jueves, 9 de abril de 2020

The Plot Against America: La Serie de HBO no es un Reflejo de Nuestros Tiempos



Aunque vi la adaptación de la novela alternativa de Philip Roth con muchos reparos, la miniserie me aportó dos nuevas sorpresas, ninguna muy grata. Primer problema me lo corroboró el Gatito Memolos primeros capítulos son lentos y aburridos. La otra sorpresa ha sido la campaña del mercadeo. HBO y sus fan-críticos, venden la serie haciendo hincapié en falsos paralelismos entre su trama y la situación política actual en los Estados Unidos.

Érase una vez…en Newark
Para quienes no hayan visto la serie ni leído el libro, esta es una ucronía que especula que hubiese sucedido si Charles Lindbergh, el héroe de la aviación, hubiese vencido a Franklin Delano Roosevelt en las elecciones de 1940. Lindbergh, que en la vida real era antisemita y simpatizaba con los nazis (Hitler le dio una medallita), sigue una política de acercamiento con Alemania, empodera a los nazis locales e inicia una agresiva campaña antisemita.

Estos sucesos son vividos y vistos desde la perspectiva de Philip Levine (Azhy Robinson), un niño de nueve años que es el alter ego del autor. Philip vive en un barrio (predominantemente judío) en Newark, Nueva Jersey. Sus padres Hermann (Morgan Spector) y Bess (Zoe Kazan, nieta de Elia Kazan) son hijos de inmigrantes del Old Country, pero nacidos en USA.

Hermann, un próspero vendedor de seguros, nunca ha experimentado antisemitismo. Bess siuna variedad sutilcuando fue la única alumna judía en su escuela de Elizabeth. Esto la hace más perspicaz que el marido a espacios peligrosos para los judíos. Cuando Hermann quiere comprar una casa más grande en Unión City, Bess se rehúsa puesto que nota que habrá nazis en el nuevo barrio.

Philip es demasiado pequeño para entender los peligros que lo acechan. Sus preguntas no son bien respondidas ni por su padre ni por Sandy (Caleb Malis), su hermano mayor, un talentoso dibujante que admira a Lindbergh. Philip tampoco entiende las rebeldías de su primo Alvin (Anthony Boyle) o la frustración de su tía Evelyn (Winona Ryder, exquisita en su primer rol de judía) que va camino a solterona mientras sostiene amores clandestinos con un italiano casado.

Ese primer episodio nos presenta a cada miembro de la familia, su función en su entorno, sus sueños y desafíos. Bess se preocupa por su hermana y a la vez la preocupa su madre que está entrando en la demencia. Herman quiere ser un americano más, que ama el beisbol y su país, pero no es ciego a las amenazas que se ciernen sobre su familia por el solo hecho de ser judíos. La amenaza la encierra la candidatura de Lindbergh a la presidencia y el auge de una forma de nazismo local que en la costa Noratlántica se conoce como el Bund (había otras organizaciones fascistas en USA como los Camisas Plateadas que operaban en ambos lados de la frontera con México)

David Simon, creador de “The Wire”, ha sabido componer una magnifica atmósfera de los 40, completa con vestuario de entonces (el de Winona es el más llamativo), con música de swing como banda sonora, con una iluminación difusa. Incluso los retratos antiguos que cuelgan en las paredes de la casa de los Levine son de los abuelos de Simón quien también se encargó de enseñarles a los actores como hablar con acento yiddish como hasta hoy hablan muchos abuelos judíos aquí en Nueva York.

Aun así, el primer capítulo se me hizo largo y latigudo. Solo me desperté cuando Alvin y sus amigos se fueron a darle una tunda a unos nazis que habían apaleado a un amigo. Con la excepción de Evelyn, y un poco Bess, los personajes no me atraparon. Es que sentía presenciar algo muy visto, muy reconocible.

Los Levine parecían escapados de alguna nostalgia de Woody Allen, de alguna pieza de Neil Simon, de algún relato de Mordechai Richtler. La Tía Evelyn se parecía la tía Bea (Diane Weist) en “Radio Days” o la tía Blanche (Judith Avey) de “Brighton Beach Memoirs”.  Y todos esos diálogos tan cliché, “eso no va a pasar aquí”, “este es nuestro país” sonaban tan sacados de la fórmula del cine del Holocausto.
Las tías judías


Después de leer las críticas, me di cuenta de que esta serie no va dirigida a los judíos, ni siquiera a mi generación. Por eso es por lo que se pueden reflotar clichés y estereotipos positivos porque hace como veinte años que no lo hacían y los Z de todos los colores tienen que aprender que no todos los judíos son tan nocivos como Harvey Weinstein, el “suicidado” Jeffrey Epstein, y Weiss&Benioff.

Es agradable ver a la Gran Familia Judía compartir cosa típicas como la mesa de Sabbath, y hablar de Joe Di Maggio, tras hacer la bendición sobre las challot (el pan trenzado) y el vino. Se siente nostálgico, a pesar de que tengan la radio prendida, eso sí con swing judío (Benny Goodman y Artie Shaw).

Fuera bromas, es importante mostrar que el mundo judío tradicional (sin ser ultraortodoxo) está unido por su fe, sus tradiciones y sus valores domésticos. Y como la persecución religiosa y las divisiones políticas pueden destabilizar a una familia.

Hubo solo dos cosa que me incomodaron. La primera es la única aparición de un ultraortodoxo en el primer episodio. Cuando Bess enciende las velas del Sabbath, (y todavía no ha oscurecido) aparece en su puerta un jasid (con los bucles trenzados propios de su secta) y solicita una contribución para establecer “un estado judío en Palestina.”

Esto es inclusión de Simon, no aparece en la novela. Si entonces los jasidim iban de puerta en puerta con sus pushkas (alcancías), erar para recolectar fondos para alguna institución (alguna yeshivá, un orfanato) no para crear el estado de Israel. Los judíos ultraortodoxos y los jasídicos creían (y algunos creen hasta hoy) que la patria judía solo puede fundarla el Mesías. Israel nació gracias a los esfuerzos de los judíos sionistas que básicamente eran socialistas y laicos.

Mi segundo reparo es lo poco que se comenta de la situación de los judíos en Alemania (o en Italia donde se llevaba dos años de leyes raciales). Cuando Philip pregunta qué es ese “hogar en Palestina” por el que el jasid pedía tzedaka, su padre se apresura en explicarle que se trata de un país para los refugiados alemanes. No es para los judíos estadounidenses puesto que ellos ya tienen un país. 

Luego, el patrón de Alvin comenta que hace dos años no sabe nada de sus parientes en Alemania. Eso es todo. Es como si el antisemitismo de Lindbergh y del Bund naciera súbitamente y sin motivación.
Para el final dejo lo mejor, la alusión al aniversario del St Louis el barco que anduvo, como los cruceros en tiempos de coronavirus, de puerto en puerto sin que nadie lo dejase anclar. El St Louis portaba un virus diferente: refugiados judíos.

Hablar del St. Louis seria hablar de como la administración Roosevelt negó el permiso al navío de bajar a sus pasajeros en tierra estadounidense. La serie desesperadamente evita hablar de nada que pueda ensuciar esa imagen de la America de Roosevelt como un paraíso para los judíos, porque eso quitaría poder a las noveles medidas antisemitas de la administración Lindbergh.

Lindbergh vs Trump
He dicho que dos cosas me sorprendieron de la adaptación de “The Plot Against America”. La segunda es el modo en que la han vendido. Tanto importantes medios como blogs y sitios webs dedicados a la crítica televisiva han hecho alusión al momento presente sacando semejanzas de donde no las hay. Estos son algunos titulares: “HBO’s Terrific The Plot Against America Hits Close to Home (Vanity Fair); “The Plot Against America has a Powerful Warning” (The New Republic); “Can it Happen Here? (New York Times); “The Plot Against America” Has a Strong Trump Parallel” (France24) etc.

Cuando Philip Roth escribió su libro en el 2004, se le preguntó si era una crítica del gobierno de George W. Bush y el autor lo negó calurosamente. Sería irónico que el libro tratase sobre un presidente que ha sido elegido por prometer que impedirá que los judíos lleven al país a la guerra cuando en la realidad al presidente Bush se le acusaba de ir a la guerra (Irak) empujado por los intereses sionistas de sus asesores.
Philip Roth recibiendo un galardón de Obama

HBO ha tenido en sus manos el manuscrito de Roth por casi una década, pero David Simon se negó a adaptarlo en días de Obama, puesto que le parecía contraproducente hacerlo en tiempos de un presidente tan liberal como Barak Hussein. Como casi todos los judíos seglares y progresistas, Simon creía en el liberalismo obamaniano.
David Simon

 Según relató al Times of Israel ,  su actitud cambió con la llegada al poder de Donald Trump, a pesar de que Roth, quien se pasó los últimos años de su vida ayudándolo a adaptar su obra, le recordó a Simon que había muchas diferencias entre el nuevo presidente y Lindbergh. “Trump es un estafador, Lindbergh era un héroe”. Con lo que quiso decir que si Lindbergh hubiese llegado a la presidencia hubiese tenido más poder sobre las masas que Trump. Ya vemos que los judíos en la obra desde Sandy el hermano del pequeño Philip hasta su tío político el Rabino Bengelsdorf(John Turturro) idolatran a quien apodaban “El Águila Solitaria”.

Donald Trump ha sido una figura mediática, conocida y celebrada por sus hazañas empresariales, por su chutzpah, por su fama de jet setter y mujeriego. Lindbergh era un héroe de la aviación, admirado por su valiente vuelo trasatlántico, un hombre de familia (hasta que se descubrió lo de su casa chica en Alemania) marcado por la tragedia del secuestro y asesinato de su hijito.
Lindbergh y el Espiritu del St. Louis

Lindbergh era un ídolo, un santo para las masas de estadounidenses. Trump ha cometido errores que afectan a toda la nación y si es apoyado es porque sus seguidores les tienen demasiado miedo o desconfianza a los demócratas. Por otro ladoy sería una ingrata al olvidarlo desde Abraham Lincoln, que no había en USA un presidente tan filosemita. Que Trump se rodea de gente extremista y juedeofoba, no borra sus medidas pro-Israel ni el hecho de que su yerno, nietos e hija favorita sean judíos practicantes. Por eso establecer paralelismos entre novela y momento actual es un absurdo.

Es cierto que existe un auge de antisemitismo en Estados Unidos, pero no es culpa de Trump. El antisemitismo gringo existe desde que, en el siglo XVII, Peter Stuyvesant, gobernador de Nueva Ámsterdam (la actual New York), calificó al puñado de judíos portugueses que se habían establecido en su territorio de ser “embusteros, repugnantes y blasfemos”.  En cada siglo, en cada década, el antisemitismo ha aflorado en la Unión Americana, pero por diversas razones.

De acuerdo con Jaques Berlinerbrau en su reseña de la serie en Literary Hub, Roth estaba inspirándose en un tipo de antisemita, blanco y cristiano, que existía en el Estados Unidos de los 30 y 40. Charles Lindbergh era uno de ellos. Lindy creía que los judíos pertenecían a una raza inferior y que representaban un peligro. En el caso de Alemania, aplaudía las medidas nazis que limitaban el control que, según él, ejercían los judíos sobre la sociedad alemana.
Lindbergh recibiendo un regalo de Goering

Los críticos de la serie han comparado el aislacionismo de Lindbergh con el de Trump, pero son incomparables. El aislacionismo del aviador no nacía de un percepción de que USA no necesitaba de otros países u organizaciones, sino de un pacifismo que buscaba evitar que el país se involucrase en ‘guerras extranjeras”. Si miramos la historia del Siglo XXI, es una postura que han adoptado la mayoría de los demócratas estadounidenses.

Nace America First
Durante la Gran Depresión los estudiantes de importantes universidades a través de la nación eran ardientes pacifistas. Por eso esta organización conocida como America First nació en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale. America First originalmente era un grupo que apoyaba la no-intervención y contaba como miembros a gente respetable como la actriz Lilian Gish, el arquitecto Frank Lloyd Wright, el diplomático Andrew Sergeant Shriver y dos jóvenes que acabarían en la Casa Blanca Gerald Ford y John F. Kennedy.

En menos de dos años, America First alcanzó 800.000 miembros, convirtiéndose en la organización aislacionista más grande de USA. Subvencionada por varios millonarios, también miembros, su mayor portavoz era Charles Lindbergh quien viajaba de un al otro extremo de la nación con su mensaje pacifista, mensaje que con el tiempo fue adquiriendo tonalidades fascistoides y antisemitas. Un ejemplo que nos muestra “Plot Against America” es el discurso dado en Des Moines, Iowa, donde acusó de empujar al país a la guerra a tres actores: Gran Bretaña, Los Judíos, y la Administración Roosevelt.

En enero de 1941, Lindbergh se presentó ante el senado para “sugerir” que Estados Unidos negociase un pacto de neutralidad con Alemania. Exasperado, Roosevelt lo atacó frontalmente y Lindbergh renunció a su rango de coronel de la reserva de la USAF (retornó durante la guerra y en 1954, Eisenhower lo nombró brigadier general).

En diciembre de 1941, tres días después de Pearl Harbor, America First fue desbandada, pero regresó en 1944 como un nuevo partido político. Irónicamente fue ese año cuando este novel partido quiso nominar a Charles Lindbergh, entonces sirviendo en la fuerza aérea en el Pacifico, como candidato. A raíz de la serie de HBO, Slate interrogó a cuatro reconocidos historiadores sobre las probabilidades de que Charles Lindbergh se hubiese convertido en presidente de los Estados Unidos. Todos dijeron que hubiese sido imposible.
Caricatura del America First

Se ha comparado The Plot Against America de Philip Roth con The Man in the High Castle de Philip H. Dick. En la novela de Dick, Roosevelt es asesinado en 1934. Su vicepresidente John Nance Garner, un tejano sin la conciencia social y liberal de FDR no consigue sacar al país de la Depresión. Al final, un Estados Unidos debilitado es invadió por japoneses y alemanes.

Este escenario no existía en 1940. Era una elección prácticamente ganada por FDR, su contrincante era débil y a pesar de la pujante militancia del America First, los intervencionistas seguían siendo mayoría, incluso entre los jóvenes. Roth nos describe al joven Alvin primo del pequeño Philip quien se enrola en el ejercito canadiense “para matar Nazis” y pierde una pierna. En la vida real eso es lo que le sucedió a Chuck Bolte, que recién graduado de Darmouth, se alistó en el ejercito canadiense y perdió una pierna en El Alamein.
Una última palabra sobre el antisemitismo de Estados Unidos en vísperas de Pearl Harbor. Fue un fenómeno tan fuerte que necesitaré de otro artículo para describirlo. Pero para que quede claro de porque no se parece al de hoy, debemos volver a ese arquetipo al que temía Roth, el hombre blanco y cristiano. A pesar de que los judíos seguimos, siendo el objetivo de neonazis y otros supremacistas, y de muchas iglesias fundamentalistas (exceptuando a Cristianos Sionistas), el perfil del antisemita estadounidense ha variado.

El Nuevo Antisemitismo
Hoy el antisemitismo es esgrimido por grupos radicales desde islamistas hasta feministas. Por primera vez los demócratas más progresistas ven con malos ojos a los judíos sea por su apoyo a Israel, o porque su religión y estilo de vida chocan con valores “progres”. En “Plot Against America” el Rabino Bengelsdorff se ufana de haber convencido a Lindbergh de la lealtad de los judíos y de “su americanismo”.

Hoy el mundo progresista ve en los judíos sionistas y en los no asimilados (léase los que se adhieren al judaísmo ortodoxo) como “traidores”. Tristemente es una postura que adoptan las figuras públicas judías (léase Bernie Sanders) y son estas figuras totalmente asimiladas los únicos judíos digestibles para la progresía.

He dejado para el final al nuevo antisemita que ya no es blanco. Una ironía es que la campaña por los derechos civiles fue el momento más armónico en la historia americana de negros y judíos.  Durante el auge de ese movimiento hubo ataques del Klan en contra de sinagogas y asesinatos de activistas judíos como Michael Schwerner y Andrew Goodman cuando intentaban ayudar a la población de color en las votaciones de 1965, en Mississippi. El Dr. Martin Luther King tuvo entre sus colaboradores a rabinos como Joshua Herschel quien estaba junto a él en la icónica marcha en Selma en 1965.
Dr. King entre rabinos

Tras el asesinato del Dr. King y el florecimiento del nacionalismo negro (vinculado al islam) esa armonía se quebró. Movimientos supremacistas de color, desde los Black Israelites hasta la Nación del Islam del Reverendo Farrakhan, han fomentado rechazo y rencor antisemitas en segmentos de la población afroamericana. Hoy en día se considera a los judíos como otra rama de la población “blanca” (¿qué diría el Fuhrer?) y por lo tanto enemigos de la gente de color.


Louis Farrahkhan

 Lo vemos tanto en los insultos racistas de la congresista Ilhan Omar como en el slip freudiano de la periodista afroamericana Abby Philips al dirigirse a Bernie Sanders como “Senador SanJew (san judío)”. Y ese racimo de agresiones verbales y físicas que decoró la semana de Janucá 2019 fue practicado por miembros del colectivo afroamericano tal como el hombre de color que irrumpió en una sinagoga de Monsey armado con un hacha con la que agredió a los presentes.

Como esperando que el eslogan de “ayer como hoy” no funcionase en su vinculación al antisemitismo, el mismo Simon ha dicho en The Times of Israel que la relevancia de su serie es que la persecución de los judíos presenta similitudes con las políticas anti-imigrantes de la administración Trump, con la islamofobia y con el racismo imperante en USA. “No hice esta obra como una narrativa en torno de tropos antisemitas. La hice sobre el odio dirigido hacia todos los objetivos.”

Si “The Plot Against America” tratase sobre refugiados judíos de la Europa de Hitler siendo separados de sus familia y sobre niños encerrados en jaulas, podríamos hablar de paralelismos. Pero la serie se enfoca en agresiones contra una primera y una segunda generación de judíos que son ciudadanos de los Estados Unidos y que son parte de la cultura del país.

Tampoco hay similitudes con la islamofobia. En ningún momento Lindbergh acusa a los judíos de cometer actos terroristas contra los americanos ni dentro ni fuera de las fronteras del país. En cuanto a la población afroamericana, que yo sepa nunca se la ha acusado de provocar guerras o de impulsar a la nación a entrar en conflictos bélicos.

La lapida sobre esta incongruente y falaz campaña de mercadeo la han puesto los críticos afroamericanos que han imputado tanto a Roth, como su libro y la serie, de racismo y me temo que tienen razón. Racismo no es solo atacar a un grupo étnico sino también olvidarlo, hacerlo a un lado.

 Como ha dicho Noah Berlatsky en Think en el sitio web de la NBC,  la llegada de un presidente partidario de las medidas de limpieza étnica de los nazis hubiese comenzado con ataques a los negros. Peor aún, se comete un olvido imperdonable en el libro cuando se habla de ataques antisemitas del KuKlux Klan, sin mencionar el primer objetivo de los encapuchados, la población de color.” ¿Debemos creer que no hay un auge paralelo de ataques a negros y otras gentes de color en esta era alternativa de Lindbergh?” pregunta Berlartsky.

La adaptación de La conjura  contra  America (el título del libro en español) es primorosa y ciertamente ha superado al libro en aspectos como el engrandecimiento de los personajes femeninos, pero también se ha encargado de embutir en la trama,  como ha dicho Marcelo Stiletano en La Nación de Buenos Aires, “deliberadas y explicitas alusiones a la situación actual de Estados Unidos” incluso llegando a copiar,  (algo que no existe en el original)  la certeza de muchos de que el país jamás elegiría a alguien tan racista como Lindbergh. Un tema circulante durante la campaña de Trump.

¿Pero si estos paralelos son tan forzados de dónde sacó Roth esta opresiva sensación de que Estados Unidos era un país donde los judíos no eran bienvenidos?  La respuesta está en lo que nadie se atreve a hacer, revisar el periodo entre la ascensión de Hitler al poder y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay que ver como repercutieron estos eventos en la sociedad estadounidense y sobre todo en el gobierno de Franklin Delano Roosevelt que, en privado, miraba a los judíos con tanto desprecio como Charles Lindbergh.

También habría que ver de dónde sacó Roth al oportunista pero ingenuo Rabino Bengelsdorf. De eso hablaremos pronto. Entretanto recomiendo “The Plot Against America” por su estética, sus excelentes actuaciones y trama, pero tengan en cuenta que no representa nada del presente, quizás porque el presente es peor.

NOTA: Normalmente no pongo bibliografía, pero este articulo amerita. Además de los artículos mencionados (y enlazados) para el texto he consultado tres libros.

Breitman, Richard.  FDR and the Jews.
Madoff, Rafael.  The Jews Should Keep Quiet: Franklin D. Roosevelt, Rabbi Stephen S. Wise and the Holocaust
Manchester, William.  The Glory and the Dream: a narrative history of United States 1932-1972





martes, 7 de abril de 2020

Nazis en Acción: Babylon Berlin 3x06




 Este fue un capítulo espectacular que no se cifró en los protagonistas sino más en los momentos históricos y tuvimos nuevos y excelentes personajes. Los nazis se desatan en contra de Katelbach y del periodico Tempo, conocemos a un futuro opositor, Hans Litten y vemos, por primera vz, el retrato de Adolf Hitler.

Lotte descubre que Vera mintió en su declaración. Va al piso y encuentra a Vera jugando domino con Toni. “Otra vez atrasada” la regaña su hermanita. Lotte le pregunta si comió, no se molesta en escuchar respuesta, y saca a Vera al bar de la esquina donde la interroga.

Vera confiesa que mintió por miedo a Walter Weintraub que le ha exigido que sea su coartada diciendo que estaban juntos cuando ocurrió el asesinato. Le cuenta a Lotte de la desaparición del gánster el día en que salió de la cárcel. Lotte hace cuentas y nota que la desaparición de Weintraub coincide con el horario de la muerte de Betty Winter.

A espaldas de su marido, Esther ha estado rescribiendo el libreto del filme para salvarlo de ser un fracaso. Va a ver a su amante, y lo encuentra contando su dinero. Es el que había en el saco que desenterró el día que salió de prisión. No quiere saber de los planes de Esther puesto que El Armenio jamás permitirá que su mujer se involucré en el filme. Weintraub intenta explicarle a Esther que El Armenio lo hace para protegerla. Hay gánsteres que buscarán hacerle daño atacando a su esposa. Enojada, Esther le lanza una botella por la cabeza.

Moritz encuentra que su madre es un obstáculo para seguir entrenando con los Hitlerjugend. Helga no desea que su hijo esté involucrado en prácticas militaristas. Moritz va en busca de su tío. Quiere vivir con él. A Gereon le parece una buena idea. Moritz también le ha traído una carta de su madre. En ella Helga se despide, le ruega a su amante que no la busque más (¿y el bebé?), que ella siente que él no la ama y que es solo una sombra del hombre del que ella se enamoró. La carta deprime a Gereon. Si supiera que ese mismo día el médico le confirmó a Helga que estaba embarazada.

En el Tempo, Katelbach por fin ha conseguido las fotos que pedía su editor. Haymann se dispone a publicar el reportaje cuando los Nazis, con El Teniente (se llama Stennen) a la cabeza, irrumpen en las oficinas del periódico. Arman un escándalo, lo rompen todo y exigen que se presente “el judío Katelbach”. Arriba Haymann ordena a Katelbach que huya.

Entran los Nazis (entre ellos están Fritz-Richard y Horst Wessel) en el despacho de Haymann. Stennen le grita al editor que volverá encasquetarle su kipá (el gorrito tradicional de los judíos ortodoxos). “Soy católico” le responde Haymann displicente. Se burla de Stennen “yo era oficial cundo tu ni soñabas con ser cadete’. Stennen hace que lo sujete y lo golpea en el rostro con la cacha de su revolver.

En la pensión de Frau Elizabeth, Katelbach está al borde de la histeria. Quiere huir, pero no encuentra su pasaporte. Elisabeth trata de tranquilizarlo, pero por la ventana ven aproximarse a los nazis. A Elizabeth se le ocurre una idea. Cubre la puerta que divide su pensión en dos con un armario con un fondo secreto, así como en el de Anne Frank.


Los Nazis, capitaneados por Fritz, apalean la puerta. Elisabeth les abre y les dice que Katelbach se ha marchado. Igual registran todo. Fritz abre el armario, pero no nota la puerta secreta. Elisabeth se queja que Katelbach era “un inquilino desordenado”. “Ese es el orden judío” le asegura el nazi. (miro mi cuarto todo tirado. ¿Tendrá razón?)


Tras la partida de los Nazis, Katelbach necesita enviar el articulo a Haymann. “Dónde y cuándo?” pregunta Elisabeth. Se pone el sombrero, coge su bolso y sale. Ve que los Nazis se han apostado em la acera del frente. Tranquila, va a la parada y coge un tranvía. 

Fritz lo alcanza y se sube. No hay espacio así que lo obligan a subir a la góndola. Elisabeth aprovecha de bajarse y subirse a otro vehículo. Fritz quiere seguirla, pero le cortan el paso. Desesperado, salta de una góndola a la otra. En vano, la valerosa mujer consigue bajarse y treparse a otro tranvía. Así lo pierde.Elisabeth llega a un edificio público. Ahí la espera Haymann. Tiene el rostro negro de magulladuras, pero está lleno de rabia, recibe el articulo y las fotos que le ha enviado Katelbach. Va a publicarlas.

Gereon hace llamadas a los números que le consiguió Charlotte. La mayoría de los teléfonos corresponden a gente que fue arrestada y todavía está en prisión. Algunos están muertos. Rath le lleva la lista a Zorgiebel que reconoce los nombres de Hans Litten, Katelbach y Horts Kessler, una estrella ascendiente en el Partido Nazi. Recuerda que Benda le comentó que los elementos reaccionarios en la policía política tenían una lista negra de sospechosos, pero le sorprende ver a Kessler ahí.

Gereon y Graf revisan el material fotografiado. Notan iniciales al lado de los nombres de Richard Techtman y Horst Kessler. Se dan cuenta que son las iniciales de Otto y Fritz, los que empujaron a Greta a plantar la bomba.

Gereon va al piso de Kessler. Golpea y entra. Se encuentra con el retrato del Fuhrer y Erna roncando en el sofá. Cuando se despierta, Gereon finge ser “Schneider del Partido de Múnich” Erna le dice que Horst se ha ido al bosque con los Boy Scouts y volverá el martes.

Y tenemos nuevo e interesante personaje. Maria Luisa “Malú” Seeger (Saskia Rosendhal). 20 años, tercer año de leyes; un novio, un tal Ozkar. Lentes y trenza de Pippi Longstockins. Simpatiza con el comunismo, aunque todavía no es miembro del partido. Malú es la hija del General Seeger, el que andaba preparando revoluciones para derrocar la democracia y reponer la monarquía.

A pesar de su postura tan retrograda en política, Seeger está orgulloso de sus hijas. Cuando Frau Nyssen lo felicita por el talento musical de las niñas, el General complacido da todo el crédito a su esposa. Malú y su hermana cuentan que su padre las crió independientes de cuerpo y mente y ha estimulado su crecimiento intelectual.

Seeger ha sido nombrado comandante del ejército. Malú va a verlo al Ministerio de Guerra, pero un oficial exige identificación y su firma. La rebelde hace un dibujito en el cuaderno donde debe firmar.
Seeger quiere que su hija toque el violín para Stressman. El Presidente del Reichstag anda deprimido.

Malú se indigna. Desprecia a Stressmann culpándolo de la masacre del Primero de Mayo. Amenaza a su padre con irse a vivir con Ozkar. Diplomáticamente, Seeger le recuerda que solo podrá hacerlo cuando sea mayor de edad (en esa época la mayoría de edad era los 21 años). Luego le ruega que lo acompañe a una cena en casa de los Nyssen y la amenice con su música.

Malú acepta. Ella y su hermana forman un dúo musical que es muy elogiado. Las Seeger revisan el orden de la mesa y notan que la hermana de Malú debe sentarse al lado de Wendt. Deciden intercambiar sitios. 

Frau Nysen felicita a Seeger por sus hijas y se autocompadece por no tener un vástago presentable. Al pobre Nyssen apenas lo dejan saludar a las visitas. Luego debe marcharse a la cama sin cenar.

Wendt está silencioso durante la cena. Malú inicia la conversación. El admite no interesarse en la música. Ella lo interroga sobre sus gustos. Ambos despliegan sus conocimientos con arrogancia. Él le aconseja leer a Ernst Jünger. Ella lo aconseja leer a Walter Benjamín.

Él se sorprende al saber que ella todavía no porta tarjeta del Partido Comunista. Malú se sorprende al saber que el Oberst no es miembro del Partido Nazi. Wendt se incorpora y hace un brindis por el tradicionalismo y los valores conservadores. Desilusionada, Malú decide marcharse. “Es usted tan aburrido como mi padre” le dice a Wendt.

Después de la cena, los “adultos” se reúnen en el saloncito. Ante conservadores que incluyen a Seeger y a Frau Nyssen, Wendt hace un reporte sobre sus progresos con sus esbirros nazis que lo están ayudando a destabilizar el país. Muchos de los presentesSeeger entre ellosestán disgustados con “esa canalla” y no quieren verse involucrados. A Seeger no le ha gustado el escándalo cometido en el diario Tempo. En eso llega imprevistamente el Presidente del Reich. Les dice conocer sus planes conspirativos, les dice que no necesitan matarlo. El los necesita, ellos lo necesitan, deben unir esfuerzos. Stressmann se marcha.

¡Finalmente conocemos a Hans Litten! Lotte va a verlo a su humilde despacho. Ahí está rodeado de legajos de casos pendientes y de su asistente, Malú Seeger. Se interesa por el caso de Greta porque se han cometido fallas jurídicas y porque, acota Malú, “fue una farsa”. A Lotte le preocupa no poder costear los gastos de una apelación. Litten la tranquiliza, la Rote Hilfe está ahí para servir gratis a la clase obrera, a los desempleados y desamparados, pero Lotte puede ayudarlo como voluntaria, tal como lo hace Fraulein Seeger.


Una pequeña semblanza de este hombre admirable (incluso su comunismo era diferente, estaba teñido de humanismo, es una razón por la cual la izquierda lo dejó en el olvido por décadas). En 1929, todavía no tenía la fama que adquiriría dos años después donde tendría a Adolf Hitler en el estrado por tres horas en las cuales lo aplastaría. Hitler nunca lo perdonó, al subir al poder hizo arrestar al abogado y lo tuvo rebotando de campo en campo y sometido a torturas sistemáticas. En 1935, Litten no soportó más y se suicidó.

jueves, 2 de abril de 2020

Elite 3: El Empoderamiento de la Femme Fatale Adolescente.



En días de pandemia, cuando oímos o leemos de la irresponsabilidad de los jóvenes que se creen inmunes al virus, ver “Elite” te ofrece una nueva perspectiva. La serie deja de ser una parodia de “Gossip Girl” y pasa a ser una visiónni tan exagerada de la egolatría e irresponsabilidad de lo que llaman generación Z. Y entre medio también encontramos una rancia alerta sobre el poder de las mujeres que en la serie están representadas por un puñado de femmes fatales adolescentes que destruyen a todo hombre que se cruza en su camino.

Dicen que, en la Cuarta Temporada, ya no estarán los mismos alumnos. Una suerte, porque a todos yo los mandaba al psiquiátrico. La Tercera Temporada de “Elite” terminó como abrió, con un asesinato no esclarecido y con una sensación de que, bajo todo su modernismo y clamores de tolerancia, la serie traía un aviso en contra de las mujeres, el viejo temor de que están ahí para peligro de los hombres de todas las edades. Es que, con la excepción de Rebe, lo que las chicas han hecho desde el primer día de clase es provocar la desolación entre el alumnado masculino.

La Tercera Temporada sirvió para evidenciar la superfluidad de la Segunda. Al final estábamos como en el primer capítulo, con un homicidio sin resolver, con romances que no iban a ningún lado, hasta con un enfermo grave. Si Marina era HIV positivo, ahora tuvimos a Ander batallando la leucemia con su madre y Omar (hasta Rebe) apoyándolo.

La Robot de Metropolis
Francamente, el amor de Ander y Omar fue el único de valor en esta historia donde el romance heterosexual solo traía desgracia con todas esas mini femme fatales que circulaban por la historia. Marina, tan llorada por todos, era un monstruito que de milagro no contagiaba con su HIV, pero que emponzoñaba con su mala conducta. Si hasta el maestro fue despedido por la delación de Marina (amprada por Nadia que pronto aprendió todas las triquiñuelas de Las Encinas).

Por culpa de Marina, Nano fue a la cárcel y tuvo que huir hasta África; por ella se enfrentaron hermanos y padres, y hasta esta temporada tuvimos un Guzmán descontrolado torturando a Polo. Y todo ante el video donde Marina bailaba incitando a la demencia como la robot de “Metrópolis”.



La única chica buena de este cuento era la Rebe, la hija de la vendedora de drogas. La vimos preocupada de conseguirle casa a Valerio, de acompañar a Ander al médico y hasta de seguir velando por su gran amor Samuel que terminó traicionándola de la manera más vil.


Nota: De aquí en adelante hay spoilers sobre los capítulos finales  
Al final, aparte de Rebe, los únicos que me importaban fueron los que peor acabaron: Polo y Cayetana. Me pareció estúpido que Cayetana renunciara a la ayuda de las madres de Polo y se fuera a fregar pisos. ¿Qué tipo de mensaje clasista es ese?  Cayetana era listísima y tenía un gran sentido de la moda, podría haber sido una buena diseñadora. ¿Por qué se la castigó? ¿Por amar a Polo? ¿Por fingir ser niña bien?

Yo esperé mucho de la “caída” de Lucrecia. Esperé que siendo una pobre imitación de Blair Waldorf supiese levantarse sola, que (como la heroína de “Gossip Girl”) usase su intelecto y contactos para demostrar sus méritos. Pero no, comenzó inmediatamente a extorsionar a Nadia, perdió la cabeza y acabó matando al único que quería ayudarla. Polo y Cayetana pagaron por mentir, pero todos sus compañeros entraron en un pacto de orates para encubrir a la asesina. ¿No es eso mentir? ¿O acaso todos odiaban al pobre Polito? Creo que eso ultimo puede no ser chiste.

Si a alguien hicieron sufrir en la serie fue a Polo y siempre quedó la impresión de que era un personaje despreciado por los guionistas. ¿Por débil quizás? “Elite” es un homenaje a la selección darwiniana, donde los más fuertes oprimen, superan y hasta destruyen a los que no son como ellos. ¿Pero en qué era débil Polo?

El Peligro de las Madres Lesbianas
Es obvio para quien haya visto las temporadas pasadas, que “Elite” es una bandera de tolerancia en lo que respecta a la homosexualidad. Todos en la serie abrazan encantados la noticia de que Ander y Omar son gays y pareja. Todos menos el padre de Omar que es un representante del machismo musulmán. Pero.. ojo…la serie celebra a los gays no a otras diversidades sexuales y el mayor ejemplo son las madres de Polo.

Pensemos un poco en como es este pobre asesino accidental. Acarrea problemas de salud desde la infancia: ataques de asma que se intensifican cuando se pone nervioso (lo que ocurre a menudo); angustias constantes; y más encima un dejo de tartamudez que aflora solo para abochornarlo. “con lo que gastaron tus madres en terapia de lenguaje” le endilga el suegro en un momento en que a Polo se le traba la lengua.

Es cierto, las madres de Polo le han dado todo. Es obvio que lo quieren, pero han fallado. Cabe especular que todo se debe a que Polo no es hijo de una pareja “normal”. Eso se lo canta Carla en la Primera Temporada: “nosotros no somos normales. Mírate, hijo de madres lesbianas”. Y con eso le dan su bofetada al colectivo LGTB que ni se entera.

Aún más, cuando esta última temporada sabemos más de estas madres lésbicas, notamos estereotipos negativos. Begoña es la que lleva la voz cantante en la familia; la que lo decide todo, hasta la ropa que viste el hijo; la que pisa fuerte, la butch. En cambio, su pareja es la llorona, la sensible, la tímida fem que ni nombre tiene. Oigan, que flaco favor les han hecho a las mujeres gays.

No se sabe si Polo es hijo biológico de alguna de sus madres o adoptado, pero lo cierto es que no se siente ni mimado ni privilegiado. Mas bien no les tiene confianza. Debido a sus madres, Polo está condicionado para temer, depender y estar sometido a las mujeres. Incluso su bisexualidad parece nacer del miedo que le tiene a las hembras en su vida.

Es triste porque sus madres lo aman, pero vemos la disfuncionalidad en el episodio 3 cuando obligan a Polo a volver a Las Encinas, a pesar del bullying mediático al que lo someten Guzmán y Samuel. Ellas creen que con el poder que les da patrocinar una beca ya lo han arreglado todo. “¡Se fuerte!” le exige Begoña “¡Se un hombre!”. Ejem, es un poco absurdo que una pareja de mujeres gay esgrima tal machismo. Pero queda claro,. Polo es débil, Polo no es un hombre de verdad, Polo avergüenza a sus madres lesbianas que pueden ser tan castrantes como cualquier femme fatale de un film noir.

Por supuesto ambas cambian de idea cuando se enteran de que su retoño intentó suicidarse. Ahí lloran, piden perdón y ofrecen sacarlo de Las Encinas y enviarlo al extranjero. Pero no cuentan con la astucia de la pequeña Cayetana que arruina esa oportunidad para no separarse de Polo. Cayetana, desde que está en Las Encinas, que ha estado tomando lecciones para ser una mujer fatal, otra más en la lista de las asesinas de Polo.

Las Asesinas de Polo
La primera es la diosa de hielo, La Marquesa Carla. Polo y Carla tienen una relación que data de la niñez, pero que se ha convertido en una constante exploración sexual que ni les satisface. Finalmente, Carla acepta un trio con el marginal Cristian. De ahí Polo tiene sexo con Cristian a solas lo que Carla considera una traición por lo que (a ver si entienden la lógica de estos críos que solo viven para follar) “La marquesa” se va a la cama con Cristian.

Polo desesperado siente que la ha perdido y entonces entra Marina que no se puede quedar quieta y necesita destruirlo todo. Finge necesitar de una amiga y se acerca a Carla. La Marquesa, que en el fondo es sensible, se apiada de la pobre enfermita. Marina aprovecha para arreglarlo todo para que su amante, el delincuente Nano, se robe la colección de relojes del padre de Carla. Resulta que uno de esos relojes oculta un importante microfilm.

El pobre Polo ve la oportunidad de recobrar a su marquesa y acorrala a Marina en la piscina exigiendo/suplicándole que devuelva el reloj. Marina responde humillándolo y ofendiéndolo hasta el punto de que si Polo no le parte la cabeza con el trofeo que la chica ha ganado sin merecerlo, lo hubiese hecho yo.

Como saben la segunda temporada describe los esfuerzos conjuntos de Guzmán y de Samuel por llevar al asesino de Marina a la justicia. La salvación de Polo queda en manos de Cayetana que se ha enamorado del asesino agradecida por su ayuda económica y por no haberla despreciado al saberla hija de una trabajadora de la limpieza.

Pero en la Tercera Temporada, Cayetana se vuelve otra femme fatale, una araña que crea una red alrededor de Polo, le impide poner distancia entre su pasado y su futuro y hasta lo empuja a formar un trio con Valerio. Polo recuerda que con su trio anterior “no nos fue muy bien”.  Pero acepta porque sabe que a las mujeres hay que obedecerlas.

Poco a poco lo que es solo sexo se vuelve algo más. Hambriento de cariño, el joven asesino llega a sentir amor por sus” novios “y en el poliamor descubre una familia. ¿Cómo acaba todo? Polo descubre que Carla (a la que nunca dejó de amar) ha caído en la droga por culpa de Valerio.

No entraré en detalle, pero una cadena de malentendidos y situaciones rebuscadas acaba con Polo destruyendo el futuro de sus colegas. Es un accidente, pero de pronto Polo es odiado por todos cuando su único pecado ha sido intentar proteger a Carla y evitar que Valerio y Rebe siguieran con su negocio de venta de drogas en Las Encinas.

El cuento acaba con Polo intentando ayudar a Lu y esta, ofuscada por su mezquindad, lo mata. Era lo que faltaba.  Lu, la incestuosa, la chantajista, la master manipulator, ahora es asesina. Cómo me hubiera gustado verla entre rejas, pero no, el esprit de corps triunfa y la panda las Encinas, en onda Fuenteovejuna, deja sus huellas en el arma asesina (una botella de champaña) para que se sospeche de todos y no se sepa quien fue.

Increíble, pero todos odiaban a Polo por matar accidentalmente a Marina, y todos aplauden a Lu por matarlo a él. ¿Qué mentalidad es esa? Lu se marcha feliz y sin remordimientos a Columbia. No ha aprendido nada. No sé cómo la comparan con Blair Waldorf de “Gossip Girl”. Lu es una cínica, una hipócrita criminal, además es una ofrecida, no tiene solidaridad con nadie y se escuda tras máximas feministas.

¿Se acuerdan cuando Lucrecia andaba exigiéndole a Carla que “pusiera los ovarios en la mesa” cuando ella misma andaba de rogona con Guzmán? Predica, pero no practica y (como muchas) usa el feminismo de la manera más oportunista posible. Como cuando fue donde el maestro chantajeado y le dijo que no debía apoyar a Nadia que representaba un colectivo anti-mujer.

Pero la guinda del pastel fue esta temporada. Caída en desgracia, sin un euro, Lu se siente incapaz de no ser la reina del baile y se inventa un San Valentín donde las chicas vestirán esmoquin (para ella no explicar por qué no viene de estreno) y cada uno deberá traer su propio licor. ¿Su excusa? Se trata de una fiesta ‘feminista” donde los varones serán los objetos sexuales y las chicas adoptarán el rol masculino.

Latinos, Negros y Muslimes: Colectivos Insultados
Es triste que un personaje tan fantoche, tan mediocre, tan malintencionado sea latino. Si en “Las Chicas del Cable” ponen a los mexicanos (que tanto ayudaron a la Republica) como rateros que se roban obras de arte españolas, ahora en “Elite” nos muestran a una mexicana que abraza todos los estereotipos feos que se asocian a su nacionalidad y hacia las mujeres latinas; solapada, viviendo a costa de otros, traicionera, calentona, arribista, etc.. Con esta serie, Netflix le gana a American Dirt en lo de ningunear a las mexicanas.

¡Epa! Que Netflix es muy equitativo y si Lucrecia nos pone pésimo a las latinas, también hay un equivalente masculino (aunque creo que pertenece al sexto sexo, el no inventado todavía) su repelente hermanastro-amante Valerio que es … ¡chileno! (eso si con acento argentino). Valerio las tiene todas y si nos sorprende es emprendiendo nuevas empresas, cual más negativa, desde seducir a Polo y Cayetana hasta instalar un negocio de venta de extasis en Las Encinas.

Realmente yo no sé qué le ven los productores y muchos fans a este engendro. Mi momento favorito es cuando la madre de Rebecamuy en onda de Cougar Fatale lo humilla sexualmente. Sin embargo, a Valerio todo le va bien y acaba a cargo de las bodegas de los padres de Carla. Mas encima lo premian.

En esta serie los villanos pertenecen el mundo adulto: Azucena y su escuelita de delincuentes elite, la inepta policía y los padres que todo lo arreglan o con dinero o con violencia. El peor es, obviamente, el padre de Carla quien a punta de chantajes la maneja esta temporada como marioneta y casi la prostituye. Si no es por el ex gordo Yerai, y Polo que la salvó de ahogarse, Carla hubiese sucumbido a las drogas. Muy femme fatale, pero sin poder en una sociedad donde ha cometido el error de decir la verdad y enamorarse de un pobre.

Sin embargo, a mí me caen bien algunos padres. Me gusta que Azucena anime a Ander a contarle la verdad a Omar “porque esto tenemos que hacerlo en equipo”. Ya sé que todos odian al padre de Nadia. A mí me da lástima y me conmueve el amor que siente por su hija y como por ese amor tiene que pasar por encima de sus principios y de su fe. Me da pena que le mientan tanto, pero es que la verdad es un lujo que no se da en esta serie.

La mejor escena de Lucrecia se da al comienzo de la temporada cuando confiesa que Valerio no la violó, propiciando así que sus padres la deshereden y la desprecien. Lu pierde todo lo que vale para ella: dinero, posición, estatus y de paso, pierde a su familia. La verdad no la ha liberado y Valerio no se lo agradece, peor aún, él fue quien la delató originalmente.

La traición de Valerio no es la única en esta temporada. Cayetana traiciona a Polo, y Rebeca es traicionada por Samuel quien envía a su madre a la cárcel y deja a la chica en la calle. La peor traición, sin embargo, es la de Omar con Ander que además traiciona personajes y coherencia. Hablo del affaire con Malik que es inexcusable desde el comienzo.. Vamos, yo estoy llorando porque mi gran amor se va a morir y porque mi padre no lo acepta, y viene el novio de mi hermana y me planta un beso en el baño, ¡Yo le doy un mamporro!

Pero aquí no pasa eso. Estos dos se besan como si fueran hermanos siameses unidos por el hocico. Se entiende solo a la luz de una serie donde no hay lealtad ni entre novios, ni entre amigos, ni entre parientes. Es que “Elite” (y perdón por usar un adjetivo tan pasado de moda) es inmoral.

La excusa es que Ander anda tan mal que no puede follar. Y eso tiene a Omar loco. ¡Horror! Que cachetada en la cara a todos los leucémicos del mundo, gay y hetero, y a sus parejas que los apoyan y ayudan a pesar de la falta de vida sexual.  Es un punto de consenso en los fanáticos de la serie que Ander no debiese haber perdonado tan fácilmente a Omar. Hasta en Buzzfeed se quejaron.

¿Notaron una cosa? Malik y Omar son ambos musulmanes y ambos son adictos al sexo. Parece que no solo los latinos quedamos mal parados en este cuento. Mucha gente ha cuestionado la poca trascendencia del personaje de Malik. Yo diría que solo ha servido para mostrar que hay gente peor que el alumnado regular de Las Encinas. Es que Malik es el Rey de la Mentira.

Les miente a sus padres para darse la vida del oso, les miente a los padres de Nadia para poder estar cerca de la chica y le miente a Nadia, ilusionándola, cuando lo que quiere es que sus padres no sospechen que es homosexual. El modo en que se mete en la vida de Omar, lo separa de Ander y de su hermana, y más encima quiere dividir a la chica de sus padres soltándole un “Tus padres solo piensan en ellos”, lo acerca mucho a Marina. Es el personaje conflictivo y divisivo por excelencia.

Solo que ya que hablamos de grupos étnicos y colectivos…Esta temporada, “Elite” ha puesto mal a las lesbianas, a las feministas, a los latinos y … a los negros. Después de los latinos, los colectivos más ofendidos son el musulmán y ..el de color.

Para demostrar lo abiertos que son a la diversidad han traído dos personajes de piel oscura. El primero es Malik, el millonario de Senegal, que usa gente y dinero para llevar una doble vida. El otro es el patético Yeray que ni sabemos de dónde viene, pero por el acento parece latino. No veo la necesidad de hacerlo negro ya bastante era contarnos que su vida estuvo marcada por el sobrepeso y por el bullying al que lo sometían sus compañeros obsesionados por la belleza física.

En una ocasión, Carla lo defendió y desde entonces él la ama y por ella baja de peso, por ella inventa una app revolucionaria, por ella se hace millonario. Es casi una parodia del poder masculino creador que Camille Paglia describiera en su Sexual Personae. Solo que el joven millonario no huye de la mujer-caos (femme fatale, dominatrix) sino que busca controlarla, adquiriéndola, comprando su amor con regalos ostentosos (¿un cepillo de dientes de oro? ¡Por favorrrr!) y finalmente convirtiéndose en cómplice del padre de Carla.

Lo más negativo de este personaje es su capacidad para autoengañarse. Nunca se detiene a pensar en Carla como ser humano, como alguien que públicamente ha sido destrozada, humillada y convertida en una paria. Él sabe que ella se le acerca porque el negocio familiar se va a pique, pero se pasa un rollo que ella puede llegar a amarlo. Solo drogada, Carla se atreve a contarle que debe meterse "eme" para tener sexo con él.

Por suerte, y luego que Carla le demuestra que su cacareado amor es solo la necesidad de tener una mujer trofeo, Yeray recapacita. Al final salva las bodegas de los Marqueses, pero pone a Carla cargo del negocio. La chica deja todo en manos de Valerio. No sé si porque quiere hundir su negocio, si porque realmente cree que él en su venta de drogas ya ha demostrado su mérito empresarial, o simplemente porque no le da la gana trabajar.

La Insoportable Pereza de ser Elite
Esto me lleva a un último comentario. Desde recién nacida que he pertenecido a un estatus calificable como clase media acomodada, por lo tanto, he tenido bastantes privilegios. Mi secundaria la hice en dos instituciones neoyorquinas, los primeros dos años en un colegio elite y luego en una escuela religiosa privada. A lo que voy. Malena la privilegiada, comenzó su vida laboral en su segundo semestre de secundaria.

Yo trabajé en ambas escuelas, yo gané un sueldo (pequeño) pero a la par de mis estudios, primero haciendo labores de oficia para los psicólogos/consejeros de la escuela, luego en las bibliotecas de ambos colegios. Mi madre me lo puso muy claro cuando a mis quince años me encontró robándole cigarrillos. Me dijo “no voy a mantener tus vicios. O te buscas un empleo o dejas de fumar”.  Y, por una vez tengo que agradecerle. Al rato de estar trabajando, dejé de gastar mi sueldo en tabaco y lo gasté en libros. Para una chica tímida como yo, el trabajar me permitía interactuar con adultos y jóvenes a los que usualmente no tendría manera de acercarme o dejar que se me acercasen.

Mi caso no era único, aun en la UNIS había chicos que trabajaban como mensajeros (si de grandes y elegantes empresas) o chicas que trabajaban en boutiques. En la escuela judía donde había muchos alumnos refugiados o de clase media baja, los trabajos no eran tan elitistas. En mi clase había un chico que trabajaba en un aserradero y otro que era ayudante de mecánico, y chicas que eran baby sitters, o cajeras o trabajaban ayudando a sus padres en sus negocios como lo hacía Nadia en “Elite”.

No sé cómo será ahora, pero en los 70 no existían las mesadas ni los domingos. Si un adolescente quería tener dinero propio, trabajaba. Ahora las series de adolescentes parecen decir que los ricos viven a costa de los padre, incluso durante sus años de universidad. Yo recuerdo que cuando sus hijos eran pequeños, Ivana Trump hacia declaraciones que en vez de darles mesada les “pagaba” por cortar el pasto y hacer otras cosas útiles alrededor de la casa. Los Obama dijeron que no necesitaban de tantos sirvientes en la Casa Blanca porque sus hijas aseaban sus propios cuartos y animaron a las niñas a buscar empleos antes de terminar sus estudios.

Por eso me sorprendió “Gossip Girl” ya que los únicos que trabajaron ahí fueron los “pobres”, y no para mantenerse, aunque Dan Humphrey, para juntar de dinero para la universidad, se metió a banquetero lo que provocó una embarazosa situación en el Seder del padrastro de Blair. En cambio, Jenny incurrió en la ira de su padre cuando, a los quince años, entró de interna en el atelier de Eleanor Waldorf. El caso más interesante fue el de Vanessa quien a los 17 años era totalmente independiente, gracias a su trabajo en una cafetería y, como estudiaba en casa, no tenía grandes gastos.

Pero en “Elite”ni los pobres trabajan. En la Primera Temporada, Samuel era camarero, camello en la Segunda ¿y en la Tercera…? ¿O me van a decir que vivía de la renta que pagaba Valerio? Nadia se quejaba que por atender el almacén de sus padres no podía estudiar. En cambio, si podía hacerla Cayetana que andaba lavando ropa interior de ricachonas, fregando vidrios y todavía tenía tiempo para hacerse modelitos que parecían de estreno. Por eso me gustaba Cayetana.

En resumen, no sé cómo hay fans que admiran y quieren a los alumnos de las Encinas. A mí me parecen una pandilla de parásitos, imbéciles y delincuentes. El año me pasado me insistían en que son inverosímiles, que ni en escuelas elite españolas hay chicos así. Pero hoy cuando vemos jóvenes de todo el mundo actuar de manera tan irresponsable creyéndose inmunes a la pandemia, que celebran fiestas del coronavirus en Alemania, orgias en Barcelona, descienden como plagas de langostas sobre las playas de Miami para celebrar su spring break, o huyen a refugiarse en las Hamptons y no precisamente a escribir El Decamerón, me surgen dudas.

La excelente descripción que Inés Bellina hace de “Elite” para The AV Club solo se sostiene si como ella dice se utiliza una suspensión de la realidad, pero en este momento histórico en que vivimos es aplicable tanto a jóvenes ricos como pobres. Hay detalles que saltan de la pantalla a la vida real. Detalles que pueden vincularse a los mayores de 30 (y menores de 50) sobre todo los privilegiados, pero que suelen ser más comunes en los jóvenes: la falta de introspección, de motivación, la sorprendente ternura que esboza Rebe y que es desconocida por sus compañeros.

Héctor Alabadí y Alejandro Rodera han dicho de Élite” en FormulaTV. ”los culpables somos nosotros por verla”. Pero por una vez creo que debemos verla, aunque sea para ver si algo del nihilismo hedonista de los protagonistas está presente en hijos, nietos, etc.. O para los que no los tenemos, que nos entre un pavor al pensar que estos serán quienes se hagan cargo de nuestras vidas y gobiernos en un par de décadas.

Afortunadamente, no todos los jóvenes caen en estos parámetros tan alarmantes, pero cabe preguntarse si series como “Elite” no son culpables de promoverlos con su glorificación al vendedor de drogas y del drogadicto, con esa fomentación de desconfianza de los jóvenes hacia la autoridad y el mundo adulto, y con esa irresponsabilidad arrogante de creer que el mundo está para servirlos.