lunes, 22 de octubre de 2018

Cornualles: Tierra de escritores



La región de Cornualles,  con sus fuertes raíces celtas,  ha influido en la literatura inglesa desde la leyenda artúrica. En una entrada anterior vimos como Daphne du Maurier utilizó la topografía córnica para añadir dimensión atmosférica a su narrativa. Ahora nos toca ver qué otros escritores harían algo parecido y como Cornualles se ha convertido en sinónimo de paraje gótico, amenazador y misterioso.

El Capitán Poldark
En 1934, un adolescente llamado Winston Grimes (faltaban años para que se convirtiera en Graham) se instalaba en Penrowth, Cornualles. Sin empleo ni estudios, mantenido por su madre, Winston había decidido que la provincia córnica sería desde donde lanzaría su carrera de escritor. Entre 1934 y 1940 publicaría media docena de novelas algunas con escenarios en Cornualles tales como Strangers Meeting.

 No será hasta 1940 que Graham encuentre un nuevo rumbo. En un viaje de tren conoce a un joven piloto que regresa a su hogar y se le ocurre escribir una historia, solo que su soldado protagonista regresa a un hogar en la Cornualles de 1778. Le tomará cinco años a Winston completar el primer volumen de su icónica saga. No será  sino hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, en la que el escritor ha servido en el servicio de guardacostas,  que publique Poldark.

Si para los personajes de Daphne Du Maurier el paisaje cornico es inhóspito y peligroso, para Ross Poldark es no solo amistoso, sino también el objeto de su amor. Su derruida casa de Nanpara, y su mina son parte,  y muy amada,  de su existencia. Incluso sus mujeres representan la tierra nativa. Elizabeth  es el pasado glorioso de los Poldark de Trenwith, y Demelza cuyo nombre topográfico (así se llama un valle de la región) la asocia con el paisaje de Cornualles. Tal como su tierra,  ella es rustica, salvaje, hasta violenta, pero un diamante en bruto por pulir.



La saga Poldark describe la evolución de una sociedad del Siglo XVIII al XIX; la vulnerabilidad geográfica de Cornualles que la expone a ataques franceses; y la emergencia de una burguesía que tanto puede ser humanitaria y progresista (el Dr. Dwight Enys) como  rapaz,  empeñada en pisotear tradiciones y aprovecharse de todo lo que el suelo produzca (los Warleggen). Las viejas familias son como la tía Agatha, obligada a replegarse a un rincón y a vivir de recuerdos, o como las Chenowyth  que intentan insertarse vía catastróficos enlaces en las nuevas clases dominantes.

Poldark también explora otros aspectos de la historia de Cornualles como el  auge del metodismo representado por los Carne, humanos de Demelza, y la pobreza y vulnerabilidad de las clases humildes que subsisten gracias a la minería, pero cuya existencia está subordinada a la capacidad de la mina y de sus propietarios. En La Posada de Jamaica du Maurier muestra el wrecking y el contrabando  como una lacra social . Graham nos enseña que recolectar los productos de un naufragio es a veces lo único que tienen para vivir los aldeanos. El contrabando es visto como un peligroso, pero elegante deporte, al que debe recurrir Ross,  siempre apremiado económicamente.

En 1975, cuando Winston Graham tenía publicadas siete novelas de su saga, las aventuras del Capitán Poldark fueron llevadas a la pantalla chica por el popular programa “Masterpiece Theater”. El éxito fue tal que Graham se vio obligado publicar a dos novelas más para que pudiesen hacer una segunda temporada. A pesar de que la visión siglo 21 es mas fastuosa, los actores tal vez mas atractivos, los efectos especiales mas sofisticados, tengo un buen recuerdo de esa versión original que fue todo un fenómeno,  aunque duró solo dos temporadas.

Robin Ellis y Angharad Rees (esposa hasta  su muerte de mi chongo Christopher Cazenove) se convirtieron en la pareja romántica del momento. No solo en ambos lados del Atlántico, a juzgar por todas las entrevistas que le hacían la revistas españolas cuando los actores cruzaban el Canal.


Winston Graham falleció en el 2003 dejando más que acabada su saga. Era cuestión de tiempo para que la BBC planease una versión más completa y moderna. A pesar de que admiro y aprecio lo atractivos que son Aidan Turner y Eleanor Tomlinson, no olvido a los Poldark originales.

 Sin embargo, hay otros actores que prefiero en papeles secundarios. Ralph Bates era demasiado conocido y tenia cierta aura de galán. Prefiero a este George Warleggen (Jack Farthing) que siempre parece un niño disfrazado con la ropa de su padre. Como Elizabeth,  Heida Reed  es mucho más linda, intensa y conmovedora que la impávida Jill Townsend. Lo mismo ocurre con en el rol de Morwenna. Jane Wymark era desabrida, se veía mayor, no me inspiró la misma ternura y compasión que me provoca Elise Chappel en el mismo rol.


Eleanor la de los cien nombres
Mientras Winston Graham se pasaba la Segunda Guerra Mundial en el servicio de guardacostas y Daphne Du Maurier escribía Frenchman’s Creek en Readymoney Cottage, otra escritora se instalaba en Cornualles, en un chalet cerca de la Playa de Plaidy.

 Eleanor Hibbert , de soltera Burford, era como Graham, un miembro de las clases humildes. Hija de un estibador del Támesis, Eleanor creció en Londres, fue educada en casa debido a su mala salud, y fue enviada luego aun  instituto comercial donde aprendió además de taquigrafía y mecanografía, francés y alemán. Tuvo diversos empleos desde interprete de turistas,  a pesadora de gemas para un joyero, de ahí su conocimiento de piedras preciosas que aparecería en algunas de sus novela como El Orgullo del Pavo Real y El Ópalo Negro.

 Cuando aún no cumplía 25 años, Eleanor se casó con George Hibbert, acaudalado comerciante en objetos de cuero y veinte años mayor que su mujer. George amaba los libros casi tanto como su esposa y la convenció de dedicarse a escribir en serio. En su primera década de casada, Eleanor terminó varias novelas que fueron rechazadas por las editoriales. Finalmente fue aconsejada de escribir novelas románticas, y lo hizo publicando  La Hija de Anna en 1941. De ahí siguió escribiendo sin parar bajo su nombre de soltera Eleanor Burford. Serian casi 30 novelas románticas, incluyendo diez para Mills&Boons (el equivalente inglés del Harlequin Romance) a partir de 1956.

Durante la guerra,  los Hibbert rentaron un a casa en Cornualles cerca de Plaidy. En 1945, Eleanor publicaba su primera novela The Highwayman and the Lady bajo el seudónimo de “Jean Plaidy” que haría famoso a partir de 1949 como autora de romances históricos. El primero Murder Most Royal es sobre Ana Bolena y su prima Catalina Howard. Aunque escribiría una saga de once novelas sobre los Tudor, Jean Plaidy también escribió sobre los Estuardo, Los Hanover, la Reina Victoria, Lucrecia Borgia, Los Reyes Católicos y otros personajes históricos.


En los 50 alternó la publicación de novelas históricas con otros romances bajo los seudónimos de Elbur Ford,  Anna Percival, Ellalice Tate y Kathleen Kellow. El dinero ganado la llevó a cambiar su estilo de vida. Adquirió una mansión antigua y comenzó a tomar cruceros anuales a sitios exóticos que luego recrearía en sus novelas.

Sin embargo, su máxima fama le llega por resucitar el género gótico. Justamente en 1960 cuando Daphne Du Maurier siente que ya ha superado su vena literaria, una tal Victoria Holt publica The Mistress of Mellyn. La novela  alcanza el primer lugar en los mas vendidos. La gente quiere saber quién es esta Victoria Holt que escribe como Charlotte Bronte y Daphne du Maurier.

Nadie sabe quién es esta extraña, pero la novela que tiene características que combinan a Jane Eyre y Rebecca ( institutriz que acaba en una mansión en Cornualles a cargo de una niña y un viudo obsesionado con su difunta esposa) provoca un rumor que se trata de Dame Daphne bajo un seudónimo. El libro tiene tanto 'exito  que pronto se la traduce a otros idiomas. Un año después de su publicación la revista argentina Para Ti comienza a serializarla bajo el nombre de Amor en las Sombras.


Eleanor seguirá escribiendo romances góticos bajo su nuevo seudónimo, sin dejar de lado sus sagas históricas. Entre 1963 y 1966 publica  La Novia de Pendorric, La Leyenda de la Séptima Virgen y Menfreya en la Mañana. Las tres son romances góticos y las tres tienen lugar en Cornualles. A Eleanor le gusta el setting porque lo conoce bien. No necesita hacer mucha investigación en la biblioteca, por lo que las novelas que llevarán como autora a Victoria Holt las deja para escribirlas cuando está en sus amados cruceros.

Todas las novelas mencionadas son éxitos de ventas y son rápidamente traducidas. Antes de cumplir diez años yo había leído  The Bride of Pendorric porque la había serializado la revista chilena Rosita. Es una historia también tipo Rebecca, y que fue inspiración (al igual que la novela de DDM) de la telenovela venezolana “Julia”.

Ambas comienzan con un millonario que conoce a su futura esposa en una isla lejana. En ambas la novia llega a una mansión misteriosa (obviamente en Cornualles). Roc Pendorric tiene una hermana llamada Rebeca, al igual que Eduardo Serrano en “Julia’ donde era interpretada por Eva Blanco: también hay unas sobrinas gemelas, Hyson y Lowella, y el infaltable retrato. En este caso el retrato no pertenece a la ex esposa de Roc, sino a una antepasada de la familia, Barbarina, quien puso una maldición sobre los Pendorric que todas las esposas del heredero deben morir de una forma violenta.

Victoria Holt se convirtió en la escritora de moda de un genero resucitado y con ella resucitó Cornualles como el espacio perfecto para mansiones misteriosas (Mellyn, Pendorric, Menfreya) , familias torturadas por secretos y heroínas ingenuas atrapadas en un entorno amenazador. La mejor de ese periodo, y que se desvía un poco de la fórmula, es La Leyenda de la Séptima Virgen.

Kerensa Carles es un poco Scarlett y un poco Becky Sharp Su amiga Mellyora es un poco Melanie, un poco Amelia. Kerensa es hija de campesinos, Mellyora,  con la que se ha criado y de quien será dama de compañía en su juventud, es la hija del clérigo local. Kerensa está obsesionada con la mansión de los St. Larnston (conocida simplemente como The Abbas).Esta mansión tiene una leyenda conectada  con un grupo de menhires y data de la época en que era un convento. Seis casquivanas monjas medievales fueron convertidas en piedra, pero Kerensa quiere ser la dueña de la mansión y ser “la séptima virgen”. Hará de todo para obtener lo que ambiciona. 

Después de este libro, Eleanor usaría el  seudónimo de Victoria Holt para escribir novelas localizadas en espacios más exóticos. Ahora era una acaudalada y muy viajada viuda y quería incorporar lo visto en sus viajes en su obra. Así escribe éxitos como La Sombra de Lince situada en Australia, La Casa de las mil Linternas que tiene lugar en la China y La Maldición de los Reyes que trascurre en Egipto. En 1975 vuelve a Cornualles con El Señor de la isla Lejana. Por alguna razón la obra que transcurre en tierras corncas es mas notable, tiene mas sabor, se nota que Eleanor conoce ese espacio y que incluso incluye diálogos en el lenguaje cornico, hoy ya extinto.

Yo pude leer muchas de estas novelas gracias a los buenos oficios de la revista Buenhogar que en los 70 se dedicó a serializarlas y en castellano, pero entremedio, apareció una tal  Philippa Carr que escribía muy parecido. De ella leí El León Triunfante y su secuela La Bruja del Mar. Me tomó un tiempo descubrir que se trataba de la misma Eleanor, ahora empeñada en crear una saga histórica:   Daughters of England.

Al menos en las cinco primeras entregas(El Milagro de San Bruno, El León Triunfante, La Bruja del Mar, Zarabanda para Dos Hermanas y Lamento por un Amante Perdido)  debía haberse llamado Hijas de Cornualles, puesto que la acción tenia lugar en el Finisterre inglés y contaba la historia de la región desde los días de Enrique VIII  hasta la Guerra Civil de mediados del Siglo XVII.

El León Triunfante parecía un bodice-ripper, tenía más sexo y violencia sexual que  Poldark o las novelas córnicas de Du Maurier y ciertamente eran mas osadas que lo que la autora había escrito bajo otros seudónimos. “El León Triunfante” es el apodo de Jack Pennylion, un corsario isabelino que cuando le gusta algo , lo toma. Eso se aplica a Catherine, a quien secuestra a pesar de que ella ama a otro hombre. 

Aunque no la viola, la obliga a casarse con él.  Pero el matrimonio no alcanza a consumarse, puesto que Cat es secuestrada por un galeón español. Su capitán, Don Felipe es un hombre que quiere cobrar venganza en el León que hace años secuestró y violó a su prometida. Ahora Felipe, hará lo mismo.

Pasan tres años, Cat vive feliz en Las Canarias, junto a su hijo Roberto y parece estar enamorada de Felipe (ok, Estocolmo). Llega Jake, mata a Felipe y secuestra a Cat y al niño y se los lleva a Cornualles. Lo bueno, es que la novela no se detiene tanto en la relación de este par, que como los Poldark vive peleando y follando, prefiriendo ocuparse en la historia de la Reina Isabel, de Maria Estuardo, en un momento Cat vuelve a España y cae en manos de la Inquisición y la novela acaba con la derrota de La Armada Invencible.

La Bruja que Vino del  Mar a cuenta las desgracias de Linnet la hija mayor de Jack y de Cat. La historia comienza como la de la madre. Linnet está comprometida con Fennimore, pero la rapta el noble local, Colum Calevill quien la droga, la viola y la preña (no se preocupen ni la autora cree o trata de hacernos creer que él es el héroe). 

Para salvar su honor, Linnet debe casarse con el puerco e irse a vivir  al Castillo de Paling. Ahí descubre que es masoquista porque le gusta vivir con el marido y este a) torturó y mató a su primera esposa y b)  se gana la vida con ese gran deporte córnico del wrecking:  hacer naufragar barcos, matar a la tripulación y quedarse con el cargamento.

Una noche de Halloween, Linnet rescata de uno de esos naufragios a la española María. Embarazada y sufriendo de amnesia, Maria se queda en el Castillo de Paling bajo la protección de Linnet, pero un año más tarde, también en Halloween, desaparece dejando atrás a su hija Senara. Linnet cría a Senara junto a sus hijos, pero Maria regresa sin explicaciones. La gente del lugar hablan de brujería.

Maria comienza a adquirir poder sobre el castillo y sobre Colum al que parece haber hechizado. Linnet muere en extrañas circunstancias y Maria se casa con Collum. Tomará años para que Tamsin,  hija de Linnet , descubra la verdad sobre la muerte de su madre y sobre los culpables. Como buena bruja, Maria desaparecerá en una nube de humo, pero para alegría de los lectores, Collum sufre un final horrible.

 No hay que juzgar duramente a Victoria-Philippa por sus protagonistas machistas, eran parte de la cultura de la ficción romántica de la época. A diferencia de otras autoras, Eleanor específicamente define a los protagonistas como villanos, rechaza su comportamiento y explica que sus mujeres -victimas lo son o por masoquismo, o por lo que hoy llamaríamos Síndrome de Estocolmo, o por necesidad.  La saga consta de doce libros. En algún momento las hijas y nietas de Linnet y Tamsin dejarán Cornualles  para irse a Londres, y sus hijas y nietas llegarán hasta Australia, para luego regresar en los libros finales a Cornualles.

Eleanor murió en 1993 durante uno de sus  cruceros. En el momento de su muerte era archiconocida en todo el mundo,  y millonaria. Hoy , a pesar de que las nuevas generaciones,  solo los amantes del suspenso romántico la conocen, sus novelas siguen republicándose y pueden encontrarse en Amazon o en bibliotecas. Sin embargo, ninguna de sus novelas ha sido llevada a las pantallas. Una excepción fue un filme taiwanés de 1965 basado en The Mistress of Mellyn. Es triste que Philippa Gregory haya llegado a tener más exposición en cine y televisión que las sagas históricas de Jean Plaidy.

Victoria Holt merece ser recordada como una renovadora del gótico y también una novelista regional ya que en su narrativa recogió el pasado, las costumbres y hasta el dialecto de Cornualles. Tal como la BBC hiciera con la obra de la olvidada Catherine Cookson, a fines del siglo pasado, podría adaptar a la pantalla chica alguno de los suspensos góticos de Victoria Holt.

La última mártir de Cornualles
Los escritores que he mencionado en estas dos entradas han sido instrumentales en crear esta imagen de Cornualles como un paraíso para el relato gótico. Pero creo que el mayor homenaje al siniestro paisaje córnico y a su complicidad en la tortura de una heroína en peligro lo tuvimos en un espacio insospechado, la trilogía de Patrick Melrose. Aunque no fue incluido este episodio en la serie de Showtime es de gran importancia en el desarrollo del héroe.

 El autor Edward St. Aubyn pertenece a un antiguo linaje de Cornualles. Los Barones St. Aubyn han tenido parte en los affaires locales desde el siglo XIV.  Edward nació en el Finisterre y está emparentado con los dueños del Monte St. Michael,  uno de los spots turísticos de la zona.
A través de su saga, St. Aubyn da derecho a Eleanor Melrose, la madre de Patrick, a narrarla. Es a partir del quinto libro At Last  (que en castellano ha sido publicada vajo el t'itulo de La Madre)  que descubrimos que Eleanor es una narradora poco confiable. Cuando no está desahogándose con su nuera, está tratando de reconstruir su pasado de manera que siempre emerja cómo mártir y no como verdugo.

Eleanor es la típica “Pobre niña rica”. A sus veintitantos años  sigue sintiéndose víctima de su madre, su padrastro y de su propia incapacidad para ser feliz. Es presa fácil del caza fortunas David Melrose. Cuando Eleanor tiene dudas sobre convertirse en Mrs.  Melrose, el impaciente David las dispersa,  embarazándola. Cuando la madre de Eleanor se niega a darle su herencia, David las castiga llevándose a Eleanor a un recóndito paraje de la costa cornica donde está la última propiedad de los Melrose, una especie de faro-fortaleza. Ahí Eleanor permanece prisionera tal como una heroína de Victoria Holt.

David, con sádica arrogancia, le niega a la esposa atención médica. Después de todo él es médico. El resultado es que Georgina, la hermana mayor de Patrick,  muere. Entonces, David deja encerrada a desolada madre en esa casona que ya parece la Posada de Jamaica, y parte en su yate a arrojar el cadáver de su hija en el mar. 

Eleanor decide huir, pero se demora tanto en hacerlo que le da al marido la oportunidad de violarla (escena descrita gráfica y terroríficamente por la atropellada) y embarazarla.Es por eso por lo que cuando Patrick (tal como lo hizo St. Aubyn en la vida real) años más tarde se atreve a confesarle sobre la violación a su madre, solo consigue que esta masculle un “a mí también”. 

Está vez,  David tiene la decencia de traer una enfermera y una  criada a atender a su mujer y Patrick nace sin problemas, pero David sigue sometiendo a su esposa otras torturas que la ponen a la altura de Morwenna Chenowyth en la saga de Poldark.

En la noche cuando el niño llora, David destierra al  llorón y a la madre a la torre mas alta de la casa, a un  cuartucho donde solo caben un camastro y una silla. Por temor a aplastar al bebé,  Eleanor se pasa las noches en una silla. Por temor a dejar caer al bebé, Eleanor se pasa la noches en vela.


 Recordando la escena en que Morwenna se defiende de un intento de violación por parte de su repulsivo marido amenazando con matar al hijo de ambos, me doy cuenta de cómo estas criaturas producto de violación son vistas como enemigos por las madres. Mas allá de que sea una reacción natural a embarazos no deseados, está  esa sensación de que en Cornualles hombres (aun los bebés) y medioambiente son enemigos de la mujer.

La mala reputación de Cornualles
Esta tanta esa asociación de zona peligrosa y misteriosa que incluso novelas que tienen lugar en otras costas son filmadas en Cornualles. Tanto así que en su última adaptación de Los Diez Indiecitos (o “diez Negritos” o Diez Soldaditos” o “Diez Burritos” o como la quieran titular ahora)  de Agatha Christie, la BBC ha trasladado la acción, que en el original ocurría en la costa de Devon,  a una isla en la costa de Cornualles. Es lo adecuado para este relato lleno de angustia y suspenso en que diez personas son atrapadas en una isla por un extraño (que resulta ser uno de ellos) que poco a poco va ejecutándolos uno a uno,  en castigo por crímenes pasados.



Bram Stoker situó su Drácula en Moldavia y en la villa costera de Whitby en Yorkshire. En la super sexy adaptación de 1979 se decidió trasladar a Whitby a la Bahía de Carlyon en Cornualles y el Castillo en Monte St. Michael (propiedad de los St. Aubyn) se convirtió en la Abadía de Carfax. A pesar de que el peligro para la heroína  y su amiga Mina venga de afuera, toda la región,  con sus acantilados donde ocurre el naufragio, sus días nebulosos, sus cavernas misteriosas y por supuesto la extraordinaria abadía,  parece ayudar a Drácula en sus nefarios propósitos.

Hasta ahora hemos hablado de ficción histórica y suspenso gótico en relación con Cornualles, pero también ha sido escenario de horror en el cine. En 1971, Sam Peckinpah situó en un pueblo de Cornualles llamado St. Banyon. la versión original de “Straw Dogs”,  filme que en su día fue repudiado por su violencia.

David (Dustin Hoffman)  un tímido matemático llega al pueblo natal de su esposa Amy (Susan George). A los lugareños, encabezados por Nutt , ex novio de Amy, no les parece que ella se haya casado con un extranjero. Y ya sabemos si la gente de Cornualles te toma tirria, el paisaje también. La granja de David es un lugar apartado,  fácil de asaltar. Con el cuento de llevarlo de cacería, Nutt y sus amigos “pierden” a David en el bosque, van a la granja y violan a Amy.

De ahí devendrá un cuadro de violencia que puso a los críticos en pie de guerra. Aun peor, los pueblerinos de St.  Banyon se enfurecieron al saber que por culpa de esa película,  para la posteridad ellos serían vistos como asesinos, violadores y cavernícolas xenófobos. Hey, Cornualles desde la leyenda artúrica que trae esa reputación de tierra violenta y peligrosa. La ficción solo la ha seguido perpetuando.




lunes, 15 de octubre de 2018

A Cuarenta Años de Holocausto (Televisión del Ayer)



La semana pasada recordábamos el aniversario de “Julia “y la campaña de criticas que sufriera el show y su protagonista, Diahann Carroll. En este 2018, también se celebran cuarenta años de otro hito de la televisión de los 70s,  la miniserie “Holocausto”. A pesar de que  está considerada pasada de moda y se la culpa de iniciar una serie de clichés que hoy se asocian al tema, me sorprendió saber que las criticas la acompañaron desde la noche de su nacimiento, y que  su máximo detractor fuera un judío, Sir Elie Wiesel.

Cada vez que disputo  sobre la representación del Holocausto en ficción, sea con negacionistas, neo nazis, pro-causa palestina o simplemente gente aburrida con tanto filme parecido,  sacan a relucir a “La Industria del Holocausto” y la obra que mayor critica recibe es la miniserie “Holocausto”. Los reproches se resumen en “¡qué mala es y tan llena de clichés!” Eso me causa risa porque los clichés nacieron después. “Holocausto” (versión en inglés), que debutará en la televisión en abril de 1978,  los inventó.

Es difícil para los nacidos después de 1980 imaginarse que a fines de los Setentas no había tal cosa como “Industria del Holocausto”. Los sobrevivientes cargaban sus recuerdos en silencio y con vergüenza, no existía un punto de referencia para hablar del exterminio nazi o de los campos de concentración. Les recomiendo un excelente documental “Imaginary Witness: Hollywood and the Holocaust”(Testigo imaginario: Hollywood y el Holocausto) que describe,  en orden cronológico,  la evolución del tema en cine y televisión.

Aunque  había filmes ( “The Juggler”, ”The Pawnbroker”y hasta un episodio de “La galería nocturna”) que giraban en torno a sobrevivientes de campos de concentración, la realidad de los lagers era algo que solo se podía leer en textos de historia o memorias como la trilogía de Primo Levi o la Noche de Elie Wiesel. Fue precisamente Sir Elie quien usaría el lenguaje más fuerte en contra de “Holocausto” acusándola de ser “untrue, offensive, and cheap” (falsa, ofensiva y de poco valor). Tengo que hacer un esfuerzo para  acercarme a su postura, y la de otros sobrevivientes, y  darme cuenta del shock de ver su tragedia  enmarcada en  la pantalla de su televisor. Era impensable porque se trataba de algo no visto hasta entonces.

Yo creo que todo actor histórico que ve su experiencia en pantalla (por ejemplo los mineros ante “Los 100”) se siente mal representado y desprestigiado. La experiencia de Auschwitz había sido parte del cine europeo  desde que Wanda Jakuwoska, recién liberada, dirigiera “La última etapa” (Polonia, 1945). Para 1978, existían algunas joyas del género como la tristísima “Kapo” (1960),  una coproducción ítalo-yugoeslava que narraba la necesidad de una sobreviviente (Susan Strasberg) de ocultar su pasado como guardia de sus compañeros de cautiverio. Aunque la academia galardonaba esas cintas, muy pocos estadounidense (aun los judíos)  las veían  puesto que solo circulaban  en cines especializados y por poco tiempo en cartelera.

Aun cuando yo había visto filmes sobre criminales de guerra (“El Juicio de Nuremberg”, la miniserie “QB VII “, The Man in the Glass Booth”) y sobre la persecución de los judíos (El Viaje de los Malditos y El Diario de Ana Frank), la vida en los lagers era algo que conocía solo de libros o de testimonios personales de los sobrevivientes. Aparté de documentales, los únicos ejemplos de dramatización de los campos de concentración en mi memoria eran de un filme de Spencer Tracy “La Séptima Cruz” (1944) y las “7 Bellezas””  de Lina Wermuller (Italia, 1976).

Curiosamente, ninguna de  estas películas se enfocaban en la experiencia judía. “Holocausto” (versión en español) por primera vez me puso cara cara con  lo que me podría haber pasado de haber vivido en ese tiempo, con lo que les había pasado a las tías  de mi madre (tres míticas benefactoras que velaron sobre mi cuna y que como Las Parcas, respondían solo a nombres de pila: Elvira, Sasha, y Flora).

Lo que Elie Wiesel no notaba es que para 1978,   la ausencia de datos históricos , de rostros humanos, de aspectos tangibles que respetar o sacralizar,  estaban generando un  cine  peligroso. Teníamos parodias de la vida en campos de concentración (“7 Bellezas”):  filmes de horror (“Los niños de Brasil”): erótica (“El portero de la noche”) y un tipo de pornografía que usaba los crímenes del Nazismo para excitar sexualmente. Conocida como Nazixplotation nos brindó títulos como “Ilsa, La Loba de la SS”(1974) y “La Ultima Orgia de la Gestapo” (1977).

Lo primero que hay que agradecer a “Holocausto”,  es que al  examinar ese periodo desde una perspectiva de cultura popular, nos permitió a muchos judíos salir del closet otorgándonos un vínculo en común. Hasta 1976,  yo no había practicado la religión judía, hasta 1970 yo ni sabía que era judía. Mi interés por el Holocausto fue una manera de crearme una identidad cultural.

Cuando llegue a mi escuela, Ezra Academy of  Queens, en 1976, no sabía leer en hebreo, no conocía ninguna oración judaica, pero podía debatir el tema del Holocausto con compañeros y maestros cuyos padres habían huido de la persecución nazi, o eran sobrevivientes de Auschwitz.

Lo que hoy llamaríamos “iniciar una conversación sobre el tema” estaba flotando en el zeitgeist de los 70. “Holocausto” llegó en el momento indicado. En esa década  se había despertado un interés por sagas “étnicas”. Las minorías estaban buscando sus raíces culturales dentro del cine y la televisión: Los Italianos con “El Padrino”; los irlandeses con “Capitanes y Reyes” y luego “Los Manions de América”:  y por supuesto, ya existía la épica de la tragedia afro-americana “Raíces”.  Sin “Roots” no hubiese existido “Holocausto”.

Los productores quisieron establecer un lazo  entre ambas. Tal como “Roots” lleva como subtitulo “La historia de una familia americana”,  “Holocausto” fue subtitulada “La historia de La Familia Weiss”.  Eso también provocó la ira de Sir Elie Weisel. “Holocausto” era la tercera serie en la historia de la televisión en retratar el exterminio nazi. La primera fue una versión de El Diario de Ana Frank (1963),siendo  la segunda la adaptación de  QB VII de Leon Uris (1974). Solo que Los Frank eran seres de carne y hueso, Otto Frank todavía estaba vivo,  tal como mucha gente que había conocido a su familia.

“QB VII” estaba basada en la demanda legal que había impuesto el Dr. Wirth en contra de Uris. Había una base real para esa visión fílmica de los experimentos médicos nazis. Amen que ninguna de las mencionadas  describía visualmente el martirio de los judíos fuera o dentro de un lager. En cambio,  ahora,  tanto Sir Elie como otros sobrevivientes,  tenían que sufrir la ignominia de ver su horror, desplegado como un retablo de marionetas,  en la pantalla chica.

La narrativa imaginaria era el mayor punto de disputa. Se podía revivir el pasado doloroso dentro de un marco de documental, pero esta telenovela, con romances, escenas de cama y peleas domésticas,  ofendía la sensibilidad de las víctimas. Como diría el escritor inglés Dennis Potter , en The Sunday Times, ” el pecado de “Holocausto” fue “ser una telenovela demasiado buena”. Un temor de Sir Elie era que los negacionistas se aferrasen a esta nueva forma de ficción como prueba de la irrealidad del Holocausto. O que futuras generaciones (y no estaba muy descaminado) se desensibilizaran del tema viéndolo como otro relato artificioso basado en un granito de verdad.



Molly Haskell iría mas lejos “¿Como pueden, como se atreven, los actores a imaginar que pueden hacernos sentir como era..? ” y sigue en la misma vena de Sir Elie Wiesel, hablando de sacrilegio y acusando al reparto de ”Holocausto  “de transgredir la prohibición judaica de reproducir imágenes(citado en While América Watches: Televizing the Holocaust de Jeffrey Shandler Dorot). Si fuera por eso, debió haberse protestado en contra de las épicas bíblicas de Cecil B De Mille.

No quiero ser burlesca. Me doy cuenta del shock que debe haber experimentado una generación para la cual el Holocausto fue una realidad diaria. Aun así, el formato de Soap Opera nos permitía darle un rostro humano  y acercarnos más a un pasado trágico. Algo más tangible en la recepción del publico gentil, puesto que para muchos lo que veían constituía una total novedad. Por eso se ha hablado que Gerald Greene, el libretista,  escribió un minicurso sobre el tema. Mas adelante, Green publicaría su libreto en formato de novela  donde agregaría más contenido a la trama.

Hora de dar una breve sinopsis a quienes nunca vieron las ocho horas (cuatro noches) que componen la miniserie. El primer capítulo abre en Berlín 1935, dos años después de la ascensión de Hitler al poder , pero todavía antes de las promulgación de las Leyes de Nuremberg. Eso permite la boda del pintor judío Karl Weiss (James Woods) con la alemana aria Inga Helms (una entonces desconocida Meryl Streep). Presentes están los parientes,  los Helms nada contentos con ese matrimonio,  y los Weiss.

 Karl es el hijo mayor del Dr. Joseph Weiss (Fritz Weaver), un inmigrante polaco que ha hecho fortuna en Berlín,  y de su esposa Berta Palitz Weiss (Rosemary Harris) una dama de sociedad, pianista, descendiente de varias generaciones de judíos alemanes. Sus otros hijos son Rudi (Joseph Bottoms),  un estudiante más interesado en el futbol que en los libros,  y su hermanita Anna (Blanche Baker),  la consentida de la familia.

La serie va desarrollando los eventos que llevan a la exterminación de los judíos. Los Weiss sobreviven el Ghetto de Varsovia, pero ambos perecerán en Auschwitz. Joseph saltará de campo en campo, de Buchenwald a Theresienstad; de Theresienstad a Auschwitz donde muere horas antes de la liberación, Inga,  que lo ha acompañado hasta Theresienstad , sobrevive junto con su bebé. Anna, tras ser violada por Nazis borrachos, pierde la razón y es víctima de la campaña de exterminio de los enfermos mentales del Tercer Reich.

Rudi, el único de la familia que cree en resistir, huye a Praga, se casa con una judía checa (Tovah Feldshuh), y se unen a los partisanos. Pero en el bosque,  los alemanes matan a su esposa y Rudi es llevado a Sobibor de donde escapa durante la revuelta. Es el único de los hijos del Doctor Weiss que sobrevive el Holocausto,  y acaba la miniserie con  él a punto de viajar a Palestina.

Esta es la soap opera que muchos críticos definieron  como una trivialización de la tragedia, pero  parafraseando al gran Paddy Chayesvky:  “televisión” y “trivialización” se escriben con las mismas letras. Del momento que el exterminio Nazi pasaba a la cultura televisiva se convertía en algo trivial. Sin embargo, eso no implicaba que no fuera efectivo o necesario.

Como explicó Tom Shales en el Washington Post: “La televisión tiene la capacidad, pocas veces usada, de convertir lo abstracto,  aun lo inimaginable, en algo personal y particular”.  Sin embargo para el critico de cine John O’Connor, escribiendo en el New York Times, resultaba repugnante ver tanta masacre en la televisión abierta y más encima ser interrumpido por spots comerciales. ¡Sobre todo porque uno de los patrocinadores era el mata gérmenes Lysol! (mata gérmenes =mata judíos).



Aun así, el intervalo comercial era bienvenido por muchas familias que usaban ese momento para calmarse e iniciar una conversación sobre lo visto. Yo recuerdo que en casa, durante comerciales,  hubo carreras al baño, mi mamá pidió un vaso de agua para calmar los nervios, y yo me fui a la cocina a llorar a oscuras en un rincón.

En Alemania  Democrática donde la miniserie se pasó en mayo del ‘78, no había comerciales en ese entonces, pero la cadena que presentaba “Holocausto” se vio colapsada con llamadas telefónicas. Como previsión habían invitado a tres historiadores para responder las consultas de la audiencia y no se daban abasto. Para jóvenes alemanes que hasta hoy casi no reciben información sobre el nazismo y el Tercer Reich en la escuela, esto era una novedad pavorosa. Sus preguntas iniciaban siempre con un “¿es esto real?”,  “¿pasó en Alemania?”



La conmoción provocada por “Holocausto” fue tal que en Coblenza,   los neonazis cortaron los cables eléctricos dejando a miles casas sin televisión por una hora. Aun así,  la maniobra no impidió el interés en el show ni el debate que se inició en Alemania a raíz de  la miniserie. Una de las reacciones fue que no se aprobara la ley que pedía que el estatuto sobre crímenes nazis en Alemania expirara a partir de diciembre de 1979.

Parte de ese impacto nacía del hecho de que los Weiss eran alemanes, y que la mayoría de los hechos ocurría en suelo alemán. Otro motivo de critica que recibió la miniserie fue crear el drama en torno a judíos alemanes totalmente asimilados y patrióticos. Tanta molestia provocó a una comunidad judía de Connecticut,  compuesta por sobrevivientes de la Europa Oriental , que escribieron cada uno su propia experiencia durante la Shoah (así se llama al Holocausto en hebreo) y lo llevaron a la Universidad de Yale que creó una sección en su biblioteca para conservar esas memorias. Me parece muy legítimo. Si lo puedes hacer mejor, hazlo, pero esos testigos no hubiesen rendido testimonio si no hubiesen sido fustigados por “Holocausto”.

La razón para situar la acción en Alemania se debe a que en ese país se originó la persecución. Si se quería mostrar como afectaban a los Weiss eventos tales como las Leyes de Nuremberg en 1935;  Kristalnachnt en 1938 (creo que es el único ejemplo de una dramatización de ese evento); Buchenwald,  uno de los primeros campos alemanes donde va a parar Karl; la expulsión de los judíos polacos que separa  al Dr. Weiss de su familia; y la eutanasia en el Tercer Reich,  la acción debía trasladarse a suelo germano.

Existía otra razón para hacer a los Weiss una familia alemana. Su grado de asimilación los hacia identificables a cualquier espectador occidental. Por último, era necesario que los Weiss fueran berlineses para crearles algún vínculo con Erik Dorf (Michael Moriarty( y su familia. Dorf, que según mi padre y muchos era el personaje mas interesante de la historia,  también es un punto de controversia.

Gerald Green crea a este abogado ario, totalmente apolítico,  para mostrar el rostro humano del nazismo. Empujado por la necesidad, y en busca de un empleo, Dorf se une a la SS. Reinhard Heidrich (David Warner), jefe de la organización, reconoce los méritos administrativos y legales de Dorf y lo convierte en su mano derecha. Dorf emplea sus conocimientos de abogado para trazar La Solución Final, el exterminio de los judíos, la creación de los campos de la muerte y los subterfugios que pueden legalizar toda esa maquinaria.

Para muchos,  era escandaloso ver a un hombre urbano, gentil y atractivo,  hablar y dictar medida sobre un asesinato en masa. Fue un modo muy efectivo de mostrar que no todos los Nazis eran monstruos psicópatas sino gente común y corriente. La queja de Sir Elie Weisel es que Dorf parecía representar a todos los involucrados en la guerra contra los judíos,  y que se le daba demasiada importancia a un personaje ficticio.

En realidad no tan ficticio. Green basó a Dorf en Otto Ohlendorf, abogado, economista y alto jerarca de la SS,  que fue juzgado en Nuremberg por crímenes en contra de la humanidad. El personaje de Dorf aunque importante, no es el único nazi presente. Otros jerarcas como Heydrich, Himmler y Eichmann también hacen acto de presencia.



Uno de los grandes méritos de Holocausto como novela, es que en ella Greene usa como fuentes de autoridad los recuerdos de los sobrevivientes de la Familia Weiss, Rudi e Inga;  cartas dejadas por los Weiss; y el diario secreto de Dorf que ha caído en manos de Rudi, en sus esfuerzos por recabar datos sobre su familia. En el diario hay mucha más información sobre el trabajo de Dorf, su filosofía que explica su participación en el exterminio, y su descripción de la Conferencia de Wansee a la que asiste. Esta conferencia, donde se le dio luz verde a la Solución Final, también aparece en la serie.

Viendo ahora “Holocausto” es difícil imaginarse el nivel de importancia que tuvo en su momento como inicio de una discusión que todavía no tiene punto final. La miniserie llegó en el momento exacto para romper silencios y tabúes, para informar  y para cambiar percepciones.

 Los Setenta habían iniciado con el boicot árabe del petróleo en 1972, lo que suscitó alzas y escases de combustible en Occidente. El ciudadano medio culpaba a Israel y de ahí a un surgimiento del antisemitismo había solo un paso.Ese mismo año tenía lugar la masacre de los atletas israelies en las Olimpiadas de Munich.  En 1975, la ONU declaraba al sionismo como una forma de racismo. En el mismo Israel había un sentimiento de temor hacía nuevas formas de antisemitismo. En 1973, La Guerra de Yom Kippur en la que nueve países árabes( + Cuba)  atacaron intempestivamente a Israel en el día más sagrado del calendario judío, demostró cuan vulnerable era la nación judía.

 En 1976, después de la incursión al aeropuerto de Entebbe, en Uganda, para rescatar a 103 viajeros israelíes y judíos no-israelíes  (más la tripulación del avión de Air France que no quiso abandonar a los secuestrados)  se descubrió que entre los secuestradores había dos terroristas alemanes, Wilfried Bose y Brigitte Kuhlmann. Como le dijera a Bose, Yitzhak David , uno de los rehenes y sobreviviente de Auschwitz,  “Alemania no ha cambiado”.
Daniel Bruhl como Bose y Rosemond Pike como Kuhlmann en "7 Días en Entebbe"

Ni  Alemania, ni los nazis, ni la tolerancia del mundo con el antisemitismo. En 1977,  el Partido Nazi Americano (National Socialist Party of America) decidió usar el pueblito de Skokie, en Illinois, como espacio para una marcha y un rally. No era coincidencia que el 40% de los habitantes de Skokie fueran judíos, la mayoría sobrevivientes del Holocausto. Las autoridades prohibieron la marcha, los nazis llevaron el caso a tribunales. Con el apoyo de la Unión de Libertades Civiles de America, ganaron el caso puesto que se demostró que aunque la suástica podía ser considerada ofensiva, ni el uniforme nazi, ni los panfletos, ni el propósito del rally o del partido lo eran. Finalmente, el evento tuvo lugar , no en Skokie, pero en el gran Chicago.
Rally Nazi en Chicago (1972)

Nazis amparandose en el derecho a la libertad de expresión

Todo estos sucesos nos  tenían a los judíos, y no solo la generación del Holocausto, nerviosos. La miniserie con todos sus bemoles fue catártica e instrumental para establecer un dialogo necesario entre judíos y gentiles, y entre los mismos judíos. Ahora no solo lo textos de historia y documentos podían ser usados como instrumentos didácticos.

Los filmes del Holocausto que seguirían a la miniserie no se basarían en ficción (a menos que fueran adaptaciones de novelas premiadas como Sophie’s Choice de William Styron;  o The Winds of War y War and Remembrace de Herman Wouk).
Jane Seymour en "War and Remembrance" y Meryl Streep en "Sophie's Choice"

Revisando las listas de dramatizaciones del Holocausto de los 80s tanto cine como televisión se abocan a memorias como “”Playing for Time” (1980)basada en los recuerdos de Fania Fenelon de sus días de miembro de la orquesta de Auschwitz;

Escape From Sobibor” (1987) basada en los testimonios de los sobrevientes del escape masivo más grande de un campo de exterminio;

Triumph of the Spirit” (¡989)la historia real de las experiencias en Auschwitz del campeón de boxeo griego Salamo Arouch (Willem Dafoe), uno de los pocos ejemplos de narrar la experiencia sefardita en la Shoah,  y por supuesto,  “ Schindler List” (1994).



Puedo casi apostar que es cuando se inventan situaciones y personajes y se decae en “La Fórmula” (Léase  victimismo, personajes estereotipados y dramatismo sentimentaloide y exagerado) cuando el nivel del relato pierde fuerza y mérito.  Pero incluso en este siglo, “La Fórmula” ha atrapado historias basadas en hechos  reales. Por eso tanto “El Pianista”(2002)  como “The Zookeper’s Wife”(2016)me han dejado fría. También porque no muestran nada novedoso.

Siento más respeto por los Bastardos de Tarantino. Primero,  porque el bandido de Tarantino siempre está parodiando géneros ya existentes de pulp fiction. Segundo porque la novedad de su Fabula/ Fantasía judía (baleamos a Hitler, matamos a palos a los Nazis, mutilamos a los que quieren exterminarnos) me parece más legitima que otras entelequias lacrimógenas, melindrosas y sin sustancia  como “ El niño del piyama a rayas”,  “El tren de la alegría “y la repulsiva “La Vita e Bella” Al menos nadie puede acusar a Tarentino de perpetuar un lugar común que Sir Elie encontró en “Holocausto”:  la pasividad judía ante la agresión Nazi.



“Holocausto” originó muchas preguntas. La primera  es cómo llegaron Hitler y sus Nazis al poder. Para eso es bueno  ver una serie como “Babylon Berlin” que muestra el estado de la  Alemania pre-hitleriana, sumida en crisis económica y violencia política. La segunda es cómo Occidente permitió que llegaran las cosas hasta tal punto. Uff, para eso hay literatura a grane y una larga lista de motivos. 

La ultima pregunta y la más exasperante es “¿por qué los judíos no se defendieron?.  Es como cuestionar por qué una mujer abusada (o un niño o un viejo) deja que lo golpeen. Aparte de simplona,  la mera pregunta  implica responsabilidad de la víctima en el abuso.

Pero volviendo al tema puntual de “Holocausto”, otra novedad que impuso la miniserie fue mostrar la resistencia judía: el alzamiento del Ghetto de Varsovia, los partisanos, la revuelta y escape masivo de Sobibor.  De hecho la serie está dedicada a “those who fought back”. Eso también motivó la crítica de Sir Elie puesto que presuponía que los únicos sobrevivientes dignos de admiración eran los resistentes.

Ni tanto. Rudy Weiss sobrevive porque desde que se lía a  golpes con Hitlerjugends en las calles berlinesas, es el “peleador” de la familia. Pero su esposa Elena, tan partisana como él, muere en un enfrentamiento con soldados.  Rudi escapa de Sobibor, pero de los 300 judíos que huyeron de ese campo solo sobrevivieron 58 (y a uno de ellos, Leon Feldheimer, lo mataron los polacos en el pogromo de Lublin después de la guerra). Rebelarse no es sinónimo de sobrevivir.

Sin embargo para Sir Elie Wiesel ese fue un punto de crítica,  lo que él llamaba “”el tema obsesivo de la resignación judía”.  “¿Seremos de nuevo sujetos al debate del pasividad judía versus heroísmo judío? fue su pregunta. Lamentablemente es un tema que siempre se pondrá en la mesa y que se origina en la ignorancia de las circunstancias en que se dieron esos ejemplos de “pasividad” y de “heroísmo” . Por otro lado hay quienes ven en la resistencia judía una excusa para que los alemanes se “defendieran” de la agresión de esos untermenchen.

Deberíamos ver que otras formas de resistir encontraron las víctimas. Holocausto nos lo muestra en el personaje de Karl Weiss (James Wood), el más maltratado de su familia. Karl es arrestado después de la Noche de los Cristales Rotos. No hay cargos contra el (todo es una faramalla de un Nazi que quiere acostarse con la mujer del pintor).

Karl es llevado a Buchenwald. Allá se le piden los datos. Hay un preso antes que el pintor en la fila . “Nombre de la puta que te parió” es la primera pregunta.  “Mi mamá no era puta”es la respuesta. Enseguida al preso se le golpea hasta hacerle perder el conocimiento. Llega el turno de Karl. Comienza rechazando la soez pregunta . “Mi madre no es puta” "¡Todas las judías son putas!" "Pero mi madre..." Un palo Aprendida la lección, da el nombre de su madre, pero cuando la sigue “nombre del cafiche que la violó”Karl rápidamente se da cuenta que no se puede resistir en este espacio y responde “Joseph Weiss”  sin pestañear.


 Resistir significa a veces seguir las reglas del juego. Más adelante, Karl es castigado (no recuerdo el motivo) y es colgado de los brazos de un poste por varios días. A punto de sucumbir,  es revivido por un compañero de martirio que le recuerda que la vida es todo lo que tiene, lo mas valioso. De nuevo, otra manera de resistir.

Inga (M. Streep) la esposa de Karl se acuesta con el nazi para conseguir que al marido lo trasladen al supuesto campo “modelo “de Terezin (Theresienstad)  en Checoeslovaquia, y decide acompañarlo. En la fortaleza de Terezin, está prohibido guardar récords de la vida cuotidiana, no pueden los presos ni sacar fotografía, ni mantener diarios,  ni hacer dibujos. Karl se une a un grupo de artistas (esto también es real) que clandestinamente mantienen un registro de los sufrimientos y privaciones de los internados en la fortaleza. Karl es descubierto y horriblemente torturado. Le quiebran las manos y lo envían a Auschwitz.

Milagrosamente, Karl sobrevive, pero ya no puede dibujar. Un día consigue un trozo de carbón y comienza a trazar figuras. Aunque su arte no es lo que fue, se reconocen en sus dibujos las imágenes de pesadilla del lager. Karl muere, pero un compañero salva esos últimos bosquejos y se los hace llegar a Inga.

Antes de terminar, quiero hacer un resumen de los logros de una serie que tuvo muchos errores (geográficos, las descripciones de la vida religiosa judía, etc.), pero que fue  una puerta que se abrió para permitir que el Holocausto se convirtiese en parte de la imaginación popular norteamericana (y tal vez Occidental). 120 millones de personas vieron “Holocausto” en Estados Unidos. Uno de ellos fue el Presidente Jimmy Carter. Un mes después de la trasmisión de la miniserie, Carter firmó un permiso para la creación de La Comisión del Holocausto que devendría en la construcción del Museo del Holocausto en Washington.

Las sustanciales críticas de Sir Elie Wiesel no cayeron en saco roto. En base a ellas, los “guardianes de la memoria “, ósea universidades y bibliotecas crearon proyectos de cultura oral que permitieron a miles de sobrevivientes narrar su historia para  luego estas ser guardadas en colecciones especiales. En 1979,  Fortunoff creaba un archivo de video dedicado totalmente a recaudar testimonios de sobrevivientes. Joanne Rudoff , una de las entrevistadoras, explicó el motivo del archivo:  “Se les ha quitado todo (a los sobrevivientes).  Ahora la televisión también pretende quitarles sus historias”.

Hoy en día me da un poco de pudor pedir a quien nunca haya visto “Holocausto “que la vea. Hay escenas cuya calidad estética llega al borde del kitsch. Otras son obras de arte. Todavía nadie ha encontrado fallas en la soberbia actuación de M. Streep y para mí la escena en que corre tras el camión que se lleva a su marido a Auschwitz es equivalente a la de Ana Magnani en “Roma Citta Aperta”.

Sin embargo, encuentro ese mismo exagerado melodrama o ese mal gusto en casi todo filme del Holocausto de este siglo. Es como si realmente llegáramos al punto de lo trivial, de la caricatura que temía Sir Elie. Lo peor es que todo es tan conocido, tan cliché. Se han creado veinte imágenes de la Shoah que se repiten hasta la náusea, y gente que todavía no entiende el significado o magnitud  se ríe a mandíbula batiente o  se aleja bostezando.

Lo extraordinario es que hay mucho sobre el Holocausto y el periodo nazi que mostrar. Aunque a muchos judíos les moleste, en los lagers murió gente que no era judía y eso es importante en esta era de neo-antisemitismo, recordar que en un universo totalitario, donde la lógica y la sensibilidad humanas pierden relevancia, todos estamos en peligro