jueves, 23 de abril de 2020

¿Quién dijo “Los Judíos Deben Quedarse Callados”? El verdadero antisemitismo en la USA de los 40



Es extraordinaria la contradicción que circula alrededor de “The Plot Against America”, los críticos estadounidenses derraman mieles sobre la serie de HBO mientras el público ronca. La serie es soporífera, artificial y taimada en lo que respecta al verdadero escenario histórico entre 1933-1940, sobre todo respecto a los judíos. ¿Hubo antisemitismo? ¿Era el Presidente Franklin Delano Roosevelt amigo de los judíos? ¿Qué es lo más cercano al ingenuo/oportunista Rabino Bengelsdorf?

The Guardian no ha querido perderse la oportunidad de subirse al vagón de voces que vinculan la serie de HBO con la Administración Trump. En su artículo “It cant happen here” Charles Bramesco cae en contradicciones al intentar desligar al presidente de Estados Unidos de una imagen pro-semita. En un lado dice que, aunque Donald Trump es definitivamente pro-Israel ha despreciado a muchos judíos en su país. ¿A quiénes? Eso cuando más arriba Bramesco dice que hay una importante cantidad de judíos que apoyan a Trump.

En su afán de desprestigiar a los judíos que son partidarios de Trump, Bramesco desenterró a un “posible emulo” de Lionel Bengelsdorff; el pobre Shmuley Boteach. Votado uno de los cincuenta rabinos más influyentes de USA, por la revista Newsweek, Boteach no es ajeno a la controversia.

Figura mediática, autor de libros que ensalzan el buen sexo como parte del judaísmo (Kosher Love) o la importancia de Jesús como figura histórica judía (Kosher Jesus), y amigo y defensor, en su día, de Michael Jackson, el rabino se ha construido un nicho en la cultura popular del siglo XXI.


Es republicano, ha metido la patita en política, y apoya esta administración, pero de ahí a compararlo con alguien como Bengelsdorf que asesora personalmente al presidente, que es amigo personal de Lindbergh, que fomenta programas para asimilar judíos…hay un largo trecho. Tan largo trecho que,  a raíz del artículo, el Rabino Boteach está pensando en demandar al periódico

El Tercer Episodio de “La conjura en contra America” consiguegracias a sus omisiones ponernos en el camino de la verdad. Este episodio me impactó por el terror que aqueja a Philip y que se manifiesta en pesadillas. Ese miedo ante situaciones inexplicables para una mente infantil, pero que están dividiendo a la familia del pequeño, es algo que Simon ha rescatado del libro. Es algo que el autor experimentó o conoció de boca de sus contemporáneos.

Roth nació en marzo de 1933, dos mes después que los nazis se instalaron en el gobierno de Alemania e hizo su Bar MItzvah en 1945, el año en que Hitler se suicidó. ¿Qué fue lo que ocurrió durante ese periodo que creó una inquietud en el alma infantil del autor que sesenta años más tarde recrearía en The Plot Against America?

El Sur y Los Judios
Philip Roth trabajaba con personajes reales desde Charles Lindbergh hasta sus propios padres, por lo que sería fácil deducir que Lionel Bengelsdorf también haya sido inspirado en alguna figura histórica. En realidad, la idea de tener un Quisling judeo-estadounidense puede ser una licencia dramática y hacerlo rabino es una manifestación del odio intenso que Philip Roth sentía por la religión, la suya y la ajena. Explicaría el convertir a Bengelsdorff en un caballero sureño cuyos antepasados apoyaron a la Confederación como una forma de hacerlo más repulsivo.

El problema es que Roth no se molestó en conocer un poco de historia judía en Estados Unidos y así hubiese visto que uno de los pocos espacios donde los judíos pudieron vivir con tranquilidad fue el Sur en el antebellum, el periodo que precedió la Guerra de Secesión.  Ahí fue donde pudieron dedicarse al comercio (pocos judíos pertenecían a la clase de dueños de plantación), a las profesiones liberales y a las artes, enfrentando poca discriminación. Incluso destacaron en la política siendo los primeros senadores judíos de Estados Unidos David Lee Yule de la Florida y Judah Benjamin de Louisiana, ambos Democratas.

 Los judíos en el Sur tenían casi los mismos derechos de los blancos y como tal llevaban estilos de vida similares. Con eso admito que, siendo una sociedad esclavista, los judíos eran dueños de esclavos y veían la esclavitud como algo aceptable. En eso no diferían ni de sus vecinos bancos ni de los libertos negros.

Es un factor históricamente reconocido que existía en el Sur una mini sociedad compuesta por esclavos emancipados o hijos de aquellos, en su mayoría mulatos, que también alcanzaban la prosperidad y se convertían en dueños de esclavos. Y no solo me refiero a Les Gens de Couleur Libre que conformaban la clase media de Nueva Orleans antes de la Guerra de Secesión, sino a gente como el millonario liberto William Ellison que en 1861 era el amo con más esclavos entre los dueños de plantación de color de Carolina del Sur (tenia 63 esclavos a su servicio).

No pretendo hacer lo imposible, reivindicar la institución de la esclavitud, ni tampoco borrar el sufrimiento de las víctimas de la dicha institución. Solo me remito a afirmar que no se puede culpar al Rabino Bengelsdorff solo por provenir del Sur o de haber sido parte de un mundo que se sostenía por el trabajo de esclavos cuando todo el que pudiese comprarlos lo hacía, fuese blanco, judío, liberto, o nativo americano (acabo de leer un artículo que muestra el alto índice de los Cherokees que poseían esclavos).

A pesar de que, durante la Guerra de Secesión, hubo un importante contribución judía al bando del Norte y hubo abolicionistas judíos como la feminista Ernestine Rose, el rabino David Einhorn, y August Bondi, el judío vienes que acompañó a John Brown en su incursión en Kansas, los judíos sureños se adhirieron a la Causa Confederada por las mismas razones que otros sureños.

 El vicepresidente de los Estados Confederados era el judío Judah Benjamín; la ciudad de Florida, Fort Myers es nombrada por el General Myer, judío al servicio de los Estados Confederados; Edwin de León era el embajador de Jefferson Davis en Inglaterra y su hermano David Camden de León fue Cirujano General del Ejercito Confederado. Su retiro se debió a su alcoholismo no por su condición de judío.

Entonces no es de extrañar que Bengeldorf se sienta orgulloso de su pasado, puesto que el presente en el Sur (y ya hemos visto que Roth tenía poco conocimiento del racismo que existía ahí aun sin un presidente como Lindbergh) era muy diferente. El auge del KuKlux Klan en los Años 20 con ideas de supremacía aria copiadas de modelo europeo y la popularidad de los encapuchados con clases sociales de bajo nivel económico llevó a poner en la mira de la violencia de la organización a judíos, latinos y católicos a la par que a la población afroamericana.
El Klan marcha en Washington en los Años 20

La violencia y el acoso reservado a gente considerada inferiormente racial aumentó durante la Depresión por lo que tratar a Begendorff como un personaje de Lo que el viento se llevó, es caricaturizarlo. Casi tanto como cuando los críticos y reseñadores se refieren a Bengelsdorf como “un caballero sureño”. Digamos que el judío común en el Sur de 1940 era más Leo Frank (linchado en Virginia en 1912 por un crimen que no cometió) que Rhett Butler.

Trump vs Roosevelt
Algo irritante en “A Plot Against America” es pretender que a) hasta Lindbergh no había antisemitismo en Estados Unidos y b) Roosevelt fue un gran presidente para los judíos. El capítulo tercero me tenía con la ulcera sangrando cada vez que el pesado de Hermann Levine, en medio de Washington, se ponía a chillar sobre lo maravilloso que era FDR, que ingratos eran los que habían votado por Lindbergh y de cómo los demócratas en el Congreso no impedían sus medidas.

Tal como hoy, el partido demócrata estaba profundamente dividido, pero no por los mismos motivos. En 1940, la división era entre intervencionistas y aislacionistas que estaban en la misma onda que El Águila Solitaria.

Como dije en una nota anterior, el antisemitismo ha existido en los Estados Unidos desde antes de convertirse en país y la primera mitad del siglo XX no fue una excepción. Se ha criticado mucho a Donald Trump de empoderar sectores racistas en su grupo de votantes al no atacarlos frontalmente. Pues FDR tampoco lo hizo con los grupos que fomentaron el antisemitismo durante sus cuatros periodos en la Casa Blanca. Los motivos son los mismos, ambos presidentes se sienten débiles y necesitan evitar fugas de votantes en el caso de Trump, o un auge de animosidad en contra del gobierno y sus medidas en el caso de Roosevelt.

Pocos saben, debido a su condición de hombre-mito, que FDR era tan odiado por sus opositores como Trump lo es hoy día. Eso lo hacía ser sumamente cauteloso de enemistarse con grupos que podían tildarse de antisemitas. Roosevelt y su mujer Eleanor hicieron activas campañas para acabar con la discriminación contra los afroamericanos, pero no salió ni una palabra de su boca ni para reclamar contra el racismo nazi ni el antisemitismo en territorio estadounidense.

Una ironía es que Trump y Roosevelt pueden calificarse como sionistas. Es innegable que la política de administración de The Donald ha sido pro Israel. Durante su mandato que duró casi 20 años, FDR apoyó la causa sionista y presionó (en vano) al Mandato Británico de Palestina para abrir las puertas a la inmigración judía a Tierra Santa. Intentó conseguir que países latinoamericanos aceptasen refugiados, ¡y hasta meditó sobre un plan de hacer una nación judía en Alaska! Todo con tal de que los refugiados no entrasen en la Unión Americana.

Por eso Roosevelt apoyó al tremendamente antisemita Departamento de Estado que se esmeró en disminuir las cuotas de inmigrantes judíos de países bajo el yugo nazi. Con el cuento de que la mejor manera de acabar con la persecución y exterminio del pueblo judío era acabando con la guerra, FDR no apoyó iniciativas de rescate, ni hizo declaraciones públicas sobre las matanzas ni sobre campos de concentración. Ni siquiera en 1942 cuando el antisemita Anthony Eden acababa de hacer un apasionado discurso en el Parlamento Británico rechazando las medidas hitlerianas.

Incluso después de que, cediendo a fuertes presiones de parte de determinados grupos judíos, FDR permitió la creación de organizaciones de rescate en 1944, el presidente se negó a permitir que se bombardearan las cámaras de gas y crematorios de Auschwitz. Pero lo más grave fue que Roosevelt nunca habló el contra de las organizaciones antisemitas estadounidense ni de los escritos de Henry Ford ni de los discursos radiales del Padre Coughlin. Junto a Lindbergh, Ford y Coughlin formaban el triunvirato de “la judeofobia educada” como se la llamaba en los Años 30.

A pesar de que Roosevelt había denunciado el antisemitismo antes de su presidencia, desde el momento en que ascendió al poder mantuvo un mutismo sobre el tema. Nunca se le vio estar en contra del el “vil veneno” del antisemitismo como lo nombró Donald Trump en 2018 en su segundo discurso el  Estado de la Union.

En diciembre del 2019, Trump firmó una orden ejecutiva para acabar con el antisemitismo en los campus universitarios, el sitio donde esa forma de racismo es más común. En cambio, Roosevelt colaboró para que existiesen reglas para impedir el acceso de jóvenes judíos a las mejores universidades.

En los Años 20, las Ivy League comenzaron a imponer el numerus clausus para que, tal como en la Europa Oriental, se limitase el número de estudiantes judíos. Algunas mantendrían estas cláusulas hasta los 60 y Yale hasta 1970. Pero la primera en crear cuotas fue Harvard, medida aprobada por el comité de ex alumnos presidido por Franklin Delano Roosevelt. Tal como Lindbergh y Hitler, FDR le temía a la expansión judía en las profesiones liberales y a su influencia en la sociedad blanca y cristiana de USA.

En el tercer capítulo de ‘Plot’ recién vemos evidencias del antisemitismo provocado por la administración Lindbergh (que tiene a Henry Ford de vicepresidente). Vandalismo en cementerios judíos y discriminación en contra de los Levin que son expulsados de su hotel en Washington. Hasta hoy actos de vandalismo en contra de la propiedad de judíos sigue siendo el crimen de odio más común en Estados Unidos (desde 1991, de acuerdo a reportes del FBI, ha habido un aumento de ataques antisemitas y los judíos son el grupo más agredido de las minorías estadounidense).

Respecto a los hoteles, muchas cadenas en la nación ponían cartelitos que decían “No se admiten ni judíos ni tísicos”. Y no solo la hospedería era racista Hoy Jared Kushner y su mujer Ivanka Trump ocupan una mansión en el elegante barrio washingtoniano de Kalorama Heights. Entonces no los hubieran ni dejado pararse en los jardines. La discriminación social no solo determinaba donde un judío podía estudiar o trabajar también donde no podía vivir ni hospedarse.

En la Encuesta Roper de 1939, más de la mitad de los encuestados consideraba que los judíos eran codiciosos y deshonestos, un tercio consideraba que tenían demasiado poder. El 15% de la nación aprobaría algún tipo de medida o campaña agresiva en contra de los de origen hebreo. Por eso es por lo que es tan ofensiva esa impresión que nos deja la serie de HBO de que, durante el tiempo de Roosevelt en la Casa Blanca, la nación era libre de antisemitismo, que gente como esos nazis de Unión City eran grupúsculos excéntricos sin poder.

Lo que si es cierto es que los judíos estadounidenses veneraban a Roosevelt quien había nombrado al primer ministro de origen hebreo, Henry Morgenthau como Secretario del Tesoro. Roosevelt también cultivaba amistades judías influyentes, ninguna más cercana que la del distinguido Rabino Stephen S. Wise. Y es Wise tristemente quien presenta similitudes con Lionel Bengelsdorf.

El Doppelganger de Bengelsdorf
Weiss era un ejemplo del mundo judío estadounidense de principios del siglo XX. Nacido en Hungría en 1874, había emigrado a Nueva York con su familia. Wise había seguido los pasos de su padre y había sido ordenado rabino, pero a diferencia de sus correligionarios ortodoxos, Wise buscaba la americanización y prefirió adherirse a la forma más moderna del judaísmo, la reformista. Fue el fundador de la Free Synagogue (sinagoga libre) en donde más que rituales y tradiciones, imperaban la libertad de conciencia y el activismo político.

Como Bengelsdorf, Wise era un hombre refinado (había estudiado en Viena); erudito (tenía un doctorado en semántica de la Universidad de Columbia); mundano (su esposa Louise Watermann era una heredera que aporto cuantiosa dote y conexiones al matrimonio) y un magnifico orador, a pesar de que muchos lo consideraban controversial. Un sionista convencido, también luchaba por el sufragio femenino, reformas laborales, en contra del trabajo infantil y de la discriminación hacia otros grupos étnicos.

A la par de crear el Congreso Judío Americano (dedicado a acabar con el antisemitismo en el mundo), Wise era miembro del comité de la NAAAPC (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color), y la Unión de Libertades Civiles Americanas. El veía a Estados Unidos como un crisol de razas donde todos luchaban juntos por el progreso de la nación. Para eso (y ahí tenemos a Bengelsdorf) Wise creía en la asimilación, en la necesidad de que los judíos fuesen parte de la homogeneidad estadounidense y que no tuvieran lealtades ni a otras naciones ni a culturas o rituales religiosos que los separasen del americano común.

Wise apoyó a FDR para Gobernador de Nueva York, aun cuando el contrincante era un judío Albert Ottinger. En un discurso en el Madison Square Garden, durante la campaña, Wise dijo “yo votaría por hombres de todas las fes, no como judío, sino como un americano, por el mejor candidato”. Wise tenía mucho arrastre entre los ricos y educados que preferían un judaísmo reformista que se alejaba de embarazosas prácticas culturales y religiosas que hacían a los judíos verse “diferentes” y retrógrados.

El Silencio de los Judíos
Se llegó al punto que, en los Años 30, muchos rabinos reformistas trasladaban sus sermones e incluso todas las ceremonias del Sabbath al domingo para parecerse a los servicios religiosos dominicales de sus vecinos cristianos. Ese grupo de judíos progresistas, asimilados, de clase media acomodada serían los que con Wise permanecerían en silencio ante las medidas nazis y ante la destrucción de la judería europea.

El consenso entre ellos era que no podían anteponer sus intereses raciales por sobre los esfuerzos bélicos de su país. Eso incluía presionar al presidente a denunciar a las políticas hitlerianas. Aún peor, como Roosevelt, los judíos tenían plena conciencia de que si se convertían en “agitadores” llamarían la atención de grupos juedeofobo que podrían volverse en contra de ellos de manera agresiva. No querían arriesgar el estatus conseguido en America defendiendo a su hermanos europeos. Algo parecido veo yo en la progresía judía hoy en día, una necesidad de ser tan occidentales que no se atreven a denunciar el antisemitismo fuera y dentro del país.



Por otro lado, Wise como Bengelsdorf, era bastante vanidoso y se sentía halagado por la amistad que le brindaba el presidente a él y a su familia. Le encantaba ser invitado a la Casa Blanca, que Roosevelt solicitara su consejo, y que lo distinguiera. Aun así, le escribía su hijo en 1943: “Ojalá el presidente hiciera algo por nuestro pueblo”. 

Extraordinariamente no fueron ni Wise ni sus colegas judíos en la administración los que forzaron la mamo del presidente. En octubre de 1943, 400 rabinos ortodoxos descendieron sobre Washington y marcharon hacia la Casa Blanca. Fueron recibidos por líderes del Congreso. Por consejo de Wise y otros asesores judíos, Roosevelt no los recibió, pero el impacto era innegable y visible Ahí fue cuando Roosevelt le dijo a Wise esa frase famosa “los judíos deberían quedarse callados”. Poco después comenzaba a hacer concesiones en su política pasiva hacia el problema judío.

Para Wise y los que como él veían la respuesta en una aculturación total, la imagen de estos judíos vestidos de negro y ensombrerados debe haber representado su pesadilla máxima, lo que ellos habían creído erradicar. Eran los representantes del judaísmo tradicional, de lo “extranjero” de todo lo que americanos blancos y protestantes como el presidente odiaban en los judíos, Eran lo opuesto al discurso del Rabino Wise de “somos americanos, primero, ultimo y siempre”.

Es extraordinario que aparte de servidora, la única en ver estos paralelos es la periodista inglesa (judía y conservadora) Melanie Philips. Todos los otros críticos han abrazado la idea de Lindbergh= Trump cuando ya he demostrado que no hay semejanza posible.

Por eso encuentro que “Plot Against America” no ayuda en nada ni a la causa judía ni a la causa de la verdad. Como “Unorthodox” y “Freud” es otra de esas series que esta primavera empañan la imagen de los judíos, representándonos como personas cuyos estilos de vida, ideas religiosas y modos de pensar y actuar son antítesis del humanismo progresista que todos debemos abrazar.

El quinto episodio de “The Plot Against America” me lo dejó claro. Lindbergh, apoyado por Bengelsdorf, crea Homestead un programa que saca a los judíos de las ciudades y los desperdiga por pequeños poblados de la nación. Esa era la esperanza de Roosevelt:  desconcentrar las zonas de poder de los judíos, léase zonas urbanas, y en sus palabras, “spread them thin” en espacios donde no fueran mayoría ni tuvieran influencia alguna.

Cuando Bess visita a su cuñado para suplicar que no envié a su familia a Kentucky dice que desea vivir “en donde viven los judíos”. El rabino le dice que ahí yace la diferencia entre ambos, él vive feliz en cualquier parte del país, no necesita vivir entre judíos, su cultura es la americana. Se me heló la sangre porque Bess pareciera abogar por el ghetto, por barrios judíos donde todos tengan las mismas costumbres, donde la cultura judía sea un eslabón común.

En boca de Bess ese concepto parece legítimo, pero es lo que series, filmes y libros como “Unorthodox” condenan, comunidades cerradas donde no se respira “americanismo”. Ya sé que suena extremo, pero es lo que se ve en “Unorthodox” e incluso en “Shtisel”, un mundo hermético y semi autónomo, dentro de una ciudad y una nación que no son reconocidos por los habitantes de ese enclave.

 Cuando Esty huye a Berlín en “Unorthodox”, esta como Bengelsdorf demostrando que es una ciudadana del mundo que puede vivir lejos de una comunidad que le impide ser libre, conocer otras personas, otras culturas. ¿Al final no es lo que Sandy Levine ha venido pregonando desde hace varios capítulos? ¿Por qué lo condenamos en “Plot Against America” cuando celebramos esa misma premisa en “Unorthodox”?

martes, 21 de abril de 2020

Una Noche de Pesadilla: Babylon Berlin 3x08



En el bosque donde Wendt acostumbra a cabalgar de mañana, se encuentra a Fritz esperándolo. Richard le cuenta del careo con Greta. Aunque lo han soltado ya saben su nombre y querrán conocer a sus cómplices eso incluye a Wendt. El Oberst se da cuenta de que está siendo extorsionado. Tras asegurarse de que nadie más conoce los planes del chantajista, Wendt lo ultima de dos balazos y arroja el cadáver al rio.

En un elegante restaurant, Marie Louise Seeger ha sido plantada por el invisible, pero poco confiable, Ozkar. Se dispone a marcharse cuando la detiene Wendt que la invita a almorzar. Malú acepta y pide un vodka con soda y un tártaro de cerdo. La conversación es lo que ya debemos esperar una mezcla de arrogancia, e ironía defensiva de parte de ambos. Wendt ha quedado impresionado por la charla de Nyssen y quiere conocer la opinión de Fraulein Seeger. Aunque la está utilizando, se nota que respeta su intelecto.

Malú le dice más o menos lo que dijo Nyssen, la economía germana esta desahuciada. El abuso de la especulación llevará a muchos a la ruina y reventará la bolsa. La joven se sorprende que Wendt no esté alarmado ante el panorama. Él se confiesa “inmune”. La especulación es invención de los judíos y él no cae en esas trampas.

Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero estoy shipeando rabiosamente a este par. No sé cuál es el juego de Malú. Si se siente Mata Hari y busca información, si es un caso de polos opuestos que se atraen, pero que la halaga la atención de Wendt es evidente y ya le dijo a su hermana que lo consideraba atractivo. Igual, es un juego muy peligroso.

Tras esta conversación, Wendt llama a Nyssen, le dice que convencerá al círculo que confíen nuevamente en el industrial y que lo ayuden en su conspiración económica. Lo único es que el Oberst exige de Nyssen que ponga 100 millones de marcos en la mesa. Nyssen solo tiene ocho millones en su poder. Wendt le recomienda pedírselos a su madre.

Han llevado a Gereon y a Walter Weintraub al hospital. El gánster esta inconsciente, el policía, aunque con el rostro vendado y varias costillas rotas, está bien. Lotte lo visita y le cuenta que Weintraub está vivo, pero Vera fue enterrada esa mañana. Vemos flashbacks de Lotte y Toni en el funeral.

Helga anda por la calle. Su mirada cae en un cartel que solicita que se despenalice el aborto. Eso la empuja a visitar a Gereon se lo encuentra con Charlotte. La pobre detective se muere de vergüenza y tras presentarse, huye. Helga es un poco altiva con Lotte, pero su arrogancia desaparece cuando ve que Gereon no está nada de contento de verla.

“¿Quién es?” le pregunta su cuñado.  Quiere saber quién es ese desconocido que la mantiene con tanto lujo. Helga es torpe. Primero se niega a darle el nombre. Luego trata de distraerlo con “es un amigo. alguien sin importancia”. De pronto le suelta que está embarazada.
“¿Quién es el padre del bebé?” pregunta Gereon.

Helga se escandaliza,  “siempre te he sido fiel”
“Eso mismo creía Anno” responde Gereon. Helga sale corriendo.

Lotte lleva a Ilse al oculista. Ha conseguido la mitad del pago de la operación. El pedante y aprovechado médico dice que eso es solo para “hacerles un cupo” en su lista de pacientes. Los nervios vencen a Ilse que se desmaya. La enfermera le da a Lotte la dirección de un médico que operará a Ilse por la mitad de lo que exige su patrón.

El caso Greta va muy apurado. Se ha acordado una fecha para su ejecución, en menos de una semana. Greta se entera que tiene nuevo abogado.

En la pensión de Frau Elisabeth, Katelbach todavía oculto recibe una citación de la policía política. Se le acusa de traición a raíz del artículo que el Tempo ha publicado.

En el Bosque de Grunewald, los Hitlerjugend animan a Moritz a cazar un venado. El chico no se atreve, lo que lo convierte en un hazmerreir del grupo. Harto de la cantinela “Bambi, Bambi”, se lanza sobre su camarada y casi lo mata a golpes. 

Son separados por Horst quien, en vez de castigarlos, les hace ver que no deben pelear, que están unidos por su sangre aria y su devoción por el Fuhrer. Deben guardar sus energías para luchar en contra de sus muchos enemigos. Los hace jurar sobre la bandera nazi  y hacer las paces. Conmovidos por el discurso, los chicos obedecen.

Toni sigue su andar errante por Berlín. Llega hasta un campamento de desamparados que están cocinando ratas (¿por qué no se van al Grunewald a cazar ciervos?)  Le ofrecen un bocado. “no, gracias. No tengo hambre” responde la niña.  “Tienes suerte” le dicen. Pero es que no solo de pan viven las niñas y Toni tiene hambre de cariño, compañía, atención.

Comienza a llover, falta para que llegue Lotte. Toni se guarece bajo la cornisa del bar. Llega un individuo de mala catadura y desdentado. Es Peter, un vecino del antiguo barrio. Invita a Toni a cenar, el paga. Van a un restaurante cercano. Peter le cuenta que conoce un caballero que necesita de una lectora. Tras asegurarse de que paga bien, Toni acepta el empleo. Ve llegar a su hermana y va a su encuentro.

Ni Toni le cuenta a Lotte sobre su posible empleo, ni Lotte está muy para charlas. Lleva a su hermanita a ver el último filme que Betty Winter rodara antes de ser asesinada. Solo le pide que si ve a Ilse le diga que ya tiene el dinero para la operación.

Esa noche será muy agitada para todos los personajes. En su celda, Greta decide confiar en su compañera. Le dice que ha hecho mucho daño y que mintió al decir que fue empujada a matar a Benda por los comunistas. Stalina baja la guardia y le pregunta por qué lo hizo. Geta le suplica que le dé un abrazo.  Aunque todavía no confía en ella, la doctora lo hace. Es una escena magnifica. Greta la abraza hambrienta de calor humano, Stalina está tiesa con los brazos estirados. 


Solo la abraza cuando la pelirroja lesusurra que amenazaron con matar a su hijito. No importa que Greta se niegue a decir quiénes son los que la amenazan, saber que la falsa confesión fue motivada por miedo de madre exonera a la pelirroja.

Por otro lado, Helga vagabundea por los bajos fondos. Se tropieza con prostitutas de todos los tipos y con sus clientes que la acusan. Se acerca una profesional que busca clientes en un mini ajustado enagua y en avanzado estado de gestación (Las prostitutas embarazadas eran muy solicitadas en la Alemania de aquel entonces que, como el burdel de Meñique, atendía todos los gustos).

La preñada le da una dirección a Frau Rath que acaba en casa de la vecina de Lotte. Ahora sabemos a qué se dedica. Helga no está segura de querer un aborto. La comadrona le sirve una taza de hipericón para los nervios y se sienta con ella a decidir la mejor solución.

Lotte va al Luxor, donde Vera le había contado que si era “tolerante” pagaban bien por la noche. La recibe un travesti con facha de payaso, la lleva a un vestuario donde hay un traje esperándola, una combinación de lingerie sexy y de uniforme de poilu (soldado francés de la gran guerra). Se trata de un cuadro plástico requerido por un general voyeur.

Lotte es sentada/atada en una silla en medio de una pista. No ve al voyeur, tiene los ojos vendados, pero escucha al travesti que es el narrador. Así se entera que ella es una espía francesa que ha sido capturada por los alemanes.

Entran hombres uniformados que marchan al unísono. Lotte no los ve, pero siente el pisar de sus botas de charol. Le caen encima como la Manada. Por suerte nos muestran lo mínimo. Corte al final de la noche en que Lotte con el rostro lloroso, el rímel corrido, pero vestida se marcha.

En casa de los Kasabian, Esther intenta convencer al marido que Walter Weintraub no es un traidor. No puede ser el Fantasma. Le recuerda al Armenio cuando se decidió con un volado cuál de los dos gánsteres purgaría cárcel. Le tocó a Walter, pero Esther le muestra a Edgar la moneda que su socio usó. Tiene dos caras iguales. El Armenio entra en sospechas. ¿Por qué su mujer tiene esa moneda?

Esa noche, Gereon sufre una pesadilla, está en el hospital, pero hay un apagón. Se levanta y camina asustado por los pasillos. Ve sombras, siente que lo siguen. Despierta sobresaltado y se encuentra al Armenio en su cuarto. Edgard quiere saber si la policía está segura de que Walter es El Fantasma. “¿Por qué te cuesta tanto creerlo?” pregunta Rath.

Edgard se retira, antes le pregunta a Gereon como la está pasando. “Supe que tu esposa te abandonó” “No es mi esposa” responde secamente el inspector. Vuelve la luz. Gereon se da cuenta que la visita del gánster no fue fortuita. Se levanta y corre, sujetándose la costilla rota, por las escaleras. Encuentra a los guardias en el cuarto de Weintraub, atados y amordazados. El paciente ha desaparecido.

El Armenio lleva a su socio al único médico en Berlín. A punta de electroshocks, Schmidt consigue que Weintraub vuelva a hablar.. El gánster revela su inocencia. El Fantasma lo golpeó y le puso su ropa antes de aventarlo junto a Vera. Parece que Edgard le cree, pero Walter comete el error de revelarle sus sentimientos por Esther.

Edgard llega a su casa y sorprende a su mujer en penumbras. “¿Lo amas?”  pregunta. Esther llora. Enfurecido, el Armenio lanza el fonógrafo por la ventana. Ahí ve que entran autos policiales a su propiedad. Traen órdenes de cateo, vienen a arrestarlo por el secuestro de Walter Weintraub.

martes, 14 de abril de 2020

Babylon Berlin 3x07 : ¿Es Weintraub El Fantasma?



El peor capítulo de la temporada. Por un lado, el caso Greta que nos hace sentir que todo saldrá mal y no habrá triunfos de justicia. Por otro, un apuro en resolver el crimen de Betty Winter que recuerda la prisa con la que Weiss&Benioff despacharon el cuento del Rey de la Noche y Los Caminantes Blancos.

Antes que Lotte informe a Gereon de sus sospechas sobre Weintraub, Ulrich ha encontrado un cabello dentro del camafeo de Tilly Brooks. Lo coteja con una muestra capilar que tomó de Walter al salir este de la cárcel. El envidioso diabético burlescamente anima a los policías a ir a captura a su presa y a hacerse famosos.

No sé, pero no me cuadra lo de Weintraub. ¿Por qué iba a autosabotearse? Y ya sabemos que el rato en que no estuvo con Vera lo uso para desenterrar el saco de dinero en el Grunewald. ¿Además, para que puso a todos esos guardaespaldas en el set? ¿Para poder matarlos?


Estando en el vestuario, Vera es atacada por el Fantasma que mata al guardaespaldas y la apuñala en un hombro. La chica logra herirlo con unas tijeras. Entra Gereon y todos huyen. Vera es perseguida por El Fantasma que es perseguido por el policía. Vera logra escalar hasta las tramoyas.


La persecución continua en las afueras del set. En la oscuridad de la noche, pasan situaciones inverosímiles (a punto de atrapar al criminal, el policía es golpeado por una puerta) hasta que como en película de Argento, caemos em el gore, y el Fantasma impala a Rath (por la boca) en un asta que sobresale del edificio.

En el plató ven que por las tramoyas se arrastra Vera que se desangra. Solo Lotte sube a socorrerla. Los demás se convierten en una galería de espectadores. Aparece El Fantasma. Lotte se le enfrenta armada solo de palabras. ¿Me van a decir que una policía, por muy asistente que sea, no va armada? ¿Me van a decir que los Fanboy no portan revólveres? ¿Que el único que tiene una pistola está colgando afuera y del palo de la bandera?

El Fantasma arroja a Lotte por sobre la barda. Ella alcanza a engancharse de una cadena y queda colgando como Salma Hayek en “Once Upon a Time in México”. No alcanza a aguantar mucho y cae al vacío, pero es recibida por los brazos de sus fans como si fuera Shakira.


El Fantasma coge a Vera desmayada y la arrastra hasta la terraza desde donde salta con ella, caen en un vagón de basura y ruedan por el suelo. Lotte los encuentra. Weintraub inconsciente y Vera muerta. Lotte llora a su amiga y en eso aparece un Gereon tambaleante.


Antes de eso tuvimos otro frustrante episodio de los últimos días de Greta. Gereon va a los establos, y a pesar de la presencia de un grupo de nazis (esta gentuza solo era valiente en grupos), arresta a Fritz. Ha conseguido convencer a Zorgiebel de traer a Greta para un careo con Fritz.La escena es terrible. Fritz se aterroriza al ver a su ex. Greta se echa a llorar, pero insiste en que no lo conoce. Todo ha sido en vano. Fritz sale libre.

Descubrimos al “doctor loco “de Nyssen. Me lo sospechaba, es Anno Schmidt.

Nyssen ha reunido a representantes de la derecha y del alto mundo de las finanzas para exponer su teoría sobre el próximo colapso de la economía alemana. Se explaya demasiado, gesticula dramáticamente, no le creen y menos cuando solicita de gente como Wendt una suma exorbitante para ayudar a crear un caos económico y llenarse los bolsillos. Se marchan indignados.

Me da pena la pobrecita Toni. Después de clases no tiene nada que hacer. Sin un cuarto donde estar, se la pasa vagabundeando por ahí. A veces va donde su compañera Renate, pero ese día Renate no esta y la madre (la vecina de las cartas) está ocupada con “clientas” (ya en el próximo cap. sabremos qué tipo de clientas).

Toni deambula por las calles y se tropieza con Krajewski (el drogadicto de las otras temporadas0. Parece estar “limpio” y ahora se dedica a vender mascotas. Toni admira unas palomas, pero son muy caras. Le pide que se las guarde. Espero el próximo episodio sea mejor.