Hace rato que
deseaba ver una serie Feel Good y la encontré en Julia, la biopia de
Julia Child que estrenó el 31 de marzo en HBO. Los que vimos Julie and Julia
reconocemos factores comunes entre ambas producciones: la personalidad bullente de la gran chef y el
tema perpetuo de las propiedades mágico-terapéuticas de la comida. Agreguémosle el fascinante tópico de las
dinámicas de un buen matrimonio y ya nos sentimos atraídos por la serie como si
tuviese un aroma a hierbas de Provenza tan usadas por Mrs. Child en su cocina. Pero
la serie nos trae datos novedosos, desde el nacimiento de la televisión pública en
USA, de cómo Julia Child fue parte del fenómeno cultural que sigue siendo la PBS,
hasta— contradiciendo a Betty
Friedan— la forma en que la cocinera promovió un nuevo tipo de feminismo o una
nueva vía de empoderamiento de la mujer.
Sabemos tanto de ella
que la HBO ha corrido un riesgo laborando alrededor de un icono reconocible por
generaciones de norteamericanos y gourmets de todo el mundo. Julia Child
falleció en este siglo, pero su carrera de chef abarcó casi 50 años. Su
presencia sigue viva en canales de televisión dedicados nada más que a sus
programas, media docena de libros sobre
ella y media docena de libros de cocina, algunos llenos de datos biográficos.
Aparte de su biografía, legó sus diarios y correspondencia a los Biblioteca del
Congreso (algo similar hizo su marido).
Digamos que sobre
Julia Child no se puede mentir, todo lo que muestre la ficción es cotejable con
el vasto material biográfico que la rodea. Eso hace a la serie muy refrescante
cuando se adhiere a la verdad, y muy
irritante cuando, sin motivo aparente, cambia personalidades y eventos.
La producción de
la HBO ha elegido un ángulo diferente al que tomó Nora Ephron en su Julie
and Julia. En ese filme, recorrimos la carrera de Julia desde su encuentro
con la cocina francesa , viviendo en Paris en Los 50, con su marido diplomático
, hasta la publicación de su libro seminal.
En Julia,
seguimos el progreso de la cocinera desde la publicación de su libro, estando
ella y su marido en Noruega, hasta su retiro en Massachusetts y el evento que
la saca de su confort zone para convertirla en una celebridad
televisiva. Antes de internarnos en esa aventura sería interesante ver el
origen de Julia Child, ¿quién era antes de conseguir ese marido perfecto y de
probar un Lenguado Meunier, el detonador de su carrera como Gourmand y Gourmet?
Entre Big John y Paul Child
Como
venenosamente dice Emily Heil en The Washington Post, Julia Child venía de “riqueza y privilegio”.
Dos palabrejas que hoy invitan a una cancelación inmediata de quien posee esos
atributos. El padre de Julia, se llamaba
John McNeill. Hasta sus hijos usaban su apodo de “Big John” y aunque nos lo muestran
como un ranchero ricachón y ordinario (le pone hielo al vino tinto) era un graduado
de Princeton. En pocas palabras, era de clase patricia y era un caballero. La
madre de Julia era Caro Weston, una rica heredera cuyo padre había sido
gobernador de Massachusetts. Julia nació en California, en 1912, siendo la mayor
de tres hermanos.
Nada en su
infancia o adolescencia indicaba que sería una gran cocinera. Más interesada en
los deportes, que, en cosas domésticas, Julia tenía conciencia que su
desmesurada altura la hacía diferente a las demás chicas. Debido a eso comenzó
a cultivar un gran sentido del humor y un optimismo inquebrantable. Como
menciona su padre en la serie, era siempre la payasa del grupo. Eso no quita que
fuese en otros aspectos—y a pesar de su boquita de alcantarilla,—una
dama refinada. Cuando en la serie, el padre le exige que se comporte como una
dama ella le responde ‘”soy una dama, Papá, solo que no soy lo que tu defines
como tal”. Ese podría ser el tema de la serie. La originalidad de Julia Child,
que nunca fue como las demás mujeres, por eso fue una pionera en muchas cosas e
inclusive su tipo de feminismo era sui generis.
Graduada de
Smith, con una licenciatura en historia, por algunos años Julia se desempeñó en
áreas de publicidad. Entrados los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial,
Julia quiso alistarse en el ejército, pero otra vez su altura le jugó una mala
pasada. Acabó como archivista y secretaria en la OSS, la oficina de operaciones
encubiertas que precedería a la CIA. No se sabe mucho del trabajo de la Señora
Child en la OSS, pero se sabe que en su estadía en el Lejano Oriente (Ceylán y
China) manejó archivos Top Secret y que creó un repelente para tiburones todavía en uso.
Mas importante,
fue que en esa etapa (en lo que es hoy Sri Lanka) conoció a Paul Child. Veintiún años mayor que
Julia, Child había llevado una vida fascinante. Un autodidacta sin título universitario
había recorrido el mundo en la marina mercante y vivido en Paris por muchos años,
durante los cuales se había desempeñado como maestro de inglés y restaurador de
vitrales medievales, entre otros empleos.
La serie es un poco ambigua sobre el talento de Paul Child al igual que en su contribución a la carrera de su mujer. Lo cierto es que expertos han elogiado su pintura y su arte fotográfico. Como artista, Paul se movió entre los círculos bohemios de Paris haciendo amistad con otros expatriados como Hemingway y Gertrude Stein. Además de artista, era un conocedor de muchas disciplinas, un francófilo total, y dueño de un refinado paladar.
Como sabemos los
que vimos Julie y Julia, fue Paul el que introdujo a su esposa (se
casaron en 1946) a la Haute Cuisine. Poco después del matrimonio, Child postuló
al servicio diplomático estadounidense y la pareja se trasladó a Paris. Quiero
resumir un poco esta etapa tan conocida través de libros, documentales y filme,
haciendo hincapié en dos aspectos.
El primero, John McNeil
ayudó económicamente a su hija y yerno, lo que les permitió vivir lujosamente.
Segundo, Julia se volvió más francófila que su marido. Su amor por Francia se tradujo
en una pasión por los platillos franceses que el degustarlos ( como dice) fue como perder su virginidad por segunda vez.
Algo que es transparente en la serie es que para Julia había dos apetitos
primordiales en la vida: buen sexo y buena comida. Que fuese su esposo el que
le despertó ambos es una indicación de la influencia de Paul Child en la
construcción de Julia Child y su leyenda.
Hago hincapié en
esto porque la serie —en típica onda mitutera— intenta convertirlo en
un personaje negativo o superfluo. No hay vez que Julia o sus biógrafos mencionen
a Paul sin agregar lo que el significó en la vida y profesión de su mujer. Que
vengan Daniel Goldfarb y la HBO a poner (sin aportar pruebas) en entredicho
esta historia oficial, ya trivializa una serie que debería ser excelente.
De Oslo a
Cambridge
Es 1961, Paul
Child sigue representando a su país, pero ahora con puesto en Noruega. Su
mujer, tras su graduación del Cordon Bleu, se ha vuelto una chef
excepcional y pronto saldrá al mercado su primer libro de cocina, escrito en conjunto con Simone “Simca” Beck.
Es entonces cuando estalla una crisis.
Paul es obligado
a retirarse prematuramente. Los Child deben abandonar Europa e instalarse en un
país que para ambos es desconocido. Para estar cerca de su gran amiga Avis de
Soto, Julia decide que vivirán en Cambridge, Massachussets. Big John les compra
una casa y es en esas cuatro paredes donde el matrimonio intenta reinventarse:
Paul volviendo a la pintura y haciendo reparaciones; Julia cocinado e
intentando escribir una secuela a su primer manual de cocina.
Para colmo, a la
cincuentona Julia le llega la menopausia. Entonces (tal como hoy) las mujeres tenían muy poca información sobre
ese periodo, más que el “es normal” de médicos desaprensivos. El cambio nos
llega sin preparación lo que lo empeora. Es justo en esta crisis que Julia
recibe una invitación para promover su libro en un canal local.
Antes de seguir
tengo que explicar un poco sobre Cambridge. Este suburbio de Boston(hoy ya se
le llama ciudad) es uno de los pulmones intelectuales de la nación al albergar
tres grandes instituciones educativas como lo son Harvard, Radcliffe College
(la Harvard femenina) y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (M.I. T.).
Fue en este ambiente donde en 1951 surgió la idea de lo que hoy se conoce como
PBS (Servicio de transmisiones públicas) o televisión pública. Léase que se
mantiene solo de donaciones privadas).
El primer canal
de la PBS fue el WGBH que existe hasta hoy. Para los que conocemos la PBS desde
mediados de los 70s, su fisonomía en 1962, cuando Julia Child fue invitada, era muy
diferente. En ese entonces no existían programas icónicos como el Masterpiece
Theater, Mr. Rogers, Nova, Plaza Sésamo y, por supuesto, The French Chef.
Su programación
era estrictamente educacional, una serie de charlas escolares interrumpidas por
algún concierto de la Sinfónica de Boston y algún programa menos tedioso como I’ve Been Reading que sería donde la reducida audiencia conocería a la
genial cocinera. Albert Duhamel, catedrático de la Universidad de Boston, todas
las semanas traía algún invitado famoso que comentaba su último libro que el
presentador pretendía haber leído.
Acostumbrado a
entrevistar gente del calibre de Truman Capote y Joseph Heller, el Profesor
Duhamel estaba un poco incomodo. Demostrando esnobismo y machismo hizo ese
chiste del cambio de nombre “¿Que ha estado leyendo mi mujer? ” al programa.
Otro escéptico era el productor Russel Morash quien recibió, unos días antes de
la grabación en vivo, un pedido curioso
de la autora: un hornillo eléctrico.
Resulta que Julia
Child, siempre original, decidió usar los 30 minutos del programa para algo más
interesante que hablar de su libro: demostrar cómo se hace una omelette en
cámara. Duhamel se zampó la tortilla, el público se enamoró de esta mujer
gigante con un humor y una simpatía desconocida en ese espacio, y los ejecutivos le hicieron una oferta a la
chef: un programa piloto de tres episodios donde Julia (siempre en el ánimo didáctico
del canal) enseñaría a cocinar. Esa fue la realidad. A ver que nos cuenta la
serie.
Morash vs
Alice
La inyección de dramatismo
de la HBO consiste en agregar un antagónico en la persona de Russell Morash,
productor del programa (y dueño del platillo eléctrico) de Duhamel, y que
eventualmente fungiría como productor de The French Chef, el programa
que convertiría a Julia Child en estrella. Para equilibrar este antagónico se inventan
un punto de apoyo, una joven de color, Alice Naman, que funge como asistente de
producción. Es la fe de Alice opuesta al escepticismo de Morash lo que provoca
las dinámicas de un programa que, las serie nos hace creer, fue siempre una
idea de Julia.
En la serie, tras
recibir el diagnostico medico de que ha entrado en la menopausia, Julia decide que,
ya que no puede tener hijos, tendrá un programa de televisión. Le escribe a
Alice con su propuesta. A la Señorita Naman le encanta, al Señor Morash le
repugna. Será Julia quien los convenza, llegando a una reunión acompañada de un
Gateau Reina de Saba que les endulza el paladar y una propuesta que les
endulza los oídos: ella correrá con los gastos del programa.
Aunque es cierto
que Julia Child corrió con los gastos del show, estas escenas sirven para
demostrar lo involucrada que estaba la chef, los obstáculos que tuvo que
superar, y la magia de su comida. En una
ocasión, Russ Morash va a casa de Julia a decirle que cancelarán el programa y
ella lo silencia con un foie gras artesanal. Es como si ella fuese El
Hada de la Cocina (y lo fue).
Sirven también
estos cambios para darnos una idea de quienes se oponen a la creación de un
programa de cocina. Daniel Goldfarb ha sido muy claro, en ningún momento
intentó entrevistar a Morash que aún vive. Se entiende, quería crear un personaje
propio y encasquetarle el nombre de alguien real. El verdadero Morash siempre
ha sido visto for los Childfans como un soporte de la leyenda y creador de su
iconografía. Hasta el punto de que después del cierre de The French Chef,
Morash se dedicó a crear los primeros home-realities: Victory Garden
(dedicado a la jardinería) y el célebre This Old House que fue para la carpintería
lo que el French Chef para la gastronomía.
En la serie, Morash y sus dos asistentes parecen sacados
del mismo molde: graduados de buenas universidades, de cabello corto y traje y
corbata. Probablemente con ambiciones intelectuales, literarias o académicas,
este empleo satisface su esnobismo letrado y ciertamente no quieren un ama de
casa de delantal entre ellos. Quien obliga a Morash a doblegarse, es Hunter
Fox, su jefe que tiene la visión de ver el canal más allá de una burbuja educativa
y quien también ha caído bajo el embrujo de la cocina francesa.
Poca importancia
tiene, porque nada de esto sucedió. Julia Child tuvo un gran apoyo en su
productora (y condiscípula de Smith) Ruth Lockwood , una judía madura que en
nada se parecía a Alice. Aunque la Señorita Naman, es un personaje encantador
no llega a cumplir la función que los personajes afroamericanos deben cumplir
en la ficción contemporánea. Aun así, como en el caso de Peggy Scott de The
Gilded Age, no han caído en clichés. Alice es hija de un médico, graduada
de Oberlin, ha estado en Paris y habla
francés. D-s mediante, hablaré más de Alice en una nota aparte sobre la
wokeness del show.
Paul Child, Víctima
de la Misandria
Mas curioso y
francamente feo es lo que Goldfarb ha hecho con dos figuras fundamentales en la
vida de Julia Child. Me refiero a su marido y a su amiga del alma, Avis de Soto.
Debido a que el manual mitutero niega la existencia de matrimonios heterosexuales
felices la serie ha optado con mostrar a Paul como un esposo retrogrado,
controlador y ridículamente fatuo al punto que la famosa receta de Julia de cómo
hacer feliz a un hombre— y por ende tener un matrimonio armónico— con
las tres F (fuck him, feed him and flatter him) tienen a Julia
contantemente adulando al marido para que no estorbe.
¿En qué parte de las
autobiografías, biografías, diarios, y correspondencia privada de Julia Child
descubrieron ese lado oscuro de Paul Child? Obvio que, en ninguno, más encima
hacen que sea la perspectiva de Avis la que nos muestre a Paul como un lastre
negativo en la vida de la chef. Hora es de ver quien era Avis de Soto. Tanto esta
serie como Julie y Julia nos cuentan que Avis fue una penpal de
Julia cuando esta última vivía en Paris y que finalmente se conocieron tras dos
años de correspondencia. Es cierto que cuando los Child decidieron retornar a USA, se establecieron en Cambridge cerca de Avis quien acababa de enviudar. Avis
vivía en Cambridge debido a que Bernard De Soto, su esposo, era un catedrático de Harvard.
Lo que ni Julie
y Julia ni a serie de la HBO nos cuentan es que Avis era una reconocida
editora de libros de cocina, que más tarde seria instrumental en conseguir que Knopf
publicase The Mastering of French Cuisine. Aunque es cierto que la
muerte del marido la afectó mucho, en 1962, Avis estaba lejos de ser la viuda
solitaria, amargada y al borde del alcoholismo que nos muestra Julia.
Por ese entonces no solo tenía dos empleos, además era madre y abuela.
En cambio, Julia
nos hace creer que la vida de Avis está circunscrita a las tres As: adorar y adular
a Julia Child y alejar obstáculos de la chef, entre ellos un tal Paul Child. La
serie nos dice que El Señor Child es un esnob en lo que respecta la televisión.
Muchas personas lo eran en los 60. Es una razón por la cual no vinimos a tener un
televisor en casa sino hasta 1968. ¿Si Julia sabe que su marido desprecia la
televisión, y no hay un aparato en casa,
por qué cree que él va a verla en el
programa de Duhamel? ¿Dónde la va a ver? También resulta extraño que la
exuberante chef no le haya comentado a su marido en detalle lo que sucedió en
el show.
En cambio, hay
una escena muy desagradable donde, en un restaurant, cenando con Avis y su mujer, Paul exponga su
mentira. Nunca vio el programa. Lo extraordinario es que no es Julia quien reacciona
sino Avis que regaña a Paul como si fuera su hijo o si hubiese cometido un
tremendo crimen. Todo para hacernos creer que es un mentiroso que merece que su
mujer le mienta.
Julia ocultará a
su media naranja que es ella quien ha solicitado el programa, que lo costeará
con sus ahorros, que las clases de cocina particulares que dan en casa son para
sufragar los gastos del piloto, y que
será Big John quien acabe pagándolo todo. La gran crisis en esta historia
inventada (no sé con cual malsano propósito) , es cuando Julia le pide consejo
a Paul sobre si aceptar hacer el piloto. A su marido no le parece. No porque
quiera imponer su voluntad sino porque le quitará tiempo a Julia de otro
proyecto más importante y que ya tiene rezagado: su segundo manual de cocina.
“Tengo un
problema con Paul” le dice Julia a su amiga del alma. “Siempre tienes un problema con Paul” responde
Avis y yo me quedo estupefacta. ¿Nos quieren decir que la felicidad conyugal de
los Child era un mito, que se mantenía a punta de mentiras? ¿Con qué bases o prueba denigran a dos seres
de carne y hueso?
La necesidad de
convertir al marido en un objeto de ridículo nos tiene riéndonos de la obsesión
de Paul de crear la cocina perfecta para que su mujer se luzca en su show. Lo cierto
es que él diseñó todo ese espacio que hoy podemos admirar en el Museo
Smithsonian de Washington. En el show, en cambio, lo vemos tropezándose con las alumnas de Julia
en sus intento de medir los gabinetes. Llega al punto que Avis le susurra a
Dorothy (la vecina de los Child) “tenemos que librar a Julia de él”, como si Paul
fuese un estorbo.
El ultimo insulto
es que Avis saca a Paul de en medio consiguiendo que un amigo lo invite a
exponer su pintura en su galería. La exhibición es un fracaso y Paul decide que
la única celebridad en su familia será Julia y que él la ayudará a subir a la
cima. En realidad, muchos consideran que, si se lo hubiese propuesto, Paul
Child hubiese podido tener una gran carrera como pintor y fotógrafo.
Lo Mejor de
Julia
Mi consejo es en
que nos fijemos en lo “real” de la historia. La estupenda dinámica matrimonial
de los Child, como Paul si tenía cabida en “la confederación de mujeres” que
apoyaban a su esposa, de cómo Julia se ganaba a las personas o con su
personalidad exuberante y optimista o con su comida mágica que tanto deleitaba a
los encargados de utilería del show y hasta una alumna que está sufriendo la pérdida
de su madre.
Lo que la serie
logra capturar es la generosidad de Julia Child, tan grande como ella, y que se manifiesta en su relación con el sexo
opuesto. Albert Duhamel tiene una pataleta de resentido porque el show de
cocina es más popular que su “soporífero show”. El calificativo aparece en un
editorial por el que Hunter Fox, insiste
en culpar a su cocinera estrella, a
pesar de que ella insista en que no ha dado ninguna entrevista.
Para calmar los
ánimos, la poco rencorosa Mrs. Child consigue que Judith Jones, su editora de
Knopf, traiga a John Updike como
invitado al programa de Duhamel cuya reacción— entre encantado y petulante— es calificada
por Julia (sin asomo de sarcasmo) de “tierna”. Cuando Avis rechaza la receta de
su amiga de que hay que contentar a los hombres y hacerlos sentir importantes
de vez en cuando, expresa la opinión de
un 90% de la población femenina del planeta. “Todo el tiempo que gastamos en adularlos….”
Pero un 10% sigue esas máximas y les va muy bien. Yo creo que es aplicable ese
consejo a cualquier relación de pareja.
Otro detalle que considero profundo es el modo en que Julia enfrenta su fama. Como la celebridad le llegó cuando ya era cincuentona, su intuición la hizo notar tempranamente que ser famosa era un arma de dos filos y no le agradó el modo en que los fans se sentían dueños de ella, de su tiempo y su vida privada, por lo que intentó crear un equilibrio entre ambos mundo.
Otra gran virtud de la serie está en la creación
de universos. El contraste entre la suburbia blanca y acomodada de Cambridge
que recuerda el mundo de La Familia Draper de Mad Men, y las
instalaciones de la WGBH con todos sus entretelones e intrigas palaciegas.
Las actuaciones
son soberbias. Sarah Lancashire no solo parece Julia Child—sobre todo en la voz—
además se ve muy diferente a como aparecía en Happy Valley The Last Tango in Halifax. Casi tan irreconocible como Isabella
Rosellini en el rol de Simca. Julia ha reunido a dos graduados de Frazier:
Jonathan Hyde Price (Paul) y Bebe Neuwirth (Avis), su sinergia en pantalla es
excelente. Atención especial para Judith Light en su aparición especial como la
legendaria Blanche Knopf, y para James
Cromwell, siempre excelente, como Big John
Contenido
Violento o Gory: Ninguno.
Ya les dije es un programa para sentirse bien
Contenido Sexual Mucho énfasis en la fantástica vida
sexual de Los Child. Muchos besitos y achuchones, pero nada grafico ni desnudos.
Voy a dejar para
otro momento, temas importantes en nuestra sociedad tales como a diversidad
racial y sexual y el feminismo, como la serie, a veces torpemente, intenta
introducirlos y como fracasa. Julia
Child era adelantada, pero tenía prejuicios normales en su época. ¿Hubiese triunfado Julia Child en esta época?
No lo creo , pero la pérdida hubiese
nuestra.

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