miércoles, 6 de noviembre de 2019

Gossip Girl (2007-2012): Televisión del Ayer



He descubierto que en momentos de crisis que yo no puedo solucionar (muerte de mi padre, perdida de mi biblioteca, revolución en Chile) lo único que me ayuda es una serie que me transporte a otra realidad, a un mundo exótico, pero donde yo no sea mero testigo, sino que pueda interactuar con los personajes, aunque sea en un fanfiction mental. Sorprendentemente, mi salud mental fue rescatada este otoño por algo que no era de época, pero por haber acabado hace siete años ya es considerada “televisión del ayer”: me refiero a “Gossip Girl” ("Reina Cotilla"en España, "Chica Indiscreta"en America Latina)

En su día, yo vi un par de episodios y para ser una serie de adolescentes me sorprendieron dos cosas:  la fantástica moda poco común en una etapa donde las chicas viven en jeans, leggins, camisetas y zapatillas de tenis; y las múltiples alusiones a cine retro y literatura clásica.

Hoy “Gossip Girl” vuelve a sorprenderme, pero viendo la serie descubro que no es casualidad. Se trata de un proyecto que tiene una sólida inspiración literaria, un respeto a una Nueva York inmortal, al set que la construyó y, en general, un respeto por el pasado que se manifiesta desde el énfasis de las heroínas de usar más faldas que pantalones, hasta ese concepto románticoen el que ambas creen de que a pesar de cuantas camas recorran, en la vida solo hay un amor único y verdadero.

Pionera de la Era de Streaming
A pesar de que estuvo rodeada de crítica, y sus ratings (medidos de manera tradicional) sufrieron de altibajos, “Gossip Girl” gozó de un fandom sólido y duró seis temporadas. Además “Gossip Girl” fue pionera del streaming cuando se descubrió que sus seguidores no eran de la generación que ve tele. La bajaban en sus i-phones por lo tanto estaban fuera de los radares de la sintonía.

Para quienes no hayan sido fans del show, esta es la historia de dos pobres niñas ricas que compiten por todo (incluso hombres), pero que no pueden evitar ser amigas. La acción tiene lugar en el Alto Manhattan (mejor conocido como Upper East Side) donde obviamente vive la alta sociedad de la cual Serena van der Woodsen y Blair Waldorf son orgullosas integrantes.

“Gossip Girl” está basada en la serie de novelitas para adolescentes escrita por Cecily von Ziegesar.  La autora decidió, a principios de siglo, escribir una serie de novelas juveniles inspiradas en sus años escolares en la prestigiosa escuela Nightingale-Bramford. Así creó este mundo de chicos que estudian em St. Jude (para varones) y Constance Gilliard (para nenas) Pero rara vez vemos a los estudiantes en clase, puesto que se sienten más cómodos en el Caribe, esquiando en Sun Valley o en alguna exclusiva fiesta de Blair Waldorf, la Queen Bitch, de Constance Gilliard.

Los problemas de Blair, que es novia del codiciado Nathaniel “Nate” Archibald, comienzan cuando regresa a su vida, Serena la chica mala del grupo que ya se dio su revolcón con Nate quien no puede olvidarla. A través de varias novelas vemos a Blair perder su virginidad, enamorarse de otros, pero nunca perder a Nate del todo, aunque este junior drogadicto y pérfido la engañará cien veces. Serena también salta de cama en cama como un cangurito hasta que aterriza en Hollywood. Todo muy documentado por la bloguera anónima del website Gossip Girl que, tal como una Louella Parsons tecnológica, siempre está informando a sus lectores de los chismes del momento.

Aunque los adultos criticaban estas novelitas llenas de sexo, drogas y otros pecadillos (Naomi Wolf las describió como “corrupción empaquetada”), los jóvenes las devoraban y se esperaba con ansias una versión fílmica, pero Lindsay Lohan nunca llegó a meterse en la piel de Serena. Me parece bien puesto que hubiese sido una copia de su “Mean Girls” y Blair y sus seguidoras (conocidas como Minions o “Mean Girls”) hubiesen sido una parodia de Rachel McAdams y su sequito de acolitas en ese filme de la Lohan.

Al final fue Warner quien compró los derechos y se encontró ante un dilema. Querían tener una serie que fuera lo que “Beverly Hills 90210” había sido para los adolescentes de los 90, y “The O.C.”  para los de comienzo de siglo, pero también deseaban algo diferente, algo que atrajese a otro público también.

Lo consiguieron primero bajándole a algunos temas constantes en las novelas: el sexo promiscuo; el mal uso de drogas; el padre de Nate es el drogadicto ahora no su hijo. Aquí nadie explora sexo alternativo, aunque hay muchos romances curiosos (Blair se casa con un Príncipe de Mónaco y Serena casi llega al altar con ese tabú del romance moderno, “el hombre mayor”).  Se elevaron ciertos secundarios a roles protagónicos como fueron los casos de Chuck y Dan; y los padres, sobre todo las madres, adquirieron vidas propias propiciando una de las mejores citas de “Gossip Girl”: “llega un momento en la vida de toda chica en que descubre que su madre está peor que ella”.

A pesar de que los fans de los libros chillaban ante el destrozo de sus novelitas, “Gossip Girl” se convertía en el primer hit de la Era del Streaming, nos atrapaba a mujeres de todas las edades y durante la huelga de guionistas del 2007, cuando Warner se dedicó a repetir y repetir la primera temporada, la serie se convirtió en una nueva fórmula de éxito.

La serie es más adulta que las novelas, sus personajes son más profundos y están más interesados en sus estudios. A diferencia de las novelas que se ocupan más de la secundaria, para la tercera temporada, el Brat Pack del Alto Manhattan ya está en la universidad. Un cambio que permite nuevas oportunidades para que ingrese una diversidad de personajes y de desafíos para Serena, Blair y sus amigos y enemigos.

 Con “Gossip Girl” no solo fuimos a prestigiosas y vetustas universidades, también nos fuimos de compras a París, de vacaciones a Mónaco y hasta a Hollywood. No voy a contar spoilers solo les digo que el último episodio nos tuvo a Blair y a Serena casadas, y (por suerte) Nate no fue marido de ninguna porque el pobre tenía menos sex-appeal que un bolsillo roto.

Serena van der Woodsen: Entre Hester Prynne y Madame Olenska
Voy si a describir el primer episodio que me dejó boquiabierta. Nos solo por espectacular, pero es que además sigue todas las reglas literarias de cómo debe ser un primer episodio en un libro o serie. En lenguaje televisivo chileno “tiraron toda la carne a la parrilla”.  Comenzamos con una fiesta en la que está presente todo el haute monde del Upper East Side, incluyendo al Brat Pack y a sus padres.

Vemos por primera vez a Blair (Leighton Meester), linda, bien vestida, segura de sí misma, pero en un pasillo se tropieza con Eleanor Waldorf (Margaret Colin), diseñadora estrella y madre de nuestra protagonista. Al notar que su hija luce uno de sus diseños, Eleanor sutilmente le explica que no tiene cuerpo para ese vestido…Y Blair se derrite como helado, es un milagro que no ruede por el suelo o que huya cambiarse. Uff sabré yo de eso, sin ser despampanante yo también me he sentido guapa y bien vestida solo para que una pullita de mi madre bastase para robarme toda la confianza.

Blair tiene motivos para estar preocupada. Hasta ahora se ha conservado virgen, pero ha decidido que si Nate (Chase Crawford) va a ser su marido y padre de sus hijos también debe ser quien la desflore. Esta es la noche indicada. Solo que un poco antes de la fiesta, la misteriosa bloguera Gossip Girl ha alertado a Blair y sus Minions que acaba de ver bajar de un tren en Grand Central Station, a Serena (Blake Lively), maletas y todo.

Serena es la zorra-en-residencia del Brat Pack y mejor amiga de Blair, pero hace seis meses desapareció en misteriosas circunstancias. Blair no le ha perdonado abandonarla cuando más la necesitaba (el padre de Blair abandonó a Eleanor y salió del closet huyendo con un modelo más joven que el).

La versión oficial es que Serena se ha ido a un internado, pero apenas se aparece en la fiesta en busca de su madre, Lily van der Woodsen (Kelly Rutherford), todas las lenguas de los presenten se unen en un gran coro de conjeturas. Unos presumen que tuvo un bebé, otros que estuvo en algún programa de rehabilitación, otros que se fue tras un hombre. De pronto Serena pasa a ser Hester Prynne con una enorme Letra Escarlata en su blusa a rayas.


El único que no conjetura es Nate a quien solo le basta ver a Serena para que Blair pase a segundo, que digo, tercer plano. Este es un comienzo de una historia que no se parecerá a las novelitas, pero que, aunque telenovelera está cargada de misterio y suspenso. ¿Por qué se fue Serena? ¿Por qué regresó? Tenemos el triángulo perfecto, las amigas y rivales que se aman y se odian y una serie de secretos que irán desenredándose a lo largo de la temporada.

En el libro no era así, Serena estaba en un internado del cual la expulsaban por malviviente y volvía sin grandes misterios. Aquí es diferente. En el mismo episodio descubrimos que Serena regresó porque su hermanito Eric (Conor Paolo), de catorce años, intentó suicidarse y lo tienen internado en una clínica psiquiátrica. Esto le da una nueva dimensión al personaje de Serena quien es más sensible e intuitiva que en el libro.

Entretanto, Lily ha cerrado su casa en Sutton Place y se ha trasladado a una suite en el majestuoso New York Palace. Este hotel existe solo que en la serie lo hacen propiedad de Bart Bass (John Robert Burke), padre del insufrible Chuck Bass (Ed Westwick), el Bad Boy del Brat Pack. A la mañana siguiente, Serena, tras un agotador intento de reconciliación con Blair (sobre Martinis y estas nenas solo tienen 16 años), descubre que Chuck es dueño del hotel.
El New York Palace

Chuck la invita a comerse un sándwich de queso fundido en la cocina de su hotel y como pago se le encarama encima. Serena lo neutraliza con un rodillazo y le explica que ha cambiado. “Me gustabas más antes” gruñe Chuck. Esta escena es importante porque Serena declara públicamente su propósito de enmienda, algo que la distancia de la Serena de los libros. También Serena descubre que el Alto Manhattan ya no es su mundo, que ni sus amigos ni su madre la quieren cerca. Se ha vuelto Madame Olenska.

Chuck jura venganza y él le sabe algo a Serena. Esto es lo fantástico de esta serie. Los personajes son como los de “La muerte de Stalin”, todos conocen un secreto ajeno que les permite chantajear al de al lado. El secreto de Chuck es que vio hace seis meses a Serena y a Nate revolcándose en el exclusivo Campbell Apartment.

Cuando Nate le confiesa la verdad a Blair en el segundo episodio, el secreto deja de serlo, y Blair también jura venganza. El que Nate acose a Serena con sus plañideros requiebros tampoco ayuda. Lo bueno es que la rubia ya entregó su corazón a otro. Un acierto de la serie fue tomar un personaje aburrido Dan Humphrey (Penn Badgley), el fumador empedernido con dudas sobre su orientación sexual, y convertirlo en hetero, no fumador,  y  el héroe de facto.

El problema de Dan, y que dilatará su felicidad hasta el capítulo final de la serie, es que es tan moralista y estrecho de mente como Newland Archer lo que le acarreará problemas con su familia y con Serena.
Blair como May y Dan como Newland Archer 

Edith Wharton, Metropolitan y Cruel Intentions
No es coincidencia que se encuentren paralelos entre “Gossip Girl” y la obra de Edith Wharton. Ambas tratan sobre esa aristocracia neoyorquina con reglas centenarias, amores clandestinos, e intrigas que pueden arruinar vidas,  por algo The New York Sun tituló su reseña de la serie The Gilded Age is Back

Brendan Bernhard nota algo que yo me había perdido, que el comienzo de la serie es casi un plagio del inicio de The House of Mirth, lo que hace que Serena se convierta en Lily Bart, otra víctima de las habladurías de la alta sociedad. Solo que Serena vive en otra época, tiene otras opciones y sobrevive a la mala reputación que le enrostran.

“Gossip Girl “se aleja del esquema de series juveniles gracias a este retrato del mundo exclusivo de Manhattan, un mundo con raíces en doscientos años de presencia en la isla. Estos no son los millonarios de Long Island que aparecen en “Sabrina” o “Revenge” que van a la Gran Manzana de compras o a cenar.

Aquí los Archibald son dueños de una impresionante Brownstone, una de esas casonas de tres pisos que casi no quedan. Lily y sus hijos viven en un exclusivo hotel donde Chuck también (como codueño) conserva una suite que es su garçonniere permanente. Y las Waldorf viven en un lujoso pent-house. Todo en el Lado Este del Alto Manhattan. Solo los Humphrey habitan un humilde y estrecho departamento en Brooklyn.
La Mansión Archibald

A pesar de sus vacaciones en los Hampton, Anguilla o Santorini, los protagonistas de “Gossip Girl” están anclados en ese espacio geográfico que una vez se llamase Nueva Ámsterdam y que explica la abundancia de apellidos holandeses como van der Lint, van der Woodsen y por supuesto el anillo del Comodoro Vanderbilt que se convierte en la argolla de compromiso de Blair. A pesar de su juventud, Blair, Serena, sus hombres, sus padres y amigos, son esclavos de un volumen de tradiciones que deben ser conservadas desde la escuela a la que asisten hasta la famosa presentación de debutantes.

Las vidas de los personajes están reguladas por un calendario social de eventos de caridad, bailes de máscaras hasta una piyamada tradicional de Blair que incluye Martinis, sabanas de satén y unos juegos un poco peligrosos. 


Es ese marco del Ancien Regime neoyorquino y sus tradiciones hereditarias, lo que emparienta a “Gossip Girl” con esa gema de Whit Stillman llamada “Metropolitan”.

A pesar de que Stillman siempre ha ligado su obra con la de Jane Austen, ha incorporado sus recuerdos juveniles del Nueva York a una fábula romántica donde también un afuerino (del West Side nada menos) Tom Townsend persigue el amor de otra Serena un poco más distante que el personaje de Blake Lively durante esa semana entre diciembre y enero en que la alta sociedad neoyorquina llama “The Season”,  y que siempre ha sido la oportunidad para las colegialas de ser presentadas en sociedad. En “Gossip Girl”, por alguna razón, el cotillón es celebrado no para presentar a chicas recién egresadas de la secundaria sino juniors (alumnas de tercer año de high school). 
Serena y Blair a punto de ser presentadas en sociedad

Además de hacerlo con Edith Wharton y Whit Stillman, “Gossip Girl” mantiene paralelos con esa fascinante adaptación de Les Liaisons Dangereuses llamada “Cruel Intentions” El filme que convirtió a Ryan y a Reese en la pareja It de Hollywood hasta que Brangelina los derrocó,  comparte con la serie de Warner Channel ese ambiente  del jet set del Alto Manhattan, pero también de dinero antiguo, de apellidos importantes y de escuelas privadas para los que en mi época se conocían como “preppies”.

Sin embargo, ni Serena es Annette, ni Blair es Catherine Merteuil.  Ni siquiera la relación dominante de Catherine y Cecile se ve reflejada en la de Blair y Jenny Humphrey (Taylor Momsen). Tal vez porque Blair es más vulnerable y humana que Catherine y Jenny menos pasiva y más lista que Cecil. Pero el ambiente es el mismo con sus cliques, sus normas y esa combinación de vieja guardia con nouveau riche.

Amor a la Antigua
Manhattan se convierte en una sala de juegos para estos niños que practican deportes de adultos.  Por eso el panorama es muy importante. Hay una escena que se quiso filmar en California, pero, por suerte, se terminó filmando en Central Park en la cual Blair encuentra a Serena leyendo bajo un arco  en Bethesda Terrace y bajo lluvia torrencial. La combinación de ese clima neoyorquino (aquí llueve todo el año), de la arquitectura decimononica, de chicas cómodas en ese ambiente tan conocido y a la vez tan pretérito, es lo que encierra toda la magia de “Gossip Girl” y explica por qué estoy colgada de una serie tan millenial.

“Gossip Girl” comparte esas características con “Crazy Rich Asians”. Ambas presentan una combinación del brutal consumismo moderno con códigos característicos que han mantenido a flote a grandes familias. En “Gossip Girl” cuando arrestan al padre de Nate es una tragedia doble, porque eso no le sucede a un Archibald. Cuando Nate va a pedirle matrimonio a Blair lo hace con un anillo de familia. Lily van der Woodsen podrá ser una Valley Girl millonaria, pero no sería aceptada si no se hubiese casado con un miembro de una familia de la alta sociedad neoyorquina o si su madre no fuera CeCe Rhodes, exalumna y parte del comité de Constance Gilliard.
Serena,  su abuela y su madre

Otra característica que asocia a “Gossip Girl” con la literatura victoriana es el modo en que se vive el romance. Las series juveniles nos han acostumbrado a este espectáculo de chicos que exploran su sexualidad en un mar de intercambios de pareja, y coito express. No así en “Gossip Girl”. Serena tendrá un nuevo romance en cada temporada, pero está claro que siempre es porque su verdadero amor la ha defraudado. Todas esas relaciones solo sirven para reafirmar su devoción al que será su marido.

Blair alternará su cansino compromiso con Nate con un romance con un noble inglés, una noche de deliberada y oportunista pasión con Jack, tío de Chuck, y ni hablar de esa etapa surrealista donde cree estar enamorada de Dan. Lo cierto es que todos esos idilios nacen de su terquedad. Hasta se casa con el Príncipe Luis Grimaldi en un esfuerzo por negar que ama a su primer amante que se convertirá en su segundo marido.




Blair en un De La Renta victoriano y tiara, lista para besar a Dan



Parte de la importancia de este tropo de amor único y verdadero se consigue gracias a que el sexo no es ni gráfico ni abundante. Ni Blair ni Serena son feministas ni exploradoras sexuales y la serie nos lo muestra evitando en los primeros episodios toda escena de sexo (aparte de Chuck quien siempre tiene a un par de prójimas anónimas en la cama, pero eso es para enfatizar su libertinaje). A partir del capítulo séptimo la cosa cambia. Pero la simultanea perdidas de virginidad de Dan y Blair (no juntos obviamente) son vistas como sucesos trascendentales que cambian a todos los involucrados.

Hay escenas cómicas como la de Blair que, tras perder su inocencia con el hombre equivocado, corre a San Patricio donde solo en el medio de su confesión recuerda que no es católica. O conmovedoras como Serena que antes de hacer el amor dice que es su primera vez…Dan se sorprende. ¿Acaso es virgen? La tristeza de Serena al decir “ojalá lo fuera” para explicar que es la primera vez que ve ternura en los ojos de un compañero de cama me arrancó un lagrimón.

Chicos Ricos, Chicos Malos, Chicos Feos
Mi único problema es que, aunque me es fácil identificarme con las chicas, me cuesta ver el atractivo de los varones. Se entiende, son niños, pero es que ni siquiera son muy guapos como lo era Ryan Philippe en Cruel Intentions” o los chicos de “Metropolitan”. Creo que tiene que ver con looks, cortes de pelo y vestuario. Nate que es el más presentable, parece una prenda recién extraída de la lavadora, muy limpia pero blanda, húmeda y sin ningún atractivo. Chace Crawford parece armado con partes de Chris Pine,  Rob Lowe y Blanca Suarez.

Penn Badgley quien da vida a Dan Humphrey parecía un monito con esas patillas. Por suerte en un par de temporadas le variaron el peinado hasta convertirlo en un cruce entre Mark Ruffalo y Sal Mineo. Pero el pobre Ed Westwick no tenía remedio, ni un cambio de peinado evitó ese look que los productores tildaron de “asesino serial”.
Dan al comienzo


Además, que para ocultar su acento británico se puso a imitar al Carlton de “The Fresh Prince of Bel Air” y más sonaba como Paul Muni haciendo de chino en “La Buena Tierra”. Ni hablar de sus ojos de varano malayo o su nariz de tapir o ese vestuario extraído del closet del Guasón. Una lástima porque Chuck es el mejor personaje de la serie.
ni un cambio de peinado mejoró el aspecto de Chuck ... ¡y ese vestuario!

Pero es que ni los hombres mayores daban la talla. Matthew Settle, quien da vida al compresivo Rufus Humphrey, padre de Dan, se vio guapísimo como el Capitán Spiers en “Band of Brothers” y Warren Beatty en “The Mystery of Natalie Wood”, pero aquí parece lo que es su personaje, un ex roquero trasnochado.

 Al final el mejor parecido es el mayor villano, Bart Bass. John Robert Burke imprime a Bart esa aura de seguridad, flexibilidad física y masculinidad que yo asocio con un hombre guapo.

Hablando del vestuario, se podría escribir todo un ensayo (y odas) sobre esa ropa maravillosa que visten los protagonistas y que eclipsa las estridentes creaciones de Carrie Bradshaw y sus secuaces en “Sex and the City”. Aunque Blair y Serena han lucido ropa de grandes diseñadores, hay que elogiar a Eric Daman el creador de la mayoría de los looks que usan las chicas. 
Serena en Ralph Lauren

Blair en Stella McCartney

Blair y Serena en Oscar de La Renta

Unos looks a veces extravagantes otras muy chic que enfatizan las faldas sobre los pantalones.  Algo que también tiene en común con “Crazy Rich Asians”.En toda la primera temporada solo hemos visto a Blair en pantalones dos veces, y esto es significativo en un personaje que mínimo se cambia tres veces de tenida por episodio.
Looks creados por Eric Daman para Blair

Blair con looks Retro
Los vestidos de "Crazy Rich Asians"
Aun en pantalones se ven vintage

 Serena es mas de andar de sport y con jeans, pero también privilegia los vestidos, minivestidos, micro minifaldas…etc. Lo interesante es que arriba de esos dobladillos hay combinaciones extraordinarias, elegantes y clásicas que nos llevan a otras décadas.
Serena con diferentes largos de falda

Pero lo que más nos acerca al pasado es el modo en que se enfocan relaciones que han producido conflicto desde la prehistoria: padres e hijos, amigos y amantes. ¿Se pueden perdonar los pecados de los padres?  ¿Están los hijos predestinados a cometer los mismos errores que sus progenitores?  ¿Se puede tener amistad con quien en cualquier momento se puede convertir en tu peor rival?  Y la pregunta del millón: ¿existe un amor único y verdadero?

Ciertamente a Blair le costó encontrarlo y se pasó seis temporadas intentando huir de ese amor confuso y a veces, vergonzoso. Lo mismo ocurre con Serena, pero al final la serie terminacomo las viejas telenovelas con una protagonista vestida de novia y la otra (ahora matrona, madre y profesional) organizando la boda.

Bloggin el Arma Moderna de la Vieja Chismografía
Por supuesto que oiremos a los escépticos decir que, aunque aparentemente la trama sea universal y eterna, la presencia de tecnologías de punta y redes sociales específicamente la sitúa en este siglo. Algo de verdad hay en esa aseveración. Cuando Cecily von Ziegesar publicó su primera novela, los blogs estaban en pañales (se les llamaba diarios en línea) y nadie predecía el impacto que las redes sociales iban a alcanzar puesto que la mayoría no existían.

Para cuando “Gossip Girl” debuta en el otoño del 2007, Internet está viviendo la Era de Oro del blogging. Existen ya Facebook y YouTube, y Twitter acaba de cumplir un año, lo que hace posible esa visión surrealista de como todos los personajes, aun en diferentes puntos del planeta, se enteran del ultimo chisme gracias a un tweet de la mágica bloguera.
El Blog de Gossip Girl

Sin embargo, reafirmo mi tesis de que “Gossip Girl” puede haber existido en otras décadas del siglo XX, aun las sin acceso a celulares o que preceden al invento de la World Wide Web. Una imagen del cine del viejo Hollywood es esa de periodistas que corren a la cabina telefónica más cercana para alimentar espacios de periódicos donde columnistas de farándula y cronistas de sociedad se esmeran en perfeccionar el arte de la chismografía.

Películas como “The Aviator” y series como “Feud” nos mostraron el poder de columnistas y chismógrafos como Walter Winchell, Hedda Hopper y Louella Parsons que manejaban las vidas de los ricos y famosos y que podían destruir a una persona con una sola columna o un mero programa radial. Y aunque más lentos que una cámara en celular personal, los paparazis han existido para documentar los pecadillos de los ricos y famosos desde los Locos 20. ¿Se acuerdan, los fans de “The Crown” de cómo se supo por una fotografía, que la Princesa Margarita y Peter Townsend eran más que amigos?

Cuando yo era jovencita había programas de radio dirigidos a la audiencia juvenil (“Lolos” se les llama en Chile) donde uno podía llamar y contar un chisme o “copucha” que luego el radio animador daba a conocer. Así una amiga mía se enteró que el novio la engañaba.  Suena como algo que haría la Gossip Girl ¿No?

“Gossip Girl” tuvo una gran influencia sobre otros shows dirigidos al público joven como “The Carrie Diaries” o “Pretty Little Liars”. Incluso vemos su ascendiente en “The Chilling Adventure of Sabrina” en la relación de la brujita con The Weird Sisters y Nick Scratch. Pero ninguna ha tenido esa combinación del pasado literario con el consumismo/materialismo del siglo XXI. Este año se ha hablado de rehacer esta serie, noticia que no me alegra. No creo que puedan conseguir lo que fue “Gossip Girl”. No está en el zeitgeist.


miércoles, 30 de octubre de 2019

De Manzanar a Colinas de Oro: Los errores históricos de “The Terror”



A muchos les gustó el final de “The Terror” Infamy”a mí me pareció soporíferopero, aunque hubiese sido magistral no compensa diez capítulos lentos y mediocres, con personajes mal desarrollados, un libreto mal escrito y una lección de historia que está lejos de ser didáctica o apegada a la verdad. Alerta, para quien no haya visto la serie (que inicia en España el 18 de noviembre) esta entrada esta plagada de spoilers.

En mi último post intenté trazar la evolución de la tragedia Nisei en el cine y la televisión, pero dejé sin discutir “Adiós a Manzanar”, la obra seminal sobre el tema. A pesar de que el libro, y su adaptación televisiva, aportan una vivida descripción del internamiento de japoneses americanos durante la Segunda Guerra Mundial, por décadas han sido atacados incluso por miembros de la etnia nipona.

La Segunda Temporada de “The Terror” iba a ser la contraparte de esa controversial obra.  Sin embargo, acabó conservando clichés, incluso casi plagiando aspectos de “Manzanar” a la vez que tergiversaba la historia real y terminaba enlodando héroes y practicando racismo en reversa. ¿Se puede decir que “TT: I” ha hecho más daño a las víctimas y que su lección de historia desinforma más que enseña?

Japoneses “Atípicos”
 Basada en los recuerdos de Jeanne Wakatsuki Houston, A Farewell to Manzanar narra en primera persona como Jeanne, la menor de una familia japonesa de California es arrancada de su hogar en Santa Mónica. Después de un interludio en Terminal Island, ella, sus hermanos, su madre, abuelos y cuñados, son llevados al campo de relocalización de Manzanar en la Sierra Nevada californiana.

Ko Wakatsuki, padre de Jeanne, es arrestado por el FBI, acusado de haber (en su oficio de pescador) participado en labores de espionaje. Ko es enviado a Dakota, a la prisión en el Fuerte Lincoln. La separación del padre y las condiciones primitivas de su internamiento afectan a la familia de Ko. Con su visión de niña de siete años, Jeanne describe el hacinamiento, la suciedad, la falta de privacidad de un campo mal armado y donde todo es un caos.

La liberación del padre, quien llega apoyándose en un bastón debido a que sus pies se congelaron en Fort Lincoln, no es una gran ayuda. Ha vuelto amargado y receloso, se la pasa preparando sake clandestino con el que se emborracha. El alcohol lo vuelve belicoso, agrede verbalmente a su familia e incluso intenta golpear a Misa, su sacrificada esposa, provocando que su hijo menor de once años lo golpee a él.

Jeanne nota la erosión de la vida familiar y busca consuelo en la compañía de unas monjitas que viven en el campo, pero su sueño de bautizarse es obstaculizado por el padre. La narrativa bifurca hasta filtrarse a través de dos prismas, el de Jeanne-niña y el de Ko a través de los ojos de su hija adulta, más comprensiva ahora con quien en un momento tildara de ser” un tirano jactancioso”.  La desintegración de la familia y la perdida de autoridad del padre, que simboliza lo ocurrido con la mayoría de los varones japoneses, son para la autora los peores resultados del cautiverio.

El libro fue un éxito, hasta hoy es lectura semi obligatoria en escuelas de Estados Unidos, a pesar de que la corrección política exige ciertas “explicaciones” sobre el aparente “racismo” de Jeanne y su familia. Eso se debe a que Jeanne y sus hermanos se criaron en una comunidad caucásica sin japoneses cerca, puesto que a Ko (que venía de la casta samurái) le molestaba que lo identificaran como parte de un grupo étnico.

El primer contacto de Jeanne con niños japoneses de su edad fue traumático, sobre todo porque esto vino acompañado de bullying por parte de los nuevos compañeritos de la pequeña, pero esto es visto hoy como culpa de los padres y de la misma Jeanne. Una crítica incoherente puesto que va en contra de los principios de asimilación e integración por los que abogan tanto derecha como izquierdas caucásicas.

Tres años después de publicado el libro, Jeanne y su esposo se acercaron a John Kerty que acababa de dirigir la aclamada “Autobiografía de Miss Jean Pittman” con la intención de que adaptara A Farewell to Manzanar. Ketty aceptó y consiguió que la CBS auspiciara el proyecto a pesar de que temían hacer un filme sobre japoneses con actores orientales. La CBS quería que la protagonista fuese una maestra blanca instalada en Manzanar.

El filme, fiel al libro, con Nobu McCarthy interpretando tanto a Jeanne adulta como a Misa, su madre, fue una historia sobre japoneses y con actores japoneses. Yuki Shimoda quien encarnará a Ko, tenía padres que habían estado internados en Manzanar, al igual que otros en el elenco e incluso entre los extras. El telefilme tuvo una cálida acogida y fue nominado para varios Emmy. Está completa en YouTube.

Sin embargo, tanto el libro como el telefilme (principalmente este último) recibieron críticas desde el sector asiático. La primera bomba vino de parte del dramaturgo Frank Chin (que ni siquiera es japones). Un poco antes del debut, Chin escribió una carta abierta al director Kerty en la cual exigía que sacasen su nombre (era uno de los extras) de los créditos puesto que no quería ser asociado con un filme “despreciable” uy n ejemplo vergonzoso de “racismo blanco”. Acababa renegando de su amistad con los Houston a los que acusaba de venderse por “una noche en el primetime de la CBS”.
Frank Chin

En los últimos años, Chin se ha hecho notar no por su obra sino por su costumbre de ofender a reconocidas escritoras como Amy Tan y Maxine Hong Kingston a las que culpa de promover estereotipos sobre la cultura china. Me parece que Don Chin es un poquito envidioso y que debe haber habido algún roce personal para provocar una reacción tan exagerada en contra de “A Farewell to Manzanar”.

El activista Raymond Okamura sería más sutil, pero igual de lapidario, en el material que enviaría al New York Times y al Los Ángeles Times y que influiría en las críticas de ambos periódicos. Básicamente, las quejas de Chin y Okamura eran similares y se concentraban en los mismos puntos
1.       Ausencia de información sobre el racismo existente en los Estados Unidos en 1942.
2.       Descripción de “resistentes” (participantes en los disturbios de Manzanar y No-No Boys) como maleantes
3.       Abundancia de personajes caucásicos positivos
4.       Familia japonesa “atípica”
5.       Final Feliz
Esta última acusación fue un poco injusta, puesto que por motivos de tiempo y espacio se tuvo que resumir la narrativa. De los once hermanos solo quedaron cinco y hasta les cambiaron el nombre. 
También se cambiaron los nombres de personajes reales, pero controversiales. Lo más grave fue que hubo que reducir la biografía de Jeanne, su vida antes y después de Manzanar y el racismo experimentado en la posguerra. He ahí “el final feliz” en que Ko que acaba de adquirir un auto nuevo abandona el campo con su familia con la sensación de que ha recobrado su autoridad. En el libro, Jeanne acaba con una reflexión motivada por su visita a Manzanar de que su vida comenzó en el campo mientras que la de su padre acabó en ese lugar.
El auto de la discordia de los Wakatsuki

SPOILER ¡Tanto escándalo y Woo acaba “TT: I” también en una nota sentimental que llega a ser cursi! Todos los japoneses celebrando Obon en Hawái, y Yuko la asesina en serie, se ve   feliz, eternamente preñada, paseando bajo cerezos en flor. Y ni hablar el autito de Chester, más leal y resistente que el Herbie de Lindsay Lohan.
Obon en Hawaii
El fiel Packard de Chester

“Una Bienvenida Rareza”
Un triste resultado de las criticas caídas sobre “A Farewell to Manzanar” fue que, en décadas siguientes, cohibieron otros posibles proyectos sobre el tema de los campos de internamiento. Como mostré en mi entrada anterior, solo se hicieron documentales, ningún dramatizado sobre la existencia en estos espacios. Por eso la segunda temporada de “The Terror” era tan importante.

Así lo expresó Andrew Chow en su invitación a ver la serie en la revista Time: “Cuando “The Terror: Infamy” debute en AMC este 12 de agosto será una bienvenida rareza, una descripción completa de los campos de encarcelación de los japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial”.

Pues ya comenzamos mal Mr. Chow, porque “TT: I” realmente terminó siendo la saga de Chester Nakayama (Derek Mio) y sus esfuerzos por sacarse de encima el molesto fantasmita de su madre biológica.  Para el tercer capítulo, Chester y su familia se encuentran tras alambre de espino en el (muy) ficticio campo de Colinas de Oro. Dos capítulos más adelante, Chester está en Guadalcanal y desde ese momento la historia de Colinas de Oro y sus prisioneros se convierte en un tópico periférico que no es preponderante ni está tratado de manera coherente.

Tanto Chow, como el escritor de la serie Alexander Woo, se esmeran en recordar ejemplos anteriores, para recalcar que “TT: I” corregirá cualquier falsa información o confusión que los otros filmes hayan dejado. Por supuesto se le da su zarpazo a “A Farewell to Manzanar” a su retrato de los internados como dóciles sumisos y a su inhabilidad de describir el racismo que acompañó a los japoneses desde que llegaron a Estados Unidos a mediados del Siglo XIX.

¿Pero “TT: I” realmente corrige esa omisión? Una queja sobre “Farewell to Manzanar” es que el filme inicia con los Wakatsuki celebrando sus bodas de plata en compañía de amigos caucásicos. En el libro, Jeanne es muy clara al decir que su familia nunca vivió entre japoneses, que su padre tenía amigos italianos y portugueses y que ella solo vino a conocer niños asiáticos cuando se fueron, después de Pearl Harbor, a Terminal Island.

Para despreciar tanto “Farewell”, “TT: I” le pide prestado bastante material. Chester y su familia viven en Terminal Island. Henry Nakayama (Sumi Shigato) es un pescador Issei tal como lo era Ko Wakatsuki. Henry también es arrestado por el FBI y llevado a Fort Lincoln en las Dakotas de donde también regresa cojeando y con los pies congelados. Vuelve amargado de su experiencia y reacciona con violencia en contra de su familia, etc. ¿No que esto se basaba en los recuerdos de George Takei (cuyas apariciones en “TT: I”  son cada vez más escasas) y en los recuerdos del abuelo de Derek Mio y de los parientes de otros miembros del equipo?

Los Nakayama tampoco son muy “típicos”. Le han ocultado a su Chester que es adoptado, que su tía Yuko (Kike Sukesane) en realidad lo tuvo fuera del matrimonio, lo dejó con las monjas, que se suicidó.  Es el espíritu de Yuko el que ahora busca venganza en Chester, su familia, sus vecinos y otros.



Mas importante, al comienzo Chester es un Nisei totalmente americanizado, estudiante de la Universidad de Los Angeles, que sueña con ser un fotógrafo internacional y que tiene varios amigos en la comunidad caucásica. A pesar de que “TT: I” se luce presentándonos individuos despreciable tras otro, cuyo único vínculo en común es ser blancos, hay personajes positivos no-japoneses como el maestro de Chester que lo auxilia aun cuando la ley se lo prohíbe.

El amigo marinero de Chester cambia de actitud después de Pearl Harbor, pero, aunque se muestra frio y distante cuando expulsa a los Nakayama de su hogar, no miente al decir que sus compañeros lo harían de manera más brutal y humillante. En la realidad, las expulsiones fueron conducidas por personal militar armado, y con bayonetas en sus rifles, como recuerda George Takei.

La Orden Ejecutiva 9066 y los Campos de Relocalización
Hay algo de cierto en que el internamiento fue para proteger a los Nikkei de la población Anglo. Hubo realmente una histeria antijaponesa en el país azuzada por gente como Fletcher Bowron, alcalde de Los Ángeles,  y el general Bendetsen encargado de diseñar la Orden Ejecutiva 9066, y de todo el proceso de internación. Gran culpable (¿cuándo no?) fue la prensa estridente y racista. Ni hablar de la campaña de propaganda militar  que asustó hasta el mismo McCarthur con sus imágenes caricaturescas y amenazadoras de los japoneses. Abajo les dejó una ilustración del DR. Seuss que en ese tiempo era parte de esa campaña.

Aun cuando la población Nikkei se encontró tras alambre de espino, seguían las críticas y murmuraciones de parte de la prensa de que en los campos se comía mejor que afuera donde alimentos y otros insumos estaban racionados. Eso llevó a una reducción tanto de comida como de la calidad de esta. Cansada de tanto rumor, la Primera Dama Eleanor Roosevelt, bajó al campo de Gila River en Arizona para probar la comida. Tras un vaso de leche anunció públicamente que estaba agria y que era imbebible.

Por otro lado, fueron las quejas de los vecinos de Manzanar las que ayudaron a conseguir que se destituyese al primer director Roy Nash, acusándolo de sacar a prisioneros a cenar en restaurantes cercanos o a hacer picnics fuera del campo. Incluso hubo ataques contra internados que se encontraban fuera de los campos. En Jerome (Arkansas) a un soldado Nisei en uniforme que había venido a visitar a un pariente se le disparó. Otro incidente acabó con dos prisioneros heridos por un jinete local a pesar de que estaban custodiados y haciendo labores agrícolas relacionadas con el campo.

Una ironía que no aparece en “TT: I” es que en todos los campos existían “pases de salida” fuera para trabajar, o para ir de excursión (eso lo cuenta Jeanne Wakatsuki en “Adiós a Manzanar”). Parece increíble cuando a cuatro internados (en diferentes campos) se les mató porque se creyó que intentaban escapar. Hubo alumnos que pudieron estudiar en escuelas y universidades cercanas, artistas que fueron a actuar enfrente de audiencias caucásicas, maestros que enseñaron en escuelas locales, y deportistas que compitieron en poblaciones adyacentes a los campos.

Uno de los campos mejor llevados, fue el pequeño Amache (Granada) en Colorado, donde los internos podían ir de compras y a tomar sodas en las farmacias del pueblo cercano. Eso a pesar de que la población se molestó cuando se construyó una escuela nueva adentro del campo para alumnos japoneses (y los maestros “blancos” comenzaron a ir a enseñar allá).  La administración de Amache era amistosa, la policía militar era relajada, el resultado fue que ese campo contó con pocos resistentes y con un alto enrolamiento en el Batallón 442.
Alumnas Nisei de la secundaria de Amache

Me temo que debido a que George Takei estuvo internado en el atípico Campo del Lago Tule en la frontera California-Oregón es que Colinas de Oro sea descrita como un espacio peor que los campos normales. Tule Lake se convirtió en un reducto de malcontentos, disidentes y elementos considerados peligrosos. Fue el peor campo, en realidad un sitio de castigo donde había ley marcial y donde la administración estaba en manos de militares.

Ese es otro absurdo de la serie, poner al Mayor Bowen (C. Thomas Howell) como mandamás de Colinas de Oro. ningún director de campos pertenecía las fuerzas armadas. Tanto los campos como los prisioneros estaban bajo la autoridad de una entidad civil, la War Relocation Authority. La WRA estuvo dirigida al comienzo por el educador Milton Eisenhower (hermano del famoso general) quien renunció por estar en contra del internamiento. Luego por Dylon S. Mayer, un profesor de agronomía que trabajaba para el Departamento de Agricultura.

Lo peor de los campos era el hacinamiento, la suciedad, la falta de privacidad, la mala calidad de la comida. Jeanne Wakatsuki Houston ha descrito la traumática experiencia de ir al baño en inodoros inmundos, expuestos, donde no había cabinas ni ningún tipo de división para dar un poco de privacidad al que los usaba. Ella recuerda a una dama de clase alta que se había construido un biombo de cartón y que se lo prestó a Misa, madre de la autora. Ninguno de estos detalles que convertían la vida cotidiana en un horror son descritos en “TT: I”. En cambio, se decantan por esperpénticos errores como obligar a los presos de Fort Lincoln a pescar en el hielo, o la ejecución de Ken (Christopher Naoki Lee). A continuacion fotografías de vviendas en tres campos para notar la diferencia:
Tule Lake, parece una cárcel
Jerome Relocation Camp (Arkansas)

Amache (Colorado)


Incluso, lo único que yo llamaría “atrocidad” y que en realidad es una falla burocrática, fue la prohibición de las autoridades (y esto es algo que se decidió en Washington) de permitir a la Cruz Roja visitar los campos o la de traer insumos médicos a estos. El resultado es que las medicinas eran escasas.

El personal que debía atender los casos médicos debía salir de las filas de los internados y se les pagaba la mínima suma de $19 mensuales. Eso recibía Misa, la madre de Jeanne Wakatsuki Houston, que era enfermera nutricionista. Había voluntarias cuáqueras (como la Lois de “Adiós a Manzanar”) entre las enfermeras que ganaban $150 mensuales.

Eso es otro detalle que no muestra “TT: I”. Cuando el Mayor Bowen solicita que los jóvenes Nisei construyan una cerca (“Ustedes son un pueblo trabajador”) ni él ni los muchachos mencionan pago alguno. Aunque poco, todo trabajo en los campos era remunerado. Incluso algunos internos pusieron sus propios negocios (peluquerías, lavanderías, hasta un cine).


Debido al mal sueldo, muchos médicos japoneses solicitaron y obtuvieron permiso para ir a trabajar a hospitales fuera de los campos, dejando a la población internada a merced de un personal cada vez más reducido e incapaz de enfrentar crisis de salud. El parto de Luz mal atendido por un incompetente facultativo y que deviene en la muerte de sus gemelos es una de las pocas realidades que TT: I” muestra. En Adiós a Manzanar, Jeanne y su familia también agonizan ante el prospecto de que su hermana Eleanor dé a luz en el campo ya que no hay buenos obstetras cerca.



Otro flagelo que enfrentaban los médicos de los campos eran las epidemias. Jeanne W. Houston cuenta como el mal estado de la comida provocaba diarreas constantes, hubo epidemias de disentería. Aunque se intentó vacunar a los internados contra enfermedades como la tifoidea, la viruela y la toz ferina, no se pudieron evitar epidemias de enfermedades contagiosas como tuberculosis e influenza. En zonas pantanosas como Jerome en Arkansas, hubo epidemias de paludismo.

En “TT: I “nos muestran una plaga que parece haber sido causada (como todo) por el espíritu de Yuko. Aunque aparentemente la negativa del Mayor Bowen de enviar a los enfermos a un hospital fuera del campo se debe a un capricho sádico, puede que el director del campo bien esté siendo manejado por el espectro que acaba de poseerlo y no lo ha matado como es su costumbre.

 Finalmente, entre Ken y Amy (Miki Ishikawa) consiguen el traslado de los enfermos, aunque esto le cueste la vida al primero. El tal traslado nunca hubiese podido tener lugar puesto que (precisamente para no esparcir epidemias) estaba terminantemente prohibido sacar enfermos o cadáveres de los campos, se les atendía in situ, se les enterraba in situ. Una lástima que, en su afán de convertir a Bowen y a Yuko en los grandes villanos de la historia, Woo y el resto del equipo, hayan caído en otra melodramática distorsión de la realidad.

Yuko y Amy: ¿Objetos sexuales?
En el artículo de Time, se cita a Reneé Imaja-Peña, catedrática de la UCLA, quien hace befa del cliché del romance birracial (que aparece en “Midway”, “Come, See the Paradise y” Snow Falling on Cedars”) del “salvador blanco” y la “sexualización de la japonesa”. Se olvida la catedrática de la otra cara de la moneda, cuando el romance gira en torno a japones y caucásica que apareció en “El Martillo de Vidrio” y en la elevación de James Shigeta al estatus de sex symbol en los 50.

En “The Terror” también se ha jugado con el romance birracial. Tal como Edward Albert, Ethan Hawke y Dennis Quaid, Chester quiere “rescatar” a Luz (Cristina Rodlo), su novia-amante-esposa chicana, pero tal como le dice su padre solo consigue “acumular desgracias “sobre ella.



En cuanto a la sexualización de la mujer nipona esto es evidente en Yuko, castigada por ejercer su sexualidad en un mundo patriarcal. La primera vez que Yuko se le aparece a su hijo es en un burdel y cuando acaba con Furuya, el esposo que la expulsó del hogar por preñarse de otro, Yuko comienza con una violenta seducción que deviene en un beso vampírico en el que le arranca la lengua a su víctima.

Pero a pesar de las admoniciones de la profesora Imaja-Peña, se vuelve a caer en la sexualización de una mujer japonesa en la subtrama más descabellada de la serie, me refiero al triangulo shakesperiano de Amy-Mayor Bowen-Ken. Amy Yoshida es la vecina y amiga de la infancia de Chester. Es una chica moderna e inteligente, bueno, al menos, nos la venden como tal. Llega a Colinas de Oro con los Nakayama. Ahí conoce a Ken. Pobrecito, pero después de Chester es el personaje más repelente de la serie.

A Ken nos lo presentan como el angelino sofisticado, el que se burla del parroquialismo de los de Terminal Island, el que extraña la Gran Ciudad. Entretanto, la madre de Amy “se la ofrece” al Mayor Bowen, el director del campo, como secretaria (según lo que he leído el personal de oficina en los campos era caucásico precisamente para evitar peligrosas confraternizaciones).

Es una entrevista penosa, La Señora Yoshida (Hira Ambrosino) se empeña en convencer al director que su hija es una patriota.  Amyque no lo es—adopta una actitud displicente, Bowen la escudriña (más tarde descubrimos que siente mucho recelo por los japoneses. Tal tipo de persona no hubiese sido escogida para el puesto). Por supuesto que algunos recappers, que se sienten con la obligación de explicarnos todo, dicen que la mirada del Mayor es una de “depredador sexual”.

Pues la depredación consistirá a lo largo de la serie nada más que en traerle flores a la secretaria. Incluso cuando Bowen tiene la oportunidad de violarla no lo hace, pero Amy actúa como si fuera una damisela victoriana (mitutera) expuesta al acoso de un villano de esos que se atusan el bigote.

Entretanto Amy y Ken se hacen amantes algo sabido por todos (incluyendo el Mayor Bowen). Llega el momento de llenar el famoso Formulario de Lealtad que exigía de los internados un repudio a su lealtad para con el Emperador y una admisión de su deseo de servir en las fuerzas armadas estadounidenses.

Uno se imaginaria que el americanizado Ken no tendría problemas en ir a pelear por su país (él es Nisei ósea es ciudadano americano) y en renunciar a su lealtad al Emperador. Pero no, Ken no quiere “morir”, ni volver a Japón, ni ir preso, las tres opciones que ve en el formulario. De pronto se vuelve totalmente japones, incluso hace un símil y usa un término racista (gaijin) para referirse a los blancos. ¿Ósea Bowen es racista por atribuirles virtudes a los japoneses, en cambio Ken que se burla del físico de los blancos no lo es? A esta serie le gusta la Ley del Embudo.

Ken se convierte en un “No-No Boy” hasta que Amy cambia sus respuestas en el formulario. Enojado, Ken, en vez de rebelarse y unirse a los otros “No-No Boys” que son embarcados para Tule Lake, carga contra Amy. Pero eso no es lo que me molesta de Ken, es que antes y después de su relación con Amy, cada vez que hay un problema corre donde ella para pedirle que interceda ante el Mayor Bowen y siempre es porque “he likes you”. Ósea, Ken se da cuenta que la Amy le gusta al director y quiere que ella se aproveche. Mijo, eso, en mi país, se llama “cafichear”.

Estalla una epidemia de influenza en el campo, justo cuando Yuko anda dando vueltas por ahí. La yurei ha poseído al Mayor Bowen, pero inexplicablemente no lo mata como es su costumbre. Bowen desaparece. Ken acorrala a Amy y le exige que convenza a su jefe de enviar a los enfermos al hospital. La acusa de ser “la mascota de Bowen”. Amy encuentra al director en un estado deplorable. El mismo admite no sentirse bien y Amy teme que se haya contagiado de la gripe.

El problema es que Bowen está completamente paranoico, cree que Yuko es algún truco de magia oriental que los internados han enviado para neutralizarlo. Le dice a Amy “Esto lo provocaron ustedes. Hasta que no sepa qué tipo de hechizo me han echado, nadie sale de aquí”.  Si yo escribiera este guion hubiese tenido varios caminos para seguir, menos el que elige Amy de bajar la cabeza e irse en silencio.

Cuando Ken la acosa le grita que haga algo él. Ken que como todos los japoneses jóvenes de este cuento no tiene ni un dedo de frente, se presenta en la noche en la cabina de Bowen quien cree que lo envió Yuko para vengarse. Apunta a Ken con un revolver.


Se van a las manos, hay una trifulca, ken le rompe una mano, le arrebata el arma y lo amenaza con matarlo si no llama una ambulancia. Bowen se niega y es Amy quien al final usurpa la autoridad de su patrón, pero es descubierta. Bowen la perdona, no impide el traslado de los heridos, pero, aunque su primera intención es mandar a Ken a Tule Lake, luego impulsivamente lo hace matar.

En una entrevista, C. Thomas Howell explicó que este había sido un crimen pasional, que mató a Ken por celos. ¿Es que realmente todo fue tan WTF que muchos hemos quedado con la impresión de que el Mayor todavía estaba bajo la maligna influencia de Yuko.

Amy decide hacer justicia. Nunca sabemos que excusa dio Bowen para matar a Ken. El director le dice a Amy (sin saber que ella lo está grabando) “Corazón, algunos perros deben ser sacrificados”. Amy envía la grabación a Washington donde es interceptada por un amigo de Bowen que lo alerta. El director secuestra a Amy.  No se sabe con qué intención, puesto que ni la mata ni la viola. Se contenta con romperle un dedo y endilgarle un discurso que alterna con confesión romántica (“I really liked you, Amy!), con quejas contra la deslealtad nipona, con autorreproches por no haberse comportado a la altura moral de un oficial.

Entremedio, se corta la luz. Amy (con un dedo roto) se desata, le atiza un silletazo a su captor que convenientemente cae de hocico en una poza de agua y ahí ella lo ahoga. Al día siguiente nadie echa de menos al Mayor, los japoneses dejan el campo, Amy es la primera en cruzar presurosa la puerta de Colinas de Oro. Y Colorín Colorado…

Esta historia es la más irreal de todo el cuento. Ningún campo por pequeño que fuera tenía un solo director (y ciertamente no un militar) a cargo. Bajo los Directores de Proyecto había toda una red burocrática de policías, bomberos, personal de oficina y subdirectores. Debajo de ellos estaba la JACL, el consejo formado por un equipo de delegados japoneses, los más prominentes en el campo que en Manzanar incluían a las monjas tan queridas por Jeanne. Debajo de ellos estaban los líderes de block. Cada block estaba formado por un determinado grupo de familias o individuos y sus cuitas se las pasaban a los blocks managers. Si Amy hubiese querido acercarse con una queja al director hubiese tenido que cruzar muchos canales burocráticos.

Conflictos Entre Internados y la Verdadera Resistencia
Algo que “Farewell to Manzanar” si describe es el conflicto entre los mismos prisioneros, Había rencillas que databan de comunidades como “Little Tokyo” en Los Angeles y que precedían al internamiento.  Hubo pugna generacional entre Isseis y Niseis, y disputas entre los internados y los miembros de la JACL que eran acusados de colaborar con el enemigo. Ko Wakatsuki cayó en el alcoholismo por haber sido considerado un “Inu” (perro), un traidor que había colaborado como interprete con el FBI delatando compañeros durante su estadía en Fort Lincoln.

Los mayores problemas y los estallidos de violencia fueron motivados inicialmente por reyertas entre los mismos internados y siempre teniendo como blancos a alguna autoridad Nisei que era vista como colaboradora. El alzamiento de Manzanar se debió a que un grupo intentó linchar a Fred Tayama, uno de los líderes de la JACL, que tuvo que ser ocultado bajo una cama de hospital.

También es inconcebible que la muerte de Ken no haya sido investigada. Se conoce oficialmente de siete muertos por balas de la policía militar. Dos murieron en el alzamiento de Manzanar. A dos viejitos se les aplicó la ley fuga camino a un campo. Un preso murió tras un altercado verbal con un soldado caucásico en Tule Lake. Otro señor fue asesinado cuando intentaba recoger su periódico y el guardia creyó que intentaba escaparse.
Funeral de los muertos en el alzamiemto de Manzanar

El caso más trágico es el del funcionario consular Kensaburo Oshima. Trasladado desde Hawái a un centro de detención en Oklahoma, perdió la razón y un día enloquecido comenzó a escalar una reja con el resultado de que recibió un balazo mortal. En “TT: I” se ha intentado recrear ese caso con la muerte de el Señor Yoshida (James Saíto), padre de Amy

El espíritu de Yuko invade a Yoshida quien ataca a un guardia le quita el arma e intenta huir. Tratan de detenerlo tanto sus parientes como los policías. Finalmente lo abaten a tiros, pero es una acción comprensible puesto que Yoshida iba armado y amenazaba con disparar. En cambio, cuando Chester intenta huir solo le dan una paliza. Son estas ambigüedades las que desconciertan al espectador y hacen más incomprensible el retrato de la encarcelación de los japoneses.

Todos los casos de guardias que mataron prisioneros fueron sometidos a investigación, a juicio del guardia y aunque a solo uno se le declaró culpable (el castigo fue pagar el costo de la bala usada), los homicidas eran trasladados a otros campos para evitar represalias. Que Bowen siga en su puesto y que nadie comente el asesinato de Ken es inconcebible y no pudo pasar en la realidad.

Mucho se criticó a “Farewell to Manzanar” por mostrar los actos de resistencia en contra de las autoridades (alzamiento de Manzanar, No-No Boys) como acciones aisladas de malcontentos. Aun así “TT: I tampoco hace muy buen trabajo al describir la evasión del servicio militar y el repudio al Formulario de Lealtad. Pero ninguno de esos sucesos es un acto de resistencia muy meritorio.

En cambio, ninguna obra sobre el tema menciona los intentos oficiales de los mismos internados por  demostrar la ilegalidad de la Orden Ejecutiva de Roosevelt y como la última demanda si consiguió que se repeliera esta y se liberara a los encarcelados. Tampoco se habla de las huelgas. Ningún campo se libró de huelgas que consiguieron que rodaran cabezas y que hubiera mejoras.

Por último, es infamante el modo en que han ensuciado la memoria de los veteranos Nisei. Toda la serie ha mostrado que los japoneses americanos estaban muy enojados con los Estados Unidos y se rehusaban a servir en sus fuerzas armadas. Chester se enlista para huir de Yuko, Ken se resiste y nadie sabe por qué se enlistó Walt Yoshida.

Aunque si bien es cierto que hubo una evasión al servicio militar también es un factor probado que el servicio activo de los Nisei en Europa y en el Pacifico fue honroso. MacArthur diría de los Nisei en los servicios de inteligencia (donde sirve Chester) que “acortaron la guerra por dos años”” y sabido es que el batallón 442 fue el más condecorado de la guerra. No tan sabido es que fue el batallón de Artillería 522 (también compuesto por japoneses) el primero en entrar en Dachau.

La misma serie con su incoherencia habitual hace decir al Mayor Bowen que Colinas de Oro tiene la cifra más alta de héroes Nisei. ¿Pero quienes son esos héroes que nunca nos los muestran? Ciertamente no lo es Walt Yoshida (Lee Shorten) que se aparece en el campo a mediados del ‘45 para reclutar soldados para la Campaña del Pacifico.

Era común que los veteranos de Europa hiciesen tours por los campos como parte de una campaña de reclutamiento y para aclarar falsos rumores como que los Nisei eran usados de carne de cañón por sus oficiales blancos. ¿Pero que hace Walt?  Precisamente le cuenta este mito a Toshiro Furuya (Alex Shimizu) para disuadirlo de enlistarse. Walt se revela como un tremendo hipócrita ya que no alerta a otros soldados, solo a su amigo.

Para entenderlo debemos recordar que los escritores Alexander Woo y Max Borenstein son Generación X. Para ellos patriotismo es una blasfemia y es chic insultar a su país y sus instituciones. Solo que eso no ocurría en la Segunda Guerra Mundial. Hubo quienes se negaron a servir y eso incluyó también a caucásicos. Hubo Isseis, Nisseis y Kobeis que quisieron que los repatriaran y se entrenaron clandestinamente para unirse al ejercito japones, pero la gran mayoría sirvió devotamente en el ejército del país que los había encarcelado, se cubrieron de gloria y eso fue motivo de orgullo para ellos y sus familias. Una serie de televisión no puede enlodar su memoria.

Borenstein escribió el guion de la última versión de “Godzilla” y de “Kong Island”. Woo fue guionista de las peores temporadas “True Blood”. Eso se nota en lo mejor de “The Terror”, los efectos especiales. Donde patinan es en el guion. Woo también escribió una serie que se canceló tras dos temporadas, sobre el Proyecto Manhattan que construyó la bomba atómica. Es un poco tragicómico que en la Wikipedia digan que “Manhattan” es una serie “que no pretende ser histórica”. 

Esa advertencia ya debería haber alertado a Sir Ridley Scott de que Woo no es el libretista adecuado para informar sobre una tragedia histórica. Pero como dijeron los recappers italianos Sir Ridley “no se molestó en revisar los guiones de esta serie”.

Al final en su afán de poner como grandes villanos a Estados Unidos, su gobierno y su ejército (todos personificados por el pobrecito Mayor Bowen) Woo y Borenstein cometieron una gran burrada porque ningún personaje japonés es simpático o merece cariño u respeto. Todos terminan reafirmando la paranoia de sus coterráneos gringos de que son desleales, solapados y peligrosos. Y la gran causante de todos los problemas es…Yuko.

Efectivamente, cuando Yuko mata al ex jefe de Henry provoca sospechas sobre este que acaban con él en Fort Lincoln. Yuko causa la muerte de Yoshida y de Furuya e induce el suicidio de un guardia consiguiendo que Bowen requise el sake y encarcele a Walt. Yuko hace que Chester vuelva deshonrado y bajo sospecha al campo. Yuko posee al Mayor Bowen y desencadena tragedias.

Antes de morir, Bowen le confiesa a Amy que estaba a punto de creer que encerrar a los japoneses era una mala idea, pero… ¿quién lo hizo cambiar de Idea? Yuko. La fantasma es mala, mata gente (¡8 japoneses, cinco mexicanos y solo dos blancos!); destruye la felicidad de Luz, la deja huérfana de padre, abuela y párroco; quiere llevar niños al infierno. Realmente nadie le gana en perversidad.

Si querían hacer una serie que honrase el recuerdo de los japoneses injustamente encarcelados, no tenían que haber creado un monstruo nipón. Ciertamente en ese sentido fueron mucho más racistas y desubicados que el despreciado “Farewell to Manzanar”. Como dijo Nancy Matsumoto en The Atlantic eso fue apilar más tragedia sobre los internados.