lunes, 8 de octubre de 2018

Carlos, Rey Emperador: De tal abuela, tal nieto



“Carlos, Rey Emperador”  no es “ Isabel”,  no esperes encontrar en ella lo que encontraste en la serie anterior, aunque si lo encontrarás. ¿Suena a contradicción? Es que la vida de este rey fue todo una contradicción como lo fue su época. Prepárate a entrar en un mundo que es un caleidoscopio de colores, de vestuarios, de nombres históricos,  de villanos y santos. ¿ Qué se puede decir de un relato que salta de la Inglaterra Tudor al México de Cortes?  En donde Francisco I(Alfonso Bassave) juega a los tronos entre lascivia y mendacidad, donde San Francisco de Borja (Víctor Clavijo)ama en silencio a una emperatriz, donde las reinas se embarazan de sus hijastros,  y los emperadores preñan a sus abuelastras.

Interpretado por un excelente Álvaro Cervantes, Carlos aparece primero como un adolescente desgarbado y desorientado, que habla español con fuerte acento alemán y que llega a Castilla a enfrentarse a una corte intrigante y a un país hostil. Lo peor será un encuentro con una madre demente (Laia Marull)cuyo desamor ha marcado su psiquis hasta el punto de que el joven rey teme casarse para no tener un matrimonio como el de sus padres.

Puede que la situación de Carlitos nos recuerde a su abuelita llegada a Segovia dejando atrás una madre orate en Arévalo. La diferencia es que la enfermedad mental unió más a las Isabeles, y la futura reina católica no tenía poder alguno. Carlos tiene todo el Power. El no es Sansa, él es Daenerys y como tal aplasta levantamientos como el de los Comuneros. ¿No es magnífico que una Pacheco sea la lideresa de esos guerrilleros? Pasan los siglos y Los Pacheco siguen picaneando a Los Trastámara-Austria.

En su rol de tirano, Carlos dispone matrimonios a diestra y siniestra principalmente el de su hermana Leonor (Marina Salas) a la que ha separado de su verdadero amor, Federico del Palatinado, para casarla con su tío político el anciano rey de Portugal, Manuel,  el Afortunado (Joan Crosas). Leonor encuentra un poco de felicidad en amores con su hijastro, el futuro rey Juan III (Tamar Novas). Al morir Manuel, Juan hace una oferta formal a Carlos por la mano de Leonor a la que ha embarazado. Pero el rey-emperador ya contempla usar a su hermana como cuerda para amarrar al vejete traidor del Condestable de Borbón (Alberto San Juan).

Aunque tal matrimonio no se lleva a cabo, Leonor dejará en Portugal a su única hija a la que solo podrá recuperar en su vejez. Para mayor oprobio, Carlos casa a su hermanita menor, Catalina (Guiomar Puertas) , con el hombre que ama Leonor. A esta le tiene reservado  un futuro más negro, casándola con su archienemigo, Francisco de Francia, quien cubrirá  a Leonor de humillaciones e indiferencia.

Es admirable que los hermanos de Carlos le tengan tanta lealtad a un tirano que dispone de sus vidas, y la de sus hijos como si fueran marionetas o como si fuera el Tommy Shelby de “Peaky Blinders”. También es admirable del actor que no nos haga odiarlo por esas arbitrariedades. Sobre todo porque él no practica lo que predica. Carlos que llega mozalbete  a Castilla, ya dejó una hija bastarda en Flandes, y a poco de asentarse en su reino,  tiene entre las sabanas a nada menos que a Germana de Foix (Natalie Poza), la viuda de su abuelo.

A pesar de que llegué a  shipear a ese par a rabiar ( a mí me encantan las parejas disparejas) no tenían ninguna oportunidad de ser felices, y eso que tuvieron una hija, Isabel. Yo no tenía ni idea.¡ Las cosas que me vengo a enterar gracias a “Carlos”!

Sin embargo, Carlos casará a su amante-abuela con otro señor y más encima la pondrá de casamentera para que le haga propaganda y reciba a su mujer. Es que a pesar de sus remilgos, Carlos ha de casarse y termina haciéndolo con Isabel de Portugal (Blanca Suarez). Aquí sí que tenemos romance.


Carlos enloquecerá de amor por la primita y le será fiel , en eso es mejor marido que el Abuelito Fer, lo que se traduce en muchos embarazos. Si juzgamos por el retrato que pintó de ella El Tiziano, la Reina-Emperatriz era bellísima. Blanca Suarez no desmerece el papel demostrándonos que Isabel además de guapa, era inteligente, capaz y gentil. La vemos ser una buena regente en ausencia del marido, apoyar los esfuerzos de Fray Bartolomé de las Casas(Oscar Rabadán) por ayudar a los nativos americanos, y hasta provocar la declaración de amor de un santo.

Víctor Clavijo  que tan bien me cayera en “La Señora”, es un San Francisco de Borja adorable. Caballerizo de la reina, se convierte en su más devoto siervo, compañero y consejero y quien la apoya en momentos difícilesel emperador solo viene a hacerle hijoscomo cuando muere el pequeño Fernando.

En la vida real,  San Francisco estaba casado precisamente con una dama de Isabel, pero siempre le tuvo un gran cariño a su reina. Tras verla en el ataúd hizo voto de ingresar a una orden religiosa si enviudadaba. Doña Leonor convenientemente estiró la pata, y tras despedirse de sus ocho hijos, el bisnieto del Papa Borgia ingresó a la Compañía de Jesús. De ahí saldría para la tumba y para luego ser encumbrado en los altares.

Isabel era mujer frágil, anémica, sufría de tercianas y un mal parto se la llevó. Enloquecido de dolor, Carlos decide no casarse nunca más. Aun así, sigue casando hermanas y después hijos. A una hermana la casa con un rey de Dinamarca y no vuelve a verla, a otra la manda a Portugal, a Leonor la tiene como pelota de Castilla a Portugal de Portugal a Castilla, de Castilla a Francia.

A la leal María (Laia Costa)  la manda a Hungría donde pierde un esposo en el campo de batalla y pierde un país. Se aparece en Castilla con los turcos pisándole los talones. ¿Y qué hace Carlos? Ni pasado el luto y ya la quiere hacer reina de Escocia. Si Maria hubiese aceptado ella seria la madre de Maria Estuardo y otro gallo cantaría, pero la reina viuda de Hungría se negó a contraer nupcias de nuevo.

En cambio sí acepta ser regente de los Países Bajos. Una tarea ingrata que cien veces intenta abandonar, pero Carlos, no es tonto, sabe que puede confiar en esa hermana y en su juicio. Carlos usa a sus hermanos como si fueran esponjas de cocina para limpiar todo lo que ve sucio. Su trato del pobre Fernando  alterna humillaciones con desconfianzas y acusaciones, la mayoría falsas. Que los hermanos de Carlos le hayan sido tan leales asombra sobre todo cuando miramos a las cortes de hoy en día donde reina la deslealtad.

Hablando de cortes, Carlos tiene un mapa más grande que el de sus abuelos para esparcir a sus novias reales. Los Reyes Católicos estaban construyendo un reino. Carlos es soberano de un imperio que llega a otras costas y otros continente. A ratos me marea porque de ver a Hernán Cortés peleando con la Malinche pasamos a  Londres donde vemos descrita de manera condensada la tragedia de Catalina de Aragón (Melida Molina) traicionada por su marido, por su hermano, por un Wolsey que parece un tonel forrado en paño carmesí (¿dónde quedaron el esbelto Gorrión Pryce y mi Sam Neill?)

Carlos visita a su tía en Londres, después a tía Margarita (Mónica López) en  los Países Bajos. La conmovedora viuda del Príncipe Juan en “Isabel” y  la comprensiva cuñada de Juana la Loca en  “La Corona Partida” ahora rige lo que  es Holanda y Bélgica, en una corte famosa por su erudición (ahí se educó Ana Bolena) que luego heredará su sobrina Maria.  Margarita además le hace a la política y junto a Luisa de Saboya traen paz que sus alborotados parientes insisten en quebrar.

Luisa de Saboya, hermosamente interpretada por  Susy Sánchez, es quien nos guía por los recovecos de la corte francesa donde manda su hijo Francisco I. En “Los Tudors” y “Wolf Hall” Francisco era un traicionero y manilargo truhan. Aquí es más o menos lo mismo, lo vemos cambiar de amante y esposa, ser mecenas de Leonardo,  y complotar y traicionar a granel.

El pobre Carlos ya no sabe quién es su peor enemigo: ¿El rey francés, el turco o los hombres que ha enviado a conquistar unas Indias que no lo son?  Finalmente reconoce que no se la puede con el imperio, se lo deja a Fernando, (Eric Balbas) su hermano antes que agobiar a su inexperto hijo con responsabilidades imposibles de cumplir.

Lo mejor de “Carlos” es que no solo nos quedamos con esa imagen de un rey cansado, harto de su empleo, jubilándose al monasterio de Yuste a seguir sufriendo de una gota que le impide caminar (aun así siguió consumiendo alimentos a los que era adicto como el arenque y las anchoas, ricos en sodio). No, también vemos la juventud de su hijo, el otro gran rey de ese siglo.

A Felipe II (Marcel Borras)lo hemos conocido como un gran villano en todas esas sagas isabelinas. Hace una década,  lo pusieron como un memo manejado por el secretario, y obsesionado con Belén Rueda en “La Princesa de Éboli”.  Digamos que Felipe era eso y mucho más. Lo vemos atrevido cantándole las cuarenta al padre, y delante de los cortesanos, cuando el emperador lo conmina a abandonar a su amante,  Isabel Osorio.

Como le recuerda Felipe a su padre el desciende de una larga dinastía de hombres ojialegres y adúlteros. Lo de Isabel durará hasta el tercer matrimonio de Felipe , esta vez con Isabel de Valois (que para nada se parecía a la Leeza de “Reign”), pero eso no alcanzamos a verlo. Si conocemos ese primer matrimonio obligado de Felipe con su prima Maria Manuela de Portugal (Itxaso Arana), a la que ni en el lecho de muerte podrá tratar sino con frio respeto.

 Luego, Felipe se convierte en Rey de Inglaterra cuando se casa con su tía Maria Tudor. Los Tudormaniacos estamos de placem. Sin llegar al panegírico que Michael Hirst hiciera de nuestra Lady Mary, “Carlos” trata con respeto, objetividad y veracidad, sin caer en caricaturas, a la pobre Bloody Mary (Angela Cremonte)y a su relación con su esposo.

Felipe, indirectamente, provocará preocupaciones a su padre sobre la sucesión. Oficialmente, el heredero es su único hijo varón Carlos (Marc Abella), pero este chiquillo es una bestia, loco, enfermizo y maleducado. Se atreve a acusar al abuelo de cobarde y es altanero con Francisco de Borja.

Tanto el santo como el emperador no pueden evitar compararlo con el noble y comedido Don Juan de Austria (Marcel Villaespesa), el hijo ilegitimo de Carlos. La idea de legitimar al bastardo y hacerlo rey rondó la cabeza del emperador y también la de muchos hasta que Felipe II solucionó el asunto casándose dos veces más procreando una tracalada de hijas y finalmente al futuro Felipe III. Pero eso no ocurrirá en esta serie que acaba con la muerte de Carlos en 1548.

En comparación con “Isabel”, la saga de  un nieto le gana en fastuosidad, escenografía y vestuario. Es realmente dinámica en ese saltar de reino en reino, continente a continente. A muchos les mareará tanto cambio y confieso que a mi me interesaba mas el juego de tonos europeo que la visión de la Conquista. Hay una sola cosa que afea a “Carlos, Rey Emperador”,  la desigualdad actoral.

 En “Isabel”, todos desplegaron unas dotes histriónicas soberbias. A mí me ganó Rodolfo Sancho, al que hasta entonces había despreciado como actor. No ocurre lo mismo en “Carlos”. No tengo quejas de Álvaro Cervantes, ni de Blanca Suarez que se ve mejor actriz que en “Las Chicas del Cable”, pero el rey francés que anda dando saltitos como bailarín de ballet y el pobre Eric Balba. Amo a Fernando, ¡ pero que actor tan infame! Cada vez que abre la boca parece un nene declamando una poesía el día del cumpleaños del director de su escuela.

Aun así, esos son bemoles superables, en cambio perderse esta serie de lujo es pecado para los amantes del genero histórico, del period piece y para todo Tudormaniaco que se respete. Ahora tienen la oportunidad , los de la unión americana, de verla por UnivisionNow.


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