martes, 10 de diciembre de 2019

Suegra, Santa y Sorda: The Crown 3x04



Sobre el episodio “Bubbikins”de la Tercera Temporada de “The Crown” solo puedo decir que, en 1967, la suegra de la reina vino a vivir con la Familia Windsor-Mountbatten en el palacio de Buckingham, que la Princesa Alicia era sorda, muy religiosa y que fumaba como chimenea. Todo lo demás en el episodio es falso o mal contado, pero me sirve para comenzar a hacer una semblanza, o panegírico, de una mujer prodigiosa como fue Alicia de Battenberg.

Nació princesa, pero prefirió morir como una humilde monja; dicen que era una fanática religiosa, pero arriesgó su vida para proteger a los que no practicaban su religión;  nació sorda, pero aprendió a hablar y leer los labios en cuatro idiomas;  fue víctima de un sistema de psiquiatría patriarcal que la sumió en la negligencia y la desesperación, le arrebató su familia, su libertad y hasta sus ovarios:  y logró sobrevivir y vivir como le dio la gana, eso sí totalmente dedicada los demás. Esta es Alicia de Battemberg, princesa de Grecia y suegra de la Reina de Inglaterra.

“Ningún Trono la Merece”
Cuando hice la genealogía del Duque de Edimburgo, mencioné el origen de los Battenberg, la conexión con la Familia Real Británica, y el nacimiento de Alicia en el Palacio de Windsor en presencia de su bisabuela, la Reina Victoria. A Alicia se le pueden aplicar los términos “sangre azul”, “nacida con chupete de plata en la boca”, y “en cuna de oro”. Aun así, nació con una falla que afectaría su vida.

Cuando la niña tenía como unos tres años, su madre, Victoria, Marquesa de Milford Haven, notó que no prestaba atención. Un examen médico determinó que Alicia había nacido sorda. Como su sordera no era total, y muchas veces podía percibir sonidos, su impedimento no había sido detectado. Desde ese instante, la madre de Alicia decidió que su hija no sería objeto de lástima ni una invalida.

Victoria Mountbatten (un personaje formidable que “the Crown” ha olvidado) tuvo una tremenda influencia en la vida de su hija mayor. Se impuso el desafío de entrenar a la niña a aprender a leer labios. Incluso llegó a prohibirles a sirvientes y parientes repetir o hablarle más fuerte a Alicia para que la niña se apoyase totalmente en su capacidad de leer los labios. De esa manera, Alicia llegó a la adolescencia hablando y leyendo labios en inglés, francés y alemán. Más tarde aprendería a hacerlo en griego.
Alicia en su adolescencia

Para todos los efectos, Alicia era una jovencita normal. Bueno, no tanto. Para los cánones de su época, era bellísima, inteligente y caía bien en todas partes. Su tío, el Rey Eduardo VII, diría de ella “ningún trono la merece”. Sin embargo, Alicia a los 17 años, renunció a cualquier sueño de ser reina, cuando se enamoró perdidamente del Príncipe Andrés, cuarto hijo del Rey Jorge de los Helenos.

Años más tarde, Alicia le contaría a su nieto Carlos que al ver a Andrés en la coronación del Rey Eduardo VIII se impresionó tanto que creyó estar en la presencia “de un dios griego”. Andrés correspondió inmediatamente al amor de Alicia, pero Victoria se opuso pensando que su hija era aún muy joven para casarse y trasladarse a un reino lejano e inseguro.
Alicia y Andrés

La pareja esperó un año y finalmente convencieron a los padres de Alicia de darles permiso para casarse. Durante ese año de espera Alicia comenzó a dar muestras de hipersensibilidad y muchas veces la encontraban hecha un mar de llanto si se había atrasado una carta del novio.

Alicia y Andrés se casaron en Londres, en 1904, e inmediatamente emprendieron el viaje a Grecia. A pesar de los temores de Victoria, Alicia pronto se aclimató a su nuevo hogar y eso que la corte griega dejaba mucho que desear. 
Alicia y Andrés el día de su boda.


Una Corte de Opereta
En “The Crown” la familia de Isabel está siempre dispuesta burlarse de la familia de Felipe, hablando de Grecia como de un reino de tercera, nuevo y tosco. Lo cierto es que a pesar de que el Rey Jorge poseía un impecable pedigrí germano-danés, y su esposa era nieta y prima de Zares de Rusia, la Familia Real Griega estaba en una posición muy inestable.

El rey Jorge mal gobernaba un pueblo atrasado, ignorante, muy pobre, y muy rebelde que lo veía como un extranjero usurpador y se lo hacía saber. Los atentados contra el soberano eran sucesos semanales. La Corte Griega era de opereta y estaba compuesta por oportunistas, malhechores y conspiradores natos. El nivel de corrupción era tal que los ministros le robaban tinteros y hasta el reloj a su soberano.

Sin embargo, a juzgar por sus cartas, Alicia estaba encantada en su nueva nación. También pasaba poco tiempo ahí. En sus primeros años viajaba mucho. Visitaba a su familia en Inglaterra, o iba ver a sus parientes alemanes en Hesse, o a Rusia, donde vivían sus tías Elisabeth “Ella” y Alix (la Zarina Alejandra) ahora casadas, la primera con el gran Duque Sergio, la segunda con el Zar Nicolás.

 Ella y la Zarina habían adoptado la fe ortodoxa de sus esposos, esto influiría en la decisión de Alicia de convertirse años después. Ella fue muy importante en la vida de su sobrina. Casada pero incapaz de ser madre dedicó su cariño a sus sobrinos y se enfocó en obras filantrópicas. Su marido que era gobernador de Moscú se había granjeado el odio de grupos revolucionarios. Uno de ellos lo hizo volar con una bomba el 1905. Eso ocurrió ante los ojos de su esposa quien lo vio por una ventana y bajó inmediatamente para ayudar a recobrar los fragmentos de quien fuera su marido. Las acciones subsecuentes de la Gran Duquesa dieron mucho que hablar.

Ella fue a la cárcel y perdonó públicamente al asesino de su esposo, luego regaló todas sus posesiones, tomó el velo y fundó su propia orden de monjas ortodoxas. La tremenda piedad de su tía (que ha sido canonizada por la Iglesia Rusa Ortodoxa) tuvo mucha influencia en el misticismo que afectaría a Alicia en su madurez y que se creería fue causa de su desequilibrio mental, pero que en realidad seria lo que le devolvería la cordura y daría razón de vivir.

Pero eso estaba todavía en el futuro. Alicia, de recién casada, ni se imaginaba lo que le deparaba la vida. En su segundo año de casada daría a luz a su primogénita Margarita. Una novedad fue que Andrés estuvo presente, obligado por su madre, la Reina Olga, quien se lo exigió “para que veas lo que sufrimos las mujeres”.  A Margarita la seguirían Teodora (1906) y Cecilia (1911).
Alicia y sus hijas mayores

Guerras, Revoluciones y Exilio
En 1912 estalló la Guerra de los Balcanes. Andrés, que era oficial del ejército griego, partió para el frente. Poco después Alicia seguía a su marido fundando hospitales donde ella misma serviría de enfermera. De esa época, quedan cartas escritas a Victoria donde su hija, con humor y compasión, relata sus actividades en los hospitales y en el quirófano donde incluso asistía en amputaciones.

El fin de la Guerra de los Balcanes dejó a Alicia como una heroína ante los ojos de su nuevo pueblo, pero coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el nacimiento de una nueva hija, Sofía. En 1913, finalmente un asesino había conseguido acabar con la vida del rey Jorge. Reinaba ahora Constantino, cuñado de Alicia. El nuevo rey intentaba mantener la neutralidad, pero su ministro, Venizelos, deseaba que Grecia entrase en el conflicto en el bando aliado.

Para Alicia era una época de lealtades divididas. Aunque nacida en Inglaterra, fuertes lazos familiares la ataban a Alemania. En un esfuerzo por obligar a Grecia a dejar de ser neutral, la flota francesa bombardeó Atenas, obligando a Alicia y a sus hijas a refugiarse en el sótano del palacio real de Tatoi. Un año más tarde, el rey abdicaba, y la familia real griega en pleno partía al exilio a Suiza.

La situación familiar de Alicia también se veía afectada por el conflicto. En Inglaterra, su familia debió adoptar un apellido menos germano, Mountbatten en vez de Battenberg, y su padre debió renunciar a su cargo de primer Lord del Almirantazgo en circunstancias humillantes. En Rusia, la revolución derrocó al Zar, tío político de Alicia, y él y su familia fueron hechos prisioneros. El fin de la gran guerra vio el derrocamiento del gran Ducado de Hesse, la familia de la abuela de Alicia, pero lo peor pasaría en Rusia.

El asesinato del Zar y su familia palidece ante el martirio al que fue sometida la princesa Ella, la tía favorita de Alicia. Los bolcheviques la arrojaron a ella, y a sus compañeros, a una mina abandonada. Cuando vieron que algunos seguían vivos los ultimaron con granadas y leños encendidos. Si cuento estos horrores es para que vean el cumulo de noticias traumáticas que ya estaban haciendo mella en la psiquis de Alicia. Y aún faltaba lo peor.
Mon Repos en Corfu

1920 encuentra al rey Constantino de vuelta en el trono. Andrés y su familia se instalan en Mon Repos, una villa en Corfú. A primera vista es una villa encantadora, pero en aquel entonces Mon Repos carecía de electricidad, gas y agua potable. Sin embargo, Alicia estaba contenta. Algo que nunca la abandonaría fue su amor por Grecia y en ese momento su felicidad era plena porque su nuevo bebé iba a nacer en suelo griego.

Aun así, Grecia no se podía estar tranquila. Acabada la Gran Guerra y ya tenían la propia ahora en contra de la Turquía republicana de Mustafá Kemal. Andrés se reintegró al ejército y estaba en el frente, para el nacimiento de su único hijo varón.

Fue un parto difícil, el médico del pueblo preocupado por el aislamiento de Mon Repos y la edad de Alicia (36 años entonces era considerada edad avanzada para tener un hijo) hizo que la trasladaran a la cocina donde había más espacio y Felipe nació en la mesa cerca del fogón.
Alicia y Felipe

La alegría de Alicia duró poco. Para evitar una masacre de sus hombres, Andrés ignoró ordenes oficiales. Tanto él como sus compañeros fueron arrestados y llevados a juicio. Alicia viajó a Atenas a abogar por su marido, pero ni siquiera la dejaron verlo. Declarados culpables después del consejo de guerra, los oficiales fueron pasados por las armas. Solo la intervención del Papa y del Rey de Inglaterra salvaron la vida a Andrés. El príncipe y su familia fueron exiliados de Grecia y tuvieron que salir huyendo con Felipe metido en un cajón de naranjas.

El Segundo Exilio
Este exilio y las circunstancias que lo precedieron sumirían a Andrés y a su mujer en una profunda depresión que se manifestaría en Andrés en abulia y desapego por sus responsabilidades y en Alicia en una actividad incesable y casi maniática que la llevaría al colapso. Su primera actividad fue mantener a su familia unida, la segunda estaba encaminada a encontrar un sitio donde vivir permanentemente.

A pesar de que Alicia y su familia fueron sacados de Grecia en un barco inglés que los llevaría Gran Bretaña, el rey les dejó claro que no los quería en suelo británico. La Familia Real Británica estaba conmocionada por la caída de tantas monarquías europeas. No deseaban tener un príncipe exiliado (aparte que, para variar, la monarquía en Grecia nuevamente había sido derrocada) cerca que les recordara a los revolucionarios locales que Gran Bretaña bien podía ser una república.

Después de dejar a sus hijos instalados en Paris en casa de Maria Bonaparte, la cuñada de Andrés, este y su esposa se fueron a Estados Unidos a visitar a otro hermano, el príncipe Cristóbal que se había casado con Nancy Leeds, una millonaria neoyorquina. Aunque Cristóbal y su mujer los recibieron con los brazos abiertos, los exiliados no vieron muchas posibilidades de un traslado permanente a USA y decidieron instalarse en Paris. El próximo paso fue ver como se mantendrían económicamente.
Alicia y Andrés en el exilio

Andrés era militar, no sabía hacer otra cosa. Se puso a escribir en griego sus memorias que en realidad buscaban reivindicar su nombre. Alicia se encargó de traducir el manuscrito al inglés. Simultáneamente, ella encontró empleo en una pequeña tienda donde se vendían objetos hechos por exiliadas griegas. La idea era ayudar a las fabricantes a mantenerse, por lo que el empleo era en realidad más una obra de caridad que una fuente de ingresos.

La familia comenzó a vivir de “mesadas” familiares. Algunas le llegaban de Nueva York, otras de Inglaterra, otras de parte de Maria Bonaparte que era millonaria y costeó los primeros estudios de Felipe en The Elms, una escuela progresista manejada por educadores estadounidenses. Edwinna Mountbatten, habrá sido mala madre y casquivana, pero tenía corazón de oro. No solo aportó de su inmensa fortuna para ayudar a su cuñada, además sacó una segura de vida para el pequeño Felipe.

Alicia parecía haber inventado el multitasking: trabajando, atendiendo la casa, viajando a Inglaterra con sus hijas a ver si encontraban marido, enseñándole griego y otras cosas a Felipe. Hasta se metió en una conspiración para que coronarán a Andrés, Rey de Grecia, algo que horrorizo a la Familia Real Británica.
Alicia y Felipe en Paris

Amor y Locura
En medio de esta incesante actividad, ocurrió un inesperado suceso que sería el detonante para empujar a Alicia al colapso nervioso. Por décadas este fue un secreto conocido por solo un pequeño grupo de íntimos de la princesa y que salió a la luz únicamente cuando Hugo Vickers tuvo acceso a los documentos médicos de Alicia.

Al exilio Alicia había partido en compañía de su dama más querida y que era su confidente, Virginia Simopoulos. Cuando Alicia fue internada primero en una clínica de Berlín, “Popoulo” como era llamada familiarmente, tomó la decisión de revelar, en estricto secreto, una confidencia de su señora a los médicos que la atendían como una manera de ayudar al tratamiento.

Aparentemente, a sus 45 años, Alicia había vuelto a enamorarse. Del objeto de su amor se sabe poco. En los informes solo se menciona que era inglés, casado y que correspondía al sentimiento de la princesa. A pesar de que la relación fue intensa y romántica, nunca se consumó. Consciente de que era un amor sin esperanzas, ambos decidieron alejarse el uno del otro con la promesa de “volver a encontrarse después de muertos”.

Esta situación que sería incómoda para una mujer casada, aun hoy día, para Alicia fue traumática. Aparte de enfrentarse a la realidad que ya no amaba su marido el descubrir que su cuerpo le imponía exigencias la horrorizó, puesto que iba en contra de sus principios religiosos y de la moral inculcada por su familia. En su afán de expiar su pecado, pero también encontrar consuelo, la princesa se volcó a la religión y en 1929 se convirtió a la fe ortodoxa.

Esto causó un gran escándalo en sus parientes ingleses, principalmente su madre. Victoria era una libre pensadora para la cual la religión solo jugaba un pequeño rol en su vida. Muchos, en su momento creyeron que Alicia había elegido ese camino para molestar a su madre, y para demostrar su independencia de Victoria. Nada más falso, Hacía años que Alicia estaba interesada en la religión de su esposo e hijos. El ejemplo de sus tías la había impresionado mucho y en su momento de mayor necesidad acudió a una nueva religión que le proporcionaba desahogo.

Sin embargo, el desahogo coincidió con la depresión, ya clínica, de Alicia. Comenzó a desinteresarse de todo. Una de las manifestaciones fue que dejó de leer los labios. En medio de reuniones familiares, simplemente “se desenchufaba” de la conversación general. Aparte de extraño e incómodo, su comportamiento tenía peores reveses. Si de pronto volvía la realidad y veía que los demás seguían con su charla e incluso se reían, partía de la base que era el objeto de sus burlas y se enojaba.

“La Verdadera Esposa de Cristo”
Cuento este pequeño detalle porque es el único rasgo de “manía de persecución “que haya manifestado Alicia y fueron casos aislados. Sin embargo, sus “psiquiatras” (y los pongo entre comillas porque, aunque eminencias todos se portaron como charlatanes) la diagnosticarían como paranoica.

Pronto, Alicia comenzó a evidenciar peores accesos. Comenzó a alucinar. Juraba que la visitaba Jesús y que le traía mensajes del más allá. Se creía profetiza e incluso les decía a sus hijas los nombres de sus futuros maridos. Como ninguna de sus profecías resultaba cierta, Alicia se volvió una presencia incomoda y vergonzosa. En medio de sus desvaríos, Alicia notaba que no estaba bien e intentó reprimirse. Para eso decidió hacer un viaje.

En compañía de Popoulo, se marchó a un hotel en el sur de Francia donde estuvo un par de días. Pero el remedio, resultó peor. A su regreso la princesa anunció que era ahora “la verdadera esposa de Cristo”. Ante tanta barbaridad, Victoria intervino y se decidió internar a Alicia en una clínica de Berlín. Ahora esto es importante. No fue el marido (que tampoco es el mujeriego jaranero del que hablan en “The Crown”) quien internó a Alicia. Tampoco sus hijas. La decisión la tomó Victoria exclusivamente.

La concuñada de Alicia, la reconocida psicóloga y psicoanalista, Maria Bonaparte recomendó al Dr. Simmel, que tenía una clínica, Tegel, en las afueras de Berlín. De Atenas vino el Dr. Louros, ginecólogo de la princesa que la convenció de buscar tratamiento ya que su crisis afectaba su familia. Alicia viajó por su propia voluntad a Alemania y se internó en la clínica. Simmel la encontró dispuesta cooperar y a responder todas sus preguntas incluso las relativas su sexualidad.
Castillo de Tegel

Como buen freudiano, Simmel creía que todo trastorno mental nacía de la represión sexual. Los exámenes médicos determinaron que Alicia todavía estaba en edad fértil, que entonces se asociaba con una libido más activa. Intentaron convencer a Andrés de “atender” más a su mujer, pero el príncipe escandalizado les hizo ver que su matrimonio ya había superado la etapa erotico-romantica.

Por esos días, Popoulo vino a visitar a su señora. Interrogada por los médicos, la dama terminó revelando el secreto de Alicia. La opinión general era que el mayor problema de Alicia residía en su insistencia de que mantenía una relación marital con Jesús. Para Popoulo Jesús en la psiquis de la princesa representaba al amor prohibido al que había renunciado. los médicos concordaron con esa hipó tesis. ¿Pero qué se podía hacer? Andrés no ofrecía ayuda. No había manera de que Alicia pudiese tener una relación con el misterioso caballero ingles

Como último recurso, Simmel solicitó la opinión de su gurú, Sigmund Freud. De Viena vino Freud, examinó el caso y concordó con su discípulo que Alicia sufría de una “paranoia-esquizofrenia libidinosa” El diagnóstico es para tirarnos de espaldas.

a)       Alicia nunca exhibió rasgos de paranoia.
b)      Aunque si bien es cierto que las alucinaciones comúnmente son vinculadas con esquizofrenia, hay muchas otras enfermedades mentales (Y físicas) que las provocan
c)       Si Alicia realmente hubiese sido esquizofrénica o bipolar, alguno de sus hijos hubiera heredado esos problemas mentales. O sus nietos. Ahí sí que hubiese existido una razón de peso para impedir que Felipe se casara con Isabel.
d)      Los únicos libidinosos en este cuento fueron los psiquiatras.
Freud y la Princesa  Bonaparte

Es cierto que en esa época los psicoanalistas inventaban enfermedades, pero también desconocían una cantidad de males menores que pueden afectar una psiquis. Lo que hoy se curaría con terapia y fármacos entonces exigía tratamientos drásticos y brutales. El tratamiento que Freud prescribió es frio y brutal. Había que destruir la libido de la paciente y para eso había que adelantarle la menopausia.

En abril de 1929, sin consultarla, sin siquiera ella tener conciencia de lo que le sucedía Alicia fue sometida a varias sesiones de rayos x que achicharraron sus ovarios. El mismo tratamiento que una década más tarde, usarían los nazis para esterilizar judías, gitanas y otras mujeres que ellos consideraban indignas de reproducirse. Y todo por órdenes de Sigmund Freud que ni siquiera era el médico tratante de la princesa.

Me detengo para volver a las mentiras de “The Crown”. Es cierto que Alicia fue sometida un tratamiento brutal, pero ni Freud fue su médico ni la sometieron a electroshocks como inventa Morgan. 

Yo vi como mi madre quedó psicológicamente afectada por su histerectomía. Incluso a pesar de habérsela practicado en las mejores condiciones médicas e higiénicas, nunca quedó bien físicamente. Ni siquiera quiero imaginarme como habrá quedado Alicia. Me molesta tanto que sus biógrafos no se horroricen ante lo que le ocurrió. Incluso Vickers que está totalmente del lado de la princesa, no parece muy sorprendido ante el procedimiento. ¡Me tomo mi momento de “generista” y exclamo “¡Hombres!”

La ironía es que Alicia tenía permiso para moverse libremente, antes y después de esa operación innecesaria. Salía a pasear, iba al teatro, pero no se la consideraba lo suficientemente cuerda para tomar decisiones sobre su cuerpo y mente. Entre tanto trajín, contrajo paperas y fue durante su enfermedad que la princesa comenzó a cuestionar la utilidad de los médicos y la de su estadía. Como había ingresado por su propia voluntad, Simmel no pudo evitar que se marchara.

Alicia, a la que el tratamiento había dejado peor, volvió con su familia y aunque tenía momentos y días cuerdos, seguía con sus alucinaciones. Su hija mayor, Margarita, y Andrés le escribieron a Victoria solicitando su ayuda. La madre de Alicia buscó consejo con dos eminencias medicas británicas.

El Secuestro de una Princesa
Estos médicos, sin haber visto a la paciente, dictaminaron que el único curso posible era internarla. El proceso de internamiento, sin un diagnostico apropiado, sin el consentimiento de la paciente fue no solo un atropello a los derechos de Alicia.  Fue un proceso brutal tanto para ella como para Felipe. Aunque nuevamente, Morgan se toma licencias cuando la verdad ya es bastante trágica.
Alicia y Felipe en la época de su secuestro

Victoria y Andrés fueron los artífices, las hijas de Alicia debieron aceptar el dictamen de sus mayores. Nadie le avisó a Felipe. Todo ocurrió en el castillo de Darmstad, propiedad de los Hesse, la familia de Victoria.  Andrés y Margarita, la mayor de sus hijas, se fueron de regreso a Paris. Un día determinado, Felipe de nueve años fue invitado a un picnic en compañía de sus hermanas y su abuela. Alicia permaneció en el palacio. De pronto se presentaron los médicos y enfermeros encabezados por el psiquiatra suizo Ludwig Binswanger.
El Dr. Binswanger

Inicialmente Binswanger   intentó convencer a Alicia de ir a su sanatorio en Suiza por su propio pie. Cuando Alicia se negó vehementemente e intentó huir, se la sometió a la fuerza y se le inyectó un calmante. Como un fardo, la princesa fue embalada en un tren rumbo a Suiza. Se la mantuvo sedada todo el camino. Cuando Felipe regresó a casa su madre ya no estaba. Para evitar(se) problemas, Victoria inventó que Alicia había consentido y colaborado en su traslado. Felipe entonces se sintió traicionado y abandonado por su madre.

Bellevue, el sanatorio del Dr. Binswanger en Suiza era un hotel campestre, con villas separadas, cuartos con baños individuales, canchas de tenis, salas de billar, etc. Ahí entre gente realmente desequilibrada había celebridades buscando curas de reposo. Pintores, novelistas como Alfred Doblin, actores como Gustav Grundgens (el verdadero “Mefisto”) antes de su etapa de ídolo de matiné del Tercer Reich,  y por supuesto el gran bailarín Nijinski. A Alicia no le importaban esos lujos. Ella tenía la certeza de que un manicomio, por elitista que fuese, no debía ser su residencia y tenía serias dudas sobre la competencia de Binswanger.
Bellevue

Como estaba tranquila, se le permitió a la princesa recibir visitas y salir a dar paseos por el pueblo en compañía de enfermeras. Los no muy cercanos la notaban normal. No así los parientes todavía preocupados por las manías místicas de Alicia.

Leyendo sus comentarios me doy cuenta de que se sentían abochornados por la enfermedad de su parienta y deseaban tenerla lejos. Por eso se le negó permiso a Alicia de asistir a la boda de sus hijas. A Felipe solo se le permitió ir a visitar a su madre casi nueve meses después de haber sido ella internada. Felipe era el que peor estaba en la familia. Su padre había cerrado su casa en Francia y se desvinculó de su familia. Sus hermanas se habían casado y el niño gravitaba entre el internado y las casas de tíos.

En “Bubbikins” Morgan hace a Felipe decir dos grandes falsedades, que su madre solo lo fue “técnicamente” y que se pasó “la mitad de su vida adulta en manicomios”. Desde el nacimiento de Felipe hasta ser encerrada en Bellevue, Alicia se dedicó a su hijo, esmerándose en encontrarle buenas escuelas, ensenándole no solo griego sino también a ser frugal.   Todas esas cualidades que han permitido al Duque hacerse cargo de aspectos que su mujer, por sus deberes de reina, no puede manejar, desde la decoración de Clarence House hasta manejar finanzas reales, las aprendió Felipe de su madre.

Por otro lado, la ‘Locura” de Alicia solo se manifestó por un par de años. Con un buen tratamiento y buenos médicos, la hubiera superado antes. La mayor parte de su vida adulta, Alicia la dedicó a su familia y a los más necesitados, fueran heridos, refugiados griegos y en nuestra próxima entrada veremos su valiente actuación durante la ocupación alemana de Grecia.

En mi próxima entrada contaré el calvario medico de Alicia. Un calvario nacido de la ignorancia y negligencia de sus médicos. veremos su milagrosa cura, sus propósitos post-sanatorio de recobrar a Felipe, y sus prodigiosas aventuras durante la Segunda Guerra Mundial.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Vikingos, Guerras e Incendios: Dramas de época del 2020



Desde los “Vikingos” hasta lo que no terminó Jane Austen, las series de época regresan y debutan esta temporada invernal. Nada muy fascinante, nada muy contundente, pero el 2020 se espera sea un año mejor para los period pieces que lo que fuera este año que se aleja.

Diciembre
Este miércoles, 4 de diciembre, inició la sexta y última temporada de “Vikingos”. Por inercia y por acompañar a mi hermano, estoy viéndola, pero sinceramente los hijos de Ragnar me superaron y la gran duda de cuál de ellos matará a Lagertha me tiene sin cuidado. Y me rehusó a hablar de “Las Escalofriantes Aventuras de Floki”. ¿Hacer un programa solo sobre el personaje más prescindible de la serie? ¡Por favorrrr!

Lo que me entusiasmó fue saber que en Netflix se apuntó para seguir la saga vikinga, pero no ya con los mismos personajes. “Vikings: Valhalla” tendrá lugar en el siglo XI y sus protagonistas serán Leif Ericsson, el mítico descubridor de America; su hermana Freydis; el Rey Harald de Noruega que exploró el Oriente y…aquí viene lo bueno. Guillermo, el Conquistador que mal que mal fue descendiente directo de Rollo.

En el mes de diciembre, en Estados Unidos, la PBS repetirá en el espacio de “Masterpiece Theater” la tercera Temporada de “Victoria”.  Veremos a la reina vivir una relación amor-odio con su nuevo ministro Lord Palmerston; sobrevivir revueltas; perder a Skerret; agregar una nueva hija a su nursery y luchar por el amor de un esposo, cada vez más incomprensivo, ahora secundado por una nueva aliada, la hermana de Victoria.

El 20 comienza “The Witcher” en Netflix. Si me atrae, la comentaremos en Reinos de Fábula.


El martes 25 de diciembre, tendremos en USA el especial navideño de “Call the Midwife”. Las monjitas-parteras vuelven a hacer un viaje, esta vez al Norte, a Las Hébridas. En esas islas escocesas, el personal de la Casa Nonnatus atenderá partos y otras crisis de esas que saben enfrentar tan bien.

El 26 llega una esperada sorpresa a Netflix. Al menos es una serie que yo quería ver. Se trata de Le Bazar des Charites. Anteriormente les comenté a Uds. Sobre esta miniserie francesa que usa como trasfondo un horrible siniestro que en 1897 cobró la vida de 126 personas, incluyendo mujeres humildes, monjas, y grandes damas, hasta de la realeza (ahí falleció asfixiada la Duquesa D’alencon, hermana de la Emperatriz Sissi).

La serie nos muestra a tres mujeres que estarán presentes en el bazar y como el incendio cambia sus vidas. En ocho capítulos seguiremos las aventuras de Rose (Julie de Bona), criada de la aristocrática Alice de Jeanzin, y de Adrienne de Lenverpré (Audrey Fleurot), tía de Alice.

 Las tres mujeres están presentes en el incendio. Alice es salvada por un joven anarquista de quien se enamora; Adrienne, que está casada con un marido abusador, aprovecha que la creen muerta para huir con su amante; Rose sobrevive, pero queda desfigurada. Lo que le abre las puertas para hacerse pasar por otra mujer.


Enero
Un regalo de Netflix. Aunque la nueva version de Dracula no puede ser vista hasta que la presente la BBC, el servicio de streaming se las arregló para conseguir un permiso especial y el primer fin de semana del 2020 (solo por tres dias) exhibirá esta nueva adaptacion del clásico de vampiros.

El 12 comienza en el espacio de “Masterpiece Theater” ” Sanditon” basada en la novela inconclusa de Jane Austen. Yo le tenía fe a este cuento de una joven ingenua (Rose Williams) que busca amor y encuentra intriga y prejuicios en un elegante balneario, pero la Gatita Solita me dijo que ha habido quejas de presentismo y ya eso me quito el apetito.

Febrero
Aunque dejé de seguirla debo recordarles a los fans de “Outlander” que la quinta temporada inicia en Starz el 16 y que la cuarta estará disponible en Netflix a partir de diciembre.

Marzo
El 6 cerramos la temporada invernal con la llegada al “Masterpiece Theater” de ‘World on Fire” el homenaje de la BBC al aniversario número 80 del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Con un reparto contundente encabezado por Helen Hunt y Sean Bean, “World on Fire” pretende ser el equivalente Tercer Milenio de la grandiosa “The Winds of War” y su secuela “War and Remembrance”. A diferencia de esas gemas, WOF goza de extraordinarios efectos especiales y corrección política. La diversidad está presente en todas sus formas (hasta hay un musico de jazz gay y negro en Paris).



A cambio, los críticos se quejan de caracterizaciones flojas y estereotipos y perpetuación de mitos (sobre todo respecto a los pobres polacos). También nos la venden como una serie “sobre gente común y corriente”. ¿Quién quiere ver gente común y corriente? En fin, habrá que verla para juzgarla.

Y lo último…¡Esto qe dicen que Netflix traerá en el invierno del 2020! Esta en alemán, pero queda claro que Gereon y Lotte vuelven en la Tercera Temporada e “Babylon Berlin”.

Lo que viene y ya está en pantalla
“War of the Worlds” acaba de terminar en la televisión inglesa …y no ha tenido mucho éxito a pesar de que se ha vuelto al libro para explorar el mensaje en clave sobre los males del imperialismo/colonialismo. El problema ha sido la inserción de un personaje femenino. ¿A quién le puede molestar una serie con Eleanor Tomlinson?  Y desde los 50 que Hollywood anda metiendo mujeres en cuentos de ciencia ficción.

El problema no es la presencia femenina sino como la presentan. En el libro, George, el protagonista (Rafe Spall) tenía esposa que se la robaron los marcianos o algo así. Aquí, en cambio, tema candente es que George y Amy (Tomlinson) viven en amasiato lo que los convierte en parias a los ojos de su sociedad. Ese tema y el constante énfasis de que la prota es una ‘mujer fuerte” (¿levanta pesas?) ha hecho tambalear una historia de amenazas alienígenas. Parece que al único que le gustó fue a The Guardian lo que ya te hace pensar.

Mejor suerte ha corrido “Vienna Blood” basada en la serie de novelas del psiquiatra Frank Tellis. La historia de un policía vienes de la Belle Epoque que debe contar con la ayuda de un joven psiquiatra freudiano (judío, of course, of course) ha gustado por su combinación de cuento de Sherlock Holmes con un toque de Robert Louis Stevenson, su impecable atmosfera de época y la química entre los protagonistas.

Al parecer el 2020 no va a ser año de extraterrestres sino de detectives antiguos e historias de suspenso.  En Showtime han anunciado un proyecto para convertir “The Talented Mr. Ripley” de la escritora de thrillers neozelandesa Patricia Highsmith.

Como sabrán esta fantástica novela ha tenido dos buenísimas adaptaciones, la francesa de 1962 “Au Plein Soleil” con Alain Delon y Maurice Ronet, y la mega producción de Anthony Minghella del ‘99 con Jude Lowe y Matt Damon. Aparentemente la miniserie o serie continuaría las aventuras de Ripley por Europa después de su asesinato de Dickie Greenleaf. Andrew Scott de Fleabag será el tortuoso Ripley. Como Highsmith escribiese cinco novelas alrededor de Ripley, hay bastante material para una serie de varias temporadas.


Como si fuera poco hay rumores de que ITV convertirá en serie las novelas de Lindsay Davis que giran en torno a Marcus Didius Falco, un detective de la antigua Roma.  Roma volverá estar de moda en el 2020. Sky después de su torpe intento de contarnos la vejez romántica de “Catalina la Grande” tiene en la mira a otra emperatriz.

 En “Domina” pretenden relatarnos la escabrosa y fascinante carrera de la esposa de Octavio Augusto a quien ya conociéramos como la insuperable Dame Sian Phillips en “Yo Claudio”. La historia seguirá a Livia Drucilla desde los días de Julio Cesar cuando su padre (Liam “Davos” Cunningham) cae en desgracia hasta su muerte durante el reinado de su bisnieto Cayo Calígula (Mathew McNultey).

Elencos, Lord Fellowes y HBO
Un proyecto que yo creía engavetado es la nueva adaptación de Black Narcissus de Rumer Godden. Pero no, ahora hasta tenemos elenco. Gemma Arterton la protagonizará en su rol de la disciplinada Hermana Clodagh que, a fines de los Años 30, lejos de la civilización y en un punto perdido del Himalaya, recordará que es mujer antes que religiosa. Las otras monjas de este reducto olvidado de la civilización serán interpretadas por Dame Diana Rigg, Gina McKee, Rosie Cavaliero, Karen Bryson y Patsy Ferran.

La díscola Hermana Ruth cuyas hormonas se alborotarán hasta llevarla a la locura homicida será interpretada por Aislinn Franciosi. Este cuento de represión sexual y rivalidad femenina provocada por la presencia del atractivo Mr. Dean, (Alessandro Nivola), la descocada bailarina Kanchi (Dipika Kunwar) y el afrodisiaco perfume Narcisse Noir, comenzará a filmarse pronto en Nepal.

Otro elenco que ya se conoce es el de “The Gilded Age” Por fin alguien azotó a las tortugas y ya se ven movimientos en esa precuela de “Downton Abbey”. La única mala noticia es que no debemos esperarla sino hasta el 2021. HBO quiere lanzarla junto a la nueva versión de “Gossip Girl” con la que la comparan. Ósea, TGA será GG en 1882. Entretanto la versión original de las aventuras de Blair y Serena en The Upper East Side saldrá de Netflix para trasladarse a la nueva plataforma de streaming que se espera se ponga en funcionamiento a partir de mayo del 2020 (y avisados, será más cara que Netflix).

En “The Gilded Age” la modelo Louisa Jacobson Gummer (otra hija de Meryl Streep) se estrena como actriz encarnando a Marian Brooks, hija de un general confederado que viene a pasar una temporada con sus tías neoyorquinas. La acompaña la cantante-actriz Denee Benton quien dará vida a Peggy, la mucama de color de Marian, una mujer enigmática y llena de secretos.
Louisa Gummer y su famosa mamá

En el elenco regular ya tienen apalabrada a Cristine Baranski como la aristocrática Agnes van Rijhn, Cynthia Nixon será la tía Ada y a la nueva rica Bertha Russel la interpretará Amanda Peet (Mrs. David Benioff, no lo olviden). Pero no se preocupen porque Benioff ni se va a acercar a este proyecto. Aquí manda Julian Fellowes y su gente de la Abadía, incluyendo a Michael Engler quien ya es veterano de HBO desde sus días de “Sex and the City”.

Sobre otros proyectos de Lord Fellowes, se sabe que le vendió su historia del futbol (soccer), “The English Game” a Netflix y “Belgravia” de la que ya hay tráiler, estrena en EPIX el año que viene.

Volviendo al tema de la HBO y su continua búsqueda de un nuevo” Juego de Tronos”, les ha ido bien con “Watchmen” y “His Dark Materials” pero todavía no le apuntan a un mega éxito. Como sabrán ya cancelaron “Blood Moon” la supuesta precuela de GOT, para reemplazarla con un nuevo planteamiento sobre el reinado de los Targaryen en Poniente. ¿Por qué no mejor hacen algo sobre los Targaryen en Valirya? Eso nos interesaría a todos los troneros.

Entretanto han contratado a Roberto Aguirre-Sacasa para un par de nuevos proyectos. Aunque no se sabe para cuándo vendrá la Tercera Temporada de “Las escalofriantes aventuras de Sabrina”, el nicaragüense ya tiene trabajo en la HBO. Le compraron su propuesta sobre las novias de Drácula que hacia rato había engavetado la NBC, y tiene también otro proyecto: una especie de “X-Files” en la era Napoleónica donde la detective principal será Mary Shelley, obviamente secundada por su marido y Lord Byron.

¿Cuál de estas nuevas series les interesan y hay algo más que podamos ver, los amigos del drama de época, en este invierno que se acerca?


martes, 3 de diciembre de 2019

Las Miniseries Épicas del Siglo XX: El triunfo de lo histórico (II)



En mi entrada anterior describí el fenómeno de la miniserie épica que tanto influyó en la imaginación popular del público estadounidense y hermoseó la televisión de las últimas tres décadas del Siglo XX. También hablé de como la miniserie épica sirvió para recordar la contribución de los emigrantes a la Unión Americana. Otro modo en que la miniserie épica nos benefició fue en sus lecciones de historia, pero ya entrando en su periodo de decadencia, se enfocó más en personajes faranduleros y del jet set.

Como dijera anteriormente, las tres características principales de la miniserie épica fueron a) limitación a determinado número de capítulos; b) estar basada en algún tipo de literatura y c) tener lugar en el pasado. Debido a eso, las mejores miniseries épicas fueron históricas. La miniserie de ese periodo se puede dividir entre las situadas en el periodo clásico; la historia europea pre-siglo XX; la Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial.

El Lado Epico de los Presidentes
Antes de comenzar a explorar estas avenidas históricas querría retroceder al final de mi entrada anterior. Al hablar de la experiencia irlandesa en USA, hice alusión a la media docena de telefilmes y miniseries que rindieron culto a John Fitzgerald Kennedy y a su familia. Ocurrió algo parecido con otra “realeza” política estadounidense: Los Roosevelt. Aunque Theodore Roosevelt todavía no ha ameritado una biopia que lo retrate en todas sus dimensiones, diferente es el caso de su sobrino Franklin Delano Roosevelt, otro presidente que ha adquirido un aura heroica en la ficción.

Después de haber interpretado a Roosevelt en su juventud en el filme “Sunrise at Campobello”, Ralph Bellamy volvió a sentarse en una silla de ruedas y a ponerse la boquilla entre los labios para ser FDR en “The Winds of War” y en “War and Remembrance”. Sin embargo, Roosevelt y su esposa, la infatigable Eleanor, merecieron su propia épica en “Eleanor and Franklin” (1976), una bellísima y fidedigna recreación de la vida de estos fascinantes primos, de su entorno, de su compromiso, boda y primeros años de matrimonio.

Edward Hermann tuvo a cargo la tarea de encarnar a un FDR joven y prometedor. Jane Alexander lo superó como la poco agraciada prima que se convertiría en su compañera, y en un referente positivo para su generación y las siguientes. Un año más tarde vendría la secuela “Eleanor y Franklin: Los años de la Casa Blanca” (con subtitulos en español)  que cubriría todos los gobiernos de FDR hasta su muerte prematura en 1944. En total, ambas series cosecharían 18 Emmys.



Aprovechando este interés nostálgico, la ABC presentó un proyecto diferente que combinaba la fascinación por lo que sucedía en la Casa Blanca a puertas cerradas, con el éxito alcanzado en la televisión gringa por la serie inglesa “Upstairs, Downstairs”. La idea era mostrar la vida familiar de los presidentes a través de la óptica de sus criados. Para mayor ventaja esto es vincularía con el auge de programas televisivos dedicados a los afroamericanos puesto que “Backstairs at the White House” (1979) se inspiraba en el libro de Lillian Rogers y en el diario de Adele Rogers, madre de la anterior. Ambas obras describían el servicio doméstico de Las Rogers en la Casa Blanca por más de tres décadas.

Olivia Cole y Leslie Uggams (las dos habían tenido roles importantes en “Roots”) dieron vida respectivamente a Maggie y a Lilian, y una plétora de reconocidos actores se encargó de encarnar a todos los presidentes de Estados Unidos desde William Taft hasta Eisenhower. La serie fue muy exitosa y ameritó once nominaciones a los Emmy (solo ganó como Mejor Maquillaje).

Con esa serie se cubrió la épica de la nación desde el punto de vista de sus gobernantes, ¿pero ¿qué ocurría con los pioneros? ¿Con los grandes próceres del siglo XIX y sus antecesores los Padres de la Independencia de los Estados Unidos? Pues, medio siglo antes de la aclamada “John Adams”, tuvimos “The Addams Chronicles” (1976), tan insípida que nadie la recuerda. La realidad es que los Addams serían muy influyentes, pero aburridos.

Barry Bostwick dio vida al primer presidente de la Unión Americana en “George Washington” (1984). La serie tuvo una acogida respetable y seis nominaciones a los Emmy. ¡Cielos! No ocurrió lo mismo con su secuela “George Washington: The Forging of a Nation” que obtuvo uno de los ratings más bajos alcanzados por una miniserie épica.

Parecía como si los presidentes pretéritos de Estados Unidos no fuesen lo suficientemente épicos para miniseries. Thomas Jefferson solo mereció una miniserie inspirada por sus escapadas sexuales con una esclava. Así tuvimos a Sam Neill y a Carmen Efogo en “Sally Hemmings:  An American Scandal” en 1998.Algo parecido ocurrió con el general/presidente Eisenhower. “Ike: The War Years” (1998) giraba en torno al affaire, durante la guerra, del futuro mandatario (Robert Duval) y su chofer (Lee Remick).

Abe Lincoln era tan honesto que ni para escándalos daba, pero su figura inconfundible aparecía encarnada en miniseries sobre la Guerra de Secesión como en “North and South” donde lo interpretó Hal Holbrook y en “The Blue and the Gray” donde le dio vida nada menos que Gregory Peck. Fue solo en 1999 que Sam Waterston protagonizó una miniserie dedicada nada más que a Honest Abe, “Lincoln”, basada en la biografía de Gore Vidal.

Cuando la Miniserie Daba Clases de Historia
Es de imaginarse que la historia de una nación relativamente joven, sobre todo su primer siglo de vida proporcionaría amplio material para miniseries épicas. Curiosamente, para el país de los westerns, el mundo de los vaqueros no tuvo mucha presencia. Las miniseries más recordadas son “Centennial” (1976) “Buffalo Girls” (con Anjelica Huston como Calamity Jane) y” Lonesome Dove” (1989).

Si alguien se puede envanecer de habernos enseñado el lado épico de la historia estadunidense decimonónica fue John Jakes cuyas series de novelas serian adaptadas a lo largo de los 70 y 80. Se comenzó adaptando “The Bastard” en 1976. El tremendo éxito de la historia de Philip Kent que, de campesino francés, pasa a bastardo de un duque inglés y luego patriota en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, llevó a seguir las aventuras de Philip en “The Rebels” en 1978. Pero “The Seekers” que narraba las aventuras de los nietos de Philip pasó sin pena ni gloria y acabó con las adaptaciones de la larga saga de la Familia Kent.

Sin embargo, Jakes tenía muchas historias que contar. En 1986, la NBC nos pasó “North and South” basada en la primera novela de su trilogía. La historia gira en torno a dos amigos y camaradas de West Point: Orry Main (Patrick Swayze), hijo de un dueño de plantación del Sur, y George Hazard (James Read) proveniente de una familia de industriales de Pennsylvania. La serie nos muestra sus vidas, sueños, amores, y nos presenta sus familias. Importantísimo es el villano Elkanah Bent (Philippe Casnoff), que desde West Point se las tiene jurada a Orry y a George, y tendrá muchas oportunidades para vengarse.



“Norte y Sur” fue un mega éxito, se la sigue catalogando como la séptima miniserie más vista de la historia y ganó un merecido Emmy por vestuario. Al año siguiente, siguió la saga con una adaptación del segundo libro que narra los efectos de la Guerra de Secesión en las vidas de los Main y los Hazard. Un acierto fue que los escritores dejaron vivo a Orry al final, en vez de matarlo como en la novela. Orry moriría al comienzo de la adaptación de la tercera parte “Heaven and Hell” (1996) l y eso contribuiría (también que habían pasado ocho años desde la miniserie original) a que esta versión no tendría el éxito de las anteriores.

Épica y magnifica como fue “North and South”, hoy recibiría muchas críticas por su enfoque histórico sobre todo en el tema de la esclavitud. A diferencia de historias étnicas como “Roots”, su visión de la esclavitud bordeaba en la de “Lo que el viento se llevó”. Había esclavos buenos y devotos y otros malos y alborotadores. David Carradine interpretaba a un perverso dueño de esclavos lo que contrastaba con los benévolos Main cuya plantación también era sostenida por el trabajo obligado —y no remunerado— de negros. Aun antes de saberse hija de mulata, la heroína Madeleine (Lesley Anne Down) era gentil y cariñosa con los esclavos.


En cuanto a los abolicionistas, tanto personajes reales como John Brown (Johnny Cash) o ficticios como Virgilia Hazard (Kirstie Alley) eran retratados como fanáticos. Virgilia era tan histérica y peligrosa que en la serie prefirieron matarla porque ya era casi villana. Estas ambigüedades aparecerían en casi todas las miniseries sobre la Guerra de Secesión de los 80, principalmente en la adaptación de Beulah Land de Lonnie Coleman.

Beulah Land fue un tipo de novela muy de moda a comienzos de los 70 que combinaba el género “magnolia y luz de luna”—cuyo mejor ejemplo es GWTW— con otro tipo de ficción, las novelitas eróticas tipo Mandingo. Yo aprendí inglés y todo sobre kinky sex gracias a Beulah Land. La serie en cambio (a la que le rebajaron la mitad del sexo presente en el libro) se concentró en imitar la obra de Peggy Mitchell, con fieles y felices esclavos y una heroína (Lesley Anne Warren) que sobrevivía infidelidad propia y de su esposo, traiciones, violación, ect. Todo para luchar por una plantación que ni siquiera era de ella y que casi perdía por culpa de los perversos yanquis (quienes solo violaban a exesclavas).


Oh y su hermana (Meredith Baxter) que era villana se redimía atendiendo heridos en Atlanta, y debía huir de la ciudad y de Sherman arrastrando, no una cuñada recién parida, pero si un yerno que había perdido la vista. Ya eso fue como mucho para mí en una serie que como dijo Joan Hanauer “tiene algo que ofende a casi todo el mundo”.

La Fascinación con la Segunda Guerra Mundial
Nunca he entendido porque la miniserie épica se concentró solo en dos conflictos de la historia estadounidense: La Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial. Entre 1975 y 1995 no se hizo ninguna miniserie sobre la Guerra con México, sobre La Guerra del 98, La Primera Guerra Mundial, ni siquiera Vietnam, aparte de “A Rumor of War” que no tuvo mucho éxito, era bastante aburridita. Fue a finales de los 80 cuando aparecieron series de televisión como “Tour of Duty” o “China Beach” que la guerra en Indochina adquirió niveles épicos.

Incluso la guerra en el Pacifico recibió menos atención que el teatro de acción europeo. En 1977, tuvimos “Pearl” cubriendo los eventos que llevaron al ataque japones en Hawái. Mas melodrama que historia, sus escenas del bombardeo fueron robadas del filme épico “Tora, Tora, Tora”.

Aun así, me gustó más” Pearl” que la adaptación en formato de miniserie del clásico de James Jones “De aquí a la eternidad” (1979). Como el filme, la miniserie se concentró en las escenas de cama de William Devane y Natalie Wood, en los roles de Burt Lancaster y Deborah Kerr. Aquí faltaron las sólidas actuaciones de Montgomery Clift, Frank Sinatra y Ernst Borgnine. Aun así, tuvo tanto éxito que se intentó convertirla en serie de televisión, pero no pasó de una temporada.

Debido a que los 70 fue una época de nostalgia de los 40, se adaptaron muchas novelas que tenían lugar en ese tiempo y más de una miniserie épica cubrió las experiencias bélicas de los protagonistas, esos fueron los casos de las novelas de Anton Myrer “Once an Eagle” y “The Last Convertible” En los 80s se siguió  esta  tradición con adaptaciones de sagas familiares de novelistasdel género rosa como  Judith Kranz (“Crossings”y “Mistral’s Daughter”)  y de Danielle Steele (  “The Jewels” y “The Ring”) .


Pero en 1983 llegó la gran miniserie épica sobre la Segunda Guerra Mundial y la que muchos creen fue la mejor miniserie de ese tiempo. Herman Wouk había creado no solo la gran novela americana sobre el conflicto con su The Winds of War y War and Remembrance, también había llegado un peldaño menos que La Guerra y La Paz de Tolstoi con su saga de La Familia Henry, típica familia (militar) estadounidense.

 Cuando a Víctor Henry (Robert Mitchum) lo mandan como agregado naval a Berlín en 1939, su familia compuesta por su frívola esposa (Polly Bergen) y su hija adolescente (Lisa Eilbacher), ni se espera una guerra ni el papel que jugarán en ella. Tampoco se lo esperan los otros hijos.  Warren (Ben Murphy), el mayor, que ha cumplido con todas las ambiciones de la familia ahora es un oficial de marina como su padre. 

El otro protagonista de la novela es Byron (Jan Michael Vincent), la oveja negra de la Familia Henry. Byron, que no encuentra su lugar en el mundo está pasando sus vacaciones de verano en la Italia fascista como asistente del famoso novelista judío Aaron Jastrow (John Houseman). Así conocerá a Natalie (Ali McGraw), sobrina de Aaron, que se convertirá en su gran amor.



La adaptación fue primorosa. A pesar de que la novela acaba con el ataque de Pearl Harbor, no escaseaban las escenas de batalla. La invasión de Polonia es vista a través de los ojos de Byron y Natalie quienes han llegado a visitar a los otros Jastrow, la familia de Berel (Topol), hermano de Aaron. En Berlín, los Henry tienen acceso a la corte hitleriana, pero también son testigos de la persecución de los judíos.

Byron y Natalie en Polonia

El casto romance de Víctor con la joven inglesa Pamela Tudsbury (Victoria Tennant) le permite experimentar el Blitz de Londres. Ese romance los seguirá en un reencuentro en la Rusia estalinista. Berel Jastrow quien con su familia está viviendo en la parte de Polonia ocupada por los soviéticos, se ve nuevamente en peligro tras la invasión alemana y decide unirse a los partisanos.
Victor y su amor prohibido por Pamela

Byron tras ver como los alemanes se comportan en Europa, está seguro de que USA debe entrar a la guerra. Vuelve a su país y se enlista en la marina. Tiene un breve interludio con Natalie en Lisboa que les permite casarse, pero Natalie, que es ciudadana americana, no quiere abandonar a su tío que no lo es y regresa a Italia donde dará luz a Louis, el hijo de Byron. La serie acaba con el ataque a Pearl Harbor en el que se hunde el barco del cual Víctor es capitán.
Natalie atrapada en Italia con su hijo

Filmada en Croacia, Italia, Viena, Múnich y Londres,” The Winds of War” fue un exitazo, cosechando múltiples nominaciones al Emmy y ganando estatuillas por cinematografía, vestuario e iluminación. Un único problema fue el reparto.  Jan Michael Vincent y Ali McGraw eran demasiado viejos para sus roles. Jean Michael se la pasaba borracho y Ali, con sus morisquetas, parecía estarse auto parodiando. Hubo que decidir si eran dignos de integrar el elenco de la próxima adaptación. Otro problema fue John Houseman quien falleció tras interpretar a Aaron Jastrow.

En 1986 la BBC estrenó “War ad Remembrance”. Sir John Gielgud ganaría un Globo de Oro por su maravillosa interpretación de Aaron Jastrow. Jane Seymour seria nominada por su espectacular interpretación de Natalie Jastrow Henry, y Hart Bochner hizo un competente trabajo como su marido Byron. 

Sin embargo, y aun siendo ganadora de tres Emmy, “War and Remebrance “fue un mega fracaso en sintonía. A pesar del inmenso presupuesto, de ser la primera obra de ficción visual filmada en Auschwitz, a pesar del éxito del libro, a pesar de que el mismo Wouk escribió el guion, a pesar de las soberbias actuaciones “Recuerdos de Guerra” cometió el error de no tratar a la miniserie como tal.

Parece una ironía, pero “Vientos de Guerra “duró siete días consecutivos. Cada noche, al acabar cada episodio sabíamos que al día siguiente continuaría. “Recuerdos de Guerra” duró 30 horas divididas en una docena de entregas (dos más que “Band of Brothers”). Eso es lo que hoy llamaríamos una temporada. El público no estaba acostumbrado a ese ritmo. Agréguenle que decidieron, por no sé qué peregrina razón, no ofrecerla ni los sábados, ni los lunes. La teleaudencia perdió ese hilo de continuidad al que las miniseries los habían acostumbrado.

Mas encima, el apegarse al libro, el intentar cubrir todas las variaciones del tema de la Segunda Guerra Mundial, el seguir a cada personaje en un continente y espacio diferente (Victor y sus hijos en el Pacífico, su mujer en USA teniendo un affaire con un científico involucrado en el Proyecto Manhattan, los Jastrow gravitando de país en país en la Europa Ocupada hasta caer en Auschwitz, y hasta Pamela atrapada en Singapur) hacia la acción más lenta y por ende poco interesante.

El primer episodio fue tres horas tan ocupadas en mostrarnos a cada personaje en su espacio geográfico que no pasó nada importante. Ahí mi padre se descolgó de la serie y eso que era un enamorado de los libros. Mi Ma aguantó hasta el segundo o tercer capítulos donde ver pilas de cadáveres de judíos azulencos y cubiertos de moscas la hizo retroceder asqueada. No fue la única, Sir Elie Wiesel escribió un airado editorial en The New York Times denunciando “La Pornografía del Holocausto”.

Al final yo fui una de las pocas personas que la siguió religiosamente. Todos fuimos recompensados con los últimos cinco episodios que son obras de arte y aun hoy me conmueven hasta las lágrimas.   Es una suerte que estén completan en YouTube tanto “Vientos de Guerra” como “Recuerdos de Guerra”, ambas con subtítulos en español.   Les aconsejo (casi les ordeno) verlas si no las han visto.
Natalie y su tio llegan a Terezin

Revisando la lista de miniseries épicas, resalta la fascinación con la Europa ocupada, el auge del fascismo y los actores de la Segunda Guerra Mundial. Mas allá de nostalgia, existía un fuerte interés por el periodo que incluso en el cine acabaría con el siglo y retornaría a mediados de esta década con ese repulsivo tufillo de revisionismo histórico.

En otro post discutí los filmes del holocausto, pero tuvimos miniseries rarísimas: Perry King interpretó a un americano en el Paris Ocupado en “The Man Who Lived at the Ritz”; Dame Joan Collins jugaba a ser de la Resistencia en “Montecarlo” y Dyann Cannon se infiltraba en un stalag, un campo de prisioneros ingleses, para rescatar a su hijo (Hugh Grant) en “Jenny’s War.

Aunque no alcanzarían la maestría de Robert Carlyle en “Hitler: Portrait of Evil” que corresponde a otro siglo, muchos actores dieron vida al Fuhrer, ¿los mejores según mi criterio? Steven Berkoff en “War and Remembrance” y Anthony Hopkins (que todavía no era Sir ni famoso) en “The Bunker” (1981). Mussolini en cambio tuvo el dudoso honor de ser tema de dos miniseries en el mimo año. En 1985, la NBC nos presentaba al Duce encarnado por George. Scott en “The Story of Mussolini”. Mas tímida, CBS nos mostró a Bo Hoskins como el dictador italiano en “Mussolini and I”.
Steven Berkoff como el Fuhrer

La fascinación por los Nazis abarcaba su corte y era examinada en miniseries basadas en memorias. “The Nightmare Years” (1989) tenía a Sam Waterston interpretando a William Shirer en su etapa de corresponsal en los 30 en la Alemania Nazi y en la Viena post-Anschluss. Rutger Hauer debutó en la televisión estadounidense como Albert Speer, el arquitecto de Hitler, en la miniserie “Inside the Third Reich” (1982).


Aprovechando esa vena, el holandés volvería en 1984 como un oficial ruso en “Escape de Sobibor” y protagonizaría en 1994, “Fatherland”. la primera miniserie sobre ese tópico de la historia alternativa, en la que la Alemania Nazi gana la guerra. Esta afinidad con la Segunda Guerra Mundial tendrá su broche de oro con “Band of Brothers” que en el 2001 no solo termina con el tema bélico, sino que además es la última miniserie épica que merezca ese nombre.



Entre Josefina y Eva Perón
Sobre quienes se pregunten si las miniseries épicas eran exclusivamente sobre guerras y etnias, hubo un intento de hacer otras miniseries sobre periodos de historia europea pre-siglo XX. Curiosamente a pesar de altos presupuesto y elaboradas cinematografías, “Marco Polo” (1982), una coproducción con la RAI no tuvo éxito y hoy es tan olvidada que ni hay versiones en DVD. Yo la encontré aburrida, sin el dinamismo que debe tener una serie de aventuras y el obligatorio romance resultó indigesto.

Tuve la misma sensación con “Cristóbal Colon” (1984). A pesar de la dirección de Alberto Lattuada y del magnífico reparto, de nuevo me tropecé con el libreto. Presentismo, revisionismo, un mal sabor de boca y nunca acabé de verla. Mas o menos lo mismo que me ocurrió con “Napoleon and Josephine: A Love Story” (1987). Cero química entre Armand Assante y Jacqueline Bisset, su apasionado romance se parecía más a los conflictos amorosos de la soap opera de sobremesa que a una pasión que transformó la historia.

El problema es que en Estados Unidos los conocimientos de la historia universal (Y hablo de un nivel académico) no pasan de algunos periodos. Su visión de los grandes eventos de la historia europea es parroquial y limitado. Por eso aun sus mayores esfuerzos como en su exploración de la historia rusa en “Pedro, el Grande” (1986), muy recordada por la fantástica actuación de Maximilien Schell, y “Catalina la Grande” con Catherine Zeta-Jones (1995) tampoco fueron muy memorables.

Tal vez las reinas y emperatrices no eran muy interesantes como iconos de poder en los 80, más éxito tendrían otras imágenes de mujeres poderosa. Judy Davis e Ingrid Bergman se encargarían de dar vida a a la Primera Ministro israelí en “A Woman Called Golda” (1982). Y antes del triunfo de Evita en Broadway, Faye Dunaway hacia un personaje muy camp en “Evita Peron” (1981).

De Como Jesus se Convirtió en el Héroe de la Miniserie Epica
Mas seguro pisaron las miniseries cuando se adentraron en territorio “Cecil B. De Mille”, ósea la Antigüedad. A pesar de cierto revisionismo, me agradó lo que Leonorcita Varela, su novio Billy Zane, y el que no era su novio, Ciaran Hinds, hicieron con “Cleopatra” en el ’99. Ciertamente mucho mejor que la repelente “Roma”.

En la gran era de las miniseries épicas tuvimos erupción del Vesubio en “Los Últimos Días de Pompeya” (1984); judíos vs romanos en “Masada” (1981) y cristianos lanzados a los leones en “Annus Domini” (1984), pero la más impresionante no fue una producción americana, aunque su elenco estuviera compuesto por actores angloparlantes.

“Jesús de Nazareth” (1977), una coproducción anglo-italiana, escrita y dirigida por el magnífico Franco Zefirelli merece más espacio. Baste decir que fue una producción que tuvo las bendiciones del Papa Pablo VI y del gran Rabino de Roma y que una década más tarde, la revista TV Guide la consideró “La Mejor Miniserie”de todos los tiempos. Que contó con un elenco donde se combinaron los talentos de Rod Steiger, Sir Peter Ustinov, Christopher Plummer, Janes Mason y Sir Laurece Olivier. Junto a ellos brillaron estrellas de cine europeo como Don Fernando Rey y Claudia Cardinale.

Me da un poquito de vergüenza decir que ver Jesús de Nazareth fue más entretenido que leer los Evangelios, que era una serie diversa y de mente abierta, con judíos buenos, con un Judas más humanizado y con mucho énfasis en el rol de las mujeres en vida y ministerio de Jesús desde Maria Magdalena hasta Herodías. Tuvimos a Salome la de los 7 Velos, a la adultera (Zefirelli la separó de Maria Magdalena) pero también vimos a todas las santas (Isabel, Ana y Marta) y sobre ellas a Olivia Hussey exquisita como la Virgen Maria.

Iba a callar lo que me enloqueció de “Jesús de Nazareth” pero no sería una gata seriefila honesta si no mencionase al “eye candy”. La serie era para darse taquitos de ojo a granel. Y no hablo de los ojazos azules del Robert Powell (si ya sé que Jesús no tenía ojos claros). Pero Uff, Christopher Plummer deliciosamente malévolo como Herodes Antipas; Ian Mc Shane jovencito y arrebatador como Judas el Traidor, ¡y Ohhh!  Sir Michael York como San Juan Bautista. Yo que Salome no le corto la cabeza, me lo sirvo enterito en bandeja de plata. Pero quien me tuvo babeando por una semana fue James Farentino como el San Pedro más sexy que hayan visto en pantalla.
Judas, Santiago Matamoros y San Pedro

Algo que dejé para el final fue un ingrediente que más allá de cinematografías espectaculares e historias que capturaban la imaginación, dio sabor a la miniserie: los actores. Para el público setentero era un lujo poder ver en pantalla junto a nuevos talentos a estrellas clásicas de Hollywood y grandes nombres del cine. Lord Olivier estuvo en cuatro miniseries épicas (sin contar su rol de Lord Marchmain en “Brideshead Revisited”); Sir John Gielgud le ganó actuando en seis miniseries estadounidenses incluyendo la horrenda “Scarlett”.

Actores del Pasado, Nuevas Estrellas y los Reyes de la Miniserie Epica
Pero para la generación de mis padres, era un asombro y un placer volver a ver a sus estrellas de matiné ahora más maduros en roles secundarios y contundentes y mi generación aprendió a reconocer el talento de estos histriones y nos hizo interesarnos en verlos en sus días de gloria en el viejo Hollywood. Por ejemplo, la primera miniserie épica “QB VII” tuvo un elenco en el que destacaban Lee Remick, Signe Hasso, Dame Leslie Caron, Dame Edith Evans, Sir Anthony Quayle, Sir John Gielgud, y Sir Jack Hawkins en su último rol. Con tanto nombre, solo yo noté con mi ojo depredador la belleza de un joven recién llegado llamado Anthony Andrews quien, una década más tarde, sería uno de los rostros más apetecidos por telefilmes y miniseries épicos.
Sir Anthony Hopkins, Dame Leslie Caron y Anthony  Andrews

El elenco secundario de ‘Rich Man Poor Man” parecía salir de una gran producción de los 50: Dorothy Mcguire, Gloria Grahame, Van Johnson, Dorothy Malone, Ray Milland. Galanazos de Hollywood no tenían empacho en aparecer en miniseries. Así tuvimos a Henry Fonda y Marlon Brando en “Roots: The Next Generation”, James Stewart en “North and South”  y Gregory Peck en “The Blue and the Gray”. Por supuesto el que renació en las miniseries épicas fue Robert Mitchum como protagonista de la saga de Herman Wouk.


A la par de hacer renacer a grandes estrellas, las miniseries épicas contribuyeron a crear estrellas de cine. Nick Nolte saltó a la fama con “Rich Man, Poor Man”. Pierce Brosnan debutó en la televisión estadounidense con “The Manions of America” a la que seguiría su primer rol famoso en la serie de detectives “Remington Steele” y antes de ser James Bond protagonizó otras dos miniseries épicas “Noble House” y “La vuelta al mundo en 80 días”.

Antes de convertirse en el mejor actor de su generación y de ser armado caballero, Anthony Hopkins se ganó al público norteamericano interpretando complejos roles en telefilmes y miniseries épicos. Así fue el medico polaco acusado de crímenes contra la humanidad en “QB VII”; Hitler en “El Bunker”; el pobre “Jorobado de Notre Dame” y un doctor empeñado en vengarse del agente de la Gestapo que mató a su mujer en “Arco de Triunfo”.

En estas dos últimas producciones hizo pareja con una hermosa actriz británica que se hizo reconocible más por su carrera televisiva que por sus apariciones en el cine. Lesley Anne Down, tal como Olivia Hussey, hallaría una fuente de fama en las miniseries épicas. De “Upstairs Downstairs” pasó a “Los Últimos Días de Pompeya” donde se le inventó un rol para ella especialmente. Luego sería la gran protagonista de las tres temporadas de “Norte and South” para acabar con mucha dignidad y muchos premios en otro género televisivo, las soap operas.
Lesley-Anne Downe y Anthony Andrews en Upstairs-Downstairs

Como Madeline en North and South

No se puede mencionar a las actrices de miniseries épicas sin mencionar a su reina: Jane Seymour, de quien he hablado en un post dedicado solamente a ella. ¿Pero si Jane Seymour fue la reina de las miniseries épicas, quien fue el rey?  Hubo muchos actores que cultivaron el género como Perry King, Bruce Boxleitner y hasta Richard Thomas, pero el monarca indiscutible fue Richard Chamberlain.

Tras hacerse famoso como el “Dr. Kildare” en los 60, y lograr un éxito mediano en el cine, Dick encontró su reino en las miniseries épicas donde entró primero en el western épico “Centennial” en 1976 para luego capturar a todo un universo de fans como el marinero ingles que en la era isabelina descubre la existencia del Japón de los samuráis en “Shogun”. Chamberlain que ya había cosechado fama en la televisión de los 70 protagonizando adaptaciones de novelas de Dumas como El Conde de Montecristo y El hombre de la máscara de hierro, ganó un Globo de oro por su trabajo en “Shogun” (en español).

Ganaría otro, tres años más tarde como el cura enamorado en la apoteósica “The Thorn Birds” basada en el superventas de Colleen McCullough. Aunque no hubo mucha química entre Dick y Rachel Ward que interpretaba la ingenua Meggie que lo hace olvidar sus votos sacerdotales, esta saga sobre una familia irlandesa en el Outback australiano fue todo un éxito y definitivamente coronó a, Richard Chamberlain Rey de las Miniseries.

En 1985 fue nominado al Emmy y al Globo de Oro al dar vida al trágico diplomático sueco que rescató judíos en la Hungría Ocupada en “Wallenberg: A Hero’s Story”. En 1987 dio vida al famoso aventurero y amante en “Casanova”; en 1988 protagonizó “Dream West” donde interpretó al legendario fotógrafo Charles Fremont y fue el primer Jason Bourne en la adaptación a formato de miniserie de “The Bourne Identity” (1989).


A pesar del éxito logrado y el impacto que tuvieron las miniseries épicas, como genero comenzaron a fenecer en los 90. Fueron reemplazadas por un nuevo subgenero, las biopias que tanto cubrían la vida de millonarios como Barbara Hutton y Onassis como la vida de estrellas de cine y de cantantes como la bochornosa “Sinatra” donde La Voz era interpretada por un mediocre Philip Casnoff que ni voz tenía (las canciones fueron dobladas por Frank Sinatra Jr.)


El Siglo XXI con el auge del cable, el recelo que sienten por los period pieces (“Mejor se los dejamos a los ingleses”), y cierta fe en que el mejor programa es el que genera un fandom que permanecerá fiel por varias temporadas, convirtió a las miniseries épicas en un dinosaurio. Sin embargo, sin ese modelo no hubiesen existido series exitosas como “Los Tudor” “El Imperio del Contrabando” y “Juego de Tronos”.