lunes, 9 de noviembre de 2020

La novela rosa del Holocausto ¿Es ese el género de Un Secreto Bien Guardado?

 


Llegamos a la segunda (y final) parte de la exploración de la ficción rosa del Holocausto en su mayor expresión: la idealización romántica de la relación entre judías y alemanes buenos, nazis arrepentidos, o los que cambian por el amor de una mujer, sea esta judía o aria de un país ocupado. Anteriormente vimos que existe cierta repulsión por el tema lo que lleva a dar mal final a esos amores. ¿Ha cambiado esa perspectiva en este siglo?

Invasores y Ocupadas en las Islas del Canal

El comienzo del Tercer Milenio se caracterizó por el revisionismo histórico que buscaba exponer las diferentes maneras en que individuos y grupos de los países ocupados colaboraron con el invasor nazi.  Curiosamente, uno de los primeros esfuerzos enjuiciaba a la población del único territorio británico en ser ocupado, las islas del Canal.



“Island at War” (2004) tiene lugar en St. Gregory, una ficticia isla del Canal de la Mancha, y muestra las difíciles relaciones entre residentes de la isla y las fuerzas de ocupación. El mayor enfrentamiento es entre James Dorr (James Welby), líder político de la isla y el Barón von Reinhardten (Philip Glenister), comandante en jefe de las fuerzas de ocupación, que se instala en la casa de los Dorr. El Barón es cortes, simpático, cosmopolita, cualidades que no pasan desapercibidas por su anfitriona Felicity Dorr (Clare Holman).



Otra familia que se rinde al encanto alemán es la de Cassey Mahey (Saskia Reeves) cuyo marido murió en un bombardero alemán. Las Mahey, cuando no están en brazos germanos, andan ocultando el hecho de que su empleada Zelda Kay (Louisa Clein) es en realidad Hannah Landau, la única judía de la isla.

                        Walker y Zelda

La serie nos muestra el lado humano de los soldados de la Wehrmacht, pero para equilibrar la trama, presenta a un sádico nazi, el teniente Walker (Conor Mullen). Walker descubre la identidad de Zelda y la obliga a tener sexo con él. Una escena espeluznante es cuando en la hace desnudarse y la observa admirado diciendo, casi con incredulidad, “¡Ni pareces judía!). En su percepción de los judíos, Walker no está muy alejado de JoJo Rabbit.



Stephen Mallatratt, productor de “Island at War”, falleció poco después de acabada la primera temporada y como la serie tuvo poca audiencia, nadie retomó la producción. Hoy se la recuerda solo porque actuaron  rostros icónicos como Sam Heughan (Jamie Frazer de “Outlander”) y Joanne Froggart (Anna de “Downton Abbey”).   Sin embargo, creo que la serie puede haber influido en Mary Ann Shaffer y en la creación de su superventas del 2008, The Guernsey Literary and Potato Peel Society que se convirtió en filme (hoy en Netflix) en el 2018.



En 1946, la novelista Juliet (Lily James) viaja a la isla de Guernsey en busca de inspiración para una próxima novela. Viene invitada por Dawsey (Michel “Daario Naharis” Huisman) quien la presenta con los miembros de la ‘” Sociedad”.  Juliet descubre que esta club literario fue fundado por la desaparecida Elizabeth Mackenna (Jessica Brown Findlay) y que Dawsey ha estado criando a Kit, la hija de ella.

En conversaciones con gente de la Isla, Juliet escucha que Elizabeth tenía mala reputación y que tuvo amores con soldados alemanes, uno de los cuales es el padre de Kit. Pero en flashbacks y por boca de Dawsey, nos enteramos de que Elizabeth, que trabajaba en el hospital local, se enamoró del médico alemán Christian Hellman, un antinazi. Christian fue enviado al continente y murió cuando su barco fue bombardeado. Poco después, Elizabeth fue arrestada por haber dado de comer a un prisionero de la Organización Todt y deportada a un campo de concentración donde murió.



Esta historia extraordinaria y muy conmovedora tiene su base en una historia de amor real entre Dolly, una adolescente de Guernesey, y Willy un soldado de la Wehrmacht. A pesar de todos los obstáculos, tuvieron un bebé y se casaron después de la guerra. Pueden  leer su prodigiosa historia aquí

La Colaboración Horizontal

En el 2006, Paul Veerhoven regresó a su Holanda natal y arrasó en la taquilla con su thriller bélico “El Libro Negro”. En esta película, Carice “Melisandre” van Houten interpreta a la judía Rachel que trabaja para la Resistencia Holandesa. Con un nombre falso se consigue un trabajo en las oficinas de la SS. y entra en contacto con dos oficiales, uno bueno y uno malo. Por supuesto, Rachel se enamora del bueno, Ludwig Muntze (Sebastian Koch). A él no le importa que Rachel sea judía y la ayuda en su investigación para descubrir que miembro de la resistencia está colaborando con los alemanes.






El traidor mata a Muntze. Al final de la guerra, los colaboradores son atacados y entre ellos Rachel, acusada de tener amores con alemanes. Aunque nos indigne, comprendemos la moraleja. Ella, una judía perseguida, se enamoró del representante en un mundo que quería exterminarla.

El ejemplo más crudo de la ambigüedad moral que se cierne sobre esos amores aparece en la soberbia “Un village française”, la historia de Villeneuve, un pueblito ficticio en el Jura, durante los años de ocupación alemana. A pesar de su dramatismo, humanidad de sus personajes, y apego a la realidad histórica de la región en esos años oscuros, hay que aceptar que la serie es casi un homenaje a la colaboración con el enemigo.

Al comienzo es sutil con cuestionamientos morales de los personajes sobre si lo que hacen puede constituir traición a la patria. En mi reseña mencioné como esa sutileza,  que desaparece en las temporadas finales donde los colaboradores parecen ser los buenos y los resistentes los villanos,  se debe a la asesoría histórica de Jean Pierre Azema, cuyo padre fue acusado de colaboración y debió exiliarse en la Argentina.



El protagonista de la historia es Daniel Larcher, médico del pueblo. Un hombre lleno de virtudes, pero que también rige su mundo con valores conservadores que abarcan el antisemitismo. A través de siete temporadas, Daniel que se autodefine como “un humanista” es llevado por sus buenas intenciones a cometer actos deleznables. Entremedio, toma por amante a Sarah, su criada judía, pero a pesar de sus esfuerzos no puede evitar que la deporten. Lo triste es que Sarah (que muere en Auschwitz), a pesar de amar a Daniel, tiene conciencia de la mediocridad moral de su pareja.



Sarah tiene la excusa de que su romance la ayuda a sobrevivir al menos por un tiempo. Algo que no tiene Hortense, la esposa legal de Daniel.  Hortense es una mujer frustrada por un matrimonio que no la satisface, por su esterilidad y por haber quedado marcada por una infancia de malos tratos. En la primera temporada intenta llenar sus vacíos adoptando un bebé e iniciando una relación adúltera con Jean Marchetti. Todo cambia con la llegada de Heinrich Müller, el jefe de las SS de Villeneuve.

Müller es un personaje fascinante, un torturador implacable, un nazi convencido, pero también es brutalmente honesto, muy sagaz a pesar de ser un adicto a la morfina. En las primeras temporadas lo odiamos por torturar inocentes, manosear a Sarah, violar a “la tonta del pueblo” Lucianne, pero a medida que su humanidad se manifiesta de varias formas comprendemos la atracción que Hortense siente por él, atracción que se convierte en mutuo amor.



Hortense se la pasa seis temporadas viviendo abiertamente su amor por un nazi y entremedio regresando al hogar con su marido. En la sexta temporada, Hortense y Muller se preparan para huir a Suiza, pero son capturados, Los Aliados se llevan al SS para interrogarlo y dejan a Hortense a merced de sus coterráneos que le dan el tratamiento esperado para las “colabo horizontales”.

             El pequeño Gustave rapa a su Tía Hortense

Después de la guerra, Hortense cae en depresión y locura. Es rescatada de un manicomio por Daniel, pero nunca sobrevivirá a la ausencia de Muller (muy bien instalado en Paraguay asesorando a los torturadores de Stroessner).  Al final, Hortense (que es pintora) es invitada a presentar sus obras en una galería de VIlleneuve. Para la ocasión, la artista pinta un retrato de memoria de su amante. La reacción airada del publico hace comprender a Hortense que su amor era maldito y acaba suicidándose. Es que amar un nazi es un pecado imperdonable. Aún más si se trata de una judía como es el caso de Rita de Witte.

Jean Marchetti es un oportunista policía que consigue convertirse en comisario de Villeneuve gracias a su activa colaboración en la persecución de judíos y resistentes. En 1942, llega al pueblo un grupo de judíos extranjeros que van camino a Polonia. Por razones de burocracia se les encierra en un campo local. Entre ellos viene la belga Rita De Witte. Aunque no es joven ni hermosa y vive a la sombra de su madre, Rita inspira un amour fou en Marchetti, sentimiento que es correspondido.

                                    Marchetti y Rita

Marchetti hace lo imposible por ella. Consigue que Rita y su madre salgan del campo, aunque no tienen permiso de dejar la villa. Por amor a Rita, que queda embarazada, Marchetti tiene gestos nobles. Deja en libertad a Beriot, aunque sabe que es resistente y permite al judío Ezequiel que huya con su hijita. Pero la situación de Rita es insostenible. La SS exige al pueblo que envíen a Polonia una determinada cantidad de judíos y falta uno para alcanzar la cuota. En Villeneuve solo quedan tres judías: Sarah, Rita y su madre. Daniel oculta a Sarah por lo que Marchetti debe sacrificar a la suegra.

La madre de Rita le manda un mensaje contándole la traición de Marchetti. Horrorizada, Rita decide huir a Suiza sola. Marchetti (de nuevo tras mil maromas) la acompaña hasta la frontera y mata a un centinela alemán que intenta detenerla. En las próximas temporadas, Marchetti sigue colaborando con los alemanes. Hasta tiene otra amante, pero se conmueve cuando Rita le avisa por carta que han tenido un hijo.

Aquí entra la parte interesante. Cuando las autoridades suizas descubren que Rita ha tenido un hijo con un colaborador fascista la expulsan del país. Por suerte, Rita y su hijo llegan a una Francia liberada. Marchetti ha sido condenado a muerte. Rita lo visita en la cárcel y le proporciona medios para que pueda morir con dignidad. Pero la serie aun insiste en castigarla. Rita emigra a Israel y muere en una emboscada árabe.

                            Rita y David regresan a Francia

En su afán de demostrar que la Francia de Vichy y la de Sarkozy eran similares, los productores de “Una Aldea Francesa” enloquecieron al final de la serie y enloquecieron a los personajes. Los resistentes no son mejores que los colabo. Los estadounidenses violan y oprimen igual que los alemanes. Los comunistas no encuentran espacio en la nueva sociedad francesa y se vuelven criminales. Los criminales de la derecha siguen gozando de sus privilegios burgueses. El amor no redime a nadie, y los demasiado nobles deben morir porque el mundo moderno no es para ellos.

Ese es el caso de uno de los pocos personajes de la serie que nunca es demonizado: Kurt Wagner, soldado de la Wehrmacht. Kurt llega a Villeneuve con las fuerzas de ocupación e inicia un romance con la maestra Lucienne, probablemente uno de los personajes más brutos del cuento. Hasta nos da lástima Kurt, que se ves un chico bueno y para nada nazi. Merece algo mejor que Lucienne. Cuando lo trasladan al Frente Oriental,, deja atrás una embarazada Lucienne. Jules Beriot, director de la escuela donde trabaja Lucienne y jefe de la resistencia gaullista local, la salva. Enamorado de ella, se casa sin importarle criar a la hija de un invasor.

                        Kurt y Lucienne

Sin embargo, a pesar de ser un buen hombre, patriota, excelente esposo y padre, Beriot sabe que no es amado. Cuando Kurt regresa, lo mata sin piedad, temeroso de perder a su familia. Al enterarse, Lucienne intenta envenenar a su marido. Es como Amalia y Straw en “un Secreto Bien Guardado” pero Beriot nunca llegó a los extremos de Straw.  Incluso buscó consejo de una prostituta para poder satisfacer sexualmente a su esposa. Como espectadores culpamos a Kurt de su propia muerte y aceptamos la tesis de la serie que no puede haber ningún tipo de fraternización con los alemanes. Toda relación con ellos acarrea desgracias.

                      Lucienne y Blerot

Prejuicios y Generalizaciones

Esa tesis, tal como la famosa culpa colectiva, me parece aberrante. El ejército alemán no era monolítico. Había nazis, gente de izquierda, patriotas que buscaban limpiar el honor alemán mancillado al final de la Primera Guerra Mundial, había francófilos, había resistentes a Hitler tal como había oportunistas que querían hacer negocios en territorio ocupado. No se les puede restar humanidad.

Hubo judíos (y no judíos) que se horrorizaron al ver que Spielberg glorificaba a un nazi como Oscar Schindler. Pero si Schindler no hubiese tenido tarjeta del Partido Nazi no hubiese podido salvar judíos. Sin embargo, existe esa necesidad casi perversa de demonizar al enemigo en una generalización total.

No es de ahora esa generalización que también abarca a víctimas. Después de la guerra lo que hoy conocemos como “culpa del sobreviviente” fue magnificada por un rumor sin fundamentos que toda mujer que había sobrevivido los campos de concentración lo había logrado gracias a favores sexuales. Así lo dice Kevin Kline a Meryl Streep en “Sophie’s Choice” “¿Dime afortunado número…porque sigues habitando la tierra de los vivos? ¿Qué trucos y estrategias, salidos de esa cabecita, te permitieron seguir respirando el limpio aire polaco?”



Por eso es por lo que me sorprende que exista tal fascinación entre jóvenes escritoras y que Viviana Rivero haya alcanzado la fama con una historia sin pies ni cabeza. Aun así, recientes ejemplos del trope han recibido muchas críticas.  Me refiero a The Excepción” (2016); “Where Hands Touch” (2018) y JoJo Rabbit”(2019). ¡Hasta nuestro nazi favorito está bajo ataque!

En Hyperallergic, Don Schindle ha escrito una crítica del filme de Taika Waititi que me ha dado alergia a mí.  Compara a JoJo con “El Libro Verde” y tilda a ambos de racistas porque el primero a) Redime a los nazis (joJo) b) demuestra que el racismo puede acabar cuando se establece una relación afectiva entre el racista y un miembro del grupo despreciado y c) El miembro de una etnia debe demostrar sus méritos para ser aceptado.





Me parece una simplificación aberrante. Creer que una persona es capaz de cambiar y dejar atrás sus características más negativas es parte de nuestro espíritu de tolerancia. Todos crecemos con prejuicios. De niños despreciamos ciertas comidas, tememos a ciertos animales, miramos con ojos acusadores a los que son diferentes. Solo la educación y la vida nos enseñan a descartar los prejuicios (algunos están en nosotros para siempre y se llaman “gustos”). Y es verdad no escrita que gran parte de nuestros prejuicios desaparecen cuando lo que despreciamos se nos presente de una manera aceptable.

Yo soy una mujer de prejuicios, pero muchos los he dejado por el camino. Viviendo con mi madre (y gracias a la guía de la Reina Estelwen) aprendí a no temer, incluso a sentir afecto por las ratas; no soporto el pescado a menos que esté frito y rezumando salsa tártara; y el hombre más bueno que he conocido era ateo y comunista. Vivir, experimentar, aprender es el único modo de crecer como persona y de integrar a tu vida lo diferente. Ya hemos visto que la educación /adoctrinación no funciona incluso opera en reversa. Hay que apoyarse en otros medios para ser realmente tolerante.

Los méritos del individuo étnico como obstáculos para los prejuicios nos presentan un espectro más amplio. Nuestra naturaleza humana nos enseña a reconocer quien es bueno y quien es malo, quien te hace daño y quien te hace feliz, a quien respetas y a quien desprecias. Eso va más allá de colores, razas y credos. Obviamente vamos a incluir en nuestro entorno social a gente que nos simpatiza y nos cae bien. El antipático, el peligroso, el criminal va a ser expulsado sea rubio, pelirrojo o de pelo verde. Hasta los animales saben que hay animales comestibles y otros que pueden devorarlos.

El problema es que vivimos en una sociedad en guerra, muy polarizada, donde los bandos están definidos y ni se toman prisioneros ni se parlamenta con el enemigo. Lo vemos en el auge de movimientos totalitarios disfrazados de grupos con conciencia social y eso afecta la narrativa de ficción. Don Schindle dice que el final que a él le gustaría seria ver morir a JoJo a manos de los soviéticos. Eso me recuerda parte de la campaña de Twitter contra “Where Hands Touch” que decía que la protagonista, una chica mulata en la Alemania Nazi que se enamora de un Hitlerjugend, debía haberlo matado en vez de amarlo. El nivel del lenguaje es siempre agresivo, siempre violento. Al final suenan tan totalitarios como los nazis.



Y, sin embargo, es en esta década que “Un secreto bien guardado”, que originalmente fue rechazado por varias editoriales, y hoy ha sido reeditada por Planeta y convertida en miniserie que ha sido vendida a Netflix. Es un oximoron porque se trata de un relato que hace una labor perezosa en lo que respecta a la creación de un trasfondo histórico. Tiene menos consistencia que JoJo Rabbit (que al fin y al cabo es una sátira) ya que acaba beatificando al héroe y al Tercer Reich al sumirlos en la bruma de la desinformación.

Excepciones a la Regla

Si uno la compara a la hermosa “The Exception”, la novela argentina parece un cuento narrado por un idiota lleno de sonidos y furia, pero sin significado. Mas allá de citas shakesperianas, me parece extraordinario que tal nivel de mediocridad literaria y de amoralidad histórica sea publicado o presentado en Argentina. Aunque nos pese a los que amamos la Argentina, este país ha tenido el mayor pogromo de America (1919) y el mayor atentado antisemita del continente con el ataque a la AMIA de 1994. Debería haber más cuidado y conciencia con lo que se publica.

No voy a hablar de “The Exception” porque ya lo hice en otro blog. Tampoco de “Where Hands Touch” porque no la he visto, aunque la mayoría de las criticas (hasta de The Gurdian) fueron lapidarias. Sin embargo, ambos filmes comparten una tesis en común con “Un secreto bien guardado”, toda ideología totalitaria desaparece entre las piernas de una chica guapa sea negra, judía, espía, etc..

En descargo de “The Exception” debo decir que la adaptación de The Last Kiss of the Kaiser nos deja claro que el protagonista no es un nazi convencido como lo son JoJo Rabbit y los protagonistas de ‘Where Hands Touch” y “Secreto”. Inclusive se le ha enviado a Holanda como castigo por haber protestado contra matanzas de polacos. Es más fácil entender entonces que Stefan Brandt (Jai Courtney) se enamoré de una judía, y después de esa horrible cena con Himmler, esté dispuesto a resistir las medidas hitlerianas.



 Como le dice Mieke (Lily James) “Los nazis son la regla. Tu eres la excepción”. Aun así, Stefan tiene dudas que nacen precisamente de su sentido del honor. Solo el consejo del ayudante del Kaiser lo hace entender que El Tercer Reich no es Alemania y por lo tanto no merece su lealtad.

En resumen, el trope Romeo y Julieta en el Tercer Reich (o en Francia Ocupada o la Argentina neutral) es un tópico espinoso lo que me lleva la pregunta inicial. ¿Por qué Viviana Rivero lo eligió de tema de su novela debut?  ¿Porque tal como transgredió las reglas estilísticas, también descartó la norma no escrita de que tales romances deben acabar mal?  ¿Será posible que esas chicas hispanoparlantes que escriben en Wattpad estén bajo la influencia de una novela que si ha tenido éxito es precisamente entre colegialas?

¿Habrá otra escritora que se atreva con el tema y que exhiba la ambigüedad moral de “Un secreto bien guardado?  La he encontrado en la aclamada Eilie Midwood. La diferencia es que Midwood escribe mejor, no cae en los burdos errores de la abogado argentina, que se ha documentado muchísimo más en la historia del periodo que cubre y que sus personajes son de carne y hueso.

                                Ellie Midwood

En mi búsqueda de exponentes del trope Romeo y Julieta me he tropezado a cada rato con libros de esta joven escritora y que ya he mencionado. Ellie Midwood, judía rusa trasplantada a La Gran Manzana, creció empapada en el tema de los nazis y la Segunda Guerra Mundial gracias a la guía de su abuelo, un veterano del Ejército Rojo.

En los últimos cinco años, Midwood ha convertido ese periodo de la historia en el tema central de su obra (aun no traducida). Aunque ha escrito sobre estos polémicos romances en marcos de la vida real en Auschwitz Syndrome y No Woman’s Land, Midwood se hizo famosa con su galardonada trilogía The Girl From Berlin.

Esta es la historia de Anneliese, quien desde su infancia ha pasado por aria y protestante. No necesito decir que no lo es. A los 18 años, convertida en una famosa bailarina del Tercer Reich, se enamora de Heinrich Müller, un funcionario de los servicios de inteligencia nazis como veinte años mayor que ella. se casan y ella confiesa su verdad al marido que no le importa porque es un doble agente que trabaja para los servicios de espionaje estadounidense.



Anneliese se une a los esfuerzos de Heinrich dispuesta a destruir el reinado de Hitler y a salvar judíos, pero en el segundo libro, Midwood se va, como decimos en chileno, al chancho. Los jefes de Anneliese la urgen a aceptar un empleo como secretaria del Mayor General Ernst Kaltenbrunner, jefe de las S. S.  austriacas y encargado de la seguridad del Reich. Para Anneliese, su jefe representa todo lo que odia Además ella esta felizmente casada, pero la autora nos hace sentir que Kaltenbrunner (un personaje real) es diabólicamente atractivo. Los Aliados quieren que Anneliese seduzca a su patrón, ella no quiere traicionar a su marido. Kaltenbrunner tiene que apelar a la fuerza para zanjar el asunto.

Anelisse se enamora de su jefe, un alcohólico con tendencia la bipolaridad. Solo el talento de Midwood nos ayuda a aceptar una relación que a pesar de que “äsquea” al a heroína (la novela es narrada en primera persona) es tremendamente erótica. Para la tercera novela hasta tienen un bebé, pero no se necesita ir a la Wikipedia para saber que ese romance no tiene futuro y que Kaltenbrunner fue condenado a muerte en Nuremberg.

                                              Ernst Kaltenbrunner

Tengo que admitir que la trilogía es muy perturbadora. Sin embargo, ganó un premio como libro del año y tiene admiradores por doquier.  En la sección de comentario tanto en Amazon como Goodreads solo he encontrado una crítica negativa. Aunque comparto la admiración de los libros publicados entre el 2015 y el 2017, no entiendo cómo han llegado a superar la negatividad que el trope amerita en críticos literarios.

Esto me da la impresión de que no están muy firmes en su postura. Por ejemplo, en Inglaterra causaba furor en el 2015 (el año en que nace The Girl From Berlin) la novela de Kate Breslin For Such a Time, pero no así una puesta en escena de Romeo y Julieta que hacía realidad el trope convirtiendo a los famosos amantes en una chica judía y un joven nazi que debían luchar contra ‘”prejuicios y’ e “ideologías” como los describe “Un secreto bien guardado”.



¿Son estos ejemplos de lo que temen los contrarios al trope~?  ¿Se está olvidando la realidad en la que nacieron y maduraron los crímenes nazis?  ¿Se están distorsionando los eventos, que regularon la existencia de arios y judíos en un universo dominado por algo que tal vez supera el término “racismo”? Al menos en The Girl From Berlin vemos como el mismísimo Himmler interroga a Anneliese antes de dar permiso de su boda para saber si va a ser la esposa perfeta nazi de un SS.  Compárenlo con el bobalicón de Martin seguro (antes de saberla judía) de que puede llevarse a Amalia y casarse con el permiso y bendición de la plana más alta el nazismo.


Fantasías Perturbadoras

Antes de terminar, querría volver a la anécdota con la que inicie esta investigación. No sé porque Viviana Rivero y las jóvenes que hacen sus pininos literarios en Whattpad escogen un tema tan penoso y problemático, pero puedo aventurar por que Ellie Midwood, mis alumnas y otras, incluyéndome, lo hemos hecho. Después de todo, una década antes de la aparición de The Berlin Girl, yo casi terminé Venefica, una novela sobre un tema muy similar.

Por un lado, queremos creer que el amor puede cambiar al villano y volverlo un héroe, o puede ayudar a superar ideologías nocivas, que el bien siempre triunfa, que la decencia básica está por encima de tiranías. ¿Pero qué ocurre cuando estos romances nacen de una inseguridad individual, de un sentimiento de inferioridad como el que esboza Amalia en “Un secreto bien guardado”?

                       ¿El amor de Amalia nace de complejo de inferioridad?

Puedo asegurar que no me ocurre. A mí me mueven otras fantasías, la de los basterdos tarentinianos, la de Elsa cuando dice el que debía ser mi lema “no hay judíos débiles”, pero no puedo hablar por todas las judías que han empleado el trope en sus escritos.  Hay que admitir la existencia de otra fantasía más peligrosa y oscura detrás de estos relatos. Un ejemplo nos lo da nuestra querida Deborah Feldman.



Queriendo seguir el exitazo de Unorthodox, Feldman escribió otro libro titulado Exodus. Se esperaba que ahí narrase su vida después del sonado Orthodexit que la había llevado de esposa jasídica desesperada a escritora de superventas. Fuese porque no quería relatar lo que fue su vida tras su divorcio o porque esta careciese de interés, que Debbieleh decidió agregarle otro ingrediente. El libro seguiría una trayectoria por Europa en busca de sus raíces Judías. Así la vimos galopar a través de Inglaterra, Hungría, Polonia, Suecia, Alemania y España.



¿Por qué España si la Feldman no tiene una gota de sangre sefardí? Pues, porque en realidad estaba buscando un nuevo país para instalar su madriguera. España le pareció antisemita (¿) así que su decisión recayó en Alemania. Grotesco, hacer aliyah al paraíso el antisemitismo moderno.. ¿Que hizo que Deborah Feldman se sintiese cómoda en Alemania? Respuesta simple, tres revolcones con fornidos germanos. En serio.

El primero, y crucial, fue Otto descendiente de nazis bona fide. Entre las sabanas, la conmovida Feldman descubría otra mentira que le inculcaron. los alemanes no odian a las judías. Los nazis no odian a las judías. Realmente, da vergüenza ajena leerla. ¿Pero que hace que traiga a colación a esta patética criatura?  Pues que Deborah tiene una fantasía que podría existir tras muchos de estos romances de los que estamos hablando.

                                           Las fantasías de La Feldman

Feldman nos cuenta de los juegos eróticos con el complaciente Otto en los que reactivan la fantasía del verdugo y la víctima. Es obvio que en ese cosplay degradante ella se siente empoderada, exorciza sus demonios y fantasmas y remerge libre de culpas.

¿Podríamos considerar que la fascinación en la ficción literaria y audiovisual es una manera en que las judías exorcizamos esa sensación de inferioridad, de perversidad, de amenaza social y de otros sambenitos que los nazis nos colgaron/cuelgan?  No sé la respuesta, aunque por el hecho de que Viviana Rivero no es judía no se aplica al caso de “Un secreto bien guardado”.

 

 

 

 

 





jueves, 5 de noviembre de 2020

“¿También Sos... Nazi? “: Romeo y Julieta en el Tercer Reich

 


En el blog anterior señalé como Viviana Rivero, por razones muy suyas, corrompió el tema del romance entre judíos y nazis. Eso no quita que, en ficción como en vida real, este trope haya provocado historias conmovedoras. Algo que aprendí con “Un secreto bien guardado” es que la propuesta sigue muy de moda, tanto en inglés como castellano, y tiene unas normas que Viviana Rivero atropelló sin saber utilizarlas. Si te gustó “Secreto” aquí encontrarás otras historias similares mejor contadas. Si no te gustó, ve como el tema puede funcionar si cae en manos peritas.

Fantasías de Colegiala Judía

Tras unos días de admirar arrobada la cuerpada de su dios teutón, Amalia la protagonista de “Un secreto bien guardado”, se atreve tímidamente a preguntarle a Martin: “¿También sos... nazi?”  La respuesta afirmativa no acalla sus alborotadas hormonas. No hay que culparla, tras la guerra millares de mujeres de países ocupados sufrieron humillaciones públicas y muerte social por haber sostenido amoríos con el invasor.



¿Fueron todos esos invasores nazis convencidos? ¿Qué pasa cuando la pregunta ya tiene respuesta y quien está en el dilema es una judía a quien la decisión puede costarle la vida? ¿Cómo un buen alemán, expuesto a propaganda que retrata a los judíos como bestias infrahumanas,  puede llegar a amar a una de esas bestias?  ¿Como ocurrió en la vida real y como lo trata a ficción?

Cuando enseñaba, a mediados de los 80, en un colegio de señoritas judías, unas alumnas se me acercaron con una invitación. Habían creado un mini taller literario y, sabiendo que yo también jugaba a ser escritora, querían mi opinión. ¿Estaría yo dispuesta a escuchar la lectura de sus cuentos y a compartir algo escrito por mí? Acepté entusiasmada, pero cuando llegó el momento de escoger mi lectura, me acobardé.

Nunca he sido buena escribiendo cuentos, así que decidí llevar el prólogo de la novela en la que trabajaba en ese entonces. Su contenido me preocupaba. Se trataba de una meditación del protagonista, un oficial de la Wehrmacht involucrado en el fracasado complot de von Stauffenberg. Esperando a que la Gestapo viniera a arrestarlo, rumiaba sobre los motivos que lo habían llevado hasta ahí incluyendo su amor por una judía.

Llegado el día de la reunión y ya en el comedor vacío de la escuela, estaba yo muy incómoda con mi cuadernito enfrente mío. ¿Cómo recibirían este cuento unas niñas cuyos abuelos y hasta padres habían sobrevivido el exterminio nazi? Decidí dejar que ellas leyesen lo suyo primero. Comenzó B. de catorce años. De familia poco religiosa, había sido enviada a ese colegio por motivos de disciplina. Era la más literaria del grupo y su especialidad era el terror, quería ser una Stephen King con faldas.

El cuento era sobre las aventuras de un nazi furibundo que, tras su muerte, en una emboscada partisana, recibe una oportunidad de redimir sus pecados convirtiéndose en un fantasma que ayuda a los judíos incluyendo a una jovencita de la que se enamora. No alcanzaba yo a cerrar mi boca abierta de asombro cuando ya se paraba S., mi alumna favorita. De familia mixta como la mía, había venido a esa escuela buscando ser más religiosa.

Su cuento giraba en torno a Hannah, encerrada en el Ghetto de Varsovia cuyo único entretenimiento es una brecha en un muro, demasiado pequeña para huir, pero lo suficientemente grande como para ver el mundo exterior. Un día, Hannah encuentra una bolsa de papel y dentro un pan. Desde ese instante todos los días Hanna encontrará comida. Fascinada por esta ayuda imprevista, espiaba para saber quién es su benefactor. Para su sorpresa resultaba ser un oficial alemán (un oficial, nunca se trata de un soldado raso. Somos muy esnobs las judías) con quien entablaba amistad que devenía en romance.

Acabado el cuento, tuve que compartir con ellas mis dudas y me respondieron riéndose: “¡Miriam, todas las chicas judías que queremos escribir comenzamos con este tipo de cuento!” Tenían razón. Es un tema que se basa en múltiples fantasías femeninas: una relación prohibida donde el amor triunfa; una ilusión en la que hasta los nazis se rinden ante el amor; y un escape a una pesadilla. La idea de que en momentos de crisis no hay que perder la esperanza de que la humanidad supere a la bestialidad.

Suena tan bonito ¿no? Pero si se hace con descuido se acaba en lo que Hannah Arendt llamaba “la banalización del mal” o o que en su Holocaust Representations, Berel King denominó “una deshonestidad inmoral”. Eso es lo que ha cometido Viviana Rivero, pero no es la única. Si combinamos la ignorancia sobre lo que realmente representó el nazismo con imágenes idealizadas y saneadas de los campos de concentración y de los nazis, es explicable este tipo de “novela rosa del holocausto”.

El Holocausto en Wattpad

En Dapim, una revista dedicada a estudios sobre la Shoah, Stephanie Benzaquen-Gautier escribió, en el 2018, un ensayo (“Romancing the Camp”) sobre cómo se manifiesta este fenómeno en Wattpad. Este es un sitio web donde escritores amateur y profesionales pueden colgar sus obras literarias sean cuentos, novelas, ensayos, fanfiction o poesía. Según el artículo, había en ese momento más de mil cuentos/novelas en el sitio, en las cuales Romeo llevaba una suástica en la manga y Julieta una estrella en el pecho.

Me fui a revisar el sitio y encontré que hay 178 romances en español de este tipo y escritos por jovencitas apellidadas Arancibia, Zamora y Sánchez. Las historias son penosas no sé si más por la ignorancia histórica o por el estilo que denota la juventud e inexperiencia de las autoras (muy parecido al mío en mi adolescencia). Lo triste es que están tan llenas de buenas intenciones.

En La sombra de mis recuerdos, la autora (Isabela Serrano) la dedica “a todas las víctimas del Holocausto cuyas historias no fueron contadas”. En uno de los mejores ejemplos, Amor entre guerras de mi compatriota Fran Arancibia, el prólogo nos cuenta que la heroína no es una judía “sumisa”. Ayyy hija, ya con esa alusión a un estereotipo creado por nuestros enemigos jodiste tu buena intención.



La mayoría de las historias caen en puerilidades pedestres. En otras vemos un cierto tremendismo que me recuerda a ese feo capítulo de la ficción del Holocausto donde se le usó  para cintas francamente pornográficas. Aun así, me conmueve que niñas españolas y latinas escriban sobre el tema de manera positiva y también que todavía haya jovencitas que dediquen su tiempo a romances históricos (mi género favorito).

Los títulos lo dicen todo: En el corazón de un alemán; El nazi me ha mirado, ect. Aunque mi favorito es La chica bajo la farola donde el protagonista es Harry Styles. No es que la autora se imagine a su protagonista con la cara del cantante: el oficial alemán ES y SE LLAMA Harry Styles. Es el shipeo llevado a su máxima expresión.



No es mi intención burlarme de una experimentación sana. Agradezco se interesen en un tema tan complejo y cercano a mí.  Lo que me asombra que se haya publicado algo como Un secreto bien guardado en editoriales, cuando es obvio que pertenece a un sitio como Wattpad donde se esperan y perdonan errores nacidos de la inexperiencia de escritores principiantes.

Sin embargo, a pesar de la impericia de las autoras no encuentro en sus relatos resabios de los dos errores que más afean la novela de Viviana Rivero. Estas heroínas judías luchan en contra de sentimientos que las avergüenzan y todos estos protagonistas son nazis de nombre solamente, que repudian las leyes que les impiden amar.



De hecho, no encuentro nada parecido en la larga historia del Romeo y Julieta en el País de los Nazis a Un Secreto Bien Guardado, un ejemplo tan mortificante y espinoso que trivializa las historias contadas y no contadas de víctimas y sobrevivientes judíos o no. Recordemos que, ampliando el panorama, el trope también abarca amores de invasores alemanes y mujeres de los países invadidos y eso nos lleva al inicio del RYJEETR (Romeo y Julieta en el Tercer Reich).

El Caballeroso Soldado Alemán

Según mi investigación los primeros atisbos de estas relaciones prohibidas se dieron en la Francia Ocupada. Si Vercors no hubiese sido un patriótico resistente no se hubiese quitado de encima el estigma de simpatizante nazi debido a su novela El silencio del mar. Esta es la historia de una joven francesa que reacciona con un mutismo feroz a la presencia del invasor en su casa, incluso cuando el sentimiento se transforma en algo más.



Casi simultáneamente a la publicación de la novela corta de Vercors, Irene Nemirovski concebía su Suite Francesa. Aunque no hay evidencia de que Vercors y Nemirovski se hayan conocido y Le Silence de la Mer fue publicado un poco antes de que la escritora fuese deportada a Auschwitz, ambas historias contienen elementos similares: un oficial alemán refinado y musico que es hospedado de mala gana por una mujer que vive con un pariente mayor (tío en El Silencio, suegra en Suite Francesa).



Las diferencia es que en la novela de Nemirovsky, Lucile rompe el silencio y entabla un romance con Bruno. Pero tanto Bruno como von Ebrennac, el protagonista de El silencio del mar, son ingenuos que creen que pueden sustraerse a la criminalidad del régimen que representan. Al final von Ebrennac pide su traslado al Frente Oriental, en cambio Bruno cede su auto para que Lucile se marche a Paris a sabiendas que ella está ayudando a un resistente.





Tomaría más de una década atreverse con el tema nuevamente y no sería en Occidente. Fue en 1959, y detrás de la Cortina de Hierro, donde se filmó la coproducción de Alemania del Este y Bulgaria “Sterne” (Estrellas). 



Walter, un oficial de la Wehrmacht, irresponsable, y vividor, está feliz de haber conseguido un empleo de oficinista en Bulgaria, lejos de los campos de batalla. Cerca de donde trabaja hay un campo de tránsito para judíos griegos (posiblemente macedonios).

Un día, Walter conoce a Ruth una prisionera que le suplica le consiga un médico para una compañera que tiene un embarazo difícil. Apiadado, el hombre lo hace, aunque no es gran ayuda, puesto que los judíos incluyendo a Ruth son enviados a Auschwitz, pero (aquí entra ese factor obligatorio de este tipo de narrativa) el alemán ha evolucionado. Aunque sabe que no puede salvar a la mujer que ama, se une a los resistentes búlgaros para luchar contra el régimen que se la arrebató.



“Estrellas” fue una gota de agua en una barrica de vino. A pesar de ser premiada en el Festival de Cannes, es hoy casi olvidada, como lo fueron esos amores prohibidos por muchos años. Yo me encontré con ellos en el mundo inesperado de la telenovela.

En 1969, Don Ernesto Alonso produjo para Telesistemas Mexicanos la antecesora de Televisa “Sin Palabras”, otro de los famosos melodramas donde Amparito Rivelles se la pasa buscando un hijo perdido. Escrita por Carlos Lozano Dana, que dos años antes ya hubiese tenido otro éxito con “Lagrimas Amargas”, la historia vuelve a reunir a la Señora Rivelles y a Carlos Bracho, ahora como los Duhamel, un matrimonio involucrado con la Resistencia Francesa.

Los alemanes matan a Pierre (Bracho) y arrestan a su esposa Chantal, propiciando la obligatoria separación entre madre e hijo que caracterizó las actuaciones de Amparo Rivelles en la televisión mexicana. Chantal es enviada a un campo de concentración donde hace amistad con unos judíos interpretados por Maria Rubio y Javier Ruan (¿no sabían que hombres y mujeres eran separados?) y se granjean la antipatía de una Kapo (Ester Zavaleta).


                       Los resistentes Duhamel

Lo más prodigioso es que Chantal consigue llegar hasta Christian von Nacht, el comandante del campo. Von Nacht, interpretado por Gregorio Casals (con peluca rubia), en vez de hacerla ejecutar, se enamora de ella y comienza a recibirla a menudo. Vale decir que otro detalle incongruente es que Chantal conserva su cabellera y sus ropas de calle, un poco harapientas, pero que contrastan con las fotografías que conocemos de prisioneras calvas y con uniforme a rayas.

Von Nacht le revela a Chantal que es nazi por oportunismo, porque ayuda a mantener su estatus de aristócrata, pero que es un muy buen nazi ya que fue gobernador militar de Bruselas e impuso la ejecución de rehenes para controlar a la resistencia. Contrasta con este cruel cinismo, el hecho de que el comandante sea un hombre refinado, erudito y de buen gusto lo que recuerda al Bruno de Suite Française. Estos factores devienen en largos intercambios entre comandante y prisionera salpicados de los diálogos inconcebibles, pero maravillosos de Lozano Dana,.

En algún momento, von Nacht se ablanda y pretende ayudar a los prisioneros, pero la guerra se acaba, Chantal es liberada. Una vez de regreso en París recibe un mensaje del abogado de von Nacht. Al saberlo enjuiciado, Chantal decide testificar a su favor, pero él se niega a aceptar su ayuda. En su última entrevista, Christian le dice a Chantal que quiere ser castigado como un modo de alertar a la nueva Alemania de los crímenes cometidos por la vieja Alemania que el ve representada por su joven abogado. Ni Burt Lancaster en “El Juicio de Nuremberg”.

Basado en Hechos Reales

Me pregunto si Lozano Dana habría conocido la historia de Helena Citronova y si se inspiró en ella. Citronova solo vino a relatar su historia para un documental de la BBC en el 2005, pero su caso es lo más cercano a lo que aparece en “Sin Palabras”.



Helena Citronova, una judía eslovaca, de 22 años, llegó a Auschwitz en 1942. En semanas vio que el sitio era un infierno y que sus compañeras enloquecían o recurrían al suicidio como única salida. Decidió arriesgarse en una movida que era castigada con la muerte si descubierta.

Se puso el uniforme de una presa que trabajaba en “Canadá”, el sitio más privilegiado de Auschwitz (los otros eran la cocina y la orquesta). Canadá era el edificio donde se guardaba el equipaje de los prisioneros. Los que trabajaban ahí se encargaban de dividirlo, de ver lo más valioso y e incluso de revisar forros de abrigos y bolsos para ver si escondían joyas y objetos de valor. Esas fotos que hemos visto de pilas de lentes y zapatitos de niños corresponden a Canadá.

La mala suerte de Helena hizo que una de las guardias la reconociera. Le hizo saber que al final de su día seria castigada. CItronova sabía que eso significaba la muerte. En eso llegó un soldado alemán, se trataba del cabo primero Franz Wusch, conocido por su crueldad. Les contó a las empleadas que era su cumpleaños y quería saber si alguna sabia cantar para que le regalase una canción. Todas estaban paralizadas de terror, pero Citronova que ya no tenía mucho que perder, se atrevió. Al acabar estaba llorando.



El aplaudió y le pidió por favor le cantase otra canción. La cortesía del “Bitte”, palabra nunca usada con las prisioneras, sorprendió a Citronova que cantó una canción alemana. Solo al final se atrevió a mirar a Franz y vio una mirada llena de amabilidad. Tiempo después sabría que él acababa de enamorarse de ella. Wusch exigió que Elena permaneciese trabajando en Canadá, así le salvó la vida.

Desde ese momento iniciaron una amistad prohibida, clandestina que devino en amor. Cuando Rozinska hermana de Helena llegó a Auschwitz, Wusch (por petición de Citronova), la rescató de la cámara de gases. Por casi tres años, las protegió y esa es la razón por la cual sobrevivieron.

                                      Las Hermanas Citronova

 En sus declaraciones, Helena precisaba que ella luchó contra se sentimiento que supo superar el odio y que sus romance, aunque intenso, siempre fue casto. En su novela Auschwitz Syndrome, Ellie Midwood narra esta historia iniciándola a media res en el juicio de Franz en el que su mayor testigo de defensa es su esposa Helena. A pesar de que hay gente empeñada en ver esa relación como un resultado del Síndrome de Estocolmo y que el acusado es un asesino oportunista que se ha casado con su víctima para salvarse de la horca, la autora nos demuestra que ese amor si era verdadero.



Como la novela es vendida como “basada en hechos reales” muchos shiperos de Elena-Franz creen que se casaron en la vida real. Lo cierto es que el final de la guerra los separó y tomó un cuarto de siglo para que volvieran a encontrarse. En 1972, Franz Wusch fue llevado a juicio por sus compatriotas. Fue entonces que Las Hermanas Citronova testificaron a favor de él. En el banquillo, Wusch admitió que su amor por Elena lo había hecho mejor persona. Eso supera por lejos al insulso romance entre judía calentona y nazi imberbe de “Un secreto bien guardado”.

Si Citronova encontró a su Romeo nazi en el infierno de Auschwitz, Edith Hahn lo halló en el Múnich del Tercer Reich. En The Nazi Officcer Wife, Edith recuerda como su cómoda vida en Austria y sus estudios de leyes fueron interrumpidos por el Anchluss. Los nazis envían a Edith a trabajar a una granja en Alemania.



La joven logra huir y con papeles falsos que le consigue una amiga se pone a trabajar como enfermera en un hospital de la Cruz Roja. Ahí conocer a Werner Vetter, nazi convencido y racista, pero que se enamora de tal manera de Edith que, abandona sus ideales y a su esposa para casarse con la judía y seguir protegiéndola de un régimen que busca exterminarla.

                                             Werner Vetter

Los Vetter tienen una hija, Angelika. Werner es llamado a filas y se convierte en oficial (de ahí el título del libro). Al final de la guerra, Werner es hecho prisionero de los rusos. Edith comienza a trabajar para los Aliados y consigue la liberación de su marido, pero el intenso romance de guerra se desbarata. Warner vuelve con su primera esposa. Edith y Angelica se mudan a Londres. Edith vuelve a casarse. Cuando enviuda, emigra a Israel y ahí escribe su prodigiosa historia.

                                   Edith y Angelica

El libro es un éxito, pero incomoda. Se hace un documental sobre el en el 2003. En el 2011 se prepara una versión fílmica que contará con las actuaciones de Eva Green y de Thomas Kretschman en los roles principales, pero nunca se lleva a cabo. El tema está bien en un libro o un documental, pero un filme tiene más alcance, es más recordable y se teme que estas historias sean nocivas.

Por un lado, hay una censura moral en contra de este tipo de romances, por otro se teme a la perpetuación de un prejuicio muy en boga en la posguerra de que las judías que habían sobrevivido a los campos habían sido prostitutas de los nazis. Por último, se temía que mostrar el lado humano de los nazis disminuyese su crueldad colectiva y por ende la tragedia del Holocausto.

Por eso en los 80, la gran era de dramatizados sobre el Holocausto, las imágenes de judías y guardias nazis en campos de concentración serán de víctimas sumisas y cohibidas acosadas por monstruos brutales y poderosos. Así lo vimos en “Schindler’s List” (1993) y en “Sophie’s Choice” (1983).




Objetos Sexuales

 En la historia que abrió esa era dorada, “Holocausto” (1978). Meryl Streep interpreta a una alemana aria casada con un judío (James Woods) que es llevado a Buchenwald, cortesía de Müller, un nazi enamorado de Inga. Para salvar al marido, Inga debe acostarse con Müller. Esa era la visión de los nazis, abusadores de mujeres aun de las arias a las que convertían en objetos sexuales.



El consenso era que cualquier tipo de relación entre nazis y judía acababa mal y no podía estar basada en amor sino en Síndrome de Estocolmo como lo mostrara un día la infamosa y semi pornográfica “El portero de noche” (1974). En esa historia, Lucia (Charlotte Rampling), una dama de sociedad reconoce a un portero que le abre la puerta de un hotel de lujo. Se trata de Max Asolfer (Sir Dirk Bogarde) el oficial nazi que la violó y torturó en un campo de concentración. Lucia busca a su verdugo e inician un affaire sadomasoquista que acaba con la muerte de ambos.



Menos escabrosa era “Judith” (1966) basada en un cuento de Lawrence Durrell (el Larry de “The Durrels in Corfú”). Interpretada por Sophia Loren, Judith es una maestra judeo-alemana a la que la llegada del Tercer Reich solo trae desgracias. Su esposo ario la abandona llevándose a su hijo; sus padres son asesinados; ella es deportada a un campo de concentración donde es forzada a prostituirse.



Todo esto lo sabemos por boca de otros porque el filme inicia con Judith emigrando ilegalmente a Palestina en 1947. No es sionista, solo quiere un lugar donde vivir en paz y fundar su propia “república independiente de Judith”. Pero los nacientes servicios de espionaje israelí la necesitan para identificar a un general alemán que está adiestrando al ejército sirio. Se trata del ex marido de Judith.  Ella acepta, pero su agenda es propia. Quiere vengarse del marido y recuperar a su hijo.



El Caso del Buen Alemán

En la imaginación popular quedaba entonces inscrita que la relación nazi-judía, aparte de reprobable, tenía mal fin. ¿Pero qué pasaba con hombres que no aceptaban la ideología hitleriana?  ¿Eran tan nocivos como los nazis de corazón? Pues tampoco la ficción les reservaba finales que no fuesen trágicos. Eso lo vimos en una de las primeras epopeyas del Holocausto “El viaje de los malditos” (1976).

Malcolm McDowell interpreta a Max un camarero del malhadado St. Louis. No es nazi lo que es peligroso en un barco alemán donde la Gestapo ha infiltrado en la tripulación el equivalente a los comisarios soviéticos, vigilantes que deben evitar que los marinos se olviden que su cargo de refugiados judíos son enemigos del Reich.  De hecho, cuando un marinero se enfrenta al vigilante, acaba siendo arrojado al mar.

Max es más cuidadoso, pero su código moral le impide colaborar con los nazis lo que lo convierte en el hombre de confianza del recto Capitán Schroeder (Max von Sydow). Max es motivado también por el amor que nace entre él y Anna Rosen (Lynn Frederick), una pasajera judía. Cuando el filme llega a su momento más negro y ningún país de Occidente (incluyendo los de America Latina) acepta a los refugiados, Anna y Max hacen el amor y se unen en un pacto suicida. La moraleja es que aun con un buen alemán un romance de ese tipo debía acabar en tragedia.





Lo extraño es que en la vida real hay evidencias de que eso no era necesariamente cierto., Un ejemplo es Heinz Drossel. Hijo de antinazis, el joven abogado siempre se negó a tener tarjeta del Partido, prefiriendo servir en la Wehrmacht. Usando sus privilegios de oficial, Drossel comenzó ayudando a escapar a prisioneros rusos. En 1942, de permiso en Berlín, rescató a Marianne Hirschfeld que intentaba suicidarse como muchos judíos alemanes aterrados ante las deportaciones a Polonia que había comenzado en Alemania.

                              Heinz y sus padres antes de la llegada de Hitler al poder
                                              Heinz y Marianne

Desde entonces, Drossell aprovechó sus permisos para seguir rescatando judíos y mantener contacto con Marianne.  Después de la guerra, Drosell y Marianne se casaron. Hoy él tiene su arbolito en la Avenida de los Justos de Jerusalén, Pero lo que funcionó en la vida real no funcionaba en la ficción. Se temía a la relación de una judía con un representante del mundo nazi. Tenía que ser algo muy potente para poder ser aceptado y celebrado y ese fue el caso de El verano de mi soldado alemán de Bette Green.



Escrita en 1973 por una autora judía, precedió el nacimiento de los estudios del Holocausto y su efecto multimedia de fines de los 70. Tal vez por eso fue apreciada, a pesar de que Publisher Weekly describió el esfuerzo literario de Green como “valiente”. A pesar de que Greene escribiría una secuela “Morning is a Long Time Coming, y The Summer of My German Soldier se convertiría en 1978 en un filme para televisión, ese libro sigue siendo uno de los más prohibidos en las bibliotecas de USA debido al racismo de algunos personajes. Aunque es secreto a voces que la razón real es que representa lo peor de la sociedad estadounidense. Su personaje más altruista es un supuesto nazi.

Este relato sobre prejuicios en el Sur de Los 40 tiene como protagonista a la desdeñada Patty Bergen que a sus doce años ya sabe que su pueblo de Arkansas la desprecia por ser judía y sus padres la desprecian no sabe por qué, pero que ese desprecio se manifiesta en insultos y golpes por parte de su padre. Patty solo encuentra consuelo en otros aislados como ella: Ruth, su criada negra, y Anton, un joven alemán que ha huido de un campo de prisioneros cercano.



La historia acaba en tragedia. Antón es abatido por las balas del FBI, por haber ayudado al enemigo, Patty es enjuiciada y enviada un reformatorio. A pesar de que Antón es noble, desprendido y totalmente antinazi, la moraleja sigue siendo la misma. No se pueden mezclar agua y aceite. En realidad, hasta hoy, ese tipo de romance tiene mal fin. Por eso es por lo que el final de JoJo Rabbit es esperanzador, pero también por eso es por lo que “Un secreto bien guardado” es tan descabellada.

Salvando al Esposo Judío

¿Qué pasaba cuando se revertían los géneros?  ¿Había más esperanzas en el romance cuando era la chica la perteneciente al mundo ario?  En “La Ladrona de Libros” (2013) vimos un incipiente romance entre LIesel, la protagonista, y el chico judío que sus padres adoptivos ocultan en su hogar. Lo importante es que (al revés de JoJo Rabbit) Liesel no es nazi, sus padres eran comunistas, ella ha transgredido las órdenes del Fuhrer al rescatar libros de las hogueras nazis, puede convertirse en rescatista.



Meryl Streep se hizo famosa al interpretar a la devota esposa aria de un judío en “Holocausto”. Una mujer sencilla, sin estudios, que arriesga su visa para ayudar a su familia política y a su esposo. Inspirada por la homilía antinazi del Pastor Martin Nuemoller, Inga hasta sigue a su marido a los campos. Aunque Karl muere en Auschwitz. Inga y su hijo sobreviven Terezin.

                                 Boda de Inga y Karl

Esa evolución de Inga que no existe en “Un secreto Bien Guardado” también aparece en una de mis novelas favoritas La Casa de Christina de Ben Haas que perdí en Chile y he podido recuperar acá. A pesar de que fue escrita hace 40 años, es buenísima. Christa es una joven aristócrata en la Austria pre-Anchluss. Hay tres hombres interesados en ella: el novelista estadounidense Lan Condón; su vecino Robert que es nazi; y el millonario judío Joseph Steiner. En el espacio de nueve años, Christa se casará con Lan, será amante (por obligación) de Robert y se embarazará de Joseph.



No quiero contarles más porque es una gran novela, búsquenla y léanla. Está en Amazon en español y a bajo precio si la compran usada. Para los propósitos de esta nota, solo les cuento que Christa rechaza a Joseph cuando él es poderoso y pretende comprar su amor. Es durante la guerra, cuando debe ocultarlo y protegerlo, que se enamora de él. Y es que las mayores salvadoras de los judíos alemanes fueron sus esposas arias.



En “Forbidden” (1983), Jaqueline Bisset daba vida a la Condesa Nina von Halder. Se trataba de la historia real de una estudiante de veterinaria, antinazi y rescatista alemana, que se pasó la guerra ocultando a su amante, el novelista judío, Fritz Friedlander (Jürgen Prichnow), incluso teniendo un hijo con él. Ambos sobrevivieron la guerra y pudieron casarse.



Aunque el romance principal es ficticio, “Rossenstrasse” (2003) documenta la única protesta en suelo alemán en contra de la deportación de los judíos. En febrero de 1943, los esposos judíos de gente aria fueron arrestados y encerrados en un edificio de la Calle de las Rosas de Berlín. Por una semana, y a pesar del frio invernal, las esposas protestaron el arresto e inminente deportación de sus maridos. Al final de la semana, ellos fueron liberados.



El filme cuenta la historia de la Baronesa Lena von Essenbach, una pianista que es repudiada por su familia por haberse casado con el violinista judío Fabian Fischer. Después del arresto de Fabian, Lena se une a un grupo de mujeres (llegaron a ser mil pidiendo la libertad de 1,800 hombres) de diferentes edades, clases sociales y circunstancias, unidas por un propósito común.

En las protestas, Lena se hace cargo de la pequeña Ruth cuya madre también ha sido arrestada. La diferencia es que el padre ario de Ruth no levanta un dedo para ayudar ni a su mujer ni su hija. Lena y Fabian adoptan a Ruth. Años más tarde, Ruth (viuda de un judío) se opone al romance de su hija Hannah con un latino que no es judío. Solo cuando Hannah viaja Berlín a entrevistarse on Lena comprende el miedo de su madre de que en su hija se repita la historia de la abuela.

Se Exige Final Infeliz

El infame Código Hays insistía en que si había un romance entre blancos y gente de diferentes razas debía acabar en tragedia con uno de los participantes pagando con su vida su delito. Parecía que en el trope “Romeo y Julieta en el Tercer Reich “debería ocurrir lo mismo, e incluso relatos de la vida real no decían lo contrario.

En 1994, el cineasta alemán Ulf von Mechow produjo “La Judía y el Capitán”, un documental que lamentablemente es difícil de conseguir (está en Amazon Prime) y que no tuvo gran exposición en Estados Unidos donde fue presentada en el Festival de Cine de San Francisco en 1996. Subtitulada “Los Amantes de Minsk” se basa en entrevistas con Ilse Stein, una adolescente judía que fue enviada, junto a su familia, desde Alemania hasta el ghetto de Minsk, en Bielorrusia, en 1941. Su llegada coincidió con una “Liquidación” (léase exterminio) de gran parte de la población judía del ghetto. Necesitado de personal, su nuevo comandante Willy Schultz contrató a Ilse como secretaria.



Lo que hubiera podido ser un asunto sórdido, como lo ha relación Amón Goeth-Helen Hirsch en “La Lista de Schindler”,  se convirtió en un intenso romance a pesar de ser Schultz casado, a pesar de ser mucho mayor que Ilse que contaba solo 17 años, y a pesar de que la ideología nazi no permitía esos sentimientos hacia judíos. El romance sobrevive en fotografías de la pareja encontradas en los archivos de la KGB. Destaca una, tomada por Schultz, que nos muestra una Ilse cómoda y serena, como si no estuviese en un ghetto.



En la próxima liquidación, Schultz escondió a Ilse y a otra docena de judíos en un galpón para salvarlos. La actitud humanitaria del comandante no pasó desapercibida a ante sus superiores. Consciente de eso, Schulz elaboró un audaz plan de escape en el que, fingiendo llevar a 25 judíos (entre ellos Ilse y sus hermanas) en una expedición en busca de leña, se internó en un bosque donde liberó a los prisioneros, la mayoría de los cuales se unió a grupos resistentes locales. Schulz e Ilse continuaron hacia Moscú, un viaje de seis mees que Ilse consideraría los mejores de su vida, pero la llegada a territorio soviético no fue grata.

A pesar de que Schutz había sido condenado a muerte in absentia por los nazis, los rusos encerraron al oficial en un campo de “reeducación “en el cual murió de un ataque cardiaco (eufemismo estalinista para muerte bajo efectos de tortura) en 1944. La embarazada Ilse fue enviada a Siberia donde enfermó. Su hijito murió cuando tenía tres meses.

Ella confiesa en las entrevistas que dio en el documental que esa época fue peor que sus años en el ghetto. Eventualmente, Ilse se integró a la sociedad rusa, se casó y tuvo hijos, pero por sus palabras se deduce que su matrimonio con Arkady Joblenko fue por razones prácticas, y que el amor de su vida fue Willy Schultz.



Este romance (que me ha conmovido cien veces más que el superficial amorío de Amalia y Martin) fue muy admirado en la rusia del glasnost. El año pasado, Ellie Midwood (la del Auschwitz Syndrome) lo usó para su novela No Woman’s Land., pero de Midwood hablaremos en el próximo blog cuando lleguemos al Siglo XXI. Lo que sí creo es que el romance del ghetto de Minsk era conocido por Lauro Muñiz cuando escribió “Acuarela Do Brasil” (2000).



En esta miniserie, Daniela Escobar bajó diez kilos para interpretar a Bella Landau, judía rumana que es salvada de los campos de exterminio por el oficial alemán Axel Bauer. Axel deserta del ejército (tal como lo hizo Willy Schulz) y junto a Bella huyen a Brasil. Es 1943, Getulio Vargas ha declarado la guerra al Eje, Bella es admitida, Axel no. Nunca llegué a ver completa la serie, pero aparentemente Axel muere y Bella se queda en Brasil con otro amor.

Voy a detenerme aquí para no hacer más pesada esta lista. Para la próxima entrega hablaremos de cómo ha tratado el tema el Siglo XXI, de cómo se ha acoplado el trope al revisionismo histórico de las relaciones entre ocupantes alemanes y mujeres de los países ocupados, y como en estos últimos años, un par de filmes han intentado romper ese tabú de que nazis y judías si pueden tener un futuro juntos. ¡Hasta la próxima!

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

Recordando a Ricardo Blume (1933-2020): El primer galán de las telenovelas

 


Se fue en noviembre y con él se fue la elegancia. No es coincidencia que haya muerto casi simultáneamente con Sir Sean Connery, otro ejemplo de que un galán puede envejecer bello y digno. Ustedes lo conocieron como el suegro de Maria la del Barrio o como el padre de Marichuy en “Cuidado con el Ángel”, pero hoy no voy a hablar de esa etapa.


                    Con Maite Perroni en Cuidado con el ángel

Quiero hablar de Ricardo Blume, el primer galán (junto a José Bardina) intercontinental de la telenovela, cuando esta salía de los pañales y trataba de cruzar fronteras. En su Perú natal, a comienzos de los 60 se hace conocido como Santos Luzardo en “Doña Barbara” y Heathclieff en “Cumbres Borrascosas” dramatizados de las novelas de Rómulo Gallegos y Emily Bronte.

Sin embargo, será en 1969 que se haga conocer en toda America Latina, en su doble rol en “Simplemente Maria” Aunque la telenovela de Celia Alcántara ha visto la luz en la Argentina, será la versión peruana la que se exporte, la más célebre, y también en una época que las telenovelas duraban tres meses, la más longeva. Nos pasamos dos años contemplando a Maria Ramos (Saby Kamalich) pasar de madre soltera a nuera de madre soltera (Regina Alcover), a abuela de madre soltera (Gladys Rodríguez).



A Chile llega el ’71 junto con el Canal 9 que recién transmitía fuera de Santiago. Mi padre ve un capítulo y me la prohíbe. Supongo que tanta madre soltera lo habrá asustado. Es una tortura esa prohibición porque medio Chile la está viendo y comentando. Cada vez que mis padres desaparecen, las criadas y yo nos aglomeramos ante la tele a gozar de la novela. La vi así fragmentada, solo logré conocerla en su totalidad cuando Telemundo la repitió a fines de los 70.

Ha habido tantas versiones del cuento de la modista que se hace millonaria sin tener que casarse con un ricachón, y cual de todas más malas. Es por eso por lo que es difícil recordar los méritos e impacto de la original y Ricardo Blume es uno de sus grandes méritos.

       Los fans hasta tuvimos Simplemente María en revista

 Desde ese primer capítulo en que, como niño bienvenido a menos, y estudiante perpetuo de medicina seduce a la criadita recién bajada de la sierra que una sabe se encuentra ante otro tipo de galán. Roberto Caride es mucho más complejo que los héroes impolutos y sosos a los que nos tenían acostumbradas las telenovelas mexicanas y chilenas.

Roberto es un ser mas de carne y hueso, capaz de dejar que María lo mantenga (con promesa de matrimonio) hasta que se gradúe de la facultad de medicina para luego volver a abandonarla a ella y a su hijo. Sin embargo, sufrimos con Roberto cuando muere su esposa, la dulce Angelica (Inés Sánchez Alcorce). Roberto desaparece de la novela, pero Ricardo Blume reina en la segunda etapa como su hijo Antonio, el estudiante de leyes, que repite la historia del padre seduciendo y embarazando a su prima Ita (Regina Alcover).



El rol de Antonio, un joven despreocupado que debe luchar por superar los prejuicios de su madre y de su tía para casarse con Ita, el dolor de verla morir de parto y el rechazo de su hija, demuestra lo buen actor que era Ricardo, tanto que al otro lado del continente lo llaman. Tele sistemas mexicano (antecesor de Televisa) está en una etapa experimental trabajando con historias más largas y complejas y necesita de actores peritos.

 Antonio asiste a la boda de su madre con El Maestro

Ricardo Blume abandona su trabajo en la televisión peruana y de catedrático de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica que ha fundado, para ir a probar suerte en el país azteca. Suerte es palabra pequeña para el triunfo que le espera como el protagonista de “Muchacha italiana viene a casarse”.





Olvídense de la payasada que hicieron Livia Brito y José Ron-pope. Otra vez la versión Blume supera a la original hecha en Argentina. Fernanda Villeli y Marissa Garrido crean una adaptación gótica de los atormentados y codiciosos De Castro, encerrados en un palacete que parece La Casa de Usher, con criados más sombríos que la Mrs. Danvers de Rebecca y un protagonista egoísta, soberbio, capaz de meterse borracho en el cuarto de la criada (Angelica Maria) que lo chantajea, con intención de violarla.  Aqui el video donde Valeria inicia su chantaje



En los 70, no necesitábamos de Mr. Gray y sus sombras para amar a antihéroes violentos y perversos. Todo un público femenino del continente americano cae en las redes del, a veces infame, Juan Francisco de Castro, incluyéndome a mi recién entrada en la adolescencia. Mi pasión de treceañera era tal que hasta me veía “Plaza Sésamo” porque de vez en cuando aparecía Ricardo Blume enseñándole a contar a los niños.



Él; éxito de “Muchacha Italiana” fue tan grande que hubo que hacerle una secuela. Algo inaudito en las telenovelas de entonces. Lo que comenzó en 1971, acabó en 1973. Entremedio, Ricardo Blume hizo roles menores en “El Carruaje”, una producción histórica de Don Ernesto Alonso y como Leonard en “Las Fieras” (1972).

En esta última, una de las cien versiones de Madame X, Raquel Olmedo, pierde su familia, su honor y su libertad al ser acusada de haber tenido amores y haber asesinado a un casanova parisino (Blume). Lo que nadie sabe es que Leonard vive, pero ha abandonado su vida de vicios para convertirse en misionero en la India.



Acabada “Muchacha Italiana” Ricardo Blume de 40 años está en la cúspide de su fama y Televisa lo vuelve a poner de galán en otra historia de Fernanda Villeli y Marissa Garrido. “Entre Brumas “tiene lugar en la campiña inglesa donde regresa Paul Anderson (Ricardo Blume), un hombre que se debate entre el amor de dos mujeres: Linda (Rita Macedo), la esposa que lo ha comprado y Deborah (Chela Castro), su amor de juventud. Las autoras decidieron que no iban a malgastar a Ricardo Blume con dos maduronas, e interpusieron a otra mujer, la adolescente Doris (Macaria) quien es la que se queda al final con Paul.

El próximo proyecto de Ricardo Blume no sería tan oscuro, pero le acarrearía mas fama de la que tenía. En 1974 se convierte en galán de un nuevo género, el infantil con “Mundo de juguete” versión mexicana de la reconocida novela argentina “Papá Corazón”. Esta telenovela duraría (debido a su éxito) tres años y vería al actor-Galán evolucionar de padre viudo, a esposo de ex monja (Irma Lozano), y papá de tres hijos.


        Mariano y su boda con la Hermana Rosario

Acabada esta serie, Ricardo Blume se aboca a un proyecto muy querido para él, pero esta vez en la faceta de director. Se trataba de “El Cielo es para todos”, la biopia de San Martin de Torres y situada en Perú Colonial. . Interpretado por el guionista René Muñoz, el santo de los esclavos negros era un héroe de un drama de época con modernas alusiones al racismo que repercuten hasta hoy.

En Televisa, todavía le veían madera de galán a Ricardo Blume, y acercándose este a medio siglo de vida lo involucran en un romance ficticio con la mucho más joven, y recién llegada a la empresa, Christian Bach. En “Verónica”, Julissa interpreta a una maestra solterona en un colegio de señoritas que se enamora de su colega (Blume) pero debe peleárselo a una alumna (Bach) que hasta consigue casarse con él. Algunos recordarán la versión, bastante decente de 1998, “sin Ti” donde el triángulo amoroso fue interpretado por Gabriela Rivero-Rene Strickler-Adamari López.

           Con Christian Bach en "Verónica"

Tras esta telenovela, Ricardo Blume se semi retira, apareciendo de vez en cuando en telenovelas infantiles para convertirse en los 90 en un actor de carácter y viejo bello que conocerían ustedes. ¿Cuáles fueron mis roles favoritos de esta etapa? Los de época, sin duda. El justiciero abogado Ruy Coronado luchando contra el racismo de la California del Lejano Oeste en “Ramona”, y el General Hilario Peñalver, cuyos principios son pisoteados por los enredos de su hija (Adela Noriega) lo que lo lleva a un fatal al infarto en “Amor Real”.

Aquí detengo esta semblanza que tantos recuerdos gratos me ha traído. Muchas publicaciones han homenajeado a Ricardo Blume desde que se anunció su muerte, pero ninguna lo ha recordado en su momento mas triunfal: su etapa de gran galán de la telenovela. Espero haber reparado ese yerro. ¿Soy la única que lo recuerda de esos tiempos?