lunes, 11 de octubre de 2021

Mad Men y el Glamur del Machismo Tóxico: Las fórmulas del drama de época contemporáneo (III)

 


Parece increíble, pero hace ya seis años que la firma Sterling Cooper y Socios cerró sus puertas. Tanta influencia tuvo Mad Men en la televisión de Occidente que se hicieron innumerables y olvidables ripoffs,  a la par de variaciones que hasta hoy reflejan la importancia de esta icónica historia de la gran Era de la Publicidad. Estas inspiraciones reflejan los males del patriarcado, pero también establecen una nostalgia de una época en que los hombres podían ser machistas,  siempre y cuando fuesen elegantes y atractivos.

Fue en julio del 2007 que debutaba en las pantallas estadounidenses Mad Men.  un homenaje a los publicistas de la Avenida Madison en los 60 y qué transformaron la sociedad norteamericana (tal vez la mundial) con su publicidad engañosa. Nadie daba ni un dólar por esta serie anticuada, sin sexo,  desnudos, ni malas palabras,  y que era presentada por un canal menor , la AMC (American Movies Classic)  En America Latina, la veríamos un año más tarde por CineMax. Para entonces ya se había convertido en un fenómeno.



America había reaccionado favorablemente a este mundo  “retro” donde los hombres usaban sombreros, las mujeres poseían curvas rotundas, los negros eran ascensoristas o criadas y cuando toda la firma se ponía patas p’arriba con la llegada de la primera clienta judía (en el primer episodio). A pesar de que “Mad Men” hacia duras críticas al machismo prevalente en USAdentro y fuera de los muros de la Sterling Cooperdenunciaba la cosificación de la mujer en la oficina y  en los spots publicitarios,  y mostraba como el ser esposas trofeo podía afectar la vida  de los publicistas y sus familias, también sutilmente glamurizaba este mundo de machos de Hemingway, gladiadores con trajes bien cortados de buenas telas que habitaban espacios donde la única competencia eran ellos mismos, y la única ley eran las necesidades de los clientes.

Esta serie que demostró el talento de un elenco prodigioso desde el veterano Bobby Morse (en su último papel) como Bertram Copper,  hasta la (entonces) diminuta Kieran Shirpka en el rol de Sally Draper,  fue la que volvería estrellas a Elizabeth Moss como la audaz secretaria que se convierte en publicista y a Josh Ham como Don Draper, el protagonista. Pocas mujeres veían la toxicidad masculina y el narcisismo antisocial de Draper, ofuscadas por su aura de seguridad en sí mismo que exudaba desde los poros. Esa virilidad era la que tenía a su bella esposa Betty (January Jones)  totalmente sometida y que incluso ya a fines de la serie,  le conseguía una segunda esposa bellísima y mucho más joven que él.




Lo extraordinario de Mad Men es que la competencia entre ejecutivos y empleados no es solo la urgencia de satisfacer los pedidos de clientes con grandes campañas sino también la actividad sexual. Aunque nadie en la serie mostrara ni una nalga sino hasta la cuarta temporada cuando Roger Sterling (John Slaterry)   ingiriera LSD, el erotismo era parte trascendental del trabajo y vida personal de los Mad Men.

Una Toxicidad Masculina Irresistible

En la serie, los publicistas, casados o solteros deben ser mujeriegos, acumular conquistas y alardear de sus proezas amatorias. En eso ninguno supera Don que, aunque discreto,  consigue siempre a las inalcanzables. Don es él “más hombre” en el mal sentido de la palabra y no necesita usar de sus puños para eso. Desde la altura que le da su experiencia mira con desprecio a los meros mortales y los sabe poner en su lugar.



Cuando Roger,  borracho, se propasa con Betty Draper, Don lo lleva a engullir una tremenda comilona para luego pagarle al ascensorista para que finja un desperfecto. Tras subir una docena de escaleras, Roger llega tambaleándose a un encuentro con clientes y acaba vomitándoles encima. Cuando el esnob y condescendiente Pete Campbell (Vincent Kratsheimer) descubre secretos del pasado de Don y lo chantajea, Draper va donde Bertram Cooper que rápidamente disuade al chantajista. Don Draper es un genio y la firma no se la puede pasar sin él.



En el pasado,  he escrito en varias ocasiones sobre Mad Men desde la misoginia de Don Draper hasta el glamur del vestuario de la serie, pero hoy quiero hablar de un esquema que permaneció en la atmosfera por una década  y que han tratado otras series de llenar. Mad Men fue un éxito i nmediato, ganando en su primera temporada dos Globos de Oro (incluyendo uno para Josh Hamm) . En total ganaría 5 Globos de Oro, 16 Emmys y no sé cuántos otros premios más. Es considerada una de las 100 mejores series de televisión de la historia.

Para su segunda temporada, The Guardian notaba que la serie de Matthew Weiner estaba influyendo en el vestuario masculino. La serie cuya ambientación de época era inigualable estaba trayendo de moda ropa accesorios y música de los 60, pero también un interés por una manera de vivir y de pensar que,  a pesar de beneficiar más a los hombres blancos,  podía resultar atractiva para muchas mujeres.








Aun así, nadie intentó copiar totalmente una serie que describía cambios sociales al estilo Cuéntame cómo pasó , pero con una dinámica de oficina y equipo que recordaban a The West Wing. Seria en el 2011, para la quinta temporada que comenzarían a aflorar débiles imitaciones como The Playboy Club y Panam que no pasarían de una temporada.

La Hora Inglesa

El show que podría considerarse como un auténtico seguidor de Mad Men seria The Hour. Hecho en Inglaterra, en el 2011, tenía lugar en un canal de televisión, un espacio tan competitivo y exigente como la agencia de Sterling, Cooper and Partners. La diferencia era que tenía lugar en 1956, en vez de los 60 y que quien daba las ordenes era una mujer. Agreguémosle el ingrediente del espionaje en un escenario de la Guerra Fría y se puede hablar de una inspiración, pero no de una imitación.



Freddie (Ben Wishaw) es un joven periodista que quiere abrirse camino en el nuevo campo de la televisión. Consigue empleo en un canal donde está ascendiendo su amiga Bel (Romola Garai) . Cuando nombran a Bel productora y presentadora de un importante noticiero llamado “La Hora”, algo poco común siendo ella mujer, Freddie cree que el será él coproductor. Pero los ejecutivos y Bel prefieren traer a Hector Madden (Dominic Guard) que tiene más aura mediática y es más fotogénico que Freddie.

A pesar de ser Hector casado, él y Bel se hacen amantes lo que rompe el corazón de Freddie que la ama en secreto. La Crisis de Suez provoca una crisis dentro del programa. Entretanto,  Freddie se ha puesto a investigar un asesinato que involucra gente del gobierno y agentes soviéticos, uno de los cuales se ha infiltrado en el canal de televisión.



Tras dos temporadas cerraba The Hour que tuvo una recepción mixta. Hay gente que la amó, yo la detesté. No me gustaron los personajes, no me gustó la postura política del show y nunca me atrapó la historia como lo hizo Mad Men. Aunque el vestuario de Romola y el de Oona “Talisa” Chaplin,  quien interpretaba,  a la esposa de Hector era elegante y muy de la época, público e historiadores notaron una serie de anacronismos en el show Por Eso The Hour no duró más de dos temporadas.

America y La Revolución Sexual

El próximo esfuerzo fue el más parecido a Mad Men a pesar de que el tema no lo indicaba. La idea de Showtime de crear una serie alrededor de la investigación sobre conductas sexuales llevada a cabo por William Masters y su asistente, amante y eventual esposa,  Virginia Johnson, parecía una locura. se esperaba algo chabacano, obsceno, pornográfico.



Por el contrario, Masters of Sex nos mostraría cuan competitivo y ambicioso puede ser un médico, un científico como William Masters (Michael Sheen) . Eso importaba más en la trama que las costumbres sexuales de sus conejillos de Indias.

 Como Don Draper Bill Masters había crecido marcado por una infancia disfuncional, lo que lo llevaba a ser arrogante y a veces inescrupuloso en su afán por sobresalir en la estrecha comunidad médica de la Universidad de Saint Louis de fines de los 50. Ese es el mundo donde empieza nuestra historia con un Masters empeñado en descubrir los secretos de alcoba de sus compatriotas, cueste lo que cueste.

                                        Los verdaderos Masters y Johnson

Para eso cuenta con la asistencia de su secretaria Mrs. Johnson (Lizzy Caplan) , una despampanante divorciada, madre de dos hijos, pero también mujer desinhibida e independiente. Como Don Draper, el Dr. Masters tiene una esposa-trofeo, la dulce Libby (Caitlin Fitzgerald)  que poco a poco va entendiendo que su rival no solo es Virginia Johnson sino también el proyecto por el cual su marido está dispuesto a arriesgar su prestigio profesional y convertirse en el hazmerreír de sus colegas.

A medida que vemos los esfuerzos muchas veces torpes y controversialesde Masters y Johnson por conseguir datos para su investigación, vemos también la sociedad reprimida y temerosa de revelar su intimidad en la que se desenvuelve el experimento. Como Mad Men, Masters of Sex presenta una trayectoria de la evolución social de los Estados Unidos de los pacatos 50 hacia la revolución sexual de la década siguiente.

Debido a que la acción ocurría en Missouri, un estado fronterizo donde imperaba la mentalidad de Jim Crow, la campaña de los Derechos Civiles formaba parte de la trama. Expulsado de su universidad, Masters solo encontraba empleo en una clínica para afroamericanos donde continuaba sus experimentos. Entretanto su mujer se involucraba en la lucha y acababa teniendo un affaire con un hombre de color.



La serie también mostraba los tabúes de una sociedad realmente patriarcal donde la homosexualidad era castigada con la cárcel. Vimos la lucha del jefe de Masters (Beau Bridges) por ocultar al mundo y a su familia su condición de homosexual. Como también vimos la evolución de , una prostituta que pasaba a ser secretaria de Masters. Otro paso a la respetabilidad fue casarse con un millonario y ex cliente. El marido no tiene problemas con el pasado, pero si el saber que era lesbiana rebasó su límite y acab ócon el matrimonio.

El toque feminista de la historia lo da la Señora Johnson. Si su jefe sufre de burlas, ella sufre de acoso sexual. El saberla parte de este polémico estudio le provoca problemas en su vida personal y profesional. Su relación profesional y sentimental con Bill Masters la drena de energía y las pullas por ser parte de un experimento científico sin credenciales la obligan a sacar un posgrado.



Esta magnífica serie ameritó dos muy buenas temporadas. Pero ya para la tercera, comenzó a notarse que se trabajaba no en base del libro de Thomas Main. Había nuevos arcos y subtramas que no tenían sentido: el tercer bebé de Virginia que no existió en la realidad, la extraña muerte del amante negro de Libby, ect. La serie comenzó a volverse repetitiva y a alejarse del modelo “Mad Men”, así que fue un alivio que la terminasen en la cuarta temporada.



En Inglaterra, no se volvió a intentarse el modelo “Mad Men” y sin embargo encuentro que hay similitudes en la construcción de Endeavour y que van más allá de que la serie inglesa también tenga lugar en los 60. En este relato de como el joven Endeavour se convirtió en el legendario inspector Morse, Shaun Davies muestra características que lo hermanan a Don Draper tales ser el niño genio de una comisaría, su relación con sus camaradas que oscila entre amistad y rivalidad, sus amores que incluyen mujeres de todos los tipo desde una enfermera de color, hasta la sobrina de su mentor, desde una chic fotógrafa francesa hasta una misteriosa italiana casada con un millonario.

Cuando los Mad Men Construyeron la Bomba

El último intento angloparlante de seguir el modelo ‘Mad Men” seria la excelente, pero menospreciada Manhattan de Warner. A primera vista este proyecto del 2014 no presenta similitudes con la sofisticada fabula del mundo publicitario. “Manhattan” es el nombre del proyecto científico que culminó en la creación de la primera bomba atómica y tiene lugar en un mundo muy alejado de la Avenida Madison de los 60.

Todo ocurre en ese pueblo desértico de Nuevo México, que hoy conocemos como los Álamos, donde se concentró una comunidad de las mentes más brillantes de las ciencias del mundo libre (Incluyendo refugiados de la Alemania nazi y de la Italia fascista). Siendo un proyecto top secret ,  la comunidad estaba semi secuestrada, pero se permitió que las familias de los científicos se establecieran en Los Álamos.



Debido al misterio que rodeaba al proyecto, los científicos no debían informar a sus familias del tipo de trabajo que hacían. Esto provocaba fricciones domesticas que aunadas a la soledad, a la falta de servicios como agua potable,  hacían la vida muy incómoda para todos. Eso lo que muestra la serie, por un lado, la lucha de los científicos por crear un arma mortal con todas las connotaciones éticas y morales que conlleva el éxito.  Por otro lado,  vemos a sus esposas aburridas y llenas de miedos y desconfianzas y como tratan de luchar contra esto.

A pesar de que los Álamos existió (entonces solo se le conocía como “The Hill”) y hubo dos proyectos iniciales: el llamado Thin Man y otro que tenía que ver con implosión, los personajes son todos ficticios. Solo un científico real, Robert Oppenheimer (y su mujer),  aparece en la serie, eso permitió mucha libertad para la creación de una trama que pudo suceder.

El protagonista es Frank Harris (John Benjamin Hickman) que dirige el proyecto de implosión. Levemente inspirado en Seth Nedermayer, Frank es un genio, orgulloso, antisocial, muy exigente con todos los que lo rodean sean su familia o su equipo. Como Don Draper es arrogante, tenaz, testarudo,  muy competitivo, Sabe que su equipo es el ceniciento en comparación al de Thin Man, y trata de prevalecer, aunque esto implique chantajear y aplastar a otros,  incluso a sus amigos.

                                    Los Mad Men de Los Alamos

Frank tiene la excusa de querer salvar al mundo. Un tema importante en la serie es el miedo a que los científicos alemanes se les adelantasen y que una bomba nazi cayese en territorio estadounidense. Sin embargo, hay momentos en los que Frank parece tan ególatra como Don Draper. Eso se nota en su relación con su contrincante Charlie Isaacs (Ashley Zuckermann) , un niño genio de Princeton que nunca ha perdonado a Harris no aprobar una de sus monografías. Su relación recuerda a la de Don y Pete Campbell.

Sin ser mujeriego como el protagonista de “Mad Men”, pero empujado por la soledad y el dilema moral de crear un arma de extinción masiva, Frank tiene un affaire con la criada. Paloma, una nativa hispanoparlante, no habla inglés, por lo que la comunicación se reduce a sexo y a largos discursos del científico que la criada escucha con paciencia sin comprender.

 Como Don,  Frank acumula secretos de su pasado y también del de los integrantes de su equipo. Tal como Don es el único que conoce la homosexualidad de Sal y que Peggy es madre soltera, Frank es el único en saber que Bobbit es gay y que Rosley abandonó a un hijo en Inglaterra.



En el caso de las mujeres,  las similitudes se hacen más complejas. Tenemos a Liza Harris (Olivia Williams)  que alienada por los secretos del marido y los misterios del medioambiente que la rodean comienza a desmoronarse emocionalmente. Pero Liza (uno de los pocos personajes ‘realmente “buenos”) es una científica brillante y mucho más sensible y altruista que Betty Draper.

La que sí se parece un poco a Betty es la odiosa Abby Isaacs que carece de la astucia y sentido práctico para sobrevivir en Los Alamos.. Yo tengo un problema grave con Rachel Brosnahan. No la considero ni buena actriz, ni guapa y me exaspera que siempre la pongan de judía cuando no lo es y cómo tiene cara de tonta,  convierte a sus personajes en judías taradas.



Eso ocurre con Abby que lejos es el personaje más odioso de la serie. Y eso que Charlie, un poco más inteligente que Pete Campbell, es igual de soberbio, pero entiendo que, con esa mujercita, acabe acostándose con Helen (Katja Herbers) su colega.

En Manhattan, Helen Prins es lo más cercano a Peggy Olsen. Es la única mujer en el proyecto y aun así tiene que probar a cada instante que merece estar ahí. La soledad la hace consciente de su feminidad y busca consuelo en el sexo. Aunque es bondadosa con Fritz, y le consigue una esposa, puede ser tan implacable y competitiva con los “Muchachos” del equipo que, aunque sean todos científicos destacados actúan con el machismo e infantilismo de los publicistas de la Sterling, Cooper and Partners.

Donde vemos esa necesidad de Helen (quien para ser parte el Proyecto Manhattan rompió su compromiso y hasta abortó un bebe) de aferrarse a su trabajo es cuando los envían a ella y a Charlie a fiscalizar una central atómica en Tennessee. Ahí conocen a Theodore,  un científico negro al que tienen sirviendo café. Cuando Helen intenta acercarse a él, Theodore le salta con la mejor frase de la serie. “no necesito que me salve una mujer blanca”.



Tal vez será por eso por lo que cuando Theodore le entrega Helen una carta para Frank solicitándole que lo integre a su equipo, la Dra. Prins lanza la carta la basura. Como Peggy, Helen tiene conciencia de todo lo que ha luchado para llegar adonde esta. No va a permitir que ningún hombre, negro o blanco, le quite su puesto.

Mad Men en Rusia

Manhattan se quedó en vísperas del estallido de la bomba atómica,  en solo su segunda temporada. Su cierre coincidió con el cierre de Mad Men. Después de eso pareciera que el modelo había caducado. No así al otro lado del mundo donde Los Optimistas tomarían ese modelo y lo aplicarían a la Unión Soviética de Kruschev, a una organización moscovita que pretendía entrenar diplomáticos, pero que acababa preparando espías.



En ese escenario de la Guerra Fría, la exquisita cantante lituana Sverija Janusauskaite interpreta a Ruta Bauman, una exiliada americana de la Era McCartney que con un look de Betty Draper intenta, como Peggy Olsen, convencer al patriarcado soviético que una mujer puede dirigir un departamento político. Sin embargo, le imponen la humillación de un jefe macho (y machista) con el que tendrá una relación amor-odio como la tuvieron Don y Peggy.



Como en Espías,  Vladimir Vdovichenko vuelve a estar a cargo de una academia de entrenamiento. Solo que su Yuri Byriukov aquí lidia con jóvenes instruidos y poliglotas que quieren ingresar a la elite diplomática soviética. Desafortunadamente,  cada uno sufre de algún tipo de falla: uno es judío (lo que era cuasidelito en la Unión Soviética); otro intenta comunicarse con parientes en Occidente (otro delito) y el tercero es un topo de la CIA.

La serie logra manejar delicadas intrigas políticas con una estética “Mad Men” de fiestas sofisticadas, espacios elegantes donde se maneja la alta sociedad soviética,  y el vestuario despampanante de Ruta y otros personajes. Byriukov es,  como Don, un hombre dotado de ingenio inteligencia, rápido en tomar decisiones, y bastante inescrupuloso, lo que le acarrea alta estima de sus jefes. Eso provoca envidia en sus colegas y afecta su vida personal.



Mujeriego, en una temporada lo vimos con tres mujeres y eso que todavía juega al viudo inconsolable,   Byriukov tiene además una hijita que necesita de una madre. Como en Mad Men son los niños las víctimas inocentes de las manipulaciones de los padres

Ha sido un gusto enterarme que, durante la pandemia, la infatigable industria rusa ha producido una segunda temporada de tan fascinante serie. Eso demuestra que al menos en la ex Unión Soviética sobrevive el modelo de “Mad Men”.

 


 

 

6 comentarios:

  1. I tried watching Mad Men back when it started decades ago, or it seems like it has been decades, but could never get into it, it was just to monotonous with no visible story, but it was interesting seeing the life of that period and I generally think that most women did like living in that setting, being taken care off by their men. There is nothing bad, of course, in wanting to be independent, but I do believe that most women prefer the old ways. I support both such women, if that is what they like, and feminist as well (if they are not toxic, because I think feminists are usually more toxic than any macho man).

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    1. Being an upper middle-class wife like Betty Draper (or my mother) had its perks in those days. Lower class women had it tougher having to juggle being wife, mother, servant, nurse, teacher, etc. not to mention those in rural areas that were farmers as well. But not every woman felt unhappy or a martyr. The smart ones found ways to lead full successful lives. Something I don’t see today where I see so much dissatisfaction in women. No, I wouldn’t know which one is worse: toxic masculinity or toxic feminism.
      On the other hand, women in the labor front, even proffessionals had to go through a lot in order to get recognition and respect.

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  2. Desde FB de Ray Badilla
    A mi me encantó Mad Men. Una serie muy bien elaborada en cuanto a historia, contexto social, vestuario y locaciones. Elisabeth Moss excelente en todas sus escenas, magnífica actriz. Las otras series no las he visto así que no sé.

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    1. Ray Badilla La volvi a ver ahora para escribir la nota y realmente es un lujo en todos los sentidos. Ninguna se le asemeja y fue muy valiente. Hoy no podrian hacerla tan genuina en su atmosfera de epoca, pero el personaje de Don me agotó , ya queria que lo atropellara un tranvia o algo asi.

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    2. De Ray Badilla
      María Elena Venant No me gustó el desenlace de Don. Me pareció muy cobarde e idílico. En algún lado leí que los productores y el equipo de guionistas no se atrevieron a hacer un final más duro por temor al rating.

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    3. Ray Badilla Totalmente de acuerdo, un final absurdo. Merecia algun castigo, porque nunca evolucionó como Roger o Pete. Y me pareció muy triste que casi todas las mujeres que amaron acabaron mal, algunas hasta muertas y él como si nada.

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