martes, 21 de abril de 2020

Una Noche de Pesadilla: Babylon Berlin 3x08



En el bosque donde Wendt acostumbra a cabalgar de mañana, se encuentra a Fritz esperándolo. Richard le cuenta del careo con Greta. Aunque lo han soltado ya saben su nombre y querrán conocer a sus cómplices eso incluye a Wendt. El Oberst se da cuenta de que está siendo extorsionado. Tras asegurarse de que nadie más conoce los planes del chantajista, Wendt lo ultima de dos balazos y arroja el cadáver al rio.

En un elegante restaurant, Marie Louise Seeger ha sido plantada por el invisible, pero poco confiable, Ozkar. Se dispone a marcharse cuando la detiene Wendt que la invita a almorzar. Malú acepta y pide un vodka con soda y un tártaro de cerdo. La conversación es lo que ya debemos esperar una mezcla de arrogancia, e ironía defensiva de parte de ambos. Wendt ha quedado impresionado por la charla de Nyssen y quiere conocer la opinión de Fraulein Seeger. Aunque la está utilizando, se nota que respeta su intelecto.

Malú le dice más o menos lo que dijo Nyssen, la economía germana esta desahuciada. El abuso de la especulación llevará a muchos a la ruina y reventará la bolsa. La joven se sorprende que Wendt no esté alarmado ante el panorama. Él se confiesa “inmune”. La especulación es invención de los judíos y él no cae en esas trampas.

Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero estoy shipeando rabiosamente a este par. No sé cuál es el juego de Malú. Si se siente Mata Hari y busca información, si es un caso de polos opuestos que se atraen, pero que la halaga la atención de Wendt es evidente y ya le dijo a su hermana que lo consideraba atractivo. Igual, es un juego muy peligroso.

Tras esta conversación, Wendt llama a Nyssen, le dice que convencerá al círculo que confíen nuevamente en el industrial y que lo ayuden en su conspiración económica. Lo único es que el Oberst exige de Nyssen que ponga 100 millones de marcos en la mesa. Nyssen solo tiene ocho millones en su poder. Wendt le recomienda pedírselos a su madre.

Han llevado a Gereon y a Walter Weintraub al hospital. El gánster esta inconsciente, el policía, aunque con el rostro vendado y varias costillas rotas, está bien. Lotte lo visita y le cuenta que Weintraub está vivo, pero Vera fue enterrada esa mañana. Vemos flashbacks de Lotte y Toni en el funeral.

Helga anda por la calle. Su mirada cae en un cartel que solicita que se despenalice el aborto. Eso la empuja a visitar a Gereon se lo encuentra con Charlotte. La pobre detective se muere de vergüenza y tras presentarse, huye. Helga es un poco altiva con Lotte, pero su arrogancia desaparece cuando ve que Gereon no está nada de contento de verla.

“¿Quién es?” le pregunta su cuñado.  Quiere saber quién es ese desconocido que la mantiene con tanto lujo. Helga es torpe. Primero se niega a darle el nombre. Luego trata de distraerlo con “es un amigo. alguien sin importancia”. De pronto le suelta que está embarazada.
“¿Quién es el padre del bebé?” pregunta Gereon.

Helga se escandaliza,  “siempre te he sido fiel”
“Eso mismo creía Anno” responde Gereon. Helga sale corriendo.

Lotte lleva a Ilse al oculista. Ha conseguido la mitad del pago de la operación. El pedante y aprovechado médico dice que eso es solo para “hacerles un cupo” en su lista de pacientes. Los nervios vencen a Ilse que se desmaya. La enfermera le da a Lotte la dirección de un médico que operará a Ilse por la mitad de lo que exige su patrón.

El caso Greta va muy apurado. Se ha acordado una fecha para su ejecución, en menos de una semana. Greta se entera que tiene nuevo abogado.

En la pensión de Frau Elisabeth, Katelbach todavía oculto recibe una citación de la policía política. Se le acusa de traición a raíz del artículo que el Tempo ha publicado.

En el Bosque de Grunewald, los Hitlerjugend animan a Moritz a cazar un venado. El chico no se atreve, lo que lo convierte en un hazmerreir del grupo. Harto de la cantinela “Bambi, Bambi”, se lanza sobre su camarada y casi lo mata a golpes. 

Son separados por Horst quien, en vez de castigarlos, les hace ver que no deben pelear, que están unidos por su sangre aria y su devoción por el Fuhrer. Deben guardar sus energías para luchar en contra de sus muchos enemigos. Los hace jurar sobre la bandera nazi  y hacer las paces. Conmovidos por el discurso, los chicos obedecen.

Toni sigue su andar errante por Berlín. Llega hasta un campamento de desamparados que están cocinando ratas (¿por qué no se van al Grunewald a cazar ciervos?)  Le ofrecen un bocado. “no, gracias. No tengo hambre” responde la niña.  “Tienes suerte” le dicen. Pero es que no solo de pan viven las niñas y Toni tiene hambre de cariño, compañía, atención.

Comienza a llover, falta para que llegue Lotte. Toni se guarece bajo la cornisa del bar. Llega un individuo de mala catadura y desdentado. Es Peter, un vecino del antiguo barrio. Invita a Toni a cenar, el paga. Van a un restaurante cercano. Peter le cuenta que conoce un caballero que necesita de una lectora. Tras asegurarse de que paga bien, Toni acepta el empleo. Ve llegar a su hermana y va a su encuentro.

Ni Toni le cuenta a Lotte sobre su posible empleo, ni Lotte está muy para charlas. Lleva a su hermanita a ver el último filme que Betty Winter rodara antes de ser asesinada. Solo le pide que si ve a Ilse le diga que ya tiene el dinero para la operación.

Esa noche será muy agitada para todos los personajes. En su celda, Greta decide confiar en su compañera. Le dice que ha hecho mucho daño y que mintió al decir que fue empujada a matar a Benda por los comunistas. Stalina baja la guardia y le pregunta por qué lo hizo. Geta le suplica que le dé un abrazo.  Aunque todavía no confía en ella, la doctora lo hace. Es una escena magnifica. Greta la abraza hambrienta de calor humano, Stalina está tiesa con los brazos estirados. 


Solo la abraza cuando la pelirroja lesusurra que amenazaron con matar a su hijito. No importa que Greta se niegue a decir quiénes son los que la amenazan, saber que la falsa confesión fue motivada por miedo de madre exonera a la pelirroja.

Por otro lado, Helga vagabundea por los bajos fondos. Se tropieza con prostitutas de todos los tipos y con sus clientes que la acusan. Se acerca una profesional que busca clientes en un mini ajustado enagua y en avanzado estado de gestación (Las prostitutas embarazadas eran muy solicitadas en la Alemania de aquel entonces que, como el burdel de Meñique, atendía todos los gustos).

La preñada le da una dirección a Frau Rath que acaba en casa de la vecina de Lotte. Ahora sabemos a qué se dedica. Helga no está segura de querer un aborto. La comadrona le sirve una taza de hipericón para los nervios y se sienta con ella a decidir la mejor solución.

Lotte va al Luxor, donde Vera le había contado que si era “tolerante” pagaban bien por la noche. La recibe un travesti con facha de payaso, la lleva a un vestuario donde hay un traje esperándola, una combinación de lingerie sexy y de uniforme de poilu (soldado francés de la gran guerra). Se trata de un cuadro plástico requerido por un general voyeur.

Lotte es sentada/atada en una silla en medio de una pista. No ve al voyeur, tiene los ojos vendados, pero escucha al travesti que es el narrador. Así se entera que ella es una espía francesa que ha sido capturada por los alemanes.

Entran hombres uniformados que marchan al unísono. Lotte no los ve, pero siente el pisar de sus botas de charol. Le caen encima como la Manada. Por suerte nos muestran lo mínimo. Corte al final de la noche en que Lotte con el rostro lloroso, el rímel corrido, pero vestida se marcha.

En casa de los Kasabian, Esther intenta convencer al marido que Walter Weintraub no es un traidor. No puede ser el Fantasma. Le recuerda al Armenio cuando se decidió con un volado cuál de los dos gánsteres purgaría cárcel. Le tocó a Walter, pero Esther le muestra a Edgar la moneda que su socio usó. Tiene dos caras iguales. El Armenio entra en sospechas. ¿Por qué su mujer tiene esa moneda?

Esa noche, Gereon sufre una pesadilla, está en el hospital, pero hay un apagón. Se levanta y camina asustado por los pasillos. Ve sombras, siente que lo siguen. Despierta sobresaltado y se encuentra al Armenio en su cuarto. Edgard quiere saber si la policía está segura de que Walter es El Fantasma. “¿Por qué te cuesta tanto creerlo?” pregunta Rath.

Edgard se retira, antes le pregunta a Gereon como la está pasando. “Supe que tu esposa te abandonó” “No es mi esposa” responde secamente el inspector. Vuelve la luz. Gereon se da cuenta que la visita del gánster no fue fortuita. Se levanta y corre, sujetándose la costilla rota, por las escaleras. Encuentra a los guardias en el cuarto de Weintraub, atados y amordazados. El paciente ha desaparecido.

El Armenio lleva a su socio al único médico en Berlín. A punta de electroshocks, Schmidt consigue que Weintraub vuelva a hablar.. El gánster revela su inocencia. El Fantasma lo golpeó y le puso su ropa antes de aventarlo junto a Vera. Parece que Edgard le cree, pero Walter comete el error de revelarle sus sentimientos por Esther.

Edgard llega a su casa y sorprende a su mujer en penumbras. “¿Lo amas?”  pregunta. Esther llora. Enfurecido, el Armenio lanza el fonógrafo por la ventana. Ahí ve que entran autos policiales a su propiedad. Traen órdenes de cateo, vienen a arrestarlo por el secuestro de Walter Weintraub.

martes, 14 de abril de 2020

Babylon Berlin 3x07 : ¿Es Weintraub El Fantasma?



El peor capítulo de la temporada. Por un lado, el caso Greta que nos hace sentir que todo saldrá mal y no habrá triunfos de justicia. Por otro, un apuro en resolver el crimen de Betty Winter que recuerda la prisa con la que Weiss&Benioff despacharon el cuento del Rey de la Noche y Los Caminantes Blancos.

Antes que Lotte informe a Gereon de sus sospechas sobre Weintraub, Ulrich ha encontrado un cabello dentro del camafeo de Tilly Brooks. Lo coteja con una muestra capilar que tomó de Walter al salir este de la cárcel. El envidioso diabético burlescamente anima a los policías a ir a captura a su presa y a hacerse famosos.

No sé, pero no me cuadra lo de Weintraub. ¿Por qué iba a autosabotearse? Y ya sabemos que el rato en que no estuvo con Vera lo uso para desenterrar el saco de dinero en el Grunewald. ¿Además, para que puso a todos esos guardaespaldas en el set? ¿Para poder matarlos?


Estando en el vestuario, Vera es atacada por el Fantasma que mata al guardaespaldas y la apuñala en un hombro. La chica logra herirlo con unas tijeras. Entra Gereon y todos huyen. Vera es perseguida por El Fantasma que es perseguido por el policía. Vera logra escalar hasta las tramoyas.


La persecución continua en las afueras del set. En la oscuridad de la noche, pasan situaciones inverosímiles (a punto de atrapar al criminal, el policía es golpeado por una puerta) hasta que como en película de Argento, caemos em el gore, y el Fantasma impala a Rath (por la boca) en un asta que sobresale del edificio.

En el plató ven que por las tramoyas se arrastra Vera que se desangra. Solo Lotte sube a socorrerla. Los demás se convierten en una galería de espectadores. Aparece El Fantasma. Lotte se le enfrenta armada solo de palabras. ¿Me van a decir que una policía, por muy asistente que sea, no va armada? ¿Me van a decir que los Fanboy no portan revólveres? ¿Que el único que tiene una pistola está colgando afuera y del palo de la bandera?

El Fantasma arroja a Lotte por sobre la barda. Ella alcanza a engancharse de una cadena y queda colgando como Salma Hayek en “Once Upon a Time in México”. No alcanza a aguantar mucho y cae al vacío, pero es recibida por los brazos de sus fans como si fuera Shakira.


El Fantasma coge a Vera desmayada y la arrastra hasta la terraza desde donde salta con ella, caen en un vagón de basura y ruedan por el suelo. Lotte los encuentra. Weintraub inconsciente y Vera muerta. Lotte llora a su amiga y en eso aparece un Gereon tambaleante.


Antes de eso tuvimos otro frustrante episodio de los últimos días de Greta. Gereon va a los establos, y a pesar de la presencia de un grupo de nazis (esta gentuza solo era valiente en grupos), arresta a Fritz. Ha conseguido convencer a Zorgiebel de traer a Greta para un careo con Fritz.La escena es terrible. Fritz se aterroriza al ver a su ex. Greta se echa a llorar, pero insiste en que no lo conoce. Todo ha sido en vano. Fritz sale libre.

Descubrimos al “doctor loco “de Nyssen. Me lo sospechaba, es Anno Schmidt.

Nyssen ha reunido a representantes de la derecha y del alto mundo de las finanzas para exponer su teoría sobre el próximo colapso de la economía alemana. Se explaya demasiado, gesticula dramáticamente, no le creen y menos cuando solicita de gente como Wendt una suma exorbitante para ayudar a crear un caos económico y llenarse los bolsillos. Se marchan indignados.

Me da pena la pobrecita Toni. Después de clases no tiene nada que hacer. Sin un cuarto donde estar, se la pasa vagabundeando por ahí. A veces va donde su compañera Renate, pero ese día Renate no esta y la madre (la vecina de las cartas) está ocupada con “clientas” (ya en el próximo cap. sabremos qué tipo de clientas).

Toni deambula por las calles y se tropieza con Krajewski (el drogadicto de las otras temporadas0. Parece estar “limpio” y ahora se dedica a vender mascotas. Toni admira unas palomas, pero son muy caras. Le pide que se las guarde. Espero el próximo episodio sea mejor.



jueves, 9 de abril de 2020

The Plot Against America: La Serie de HBO no es un Reflejo de Nuestros Tiempos



Aunque vi la adaptación de la novela alternativa de Philip Roth con muchos reparos, la miniserie me aportó dos nuevas sorpresas, ninguna muy grata. Primer problema— me lo corroboró el Gatito Memo—los primeros capítulos son lentos y aburridos. La otra sorpresa ha sido la campaña del mercadeo. HBO y sus fan-críticos, venden la serie haciendo hincapié en falsos paralelismos entre su trama y la situación política actual en los Estados Unidos.

Érase una vez…en Newark
Para quienes no hayan visto la serie ni leído el libro, esta es una ucronía que especula que hubiese sucedido si Charles Lindbergh, el héroe de la aviación, hubiese vencido a Franklin Delano Roosevelt en las elecciones de 1940. Lindbergh, que en la vida real era antisemita y simpatizaba con los nazis (Hitler le dio una medallita), sigue una política de acercamiento con Alemania, empodera a los nazis locales e inicia una agresiva campaña antisemita.

Estos sucesos son vividos y vistos desde la perspectiva de Philip Levine (Azhy Robinson), un niño de nueve años que es el alter ego del autor. Philip vive en un barrio (predominantemente judío) en Newark, Nueva Jersey. Sus padres Hermann (Morgan Spector) y Bess (Zoe Kazan, nieta de Elia Kazan) son hijos de inmigrantes del Old Country, pero nacidos en USA.

Hermann, un próspero vendedor de seguros, nunca ha experimentado antisemitismo. Bess si—una variedad sutil—cuando fue la única alumna judía en su escuela de Elizabeth. Esto la hace más perspicaz que el marido a espacios peligrosos para los judíos. Cuando Hermann quiere comprar una casa más grande en Unión City, Bess se rehúsa puesto que nota que habrá nazis en el nuevo barrio.

Philip es demasiado pequeño para entender los peligros que lo acechan. Sus preguntas no son bien respondidas ni por su padre ni por Sandy (Caleb Malis), su hermano mayor, un talentoso dibujante que admira a Lindbergh. Philip tampoco entiende las rebeldías de su primo Alvin (Anthony Boyle) o la frustración de su tía Evelyn (Winona Ryder, exquisita en su primer rol de judía) que va camino a solterona mientras sostiene amores clandestinos con un italiano casado.

Ese primer episodio nos presenta a cada miembro de la familia, su función en su entorno, sus sueños y desafíos. Bess se preocupa por su hermana y a la vez la preocupa su madre que está entrando en la demencia. Herman quiere ser un americano más, que ama el beisbol y su país, pero no es ciego a las amenazas que se ciernen sobre su familia por el solo hecho de ser judíos. La amenaza la encierra la candidatura de Lindbergh a la presidencia y el auge de una forma de nazismo local que en la costa Noratlántica se conoce como el Bund (había otras organizaciones fascistas en USA como los Camisas Plateadas que operaban en ambos lados de la frontera con México)

David Simon, creador de “The Wire”, ha sabido componer una magnifica atmósfera de los 40, completa con vestuario de entonces (el de Winona es el más llamativo), con música de swing como banda sonora, con una iluminación difusa. Incluso los retratos antiguos que cuelgan en las paredes de la casa de los Levine son de los abuelos de Simón quien también se encargó de enseñarles a los actores como hablar con acento yiddish como hasta hoy hablan muchos abuelos judíos aquí en Nueva York.

Aun así, el primer capítulo se me hizo largo y latigudo. Solo me desperté cuando Alvin y sus amigos se fueron a darle una tunda a unos nazis que habían apaleado a un amigo. Con la excepción de Evelyn, y un poco Bess, los personajes no me atraparon. Es que sentía presenciar algo muy visto, muy reconocible.

Los Levine parecían escapados de alguna nostalgia de Woody Allen, de alguna pieza de Neil Simon, de algún relato de Mordechai Richtler. La Tía Evelyn se parecía la tía Bea (Diane Weist) en “Radio Days” o la tía Blanche (Judith Avey) de “Brighton Beach Memoirs”.  Y todos esos diálogos tan cliché, “eso no va a pasar aquí”, “este es nuestro país” sonaban tan sacados de la fórmula del cine del Holocausto.
Las tías judías


Después de leer las críticas, me di cuenta de que esta serie no va dirigida a los judíos, ni siquiera a mi generación. Por eso es por lo que se pueden reflotar clichés y estereotipos positivos porque hace como veinte años que no lo hacían y los Z de todos los colores tienen que aprender que no todos los judíos son tan nocivos como Harvey Weinstein, el “suicidado” Jeffrey Epstein, y Weiss&Benioff.

Es agradable ver a la Gran Familia Judía compartir cosa típicas como la mesa de Sabbath, y hablar de Joe Di Maggio, tras hacer la bendición sobre las challot (el pan trenzado) y el vino. Se siente nostálgico, a pesar de que tengan la radio prendida, eso sí con swing judío (Benny Goodman y Artie Shaw).

Fuera bromas, es importante mostrar que el mundo judío tradicional (sin ser ultraortodoxo) está unido por su fe, sus tradiciones y sus valores domésticos. Y como la persecución religiosa y las divisiones políticas pueden destabilizar a una familia.

Hubo solo dos cosa que me incomodaron. La primera es la única aparición de un ultraortodoxo en el primer episodio. Cuando Bess enciende las velas del Sabbath, (y todavía no ha oscurecido) aparece en su puerta un jasid (con los bucles trenzados propios de su secta) y solicita una contribución para establecer “un estado judío en Palestina.”

Esto es inclusión de Simon, no aparece en la novela. Si entonces los jasidim iban de puerta en puerta con sus pushkas (alcancías), erar para recolectar fondos para alguna institución (alguna yeshivá, un orfanato) no para crear el estado de Israel. Los judíos ultraortodoxos y los jasídicos creían (y algunos creen hasta hoy) que la patria judía solo puede fundarla el Mesías. Israel nació gracias a los esfuerzos de los judíos sionistas que básicamente eran socialistas y laicos.

Mi segundo reparo es lo poco que se comenta de la situación de los judíos en Alemania (o en Italia donde se llevaba dos años de leyes raciales). Cuando Philip pregunta qué es ese “hogar en Palestina” por el que el jasid pedía tzedaka, su padre se apresura en explicarle que se trata de un país para los refugiados alemanes. No es para los judíos estadounidenses puesto que ellos ya tienen un país. 

Luego, el patrón de Alvin comenta que hace dos años no sabe nada de sus parientes en Alemania. Eso es todo. Es como si el antisemitismo de Lindbergh y del Bund naciera súbitamente y sin motivación.
Para el final dejo lo mejor, la alusión al aniversario del St Louis el barco que anduvo, como los cruceros en tiempos de coronavirus, de puerto en puerto sin que nadie lo dejase anclar. El St Louis portaba un virus diferente: refugiados judíos.

Hablar del St. Louis seria hablar de como la administración Roosevelt negó el permiso al navío de bajar a sus pasajeros en tierra estadounidense. La serie desesperadamente evita hablar de nada que pueda ensuciar esa imagen de la America de Roosevelt como un paraíso para los judíos, porque eso quitaría poder a las noveles medidas antisemitas de la administración Lindbergh.

Lindbergh vs Trump
He dicho que dos cosas me sorprendieron de la adaptación de “The Plot Against America”. La segunda es el modo en que la han vendido. Tanto importantes medios como blogs y sitios webs dedicados a la crítica televisiva han hecho alusión al momento presente sacando semejanzas de donde no las hay. Estos son algunos titulares: “HBO’s Terrific The Plot Against America Hits Close to Home (Vanity Fair); “The Plot Against America has a Powerful Warning” (The New Republic); “Can it Happen Here? (New York Times); “The Plot Against America” Has a Strong Trump Parallel” (France24) etc.

Cuando Philip Roth escribió su libro en el 2004, se le preguntó si era una crítica del gobierno de George W. Bush y el autor lo negó calurosamente. Sería irónico que el libro tratase sobre un presidente que ha sido elegido por prometer que impedirá que los judíos lleven al país a la guerra cuando en la realidad al presidente Bush se le acusaba de ir a la guerra (Irak) empujado por los intereses sionistas de sus asesores.
Philip Roth recibiendo un galardón de Obama

HBO ha tenido en sus manos el manuscrito de Roth por casi una década, pero David Simon se negó a adaptarlo en días de Obama, puesto que le parecía contraproducente hacerlo en tiempos de un presidente tan liberal como Barak Hussein. Como casi todos los judíos seglares y progresistas, Simon creía en el liberalismo obamaniano.
David Simon

 Según relató al Times of Israel ,  su actitud cambió con la llegada al poder de Donald Trump, a pesar de que Roth, quien se pasó los últimos años de su vida ayudándolo a adaptar su obra, le recordó a Simon que había muchas diferencias entre el nuevo presidente y Lindbergh. “Trump es un estafador, Lindbergh era un héroe”. Con lo que quiso decir que si Lindbergh hubiese llegado a la presidencia hubiese tenido más poder sobre las masas que Trump. Ya vemos que los judíos en la obra desde Sandy el hermano del pequeño Philip hasta su tío político el Rabino Bengelsdorf(John Turturro) idolatran a quien apodaban “El Águila Solitaria”.

Donald Trump ha sido una figura mediática, conocida y celebrada por sus hazañas empresariales, por su chutzpah, por su fama de jet setter y mujeriego. Lindbergh era un héroe de la aviación, admirado por su valiente vuelo trasatlántico, un hombre de familia (hasta que se descubrió lo de su casa chica en Alemania) marcado por la tragedia del secuestro y asesinato de su hijito.
Lindbergh y el Espiritu del St. Louis

Lindbergh era un ídolo, un santo para las masas de estadounidenses. Trump ha cometido errores que afectan a toda la nación y si es apoyado es porque sus seguidores les tienen demasiado miedo o desconfianza a los demócratas. Por otro lado—y sería una ingrata al olvidarlo— desde Abraham Lincoln, que no había en USA un presidente tan filosemita. Que Trump se rodea de gente extremista y juedeofoba, no borra sus medidas pro-Israel ni el hecho de que su yerno, nietos e hija favorita sean judíos practicantes. Por eso establecer paralelismos entre novela y momento actual es un absurdo.

Es cierto que existe un auge de antisemitismo en Estados Unidos, pero no es culpa de Trump. El antisemitismo gringo existe desde que, en el siglo XVII, Peter Stuyvesant, gobernador de Nueva Ámsterdam (la actual New York), calificó al puñado de judíos portugueses que se habían establecido en su territorio de ser “embusteros, repugnantes y blasfemos”.  En cada siglo, en cada década, el antisemitismo ha aflorado en la Unión Americana, pero por diversas razones.

De acuerdo con Jaques Berlinerbrau en su reseña de la serie en Literary Hub, Roth estaba inspirándose en un tipo de antisemita, blanco y cristiano, que existía en el Estados Unidos de los 30 y 40. Charles Lindbergh era uno de ellos. Lindy creía que los judíos pertenecían a una raza inferior y que representaban un peligro. En el caso de Alemania, aplaudía las medidas nazis que limitaban el control que, según él, ejercían los judíos sobre la sociedad alemana.
Lindbergh recibiendo un regalo de Goering

Los críticos de la serie han comparado el aislacionismo de Lindbergh con el de Trump, pero son incomparables. El aislacionismo del aviador no nacía de un percepción de que USA no necesitaba de otros países u organizaciones, sino de un pacifismo que buscaba evitar que el país se involucrase en ‘guerras extranjeras”. Si miramos la historia del Siglo XXI, es una postura que han adoptado la mayoría de los demócratas estadounidenses.

Nace America First
Durante la Gran Depresión los estudiantes de importantes universidades a través de la nación eran ardientes pacifistas. Por eso esta organización conocida como America First nació en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale. America First originalmente era un grupo que apoyaba la no-intervención y contaba como miembros a gente respetable como la actriz Lilian Gish, el arquitecto Frank Lloyd Wright, el diplomático Andrew Sergeant Shriver y dos jóvenes que acabarían en la Casa Blanca Gerald Ford y John F. Kennedy.

En menos de dos años, America First alcanzó 800.000 miembros, convirtiéndose en la organización aislacionista más grande de USA. Subvencionada por varios millonarios, también miembros, su mayor portavoz era Charles Lindbergh quien viajaba de un al otro extremo de la nación con su mensaje pacifista, mensaje que con el tiempo fue adquiriendo tonalidades fascistoides y antisemitas. Un ejemplo que nos muestra “Plot Against America” es el discurso dado en Des Moines, Iowa, donde acusó de empujar al país a la guerra a tres actores: Gran Bretaña, Los Judíos, y la Administración Roosevelt.

En enero de 1941, Lindbergh se presentó ante el senado para “sugerir” que Estados Unidos negociase un pacto de neutralidad con Alemania. Exasperado, Roosevelt lo atacó frontalmente y Lindbergh renunció a su rango de coronel de la reserva de la USAF (retornó durante la guerra y en 1954, Eisenhower lo nombró brigadier general).

En diciembre de 1941, tres días después de Pearl Harbor, America First fue desbandada, pero regresó en 1944 como un nuevo partido político. Irónicamente fue ese año cuando este novel partido quiso nominar a Charles Lindbergh, entonces sirviendo en la fuerza aérea en el Pacifico, como candidato. A raíz de la serie de HBO, Slate interrogó a cuatro reconocidos historiadores sobre las probabilidades de que Charles Lindbergh se hubiese convertido en presidente de los Estados Unidos. Todos dijeron que hubiese sido imposible.
Caricatura del America First

Se ha comparado The Plot Against America de Philip Roth con The Man in the High Castle de Philip H. Dick. En la novela de Dick, Roosevelt es asesinado en 1934. Su vicepresidente John Nance Garner, un tejano sin la conciencia social y liberal de FDR no consigue sacar al país de la Depresión. Al final, un Estados Unidos debilitado es invadió por japoneses y alemanes.

Este escenario no existía en 1940. Era una elección prácticamente ganada por FDR, su contrincante era débil y a pesar de la pujante militancia del America First, los intervencionistas seguían siendo mayoría, incluso entre los jóvenes. Roth nos describe al joven Alvin primo del pequeño Philip quien se enrola en el ejercito canadiense “para matar Nazis” y pierde una pierna. En la vida real eso es lo que le sucedió a Chuck Bolte, que recién graduado de Darmouth, se alistó en el ejercito canadiense y perdió una pierna en El Alamein.
Una última palabra sobre el antisemitismo de Estados Unidos en vísperas de Pearl Harbor. Fue un fenómeno tan fuerte que necesitaré de otro artículo para describirlo. Pero para que quede claro de porque no se parece al de hoy, debemos volver a ese arquetipo al que temía Roth, el hombre blanco y cristiano. A pesar de que los judíos seguimos, siendo el objetivo de neonazis y otros supremacistas, y de muchas iglesias fundamentalistas (exceptuando a Cristianos Sionistas), el perfil del antisemita estadounidense ha variado.

El Nuevo Antisemitismo
Hoy el antisemitismo es esgrimido por grupos radicales desde islamistas hasta feministas. Por primera vez los demócratas más progresistas ven con malos ojos a los judíos sea por su apoyo a Israel, o porque su religión y estilo de vida chocan con valores “progres”. En “Plot Against America” el Rabino Bengelsdorff se ufana de haber convencido a Lindbergh de la lealtad de los judíos y de “su americanismo”.

Hoy el mundo progresista ve en los judíos sionistas y en los no asimilados (léase los que se adhieren al judaísmo ortodoxo) como “traidores”. Tristemente es una postura que adoptan las figuras públicas judías (léase Bernie Sanders) y son estas figuras totalmente asimiladas los únicos judíos digestibles para la progresía.

He dejado para el final al nuevo antisemita que ya no es blanco. Una ironía es que la campaña por los derechos civiles fue el momento más armónico en la historia americana de negros y judíos.  Durante el auge de ese movimiento hubo ataques del Klan en contra de sinagogas y asesinatos de activistas judíos como Michael Schwerner y Andrew Goodman cuando intentaban ayudar a la población de color en las votaciones de 1965, en Mississippi. El Dr. Martin Luther King tuvo entre sus colaboradores a rabinos como Joshua Herschel quien estaba junto a él en la icónica marcha en Selma en 1965.
Dr. King entre rabinos

Tras el asesinato del Dr. King y el florecimiento del nacionalismo negro (vinculado al islam) esa armonía se quebró. Movimientos supremacistas de color, desde los Black Israelites hasta la Nación del Islam del Reverendo Farrakhan, han fomentado rechazo y rencor antisemitas en segmentos de la población afroamericana. Hoy en día se considera a los judíos como otra rama de la población “blanca” (¿qué diría el Fuhrer?) y por lo tanto enemigos de la gente de color.


Louis Farrahkhan

 Lo vemos tanto en los insultos racistas de la congresista Ilhan Omar como en el slip freudiano de la periodista afroamericana Abby Philips al dirigirse a Bernie Sanders como “Senador SanJew (san judío)”. Y ese racimo de agresiones verbales y físicas que decoró la semana de Janucá 2019 fue practicado por miembros del colectivo afroamericano tal como el hombre de color que irrumpió en una sinagoga de Monsey armado con un hacha con la que agredió a los presentes.

Como esperando que el eslogan de “ayer como hoy” no funcionase en su vinculación al antisemitismo, el mismo Simon ha dicho en The Times of Israel que la relevancia de su serie es que la persecución de los judíos presenta similitudes con las políticas anti-imigrantes de la administración Trump, con la islamofobia y con el racismo imperante en USA. “No hice esta obra como una narrativa en torno de tropos antisemitas. La hice sobre el odio dirigido hacia todos los objetivos.”

Si “The Plot Against America” tratase sobre refugiados judíos de la Europa de Hitler siendo separados de sus familia y sobre niños encerrados en jaulas, podríamos hablar de paralelismos. Pero la serie se enfoca en agresiones contra una primera y una segunda generación de judíos que son ciudadanos de los Estados Unidos y que son parte de la cultura del país.

Tampoco hay similitudes con la islamofobia. En ningún momento Lindbergh acusa a los judíos de cometer actos terroristas contra los americanos ni dentro ni fuera de las fronteras del país. En cuanto a la población afroamericana, que yo sepa nunca se la ha acusado de provocar guerras o de impulsar a la nación a entrar en conflictos bélicos.

La lapida sobre esta incongruente y falaz campaña de mercadeo la han puesto los críticos afroamericanos que han imputado tanto a Roth, como su libro y la serie, de racismo y me temo que tienen razón. Racismo no es solo atacar a un grupo étnico sino también olvidarlo, hacerlo a un lado.

 Como ha dicho Noah Berlatsky en Think en el sitio web de la NBC,  la llegada de un presidente partidario de las medidas de limpieza étnica de los nazis hubiese comenzado con ataques a los negros. Peor aún, se comete un olvido imperdonable en el libro cuando se habla de ataques antisemitas del KuKlux Klan, sin mencionar el primer objetivo de los encapuchados, la población de color.” ¿Debemos creer que no hay un auge paralelo de ataques a negros y otras gentes de color en esta era alternativa de Lindbergh?” pregunta Berlartsky.

La adaptación de La conjura  contra  America (el título del libro en español) es primorosa y ciertamente ha superado al libro en aspectos como el engrandecimiento de los personajes femeninos, pero también se ha encargado de embutir en la trama,  como ha dicho Marcelo Stiletano en La Nación de Buenos Aires, “deliberadas y explicitas alusiones a la situación actual de Estados Unidos” incluso llegando a copiar,  (algo que no existe en el original)  la certeza de muchos de que el país jamás elegiría a alguien tan racista como Lindbergh. Un tema circulante durante la campaña de Trump.

¿Pero si estos paralelos son tan forzados de dónde sacó Roth esta opresiva sensación de que Estados Unidos era un país donde los judíos no eran bienvenidos?  La respuesta está en lo que nadie se atreve a hacer, revisar el periodo entre la ascensión de Hitler al poder y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay que ver como repercutieron estos eventos en la sociedad estadounidense y sobre todo en el gobierno de Franklin Delano Roosevelt que, en privado, miraba a los judíos con tanto desprecio como Charles Lindbergh.

También habría que ver de dónde sacó Roth al oportunista pero ingenuo Rabino Bengelsdorf. De eso hablaremos pronto. Entretanto recomiendo “The Plot Against America” por su estética, sus excelentes actuaciones y trama, pero tengan en cuenta que no representa nada del presente, quizás porque el presente es peor.

NOTA: Normalmente no pongo bibliografía, pero este articulo amerita. Además de los artículos mencionados (y enlazados) para el texto he consultado tres libros.

Breitman, Richard.  FDR and the Jews.
Madoff, Rafael.  The Jews Should Keep Quiet: Franklin D. Roosevelt, Rabbi Stephen S. Wise and the Holocaust
Manchester, William.  The Glory and the Dream: a narrative history of United States 1932-1972