miércoles, 11 de agosto de 2021

Los Problemas de Ser tan Woke: Cuarta temporada de In Treatment

 


La cuarta temporada de “In Treatment” y el reboot de “Gossip Girl”  tienen un vínculo en común. Ambas se adhieren a la tendencia de moda de la inclusión de personajes diversossea en color u orientación sexualy la introducción en las tramas de problemas que afectan a esas personas. Será mi “sentimiento de culpa blanco” o el racismo sistémico que existe en mi raza (la de gatas semitas cuyos ancestros eran judíos andaluces de piel cetrina), pero su famoso wokeness no me ha hecho admirar más ambas series a las que considero bien mediocres.

En la primera década del Siglo XXI debutaba en HBO “In Treatment”, la claustrofóbica descripción de una serie de sesiones de terapia. Basada en un programa israelí, “in Treatment” tenía como protagonista a Gabriel Byrne en el rol de Paul Weston, prestigioso psiquiatra que seis noches a la semana nos llevaba en un tour de su tratamiento de un paciente en particular. Para completar la historia también veíamos a Weston convertido en paciente en sesiones con su terapeuta (Dianne Weist).



“In Treatment” fue muy aclamada por los críticos, aunque a mí me aburrió soberanamente. Después de tres temporadas, cerró en el 2010. El año pasado, HBO anunció una cuarta temporada. Parecía la idea perfecta para pandemia, una historia que ocurre solo dentro de un consultorio, y HBO supo aderezarla bien. Para empezar, el Weston de Byrne no es parte de este proyecto. Se menciona que está muy ocupado en Washington asesorando sobre la salud mental de los americanos en la Era del COVID.

Psicóloga Hembra y Afroamericana

Esta temporada tenemos psicóloga hembra y afroamericana interpretada por la actriz de origen nigeriano Uzu Aduba (Orange is the New Black) El único eslabón en común con la serie anterior es que la Dra. Brooke Taylor fue discípula de Weston, que lo considera su mentor, pero que ha estado evitándolo desde hace un tiempo. En un episodio se refiere a él con amargura como “un hombre blanco privilegiado” y,  como veremos,  Brooke tiene un problema con esa especie, aunque ese sea el menor de sus problemas.



Ocurrió algo muy curioso. Yo no hubiese visto esta serie si mi hermano no fuera fan y me diera una oportunidad de compartir algo con él que no sean preocupaciones y discusiones fútiles. Comenzamos viéndola los domingos e íbamos por la cuarta semana cuando nos dimos cuenta de que en vez de dos capítulos de media hora, la serie ofrecía semanalmente cuatro. La jornada dominical que cubría dos pacientes, era seguida por una tercera sesión el lunes acompañada de un episodio dedicado nada más que a Brooke que a ratos parecía más trastornada que sus clientes.

Decidimos seguir viéndola solo los domingos y dejar la otra mitad para cuando acabase la temporada. Hicimos bien. Del modo en que conocimos a Brooke se veía como una persona vulnerable, pero profesional. De otro modo, no la hubiésemos aguantado. Como no puedo aconsejarles ese experimento voy a reseñar la serie tal como fue construida.

Brooke Taylor, 42 años, es una psicóloga reconocida (algo poco común en ese campo tratándose de una afroamericana). Debido a la pandemia decide recibir pacientes en su casa en las colinas de Los Ángeles. Una bellísima casa que pronto descubrimos fue diseñada por el padre de la Dra. Taylor y es su legado. Este arquitecto que superó la barrera de los prejuicios raciales acaba de fallecer, razón por la cual su única hija ha regresado a California y a la casa, llena de fantasmas, donde transcurrieron su infancia y adolescencia.



Eladio vs Los Blancos

 Brooke tiene tres pacientes, dos varones y una hembra. Solo uno es heterosexual, solo uno es blanco. Uno de ellos tiene sesiones típicas de cuarentena, vía zoom. Se trata de Eladio Restrepo, un veinteañero gay que, a pesar de haber ido a la universidad, sería una especie de vagabundo si no lo hubiese rescatado una pareja de clientes de un restaurante tailandés donde trabajaba. Los Di Marco son millonarios que contratan a Eladio para que cuide de Jeremy, su hijo parapléjico.

Por un lado, es una tremenda responsabilidad. Eladio no es un profesional, aunque anteriormente trabajó en un hogar de ancianos. Cuando Eladio (que les ha ocultado a sus patrones que es bipolar diagnosticado) comienza a experimentar insomnio continuo, los di Marco pagan las exorbitantes sumas que exige Brooke para que ella lo cure.



A través de encuentros vía zoom, Eladio y Brooke comienzan a establecer vínculos y el chico va abriéndole su intimidad. Le cuenta de su difícil relación con su madre que aun el haber sufrido de Covid no los ha acercado, de su reciente desengaño amoroso, su escasez de amigos y su relación con Jeremy y los padres de quien Eladio considera su amigo. Sin embargo, aunque Eladio está agradecido y siente, por primera vez, que “Los Blancos” lo tratan como a un igual, también tiene dudas sobre esa relación. ¿Es Jeremy realmente su amigo? ¿Es Eladio parte de la familia o un sirviente? También se queja de que le pagan menos que lo que le pagarían a un profesional y que lo hacen hacer cosas que no están en su descripción de trabajo como limpiar la piscina.

Yo entiendo a Eladio por qué es lo que nos ocurre a todos, aun a los profesionales, cuando trabajamos para alguien. ¿En qué momento la amistad choca con la relación laboral?  ¿En qué punto acaba uno de ser amigo y pasa a ser empleado (o patrón, porque también lo he sido)?  Debido a que Eladio es percibido como servicio doméstico, la relación cae dentro de luchas de clases, los pobres vs los ricos, pero me parece incorrecto que el cuento del privilegio tenga que venir teñido de racismo.

Por el apellido deducimos que los Di Marco son italoamericanos. Posiblemente sus ancestros fueron inmigrantes del Sur de Italia. Si Eladio fuese al sur de la península italiana vería que la gente físicamente no es diferente a él, con piel de tono cappuccino, ojos claros y cabello ensortijado. Ese empeño en hacernos a los latinos ser gente de color es a veces un poco forzado.



Al no rebatir esa acepción de que los di Marco son patrones abusadores debido a su privilegio, Brooke comete un error y no es el único ya que ha permitido que Eladio al llamarla fuera de horario de trabajo sobrepase los límites impuestos por relación terapeuta-paciente. La respuesta está en el capítulo semanal que la serie dedica a la vida personal de Brooke.

El Pasado de Brooke

En el primero de esos, la Dra. Taylor recibe la visita de Rita, (al parecer) su única amiga. Ahí descubrimos que ambas son parte de Alcohólicos Anónimos y que la psicóloga ha abandonado su programa de rehabilitación. Brooke confiesa que ha sido traumático tanto la muerte del padre como el haber heredado esta casa que le recuerda a la madre alcohólica que murió cuando la Dra. Taylor tenía diecisiete años. La casa también le recuerda su difícil relación con un padre que cifró todas sus ilusiones en su única hija. Ilusiones que acabaron cuando Brooke fue madre soltera los quince años.



Aparte de forzarla a entregar a su hijo en adopción, el padre nunca volvió a tratar a su hija con respeto, ni siquiera cuando ella se graduó con honores de Stanford. El volver al hogar paterno obligó a Brooke a enfrentar el hecho de que había existido un distanciamiento total con su padre tanto que ella desconocía cambios en la vida del arquitecto desde su afición a programas de cocina hasta la pareja que compartió los últimos años de su vida.

Irritada y desolada, Brooke siente que su instinto maternal despierta y se pone a buscar al hijo perdido. Los fracasos en esa empresa la empujan más a la botella y a ampliar su relación con Eladio. Adam, su pareja esporádica de décadas, cree que la solución está en escribirle a la cigüeña, pero Brooke no quiere un bebé. Quiere un hijo adulto, o el perdido alrededor del cual inventa fantasías, o Eladio. Para Rita el gran problema está en que Brooke no quiere rehabilitarse. La Dra. Taylor se miente a si misma creyendo que puede dominar su alcoholismo.

Un día, Eladio aparece en la puerta de Brooke. Está feliz, ha mandado al carajo a los di Marco. Está desempleado, durmiendo en un sofá de una amiga, y viviendo de sus magros ahorros, pero muy agradecido con su “mamita” que le aconsejó dar ese paso. En vez de enviarlo de regreso con los di Marco para negociar mejores condiciones o al menos despedirse como gente, Brooke reacciona escandalizada asegurando que jamás aconsejó al paciente abandonar su empleo..



Ese es un rasgo desagradable de la Dra. Taylor, su incapacidad de aceptar responsabilidad por sus actos. Hace creer a Rita que es Adam quien la hace beber, cuando él mismo dice “nunca te he servido una copa que no me hayas pedido”. Por conversaciones con Rita, y el mismo Adam, descubrimos que lo que está pasando no es nuevo. En el pasado, la psicóloga tuvo recaídas que acaban en sexo con extraños, y accidentes automovilísticos.

En el pasado, muchas veces Brooke ha abandonado a Adam para luego ser ella quien le pide que regrese, algo que él siempre hace. Desde mi punto de vista, es Adam quien está en una relación toxica, no ella quien puede usarlo de compañero de cama y bar, sin sentirse ni comprometida ni amenazada. Mas importante, él no la hace sentirse inferior ni cuestionada como lo hacía su padre o Paul Weston a quien Brooks ha estado evitando. La extraña manera de la Dra. Taylor de relacionarse con el sexo opuesto queda en evidencia con Colin, su segundo paciente.



El Tóxico Encanto de un Blanco Privilegiado

Un embaucador profesional, Colin ha sido condenado a un año de cárcel por estafas tecnológicas. En prisión descubre que su labia no lo protege y tras unas peleas con otros presidiarios su sentencia es alargada dos años más. Eso lo hace sentirse una víctima. Aunque está en libertad bajo palabra, la corte no está segura de que el bandido no represente un peligro para la sociedad y para sí mismo. Será Brooke la que tenga la misión de decidir el destino de Colin a través de un determinado número de sesiones.

Sabiendo que ella tiene su futuro en sus manos, Colin intenta congraciarse con Brooke. Le cuenta que es un liberal que se crió en una comuna de hippies y que está horrorizado con lo ocurrido con George Floyd. Pronto Brooke se da cuenta que Colin es un narcisista y un mentiroso patológico. Cuando lo expone como tal, el paciente reacciona atacándola con comentarios sexistas y racistas. No se sabe cuándo es más insoportable el pobre Colin.



A pesar de la mala opinión que tiene de las mujeres, Colin admite seguir enamorado de su ex esposa y Brooke lo anima a contactarla. En su próxima sesión, Colin se ve transformado. Su esposa respondió su email, acepta verlo, él quiere que lo acompañe a la próxima sesión. Aunque Brooke tiene sus dudas, acepta. El día indicado llega un Colin entusiasmado, insiste en esperar a Hannah, se pone nervioso con su tardanza. Finalmente sale a la calle. Rompe el corazón ver su desolación. Vemos que Brooke está conmovida. Hannah nunca llega.



Ya adentro estalla la bomba, tras un interrogatorio, Coín confiesa. Su mujer no vendrá. No quiere nada con él. Ha vuelto a casarse y tiene lo que más desea, espera un hijo. Brooke se sorprende.  ¿Por qué Hannah no tuvo un hijo con Colin? Aquí llega la guinda del pastel. Colin tuvo una vasectomía en su juventud y no tuvo la delicadeza de contárselo a su mujer que se casó llena de esperanzas de ser madre. Él le siguió la corriente en cuanto tratamiento médico o holístico intentó su esposa. Dejó que se llenara de ilusiones, que se sintiese humillada por creerse estéril. Con razón, al descubrir la verdad, lo abandonó.

Brooke está  boquiabierta y nosotros también. No hay palabras para cerrar esta confesión. Sin embargo, la terapeuta acepta volver a ver a este paciente tan reprobable. Solo que Colin regresa antes. Una noche en que Brooke está allí con su traguito nocturno, aparece Colin en la puerta. Paseaba por ahí… ¿Como va a andar paseando de noche por un lugar aislado de las colinas angelinas? ¿Quiere que se lo coma un coyote?

El caso es que Colin necesita un baño. Lo primero que nos aconsejan cuando nos vamos a vivir solas es a no caer en el cuento de “necesito un baño”, pero Brooke peca de ingenua y deja entrar a este delincuente poco recomendable. Después de dejar hediondo el baño, Colin sale y anuncia que se quedará ahí hasta que llegue un Uber que pronto descubrimos-nunca ha llamado-. Brooke insiste en que espere afuera. Colin insiste en quedarse.

Comienzo a ponerme nerviosa. La Dra. Taylor comienza a ponerse nerviosa. Y entonces…¡Aparece el Chapulín colorado! Entra Adam (con su llave) cargando bolsas del mercado. La reacción sensata seria que Brooke presente a Adam como su pareja y a Colin como “este es Colin,  ya se iba”. Pero no,  las exigencias combinadas de Mituteras y BLM es que ningún hombre blanco debe defender a una mujer de color, ni siquiera de los acosos de otros blancos.

Por eso la psicóloga le ordena al novio que se vaya al cuarto como un niño regañado. Acto seguido, hace que Colin llame un Uber, lo instala en un sofá, le sirve una copa, ¡ella se sirve otra y se le acurruca al lado! Guau! pero yo he hecho eso y es un preludio para meternos entre las sabanas. Colin lo entiende así, se toma su tiempo, se instala a sus anchas y comienza a contar su vida, las oportunidades perdidas, su deseo de reforma.



Brooke lo interrumpe con ronroneo de gata alcohólica y dice que no hable de oportunidades perdidas. Él es un HOMBRE BLANCO HETEROSEXUAL PRIVILEGIADO, “El mundo fue construido para ti…sin obstáculos. ..solo tu pereza e inseguridad”. Todas las oportunidades son suyas si no las ha aprovechado es porque es tonto. Ella quiere derribar todas las estatuas de hombres blancos porque su “filantropía es un modo de lavar la sangre de sus millones”.

Este magnífico discurso woke casi hace llorar a Colin. Lo salva la llegada del Uber. Adam sale del cuarto y confronta a Brooke sobre el modo en que lo ha tratado. Su amante se burla acusándolo de estar celoso. Brooke está eufórica. En una sola noche ha humillado a dos hombres blancos. ¿Es esa la venganza de la mujer de color? Pues no me parece ni muy humana ni muy profesional.

Colin regresa a la semana siguiente y Brooke lo recibe contenta y con disculpas. Algo que es común en la Dra. Taylor. Caerle a la gente con patadas de elefante para luego pedir excusas que suenan falsas. Colin ni se acuerda , está muy contento. Ha conseguido un nuevo proyecto, nuevos inversionistas. hasta le ofrece un empleo a Brooke. Y como entendió todo como yo lo hubiera entendido, trata de besarla. Entendió que Adam no es importante para ella, la Dra. Taylor necesita un hombre como él.



 Brooke reacciona escandalizada. Colin la insulta y, aun así, Brrooke está dispuesta a seguir atendiéndolo como requisito para declararlo cuerdo. La actitud de Brooke está abierta a muchas interpretaciones, ninguna muy buena, pero los críticos, embobados con este retrato de poder negro, lo ven como “un desafío profesional” para la psicóloga. ¿Perdón? En psiquiatría ningún paciente puede verse como desafío. Además de inhumano,  es poco ético.

Lo que pasa es que, si Eladio es el hijo perdido, Colin es como un reflejo de la dificultad de Brooke de enfrentar realidad y ser honesta consigo misma. Incluso en sus relaciones, ella es tan marrullera como el delincuente. Toda la temporada se la ha pasado haciéndole creer a Adam que van a encargar un bebé, incluso pidiéndole que no use métodos anticonceptivos. Pero como le lanza en la cara en el último episodio, está tomando la píldora del día después.. ¿Acaso no es lo mismo que Colin hizo con su mujer?

Laila, la Princesita Victima

La única vez que siento lástima por la Dra. Taylor es cuando le toca atender a la odiosa Laila una “princesa de ébano” de 18 años llena de actitudes de privilegiada (basta ver su vestuario que eclipsa a la nueva versión de “Gossip Girl”), de actitudes burlescas y de acusaciones de militante woke. La trae su abuela que ha fungido como figura materna desde que la madre de la chica abandonó a la familia para irse con un blanco.



Rhonda, (la abuela) la presenta de esta manera “mi nieta ha elegido ser lesbiana”. Aunque Brooke estúpidamente cree que Rhonda quiere aplicar terapia de conversión a Laila, yo escuché claramente cuando la abuela expresaba un deseo  de  que la terapeuta “armara” a la nieta con algunas tácticas con las que sobrevivir el vivir sola ya que Laila va camino a la universidad.



Ciertamente, las chicas gays sobreprotegidas pueden ser objeto de acoso y cosas peores en los dorms, pero también las mocosas antisociales como Laila que admitirá que es una inútil. Eso va desde no saber cocinar hasta no saber manejar su dinero y su vida,

Laila comienza agrediendo a Brooke:  “debes tener como 70 años. ¿No?” luego le rebaja la edad a 50. Brooke muy paciente confiesa tener 42 años. Laila despectivamente dice saber que hay algo oscuro en el pasado de su psiquiatra. Brooke le cuenta sobre su hijo, pero Laila no demuestra compasión. Cuando se vive como víctima no hay espacio para sentir lástima por otros.



Finalmente, Laila sale con el discurso de Greta de que Brooke y su generación han destruido el medioambiente e invitado a calamidades mundiales. Me ha sorprendido que Brooke no la reprenda cuando a otros pacientes lo has regañado y gritoneado.

Yo estoy harta de estos mocosos ignorantes. Tal vez Brooke se sienta culpable,  yo no. Desde 1990 que reciclo, no recuerdo desde cuando milito a favor de los animales. dejé de usar aerosoles,  por años fabriqué mis propios cosméticos y mientras tuve dinero,  doné a no sé cuántas causa ambientalista conociera desde “Salven al Amazonas” hasta “¡No maten a  las focas!”

Incluso en los 80s mi madre cultivaba sus propios vegetales para evitar químicos insalubres. En los 60,  los hippies nos hicieron tomar conciencia de una vida más sana y natural. No quiero seguir porque vamos a llegar a toda la preocupación nazi por el medio ambiente. Me irrita que la militancia medioambientalista juvenil seacomo en todoagresiva sin necesidad. Que se base o se enfoque en cosas equivocadas, en vez de revisar la historia del movimiento y ver donde se falló y que estrategias hay que descartar.



Pero lo que me ofende (y aunque tenga 62 años si puedo ofenderme) es que esta cría ignorante, hostil y maleducada se defienda atacando a otros. Pronto descubrimos que Laila , además de embustera profesional , es una delincuente que alardea de su intensa vida sexual con una quinceañera (ilegal en California) que pretende llevársela a los altos de Machu Pichu (lo que sería considerado secuestro siendo la novia menor de edad). Brooke se pasa de diplomática y con eso parece aprobar el comportamiento de su paciente.

La excepción ocurre cuando los lamentos de Laila  la llevan a pensar que contempla suicidarse. Le pregunta y la  reacción de Laila es apoteósica.  Le lanza un “How dare you (¿Como te atreves?) sacado de la boca de Greta Thurnberg (si los adolescentes supieran lo ofensiva que es esa pregunta…). Sin embargo, lo próximo es que Rhonda se aparece en la puerta de Brooke.  Laila ha desaparecido, antes rompió con su noviecita porque a pesar de su corta edad, esta es más madura y vive en el mundo real.

Brooke vuelve a caer en la trampa de Laila. Hace que la abuela llame a la policía, que busquen a la chica que posiblemente se ha aventado de alguna colina. Brooke insiste en culpar a Rhonda (y sus castigos corporales) por los problemas de su nieta, cuando ella misma ha hecho caer a su paciente en el rol de victima-ya-asignada por ser hembra y negra (Si, con un Bentley del año).



Es entonces que la psiquiatra recibe una llamada de Laila. Esta en Perú  (Perú, Indiana probablemente). Brooke está  extasiada. Laila se ha atrevido a hacer lo que la psicóloga no hizo a su edad. El que Laila esté en un país con un desbocado índice de COVID, con una situación política muy frágil , y que ni siquiera sepa el idioma, carece de importancia. Tal como Brooke vive de sueños (su hijo la amará apenas la conozca,  puede dejar de beber en cuanto quiera,  jamás ha coqueteado con Colin, etc..) lo de Laila no pasa ser una fantasía.



Como diría mi madre:  “cuidado con seguir consejos. Las consecuencias nunca las paga quien aconseja”, Brooke se las ha arreglado para que Eladio pierda el empleo, Laila esté perdida en Sudamérica y, sin embargo, ha firmado papeles para que Colin siga libre y estafando al prójimo. Como que no me gustaría que fuese mi terapeuta. Cuando la abuela de Brooke comenta que la razón por la cual hay pocos sicólogos afroamericanos es porque su propia gente no confía en ellos, yo les doy la razón.

Esa noche, Adam hace un chiste de que Laila como la Dra. Taylor “abandona cosas”. Brooke se molesta como suele hacerlo cuando le dicen la verdad. Le espeta al amante una pregunta tendenciosa “¿que ves cuando me miras? “ Incomodo, Adam responde “tristeza”. Temeroso de haberla molestado,  intenta arreglarlo con un pésimo chiste sobre como espera que su hijo no herede esa tristeza.

Furiosa, la psiquiatra le escupe en el rostro que no habrá hijo. “ni tu ni yo podemos tener uno” y le revela lo de la píldora del día después. Acto seguido huye a su cuarto tal como se ocultó en el baño cuando la conversación con Eladio la incomodó. ¿Qué tipo de terapeuta es esta que se oculta de sus pacientes?



 Adam lava los platos, pero necesita hablar de lo ocurrido. Brooke finge tener sueño, pero él la obliga a escucharlo. Es ella quien lo ha abandonado muchas veces para luego buscarlo. No lo ha hecho ni por amor ni porque él sea un buen compañero de copas. Lo  que pasa es que es el hombre perfecto para Brooke porque es menos que ella, gana menos, es menos inteligente y eso la hace sentirse poderosa.

Brooke insiste en que no es cierto, hacen el amor, pero a la mañana siguiente, ella empaca las cosas de Adam. Se supone que es un signo de empoderamiento: la mujer de color se desliga del hombre blanco, ¿pero cuánto tiempo durara esa separación? Ya sabemos que estas estas expulsiones periódicas son  un patrón de comportamiento en la Dra. Taylor. Tal como cuando llama a Rita para regresar a Alcohólicos Anónimos, no sabemos cuánto tiempo durará ese deseo de rehabilitarse.

La serie me ha dejado muy mal sabor de boca.  No me gusta que pongan personajes étnicos negativos, menos si estamos en una era de reconocimiento de logros y aportes de gente de color. Brooke Taylor es retratada no solo como una persona inconexa y extraviada. También como una mala profesional, al menos sin mucha ética. He visto psicólogas criticar en línea su comportamiento.



En Jung at Heart hasta han notado que cuando cita a Jung lo hace mal. Es parte del cuadro de la personalidad de Brooke que quiere aparecer culta, que sueña con descubrir que su hijo es novelista, que lee a Bolaños, y que comenta con Eladio como la conmovió la Cándida Erendira. Bitch, Please!

Meditaba sobre el objeto de una serie que no logra hacernos simpatizar con la protagonista cuando encontré este artículo que lo explica todo . En Refinery 29, Kathleen Newman-Bremang demuestra que el personaje de Uzo Aduba se aleja del estereotipo de la ‘terapeuta negra” que está ahí para ayudar y “Salvar” blancos.  Con ella se elimina esa idea de que los médicos negros deben rescatar a blancos. Newman-Bremang rechaza este estereotipo ligado al de “la amiga negra” y lo asocia con el odiado trope del “negro mágico” que nos lleva al viejo cliché de la Mammy.



Por un lado, me horrorizan estas teorías segregacionistas. ¿Qué pasaría si ningún blanco quisiese atenderse con un profesional de color? ¿O si volviéramos a los tiempos en que médicos blancos se negaban a atender a negros? Por otro, es una ironía que la cultura woke insista en integrar al colectivo afroamericano a la sociedad “blanca” demostrando que los estereotipos de pobreza, ignorancia y delincuencia no son la norma que defina a la gente de color. Todo para que su misma gente se lo impida exigiendo distanciamientos sociales entre las razas.

HBO creyó “modernizarse ‘y “modernizar” una serie que trataba sobre las trampas, peligros, pero también méritos,  de la psiquiatría. El embutirle mensajitos contradictorios que solo sirvieron para confundir al público,  termina en un resquemor de poner nuestras vidas en manos de profesionales que necesitan de terapia o que anteponen sus complejos raciales antes que las necesidades del paciente.

 

jueves, 5 de agosto de 2021

Para Satisfacer el Paladar de un Rey: De la Duquesa de Duke Street a Clara de Castamar

 

 


Una de las razones que me atrajo de “La cocinera de Castamar” fue la idea de conocer la cocina dieciochesca española. Sean los espectadores cocineros, historiadores de la gastronomía o simples amigos de la buena mesa, estas combinaciones de romances y platillos sabrosos gustan mucho. ¿Pero hay algún modelo que gobierne el retrato de una heroína-cocinera en period drama o tiempos modernos? ¿A cuál de ellas se acerca Clara Belmonte?

La fascinación de los humanos con la buena cocina ha inspirado muchas obras de ficción desde que Petronio incluyera en su Satiricón esa sátira de los nuevos ricos en la Fiesta de Trimalcyion. De la literatura ha pasado al cine y a la televisión donde muchas veces la comida sale de un libro como ocurrió con “Babette’s Feast” y Como agua para chocolate. Hubo un momento al final del Siglo XX, en que escribir o filmar algo sobre comida era sinónimo de éxito seguro. La Cocinera de Castramar puede señalarse como un renacimiento de esa tendencia que no sabría decir en qué momento acabó, pero si puedo señalar cuando comenzó.

Nace un Género Culinario

Una de las grandezas de “Out of Africa” fue sacar del olvido a la poco apreciada isak Dinesen. Meryl Streep en su retrato de Karen Blixen nos hizo interesarnos en la literatura de esta singular baronesa danesa que escribía bajo un seudónimo masculino. Como Blixen-Denizen fue maestra del cuento corto, no había mucha oportunidad, aparte de su biografía, de dramatizar su obra.



En Dinamarca, Gabriel Axel escogió un cuento, lo convirtió en filme, y tuvo un blockbuster dentro y fuera de las fronteras danesas puesto que llegó a ganar un Oscar en 1987 como mejor Filme Extranjero.  “El festín de Babette” tiene lugar en el Siglo XIX en un remoto pueblo de Jutlandia, donde viven dos hermanas solteronas, Martine y Philippa. 

                                        Martine y Philippa

Estas hijas de un pastor observan un estilo de vida severa y puritana. Un día deciden acoger a Babette, una refugiada de la Guerra Franco-Prusiana. Por catorce años, Babette será cocinera de las hermanas acoplando sus platillos al modo de vida austero de sus patronas.

                   Babette en su cocina

Todo cambia cuando Babette gana la lotería y decide emplear lo ganado en una opípara cena de agradecimiento a sus benefactoras. A pesar de que las hermanas sienten que hay algo pecaminoso en probar comida exótica, aceptan e invitan a sus pocas amistades que incluyen a un general que una vez cortejó a Martine.



La cena que presenta a estos personajes provincianos con exquisiteces como sopa de tortuga, caviar y codornicesa la par de champagne, vinos finos y licoresconmueve tremendamente los paladares y almas de los invitados. El general, que es el único conocedor de la buena mesa, se siente tan satisfecho que se atreve a confesarle a Martine que nunca ha dejado de quererla.

                          El Baba au rhum , un cierre de lujo para el festín de Babette

Días después de la cena, Babette les hace una doble confesión a sus empleadoras. Una vez ella fue la chef estrella del mejor restaurante parisino y se ha gastado todo el premio en la cena. Las hermanas están desoladas: “ahora siempre serás pobre, Babette”. “Una artista nunca es pobre” les responde su cocinera. Las hermanas le aseguran que su recompensa estará en el cielo cocinando para los ángeles.



Me avergüenza decir que este filme, que vimos en familia, solo le gustó a mi padre que era un gourmand. A mi madre y a mí nos pareció estúpido gastar el dinero en una cena. Por suerte ni críticos ni publico compartieron nuestra zafia opinión y “‘Babette’s Feast” abrió la puerta para una serie de libros y filmes sobre la cocina.



De lo Étnico a lo Achocolatado

Aunque los libros buscaban celebrar culturas y cocinas étnicas desde la sureña en “Fried Green Tomatoes” hasta la turco-griega en “Un toque de canela”, sería una novela mexicana la que demostraría como la cocina puede ser tanto una expresión cultural como fuente de magia. En 1989, Laura Esquivel publicaba su novela debut Como agua para chocolate, la historia de una muchacha del Norte de México, en días de la Revolución Mexicana, oprimida por el patriarcado femenino.

                       Tita en su cocina

Obligada a no casarse y atender a una madre opresora, Tita arma su propia revolución en la cocina. Sin embargo, el que Tita no pueda ser feliz como mujer se lo debe a su madre, a la cobardía/comodidad de su cuñado/amante y a su propia dependencia de una relación que no le permite independizarse. La cocina no llega a ser una liberación sino como dijo la crítica Rita Kempley en The Washington Post  es un acto de impotencia que acaba con Tita incinerada por su propio deseo. Eso hace a Tita diferente a “La Cocinera de Castamar “.



Aun así, el tema de la magia que puede nacer en una cocina seguiría inspirando novelas. En 1997, Chitra Bannerjee Divakaruni publicaba Mistress of Spices la historia de una brujita hindú a la que se le ha otorgado el poder de hechizar y cambiar las cosas gracias a los condimentos que vende en su tienda. Solo debe seguir tres condiciones: nunca tocar la piel de sus clientes, nunca salir de su tienda, nunca usar su poder para beneficio propio. Pero cuando Tilo se enamora contraviene dos de esas reglas provocando una serie de desgracias.



Menos esotérica, pero igual de poderosa es la magia de Vienne, una chocolatera cuyos dulces cambian moral y costumbres de un pueblito francés en Chocolat de la autora inglesa Joanne Harris. Este libro fue tan popular que un año luego de su publicación, fue llevado al cine con Juliette Binoche encabezando un gran elenco. El filme recibió cinco nominaciones al Oscar incluyendo “Mejor película” y comenzó con una fascinación con el producto del cacao, sobre todo en las telenovelas.



Ahí tuvimos varias historias que circulaban alrededor de fábricas de cacao como la brasileña “Chocolate con pimienta” (2003) y la producción de Telemundo “Dame Chocolate” (2007). Aunque mi favorita fue la mexicana “Heridas de Amor” que tenía lugar en una hacienda cacaotera de Tabasco e incluía toques de realismo mágico además de menciones a los muchos usos del Xocolatl, tan apreciado en la Mesoamérica prehispánica. Aquí les dejo una nota de servidora sobre recetas inspiradas por la trama de esta telenovela del 2008.

Siguiendo con el tema, en el 2016, la RAI presentaba “Luisa Spagnoli”, la historia de la empresaria que creó la fábrica de bombones Perugina.  Y a fines de este año, llega la segunda novela de mi querida Socia/Beta Reader Lorena  Hughes titulada The Spanish Daughter.  Esta combinación de misterio y saga familiar tiene lugar en la jungla de Guayaquil que a comienzos del siglo XX fue una urbe cacaotera cuando el chocolate era el centro de la economía ecuatoriana.



El 2020, año que “Chocolat” llegó a los cines, fue un momento cúspide para el cine “cocinero” Además del filme de Juliette Binoche, pudimos apreciar “Vatel”, el primer retrato de un cocinero histórico en el cine, y la encantadora “Woman on Top” con Penélope Cruz y Murilo Benicio.

                          Isabella en su cocina

La acción de esta última tiene lugar en La Ángeles contemporánea donde llega la joven cocinera brasileña Isabella (Pe) quien viene a buscar refugio con su amiga trans Mónica. Isabella ha huido de su natal Bahía por culpa de Toninho (Murilo) su marido infiel quien la ha tenido escondida en la cocina de su restaurant, llevándose el crédito por los platillos de su esposa.


                             Isabella y Mónica ante las cámaras

Isabella tendrá que utilizar magia de candomblé para sacarse al marido de su corazón. Entretanto, en Bahía, el frustrado Toninho no encuentra nada mejor que insultar a Yemanya, la deidad del mar. Los pescadores comienzan a regresar con las redes vacías, no hay material para cocinar ni cocinera. Todos culpan a Toninho quien debe viajar a Estados Unidos para recuperar a su mujer. Solo que Isabella ahora es la estrella de su propio programa de televisión donde enseña cocina brasileña y ya tiene otro pretendiente.




Además de la cocina y la magia, existe en “Mujeres arriba” otro tema importante. A isabella la afligen paralizantes ataques de vértigo que la obligan a ser ella quien conduzca, quien guie a su pareja en el baile y en el sexo siempre debe estar arriba del marido, de ahí el título del filme. Este mal de la cocinera la acerca al personaje de Clara Belmonte quien también encuentra en la cocina una fuente de empoderamiento que la aleja de la vulnerabilidad de su agorafobia.



En algún momento llegó a saturar esta combinación de realismo mágico y cocina, tanto que invadió las películas infantiles. Ahí tuvimos al ratón chef Ratatouille y en la nueva versión de “La Princesa y el Sapo”, la heroína era una cocinera de color en la Nueva Orleans de los ’20.




                            Tiana en su cocina haciedo beignets

Esto coincidía, en la Era del Reality, con los programas de cocina en vivo que nos han hecho admirar y conocer los nombres de Anthony Bourdain, Gordon Ramsey y Nigella Lawson. El problema es que, con excepciones, estos programas dejan atrás las comidas y se meten en dinámicas de poder que se alejan de lo domestico y entran en el manejo de restaurantes y jerarquías dentro del mundo de los chefs.

Eso más pasó en la única telenovela que recuerdo sobre el tema “Querida Enemiga” donde Ana Layevska es una aspirante a chef que conseguía empleo en la cocina del restaurante de su maestro más temido y terminaba casándose con él. Esto ocurrió en el 2008 y no recuerdo ya más, aunque estoy segura de que no he mencionado ni la mitad, pero es que me ha costado situar a “La Cocinera de Castamar” en ese universo culinario. Sus recetas sí, pero no el personaje. Finalmente encontré algunos paralelos con un filme francés del 2000 “Vatel” y con una excelente serie inglesa de 1978 “La Duquesa de Duke Street”.

                         Lorena en su cocina de "Querida Enemiga"

Vatel y la Ingratitud Patronal

“Vatel es un relato inspirado por vida y muerte del primer chef importante que nos menciona la historia. Esto es lo que nos cuentan los textos de contemporáneos como la Marquesa de Sevigne y el Duque de Saint Simon. François Vatel, nacido en Suiza, ascendió en las fogones hasta convertirse en Maestre de Cocina y Festejos de Nicolas Fouquet, ministro de economía de Luis XIV.

En ocasión de una visita del Rey Sol, Vatel elaboró una cena opulenta y sabrosa. El agasajo irónicamente propició la ruina de Fouquet. Arruinado por guerras y la Revuelta de La Fronda, Luis no estaba en condiciones de ofrecer tales eventos. Molesto, se le ocurrió que su ministro estaba malversando fondos y lo hizo apresar.



Conocidos entre las amistades del patrón le aseguraron a Vatel un puesto en otro gran hogar, el Castillo de Chantilly propiedad del Príncipe de Condé. Aunque de sangre real, Condé andaba medio reñido con su rey-primo puesto que había tenido la temeridad de apoyar a los frondistas. 

En 1761, el rey Luis hizo un acercamiento al visitar el Castillo de Chantilly. Sabedor de que de esa visita dependía el futuro de la casa de Condé, Vatel preparó unos festejos exquisitos. Todo iba bien hasta que una noche no hubo suficiente asado para todos los comensales. A pesar de que El Gran Condé fue en persona a tranquilizar a su mayordomo-cocinero, Vatel estaba al borde del colapso. La mecha que hizo arder su pólvora fue la demora del pescado que sería el platillo principal. Sintiéndose al borde de a deshonra, el cocinero se suicidó.



Muy conmovido, el rey le dijo a Condé que la razón por la cual no visitaba las casas de sus cortesanos era porque sabía el esfuerzo físico y gasto económico que imponían las visitas reales. El pescado alcanzó a llegar, pero, por luto a Vatel todos rehusaron a comerlo. Esta hermosa historia adquirió sesgos políticamente correctos e incorrectos en el filme de Roland Joffe.

Vatel (Gerard Depardie) es el devoto sirviente del Príncipe de Condé (Julian ¨Master Pycelles¨Glover) y quiere que el Rey Sol (Julian Sands) aprecie a su amo tanto como él. Por eso lo vemos deslomarse y pasarse noches sin dormir agasajando al soberano y sus invitados. Vatel es el rey de los recursos, su creatividad no tiene límites. Si no han llegado las lamparillas para iluminar las fiestas nocturnas al fresco, socava melones para hacer linternas. Si se acabaron los huevos para la crema inglesa, inventa la Crema Chantilly.

                              Vatel en su cocina



Sin embargo, el mayor trabajo no está en el entretenimiento sino en defender a sus criados y a si mismo del acoso sexual de Monsieur, el hermano del rey, que aquí no es tan encantador como en “Versalles”.  A quien no puede el cocinero/mayordomo defender de la lascivia real es a Anne de Montausier (Uma Thurman), dama de la reina Maria Teresa, a quien Luis XIV obliga a ser su amante. Vatel y Anne se enamoran, lo que lo convierte en enemigo del Marqués de Lauzun (Tim Roth) que también la desea.

                       Vatel y Lauzun

Vatel se da cuenta que para el rey todos son esclavos, tal como él es solo un criado. No tiene el poder de proteger a Anne, y ella está demasiado alto para ser su mujer. Con una semana sin dormir, y con los nervios de punta, Vatel está al borde del colapso. El último golpe es descubrir que Condé ha cometido la torpeza de jugarse y perder a Vatel en la mesa de naipes. Ahora el chef tendrá que ir a trabajar para Luis XIV, el ganador de la partida.



Vatel comprende lo poco importante que era para su patrón y se suicida. Al rey le hacen el cuento de los pescados y todo sigue igual. Solo Anne sabe la verdad y abandona la corte. En “Vatel” hay temas que se reflejan en “La Cocinera de Castamar” (serie) el poder del rey sobre sus ciudadanos y la poca importancia que los nobles dan a los criados y su trabajo.



De Cocinera a Duquesa

Sin embargo, lo que han hecho en Atres Player con el texto de Muñes, y que ya poco se parece a la novela, recuerda una injustamente olvidada serie inglesa de 1979. A la saga de su exitazo “Upstairs, Downstairs” John Hawkesworth produciría otro éxito “La Duquesa de la Calle Duque” inspirada en la famosa cocinera y hotelera Rosa Lewis, a quien apodaban la Duquesa de Jermyn Street. Esta serie narra la saga de Louisa Layton (Gemma Jones, la Madame Pomfret de Harry Potter), una chica de familia humilde con un gran sueño, ser la mejor cocinera de Inglaterra.



Para eso, y desoyendo a su madre que la quiere ver casada, Louisa consigue un puesto de ayudante de cocina en casa de Lord Henry Norton. Aunque es recibida con simpatía por la Señora Catchpole, la gobernanta, es vista con recelo tanto por el resto del servicio como por Monsieur Alphonse, el chef francés que gobierna la cocina.



Alphonse cree que ninguna mujer puede ser cocinera de calidad y eso es lo que creen y han creído las clases altas por siglos. Aun hoy hay un debate eterno de por qué las mujeres no son valoradas en el mundo de la Haute Cuisine. Por cada Nigella Lawson hay diez Gordon Ramseys.

Esto es algo que se refleja en la ficción dieciochesca. En “Xica”, que tiene lugar en el Brasil Colonial, donde la comida está a cargo de esclavos, es muy cotizado el cocinero Mandinga que primero reina en los fogones del Comendador Caldeira D’Abrantes, luego en casa del Capitán Mayor hasta que acaba en la hoguera acusado de brujería.

Mandinga en su cocina

 Cuando el Sargento Mayor Cabral compra a Xica y a su madre, su mujer Doña Micaela las pone en la cocina argumentando que no cree que las mujeres no puedan ser buenas chefs. Pero cuando Xica se convierte en gran dama contrata a un hombre para que le cocine y cuando este esclavo cocinero la traiciona, su patrona no titubea en lanzarlo a la olla.


 Damián se pasa al bnado de los enemigos de Xica
                Xica convierte a Damián en feijoada y se la sirve a Violante

En la España dieciochesca no hay mención de mujeres en el servicio culinario, a menos que se tratase de taberneras. A mitad de siglo cuando Carlos III dejó Nápoles para reinar en Madrid, su consorte Amalia de Sajonia se trajo una cocinera de Italia, pero no duro mucho. Ala muerte de la reina, la cocinera retornó a Nápoles.

Fue entonces que la reina viuda Isabel de Farnesio contrató a la española Francisca Sánchez para que se encargase de su comida. Tras la muerte de Isabel, Francisca seguiría en los fogones reales ahora a cargo de la mesa de Maria Luisa de Parma que había llegado a la corte como esposa del Príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV. A pesar de sus importantes comensales, el sexo de Doña Francisca la hacía ser menospreciada y esto era evidente en su sueldo, cinco reales mensuales cuando los cocineros de planta del Rey Carlos, Jean de la Tremoille y Antonio Catalán ganaban mil reales mensuales.

                     La mesa de Carlos III

Volviendo a “la Duquesa de Duke Street”, a pesar del antagonismo que Louisa encuentra en las cocinas de Lord Henry, pronto hace amistades con la humilde Mary y con Trotter, el ayuda de cámara del patrón. Mas importante, se gana la confianza de Monsieur Alphonse que comienza a adiestrarla en el arte de convertirse en cocinera Cordón Bleu.

                   Louisa y Monsieur Alphonse



Llega el primer verano. Lord Henry se va a Escocia de cacería, Monsieur Alphonse se va a Francia a visitar a su hermana,. En casa vacía, Louisa queda a cargo de la cocina. Y entonces cae una bomba. En agosto, Lord Henry regresa de improviso con una pandilla de hambrientos amigos. Pasado el primer susto, Louisa se prepara para ofrecerles una cena de lujo. A pesar de pequeños tropiezos, Louisa lo logra.

                  Louisa en su cocina



Tan satisfechos quedan los invitados que solicitan la presencia de la cocinera para felicitarla. Muy cortada, entra Louisa al comedor y su sorpresa es mayúscula. En el asiento de Lord Henry está, nada menos, que el Príncipe de Gales. El futuro rey le da a Louisa una moneda de oro: “un soberano de tu futuro soberano”. Louisa sale del comedor y se desmaya. Despierta en la cocina donde la espera su staff con champaña. Trotter brinda con ellas y le dice que para no presionarla más se le ocultó la presencia del futuro Eduardo VI.

No es la última vez que Louisa verá al rey. En una ocasión, el Príncipe (Bertie para los amigos) la convoca al Palacio de Buckingham para que se encargue de los festejos. Envalentonada con tanta fama, Louisa comienza a visualizar un futuro en el que será una famosa chef. Pero, aunque la historia tiene lugar en 1901, la gente de la clase de Layton no puede tener muchas aspiraciones. El sueño infantil de “Layton” era ser maestra. Sueño truncado cuando su madre la retiró de la escuela para ponerla a servir.

                      Pescado en aspic, una especialidad de Louisa

Además del tema de una ayudante de cocina que se convierte en la estrella del servicio de una familia noble y que se codea con la realeza, hay otro eslabón que vincula a Louisa Layton y Clara Belmonte. Ambas encuentran el amor entre pucheros y cazuelas.

El primer cortejante de Louisa es Trotter que ha quedado embobado con esta cocinera tan pizpireta y determinada. El otro será Charlie Tyrrell (Christopher Cazenove), sobrino favorito de Lord Henry y heredero del Vizconde de Hazelmare.

Una noche, la cocinera encuentra en su cuarto al joven Tyrrell en piyamas y con aviesas intenciones. Armado con un collar de rubíes, Charlie le ofrece a Louisa ponerle una casa en un barrio elegante para que ella atienda sus necesidades sexuales. Tras endilgarle un sermón, “Layton” le explica que ella no busca eso, que su sueño es ser la mejor cocinera del mundo. Tras dejarle el collar, Charlie se aleja.

                     Los rubies de Charlie Tyrrell

El que es difícil de alejar es el Príncipe de Gales. Por algo, Henry James apodó a “Bertie” “Eduardo, el Acariciador”. Cuando el Príncipe se encaprichaba con una mujer no cejaba hasta tenerla y la tela de araña que tiende alrededor de Louisa es escalofriante. Avisado de los deseos de su Majestad, Lord Henry encarga a su ama de llaves que convenza a Louisa de casarse con Trotter con el cuento de que es impropio tener una cocinera soltera. Algo de eso es cierto puesto que las cocineras de “Upstairs, Downstairs” y “Downton Abbey” eran solteronas, pero se las conocía como Mrs. Bridges Y Mrs. Patmore.

Ante la negativa de Louisa, se le tiene que explicar la ruda verdad. El matrimonio con Trotter es una fachada, el “derecho e la pernada” lo tiene el Príncipe de Gales. La alternativa es que Louisa será despedida, sin cartas de recomendación y nunca más podrá cocinar para la aristocracia. De esa forma, Louisa se convierte en “Mrs. Trotter” solo de nombre y en amante de facto de un futuro rey.

Por suerte para Louisa, los caprichos del Príncipe de Gales no duraban mucho. Su ascensión al trono coincide con tedio con su última conquista, y Louisa queda libre. Para recompensarla, el Príncipe le cumple el sueño de tener su propio establecimiento, un hotel-restaurante en Duke Street. El pobre Trotter, convencido de que podrá manejar tanto su vida laboral como marital, trae a su hermana para que los ayude en el Hotel Bentinck.

Louisa detesta a cuñada y desprecia al marido. Pronto se deshace de ambos, pero la mala administración Trotter ha acabado con el negocio antes de este surgir. En compañía de Mary que ha venido a trabajar con ella, a Louisa se le ocurre una nueva empresa, preparar pasteles de carne y otras reposterías para que las vendan los almaceneros cercanos. Es un buen negocio, pero no se dan abasto y Louisa sufre un surménage. El medico aconseja reposo.

De madrugada, Louisa se le escapa a Mary para ir a repartir los encargos. Así la encuentra Charlie Tyrrell, que vuelve de una juerga, colapsada empujando un carrito por las calles de Londres. La lleva al hospital y ahí le hace una propuesta menos indecente que la anterior. Sus propiedades están en el campo, pero su vida social está en Londres. El no desea comprar casa. Si Louisa le “regala” la mejor suite de su hotel y promete cocinar para él y sus amigos, el invertirá en el negocio. Louisa acepta.



Pronto la sociedad da frutos. Las amistades de Charlie publicitan el establecimiento, y el hotel se vuelve famoso en Londres. Para entonces, Louisa y Charlie reconocen estar enamorados y se hacen amantes. Sin embargo, los separan las clases sociales. Cuando muere el padre de Charlie y éste hereda el título, Lord Henry le hace ver a su ex cocinera que debe acabar con esa relación. El ahora Lord Hazelemere tiene nuevas obligaciones sociales. Así Louisa deja que Charlie parta en un largo viaje sin contarle que esperan un hijo.



Para cuando Charlie regresa y descubre que es padre de una niña, Louisa ha decidido por ambos. No acepta convertirse en Lady Hazelmare, no quiere volver a casarse, ni desea criar a Lottie.  Charlie se lleva a la niña y la pone a criar con una familia de labriegos que vive en su propiedad. De alguna manera, Louisa arruina la vida de los tres y Charlie se lo echará en cara en algún momento. Aunque Charlie se casa, ni forma una familia ni es feliz. Su mujer descubre que él sigue amando a Louisa, y se suicida.



Louisa llevará una vida célibe por quince años, hasta que, durante la Gran Guerra, en una noche en el frente vuelva a los brazos de Charlie y por fin acepte su propuesta de matrimonio. El muere a causa de las heridas recibidas en batalla y la desolada Louisa deberá intentar reconectarse con la hija que abandonó.



Amores de Cocineras

“La Duquesa de la Calle Duque” fue una gran serie, con muchas subtramas, tanto de los huéspedes como del staff del hotel y se mantuvo apegada a la historia londinense del siglo XX, mostrando la evolución social del Reino Unido, pero cómo historia de amor dejó que desear. Para las feministas, el que Louisa antepusiera su carrera antes del matrimonio podía ser admirable, pero era notoria su soledad y vida sin afectos.

Por otro lado, el rechazo del matrimonio no se debía tanto a su carrera sino al miedo de no estar a la altura de su marido y del título, miedo también a las críticas y burlas que caerían sobre ambos. Sin embargo, ese tipo de matrimonio desigual no era desconocido en Inglaterra. Como mostré en mi nota de  Harlots, los nobles hasta se casaban con cortesanas. . Actrices y cantantes de opera desde Anastasia Mordaunt (siglo XVIII)  hasta Jamie Lee Curtis han sido  elevadas a la aristocracia por sus matrimonios y si le creemos a Angela Lambert, Lord Clancarty se casó primero con la actriz Isabel Bilton y luego con Mary Gwatkins Ellis ¡que había sido  su cocinera!

El caso es que Louisa podía codearse con la nobleza como hotelera y ex amante del rey, pero era muy vulgar, casi impresentable. Esa es la diferencia con la cocinera de Castamar. En la serie de Netflix se ha hecho hincapié en que un enlace entre cocinera y duque era imposible. Por empezar, Clara, en clase social es exactamente igual que Amelia, y más culta y refinada que la Señorita Castro. En un esquema folclórico, ella corresponde al arquetipo de Piel de Asno, la princesa disfrazada de fregona.



                   Clara en su cocina

Es cierto que en la serie le han inventado ese pedigrí de hija de traidor ajusticiado, pero tras el indulto del rey no hay impedimento para la boda. ¿Y qué disparate es ese del Duque renunciando a su título?  Eso era imposible entonces y hoy. En el libro, como no existe este cuento de la muerte del Coronel Quintanilla, Clara nunca es estigmatizada. Como en el Libro bíblico de Ester, el Rey Felipe recuerda la deuda que La Corona tiene con el padre de Clara (que yace muy tranquilo en su tumba). Le otorga un título a Clara, la eleva al puesto de camarera de la Reina y la coloca en un sitial digno de la Duquesa de Castamar.



Y antes del Colorín Colorado, viene la última pregunta, ¿Abrirá la Cocinera de Castamar (libro y serie) el apetito para más relatos de comidas y amores de cocina? Pues, para empezar, tendríamos que ver cómo es la comida en este cuento. Al parecer su autor, Muñez, hizo una amplia investigación en textos de cocina y repostería de la época y anteriores, y eso se manifiesta en su texto. En la serie, llega un momento que la comida deja de tener importancia opacada por amores, intrigas incluso en las dotes médicas de Clara (como dijo la Reina Estelwen “la volvieron Mary Sue total”).

Por mi parte, me temo me pasa como con la cocina de Juego de Tronos, muy medieval para mi gusto. Esas piernas de jabalí con trufas caramelizadas o los pastelillos de azafrán que eran parte del repertorio de Clara nunca me apetecieron. Y sin embargo hay espacio en la cocina contemporánea para esos platillos. Ya el famoso chef ibero Karlos Arguiñano (o “Guiñapo” como lo apodó mi madre) ha creado su versión del caldo de ave de Clara.


                           Las natillas con barquillo de Clara

Ya se han hecho artículos sobre la comida de la novela. La verdadera cocinera incluso habló de sus confecciones en La Voz de Galicia. Y realmente no se ve mal ese pato con membrillo (yo amo el pato con frutas) ni hablar de las natillas con barquillo. Así que un primer paso para que La Cocinera de Castamar “funde” este subgénero de cocina histórica seria la publicación de un libro de recetas de Clara Belmonte

¿Les gustan estas historias de cocina? ¿Cuál es su favorita?