Desde los “Vikingos”
hasta lo que no terminó Jane Austen, las series de época regresan y debutan
esta temporada invernal. Nada muy fascinante, nada muy contundente, pero el
2020 se espera sea un año mejor para los period pieces que lo que fuera este
año que se aleja.
Diciembre
Este miércoles, 4
de diciembre, inició la sexta y última temporada de “Vikingos”. Por inercia y
por acompañar a mi hermano, estoy viéndola, pero sinceramente los hijos de
Ragnar me superaron y la gran duda de cuál de ellos matará a Lagertha me tiene
sin cuidado. Y me rehusó a hablar de “Las Escalofriantes Aventuras de Floki”. ¿Hacer un programa
solo sobre el personaje más prescindible de la serie? ¡Por favorrrr!
Lo que me
entusiasmó fue saber que en Netflix se apuntó para seguir la saga vikinga, pero
no ya con los mismos personajes. “Vikings: Valhalla” tendrá lugar en el siglo
XI y sus protagonistas serán Leif Ericsson, el mítico descubridor de America;
su hermana Freydis; el Rey Harald de Noruega que exploró el Oriente y…aquí
viene lo bueno. Guillermo, el Conquistador que mal que mal fue descendiente
directo de Rollo.
En el mes de
diciembre, en Estados Unidos, la PBS repetirá en el espacio de “Masterpiece
Theater” la tercera Temporada de “Victoria”.Veremos a la reina vivir una relación amor-odio con su nuevo ministro
Lord Palmerston; sobrevivir revueltas; perder a Skerret; agregar una nueva hija
a su nursery y luchar por el amor de un esposo, cada vez más incomprensivo,
ahora secundado por una nueva aliada, la hermana de Victoria.
El 20 comienza
“The Witcher” en Netflix. Si me atrae, la comentaremos en Reinos de Fábula.
El martes 25 de diciembre,
tendremos en USA el especial navideño de “Call the Midwife”. Las
monjitas-parteras vuelven a hacer un viaje, esta vez al Norte, a Las Hébridas.
En esas islas escocesas, el personal de la Casa Nonnatus atenderá partos y otras
crisis de esas que saben enfrentar tan bien.
El 26 llega una esperada
sorpresa a Netflix. Al menos es una serie que yo quería ver. Se trata de Le
Bazar des Charites. Anteriormente les comenté a Uds. Sobre esta miniserie
francesa que usa como trasfondo un horrible siniestro que en 1897 cobró la vida
de 126 personas, incluyendo mujeres humildes, monjas, y grandes damas, hasta de
la realeza (ahí falleció asfixiada la Duquesa D’alencon, hermana de la Emperatriz
Sissi).
La serie nos
muestra a tres mujeres que estarán presentes en el bazar y como el incendio
cambia sus vidas. En ocho capítulos seguiremos las aventuras de Rose (Julie de
Bona), criada de la aristocrática Alice de Jeanzin, y de Adrienne de Lenverpré
(Audrey Fleurot), tía de Alice.
Las tres mujeres están presentes en el
incendio. Alice es salvada por un joven anarquista de quien se enamora;
Adrienne, que está casada con un marido abusador, aprovecha que la creen muerta
para huir con su amante; Rose sobrevive, pero queda desfigurada. Lo que le abre
las puertas para hacerse pasar por otra mujer.
Enero Un regalo de Netflix. Aunque la nueva version de Dracula no puede ser vista hasta que la presente la BBC, el servicio de streaming se las arregló para conseguir un permiso especial y el primer fin de semana del 2020 (solo por tres dias) exhibirá esta nueva adaptacion del clásico de vampiros.
El 12 comienza en
el espacio de “Masterpiece Theater” ” Sanditon” basada en la novela inconclusa
de Jane Austen. Yo le tenía fe a este cuento de una joven ingenua (Rose Williams)
que busca amor y encuentra intriga y prejuicios en un elegante balneario, pero
la Gatita Solita me dijo que ha habido quejas de presentismo y ya eso me quito
el apetito.
Febrero
Aunque dejé de seguirla
debo recordarles a los fans de “Outlander” que la quinta temporada inicia en
Starz el 16 y que la cuarta estará disponible en Netflix a partir de diciembre.
Marzo
El 6 cerramos la
temporada invernal con la llegada al “Masterpiece Theater” de ‘World on Fire”
el homenaje de la BBC al aniversario número 80 del inicio de la Segunda Guerra
Mundial. Con un reparto contundente encabezado por Helen Hunt y Sean Bean, “World
on Fire” pretende ser el equivalente Tercer Milenio de la grandiosa “The Winds
of War” y su secuela “War and Remembrance”. A diferencia de esas gemas, WOF
goza de extraordinarios efectos especiales y corrección política. La diversidad
está presente en todas sus formas (hasta hay un musico de jazz gay y negro en
Paris).
A cambio, los
críticos se quejan de caracterizaciones flojas y estereotipos y perpetuación de
mitos (sobre todo respecto a los pobres polacos). También nos la venden como
una serie “sobre gente común y corriente”. ¿Quién quiere ver gente común y
corriente? En fin, habrá que verla para juzgarla.
Y lo último…¡Esto
qe dicen que Netflix traerá en el invierno del 2020! Esta en alemán, pero queda
claro que Gereon y Lotte vuelven en la Tercera Temporada e “Babylon Berlin”.
Lo que viene y
ya está en pantalla
“War of the
Worlds” acaba de terminar en la televisión inglesa …y no ha tenido mucho éxito
a pesar de que se ha vuelto al libro para explorar el mensaje en clave sobre
los males del imperialismo/colonialismo. El problema ha sido la inserción de un
personaje femenino. ¿A quién le puede molestar una serie con Eleanor Tomlinson?
Y desde los 50 que Hollywood anda metiendo
mujeres en cuentos de ciencia ficción.
El problema no es
la presencia femenina sino como la presentan. En el libro, George, el
protagonista (Rafe Spall) tenía esposa que se la robaron los marcianos o algo
así. Aquí, en cambio, tema candente es que George y Amy (Tomlinson) viven en
amasiato lo que los convierte en parias a los ojos de su sociedad. Ese tema y
el constante énfasis de que la prota es una ‘mujer fuerte” (¿levanta pesas?) ha
hecho tambalear una historia de amenazas alienígenas. Parece que al único que
le gustó fue a The Guardian lo que ya te hace pensar.
Mejor suerte ha
corrido “Vienna Blood” basada en la serie de novelas del psiquiatra Frank
Tellis. La historia de un policía vienes de la Belle Epoque que debe contar con
la ayuda de un joven psiquiatra freudiano (judío, of course, of course) ha
gustado por su combinación de cuento de Sherlock Holmes con un toque de Robert
Louis Stevenson, su impecable atmosfera de época y la química entre los
protagonistas.
Al parecer el
2020 no va a ser año de extraterrestres sino de detectives antiguos e historias
de suspenso. En
Showtime han anunciado un proyecto para convertir “The Talented Mr. Ripley” de
la escritora de thrillers neozelandesa Patricia Highsmith.
Como sabrán esta
fantástica novela ha tenido dos buenísimas adaptaciones, la francesa de 1962 “Au
Plein Soleil” con Alain Delon y Maurice Ronet, y la mega producción de Anthony
Minghella del ‘99 con Jude Lowe y Matt Damon. Aparentemente la miniserie o serie
continuaría las aventuras de Ripley por Europa después de su asesinato de Dickie
Greenleaf. Andrew Scott de Fleabag será el tortuoso Ripley. Como Highsmith
escribiese cinco novelas alrededor de Ripley, hay bastante material para una
serie de varias temporadas.
Como si fuera
poco hay rumores de que ITV convertirá en serie las novelas de Lindsay Davis
que giran en torno a Marcus Didius Falco, un detective de la antigua Roma. Roma volverá estar de moda en el 2020. Sky después
de su torpe intento de contarnos la vejez romántica de “Catalina la Grande”
tiene en la mira a otra emperatriz.
En “Domina” pretenden relatarnos la escabrosa
y fascinante carrera de la esposa de Octavio Augusto a quien ya conociéramos
como la insuperable Dame Sian Phillips en “Yo Claudio”. La historia seguirá a Livia
Drucilla desde los días de Julio Cesar cuando su padre (Liam “Davos” Cunningham)
cae en desgracia hasta su muerte durante el reinado de su bisnieto Cayo Calígula
(Mathew McNultey).
Elencos, Lord
Fellowes y HBO
Un proyecto que
yo creía engavetado es la nueva adaptación de Black Narcissus de Rumer
Godden. Pero no, ahora hasta tenemos elenco. Gemma Arterton la protagonizará en
su rol de la disciplinada Hermana Clodagh que, a fines de los Años 30, lejos de
la civilización y en un punto perdido del Himalaya, recordará que es mujer
antes que religiosa. Las otras monjas de este reducto olvidado de la
civilización serán interpretadas por Dame Diana Rigg, Gina McKee, Rosie
Cavaliero, Karen Bryson y Patsy Ferran.
La díscola
Hermana Ruth cuyas hormonas se alborotarán hasta llevarla a la locura homicida
será interpretada por Aislinn Franciosi. Este cuento de represión sexual y rivalidad
femenina provocada por la presencia del atractivo Mr. Dean, (Alessandro Nivola),
la descocada bailarina Kanchi (Dipika Kunwar) y el afrodisiaco perfume Narcisse
Noir, comenzará a filmarse pronto en Nepal.
Otro elenco que
ya se conoce es el de “The Gilded Age” Por fin alguien azotó a las tortugas y
ya se ven movimientos en esa precuela de “Downton Abbey”. La única mala noticia
es que no debemos esperarla sino hasta el 2021. HBO quiere lanzarla junto a la
nueva versión de “Gossip Girl” con la que la comparan. Ósea, TGA será GG en 1882.
Entretanto la versión original de las aventuras de Blair y Serena en The Upper
East Side saldrá de Netflix para trasladarse a la nueva plataforma de streaming
que se espera se ponga en funcionamiento a partir de mayo del 2020 (y avisados,
será más cara que Netflix).
En “The Gilded
Age” la modelo Louisa Jacobson Gummer (otra hija de Meryl Streep) se estrena
como actriz encarnando a Marian Brooks, hija de un general confederado que
viene a pasar una temporada con sus tías neoyorquinas. La acompaña la cantante-actriz
Denee Benton quien dará vida a Peggy, la mucama de color de Marian, una mujer
enigmática y llena de secretos.
Louisa Gummer y su famosa mamá
En el elenco
regular ya tienen apalabrada a Cristine Baranski como la aristocrática Agnes
van Rijhn, Cynthia Nixon será la tía Ada y a la nueva rica Bertha Russel la
interpretará Amanda Peet (Mrs. David Benioff, no lo olviden). Pero no se
preocupen porque Benioff ni se va a acercar a este proyecto. Aquí manda Julian
Fellowes y su gente de la Abadía, incluyendo a Michael Engler quien ya es
veterano de HBO desde sus días de “Sex and the City”.
Sobre otros
proyectos de Lord Fellowes, se sabe que le vendió su historia del futbol
(soccer), “The English Game” a Netflix y “Belgravia” de la que ya hay tráiler, estrena
en EPIX el año que viene.
Volviendo al tema
de la HBO y su continua búsqueda de un nuevo” Juego de Tronos”, les ha ido bien
con “Watchmen” y “His Dark Materials” pero todavía no le apuntan a un mega
éxito. Como sabrán ya cancelaron “Blood Moon” la supuesta precuela de GOT, para
reemplazarla con un nuevo planteamiento sobre el reinado de los Targaryen en
Poniente. ¿Por qué no mejor hacen algo sobre los Targaryen en Valirya? Eso nos interesaría
a todos los troneros.
Entretanto han contratado
a Roberto Aguirre-Sacasa para un par de nuevos proyectos. Aunque no se sabe
para cuándo vendrá la Tercera Temporada de “Las escalofriantes aventuras de
Sabrina”, el nicaragüense ya tiene trabajo en la HBO. Le compraron su propuesta
sobre las novias de Drácula que hacia rato había engavetado la NBC, y tiene también
otro proyecto: una especie de “X-Files” en la era Napoleónica donde la
detective principal será Mary Shelley, obviamente secundada por su marido y
Lord Byron.
¿Cuál de estas
nuevas series les interesan y hay algo más que podamos ver, los amigos del
drama de época, en este invierno que se acerca?
En mi entrada anterior
describí el fenómeno de la miniserie épica que tanto influyó en la imaginación
popular del público estadounidense y hermoseó la televisión de las últimas tres
décadas del Siglo XX. También hablé de como la miniserie épica sirvió para
recordar la contribución de los emigrantes a la Unión Americana. Otro modo en
que la miniserie épica nos benefició fue en sus lecciones de historia, pero ya
entrando en su periodo de decadencia, se enfocó más en personajes faranduleros
y del jet set.
Como dijera
anteriormente, las tres características principales de la miniserie épica
fueron a) limitación a determinado número de capítulos; b) estar basada en
algún tipo de literatura y c) tener lugar en el pasado. Debido a eso, las
mejores miniseries épicas fueron históricas. La miniserie de ese periodo se
puede dividir entre las situadas en el periodo clásico; la historia europea
pre-siglo XX; la Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial.
El Lado Epico
de los Presidentes
Antes de comenzar
a explorar estas avenidas históricas querría retroceder al final de mi entrada
anterior. Al hablar de la experiencia irlandesa en USA, hice alusión a la media
docena de telefilmes y miniseries que rindieron culto a John Fitzgerald Kennedy
y a su familia. Ocurrió algo parecido con otra “realeza” política
estadounidense: Los Roosevelt. Aunque Theodore Roosevelt todavía no ha
ameritado una biopia que lo retrate en todas sus dimensiones, diferente es el
caso de su sobrino Franklin Delano Roosevelt, otro presidente que ha adquirido
un aura heroica en la ficción.
Después de haber
interpretado a Roosevelt en su juventud en el filme “Sunrise at Campobello”,
Ralph Bellamy volvió a sentarse en una silla de ruedas y a ponerse la boquilla
entre los labios para ser FDR en “The Winds of War” y en “War and Remembrance”.
Sin embargo, Roosevelt y su esposa, la infatigable Eleanor, merecieron su
propia épica en “Eleanor and Franklin” (1976), una bellísima y fidedigna
recreación de la vida de estos fascinantes primos, de su entorno, de su
compromiso, boda y primeros años de matrimonio.
Edward Hermann
tuvo a cargo la tarea de encarnar a un FDR joven y prometedor. Jane Alexander
lo superó como la poco agraciada prima que se convertiría en su compañera, y en
un referente positivo para su generación y las siguientes. Un año más tarde vendría
la secuela “Eleanor y Franklin: Los años de la Casa Blanca” (con subtitulos en español) que cubriría todos
los gobiernos de FDR hasta su muerte prematura en 1944. En total, ambas series
cosecharían 18 Emmys.
Aprovechando este
interés nostálgico, la ABC presentó un proyecto diferente que combinaba la
fascinación por lo que sucedía en la Casa Blanca a puertas cerradas, con el
éxito alcanzado en la televisión gringa por la serie inglesa “Upstairs,
Downstairs”. La idea era mostrar la vida familiar de los presidentes a través
de la óptica de sus criados. Para mayor ventaja esto es vincularía con el auge
de programas televisivos dedicados a los afroamericanos puesto que “Backstairs
at the White House” (1979) se inspiraba en el libro de Lillian Rogers y en el
diario de Adele Rogers, madre de la anterior. Ambas obras describían el
servicio doméstico de Las Rogers en la Casa Blanca por más de tres décadas.
Olivia Cole y
Leslie Uggams (las dos habían tenido roles importantes en “Roots”) dieron vida respectivamente
a Maggie y a Lilian, y una plétora de reconocidos actores se encargó de encarnar
a todos los presidentes de Estados Unidos desde William Taft hasta Eisenhower.
La serie fue muy exitosa y ameritó once nominaciones a los Emmy (solo ganó como
Mejor Maquillaje).
Con esa serie se
cubrió la épica de la nación desde el punto de vista de sus gobernantes, ¿pero ¿qué
ocurría con los pioneros? ¿Con los grandes próceres del siglo XIX y sus
antecesores los Padres de la Independencia de los Estados Unidos? Pues, medio
siglo antes de la aclamada “John Adams”, tuvimos “The Addams Chronicles” (1976),
tan insípida que nadie la recuerda. La realidad es que los Addams serían muy
influyentes, pero aburridos.
Barry Bostwick
dio vida al primer presidente de la Unión Americana en “George Washington” (1984).
La serie tuvo una acogida respetable y seis nominaciones a los Emmy. ¡Cielos!
No ocurrió lo mismo con su secuela “George Washington: The Forging of a Nation”
que obtuvo uno de los ratings más bajos alcanzados por una miniserie épica.
Parecía como si
los presidentes pretéritos de Estados Unidos no fuesen lo suficientemente épicos
para miniseries. Thomas Jefferson solo mereció una miniserie inspirada por sus
escapadas sexuales con una esclava. Así tuvimos a Sam Neill y a Carmen Efogo en
“Sally Hemmings: An American Scandal” en
1998.Algo parecido ocurrió con el general/presidente Eisenhower. “Ike: The War
Years” (1998) giraba en torno al affaire, durante la guerra, del futuro
mandatario (Robert Duval) y su chofer (Lee Remick).
Abe Lincoln era
tan honesto que ni para escándalos daba, pero su figura inconfundible aparecía
encarnada en miniseries sobre la Guerra de Secesión como en “North and South”
donde lo interpretó Hal Holbrook y en “The Blue and the Gray” donde le dio vida
nada menos que Gregory Peck. Fue solo en 1999 que Sam Waterston protagonizó una
miniserie dedicada nada más que a Honest Abe, “Lincoln”, basada en la biografía
de Gore Vidal.
Cuando la
Miniserie Daba Clases de Historia
Es de imaginarse
que la historia de una nación relativamente joven, sobre todo su primer siglo
de vida proporcionaría amplio material para miniseries épicas. Curiosamente,
para el país de los westerns, el mundo de los vaqueros no tuvo mucha presencia.
Las miniseries más recordadas son “Centennial” (1976) “Buffalo Girls” (con
Anjelica Huston como Calamity Jane) y” Lonesome Dove” (1989).
Si alguien se
puede envanecer de habernos enseñado el lado épico de la historia estadunidense
decimonónica fue John Jakes cuyas series de novelas serian adaptadas a lo largo
de los 70 y 80. Se comenzó adaptando “The Bastard” en 1976. El tremendo éxito
de la historia de Philip Kent que, de campesino francés, pasa a bastardo de un
duque inglés y luego patriota en la Guerra de Independencia de los Estados
Unidos, llevó a seguir las aventuras de Philip en “The Rebels” en 1978. Pero
“The Seekers” que narraba las aventuras de los nietos de Philip pasó sin pena
ni gloria y acabó con las adaptaciones de la larga saga de la Familia Kent.
Sin embargo,
Jakes tenía muchas historias que contar. En 1986, la NBC nos pasó “North and South”
basada en la primera novela de su trilogía. La historia gira en torno a dos
amigos y camaradas de West Point: Orry Main (Patrick Swayze), hijo de un dueño de
plantación del Sur, y George Hazard (James Read) proveniente de una familia de
industriales de Pennsylvania. La serie nos muestra sus vidas, sueños, amores, y
nos presenta sus familias. Importantísimo es el villano Elkanah Bent (Philippe
Casnoff), que desde West Point se las tiene jurada a Orry y a George, y tendrá
muchas oportunidades para vengarse.
“Norte y Sur” fue
un mega éxito, se la sigue catalogando como la séptima miniserie más vista de
la historia y ganó un merecido Emmy por vestuario. Al año siguiente, siguió la
saga con una adaptación del segundo libro que narra los efectos de la Guerra de
Secesión en las vidas de los Main y los Hazard. Un acierto fue que los escritores
dejaron vivo a Orry al final, en vez de matarlo como en la novela. Orry moriría
al comienzo de la adaptación de la tercera parte “Heaven and Hell” (1996) l y
eso contribuiría (también que habían pasado ocho años desde la miniserie
original) a que esta versión no tendría el éxito de las anteriores.
Épica y magnifica
como fue “North and South”, hoy recibiría muchas críticas por su enfoque histórico
sobre todo en el tema de la esclavitud. A diferencia de historias étnicas como
“Roots”, su visión de la esclavitud bordeaba en la de “Lo que el viento se
llevó”. Había esclavos buenos y devotos y otros malos y alborotadores. David
Carradine interpretaba a un perverso dueño de esclavos lo que contrastaba con
los benévolos Main cuya plantación también era sostenida por el trabajo
obligado —y no remunerado— de negros. Aun antes de saberse hija de mulata,
la heroína Madeleine (Lesley Anne Down) era gentil y cariñosa con los esclavos.
En cuanto a los
abolicionistas, tanto personajes reales como John Brown (Johnny Cash) o
ficticios como Virgilia Hazard (Kirstie Alley) eran retratados como fanáticos.
Virgilia era tan histérica y peligrosa que en la serie prefirieron matarla
porque ya era casi villana. Estas ambigüedades aparecerían en casi todas las
miniseries sobre la Guerra de Secesión de los 80, principalmente en la
adaptación de Beulah Land de Lonnie Coleman.
Beulah Land fue un tipo de novela muy de moda a
comienzos de los 70 que combinaba el género “magnolia y luz de luna”—cuyo
mejor ejemplo es GWTW— con otro tipo de ficción, las novelitas eróticas
tipo Mandingo. Yo aprendí inglés y todo sobre kinky sex gracias a
Beulah Land. La serie en cambio (a la que le rebajaron la mitad del sexo
presente en el libro) se concentró en imitar la obra de Peggy Mitchell, con fieles
y felices esclavos y una heroína (Lesley Anne Warren) que sobrevivía
infidelidad propia y de su esposo, traiciones, violación, ect. Todo para luchar
por una plantación que ni siquiera era de ella y que casi perdía por culpa de
los perversos yanquis (quienes solo violaban a exesclavas).
Oh y su hermana (Meredith
Baxter) que era villana se redimía atendiendo heridos en Atlanta, y debía huir
de la ciudad y de Sherman arrastrando, no una cuñada recién parida, pero si un
yerno que había perdido la vista. Ya eso fue como mucho para mí en una serie
que como dijo Joan Hanauer “tiene algo que ofende a casi todo el mundo”.
La Fascinación
con la Segunda Guerra Mundial
Nunca he
entendido porque la miniserie épica se concentró solo en dos conflictos de la
historia estadounidense: La Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial.
Entre 1975 y 1995 no se hizo ninguna miniserie sobre la Guerra con México,
sobre La Guerra del 98, La Primera Guerra Mundial, ni siquiera Vietnam, aparte
de “A Rumor of War” que no tuvo mucho éxito, era bastante aburridita. Fue a
finales de los 80 cuando aparecieron series de televisión como “Tour of Duty” o
“China Beach” que la guerra en Indochina adquirió niveles épicos.
Incluso la guerra
en el Pacifico recibió menos atención que el teatro de acción europeo. En 1977,
tuvimos “Pearl” cubriendo los eventos que llevaron al ataque japones en Hawái.
Mas melodrama que historia, sus escenas del bombardeo fueron robadas del filme épico
“Tora, Tora, Tora”.
Aun así, me gustó
más” Pearl” que la adaptación en formato de miniserie del clásico de James Jones
“De aquí a la eternidad” (1979). Como el filme, la miniserie se concentró en
las escenas de cama de William Devane y Natalie Wood, en los roles de Burt
Lancaster y Deborah Kerr. Aquí faltaron las sólidas actuaciones de Montgomery
Clift, Frank Sinatra y Ernst Borgnine. Aun así, tuvo tanto éxito que se intentó
convertirla en serie de televisión, pero no pasó de una temporada.
Debido a que los
70 fue una época de nostalgia de los 40, se adaptaron muchas novelas que tenían
lugar en ese tiempo y más de una miniserie épica cubrió las experiencias
bélicas de los protagonistas, esos fueron los casos de las novelas de Anton
Myrer “Once an Eagle” y “The Last Convertible” En los 80s se siguió esta tradición con adaptaciones de sagas familiares
de novelistasdel género rosa como Judith
Kranz (“Crossings”y “Mistral’s Daughter”) y de Danielle Steele ( “The Jewels” y “The Ring”) .
Pero en 1983
llegó la gran miniserie épica sobre la Segunda Guerra Mundial y la que muchos
creen fue la mejor miniserie de ese tiempo. Herman Wouk había creado no solo la
gran novela americana sobre el conflicto con su The Winds of War y
War and Remembrance, también había llegado un peldaño menos que La
Guerra y La Paz de Tolstoi con su saga de La Familia Henry, típica familia (militar)
estadounidense.
Cuando a Víctor Henry (Robert Mitchum) lo
mandan como agregado naval a Berlín en 1939, su familia compuesta por su
frívola esposa (Polly Bergen) y su hija adolescente (Lisa Eilbacher), ni se
espera una guerra ni el papel que jugarán en ella. Tampoco se lo esperan los
otros hijos. Warren (Ben Murphy), el
mayor, que ha cumplido con todas las ambiciones de la familia ahora es un
oficial de marina como su padre.
El otro protagonista de la novela es Byron
(Jan Michael Vincent), la oveja negra de la Familia Henry. Byron, que no encuentra
su lugar en el mundo está pasando sus vacaciones de verano en la Italia
fascista como asistente del famoso novelista judío Aaron Jastrow (John
Houseman). Así conocerá a Natalie (Ali McGraw), sobrina de Aaron, que se convertirá
en su gran amor.
La adaptación fue
primorosa. A pesar de que la novela acaba con el ataque de Pearl Harbor, no
escaseaban las escenas de batalla. La invasión de Polonia es vista a través de
los ojos de Byron y Natalie quienes han llegado a visitar a los otros Jastrow, la
familia de Berel (Topol), hermano de Aaron. En Berlín, los Henry tienen acceso
a la corte hitleriana, pero también son testigos de la persecución de los
judíos.
Byron y Natalie en Polonia
El casto romance
de Víctor con la joven inglesa Pamela Tudsbury (Victoria Tennant) le permite
experimentar el Blitz de Londres. Ese romance los seguirá en un reencuentro en
la Rusia estalinista. Berel Jastrow quien con su familia está viviendo en la
parte de Polonia ocupada por los soviéticos, se ve nuevamente en peligro tras
la invasión alemana y decide unirse a los partisanos.
Victor y su amor prohibido por Pamela
Byron tras ver
como los alemanes se comportan en Europa, está seguro de que USA debe entrar a
la guerra. Vuelve a su país y se enlista en la marina. Tiene un breve
interludio con Natalie en Lisboa que les permite casarse, pero Natalie, que es
ciudadana americana, no quiere abandonar a su tío que no lo es y regresa a
Italia donde dará luz a Louis, el hijo de Byron. La serie acaba con el ataque a
Pearl Harbor en el que se hunde el barco del cual Víctor es capitán.
Natalie atrapada en Italia con su hijo
Filmada en
Croacia, Italia, Viena, Múnich y Londres,” The Winds of War” fue un exitazo,
cosechando múltiples nominaciones al Emmy y ganando estatuillas por cinematografía,
vestuario e iluminación. Un único problema fue el reparto. Jan Michael Vincent y Ali McGraw eran
demasiado viejos para sus roles. Jean Michael se la pasaba borracho y Ali, con
sus morisquetas, parecía estarse auto parodiando. Hubo que decidir si eran
dignos de integrar el elenco de la próxima adaptación. Otro problema fue John
Houseman quien falleció tras interpretar a Aaron Jastrow.
En 1986 la BBC
estrenó “War ad Remembrance”. Sir John Gielgud ganaría un Globo de Oro por su
maravillosa interpretación de Aaron Jastrow. Jane Seymour seria nominada por su
espectacular interpretación de Natalie Jastrow Henry, y Hart Bochner hizo un
competente trabajo como su marido Byron.
Sin embargo, y aun siendo ganadora de
tres Emmy, “War and Remebrance “fue un mega fracaso en sintonía. A pesar del
inmenso presupuesto, de ser la primera obra de ficción visual filmada en
Auschwitz, a pesar del éxito del libro, a pesar de que el mismo Wouk escribió
el guion, a pesar de las soberbias actuaciones “Recuerdos de Guerra” cometió el
error de no tratar a la miniserie como tal.
Parece una
ironía, pero “Vientos de Guerra “duró siete días consecutivos. Cada noche, al
acabar cada episodio sabíamos que al día siguiente continuaría. “Recuerdos de Guerra”
duró 30 horas divididas en una docena de entregas (dos más que “Band of
Brothers”). Eso es lo que hoy llamaríamos una temporada. El público no estaba
acostumbrado a ese ritmo. Agréguenle que decidieron, por no sé qué peregrina razón,
no ofrecerla ni los sábados, ni los lunes. La teleaudencia perdió ese hilo de
continuidad al que las miniseries los habían acostumbrado.
Mas encima, el
apegarse al libro, el intentar cubrir todas las variaciones del tema de la
Segunda Guerra Mundial, el seguir a cada personaje en un continente y espacio
diferente (Victor y sus hijos en el Pacífico, su mujer en USA teniendo un affaire
con un científico involucrado en el Proyecto Manhattan, los Jastrow gravitando de
país en país en la Europa Ocupada hasta caer en Auschwitz, y hasta Pamela
atrapada en Singapur) hacia la acción más lenta y por ende poco interesante.
El primer
episodio fue tres horas tan ocupadas en mostrarnos a cada personaje en su
espacio geográfico que no pasó nada importante. Ahí mi padre se descolgó de la
serie y eso que era un enamorado de los libros. Mi Ma aguantó hasta el segundo
o tercer capítulos donde ver pilas de cadáveres de judíos azulencos y cubiertos
de moscas la hizo retroceder asqueada. No fue la única, Sir Elie Wiesel
escribió un airado editorial en The New York Times denunciando “La Pornografía
del Holocausto”.
Al final yo fui
una de las pocas personas que la siguió religiosamente. Todos fuimos recompensados
con los últimos cinco episodios que son obras de arte y aun hoy me conmueven
hasta las lágrimas.Es una suerte que estén completan en YouTube
tanto “Vientos de Guerra” como “Recuerdos de Guerra”, ambas con subtítulos en español. Les
aconsejo (casi les ordeno) verlas si no las han visto.
Natalie y su tio llegan a Terezin
Revisando la
lista de miniseries épicas, resalta la fascinación con la Europa ocupada, el
auge del fascismo y los actores de la Segunda Guerra Mundial. Mas allá de
nostalgia, existía un fuerte interés por el periodo que incluso en el cine acabaría
con el siglo y retornaría a mediados de esta década con ese repulsivo tufillo
de revisionismo histórico.
En otro post discutí
los filmes del holocausto, pero tuvimos miniseries rarísimas: Perry King interpretó
a un americano en el Paris Ocupado en “The Man Who Lived at the Ritz”; Dame
Joan Collins jugaba a ser de la Resistencia en “Montecarlo” y Dyann Cannon se
infiltraba en un stalag, un campo de prisioneros ingleses, para rescatar a su
hijo (Hugh Grant) en “Jenny’s War.
Aunque no
alcanzarían la maestría de Robert Carlyle en “Hitler: Portrait of Evil” que
corresponde a otro siglo, muchos actores dieron vida al Fuhrer, ¿los mejores
según mi criterio? Steven Berkoff en “War and Remembrance” y Anthony Hopkins (que
todavía no era Sir ni famoso) en “The Bunker” (1981). Mussolini en cambio tuvo
el dudoso honor de ser tema de dos miniseries en el mimo año. En 1985, la NBC
nos presentaba al Duce encarnado por George. Scott en “The Story of Mussolini”.
Mas tímida, CBS nos mostró a Bo Hoskins como el dictador italiano en “Mussolini
and I”.
Steven Berkoff como el Fuhrer
La fascinación
por los Nazis abarcaba su corte y era examinada en miniseries basadas en memorias.
“The Nightmare Years” (1989) tenía a Sam Waterston interpretando a William
Shirer en su etapa de corresponsal en los 30 en la Alemania Nazi y en la Viena
post-Anschluss. Rutger Hauer debutó en la televisión estadounidense como Albert
Speer, el arquitecto de Hitler, en la miniserie “Inside the Third Reich” (1982).
Aprovechando esa
vena, el holandés volvería en 1984 como un oficial ruso en “Escape de Sobibor”
y protagonizaría en 1994, “Fatherland”. la primera miniserie sobre ese tópico de
la historia alternativa, en la que la Alemania Nazi gana la guerra. Esta afinidad
con la Segunda Guerra Mundial tendrá su broche de oro con “Band of Brothers”
que en el 2001 no solo termina con el tema bélico, sino que además es la última
miniserie épica que merezca ese nombre.
Entre Josefina
y Eva Perón
Sobre quienes se
pregunten si las miniseries épicas eran exclusivamente sobre guerras y etnias,
hubo un intento de hacer otras miniseries sobre periodos de historia europea pre-siglo
XX. Curiosamente a pesar de altos presupuesto y elaboradas cinematografías, “Marco
Polo” (1982), una coproducción con la RAI no tuvo éxito y hoy es tan olvidada
que ni hay versiones en DVD. Yo la encontré aburrida, sin el dinamismo que debe
tener una serie de aventuras y el obligatorio romance resultó indigesto.
Tuve la misma
sensación con “Cristóbal Colon” (1984). A pesar de la dirección de Alberto Lattuada
y del magnífico reparto, de nuevo me tropecé con el libreto. Presentismo,
revisionismo, un mal sabor de boca y nunca acabé de verla. Mas o menos lo mismo
que me ocurrió con “Napoleon and Josephine: A Love Story” (1987). Cero química
entre Armand Assante y Jacqueline Bisset, su apasionado romance se parecía más
a los conflictos amorosos de la soap opera de sobremesa que a una pasión que
transformó la historia.
El problema es
que en Estados Unidos los conocimientos de la historia universal (Y hablo de un
nivel académico) no pasan de algunos periodos. Su visión de los grandes eventos
de la historia europea es parroquial y limitado. Por eso aun sus mayores
esfuerzos como en su exploración de la historia rusa en “Pedro, el Grande” (1986),
muy recordada por la fantástica actuación de Maximilien Schell, y “Catalina la Grande”
con Catherine Zeta-Jones (1995) tampoco fueron muy memorables.
Tal vez las
reinas y emperatrices no eran muy interesantes como iconos de poder en los 80, más
éxito tendrían otras imágenes de mujeres poderosa. Judy Davis e Ingrid Bergman
se encargarían de dar vida a a la Primera Ministro israelí en “A Woman Called
Golda” (1982). Y antes del triunfo de Evita en Broadway, Faye Dunaway
hacia un personaje muy camp en “Evita Peron” (1981).
De Como Jesus
se Convirtió en el Héroe de la Miniserie Epica
Mas seguro
pisaron las miniseries cuando se adentraron en territorio “Cecil B. De Mille”,
ósea la Antigüedad. A pesar de cierto revisionismo, me agradó lo que Leonorcita
Varela, su novio Billy Zane, y el que no era su novio, Ciaran Hinds, hicieron
con “Cleopatra” en el ’99. Ciertamente mucho mejor que la repelente “Roma”.
En la gran era de
las miniseries épicas tuvimos erupción del Vesubio en “Los Últimos Días de
Pompeya” (1984); judíos vs romanos en “Masada” (1981) y cristianos lanzados a
los leones en “Annus Domini” (1984), pero la más impresionante no fue una
producción americana, aunque su elenco estuviera compuesto por actores
angloparlantes.
“Jesús de
Nazareth” (1977), una coproducción anglo-italiana, escrita y dirigida por el magnífico
Franco Zefirelli merece más espacio. Baste decir que fue una producción que
tuvo las bendiciones del Papa Pablo VI y del gran Rabino de Roma y que una
década más tarde, la revista TV Guide la consideró “La Mejor Miniserie”de todos
los tiempos. Que contó con un elenco donde se combinaron los talentos de Rod Steiger,
Sir Peter Ustinov, Christopher Plummer, Janes Mason y Sir Laurece Olivier.
Junto a ellos brillaron estrellas de cine europeo como Don Fernando Rey y
Claudia Cardinale.
Me da un poquito
de vergüenza decir que ver Jesús de Nazareth fue más entretenido que leer los
Evangelios, que era una serie diversa y de mente abierta, con judíos buenos,
con un Judas más humanizado y con mucho énfasis en el rol de las mujeres en
vida y ministerio de Jesús desde Maria Magdalena hasta Herodías. Tuvimos a
Salome la de los 7 Velos, a la adultera (Zefirelli la separó de Maria
Magdalena) pero también vimos a todas las santas (Isabel, Ana y Marta) y sobre
ellas a Olivia Hussey exquisita como la Virgen Maria.
Iba a callar lo
que me enloqueció de “Jesús de Nazareth” pero no sería una gata seriefila
honesta si no mencionase al “eye candy”. La serie era para darse taquitos de
ojo a granel. Y no hablo de los ojazos azules del Robert Powell (si ya sé que Jesús
no tenía ojos claros). Pero Uff, Christopher Plummer deliciosamente malévolo
como Herodes Antipas; Ian Mc Shane jovencito y arrebatador como Judas el
Traidor, ¡y Ohhh! Sir Michael York como
San Juan Bautista. Yo que Salome no le corto la cabeza, me lo sirvo enterito en
bandeja de plata. Pero quien me tuvo babeando por una semana fue James
Farentino como el San Pedro más sexy que hayan visto en pantalla.
Judas, Santiago Matamoros y San Pedro
Algo que dejé
para el final fue un ingrediente que más allá de cinematografías espectaculares
e historias que capturaban la imaginación, dio sabor a la miniserie: los
actores. Para el público setentero era un lujo poder ver en pantalla junto a
nuevos talentos a estrellas clásicas de Hollywood y grandes nombres del cine.
Lord Olivier estuvo en cuatro miniseries épicas (sin contar su rol de Lord
Marchmain en “Brideshead Revisited”); Sir John Gielgud le ganó actuando en seis
miniseries estadounidenses incluyendo la horrenda “Scarlett”.
Actores del
Pasado, Nuevas Estrellas y los Reyes de la Miniserie Epica
Pero para la
generación de mis padres, era un asombro y un placer volver a ver a sus
estrellas de matiné ahora más maduros en roles secundarios y contundentes y mi
generación aprendió a reconocer el talento de estos histriones y nos hizo
interesarnos en verlos en sus días de gloria en el viejo Hollywood. Por ejemplo,
la primera miniserie épica “QB VII” tuvo un elenco en el que destacaban Lee
Remick, Signe Hasso, Dame Leslie Caron, Dame Edith Evans, Sir Anthony Quayle,
Sir John Gielgud, y Sir Jack Hawkins en su último rol. Con tanto nombre, solo
yo noté con mi ojo depredador la belleza de un joven recién llegado llamado
Anthony Andrews quien, una década más tarde, sería uno de los rostros más
apetecidos por telefilmes y miniseries épicos.
Sir Anthony Hopkins, Dame Leslie Caron y Anthony Andrews
El elenco
secundario de ‘Rich Man Poor Man” parecía salir de una gran producción de los
50: Dorothy Mcguire, Gloria Grahame, Van Johnson, Dorothy Malone, Ray Milland.
Galanazos de Hollywood no tenían empacho en aparecer en miniseries. Así
tuvimos a Henry Fonda y Marlon Brando en “Roots: The Next Generation”, James
Stewart en “North and South”y Gregory
Peck en “The Blue and the Gray”. Por
supuesto el que renació en las miniseries épicas fue Robert Mitchum como protagonista
de la saga de Herman Wouk.
A la par de hacer
renacer a grandes estrellas, las miniseries épicas contribuyeron a crear
estrellas de cine. Nick Nolte saltó a la fama con “Rich Man, Poor Man”. Pierce
Brosnan debutó en la televisión estadounidense con “The Manions of America” a
la que seguiría su primer rol famoso en la serie de detectives “Remington
Steele” y antes de ser James Bond protagonizó otras dos miniseries épicas
“Noble House” y “La vuelta al mundo en 80 días”.
Antes de
convertirse en el mejor actor de su generación y de ser armado caballero,
Anthony Hopkins se ganó al público norteamericano interpretando complejos roles
en telefilmes y miniseries épicos. Así fue el medico polaco acusado de crímenes
contra la humanidad en “QB VII”; Hitler en “El Bunker”; el pobre “Jorobado de
Notre Dame” y un doctor empeñado en vengarse del agente de la Gestapo que mató
a su mujer en “Arco de Triunfo”.
En estas dos últimas
producciones hizo pareja con una hermosa actriz británica que se hizo
reconocible más por su carrera televisiva que por sus apariciones en el cine.
Lesley Anne Down, tal como Olivia Hussey, hallaría una fuente de fama en las
miniseries épicas. De “Upstairs Downstairs” pasó a “Los Últimos Días de
Pompeya” donde se le inventó un rol para ella especialmente. Luego sería la
gran protagonista de las tres temporadas de “Norte and South” para acabar con
mucha dignidad y muchos premios en otro género televisivo, las soap operas.
Lesley-Anne Downe y Anthony Andrews en Upstairs-Downstairs
Como Madeline en North and South
No se puede mencionar
a las actrices de miniseries épicas sin mencionar a su reina: Jane Seymour, de
quien he hablado en un post dedicado solamente a ella. ¿Pero si Jane Seymour
fue la reina de las miniseries épicas, quien fue el rey? Hubo muchos actores que cultivaron el género
como Perry King, Bruce Boxleitner y hasta Richard Thomas, pero el monarca
indiscutible fue Richard Chamberlain.
Tras hacerse
famoso como el “Dr. Kildare” en los 60, y lograr un éxito mediano en el cine,
Dick encontró su reino en las miniseries épicas donde entró primero en el
western épico “Centennial” en 1976 para luego capturar a todo un universo de
fans como el marinero ingles que en la era isabelina descubre la existencia del
Japón de los samuráis en “Shogun”. Chamberlain que ya había cosechado fama en
la televisión de los 70 protagonizando adaptaciones de novelas de Dumas como
El Conde de Montecristo y El hombre de la máscara de hierro, ganó un
Globo de oro por su trabajo en “Shogun” (en español).
Ganaría otro,
tres años más tarde como el cura enamorado en la apoteósica “The Thorn Birds”
basada en el superventas de Colleen McCullough. Aunque no hubo mucha química
entre Dick y Rachel Ward que interpretaba la ingenua Meggie que lo hace olvidar
sus votos sacerdotales, esta saga sobre una familia irlandesa en el Outback
australiano fue todo un éxito y definitivamente coronó a, Richard Chamberlain
Rey de las Miniseries.
En 1985 fue
nominado al Emmy y al Globo de Oro al dar vida al trágico diplomático sueco que
rescató judíos en la Hungría Ocupada en “Wallenberg: A Hero’s Story”. En 1987
dio vida al famoso aventurero y amante en “Casanova”; en 1988 protagonizó “Dream
West” donde interpretó al legendario fotógrafo Charles Fremont y fue el primer
Jason Bourne en la adaptación a formato de miniserie de “The Bourne Identity”
(1989).
A pesar del éxito
logrado y el impacto que tuvieron las miniseries épicas, como genero comenzaron
a fenecer en los 90. Fueron reemplazadas por un nuevo subgenero, las biopias
que tanto cubrían la vida de millonarios como Barbara Hutton y Onassis como la
vida de estrellas de cine y de cantantes como la bochornosa “Sinatra” donde La
Voz era interpretada por un mediocre Philip Casnoff que ni voz tenía (las canciones
fueron dobladas por Frank Sinatra Jr.)
El Siglo XXI con
el auge del cable, el recelo que sienten por los period pieces (“Mejor se los
dejamos a los ingleses”), y cierta fe en que el mejor programa es el que genera
un fandom que permanecerá fiel por varias temporadas, convirtió a las
miniseries épicas en un dinosaurio. Sin embargo, sin ese modelo no hubiesen
existido series exitosas como “Los Tudor” “El Imperio del Contrabando” y “Juego
de Tronos”.