martes, 19 de mayo de 2020

Amigas y Rivales: La envidia reina en la Segunda Temporada de My Brilliant Friend



Viendo la segunda entrega de” La Amiga Estupenda”, caigo en que no anda errada mi tesis de que más que competencia o cariño, es la envidia lo que sostiene a través de años la amistad entre Lenú y Lila. Es esa rivalidad, disfrazada de amistad, la que las motiva a competir, a hacerse zancadillas, a veces a ayudarse y extraordinariamente a reencontrarse aun cuando intentan huir de esa dependencia enfermiza que ha marcado su infancia y adolescencia.

De Competencia Infantil a Rivalidad Sexual
La prueba la tenemos en este primer episodio cuando, ignorando que su amiga está siendo golpeada y violada en su noche de bodas, Lenú solo piensa que ella también debe perder su virginidad. Que no puede ser menos que Lila. Que su voto infantil de “lo que hagas, yo también lo hago” debe ser mantenido. Necesita poder arrojar al rostro de su rival que ella también ha “sido penetrada”.

Hay algo demente y obsesivo en el modo en que Lenú busca el sexo, en un callejón. En cómo se baja las bragas e intenta seducir a Antonio, su novio proletario. Pero Antonio, es demasiado napolitano para aprovecharse de la mujer que va a ser su esposa y Lenú queda tan frustrada que incluso planea abandonar sus estudios, segura de que Lila siempre la superará. Solo se tranquiliza cuando ve a su frenemy con un ojo en compota y descubre el calvario que ha sido esa lujosa luna de miel.

Resulta absurda esa manera de pensar, pero hablamos de quinceañeras de un espacio limitado e ignorante. Aun así, es Lenú quien más me exaspera esta temporada. A cada instante cae en una desmotivación pasiva de la que solo emerge para ponerle ojos de carnero degollado al insoportable Nino Serratore.

En cuanto a Lila, vemos sus esfuerzos por salirse del marco de la víctima. Como convierte el lujoso departamento donde vive su martirio en un refugio tanto para que Lenú siga estudiando como para que su hermano y su cuñada Pina hagan el amor. La escena en que la pareja en medio de su refriega amorosa resuella sonoramente provocando las risas de Lila y Lenú, nos recuerda lo inocentes que son ambas.

Admirable el modo en que Lila apoyándose en la sensualidad que le niega al marido, va la pastelería Solara. Como deja a todos con el ojo cuadrado para solicitar que su ex prometido ayude a Antonio a saltarse el servicio militar. Sin embargo, como nota Lenú, Lila ha usado a Antonio como excusa para avergonzar a su marido y demostrar el poder de su belleza.


La pobre Lenú llena de esperanzas le cuenta la buena noticia a Antonio que reacciona con un machismo tan repulsivo como el de Stefano y los Solara. Acusa a Lenú de humillarlo y rompe con ella. Para mayor ignominia, Lila se pone de su lado. Ella será “la Signora Carracci” pero sigue siendo parte del proletariado napolitano y lo entiende.

Buena Persona y Chica Respetable
En cambio, Lenú es aprobada por la burguesía. Marcello dice que ayudará a Antonio porque “Lenú es una buena persona”.  Stefano se refiere a ella como “una chica respetable” y la convierte en su confidente en una de las escenas más emotivas del segundo capítulo. Lenú se siente importante y conmovida por la confianza del marido de su amiga, pero también se siente dividida.

El segundo capítulo muestra la confusión de Lenú, que en el fondo sigue siendo una niña, ante la tragedia de Lila. Ella es quien golpea la puerta del apartamento de los Caracci durante una crisis domestica rogándoles a ambos que paren su violencia, pero es también quien intenta convencer a Lila que Stefano la ama y que debe darle un hijo.

Vemos en ese segundo episodio como Lenú se debate ante la posibilidad seguir el destino de las mujeres. En el caso de su madre no es malo puesto que está contenta con su matrimonio y no encuentra desagradable el aspecto físico de su relación, a diferencia de Lila asqueada ante la idea de ser madre. Esto lleva a ese momento surrealista en que Lenú observa a las mujeres del Rione avejentadas y desdichadas hasta el punto de que se vuelven feas ya que comienzan a tomar las facciones masculinas de sus esposos.

SPOILER para quien no haya leído los libros. Lenú tendrá más hijos que Lila y eso no le impedirá conseguir lo que quiere. El problema no son los hijos, son los hombres con los que estas mujeres procrean, hombres sin sueños que no comparten los de ellas y que las aplastan. Es nuevamente el Rione del que Lila y Lenú intentan vanamente huir.

La Perversidad que Lila Lleva Adentro
Yo leí La historia de un nuevo nombre antes que el resto de la saga y me incomodó tremendamente. Lenú me pareció una zángana despistada que permite que una mala amiga la pisotee, le quite el novio, la ofenda. Lila me parecía un monstruo y no entendía el vínculo que unía a dos mujeres tan dispares. Obvio, que cuando leí la primera parte, más el ver la serie, me ayudó a poner las cosas en perspectiva y darme cuenta de que el actuar errático de Lila obedece a una enfermedad mental probablemente desorden bipolar.

Solo así se explica ese gravitar a extremos que la empujan a dañar a otros y a la autodestrucción. Es lo que su esposo llama “la perversidad que lleva adentro” o esa acusación de hechicería que le planta su cuñada. Es en el tercer episodio donde vemos el mal desatado y no precisamente en el misterioso incendio que consume la foto de Lila vestida de novia.

Lila consigue, a través de trabajar hasta el agotamiento en su nuevo almacén, perder el odiado bebé que espera. De ahí pasa a una nueva etapa, la de almacenera. Como todo lo que hace, Lila descuella como comerciante, consigue que su marido gane mucho dinero y la consienta en cosas materiales. Como compensación de su abundancia, Lila ayuda los más discapacitados del Rione, regala cestas de comida, genera empleos bien pagados y hasta obsequia a Lenú una minibiblioteca de textos nuevos.

Es entonces una sorpresa cuando Lila confiesa a su amiga que hace trampas en el negocio. Cobra de más, estafa a todo el barrio. Stefano la enseñó y el espíritu perfeccionista de la Señora Carracci la hace superar al marido en las trapisondas. “No confíes en nada de lo que yo haga o diga” advierte Lila a su amiga estupenda” y pronto veremos a que se refiere.

Lenú ha sido invitada una fiesta en casa de su maestra predilecta. No quiere ir, no tiene vestido, no sabe comportarse, tiene 17 años y viene del Rione. ¿Qué va a hacer en casa de gente acomodada?  Lila tiene la solución, prestarle un vestido y acompañar su amiga. Parece perfecto. ¿No?

Llegan a casa, de la maestra, las dos guapísimas, pero ya Lenú está preocupada. ¿Qué tal si Lila la avergüenza con sus modales de almacenera o peor encandila a todo el mundo?  Comete el grave error de pedirle a su amiga que modere su lenguaje. Con eso despierta al dragón dentro de su Amiga Estupenda.

Para Lila saber que Lenú puede corregir sus modales significa que su amiga se siente superior. Eso arruina la noche de la señora Carracci, casi tanto como ver como Lenú es distinguida por la anfitriona, por sus hijos, por Nino Serratore que por primera vez parece admirar a la de los anteojos. Incluso Lenú, llena de seguridad, baila a go go con la misma soltura y abandono que una vez convirtiesen a LiIa en la reina de la pista.

Para colmo, durante una pontificación abstracta, Lenú toma el partido de Nino, y sin saberlo, de su maestra. De pronto todos la escuchan y la chica se luce recitando poesía. Esto es demasiado para Lila que llena de envidia llama al marido para que las lleve a casa.

En el auto, Lila acaba de arruinarle la noche a su rival, contándole a Stefano con tono burlón la panda de ociosos pretenciosos que son los amigos de Lenú y como repiten lugares comunes como si fueran papagayos. Agrega que Lenú se ha vuelto también una cotorra y propina un golpe bajo acariciando al marido y recordándole a Lenú que ella Lila, ha ganado ya que tiene lo que a la otra le falta: un hombre en su cama.

Esto no significa que Lenú sea una víctima inocente. Ferrante ha dotado al personaje de una pasividad agresiva que exaspera al lector. Sobre todo, cuando no la vemos batallar como Lila. Nos molesta no verla más involucrada en sus estudios o aprovechar las oportunidades que la vida le ofrece. Lenú en esta etapa consigue subir escolástica e intelectualmente nada más que por las insistencias de su amiga.

Lo cierto es, y Lenú lo ha dicho, todo lo conseguido ha sido por competir con Lila. Y ver que su rival, aunque desdichada como mujer, lleva una vida prospera, donde destaca en los negocios, donde dispone y ordena, demuestra que el voto infantil de “lo que tu hagas, lo hago yo” ya no impera. Los objetivos de Lenú no van encaminados a su futuro, a ganarse la vida, o desarrollar una personalidad propia. Ella solo tiene dos metas definidas: vencer a Lila y conseguir el amor de Nino.

Nino: La Manzana de la Discordia
En el tercer episodio vemos a Lenú acercarse a esta última meta. El joven Serratore se ha dado cuenta de su existencia, la busca, le interesa oír su opinión. Si Lenú se olvidara de Lila y su rivalidad, podría poner toda su energía en un acercamiento con el hombre que ama, pero no puede o no quiere. Reitero, yo odié este libro. ¿Como podían Lila y Lenú llamarse amiga si se detestaban? ¿Y cómo Lenú permitía que Lila la llevase a ischia casi como sirvienta, que le quitara los libros y hasta el pretendiente?  

Lila y Nino se hacen amantes. Ella para seguir en esa absurda competencia, él por qué, aunque odie serlo, es una mala copia de su padre.  Su debilidad es evidente en la escena en que Lila se burla de la carta de Nadia, la novia formal de Nino.

Al final, Nino es despreciable. Ha jugado con los sentimientos de Lenú, ha traicionado a su novia formal y se mete con una mujer casada. ¿Qué estatura moral tiene para juzgar a Donato? Algo de eso entra en la cabeza de Lenú cuando se entrega a Serratore senior, una escena que a muchos le repugna, pero que yo comprendí aun antes de que Saverio Constanzo la tradujese tan primorosamente a la pantalla. Lenú pudo haberse ofrecido a Nino (y el patán no la hubiese rechazado) o pudo acostarse con Bruno que parecía realmente estar atraído por ella, pero prefirió a Donato como una manera de seguir ligada al hijo de este.

También es el modo de Lenú de vencer a Lila, porque si la señora Carracci se ha vuelto dependiente de su relación adúltera, Lenú es totalmente libre. Ha perdido su virginidad, ha cohabitado con un Serratore y lo ha dejado vencido y emasculado en la playa. Una lástima (los Lectores saben de qué hablo) de que no sea ese el final de su relación con esa familia.

Pero Lenú no aprende. Se aleja de Lila, sale adelante en sus estudios sola, ahora motivada con la esperanza de salir del Rione y su miseria. Tras un buen examen de grado que acaba con su secundaria, le ofrecen una beca universitaria para la Normale de Pisa.

 ¿Qué hace Lenú con tanta abundancia de suerte? Se va a buscar a Lila a la zapatería y descubre que su amiga usa el establecimiento como garconniere, para sus encuentros furtivos con Nino. Ninguno de los adúlteros parece avergonzado. Lila extasiada anuncia su embarazo e intención de abandonar a Stefano. Nino no parece tan entusiasmado y cuando Lenú anuncia que se va a Pisa, es obvio que él preferiría irse con ella.

Tras una airada discusión en la que Stefano, la golpea y ella lo amenaza con un cuchillo, Lila abandona el hogar conyugal. Y aquí entramos en la zona “Unorthodox”. Stefano solo llora, no tiene idea donde se fue Lila, por qué lo abandonó, y le da vergüenza saberse un esposo despreciado. Finalmente, su familia y los Cerullo se unen para encontrar una solución y esta es típica de ellos, se imaginan que Lila se ha ido a Pisa a reunirse con “Lenuccia” y esperan beatíficamente su retorno.

El único que no se cree el cuento es Michele Solara quien ya vio a Lila y a Nino en Ischia. Se consigue un sicario, el zombi Antonio quien anda deschavetado desde que hizo el servicio militar. El loquito encuentra a Nino y le da una paliza, supuestamente para que se aleje de Lila. Todos sabemos que, en realidad, está vengándose de la pasión que Nino inspiró, inspira e inspirará en Lenú.

Aunque el fandom se ha volcado en contra del patético Antonio, hizo algo decente. En vez de delatar a Lila con su patrón, le encargó a Enzo que fuese en su búsqueda. Eso sirvió para que Enzo tomara el lugar que corresponde en este cuento porque para los No Lectores es un personaje superfluo, de esos amigos que se cuelan a todas las pandas y viven de gorra sin propósito ni dinámica.

Resulta que ahora nos enteramos de que, desde sus días de amistad lapidaria, Enzo ha amado a Lila en silencio. En su tremenda decencia, Enzo le pide a Lila que vuelva con su marido. Si Stefano la rechaza Enzo se hará cargo. Lila en su esencia de antisocial no agradece. Cuando vio a Enzo en su puerta su primera pregunta fue si había venido a dejarle la fruta. Su tiempo con los Caracci la hizo clasista.

Un aparte, Enzo es el mejor hombre de esta historia de hombres malos, Nino es el peor. Stefano, Marcello, aun Donato, tienen rasgos humanos, tal vez generosos. Nino es incapaz de salirse de su egolatría. Tal vez por eso es el único que, pasado su deslumbramiento con Lila, le ve defectos que otros no reconocen: su agresividad, su necesidad de controlar y, porque Nino es en el fondo un elitista,

Lila regresa con Stefano, pero exige que no haya intimidad entre ambos, establece su propio lockdown en casa y sus reglas de distanciamiento social incluso después del parto. Se niega a ponerle Achille al niño e insiste en que Genarinno no es hijo de Stefano. Esto lanza a su marido por una espiral de ira y violencia. Como si fuese un hechizo, la ausencia de Lila acaba con la bonanza de los negocios de Stefano quien reacciona dándole una paliza a Rino enfrente de los hijos de ambos. Ahora Lila empieza vivir aterrorizada por su marido, por sus celos y violencia. Su única huida es escribir en una serie de cuadernillos su día a día.

Lenú, La Reina de los “Casi”
Dos años han pasado y Lenú se ha hecho de un mundo lejos del Rione, de Nápoles y de Lila, pero cuando su pareja la abandona para irse “a hacer la revolución” debe reexaminar sus logros. Lenú enferma y está sola. Desde Nápoles, y rengueando, llega su madre en una de las escenas más conmovedoras de la serie. Annunziata que jamás ha salido del Rione o montado en un tren, llega a cuidar a su hija, a hacerle caldos y medicinas justo cuando Lenú sufre de dolor físico y moral.


La visita de Annuziata es tan fugaz, su partida es tan discreta que por un momento pensé que se trataba de un delirio de su hija. En la primera temporada odiamos a la madre de Lenú, pero esta temporada nos ha sorprendido cuando le dio a su hija dinero para que fuese a Pisa, cuando lloró conmovida al ver los libros nuevos que Lila le había regalado y ahora en este viaje impromptu es como un símbolo de la ternura materna.

Contrasta su desprendimiento, que representa el amor incondicional de una madre con Lila quien ha inventado métodos de enseñanza para desarrollar la inteligencia de su hijo y de su sobrino. Como todo en Lila este método se vuelve una obsesión compulsiva. Como le dice su hermano “ojalá no te aburras pronto”, porque todos saben que Lila comienza las cosas y luego las abandona por tedio o desesperación de que no traigan paz y contento a su vida. Incluso en el amor maternal Lila tiene esa visión enfermiza de que las personas son solo intelectos.

El retorno de Lila ha sido de pasada, su nueva vida, a pesar del hijo que cree de Nino, es infernal: Stefano es violento, Michele Solara la acosa, se entera que su marido tiene amores con Ada, la hermana de Antonio. Cuando enfrenta a Stefano con su infidelidad, el vuelve a violarla. Lila ahora está atrapada. Necesita de Lenú para poder huir, pero su Amiga Estupenda se hace de rogar.

Lenú no quiere volver a ver a Lila temerosa de que con su sarcasmo arruine la autoconfianza que tanto le ha costado conseguir. Es más, no quiere conocer al que cree hijo de Nino. “El juguete” que debió ser de ella. Finalmente, la visita y se entera del calvario que es el matrimonio. 

Lila le suplica dos favores. Uno que busque a Enzo para que la ayude a escapar, el otro que sea custodia de sus diarios. Le hace entrega a Lenú de una caja llena de cuadernos y a hace jurar que los guardará, pero nunca los leerá.

La curiosidad vence a Lenu que los lee y ahí se entera del martirio que ha sufrido Lila, pero la compasión es un sentimiento que no aflora en Lenú, sino la vieja envidia. Se da cuenta que ella es la reina de los “casi”. Es casi” la mejor alumna, tiene “casi” amigos, tuvo “casi” el romance perfecto y es “casi “novelista. Lila en cambio ha vivido experiencias reales y ha conseguido plasmarlas en el papel con un talento que elude a Lenú.

Desesperada y verde de envidia, Lenú arroja los cuadernos al rio. Ahí debería acabar la serie, pero Saverio insiste en seguir a las amigas a través de una nueva etapa. La liberación de Lila que debe caer en la pobreza para poder encontrarse y la liberación de Lenú que publica su primera novela lo que vuelve a ponerla en el camino de Nino Serratore.

Tal como la novela, la serie nos deja en ese punto de falsa desvinculación. Sabemos que Lila y Lenú no serán nunca libres y tristemente esa esclavización va vinculada a esa competencia infantil que no las deja crecer o tomar buenas decisiones. Esta esa frase cliché de “si no fuera por eso, no habría novela”.

Es cierto que esta historia no existiría sin esa rivalidad, pero si alguna moraleja se desprende de esta fábula es el cuidado que debemos tener ante los motivos que rigen nuestro destino y los peligros de someterlo a caprichos ajenos o a nuestra sumisión al modo de pensar de terceros.

Esta segunda temporada ha sido un ensayo en la envidia que a veces es difícil de digerir, pero no quiero dejar la impresión de que no me ha gustado. Saverio Constanzo toma la grandeza de la obra ferrantina y la esparce sobre un marco visual que se apoya en el esplendoroso paisaje de la costa del Tirreno y de la ciudad de Pisa donde Lenú va a la universidad.

La belleza de las jóvenes intérpretes de Lila y Lenú ha madurado tal como su vestuario que va variando con cada cambio de estatus y que refleja nuevas y más atrevidas modas y cortes de cabello. La moda también refleja la transición histórica de Italia de los 50 a unos 60 marcados por una juventud que busca el compromiso político. Contrasta este politizado ambiente universitario del Norte con la obsesión de los habitantes del Rione con hacer fortuna en el comercio.

El contraste es un recordatorio del desprecio que el italiano del Norte siempre ha sentido por lo que denominan el salvajismo del Sur y que se desprende de un clasismo que afectará a Lenú en su carrera cuando un catedrático le aconseja no postularse para dar clases en la universidad. “con ese acento suyo”. Aun así, Lenú está triunfando en el Norte.  En cambio, Lila ha retrocedido socialmente. ¿Estará su felicidad en el mundo obrero? Eso lo sabremos en la Tercera Temporada que se ha atrasado indefinidamente, tal como todo en nuestro mundo, debido a la pandemia

jueves, 14 de mayo de 2020

El fin del Cuento de El Fantasma: Babylon Berlin 3x11



Ulrich anuncia a Gereon y a Lotte que las huellas encontradas en el nuevo cuchillo coinciden con las de Weintraub. Lotte es la única en notar que es extraño que se hayan encontrado huellas si El Fantasma llevaba guantes. Como de costumbre nadie le hace caso.

Deberían porque en flashbacks vemos que Ulrich es un criminal maestro. Solito descubrió que quienes estaban tras el asesinato de Betty Winter eran los Hermanos Gostony, unos húngaros que proveen al set del filme con bebidas.

Los Gostony están empeñados en arruinar al Armenio. Las razones para su inquina se remontan a la primera temporada. La primera vez que vemos a Edgard es sirviéndole un platillo a un gánster que lo ha estafado, dentro del platillo está la lengua del hermano. De ahí viene la discordia.

Ulrich visita a los Gostony y los chantajea. A menos que quieran que los delate, deberán continuar con los crímenes. Para confundir a la policía deben crear un patrón de asesino serial y así dar que hablar a los periódicos y atemorizar al público. Vaya con el diabético. Es una combinación de azúcar alta y de rabia por ser ninguneado lo que ha provocado esta megalomanía criminal.

Lotte no tiene tiempo de investigar sus sospechas. Su hermana y su cuñado irrumpen en la comisaria. Ilse ha quedado ciega. Eric acusa a Lotte de haber llevado a su mujer con un mal doctor. Le propina sus insultos más soeces y a gritos. También amenaza con demandarla. Uno de los fanboys intenta defender a Charlotte y Eric lo derriba de un golpe. Boehm sale de su oficina y con sorna dice que por eso no le gustan las mujeres policías.


Stennen hace sus cuentas y decide que la desaparición de Richard y el asesinato de Horst están conectados. Acusa a Wendt de estar detrás de la eliminación de tus hombres. Anuncia que pronto no tendrá que lidiar con gentuza como el Oberst. “No confío en ti!” “Yo tampoco dice Wendt”

Gereon también cree que Wendt ha tenido que ver con la eliminación de todos los involucrados en el asesinato de Benda, pero Zorgiebel sigue sin decidirse a actuar. La que actúa es Frau Benda. Le hace entrega a Wendt del diario de su marido. En el cuaderno, Benda confiesa que los sucesos del Primero de Mayo fueron culpa de Zorghiebel. Wendt visita a Zorgiebel y lo chantajea para que renuncie a menos que quiera que el diario se haga publico.



Helga llama a casa de Gereon. Quiere saber cómo está su hijo. Gereon le niega el derecho de hablar con Moritz. Helga retorna al hotel y se encuentra con una carta de despedida de Nyssen. Va a suicidarse.

Helga corre al castillo de los Nyssen, se encuentra al industrial desmayado rodeado de frascos de píldoras vacíos. Con la ayuda de la criada, una manguera y un embudo, le administra un lavado de estómago a Nyssen y lo salva. Y todo acaba en un agradecido beso…


Malou se encuentra con Frau Behnk en la calle y el pasa el rollo de film que contiene fotos de los documentos que fotografió de la caja fuerte de su padre. Elisabeth hace una visita al piso de Gereon donde Katelbach está preparando un goulash.

Gereon está feliz con la evidencia que le trae su ex casera-amante y corre al Fuerte Rojo a que Graf revele las fotos. Hace bien porque Lotte está en problemas. La detective se ha dado cuenta que Ulrich falsificó las huellas digitales. Cuando lo enfrenta, Ulrich la golpea con un pisapapeles y le inyecta una alta dosis de insulina.

Llega el asistente de Ulrich y ve el cuerpo de Lotte. Ulrich lo degüella. Mientras Graff devela las fotos, Gereon nota el bolso de Lotte y va a buscarla onde Ulrich. Al abrir un closet le cae encima el cadáver del accidente. Le cae encima Ulrich y el revolver de Gereon vuela al otro lado del cuarto.

El ruido de los tiros despierta a Gennant que duerme en el edificio. Ulrich alcanza a propinarle a Rath una dosis de insulina y huye. Gereon consigue derribar un azucarero de un mesón y se traga el contenido. Así consigue reanimarse y avisar a Graff de lo ocurrido.

Busca a Ulrich y lo encuentra en uno de los anfiteatros. El enloquecido diabético tiene a Gennat, atado y amordazado, encaramado en un banquito y con una soga al cuello, listo para ser ahorcado, pero antes Ulrich quiere disertar enfrente de un público al que solo ve él. Quiere contarle al mundo sobre sus proezas, sobre cómo ha podido engañar a los torpes policías.

Ulrich le dice a Rath que busque a la mujer que ama, pero que no alcanzará a salvarla de la muerte a la que la insulina la ha condenado. Rath corre a buscar a Lotte y la encuentra escondida en una alacena. Después de ponerla en manos médicas, regresa al anfiteatro. Ulrich ha continuado su disertación ignorando que Graff desde a galería ha desatado la soga de Gennant.

El demente le cuenta a Rath que planea ahorcar a Gennat y luego dejara pruebas para que acusen a Gereon de ser el asesino. El Inspector lo corta. Lotte está siendo atendida, Gennat ya no está en peligro de ser ahorcado, Ulrico tiene un solo camino entregarse. El loco ve desolado como desaparece su auditorio imaginario. Entra la policía y se lo lleva.Tambien se llevan a Lotte en camilla.

Es un alivio que esta historia por fin haya acabado. A diferencia del cuento del oro de Sorokina que siempre empalmó con otras tramas y subtramas, el misterio del Fantasma siempre se sintió desvinculado del hilo argumental. A ratos incluso se sentía como un obstáculos para que temas más importantes (nazis y antinazis) se desarrollarán plenamente.

martes, 12 de mayo de 2020

Matchmaker, Matchmaker… Matrimonios arreglados en Shtisel, Unorthodox y otras historias de judíos



Una impresión que nos ha dejado “Unorthodox’ es que todos los problemas de Esty surgen de un matrimonio arreglado en el que es obligada a casarse con un desconocido. En “Shtisel” vemos que casi todos los romances son organizados por el casamentero Königsberg. ¿No hay otra manera de casarse en el mundo ultraortodoxo? ¿Realmente se obliga a las chicas judías a contraer enlaces sin amor?  ¿Es más fácil encontrar una pareja ideal en una sociedad seglar y libertaria?

Konigsberg el casamentero

Buscando Desesperadamente al Zivug
Antes de comenzar, hay tres cosas que decir sobre mandamientos bíblicos, talmúdicos y cabalísticos en referencia a la elección de pareja. Primero, es una lástima que la interpretación de la Torá a veces caiga en tergiversaciones como la de que es obligación tener hijos y que ese es el único propósito del sexo.

Hay un mandato divino “creced y multiplicaos”, pero cronológicamente viene después de la primera página del Genesis donde a D-s se le ocurre que “no es bueno que el hombre esté solo” de ahí que todo hombre deba tener pareja y vivir en relación estable. El matrimonio es compañía puesto que los hijos un día se van y queda una pareja unida por los elementos sobre los que han fundado una familia.


Yo me moví un tiempo entre ortodoxos tradicionales y modernos, y vi parejas que no se desesperaban si al tercer año del matrimonio la cigüeña no mostraba interés en visitarlos, o que dilataban el primer embarazo. Estrictamente hablando el judaísmo permite ciertas formas de planificación familiar y hasta abortos en determinadas circunstancias. Recordemos como Gittl Shtisel, el epitome de la buena esposa frum, intenta abortar a su sexto hijo apoyándose en la ley israelí.  Como me enseñaron en mi escuela judía, si el sexo solo fuese solo para procrear entonces no se permitirían relaciones íntimas con embarazadas o con menopáusicas.


Por lo tanto, el mandamiento más importante es el matrimonio. Sobre todo, porque un matrimonio temprano evita las relaciones sexuales (y sus consecuencias) fuera de una unión legal. Sin embargo, Biblia y Talmud son enfáticos en este punto. No puede haber boda sin el consentimiento de ambos contrayentes. Ese es el segundo punto: forzar una unión matrimonial es un gran pecado.


Por otro lado, los que leyeron mi novela saben del concepto místico del zivug. Antes de nacer, en el Cielo, se nos ha emparejado con otra alma. Esta alma gemela es nuestro zivug y debemos encontrarlo sino seremos eternamente infelices. Para ayudar en la búsqueda, padres, casamenteros, parientes y hasta amigos nos traen posibles candidatos para que reconozcamos a nuestra alma gemela. Ese es el tercer punto y la razón detrás del famoso “matrimonio arreglado “de los judíos ultraortodoxos. Pero la última palabra la tenemos nosotros, los contrayentes.

El problema es que muchos contrayentes consienten por miedo, o por vergüenza a emparejarse con el primer candidato que les presentan. Algunas mujeres, sobre todo viudas o divorciadas con hijos, piensan que no van a encontrar otro interesado. A veces hay problemas económicos que muchas mujeres sienten que se pueden solucionar con otro sueldo en la casa, etc..

Los Malos Candidatos: Locos, Huérfanos, y Rebeldes con Auto
En el caso de la protagonista de “Unorthodox” existen otros factores encerrados dentro del eufemismo “huérfana”. Factores que abarcan a la madre lesbiana que la abandonó al nacer, el padre alcohólico, la ausencia de prestigio familiar o dote (en algunos círculos eso todavía importa) y el famoso “soy diferente” que Esty le confiesa a Yanky en su único encuentro prenupcial.


Aunque una de las torpezas de la serie es nunca mostrarnos en que se diferencia Esty de otras chicas Satmar, Deborah Feldman es muy específica sobre lo que la hace ¨diferente”. Su padre es un enfermo mental y existe en la comunidad temor a que Deborah haya heredado esa problema (ella nos cuenta que en dos ocasiones la han llevado a diferentes psiquiatras).

La locura hereditaria siempre ha sido un estigma que puede pesar sobre los judíos al momento de casarse. En “Yentl” Barbra Streisand que para estudiar Talmud se ha disfrazado de hombre, se ha enamorado de un compañero de yeshivá. Avigdor está comprometido con la bella y adinerada Hadass. Cuando los padres de Hadass se enteran de que el hermano de Avigdor se suicidó lo toman como señal de desequilibrio mental y rompen el compromiso.
Avigdor, Hadass y Anshel-yYentl

En “Shtisel” el Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija con Akiva Shtisel cuando se da cuenta que él no quiere a su “princesa”.  Elisheva rompe su compromiso con Akiva abandonándolo sin explicación y es posible que Libbi se rehusé a casarse con él puesto que su primo ha roto su promesa. Tres compromisos rotos realmente afirmarán la reputación de “defecti” (defectuoso) de Akiva y lo convertirán en persona non grata para los casamenteros.

El Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija

Minuja se da cuenta que Akiva es un cliente dificil

Ese es el gran problema para los casamenteros, gente como Akiva que son muy exigentes sin tener mucho que ofrecer, o chicas con problemas que tampoco tienen mucho que ofrecer. Como Esty, como Deborah como Servidora. En mi caso yo tenía en mi contra que a) mi padre no era judío b) mi madre acarreaba una reputación de …como ella me dijo una vez “no creo que nadie en la sinagoga me quiera por suegra” y c) yo ya tenía fama de excéntrica, temperamental (lloraba por todo) y con la cabeza llena de pájaros sobre todo en lo que se refería al amor y al príncipe azul.

Cuando una se sabe mala candidata hasta le toma miedo a lo que los casamenteros puedan presentarles. Eso es evidente en la canción “Casamentera” (Matchmaker) de “El violinista en el tejado”. Las hijas de Tevye, el Lechero, pueden soñar con casarse con millonarios, talmudistas reconocidos, y guapos, pero saben que al final lo que Yente (la shajtanit o casamentera) les traerá serán viejos feos como el carnicero Lazar con el que Tevye compromete a su hija mayor.


Al final de la obra, Tevye ha consentido que Tseitzell rompa el compromiso con Lazar y se case con el sastre Mottel, novio de la infancia de su hija. Ha consentido que su hija Hodel se vaya a Siberia en busca de su amor, el desterrado revolucionario Perchik, pero Tevye rechaza el matrimonio de su hija Chava con un cristiano. Hay límites para lo que un judío puede aceptar como yerno y como dice el lechero ‘si me doblo más me quebraré”.

. En “Shtisel”, vemos la oposición paterna en lo que respecta al matrimonio de las hijas. El Rabino Shulem lleva años sin hablarse con Rachelli, la hija que se casó en contra de su voluntad. En un flashback vemos que a Gittl sus padres la separaron de Lipa Weiss cuando descubrieron que en su primera cita la había paseado en su auto (¡Que indecencia!).

Aun así, Gittl insiste en volver a encontrarse con Lipa y desde el lugar de la cita llama a su madre y exige que lo acepte, él es el hombre que quiere de marido Como las hijas de Tevye, las mujeres Shtisel eligen a sus hombres por encima de lo que digan casamenteros y padres. El mejor ejemplo es el de Ruchami que a los quince años ya encuentra la manera de casarse con el chico del que se ha enamorado. La sigue su prima Libby que logra convencer a su padre de superar sus prejuicios y dejarla casar con su primo.
La familia Shtisel contempla que hacer con el matrimonio de Ruchami

Sin embargo, también tenemos el caso de Elisheva que, aunque viuda (dos veces) y con un hijo pequeño, se da el lujo de menospreciar a Akiva Shtisel porque, aunque se sienta atraída por él, no lo ve lo suficientemente maduro. Su misma madre le dice que no la entiende. ¿Como una mujer doblemente viuda, casi cuarentona y con un hijo, anda con remilgos?

Aunque Elisheva eventualmente finja (de acuerdo con Akiva) aceptar un compromiso, nunca ha tenido una intención seria con él. Esa es la primera queja que tengo contra ella. Un compromiso en el mundo judío es tan importante como lo fue en Gran Bretaña hasta el Siglo XX, donde se podía demandar legalmente al que lo rompiera, así que no se puede entrar en él de manera frívola.

Cuando el Rabino Gottlieb rompe el compromiso de su hija, los Shtisel cargan contra Akiva. “¡Comienza a cavar mi tumba!” gime melodramáticamente el Rabino Shulem a su hijo. Akiva también recibe un sermón de parte de su hermano mayor “Me da vergüenza mostrar mi cara en público” le dice Zvi Arie recordándole que lo sucedido se refleja en toda la familia. También le recuerda a “Kive” que la Mishna (ley judia) estipula que mejor es divorciarse que romper un compromiso.



Esta misma actitud la vemos en judíos semi asimilados como los Lieberman de “Vienna Blood” que están escandalizados cuando Max rompe con Clara. Cuando el Inspector Dietrich no comprende cual es el escándalo, Max le responde con tristeza “es que no eres judío”. Lo fuerte del lazo queda evidente cuando Clara, quien es la que rompe el compromiso, se refiere a este como “matrimonio”.


Por eso me irrita que Elisheva acepté una cita arreglada por el shachtan Konisberg a sabiendas que no tiene intenciones formales. Eventualmente acepta un compromiso que para todos es oficial pero la viuda huye a Londres. Sin tener el valor de rebelarse contra las reglas, Elisheva actúa irresponsablemente porque en su mundo no hay espacio para amoríos como los que ella busca.

Desde el momento en que entran en juego los casamenteros se sabe que las parejas que presenten entre si tienen un propósito en común, casarse. Yo sé que eso resulta chocante en el mundo moderno, el que los judíos ultraortodoxos no incluyan en su escenario romántico la oportunidad de divertirse, de tener romances sin compromiso, de no querer andar probando lo que hay en el mercado.  Otra cosa que resulta chocante es que se pueda elegir una esposa o un esposo con una sola cita.

En el caso de Esty/Deborah casarse significa escapar, dejar de ser alguien imperfecto. Esty le dice a su madre antes de la boda “Voy a crear una familia con  Yanki Shapiro ¡Voy a tener un verdadero hogar!...¡Esto es lo que quiero!” Con eso entendemos que ella busca una identidad en su matrimonio, dejar de ser ‘la huérfana”, construir su propio espacio. Si agregamos que tanto Deborah como Esty encontraron atractivas a sus parejas, entendemos que las llevó a consentir entrar en un matrimonio.


Casamenteros Modernos
No todas las citas organizadas por los casamenteros acaban en matrimonio. Tanto hombres como mujeres pueden rechazar candidatos. No todos las citas a ciegas son preparadas por casamenteros formales. En la búsqueda del zivug nos ayudan las personas más prodigiosas.


Tras cinco blind dates organizadas por una casamentera, y huirle a una arreglada por una vecina, mi hermano conoció a mi ex cuñada gracias a nuestra peluquera. Yo tras cuatro o cinco citas formales (organizados por casamenteras, amigas y hasta mi hermano) con individuos a los que yo disgusté o me disgustaron a mí, entré en mi primer compromiso con alguien que había conocido en mi sinagoga y al que consideraba mi mejor amigo.

Tampoco la gente se casa tras la primera cita. Se dice que se puede una pareja encontrarse hasta cinco veces antes de casarse o pasar a otro candidato. Si nos parece poco, a Gittl Shtisel le tomó solo dos citas saber que Lipa era el hombre de su vida. Tampoco es común que la cita sea en casa de alguien. Normalmente se les arregla para que se encuentren en algún lugar público, un restaurante, un café o como en “Shtisel” en el lobby de un hotel.

Primera cita de Akiva y la Prima Libby

Hay que tener cuidado también adonde se lleva a la chica. Mi hermano cometió el error de llevar a una judía brasileña a una representación de Broadway (Cats). Ella se quejó con la casamentera que mi hermano la había llevado a ver un espectáculo impropio.

Yo cometí otro gafe cuando me negué a salir con un chico, amigo de mi hermano, con quien habíamos estado charlando por teléfono por un par de meses. Me negué a que nuestro primer encuentro fuese en un concierto en Carnegie Hall. Según yo, nuestra primera vez debía ser en un ambiente más relajado y donde tuviéramos más privacidad que en un concierto. Según él ya habíamos hablado bastante por teléfono….

Cuando se le pasó lo ofendido, me invitó a ir al cine y acepté. Me dejó esperando cinco horas, por suerte yo estaba en mi oficina en Baruch College. Él se presentó a las sexta hora, justo cuando yo ya me había marchado. Ahí fue cuando decidí que las citas a ciegas, por muy ortodoxos y respetables que fuesen los pretendientes, no eran lo mío. Eso no quiere decir que todas sean un fracaso. Si lo fueran, nadie se casaría en el mundo ultraortodoxo donde la segregación de los sexos es la norma.

En el mundo moderno ortodoxo, la búsqueda de la pareja ideal sigue siendo una prioridad y una complicación. Aunque los ortodoxos modernos no utilizan casamenteros formales, existen redes de soporte para encontrar pareja. Muchas sinagogas y clubes universitarios ofrecen “noches para solteros” u otras actividades para propiciar encuentros con posibles candidatos. Incluso hay excursiones o cruceros organizados con ese propósito. Y si nada sirve, van a casamenteros en-línea o agencias porque las matchmakers de hoy son amigas de la tecnología.


El sistema de agencias matrimoniales no solo asiste al mundo judío. La televisión estadounidense está llena de anuncios que buscan socorrer a una comunidad de solteros traumatizados por malas experiencias y que andan en busca de romances serios y seguros. Como este grupo abarca viudos y divorciados, hay agencias que se especializan en candidatos de edad madura, tal como las hay que atienden las necesidades de la colectividad LGTB. Hay agencias como Elite que solo atiende pedidos de millonarios y donde una cita puede costar hasta 10.000 dólares.

El que haya gente dispuesta a pagar tan exorbitante suma para encontrar compañía demuestra la insuficiencia en el mercado de compañeros idóneos. Tal como nuestra fascinación con realities como “The Bachelor” demuestra nuestro interés por ver cómo se desarrolla un romance cuando se le presentan varias novias al candidato ideal. Es la fantasía por excelencia. Encontrar el amor sin tener que darnos trabajo, que nos presenten en bandeja a parejas perfectas, hechas a nuestra medida. Pues eso es lo que hacen los casamenteros judíos.

Aunque no lo parezca, existe un esfuerzo por contactar gente compatible, de familias similares, con intereses similares. Después de todo se trata de encontrar a nuestro zivug. Uno tiene derecho a poner condiciones. Mi hermano por ejemplo quería una judía latina para que se comunicase con nuestra madre (Yanki Shapiro no es el único judío con mamitis en el mundo). Pero a veces ni nosotros mismos sabemos lo que queremos.

La Moraleja de Crossing Delancey
Una pregunta que ha surgido, a raíz de “Unorthodox” de parte de los defensores del estilo de vida jasídico son “¿se vive mejor en un mundo sin religión, sin comunidad, sin familia?”. Aunque consciente de una docena de problemas que existen dentro de las comunidades cerradas que afectan el bienestar de sus habitantes, no puedo argumentar que el estilo de vida al que estamos acostumbrados en Occidente—en familias nucleares disfuncionales o como adultos independientes— sea superior.

Esto es algo que es explorado en la mejor prueba de la eficacia de los casamenteros. Me refiero a “Crossing Delancey” (1988).  Basada en la pieza teatral de Susan Sandler es la historia de Isabella “Izzy” Grossman, una judía seglar que lleva una vida independiente en Manhattan donde tiene un trabajo en una librería que considera glamoroso porque la pone en el centro del mundo intelectual de editoriales y escritores. Izzy está deslumbrada por Anton Maas el autor de moda que le ofrece súbita atención y la posibilidad de entrar al espacio de un escritor famoso.

Aunque ya ha superado la barrera de los treinta años, Izzy no tiene novio. Apenas un ex que cada vez que pelea con su esposa aparece en su puerta a buscar refugio y satisfacción sexual gratis. Izzi está sola, su patrón la utiliza sin importarle como persona, sus amigas están como ella atrapadas en una libertad que llega ser frustrante. El mejor ejemplo es Kerie que ha decidido ser madre soltera para superar su soledad.

Una vez a la semana, Izzy toma un tren que la lleva al mundo tradicional judío del Lower East Side a visitar a Ida, su bubbe (abuela). Ida es la única que no cree en la falsa felicidad de su nieta y arregla un encuentro con Hannah, una casamentera.

De regreso a casa, la horrorizada Izzy intenta explicarle a su abuela lo realizada que se siente con su trabajo (“¡Isaac Bashevis Singer, el Premio Nobel, sabe quién soy yo!”) y que no necesita de un hombre para ser feliz.  Ida no está impresionada. Como le ha dicho a Hannah, su nieta está sola. “Los perros deben vivir solos. No la gente”.

Agotada, Izzy acepta un encuentro con Sam, el dueño de la tienda de encurtidos del barrio. Aunque tiene lugar entre adultos, la cita se parece muchísimo a las que hemos visto en series sobre ortodoxos. Cuando la abuela y la casamentera los dejan solos, Izzy entra en el cuento de “Yo soy diferente, no vivo en este barrio, no es así como hago las cosas”. En su torpeza llega a resultar ofensiva, pero Sam impertérrito le dice que a veces hay que cambiar el modo de hacer las cosas.

Lo interesante es que vemos ahi el rol de la casamentera. Tras dejarlos solos un rato, vuelve Hannah a hacer aparicion ahora ofreciendo un restaurante de un primo donde les haran precio para la segunda cita. Cuando Izzy,  con voz temblorosa, dice que no habrá segunda cita, Hannah lo toma con filosofía. La que esta molesta es Ida, pero cuando dice "Ella (Izzy) habló" esta reconociendo el derecho de la novia a  rechazar a los candidatos.


A pesar de que Sam corteja a Izzy con un pastel y un sombrero, esta insiste en no salir con él, e incluso trata de emparejarlo con una amiga. Al final, Izzy se da cuenta que el vendedor de pickles no es tan patán como creía (ha ido a universidad, reza en la sinagoga todas las mañanas y aun antes de hablar con la casamentera, estaba interesado en Izzy).

 Después que el ególatra de Antón pretende convertirla en su amante-secretaria, Izzy descubre el valor del amor sincero que Sam le ofrece. La moraleja es que a veces se necesita de abuelas entrometidas y de casamenteras que eructan para encontrar al zivug.

Verdaderas Bodas Ultraortodoxas
La próxima vez hablaremos del mikvah, de las pelucas y de las leyes que gobiernan la vida sexual de las judías, pero antes quería hablar un poco de la boda. Yo no soy de ir a matrimonios, y aunque he asistido a una media docena de bodas judías, nunca había estado en una jasídica, aunque me dicen que son espectáculos fantásticos que duran días enteros.

Lo que más me sorprendió en la boda Satmar de “Unorthodox” fue el Bedeken (velación de la novia); el que la suegra fuese parte del cortejo de la novia y la tristeza que parecía acompañar todo cuando se supone que un matrimonio es ocasión de gran jolgorio.

Por eso me puse a buscar en YouTube videos de bodas jasídicas. A pesar del mito de que los ultraortodoxos no son amigos de tecnologías, esa red social reboza de videosbodas ultraortodoxas, jasídicas y hasta Satmar.

Les pongo un par, dos de Shtreimel y una de sombrero negro. Dos incluyen el Bedeken con esa servilleta (se llama Tisch) que además de fea, yo no conocía. Para mí el Bedeken es el momento en que llevan al novio a la novia y tras verla y constatar que es la suya (esto en recordatorio a la estafa bíblica que Labán hizo a su yerno Jacob) la cubre. Yo estaba acostumbrada a la visión de una novia judía bajo un velo tupido pero trasluciente, así como el de Tseitzell en “El violinista sobre el tejado”.

En las bodas a las que asistí en el siglo pasado, no había tal tisch, la novia simplemente era cubierta con su propio velo de novia. Hay feministas que no les gusta lo del velo en la cara, pero muchas novias modernas como la Duquesa de Cambridge que no es judía usan un velo para cubrirse el rostro.

También para mí la procesión nupcial eran los novios acompañados por sus padres (y a veces los abuelos) hasta la jupa (el toldo nupcial). Ahora veo que en las bodas ultraortodoxas si meten a la suegra en el cortejo de la novia (¡!). Pero curiosamente en el video de Motty y Shevy donde hay una colección de sombreros negros y shtreimel, la novia no usa el tish y es acompañada hasta el novio solo por sus padres.

Lo importante es que en las tres bodas vemos a las mujeres vestidas elegantes y modernas (la peluca de la mama de Michali me volvió loca), y a todos muy contentos, No parecen estar ahí obligados y aunque la fiesta es segregada, se ven a los novios intercambiar gestos de afecto físico.

Si hay momentos en que los novios se ven abstraídos es porque están rezando y todavía no he visto a alguien que pueda rezar y reírse a la vez. Con eso espero ahuyentar la impresión de que las bodas judías son espectáculos grotescamente tristes. Tal como espero haber explicado que un matrimonio arreglado para nada implica una unión obligada.

¿Les costó encontrar pareja? ¿Quién se las presentó?  ¿Usarían algún sistema de casamenteros en línea o agencias matrimoniales para encontrar su media naranja?