pan. Tristemente ese es el caso de la gran mayoría de los
prisioneros, pero se vale recordar que ciertos trabajos (Lale de tatuador; Gita
primero en “Canadá” y luego en la oficina) permitían un mínimo de más comida y
esos trabajadores eran los que compartían sus raciones o las intercambiaban por
otros productos.
Primo Levy, a pesar de su
empleo de laboratorio, sobrevivió por
las raciones que le traía su amigo Roberto.
Una sobreviviente de Auschwitz me dijo una vez “las mejores amigas de mi
vida las encontré en el Lager”. El
objetivo nazi era destruir la humanidad y los códigos morales de sus víctimas,
pero muchos sobrevivieron gracias al apoyo de otros o apoyando ellos a terceros,
aun a perfectos extraños.
Dramatizar el Holocausto Siempre Conlleva Críticas
No hay memoria de
sobreviviente que no haya recibido ataques, cuanto más famosa más criticada.
Sir Elie Wiesel se lanzó en picada en contra de series de televisión como Holocausto y War and Remembrace. Las llamó “melodramas baratos y
simplistas”. Citó a Wittgestein: “De lo que no se habla, no se debe hablar”. Sin embargo, su Noche, donde narra sus
experiencias en Auschwitz y Buchenwald fue, en su día, acusada de falsear
hechos.
Schindler List también recibió fuertes censuras (por “glorificar
a un nazi”) y sin embargo la
despreciable La Vita e Bella ha sido alabada hasta por el
escritor-sobreviviente Imre Kertesz quien acusaría a la “Industria del Holocausto”
de promover kitsch, visiones de mal gusto y edulcoradas de una realidad
terrible. Nada de eso ocurre en The Tattooist of Auschwitz. donde Heather Morris incluye un disclaimer
afirmando que se trata de una novela inspirada por hechos y personajes reales.
Después de estas
aclaraciones es posible examinar la adaptación a la pantalla chica del libro.
Aunque es buenísima y muy recomendable, es triste ver que las críticas y
ataques empujaron a los adaptadores a echar mano de recursos más inverosímiles
que los criticados.