lunes, 16 de mayo de 2022

Julia: La Magia Detrás de una Persona y de su Cocina (I)

 


Hace rato que deseaba ver una serie Feel Good y la encontré en Julia, la biopia de Julia Child que estrenó el 31 de marzo en HBO. Los que vimos Julie and Julia reconocemos factores comunes entre ambas producciones:  la personalidad bullente de la gran chef y el tema perpetuo de las propiedades mágico-terapéuticas de la comida.  Agreguémosle el fascinante tópico de las dinámicas de un buen matrimonio y ya nos sentimos atraídos por la serie como si tuviese un aroma a hierbas de Provenza tan usadas por Mrs. Child en su cocina. Pero la serie nos trae datos novedosos,  desde el nacimiento de la televisión pública en USA, de cómo Julia Child fue parte del fenómeno cultural que sigue siendo la PBS,  hasta contradiciendo a Betty Friedan la forma en que la cocinera promovió un nuevo tipo de feminismo o una nueva vía de empoderamiento de la mujer.

Sabemos tanto de ella que la HBO ha corrido un riesgo laborando alrededor de un icono reconocible por generaciones de norteamericanos y gourmets de todo el mundo. Julia Child falleció en este siglo, pero su carrera de chef abarcó casi 50 años. Su presencia sigue viva en canales de televisión dedicados nada más que a sus programas,  media docena de libros sobre ella y media docena de libros de cocina, algunos llenos de datos biográficos. Aparte de su biografía, legó sus diarios y correspondencia a los Biblioteca del Congreso (algo similar hizo su marido).   

Digamos que sobre Julia Child no se puede mentir, todo lo que muestre la ficción es cotejable con el vasto material biográfico que la rodea. Eso hace a la serie muy refrescante cuando se adhiere a la verdad,  y muy irritante cuando, sin motivo aparente, cambia personalidades y eventos.

                    Primer programa del French Chef (1963)

La producción de la HBO ha elegido un ángulo diferente al que tomó Nora Ephron en su Julie and Julia. En ese filme, recorrimos la carrera de Julia desde su encuentro con la cocina francesa , viviendo en Paris en Los 50, con su marido diplomático , hasta la publicación de su libro seminal.



En Julia, seguimos el progreso de la cocinera desde la publicación de su libro, estando ella y su marido en Noruega, hasta su retiro en Massachusetts y el evento que la saca de su confort zone para convertirla en una celebridad televisiva. Antes de internarnos en esa aventura sería interesante ver el origen de Julia Child, ¿quién era antes de conseguir ese marido perfecto y de probar un Lenguado Meunier, el detonador de su carrera como Gourmand y Gourmet?

Entre Big John y Paul Child

Como venenosamente dice Emily Heil en The Washington Post, Julia Child venía de “riqueza y privilegio”. Dos palabrejas que hoy invitan a una cancelación inmediata de quien posee esos atributos. El padre de Julia,  se llamaba John McNeill. Hasta sus hijos usaban su apodo de “Big John” y aunque nos lo muestran como un ranchero ricachón y ordinario (le pone hielo al vino tinto) era un graduado de Princeton. En pocas palabras, era de clase patricia y era un caballero. La madre de Julia era Caro Weston, una rica heredera cuyo padre había sido gobernador de Massachusetts. Julia nació en California, en 1912, siendo la mayor de tres hermanos.

                           Los McNeill en Pasadena. Julia está apoyada en Big John

Nada en su infancia o adolescencia indicaba que sería una gran cocinera. Más interesada en los deportes, que, en cosas domésticas, Julia tenía conciencia que su desmesurada altura la hacía diferente a las demás chicas. Debido a eso comenzó a cultivar un gran sentido del humor y un optimismo inquebrantable. Como menciona su padre en la serie, era siempre la payasa del grupo. Eso no quita que fuese en otros aspectosy a pesar de su boquita de alcantarilla,una dama refinada. Cuando en la serie, el padre le exige que se comporte como una dama ella le responde ‘”soy una dama, Papá, solo que no soy lo que tu defines como tal”. Ese podría ser el tema de la serie. La originalidad de Julia Child, que nunca fue como las demás mujeres,  por eso fue una pionera en muchas cosas e inclusive su tipo de feminismo era sui generis.

Graduada de Smith, con una licenciatura en historia, por algunos años Julia se desempeñó en áreas de publicidad. Entrados los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, Julia quiso alistarse en el ejército, pero otra vez su altura le jugó una mala pasada. Acabó como archivista y secretaria en la OSS, la oficina de operaciones encubiertas que precedería a la CIA. No se sabe mucho del trabajo de la Señora Child en la OSS, pero se sabe que en su estadía en el Lejano Oriente (Ceylán y China) manejó archivos Top Secret y que creó un repelente para tiburones todavía en uso.

                     Una de las muchas fotos que Paul tomó de su mujer  cuando recien se conocieron

Mas importante, fue que en esa etapa (en lo que es hoy Sri Lanka)  conoció a Paul Child. Veintiún años mayor que Julia, Child había llevado una vida fascinante. Un autodidacta sin título universitario había recorrido el mundo en la marina mercante y vivido en Paris por muchos años, durante los cuales se había desempeñado como maestro de inglés y restaurador de vitrales medievales, entre otros empleos.

La serie es un poco ambigua sobre el talento de Paul Child al igual que en su contribución a la carrera de su mujer. Lo cierto es que expertos han elogiado su pintura y su arte fotográfico. Como artista, Paul se movió entre los círculos bohemios de Paris haciendo amistad con otros expatriados como Hemingway y Gertrude Stein.  Además de artista, era un conocedor de muchas disciplinas, un francófilo total, y dueño de un refinado paladar.

Como sabemos los que vimos Julie y Julia, fue Paul el que introdujo a su esposa (se casaron en 1946) a la Haute Cuisine. Poco después del matrimonio, Child postuló al servicio diplomático estadounidense y la pareja se trasladó a Paris. Quiero resumir un poco esta etapa tan conocida través de libros, documentales y filme,  haciendo hincapié en dos aspectos.

El primero, John McNeil ayudó económicamente a su hija y yerno, lo que les permitió vivir lujosamente. Segundo, Julia se volvió más francófila que su marido. Su amor por Francia se tradujo en una pasión por los platillos franceses que el degustarlos ( como dice)  fue como perder su virginidad por segunda vez. Algo que es transparente en la serie es que para Julia había dos apetitos primordiales en la vida: buen sexo y buena comida. Que fuese su esposo el que le despertó ambos es una indicación de la influencia de Paul Child en la construcción de Julia Child y su leyenda.



Hago hincapié en esto porque la serie en típica onda mitutera intenta convertirlo en un personaje negativo o superfluo. No hay vez que Julia o sus biógrafos mencionen a Paul sin agregar lo que el significó en la vida y profesión de su mujer. Que vengan Daniel Goldfarb y la HBO a poner (sin aportar pruebas) en entredicho esta historia oficial, ya trivializa una serie que debería ser excelente.

De Oslo a Cambridge

Es 1961, Paul Child sigue representando a su país, pero ahora con puesto en Noruega. Su mujer, tras su graduación del Cordon Bleu, se ha vuelto una chef excepcional y pronto saldrá al mercado su primer libro de cocina,  escrito en conjunto con Simone “Simca” Beck. Es entonces cuando estalla una crisis.

    Isabella Rossellini como Simca

Paul es obligado a retirarse prematuramente. Los Child deben abandonar Europa e instalarse en un país que para ambos es desconocido. Para estar cerca de su gran amiga Avis de Soto, Julia decide que vivirán en Cambridge, Massachussets. Big John les compra una casa y es en esas cuatro paredes donde el matrimonio intenta reinventarse: Paul volviendo a la pintura y haciendo reparaciones; Julia cocinado e intentando escribir una secuela a su primer manual de cocina.

Para colmo, a la cincuentona Julia le llega la menopausia. Entonces (tal como hoy)  las mujeres tenían muy poca información sobre ese periodo, más que el “es normal” de médicos desaprensivos. El cambio nos llega sin preparación lo que lo empeora. Es justo en esta crisis que Julia recibe una invitación para promover su libro en un canal local.



Antes de seguir tengo que explicar un poco sobre Cambridge. Este suburbio de Boston(hoy ya se le llama ciudad) es uno de los pulmones intelectuales de la nación al albergar tres grandes instituciones educativas como lo son Harvard, Radcliffe College (la Harvard femenina) y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (M.I. T.). Fue en este ambiente donde en 1951 surgió la idea de lo que hoy se conoce como PBS (Servicio de transmisiones públicas) o televisión pública. Léase que se mantiene solo de donaciones privadas).

El primer canal de la PBS fue el WGBH que existe hasta hoy. Para los que conocemos la PBS desde mediados de los 70s, su fisonomía en 1962,  cuando Julia Child fue invitada, era muy diferente. En ese entonces no existían programas icónicos como el Masterpiece Theater, Mr. Rogers, Nova, Plaza Sésamo y, por supuesto, The French Chef.



Su programación era estrictamente educacional, una serie de charlas escolares interrumpidas por algún concierto de la Sinfónica de Boston y algún programa menos tedioso como I’ve Been Reading que sería donde la reducida audiencia conocería a la genial cocinera. Albert Duhamel, catedrático de la Universidad de Boston, todas las semanas traía algún invitado famoso que comentaba su último libro que el presentador pretendía haber leído.

Acostumbrado a entrevistar gente del calibre de Truman Capote y Joseph Heller, el Profesor Duhamel estaba un poco incomodo. Demostrando esnobismo y machismo hizo ese chiste del cambio de nombre “¿Que ha estado leyendo mi mujer? ” al programa. Otro escéptico era el productor Russel Morash quien recibió, unos días antes de la grabación en vivo,  un pedido curioso de la autora: un hornillo eléctrico.

Resulta que Julia Child, siempre original, decidió usar los 30 minutos del programa para algo más interesante que hablar de su libro: demostrar cómo se hace una omelette en cámara. Duhamel se zampó la tortilla, el público se enamoró de esta mujer gigante con un humor y una simpatía desconocida en ese espacio,  y los ejecutivos le hicieron una oferta a la chef: un programa piloto de tres episodios donde Julia (siempre en el ánimo didáctico del canal) enseñaría a cocinar. Esa fue la realidad. A ver que nos cuenta la serie.



Morash vs Alice

La inyección de dramatismo de la HBO consiste en agregar un antagónico en la persona de Russell Morash, productor del programa (y dueño del platillo eléctrico) de Duhamel, y que eventualmente fungiría como productor de The French Chef, el programa que convertiría a Julia Child en estrella. Para equilibrar este antagónico se inventan un punto de apoyo, una joven de color, Alice Naman, que funge como asistente de producción. Es la fe de Alice opuesta al escepticismo de Morash lo que provoca las dinámicas de un programa que, las serie nos hace creer, fue siempre una idea de Julia.

En la serie, tras recibir el diagnostico medico de que ha entrado en la menopausia, Julia decide que, ya que no puede tener hijos, tendrá un programa de televisión. Le escribe a Alice con su propuesta. A la Señorita Naman le encanta, al Señor Morash le repugna. Será Julia quien los convenza, llegando a una reunión acompañada de un Gateau Reina de Saba que les endulza el paladar y una propuesta que les endulza los oídos: ella correrá con los gastos del programa.




Aunque es cierto que Julia Child corrió con los gastos del show, estas escenas sirven para demostrar lo involucrada que estaba la chef, los obstáculos que tuvo que superar,  y la magia de su comida. En una ocasión, Russ Morash va a casa de Julia a decirle que cancelarán el programa y ella lo silencia con un foie gras artesanal. Es como si ella fuese El Hada de la Cocina (y lo fue).

Sirven también estos cambios para darnos una idea de quienes se oponen a la creación de un programa de cocina. Daniel Goldfarb ha sido muy claro, en ningún momento intentó entrevistar a Morash que aún vive. Se entiende, quería crear un personaje propio y encasquetarle el nombre de alguien real. El verdadero Morash siempre ha sido visto for los Childfans como un soporte de la leyenda y creador de su iconografía. Hasta el punto de que después del cierre de The French Chef, Morash se dedicó a crear los primeros home-realities: Victory Garden (dedicado a la jardinería) y el célebre This Old House que fue para la carpintería lo que el French Chef para la gastronomía.



En la serie,  Morash y sus dos asistentes parecen sacados del mismo molde: graduados de buenas universidades, de cabello corto y traje y corbata. Probablemente con ambiciones intelectuales, literarias o académicas, este empleo satisface su esnobismo letrado y ciertamente no quieren un ama de casa de delantal entre ellos. Quien obliga a Morash a doblegarse, es Hunter Fox, su jefe que tiene la visión de ver el canal más allá de una burbuja educativa y quien también ha caído bajo el embrujo de la cocina francesa.



Poca importancia tiene, porque nada de esto sucedió. Julia Child tuvo un gran apoyo en su productora (y condiscípula de Smith) Ruth Lockwood , una judía madura que en nada se parecía a Alice. Aunque la Señorita Naman, es un personaje encantador no llega a cumplir la función que los personajes afroamericanos deben cumplir en la ficción contemporánea. Aun así, como en el caso de Peggy Scott de The Gilded Age, no han caído en clichés. Alice es hija de un médico, graduada de Oberlin,  ha estado en Paris y habla francés. D-s mediante, hablaré más de Alice en una nota aparte sobre la wokeness del show.



Paul Child, Víctima de la Misandria

Mas curioso y francamente feo es lo que Goldfarb ha hecho con dos figuras fundamentales en la vida de Julia Child. Me refiero a su marido y a su amiga del alma, Avis de Soto. Debido a que el manual mitutero niega la existencia de matrimonios heterosexuales felices la serie ha optado con mostrar a Paul como un esposo retrogrado, controlador y ridículamente fatuo al punto que la famosa receta de Julia de cómo hacer feliz a un hombre y por ende tener un matrimonio armónico con las tres F (fuck him, feed him and flatter him) tienen a Julia contantemente adulando al marido para que no estorbe. 



¿En qué parte de las autobiografías, biografías, diarios, y correspondencia privada de Julia Child descubrieron ese lado oscuro de Paul Child? Obvio que, en ninguno, más encima hacen que sea la perspectiva de Avis la que nos muestre a Paul como un lastre negativo en la vida de la chef. Hora es de ver quien era Avis de Soto. Tanto esta serie como Julie y Julia nos cuentan que Avis fue una penpal de Julia cuando esta última vivía en Paris y que finalmente se conocieron tras dos años de correspondencia. Es cierto que cuando los Child decidieron retornar a USA, se establecieron en Cambridge cerca de Avis quien acababa de enviudar. Avis vivía en Cambridge debido a que Bernard De Soto, su esposo,  era un catedrático de Harvard.

Lo que ni Julie y Julia ni a serie de la HBO nos cuentan es que Avis era una reconocida editora de libros de cocina, que más tarde seria instrumental en conseguir que Knopf publicase The Mastering of French Cuisine. Aunque es cierto que la muerte del marido la afectó mucho, en 1962, Avis estaba lejos de ser la viuda solitaria, amargada y al borde del alcoholismo que nos muestra Julia. Por ese entonces no solo tenía dos empleos, además era madre y abuela.



En cambio, Julia nos hace creer que la vida de Avis está circunscrita a las tres As: adorar y adular a Julia Child y alejar obstáculos de la chef, entre ellos un tal Paul Child. La serie nos dice que El Señor Child es un esnob en lo que respecta la televisión. Muchas personas lo eran en los 60. Es una razón por la cual no vinimos a tener un televisor en casa sino hasta 1968. ¿Si Julia sabe que su marido desprecia la televisión,  y no hay un aparato en casa,  por qué cree que él va a verla en el programa de Duhamel? ¿Dónde la va a ver? También resulta extraño que la exuberante chef no le haya comentado a su marido en detalle lo que sucedió en el show.



En cambio, hay una escena muy desagradable donde, en un restaurant,  cenando con Avis y su mujer, Paul exponga su mentira. Nunca vio el programa. Lo extraordinario es que no es Julia quien reacciona sino Avis que regaña a Paul como si fuera su hijo o si hubiese cometido un tremendo crimen. Todo para hacernos creer que es un mentiroso que merece que su mujer le mienta.



Julia ocultará a su media naranja que es ella quien ha solicitado el programa, que lo costeará con sus ahorros, que las clases de cocina particulares que dan en casa son para sufragar los gastos del piloto,  y que será Big John quien acabe pagándolo todo. La gran crisis en esta historia inventada (no sé con cual malsano propósito) , es cuando Julia le pide consejo a Paul sobre si aceptar hacer el piloto. A su marido no le parece. No porque quiera imponer su voluntad sino porque le quitará tiempo a Julia de otro proyecto más importante y que ya tiene rezagado: su segundo manual de cocina.



“Tengo un problema con Paul” le dice Julia a su amiga del alma.  “Siempre tienes un problema con Paul” responde Avis y yo me quedo estupefacta. ¿Nos quieren decir que la felicidad conyugal de los Child era un mito, que se mantenía a punta de mentiras?  ¿Con qué bases o prueba denigran a dos seres de carne y hueso?



La necesidad de convertir al marido en un objeto de ridículo nos tiene riéndonos de la obsesión de Paul de crear la cocina perfecta para que su mujer se luzca en su show. Lo cierto es que él diseñó todo ese espacio que hoy podemos admirar en el Museo Smithsonian de Washington. En el show, en cambio,  lo vemos tropezándose con las alumnas de Julia en sus intento de medir los gabinetes. Llega al punto que Avis le susurra a Dorothy (la vecina de los Child) “tenemos que librar a Julia de él”, como si Paul fuese un estorbo.

El ultimo insulto es que Avis saca a Paul de en medio consiguiendo que un amigo lo invite a exponer su pintura en su galería. La exhibición es un fracaso y Paul decide que la única celebridad en su familia será Julia y que él la ayudará a subir a la cima. En realidad, muchos consideran que, si se lo hubiese propuesto, Paul Child hubiese podido tener una gran carrera como pintor y fotógrafo.

Lo Mejor de Julia

Mi consejo es en que nos fijemos en lo “real” de la historia. La estupenda dinámica matrimonial de los Child, como Paul si tenía cabida en “la confederación de mujeres” que apoyaban a su esposa, de cómo Julia se ganaba a las personas o con su personalidad exuberante y optimista o con su comida mágica que tanto deleitaba a los encargados de utilería del show y hasta una alumna que está sufriendo la pérdida de su madre.



Lo que la serie logra capturar es la generosidad de Julia Child, tan grande como ella,  y que se manifiesta en su relación con el sexo opuesto. Albert Duhamel tiene una pataleta de resentido porque el show de cocina es más popular que su “soporífero show”. El calificativo aparece en un editorial por el que Hunter Fox,  insiste en culpar a su cocinera estrella,  a pesar de que ella insista en que no ha dado ninguna entrevista.



Para calmar los ánimos, la poco rencorosa Mrs. Child consigue que Judith Jones, su editora de Knopf,  traiga a John Updike como invitado al programa de Duhamel cuya reacción entre encantado y petulante es calificada por Julia (sin asomo de sarcasmo) de “tierna”. Cuando Avis rechaza la receta de su amiga de que hay que contentar a los hombres y hacerlos sentir importantes de vez en cuando,  expresa la opinión de un 90% de la población femenina del planeta. “Todo el tiempo que gastamos en adularlos….” Pero un 10% sigue esas máximas y les va muy bien. Yo creo que es aplicable ese consejo a cualquier relación de pareja.

Otro detalle que considero profundo es el modo en que Julia enfrenta su fama. Como la celebridad le llegó cuando ya era cincuentona, su intuición la hizo notar tempranamente que ser famosa era un arma de dos filos y no le agradó el modo en que los fans se sentían dueños de ella, de su tiempo y su vida privada, por lo que intentó crear un equilibrio entre ambos mundo. 



Otra gran virtud de la serie está en la creación de universos. El contraste entre la suburbia blanca y acomodada de Cambridge que recuerda el mundo de La Familia Draper de Mad Men, y las instalaciones de la WGBH con todos sus entretelones e intrigas palaciegas.  

Las actuaciones son soberbias. Sarah Lancashire no solo parece Julia Childsobre todo en la voz además se ve muy diferente a como aparecía en Happy Valley   The Last Tango in Halifax.  Casi tan irreconocible como Isabella Rosellini en el rol de Simca. Julia ha reunido a dos graduados de Frazier: Jonathan Hyde Price (Paul) y Bebe Neuwirth (Avis), su sinergia en pantalla es excelente. Atención especial para Judith Light en su aparición especial como la legendaria Blanche Knopf,  y para James Cromwell, siempre excelente, como Big John



Contenido Violento o Gory: Ninguno. Ya les dije es un programa para sentirse bien

Contenido Sexual Mucho énfasis en la fantástica vida sexual de Los Child. Muchos besitos y achuchones, pero nada grafico ni desnudos.



Voy a dejar para otro momento, temas importantes en nuestra sociedad tales como a diversidad racial y sexual y el feminismo, como la serie, a veces torpemente, intenta introducirlos y como fracasa.  Julia Child era adelantada, pero tenía prejuicios normales en su época.  ¿Hubiese triunfado Julia Child en esta época?  No lo creo , pero la pérdida hubiese nuestra.

 

martes, 10 de mayo de 2022

Call the Midwife: ¿Es la Onceava Temporada su Canto del Cisne?

 


Aunque sabemos que la verdadera Nonnatus House cerró en 1978 y que le quedan muchas temporadas a Call the Midwife, hay momentos en que desearía que hubiera terminado. Con todo el cariño que le tengo a la serie, las últimas tres temporadas han oscilado entre sosas y mediocres y cada reemplazo de personajes desaparecidos hace sentir que se está haciendo un esfuerzo innecesario para prolongarle la vida a un relato que merecía un cierre más digno.

Las Señales de Decadencia

 ¡Once Temporadas! ¡Todo un récord! ¿Quién se imaginaria que el debut de esta historia de comadronas y monjas del East End tuviese tanto fans que con el cierre de cada temporada surgiese una súplica de renovación?  Solo que eso ha provocado una decadencia tanto en personajes como trama.

Ya en el pasado me he deshecho en elogios sobre la magnífica producción de Heidi Thomas. Tanto así que esta historia es vista como el gobierno inglés como un ejemplo de lo que debe ser una producción británica, una que resalte los valores nacionales sin abandonar una campaña pro diversidad y feminismo.



Me estoy echando una maratón del cuento de la comadronas  (está casi completa en Netflix) para poder compararla con esta temporada final, a la que también me estoy remitiendo vía Thirteenth Passport. Me doy cuenta de una baja de calidad extraordinaria en los últimos tres años. En las inicialesde seis capítulos cada una todos los episodios eran impactantes y educativos.

A partir de la séptima, las temporadas se hicieron más largas y no todos los capítulos eran tan fascinantes, pero desde la octava que cada temporada apenas trae media docena de relatos que pueden compararse al nivel de excelencia de los primeros años. Este 2022 comenzó con tres episodios que me sacaron bostezos, algo inimaginable en ese programa.

Mi incomodidad con el sesgo que tomaba Call the Midwife, nació al notar que incluso sus especiales navideños (el viaje al convento matriz y a Las Hébridas) dejaban que desear. Sin embargo, el ultimo especial que culminó en la boda de Lucille,  me hizo pensar que se había retomado el rumbo original.




Comencé la onceava temporada con renovadas esperanzas. Aun así, fue al final del cuarto episodio  (mind you, era sobre un sobreviviente del Holocausto, mi tema favorito) que me di cuenta de que definitivamente había un problema con el libretista.



En esta temporada, Heidi Thomas ha alternado su labor con otros guionistas. Sin embargo, Heidi escribió el primer episodio en el cual me quedé dormía y colaboró con Jonathan Hervey para el episodio de los vagabundos alcohólicos que,  más que inspirarme lástima, me disgustó. Algo que no me había ocurrido con episodios antiguos de temas sórdidos y fuerte, como cuando conocimos a la desdichada (y muy sucia) Mrs. Jenkins en el primer especial navideño.





                                           Bañando a Mrs. Jenkins

Heidi ha sido instrumental en el buen desarrollo de la serie, creando especiales navideños que me sacan lagrimones, presentándonos maravillosos personajes como Barbara Gilbert, Lucille y Phyllis Crane.  Ahora, sin embargo, parece estar cansada y los nuevos guionistas no logran comprender el sentido de esta fábula de partos y parteras.



Personajes Olvidados

Algo que siempre admiré en la obra de Heidi, es su respeto por la Tercera Edad, representada por la incomparable Hermana Monica Joan, y la creación de personajes como la Hermana Evangelina y más recientemente la solterona Miss Higgins. Sister Evangeline falleció y fue reemplazada por la maravillosa Phyllis . Me encanta la amistad entre La Enfermera Crane y la secretaria Higgins y eso que en un momento fueron rivales de amores, pero me ha desazonado la postergación de la Hermana Monica Joan.

                                           Mrs. Higgins

Recuerdo cuando la intrépida anciana era la protagonista de su propia historia, cuando fue a juicio por cleptómana o el especial navideño donde desapareció y todos creyeron que se había suicidado. Me encantaba como en sus libros encontraba soluciones para males recónditos porque nos hacía ver que no todo lo antiguo era malo.



Entiendo que Judy Parfitt está mayor, delicada de salud,  y que en Era Covid se haya intentado protegerla, pero después de su soberbia aparición en ultimo especial cuando rescató con sanguijuelas a Lucille,  esperaba una revivificación del personaje.  En cambio, si aparece es para quejarse de la comida o sale por cincuenta segundos dando un consejo redundante.



Su problema aparece de otras formas en muchos personajes. Jenny Lee fue aptamente substituida por Barbara . No voy a decir que Valerie iba a ser un relevo de la Nurse Gilbert, pero parecía ir por el camino correcto. ¿Y qué sucede?  Sale Valerie y es reemplazada por ese esperpento llamado Nancy Corrigan.



La Hermana Julien se ve apagadita, apantallada por la Hermana Hilda. Me encanta esta monjita que tuvo vida y pasado antes de tomar sus votos, ¿pero es necesario, que , con su mente abierta y moderna empuje a su superiora a un rincón?

Nunca me simpatizó la Hermana Winifred, así que di la bienvenida a la Hermana Frances, pero como con Sister Hilda, solo parece existir para dar sermones a los que se quedaron en el pasado. Ninguna de estas monjas enfrenta los conflictos que afligieron a Cynthia o a la Hermana Bernadette. Hablando de esta última, ya su personaje se ha vuelto tan rutinario que no es un gusto verla. Es como Violet que ahora solo funciona en su rol de concejal.  Shelag Turner solo funciona en su rol de militante de causas domésticas.

En resumen, los personajes han declinado horriblemente, Lucille, Phyllis y la Hermana Hilda no han podido mantener el ritmo de interés al que estábamos acostumbradas, y el reemplazo de Jenny-Barbara-Valerie (tres grandes personajes) es atroz. Pude aceptar a Nancy Corrigan como un caso más que las mentes abiertas de Nonnatus House apadrinaron, pero la idea de integrar a una madre soltera de la Era Hippie al equipo de parteras no acaba de convencerme.




No sé qué me disgusta más de la Enfermera Corrigan, si su vestuario psicodélico o sus imprudencias. La acabose fue cuando arremetió contra Matthew (ni siquiera sé si los había presentado) en plena calle para darle consejos románticos. La diferencia de edad, de estatus, y el hecho de que prácticamente son extraños ya hacia la escena absurda. El que Matthew aceptase los reproches y consejos,  muy mal dados y jamás solicitados, es una muestra de irrealidad total.



Hablar de Matthew es hablar de Trixie. Helen George es la actriz (junto con Judy Parfitt y Jenny Agutter) que lleva en el programa más tiempo, y la única de las enfermeras originales. Su evolución ha sido fantástica, desde la rubia platinada que solo vivía para modas y parrandas, a la coqueta damita que descubre no puede ser feliz como la esposa de un párroco. Once temporadas nos han dado la oportunidad de quererla y odiarla, y conmovernos al conocer su lucha contra el alcoholismo que la convirtió en una mujer madura y responsable, sin dejar de ser el icono de la elegancia de Poplar.





A mí me pareció muy romántica su relación con Matthew. Como se conocieron, como evolucionó de ser enfermera, nodriza, paño de lágrimas de un viudo millonario, y finalmente amante de este, pero hay algo en esa relación que no me cuadra. Son los diálogos.  A mí me simpatiza Matthew, Olly Nix fue lo único soportable en The Spanish Princess, pero incluso en la cama parece estar en un escenario. George es una gran actriz, pero sus diálogos suenan a charlas o sermones. Mucha preocupación en pronunciar bien, pero ningún sentimiento.



La baja calidad de los diálogos afecta a todos los personajes. Esta temporada no parece haber ningún parlamento memorable, los consejos parecen mensajes de galletitas chinas. ¿Será eso lo que impide que las tramas nos lleguen al corazón?  Creo que este abril he llorado más con Tokyo Vice que con la serie de Heidi Thomas.

El Mejor Episodio

La gran excepción fue la quinta entrega, tan completa que creí que era el fínale. Se sintió así porque dos personas importantes se despidieron. Trixie se fue a la Riviera Italiana a cuidar a su madrina desahuciada. Si, la misma que le asignaba una mesada para vestidos. Phyllis Crane se ganó una lotería que le permitió participar en un tour automovilístico por la Europa Occidental que acababa en su amada España. Yo entiendo que Helen George estaba en estado y que ya no podían ocultar su embarazo, ¿pero porque retirar a la Enfermera Crane?  ¿Acaso tuvo COVID?



Interrumpo esta nota a mediares porque ocurrió algo extraordinario. Yo la comencé al acabar el quinto episodio . ¡Por alguna razón creí que la serie había terminado y ameritaba una nota…ya! Se sentía tan consumado con las mencionadas despedidas; el término del no muy deseado embarazo de Lucille aunado además a uno de esos estándares de Llamen a la Comadrona: un pánico generado por explosivos reliquias de la Segunda Guerra Mundial. Agréguenle la primera historia poderosa de la temporada, un abuso infantil y domestico que tiene como víctimas de una madre golpeadora, a sus hijos escolares y (toque novedoso) a su esposo invalido.






Mas tarde descubrí que a la serie le faltaban tres episodios más. ¡Lo extraordinario es que en el sexto parecieron haber escuchado mis quejas!  En un solo episodio vimos a la Hermana Mónica Joan y a Shelag Turner retornar a roles protagónicos y retomar las riendas de sus carreras. La anciana monjita, intuyendo que la aparición de un cuervo en el hall del convento presagia males, va en busca de una médium, a la que haya reclusa, alcohólica, y preparándose para morir..



No solo la religiosa le diagnostica correctamente un curable cáncer cutáneo y la recomienda las hábiles manos del Dr. Turner. También contacta al hijo de médium para que venga a acompañar a la madre. ¿Quién dijo que los viejos no sirven?

El caso de Shelag es aún más impresionante. Debe atender el parto de una adolescente hippie que no ha recibido ninguna asistencia o vigilancia médica porque quiere hacerlo todo “natural”. Mrs. Turner debe ayudar a la pequeña Clover a dar a luz en una sucia y oscura bodega y enfrentar un extraño caso de la naturaleza, una bebé que nació con los intestinos fuera del cuerpo. Todo esto lleva a renacer el espíritu de comadrona de la ex Hermana Bernadette.



Nada de eso hubiese sucedido sin Matthew Aylward. La ausencia de su prometida ha convertido al millonario padre soltero en un personaje más. Olly Nix se ha ganado mi corazón y espero dure por el par de temporadas que le queda a la serie.

En este episodio, Matthew va a visitar una de sus bodegas que queda en un lugar tan recóndito de Poplar (nos enteramos más adelante) no llegan las ambulancias. Matthew descubre que una pandilla de Flower Children se ha tomado el sitio. En vez de llamar a la policía para que los desaloje, Mr. Aylwrad intenta dialogar con ellos, Es entonces que nota la presencia de la embarazada Clover. Apiadado de ella, decide darles un periodo de gracia que los irresponsables agradecen con sorna y pullas.



Matthew contacta a las monjitas que a su vez envían a la Hermana Frances a visitar a la preñadita, pero Clover es una mocosa malcriado. Rechaza el interés de la monja-comadrona tal como la intervención de su padre que ha venido a buscarla. Tal como insiste en que su nombre no es Susan, Clover insiste en creer en el apoyo de “sus amigos” incluyendo al muralista Jojo que parece ser el padre del bebé.



Como era de esperarse,  tal apoyo no existe. Clover rompe fuentes cuando sus amigos están en medio de un happening lleno de drogas, pero de poca caridad. Llega super Matthew cargando un generador eléctrico, y unas estufas, y encuentra a la muchacha con dolores de parto. Llama a una ambulancia y a la Casa Nonnatus. La ambulancia se pierde y Shelag llega a atender un parto que nos enfrenta con una condición que ni partera ni nosotros habíamos visto nunca.



Voy a detenerme aquí, para no dar spoilers sobre los dos episodios finales. Basta decir que tanto la médium como la Hermana Monica-Joan tenían razones para preocuparse. Un grave peligro amenaza a la orden de parteras, pero será extramuros y tendrá que ver con un accidente ferroviario. No sigo.



Los últimos tres episodios de la onceava temporada nos ofrecen la calidad acostumbrada y eso porque Heidi Thomas vuelve a estar a cargo del timón, ¿pero será esa una promesa de que la doceava entrega nos devolverá una Call the Midwife que sigue los rumbos que estableció desde su inicio?

Un Aura Mortuoria

Hay un detalle que, aunque considero totalmente accidental , es como un reflejo de la perdida de norte de la serie. Desde su primera temporada que vemos al Ángel de la Muerte visitar a la orden de parteras. Hemos visto a madres perder la vida en el parto y a otras perder a sus bebes.

Hemos visto a Trixie practicar su primera cesárea en un punto perdido del kraal sudafricano y a un bebé renacer en la mochila de la enfermera Valerie. Hemos visto una niña de catorce años parir solita en un almacén abandonado, y a una ex prostituta dar a luz sin asistencia en la alfombra de su casa. Ya en el primer capítulo vemos a Conchita y a Jenny luchar en conjunto para salvar a un niño seismesino (y sin incubadora). Hemos asistido a los entierros de la Hermana Evangelina y de la Enfermera Barbara, pero siempre ha existido un equilibrio entre luto y alegría en la trama.

                                    Barbara agonizando

Esta temporada es diferente. En comparación con la décima temporada donde la muerte más grave fue la de Fiona Aylward (que dejó libre a su viudo para enamorarse de Trixie) , en esta tenemos una serie de muertes de adultos,  y la muerte pasa rozando a la Nonnatus House. Pero son las muertes infantiles las más graves. Aparte de ver las marcas en cuerpos de niños impresas por su propia madre con una cadena de perro, tenemos a una madre adolescente que, recuperándose del nacimiento de un primer hijo, pierde al segundo; 




Lucille sufre de un aborto espontáneo;  no llegamos a saber si la bebé de Clover sobrevivirá;  y la temporada inició de manera siniestra con el hallazgo de un bebé enterrado en un muro. La investigación demostró que había más de un bebe emparedado y que ambos eran hijos de una solterona reprimida que no les había dado cristiana sepultura para ocultar sus embarazos adolescentes.




Tantas defunciones infantiles no pueden ser un accidente y menos en un serie famosa por celebrar la vida.  ¿Será parte del guerra en contra de la maternidad que es, a su vez,  parte del credo mitutero o acaso un presagio de la cercana defunción de Call the Midwife?

Contenido Violento o Gory: Aunque no vemos las palizas maternas solo ver marcas de golpe en el cuerpo de un niño es perturbador. Aplausos al equipo de utilería por representar de manera tan fidedigna y horrible la deformidad de la hijita de Clover.



Contenido Sexual: Matthew y Trixie en la cama, más vestidos que esquimales en el Polo Norte.

Contenido Feminista: Toda la serie siempre ha sido sobre mujeres y a favor del sexo mal llamado débil. En esta temporada lo vemos en el modo en que toda la Casa Nonnatus apoya a Lucille en su momento de perdida. Algo que me gustó fue como el pobre maestro primario solicitó la ayuda de las monjitas para ayudar a sus alumnas a las que la pubertad des está llegando temprano y sin que entiendan lo que les ocurre. Hubiese deseado saber más de esas clases que impartieron Nancy y la Hermana Frances.





Factor Diversidad: Si por algo se ha apreciado la serie de Heidi Tomas es de ser diversa sin ser tokenista. En esta temporada hemos tenido señoras hindúes y judías de parto y por supuesto Los Robinson nos han mostrado lo difícil que es ser un matrimonio afrocaribeño en el complejo y todavía racista Londres de 1968. Seguimos viendo crecer a May , la nena hongkonesa que adoptaron los Turner, pero no hemos visto mucho de Reggie, el hijo adoptivo de los Buckley, que tiene Down,. Aunque no hemos tenido representantes de la comunidad LGTB este año, el Dr. Turner nos anunció que por fin se abolieron las leyes en contra de la sodomía en el Reino Unido