jueves, 26 de marzo de 2026

Las Viudas de la CIA: Ponies en Peacock

 


Hasta Peacock se ha metido en el cuento de espías en La Guerra Fria (los más entretenidos) y este invierno nos trae un relato situado a fines de Los 70, en Moscú, donde dos viuditas de agentes de la CIA deciden meterse en el mundo del espionaje. Entretenida, chistosa (sin ser comedia), nos da una oportunidad de ver a la Khaleesi (Emilia Clarke) con su look natural de cabello oscuro y en un rol diferente.

Emilia en Moscú

Hace unos días me encontré en YT con una reseña rusa de esta serie. Gracias a ella supe que el público de la ex USSR estaba escandalizado con un retrato de (que ellos consideran falso) de la vida en Moscú a fines de los 70. Tan escandalizados como los franceses con Emily in Paris. Ahora entiendo porque en ciertos sitios la llaman a Ponies  “Emilia in Moscow”  Me niego a debatir  este punto. Sé que, aunque la serie presenta falencias, no son estas el retrato de una sociedad semi cerrada a los lujos de Occidente, o una descripción de la KGB como un nido de personajes siniestros.

Estamos en diciembre de 1976, la Guerra Fria parece haberse apaciguado, y Beatrice “Bea” Grant (E. Clarke) ha venido a Moscú con su esposo que trabaja en la embajada estadounidense. Bea también trabaja como secretaria del atache cultural. Graduada de Wellesley con una especialidad en literatura rusa, Bea es bilingüe (le ganó a Mrs. Maisel aunque también demuestra porque Wellesley es mejor que Bryn Mawr).

                      Bea y s jefe. Yo tuve ese peinado el 1975

Bea adora a su marido, y no cuestiona un trabajo que sabe encubre la identidad de Chris como agente de la CIA. No se queja cuando él llega manchado de sangre de otros, pero la deprime que la calidad de vida moscovita sea tan mala, su empleo tan mediocre, y que no pueda hacerse de amigas en la comunidad de esposas americanas en la Unión Soviética.

Una mañana en que Bea discute el precio de los huevos con una babushka en el mercado , viene en su ayuda Twila Hassbeck (Haley Lou Richards de The White Lotus), otra esposa de otro agente de la CIA. Twila es lo opuesto a Bea. No tiene estudios, no es de clase acomodada, siempre ha luchado por lo poco que tiene.



Se embarazó de un soldado que conoció  en una base de la fuerza aérea de Indiana. Con eso consiguió marido y un pasaje de salida de la miseria. Solo que el embarazo se malogró y el matrimonio no funcionó. Twila ha estado en Estocolmo separada de Tom, pero atada en un matrimonio sin amor. El marido la ha hecho venir a Moscú ya que una esposa da apariencia de respetabilidad.

Los matrimonios de ambas mujeres acaban una noche en que, en medio de una fiesta de Nochebuena en la Embajada, Twila y Bea son llevadas por Dane Walter (Adrian Lester), jefe de la CIA en Moscú, a un baño de varones para enterarse que sus esposos han muerto en un accidente de aviación. Sin mayores explicaciones, ambas son empacadas de regreso a Estados Unidos.

Bea vuelve a casa de sus padres en Rhode Island. Como le cuenta a su abuela (Dame Harriet Walters), no se haya, no sabe qué hacer y solo tiene un deseo: descubrir que ocurrió realmente con Chris.  La abuela Manyauna sobreviviente de Auschwitzle dice que a veces es mejor no saber.

Twila y Bea se reencuentran en Washington en una paupérrima ceremonia de recordatorio de la muerte de los agentes. Intercambian palabras y Twila menciona que su esposo le dejó un departamento en Moscú y que planea volver a la Unión Soviética. A Bea se le ocurre acompañarla y así investigar lo que ocurrió con sus maridos.

                                   Emilia en Moscú 

Espías Inesperadas

Logran convencer a Dane (y este a George Bush, entonces presidente de la CIA) de que es una buena estrategia trasladar a estas Ponies (persons of no interest)  a Moscú ya que bajo la tapadera de empleos insignificantes puedan servir de espías. Sobre todo porque nunca han tenido agentes femeninas en el frente ruso y la KGB no va a sospechar de ellas.(“Cuando nos ven los hombres solo quieren follarnos o casarse con nosotras” explica Twila).

Ya en Rusia, Bea se vuelve inútil. Aparte de cumplir con sus labores de secretaria, se la pasa en la cama llorando y mirando la foto de Chris. En cambio, Twila ha descubierto que su marido escondía en un parlante una radio con la que se podía comunicar vía Morse; ha contratado los servicios de una contrabandista y ha salido a cenar con Dane haciendo creer a la KGB que son amantes. Así conoce al peligroso agente Andréi Vassiliev (me costó reconocer a Artjom Gliz, rubio y con pelo liso, muy diferente a su look en Das Boot y en Charite at War)

Dane les ha encargado a las agentes contactar a “C. K. Solar” un individuo que posee información. Para encontrarlo una de ellas  debe usar una contraseña y entregarle una copia de Anna Karenina con instrucciones adentro.  El encuentro es en un bar, y siendo Bea la que habla ruso le toca a ella entrar. Twila queda afuera vigilando 

Bea actúa como si estuviese en un filme de Jerry Lewis, aborda al parroquiano equivocado para luego no reconocer a Solar hasta que este llega a su mesa, y gasta tiempo platicando con él. En el exterior, Twila es acosada por un borracho, por eso se pierde cuando Vassiliev entra en el local.

Solar si nota la llegada de un individuo que puede ser de la KGB. Alerta a Bea para escapar, pero la ex Madre de Dragones es torpísima, derrama un vaso y casi vuelca una mesa atrayendo la atención de Andréi que se acerca y pregunta su nombre. Bea dice llamarse Nadia y ser maestra, pero el agente nota algo extraño en ella.



Desesperada, y para socorrer a su amiga, Twila no encuentra otra solución más que quemar el bar. Bea logra escapar, pero está molesta por como su compañera ha escogido gritar “İDracarys!” antes que elegir un modo menos violento de rescatarla. A mí me molesta la actitud de Bea a la que le hace coro Dane, pero a solas, el jefe  felicita a Twila por su ingenio y rapidez de acción en momentos de crisis.

Dane se da cuenta que Bea es más débil y emocional, y no parece comprender que su trabajo exige ensuciarse las manos, esa es su debilidad. En cambio, la flaqueza de Twila es que se cierra a otras personas y no las invita a confiarle sus secretos, eso no es bueno para una espía que debe recolectar información. Decide asignarles a ambas un par de misiones que serán también cursos de entrenamiento.

Curso de Espionaje Express

Twila trabaja para Shep, un diplomático bastante relajado que ya tiene secretaria, la eficiente Cheryl. Aun así es a la nueva a quien le pide que atienda a un amigo. Se trata de George Tollman, representante de la Coca Cola en Europa. Twila debe ir a cenar con él. A pesar de que Cheryl se les pega, puesto que Twila no sabe ruso, la noche es un éxito.





Twila conmueve a Tollman con la historia de su romance, matrimonio y viudez. No la verdadera sino la de Bea. Su interlocutor queda tan encantado que solicita volverla a ver. Con ayuda de Ivanna,  la contrabandista del mercado, Twila encuentra una discoteca muy hip y lo están pasando pipa cuando llega Bea a interrumpirlos ya que tienen otra misión para Las Ponies.

En el interim, a Bea no le ha ido muy bien. Le han asignado un entrenador, el francés Jules. A la poliglota Bea no le cuesta mucho descubrir que no es francés ni se llama Emile. Mas adelante nota el numero tatuado en el brazo del falso Emile quien admite ser sobreviviente de Buchenwald y Auschwitz. Bea confiesa ser descendiente de sobrevivientes, su abuela y su padre. Jules le recomienda seguir el ejemplo de sus parientes y aprender a sobrevivir.

El curso de sobrevivencia abarca meterse en el departamento de Sasha (C.K. Solar) para ver si es confiable o un doble agente. Bea está llena de remilgos, pero lo hace metiendo tanta bulla que alerta a Sasha que está en casa. La atolondrada espía debe saltar desde un quinto piso hasta un basurero para poder salir. Llega a su departamento, cansada y enojada, pero la espera otra sorpresa. Un teléfono rojo oculto en su closet suena y al responder escucha la voz de Andrei Vasiliev que la invita a salir.





Descubrir que el teléfono ha sido plantado por Walter Dane es la última gota y Bea decide renunciar ante el enojo de Twila. Las razones para que Bea recapacite su decisión son ambiguas, no así su carrera de espía que la tendrá de romance con Vasiliev, un individuo muy peligroso, puesto que, fuera del horario de trabajo, anda matando prostitutas y chantajeando a gente importante.

Twila se verá involucrada en su propia cruzada para descubrir al asesino serial (algo inconcebible en la Union Soviética) y a la vez enfrentar la duda de si su marido trabajaba para los rusos. La trama se complica con la necesidad de descubrir a un personaje cuyo rostro e identidad desconocen y solo saben su apodo: Caterpillar (oruga). Entre tanta actividad peligrosa, el humor lo ponen las tareas cotidianas de las viudas que nos llevan a conocer los entretelones de la vida de los empleados en la embajada.



Ponies es mucho más verídica que la mayoría de los dramas de época y muy ordenada en su cronología. La trama se desarrolla entre diciembre de 1976 y julio de 1977 para coincidir con el incendio de la embajada de Estados Unidos que es un suceso real, tal como la infiltración de agentes de la KGB disfrazados de bomberos. El resto es ficticio por supuesto. Aunque el argumento a veces exige mucha mente abierta ante situaciones inverosímiles, la única licencia histórica es que el concierto de Sir Elton John tuvo lugar en Moscú, pero en 1979.



La serie se esmera (más que otras) en crear atmosfera de época. Filmada en Budapest, se siente en un universo eslavo. Por otro lado, quienes vivimos en esa época apreciamos la atención al detalle que va desde el uso del shampoo “Geez Your Hair Smells Terrific” hasta la banda sonora (tan importante que cada episodio ha sacado el título de un hit parade de 1977). Es un lujo poder escuchar en la misma serie a Blondie, Electric Light Orchestra y por supuesto, Elton.

La trama puede ser enredada, pero nunca aburre. Se sucede sorpresa tras sorpresa y hay un uso exacto del bathos , la transición de lo serio y emotivo (pathos) a la comedia slapstick y viceversa. Recordemos que uno de los escritores/productores es Susanna Fogel, la creadora de The Spy Who Dump Me. Aun así, me han impresionado los personajes, muy complejos y muy completos.

Mención aparte el vestuario y peinados. Yo en la UNIS tuve una amiga que se peinaba, vestía y caminaba como Twila. En cambio, no hay peinado que use Emilia que no probase yo en ese entonces, tal como media docena de las prendas de su guardarropa.

              Yo tuve todas esas prendas y esos peinados

Agradezco que a diferencia de otras producciones que tienen lugar a fines de los 79s, no hubo abuso de minifaldas. En 1977 nadie las usaba. Se entiende que le hayan puesto una micro mini a Evie para la fiesta de San Patricio porque había que destacar que era joven y sexy.

En cambio el minivestido que Bea usa para hacer las paces con Andrei fue un toque excelente. Se ve viejo, arrugado probablemente una prenda perdida en su guardarropa que uso hace un tiempo, típico vestido de comienzos de los 70 mini y colorinche. Algo vulgar, pero sexy que excitase el interés masculino.

                    El infame minivestido para seducir a un oficial de la KGB

Después de tanto elogio es necesario señalar los defectos. Como espías, las Ponies son la chambonearía misma. Twila es tan torpe y atolondrada que llega a matar a una viejita accidentalmente. Bea es peor,  es llorona, histérica (“estoy pensando que te gusta el drama” le dice Andrei ), rencorosa, puritana, sermoneadora y, como le chilla Twila, se cree superior a los demás.


Eso se debe a que nuestra amada Khaleesi representa un estereotipo que hoy ya dejó de existir Es una representación de la famosa JAP (Jewish American Princess) así que comprendo todos sus incoherencias, exabruptos y salidas de madre. En general, la serie es mitad comedia, mitad tragedia, mitad cuento de espionaje, sin olvidar su aroma chick lit, exige que aceptemos situaciones locochonas y inverosímiles, pero al final satisface como otros cuentos de espionaje no lo logran (The Agency anyone?)

Contenido Violento y Gory: Hay muertos por todos lados, cortesía de Andrei Vasiliev, un artista de las puñaladas, pero no hay imágenes graficas. Lo más perturbador es cuando Vasiliev acuchilla a una mujer con la que está haciendo el amor. Pero en términos de violencia verbal se lleva la palma  su interrogatorio de la abuela Manya cuando enumera todos los horrores que la esperan en Lefortovo, la famosa prisión moscovita donde estuvieron encerrados Roul Wallenberg y Nathan Sharansky.



Contenido Sexual y Desnudos: Aunque hay escenas sexuales, no hay ni mucho detalle ni desnudos. Excepciones son los videos de personajes importantes que la KGB (y Andrei) chantajean. Y algunas escenas de un spa/sauna. Ahora, en mi humilde opinión la escena de sexo más erótica (y hay tan poco de eso en la pantalla en estos últimos tiempos) es cuando Andrei y Nadya/Bea tienen sexo por primera vez.



Factor Feminista: Un momento conmovedor es cuando Roy le pregunta a Twila por qué quiere investigar el asesinato de una mujer anónima y la viuda le responde :”Porque yo soy una mujer anónima”. Para ser una historia situada en los 70, Ponies no está llena de discursos feminazis, ni situaciones en las que se ponga a los hombres como el sexo villano por excelencia y sin embargo, es una fábula de empoderamiento femenino.



Lo más feminista es como un par de Ponies llegan a ser agentes de la CIA y, aunque un poco aturdidas e insubordinadas, buenas espías. Todo gracias a que son vistas como mujercitas insignificantes, tanto por los rusos como por sus propios compatriotas.

Es interesante la exploración de la mujer moscovita que para tener poder debe o ser prostituta o contrabandista, y ambas son profesiones arriesgadas. Mención especial a la abuela Manya que también se mete a espía por ayudar a la nieta.

                La Abuela Manya sigue a Bea hasta la Unión Soviética 

Factor Diversidad: Spoiler: una de las Ponies tiene su primera experiencia lésbica en Moscú. Walter Dane es negro y gay. Como le explica a Andrei, esa es la razón por la cual lo han exiliado a Moscú, el puesto más indeseable de la CIA. Bea, su abuela y Emile son judíos.

 

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