jueves, 3 de diciembre de 2020

Octubre de Época: Netflix 2020


 

Octubre mes de vendimia, mes de cosecha. No parece eufemístico aplicar esa sensación de abundancia y sabores a las series de televisión, puesto que en Netflix se han esmerado en traer una biblioteca muy variada a nuestras pantallas este otoño. No todo es bueno, pero merece ser reseñado.

Opté por no ver algunas de las series de época, más que nada por falta de tiempo. “Rebecca” se veía buena, pero no me atrajo. El Gato Rafael alabó sus méritos, la Reina Estelwen me señaló sus falencias y con lo que vi en clip me bastó para saber que tenían razón. El caso de “The Queen’s Gambit” es diferente. La Gatita Lorena finalmente me convenció de verla, pero no la he acabado por lo que la reseñaré, D-s mediante,  por separado.

Oktoberfest

Tal vez debí efectuar ese mismo espíritu de selección al ver “Oktoberfest”, que comenzó el primer día de octubre. Se trata de una serie alemana sobre las guerras cerveceras del Múnich de fin de siecle. Aunque nos lo vendan como “basada en hechos reales” no lo es. Hubo en La Belle Epoque un conflicto entre gente que quería modernizar la industria cervecera y los más tradicionales. Aquí la han convertido en una batalla entre un gánster y un cervecero rebelde y sus hijos Hasta se han traído al Armenio de “Babylon Berlin” que busca convencer con chantajes y asesinatos a los que no quieren seguir sus métodos.



Es una historia violenta, gory, que pretende parecerse a “Peaky Blinders” y no lo consigue. Entremedio han metido un tedioso romance Romeo y Julieta que no convence a nadie. A pesar de su sangre y tripas, la historia nunca atrapa.

Los Bárbaros

Me puse a ver otra serie alemana histórica y concuerdo con quienes la encuentran muy buena, muy bien hecha, visualmente impresionante. Me dice que quiere ser “Vikingos”. Me dicen que es mejor que “Vikingos”, me da igual. Lo realmente y trascendental de “Barbarians” es que se trata de un hito histórico de la televisión germana. La primera vez en más de medio siglo en que se ha podido dramatizar La Batalla de; Bosque de Teutoburgo. Las razones para que se prohibieran tal dramatizado anteriormente son las mismas que me impiden apreciar “Los Barbaros”.

Antes que todo, hay un poco de presentismo tanto en la serie, como en las impresiones de quienes la han disfrutado, y están equivocados. Para quienes quieren ver en el pasado reflejos del presente, las legiones romanas son las villanas del cuento. Se las ve como un alter ego de los países colonialistas, como Invasores imperialistas. Algo de eso hay, pero si le preguntan a alguno de esos críos radicales que se han vuelto los historiadores de la Era del Twitter te dirán que los romanos eran “blancos privilegiados”.



Si bien es cierto que en la clase patricia romana se gozaba de un cierto grado de progreso que pasaba por privilegio, tanto patricios como el hoi polloi eran mediterráneos de cabello y ojos oscuros con pieles tostadas por el sol italiano. Los blanquitos aquí eran los barbaros. Yo me siento heredera del mundo romano, y no solo por mi sangre italiana, sino por el idioma que hablo, por el sistema legal que heredamos de ellos, hasta por su hidráulica.

Así que no me vendan a los teutones como pobrecitos oprimidos. La historia reciente nos demuestra lo contrario.  No hablo de los nazis, hablo del poderío alemán moderno, de como Alemania se ha convertido en una sociedad pujante y el país más rico de Europa en este momento.

Yo supe de la Batalla del Bosque de Teutoburgo en “Yo Claudio” en ese episodio donde el Emperador Augusto lanza el aullido histórico: “¿Quintilius Varus, donde dejaste mis águilas?”. Pero mi idea toxica sobre esa batalla y el pueblo germano, que desde sus inicios andaba quemando gente, nace de Los Hermanos Oppermann, novela que Lion Feutchwanger escribiera a comienzos del nazismo (1934).



 Los Oppermann gira en torno a esta familia homónima, tres hermanos y una hermana, y como a pesar de ser millonarios y descendientes de generaciones de alemanes, son convertidos por los nazis en parias en su propia tierra. La serie narra de como el nazismo afecta la vida de cada uno de ellos.

El peor caso es el de Bertoldo, un adolescente que sufre acoso en su escuela. El bullying viene también de parte de los docentes. Un maestro exige que Bertoldo escriba un ensayo sobre el espíritu germano/ario personificado por Hermann (Arminius) y su hazaña del famoso bosque. Bertoldo se niega, es humillado públicamente, y se suicida.

Mas allá de la ficción, Hermann/Arminius fue un símbolo de la Alemania Nacionalista y del Tercer Reich. Tanto así que se prohibió la enseñanza de su historia en Alemania después de la guerra puesto que se le consideraba un símbolo del militarismo teutón.

                                  Bárbaros vs Romanos

Me parece una exageración puesto que la Batalla de Teutoburgo es una de las más importantes en los anales militares y marcó un punto crucial en la historia de los pueblos germanos. Me alegro de que se haya hecho esta serie, pero en un momento en que el nacionalismo germano y anglosajón anda levantando las zarpas de nuevo, no me entretiene verla, aunque me caiga bien Thusnelda.

                                                        Estatua de Thusnelda

La Révolution

Esperaba menos y recibí más. Con todos los bemoles de una historia alternativa/fantasía histórica, “La Révolution” superó a otras producciones de época que Netflix nos trajo en octubre.  Fue un cuento original, un buen relato de terror para el Halloween 2020.



 Lo único que me provocó un poco de hastío fueron ciertos recursos melodramáticos y mal usados, cierta dureza de los personajes (como diría Emily en Paris. “Los franceses” son así) y una preocupación de que alguien se vaya a creer que La Revolución Francesa fue un mero alzamiento campesino.

Comienza como un whodunnit histórico, el medico de pobres y de encarcelados, Albert Guillotin investiga los misteriosos asesinatos de jovencitas campesinas cuyos cuerpos canibalizados parecen ser víctimas de un esclavo fugitivo. En entrevistas con Oka (Doudou Masta), el prisionero, Guillotin (Amir El Kacem) descubre no solo que es inocente, sino que se trata de un brujo vudú.



Guillotin se empeña en demostrar la inocencia de Oka. En el proceso vemos su historia, de cómo él y su difunto hermano Albert (Lionel Erdogan) fueron criados por un bondadoso sacerdote (¿un curita bueno en una serie de Netflix?). Albert fue asesinado por el Conde de Montargis al encontrarlo en su establo sin ropa y arriba de Elise de Montargis (Mailou Aussilloux), la primogénita de la familia.

Desde entonces, Guillotin culpa a Elise de la muerte de su hermano. Desde entonces Elise (cuyo cabello ha encanecido por la pena) vive dedicada a hacer el bien, a luchar por los pobres y desamparados. una lucha social que es apoyada por el Barón Henri de Lariboise (Pierre Andreu).


                          Albert y Elise

 Elise y Henri son mis favoritos, porque representan una realidad olvidada. Aunque si bien es cierto que la codicia, poder absoluto y excesos de la aristocracia fueron los grandes culpables del estallido social que acabó con la monarquía, muchos nobles como el Marques de Lafayette, e incluso príncipes como Philippe-Egalite, primo del rey, apoyaron a los revolucionarios.

Elise tiene graves problemas domésticos. Su padre ha desaparecido y está en manos del Tío Charles (Laurent Lukas), un individuo tan siniestro que es cruel hasta con sus hijos. Charles quiere apoderarse de todas las tierras y fortuna de los Montargis con ese cuento de que, en Francia, las hembras no podían heredar. Elise se las tiene que batir sola para protegerse proteger su patrimonio y a su hermanita Madeleine (Amelia Lacquemant).

                             Madeleine y Elise

Esta niña es un personaje fundamental a pesar de su tierna edad y de ser sordomuda de nacimiento. Únicamente, Elise y su fiel criada Ophelie (Coline Beal) pueden comunicarse con ella con el lenguaje manual (inventado por el judío bórdales, Jakob Pereire y el aragonés Juan Pablo Bonet). Lo que Madeleine no consigue explicarles son sus premoniciones y visiones en las que recibe la visita de una niña africana. Por eso, solo Madeleine sabe que no es hermana de Elise (aunque son parientas ya se imaginarán como) y que a Francia se acerca algo más peligroso que un invierno de Caminantes Blancos.


                     El fantasma que atormenta a Madeleine

La trama funciona cuando se enfoca en Guillotin, su investigación detectivesca y sus experimentos tipo NCIS Siglo de Las Luces, apoyado por la fiel Katell, la lavandera de la prisión. Interpretada por la argentina Isabel Aimé González-Sola, Katell es inicialmente un personaje muy atractivo, constantemente salvando de peligros a Guillotin, y demostrando conocimientos médicos que nunca nos son explicados. Pero a partir del tercer capítulo Katell se vuelve un personaje antipático, traiciona a su amigo entregándolo a La Fraternidad, un grupo guerrillero campesino que trae su propia agenda.

       Nunca supimos por qué motivo Katell era tan erudita

Guillotin descubre que La Fraternidad tiene prisionera a Elise y todo por órdenes del difunto Albert que si estaba muerto y andaba de parranda por Luisiana. Albert se ha muerto tantas veces que ya no tiene sentimientos humanos. Parece detestar a Elise y trata al hermano con indiferencia. Su único hermano es el brujo Oka a quien ha venido a rescatar.

Guillotin acepta el plan macabro de su hermano de esparcir un virus en la cárcel, propagar una plaga y en medio del pánico, rescatar a Oka. Por otro lado, la pesada Marianne (Gaia Weiss, la Börunn de “Vikingos”) lideresa de La Fraternidad exige un rescate por Elise. Son tan ignorantes q los campesinos que ni saben que Tío Charles solo desea ver a su sobrina muerta. El que se ofrece a pagar el rescate es el buen Henri. Hasta aquí llego para no contar spoilers.




La serie, a partir del tercer episodio, diverge de un cuento médico-detectivesco a una especie de Walking Dead dieciochesco salpicado de comentarios políticos y rencor social. Se entiende, los zombis son nobles que, en pos de la inmortalidad, se inyectan sangre azul que los convierte en vampiros caníbales. Y todo es una idea de… ¡Luis XVI!  Eso ya me hizo reír. Poner al bonachón y timorato esposo de María Antonieta al frente de un cabal de científicos locos es un poco difícil de creer.

Para quien guste de películas de terror en marco seudo histórico y para los Walking Dead frikis “La Révolution” es imperdible. Yo siempre prefiero que mi entretenimiento tenga su dosis de drama y romance. Lo último no existe en esta serie y los personajes que pudieron ser fuente de dramatismo no evolucionan. La historia acaba en un baño de sangre, una cantidad de cabos sin atar, y una implicación de que así comenzó La Revolución Francesa.



Es que yo sé que, aunque nos hayan explicado que esto es terror fantástico e historia alternativa, habrá más de un despistado que se crea que así cayó la monarquía en Francia. No, amigos gatunos, aunque fue el absolutismo monárquico y el poder casi ilimitado de clero e iglesia los que suscitaron el alzamiento, este fue un fenómeno urbano. No nació del campesinado, sino de una clase burguesa, profesional e ilustrada. No existieron detrás de la evolución sociedades secretas rurales compuestas por el pueblo, sino logias masónicas, clubes literarios y círculos de periodistas que convirtieron a la prensa en el Cuarto Poder.

A pesar de lo oprimidos (aparte de que una serie de malas cosechas los tenía al borde de la inanición) que estaban los campesinos, no fueron ellos quien comenzaron la revolución. Irónicamente si se alzarían, pero en contra de los revolucionarios,  en zonas donde la población era más católica y tenía mejor relación con los nobles, como en La Vendée y Bretaña.

Reitero, si les gustan las pelis de aventuras de zombis y son amigos del Walking Dead, no se pueden perder “La Revolución”.



Alguien Tiene que Morir

Yo le he estado huyendo a Manolo Caro y a su obra. Nunca quise ver “La Casa de las Flores “y siempre lo tomé por un Almodóvar mexicano (y Almodóvar solo hay uno).  Al final, acepté el consejo del Gato Rafa y estoy agradecida. Esta no es una sátira, sino un bien construido thriller/drama familiar sobre el trasfondo de la represión franquista de los 50.



La historia tiene lugar en un pueblo cercano a Madrid y casi toda la acción ocurre en un coto de caza y la casona de Los Falcon, una familia burguesa adinerada. Todo comienza con la llegada del único hijo de Los Falcon que ha estado viviendo con su familia materna en México por más de diez años.

Gabino trae una visita inesperada, Lázaro, un aspirante a bailarín de ballet. Como la familia ya tiene una sospecha de que a Gabino le gustan los chicos, y más encima el prejuicio en contra de los bailarines, ya se imaginarán el caldo de cabeza que se han de hacer.

El problema es que, en la España de Franco, la homosexualidad es un crimen y para cortarlo por lo sano, Los Falcon deciden que Gabino se quedará en España, se hará cargo del negocio familiar y se casará con Cayetana, hija del socio de la fábrica de zapatos de Gregorio Falcon. Y ahí comienzan los problemas.



Alejandro Speitzer como Gabino hace mucho mejor papel que en “Oscuro Deseo” donde solo se dedicaba a mostrar nalgas. Carmen Maura, como siempre estupenda, como la matriarca de los Falcón, es un ejemplo de cómo en sociedades patriarcales, una mujer puede adquirir poder si juega las reglas bien.

Esta campeona de tiro que oculta un oscuro secreto,  se las ha arreglado para dominar a su familia apoyándose em el dinero y la apariencia de una mujer que cumple con todos los requisitos que su sociedad e iglesia exigen. Así expulsa Padres Nuestros con la misma facilidad con que expulsa humo de cigarrillo.



Ester Expósito está exquisita en el “New look” de Dior, pero su papel es igualito al que hace en “Élite” bueno como sería la Marquesa Carla si hubiese vivido las limitaciones de la España de la posguerra. Ernesto Alterio, en su rol de Gregorio Falcón, se ve a ratos tan siniestro como su padre en “La Historia Oficial”.



Pero quien se roba la serie es Cecilia Suarez, musa y comadre de Manolo Caro. Cecilia ya está con cara de suegra, por lo que no incomoda que la pongan de madre de Gabino. Mina es mucho más que una madre, a pesar de que será en ese rol donde destaque. Es un personaje trágico porque como le cuenta a Lázaro llego a España hace veinte años, se enamoró y se casó muy ilusionada, pero la guerra lo cambió todo.



¿En qué momento, el esposo que idolatraba se volvió en un desconocido capaz de abusar de ella verbal, física y sexualmente?  ¿En qué momento su suegra se volvió su peor enemiga?  ¿En qué momento se convirtió en prisionera en su propio hogar, con prohibición de ir a México a ver a su familia y que cuando se presenta en Madrid en la oficina del marido este le ordena al chofer “llévesela a casa” como si hablase de una maleta?  ¿En qué momento se ha vuelto tan nada que no puede cumplirle a una promesa a la cocinera y que se ve tan vulnerable como las presas políticas esclavizadas en la fábrica de zapatos del marido?



No importan las respuestas, ni que al comienzo comparemos a Mina con los pichones que su familia goza acribillando en competencias de tiro. Lo que importa es que, por amor a su hijo, Mina hará lo imposible desde chantajear hasta hacerle a la cougar.



Aunque la serie es un thriller que solo puede tener lugar en una sociedad reprimida, lo cierto es que la mujer casada en 1954, fuera en USA, Europa o México, tenía tan pocos derechos como Mina en España. La homosexualidad era penada por la ley en Gran Bretaña (y la Commonwealth), Alemania Austria, Portugal, Noruega y todo el bloque comunista. En America era un crimen en USA, Centro America, el Caribe, Colombia, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Chile. Ni hablar de África y Asia.

Aunque Lerdo de Tejada despenalizó la sodomía en México en 1871, no es como que no siguiera existiendo un estigma social o que las parejas gays pudiesen besarse públicamente. Y estoy segura de que habría en México chicos machistas como Carlos y su pandilla,  felices de apalear gays o de obligarlos a comer cucarachas.

No estoy discriminando en contra de México, pero dando un panorama sociohistórico de Occidente en 1954. Aparte que lo que me legó “Emily in Paris” es un estar atenta a esas comparaciones tan injustas de que país es más liberal o moral que otro.

La serie me ha encantado. Manolo Caro debe tener en cuenta que el drama le va tan bien como la comedia. lo único que para la próxima la haga un poquito más larga. Para gente muy sensible, hay un par de escenas de tortura que pueden afectarlos.

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Todo lo que Vi en Octubre y no Tuve Tiempo de Reseñar

 


Pasó algo insólito. En octubre, Netflix lanzó una cascada de dramas de época, cual peor que el otro, pero en HBO se mandaron un par de series excelentes y visualmente más intensas que ningún period piece. En la sexta temporada de “Fargo”, Los Hermanos Coen se fueron a la Kansas City de los 50 y no dejaron nada que desear. Tristemente la segunda temporada de “The Spanish Princess” estuvo peor que la primera. Vamos a ver como estuvo esta vendimia otoñal.

Final de Lovecraft Country (HBO)

No se puede hablar de HBO, y de dramas de época de este otoño pandémico, sin mencionar “Lovecraft Country”. Yo ya he habado en público y privado de mi desaliento ante esta adaptación de la novela de Matt Ruff. Ahora me concentraré en el final.



¿Qué se puede decir de una serie donde TODOS los blancos son malos?  ¿Peor aún, donde la policía de Chicago está compuesta por hechiceros?  Al final los negros recobraron su magia y despojaron a los blancos de la suya. Nada mejor podía esperarse cuando un jefe de policía hechiza a una niñita negra, pero no puede entrar en la casa de Leti ya que un hechizo vudú (confeccionado con la sangre de una cabrita sacrificada en el porche) se lo impide.

Matt Ruff, en el fondo,  debe sentirse triste al ver como despedazaron su libro, en el cual no morían ni Tic, ni Christina (que se llamaba Caleb) ni siquiera el tío George, pero como dijeron en The Ringer la historia está mal contada comenzando por cables sueltos que nunca llegan a amarrarse. ¿Por qué los monstruos a los que Christina cuidaba y ayudaba a nacer iban a pasarse al lado de Diana y devorarse a su benefactora? ¿Por qué toda la brutalidad de Montrose como padre fue perdonada una vez que Tic supo lo que había sufrido por ser homosexual?  ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?



Ni hablar de Yahima (hasta nombre tenía) la shemale venezolana que fue asesinada alevosamente por Montrose, sin que nunca supiéramos las razones detrás del crimen.  Cuando,  en  Twitter la productora Misha Green, fue interrogada respecto a la muerte de Yahima, respondió crípticamente que era ün punto digno de explorar, “pero que había fracasado en el modo que escogió hacerlo”.  Da gusto ver lo responsables que son los encargados con sus personajes. Y así se la alaba como si fuera la Capilla Sixtina de las series. En realidad, la pobre Yahima es una señal más de que este mito de que negros y latinos bailamos juntos no es al mismo compas.



The Third Day (HBO)

Muy diferente fue el caso de “The Third Day” que presentó HBO entre septiembre y octubre. Producida por HBO y Sky, se trata de una miniserie de seis episodios que aparenta ser sobrenatural, pero es más horror que terror. El tema principal no es el conflicto entre tradición ni progreso, ni como la religión degenera en luchas de poder, sino como los traumas y miedos pueden destruir familias y comunidades.



Al comienzo pensamos que se trata de una variación de ‘Folk Horror” cuyo mayor exponente es la fabulosa “The Wicker Man” (la versión del 71).  Sam (Jude Law), un hombre agobiado por problemas personales que no ha podido superar el asesinato de su hijo mayor, llega a la isla de Osea acompañando a una jovencita a la que ha salvado de un intento de suicidio.

Osea es un antiguo santuario de los celtas cuyos habitantes siguen conservando tradiciones ancestrales, aprovechando el aislamiento de la comunidad. Aislamiento que se hace más patente cuando el único sendero que comunica la isla con Inglaterra queda cortado por subidas de marea toda la noche y parte del día.

Sam queda atrapado en un mundo lleno de misterios y mentiras, sufre de espeluznantes visiones, pero nos damos cuenta de que no quiere irse de Osea. Se olvida de la familia que abandonó y tiene un affaire con Jess (Katherine Waterston), otra forastera que también ha hallado en la isla un refugio para sus cuitas domésticas. Eventualmente, Sam descubrirá verdades que lo obliguen a permanecer en Osea.



La segunda parte, trae otra visita a la isla. Helen (Naomei Harris), la esposa abandonada por Sam llega a Osea a investigar qué pasó con su marido. No sigo contando porque tienen que verla. Se trata de una historia con muchas capas, que a ratos puede irritar o perturbar, pero que impresiona tanto por sus actuaciones como por su ambientación.





Osea existe, se trata de una isla fluvial localizada en el Rio Blackwater en Essex y su paisaje es personaje importante en la trama. El impacto visual de los primeros capítulos grabados en verano con un sol tibio y una vegetación frondosa contrastan con los últimos episodios en donde la isla parece sumergirse en brumas grises invernales. Ayuda al efecto la competente banda sonora del compositor chileno-canadiense Cristóbal Tapia de Veer.



Respecto a actuaciones, todos sabíamos que Jude Law era más que una cara bonita, pero la voz cantante en términos actorales la llevará en la segunda parte Naomie Harris, que a pesar de su que su personaje no es querible, posee unas fantásticas expresiones faciales que contrarrestan con su hosquedad. Entre los secundarios destacan Paddy Considine y Emily Watson como los dueños de la única posada de la isla que comienzan como raisonneurs, pronto se revelan como cómplices, y acaban siendo víctimas.



The Undoing (HBO)

Aunque aún no ha terminado, recomiendo esta serie estupenda sobre como un crimen obliga a una mujer a enfrentarse al hecho de que todo en su vida es falso y que su esposo es un desconocido. Es argumento parecido al de “Oscuro Deseo” sin ese sexo tan rebuscado, y dotada de un glamur que recuerda a “Gossip Girl” porque transcurre en el mundo del Upper East Side que una década más tarde sigue siendo tan privilegiado y blanco como en la serie de WB.

Nicole Kidman (quien es también una de las productoras) y Hugh Grant son los Doctores Fraser, Grace una psiquiatra experta en terapias de pareja, Jonathan un pediatra/oncólogo. Los Fraser llevan quince años de casados, se adoran en la cama y en todas partes, son exitosos en su trabajo y en la crianza de un único hijo al que tienen en una escuela elite que les cuesta cincuenta mil dólares al año. Son hermosos, simpáticos, un ornamento para su vasto círculo social.



Además de sus labores domésticas y su desgastante práctica médica, Grace toma parte activa en una agrupación de madres y apoderadas. Es a ese ambiente donde entra un elemento foráneo, Elena Alves (Matilde de Angelis), latina, pobre, casada con un afrolatino, y cuyo hijo, Miguel, ha sido aceptado por la escuela Reardon gracias a una beca.

En su primer encuentro con Elena, durante una de sus reuniones de madres, Grace es la única en interesarse en ella y su bebé Teresa. Las demás la ignoran, a lo que Elena reacciona amamantando a su hija en público. Lo que para mí sería un gesto normal, siendo que está en una casa privada y Elena está rodeada de madres, es mal recibido por las demás mujeres.



Para Grace, Elena está enviando un desafiante mensaje de como ella si es una madre de verdad. Según su amiga Silvia, Elena quería apantallarlas con su magnífico busto, fuera para provocar envidia o excitación sexual. Y para mí lo más extraordinario (siendo que he visto mujeres de todas las edades, colores y clases sociales dando pecho en público) es como el esnobismo y clasismo pueden en un segundo borrar todo ese mito de la Hermandad Femenina. ¡Toma MeToo!

Grace y Elena vuelven a encontrarse esta vez en un gimnasio. Nuevamente, Elena usa su cuerpo como arma. Totalmente desnuda, se acerca a Grace y comienza una especie de seducción de la psiquiatra con susurros, toqueteos y arrimos. Yo ya esperaba que le hiciera una lapdacing. Lo chistoso es que todo este comportamientoque con razón hace a la psiquiatra sentirse invadida va acompañado de un dialogo perfectamente normal, el típico intercambio entre madres cuyos hijos van a la misma escuela.



Aunque muchos encontrarán esa escena muy sexy, yo la encontré perturbadora sobre todo porque Elena parece una stalker. ¿Como se explica que una madre de bajos recursos que vive en el Spanish Harlem, sea clienta de un gimnasio del Upper East Side que debe costar un ojo de la cara?

El tercer encuentro es en una gala para recaudar fondos para la escuela. Aunque Grace va más escotada que Elena, es esta ultima la que atrae la indeseada atención de una jauría de invitados. Esto no alegra a la Alves ya que Grace la encontrara llorando en el baño.  Mas tarde, en el elevador, Elena besa a Grace en la boca tras agradecerle su interés por ella.

Todo esto pasa a segundo término cuando el pequeño Miguel encuentra el cadáver de su madre en su estudio. El brutal asesinato de Elena sacude a la comunidad de madres. Entran los policías al cuento que tal vez por ser detectives, y no patrulleros con rodillas asesinas, o tal vez porque el detective a cargo es latino, son retratados como buenas personas.

Aunque todas las madres son interrogadas, es Grace la que más se les hace sospechosa a los detectives. La psiquiatra tiene sus propios problemas. Su esposo ha desaparecido dejando atrás su celular. En el hotel donde se hospedaba no lo conocen, la supuesta conferencia médica a la que asistía no existe, y cuando Grace va al hospital donde Jonathan trabaja, descubre que hace rato que lo despidieron.



Será el Detective Mendoza (Edgard Ramirez) quien acabe de informarla de malas noticias. Miguel era paciente de Jonathan. Elena acusó al oncólogo de haberse propasado con ella, pero retiró los cargos. Jonathan y Elena eran amantes. Es posible que él sea el padre de Teresa y ciertamente es el mayor sospechoso del asesinato.

Grace descubre que todo su prestigio profesional y social desaparece ante estos factores y acusaciones.  Ni refugiándose en su casa en la playa, puede huir de sus realidades: su matrimonio tenía bases falsas, su marido es un desconocido y ella también pasa a ser sospechosa del asesinato de su rival.

La serie es intrincada, dura, llena de pistas falsas y de descubrimientos pavorosos. Está muy bien actuada y estéticamente es una belleza desde el departamento de Park Avenue de los Fraser hasta Nicole que parece haberse quitado diez años de encima y cuya presencia ilumina la pantalla con esos cabellos largos, eso abrigos de brocado que la hacen parecer escapada de un retrato prerrafaelista



The Spanish Princess (Starz)

La segunda temporada de la serie de Emma Frost me ha entretenido en algunos aspectos, hasta el punto de que perdono las licencias históricas y a la insufrible protagonista. Charlotte Hope no es buena actriz, tiene una cara rara con venas protuberantes, ojos saltones y labios temblorosos, y es antipática. Eso no ayuda a que los Tudormaniacos queramos a un personaje que poco tiene de Catalina de Aragón.

Efectivamente la reina se fue a la frontera escocesa y ganó la Batalla de Flodden. Efectivamente se mandó fabricar una armadura que le acomodase la panza, ¿pero ¿qué es eso de andar dando mandobles por el campo de batalla y en estado interesante? Yaaa, solo las locas  pondrían en peligro sus embarazos y mi Doña Catita no era ninguna loca.





Tampoco me la imagino desnuda, de rodillas, intentando despertar la virilidad dormida del Enrique. Es que todo lo que amamos de Catalina, su dignidad, su compasión, su sabiduría y sobre todo su piedad, ha sido eliminado del personaje porque Emma Frost la quiere acercar a un ideal mitutero.

Eso queda en evidencia en esa carta que le envía a su cuñada Margarita de Escocia diciéndole que su piedad es fingida. ¿Queee? Si lo más valioso de Catalina fue su fe y aquí nos dicen que nunca existió. ¿Con que pruebas con que fundamentos?  Llevo un tiempo tratando de explicarle a un amigo que la licencia histórica debe usarse solo cuando se es necesario y nunca abusarse. Este es un ejemplo del abuso.

En cambio, no me molesta que Henry deje tuerto al pobre Buckingham, si después igual le va a quitar la cabeza. Efectivamente, Úrsula Pole fue nuera de Buckingham y de ella descienden los Barones Strafford. Pobre William Compton, ya no saben que inventarle. En “Los Tudors” lo hicieron tener un affaire con Thomas Tallis y ahora lo tienen babeando por Beata Margarita Pole.



No he encontrado indicio de que Enrique VIII quisiese casar a su amigo Compton con la Tía Maggie. Pero si ya al Compton lo pusieron de gay en “Los Tudors”, ¿qué importa levantarle otro falso? Es lo que en Chile llamamos un tonto útil. Ohhh y la Ann Hastings es la misma Anne Buckingham que se revolcaba con Charlie Brandon en la serie de Showtime. En cuanto a ese interludio en medio de la epidemia en que Maggie y Tom More casi confiesan estar enamorados me pareció una licencia romántica aceptable, aunque se tratase de dos santos de calendario. Me recordó los amores de santos que el Cardenal Wiseman nos narrase en Fabiola.





Al menos aquí conocemos la verdadera historia de Maria Tudor, Reina de Francia (no de Portugal como en “Los Tudors”) y su amistad desde la infancia con el futuro Duque de Suffolk.  Vemos que su relación no estivo basada en lujuria como en “Los Tudors” sino en un amor de años que ninguno se atrevía a confesar. ¿Pero por qué no nos cuentan de sus hijos de quienes desciende La Familia Real Británica?



Y conocemos a la verdadera Margaret Tudor, bisabuela de Maria Estuardo, y vaya que interesante y patética es su historia.  Me encantó su relación un poco violenta con su esposo, el Rey de Escocia. Su torpe enamoramiento de Angus Douglas con quien se casó perdiendo el apoyo de su hermano. Lo único que obviaron aquí fue la hija que Meg tuvo con Angus que eventualmente seria la suegra de Maria Estuardo y abuela de Jaime, el primer rey de Gran Bretaña



Las princesas Tudor me caen mejor y me inspiran más lástima que esta parodia de Catalina de Aragón que me la han puesto caprichosa, egoísta, hormonal, mala amiga y…y…y me tiemblan los dedos escribirlo… ¡mala madre! No solo le han quitado a devoción y la erudición a Catalina sino también su intensa relación con su única hija sobreviviente. Y todo porque Emma Frost le tiene inquina a Catalina porque no corresponde a una imagen de lo que debe ser una hembra en la Era Me Too.


Lástima que Emma decida recordar la devoción de Catalina para combinarla con esa obsesión británica de La Leyenda Negra. El séptimo episodio es un vergonzoso salmagundi en el que se mezcla la ejecución de Buckingham (¡que está enamorado de la Rina!); una quema de libros instigada por Catalina y el enfriamiento del amor de Maggie por Tomasito More cuando descubre que al lado de su despacho el futuro santo tiene una cámara de tortura.

Veamos la historia.  Buckingham fue decapitado siete años antes que se comenzase a perseguir herejes, nunca tuvo amistad con protestantes. Catalina jamás abogó ni por la quema de herejes ni sus libros y lo de la cámara de torturas, aparte de ser una invención nunca probada, según los calumniadores More la tuvo cuando ya era canciller (mucho después de los hechos narrados en este episodio) y estaba en el sótano.

Fargo (FX)

Para su sexta temporada, los Hermanos Coen han escogido un escenario de época, Kansas City en 1950 donde se desarrolla una guerra de gánsteres que alcanza niveles de ópera y no siempre buffa. Retrocedemos em el tiempo, cuando la familia mafiosa irlandesa Milligan decide hacer una tregua con sus rivales, los judíos Moskowitz. Para cimentar la paz hacen un intercambio de rehenes como en las guerras tribales de la antigüedad. Así el pequeño Patrick Milligan es obligado a vivir con extraños.



 Años más tarde, Patrick traicionará a Los Moskowitz para favorecer a sus parientes de sangre. La historia se repetirá cuando los Milligan se enfrenten a los recién llegados, los italianos Fadda, y vuelva a ocurrir un trueque de hijos,. Patrick, tal vez por lealtad a su familia adoptiva, tal vez por rabia a como se le usa como simple peán, apoyará a Los Fadda y matará a su propio padre.



Cuando la serie comienza, tenemos a Patrick (Ben Winshaw) -—ahora apodado “El Rabino”sirviendo a los Fadda, que en esta década batallan contra los Cannon, gánsteres afroamericanos. Cuando ocurre un nuevo intercambio de niños, se le encarga a Milligan ocuparse del pequeño Satchel (Rodney L. Jones III). Sea por lástima, cariño, sentimientos de culpa, o por ser el único personaje de este cuento con un compás moral, Rabbi Milligan se ocupará de proteger al pequeño de estas familias criminales que no les importa la inocencia de un niño.



He hecho hincapié en este ángulo de la historia porque el resto es incidental, las batallas entre gánsteres, a lo Peaky Blinders- Boardwalk Empire, no son más que un telón de fondo; el conflicto entre los hermanos Fadda el embrutecido Gaetano (Salvatore Esposito) y el ladino Justo (Jason Scwartzmann) nunca llegan a ser el centro del cuento. Y si hay obviamente un elemento relacionado con el tema del racismo. Los Cannon capitaneado por Lloyd (Chris Rock), han encontrado respeto y dignidad en el estilo de vida mafiosa que se les ha negado en la sociedad de blancos respetables.

Cuándo alguien le pregunta a Lloyd si peleó en la guerra, él se mofa: “¿Por qué pelear por un país que quiere verme muerto?” Y cuando le pregunta a un policía si sabe “lo que se siente el ser propiedad de otro” se responde a sí mismo “nosotros (los afroamericanos) hemos sido propiedad de otros por 400 años”.

Mas fuerte, efectivo y conmovedor será el tema del racismo cuando Rabbi Milligan y Satchel deban emprender su propio viaje de regreso a Kansas. En esta road movie donde no se sabe quién es Toto y quien es Dorothy, y donde un tornado literalmente se lleva gente, Satchel descubrirá que aun los niños deben pagar un precio por tener la piel oscura.



Otra razón por la que el conflicto gansteril pasa a segundo plano es la riqueza de personajes, cada uno protagonista de una historia casi paralela. Ahí tenemos a Jessie Buckley como Orietta Mayflower una divertida enfermera que también es una asesina serial; Timothy Oliphant como Dickie “el Sordo” Wickware un agudo detective mormón que ha venido a KC a buscar una pareja de lesbianas fugadas de la cárcel, y Jack Huston como un veterano cuyo trauma se manifiesta en tics nerviosos, actos compulsivos y el mal hábito de venderse al mejor postor.



¿Cuál de todas estas series has visto?  ¿Cuál te ha gustado más? ¿Cuál te gustaría ver?

 

 

 



miércoles, 18 de noviembre de 2020

Por Qué “Patria” es una Alerta a lo que Puede Ocurrir (y No Solo en Euskadi)

 


Me he atrevido a escribir sobre la adaptación de la novela de Fernando Aramburu nada más que porque la Reina Estelwen me conminó a no tener miedo a criticas ni a la orden no escrita de “No hables de lo que no sabes porque no eres española, vasca, etc.). Miedo es mi estado natural, pero si hay algo a lo que le tengo pavor es al terrorismo y la violencia urbana que es la antesala del primero. Y a lo que le temo más es a una sociedad secuestrada por todo tipo de miedos, que pierde valores, cancela amigos, nada más que para enarbolar banderas en las que tal vez ni crea. Eso es lo que veo en “Patria” y, en estado embrionario, es lo que veo a mi alrededor. por eso la serie de HBO nos da una lección a todos.

Entre Cultura de Cancelación y Muerte Civil

“Patria” está basada en una novela que fue un bestseller en España. Es una obra polémica puesto que el autor toma como protagonistas a las víctimas del terrorismo, no a los terroristas. Por un lado, ya ha habido bastante tiempo para ensalzar a los etarras y verlos como héroes-mártires. Aramburu quería hablar de sus caídos y también de sus familias que a ratos pasan a ser damnificados también.

Hasta este siglo hubo una conspiración de silencio en contra de las víctimas: los extorsionados, secuestrados, asesinados, vilipendiados por ETA y sus simpatizantes. Tal como nos muestra la novela y la serie, en el País Vasco, los parientes de los asesinados fueron repudiados, obligados a abandonar sus hogares, a exiliarse de sus tierras. Y todo comenzaba con grafiti insultante y mutismo de amigos y conocidos.



Si nos parece increíble simplemente fijémonos en esta Cultura de Cancelación tan de moda en nuestra tolerante sociedad occidental que está costándoles a muchos sus carreras, sus amistades, su buen nombre. J.K. Rowling puede sobrevivir la campaña, que Eddie Redmayne ha tildado de “asquerosa” (disgusting), en contra de ella. ¿Pero qué pasa con gente con menos dinero, poder y prestigio? Es algo para pensar.  “Patria” nos muestra como una simple anécdota cotidiana da paso a lo inimaginable.

La historia se centra en un pueblito de Guipúzcoa y en dos familias que viven ahí. A pesar de que los Lertxundi, Bittori (Elena Irureta, la Doña Manuela de “El tiempo entre costuras”) y el Txato (José Ramón Soroiz), son de clase acomodada, llevan años de amistad con los Garmendia de estrato más humilde. Los maridos son íntimos amigos que se reúnen en el bar a charlar y jugar cartas y que comparten el ciclismo como hobby. Tanto El Txato como Joxian (Mikel Lascuráin) son hombres sencillos, hogareños, que no gustan de líos ni política.

Aunque sus esposas son intimas, son diferentes. Bittori es, como muchas mujeres de clase tradicional, tímida, ingenua, dulce. Miren (Ane Gabarain) es descontentadiza, audaz, gruñona. Parece traer una rabia por dentro que descarga contra el marido en múltiples quejas. Sus hijos menores Arantxa (Loreto Mauleon) y Gorka (Eneko Sagardoy) son amables y tranquilos como el padre. Es Xose Mari (Jon Olivares) el mayor (y el predilecto de Miren) el que ha heredado ese descontento y esa rabia reprimida de la madre.

          Miren y su dominado marido

La historia comienza en el 2011, tras el supuesto cese al fuego de ETA, cuando Bittori regresa a su pueblo. Un regreso que nadie esperaba ni nadie quería. Hasta el párroco le aconseja marcharse porque sus presencia abre viejas heridas. Mas o menos nos enteramos de que El Txato fue asesinado por ETA. Sin embargo, la gente actúa como si la anciana Bittori, o “La Loca” como la apodan, fuese una forajida.

Pasamos a un flashback (la serie es un constante saltar de tiempos) y vemos a las dos amigas compartiendo un café en San Sebastián. A la salida, se encuentran con una protesta de ETA, que no se ve nada de pacífica. Las amigas se trepan a un bus, que es detenido por los revoltosos a quienes vemos armar incendios, voltear vehículos y golpear a sus conductores. O sea, lo típico del “estallido social”. Al apearse, Miren reconoce horrorizada a uno de los manifestantes, es Xose Mari.



Al llegar a casa, Miren increpa a su hijo que le responde acusador que él debe luchar por su país puesto que sus padres no lo hacen. Llega el padre y Xose Mari lo golpea. Miren parece aprobar el que su hijo siga el ejemplo de ella de despreciar al jefe de familia. El pobre Joxian parece tan victima como Bittori y su familia.

Un Amago de Hacer Historia

Voy a parar un segundo para dar un poco de trasfondo histórico que imagino que (tal como yo) ustedes necesitan para entender de donde surge el conflicto. Disculpen la brevedad y chapucería de mi información puesto que el tema es amplísimo y demasiado complejo para narrarse en tres párrafos.

Desde antes de la llegada de los romanos, los vascos han sido independientes. Fuese como tribus, como señoríos feudales o gracias a fueros, los vascos mantuvieron su soberanía, aunque siempre sirvieron al reino español. Fue en la Segunda República, antes de la Guerra Civil, que las vascongadas obtuvieron el rango de provincia autónoma que hoy conserva, llevando el nombre vasco de Euskadi.

                         Reino de Pamplona, Siglo X

La llegada del franquismo impuso en Euskadi (tal como en otros territorios autónomos) una campaña de “españolización”. Se prohibió el uso del idioma vasco y de otras muestras de identidad cultural que no fuesen las de España. Como era de esperarse, surgieron grupos nacionalistas. ETA es uno de ellos, se creó a fines de los 50, y se diferencia de los demás por ser de índole izquierdista y dado a utilizar la violencia terrorista.

Antes de la Transición, ya habían matado millares de personas, desde una bebé de dos años hasta el famosísimo atentado que costó la vida al Almirante Carrero Blanco, presidente del estado español y hombre clave del franquismo. Sin embargo, no se sabía a la muerte del Caudillo el nivel de violencia que podían alcanzar los etarras.



irónicamente, ese nivel se desató a partir de 1979 cuando el gobierno español les concedió la autonomía a las provincias vascas e incluso hubo una ley de amnistía parcial. Esto no contentó a ETA que veía que la comunidad seguía sujeta al estado español. Ahora eran ellos los que buscaban practicar una limpieza cultural en Euskadi y lo hicieron de manera brutal imponiendo miedo y violencia en la sociedad vasca.

Los números de asesinatos fueron en auge. No solo se mataba a policías, guardias civiles y otras figuras de autoridad, sino también a gente inocente en atentados de bombas. Para mantenerse económicamente recurrían a cobrar rescate por secuestros, y a extorsionar a miembros más adinerados de la comunidad. El que no cumplía con sus demandas moría, como le ocurrió al Txato quien había pagado una fuerte cantidad, pero se negó a pagar cuando le pidieron la misma cantidad triplicada

El peor acto de ETA era el aislamiento de las familias de sus víctimas. Por adhesión al movimiento o miedo a represalias, la gente cobardemente se alejaba de los parientes de los asesinados. Ni siquiera se presentaba en los funerales de los muertos por ETA. En eso “Patria” es escrupulosamente fidedigna. También en mostrarnos la muerte civil que se le imponía a la familia de los que se negaban a colaborar.

En el caso del Txato, el acoso va desde grafiti insultante en las paredes exteriores de su casa hasta el que los almaceneros se nieguen a venderles comestibles. Miren y su esposo les aplican la ley del hielo a quienes fueron sus más queridos amigos, principalmente Miren que desde que Xosé Mari ha pasado a la clandestinidad se hincha de orgullo de ser la madre de un terrorista



Finalmente, El Txato es asesinado.  Una escena terrible la de su viuda, en la calle bajo la lluvia, acunando el cadáver y pidiendo vanamente ayuda a vecinos indolentes y cobardes. No necesitamos saber quién es el asesino, sospechamos de quien apretó el gatillo, pero también sabemos que al Txato y a muchos otros los mató la indiferencia, el miedo y el fanatismo de sus coterráneos.

                         El Txato y sus asesinos

El Txato no es la única víctima, lo será su mujer obligada a abandonar sus casa y su villa como si ella hubiera cometido un crimen. También es víctima su hijo, el medico Xabier (Iñigo Arambarri) que nunca se repondrá del asesinato del padre.  Incluso su hermana Nerea (Susana Abaitua), en medio de su estolidez, siente que la muerte del padre ha asesinado a su familia.

En casa de Miren también hay repercusiones. Sobre todo, Joxian que debe llorar a solas la muerte de su mejor amigo. Contrasta esa escena con la de tres décadas más tarde en que al visitar (por primera vez) la tumba del Txato no puede contener el llanto delante de Bittori.

Los funerales son sucesos trascendentales en “Patria”. Lo vemos en el homenaje luctuoso al Txomin, un asesino de cuatro caminos que es venerado como un mártir y cuyo entierro es visto por las chicas del pueblo (menos la reflexiva Arantxa) como un evento imperdible. Contrasta con el humillante velorio de Txato, al que asisten cuatro gatos y en el que hasta el cura está presente de mala gana.

                 El funeral del Txato

El más impresionante es el entierro del Xoquin, el hijo del carnicero. Como le cuenta su padre a Joxian, Xoquin se ha suicidado, pero la ETA convierte su sepelio en algo político, acusando a la Guardia Civil de haber asesinado al guerrillero. El carnicero ha comprendido por fin lo nocivo y oportunista del movimiento que busca arrastrar a jóvenes a sus filas para usarlos como carne de cañón.

Hay por eso una sensación de teatralidad, de dolor ensayado en el funeral que es un mitin político donde mujeres como Miren aúllan consignas independentistas sin reparar que es ETA la que las deja huérfanas de hijos. Me han recordado protestas que aparecen en los noticiarios de hoy donde el vínculo común es la utilización de la tragedia humana para avanzar intereses creados. Donde los jóvenes no se dan cuenta de que los adoctrinan, que los empujan a ser partícipes en injusticia y a ser, como dice el carnicero, simples “borregos”.



Don Serapio, ETA y la Iglesia Vasca

Estoy tratando de no encontrar paralelos con realidades vistas en el pasado, pero también muy presentes. Me trae recuerdos de lo que fui testigo y lo soy de nuevo tanto en Chile como acá y sin embargo hay un factor que nos hace diferentes.  

Yo sabía que, durante la Guerra Civil, la Iglesia Vasca apoyó a los Republicanos por lo que sufrió represalias durante el Franquismo, pero no sabía que había sido tan partidaria de ETA como lo muestra “Patria”. En la serie, la posición de la iglesia vasca se concentra en Don Serapio (Patxi Santamaria), párroco del pueblo que no solo apoya a ETA sino también sus medidas extremas como la extorsión y los asesinatos.

El cura es cómplice silencioso de las campañas de cancelación en contra del Txato y de su familia. Aun antes advierte a Miren en contra de su amistad con Bittori que también es su feligresa y buena católica. Cuando nos es más repulsivo es cuando va casi empujado al velorio del Txato, cuyo asesinato aprueba, y convence a la viuda de enterrarlo fuera del pueblo como si se tratase de un delincuente.

 Ya en el primer capítulo desconcierta ese empeño de convencer a Bittori que se marche del pueblo. No se siente que ejerza caridad cristiana con una anciana cuyo único pecado es que su esposo se negó a pagar un tributo a una organización ilegal y criminal.

                         Don Serapio

He leído en las críticas negativas a “Patria” que esta iglesia fanática ya no existía en los 80, que Aramburu se ha apoyado en imágenes de sacerdotes durante el franquismo. Pues que curioso porque hace unos días me he encontrado con esta nota de ABC que ilustra la realidad de sacerdotes vascos que todavía andan justificando y alabando las acciones de ETA.

A veces, Don Serapio puede conmover como cuando pregunta “ ¿después de muerto quien le rezará a D-s en euskera? ¿Quién cantará en euskera?”, pero su férrea adhesión a un grupo terrorista y como le lava la cabeza a Miren diciéndole que debe ver a su hijo como un guerrero heroico, ya lo anulan como personaje bueno.



Su desesperación tozuda por mantener viva la cultura vasca a través de medios ilegítimos se agudiza cuando ve en Gorka una ayuda. Lo insta convertirse en “Un Cervantes vasco” sin pensar que a lo mejor el menor de Los Garmendia quiere un universo más amplio para desarrollar su literatura.

Gorka es otra víctima de esta sociedad confabulada con ETA. Mientras su familia lo celebra por haberse ganado un premio con su poesía, el dueño del barque es intermediario de los etarras le reprocha haber recibido un premio de un “periódico fascista”. Lo insta a “donar” el dinero recibido para expiar su falta y lo obliga participar en un atentado en contra de la fábrica del Txato.

                        Gorka en el pais de los etarras

Por suerte, Txato, a balazo limpio, corre a los pirómanos. Después de eso, Gorka se marcha a Bilbao donde tendrá empleo en la radio, pareja y podrá escribir en paz. Eso es lo que intenta hacer su hermana Arantxala mejor de la familia Garmendiapero no logra.

Arantxa, La Muda que Rompe el Silencio

Loreto Mauleon me impresionó como la dulce y valiente Maria de “El Secreto de Puente Viejo”. Hoy me ha vuelto a impresionar como la dulce y valiente Arantxa de “Patria”. Sin tener ni edad ni erudición para hacerlo, es quien primero comprende que ETA está destruyendo la sociedad vasca y es la única del círculo de amigas de Nerea que se rehúsa a ir al funeral de Txomin.

Es también la única de los Garmendia que se atreve a ir a dar el pésame después del asesinato del Txato. Su naturaleza prudente y moderada la lleva a reconocer que su hermano menor es gay y que su padre no comulga con las ideas fanáticas de Miren, algo que lo hace sufrir.

                           Guille y Arantxa

Para construir una vida mejor. Arantxa se marcha del pueblo y se casa con Guillermo, de origen salmantino. Tienen dos hijos y parecen ser felices, hasta la suegra la quiere. Solo que Guille queda sin empleo y, como la mayoría de los machistas, se descarga con la mujer. Un amigo, que milita en el PP, le consigue trabajo a Guille y parece que todo se ha arreglado, pero ese amigo es asesinado por ETA en un atentado que casi le cuesta la vida al esposo de Arantxa y a su hijo.

Como es lógico, Guille sufre de una crisis emocional que lo lleva a cuestionar la legitimidad de la existencia de ETA y se pone de lado del Estado Español. Le molesta tener un cuñado terrorista, que su suegra les meta ideas en la cabeza sus hijos, hasta le molesta que ellos lleven nombres vascos.

                        Guille y su hijo después del atentado

“¡Soy español! ¡Esto es España!” le grita a la esposa y Arantxa solo atina a acusarlo de “facha”. ¿Quién de los dos está equivocado?  La respuesta de Guille, agredir físicamente a la esposa, resta razón a sus argumentos. Arantxa se verá obligada a llevar una vida dividida entre sus dos familias. Tan fuerte es el estrés psicológico que vive que acaba dándole un ictus. Queda muda e invalida totalmente, solo puede mover la mitad del rostro y un brazo. Con la ayuda de una Tablet, gran entereza y humor, asume su condición e incluso la utiliza para reparar yerros pasados.



ETA ha obligado a una nación a permanecer en silencio, sus víctimas han perdido la voz y la ironía del relato es que sea la muda Arantxa quien se la devuelva, a menos en el caso de Bittori. Sera Arantxa la que se acerque a la pobre anciana, será Arantxa quien convenza al padre de ir a presentar sus respetos a la tumba de su amigo. Será Arantxa quien escriba a su hermano preso instándolo a leer las cartas de Bittori y pedirle perdón.

El Poster y la Represión en Contra de los Etarras

Como ocurriera con “Cuties”, ha sido el poster de propaganda lo que más ha causado polémicas. Esa imagen de Bittori como una Pietá vasca contrapuesto a la de Xose Mari como un Ecce Homo recién torturado, ha indignado tanto a los enemigos de ETA, como a los amigos de la novela puesto que quiere equiparar el sufrimiento de la victimas con el de sus verdugos. Esa nunca fue la intención de Aramburu.



Un tema controversial que ronda la serie es su intento de presentar el lado oscuro de la represión española incluyendo torturas. Me ha sorprendido saber que la tortura de los etarras nunca ha sido reconocida oficialmente. Meter ese factor en el cuento es motivo de debate, sobre todo porque no se menciona en la novela. Voy a enumerar todos los momentos en que la serie pareciera inclinarse hacia los etarras y verán que son muy pocos.

En los primeros capítulos vemos la policía allanar (con orden judicial) el hogar de los Garmendia. Xose Mari ha sido declarado prófugo, por ende, criminal. Es el tratamiento que recibe toda familia de delincuente, aunque nos den lastima los Garmendia parados en la calle de noche con frio, y oyendo como dan vuelta su casa.  Esto siempre ocurre cuando hay ordenes de allanamiento. No es muy diferente de como la policía neoyorquina arremete contra el elegante departamento de Nicole Kidman en “The Undoing”.



La diferencia aquí es el trato, la relación entre la policía, los Garmendia y una multitud que les grita “¡Fascistas! “a los primeros. no hay golpes, No hay groserías, pero la hostilidad se siente, se nota en las miradas, en el tono hosco con que los representantes de la ley se dirigen a los parientes del fugitivo. Cuando un vecino trae una cobija para que se abrigue Arantxa, no se la niegan, pero el policía se la arroja.

Debemos tener en cuenta que las principales víctimas de los etarras eran policías y guardias civiles y también sus familias. No puede haber compasión para los parientes de quienes no la tienen. Y si comparamos ese único episodio con toda la brusquedad y acoso que recibieron El Txato y los suyos…

Eso es lo que hay que recordar cuando llegamos al capítulo 7 a la cacareada escena de tortura. Yo desprecio la tortura (mental y física). Después de la calumnia es lo más infame que un ser humano puede hacerle a otro, aparte que no le veo ni sentido ni valor, pero no puedo cerrar los ojos al hecho de que Xose Mari representa un peligro para la sociedad.

Él es quien ha matado a amigos y parientes de los torturadores, quien puede matarlos a ellos. Hemos visto muchas escenas de torturas en la ficción y no solo policiacas. Puedo aventurar que esta no es muy traumática para el espectador. Los torturadores (tres hombres y una mujer) no pasan de apremios físicos, de golpes que no dejan marcas no hacen saltar sangre. Como constata el médico no hay huesos rotos ni hemorragias. Lo peor es cuando intentan asfixiar a Xose Mari con una bolsa plástica.



Yo he leído sobre torturas peores: electrodos, palos de escoba…pero también he leído y oído sobre niños inocentes destrozados por bombas (el mismo sobrino de Xose Mari casi muere en un atentado), secuestrados enterrados vivos y los tres chicos gallegos a los que, en 1973, los etarras confundieron con policías y antes de matarlos les sacaron los ojos con desatornilladores.

Por más que nos esmeremos en ver a los de ETA como freedom fighters o patriotas legítimos como los ve Don Serapio, el hecho es que hacen daño. “Hay que hacer el mayor daño posible” son las ordenes que recibe Xose Mari al unirse a la lucha clandestina. “¿Qué pasa si es él (Xose Mari) quien hace daño a los demás?” es la pregunta que Bittori le hace a Miren. Orgullosa de su hijo, Miren se rehúsa verlo como un asesino, todo lo que él hace está justificado por su lucha patriótica.

Volviendo a la escena de la tortura, Aitor Gabilondo y su equipo buscan ser imparciales  reflejando los rasgos oscuros de la policía. Cuando entra Xose Mari adónde van a interrogarlo le hacen quitarse la ropa y la inspectora le quita la ajorca de la oreja: “No queremos maricones aquí”. Que pongan el prejuicio en boca femenina puede hacerlo más desagradable, pero comparémoslo con la actitud de Xose Mari cuando Gorka le visita y le enrostra sus crímenes. Según Xose Mari hay algo peor que tener un hermano asesino, eso es “tener un hermano maricón”.



Durante un episodio de tortura, los policías hacen que Xose Mari deje sus huellas en un arma homicida para culparlo del asesinato de un compañero. Aunque esto choque con nuestras percepciones de justicia y legalidad, Xose Maia es un asesino, un crimen más y uno meno, que importa porque se le jugué. A lo mejor así se le deja de torturar.

No puedo sentir lastima de Xose Mari, porque es tan recalcitrante como su madre, tan poco arrepentido como su párroco. Cuando Miren le visita en la cárcel para contarle del regreso de Bittori, su hijo le aconseja que contrate unos matones para que le metan un susto a “La Loca”. No solo no ve a Bittori como su víctima, sino que sus soluciones siguen siendo agresivas y violentas.



Otra escena inventada y que ha dado que hablar ha sido la de Nerea y los Guardias Civiles. A Nerea, la hija irresponsable de Txato y Bittori, se le ocurre ir al entierro del infame y famoso Txomin, un importante guerrillero de ETA. No lo hace por convicción sino porque le parece una excursión entretenida. Aunque Bittori se opone, Txato da permiso y presta su auto porque ingenuamente cree que eso apaciguara la codicia de ETA que lo extorsiona.

Casi llegando a Mondragón, Nerea y sus amigas son detenidas por la Guardia Civil. Tras encontrarles banderas vascas en la maleta, las registran, y durante el proceso un guardia toca los glúteos de Nerea que acaba llorando. Esa misma que apenas supo la muerte del padre andaba follándose un desconocido. De nuevo reservo mi lástima para otros.



Al final no importa si Xose Mari fue quien apretó el gatillo para acabar con la vida del Txato o si BIttori muere tranquila perdonando a quienes tanto daño le hicieron. ¿Quién les devuelve sus muertos a las víctimas?  ¿Quién les devuelve sus años perdidos, quién les devuelve su capacidad de llevar una existencia normal?  Y eso no solo se aplica los que perdieron gente por culpa de ETA. Se aplica también a los etarras. Vale pensar en todo lo que Xose Mari hubiese podido lograr si esos años de combate clandestina y cárcel los hubiese empleado en luchar por sus ideales por una vía pacífica.

Si algo veo en “Patria” es una oda en contra de la violencia que nada soluciona y destruye individuos y comunidades. Es también un llamado a la libertad, no la libertad de un pueblo sino la individual. De cómo cada persona debe escoger su camino, sus ideas, con quien compartirlas y no debe permitir que se las quiten.  Al ingresar al terrorismo, Xose Mari pierde su libertad, vive para seguir ordenes que acaban con su individualidad. En cambio, Arantxa encerrada en un cuerpo inútil, pero ejerciendo su libertad de actuar y pensar y ser más libre de lo que nunca fue, es la lección más impresionante de esta excelente serie.