lunes, 15 de julio de 2024

“No es La Historia del Holocausto, sino una Historia en el Holocausto”: El Tatuador de Auschwitz (I, Libro)

 


Extraje el título de las palabras de Heather Morris la autora de la novela. Son su respuesta a las muchas críticas—la mayoría injustas—que han caído sobre su superventas.  Antes de hablar de la serie, aprovecharé de corregir los motivos que han provocado indigna mala prensa en contra del libro, la serie, la autora y el protagonista de The Tattooist of Auschwitz.

¿Cuándo se Sobrepasa la Licencia Dramática?

Hace unos días Gato Rafa me hizo una pregunta muy válida. ¿Puede el Centro de Investigaciones del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau ejercer censura sobre el contenido de una novela? Según mi criterio si puede.

El Centro que es parte del museo no fue creado como un instrumento de censura sino como un centro de recopilación de toda información concerniente al campo de concentración/de exterminio (era ambos) más grande de la maquinaria nazi. La intención de crear esta biblioteca, por llamarla así, que tanto abarcaba documentos oficiales como memorias de sobrevivientes, era evitar errores que diesen pie a los Negacionistas para poner en duda la veracidad del Holocausto.

A partir de este siglo , el Centro ha elevado críticas sobre obras de ficción que, aunque dramaticen hechos ocurridos con personajes ficticios o reales también incluyan sucesos que nunca ocurrieron en Auschwitz. Algunas de las criticas las han recibido el libro El niño del piyama a rayas y la serie de Amazon Hunters. El caso de “El Tatuador” es más complejo, puesto que sus protagonistas son personas de la vida real. Aun así, me parece que el Centro, al atacar la novela de Heather Morris ha hilado muy fino.

                         Edición enpastada de El Tatuador de Auschwitz



Aunque no se valga la comparación, quería contrastar la falta de veracidad de Vuelo 61 con la de la novela de Heather Morris. Hago hincapié en el término “”novela” puesto que la misma escritora ha colocado un disclaimer en su relato del Holocausto basado en las experiencias de un sobreviviente. Con esto digo que, aunque se trate de horrores y milagros vividos en Auschwitz por Ludwig “Lale” Sokolov (cuyo verdadero apellido era Eisenberg) , habrá licencias poéticas en la narrativa.

El problema de historicidad de Vuelo 601 es que más de la mitad de sus personajes no existen y que los sucesos reales están distorsionados hasta el punto de la difamación. En cambio, si existieron Lale Sokolov, su esposa Gita Furman, y  “Cilka” Klein tal como existieron sus verdugos Stefan Baretski, Johann Schwarzhuber y el Dr. Horst Schumann. Hay documentos encontrados en Alemania, Eslovaquia y Australia que atestiguan su realidad, así como hay amigos y parientes que prueban que no fueron personajes de ficción.

                                    Los Solokov en Australia

El problema es que debido a que la investigación de Morris no fue minuciosa y que la memoria de un anciano de 90 años le puede jugar malas pasadas,  el libro presenta errores en cifras, en nombres o el que la ruta que toma el tren que lleva a Lale a Auschwitz siga la actual y no la de 1942. Aun así, el 95 % del libro es real (según la autora) y se siente así. Esta es la génesis de la novela.

Todo comienza a fines del Siglo XX en Melbourne,  Australia. La trabajadora social Heather Morris ha estado tomando cursos de redacción literaria y asistido a talleres para escritores. Quiere escribir una memoria, pero no sabe de quien. Un amigo le cuenta que tiene un amigo cuyo padre sobrevivió Auschwitz. Mrs. Morris contacta a Ludwig “Lale “ Sokolov y comienza a visitarlo en el departamento donde el anciano vive solo desde que enviudó.

“Esta es una Historia de Amor”

Desde el comienzo,  Lale le advierte.” Esta es una historia de amor”. Fue en el infierno del Lager donde el joven eslovaco conoció a Gisela “Gita “Furman,  el amor de su vida. Heather sabe poco del Holocausto y queda muy impresionada ante las reminiscencias de Lale quien sobrevivió Auschwitz gracias a su destreza para tatuar números en los brazos de los prisioneros. Números que los identificaban y deshumanizaban puesto que remplazaban sus nombres propios.





Por tres años, Heather Morris condujo estas entrevistas, proceso que acabó con la muerte de Lale en el 2006. A Mrs. Morris le pareció que el material merecía un filme y lo convirtió en un guion que nunca fue aceptado. Convencida de que era una historia que merecía ser oída, decidió rescribirla en formato de novela. Su libro,  que fue publicado en el 2018, pronto alcanzaba el primer lugar de la Lista del New York Times.  Fue un bestseller en más de la docena de idiomas a los que fue traducido (400.000 volúmenes vendidos nada más que en Inglaterra). Ha recibido elogios de la crítica y sin embargo ha sido objeto de controversia.



Memoria vs la Memoria de Lale

El ataque vino desde Memoria, la revista del Centro de Investigaciones del Museo y Memorial de Auschwitz. En siete páginas, Wanda Witek-Malicka  señaló que Morris había cometido errores históricos que restaban veracidad al relato. Voy a listar los errores más importantes:

a)      El número que Lale tatuó en el brazo de Gita corresponde a gente que llegó en 1943, ella había llegado un año antes. En su declaración a la USC Shoah Foundation en 1996, Gita dijo que su número era 45 62. Este error puede deberse a una transcripción errada de Morris o a la memoria frágil de un anciano de más de 90 años.

b)     Estando Gita enferma de gravedad, Lale se las ingenia para conseguirle “penicilina”. La penicilina no era usada comercialmente en esa época. A lo mejor,  Morris intentó darle un nombre al término “medicamento”. En su declaración , Gita habló de Prontocil, un antecesor de los antibióticos modernos y la autora incluye este dato en su ‘fe de erratas”.

 


c)      Lale habla de los experimentos del Dr. Mengele para esterilizar judíos y como este médico fue quien castró a León, amigo y aprendiz del tatuador. Lo cierto es que Josef Mengele llegó a Auschwitz recién en 1944 y su área de experimentación eran gemelos y enanos. Quien esterilizaba era el Dr. Horst Schumann, pero no es como que al llegar a Auschwitz a los prisioneros los presentasen formalmente a sus verdugos. Quizá, por años, Lale creyó que era Mengele al que conoció por ser este el médico más infame— pero celebre—de Auschwitz.

 

 


d)     Heather Morris siguió su bestseller con otro libro llamado Cilka’s Journey. En el relata la tragedia de Cecilia “Cilka” Stein, una joven eslovaca que fue obligada por el Lagerfuhrer Johann Schwarzhuber a ser su amante. Cilka aparece tanto en el libro como en la adaptación puesto que Gita solicita su ayuda para salvar a Lale. A su llegada al campo, Cilka fue “seleccionada” por el oficial para ser violada sistemáticamente por este individuo.

 

                Johann Schwarzhuber en el banquillo de los acusados

En el libro, aparte del punto de vista del protagonista, solo tenemos otro, el de Cilka. Por eso sabemos que las violaciones ocurrían en secreto.  Esta historia también ha sido puesta en duda, sin mediar bases para el escepticismo . Solo ese puritanismo hipócrita que ha permeado la historia del Holocausto donde,  por pudor, vergüenza o machismo,  se han ocultado los abusos sexuales que sufrieron las judías a manos de sus captores.

 

e)      Obra falsedad de la que han acusado al texto es de “la amistad” entre Lale y el guardia Stefan Baretski. Nunca fue amistad. Es cierto que Baretski , en un par de ocasiones,  ayudó a Lale y a Gita, pero era un individuo tan volátil que no se podía confiar en él. Tanto daba con una mano como dañaba con la otra. Libro como serie lo describen como un antisocial, bebedor, solitario, desorientado, pero muy cruel. Baretski fue condenado y encarcelado después del Juicio de los Guardias de Auschwitz en 1963. No hay evidencia que haya contactado a Lale para pedirle referencias de conducta. ¿Como iba a saber que Lale se había cambiado de nombre? Esa añadidura de la serie es producto del guion.

 

                                   Unica foto que se conoce de Stefan Barestski

En el libro,  Lale no se despidió de Baretski. Esa declaración de  “has sido como un hermano para mí”,  aparte de insólita,  nunca sucedió. Únicamente sirve para añadir confusión en el espectador sobre las razones por las cuales Lale se siente culpable.  Existieron otros guardias más humanos que el handler del tatuador, cuya única excusa era ser despreciado por los otros guardias y sus superiores por ser un volksdeustche rumano que hablaba mal el alemán.  

 

Quienes critican el libro de Morris argumentan que era imposible que se desarrollaran relaciones entre guardias y prisioneros,  fuesen románticas, amistosas o laborales. ¿Nunca oyeron del romance entre Helena Citronova y el guardia SS,  Franz Wunsch,  que hasta ha dado para una ópera? ¿No leyeron a Primo Levi contándonos del guardia que quería hablar italiano?  ¿No conocen el nombre de Victor Pestek, amigo de la infancia de Baretski,  que acabó de guardia en Auschwitz y huyó junto a Siegfried Lederer del campo en 1944? Betz, que, por amor a una chica judía, regresó para rescatarla,  fue arrestado,  torturado y fusilado.   

 


Ni hablar del respeto que Mengele sentía por Alma Rosen,  la directora de la orquesta femenina de Auschwitz, o su relación casi cordial con la Dra. Gisela Perl y con su asistente,  el medico húngaro Miklos Nyiszli. En Auschwitz se daban los horrores más monstruosos, pero también los vínculos más extraños. Era un sitio tan caótico que excepciones a la regla llegaban a ocurrir siendo un gesto de humanidad de parte de los poderosos la proverbial aguja perdida en un pajar.

 

f)        Leí un comentario en IMDB donde alguien se quejaba que no creía en la solidaridad que permea la serie, sobre todo entre las amigas de Gita. Le sorprendía que compartiesen comida cuando los testimonios del hambre que afligía a los prisioneros nos los muestran   deshumanizados hasta el punto de matarse por un cacho de pan. Tristemente ese es el caso de la gran mayoría de los prisioneros, pero se vale recordar que ciertos trabajos (Lale de tatuador; Gita primero en “Canadá” y luego en la oficina) permitían un mínimo de más comida y esos trabajadores eran los que compartían sus raciones o las intercambiaban por otros productos.

 


Primo Levy, a pesar de su empleo de laboratorio,  sobrevivió por las raciones que le traía su amigo Roberto.  Una sobreviviente de Auschwitz me dijo una vez “las mejores amigas de mi vida las encontré en el Lager”.  El objetivo nazi era destruir la humanidad y los códigos morales de sus víctimas, pero muchos sobrevivieron gracias al apoyo de otros o apoyando ellos a terceros,  aun a perfectos extraños.



Dramatizar el Holocausto Siempre Conlleva Críticas

No hay memoria de sobreviviente que no haya recibido ataques, cuanto más famosa más criticada. Sir Elie Wiesel se lanzó en picada en contra de series de televisión como Holocausto y War and Remembrace.  Las llamó “melodramas baratos y simplistas”.  Citó a Wittgestein:   “De lo que no se habla,  no se debe hablar”.  Sin embargo, su Noche, donde narra sus experiencias en Auschwitz y Buchenwald fue, en su día, acusada de falsear hechos.

Schindler List también recibió fuertes censuras (por “glorificar a un nazi”)  y sin embargo la despreciable La Vita e Bella ha sido alabada hasta por el escritor-sobreviviente Imre Kertesz quien acusaría a la “Industria del Holocausto” de promover kitsch, visiones de mal gusto y edulcoradas de una realidad terrible. Nada de eso ocurre en The Tattooist of Auschwitz.  donde Heather Morris incluye un disclaimer afirmando que se trata de una novela inspirada por hechos y personajes reales.



Después de estas aclaraciones es posible examinar la adaptación a la pantalla chica del libro. Aunque es buenísima y muy recomendable, es triste ver que las críticas y ataques empujaron a los adaptadores a echar mano de recursos más inverosímiles que los criticados.



lunes, 8 de julio de 2024

Errores y Horrores de El Secuestro del Vuelo 601 (Netflix)

 


Me había prometido no ver nada mas de Netflix, cuando mi Beta Lorena me convenció de ver El secuestro del Vuelo 601. Aparte de la vergüenza, rabia y tedio de ver como Netflix se aprovecha de las agendas políticas de determinados países latinos para esparcir su wokismo y su infame pobreza cinemática, sentí una gran lástima por todas las personas que en el globo terráqueo siguen pagándole a esta infernal plataforma. No reparan en que aparte de adoctrinarlos y desinformarlos, les ofrecen la misma  “ olla de mier..” que en la serie el Ministro Esquerra ofrece a Pirateque.

Cuando Los Secuestros Eran Aventuras

Tengo un vago recuerdo de lo ocurrido con este vuelo,  a pesar de que, en mayo de 1973, los chilenos teníamos otras preocupaciones. Lo que recuerdo es que fue un poco bochornoso. Lo primero que se supo fue que un par de guerrilleros armados habían secuestrado, en Colombia,  un vuelo de una aerolínea local.



El suceso no causaba mucha sorpresa porque ocurría cada rato y lo más que se perdía era tiempo y dinero. En mi anterior nota hablé de las peculiaridades del famoso viaje forzado a Cuba y que, aunque en Chile había ocurrido un incidente de sangre en 1970, la gente todavía lo veía como un circo y una oportunidad imperdible.

Aquí les coloco un recuento de un capitán de la LAN (Amaro Bamón) que nos narra de sus experiencias con piratería aérea y especialmente un caso jocoso. Una mamá chilena secuestrada recibió la oferta de bajar en Coquimbo antes del vuelo forzado al Caribe. La señora preguntó si podía encargarle a su bebé a su madre y volver al avión. ¡No quería perderse la experiencia de vivir la aventura del secuestro!

No todo era diversión. Leí también comentarios en YT de una secuestrada en un avión de Panam que,  debido  al susto,  perdió él bebé que esperaba. Sin embargo, en comparación con los secuestrados por terroristas islámicos, el viaje a Cuba no parecía muy peligroso.

Un Secuestro Sui Generis

Desde el comienzo,  este viaje del 601 presentó aspectos muy raros. Los piratas que se robaron el vuelo que iba rumbo a Cali, abordaron el avión en una parada en Pereira. El avión llevaba casi un centenar de pasajeros que incluían hombres, mujeres, niños, un equipo de ciclistas y hasta monjitas. Lo que no había era una embarazada de verdad o falsa. Esa fue una invención de la serie.

Los aeropiratas exigieron la liberación de una cierta cantidad de estudiantes prisioneros en El Socorro,  arrestados durante los disturbios universitarios de ’72. Luego pidieron una fuerte cantidad ($200.000) y en vez de Cuba,  querían pasaje gratis a Aruba, en Las Antillas Holandesas. Antes hubo que descender en Medellín para cargar gasolina.



Una vez en Aruba, la situación se complicó. Aunque durante todo el secuestro los piratas estuvieron encapuchados, había algo en ellos que no cuadraba. El destino del viaje y la fuerte suma de dinero no eran ingredientes de los vuelos raptados a Cuba. El modo de hablar de los individuos no era colombiano,  no parecían ser miembros de ninguna militancia, y,  a pesar de decir que eran miembros del ELN (Ejército de Liberación Nacional),  esta entidad no los reconocía.

En vista de esos factores, el gobierno de Misael Pastrana se desvinculó del asunto anunciando que no negociaban con terroristas. Ahora quedaba en manos de la aerolínea SAM (Sociedad Aérea de Medellín)  la libertad de 84 pasajeros más siete miembros de la tripulación que incluían una auxiliar de vuelo llamada Nancy Ramírez (que no era “nuevona” ni histérica como la Marisol de la serie).



En Aruba comenzaron a soltar gente: una mamá con un bebé, unas monjitas y unas viejitas. Un vivo se colgó del brazo de una abuelita diciendo “Es mi mamá y no puedo dejarla sola”. Lo dejaron bajar sin problemas.  Los ciclistas les lloraron a los secuestradores que si no bajaban no iban a poder participar en una importante carrera. Al parecer un secuestrador reconoció al portavoz del grupo y los dejó libres. Entre tanto desbarajuste, más de una docena de pasajeros se fugaron por una escotilla del avión.



La situación dentro de la nave era caótica. El calor era insoportable. No habían comido más que unos bocadillos enviados por las autoridades de Aruba que ahora exigían que se largaran porque necesitaban el aeropuerto para sus propios aviones.

Obligado por los secuestradores, el Capitán Lucena enfiló rumbo a varios países centroamericanos, ninguno de los cuales les dio venia para aterriza. Debido a un desperfecto, el avión volvió a Aruba. Para entonces el abogado de SAM, Dr. Ignacio Mustafá se había apersonado em el aeropuerto Princesa Beatriz y comenzaron las negociaciones.

                          Los ciclistas liberados (y no hubo beso gay en el aeropuerto)

Llevaban 32 horas desde su salida de Colombia y todos, incluyendo a los secuestradores, estaban agotados. Mustafá consiguió que los piratas aceptasen dos condiciones: una rebaja en el rescate y que la tripulación fuese cambiada por otra refrescada y sin tensiones que los llevase a cometer algún error en la navegación.

Relevo y Rescate

A 38 horas del secuestro, se relevó a la tripulación , soltaron a nueve pasajeros más y subieron a bordo el Capitán Hugo Molina, su copiloto Pedro Ramírez, el ingeniero de vuelo Alfredo Shaffer y tres azafatas. El Capitán Molina cargaba un bolsón con $50.000 que procedieron los secuestradores a repartirse. Las nuevas azafatas eran Edilma “Edi”  Pérez, Maria Eugenia (que en la serie se llama Bárbara)  Gallo y Magola González.

                      La verdadera Edilma Pérez

Edi era madre soltera de cinco hijos y solo aceptó ir a un avión secuestrado porque le prometieron un aumento de sueldo. Dejó a sus hijos en manos de su hermana. El caso de María Eugenia refleja el poco temor que había hacia estos actos de piratería aérea. El año anterior otro avión de la SAM había sido desviado a Cuba sin grandes percances y la joven aeromoza quería vivir esa experiencia.

                          La verdadera María Eugenia Gallo

Finalmente, el avión dejó Aruba y partió hacia Sudamérica. Primero aterrizaron en Guayaquil, donde se aprovisionaron de comida y fuselaje, pero las autoridades ecuatorianas exigieron que siguieran vuelo. Para entonces la idea de liberar presos políticos se había disipado. Con dinero, los piratas estaban más relajados, aunque le enfadó leer en un periódico que los acusaban de ser violentos con los rehenes. Nunca lo fueron ni usaron el lenguaje soez que los caracteriza en la serie.

Tampoco nunca se les pasó por la cabeza regresar a Colombia. Su intención era acabar en algún país Sudamericano. Querían aterrizar en Antofagasta, pero la pista era muy pequeña por lo que optaron irse al Perú. En Lima se le dejó aterrizar. Ahí se bajaron catorce pasajeros, los peruanos recibieron amigablemente el vuelo, les permitieron abastecerse de combustible y les llevaron comida, la primera cena formal que tuvieron, pero acabado el postre les solicitaron las autoridades peruanas que se marcharan.

 Se fueron a Argentina. En Mendoza desembarcaron los últimos pasajeros. De ahí el avión llegó al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires. Entonces hubo tamaña sorpresa. Del avión desembarcó solo la tripulación, completa e ilesa; ¡los piratas aéreos habían desaparecido! Tras varias horas de interrogatorio se supo que un secuestrador había desembarcado un secuestrador en el aeropuerto de Resistencia y al otro lo desembarcaron en Asunción.



Según el Capitán Molina hubo un acuerdo “entre caballeros” con los secuestradores quienes querían llevarse a las auxiliares de vuelo como rehenes. A cambio,  Molina ofreció desembarcarlos clandestinamente en ciudades distintas (Borja en Resistencia y Toro en su natal Asunción) y guardar silencio por un par de día sobre sus destinos y así darles la oportunidad de evadir captura.

En el caso de las azafatas, el silencio fue más complicado. A pesar de las presiones de la policía y los medios, ni Edie ni Maria Eugenia contarían nada sobre el secuestro sino hasta este siglo donde relatarían que juraron callar a los secuestradores luego que estos amenazaran con matar a sus familias.   Entretanto la colaboración de un periodista (ni parecido al Flaco Marulanda) la policía colombiana y la misma comunidad paraguaya de Pereira,  había dado con la identidad de los secuestradores. Así fue más fácil encontrar a Francisco Solano.



A Toro lo encontraron rapidito en Paraguay. No regalando dinero como dice la serie,  sino comprando propiedades con billetes grandes de dólar. Se le extraditó a Colombia, sirvió seis años de prisión y tras salir siguió delinquiendo muriendo en un asalto a un banco en Argentina. Eusebio Borja, su compañero, nunca más ha sido encontrado.

                                Unica foto de Toro y Borja

Lo Condenados del Aire

Por décadas,  este secuestro fue parte de los anales de la piratería aérea por dos razones: el haber sido uno de los más largos que se recuerde (60 horas) y por lo sui generis, incluyendo el que uno de los piratas huyese y jamás hubiese sido encontrado. En eso se asemeja al legendario D.B. Cooper, el primer asaltante aéreo quien se lanzó en paracaídas cargando el dinero del rescate y nunca fue capturado. Como esto ocurrió en 1971, se puede pensar que la operación de los paraguayos, dos años más tarde,  es un copycat del asalto de Cooper.

En este siglo, el periodista italiano Massimo Di Ricco publicó su libro Los condenados del aire.  Di Ricco,  que enseña en la Universidad de Barranquilla, estaba haciendo una investigación sobre la piratería aérea cundo descubrió que nadie había hecho un trabajo exhaustivo sobre el Vuelo 601. Tras entrevistar a los sobrevivientes, Di Ricco escribió un libro que atraería el interés de Netflix.



Yo leí el primer capítulo (está en-línea) y es una crónica novelada contada desde diferentes perspectivas, pero que se atiene a los hechos reales. En cambio, Netflix ha hecho un fanfiction en el que deforma los sucesos, deja afuera toda veracidad,  ofende tanto a la verdadera tripulación como a los pasajeros y de paso,  propaga calumnias infames sobre el gobierno de Misael Pastrana y hasta de la hermana nación de Perú. Todo para satisfacer la agenda política de la plataforma y la del gobierno de Gustavo Petro.

Netflix ha encontrado una gran salida creando material original en América Latina. Por eso vive produciendo allá con historias y talento local. Es más barato y como está la política en el continente, más fácil incluir en los guiones los cuasi valores que abrazan tanto la nueva izquierda como Netflix. Di Ricco vendió los derechos de una novela de la cual solo sobrevive el título.

Más Machista que Woke

Netflix ha creado un guion anárquico en el cual ni el tono se entiende. A ratos es comedia, a ratos es drama, a ratos es teatro del absurdo. Lo único claro es una denuncia casi incoherente al clasismo, racismo y sexismo de la sociedad colombiana de entonces. No niego que tales lacras existieron y siguen existiendo en el mundo hispano parlante, pero la manera de presentarlas parece a ratos burlesca. La mofa no va en contra del perpetrador sino de la víctima, sobre todo cuando esta es mujer, porque hasta los secuestradores son machistas.

Sucesivamente vemos a los aeropiratas insultar verbalmente a las sobrecargos, gritarlas, ofenderlas , sacudirlas, y amenazarlas con sus armas. Eusebio casi le rompe la mano a Edi y Toro, en Perú pone un cuchillo en el cuello a Barbara (Maria Eugenia) y amenaza con degollarla. Eso es violencia de genero casi tanto como cuando Pirateque (el gerente ficticio de la línea aérea) le dice a Edi que no discute “con mujeres que están menstruando” está agrediéndola verbalmente.




La historia sin embargo finge ser feminista y enfocarse,  al menos en los primeros tres episodios en Edilma Ëdi” Pérez . A mí me sorprende que la verdadera Edi no haya demandado a Netflix por usar su nombre para crear un personaje tan diferente al ella.

Interpretada por Mónica Lopera—una actriz guapa y capaz— Edi es una madre soltera de tres,  desbordada por sus obligaciones familiares que le impiden cumplir con su trabajo, donde le pagan poco. Lleva una carga de violencia adentro que la hermana con la frustración brutal de los secuestradores.  Lo único consistente en la serie es la violencia que aflora en los personajes más tranquilos y en los momentos más inesperados.

En Edi la violencia inicia en el primer cuarto de hora cuando accidentalmente le rompe un diente a su hijo menor y sigue hasta que apuñala la pierna de su superior, acto irresponsable puesto que es el único que puede pilotear el avión, pero ya para ese episodio (cinco) el capitán Wilches es malo, los secuestradores son buenos y Edi es la heroína que a todos salva. No solo no corresponde a hechos reales, sino que es imposible que hubiesen sobrevivido a tantas metidas de pata sobre todo las de la auxiliar de vuelo.



La primera entelequia de la serie es tener a la tripulación encerrada en ese avión durante las sesenta horas del secuestro. Hubiesen enloquecido. Si todo salió sin víctimas fue por el cambio de la tripulación que retirados los agotados  (tras 38 horas de ordalía) fueron reemplazados por refuerzos frescos y descansados. Vale decir que no hubo jamás quejas del comportamiento de ninguno y menos de los capitanes Jorge Lucena y Hugo Molina.

En la serie solo hay un capitán,  Richard Wilkes, un copiloto Lequerica y debido al retraso de Edi solo hay una azafata, en su primer vuelo. Marisol , apodada la “nuevona” (que es una contracción entre “nueva” y “huevona”, que pretende ser jocosa)  se desmaya de susto y los pasajeros quedan sin atención. Otra vez se trata esta crisis como algo cómico. No sé ustedes, pero a mí no me da risa. Es debido a eso que, en Medellín,  a pedido de Wilches,  suben Edi y Barbara cuando el secuestro solo lleva unas horas.



La “nuevona” sigue causando estragos en el vuelo hasta que la bajan en Aruba con la única liberación de rehenes que ocurre en la serie. En la vida real hubo varias liberaciones, más una fuga. Estos cambios alivianaban la tensión. En Vuelo 601, han escogido convertir al avión en una camisa de fuerza gigante, una prisión invariable donde todos van enloqueciendo.

Escatología, Los Ricos y un Falso Retrato del Gobierno de Misael Pastrana

Es comprensible que la tensión, el cansancio el calor y el hambre provoquen una situación límite en la que aflore lo peor de todos. Aun así, las que retrata Vuelo 601, no ocurrieron en ningún vuelo. Son el colmo del absurdo. La escena más grotesca de una serie ya grotesca ocurre por los baños. Solo hay dos en el avión y uno está ocupado por una histérica que (por consejo irracional de Edi) finge estar embarazada.

 Los ciclista se comieron un tamal que les ha sentado mal. Uno de ellos tiene diarrea e intenta ir al baño de Primera Clase. La ricachona (¡que vieja está Patricia Ercole!) en un alarde de clasismo,  se lo impide. Se arma una pelea entre ricos y pobres, el ciclista defeca en los pantalones y Bárbara aprovecha de cachetear a la ricachona. Hasta los secuestradores están asombrados. ¿Quién escribió esta burrada? ¿Emilio Larrossa?





De nuevo entra el juego la confusión de tonos de la historia. En una escena tenemos denuncia al clasismo combinada con violencia entre mujeres y escatología. Estos son recursos chuscos. Es como el discurso del Ministro Esquerra (que nunca existió) salpicado de amenazantes alusiones a violaciones anales. ¿Quieren dar a entender que la psiquis imperante se equilibra entre la homofobia y el homoerotismo?  ¿O que los sectores de poder usan la violencia sexual para amedrentar al pueblo?

Es inconcebible que intenten vendernos a los piratas aéreos como víctimas del sistema y que para lograrlo culpen al gobierno de Misael Pastrana Borrero. Pastrana (cuyo hijo también seria presidente) no fue un gran mandatario, pero tampoco fue malo. Ciertamente fue mejor que su contrincante en las elecciones, el General Rojas Pinilla, uno de los dictadores más sanguinarios de Colombia. Por eso, cuando Pirateque y el secuestrador Ulises acusan a Pastrana de haberse robado las elecciones, están usando un argumento de la clase conservadora.

Si bien es cierto que el gobierno de Pastrana tuvo problemas con revueltas estudiantiles y que las castigó con mano fuerte, no fue dictatorial ni corrupto. En el caso del Vuelo 601 se lavó las manos porque ya estaba hartos de negociar con revolucionarios y porque era obvio que esta pareja de aeropiratas no lo era. El hecho de pedir dinero, de identificarse como miembros de un grupo de guerrilleros (algo que la verdadera guerrilla jamás hacia) y esos acentos que denotaban no ser colombianos ya olían a gato encerrado que el gobierno no planeaba soltar.



El gobierno nunca prohibió que SAM negociara con los secuestradores. por eso Pirateque encarcelado es una incongruencia. Nunca envió a un ministro para ejercer presiones gansteriles sobre la gerencia de SAM y la tripulación. Esta fue interrogada hasta el agotamiento, pero por la policía, no por autoridades mayores. Y nunca el ejército colombiano preparó un operativo que pretendía llevarse por delante a todo el que viniera en el avión. Todos esos embustes provienen del odio de Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, por las fuerza armadas que lo torturaron en sus días de guerrillero.

Ese odio abarca hasta el pobre Capitán Wilches (muy bien interpretado por Christian Tappan de Ël Patrón del Mal”)quien al principio es un hombre muy entero, muy responsable y muy deseoso de proteger a su tripulación y al que los secuestradores desean humillar para que no se convierta en una figura de autoridad . Esto vira en el tercer episodio cuando Wilches, en un alarde de arrogancia,  agrede a Ulises desbaratando un intento de negociación.



De ahí lo retratarán como un individuo machista, clasista (sobre todo en su trato con el copiloto que es costeño y de color) y todo porque el pobre Wilches dijo que antes de trabajar para SAM estuvo en la fuerza aérea colombiana. ¡Anatema! Pero la peor parte la tiene la Guardia Civil peruana.

¿Y Qué les Hizo El Perú?

Resulta que uno de los pocos países que recibió al Vuelo 601 fue Perú. En Lima se les proporcionó gasolina, comida y permiso para que se bajaran nueve rehenes junto con la basura que se había acumulado y que incluía los cadáveres de los pollitos (si, esa parte es verdad).

En cambio, Netflix describe un recibimiento violento en que un grupo de uniformados dementes, feroces y nacionalistas (“Lo hice por el Perú” es la excusa de Quispe quien inicia la balacera) comienzan a dispararles a los secuestradores —que valerosamente se escudan con las azafatas— y hieren a Toro.  ¿De dónde nace esta infame calumnia? Pues de que hoy el Perú—-uno de los pocos países conservadores de America Latina— no se lleva con el gobierno de Gustavo Petro.




Si solo fuera la política la que rige este desastre, pero ni el guion tiene pies ni cabeza. Las críticas recibidas se deben a que el espectador no entiende si es comedia o drama, a que los personajes actúan como si fueran bipolares,  y a que hasta los subtítulos sufren. En el blog EscribiendoCine, Juan Pablo Russo  ha hablado de como este “desafortunado intento de fusionar el thriller con la telenovela” desconcierta al espectador . Agreguémosle que como se les ocurrió la brillante idea de que el dialogo lo conformase un 90% de groserías (muchos localismos colombianos) no hay manera de traducirlo.

La mayor queja es por el capítulo cuatro, un flashback donde se intenta “limpiar” la imagen de los aeropiratas y acaba en un caldo de sordidez casi tan escatológico como toda la serie. Ahí descubrimos detalles que demuestran que los secuestradores tocan fondo cuando acaban sus sueños de ser estrellas de futbol y caen en manos de Pacho,  dueño de un equipo de quinta en Pereira que solo los explota.



Pacho ofrece encontrarle un lugar a Toro (el mejor futbolista del par) en un equipo de primera, pero exige dinero. Para ayudar a su amigo, Eusebio “Ulises” Borja se prostituye y cae en la cama de un tal Checho, apodado El Profe, otro maleante que abusa de él, y le mete drogas e ideas revolucionarias en la cabeza.



El flashback fracasa en su intento de hacernos a los piratas más cercanos o queribles. Asombran su ignorancia, su falta de visión y su incapacidad de tomar buenas decisiones. En eso son muy parecidos a Edi.  Eso explicaría el que,  a partir del quinto episodio,  la “Çabinera” se vuelva cómplice de los delincuentes y totalmente en contra de Wilches al que no solo hiere, sino que entrega a los secuestradores para que hagan con el capitán lo que quieran.

La ironía es que al final es Wilches quien la salva, pero debemos creer que él es el villano,  esbirro de los mecanismos de poder,  y que ella es una valerosa guerrillera. Ese es el mensaje de Netflix para bobos. La verdadera moraleja de esa fabula maloliente es que el rencor social y la falta de criterio te empujan a delinquir, a cometer errores,  y a ponerte en peligro a la vez que te vuelves un peligro para los demás.



Al final,  estas series de Netflix solo denotan deprecio por America Latina donde ricos y pobres son igualmente malos y brutales, donde no hay nada rescatable. Yo diría que Netflix nos está explotando, tal vez “colonizando”,  con este material tan poco elevado y esta imagen de sociedades inútiles que necesitan de la mano fuerte del Hemisferio Norte. ¿Qué opinan?

NOTA: He leído y visto docenas de artículos y videos sobre este hecho. Las discordancias son demasiado grandes para poder crear una bibliografía fidedigna y útil. El mismo Massimo Di Ricco ha dicho que los periódicos de la época se contradecían o daban información que no era verídica. Sin embargo, he encontrado la mayor y mejor cantidad de datos en esta transcripción de un programa radial colombiano.

jueves, 4 de julio de 2024

De Entebbe a Beirut: La Edad de Oro de la Piratería Aérea en la Ficción

 


La entrada anterior fue un preámbulo para explicar el contexto de uno los secuestros aéreos más famosos de los anales de la piratería aérea y que,  a diferencia de 9/11,  tuvo un final feliz. Me refiero al secuestro de un avión de Air France en mayo de1976 y su desvío a Uganda donde fue rescatado por comandos israelíes. Este famoso “Rescate de Entebbe” ha propiciado una media docena de filmes y documentales creando una imagen de la piratería aérea en la cultura popular.

Cuando Israel dijo “Basta”

Estos fueron los hechos:  en julio de 1976, un avión de Air France despegó de Tel Aviv , con una carga de 248 pasajeros y doce tripulantes, con rumbo a Paris. En una parada en Atenas abordaron el avión cuatro secuestradores: dos palestinos y una pareja de comunistas alemanes, Wilfred Bose y Brigitte Kuhlmann (apodada “Halima”). Ya despegado el avión, los terroristas exigieron al piloto cambiar la ruta y aterrizar en Libia.

En Bengasi,  el avión se aprovisionó de combustible y permitió el desembarco de Patricia Martell,  una judía inglesa que estaba embarazada. Aunque Gadafi recibió con besos y abrazos a los terroristas, temía represalias de Israel y USA así que el viaje continuó hasta un sitio donde no existían esos temores: la Uganda del sanguinario caníbal Idi Amin Dada. (Clip de Yaphet Kotto interpretando a Amin)



En el Aeropuerto de Entebbe, cuatro otros terroristas se unieron al grupo,  más un centenar de soldados ugandeses enviados por el dictador. Los secuestradores separaron a los ciudadanos israelíes de otros pasajeros quienes, junto con la tripulación,  fueron puestos en libertad. El capitán del avión se negó a abandonar a los pasajeros israelíes y su tripulación lo secundó.

Los piratas aéreos exigieron la liberación de presos palestinos y árabes,  encarcelados tanto en Israel como en otros países. A la par de las negociaciones,  que no parecían ir a ningún lado, el gobierno de Ytzhak Rabin dio luz verde al General Shomron para preparar una operación de rescate. El proyecto parecía imposible, los rescatistas deberían volar a otro continente, manejarse en un territorio desconocido en un país hostil. Sin embargo, lo lograron y con un mínimo de víctimas.



Apoyados por el gobierno keniata, una semana después del secuestro,  el grupo de comandos liderado por el Brigadier Yonatan Netanyahu (si , de-esos-Netanyahu)  cruzó la frontera entre Kenia y Uganda y llegó a Entebbe al amparo de la noche. Con la excepción de tres pasajeros que murieron durante el tiroteo,  se rescataron 102 rehenes, más los tripulantes. La víctima más triste fue Dora Bloch , una anciana que,  al atragantarse con un hueso de pollo unos días antes,  había tenido que ser llevada al hospital y fue asesinada por la policía ugandesa.



En la incursión de Entebbe murieron soldados ugandeses y terroristas incluyendo a la pareja alemana. En el otro bando solo tres rehenes (más Yoni Netanyahu) perdieron la vida. Los comandos, portando los cadáveres,  dejaron Entebbe y regresaron a Israel sanos y salvos donde fueron recibidos como héroes.

No solo en Israel. Mientras la ONU chillaba sobre la desvergüenza israelí de meterse en territorio ajeno y Kissinger mascullaba en contra de los israelíes usando armas americanas para la escaramuza, el cine y la televisión buscaba capturar la maniobra épica para mostrarla en pantallas de todos los tamaños.



Entebbe en la Pantalla

Antes de la navidad de 1976,  la ABC sacaba Victoria en Entebbe al aire y un año más tarde la NBC ofrecía Raid on Entebbe. No sé cuál era más mala, a pesar de que la última ganaría un Globo de Oro. “Victoria” está completa en inglés, y doblada al español en YT.



Aunque ambas tenían un elenco de figuras famosísimas cometieron el mismo error: se desligaron de las pautas dejadas por Aeropuerto. No se concentraron ni en los rehenes, ni en la tripulación,  ni en los terroristas, con la excepción de Wilfred Bose que fue interpretado por actores taquilleros alemanes como Helmuth Berger y Horst Bucholz .

Tampoco se preocuparon por los comandos. Al menos en la primera,  Yoni Netanyahu era interpretado por Richard Dreyfuss, entonces muy en la mira gracias a Spielberg. En “Raid” el rol recayó en Stephen Macht, tan desconocido entonces como hoy. Más les importó el General Shomron que ni fue parte de la incursión.  Ambos filmes decidieron enfocarse en lo menos importante, el aspecto político. Sir Anthony Hopkins y Sir Peter Finch dieron vida a Ytzhak Rabin.

Lo importante no era el contenido sino la galería de estrellas. En Victoria en Entebbe hasta se trajeron a Kirk Douglas y Dame Elizabeth Taylor para que interpretasen a los compungidos padres de Linda Blair, una rehén. Helen Hayes creyó que se iba a ganar otro premio así que en “Victoria” se montó al avión haciendo el papel de una rehén que murió durante el rescate. En “Raid” la gloria del viejo Hollywood, Sylvia Sidney encarnó a la mártir Dora Bloch.



¡Qué diferencia con Operación Thunderbolt que nos llevaron a ver en nuestra escuela!. Creo que nuestros maestros querían ir a ver la versión israelí de los hechos y descubrieron que les salía más barato si la convertían en excursión escolar. A pesar de llevar yo cuatro años en Nueva York, era mi segunda vez en pisar un cine y me pasé la peli babeando por Assaf Dayan que interpretaba a Muki Betser  (no sé porque le pusieron Shucki en el filme) , mano derecha de Netanyahu. El papel de Yoni lo hizo el célebre musico sefardita Yehoram Gaón. Operation Thnderbolt con subtítulos en inglés está en YT.


 No sé si será necrofilia o nostalgia...
pero como pude olvidarme....
de lo lindo que eras, Assi Dayan Alav-ha-shalom


El valor del filme de Golam-Globus es que se enfoca en dos tramas, una que muestra el entrenamiento del comando y la relación entre los soldados,  y la otra que se dedica exclusivamente a los rehenes. Una vez que ocurre la batida, sabemos exactamente quienes mueren y quienes viven. Conocemos a Dora Bloch,  al viejito de bigote que sobrevivió Auschwitz, a los estudiantes,  y a la directora de cine Nurit Aviv (Gila Almagor).

Interesante el intercambio entre Nurit y su compañero de asiento, un médico alemán, al que ella trata con desprecio. La relación cambia cuando el medico es llamado para atender a Patricia Martell que finge estar a punto de sufrir un aborto espontaneo. El médico sabe que finge, pero igual insiste en la liberación de la mujer que oculta su ciudadanía israelí con un pasaporte británico. (Este incidente trató de ser copiado en Vuelo 601 con nefastos resultados).


              

   El cuento de la embarazada en Vuelo 601

“¿No les hemos hecho [los alemanes] ya bastante daño a esta gente?”, le pregunta el doctor a la temible Halima (Sybil Danning) . Aunque el líder de la operación es Bose (Klaus Kinski) se hace hincapié en la crueldad de “Halima” y su antisemitismo. Cuando ve el numero tatuado en el brazo del sobreviviente de Auschwitz, se dirige a él en el alemán y a gritos,  ( “Schnell! Schnell!”) recordándole lo que quiere olvidar.



La brutalidad de Halima es algo que todos los sobrevivientes corroboraron. Era tal su antisemitismo que, aunque los piratas habían prometido liberar a todo el que no fuese israelí, ella obligó a quedarse a unos judíos ortodoxos canadienses ya que los oyó rezar en hebreo.

Esta imagen de Brigitte Kuhlmann se convirtió en casi un lugar común para describir a las guerrilleras palestinas. Era casi como una visión kiplingnesca de la mujer islámica como más cruel que el hombre. Así retrata Rosamund Pike a Halima en la última e innecesaria versión del Rescate de Entebbe en este siglo.

7 días en Entebbe fue dirigida por el brasileño José Padilla (director de Narcos) y es casi un panegírico de Wilfred Bose (Daniel Bruhl). Brigitte es la gruñona, la cruel, la que toma barbitúricos. Bose es el idealista, el humanista, el que se horroriza ante la segregación de los israelíes de otros pasajeros comparándolos con métodos nazis. Al final se rehúsa a matar a los rehenes y cae heroicamente bajo las balas de los comandos israelíes.



Si bien es cierto que, de acuerdo a los sobrevivientes, Bose era el más amigable de los secuestradores, la película no nos cuenta que en la vida real era un comunista fanático que ya había puesto bombas matando gente inocente. Para colmo,  le inventan que rescata a una anciana sobreviviente de Auschwitz y la envía con los pasajeros “arios” que han sido liberados. Tal personaje nunca abordó el avión.

Para aumentar lo ridículo del filme,  a Padilla se le ocurrió incluir escenas de bailes y música a cargo de la reconocida compañía de ballet de “Bathsheva”. Esto le dio un toque Bollywood, totalmente incongruente, a una película cuya única aportación al género es intentar blanquear al secuestrador. Hasta hoy era el único caso en que se espera sintamos lástima por los piratas aéreos. Ahora se le agrega Vuelo 601.


El Coraje de Una Sobrecargo

En la producción de Netflix,  además de intentar hacer un panegírico de los piratas aéreos, se ha buscado dar rol de heroína a una azafata que poco se parece a la verdadera y que al final,  es un caos hecha mujer dentro de un filme ya caótico. Si se quiere convertir a una sobrecargo en la Juana de Arco de los secuestros aéreos, ahí está Uli Derickson cuya odisea fue retratada por Lindsay Wagner en un telefilme llamado The Taking of Flight 847: The Uli Derickson Story (1987).

Como la película se apega bastante a los hechos reales, este es un recuento de lo sucedido dentro y fuera de pantalla. Ulrike “Uli” Patzelt nació en una familia de Sudeten en la antigua Checoeslovaquia. Acabada la guerra, como le ocurrió a muchos volkdeutsche, Los Patzelt fueron expulsados de su tierra debiendo instalarse en la Alemania del Este. Tal vez estos sucesos traumáticos ayudaron a templar el carácter de la futura aeromoza.

Eventualmente,  Uli viajó a Occidente, se instaló en Usa, entró a trabajar a la TWA y se casó con un piloto . El filme comienza en 1985,  con Uli   que se prepara para un viaje . Su marido le regala un collar, pero está preocupado porque el vuelo cubre muchas ciudades europeas vulnerables a secuestros. A diferencia de Edi en Vuelo 601, Uli parece tener una vida familiar perfecta, con marido, hijo y gato. Su esposo la apoya y su madre se hace cargo de su hijo mientras trabaja.

                                   La verdadera Uli Derickson

El vuelo fatídico era entre el El Cairo y San Diego, con paradas en varias capitales europeas. Tal como ocurrió con el secuestro de Entebbe, los terroristas subieron en Atenas,  aprovechándose de la falta de chequeos de seguridad de la capital griega.  La auxiliar de vuelo descubrió que eran víctimas de un secuestro cuando un terrorista llamado Saiid le dio una patada en el pecho,  estando ya el avión en el aire.

Los secuestradores estaban tan desbordados y confundidos como los del Vuelo 601. El mayor problema era el idioma. Un compañero que era angloparlante se retrasó, perdió el vuelo y fue arrestado por la policía griega. Por suerte, “Castro” el otro secuestrador (más tarde se descubriría que él y Said eran chiitas y miembros de Hezbolla) hablaba alemán. Eso convertiría a Uli, la otra germanoparlante en el vuelo, en el principal vinculo de comunicación con los terroristas.

Estábamos en la época de la Primera Guerra del Líbano, y el mayor odio de los piratas aéreos iba dirigido los aliados de las falanges cristianas libanesas, o sea los estadounidenses (Marines) y los israelíes. El avión fue desviado a Beirut, donde hicieron sus demandas, la liberación de presos de Kuwait que habían volado la embajada estadounidense en ese país, más de 70 chiitas en cárceles israelíes, el retiro de tropas extranjeras del Líbano y condena internacional a Israel.



Fue Uli quien convenció a Castro de dejar libres a las mujeres y los niños en Beirut argumentando que así el avión estaría más liviano. Las autoridades libanesas exigieron que el avión con los demás rehenes se marchase. Fueron a Argelia donde cargaron más gasolina. Los argelinos aprovechadores exigieron pago, los secuestradores no tenían dinero y fue Uli quien prestó su tarjeta de crédito para costear el combustible.

Tanto telefilme como declaraciones de la vida real coinciden en que los aeropiratas estaban desorientados e históricos y eso los hacia más violentos. Golpeaban sin piedad a pasajeros y miembros de la tripulación, solo mostraban cierto respeto por Uli. En el filme Saidi es una especie de Hulk, pero Castro está notoriamente traumatizado por lo ocurrido en el Líbano. Su única compasión la reserva para una pasajera embarazada.

Su mayor odio es por los americanos, sobre todo cuando descubre que varios pasajeros son empleados del gobierno estadounidense. A quien peor tratan es a Robert Stethem, un joven buzo de la marina useña. En su retorno de Argelia a Beirut, Castro lo golpea bárbaramente, y lo mata de un tiro,  lanzándolo por la escotilla.  Aunque anteriormente en otro secuestro, un piloto fue baleado al creer el pirata aéreo que pretendía escapar, esta fue la primera vez que se ejecutaba un prisionero (Vuelo 601 parodia este suceso).  El hecho añadió más terror al viaje e hizo más importante la labor de Uli.



En Beirut se unieron más terroristas al grupo, por lo que hubo un amago de organización. Los israelíes iban a ceder en las propuestas así que se liberaron a casi todos los rehenes incluyendo a la valiente Uli. Solo quedaron en cárceles chiitas, 49 secuestrados con apellidos judíos (Uli había tomado la precaución de esconder los pasaportes para que no se supiera quienes eran israelíes) que serían liberados en conjunción con los chiitas que liberaría Israel, unas semanas más tarde.

La importancia de este filme fue recalcar el rol de la aeromoza en una situación límite como lo es un secuestro. Es algo que se quiso hacer en Vuelo 601 una intención que fracasó totalmente y que acabó ofendiendo a las verdadera “cabineras” de ese vuelo.

Otro detalle que, si hermana los secuestros de Uli Derickson y el colombiano es mostrar a una pareja de secuestradores confundidos, al borde de la histeria,  y como esto los hace peligrosos. En el caso del vuelo de la TWA, el que Ali perdiese el vuelo privando a sus compañeros de un intérprete y el que no les permitiesen desembarcar en el Líbano descompaginó sus planes y los enloqueció.

Más o menos lo mismo que ocurre con los futbolistas paraguayos en la producción de Netflix que se hacen pasar por revolucionarios, pero en realidad son vulgares delincuentes que comienzan a perder el Norte cuando ven que no les van a dar el dinero que desean y que ningún país quiere darles asilo. De eso hablaremos la próxima semana.

El Glamur de Ser Aeromoza

Antes quería comentar el rol de la sobrecargo en esta ficción. Contrasta la diferencia entre valientes aeromozas ficticias como Jacqueline Bisset en Aeropuerto y reales como Uli Derickson,  con las bufonescas y patéticas “cabineras” de Vuelo 601.  El contraste es más fuerte puesto que en la vida real se ha hablado de la presencia de ánimo y coraje—fundamentales para el bienestar de los pasajeros secuestrados— de Edilma y Maria Eugenia.

En cambio, la miniserie nos las muestra como un par de histéricas (violenta en el caso de Edi) que motivadas por su propia baja autoestima se vuelven cómplices de los secuestradores quienes no hacen más que maltratarlas física y verbalmente. Una explicación es que ambas están descontentas con su trabajo y con sus jefes.

Hace unos días comentaba con alguien en YT que Vuelo 601 perdió la oportunidad de enseñarnos como era la vida de una auxiliar de vuelo en esa época. En su reemplazo nos brindan un retrato tan incoherente y contradictorio como todo en ese libreto de pacotilla.

Por un lado, nos muestran que una línea aérea local tiene exigencias a nivel de gran aerolínea. Vemos como la supervisora Manchola humilla a las aeromozas que no cumplen con el peso indicado y las llama “gordas”. Con Barbara es peor:  “esa cara de india no se la quita nadie”. No contratan casadas ni con hijos. Sin embargo, aun sabiendo que Edi es madre de familia, Manchola no la despide sino cuando su subalterna le rebasa la paciencia con su irresponsabilidad y excusas inexcusables.



Todo da la impresión de que es un empleo con muchas exigencias por lo que debe ser muy exclusivo. Barbara se lo resume a la “nuevona” contándole que Julio Iglesias le hizo requiebros amorosos “pero yo este uniforme no me lo quito por cualquiera”. Y agrega que ese uniforme da poder,  que pone a los hombres de rodillas. Pero al rato vemos a Bárbara mendigándole amor a un piloto casado (Cameo de Rafael Novoa). Es una relación degradante que carece del glamour y romanticismo del romance Dean Martin-Jacqueline Bisett en Aeropuerto.





Esa es la contradicción, el que la serie pretenda desenmascarar la profesión de azafata. Ulises le dice a Barbara que no es más que “una chacha” (una sirvienta); una azafata se lamenta con Pirateque de que “nos pagan una miseria”. Y hay mucha queja de que tienen que aguantar abusos de sus pasajeros y siempre con una sonrisa.

Hay muchos empleos importantes y bien pagados (el mío de bibliotecaria de referencia, por ejemplo) que exigen eterna sonrisa y calma en medio de las peores crisis. Cuando Trippe creó las reglas para ser la aeromoza perfecta de Panam, se incluyeron esas cláusulas: serenidad y sonrisa eterna. La serie colombiana ha tratado de copiar el modelo de las empleadas de Juan Trippe (hasta el caminar con la manito en el aire) sin reparar en dos cosas .




Trabajar para Panam,  Lufthansa o Air France era un trabajo distinguido, abierto para “niñas bien” que no querían ir a la universidad.  Aparte de ofrecer glamur y aventuras, el empleo exigía que las chicas no solo fuesen guapas y distinguidas sino también expertas en una cantidad de artes desde primeros auxilios hasta la coctelería, desde la diplomacia (la eterna sonrisa) hasta el dominio de varios idiomas. Para ser auxiliar de vuelo había que ir a escuelas especiales que ni Bárbara ni Edi han pisado en su vida, ni parecen ellas poseer las virtudes de una verdadera sobrecargo de entonces o de hoy. Obviamente, porque en una aerolínea local las exigencias eran mucho menores.

En entrevistas posteriores al secuestro, la misma Edi ha agradecido a SAM que la empleó,  aun a sabiendas que era madre soltera de cinco críos. Es que Edilma Pérez, quien se había casado a los catorce años, era divorciada y carecía de estudios superiores. Una ironía es que el pirata Eusebio Borja había cursado estudios de medicina, por lo que era más preparado que ella.

Nuevamente Netflix mete la pezuña en la realidad,  para crear una sarta de falsedades que insulta a las mujeres que vivieron el verdadero secuestro y a la profesión de azafata. Vamos a ver que otras torpezas, mentiras y desvergüenzas nos ofrece esta serie anárquica, patrañera y vejatoria.