jueves, 12 de diciembre de 2019

Alicia de Battenberg (II): The Crown 3x04



En mi primera entrada los llevé a conocer a la princesa Alicia de Battemberg desde su cuna hasta sus exiliados 45 años. La dejamos colapsada por tanta experiencia traumática y en manos de sus peores verdugos, la orden inquisitorial de médicos psiquiatras. Ahora conoceremos su ordalía, veremos el largo camino para recuperar su cordura y a su familia y la alabaremos como una benefactora del prójimo.

Taquicardias y Ataques de Pánico
Estando encerrada en Bellevue, un manicomio suizo, a Alicia se le ocurrió redactar un par de documentos. Uno fue una nueva constitución para Grecia. El otro un artículo sobe su vida en el sanatorio que envió al Daily News y que su madre, Victoria, alcanzó a detener. Lo curioso es que ambos trabajos denotaban haber sido redactados por una mente organizada y lógica.

Fue en mayo 1931 que ocurrió un incidente que representó un retroceso en la curación de la paciente. Desde su cirugía, Alicia sufría de fuertes taquicardias. Se le había ocurrido que tenía una seria aflicción cardiaca y que estaba cercana a la muerte. Comenzó a regalar sus posesiones y a expresarse de manera mórbida sobre su cercano final. A pesar de ese comportamiento, se le otorgó permiso para pasar unos días en un hotel de Lucerna con acompañantes.

Estando allá la princesa presentó un cuadro agitado, se puso histérica e intentó lanzarse por un balcón. Esa fue la versión de los hechos que le llegó al Dr. Binswanger. Combinado con la reciente obsesión con la muerte de Alicia, se dedujo que sufría de manías suicidas. Yo no lo veo así.

Alicia fue presa de un ataque de pánico. Yo los he sufrido desde mi menopausia. Mi Ma los sufrió por años después de su histerectomía. El ataque de pánico suele ser provocado por taquicardias y estas por algo tan simple como gases estomacales. Los gases, taquicardias, y ataques de pánico son comunes durante la menopausia y en las mujeres que, como mi madre y Alicia, han sufrido histerectomías. El peor aspecto de un ataque de pánico es que si no se le ataja puede devenir en un ataque similar al asmático cuando los músculos de la garganta se cierran. Yo lo he sufrido y recuerdo a mi madre ante una ventana arañándose la nariz para poder respirar mejor.

Desconociendo estos síntomas, las enfermeras pueden haber aumentado el ataque con sus esfuerzos por calmarlo. El que Alicia hubiese buscado aire en el balcón pudo ser malinterpretado por un intento de suicidio. El hecho es que se le quitaron privilegios, se la vigiló más de cerca y se la creyó más loca que lo que estaba.

Para colmo, ante las exigencias de la princesa de ser dada de alta, el exasperado Binswanger le dijo la verdad. Aunque los médicos la considerasen cuerda no podían darla de alta. Al haber sido internada por su madre, solo Victoria podía liberarla. Este fue un golpe terrible para Alicia quien nunca perdonaría la traición de su madre.

Huida y Liberación
Desde ese momento, Alicia comenzó a tener una relación más reservada con su familia y se instaló en su cabeza un plan de huida. Cuando se le prohibió ir a pasar una temporada con su hija Dolla en Baden y cuando Victoria interceptó una carta de Alicia dirigida al cónsul británico solicitando su ayuda, la princesa decidió cortar por lo sano.

Una noche, simplemente saltó desde su ventana, cayó en un amasijo de flores y emprendió el camino hasta la estación más cercana. Su huida fue impedida cuando estaba a punto de abordar un tren. El Dr. Binswargen que pasaba por una racha de mala salud, se dio por vencido. Le comunicó a Victoria que no se sentía capaz de controlar a una mujer tan intrépida.

Médicos y parientes cercanos a Victoria le aconsejaron encerrar a Alicia en otro manicomio de lujo, en Nyon, donde estuviera internada Zelda Fitzgerald. Por una vez Victoria confió en sus instintos de madre. Tras consultar con la Reina de Italia, envió a su hija a Merano, en el Tirol italiano. El nuevo sitio era muy diferente a Bellevue. No había médicos ni enfermeras de uniforme y Alicia gozaba de mucha más libertad.

No hay que pensar que Alicia era una paciente perfecta o que era cuerda los siete días de la semana. En sus horas más oscuras llegó a abofetear a Binswargen y a hacer trizas las fotos de su nieto mayor. Aun en su periodo de recuperación golpeó a una camarera y había días en que lloraba o se aislaba de la gente. Pero era obvio que, aunque excéntrica, Alicia estaba casi curada. Había que pensar donde se instalaría y con quien.

Alicia tenía respuestas para ambas interrogantes. Tras dos años y medio de encierro, sabía que su familia, avergonzada de ella, la había abandonado. Aunque volvió a ver a sus hijospara entonces Felipe era un extraño para ella y viceversa decidió que nunca más les acarrearía una vergüenza. Como dice Hugo Vickers, Alicia “renunció a su derecho a ser madre”.

Alicia se volvió una princesa errante gravitando de Italia a Suiza (Basilea) y luego a Alemania. A falta de familia tenía nuevos y leales amigos. El Conde von Hardenberg, tesorero de la Familia de Hesse, se convirtió en su administrador financiero y amigo. En Alemania, Alicia hizo amistad con Reinhold Markowitz y su familia. Los Markowitz eran antinazis y algo influyeron en la psiquis de Alicia para convertirla, a diferencia de sus hijas y otros parientes, en alguien que no veía con buenos ojos lo que ocurría en Alemania.

Los 30 fueron una serie de tragedias para la princesa que ante la sorpresa de todos supo sobreponerse a ellas y dar muestras de su entereza y sensatez. La primera fue la terrible muerte de Cecilia y sus hijos en 1935. En otro lado he hablado de las viles mentiras que “The Crown” inventa alrededor de ese hecho. Lo único cierto es que el entierro fue la oportunidad para Alicia de encontrarse con su marido tras casi seis años de separación, solo para constatar que no había ninguna posibilidad de reconciliación.
Andres, Dickie y Alicia segun Morgan

En la serie nos muestran una Alicia confusa que no reconoce a Felipe. Totalmente ridículo, por ese entonces Felipe pasaba mucho tiempo con su madre. En cuanto a la confusión, ante el asombro de su familia, la muerte de Cecilia “curó” a Alicia. Los médicos hablarían de que el shock de perder a su hija y nietos había esclarecido la mente de la paciente.  Además, en Alemania encontró un médico que al tratar sus gases acabó con sus taquicardias y ataques de pánico
En "The Crown" Alicia no reconoce a sus hijo

Nunca más Alicia volvió a mostrar síntomas de desequilibrio. Ni ante la muerte de su hermano, el Marques de Milford Haven ocurrida en 1936, ni por el fallecimiento, provocado por una meningitis, de la pequeña Johanna, la única hija sobreviviente de Cecilia. 

A fines de Los 30, Alicia tenía un objetivo:  retornar a Grecia y ocuparse de que Felipe comenzase a portarse como un príncipe griego. En 1938, Alicia tomó un departamento en Atenas y le escribió a su hijo manifestándole el deseo de que viniese a vivir con ella. Fue Dickie Mountbatten, quien ahora estaba a cargo de su sobrino, el que negó el permiso. Su deseo era que Felipe estudiase en la Academia Naval de Darthmouth.

Aun así, Felipe fue a pasar sus vacaciones de verano con su madre en 1939. Ahí lo encontró la invasión de Polonia y subsecuente declaración de guerra del Reino Unido. Felipe encaraba un dilema. ¿Debía quedarse en la corte griega de la cual era miembro o volver a Inglaterra? La solución le llegó con una orden del Rey Jorge VI de Inglaterra quien le exigió que se incorporara la matina británica en la cual Felipe servía como cadete. Esto implicó otra separación de años entre madre e hijo.

En la Atenas Ocupada
En 1941, Alemania invadió Grecia. La Familia Real huyó a Sudáfrica. Las únicas en permanecer en Atenas fueron Elena, viuda del Príncipe Nicolas de Grecia, y Alicia. Elena, nacida Romanov, no tenía problemas con las nuevas autoridades. A pesar de su sangre alemana, Alicia se sentía inglesa de nacimiento y griega por matrimonio. Cuenta la leyenda que al visitarla un general de la Wehrmacht le preguntó que podía hacer por ella, la resuelta princesa respondió “saque a sus tropas de mi país”.
Elena Vladimirovna, viuda de Nicolás de Grecia

Lo primero que hizo Alicia después de la ocupación, fue preocuparse de su país. Cortados de suministros los atenienses, sobre todo los más pobres, estaban muriéndose de hambre. Alicia se arremangó las mangas y se puso en campaña para alimentarlos.

Creó cocinas populares para servir sopa a los menesterosos. Organizó grupos de enfermeras, recogió niños huérfanos o abandonados. Trabajó con el Comité Vanderbilt que estaba costeando barcos turcos para traer alimentos a Grecia y con la Cruz Roja Americana. Obtuvo permiso de los alemanes para viajar a Suecia con la excusa de visitar a su hermana, la reina Luisa. La verdadera razón era para facilitar la llegada a Grecia de comida y medicina enviadas por la Cruz Roja Griega en el exilio.

En medio de tanta actividad, y de la preocupación por su hermano e hijo (ambos servían en la marina inglesa) Alicia también debía pensar en cómo alimentarse ella. Un club al cual había pertenecido su esposo le enviaba el almuerzo, pero sin alimentos el almuerzo era cada vez más pequeño.

Alicia se mantenía gracias a paquetes de comida que le hacía llegar la Reina Luisa de Suecia y la Reina Helena de Rumania. En 1942, algunos terratenientes amigos le suministraron verduras. Lo cierto es que Alicia bajó 27 libras en el primer año de la ocupación. En una de las pocas cartas que le hizo llegar a su hijo en 1942, le cuenta que de tanto trabajo ha colapsado y ha debido tomar descanso en una granja, pero le asegura que no ha vuelto a subir de peso.

Alicia pudo vivir en relativa tranquilidad los primeros años de la guerra debido a que Atenas quedó bajo la ocupación italiana. Tras la caída del Duce en 1943, Atenas y toda su población estuvieron a merced del ejército alemán, de la Gestapo y de las SS que inmediatamente comenzaron a arrestar judíos. Fue entonces que la familia de Haimakin Cohen decidió buscar la ayuda de la princesa Alice. Cohen, quien había fallecido a comienzos del 43, había sido miembro del parlamento griego y cercano a la familia real. Su muerte había dejado viuda a Rachel (que era ciudadana británica). Ella y sus hijos ahora estaban en peligro.

Alce estaba viviendo en una casa de tres pisos que había pertenecido al rey Jorge. Tenía un par de ciados, además de Popoulos. Ahí es donde invitó a vivir a Rachel y a su hija Tilde. Poco después se les uniría Michel, el más pequeño de la familia. Con ellos amparados, los hijos mayores huyeron a Turquía y de ahí a Egipto donde se unieron a las Fuerzas Griegas Libres. Recientemente Kathy Kacer ha publicado un libro para niños  titulado The Brave Princess and Me (La valiente princesa y yo) escrito desde el punto de vsta de Tilde.
Ilistración de The Brave Princess and Me"


Mucha gente cuando me interroga sobre el Holocausto me pregunta por qué no hubo más rescatistas. Mi respuesta es una de admiración por los muchos que ayudaron a judíos en la Europa Ocupada. La tarea era difícil y peligrosa. Los Nazis castigaban duramente a quienes se atrevían a dar refugio a judíos, o se les ejecutaba inmediatamente o se les enviaban a campos de concentración donde les esperaban muertes más lentas y dolorosas. Ni la nobleza ni la realeza estaban libres del castigo nazi. La Princesa Mafalda, hija del Rey de Italia, murió en Buchenwald, y ni su status diplomático impidió que la millonaria chilena Maria Edwards McClure fuese interrogada y torturada por la Gestapo por esconder niños judíos en Paris.

Para explicar la presencia de Rachel y de sus hijos a los criados, Alicia inventó que la Viuda Cohen era una antigua institutriz de sus hijos, que, aunque suiza, les temía a los alemanes. Aun así, la Gestapo sospechaba de la Princesa y ella recibió muchas visitas molestas durante el año en que ocultó a los Cohen.
Ilustracion de The Brave Princess and Me

Para deshacerse de los agentes, la princesa exageraba su sordera hasta que ellos se marchaban exasperados. Los Cohen recordarían más tarde la hospitalidad de la princesa, su cariño y simpatía. A Alicia, siempre interesada en la religión, le encantaba sostener largas conversaciones con Rachel sobre judaísmo.

 Alicia, nunca sintió que lo que había hecho tenía importancia. Se molestó incluso cuando Jaques Cohen más tarde intentó agradecerle. Nunca habló de lo ocurrido con su familia. Serian Freddy y Michel Cohen, ciudadanos israelíes, quienes harían publica esta asombrosa historia, años más tarde, cuando Alicia ya había fallecido.

En octubre de 1944, los alemanes abandonaron Atenas. Antes, Alicia emprendió un último viaje a Alemania. Sophie, su hija menor, había enviudado. Al buscar refugio con sus suegros, Tiny (como la apodaban), había saltado de la sartén al fuego. La zona de Frankfurt donde Tiny viviría estaba bajo fuerte bombardeo aliado y una bomba incendiaria ultimó a su suegra. Alicia se quedó con su hija embarazada hasta el nacimiento de su nieta Clarissa. Mas tarde le escribiría a su madre que lo vivido bajo las bombas era “peor que el accidente (la muerte de Cecilia)”.

Elena vs Alicia
De regreso a Atenas, Alicia se abocó a sus labores caritativas y a su orfanato. Tras la partida de los alemanes, había estallado una guerra civil en Grecia entre partisanos monarquistas y comunistas. Para Churchill era de gran importancia que Grecia no cayera en la órbita estalinista. Los ingleses bajo el mando del General Scobie se debían encargar de mantener el orden en Atenas y ayudar a la restauración de la corona. También Winston envió a Harold Macmillan a examinar las cosas en la capital griega. Al saberlo, Dickie Mountbatten le pidió a Macmillan que visitase a su hermana.

El Comendador Ray Badilla me ha preguntado si es cierto que Alicia y Elena de Grecia se llevaban mal. Lo cierto es que Elena, hija y hermana de Zares, despreciaba a Alicia por venir de una familia de realeza mínima como eran los Battenberg. Para colmo, la maliciosa Elena le contaba a todo el que quisiera escucharla que su concuñada seguía loca como cabra.
Elena

Macmillan comenzó visitando a Elena y quedó muy impresionado al verla viviendo en un lujo moderado, cubierta de joyas y preocupada por la amenaza comunista. En cambio, lo desilusionó Alicia que vivía en la pobreza, andaba desastrada, y a la que encontró tonta.

Poco después las princesas recibieron la visita de un diplomático francés que elogió la devoción religiosa de Elena quien asistía a misa diaria. En cambio, encontró que Alicia tenía una visión más pragmática (“más germana”) de la religión. Estas injustas comparaciones colorearían por una década la percepción popular de ambas señoras. Por suerte tenemos una visión más ecuánime del Mayor Gerald Green, ayudante del general Scobie, que se convertiría de por vida en amigo de la princesa Alicia.

Green se dio cuenta que la razón por la cual Macmillan tildó de tonta a Alcia fue porque ella no podía leerle los labios debido al tupido bigote del futuro primer ministro. Fue Green quien convenció a Elena de irse a vivir con Alicia que habitaba un barrio más seguro en un momento en que la guerra civil había alcanzado las calles atenienses.

Una noche, Alicia desapareció, regresando después del toque de queda. Como siempre, se había preocupado de los olvidados. En este caso, los policías griegos que se estaban batiendo con los comunistas. Alicia había llenado un carrito de bebé con cigarrillos y golosinas que había repartido entre los policías. Greene estaba tan preocupado que, olvidándose del protocolo, le levantó la voz a la princesa. Esta estaba encantada. “Hacía años que un hombre no me hablaba así” comentó.

Restaurada la monarquía en Grecia, Alicia regresó a Inglaterra a visitar a su madre y hermano, y a atender los asuntos que Andrés había dejado al morir. No vio a su hijo, porque Felipe había sido trasladado a otro teatro bélico, el del Lejano Oriente, pero se conservan cartas intercambiadas entre ambos que evidencian el gran cariño de Alicia por su “Bubbikins”.

Y llegamos a 1947, un año importantísimo en la vida del Duque de Edimburgo. Desde el final de la guerra, Felipe se había instalado en Inglaterra y su madre lo visitaba menudo. Aunque no vivían bajo el mismo techo, pasaban tiempo juntos puesto que Felipe ayudaba a Alicia ordenar y disponer de las muchas cajas ocupadas por las pertenencias del difunto Andrés.


La Suegra de la Reina
Aunque Alicia aprobaba el matrimonio de su único hijo varón, no metió mano en su concertación como la metieron Victoria y Dickie. Sin embargo, estuvo involucrada en los preparativos del compromiso. Alicia retiró de la bóveda del banco sus joyas e hizo que desmontasen varios brillantes para un anillo de compromiso digno de la futura reina de Inglaterra. Fue ella quien diseñó el anillo y encargó la joya a un orfebre parisino.

En la serie nos muestran a la Queen Mom burlándose de la aparición de su consuegra como si fuese alguien ajeno a la familia. En realidad, el rey Jorge pidió consejo a Alicia para organizar la fiesta de compromiso y ella estuvo presente. Para la boda, Alicia viajó desde Grecia con un equipaje cargado de casimires y seda para camisas. Se las enviaban a Felipe como regalo de matrimonio. Con ellas, Alicia mandó confeccionar un guardarropa completo para el novio. La noche antes del matrimonio, Felipe estaba tan nervioso, que el equipaje se lo tuvo que empacar su madre.

Todos estos detalles indican no solo el contacto constante entre madre e hijo sino también lo involucrada que estuvo Alicia en el proceso de las bodas reales. Otra falsedad de “The Crown” es mostrárnosla vestida de monja en la Abadía de Westminster. Alicia no había profesado aún. Ella asistió en un elegante vestido de terciopelo hecho con capas rusas de esas de cola que usaban las princesas cuando eran del linaje de los zares.
Alicia en la boda de su hijo

El único nubarrón en la alegría de Alicia fue que se les prohibió a sus hijas a asistir a la boda de su hermano. Alicia trató de compensar ese desprecio escribiendo una crónica de 25 páginas sobre los hechos para ellas, y de invitarlas por separado a visitarla en Grecia.

Sin embargo, Alicia había tomado la decisión de tomar el velo y quedarse en Grecia. Para tales efectos se trasladó a la isla de Tinos para su entrenamiento como diaconisa. Allí se levantaba a las cinco, lavaba su ropa y se atendía sola. Aun así, y ahora envuelta en un hábito gris, Alicia quería seguir recibiendo parientes y amistades en la tierra firme.

Para esos efectos, Felipe le compró un departamento en Atenas. Alicia vivía frugalmente, recibía una pensión de Edwinna Mountbatten, otra de la reina Luisa, y una del gobierno griego correspondiente a la viuda de un general. Esto hubiese sido suficiente, pero Alicia siempre estaba socorriendo a alguien.

Un par de años más tarde (1950) Alicia anunció que vendería el departamento y se iría a un convento. Ahí su familia revisó las finanzas de la princesa y descubrió que sus números estaban en rojo. Además, le debía una fuerte suma a un almirante amigo. Felipe (que ya estaba pagando las deudas de su padre) le pagó al almirante, puso el departamento a su nombre y así se aseguró que Alicia siempre tuviese un lugar donde parar en Atenas.

Una Monja que Fuma y Juega Canasta”
Alicia logró formar una orden religiosa, a pesar de las burlas de su madre. “¿Dónde se ha visto una monja que fuma y juega canasta?” comentaba Victoria. La Orden de Marta y Maria no prosperó debido a falta de novicias. Lo que nunca escasearon fueron desamparados a quienes atender. Alicia se apoyaba en la caridad de sus amigos, pero cuando Elena los convenció de no promover las chifladuras de su parienta, la princesa emprendió dos viajes a Estados Unidos para recaudar fondos.

Su salud nunca fue buena, sufría de frecuentes bronconeumonías y gripes. Su hígado no funcionaba bien y se le encontró un virus en la sangre. Aun así, la infatigable religiosa viajó por el mundo desde Jerusalén hasta la India, pero sobre todo viajaba a Inglaterra a estar con su familia. Asistió al nacimiento de su nieta Ana de la cual fue madrina. Acompañó las últimas horas de su madre cuando Victoria falleció y también estuvo presente en el segundo cumpleaños del príncipe Andrés.

Alicia se llevaba bien con la Familia Real y la gente del entorno de su hijo, sobre todo con el australiano Mike Parker, secretario de Felipe. La princesa sintió mucho el divorcio de los Parker. Al príncipe Carlos le agradaba mucho recibir visitas de su abuela porque le traía estampillas de Grecia. Cuando a Carlos le extirparon el apéndice, su abuela paterna estuvo a su lado.
Alicia y sus nietos en los 50

En 1966, Alicia acompañó a su hijo y a Ana a Jamaica. Iban a reunirse con Carlos que regresaba de su estadía en Australia. Fue ahí que Felipe, preocupado por la situación política griega, le pidió a su madre que volviera a vivir a Inglaterra. Alicia se negó aun después que estalló la revuelta que derrocaría al rey Constantino.

En dos ocasiones en 1967, Felipe viajó a Atenas, pero no pudo convencerla. Fue su hermana Sofia quien logró hacer que su madre saliera de Grecia y solo porque trajo una invitación formal de la Reina Isabel. Eso encantó a Alicia que rápidamente hizo su mínimo equipaje.

Los primeros días en el Palacio de Buckingham fueron difíciles para la anciana, pero más que nada porque todo la disgustaba y no se hallaba. Fueron las atenciones de su nuera las que la ganaron. Carlos y Ana estudiaban fuera, pero pasaban gran parte de su tiempo libre con su abuela. Andrés y Eduardo, que eran pequeños, venían diariamente a jugar en el cuarto de Alicia. Pero la mayor alegría de la princesa eran los momentos que compartía con su “Bubikkins” a pesar de que, según la Princesa Ana, tenían muchas discusiones ya que eran ambos porfiados. En esas ocasiones, el Duque de Edimburgo se iba murmurando por el pasillo mientras su madre se quedaba murmurando en el cuarto.
Alicia con Carlos y Ana

Ese primer año, cuando la Familia Real se fue a pasar las vacaciones en Balmoral, Alicia no fue con ellos. Su salud no se lo permitió, pero siempre considerada prefirió irse a un hotel por el verano. Eso sí, el Príncipe Eduardo que también había quedado rezagado iba todos los días, con su nana, a visitar a la abuela.

La salud de Alicia le estaba jugando malas pasadas. Tenía más de ochenta años y en su periodo en Londres estuvo dos veces hospitalizada. Al final andaba en silla de ruedas y no salía del palacio. Eso si recibía visitas, principalmente de su hermano y de sus hijas. Un duro golpe para ella fue que su Teodora la antecediera a la tumba. Después de ese fallecimiento, Alicia dejó de tener ganas de vivir y murió el 5 de diciembre de 1969. Tanto la reina como “Bubbikins” estuvieron al lado de ella.

Ana, quien no alcanzó a llegar, solicitó permiso para ver el cadáver de su abuela. Diría más tarde que Alicia se veía serena y que había recobrado esas facciones que Philip de Lazlo había retratado en su juventud. Era el deseo de Alicia ser enterrada en el Monte de los Olivos en Jerusalén, cerca de su tía Ella, pero por razones políticas (el Reino Unido no reconocía ese sector de Jerusalén como parte de Israel) tuvo que esperarse varias décadas antes de cumplirse la última voluntad de la difunta.
Duque de Cambridge visita la tumba de su bisabuela

En 1988, el cuerpo de Alicia fue enterrado en Tierra Santa. Cinco años más tarde, los esfuerzos de los Cohen dieron fruto, y Yad Vashem declaró a Alicia Justa entre las Naciones. El Duque de Edimburgo y su hermana Sofia asistieron a la ceremonia y plantaron un árbol en nombre de su madre en La Avenida de los Justos.

¿Después de lo leído podemos afirmar que “The Crown” le hizo justicia a Alicia? ¿Que la pintó en toda su grandeza? Peter Morgan, con ese eterno problema que tiene con la psiquis femenina, decidió retratar a la suegra de la reina como una victima del mundo masculino, incluso de su propio hijo. Al hacerlo se apoyó en el zeitgeist mitutero que predica que todas las que nacemos con vagina somo mártires potenciales de los hombres, pero de un plumazo borró la verdadera y poderosa historia de Alicia de Battenberg.

Aunque he sacado esta información de muchos artículos, mis mayores fuentes son Alice: Princess Andrew of Greece, la biografía oficial de Alicia de Hugo Vickers y Prince Philip de Philip Eade


martes, 10 de diciembre de 2019

Suegra, Santa y Sorda: The Crown 3x04



Sobre el episodio “Bubbikins”de la Tercera Temporada de “The Crown” solo puedo decir que, en 1967, la suegra de la reina vino a vivir con la Familia Windsor-Mountbatten en el palacio de Buckingham, que la Princesa Alicia era sorda, muy religiosa y que fumaba como chimenea. Todo lo demás en el episodio es falso o mal contado, pero me sirve para comenzar a hacer una semblanza, o panegírico, de una mujer prodigiosa como fue Alicia de Battenberg.

Nació princesa, pero prefirió morir como una humilde monja; dicen que era una fanática religiosa, pero arriesgó su vida para proteger a los que no practicaban su religión;  nació sorda, pero aprendió a hablar y leer los labios en cuatro idiomas;  fue víctima de un sistema de psiquiatría patriarcal que la sumió en la negligencia y la desesperación, le arrebató su familia, su libertad y hasta sus ovarios:  y logró sobrevivir y vivir como le dio la gana, eso sí totalmente dedicada los demás. Esta es Alicia de Battemberg, princesa de Grecia y suegra de la Reina de Inglaterra.

“Ningún Trono la Merece”
Cuando hice la genealogía del Duque de Edimburgo, mencioné el origen de los Battenberg, la conexión con la Familia Real Británica, y el nacimiento de Alicia en el Palacio de Windsor en presencia de su bisabuela, la Reina Victoria. A Alicia se le pueden aplicar los términos “sangre azul”, “nacida con chupete de plata en la boca”, y “en cuna de oro”. Aun así, nació con una falla que afectaría su vida.

Cuando la niña tenía como unos tres años, su madre, Victoria, Marquesa de Milford Haven, notó que no prestaba atención. Un examen médico determinó que Alicia había nacido sorda. Como su sordera no era total, y muchas veces podía percibir sonidos, su impedimento no había sido detectado. Desde ese instante, la madre de Alicia decidió que su hija no sería objeto de lástima ni una invalida.

Victoria Mountbatten (un personaje formidable que “the Crown” ha olvidado) tuvo una tremenda influencia en la vida de su hija mayor. Se impuso el desafío de entrenar a la niña a aprender a leer labios. Incluso llegó a prohibirles a sirvientes y parientes repetir o hablarle más fuerte a Alicia para que la niña se apoyase totalmente en su capacidad de leer los labios. De esa manera, Alicia llegó a la adolescencia hablando y leyendo labios en inglés, francés y alemán. Más tarde aprendería a hacerlo en griego.
Alicia en su adolescencia

Para todos los efectos, Alicia era una jovencita normal. Bueno, no tanto. Para los cánones de su época, era bellísima, inteligente y caía bien en todas partes. Su tío, el Rey Eduardo VII, diría de ella “ningún trono la merece”. Sin embargo, Alicia a los 17 años, renunció a cualquier sueño de ser reina, cuando se enamoró perdidamente del Príncipe Andrés, cuarto hijo del Rey Jorge de los Helenos.

Años más tarde, Alicia le contaría a su nieto Carlos que al ver a Andrés en la coronación del Rey Eduardo VIII se impresionó tanto que creyó estar en la presencia “de un dios griego”. Andrés correspondió inmediatamente al amor de Alicia, pero Victoria se opuso pensando que su hija era aún muy joven para casarse y trasladarse a un reino lejano e inseguro.
Alicia y Andrés

La pareja esperó un año y finalmente convencieron a los padres de Alicia de darles permiso para casarse. Durante ese año de espera Alicia comenzó a dar muestras de hipersensibilidad y muchas veces la encontraban hecha un mar de llanto si se había atrasado una carta del novio.

Alicia y Andrés se casaron en Londres, en 1904, e inmediatamente emprendieron el viaje a Grecia. A pesar de los temores de Victoria, Alicia pronto se aclimató a su nuevo hogar y eso que la corte griega dejaba mucho que desear. 
Alicia y Andrés el día de su boda.


Una Corte de Opereta
En “The Crown” la familia de Isabel está siempre dispuesta burlarse de la familia de Felipe, hablando de Grecia como de un reino de tercera, nuevo y tosco. Lo cierto es que a pesar de que el Rey Jorge poseía un impecable pedigrí germano-danés, y su esposa era nieta y prima de Zares de Rusia, la Familia Real Griega estaba en una posición muy inestable.

El rey Jorge mal gobernaba un pueblo atrasado, ignorante, muy pobre, y muy rebelde que lo veía como un extranjero usurpador y se lo hacía saber. Los atentados contra el soberano eran sucesos semanales. La Corte Griega era de opereta y estaba compuesta por oportunistas, malhechores y conspiradores natos. El nivel de corrupción era tal que los ministros le robaban tinteros y hasta el reloj a su soberano.

Sin embargo, a juzgar por sus cartas, Alicia estaba encantada en su nueva nación. También pasaba poco tiempo ahí. En sus primeros años viajaba mucho. Visitaba a su familia en Inglaterra, o iba ver a sus parientes alemanes en Hesse, o a Rusia, donde vivían sus tías Elisabeth “Ella” y Alix (la Zarina Alejandra) ahora casadas, la primera con el gran Duque Sergio, la segunda con el Zar Nicolás.

 Ella y la Zarina habían adoptado la fe ortodoxa de sus esposos, esto influiría en la decisión de Alicia de convertirse años después. Ella fue muy importante en la vida de su sobrina. Casada pero incapaz de ser madre dedicó su cariño a sus sobrinos y se enfocó en obras filantrópicas. Su marido que era gobernador de Moscú se había granjeado el odio de grupos revolucionarios. Uno de ellos lo hizo volar con una bomba el 1905. Eso ocurrió ante los ojos de su esposa quien lo vio por una ventana y bajó inmediatamente para ayudar a recobrar los fragmentos de quien fuera su marido. Las acciones subsecuentes de la Gran Duquesa dieron mucho que hablar.

Ella fue a la cárcel y perdonó públicamente al asesino de su esposo, luego regaló todas sus posesiones, tomó el velo y fundó su propia orden de monjas ortodoxas. La tremenda piedad de su tía (que ha sido canonizada por la Iglesia Rusa Ortodoxa) tuvo mucha influencia en el misticismo que afectaría a Alicia en su madurez y que se creería fue causa de su desequilibrio mental, pero que en realidad seria lo que le devolvería la cordura y daría razón de vivir.

Pero eso estaba todavía en el futuro. Alicia, de recién casada, ni se imaginaba lo que le deparaba la vida. En su segundo año de casada daría a luz a su primogénita Margarita. Una novedad fue que Andrés estuvo presente, obligado por su madre, la Reina Olga, quien se lo exigió “para que veas lo que sufrimos las mujeres”.  A Margarita la seguirían Teodora (1906) y Cecilia (1911).
Alicia y sus hijas mayores

Guerras, Revoluciones y Exilio
En 1912 estalló la Guerra de los Balcanes. Andrés, que era oficial del ejército griego, partió para el frente. Poco después Alicia seguía a su marido fundando hospitales donde ella misma serviría de enfermera. De esa época, quedan cartas escritas a Victoria donde su hija, con humor y compasión, relata sus actividades en los hospitales y en el quirófano donde incluso asistía en amputaciones.

El fin de la Guerra de los Balcanes dejó a Alicia como una heroína ante los ojos de su nuevo pueblo, pero coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el nacimiento de una nueva hija, Sofía. En 1913, finalmente un asesino había conseguido acabar con la vida del rey Jorge. Reinaba ahora Constantino, cuñado de Alicia. El nuevo rey intentaba mantener la neutralidad, pero su ministro, Venizelos, deseaba que Grecia entrase en el conflicto en el bando aliado.

Para Alicia era una época de lealtades divididas. Aunque nacida en Inglaterra, fuertes lazos familiares la ataban a Alemania. En un esfuerzo por obligar a Grecia a dejar de ser neutral, la flota francesa bombardeó Atenas, obligando a Alicia y a sus hijas a refugiarse en el sótano del palacio real de Tatoi. Un año más tarde, el rey abdicaba, y la familia real griega en pleno partía al exilio a Suiza.

La situación familiar de Alicia también se veía afectada por el conflicto. En Inglaterra, su familia debió adoptar un apellido menos germano, Mountbatten en vez de Battenberg, y su padre debió renunciar a su cargo de primer Lord del Almirantazgo en circunstancias humillantes. En Rusia, la revolución derrocó al Zar, tío político de Alicia, y él y su familia fueron hechos prisioneros. El fin de la gran guerra vio el derrocamiento del gran Ducado de Hesse, la familia de la abuela de Alicia, pero lo peor pasaría en Rusia.

El asesinato del Zar y su familia palidece ante el martirio al que fue sometida la princesa Ella, la tía favorita de Alicia. Los bolcheviques la arrojaron a ella, y a sus compañeros, a una mina abandonada. Cuando vieron que algunos seguían vivos los ultimaron con granadas y leños encendidos. Si cuento estos horrores es para que vean el cumulo de noticias traumáticas que ya estaban haciendo mella en la psiquis de Alicia. Y aún faltaba lo peor.
Mon Repos en Corfu

1920 encuentra al rey Constantino de vuelta en el trono. Andrés y su familia se instalan en Mon Repos, una villa en Corfú. A primera vista es una villa encantadora, pero en aquel entonces Mon Repos carecía de electricidad, gas y agua potable. Sin embargo, Alicia estaba contenta. Algo que nunca la abandonaría fue su amor por Grecia y en ese momento su felicidad era plena porque su nuevo bebé iba a nacer en suelo griego.

Aun así, Grecia no se podía estar tranquila. Acabada la Gran Guerra y ya tenían la propia ahora en contra de la Turquía republicana de Mustafá Kemal. Andrés se reintegró al ejército y estaba en el frente, para el nacimiento de su único hijo varón.

Fue un parto difícil, el médico del pueblo preocupado por el aislamiento de Mon Repos y la edad de Alicia (36 años entonces era considerada edad avanzada para tener un hijo) hizo que la trasladaran a la cocina donde había más espacio y Felipe nació en la mesa cerca del fogón.
Alicia y Felipe

La alegría de Alicia duró poco. Para evitar una masacre de sus hombres, Andrés ignoró ordenes oficiales. Tanto él como sus compañeros fueron arrestados y llevados a juicio. Alicia viajó a Atenas a abogar por su marido, pero ni siquiera la dejaron verlo. Declarados culpables después del consejo de guerra, los oficiales fueron pasados por las armas. Solo la intervención del Papa y del Rey de Inglaterra salvaron la vida a Andrés. El príncipe y su familia fueron exiliados de Grecia y tuvieron que salir huyendo con Felipe metido en un cajón de naranjas.

El Segundo Exilio
Este exilio y las circunstancias que lo precedieron sumirían a Andrés y a su mujer en una profunda depresión que se manifestaría en Andrés en abulia y desapego por sus responsabilidades y en Alicia en una actividad incesable y casi maniática que la llevaría al colapso. Su primera actividad fue mantener a su familia unida, la segunda estaba encaminada a encontrar un sitio donde vivir permanentemente.

A pesar de que Alicia y su familia fueron sacados de Grecia en un barco inglés que los llevaría Gran Bretaña, el rey les dejó claro que no los quería en suelo británico. La Familia Real Británica estaba conmocionada por la caída de tantas monarquías europeas. No deseaban tener un príncipe exiliado (aparte que, para variar, la monarquía en Grecia nuevamente había sido derrocada) cerca que les recordara a los revolucionarios locales que Gran Bretaña bien podía ser una república.

Después de dejar a sus hijos instalados en Paris en casa de Maria Bonaparte, la cuñada de Andrés, este y su esposa se fueron a Estados Unidos a visitar a otro hermano, el príncipe Cristóbal que se había casado con Nancy Leeds, una millonaria neoyorquina. Aunque Cristóbal y su mujer los recibieron con los brazos abiertos, los exiliados no vieron muchas posibilidades de un traslado permanente a USA y decidieron instalarse en Paris. El próximo paso fue ver como se mantendrían económicamente.
Alicia y Andrés en el exilio

Andrés era militar, no sabía hacer otra cosa. Se puso a escribir en griego sus memorias que en realidad buscaban reivindicar su nombre. Alicia se encargó de traducir el manuscrito al inglés. Simultáneamente, ella encontró empleo en una pequeña tienda donde se vendían objetos hechos por exiliadas griegas. La idea era ayudar a las fabricantes a mantenerse, por lo que el empleo era en realidad más una obra de caridad que una fuente de ingresos.

La familia comenzó a vivir de “mesadas” familiares. Algunas le llegaban de Nueva York, otras de Inglaterra, otras de parte de Maria Bonaparte que era millonaria y costeó los primeros estudios de Felipe en The Elms, una escuela progresista manejada por educadores estadounidenses. Edwinna Mountbatten, habrá sido mala madre y casquivana, pero tenía corazón de oro. No solo aportó de su inmensa fortuna para ayudar a su cuñada, además sacó una segura de vida para el pequeño Felipe.

Alicia parecía haber inventado el multitasking: trabajando, atendiendo la casa, viajando a Inglaterra con sus hijas a ver si encontraban marido, enseñándole griego y otras cosas a Felipe. Hasta se metió en una conspiración para que coronarán a Andrés, Rey de Grecia, algo que horrorizo a la Familia Real Británica.
Alicia y Felipe en Paris

Amor y Locura
En medio de esta incesante actividad, ocurrió un inesperado suceso que sería el detonante para empujar a Alicia al colapso nervioso. Por décadas este fue un secreto conocido por solo un pequeño grupo de íntimos de la princesa y que salió a la luz únicamente cuando Hugo Vickers tuvo acceso a los documentos médicos de Alicia.

Al exilio Alicia había partido en compañía de su dama más querida y que era su confidente, Virginia Simopoulos. Cuando Alicia fue internada primero en una clínica de Berlín, “Popoulo” como era llamada familiarmente, tomó la decisión de revelar, en estricto secreto, una confidencia de su señora a los médicos que la atendían como una manera de ayudar al tratamiento.

Aparentemente, a sus 45 años, Alicia había vuelto a enamorarse. Del objeto de su amor se sabe poco. En los informes solo se menciona que era inglés, casado y que correspondía al sentimiento de la princesa. A pesar de que la relación fue intensa y romántica, nunca se consumó. Consciente de que era un amor sin esperanzas, ambos decidieron alejarse el uno del otro con la promesa de “volver a encontrarse después de muertos”.

Esta situación que sería incómoda para una mujer casada, aun hoy día, para Alicia fue traumática. Aparte de enfrentarse a la realidad que ya no amaba su marido el descubrir que su cuerpo le imponía exigencias la horrorizó, puesto que iba en contra de sus principios religiosos y de la moral inculcada por su familia. En su afán de expiar su pecado, pero también encontrar consuelo, la princesa se volcó a la religión y en 1929 se convirtió a la fe ortodoxa.

Esto causó un gran escándalo en sus parientes ingleses, principalmente su madre. Victoria era una libre pensadora para la cual la religión solo jugaba un pequeño rol en su vida. Muchos, en su momento creyeron que Alicia había elegido ese camino para molestar a su madre, y para demostrar su independencia de Victoria. Nada más falso, Hacía años que Alicia estaba interesada en la religión de su esposo e hijos. El ejemplo de sus tías la había impresionado mucho y en su momento de mayor necesidad acudió a una nueva religión que le proporcionaba desahogo.

Sin embargo, el desahogo coincidió con la depresión, ya clínica, de Alicia. Comenzó a desinteresarse de todo. Una de las manifestaciones fue que dejó de leer los labios. En medio de reuniones familiares, simplemente “se desenchufaba” de la conversación general. Aparte de extraño e incómodo, su comportamiento tenía peores reveses. Si de pronto volvía la realidad y veía que los demás seguían con su charla e incluso se reían, partía de la base que era el objeto de sus burlas y se enojaba.

“La Verdadera Esposa de Cristo”
Cuento este pequeño detalle porque es el único rasgo de “manía de persecución “que haya manifestado Alicia y fueron casos aislados. Sin embargo, sus “psiquiatras” (y los pongo entre comillas porque, aunque eminencias todos se portaron como charlatanes) la diagnosticarían como paranoica.

Pronto, Alicia comenzó a evidenciar peores accesos. Comenzó a alucinar. Juraba que la visitaba Jesús y que le traía mensajes del más allá. Se creía profetiza e incluso les decía a sus hijas los nombres de sus futuros maridos. Como ninguna de sus profecías resultaba cierta, Alicia se volvió una presencia incomoda y vergonzosa. En medio de sus desvaríos, Alicia notaba que no estaba bien e intentó reprimirse. Para eso decidió hacer un viaje.

En compañía de Popoulo, se marchó a un hotel en el sur de Francia donde estuvo un par de días. Pero el remedio, resultó peor. A su regreso la princesa anunció que era ahora “la verdadera esposa de Cristo”. Ante tanta barbaridad, Victoria intervino y se decidió internar a Alicia en una clínica de Berlín. Ahora esto es importante. No fue el marido (que tampoco es el mujeriego jaranero del que hablan en “The Crown”) quien internó a Alicia. Tampoco sus hijas. La decisión la tomó Victoria exclusivamente.

La concuñada de Alicia, la reconocida psicóloga y psicoanalista, Maria Bonaparte recomendó al Dr. Simmel, que tenía una clínica, Tegel, en las afueras de Berlín. De Atenas vino el Dr. Louros, ginecólogo de la princesa que la convenció de buscar tratamiento ya que su crisis afectaba su familia. Alicia viajó por su propia voluntad a Alemania y se internó en la clínica. Simmel la encontró dispuesta cooperar y a responder todas sus preguntas incluso las relativas su sexualidad.
Castillo de Tegel

Como buen freudiano, Simmel creía que todo trastorno mental nacía de la represión sexual. Los exámenes médicos determinaron que Alicia todavía estaba en edad fértil, que entonces se asociaba con una libido más activa. Intentaron convencer a Andrés de “atender” más a su mujer, pero el príncipe escandalizado les hizo ver que su matrimonio ya había superado la etapa erotico-romantica.

Por esos días, Popoulo vino a visitar a su señora. Interrogada por los médicos, la dama terminó revelando el secreto de Alicia. La opinión general era que el mayor problema de Alicia residía en su insistencia de que mantenía una relación marital con Jesús. Para Popoulo Jesús en la psiquis de la princesa representaba al amor prohibido al que había renunciado. los médicos concordaron con esa hipó tesis. ¿Pero qué se podía hacer? Andrés no ofrecía ayuda. No había manera de que Alicia pudiese tener una relación con el misterioso caballero ingles

Como último recurso, Simmel solicitó la opinión de su gurú, Sigmund Freud. De Viena vino Freud, examinó el caso y concordó con su discípulo que Alicia sufría de una “paranoia-esquizofrenia libidinosa” El diagnóstico es para tirarnos de espaldas.

a)       Alicia nunca exhibió rasgos de paranoia.
b)      Aunque si bien es cierto que las alucinaciones comúnmente son vinculadas con esquizofrenia, hay muchas otras enfermedades mentales (Y físicas) que las provocan
c)       Si Alicia realmente hubiese sido esquizofrénica o bipolar, alguno de sus hijos hubiera heredado esos problemas mentales. O sus nietos. Ahí sí que hubiese existido una razón de peso para impedir que Felipe se casara con Isabel.
d)      Los únicos libidinosos en este cuento fueron los psiquiatras.
Freud y la Princesa  Bonaparte

Es cierto que en esa época los psicoanalistas inventaban enfermedades, pero también desconocían una cantidad de males menores que pueden afectar una psiquis. Lo que hoy se curaría con terapia y fármacos entonces exigía tratamientos drásticos y brutales. El tratamiento que Freud prescribió es frio y brutal. Había que destruir la libido de la paciente y para eso había que adelantarle la menopausia.

En abril de 1929, sin consultarla, sin siquiera ella tener conciencia de lo que le sucedía Alicia fue sometida a varias sesiones de rayos x que achicharraron sus ovarios. El mismo tratamiento que una década más tarde, usarían los nazis para esterilizar judías, gitanas y otras mujeres que ellos consideraban indignas de reproducirse. Y todo por órdenes de Sigmund Freud que ni siquiera era el médico tratante de la princesa.

Me detengo para volver a las mentiras de “The Crown”. Es cierto que Alicia fue sometida un tratamiento brutal, pero ni Freud fue su médico ni la sometieron a electroshocks como inventa Morgan. 

Yo vi como mi madre quedó psicológicamente afectada por su histerectomía. Incluso a pesar de habérsela practicado en las mejores condiciones médicas e higiénicas, nunca quedó bien físicamente. Ni siquiera quiero imaginarme como habrá quedado Alicia. Me molesta tanto que sus biógrafos no se horroricen ante lo que le ocurrió. Incluso Vickers que está totalmente del lado de la princesa, no parece muy sorprendido ante el procedimiento. ¡Me tomo mi momento de “generista” y exclamo “¡Hombres!”

La ironía es que Alicia tenía permiso para moverse libremente, antes y después de esa operación innecesaria. Salía a pasear, iba al teatro, pero no se la consideraba lo suficientemente cuerda para tomar decisiones sobre su cuerpo y mente. Entre tanto trajín, contrajo paperas y fue durante su enfermedad que la princesa comenzó a cuestionar la utilidad de los médicos y la de su estadía. Como había ingresado por su propia voluntad, Simmel no pudo evitar que se marchara.

Alicia, a la que el tratamiento había dejado peor, volvió con su familia y aunque tenía momentos y días cuerdos, seguía con sus alucinaciones. Su hija mayor, Margarita, y Andrés le escribieron a Victoria solicitando su ayuda. La madre de Alicia buscó consejo con dos eminencias medicas británicas.

El Secuestro de una Princesa
Estos médicos, sin haber visto a la paciente, dictaminaron que el único curso posible era internarla. El proceso de internamiento, sin un diagnostico apropiado, sin el consentimiento de la paciente fue no solo un atropello a los derechos de Alicia.  Fue un proceso brutal tanto para ella como para Felipe. Aunque nuevamente, Morgan se toma licencias cuando la verdad ya es bastante trágica.
Alicia y Felipe en la época de su secuestro

Victoria y Andrés fueron los artífices, las hijas de Alicia debieron aceptar el dictamen de sus mayores. Nadie le avisó a Felipe. Todo ocurrió en el castillo de Darmstad, propiedad de los Hesse, la familia de Victoria.  Andrés y Margarita, la mayor de sus hijas, se fueron de regreso a Paris. Un día determinado, Felipe de nueve años fue invitado a un picnic en compañía de sus hermanas y su abuela. Alicia permaneció en el palacio. De pronto se presentaron los médicos y enfermeros encabezados por el psiquiatra suizo Ludwig Binswanger.
El Dr. Binswanger

Inicialmente Binswanger   intentó convencer a Alicia de ir a su sanatorio en Suiza por su propio pie. Cuando Alicia se negó vehementemente e intentó huir, se la sometió a la fuerza y se le inyectó un calmante. Como un fardo, la princesa fue embalada en un tren rumbo a Suiza. Se la mantuvo sedada todo el camino. Cuando Felipe regresó a casa su madre ya no estaba. Para evitar(se) problemas, Victoria inventó que Alicia había consentido y colaborado en su traslado. Felipe entonces se sintió traicionado y abandonado por su madre.

Bellevue, el sanatorio del Dr. Binswanger en Suiza era un hotel campestre, con villas separadas, cuartos con baños individuales, canchas de tenis, salas de billar, etc. Ahí entre gente realmente desequilibrada había celebridades buscando curas de reposo. Pintores, novelistas como Alfred Doblin, actores como Gustav Grundgens (el verdadero “Mefisto”) antes de su etapa de ídolo de matiné del Tercer Reich,  y por supuesto el gran bailarín Nijinski. A Alicia no le importaban esos lujos. Ella tenía la certeza de que un manicomio, por elitista que fuese, no debía ser su residencia y tenía serias dudas sobre la competencia de Binswanger.
Bellevue

Como estaba tranquila, se le permitió a la princesa recibir visitas y salir a dar paseos por el pueblo en compañía de enfermeras. Los no muy cercanos la notaban normal. No así los parientes todavía preocupados por las manías místicas de Alicia.

Leyendo sus comentarios me doy cuenta de que se sentían abochornados por la enfermedad de su parienta y deseaban tenerla lejos. Por eso se le negó permiso a Alicia de asistir a la boda de sus hijas. A Felipe solo se le permitió ir a visitar a su madre casi nueve meses después de haber sido ella internada. Felipe era el que peor estaba en la familia. Su padre había cerrado su casa en Francia y se desvinculó de su familia. Sus hermanas se habían casado y el niño gravitaba entre el internado y las casas de tíos.

En “Bubbikins” Morgan hace a Felipe decir dos grandes falsedades, que su madre solo lo fue “técnicamente” y que se pasó “la mitad de su vida adulta en manicomios”. Desde el nacimiento de Felipe hasta ser encerrada en Bellevue, Alicia se dedicó a su hijo, esmerándose en encontrarle buenas escuelas, ensenándole no solo griego sino también a ser frugal.   Todas esas cualidades que han permitido al Duque hacerse cargo de aspectos que su mujer, por sus deberes de reina, no puede manejar, desde la decoración de Clarence House hasta manejar finanzas reales, las aprendió Felipe de su madre.

Por otro lado, la ‘Locura” de Alicia solo se manifestó por un par de años. Con un buen tratamiento y buenos médicos, la hubiera superado antes. La mayor parte de su vida adulta, Alicia la dedicó a su familia y a los más necesitados, fueran heridos, refugiados griegos y en nuestra próxima entrada veremos su valiente actuación durante la ocupación alemana de Grecia.

En mi próxima entrada contaré el calvario medico de Alicia. Un calvario nacido de la ignorancia y negligencia de sus médicos. veremos su milagrosa cura, sus propósitos post-sanatorio de recobrar a Felipe, y sus prodigiosas aventuras durante la Segunda Guerra Mundial.