viernes, 1 de abril de 2016

Visitas y regresos: Downton Abbey 6x04


Hacia tiempo que un capitulo de “Downton Abbey” no me tenía tan al borde de la silla. Tanto que, sin darme cuenta, y en una hora, me zampé una caja de huevitos de chocolate. Una serie de visitas, de regresos, y un viaje inesperado hasta Londres convulsionan la vida de los Crowley esta semana. Visitamos con Mary el Royal Automobile Club y evocamos el fantasma de Sybil. No será lo único del pasado que llegue ala Abadía esta semana. ¿Y qué onda con esos dolores de barriga de Robert?

La elevación de Barrow
Esta semana no seguimos al “delicado” Thomas en su ronda de entrevistas de trabajo, por la sencilla razón de que en ausencia del recién casado Carson, Barrow  es el mayordomo. Aparte de una impertinencia en la mesa y un hábito de andar con la nariz parada y hablar en susurros lúgubres, Barrow no es un mal mayordomo. Pero como le señala Robert, carece de la bondad del Señor Carson y por eso la gente no lo quiere.

Es un capitulo desnivelado donde Lord Fellowes  hace gala de lo que tanto le han criticado,  la auto traición de sus  personajes. Daisy parece poseída por el diablo, Edith vuelve a ser la mezquina del primer episodio, y Cora acusa a Moseley de chismoso, pero le perdona a Daisy los desplantes ¡Hasta parece que le tuviera miedo a la ayudante de cocina!



Bates está ciego y no suma dos +dos. ¿Ósea, Lady Mary no permite que  Ana cargue maletas y  la mucama está que revienta el vestido, pero  el marido cree que es por comerse los pasteles? Otro que ha engordado es Allen Leech lo que otorga a su Branson  un aura de prosperidad. Anuncia que ha abandonado sus ideales socialistas ya que el conocer el Sueño Americano lo ha hecho poner su fe en el capitalismo yanqui. Ok, viví en “El Imperio” como lo llamaba el difunto Chávez, y vi muchos casos de socialistas aburguesados debido al mentado American Dream.



Sin embargo,  Julien Fellowes la borda, como dicen los españoles cuando trabaja con Barrow. Esta noche mi personaje favorito vuelve a ser Thomas Barrow que me conmueve hasta las lágrimas ¡a pesar de que en su soledad se manda una de metidas de patas!Es un personaje bien hecho, muy real sobre todo  cuando baja sus defensas con Miss Baxter, su única amiga, o cuando  rechaza la compasión de Moseley.

Lady Violet pierde la compostura
El quedarse sin aliados empuja a la Dowager a un último esfuerzo. Recluta a su hija y a LadyShackleton (¿La recuerdan? Era a la que querían encajarle  a Moseley de mayordomo) para quela apoyen. Mala idea. Rosemonde aprovecha de cobrarle a su madre un par de malas jugadas pasadas, poniéndose inmediatamente del lado de Isobel. Lady Shackleton no entiende nada, se rehúsa a tomar partido y exaspera a su amiga. “¿Has venido ayudar o a exasperar? “gime el personaje de Dame Maggie Smith.

Esa noche la mesa de los Crowley se convierte en un ring. Una verdadera pelea de gallos, mejor dicho de gallinas. Isobel grita más fuerte y arrincona a la Condesa quien pierde totalmente la compostura, bufa como hipopótamo, y golpea los cubiertos contra el plato. Yo ya esperaba que le lanzase la sopera a la prima Isobel. Tal vez deberían encerrarla en la despensa con Daisy que también anda más iracunda que dragón Targaryen.

El Príncipe Consorte
En realidad, el verdadero motivo de recordarnos la existencia de Lady Prudence fue porque la  Condesa Viuda de Shackleton ha venido a traer al futro Príncipe Consorte de la Abadía. En el penúltimo especial navideño, vimos a las Hermanas Crowley ser galanteadas por individuos que nunca esperaban volver a ver. Pero si Bertie retornó para servirle café a Edith, Henry Talbot, futuro campeón de carreras de autos, también necesitaba reencontrarse con la viuda de Mathew.

Lady Mary baja la guardia y la nariz (que anda  en competencia con Barrow de quien la alza más) para demostrar genuina sorpresa y alegría de volver a ver a su galán. Su alegría no pasa desapercibida por ninguna de las Condesas Viudas. Tal vez ese sea un propósito vital de las Dowager, ser casamenteras.

Lady Violet hace pesquisas y su amiga tristemente confiesa que lo único que posee el sobrino es encanto. No hay dinero, está muy lejos de poder heredar un titulo, no es un gran partido. En cambio, Tom está encantado con el prospecto de concuñado: “Es simpático,  está loco por ti” y ama los autos”. A propósito, la llegada de Henry aguó las esperanzas de los shiperos que esperan ver a Mary camino al altar con el viudo de su hermana. Por algo Julián Fellowes puso en boca de Mary ese “Eres mi hermano” que nuestra heroína más odiada declama a voz en grito.

¡Tú no sabes nada, Familia Crowley!
Rosemonde no solo ha llegado para unir fuerzas con quien quiera levantar armas en contra de su madre (¡Te entiendo, Rose!). Además de preocuparse por el futuro (la única) de Edith, ha incluido entre sus obras filantrópicas el ser miembro del comité de Hilcroft, una escuela para educar a chicas sin recursos. Se le ocurre que la futura editora (vamos Edith, ya sabemos que vas a terminar editando la revista que te dejó Michael.) también se involucre con la institución.

No solo las Dowagers andan de casamenteras, Rosemonde le ha encontrado un partido a Mary, el Señor Harding, tesorero del comité. A ver, Tía Rosie, ya Edith tiene un pretendientequesabe hacer café, admira a las chicas que trabajan y va a heredar un marquesado… ¡Oh, No! SPOILER.

Todo este preámbulo resultó tan forzado. ¿Cómo Rosemonde no ha averiguado que Mr. Harding es un hombre casado? Y como Mrs. Harding ni pregunta dónde la lleva su marido y solo cuando se encuentra con Thomas en la puerta de la Abadía, viene a caer que ese es su antiguo lugar de trabajo.

Ok, ya todos sabemos que a Gwen le ha ido bien en la vida y ahora es no solo la esposa de alguien importante, sino también una mujer dedicada a que otras chicas como ella tengan la misma oportunidad. ¿Viste Tom? Esta es la versión británica del American Dream. Thomas y Gwen fingen no haberse visto en su vida. Ella se ve tranquila, el destila sarcasmo. Anna y Branson reconocen a su antigua compañera y ella les cuenta que todo ha sido una sorpresa.

Los Crowley en cambio están totalmente en Babia, a pesar de que el ojo de halcón de Mary nota algo familiar en su huésped. Thomas baja furioso a quejarse con sus subalternos de lo injusta que es la vida y que ahora tengan que servirle a una Salvaje en tan noble casa. Arriba, Gwen hace buenas migas con las mujeres de la familia.

Barrow no aguanta más y cuando sirve la mesa le lanza a la invitada un “¿Usted recuerda a Mr. Carson verdad, Señora?”Todos turulatos, rápidamente Gwen cuenta la verdad, y Mary le lanza una mirada asesina. Edith es la única que dice algo amable “Si trabajó con nosotros dos años, y no la reconocimos, nosotros estamos en falta”.

Barrow, feliz creyendo que su “aliada” Lady Mary sacará de la casa a escobazos a la atrevida llega  a la cocina con risitas de Perro Pulgoso, pero Bates lo pone en su lugar acusándolo de estar celoso,  Thomas admite sentir envidia. Su pequeña venganza  no lo lleva a ninguna parte. Robert le dará una reprimenda y lady Mary no es su aliada, por la sencilla razón de que Gwen da vuelta a todo con un nombre mágico: “Sybil”.

Los Crowley con lágrimas en los ojos escuchan la odisea de Cenicienta Gwen y su hada madrina que le prestaba ropa, que la alentaba a estudiar y que le buscaba empleo. Un solo error, Robert se olvidó que él s sabía que Gwen había tomado un examen en la biblioteca puesto que vimos cuando Sybil le impidió entrar contándole la verdad. En fin, Lord Fellowes está viejito,  se le pueden olvidar cosas. Lo importantes que fue un momento conmovedor que tuvo repercusiones toda la noche: tales como el  empeño de Mary en salvar el bebé Bates, la Casa Drew convertida en casa Mason, la tolerancia de Cora con la rabieta d Daisy, ect.

Largo viaje hacia  la noche

Esa noche, Mary siente alfilerazos en su conciencia, y comienza a conmiserarse de lo egoísta que ha sido y como ni se compara a la noble Sybil. Un dolor de barriga impide que Anna muestre empatía por su plañidera ama. ¡Horror! Este bebe Bates también está en peligro, pero no si Súper Mary anda  cerca. Mary demuestra sr nieta de su abuela, consigue que Branson la lleve a Londres junto a su criada que debe fingir que todo va bien con el Imperio ante un Bates que comienza a sospechar.

La excusa que Mary le  da a su familia para su súbita fuga es que “está enferma”. Y lo dice con su peculiar tono lánguido y con una cara que es la imagen viva de la salud. La familia finge creerle o le creen, ya estos personajes parecen marionetas. En Londres, Mary consigue que llegue el ginecólogo estrella y salve al bebé. Y hasta se da tiempo d salir (mientras Anna se recupera) con Henry que la lleva su reino El Club Real dl Automóvil. Eso se llama matar dos pájaros de un tiro.

Miss Baxter
El Sargento Willis ha cambiado de rumbo. Ya no anda persiguiendo a sobrinos prófugos ni viene a hacerle la vida amarga los Bates. Ahora viene a molestar a Miss Baxter. Aparentemente, el hombre que sedujo a la doncella de Cora y la empujó a la senda del crimen, ha vuelto a las andadas. Testificar en su contra sería  una buena oportunidad para Phyllis (¡hey ¡me costó  encontrarle el nombre de pila, ahora lo voy a usar harto) de vengarse. Ante la sorpresa del policía y de Moseley, Baxter se rehúsa.

Moseley va en busca de Lady Cora para que lo ayude a convencer a la doncella. Cora que adora a Thomas y perdona a Daisy todas sus meteduras de pata, pregunta si acaso Moseley viene con un chisme.¡Arggh! otra traición de personaje-. A estas alturas Cora debería saber que Moseley es incapaz de un chisme y que es el pretendiente oficial de Baxter. Bueno, no importa porque Cora tampoco consigue convencer a su doncella y Baxter se enoja con Moseley. Al final acepta testificar pero solo para evitar que Coyle (el cafiche) siga haciendo daño.

Moseley no entiende ¿por qué Baxter tiene miramientos? Con cierta amargura (qué buena actriz es Raquel Cassidy) Baxter admite que Coyle  la arruinó. Moseley protesta. El no la ve arruinada para nada. Con mirada triste Baxter responde “me cambió”.

Y o podía faltar Daisy
En medio de sus gaffes, Barrow escucha que la Casa Drew no se convertirá en Casa Mason, y no puede evitar contarselo a Daisy que no necesita de mucho para sulfurarse. Esa misma noche, Daisy decide subir a la planta alta y darle una zurra verbal (al menos esperamos que solo fuese de palabra) a Cora. No sé que es más fantástico, si la ira exagerada y perdida de Norte de Daisy que ya debería saber cómo controlar su temperamento atolondrado, o como La Brigada de la Cocina intenta impedir  su locura. Hasta Barrow se permite ser juicioso y darle un buen consejo a la ex pinche de cocina “Recuerda lo que ocurrió la última vez”. Vaya, si todo este lio fue provocado por Daisy. Su último exabrupto le costó la casa al suegro. ¿Será que se siente culpable?

En realidad, Daisy se ha convertido en un monstruillo que no se parece en nada a la original. Nadie puede ser tan tonta. Ni tan envidiosa, porque tal como Thomas, Daisy tiene sangre en el ojo desde que supo que Gwen se sentaba a la mesa de los patrones. Se olvida que Gwen nunca fue altanera con los Crowley (una vez lo fue con Carson y la ahora Madame Carson) y no sabe que ese mismo día Gwen recordó generosamente que todo se lo debe a lady Sybil Branson nee Crowley.

Es el recuerdo de la generosidad de su finada hija lo que empuja a Cora exigir la casa de los Drew para Mr. Mason. Aunque es un pésimo negocio, hasta el neo-capitalista Branson lo cree, la familia acepta. Los Condes se retiran tras esa decisión, pero les corta el paso la sediciosa e imprudente pinche que viene escoltada por Miss Baxter. La pobre Phyllis tiene alma de mártir y no va a dejar sola ni a su señora ni a su camarada por muy aturdida que sea Daisy.

Por suerte, el despistado Robert cree que Daisy ha subido a agradecerles.  Un momento totalmente Deus Ex Machina (o Robert ex Machina) La criada se turba y se traga la lengua. Baxter se la lleva y Cora murmura “¡de buena me libre!”. Señora Condesa, un consejo de patrona-profesora y adulta: no se puede permitir que alguien que está por debajo de nuestra autoridad a cada rato suba a apostrofarnos, la mitad de las veces sin razón. Hay que enseñarle a Daisy a usar medios más organizados de protesta y a ser menos impetuosa.

En la cocina Daisy está confusa. Ayer odiaba a Cora y hoy el objeto de su odio la salva. Mrs. Patmore suspira. No es bueno odiar. De acuerdo, pero hubiera esperado que alguien le hiciera ver a Daisy su actitud errática. Igual que la Bunting, no sabe reconocer aliados y termina enemistada con medio mundo.

Otra cosa que me pareció una total traición del personaje. Daisy esgrimió como argumento para “odiar” a Cora y su linaje que su marido murrio por ellos. Primero, ¿ de cuándo le bajo tanto amor por William? ¿De cuándo lo llama “Mi Marido”? (Nena si tu himen sigue intacto).? Y Los Crowley no son culpables por la muerte de William, no más que por la muerte de miles de oficiales aristócratas que cayeron en Flandes.

Los recién casados
Durante todo el episodio los Carson se la han pasado de luna de miel en Scarborough. Los Crowley reprochan a Robert haber enviado a sus criados a un sitio tan piojento. ¿Qué querían? ¿Luna de miel en el Ritz de Paris? Después de todo Scarborough es un baleario muy simpático y en era medievales tuvo una feria que recordamos de la canción de Simon &Garfukel. (Are you going to Scarborough Fair? Parsley, Sage, Rosemary and Thyme…”

Los Carson regresan a la cocina para que el mayordomo recoja sus cosas, se despida de su cuarto y anuncie que su flamante esposa seguirá siendo Mrs. Hughes para todos. (Suspiro de alivio de Robert). El momento es tan importante que hasta Lady Violet baja a la cocina a saludar a los recién casados. La pobre Dowager también está siendo víctima de los olvidos del escritor ya que hace discursos de que su lucha por la autonomía del hospital es para impedir que el estado maneje la vida de los ciudadanos (WTF?)

Edith que ha estado odiosa  toda la noche (lanzó un dardo ponzoñoso al insinuar públicamente que su cuñado le viene a quitar el puesto a Mary) anuncia la posibilidad de convertirse en editora. Mucho revuelo en el gallinero, pero Mary sorprende a todos alabando la decisión de su hermana. Con poca gracia y gesto exasperado, Edith se aleja. Todos felicitan a Mary por no ser Mary, por lo que Mary decide ser Mary y dice en tono indolente: “Hasta a un mono, si se le da tiempo, puede pasar a maquina la Biblia” ¡Yeeh, Mary!

Vestido de la noche

Fue una difícil elección. Todas sacaron cada modelito, pero mi favorito (que si tuviera menos edad  me lo mando a hacer) fue el camisero estilo marinerito de Gwen Harding. Parece tela  gruesa probablemente lanilla, en un tono que alguien denominó como Kaki y yo llamaría “rosa acanelado”. El detalle esta en un faldellín azul marino que emerge de la falda y que hace juego con el corbatín. El cloché viene  el mismo tono del vestido.

Una última palabra sobre esta entrega. Mucha gente al reseñar/criticar/revisar este episodio han quedado enfurecidos con la apología de Su Señoría Fellowes a las clases altas y su generosidad. Soy tal vez tan conservadora como Fellowes y les encuentro la razón hasta cierto punto. Mr. Mason debe sus problemas a torpezas cometidas por un régimen de vida que al colapsar arrastra a los de abajo, pero los exabruptos de su nuera no ayudan a su causa. No les niego el derecho a protestar, pero si a ladrarle al perro equivocado y a actuar de manera agresiva e impulsiva como lo hace La Señora Mason.

Fui un miembro de clase media acomodada que siempre traté de ser  justa con los que trabajaban para mí. Hoy que estoy en una posición casi de miseria, viviendo de la caridad (como me lo recuerdan a diario) de parientes,  he encontrado apoyo y ayuda en gente de la clase trabajadora. Eso me hace recapacitar que lo más importante no es el dinero ni la clase social, sino la capacidad de extender una mano y el deseo de hacerlo. No niego el derecho a exigir justicia social, pero tampoco el quitarle el derecho a otros a ser generosos de manera individual. No se puede borrar la caridad y decencia de los Crowley con la goma de atrás de un lápiz solo porque sean parte de una clase privilegiada.

jueves, 24 de marzo de 2016

Cada cosa en su lugar: Downton Abbey 6x03


Por fin, en la tercera entrega de la sexta y última temporada, las cosas parecen estar cayendo en su lugar. Mrs. Hughes se convierte n Mrs. Carson, Anna está embarazada, Edith tiene un pretendiente y Tom regresa a la Abadía. Aun así persisten los inconvenientes: Barrows todavía no consigue empleo, Moseley parece que cambiara de profesión, y Daisy sigue creando conflictos.

Bebés, chantajes y un hombre que sabe hacer café
El embarazo de Anna conmueve a Lady Mary y de paso me conmueve a mí. No tanto por Anna como por la alegría de su ama que hasta le ofrece vestirse sola. ¡No hay sacrificio que Mary no esté dispuesta cumplir por su mucama!

Edith se va a Londres y se encuentra con Bertie Pelham. ¿Lo recuerdan? Apareció en el especial del año pasado, era el agente del castillo  que rentaron los padres de Atticus. Bertie, aparte de parecerse a Fred Astaire, es demasiado perfecto. Invita a Edith a tomarse un coctel, pero cuando ella se atrasa debido a la incompetencia del editor, se aparece en la revista. Le da las fuerzas a la mamá de Marigold para despedir al gordo petulante, convertirse en editora ella, y hasta ayuda con las fotografías y sirviendo café.


Es obvio que a Bertie le gusta la oveja negra de la Abadía, que respeta su modo de vida. ¿No lo dije ya? Es peligrosamente perfecto y Edith le tiene miedo. Obvio que le agrada, pero ella ha aprendido a ser cautelosa. Me encanta como la actriz expresa esa cautela evitando mirarlo de frente, como le tiembla la voz cuando se hablan.

Mientras eso ocurre en Londres, en Yorkshire se cocinan otros líos. Hay una subtramas muy sosa en casa de la Condesa Viuda con Dankers a punto de chantajear a Spratts cuyo sobrino es ahora prófugo de la justicia. Daisy ya se imagina que su suegro tiene un nuevo hogar. Lo llena de ilusiones de que vivirá en la casa de los Drew y será el nuevo Pig Man, a pesar de que Cora no está muy segura de que eso vaya a ocurrir.

Los que se oponen al progreso

Por una vez me entretuvo el pleito de Las Matriarcas. A pesar de la insistencia de Lady Violet de que Robert meta en cintura a Cora, su nuera va a investigar las condiciones del nuevo hospital que pretende fusionarse con el pequeño dispensario del Dr. Clarkson. Cora asiste a la reunión, y armada de su nuevo conocimiento, se pone de parte de la Prima Isobel.


Envalentonada, la madre del difunto Mathew, acusa a Clarkson de apoyar a Violet por motivos egoístas. No quiere dejar de ser el mandamás del dispensario. Tanta impertinencia molesta a la Dowager quien acusa a Isobel de estar borracha. Hasta Lord Merton se escandaliza con esta riña de gallinas.

 Más adelante  en la boda Carson, Isobel pide disculpas a su ex pretendiente, pero la calumnia ha hecho recapacitar al siempre sensato Clarkson. Se cuestiona si tal vez sea su vanidad la que lo haga ponerse en contra del progreso. Lady Violet se alborota. Se ha quedado sola. ¿Cuál será su lugar en este mundo moderno que amenaza su estilo de vida?

Quien no encuentra su lugar es Barrows que en su próxima entrevista se tropieza con un homenaje al ayer.  Barrows aparece en la propiedad de un tal Sir Michael porque en el anuncio del periódico s habla de la necesidad de “un hombre de confianza” para hacerse cargo de una mansión.

La mansión está totalmente dilapidad, aunque es obvio por su tamaño que una vez fue un palacete. La entrevista la conduce el dueño Sir Michael, un símbolo de una era pasada. No hay criados, la castellana (ex dama de honor de una de las princesas desangre real) ha fallecido, los hijos de Sir Michael cayeron en Francia (sirviendo “a su Rey y a su país”.

Tras cinco minutos, Barrows se da cuenta de que esto es una propiedad de fantasmas, que su entrevistador delira pensando  mantener un estilo de vida que ya desapareció. Lamente de Sir Michael está ocupada de imágenes de un pasado esplendor donde la familia real y la realeza continental visitaban la casa y subían la inmensa escalera iluminando la habitación con sus diamantes.

Todo el tono elegiaco de set episodio me hizo (vieja conservadora y tradicionalista que soy)  llorar sobre todo porque reconocí a en el intérprete de sir Michael a otra gloria del pasado de la televisión. Se trata de Ronald Pickup, a quien MI Pa apodará en los 80’s “Mr. Miniserie”, porque no había miniserie que se perdiera. Quien diera vida a Verdi, Nietzsche, Einstein, Lord Randolph Churchill y al divertido Príncipe Yakimov en “Fortunes of War”, merecía un espacio en una serie de calidad como DA.





Barrows, sin embargo, no quiere ser el “hombre de confianza” de una reliquia pretérita como Sir Michael y hace bien, el debe huir de lo antiguo porque ahí acechan los prejuicios. Finge ser republicano, se despide amablemente, y huye.

Quien no anda buscado empleo, pero parece haberlo encontrado es Mr. Moseley. Durante la boda Carson, Mosley comenta con el maestro local  las aptitudes de Daisy. El profesor nota en el lacayo el don de la enseñanza e insinúa que quizás el destino de Mosley esté en la docencia. Increíble y maravilloso. Hace un par de temporadas, Moseley era un caso perdido, un pusilánime incapaz de conseguir trabajo, obligado a partir piedras para ganarse la vida Un buen amor,  un deseo de ayudar al prójimo, han llevado a Moseley a descubrir su verdadera vocación.

Una boda y un retorno

Y por fin llegamos al plato fuerte: el enlace del año. Alertada por Mrs. Patmore, Cora “carea” a su hija mayor con  la futura Mrs. Carson, Por primera alguien se atreve a llamar a Mary por lo que es: “una bully”. El banquete de bodas se celebrará en la escuela local.

Mrs. Hughes ha demostrado tan poco interés en su boda que ni vestido tiene. Su decisión de usar “su traje del domingo” vacila ante la incapacidad de Anna, hada de la aguja, por convertirlo en algo digno de la ocasión. Mrs. Patmore llega al rescate manda pedir algo que vio en un catalógo, pero como suele ocurrir cuando se compra por catalogo, lo que llega poco se parece a la foto.


Para demostrar que no tiene sangre en el ojo, y en un alarde de generosidad, Mary ofrece un abrigo del guardarropa de su madre. No se le ocurre avisarle a Cora, ni supervisar la intrusión del servicio en el armario de la Condesa.

Lady Grantham llega alterada de su reunión con su suegra en el hospital y sorprende a Anna,  Patmore y Hughes metidas en su closet. Es un momento horrible. Cora se ofusca, las criadas se mueren de vergüenza. Se escabullen, pero Mary es alertada. Ni corta ni perezosa se venga de la lección con la que su madre la humilló. La acusa de ser esnob e ingrata con una mujer (Mrs. Hughes) que les ha dedicado su vida. Cora, siempre la gran dama, baja a la cocina, pide disculpas al servicio y regala su mejor abrigo a su ama de llaves.

La boda fue convenientemente emotiva, el banquete alegre y salpicado de muchos eventos que ya he comentado en esta blog. El regalo más inesperado es el retorno de Los Branson. Tom ha descubierto, como Dorothy Gale, que Boston no es Kansas, y que su hogar y el de su hija están en Downton. Todos muy contentos, ¿pero vendrá Tom a quitarle el puesto de agente a Mary?

Traje de la noche



Perfecto para la chica que trabaja y para la flamante nueva editora. Sobrio, funcional, pero chic. Yo tuve uno así hace unos años. Me lo mandé hacer, pero cometí el error de comprar seda gamuzada que se arruga fácilmente. Esta está confeccionado en un buen casimir, elegante pero resistente a las presiones a las que será sometido el guardarropa de una amuje de carrera como lo será Edith.

Frases de la noche
“¡El Señor sabe que el problema no lo tiene  Bates!” Lady Mary  al enterarse del embarazo de Anna.

“Esto tiene que ver con Charles Carson y Elsie Hughes, no con esta gloriosa casa.” La Señora Hughes refiriéndose a su boda y por qué no desea que tenga lugar en la Abadía.

“Milady, El Señor Carson la perdonaría   aunque usted lo golpeara con un ladrillo.” La nueva Señora Carson cuando Mary pude disculpas a su mayordomo-padre adoptivo.

“Un noble en favor del progreso es como un pavo en favor de La Navidad”. Lady Violet refiriéndose al apoyo de Lord Merton a la fusión de hospitales.


Y la próxima semana, Rose “Ygritte” Leslie regresa a Downton Abbey
“¿Es ese un castillo?” “No, Ygritte, es una Abadía”




miércoles, 16 de marzo de 2016

El Lado Porcino de los Crowley: Downton Abbey 6x02


¿Dije que el primer capítulo de la última temporada había sido soporífero? Me lavo la boca con jabón. Este es una mosca tse-tsé. ¿Dije que Los Grantham eran un modelo de cómo debía comportarse la clase patronal? Lávenme la boca con jabón porque en este episodio los señores de La Abadía de Downton se revelan como un grupo de insoportables y despóticos metiches.

Encargando un bebé Bates
Veamos por partes. Anna le confiesa a Lady Mary su problema de fertilidad. La patrona le recuerda que ella también tuvo dificultades para concebir. Lo próximo es que la mucama se ve ante una eminencia ginecológica de Hurley Street y su problema parece tener solución. Un buen ejemplo de intromisión patronal.

Varios miembros de la Familia Crowley quieren meter su cuchara en las próximas nupcias del mayordomo y ama de llaves. Elsie Hughes se niega tener su boda en La Abadía. Es su lugar de trabajo y ese día ella no quiere ser sirvienta. Carson esta híper  incomodo porque no sabe como decirles a sus amos que se guarden su invitación, su Abadía y sus buenas intenciones en donde mejor les quepa. Pero lo importante de esta subtramas es el detalle de que Elsie Hughes, nunca ha compartido la adoración de su prometido por Mary. Recordemos que para Carson, Mary es la hija que nunca tuvo.  ¿Será posible que las mujeres más importantes en la vida del mayordomo peleen como gastas para demostrar su poder? Eso sería interesante de observar

Robert es otro atrapado entre mujeres entrometidas. Su consuegra y su madre insisten en que tome partido en la roñosa lucha por el hospital local. Robert se niega hacerlo. Cora no le facilita las cosas poniéndose de lado de Isobel.

El destierro de los Drew

Mary comienza sus nuevas labores de agente  haciéndose cargo de una exhibición porcina. ¿Y quién tiene los mejores chanchitos en las piaras Crowley? Nada menos que el sufrido Mr. Drew. Mary decide ir a visitar a los Drew y se lleva a George y a Marigold consigo. Mala idea. , ¿Por qué Marigold  parece importarle tanto a la mujer de un granjero? A Cora le da nauseas pensar que su hija mayor pueda comenzar a sospechar la verdad.

¿A ver, por qué Mary no debe saber que su hermana es mamá soltera? Después de todo Lady Mary está lejos de ser una santa paloma. Muy sencillo, por si no nos habíamos dado cuenta, la rivalidad entre hermanas sigue presente con un leve cambio. Ahora Mary va a envidiarle a Edith el dinero, el vestuario, el trabajo y hasta el piso en Londres que su hermana consiguió sin tener que casarse con nadie.
Al enterarse de la salida, a Robert se le ocurre una idea patriarcal y medieval. Hay que desterrar a los Drew  Tim Drew suplica a Milord que no haga tal cosa. ¡Que horror! Los Drew no han hecho más que favores a los Crowley. Otro en su lugar ya estaría chantajeándoles. Pero al buen Señor Drew solo se le ocurre recordar al Conde que su familia ha sido vasalla de los Grantham desde los días de Napoleón. Robert les da una segunda oportunidad que se desvanece cuando la Señora Drew tiene otra brillante idea: secuestrar a Marigold en medio del concurso de cerdos. Los Grantham deciden ser cerdos ellos, y a  Los Drew no les queda otro camino: deben empacar.

Esto es un alivio para Cora que tiene una pulga en la oreja llamada Daisy. Los tiempos han cambiado. ¿Recuerdan el primer capítulo de la serie con una Daisy adolescente levantándose de madrugada para encender las chimeneas? Tarea que debía desempeñar antes que los amos se despertasen porque ¡Guay de ella si se dejaba ver!

Ahora no solo Daisy habla de tú a tú a tú con La Condesa además ha desarrollado  un discurso rojillo. A espaldas de Cora la acusa de ser “el enemigo” por ser “parte del sistema”. ¿Qué quiere Daisy? Pues que Los Grantham recojan a Mr. Mason como si fue a un perro vagabundo. Obvio que con la expulsión de los Drew, el suegro de Daisy ya tiene casa asegurada. ¡Qué arreglo tan porcino! Me simpatiza Mr. Mason, pero estos nepotismos déspotas de los amos de la Abadía resultan muy injustos. por no llamarlos ingratos.

Mejor frase de la noche
Mrs. Hughes “Que El Cielo no permita que nosotros, los humildes, hagamos nada que contradiga a la bendita Lady Mary”.

Personaje que más lastima me inspiró en la noche

Por si los Grantham no estuvieran ya imponiendo su poder con pisadas de elefante,  su mayordomo decide imitarlos y asusta a Thomas con un que no “haría daño” buscarse un empleo. Los Grantham jamás han hablado de despedir al gay en residencia, además de que salvó aSibbie, encontró a la difunta Isis, de que es el mejor jugador de cricket del condado, que sirve de caballito para los niños de la Abadía,  da como caché tener un homosexual malévolo dando vueltas por la casa.

Lamentablemente no todos los patrones son así de tolerantes y a Barrows le va horrible en su entrevista de trabajo. Al parecer tendrá que ser valet, chofer, jardinero, ect. “Quieren una orquesta” comenta Thomas. Para colmo el mayordomo entrevistador capta enseguida la orientación sexual del aspirante y no  encuentra nada pintoresco el que Barrows sea “delicado”.

Mejor vestuario
Edith será la más sufrida de “Downton Abbey”, pero sufre a lo Greta Garbo enfundada en un guardarropa espectacular. Odio el color rojo, pero este profundo carmesí le queda bellísimo a la rubia de la casa.

Y este traje sastre es exquisito, muy diferente alos tailleurs masculinos de Mary. El tono gris que continua en los accesorios es interrumpido por la guarda dorada del cloché de la editora. Me encanta el jabot deensemble sea una capita.
la blusa gris perla y el detalle de que en vez de un blazer el exterior del traje sea una capa.

Espero el próximo capítulo esté más entretenido, no me puedo pasar la noche admirando el vestuario de Edith

martes, 8 de marzo de 2016

Despidiendo a Downton Abbey: 06X01. ¿Se cierra la Abadía?


Una última temporada siempre trae sentimientos encontrados. Dejar de visitar la Abadía nos crea a los Downties una sensación de pérdida (un sense of deprivement como se dice en inglés). Es por eso que me impuse la tarea de reseñarla.  Aunque ya la temporada hace rato que acabó en Las Islas Británicas, ya la han visto en Usa y la cultura del streaming la ha hecho conocida a usuarios de todo el mundo, yo quiero hacer una reseña (ahora que comienza por el cable latino) como un último homenaje. “Downton Abbey” fue una serie que, aun con bemoles ha sido un hito universal,  una aportación a la alcurnia televisiva, a la historia de las series de calidad (especie en extinción) y se merece desde ya ser conocida como un clásico.

Con esa introducción me adentro en el primer episodio de La Sexta y última temporada. Acabamos la temporada pasada sin muchos cliffhangers, a menos que se cuenten como tales el matrimonio anunciado entre ama de llaves y mayordomo y el fin de los amores y posible elevación en la escala aristocrática de Isobel Crowley. A Mary le salió un nuevo pretendiente, Tom y Sibbie emigraron a América,  y Los Condes de Grantham apechugaron con el hecho de que una de sus hijas era madre soltera.  Lo más importante es que se acabó esa incertidumbre inaguantable de si Los Bates terminaban en la misma celda o en el mismo cadalso. ¿Ya qué más faltaba?

Bueno, estamos en 1925.  Los Grantham tienen problemas económicos y hay que hacer recortes de servidumbre. Casas como las de ellos se han vuelto reliquias del pasado. Nada que no hayamos sabido antes. Más encima hay un problema con el hospital que se lo quiere anexar uno más importante Esto provoca uno de los típicos enfrentamientos entre Isobel y  La Dowager. La sorpresa es que el Dr. Clarkson apoya a Lady Violet, más que nada por darle en la torre a Lord Merton quien apoya la opinión de su ex prometida, Isobel.  En la Abadía,  Daisy sigue metiendo las patas y a Mary la están chantajeando. Nada muy interesante ni novedoso en un capitulo que parece escrito “por obligación”.


Las novedades son que Anna no puede  llevar a término un embarazo. Se le agradece a Lord Fellowes quien ha estado agobiando a los Bates con todo tipo de calamidades bíblicas, desde incluso antes que se casaran, que les inventase una tragedia tan banal. Y que había que inventarles una era de cajón.


Confieso que el capitulo lo vi entre bostezos y que la serie muestra tendencia por lo soporífero y repetitivo. ¿Cuántas veces Mary se verá involucrada en chantajes por pecados propios o ajenos? ¿Cuándo van a dejar  que Los Bates sean tranquilamente sosos? ¿Cuántos duelos verbales entre las matriarcas tendremos que aplaudir antes de que ya no nos impresionen?


Volviendo los ojos hacia “Upstaits Downstairs”, el modelo sobre el cual se ha cortado el molde de esta serie, me asombra que lo que Jean March y John Hawkesworth  lograron en diez capítulos, Julián Fellowes  no lo consiguió  en cuatro temporadas. En suma, Downton Abbey es una excelente visión costumbrista de la década de Los Locos 20, porque fidedignamente describe vestuario, decoración y milieu, pero no es histórica. Ni siquiera consigue esbozar una mentalidad de la época. Aunque nos encanten la tolerancia y flexibilidad moral de los Grantham , su comportamiento  no es realista. Hubiera sido imposible entonces que un matrimonio de tanto pedigrí aceptara como si nada que la hija mayor tuviera amantes (uno de los cuales murió en su cama), que la pequeña se casara con el chofer, y que la del medio  les trajera una nieta bastarda.

En “Upstairs Downstairs “se consiguió transmitir la desmesura, convulsión e impaciencia de una Inglaterra salida de una guerra-masacre. La desaparición de reglas sociales milenarias provocó un estado caótico que alcanzó su clímax en La Gran Huelga de 1926 y acabó en el desplome de Wall Street de 1929, eventos que Downton Abbey consiguió evitar mostrar dando termino a la serie en 1925.

Lo más impresionante de “UD” fue el modo en que trenzaron los problemas de una clase dirigente que pierde privilegios y cada vez encuentra más difícil mantener su opulento estilo de vida, con   la toma de conciencia del hoipolloi (en este caso el Staff doméstico) de que tiene voz y en  que se le abren nuevos caminos, algunos más complicados que la tenue seguridad que ofrece el ser parte de la servidumbre.

En  “Downton Abbey “la agitación social se manifiesta de  manera torpe: en el cínico discurso de una camarera chantajista o en el atolondrado exabrupto  de Daisy cuyos intentos por ejercer “sus derechos” siempre acaban  provocado más problemas. Totalmente artificial que Los Grantham la perdonen a pesar de haberlos abochornado  delante de un vecino y haber provocado el despido y ruina de inquilinos entre ellos, al siempre noble Mr. Mason, suegro de Daisy. Qué diferencia con UD donde vimos a Edward y Daisy intentar salir adelante fuera de la telaraña del servicio domestico, solo para que la miseria volviera  a empujarlos a un círculo vicioso de la cocina de los Bellamy.

En cuanto al cambio de los tiempos, las señales son simplistas (Lady Mary ya no monta de costado) o falsas. Un pequeños spoiler. Toda la temporada vivirá bajo la amenaza fantasma de que la Abadía de Downton puede cerrar sus puertas. Que no cunda el pánico. La serie culmina con la Abadía todavía en el poder de los Grantham.

Curioso, la última temporada de UD comenzaba también con esa amenaza. Habría que vender Eaton Place, pero no como señal de los tiempos que corrían, sino por motivos estrictamente personales. El recién casado Lord Bellamy se sentía incomodo de traer a su nueva esposa e hijastros a vivir a una casa que ahora partencia a un hijo con quien no se llevaba nada de bien. James hacia lo imposible por convencer a su padre que se quedara, algo que se lograba cuando Richard Bellamy ofrecía pagar una renta nominal. Lo triste es que la serie si se terminaba con la venta de Eaton Place y el desbande de patronos y empleados.
Rose (Jean Marsh) abandona Eaton Place

Es innegable que las grandes casas de campo inglesas y sus contrapartes citadinas, alcanzaron un auge en la Era Victoriana, pero ya para fines del Siglo XIX era evidente que no todos los miembros de la aristocracia podrían mantener esos palacetes, abadías, castillos y manors. Como lo explica Sir David Canadiense en su excelente Decline and Fall of the British Aristocracy, el decaimiento de la agricultura aunado a altísimos impuestos fueron mermando las posibilidades de mantener trenes de vida como el de los Crowley de Downton Abbey. Sin embargo, hasta el día de hoy los Duques de Marlborough conservan el Palacio de Blenheim, los Marqueses de Bath residen en Longleat, y los Condes de Carnarvon han encontrado un modo de preservar un estilo de vida en el Castillo de Highclare gracias a convertirlo en la Abadía de Downton.

Si los Bellamy perdieron Eaton Place fue por la torpeza de James de invertir toda la fortuna familiar en Wall Street en vísperas del Crack del 29. Si Robert y su familia no cometen errores y aprenden a ser más frugales, bien pueden seguir en su Abadía por un siglo más.

Lo mejor de la noche
Mi criado favorito.

Thomas Barrows quien alterna entre su cinismo de siempre con la autocompasión  a  estar seguro de que lo despedirán primero porque a nadie le cae bien. ¡Te equivocas Tommy, tu empleo está asegurado! Nadie más tiene esa espalda tan resistente para cargar niños que quieren ir al “apa”. Lo que deben hacer los Grantham (considerando como salvó a Sibbie de la nana esnob y racista) es poner al gay en residencia de niñero.

El mejor consejo para una tímida novia que le teme a la intimidad conyugal:

“Tal vez puedan apagar la luz” dicho por Mrs. Patmore a Mrs. Hughes.

Mejor discurso romántico.

“Dígale esto, Señora Patmore. Ante mis ojos, ella es hermosa. Estoy feliz, entusiasmado y lleno de orgullo porque aceptó ser mi esposa. Deseo que estemos todo lo unidos que puede estar una pareja por todo el tiempo que nos queda en esta tierra” Oh Carson, todas quisiéramos que nuestros hombres nos expresaran su amor de esa manera.

Toda esa mini tragedia de la insegura Mrs. Hughes, (ayy es que los romances de la tercera edad sacan a flote tantos complejos en las mujeres) y su complicidad con Mrs. Patmore. ("Me han encargado comisiones raras en la vida, pero esta...") fue muy cómica y muy conmovedora a la vez. Lo que más me conmovió es descubrir que ambas son vírgenes y la nostalgia de la cocinera por algo desconocido, pero que su compañera está a punto de conocer , casi me hizo llorar. Toda mujer debe conocer el amor aunque sea a la noble edad de estas señoras tan generosas, tan útiles, pero también tan solitarias. ¡Exijo un novio para Mrs. Patmore!

El mejor vestido de la noche

Como siempre Edith brilló por su elegancia.  Ese vestido champaña con diseño de claveles rojos era chic y llamativo a la vez. Ahora  que es mujer rica e independiente por su propio merito, Edith tiene un vestuario espectacular, mejor que el de Mary que siempre anda con ropa oscura.

Concuerdo con The Guardian  en que Edith s ve obscenamente hermosa, pero también es bueno que se vaya a Londres. Ya eso que maneje una revista desde su casa de campo en una era pre Internet, Skype, celular, ect. Es difícil de creer.

La mejor escena

Lord Grantham hurgando en la alacena (“¿Esto es un refrigerador?”) y siendo atrapado por Carson cuando se comía un muslo de pollo. La cara del mayordomo era impagable: Por un lado el escándalo . ¡Milord sirviéndose solo y sin plato y servilleta! Por otro ¿Cómo se atreve Milord a tomar comida que Carson lleva contabilizada? Eso es peor que lo que hizo Daisy

domingo, 30 de agosto de 2015

Celebremos a la familia disfuncional: Tercera Temporada de Ray Donovan



Después de un deslumbrante comienzo, “Ray Donovan”  decayó  gravemente. Sin embargo, en esta Tercera Temporada, la serie y el protagonista se han reinventado al punto que me ha interesado  volver a seguir las aventuras del  atormentado fixer angelino. Los que no cambian  son los catastróficos problemas que persiguen, como furias míticas, a Los Donovan. Ahora los acompañan otras familias disfuncionales que hacen que estos irlandeses gruñones parezcan Los Walton.

Yo dejé de ver a Ray Donovan a la mitad de la Segunda Temporada. No sé que me hartaba más si la llorosa y adultera “Abs” o la relación de Terry Donovan con esa enfermera pedante y  moralista. La obsesión del boxeador de llevarse a su mujer a Irlanda y fundar una vida nueva alejada de los Donovan me parecía implausible. Olía a un final trágico, que efectivamente tuvo lugar cuando Terry se involucró en un plan de robo mano armada.

Terry acaba tras las rejas.  La culpa como siempre es de  Papi Mick, uno de los personajes más torpemente conmovedores de la televisión. Es fenomenal la capacidad de Jon Voigt  para retratar  a un desobligado maleante cuya únicas meta son vivir bien a costa del crimen y congeniarse  con su familia. El problema de Mickey es que no comprende que ambas metas  son irreconciliables.


Hay quien detesta a Ray  Donovan. Yo  adoro al personaje de Liev Schreiber a pesar de sus defectos y vaya que los tiene. Su devoción familiar, su lealtad con sus amigos, su desgarrado sentido del Bien y el Mal lo hacen portentoso en un mundo corrupto, sucio, cruel como es ese ámbito  de millonarios faranduleros a quienes sirve.

La enajenación de Ray como persona, su incapacidad de pedir ayuda o abrirse a otros le ha costado su matrimonio, pero serán precisamente esas fallas las que lleven al fixer  hasta el sitio que ocupará en esta tercera temporada. Abrumado por la desilusión que le provoca su mujer y la prisión de su hermano, Ray va cayendo en una trampa karmica. La soledad se vuelve su compañera. Ezra muere, Ray pelea con Avi quien se marcha abrir su propio negocio. También pelea con Lena aunque se reconciliaran a mitad de temporada. Es ella quien le lanza la pregunta retorica:” ¿Por qué no puedes aceptar que necesitas ayuda? “Algún duende irlandés  la oye  y se encargará de obligar a Ray a aceptar que no es omnipotente.

Ray comienza la temporada con un solo objetivo,  rescatar a Terry de la cárcel. Pero después que el médico de la prisión le diagnostica un avanzado Parkinson, el boxeador ya no quiere luchar más, ni  contra su enfermedad, ni por su libertad. Entretanto, Ray entra en contacto con una familia tan infernal como poderosa. Si las pirañas tomaran forma humana se apellidarían Finney.


 Los Finney tienen una madre invisible (creo que solo la vimos una vez),  y un padre demasiado visible. Estos retoños peligrosos son  " Crazy"Casey (Guy Burnet), un demente drogadicto cuyo secuestro debe resolver el habilidoso Raymond, y  Paige  (Katie Holmes con un look que incluye frenos en los dientes), una pobre niña rica que desea demostrarle a Papi que se las puede.

En realidad esa es solo la superficie, porque debajo hay una criatura más compleja y oscura que todos los seguidores del film noir conocemos. A ver si  la ex Mrs. Tom Cruise nos saca una actuación  digna de una Faye Dunaway en “Chinatown” o Lauren Bacall en “The Big Sleep”.  A ver si es la compañera soñada o la peor pesadilla de Raymond. Obvio que quiero lo primero. Abby será el gran amor de Ray (aunque siempre he sospechado que su gran amor fue su hermana), pero es totalmente incompatible con su marido. No lo entiende, no lo conoce, no sabe apoyarlo ni sacar a flote lo mejor del fixer.


Regresando al tema de los Finney,  el que lleva la batuta ahí es el patriarca. Los productores de RD se han traído a Ian McShane, porque ya se sabe que ninguna serie tiene prestigio sino hay algún histrión británico en el reparto y aquí quieren dos. El ex Lovejoy  viene a acompañar a su compatriota Eddie Marsan (Terry). Encarnará  a un individuo sucio, malvado, un hombre capaz de casar a su hija con su propio amante, pero  Ian McShane (al que esperamos pronto ver en “Game of Thrones”) lo interpreta deliciosamente como si fuera un urbano  Príncipe de las Tinieblas, tipo Al Pacino en “El Abogado del Diablo.”

Finney quiere comprar los servicios de Ray, quiere tener la exclusividad sobre la franquicia Donovan, incluyendo el  cuerpo y alma del fixer. Raymond se niega. El que es tan privado y custodio de su integridad, resabio que le ha quedado del abuso pedófilo al que fue sometido, no será nunca de nadie, ni de su mujer, ni de sus hijos, ni siquiera de sus hermanos a quienes tanto protege.

Finney sabe esperar. No tiene que hacer nada. Será El Talón de Aquiles de Ray, sus hermanos, lo que lo lleve a venderse como una prostituta de cuarta. En la cárcel, Terry desahuciado tiene una epifanía cuando la pandilla de Los Arios insiste en obligarlo a demostrar sus dotes pugilistas. Terry reacciona exactamente como John Wayne en “The Quiet Man”, su espíritu Donovan lo lleva a defenderse. Solo que tras noquear a su contenedor, la ira celta del boxeador no descansa hasta matarlo.

Ya no hay manera de conseguir la libertad de Terence Donovan. Ya no valen ni los chantajes ni sobornos de Ray ni las estupideces de Mick, que en su desesperado intento de rescatar a su hijo, llega a matar (accidentalmente) al juez a cargo de la convicción de Terry. Solo hay un camino. Ray Donovan se sacrifica apareciendo borracho y al borde de las lágrimas en la Mansión Finney, donde su anfitrión lo recibe con burlona compasión y un gran despliegue de chic satánico. Esa noche. Ray y su nuevo dueño visitan al Gobernador Verona. En cinco minutos, Finney demuestra como el poder y el dinero son mejores que las tácticas de un fixer.

 Terry está libre, pero sigue preso de su enfermedad y de una obsesión paranoica con una posible venganza  de  “Los Arios”. Ray no acepta que le pongan collar y correa. Aun dentro de la Familia Finney comienza a complotar para cumplir su voluntad, sea para ayudar a Tommy Wheeler que está a punto de casarse con Chloe (la travesti de la Primera Temporada) o para construirse un negocio “limpio”. Como le dice a Abby “estoy cansado de arreglarle la vida a gente que no lo merece”.

Sin embargo, hay un hado implacable que persigue a los Donovan y les impide surgir y ser felices. El gobernador pierde las elecciones, Los Finney pierden poder, Ray simultáneamente pierde su sueño y  la confianza de Andrew. Es tan triste ver como Ray siempre acaba atrapado. Casi tanto como ver  a Terry  armado y atrincherado en su gimnasio en espera de Los Arios.

Aun así, ese episodio termina en una nota cálida, humana y jocosa con Terry casi matando a Mickey  y  haciendo las paces con su padre que decide pasar la noche con su hijo enfermo. Un gusto ver a Ray sonreír y casi ser cariñoso con su némesis  Haciendo gala del humor Donovan, Ray dice que Terry le hubiera salido más barato que contratar a Sully para eliminar a su progenitor.

Como todos los Donovan fans,  a veces quiero ahorcar a Mickey, por su incompetencia, por su irresponsabilidad, por las decisiones tontas que siempre toma, pero hay algo innegable, en el patriarca Donovan, ama a su familia. Vemos la ira y preocupación cuando su nueva socia, Mrs. Minassian (Grace Zabriskie) amenaza a Conor, lo vemos derrumbarse cuando cree que por su culpa Terry ha muerto, e incluso conmueven sus esfuerzos por ser padre adoptivo de la pequeña Audrey, la hija de la prostituta Ginger (Fairuza Balk). Esa es la diferencia entre Los Donovan y Los Finney, el cariño feroz que une a los primeros. Como dijo Andrew: “Un buen negocio familiar no es lo mismo que una buena familia”. Y Los Donovan no son un negocio, son una familia.


Eso sí, siento lastima por Darryl. Un chico tan prometedor, que vivía tan tranquilo con su madre y su padrastro y lo ha abandonado todo para participar en los sueños delictivos de Mickey que lo ponen siempre al borde del peligro. Pareciera que Mickey  fuera un imán que atrae la desgracia sobre los suyos, pero también los une.


Por quien no siento  ni pizca de  lástima es por Abby. La pobre es tan bruta como su suegro (y Conor parece haber heredado esa carencia de células grises), pero en vez de unir a su familia, la separa. Ni siquiera puede cuidar de una mascota. Y eso de ponerle “Perro” al perro es señal de tremenda  falta de imaginación.

En esta temporada, la pelirroja huye a la Costa Este, al despreciado barrio bostoniano del que la sacó Ray, a una familia que no está contenta de verla porque tienen sus propios problemas y su propia manera de ejercer la disfuncionalidad. Abby no repara que lo que ha dejado en Los Angles es mejor que lo que tiene delante. Al menos Bridget no tiene gonorrea, ni Ray anda en silla de ruedas.

Abby regresa a California sin haber aprendido nada. Su manera de ayudar a su familia bostoniana será comprando el bar familiar (con dinero de Ray, obviamente). Es lo único que sabe hacer,  vivir con dinero ajeno y quejarse de quien se lo da. Jamás shipearia a Ray y Abby, y sigo esperando que el  fixer encuentre el amor.

Hablando de amor, será que mi naturaleza de obsesiva romántica me hace ver posibilidades en todos lados, pero hay un par de parejas ahí que deseo shipear. Increíble ¿Ray Donovan  como serie romántica? Hasta ahora el amor en la serie Showtime era una simple quimera. El de Abby y Ray es sumamente frágil e inadecuado.; el romance De Bridget con el rapero asesinado se me hizo sórdido; el de Terry y Frances era unilateral y el de Mickey por la madre de Darryl no pasó de ser una ilusión. Estos Donovan o aman mucho o no saben amar.

Sin embargo, en esta temporada hay dos parejas a las que les deseo finales felices, y  no hablo de Tommy y de Chloe. Ya sé que va contra la ley que es políticamente incorrecto, ¿pero ver a Bridget emparejada con Ken Cosgrove? …¡Grosso! Claro que no se trata del escritor-publicista de “Mad Men” sino de un severo profesor de matemáticas al que dará vida Aaron Staton.


Bridget ha conseguido entrar a una prestigiosa escuela  pero sus ilusiones académicas hace rato que se desvanecieron. La brutal muerte de su novio, mas su inicio en el sexo y las drogas, han conseguido matar a la estudiante modelo. La separación de los padres la enfrenta a  la realidad en toda su crudeza. A diferencia su hermano, Bridget no puede esconder la cabeza en la arena del hedonismo y será una mala nota en matemáticas la que la obligue a replantearse  su futuro.

Comprendo su frustración. Yo también fui una alumna destacada que sufrió la humillación de notas en rojo en matemática. Claro, yo sufro de discalculia, mal que por entonces no se conocía. En el caso de Bridget es una combinación de estrés aunada a expectativas más altas en el área escolar y cursos más arduos, los que la han hecho fracasar.


La primogénita de Ray  decide explicar su caso al instructor, Mr. Donellen. Este se pone a la defensiva como solemos hacer los docentes ante un alumno que juzgamos desaplicado. Solo lo conmueve la confesión de Bridget de su reciente perdida. Resulta que él también ha enviudado hace poco. Enternecedora esa escena de maestro y alumna sentados en el piso del baño  intercambiando fotos de sus difuntas parejas. Eso si hubiera deseado que Bridget no estuviera drogada o enfundada en ese uniforme atrae-pedófilos.

Ya muchos, de esos que creen que Ray tiene que cargarse al menos uno en cada temporada, le ven cara de víctima al maestro ciruela. Yo digo “¡Basta!” a  esa costumbre de Ray de sobreproteger a las Bridgets, vivas y muertas. Es hora que acepte que no puede andar maltratando a todos los pretendientes de la niña. Y si  hay necesidad de alguien a quien Donovan deba escabechar, ya le tengo un candidato: El Padre Romero (Leland Orsen)

De Romero todavía no tengo clara la película. ¿Para quién trabaja? ¿Para la policía, para El Vaticano, o para satisfacer su propio y destartalado sentido de la justicia? ¿Es acaso un ex del Padre Danny que busca vengar a su amante pedófilo? El hecho es que aparte de aterrorizar las últimas horas del finado Ezra, se ha inmiscuido en eln a terapia de apoyo de Bunchy, y en la vida del menor de Los Donovan. Y ahora quiere obligar a Ray a regresar a la Iglesia. Eso es jugar con fuego.

Bunchy, este año, está enamorado. Ya no se trata de un romance tentativo como el que tuvo con la madre soltera en la Segunda Temporada. Ha caído rendido a los pies  de Teresa, La Luchadora (Alyssa Díaz). Ray podrá seguir menoscabando a su hermano menor, y considerarlo un inútil, pero Bunchy descuella donde el fixer patina, en el amor.


Ese road trip con Romero en busca de su damisela seguida por pedida de mano (y de rodillas, como se debe) a la diosa del ring estuvieron espectaculares. Tanto así que, tras expulsarlo con palabrotas (entre las cuales intercaló un significativo “Eres dulce”), Teresa a solas llora y recapacita. Ahora Los Donovan integran a una latina a su clan, a pesar de que  Ray desconfía de su nueva cuñada.




Así entramos a la segunda mitad de la temporada con muchas incógnitas por resolver. ¿Serán Los Arios solo un figmento de la imaginación de Terry? ¿Serán las jaquecas de Paige una señal de una enfermedad mayor? ¿Se reconciliaran Ray y Avi?  Y lo más grave, en ánimo de confesión, Bunchy  le reveló a Romero como había muerto El Padre Danny. ¿Qué hará Romero con esa información aparte de excomulgar a Los Donovan?


Ray Donovan puede verse todos los viernes, por HBO Latino. Y a ver si los Emmy recompensan a Liev Schreiber este año.