lunes, 18 de octubre de 2021

Cazadores de Nazis en Netflix : Jaguar no es Hunters

 


Me acerqué con cautela a Jaguar. Con solo un día al aire ya tenía cuatro ( de cinco) reseñas negativas en IMDB y la crítica especializada la ignoraba o no la entendía. Acabé el primer episodio con gran paz. Más allá de sus bemoles, este último encuentro Netflix y España (Bambú)  no carece de coherencia y no se parece a Hunters, lo que ya es gran mérito.

A tres semanas de su estreno, Jaguar sigue sin ser comprendida o apreciada. Hay quien se queja de que es un poco más que “Nazisplotación” y que no toma en serio el tema. En cambio, en El Español  la acusan de “tomarse mucho en serio”. Hay quienes dicen que si la música, que si Blanca Suarez, y se la han tomado con el pobre Oscar Casas que no lo despegan de la sombra de su hermano. Lo más triste es que si la alaban es porque se parece a Hunters, y si le reprochan algo dicen que es inferior a Hunters. Ya me tienen hinchado los ovarios, la mera comparación ofende.

Hunters y su Mofa del Holocausto

Me temo que tengo que comenzar con Hunters, de la cuál no quería hablar ya que al solo hacerlo me embarga una vergüenza que ni siquiera es ajena. Usando los calificativos que le dan los críticos, ese proyecto de Amazon es una serie de clichés, explotación de violencia gratuita, que pretendecon muy mal gusto resaltar la saga de un grupo ( totalmente ficticio)  de sobrevivientes del Holocausto que anda asesinando nazis en los Estados Unidos de Los Setenta.





La trama comienza en 1977.  Biff Simpson (Dylan Baker),  un ministro del gabinete de Jimmy Carter está ofreciendo una barbacoa para sus empleados. La esposa de uno de ellos entra en pánico al reconocer a Simpson. Todo es caricaturesco con una iluminación colorinche que  recuerda los comerciales televisivos de la época. La mujer en un lujo de mala actuación aúlla “¡Tu!...Tu… El ….¡El Carnicero!”. Parece que sufre de un ataque de apoplejía y suplica que llamen a la policía.

Nadie entiende nada, nadie hace nada hasta que Simpson saca un revolver y mata a todos los invitados, dejando a la gritona viva. Tras aceptar ser un criminal de guerra,  la mata. Esta risible introducción deja en claro que Simpson es parte de un cabal nazi que ha infiltrado al gobierno de los Estados Unidos,  que es liderado por Lena Olin,  alias la Coronela,  y que al final se descubre es Eva Braun. Esta escena ayuda a crear la atmosfera que distinguirá a la serie: paródica, bufonesca, grotesca.



De la masacre de la barbacoa, pasamos a Brooklyn donde Jonah (Logan Lerman) , un chico judío,  vende drogas para mantener a su abuela. Esto acaba cuando la abuela es asesinada. La policía cree que se trata de un robo. Jonah cree que hay algo más y se lo confirma Meyer Offenberg (Al Pacino) , un misterioso amigo del pasado de la abuela.



Además de haber sobrevivido Auschwitz, Meyer es un millonario. Usa su fortuna para cazar nazis apoyado por un grupo de sobrevivientes más una especie de Angela Davis que da patadas de kung fu y un veterano japones de la Guerra de Vietnam que nunca se sabe que pito toca . La abuela de Jonah era parte de ese grupo al que el chico se unirá para vengarla.

La serie describe las misiones del grupo que siempre culminan en asesinatos violentísimos. Los nazis, que están a punto de instalar un Cuarto Reich en la Casa Blanca,  responden con igual ferocidad y todo deviene en gore, un aura de juego de video y un kitsch “pulpiento” que evoca las películas semi porno del Holocausto de los 70 y esfuerzos más cercanos como ese bobo cine de zombies nazis.



Los cazadores son brutales, sanguinarios y malhablados. Tras nueve episodios de disparates,  llega en el décimo una revelación que quita todo sentido a una historia que debió acabar así, pero amenaza con una segunda parte.

Esta desvergonzada pesadilla nace de la mente de un tal David Weil cuya excusa era que quería crear una tira cómica,  estilo Marvel o DC, pero poblada de héroes judíos. Weil ha sido el primero en sorprenderse ante la airada reacción de críticos y publico escandalizados por la incongruencia caótica y grosera de un cuento que hace mofa de los millones de víctimas de la Shoah.



Los amagos de excusa de Weill van desde lo ridículo hasta lo patético como cuando dijo en una entrevista que quería una serie donde los protagonistas vivieran de acuerdo con la religión judía. Creo que quiso decir “cultura judía” porque una serie donde un “héroe” como Meyer sale con “deberías leer la Tora. Es el libro clásico de historietas “ no puede ser muy amiga del judaísmo.

Yo no creo que el Holocausto sea una vaca sagrada y que no se pueda hacer comedia sobre ello. Ya lo comenzó Chaplin con El Gran Dictador y lo siguió Ernest Lubitsch con Ser o no Ser. No me molesta ni que hagan tebeos sobre ello. Admiré y me conmovió mucho lo que el caricaturista Art Spiegelman hizo con Maus, la saga de sus padres durante la Segunda Guerra Mundial donde los judíos son dibujados como ratoncitos y los alemanes como gatos. Y si vamos por comedias negras sobre el tema, amo los ‘Basterds’ de Tarentino.

La diferencia con Bastardos sin Gloria es que sabemos que esta es una ucronía porque nunca Hitler murió en un atentado de un cine parisino. En cambio, para añadir insulto a la injuria, le han puesto a Hunters el rotulo de “basado en hechos reales”.  Los Bastardos tiene un mensaje profundo sobre muchas cosas, iniciando con el poderoso discurso de Landa (Christophe Waltz)  sobre las ratas y las ardillas. Para terminar, aunque se consigue el propósito de acabar con Hitler, todos los vengadores han muerto, incluso Shoshanna (Melanie Laurent en un personaje muy parecido al de Isabel en Jaguar).



Solo sobreviven Aldo Raines (Brad Pitt) que no tiene razones personales para vengarse;  el oportunista Landa que se ha cambiado de bando; y un solo judío (Utvich) del equipo. Aldo es quien se encarga de tatuar una suástica en la frente del nazi para que siempre se sepa quién es. El mansaje es claro, la venganza tiene un alto precio, solo sobreviven de ella los listos, los con sangre fría y los que antes de matar nazis prefieren exponerlos ante los ojos del mundo.  Ese no es el mensaje de Hunters, pero sí de Jaguar.




El Coronel Baz y sus Búhos

Hunters ha sido muy apreciada por el público de los juegos de videos, por los que saben poco del Holocausto,  y por los que se creen el cuento de que el filme está basado en hechos reales. ¿De dónde sale esa absurda idea?  Lamentablemente del componente judío. En 2007, Dany Baz , un coronel retirado de la aviación israelí,  publicó The Secret Executioners. Ahí contaba de sus años de servicio en una organización secretísima llamada “El Búho”,  creada por un magnate petrolero que también era un sobreviviente del Holocausto.

El Búho estaba compuesto por sobrevivientes de campos de concentración, ex oficiales de Tzahal y de veteranos de Vietnam (¿??). Según Baz, se habían encargado de matar a cuanto nazi encontraban en su camino a los que rastreaban gracias información proporcionada por la CIA, el FBI y la Mossad. Su máxima hazana habría sido el secuestro, en Canadá, de Aribert Heim, apodado el “Doctor de la Muerte”. Heim habría sido ejecutado en una playa de Los Angeles, operación en la que el propio coronel habría participado en 1982.



Tanto el Centro Simon Wisenthal (que siguió ofreciendo una cuantiosa recompensa por información sobre Heim) como el cazador de nazis francés Serge Klarsfeld,  refutaron ese cuento. “Una fantasía total” la llamó Klarsfeld agregando “si existiera tal organización, yo sabría de ella’.

Lo más fascinante del relato es el supuesto “Barney” el organizador y auspiciador del “Buho”y que ha servido de inspiración para el personaje de Pacino en Hunters. Según Baz, Barney era un sobreviviente de Mauthausen que se había enriquecido con el petróleo de Alaska. ¿O sea, cuantos millonarios hay con ese currículo? Seria facilísimo descubrirlo y sin embargo hasta ahora no hay nadie que llene ese perfil. Parece que Baz es muy novelero y solo David Weil le creyó el bulo. ¿Como podemos quejarnos de las calumnias,  si los mismos judíos nos difamamos?

La MarySue de Mauthausen

Mauthausen, creado en Austria después del Anchluss, era un campo primordialmente para hombres y hoy es reconocido como el sitio que encarceló a más de siete mil españoles republicanos, de los cuales cinco mil perecerían. Una originalidad de Jaguar es que sea la protagonista la sobreviviente de Mauthausen. ¿Como así si se trataba de una niña, y las españolas de todas las edades fueron enviadas al pavoroso campo de mujeres de Ravensbruck?

Se explica que Isabel, de diez años,  debió quedarse en el vagón y seguir viaje puesto que solo los varones se apearon en Mauthausen. Pero la chiquilla corre tras el padre y le dan con la cacha de una pistola en la frente dejándole una cicatriz de por vida. Un oficial de la SS,  que ella luego sabrá es Otto Bachmann, mata al padre, pero el comandante del campo ( en esa época era Franz Ziereis) decide usarla como criada en su casa.



La historia abre en Madrid.  Isabel (Blanca Suarez) es una mujer de 30 años, una MarySue tarentinesca que habla alemán sin acento, sabe disparar, es experta en artes marciales,  escala muros como un gato, y vive con un solo propósito, vengar a su padre. Para eso trabaja en un restaurant alemán frecuentado por Otto Bachman (Stefan Weinert, que se ha convertido en el rostro del nazi en la ficción española) , ahora un próspero empresario asentado en Madrid. En ocasión del cumpleaños del Fuhrer, Bachman y una pandilla de nazis celebra en el restaurant. Isabel envenena su postre, pero el veneno que le vendieron es solo anís con agua.



No queriendo desaprovechar la oportunidad, la camarera sigue a los nazis borrachos hasta el Bar Florida. Cruzando un parque, Isabel es atacada por un extraño al que deja fuera de combate con una llave de judo. Es perseguida por uno en motocicleta y otro en auto. Los elude, les dispara y,  tras escalar una verja de hierro,  logra llegar a su piso donde la espera otro que la aturde.

Isabel despierta maniatada,  con los ojos vendados,  y es interrogada por desconocidos que amenazan con torturarla si no les dice la verdad. Tras un largo cuestionamiento, Isabel descubre que el cuarteto es quien la ha estropeado el atentado y ellos que Isabel solo busca vengar a su padre. Le explican que ellos tienen un plan mayor. Bachman está preparando la llegada a España de Aribert Heim, ex médico de las SS y uno de los peores monstruos del Holocausto.

El cuarteto quiere atrapar a Heim y llevarlo ante la justicia. Isabel,  que en su estadía en Mauthausen conoció al médico, puede ayudarlos a identifícalo. Después de pensarlo un poco, la mujer acepta y así se integra a este misterioso grupo compuesto por tres sobrevivientes de los campos de exterminio, más el hijo de uno que no sobrevivió.



Nadie sabe para quien trabajan ni quien proporciona el dinero. Han entrado a España ilegalmente (con la excepción del joven Romero) y su único contacto con quien los ampara es la misteriosa Ramos (María de Medeiros) con la que Vicente Lucena (Iván Marcos)  el líder del grupo tiene encuentros esporádicos en el Museo del Prado.

Los encargados de la logística del grupo,  más el pasado de Isabel,  luego de su liberación de Mauthausen,  son los únicos misterios que nunca se resuelven en los seis capítulos de una historia que Netflix ha vendido como un relato de acción. La tiene a raudales, igual que suspenso. Es violenta, pero nunca cae en el gore, ni parodia el cine del Holocausto como lo hace Hunters.

Me ha irritado que en IMDB, la serie de Amazon tenga un 7.2 de aprobación y Jaguar un mero 5.7. Solo en ese banco de datos tiene buena fama Hunters, puesto que en Rotten Tomatoes tiene un 67% de aprobación del público en comparación del 64% de la crítica. Mas lapidarios son en Metacritic donde le han dado solo un 55% de aprobación. Las razones para el repudio son las que he comentado. La más dura ha venido del Museo de Auschwitz-Birkenau que ha acusadoy razón le sobraa esta serie,  coproducida por el sobrevalorado Jordan Peele, de darle pienso a los Negacionistas con tanto disparate falso.



Skorzeny, Heim y Otras Exactitudes Históricas

No existe ese problema en Jaguar que no pretende estar basada en hechos reales. No tenemos noticia de vengadores iberos, pero pudieron existir, puesto que hubo españoles sobrevivientes de campos de concentración y hubo criminales nazis gozando abiertamente del sol peninsular. En el Times de Israel se ha separado ficción y realidad de la serie, y hay más de lo segundo que de lo primero.

A pesar de que se sepa poco del tema, la serie se esmera en darnos cursos express sobre los campos, sobre la experiencia española en el Holocausto,  y sobre estos cabronazos nazis que han eludido a la justicia. Hay ratos en que los diálogos están tan llenos de datos que acaban en cátedras de exposición. Se les agradece porque cuando se sabe poco o nada, es bueno que nos ilustren y a pesar del perro cliffhanger final, Jaguar no nos deja en la oscuridad sobre el trasfondo histórico.

Aun así, aconsejo ver en Netflix el documental sobre Otto Skorzeny,  El Hombre más peligroso de Europa. Es que en Otto Bachman se han fundido los perfiles del liberador de Mussolini y de Otto Bachmayer uno de los guardias más sádicos de Mauthausen . Hasta donde sabemos, Skorzeny nunca laboró en un Lager, lo que ayudó a crearle esa fama de mito semi heroico.



Tal cosa no ocurre con Aribert Heim, que es como un ente escapado de película de terror y que le quedo bien merecido el rotulo que el Centro Simon Wiesenthal le colgó de ser “El criminal nazi más buscado del mundo”. Todo lo que cuentan en la serie de Heim, y lo que el monstruo le cuenta a Isabel, es cierto. Bajo la excusa de experimentos médicos, Heim dio rienda suelta a su sadismo en varios campos de concentración, pero principalmente en Mauthausen-Gusen donde estuvo desde el  ‘41 hasta el ‘42.

Debido a que cuando se le arrestó era parte de un batallón de SS en servicio activo, se le exoneró considerándosele solamente un médico militar. Lo extraordinario es que Heim vivió en libertad en Baden-Baden por más de quince años. Durante ese tiempo ejerció la medicina, se casó,  tuvo hijos y hasta jugó hockey en torneos amateur.

Aunque fue reconocido por ex prisioneros, el gobierno alemán solo vino a emitir una orden de arresto en 1962. Fue entonces que el hombre se esfumó. Se le vio en varias ocasiones en territorio español. Lo que tiene lógica, porque es desde la Península Ibérica que Skorzeny dirigía las operaciones de lo que se conoce como la “Ruta de las Ratas”, que permitía a criminales de guerra buscar otra vida e identidad en otros países.



En España se pierde la pista de Heim. Se cree que se fue a Sudamérica. Al menos la Mossad le encontró un rastro en Uruguay. Se dice que practicaba la medicina en Paysandú. Otra vez Heim eludía a la justicia. El Centro Simon Wiesenthal lo creía cerca de la Patagonia.

Waltraud, hija ilegitima de Heim, vive en Puerto Montt. Ephrain Zuroff , director del Centro Simon Wiesenthal, viajó a Chile a entrevistarla. La mujer le dio un cuento chino de que su padre había fallecido en la Argentina en 1993. La muy pilla quería cobrar la herencia, pero se la negaron al no poder presentar un certificado de defunción.



En el 2009, el New York Times publicó una historia diciendo que Heim había muerto en Egipto en 1992. Se basaban en una entrevista con Rudiger Heim, hijo del criminal, quien aseguraba haber acompañado os últimos días del padre. Según Rudiger, Heim habría cruzado el estrecho de Gibraltar, se refugió en Marruecos y de ahí haber pasado a Egipto con un pasaporte a nombre de “Ferdinand Heim”.

Tras convertirse al Islam, en los 80, Heim tomó el nombre de Tarik Farid Hussein y habría muerto de cáncer rectal, en el verano de 1992. Como esta vez sí había un certificado de defunción, tanto los medios como el gobierno alemán concordaron en declarar a Heim muerto.



Ni Mensajes Políticos Ni Falso Woke

Gracias a esa nebulosa que envuelve los últimos años del criminal de guerra,  desde su llegada a España hasta su supuesto fallecimiento, es legítimo imaginarnos un cuento como el de Jaguar, que funciona tan bien tanto como relato histórico como película de acción. Algo inesperado es la falta de mensajes políticos. Nunca sabemos quiénes realmente amparan a los nazis en España.

El Coronel Aguado, y el club de militares,  no pretenden dar la impresión de que todas las fuerzas armadas españolas estaban en contubernio con estos criminales. Aunque hay retratos del Caudillo por todos lados, era la norma, no implica ni a Franco ni a su corte en la protección y manutención de gente como Otto Bachmann.

El Quinteto de Jaguares tampoco lanza eslóganes políticos. Sabemos que Lucena peleó la guerra junto a Cristino Granda, que fue resistente y que después de Auschwitz, retornó a España con el malhadado maquis. Podemos suponer que es comunista, pero no es algo que lo defina, al menos no en esta temporada.



Otro mérito de la serie es que no se rinde al woke actual, aunque muchos crean que lo hace. La homosexualidad de Carlos que se revela (y solo al Sordo)  es posible,  y ayuda a que el chico tenga también un secreto, puesto que la revelación de los secretos de cada personaje es fundamental. A diferencia de Hunters donde los secretos solo sirven para hacer la trama más descabezada, en Jaguar esos pequeños vistazos al pasado de los personajes les añade dimensión y nos permite entrar en su intimidad y hasta quererlos. Yo ya tengo mis favoritos, Marse y Lucena (será porque Iván Marcos tiene buena pinta y ya saben mi debilidad por los gallegos).

El otro detalle woke ( que no lo es)  es la aparición furtiva de un personaje de color consolando a Isabel en casa del comandante. Aunque no he encontrado de rastros de sirvientes negros en casa de Franz Zieireis, si hubo un afrocaribeño en Mauthausen. En 1944 llegaba el marino mercante LionelRomney a ese infierno. Oriundo de la isla de San Maartens, había caído en manos de los alemanes tras cuatro años de cautiverio en Italia. Los italianos lo habían tratado decentemente por lo que llegó a Austria con buena salud y su contextura vigorosa lo hizo idóneo para el trabajo en las canteras De Mauthausen. Fue liberado en 1945.

                                            Lionel Romney
                                            Mary Romney y el libro sobre su padre

Sin embargo, si hay una historia de un hombre de color que sirvió en las cantinas de las SS, pero en el campo de Neuwngamme. Cuando les hablé del naufragio del Cap Arcona, mencioné a José Epita Nbomo, el mecánico de Guinea que peleó en la resistencia francesa y acabó en un Lager alemán del cual fue embarcado en el navío que se hundiría menos de un día antes de la rendición alemana. En Jaguar han hecho una amalgama de ambos personajes.

En mi opinión, los méritos de Jaguar se cifran en su respeto por lo histórico, la ausencia de presentismos y la fortaleza de sus personajes. Si bien es cierto que la necesidad de escenas de acción para atrapar a un público amigo del juego de videos, hace que la serie se parezca a esas películas de bandidos preparando un gran golpe tipo Ocean’s Eleven,  existen distancias con el género.

La sensación de angustia y suspenso del quinteto, los motivos ocultos que los han llevado a ese lugar, la tortura mental que los persigue , el miedo a terminar ellos convirtiéndose en los villanos, me recuerda filmes como Los Sospechosos de Siempre, Múnich y una olvidada joya de John Huston We Were Strangers.



Recomiendo esta historia de un grupo de revolucionarios en la Cuba de Machado que están cavando un túnel desde una casa privada hasta un cementerio en la Habana para atentar contra la vida del dictador. La monotonía del trabajo, el peligro que corren todos,  especialmente China (Jennifer Jones) quien como Isabel quiere vengar el asesinato de su familia, y el miedo a fracasar,  tanto como las connotaciones morales de un magnicidio,  me han recordado mucho a lo visto en Jaguar.

No es que a Jaguar le falten toques" pulp" que sin embargo la alejan de la caricatura de Hunters,  acercándola más a la seriedad de los penny dreadful de comienzos del siglo XX y de hecho me ha recordado a esa serie de terror de Showtime. Como Isabel, Vanessa (Eva Green) lideraba una liga de hombres extraordinarios con pasados dudosos cuya misión era enfrentar monstruos tan pavorosos como Bachman y Heim.



Exonerando a Blanca Suarez y a la Banda Sonora

Con lo dicho ya saben que la recomiendo, a pesar de sus defectos. Es una lástima que tenga tan bajo rating en IDBM y no concuerdo con las razones que dan para tal. El consenso general es que Blanca es mala actriz. Duh! Descubrieron America en el mapa, pero debo confesar que desde que interpretase a Isabel de Portugal en Carlos, Rey Emperador no me gustaba tanto una actuación de Blanca Suarez.

Los ataques de angustia de Isabel me resultan espeluznantes porque los reconozco y son genuinos. Contrastan con la expresión hosca y distante que guarda la actriz el resto del tiempo. Pero donde realmente impresiona es en las escenas en que se enfrenta a Heim. La sonrisa de psicópata que obsequia a su prisionero discrepa de su expresión de genuina alegría cuando Marse le enseña a bailar.



He oído quejas de que la serie carece de atmosfera histórica. Para haberse filmado en pandemia les ha quedado bien logrado el Madrid de los 60, sobre todo las escenas en El Ritz. El vestuario es adecuado, aunque no tan genuino ni vistoso como el de Luna Park otra serie que también transcurre en 1962. Pero Jaguar le gana en banda sonora a esa serie italiana que ha debutado el mismo mes en Netflix.



Que la radio toque Todo Negro un par de años antes que Los Brujos la grabasen (incluso antes que el original de Los Rolling Stones que data del 66) es un poco exagerado, pero al menos es música de los 60. En cambio, muy del momento es Marisol cantando La vida es una tómbola que la rubita había entonado en Los enredos de Marisol ese mismo año.

Mas tolerancia tengo con House of the Rising Sun, aunque falten dos años para que The Animals la saquen en disco. Primero es que únicamente la usan de música de fondo. Segundo que ya demostré lo antiguo de ese tema.

Otro caso es la obsesión de Isabel con J’attendrai, probablemente el tema más popular en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. La versión de Rina Ketty es un cover del original en italiano. Para Isabel tiene significado siniestro puesto que le recuerda que la orquesta de Mauthausen la tocaba para amenizar las ejecuciones.



Inclusive las quejas sobre la cabecera me parecieron rebuscadas. Es cierto que los créditos vienen sobre una presentación con estética de anime, pero, aunque la adaptación de "Vientos del pueblo", poema de Miguel Hernández, es más estridente y menos folclórica que la de Los Lobos , sigue siendo un acompañamiento perfecto para este relato.




No puedo acabar sin mencionar una crítica negativa que le ha llegado desde el colectivo judío (si se puede considerar al Forward como tal). En este artículo, escrito al día siguiente del debut de Jaguar, P.J. Grisar compara Hunters con la serie de Netflix y las acusa de cometer el mismo pecado: presentar falsas visiones del Holocausto. Tengo clarísimo donde pecó la serie de Amazon, no tanto lo cometido por Jaguar.

El problema está en un lapsus linguae de Fransesc Garrido en el que en vez de decir que Aribert Heim torturó y mató 300 prisioneros en Mauthausen dice “300 españoles”. El Dr. Muerte torturó a muchos españoles de los cuales sobrevivió un par para dar testimonio de sus monstruosos experimentos, tal como el vasco Marcelino Bilbao al que  Heim casi dejó invalido, pero la gran mayoría de las víctimas eran judíos y polacos.

Ramón Campos, creador de la serie, ha dicho que el guion original especificaba “personas” y no “españoles”. Al parecer, el ex Comisario Claudio de El tiempo entre costuras se metió tanto en el papel que veía a Heim solo como el verdugo de su gente.



¿Estuvo mal?  Tal vez exageró, pero no hemos de olvidar que hay mucho material sobre el Holocausto que se enfoca solo en los judíos, y algunos lo hacen pésimo como Hunters. Este es un primer intento de recordarnos la universalidad del perverso plan nazista de exterminio y ahí el hincapié puede ser injusto, pero necesario. Leyendo los comentarios de los lectores anglos veo que en Forward han reaccionado prematuramente. Parece que nadie fuera de España ha entendido de que se trata Jaguar. Hay quienes creen que Isabel es judía y otros creen que el quinteto es parte de los servicios de inteligencia israelíes.

Nazis y sus Cazadores: Un Listado

Como siempre, me gusta darles algún listado de relatos relacionados con el tema, pero la ficción y no ficción que rodea a la escapatoria de los criminales de guerra y a sus cazadores es amplísima. Trataré de  seleccionar los mejores.

En términos de novela quiero destacar dos libros en lengua castellana y relativamente nuevos. El primero es Lo que esconde tu nombre, una aproximación a la estadía de Aribert Heim en España con la que Clara Sánchez ganó el Nadal en el 2018. La otra es un poco de ciencia ficción y se trata de Wakolda de Lucia Puenzo. Si no encuentran el libro busquen la adaptación fílmica que la misma Puenzo hizo de su obra bajo el título de El Doctor Alemán o The German Doctor que esta gratis en Tubi.




En términos de documentales me es difícil elegir. Me quedo con Nazi Hunters, docuseries del 2009 producida por National Geographic que puede encontrarse gratis en Tubi y Pluto. Me ha gustado mucho My Enemy’s Enemy que describe la trayectoria, captura y juicio de Klaus Barbie. Está gratis en Tubi.

Si se trata de biografías de cazadores de nazis de la vida real, ahí están Nazi Hunter: The Beate Krasfeld Story con Farrah Fawcett y Murderers are Among Us: The Simon Wiesenthal Story con Sir Ben Kingsley, ambas están en YT, pero las copias no son de buena calidad.



Sobre la captura de Eichmann hay una docena de dramatizados cual de todos más irritantes. Yo me quedo con uno filmado con bajísimo presupuesto y casi paralelo a los hechos llamado Operación Eichmann. Esta película que me impactó mucho cuando la vi a mis doce años, está para alquilarla en YouTube.

Hay algunas películas de mayor presupuesto que tratan el tema. Algunas como The Debt (que es un refrito de un filme israelí) con Dame Helen Mirren y Jessica Chastain es insufrible en su presunción y insinceridad, defectos que no aparecen en Jaguar. En cambio, recomiendo calurosamente Laberinto de mentiras que con personajes (no todos) ficticios explora con humildad y autenticidad los sucesos que llevaron a la Alemania Federal a enjuiciar a sus criminales de guerra.



Mas allá de los nazis ante la justicia, lo fascinante del cuento siempre está en el cazador, sus métodos, y su presa,  poderosa y totalmente impenitente. Lo hemos visto hasta en personajes de populares franquicias como el Magneto de los Hombres X y Hannibal Lecter en su adolescencia en Hannibal Redux. Pero si tuviera que elegir las tres mejores escogería un trio de viejitas, pero bonitas películas que desde el thriller hasta el horror siguen dando catedra.

Como las tres están basadas en novelas pueden probar con lectura para luego pasar a lo audiovisual. Se trata de   The Odessa File de Frederick Forsyth, Marathon Man de William Goldman y Los Niños de Brasil de Ira Levin. ¿Como olvidar a Jon Voight tras la pista de Maximilien Schell, el hombre que mató a su padre?  ¿O a Gregory Peck como el Dr. Mengele empeñado en clonificar a su Fuhrer, o a Lord Olivier haciendo esa siniestra pregunta a Dustin Hoffman (“Is it safe?”) antes de torturarlo?  Ahora que lo pienso Sir Laurence tuvo el privilegio de interpretar a un criminal nazi en Marathon Man y a uno de sus cazadores en The Boys From Brazil.



Agreguen a esa lista a Jaguar.  A pesar de que el final es rocambolesco con gente que sobrevive explosiones, incendios e infinitas balaceras, Jaguar es un buen principio de conversación sobre el tema y creo que merece una segunda parte.

 

 

lunes, 11 de octubre de 2021

Mad Men y el Glamur del Machismo Tóxico: Las fórmulas del drama de época contemporáneo (III)

 


Parece increíble, pero hace ya seis años que la firma Sterling Cooper y Socios cerró sus puertas. Tanta influencia tuvo Mad Men en la televisión de Occidente que se hicieron innumerables y olvidables ripoffs,  a la par de variaciones que hasta hoy reflejan la importancia de esta icónica historia de la gran Era de la Publicidad. Estas inspiraciones reflejan los males del patriarcado, pero también establecen una nostalgia de una época en que los hombres podían ser machistas,  siempre y cuando fuesen elegantes y atractivos.

Fue en julio del 2007 que debutaba en las pantallas estadounidenses Mad Men.  un homenaje a los publicistas de la Avenida Madison en los 60 y qué transformaron la sociedad norteamericana (tal vez la mundial) con su publicidad engañosa. Nadie daba ni un dólar por esta serie anticuada, sin sexo,  desnudos, ni malas palabras,  y que era presentada por un canal menor , la AMC (American Movies Classic)  En America Latina, la veríamos un año más tarde por CineMax. Para entonces ya se había convertido en un fenómeno.



America había reaccionado favorablemente a este mundo  “retro” donde los hombres usaban sombreros, las mujeres poseían curvas rotundas, los negros eran ascensoristas o criadas y cuando toda la firma se ponía patas p’arriba con la llegada de la primera clienta judía (en el primer episodio). A pesar de que “Mad Men” hacia duras críticas al machismo prevalente en USAdentro y fuera de los muros de la Sterling Cooperdenunciaba la cosificación de la mujer en la oficina y  en los spots publicitarios,  y mostraba como el ser esposas trofeo podía afectar la vida  de los publicistas y sus familias, también sutilmente glamurizaba este mundo de machos de Hemingway, gladiadores con trajes bien cortados de buenas telas que habitaban espacios donde la única competencia eran ellos mismos, y la única ley eran las necesidades de los clientes.

Esta serie que demostró el talento de un elenco prodigioso desde el veterano Bobby Morse (en su último papel) como Bertram Copper,  hasta la (entonces) diminuta Kieran Shirpka en el rol de Sally Draper,  fue la que volvería estrellas a Elizabeth Moss como la audaz secretaria que se convierte en publicista y a Josh Ham como Don Draper, el protagonista. Pocas mujeres veían la toxicidad masculina y el narcisismo antisocial de Draper, ofuscadas por su aura de seguridad en sí mismo que exudaba desde los poros. Esa virilidad era la que tenía a su bella esposa Betty (January Jones)  totalmente sometida y que incluso ya a fines de la serie,  le conseguía una segunda esposa bellísima y mucho más joven que él.




Lo extraordinario de Mad Men es que la competencia entre ejecutivos y empleados no es solo la urgencia de satisfacer los pedidos de clientes con grandes campañas sino también la actividad sexual. Aunque nadie en la serie mostrara ni una nalga sino hasta la cuarta temporada cuando Roger Sterling (John Slaterry)   ingiriera LSD, el erotismo era parte trascendental del trabajo y vida personal de los Mad Men.

Una Toxicidad Masculina Irresistible

En la serie, los publicistas, casados o solteros deben ser mujeriegos, acumular conquistas y alardear de sus proezas amatorias. En eso ninguno supera Don que, aunque discreto,  consigue siempre a las inalcanzables. Don es él “más hombre” en el mal sentido de la palabra y no necesita usar de sus puños para eso. Desde la altura que le da su experiencia mira con desprecio a los meros mortales y los sabe poner en su lugar.



Cuando Roger,  borracho, se propasa con Betty Draper, Don lo lleva a engullir una tremenda comilona para luego pagarle al ascensorista para que finja un desperfecto. Tras subir una docena de escaleras, Roger llega tambaleándose a un encuentro con clientes y acaba vomitándoles encima. Cuando el esnob y condescendiente Pete Campbell (Vincent Kratsheimer) descubre secretos del pasado de Don y lo chantajea, Draper va donde Bertram Cooper que rápidamente disuade al chantajista. Don Draper es un genio y la firma no se la puede pasar sin él.



En el pasado,  he escrito en varias ocasiones sobre Mad Men desde la misoginia de Don Draper hasta el glamur del vestuario de la serie, pero hoy quiero hablar de un esquema que permaneció en la atmosfera por una década  y que han tratado otras series de llenar. Mad Men fue un éxito i nmediato, ganando en su primera temporada dos Globos de Oro (incluyendo uno para Josh Hamm) . En total ganaría 5 Globos de Oro, 16 Emmys y no sé cuántos otros premios más. Es considerada una de las 100 mejores series de televisión de la historia.

Para su segunda temporada, The Guardian notaba que la serie de Matthew Weiner estaba influyendo en el vestuario masculino. La serie cuya ambientación de época era inigualable estaba trayendo de moda ropa accesorios y música de los 60, pero también un interés por una manera de vivir y de pensar que,  a pesar de beneficiar más a los hombres blancos,  podía resultar atractiva para muchas mujeres.








Aun así, nadie intentó copiar totalmente una serie que describía cambios sociales al estilo Cuéntame cómo pasó , pero con una dinámica de oficina y equipo que recordaban a The West Wing. Seria en el 2011, para la quinta temporada que comenzarían a aflorar débiles imitaciones como The Playboy Club y Panam que no pasarían de una temporada.

La Hora Inglesa

El show que podría considerarse como un auténtico seguidor de Mad Men seria The Hour. Hecho en Inglaterra, en el 2011, tenía lugar en un canal de televisión, un espacio tan competitivo y exigente como la agencia de Sterling, Cooper and Partners. La diferencia era que tenía lugar en 1956, en vez de los 60 y que quien daba las ordenes era una mujer. Agreguémosle el ingrediente del espionaje en un escenario de la Guerra Fría y se puede hablar de una inspiración, pero no de una imitación.



Freddie (Ben Wishaw) es un joven periodista que quiere abrirse camino en el nuevo campo de la televisión. Consigue empleo en un canal donde está ascendiendo su amiga Bel (Romola Garai) . Cuando nombran a Bel productora y presentadora de un importante noticiero llamado “La Hora”, algo poco común siendo ella mujer, Freddie cree que el será él coproductor. Pero los ejecutivos y Bel prefieren traer a Hector Madden (Dominic Guard) que tiene más aura mediática y es más fotogénico que Freddie.

A pesar de ser Hector casado, él y Bel se hacen amantes lo que rompe el corazón de Freddie que la ama en secreto. La Crisis de Suez provoca una crisis dentro del programa. Entretanto,  Freddie se ha puesto a investigar un asesinato que involucra gente del gobierno y agentes soviéticos, uno de los cuales se ha infiltrado en el canal de televisión.



Tras dos temporadas cerraba The Hour que tuvo una recepción mixta. Hay gente que la amó, yo la detesté. No me gustaron los personajes, no me gustó la postura política del show y nunca me atrapó la historia como lo hizo Mad Men. Aunque el vestuario de Romola y el de Oona “Talisa” Chaplin,  quien interpretaba,  a la esposa de Hector era elegante y muy de la época, público e historiadores notaron una serie de anacronismos en el show Por Eso The Hour no duró más de dos temporadas.

America y La Revolución Sexual

El próximo esfuerzo fue el más parecido a Mad Men a pesar de que el tema no lo indicaba. La idea de Showtime de crear una serie alrededor de la investigación sobre conductas sexuales llevada a cabo por William Masters y su asistente, amante y eventual esposa,  Virginia Johnson, parecía una locura. se esperaba algo chabacano, obsceno, pornográfico.



Por el contrario, Masters of Sex nos mostraría cuan competitivo y ambicioso puede ser un médico, un científico como William Masters (Michael Sheen) . Eso importaba más en la trama que las costumbres sexuales de sus conejillos de Indias.

 Como Don Draper Bill Masters había crecido marcado por una infancia disfuncional, lo que lo llevaba a ser arrogante y a veces inescrupuloso en su afán por sobresalir en la estrecha comunidad médica de la Universidad de Saint Louis de fines de los 50. Ese es el mundo donde empieza nuestra historia con un Masters empeñado en descubrir los secretos de alcoba de sus compatriotas, cueste lo que cueste.

                                        Los verdaderos Masters y Johnson

Para eso cuenta con la asistencia de su secretaria Mrs. Johnson (Lizzy Caplan) , una despampanante divorciada, madre de dos hijos, pero también mujer desinhibida e independiente. Como Don Draper, el Dr. Masters tiene una esposa-trofeo, la dulce Libby (Caitlin Fitzgerald)  que poco a poco va entendiendo que su rival no solo es Virginia Johnson sino también el proyecto por el cual su marido está dispuesto a arriesgar su prestigio profesional y convertirse en el hazmerreír de sus colegas.

A medida que vemos los esfuerzos muchas veces torpes y controversialesde Masters y Johnson por conseguir datos para su investigación, vemos también la sociedad reprimida y temerosa de revelar su intimidad en la que se desenvuelve el experimento. Como Mad Men, Masters of Sex presenta una trayectoria de la evolución social de los Estados Unidos de los pacatos 50 hacia la revolución sexual de la década siguiente.

Debido a que la acción ocurría en Missouri, un estado fronterizo donde imperaba la mentalidad de Jim Crow, la campaña de los Derechos Civiles formaba parte de la trama. Expulsado de su universidad, Masters solo encontraba empleo en una clínica para afroamericanos donde continuaba sus experimentos. Entretanto su mujer se involucraba en la lucha y acababa teniendo un affaire con un hombre de color.



La serie también mostraba los tabúes de una sociedad realmente patriarcal donde la homosexualidad era castigada con la cárcel. Vimos la lucha del jefe de Masters (Beau Bridges) por ocultar al mundo y a su familia su condición de homosexual. Como también vimos la evolución de , una prostituta que pasaba a ser secretaria de Masters. Otro paso a la respetabilidad fue casarse con un millonario y ex cliente. El marido no tiene problemas con el pasado, pero si el saber que era lesbiana rebasó su límite y acab ócon el matrimonio.

El toque feminista de la historia lo da la Señora Johnson. Si su jefe sufre de burlas, ella sufre de acoso sexual. El saberla parte de este polémico estudio le provoca problemas en su vida personal y profesional. Su relación profesional y sentimental con Bill Masters la drena de energía y las pullas por ser parte de un experimento científico sin credenciales la obligan a sacar un posgrado.



Esta magnífica serie ameritó dos muy buenas temporadas. Pero ya para la tercera, comenzó a notarse que se trabajaba no en base del libro de Thomas Main. Había nuevos arcos y subtramas que no tenían sentido: el tercer bebé de Virginia que no existió en la realidad, la extraña muerte del amante negro de Libby, ect. La serie comenzó a volverse repetitiva y a alejarse del modelo “Mad Men”, así que fue un alivio que la terminasen en la cuarta temporada.



En Inglaterra, no se volvió a intentarse el modelo “Mad Men” y sin embargo encuentro que hay similitudes en la construcción de Endeavour y que van más allá de que la serie inglesa también tenga lugar en los 60. En este relato de como el joven Endeavour se convirtió en el legendario inspector Morse, Shaun Davies muestra características que lo hermanan a Don Draper tales ser el niño genio de una comisaría, su relación con sus camaradas que oscila entre amistad y rivalidad, sus amores que incluyen mujeres de todos los tipo desde una enfermera de color, hasta la sobrina de su mentor, desde una chic fotógrafa francesa hasta una misteriosa italiana casada con un millonario.

Cuando los Mad Men Construyeron la Bomba

El último intento angloparlante de seguir el modelo ‘Mad Men” seria la excelente, pero menospreciada Manhattan de Warner. A primera vista este proyecto del 2014 no presenta similitudes con la sofisticada fabula del mundo publicitario. “Manhattan” es el nombre del proyecto científico que culminó en la creación de la primera bomba atómica y tiene lugar en un mundo muy alejado de la Avenida Madison de los 60.

Todo ocurre en ese pueblo desértico de Nuevo México, que hoy conocemos como los Álamos, donde se concentró una comunidad de las mentes más brillantes de las ciencias del mundo libre (Incluyendo refugiados de la Alemania nazi y de la Italia fascista). Siendo un proyecto top secret ,  la comunidad estaba semi secuestrada, pero se permitió que las familias de los científicos se establecieran en Los Álamos.



Debido al misterio que rodeaba al proyecto, los científicos no debían informar a sus familias del tipo de trabajo que hacían. Esto provocaba fricciones domesticas que aunadas a la soledad, a la falta de servicios como agua potable,  hacían la vida muy incómoda para todos. Eso lo que muestra la serie, por un lado, la lucha de los científicos por crear un arma mortal con todas las connotaciones éticas y morales que conlleva el éxito.  Por otro lado,  vemos a sus esposas aburridas y llenas de miedos y desconfianzas y como tratan de luchar contra esto.

A pesar de que los Álamos existió (entonces solo se le conocía como “The Hill”) y hubo dos proyectos iniciales: el llamado Thin Man y otro que tenía que ver con implosión, los personajes son todos ficticios. Solo un científico real, Robert Oppenheimer (y su mujer),  aparece en la serie, eso permitió mucha libertad para la creación de una trama que pudo suceder.

El protagonista es Frank Harris (John Benjamin Hickman) que dirige el proyecto de implosión. Levemente inspirado en Seth Nedermayer, Frank es un genio, orgulloso, antisocial, muy exigente con todos los que lo rodean sean su familia o su equipo. Como Don Draper es arrogante, tenaz, testarudo,  muy competitivo, Sabe que su equipo es el ceniciento en comparación al de Thin Man, y trata de prevalecer, aunque esto implique chantajear y aplastar a otros,  incluso a sus amigos.

                                    Los Mad Men de Los Alamos

Frank tiene la excusa de querer salvar al mundo. Un tema importante en la serie es el miedo a que los científicos alemanes se les adelantasen y que una bomba nazi cayese en territorio estadounidense. Sin embargo, hay momentos en los que Frank parece tan ególatra como Don Draper. Eso se nota en su relación con su contrincante Charlie Isaacs (Ashley Zuckermann) , un niño genio de Princeton que nunca ha perdonado a Harris no aprobar una de sus monografías. Su relación recuerda a la de Don y Pete Campbell.

Sin ser mujeriego como el protagonista de “Mad Men”, pero empujado por la soledad y el dilema moral de crear un arma de extinción masiva, Frank tiene un affaire con la criada. Paloma, una nativa hispanoparlante, no habla inglés, por lo que la comunicación se reduce a sexo y a largos discursos del científico que la criada escucha con paciencia sin comprender.

 Como Don,  Frank acumula secretos de su pasado y también del de los integrantes de su equipo. Tal como Don es el único que conoce la homosexualidad de Sal y que Peggy es madre soltera, Frank es el único en saber que Bobbit es gay y que Rosley abandonó a un hijo en Inglaterra.



En el caso de las mujeres,  las similitudes se hacen más complejas. Tenemos a Liza Harris (Olivia Williams)  que alienada por los secretos del marido y los misterios del medioambiente que la rodean comienza a desmoronarse emocionalmente. Pero Liza (uno de los pocos personajes ‘realmente “buenos”) es una científica brillante y mucho más sensible y altruista que Betty Draper.

La que sí se parece un poco a Betty es la odiosa Abby Isaacs que carece de la astucia y sentido práctico para sobrevivir en Los Alamos.. Yo tengo un problema grave con Rachel Brosnahan. No la considero ni buena actriz, ni guapa y me exaspera que siempre la pongan de judía cuando no lo es y cómo tiene cara de tonta,  convierte a sus personajes en judías taradas.



Eso ocurre con Abby que lejos es el personaje más odioso de la serie. Y eso que Charlie, un poco más inteligente que Pete Campbell, es igual de soberbio, pero entiendo que, con esa mujercita, acabe acostándose con Helen (Katja Herbers) su colega.

En Manhattan, Helen Prins es lo más cercano a Peggy Olsen. Es la única mujer en el proyecto y aun así tiene que probar a cada instante que merece estar ahí. La soledad la hace consciente de su feminidad y busca consuelo en el sexo. Aunque es bondadosa con Fritz, y le consigue una esposa, puede ser tan implacable y competitiva con los “Muchachos” del equipo que, aunque sean todos científicos destacados actúan con el machismo e infantilismo de los publicistas de la Sterling, Cooper and Partners.

Donde vemos esa necesidad de Helen (quien para ser parte el Proyecto Manhattan rompió su compromiso y hasta abortó un bebe) de aferrarse a su trabajo es cuando los envían a ella y a Charlie a fiscalizar una central atómica en Tennessee. Ahí conocen a Theodore,  un científico negro al que tienen sirviendo café. Cuando Helen intenta acercarse a él, Theodore le salta con la mejor frase de la serie. “no necesito que me salve una mujer blanca”.



Tal vez será por eso por lo que cuando Theodore le entrega Helen una carta para Frank solicitándole que lo integre a su equipo, la Dra. Prins lanza la carta la basura. Como Peggy, Helen tiene conciencia de todo lo que ha luchado para llegar adonde esta. No va a permitir que ningún hombre, negro o blanco, le quite su puesto.

Mad Men en Rusia

Manhattan se quedó en vísperas del estallido de la bomba atómica,  en solo su segunda temporada. Su cierre coincidió con el cierre de Mad Men. Después de eso pareciera que el modelo había caducado. No así al otro lado del mundo donde Los Optimistas tomarían ese modelo y lo aplicarían a la Unión Soviética de Kruschev, a una organización moscovita que pretendía entrenar diplomáticos, pero que acababa preparando espías.



En ese escenario de la Guerra Fría, la exquisita cantante lituana Sverija Janusauskaite interpreta a Ruta Bauman, una exiliada americana de la Era McCartney que con un look de Betty Draper intenta, como Peggy Olsen, convencer al patriarcado soviético que una mujer puede dirigir un departamento político. Sin embargo, le imponen la humillación de un jefe macho (y machista) con el que tendrá una relación amor-odio como la tuvieron Don y Peggy.



Como en Espías,  Vladimir Vdovichenko vuelve a estar a cargo de una academia de entrenamiento. Solo que su Yuri Byriukov aquí lidia con jóvenes instruidos y poliglotas que quieren ingresar a la elite diplomática soviética. Desafortunadamente,  cada uno sufre de algún tipo de falla: uno es judío (lo que era cuasidelito en la Unión Soviética); otro intenta comunicarse con parientes en Occidente (otro delito) y el tercero es un topo de la CIA.

La serie logra manejar delicadas intrigas políticas con una estética “Mad Men” de fiestas sofisticadas, espacios elegantes donde se maneja la alta sociedad soviética,  y el vestuario despampanante de Ruta y otros personajes. Byriukov es,  como Don, un hombre dotado de ingenio inteligencia, rápido en tomar decisiones, y bastante inescrupuloso, lo que le acarrea alta estima de sus jefes. Eso provoca envidia en sus colegas y afecta su vida personal.



Mujeriego, en una temporada lo vimos con tres mujeres y eso que todavía juega al viudo inconsolable,   Byriukov tiene además una hijita que necesita de una madre. Como en Mad Men son los niños las víctimas inocentes de las manipulaciones de los padres

Ha sido un gusto enterarme que, durante la pandemia, la infatigable industria rusa ha producido una segunda temporada de tan fascinante serie. Eso demuestra que al menos en la ex Unión Soviética sobrevive el modelo de “Mad Men”.

 


 

 

lunes, 4 de octubre de 2021

Gánsteres y Policías desde la Boardwalk hasta Belgrado: Las fórmulas del drama de época contemporáneo (II)

 


Viendo Shadowplay noto similitudes con Babylon Berlin, una serie alemana que no existiría sin el éxito obtenido por Peaky Blinders que, aunque no le guste admitirlo a Steven Knight,  es hija ilegitima de Boardwalk Empire. Como he mencionado antes, los gánsteres han ejercido una fascinación en cine y TV desde los Años 30, Sin embargo, la cercanía del centenario de La Prohibición y la Gran Guerra creó un nuevo esquema que se cifraba en actividades de criminales de Los Locos 20. El esquema alcanzó a cruzar el Atlántico, por lo que tenemos series que siguen ese modelo desde Birmingham hasta Belgrado.

Los Soprano había sido la gran exponente de la fiction gansteril en la televisión de comienzos del Siglo XXI y había dejado una vara muy alta cuando llegó a su fin en el 2007 después de seis exitosas temporadas. Dos años más tarde ,  Terence Winter quien habían sido  libretista (y uno de los productores ) de la saga de Tony Soprano se le ocurrió presentar a la HBO un ambicioso proyecto. Recrear la Atlantic City de la Era de la Prohibición para un relato gansteril vagamente basado en el libro de Nelson Johnson Boardwalk Empire.

El Imperio de Atlantic City

Fue una empresa titánica que implicó la reconstrucción del balneario novojersiano (la Atlantic City de hoy es demasiado moderna) en las playas neoyorquinas. El piloto fue dirigido por nada menos que Martin Scorsese quien permanecería al timón como uno de los productores, pero también como consultante de edición, estética y la elección del elenco.



Steve Buscemi sería el protagonista,  el respetable Enoch Thompson, tesorero de la ciudad que en sus ratos libres manejaba casinos, alternaba con gánsteres y contrabandeaba licor. A pesar de que  “Nucky”fue el protagonista por cinco temporadas, compartió las primeras dos con su protegido James “Jimmy” Darmody (Michael Pitt).



Jimmy había abandonado Princeton y una espeluznante vida familiar para huir a los campos de Flandes a pelear una guerra que no era la suya, aunque más tarde, recordaría ese tiempo como el mejor de su vida. Al regresar, con una pierna coja,  y encontrarse sin posibilidades de trabajo, Jimmy se dedicaba al contrabando de licor y a intentar crear una familia con la madre de su hijo. Pero a Angela Darmody (Aleksa Palladino) no le gustaban los gánsteres y si las mujeres, así que Jimmy nunca tuvo una oportunidad de ser feliz. Su mayor consuelo fue su bromance con otro veterano desfigurado, Richard Harrow (Jack Huston).



Boardwalk Empire era un espejo amplio de la historia gansteril de la época e incluso del futuro,  haciéndonos conocer a versiones juveniles de grandes nombres del crimen organizado como Lucky Luciano, Al Capone, Meyer Lanski y Bugsy Siegel. A la vez,  nos mostraba un círculo de horribles villanos que manejaban los destinos de la nación como si fueran piezas de ajedrez. Me refiero a lo que hoy conocemos como “hombres bancos privilegiados”, políticos, pilares de la sociedad,  empeñados en lucrar con la necesidades del prójimo.

La historia de Estados Unidos siempre será el trasfondo de la serie, desde el nacimiento de la Prohibición en 1920,  hasta su fin en 1933. Vemos como la capital del gansterismo deja de ser Nueva York para pasar a Chicago y vemos cambios sociales incluyendo el auge del Ku Klux Klan gracias a la inclusión de Chalky White, un contrabandista de color interpretado por el recientemente fallecido Michael K. Williams.

Además de la reconstrucción de la marina de Atlantic City, ayudó a la ambientación una banda sonora soberbia. “Boardwalk” duraría cinco temporadas. Al final de los protagonistas solo sobrevivía Nucky,  ya muy empequeñecido por el fin de la Ley Seca y el auge de nuevos mandamases,  y que comenzaba a pagar sus errores del pasado que por fin encaraba.



El Imperio del Contrabando fue un exitazo en su primera temporada, mereciendo premios y una distribución mundial. Sus protagonistas se convirtieron en estrellas y hasta los personajes secundarios se ganaron elogios del público. Uno de estos favoritos era el carnicero/gánster/sicario Munya. Horvitz (William Forsythe). No sé si sería coincidencia, pero las historias de Munya sobre su infancia en Odessa y con los gánsteres (mahers) judíos de ese entonces estaban conectadas con una serie rusa que había sido hecha ese mismo año.



Érase una vez en Odessa narraba la historia de un Robin Hood judíos MIshka Yaponschick y su auge en el bajo mundo de Odessa en los años que precedieron a la Revolución Rusa, su liderazgo de bandas de criminales y anarquistas y su arresto tras el asesinato de un jefe de policía como venganza por los pogromos de 1907. La serie detalla como la revolución libera a Mischa antes de cumplir su sentencia de 11 años y como él combina su vida de hampón con su simpatía por los bolcheviques. Acaba con él ganster, ahora convertido en comandante del ejército soviético, fusilado por las fuerzas nacionalistas ucranianas.


De Birnmingham a Berlin

Aunque no puede considerarse en el mismo nivel de “Boardwalk” o decir que una serie es derivada de la otra, el show ruso demostraba que había en el aire un interés por estos cuentos de hampones en contextos históricos. Esto llevaría a que Steven Knight crease su hoy icónica Peaky Blinders que vio la luz en el 2013.

Aunque Knight niegue y reniegue, Los Peaky Blinders son hijos bastardos de Boardwalk Empire. Las similitudes (también con Ray Donovan) son demasiadas para ser accidentales. La relación de Tom Shelby (Ciaran Phillips) y su hermano Arthur (Paul Anderson) es muy similar a la de Nucky y Eli Thompson (Shea Whigam); el obsesivo policía tras la banda de los shelby, interpretado por Sam Neill,  recuerda al obsesivo agente del FBI Nelson Alden (Michael Shannon) , hasta el carnicero Munya resucita en el personaje de Alfie Solomons (Tom Hardy).



Un detalle decidor es que la verdadera banda de los “Peaky Blinders” ( llamados así por las afiladas hojas de afeitar que portaban en las vísceras de sus gorras) operó en la Birmingham de fines del siglo XIX. La serie situó las aventuras de los Shelby en los Años 20 para poder tener a Tommy,  como un Jimmy Darmody,  marcado por sus experiencias en las trincheras que combate (como Jimmy)  con drogas.

El próximo intento de explorar como la Gran Guerra creo criminales se alejaría del mundo angloparlante. La primera variación fue que la historia fuese narrada desde la óptica de un representante de la ley, El Inspector Gereon Rath, joven ingenuo, llega de Colonia a la Sodoma y Gomorra de  Berlin. Aunque viene en una misión especial, pronto se ve involucrado en crímenes e intrigas políticas que solo podían darse en la Alemania de Weimar. Por eso, tal como El Imperio del Contrabando Babylon Berlin es un documento histórico.

Aunque basada en las novelas policiales de Volker Kutscher, la adaptación tiene cambios que la acercan al modelo “Boardwalk” tales como la inclusión del gánster Edgard “El Armenio” Kasabian y sus negocios criminales que en la tercera temporada devienen en guerras gansteriles. Mas importante fue convertir al protagonista en un veterano de guerra que cura sus traumas bélicos con morfina. Eso acerca a Gereon a Jimmy Darmody y a Tommy Shelby.


Babylon Berlin provocó una fanfarria de elogios cuando debutó en el 2018. Rápidamente fue comprada por Netflix y otras sistemas de streaming que la esparcirían por el mundo de televidentes. Solo la pandemia ha dilatado la filmación de la cuarta temporada, lo que demuestra lo exitosa que ha sido la serie. Otra muestra de su éxito ha sido la cantidad de series que han buscado imitarla.

Mafiosos Castizos

En el 2018, la televisión española hizo una especie de Peaky Blinders castiza que acabó en parodia con el protagonista luciendo un corte de cabello a lo Tommy Shelby. Supuestamente la acción tenía lugar en el Madrid de los 20, pero ni la atmósfera ni los sucesos descritos en El Continental correspondían ni a la época ni a la historia española.



Una desgracia que Michelle Jenner desperdiciase su talento en obra tan zafia. Su personaje parecía una copia de Grace,  la camarera-espía infiltrada en la banda de los Peaky Blinders, que acaba como la primera esposa de Tommy Shelby. Una escena en la que Jenner irrumpe en un bar dando tiros, está idéntica una de Grace en la primera temporada.



Mejor les quedó Hache del mismo año. En una variación del tema, esta serie española de Netflix describe otro tema no tratado en la ficción; el inicio del tráfico de drogas en España a comienzos de los 60. Ahí oímos los nombres archiconocidos de Lucky Luciano y otros mafiosos useños junto al de ‘Hache”, Helena, una víctima del franquismo que se ve obligada a prostituirse para mantener a su hija y que, gracias a su astucia y a amores con el líder del incipiente narcotráfico,  comienza a surgir en el mundo del hampa catalana.



Adriana Ugarte en su rol de Helena (con H) demuestra ser siempre una actriz ejemplar, aquí apuntalada por dos actores solidos como lo son Javier Rey y Eduardo Noriega. Esto llevó a Hache a dos temporadas que fueron detenidas en esa obsesión del Netflix de hoy de cancelar series para dar paso a otras más mediocres.  Lo importante de Hache fue demostrar que el modelo “Boardwalk” funciona si se le vincula a un momento histórico especial y a esa teoría de que el hampa florece en tiempos de crisis.

Pero eso no funcionó en la desastrosa Magic City que tenía lugar en la Miami en vísperas de la invasión de Bahía de Cochinos. Ni la salvó el combinar los modelos del “Gran Hotel” de “Mad Men” y de “Boardwalk” quedando al final un salpicón fatal. Otro horror como lo fue Mob City que era “Boardwalk”(hasta aparecía Meyer Lanski) a fines de los 40, pero sin humor y sin coherencia.


Policías y Hampones en la Vieja Yugoslavia

Muy diferente fue la estupenda serie serbia Sombras sobre Los Balcanes conocida en castellano como Sol Negro.  Este fascinante relato policial que deviene en aventuras esotéricas de la Sociedad Thule guarda parecidos con Babylon Berlin: policía joven y novato se une a veterano para resolver crímenes que van   más allá del mundo del hampa ya que tienen raíces políticas.



La Primera Guerra mundial es el vínculo en común que une al inspector alcoholizado por un conflicto que lo separó de su mujer y humanidad, con gánsteres de Belgrado y con el famoso espía bosnio Mustafá Golubich. De nuevo tenemos esos enfrentamientos ideológicos entre comunistas y nacionalistas,  tanto rusos como representantes de las diferentes etnias que componían la antigua Yugoeslavia. Los personajes históricos se confunden en un cuento donde todos,  desde los soviéticos hasta los proto-nazis,  quieren hallar la mítica Lanza de Longinos.

Sol Negro fue tan popular que ha tenido una segunda parte y solo la pandemia ha dilatado la ya planeada y aprobada tercera. Steven Knight ha anunciado que la sexta será la última temporada de Peaky Blinders lo que dejará a todo un fandom con apetito para el modelo inspirado en Boardwalk. Entretanto el filme Los Nuevos Santos de Newark que relata la juventud de Tony Soprano mantiene el modelo en la pantalla grande y en HBO.

Incluso la nueva versión de “Perry Mason”, cuyo protagonista siempre ha sido un distinguido abogado de fines de los 40 (60 en la serie de televisión),  se ha trasladado a Los Angeles de 1932.  Mason, ahora interpretado por Matthew Rhys, es un desastrado detective privado, medio alcohólico y marcado por sus experiencias en la Gran Guerra. El modelo Boardwalk/Babylon Berlin continua sea el protagonista policía o malandrín.













lunes, 27 de septiembre de 2021

De Downton Abbey al Gran Hotel: Las fórmulas del drama de época contemporáneo (I)

 


Mientras se discute si el period piece se va de salida (a la par que se anuncian nuevos dramas de época), vale recordar en esta tercera década del Siglo XXI, que se han establecido ciertos patrones que se repiten, reaparecen y hasta trascienden las obras hechas en el mundo angloparlante. El más interesante es el de La Abadía de Downton porque se entrecruza con otro prototipo del género, la formula “Gran Hotel”.

La Abadía vs Eaton Place

Fue en el 2010 , en ITV que nacía otro fenómeno televisivo. Aunque Downton Abbey no era una fórmula original sus orígenes se remontan a la Cabalgata de Sir Noel Cowardvenía a llenar un espacio dejado por las obras de John Hawkesworth Upstairs Downstairs y La Duquesa de Duke Street.



Era el renacimiento de la fascinación con la Edwardian Era que nos legara UD y que nos llevaba nuevamente a recorrer la alta sociedad británica de comienzos del siglo XX. Esta vez,  desde el punto de vista de los miembros de la aristocrática Familia Crawley sus sirvientes. Para muchos espectadores más jóvenes este era el universo que conocían de las páginas de Lo que resta del día del Premio Nobel Kazuo Ishiguro y de la obra seminal de Lord Julian Fellowes, la galardonada Gosford Park.





Solo que Downton Abbey no tocaba temas como el fascismo de las clases altas, no criticaba (mucho) el privilegio de éstas no intercalaba un cuento de detectives,  y Los Crowley eran mucho menos controversiales que la familia de Sir Simon de Gosford Park y Los Bellamy de Eaton Place. Sus criados no escapaban de los fogones para regresar con el rabo entre las piernas como en Upstairs, Downstairs , sino que subían por la escala social gracias a cursos de secretariado, puestos en escuelas rurales y matrimonios ventajosos.



El encanto de Downton Abbey radicaba en que las denuncias sociales eran ínfimas porque los patrones eran inconcebiblemente justos y nobles; y las tragedias caían sobre amos y criados de manera equitativa. Tal vez eso motivó una reapertura de Eaton Place en un revival de UD.  En la navidad de 2010, le llegaba a la Abadía de Downton una rival. En tres episodios, la BBC intentaba reconstruir lo que sucedió con esa mansión londinense después que los Bellamy la abandonaran en 1930.

Estamos en 1936, la casa ha sido comprada por Sir Hallam Holland (Ed Stoppard),  un diplomático que retorna de un largo viaje con su esposa Lady Agnes (Keely Hawes). Para Agnes, que todavía no se recupera de la pérdida de su primer bebé, esta será su primera casa de casada y no sabe cómo llevarla.

Para ayudarla está Rose Park, la fiel mucama de Los Bellamy. Siempre interpretada por Jean March, Rose ahora maneja una agencia de empleos y le consigue a Lady Agnes no el mejor servicio doméstico, pero si el más variado. Este incluye a un torpe mayordomo, una refugiada judía y un chofer que,  en sus ratos libres,  viste la camisa negra de las huestes de Sir Oswald Mosley.



Más problemas para Agnes,  se le aparece en la puerta, su suegra Lady Maud  (Dame Eileen Atkins) que ha retornado de la India con un mono, mucha energía,  y un criado-secretario (Art Malik) quien tendrá muchas veces que encargarse del servicio. Como si fuera poco, su familia le encaja a Agnes a su hermana adolescente,  Lady Persephone (Claire Foy) .



Persy es una chica moderna, pero conflictiva. una especie de Elizabeth Bellamy. Lo primero que hace es involucrarse con el chofer fascista, pero este affaire no culmina en el altar como ocurriera con Lady Sybil Crowley y Tom Branson. El romance acaba en la Batalla de Cable Street con Persy poniéndose la camisa negra y siendo testigo de lucha entre fascistas y judíos descrita de manera más fidedigna que en Peaky Blinders.



Con solo tres episodios Upstairs, Dpwnstairs (2010) fue elogiada por la crítica y público y recibió nominaciones y galardones, pero la siguiente temporada que abrió en febrero del 2012 no tuvo la misma suerte. Eileen Atkins quien había sido la cocreadora de la Upstairs Downstairs original, abandonó el proyecto. Su excusa fue que no le gustaba el modo en que habían enfocado a su personaje. Con ella se fue la posibilidad de conseguir un equivalente a la caustica Lady Violet de Downton Abbey.

Keely Hawes no era competencia para Lady Cora, altruista castellana de la Abadía, así que cualquier comparación dejaba a UD en el bando perdedor. Un infarto mantuvo a Jean Marsh alejada del plató y con ella se fue el único vínculo que podía atraer a los viejos fans.

La serie intentó apoyarse en el comodín , tan de moda hoy, de la diversidad. Trajeron a la hermanita perdida de sir Hallam que había estado oculta en una institución debido a sufrir de Síndrome de Down;   Los Hallam adoptaron a la hijita de la criada judía que murió en la cocina de un ataque de asma; y se intentó reemplazar a Lady Maud con su hermanastra Blanche (Alex Kingston) que era lesbiana.



Como ocurre siempre, la diversidad solo funciona si se la inserta en un argumento sólido y este no fue el caso. Claire Foy,  a cuyo personaje habían convertido en una especie de Unity Mitford, no tenía la fuerza para sostener una serie que cerró tras seis episodios. Hoy puede verse en Hulu, en los Estados Unidos.



La fórmula no volvería resurgir en toda su presencia. Se la intentó reflejar en otro triunfo de Claire Foy, en la primera temporada de The Crown. Ya he escrito de como los secretarios del palacio reemplazaron a la servidumbre en esta visión de la máxima cúspide de las clases aristocráticas británicas y de cómo Peter Townsend tuvo menos suerte que el advenedizo chofer que si consiguió casarse con la más bonita de las Crawley.

Debajo de las Escaleras del Palacio de Buckingham

Seria en una imitación de The Crown donde descubrí la mejor variación de La Fórmula de Downton Abbey. Me refiero a Victoria. En el otoño del 2016 abría en ITV está muy libre descripción de los primeros años del reinado de la famosa monarca. Yo llegué a USA justo a tiempo de ver el debut americano en la PBS en la primavera del 2017 y me encantó a pesar de saber que mucho era inventado.

Me creí la amistad romántica entre “La pequeña Vicky” (Jenna Coleman) y su secretario Lord Melbourne (Rufus Seawell). Por mis lecturas sabia de la difícil relación entre Victoria y su bienintencionada,  pero torpe madre, pero lo que me encantó fue la idea de ver a Victoria arriba de las escaleras y lo que ocurría en los bajos del palacio y de cómo se comunicaban amos y criados. Eso era Downton total.






Del mundo real trajeron a la Baronesa Lehzen , la gran figura materna en la vida de la reina, a quien Victoria nombraría el ama de llaves oficial del palacio hasta que el príncipe Alberto, en una de sus sádicas maniobras en contra de su diminuta esposa, la despidió. La salida al alba de Lehzen llorando rumbo a su nativa Alemania me hizo llorar a mí también. Tal como me conmovió que el único en despedirla y regalarle una botella de vino (robada de las cavas reales) fuese su gran rival, el mayordomo Penge. 

Aqui una ecena que ejemplariza el vínculo entre Victoria y su institutriz, en la cual la reina confiesa sus temores ante su primer embarazo.



Aunque Penge no existió, como tampoco su simpático cómplice, el lacayo Brodie, cuando Alberto decidió revisar los libros de contabilidad descubrió que realmente existían estos pequeños negocios de la servidumbre. En la vida real, también los criados de Victoria hacían su dinerito vendiendo pabilos usados de velas, hojas de té recicladas y hasta los guantes de Su Majestad. Victoria nunca usaba un par de guantes más de una vez.



Aunque , el Palacio de Buckingham si contrató un pastelero llamado Mr. Francatelli,  este fue despedido después de pelearse con un asistente. Nunca puso su propio restaurante ni se casó con Nancy Skerret, jefa de costureras de la Reina. Tal como la verdadera Mrs. Skerret, era una señora madura que jamás trabajó en un burdel.

Sin embargo, ese romance fue casi tan importante como el matrimonio de Victoria y Alberto. En la Tercera Temporada, por fin Skerret se convirtió en la Señora Francatelli provocando la ira de su real patrona, pero igual lloramos con Vicky cuando Skerret murió de cólera en brazos de su querida reina.



Para la Tercera Temporada, estábamos hartos de las peleas maritales de Victoria, las intrigas de su hermana Fedora,  o sus problemas con sus hijos. En cambio, nunca nos cansamos del servicio doméstico, incluso del ajeno como el romance de la pobre Duquesa Sophie con su lacayo. Pero ni esto pudo evitar la cancelación de amos y criados. Victoria puede verse en PBS Masterpiece Amazon , Thirteen Passport y este septiembre, América Latina podrá verla por el Canal Film&Arts.

En el 2019, la BBC adaptó una de las primeras novelas de Lord Julien Fellowes , Belgravia. Em esta adaptación pudimos apreciar el interés del escritor por clase altas, nuevos ricos, el hoi polloi y esa clase despreciada e incomprendida, el servicio doméstico, de la Inglaterra victoriana, pero los criados de Belgravia eran tan antipáticos que esta variación del modelo Downton Abby no dejó marca. Belgravia puede verse por EPIX.



Downton Abbey a la Australiana

Lo extraño es que si encuentro rasgos de la formula en un lugar inesperado, la fantástica soap opera australiana A Place to Call Home.  Han apodado la “Downton Abbey australiana” a esta saga de la Familia Bligh y su reinado sobre un pueblito de Nueva Gales del Sur,  llamado Inverness. Si Los Crowley tienen su abadía, Los Bligh tienen Ash Park donde reina Elizabeth, la matriarca, más severa que Lady Cora, pero tan dominante como la Condesa Viuda. Como Lady Violet, Elizabeth controla la vida de parientes, criados y pueblerinos.



Los criados de Ash Park van desdelos vaqueros que se ocupan de las ovejas de Ash Park hasta mucamas como Amy y su compleja vida familiar, y la desubicada Rose que llega a ser nana del pequeño George y acaba de cómplice de la villana Regina. Como Los Crowley con Sybil casada con el chofer, Elizabeth debe resignarse al matrimonio de su nieta con un inmigrante italiano y a la peor pesadilla incumplida de Robert Crowley) que Anna se convierta al catolicismo.



Más problemático es que el nieto y heredero de Elizabeth, James, sea gay y que la única oportunidad de que Ash Park quede en manos de un Bligh sea aceptando a un bebé judío y a su madre, una sobreviviente de Ravensbruck. Acorn TV tiene los derechos exclusivos de esta gran saga familiar.



A Place to Call Home ha sido el último intento de crear un espacio que refleje las características de Downton Abbey. Todavía no podemos opinar sobre The Gilded Age, el actual esfuerzo de Lord Julien Fellowes que abrirá, D-s mediante,  esta Navidad en HBO/Max. A lo mejor despierta un interés en rehacer la fórmula.

La Formula se Traslada a un Gran Hotel

Entretanto, lo que seguimos presenciando son variaciones de un derivado del modelo “Downton Abbey”. Todo comenzó en el 2011, en un espacio alejado del mundo angloparlante. Fue en Bambú donde recreaban la antigua fórmula del ‘Gran HoteL’ convirtiéndola en un relato de ‘Los de arriba y los de abajo” como ya he mencionado en una entrada dedicada al tema, esta fórmula tuvo refritos en Francia, Italia, México y hasta en Egipto. Ha inspirado historias de grandes hoteles como Der Adlon en Alemania (2013) Das Sacher (ahora en Amazon Prime)  en Austria y Vidago Palace en Portugal.







Hasta retornósin éxitoal Reino Unido.  En el 2013, Stephen Poliakoff jugaba al coctel espionaje-dentro-de-un hotel en la desastrosa Close to the Enemy que comenté cuando hablamos de Shadowplay.

Para equilibrarla, en ITV tuvieron The Halcyon La premisa no podía ser mejor:  un hotel de clase (y diverso) durante el Blitz que sería menos nocivo que las relaciones de la dueña y su familia y empleados. The Halcyon fue más que un flop, fue un ejemplo de lo pretencioso y mediocre que se estaba volviendo el period drama inglés.



A pesar de estos fracasos, la fórmula “Gran Hotel” sigue en boga. Preparémonos a ver Hotel Europa una versión alemana del tópico que ya se verá en suelo germano a fines de este año.  Hotel Europa (o La casa junto al lago) narra la saga de los Dresen una dinastía hotelera y su navegación por las turbulentas aguas de la República de Weimar hasta el auge del nazismo.

El fascismo,  y no el nazismo,  es el centro del trama de la otra variación de la fórmula “Gran Hotel”. Se había dicho que Keeley Hawes sería la protagonista de “Hotel Portofino” que la ITV está filmando en la Riviera Italiana, pero la ha reemplazado Natasha McElhone . Se trata de un misterio detectivesco que tiene lugar en un importante hotel de la región durante el periodo fascista y que involucra a sus no menos importantes huéspedes, muchos de ellos ingleses.

¿Si la fórmula “Gran Hotel” sigue imperando en el universo del period drama, que ocurrió con la de “Downton Abbey”?  Pues todavía se sigue buscando una reemplazante digna, aunque se tenga que imponerle el rotulo a historias alejadas de la formula como La Cocinera de Castamar o Bridgerton. Pero la nostalgia por la Abadía no ha muerto y eso lo demuestra el recibimiento de su secuela fílmica y las ansias con las que se espera el próximo filme.